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Forma y Función

versión impresa ISSN 0120-338X

Forma funcion, Santaf, de Bogot, D.C. vol.28 no.2 Bogotá jul./dic. 2015

http://dx.doi.org/10.15446/fyf.v28n2.53550 

Doi: http://dx.doi.org/10.15446/fyf.v28n2.53550

LA FÓRMULA DISCURSIVA EN POLÍTICA. UN PANORAMA*

THE DISCURSIVE FORMULA IN POLITICS. AN OVERVIEW

A FÓRMULA DISCURSIVA EM POLÍTICA. UM PANORAMA

Nicolás Bermúdez**
Universidad Nacional del Arte, Buenos Aires - Argentina

* Este texto es parte de la investigación desarrollada en el marco del proyecto grupal de investigación Ubacyt (2013-2016) "Discursos de la violencia estatal", financiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires.
** nicolasberm@filo.uba.ar. Doctor en Lingüística y Magíster en Análisis del Discurso por la Universidad de Buenos Aires. Docente investigador de esta casa de estudios y de la Universidad Nacional del Arte (Argentina).

Cómo citar este artículo:
Bermúdez, N. (2015). La 'fórmula' discursiva en política. Un panorama. Forma y Función, 28(2), 215-234.

Artículo de reflexión. Recibido: 28-01-2015, aceptado: 16-07-2015.


Resumen

El tema que aborda este artículo es la noción de fórmula y su lugar dentro del análisis de la palabra política. El objetivo concreto es revisar críticamente la productividad heurística de esta noción, a fin de facilitar una reflexión sobre el funcionamiento del discurso político en la actualidad, en particular en su interpenetración con la economía funcional de los medios. El marco para esta reflexión lo suministra la articulación de dos corrientes teórico-conceptuales: la sociosemiótica —de la cual se toma el funcionamiento social del sentido y la comunicación— y el análisis del discurso —que provee categorías analíticas precisas para pensar la discursividad—. El examen de la noción de fórmula contribuye a pensar el funcionamiento del campo político y hace visible la importancia de la reflexión discursiva sobre la comunicación política.

Palabras clave: Discurso político, comunicación política, medios, fórmula, análisis del discurso.


Abstract

This paper deals with the notion of formula and its importance in the analysis of political discourse. The specific objective is to review critically the heuristic productivity of this notion to allow for a reflection on the current operating of political discourse, especially in its intertwining with the media functional economy. The framework for this reflection is provided by the crossing of two theoretical currents: socio-semiotics, from which the social performance of meaning and communication emerges, and discourse analysis, which provides accurate analytical tools for thinking about discursivity. The study of the notion of formula helps to understand the functioning of the political field and explains the importance of discursive reflection on political communication.

Keywords: Political discourse, political communication, media, formula, discourse analysis.


Resumo

Este artigo aborda a noção de fórmula e seu lugar dentro da análise palavra política. O objetivo concreto é revisar criticamente a produtividade heurística dessa noção a fim de facilitar uma reflexão sobre o funcionamento do discurso político na atualidade, em particular em sua interpenetração com a economia funcional dos meios. O referencial para essa reflexão é fornecido pela articulação de duas correntes teórico-conceituais: a sociossemiótica —da qual se toma o funcionamento social do sentido e da comunicação— e a análise do discurso —que fornece categorias analíticas precisas para pensar a discursividade—. O exame da noção de fórmula ajuda a pensar o funcionamento do campo político e faz visível a importância da reflexão discursiva sobre a comunicação política.

Palavras-chave: Discurso político, comunicação política, meios, fórmula, análise do discurso.


Introducción

Quizás un elemento definitorio de la identidad de la palabra política sea la posibilidad cierta de recibir una doble lectura: los enunciados pueden reforzar la creencia de los partidarios, pero también pueden ser sometidos a la respuesta destructiva de los adversarios (Verón, 1987). Aunque se trata de un rasgo inherente, este carácter adversativo se vuelve particularmente sensible en ciertos momentos (e. g. campañas electorales), dispositivos comunicativos, escenas genéricas (e. g. el debate) y temas.

Este atributo también es constatable en algunas expresiones que circulan por el entramado de la discursividad política y lo desbordan, que, repetidas o con variaciones exiguas, fluyen por los enunciados a través de los cuales son hablados los actores sociales. La dimensión de estas expresiones es diversa: pueden abarcar una apócope (e. g. "corpo", "opo"), una palabra (e. g. "modelo", "relato", "grieta", "revanchismo", "setentismo", "transversalidad"), una frase (v. infra) o un grupo de palabras (e. g. "calidad institucional", "sintonía fina"). En este último caso, la controversia se actualiza y organiza a menudo en torno a sintagmas socialmente cristalizados que simbolizan (i. e. condensan y sustituyen) y vuelven aceptable determinado posicionamiento político. Es este fenómeno semiótico el que puede definirse como fórmula. Consideremos un ejemplo de su dinámica discursiva.

La plataforma política del candidato —finalmente elegido— a la presidencia de Argentina, Carlos Menem, se publicó bajo el título "La revolución productiva" (1989), enunciado que también operó como parte de los eslóganes y promesas de campaña. A lo largo de su presidencia, y una vez que se hizo evidente que sus políticas macroeconómicas se ajustaban a un modelo económico neoliberal que privilegiaba más el capital financiero que la producción de bienes y servicios, la expresión "revolución productiva" fue empleada de manera irónica por sus detractores.

Ahora bien, este fenómeno de retorsión en la enunciación política no se limita ni a las fórmulas ni a las expresiones que indican, pars pro toto, un ideario. Observemos, como ejemplo de esta otra clase, algunas pequeñas frases emblemáticas de Menem, como "Estamos mal, pero vamos bien" (reformulado como "Estamos mal, pero vamos peor") o, al referirse a su política ferroviaria, "Ramal que para, ramal que cierra" (que el día 30 de julio del 2014, el actual ministro de Interior y Transporte, F. Randazzo, la parafraseó al señalar que "Ramal que arranca no para nunca más"). Por supuesto que este fenómeno no se restringe a una época o a un partido político. Una década antes de las frases menemistas, el entonces presidente argentino Raúl Alfonsín sentenció: "La casa está en orden", al anunciar la aparente finalización de la llamada "rebelión militar carapintada" de 1987. Modalizado de otra manera (e. g. "¿La casa está en orden?", "La casa no está en orden") o en su configuración modal original, el enunciado rápidamente circuló por toda la discursividad social, atravesando los límites del campo político.

Digamos, en definitiva, que en estos últimos ejemplos se efectúa una flexión sobre expresiones que buscan proveerle inteligibilidad a acontecimientos, decisiones o prácticas políticas. Si es que, como sucedía con el primer ejemplo, reenvían a un cuerpo doctrinal, lo hacen de manera indirecta.

Esta fenoménica, por supuesto, no es nueva para el metadiscurso. E. Verón detectó la particularidad de la fórmula y la colocó, junto con los colectivos de identificación, entre las que denominó entidades del imaginario político. Para el segundo de los casos expuestos en el párrafo de arriba —los sintagmas que no aluden directamente a un ideario—, el autor habla de "formas nominales que [...] poseen un poder explicativo, son verdaderos operadores de interpretación" (Verón, 1987, p. 19).

Por su parte, el primero de los ejemplos de arriba ilustra ciertas formas nominalizadas1 que simbolizan aspectos doctrinales. Estas formas sirven para darle expresión a un rasgo identitario, por el cual una posición política o —si es que existe— el conjunto de su doctrina, quiere ser reconocida, ya sea de manera positiva, si la fórmula remite al enunciador (e. g. "El cambio seguro", "La otra política", "La nueva política"), o ya sea negativamente, si representa la posición del contradestinatario (e. g. "La vieja política", "La burocracia sindical"). Su principal característica es la posibilidad de adquirir autonomía semántica con respecto a su discurso de origen, al punto de funcionar como fórmulas aisladas o, incluso, como eslogan durante las campañas electorales.

La explicación de Verón abre interrogantes. Hoy bien cabe el debate en torno al verdadero valor sustitutivo de estas fórmulas: ¿existe realmente un componente doctrinario al cual estén reemplazando?, ¿no se han convertido estas formas en el insumo discursivo casi exclusivo de los actores políticos?, ¿conlleva esto una pérdida de complejidad de la palabra política? Ya que se trata de un fenómeno evidentemente ligado a la mediatización, ¿la autonomización creciente de estas formas no se ha visto favorecida por las restricciones de los dispositivos y los géneros de los nuevos medios, en cuanto que arena del debate político entre ciudadanos?

Este trabajo se limitará, por un lado, a revisar los aspectos centrales de la noción de fórmula, para lo cual se expondrán aportes de diversos autores en relación con su definición, características, alcances, etc., y se los articulará con ejemplos y materiales de análisis que han sido tomados del discurso político argentino contemporáneo, principalmente de las últimas dos décadas. No se trata de un análisis de caso ni de exponer los resultados de una investigación más amplia, sino más bien de presentar los avances en torno a una noción, reflexionando en paralelo sobre su productividad analítica.

Por otro lado, también se busca aquí llamar la atención sobre el valor de la categoría de fórmula para explicar ciertos aspectos de la interpenetración entre los sistemas político y mediático. Es una categoría generada dentro de la corriente del análisis del discurso que, además, se presenta productiva para reflexionar sobre la comunicación política. Así pues, este trabajo se inscribe en la convergencia de dos tradiciones: el análisis del discurso y la sociosemiótica.

Discusión

Definición

Adjudicándoles a estas cristalizaciones un espacio de funcionamiento lingüístico más amplio que el propuesto por Verón, A. Krieg-Planque (2009, p. 7) llama fórmula al conjunto de "expresiones fijas y concisas que, en una coyuntura dada, condensan y cristalizan posicionamientos políticos y sociales", a los cuales, al mismo tiempo, ayudan a consolidar. Se trata, por una parte, de un fenómeno de condensación y cristalización de un cuerpo doctrinal o —para ser menos ambiciosos— de un posicionamiento, entendiendo por tal una indicación de cómo el enunciador se sitúa de cara a la conflictividad que puede ocasionar un hecho, decisión o práctica del campo político —indicación no siempre transparente para ese enunciador individual, que puede "olvidar" la identificación de la fórmula con el posicionamiento—.

Tal vez convenga, a fin de acercar la definición de Krieg-Planque a la de Verón sin traicionarla del todo, distinguir entre fórmula ideológica o stricto sensu —cuando esta reenvía a un ideario político definible aunque no clausurado— y fórmula de posicionamiento o lato sensu —cuando hace ese reenvío (si es que lo hace) de manera indirecta, en el acto de adjudicarle un sentido a un hecho, decisión o práctica—. Agreguemos, así mismo, que estamos ante un caso de retoma y circulación discursiva que, en cuanto que componente del espacio público, tiene a los locutores políticos y a los medios como actores fundamentales. Así pues, en las fórmulas se organizan discursivamente las opiniones en conflicto y las relaciones de poder.

Características lingüísticas

La forma significante de la fórmula —su materialidad lingüística— presenta un carácter relativamente fijo. Tal estabilidad implica concisión, condición que le permite integrarse a los enunciados que la vehiculizan (Krieg-Planque, 2009, p. 73). De hecho, puede tratarse de una unidad léxica, pero no toda palabra que se repite es una fórmula: esta última es una utilización particular de aquella o, como afirma Krieg-Planque (2009, p. 20), es una zona de turbulencia en el trayecto semiótico de esa palabra. El caso más habitual, no obstante, es que ciertas secuencias morfosintácticas algo más complejas alcanzan el rango de fórmulas, que manifiestan en su superficie una estructura relacional, sea:

  • Una unidad léxica compuesta (e. g. "ultrakirchnerista", "CrisPasión");
  • Una unidad léxico-sintáctica, esto es, la copresencia de elementos lexicales y una operación sintáctica, como pueden ser las de coordinación (e. g. "nacional y popular", "Nac&Pop", "juicio y castigo"), disyunción ("Braden o Perón", "Ella o vos"), o negación (e. g. "ni un paso atrás", "ni vencedores ni vencidos").
  • Sintagmas del tipo: N + PREP + (ART) + N (e. g. "cadena del desánimo", "sensación de inseguridad") o (ART) + N + ADJ ("sintonía fina", "candidatura testimonial").
  • Puede asimismo considerarse —con las salvedades que veremos más abajo— el caso de secuencias autónomas más complejas, como los eslóganes (e. g. "La fuerza de un pueblo") o una frase registrada en la memoria colectiva (e. g. "La única verdad es la realidad").

Krieg-Planque (2009, p. 73 y ss.) detecta también estructuras cuyo carácter relacional se concreta en la profundidad de la secuencia. Por la ambigüedad de sentido que pueden generar, favorecerían la imposición de un enunciado como fórmula. La hipótesis de Krieg-Planque es que una de las razones del empleo masivo y repetido de las fórmulas —o sea, de una notoriedad social que trasciende a la clase política y a los comunicadores mediáticos— es esta estructura relacional que vincula términos semánticamente heterogéneos, lo cual favorece una apertura semántica: la creación de nuevos significados, una mayor circulación y su instalación como objeto de conflictos interpretativos y polémicas. En definitiva, la expansión de la semiosis. Algunas de estas estructuras son:

  • El sintagma nominal con adjetivos denominales, pues no dejan totalmente en claro la relación que se establece entre el nombre rector y el adjetivo derivado (e. g. "pacto republicano", "fractura social", "puja distributiva").
  • Las nominalizaciones derivadas de verbos (e. g. "inclusión social", "criminalización de la protesta", "judicialización de la política", "reconciliación nacional", "mundialización") o las nominalizaciones neológicas (e. g. "la malvinización del default/de la política", "la borocotización de la política"), pues por medio de esa operación se cristaliza un acontecimiento, pero a la vez se difumina la identidad de los actores del proceso.

Cabría apuntar en esta lista la incidencia de los fenómenos prosódicos, algunos ya codificados en figuras como, por ejemplo, la aliteración (e. g. "recuperar lo robado"), el paralelismo, la repetición ("nunca más, nunca menos"), la simetría, etc.

Si bien el análisis no puede ser de un formalismo absoluto, es evidente que hay que ver cómo pueden configurarse las fórmulas en cada lengua. Este dato es decisivo para el funcionamiento discursivo —el que interesa aquí—, puesto que la lengua es una de las condiciones de posibilidad del discurso.

Características discursivas

Además de las formas lingüísticas, la notoriedad social de las fórmulas pasa a menudo por aspectos discursivos: por ejemplo, el plano figural. Krieg-Planque (2011) menciona figuras particularmente favorables para la retoma, circulación y reproducción de las estructuras cristalizadas, figuras que se apoyan sobre fenómenos semánticos, como la metáfora, metonimia, etc.

¿Cómo nace una fórmula? Conviene distinguir dos casos (Faye, 1972): o bien la secuencia alcanza la categoría de fórmula desde sus primeras ocurrencias —cuando no se origina ya como tal— (e. g. "la cadena del desánimo", "la patria es el otro", "clima destituyente"), o bien se trata de una expresión con amplia existencia previa a su acceso al rango de fórmula (e. g. "que florezcan mil flores", "los argentinos somos derechos y humanos"). En ambos casos, pero sobre todo en este último, enfrentamos fenómenos de autonomización de una secuencia con respecto a un régimen enunciativo original, lo cual, siguiendo la terminología propuesta por Maingueneau (2007), puede designarse como aforización derivada (volveré sobre este punto más adelante).

Detengámonos un momento en los fenómenos que intervienen en la circulación, fijación y reconocimiento de la fórmula.

La circulación de la fórmula puede ser interlingüística; o sea, darse entre una lengua y otra o tener lugar solo en el interior de una misma lengua. El tráfico discursivo expone la fórmula a una serie de operaciones que alteran su constitución prototípica, dejando huellas de índole léxicas, morfológicas, morfosintácticas, etc. Son algunas de estas operaciones (Krieg-Planque, 2009, p. 71):

  • La aparición de fórmulas concurrentes, es decir, el emerger de nuevas secuencias correferenciales a la fórmula original, por lo que es necesario determinar (por ejemplo, estudiando los contextos de aparición) si existe identidad entre ellas (e. g. "democratización de los medios"/"democratización de la palabra", "purificación étnica"/"depuración étnica").
  • La aparición de fórmulas no concurrentes, que serían semántica o lexicalmente cercanas, pero con un funcionamiento discursivo distinto (e. g. "la patria financiera"/"la patria contratista"/"la patria futbolera", "generales mediáticos/ fusilamientos mediáticos").
  • Los fenómenos de desfijación, derivados de la inserción o sustitución (de una unidad lexical o un morfema) en una asociación sintagmática ya soldada (e. g. "dictadura militar" → "dictadura cívico-militar").
  • La reducción y la ampliación: en su recorrido, la fórmula tiende generalmente a reducirse, con lo cual se diluye el sentido del segmento suprimido. Una vez reducida, la secuencia puede participar en la referencia a otros objetos. Pero también puede ampliarse (e. g. "nunca más" → "nunca más, nunca menos").

Así mismo, pueden considerarse desplazamientos prototípicos del discurso político aquellos que se suscitan cuando una misma expresión es empleada en el marco de diferentes formaciones discursivas —porosidad absolutamente normal, dado que la configuración identitaria de estas formaciones se encuentra sometida a las leyes de la interdiscursividad—. Son justamente estos usos, que le dan un carácter conflictual a la fórmula, los principales impulsores de su circulación.

Consideremos esto con mayor detalle. En un momento dado, estas expresiones ocupan un lugar dominante en el universo discursivo (i.e. están presentes en distintos tipos de discurso). Significan algo para gran parte de la comunidad —son un referente social, según Krieg-Planque (2009, p. 93)—, aunque esto no quiere decir que posean un contenido referencial estable. Su notoriedad las convierte en un peaje obligado para el habla política, en coordenadas para una toma de posición y, por consiguiente, en objeto de distintos tipos de operaciones (Krieg-Planque, 2009, pp. 99-100): pueden erigirse como marco de debates y recibir definiciones discordantes ("derechos humanos" es un buen ejemplo en el campo político argentino), pueden ser cuestionadas y refutadas (frente a la convocatoria a una "reconciliación nacional"2, lanzada por la Iglesia católica argentina, la respuesta repetida por parte de grupos políticos de izquierda fue "No olvido, no perdono, no me reconcilio"), pueden ser reformuladas y constituirse en fuente de productividad lexicológica (e. g. de "Madres de Plaza de Mayo" se derivaron —algo indirecta y críticamente— "Madres del paco" o "Madres del dolor"; de "Cepo cambiario", "Cepo informativo").

El hecho de que las fórmulas sean materia de controversia está entre las condiciones de su estabilidad relativa. O mejor: toda actividad metadiscursiva que las tenga por objeto contribuye a fijarlas. El estudio de su metadiscurso es, según Krieg-Planque (2009, p. 61), un medio privilegiado para comprender las causas y los modos por los cuales una secuencia verbal accede al rango de fórmula.

Mantengámonos en esta última problemática. Krieg-Planque (2009, pp. 66-67) subraya que, como sucede con todos los fenómenos discursivos, los de fijación de una secuencia pueden tolerar diversos enfoques y conceptualizaciones. Una posibilidad es, por ejemplo, interesarse por la naturaleza de la fijación. Los resultados de esa observación muestran un gradiente que va desde la prevalencia de un orden formal, que remite a un análisis de las expresiones fijadas en los términos de la lengua y en las categorías de la gramática (e. g. "palabra clave"), hasta la dominancia de un orden discursivo, que implica el estudio de los enunciados que circulan "en bloque" en un momento dado y que son percibidos formando un todo, aunque no se reconozca su origen, como es el caso de las frases hechas y la esloganización (e. g. "los argentinos somos derechos y humanos") (Fiala & Herbert, 1989, pp. 87-88). Otra posibilidad es preguntarse por el grado de fijación de las fórmulas y realizar un testeo semántico o sintáctico —aunque en este punto seguramente todo conducirá a admitir que la fijación es una cuestión gradual y depende, en buena medida, de la percepción del hablante, lo cual nos deposita en la problemática de su reconocimiento—.

Según J. P. Faye (1972, p. 7), es a causa de su ambigüedad o polisemia y de su circulación, que las fórmulas dan lugar a un proceso de aceptabilidad, o sea, tienen como efecto volver aceptable algo: idea, hecho, acontecimiento o práctica. De aquí provendría su eficacia en la política. Esta circulación entre las distintas zonas de la discursividad social y las formaciones discursivas favorece la percepción de una fórmula como un preconstruido; es decir, como un elemento del que se tiende a olvidar su enunciador y puede generar sensación de evidencia, de un elemento cuya certeza cae por su propio peso (Pêcheux, 1975).

Si trasladamos todo esto a la terminología semiótica, cabe afirmar que, cuando una secuencia alcanza el grado de fórmula, se presta a ser analizada considerando su poder interpretativo (sobre la idea, el hecho, el acontecimiento o la práctica que constituye su objeto) en cuanto producto de signos anteriores. Así pues, la secuencia da lugar, entre otras cosas, a un interpretante de carácter político. Es, en sentido peirceano, un signo que actualiza cierta información fáctica sobre un objeto3—y que en cuanto signo es fundamento para otros nuevos, como, por ejemplo, aquellos con los que necesariamente entra en conflicto—. En este escrito se busca poner de relieve la significación social relativamente estabilizada de la fórmula (es decir, su carácter de interpretante final) por sobre los efectos que produce en la mente de los individuos concretos (es decir, su desempeño como interpretante dinámico)4.

Cartografía epistemológica de la fórmula

Como todo fenómeno discursivo (i.e. no determinado exclusivamente por el significado lingüístico), el estudio de las fórmulas requiere un abordaje pluridisciplinar, lo que torna indispensable la concurrencia de, según el caso, otras ciencias del lenguaje (e. g. la lexicología política), de la ciencia política, de la historia, de la sociología, de la historia de los conceptos, y de las ciencias de la información y la comunicación (sobre todo de este último campo de saber). Dado el peso que tienen las fórmulas en el funcionamiento de los discursos político y mediático, su análisis solicita, de acuerdo con Krieg-Planque (2009, p.12), asumir un punto de vista discursivo sobre la comunicación.

La noción de fórmula no agota la conceptualización de los fenómenos de fijación y repetitividad discursiva. Existen términos adyacentes y otros que, ideados en el interior de distintas corrientes, lo traslapan. Algunos ejemplos:

  • El análisis del discurso forjó el término colocación (o su cuasi sinónimo coocurrencia), para referirse a las asociaciones sintagmáticas no lexicalizadas que se repiten con frecuencia de un discurso a otro (Haussmann, 1979).5 A diferencia de la fórmula, la colocación no implica necesariamente una condensación de posicionamientos políticos.
  • La fórmula también es un fenómeno más localizado que el que denota la ya citada noción de preconstruido, la cual remite a la huella en un enunciado de un discurso anterior y es síntoma de la presencia del interdiscurso en una secuencia concreta. Mientras que la fórmula es un corpus de expresiones fijas, el preconstruido puede dar lugar, por ejemplo, a una multiplicidad de operaciones de encastre sintáctico.
  • Tomada en un sentido amplio, la noción de preconstruido podría englobar toda una serie de categorías destinadas a pensar la conexión entre lo discursivo y lo interdiscursivo, vista desde los fenómenos de cristalización y de doxa, ya sea que se den en el plano de la expresión —como sucede con el cliché, considerado por el análisis del discurso, no por la estilística (Amossy & Herchsberg-Pierrot, 2001)—, ya sea que se den en el pensamiento, como en el caso de los topoi —en cuanto que máxima subyacente en el desenvolvimiento argumentativo del enunciado (Anscombre & Ducrot, 1983)—, los estereotipos —representación colectiva fija (Amossy & Herchsberg-Pierrot, 2001)— o el ideologema — máxima ideológica subyacente que no se traduce en una única secuencia de superficie (Angenot, 1982)—. Solo si están asociados a una secuencia verbal concisa, estable y repetida, estos últimos elementos pueden ser equivalentes a la fórmula. Los anteriores desbordan la especificidad del campo de la política.
  • El lugar de la fórmula también puede delimitarse con referencia a la nominalización, comenzando por establecer que esta última está gramaticalizada y no se restringe a la política. La nominalización condensa y compacta, como la fórmula, una cantidad de información, a la vez que impulsa cierta abstracción del discurso, distanciándolo del contexto inmediato y de los interlocutores. Así mismo, en la medida en que, como se dijo, inmoviliza un proceso, privilegia los objetos y los estados, es decir, la existencia por sobre la acción. Un corolario de esto es la conversión de una afirmación en evidencia, la naturalización de la entidad, más aún si se encuentra determinada por un especificador, lo que —fuera de la discursividad política— dificulta su cuestionamiento (Sériot, 1985).
  • En el ámbito del discurso político, la fórmula mantiene con el eslogan fronteras algo imprecisas. De hecho, puede suceder que una fórmula termine por cumplir funciones de eslogan y viceversa, pero la puesta en circulación de este último no puede escapar a la planificación. Enfrentaríamos, en ambos casos, fenómenos de condensación de una posición política —aunque, para el caso del eslogan, este vínculo estaría hoy un poco opacado, si se piensa en eslóganes de campaña como "Yo creo en vos" (Daniel Scioli) o "Energía política positiva" (Martín Loustau)—. Sin embargo, a la función persuasiva que puede compartir con la fórmula —menos orientada a un hacer en esta última—, el eslogan suele añadir, en su producción, operaciones intertextuales, poéticas y mnemotécnicas. Dicho en términos semiológicos, la producción del eslogan no puede desatender el diseño del nivel del significante. Por su parte, la esloganización —término provisto por la lexicometría política— designa los "momentos en los que el discurso vuelve sobre sí mismo y practica lo ya dicho, compactándose así en machacamientos verbales que representan una especie de expresión primaria del mensaje a ofrecer" (Charaudeau & Maingueneau, 2005, p. 229). Es decir, se trata, a diferencia de la fórmula, de un fenómeno que permanece a nivel intradiscursivo.
  • También planificada —específicamente por la acción en conjunto de actores políticos y mediáticos— es la puesta en circulación de la pequeña frase (petite phrase). De acuerdo con Krieg-Planque (2011), el término designa un enunciado que se destaca de su lugar de alojamiento original —ya sea que ese destaque se realice en ese mismo espacio o se efectúe a posteriori6 — y que es presentado como destinado para la retoma y circulación. Dentro del universo de la heterogeneidad enunciativa (Authier-Revuz, 1995), constituiría un caso de aforización derivada de un texto (Maingueneau, 2007, p. 201) —diferenciada de la aforización no derivada (e. g. proverbios)—. ¿Cuál es la diferencia con la fórmula? Además de que la fórmula debe pertenecer a la política y ser concisa, en la conceptualización de la pequeña frase el acento está puesto en el desprendimiento que le da origen.
  • El régimen de funcionamiento de la fórmula tiene mucho en común con los designantes de acontecimientos (désignants évènementiels) —de hecho, la fórmula puede convertirse en uno de ellos—, aunque lo que distingue a esas expresiones es su origen en el discurso mediático (Calabrese Steimberg, 2008). Su función es nombrar un conjunto de hechos y prácticas de interés social, a fin de asegurar su reconocimiento durante su permanencia en la agenda mediática (e. g. "La crisis del campo"). Compactada en un único designante, identificada por la economía discursiva de los medios como un todo, de esa heterogeneidad son iluminados algunos acontecimientos y borrados otros, lo mismo que sucede con la fórmula.
  • Existe asimismo la posibilidad de hacer distinciones hacia el interior de la noción de fórmula. Según P. Bacot et al. (2008), un cronónimo es una expresión de complejidad variable que sirve para designar una porción de tiempo que una comunidad aprehende y singulariza, referida a actos que considera apropiados para darse una coherencia y para reflexionar sobre su propia historia. Suelen presentarse como sintagmas nominales cristalizados, compuestos por un sustantivo que indica duración más un adjetivo con connotación axiológica. No obstante, su estabilidad semántico-referencial debe ser relativizada, dado que los límites del período histórico designado son a menudo materia de controversia y que el conjunto de representaciones que actualiza el cronónimo varía según los imaginarios sociales correspondientes a distintos posicionamientos políticos y épocas. Justamente, su dimensión política se pone en evidencia si se entiende la política como conflictividad social: el corte que hace el cronónimo y su denominación favorece ciertas representaciones de clivajes y de campos. Ejemplo de un cronónimo que funcionó como arena de este antagonismo: "Década ganada". A esta fórmula se le opusieron enunciados como "Década depredada" o "Década robada". También se ironizó sobre su significado, adhiriendo el sintagma original al retrato de los resultados negativos de las que se entendían como deficitarias políticas de gobierno.

Un caso

Ya se señaló que la fórmula es un fenómeno presente en aquellos discursos que son centrales para la estructuración del espacio público, como el mediático y el político (Krieg-Planque, 2009, p.12). Movilizadas en la arena política, se vuelven necesariamente polémicas: la fórmula coagula un significado parcialmente compartido, pero objeto de controversia.

Tomemos el caso del cronónimo "La década ganada". Ingresó al tejido discursivo como parte de un discurso pronunciado por la presidente Cristina Fernández de Kirchner el 25 de mayo del 2013, fecha en la que coincidían la conmemoración de la Revolución de Mayo de 1810 y el festejo por los diez años del inicio del ciclo presidencial del kirchnerismo:

Pero no me quejo, sabemos que cuando afectamos intereses, sabemos que cuando defendemos a los sectores más vulnerables, sabemos que cuando incorporamos a millones de argentinos al trabajo, cuando creamos la Asignación Universal por Hijo que ya no permite que cualquiera contrate a un hombre o a una mujer por dos pesos, cuando consagramos nuevamente desde hace 10 años las convenciones colectivas de trabajo, en esta década ganada —mal que les pese es una década ganada— pero no por un gobierno, ganada por el pueblo [...] Quiero también convocar a todos los argentinos a esta gesta, a que esta década ganada, le siga otra década más en que los argentinos sigan ganando también. (Fernández de Kirchner, 2013)

Es el locutor el que lleva a cabo una sobreaserción (Maingueneau, 2007, p. 201) de la fórmula en su contexto original. La postula como síntesis de una lectura de los logros de su gobierno y del anterior, una lectura que anticipa la réplica del contradestinatario y lleva al nivel de lo expuesto la naturaleza antagónica del campo político. Lo hace por medio de un desdoblamiento metadiscursivo, a través de mecanismos de modalización autonímica (Authier-Revuz, 1995). La locutora comenta su enunciación indicando una distancia con los contradestinatarios (e. g. "mal que les pese es una década ganada"). Así, ya desde su misma aparición, en esta fórmula se hacen explícitas sus dimensiones constitutivas: la referencial y la polémica.

Desde ese momento, y hasta hoy, se generaron en reconocimiento operaciones que tenían como condición esa fórmula y que contribuyeron a estabilizarla. Casi en simultaneidad con su primera ocurrencia, ciertas operaciones de las gramáticas antikirchneristas, que polemizaban con el sentido de la secuencia, quedaron atestiguadas en los comentarios de los lectores de la versión on line de los diarios. En La Nación, por ejemplo, se pueden leer intervenciones del tipo:

alf00l19: 25/05/2013
"Década GANADA"? ? ? ? ? ? ? ? Será por los 15 MIL MILLONES de DÓLARES que se "GANARON" Cristobal y Lázaro? ? ?
fabulo5o22: 25/05/2013
Decada ganada... La pucha si ganaron! De 7 millones a 89 MILLONES!!!! Ojo eso es lo declarado... Se estima que la guita en negro, empresas, sociedades y propiedades derivadas a terceros o testaferros seria 3 veces superior.7

Sin entrar en un análisis detallado, podemos sugerir que, en comentarios de este tipo, la fórmula es retomada de manera literal, para, con el objetivo de refutarla, inmediatamente operar sobre ella una retorsión irónica de su sentido.

Si consideramos una trayectoria temporal más amplia, la estabilización morfosintáctica de la secuencia (ART + N + ADJ) y su expansión semiótica posibilitaron nuevas operaciones y su apropiación por parte de otros actores, entre los que se cuentan aquellos que ocupan un lugar reconocido en la esfera pública. Veamos un caso de reformulación: en el discurso de la inauguración oficial de la 128° Exposición Rural de Palermo, el 26 de julio del 2014, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, sostuvo: "Fue la década depredada. Depredaron los recursos del campo, las reservas energéticas y las del Banco Central. Depredaron la credibilidad de las estadísticas públicas" (Etchevehere, 2014). Testimonio de la circulación y notoriedad de la fórmula "La década ganada", el enunciador lleva a cabo una sustitución que respeta la estructura morfosintáctica original de la expresión, pero sustituye un elemento y produce otro sentido.

Además de las ejemplificadas, la fórmula puede estar involucrada en otras operaciones (Krieg-Planque, 2009, p. 105). Ejemplos:

  • Puede ser repudiada directamente o bien es posible atribuir a la formación discursiva adversaria la paternidad de una fórmula que se rechaza (e. g. el 20 de enero del 2014 el director de cine J. J. Campanella escribió en su cuenta de twitter: "La 'década ganada': al que inventó ese slogan imbécil tendrían que echarlo, pero ellos van y hacen estampillas. La década sloganeada")
  • Se puede reclamar o reivindicar la paternidad de una fórmula que usa la formación discursiva adversaria.
  • Puede darse una conminación a enunciar/rechazo a enunciar.8

Insisto, siguiendo a Krieg-Planque (2009, p. 103), el sentido de las fórmulas conlleva un posicionamiento político sobre un aspecto decisivo para el vivir juntos: los modos de vida, los recursos materiales, la naturaleza e implicancias de las decisiones del gobierno, las relaciones de igualdad y desigualdad, la idea que las personas se hacen de la nación, etc.

Las fórmulas y los medios

La inmixión entre los medios y el discurso político en la construcción del espacio público ganó fuerza a partir de la década de 1980. Desde entonces, hemos asistido a una mayor profesionalización de los actores involucrados en esa mutua elaboración: se incrementó la cantidad de periodistas políticos y de especialistas/asesores en comunicación política —y, por consiguiente, se multiplicaron los saberes discursivos demandados en esa formación—. Los medios, en definitiva, se hallan fuertemente implicados en la circulación, amplificación y, en algunos casos, la creación de estas fórmulas.9 Para la elaboración de la información en los medios audiovisuales, por ejemplo, la fórmula se ajusta a la economía de los formatos mediáticos, a la construcción discursiva de un acontecimiento y a los efectos de dramatización que buscan ciertas intervenciones de los medios. Este fenómeno se ha hecho más evidente en un contexto de aceleración de los cambios de las tecnologías involucradas en los procesos de mediatización. Como advierte M. E. Qués:

Como toda transformación significativa en los soportes de la comunicación determina modificaciones correlativas en los discursos que se producen y circulan a través de ellas, analizar los discursos políticos es también analizar los cambios asociados a las posibilidades abiertas por los soportes tecnológicos. Se hacía necesario, por lo tanto, revisar y ajustar los abordajes para dar cuenta de formatos híbridos que entrelazan la lógica del discurso político con la de los diversos soportes en los que circula. Un desafío análogo plantea hoy el devenir de lo que ha dado en llamarse política 2.0, es decir, aquellas formas de comunicación política surgidas al calor de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. (2013, p. 9)

Según Verón (2013), las novedades capitales de internet son su extensión global y la transformación política que opera en las condiciones de acceso de los actores sociales —caracterizada por una mayor autonomía e iniciativa— al ecosistema mediático. Vale añadir a esta observación que, pensada desde los procesos de hipermediación (Scolari, 2008, p. 115), la web forma parte de un paradigma determinado por la convergencia de lenguajes, la reconfiguración de los géneros y la aparición de nuevos sistemas semióticos caracterizados por la interactividad y las estructuras reticulares. Entiendo que, en este marco, es posible comenzar a reflexionar sobre el papel que pueden tener las fórmulas políticas —pertenecientes al tejido discursivo y, por ende, al orden de la terceridad— en los usos estabilizados de la web, empleos que Verón (2013) hace corresponder con las otras dimensiones de la semiosis:

  • Las fórmulas pueden cumplir funciones de metadato (e. g. convertirse en un hashtag, en una dirección de URL o en otro localizador de recursos para establecer hipervínculos10), destinado a la definición de un tema y a la orientación en su búsqueda a través de la navegación por el flujo de contenidos de la web. Visto de manera general, este conjunto de funciones, que atañe a la primeridad, hace la cuestión del acceso de los sujetos al conocimiento.
  • El uso descrito arriba las involucra necesariamente en los fenómenos vinculares correspondientes a la segundidad, en las relaciones interpersonales que, por lo general, se actualizan a través de las redes sociales o de microblogging. Transformada en hashtag, la fórmula puede cumplir el papel de un atrayente político o de un promotor de debates, lo que conduce al problema —político— de la construcción de colectivos. Lo vimos en el ejemplo presentado más arriba.

En síntesis, estos usos de la fórmula, propiciados por su condensación discursiva y su autonomía enunciativa, la colocan en el flujo hipermedial y la instauran como insumo destacado en la construcción de un espacio político virtual.

Consideraciones finales

Podemos preguntarnos, para concluir, ¿cuáles son los factores que hacen de la fórmula una pieza vital del entretejido de la palabra política y el discurso mediático? Me atrevo a sugerir algunos.

¿Qué merece la pena computar del lado de de los medios? Los resultados de una mirada evolutiva muestran, de una parte, la cada vez mayor fragmentación del espacio de las interfaces11 y, de otra, la permanente reducción de las unidades de contenido (Krieg-Planque, 2011, p. 30), tendencias que en el entorno de los medios digitales no han hecho sino incrementarse. Así mismo, conviene tener en cuenta las operaciones de categorización y narrativización que llevan a cabo los medios. Entregados a la tarea de colocar ciertas prácticas y hechos políticos como algo "noticiable", de otorgarle rango de acontecimiento y subsumirlos, junto con otras prácticas y otros hechos, en un proceso narrativo de mayor alcance, los medios informativos los asocian con un enunciado que facilita su identificación y memorización por parte de los consumidores. Del lado de las determinaciones políticas, hay que evaluar, ante todo, la conducta de los actores de la clase política destinada a complementar toda esta labor mediática: los políticos, hoy mejor formados en técnicas de comunicación, incorporan las fórmulas a sus mensajes, a fin de poseer visibilidad, cierto control de agenda, etc. Como señala D. Wolton: "Lo que no está mediatizado, no solo no es conocido, sino que finalmente no está legitimado" (2012, p. 90).

Esto último conduce a ocuparnos, finalmente, de la opinión negativa que existe entre ciertos analistas en el momento de la evaluación de las fórmulas. Si se atiende principalmente a la actividad enunciativa de la instancia ciudadana, pueden ser consideradas dispositivos de productividad semántica que engendran otras expresiones. Sin embargo, visto su empleo desde la óptica de la argumentación y de la construcción de colectivos políticos, no dejan de ser un síntoma del empobrecimiento de la discusión y de la elaboración argumental en un marco democrático (Wolton, 2012, p. 91)12. Constituyen un testimonio de la perturbación del registro simbólico por su subordinación a las dimensiones icónicas y, sobre todo, indiciales de una comunicación política atravesada por condiciones de producción y circulación cada vez más complejas, situación que se desencadenó hace más de tres décadas con la masificación de la televisión. El discurso de la política se ha hipotrofiado desde el momento en que se sometió a los medios y, a través de ellos, a la lógica del marketing (Verón, 2012), una lógica unidimensional y orientada a la gestión de colectivos en el corto plazo.


Notas

1 Aunque no todos los ejemplos que ofrece el autor son nominalizaciones en el sentido que tiene ese término para la gramática de la lengua española.
2 Fórmula repetida en distintos entornos culturales, como parte de un procesamiento de conflictos internos.
3 Que, en relación con sus interpretantes, puede comportarse como un rhema o un decisigno, según den menos o más acceso al referente, o como un argumento, si conducen hacia cierto saber abstracto/universal sobre el objeto (Peirce, 1974).
4 Es decir, no se desarrolla aquí de manera específica el papel cognitivo individual de la fórmula, es decir, su desenvolvimiento en los procesos de interpretación y rememoración.
5 La colocación se diferencia también de los sintagmas fijos, pues no todos los componentes de estos últimos aportan al valor semántico del conjunto (e. g. la "calvicie incipiente" denota efectivamente el inicio de un proceso de pérdida de cabello; la celebración de una "mesa redonda", en cambio, no implica que haya una mesa circular) (véase Charaudeau & Maingueneau, 2005, p. 133).
6 Una de las condiciones posibles para esta aforización es lo que Maingueneau (2007) denomina sobreaserción (surassertion). Este último término designa el fenómeno por el cual un fragmento se presenta en un texto como destacable, sea por su valor generalizante, por la posición en el texto en el que está ubicado (e. g. al final), por su estructura interna (i. e. se trata de una figura semántica o sintáctica), o por el hecho de que el enunciador subraya su estatus privilegiado por medio de un comentario (e. g. "para mí, el punto clave es..."). Ahora bien, pueden convertirse en pequeñas frases fragmentos que no fueron sobreasertados.
7 Transcribo los ejemplos sin alterar ortografía ni tipografía.
8 Veamos un ejemplo en un mensaje de la presidente Cristina Fernández de Kirchner: "También me gustaría charlar un poquito, hoy leía un titular en un diario, de vuelta con el término cepo cambiario. Me gustaría hablar del término, de la política y de los intereses que hay detrás de todo esto. Cepo, como ustedes saben y para los que no saben, es un instrumento de tortura del siglo XIX, que consistía en una cosa de madera donde se ponía la cabeza y las manos, pero que fundamentalmente refleja la inmovilidad, no te podías mover. Cepo es sinónimo de que no hay movimiento, de que nada se mueve, de que nada ingresa, nada egresa, que todo está quieto. Yo quiero leerles a ustedes las cifras del mercado único libre de cambios en la República Argentina en lo que hace a los dólares que hemos tenido que pagar y por qué conceptos (...) Van a tener que encontrar otro título mediático porque cepo no da. Nosotros en lo que hace de enero a septiembre, por pago de importaciones hemos pagado 47 959 000 000 de dólares a importadores". (Fernández de Kirchner, 2012).
9 En este punto no se sigue a Krieg-Planque (2009, p. 123), para quien no habría que sobrestimar el protagonismo de los medios en el proceso de construcción de las fórmulas.
10 Existen direcciones URL en la web, tales como http://www.decadaganada.gov.ar/ o http://www.lapatriaeselotro.com.ar/.
11 En la evolución de la prensa gráfica, verbigracia, se observa una tendencia a ofrecer formatos cada vez más cortos y con mayor cantidad de elementos paratextuales.
12 Vinculado a este último, las fórmulas pueden analizarse como causantes de otro empobrecimiento que no se aborda aquí: el de la comprensión de los hechos.


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