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versão impressa ISSN 0120-3479

Leng. vol.44 no.1 Cali jan./jun. 2016

 

¿Ethos femenino y feminine style? El primer discurso público de dos presidentes mujeres: Michelle Bachelet (Chile) y Cristina Fernández de Kirchner (Argentina)*

Féminine ethos and feminine style? Inaugural Addresses of Two Women Presidents: Michelle Bachelet (Chile) and Cristina Fernández de Kirchner (Argentina)

Éthos féminin et feminine style? Les discours d'investiture de deux femmes présidentes : Michelle Bachelet (Chili) et Cristina Fernández de Kirchner (Argentine)

María Alejandra Vitale
Profesora titular, investigadora, Instituto de Lingüística, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina. Doctora en Lingüística, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Posdoctorado en Estudios Lingüísticos, Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil. Lidera el grupo argentino del Proyecto de colaboración con Sudá frica "Discursos fundacionales e identidades nacionales en Argentina y Sudá frica", Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
E-mail: vitaleale@fibertel.com.ar

Fecha de recepción: 23-01-15.
Fecha de aceptación: 29-09-15.

* Este artículo incluye resultados del proyecto de investigación interdisciplinario UBACyT 2011-2014 "El derecho a la palabra: perspectiva glotopolítica de las desigualdades /diferencias", radicado en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Su directora fue la doctora Elvira Narvaja de Arnoux y por mi parte me desempeñé como codirectora.


Resumen

En este trabajo contrasto la construcción del ethos en la alocución de asunción de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet (2006) y en la de Cristina Fernández de Kirchner (2007). Indago si responde a lo que en el ámbito francés se llama ethos féminin, noción que tiene semejanza con lo que investigadores en Estados Unidos denominan feminine style; analizo cómo usan el argumento explícito por el género y la argumentación indirecta por el género, e interpreto los resultados como estrategias de legitimación.

Palabras clave: ethos femenino, feminine style, Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, estrategia.


Abstract

This article contrasts the configuration of ethos in the inaugural address of Chilean president Michelle Bachelet (2006) and that of Argentinian president Cristina Fernández de Kirchner (2007). I explore whether the ethos of these addresses corresponds to the French concept ethos féminin, or feminine style used by American researchers. I analyze how the gender argument is used, both explicitly and implicitly, and I interpret the results as legitimation strategies.

Key words: ethos fémenin, feminine style, Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, strategy.


Résumé

Dans cet article, je contraste l'éthos configuré dans les discours d'investiture de la présidente de Chili Michelle Bachelet (2006) et la présidente d'Argentine Cristina Fernández de Kirchner (2007). Je cherche à mettre en relief si l'éthos de ces discours correspond à ce que dans le milieu français on désigne comme éthosféminin et ce que les chercheurs américains dénomment feminine style; j'analyse aussi la manière dont l'argument explicite par le genre et l'argumentation indirecte par le genre sont utilisés, et j'interprète les résultats comme des stratégies de légitimation.

Mots-clés : éthos féminin, feminine style, Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, stratégie.


Introducción

Chile y Argentina son los primeros países de América del Sur en que mujeres políticas fueron electas presidentas: Michelle Bachelet, en 2006,1 y Cristina Fernández de Kirchner, en 2007.2 Acontecimientos como estos representan un desafío para el estudio de la retórica presidencial, que ha focalizado la práctica oratoria de presidentes varones, predominantes aún en los Estados contemporáneos. El liderazgo político masculino, por otra parte, es todavía percibido como más exitoso que el de las mujeres (Coulomb-Gully, 2012; Hoogensen & Solheim, 2006; Jalalzai & Krook, 2010).3

Resulta por ello relevante indagar en la identidad pública que construyeron Bachelet y Fernández de Kirchner en el primer discurso que pronunciaron una vez electas. Se trata de los discursos de asunción, considerados como un subtipo de discurso epidíctico, que tiende a dar unidad al pueblo, afirma valores que lo unen y evitan la polémica (Campbell & Jamieson, 2008). En estos discursos los presidentes no solo inauguran una nueva administración, anuncian un plan de gobierno y sus lineamientos ideológicos, sino también construyen su propia identidad y la de su audiencia (Chumaceiro & Álvarez, 2009; Dimitriu de Quintero, 2002).

Entre Chile y Argentina, empero, existe una diferencia en el lugar donde los presidentes pronuncian su primer discurso público una vez electos. En el país de Bachelet, lo eligen los mandatarios y, en su caso, fue el balcón del Palacio de la Moneda, sede del poder ejecutivo. Bombardeado por las fuerzas armadas durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, allí murió el presidente derrocado, Salvador Allende, por lo que constituye un símbolo de la democracia. A la vez, contribuyó probablemente a la mayor proximidad que entabló Bachelet frente a su audiencia, presente delante de ella en la plaza de la Alameda. La presidenta argentina, en cambio, como es norma en su país, dio su discurso en el Congreso de la Nación, ámbito más formal que no favorece esa proximidad.

En este trabajo analizo de modo contrastivo la imagen de sí configurada en las alocuciones de asunción de la presidenta de Chile y de Argentina para indagar si responde o no a lo que en el ámbito francés se ha llamado ethos féminin (Bonnafous, 2002, 2003; Vassy, 2005), noción que tiene semejanza con lo que investigadores de Estados Unidos llaman feminine style (Campbell, 1986, 1989, 1998; Daxenbichler & Gregory, 2013; Down & Tonn, 1993; Johnson, 2005). De esta manera, a continuación expongo las características atribuidas al ethos femenino (incluida su relación con el llamado argumento explícito por el género y la denominada argumentación indirecta por el género) y al feminine style; me refiero luego a la metodología usada para el estudio de los discursos de asunción de las dos presidentas, incorporo el análisis y finalizo con las conclusiones.

Ethos femenino y feminine style

Bonnafous (2002, 2003) introdujo el término ethos féminin a partir de una investigación que se basó en un corpus integrado por entrevistas a mujeres políticas, publicadas por el diario Le Monde entre 1995 y 2000, por la revista femenina Elle entre 1995 y 1997, e intervenciones mediáticas de ocho ministros, cuatro varones y cuatro mujeres, de diversa tendencia política, entre 1997 y 1999. El objetivo fue analizar el modo en que las políticas mencionan su feminidad y la relación de esto con la imagen que ellas dan de sí en sus discursos. Mediante un análisis cualitativo, particularmente de la enunciación y del estilo, Bonnafous define el ethos femenino como la imagen específica que dan de sí las mujeres políticas, a la que le es inherente un modelo de comunicación calificado de pragmatique-empathique. Este modelo presenta cinco características principales entrelazadas: a) el rechazo explícito del maniqueísmo, de la simplificación y la valoración de los matices; b) el uso de expresiones muy concretas y poco metafóricas, que se anclan en la vida cotidiana; c) el empleo limitado de la ironía y la agresividad contra los adversarios o detractores, junto con la voluntad explícita de no entablar ni alimentar polémicas; d) la manifestación de benevolencia y solidaridad, que se traduce en un léxico del amor, del afecto y de la compasión; e) el recurso al diálogo más o menos ficticio, que contribuye a tornar más perceptibles las situaciones evocadas.4

Para Bonnafous, esta forma estilística y enunciativa es la más corriente y puede ir acompañada de lo que llama argumento explícito por el género, mediante el que las mujeres políticas justifican opiniones, por ejemplo con frases del tipo "en tanto mujer, apoyaría...". Asimismo, siempre según el contexto, puede aparecer también lo que denomina argumentación indirecta por el género, ligada al uso de estereotipos sobre lo femenino, como el no tener ambición de poder.

Retomando la investigación de Bonnafous y la noción de ethos femenino, Vassy (2005) aplicó una metodología cuantitativa, la lexicometría, al discurso de los mismos ministros considerados por su colega. Concluyó que el análisis lexicométrico no revela una bipolarización lingüística neta entre locutores femeninos y masculinos que ponga en evidencia una relación mecánica género-discurso, aunque ciertos resultados lo llevaron a plantear la cuestión del género en el discurso político en términos de tendencia, que ratifica el modelo pragmatique-empathique. Por ejemplo, en el plano enunciativo, las mujeres políticas se distinguen por el uso más frecuente del je (yo), lo que interpreta como una intensificación de la proximidad y de un lenguaje simple. Otra característica es el abundante empleo del verbo croire (creer), que podría indicar una manera menos conflictiva de considerar la relación con el contrincante o adversario. Asimismo, Vassy destaca el recurrente uso del verbo souhaiter (desear) y de la locución verbal avoir envie (querer), que expresan sentimientos.

El modelo pragmatique-emphatique presenta similitudes con lo que Campbell (1986, 1989) ha denominado feminine style.5 Este se caracteriza por el tono personal, el uso de la propia experiencia, de anécdotas y de ejemplos como medios de prueba, dentro de una estructura inductiva de razonamientos concretos y contingentes, lo que enfatiza la participación de la audiencia y fomenta la identificación entre esta y el hablante. En un trabajo en el que analiza por qué el estilo adoptado por Hillary Rodham Clinton en su rol de primera dama no responde al feminine style, Campbell (1998) se refiere también a la apelación a las emociones, la construcción de un personaje típicamente femenino como la maestra, la madre o la mediadora y el evitar un lenguaje agresivo, la confrontación o la refutación directa.

Mral (2011) sostiene, asimismo, que la retórica de las mujeres en la esfera pública, a diferencia de la retórica masculina, suele ser poco confrontativa y agonística. Explica esta modalidad considerando que las mujeres suelen tener un ethos inicial (la actitud del receptor hacia el hablante, anterior al acto comunicativo) con estatus bajo, que lleva a adoptar líneas de argumentación más persuasivas y negociadoras. Además, destaca que el lenguaje preferido por las mujeres es simple, directo, concreto, común y que el ser maternal forma parte del liderazgo en las mujeres. Ser madre en su país (Suecia), aclara, es lo opuesto a ser agresiva; es cuidar, ser pedagógica, simpática y amistosa, pero también firme. Mral observa en el discurso político sueco lo que llama feminización del discurso público, porque los varones están siguiendo una retórica conversacional, más personal e incluso íntima. De modo parecido, Campbell (1998) comenta que ciertos políticos se han apropiado de elementos del feminine style, como Ronald Reagan, cuya retórica se caracterizó por un tono personal, conversacional, largas narrativas y breves ejemplos. En América Latina, el estilo conversacional ha caracterizado la retórica presidencial de mandatarios como Hugo Chávez y Néstor Kirchner. La oratoria del ex presidente venezolano se singularizó por la interacción informal con integrantes de su audiencia, a quienes interpelaba de modo individualizado, por la introducción de escenas asociadas a la vida cotidiana y por el empleo enfático del "yo" (Arnoux, 2008; Erlich, 2015); en el caso del pronombre "ustedes", produjo en su discurso de asunción de 1999 el efecto pragmático de acercamiento con su audiencia (Bolívar, 2001) mientras que en su programa "Aló Presidente" sirvió para establecer acercamiento o distancia según se dirigiera a sus simpatizantes u opositores (Erlich, 2005). Néstor Kirchner, por su parte, se caracterizó por usar un registro coloquial, informal o hablado, expresado tanto en el nivel léxico como en el recurrente uso de exclamaciones (Montero, 2012).

Estas apreciaciones se relacionan con lo que Fairclough (2003) denomina conversacionalización del discurso público, el hecho de que las prácticas discursivas características del ámbito privado se han apropiado del ámbito público. De allí la pertinencia de la postura de Johnson (2005), en cuanto a que para evaluar que la performance de un orador se corresponde con el feminine style deben manifestarse múltiples elementos que lo configuran y no solo algún rasgo aislado.

Metodología

El corpus fue seleccionado sobre la base de un criterio genérico, se trata de discursos de asunción; y otro histórico, el hecho de que fueron pronunciados por las dos primeras presidentas de países en América del Sur: Michelle Bachelet (Chile, 11 de marzo de 2006) y Cristina Fernández de Kirchner (Argentina, 10 de diciembre de 2007).

Usé una metodología cualitativa (Vasilachis de Gialdino, 2006), que prioriza el interés por el significado y la interpretación, pone el énfasis en la importancia del contexto y de los procesos e implementa una estrategia inductiva y hermenéutica. El foco fue puesto en el análisis de la dimensión verbal de dichos discursos, sin considerar su dimensión paraverbal (acento y entonación) y sin ahondar en indicadores no verbales (mimogestuales, proxémicos y vestimentarios).

Para analizar de modo contrastivo los dos discursos de asunción, me basé en las características del modelo pragmatique-emphatique y del feminine style, específicamente la construcción de una imagen benevolente y solidaria, la proximidad con la audiencia, el tono personal y el empleo limitado de la polémica. Asimismo, consideré el argumento explícito por el género y la argumentación indirecta por el género.

He contemplado las siguientes dimensiones de los discursos estudiados: léxica, retórica, enunciativa y cognitiva. En la dimensión léxica, indagué en la presencia o no del léxico del amor, la emoción y la compasión; en la dimensión retórica, me atuve a la noción misma de ethos y a la distinción entre ethos dicho, autorrepresentación explícita del orador, y ethos mostrado, la imagen implícita que surge del orador a partir de indicios textuales (Maingueneau, 2002), y a la distinción entre ethos previo (o prediscursivo), la imagen que el auditorio tiene del orador antes de que este tome la palabra (en la que inciden su posición institucional y actividades previas), y ethos discursivo, el construido por el discurso del orador (Amossy, 2000, 2010). En la dimensión enunciativa, consideré la deixis, los vocativos y los actos de habla, específicamente las promesas; por último, en la dimensión cognitiva observé el empleo de estereotipos (Amossy & Herschberg, 2001) sobre las mujeres.

Al poner en relación los discursos estudiados con sus condiciones de producción, interpreté los resultados del análisis como función estratégica de legitimación (Chilton & Schäffner, 2000).

Análisis

Imagen benevolente y solidaria

El discurso de asunción de Bachelet construye una imagen benevolente y cariñosa que se manifiesta en un léxico del amor y del afecto como "abrazos", "cariño", "sonrisas que me regalan", "corazón" y "querida": "Gracias por los abrazos. Me siento privilegiada por recibir tanto cariño", "Gracias por esas sonrisas que me regalan a cada momento", "Todos los chilenos y chilenas están en mi mente y en mi corazón en este momento", "Mi saludo y cariño para don Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle", "Mi querida patria".

Bachelet da de sí la imagen de una mandataria solidaria, que se compadece ante los más débiles y ante quienes sufren, lo que se observa cuando formula una serie de promesas referidas a "quienes sufren la amargura de la indefensión":

Nuestros afanes estarán puestos en los niños, para que puedan aprender y desarrollarse desde pequeños y eliminemos todo rastro de desigualdad.

Nuestros esfuerzos estarán en todos aquellos que aspiran a un trabajo, pero a un trabajo decente.

Nuestro apoyo para con esos jóvenes llenos de talento que quieren ir a la universidad o al instituto, que quieren emprender, que quieren forjar su propio destino.

Nuestras fuerzas estarán con las mujeres, porque las mujeres así se lo merecen.

Estarán con nuestros pueblos indígenas.

Estarán con las personas que poseen alguna discapacidad.

El Estado debe estar al servicio de quienes sufren la amargura de la indefensión y al lado de los que quieren surgir.

Es muy notorio cómo Bachelet no se presenta como una experta apelando a su ethos previo, opción viable a partir de sus estudios académicos en Alemania y sus cargos de Ministra de Salud (2000- 2002) y de Defensa (2002-2004), durante el gobierno de Ricardo Lagos, su predecesor en la primera magistratura. Se centra, en cambio, en esa imagen cariñosa, protectora, en la que se destaca su sensibilidad ante los sectores sociales desprotegidos. De allí que al mencionar sus conocimientos, saberes o experiencias, no los vincula con aquellas gestiones previas, sino con su sensibilidad: "Conozco muy bien la realidad de mi país. Sé de precariedades y de desigualdades", "Quiero abocar mi experiencia, mi sensibilidad y mi esfuerzo a la hermosa labor de conducir el país a un destino mejor".

Junto con las promesas de amparo a los más débiles, se ubican las promesas de Bachelet vinculadas con una mayor participación de la ciudadanía. Como han analizado Izquierdo y Navia (2007), el proceso de consolidación democrática chilena se caracterizó por privilegiar los mecanismos de la democracia desde arriba (top-down) en desmedro de estrategias que privilegian mayor participación popular (bottom-up). Y en este contexto Bachelet se compromete con "una nueva forma de hacer política que sea más participativa y abierta" y formula: "estableceremos un diálogo basado en la franqueza y la participación".

La imagen de sí que Bachelet configura en su discurso de asunción está estrechamente vinculada con el lugar implícito que ella se asigna en la serie de gobiernos de la Concertación: constituye un cambio que viene a saldar dos deudas de esos gobiernos, la deuda social y la deuda política. Y la imagen que construye de sí la ayuda a esta finalidad, dado que acentúa su diferencia respecto de los gobiernos anteriores al mostrarla como una mujer cariñosa, solidaria, benevolente y compasiva ante los necesitados. En este sentido, resulta significativo que no use la primera persona del plural con referencia a "nosotros, los de la Concertación", sino que la referencia del "nosotros" sea, en cambio, "nosotros los chilenos" o "nosotros, los de mi gobierno".

A diferencia de su discurso de asunción, en la campaña electoral Bachelet había construido también la imagen de experta y competente, lo que se apoyó en su profesión, la medicina, como también en su experiencia en los ministerios de Salud y Defensa (Segovia Lacoste, 2012). ¿Por qué Bachelet en su discurso de asunción omitió la imagen de experta? Su estrategia de representar su presidencia como un cambio respecto de las elites políticas del pasado, hegemonizada por los varones, podría ser la clave para comprenderlo.

La alocución de asunción de Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, no configura una imagen benevolente y cariñosa, sino la de una mandataria experta en economía, que usa un vocabulario abstracto, especializado: "modelo económico de matriz diversificada", "sinergia" y "modelo de acumulación con autonomía razonable". La imagen de experta retoma la que construyó en su campaña electoral, en la que delineó un ethos que califiqué de pedagógico-experto porque la candidata se legitimó por sus competencias, que transmitía a su audiencia mediante explicaciones (Vitale & Maizels, 2011).

Su posición de saber se fabrica asimismo cuando mediante el ethos dicho afirma de sí misma "yo no me engaño" y al sobreentender que es inteligente: "debemos encontrar formas dignas de lucha por los derechos que cada uno tiene pero esencialmente defendiendo con inteligencia a la escuela pública". Igualmente, desde un lugar de saber invita a la audiencia a "reflexionar" con ella: "Pero quiero en esta tarde y en este lugar en el que estuve tantos años, reflexionar con ustedes acerca de lo que para mí son los cuatro capítulos fundamentales de este proceso que hemos iniciado el 25 de mayo de 2003".

En la alocución de asunción de la presidenta argentina no se identifica un léxico del amor, del afecto y la compasión. De esta manera, enuncia promesas que tienen una dimensión institucional más que afectiva y empática, como las citadas arriba de Bachelet: "Falta aún que también abordemos el resto del Poder Judicial en la reforma que necesariamente deberemos darle", "también espero que podamos colocar a todos los argentinos en pie de igualdad tributaria, de modo tal que no haya ningún argentino que no pague impuestos", "Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato, estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados", "Quiero poner entonces, en este nuevo modelo económico de matriz diversificada, de acumulación con inclusión social que se ha puesto en marcha la clave para los tiempos que vienen". Con referencia a "la liberación de la ciudadana franco-colombiana Ingrid Betancourt" promete: "Allí estará la Argentina ayudando en todo lo que sea posible para lograr una solución".

También, a diferencia de Bachelet, la presidente argentina apela a su ethos previo y se muestra como una política experimentada, lo que surge al mencionar su actividad legislativa anterior: "Yo he pertenecido durante doce años a este Parlamento".6 Por otra parte, se incluye en un "nosotros, los kirchneristas", que le permite integrarse en el gobierno de Néstor Kirchner, cuyos logros enumera.

Proximidad con la audiencia y tono personal

Bachelet establece una relación próxima con la audiencia mediante el empleo del vocativo "Amigas y amigos", salvo en un caso en que se refiere a ella como "chilenas y chilenos". Usa un tono personal cuando en su discurso de asunción recuerda a su padre y afirma:

Finalmente, hay un homenaje que no puedo dejar de hacer. Un día 12 de marzo, hace 32 años, falleció mi padre, Alberto Bachelet Martínez. Mañana estaré junto a él, pero sé que él está aquí conmigo.

La presidenta chilena recuerda a su padre, quien falleció a causa de las torturas padecidas durante la dictadura de Pinochet;7 sin embargo, no alude a cómo ha muerto sino que se trata de un recuerdo personal, cargado de emoción. Ello da pie a un saludo a las fuerzas armadas, dado que sostiene: "En el recuerdo de mi padre, general Bachelet, quiero saludar a las fuerzas armadas de Chile, que son parte importante de nuestra historia y que hoy día son patrimonio de todos los chilenos". El tono personal está así articulado a su imagen benevolente y no confrontativa.

La presidenta argentina, por su parte, se dirige a la audiencia con formalidad y con una expresión en tercera persona, "el pueblo de la Patria", que no construye proximidad. Sin embargo, usa un tono personal cuando recuerda su etapa de estudiante:

Quiero decirlo con valentía porque lo siento. Yo me eduqué en una escuela donde había clases todos los días, donde los maestros sabían más que los alumnos, donde nosotros teníamos que estudiar todo el día para poder aprobar y pasar, porque creíamos en el esfuerzo, porque creíamos en el sacrificio. Lo recuerdo como si fuera hoy, seguramente mi madre aquí también me recuerda, horas sentada estudiando.

En este caso, el recuerdo personal no está vinculado con la emoción, como en Bachelet, sino que sirve para justificar una idea general defendida, la de que antes se estudiaba más y se creía en el esfuerzo. A la vez, la autoatribución en el ethos dicho de "valentía" y las repeticiones de "donde" y de "porque" generan la imagen de fortaleza.

Igualmente, emplea un tono personal y un registro informal al referirse a ella y a su marido, el presidente saliente Néstor Kirchner, quien también –dije– usó un registro coloquial e informal, lo cual genera una imagen de continuidad discursiva con su presidencia:

No somos marcianos ni Kirchner ni yo, somos miembros de una generación que creyó en ideales y en convicciones y que ni aún, ante el fracaso y la muerte perdimos las ilusiones y las fuerzas para cambiar al mundo

La frase "no somos marcianos" es de un registro informal y conversacional que rompe el protocolo a la vez que es consistente con una imagen de militante que busca cambiar el mundo. La presidente argentina utiliza otra frase informal y conversacional, "que se olviden", cuando sostiene: "Yo no he venido a ser Presidenta de la República para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios; que se olviden". En este caso, la frase se inserta en un enunciado marcado polémicamente contra los empresarios, lo que construye una distancia hacia ellos a la vez que una aproximación hacia sus seguidores.

Baja polemicidad

La promesa de diálogo formulada por Bachelet se vincula con otra característica muy importante de su retórica, no es agresiva ni confrontativa. En efecto, en su discurso de asunción no hay agonismos ni tono agresivo o polémico, lo que le permite diferenciarse del presidente saliente, Ricardo Lagos, quien se caraterizó por una retórica combativa, polémica y potente (Segovia Lacoste, 2012).8

Respecto de las fuerzas armadas, Bachelet las saluda afirmando: "Quiero saludar a las fuerzas armadas de Chile, que son parte importante de nuestra historia y que hoy día son patrimonio de todos los chilenos". La referencia temporal "hoy día" es un indicio de que el discurso de Bachelet construye el tiempo mediante la oposición ayer/hoy, pasado/ presente. Explícitamente afirma: "El pasado es lo que es: pasado. No lo olvidaremos nunca, pero nuestra mirada está puesta en el mañana", lo cual connota una actitud que no entra en confrontación con las fuerzas armadas.

Cumpliendo con la norma del género discurso de asunción, Bachelet construye a su audiencia como comunidad nacional y la unidad del pueblo chileno con el poder performativo de sus palabras. De esta manera, usa la palabra "todos" para constituir dicha unidad, se refiere a "todos y cada uno de los chilenos" y afirma "Todos, en nuestra larga geografía, serán el eje de mi gobierno".

En efecto, Bachelet evita el antagonismo no solo con las fuerzas armadas (a ello contribuye también su omisión de su pasado de militante encarcelada por la dictadura),9 sino con cualquier otro sector social. De esta manera, afirma:

En tiempos pasados hubo ese dramático distingo entre unos y otros. Nos mirábamos con recelo, suspicacia, con soberbia.

En estos dieciseis años de democracia hemos trabajado juntos para limar las asperezas de una sociedad dividida, de una sociedad que nos separaba entre los aquellos y los nuestros.

Es el momento en que todos nos sintamos nuestros. Hoy soplan vientos distintos.

Como se observa en la cita, Bachelet vuelve a construir el tiempo mediante la oposición ayer/hoy, pasado/presente ("tiempo pasado" / "hoy") y repite la referencia a "todos" para marcar la unidad del pueblo chileno.

La alocución de asunción de la presidenta argentina, en cambio, tiene una alta dimensión polémica10 y con ello viola las convenciones del género discurso de asunción. En efecto, comparte con la retórica de Néstor Kirchner tomar como blanco a quienes aplicaron en los noventa políticas neoliberales, a los medios de comunicación y a la corporación militar (Martínez, 2013), en relación con la cual, cité arriba, Fernández de Kirchner promete continuar con los juicios a los militares represores. Además, cuestiona a los jueces porque toman decisiones sobre la seguridad que "resultan incomprensibles", critica a los empresarios porque solo buscan rentabilidad, a los docentes porque no saben –como sucedía en el pasado– más que los alumnos, a los medios masivos de comunicación porque profetizaron que el kirchnerismo buscaría manipular la justicia, al gobierno de Raúl Alfonsín por haber promovido las leyes de Obediencia Debida y Punto Final11 y al de Carlos Menem por haber decretado el indulto a los militares represores.12 En relación con la política exterior, menciona el conflicto diplomático que en aquel momento mantenía Argentina con la República Oriental del Uruguay a causa de la instalación de una empresa productora de papel en el río Uruguay, y denomina "país ocupante" a Inglaterra por mantener "un enclave colonial" en "nuestras islas Malvinas".

La retórica agonística de la presidenta argentina contribuye a identificarla con Néstor Kirchner, dado que la oratoria del expresidente se caracterizó también por su alta polemicidad (Montero, 2012); la imagen de experta mencionada, en cambio, le da una identidad propia.

El argumento explícito por el género

La presidencia de Bachelet fue la cuarta que recaía en la Concertación de Partidos por la Democracia, que había surgido en 1988 como un frente en contra del general Augusto Pinochet, que encabezó el golpe militar de 1973. En efecto, en 1988 se realizó en Chile, aún bajo la dictadura militar, un plebiscito para decidir si Pinochet seguiría en el poder hasta 1997. La oposición lo ganó con el 54,7 % de los votos y la dictadura tuvo que llamar a elecciones presidenciales y parlamentarias, que dieron el triunfo al primer presidente que perteneció a la Concertación, Patricio Alwyn (1990-1994), del Partido Demócratacristiano. A él le sucedieron en la presidencia Eduardo Frei (1994-2000), también demócratacristiano y Ricardo Lagos (2000-2006), del Partido Socialista, igual que Michelle Bachelet. El acontecimiento lo constituía, entonces, que ella era la primera mujer que triunfaba en unas elecciones presidenciales no solo en Chile sino en toda América del Sur.13

En el proemio de su discurso de asunción Bachelet destaca que es la primera mujer presidenta de su país, lo que le permite marcar un corte con las presidencias anteriores. Afirma: "¿Quién lo hubiera pensado, amigos y amigas?", "¿Quién hubiera pensando hace 20, 10 o 5 años atrás que Chile elegiría como presidenta a una mujer? Parecía difícil, pero fue posible, es posible, porque los ciudadanos lo quisieron, porque la democracia lo permitió". En esta línea, construye su presidencia como un tiempo de cambio y sostiene: "Nace un nuevo tiempo (...) tiempo de mujer".

Por otra parte, Bachelet apela de modo explícito al hecho de que es una mujer para justificar que cumplirá con su palabra: "Ustedes lo saben, yo cumplo mis compromisos. Diré lo que pienso y haré lo que digo ¡Palabra de mujer!". La estrategia consiste aquí en descristalizar la locución-cliché del español "palabra de caballero", en la que el valor de cumplir la palabra queda reducido al mundo masculino y deja a la mujer, en un estereotipo antitético, del lado de quien no cumple con su palabra. "¡Palabra de mujer!" sustituye la palabra "caballero" por "mujer" y equipara así a los hombres y a las mujeres sobre la base del valor de poder cumplir con la palabra. La descristalización da de sí la imagen de que es sincera y que cumple con sus promesas, sinceridad que se autoatribuye en la dimensión del ethos dicho en otros tramos de su alocución, como cuando sostiene: "Esa ciudadanía tendrá en mí una mandataria que les hablará siempre en el lenguaje de la verdad".

La frase "Palabra de mujer" fue un eslogan en la campaña electoral de Bachelet, que capitalizó a favor el ser una mujer para mostrarse, frente a la desafección de la ciudadanía hacia las elites políticas y el desgaste de la Concertación, como una renovación (Quiroga, 2008).

En cuanto al discurso de asunción de la presidenta argentina, también apela de modo explícito a que es una mujer:

Estoy convencida de que lo vamos a poder hacer con el esfuerzo y el trabajo de todos los argentinos. También –porque saben, que la sinceridad es uno de mis datos proverbiales– sé que tal vez me cueste más porque soy mujer, porque siempre se puede ser obrera, se puede ser profesional o empresaria, pero siempre nos va a costar más. Estoy absolutamente convencida. Pero creo tener la fuerza para poder hacerlo y además el ejemplo, el ejemplo no solamente de Eva que no pudo, no pudo, tal vez ella lo merecía más que yo, el ejemplo de unas mujeres que con pañuelo blanco se atrevieron donde nadie se atrevía y lo hicieron. Ese era el ejemplo de ellas, de las Madres y de las Abuelas, de las Madres y de las Abuelas de la Patria.14

Usa así un razonamiento inductivo basado en ejemplos de mujeres que se atrevieron a actuar en la esfera pública de modo exitoso, que justifican el sobreentendido de que Fernández de Kirchner podrá, a pesar de ser mujer, desempeñarse adecuadamente como presidenta. En este sentido, la presidenta argentina, al igual que Bachelet, capitaliza a su favor el hecho de que es una mujer, en su caso para incluirse en una serie de mujeres modélicas de la Argentina y argumentar a favor de su desempeño como presidenta.

La argumentación indirecta por el género

Como señala Bonnafous, la argumentación indirecta por el género consiste en la apelación a estereotipos sobre lo femenino, lo que, dije, tiene semejanzas con la propuesta de Campell en torno a que las mujeres políticas construyen un personaje típicamente femenino.

En el discurso de asunción de Bachelet, ella afirma: "Quiero abocar mi experiencia, mi sensibilidad y mi esfuerzo a la hermosa labor de conducir el país hacia un destino mejor". Su tarea al frente del poder ejecutivo es representada con la connotación femenina y de vida privada que tiene la palabra "labor", en sus acepciones según el DRAE de "adorno o tejido hecho a mano" y "obra de coser, bordar", típica y convencionalmente femeninos. De modo consistente, sostiene: "Ustedes saben, yo nunca tuve ambición de poder, solo he tenido voluntad de servir",15 voluntad de servir que es propia del estereotipo de lo femenino, sea en las actividades domésticas o de asistencia social.

La apelación a un estereotipo de lo femenino aparece en la alocución de asunción de Cristina Fernández de Kirchner de modo más complejo y en relación con lo que Aboy Carlés (2014, p. 9) llama el esquema de sucesión alternada entre los esposos, es decir, el proyecto de que ella y Néstor Kirchner se alternarían –de modo indefinido si contaban con los votos suficientes de la población– en la primera magistratura, proyecto que quedó trunco tras la muerte de Néstor Kirchner en 2010.

En efecto, la relación que en el ámbito privado tiene la presidenta electa con el presidente saliente, Néstor Kirchner, –ella es su esposa– es de alguna manera activada en su discurso de asunción a partir del estereotipo de la mujer no autónoma de su marido, lo que involucra también a su propia gestión presidencial. En efecto, Néstor Kirchner está sentado junto a ella mientras habla y en un momento se refiere a él como "quien se va", lo mira a la cara y le pregunta con una sonrisa, como dudando, "¿se va?", y Néstor Kirchner sonríe y alza los hombros en señal de duda. Por otra parte, en cinco oportunidades se dirige a él como "el Presidente", al punto de afirmar "él es Presidente y yo soy Presidenta", lo que introduce una contradicción performativa en la construcción del ethos de la oradora. En efecto, la alocución analizada pertenece al género discurso de asunción, primera comunicación que un presidente electo dirige a su país luego de tomar posesión del mando, pero según el modo en que Fernández de Kirchner denomina a Néstor Kirchner él continúa siendo presidente y, por ende, sigue teniendo el poder.

El estereotipo de la mujer no autónoma de su marido y esta imagen de "matrimonio presidencial" puede ser interpretada como estrategia legitimadora del nombrado esquema de sucesión alternada entre los esposos. Asimismo, puede remitir a la figura de Eva Perón, clave en el imaginario político argentino –figura invocada en el epílogo del discurso de Fernández de Kirchner–, que no construyó su liderazgo de modo autónomo al de su marido, Juan Domingo Perón (Navarro, 1977, 1982).

Conclusiones

Del análisis realizado se desprende que la alocución de asunción de Michelle Bachelet se adecua a lo que en el ámbito francés se llama ethos femenino y en el de Estados Unidos feminine style. En efecto, a través del léxico del amor, de la emoción y de la compasión construye una imagen de sí benevolente y solidaria, que se compadece ante los más débiles, ante quienes formula promesas vinculadas con esta situación desfavorable. Su discurso no es polémico, da unidad a su audiencia, ante la que genera proximidad y usa un tono personal. No apela a su ethos previo de experta en medicina ni a sus gestiones previas en la administración pública. Emplea el argumento explícito por el género para generar una imagen de cambio y justificar su sinceridad y la argumentación indirecta por el género para construir su imagen como la de una mujer sin ambición de poder y ligada al estereotipo de la madre que protege a los desvalidos.

La presidencia de Bachelet no estaba asociada a la un hombre poderoso ni tenía la exigencia, como la presidenta argentina, de dar una imagen de continuidad con la gestión anterior a la vez que configurar una identidad propia.16 Por el contrario, la imagen que construye de sí en su discurso le permite diferenciarse de las gestiones anteriores de la Concertación, hegemonizada por varones, y desgastada por diez y seis años en el poder. La ausencia del "nosotros, los de la Concertación", asimismo, permite a Bachelet diferenciarse de esas gestiones previas.

El discurso de asunción de Fernández de Kirchner, por su parte, no se adecua a las características del ethos femenino ni del feminine style. No construye una imagen de sí benevolente y solidaria, no emplea el léxico del amor, del afecto y la compasión, enuncia promesas institucionales más que basadas en la solidaridad ante los indefensos, da de sí la imagen de experta y es marcadamente polémica. Usa un tono personal y un registro conversacional, pero ello se relaciona más con lo que Fairclough denomina conversacionalización del discurso público y con lo que otros analistas de discurso han advertido en la retórica de Hugo Chávez (Bolívar, 2001; Erlich, 2005, 2015), con quien la presidenta argentina tuvo también una cercanía ideológica. Como plantea Johnson (2005), la presencia de algunos rasgos aislados no es sustento suficiente para que se atribuya un ethos femenino o un feminine style.

La presidenta argentina emplea asimismo el argumento explícito por el género para legitimar su desempeño presidencial al incluirse en la serie de mujeres modélicas de la Argentina y la argumentación indirecta por el género remite al estereotipo de la mujer no autónoma de su marido, que en el contexto sentó las bases retóricas para lo que, dije, Aboy Carlés (2014) llama el esquema de sucesión alternada entre los esposos.

En efecto, la presidenta argentina pronunció su discurso de asunción en un contexto marcado por el hecho de que era la esposa del presidente saliente, Néstor Kirchner, quien ejercía un fuerte liderazgo, contaba con un alto índice de popularidad y hubiese podido aspirar, según la legislación argentina que permite la reelección presidencial, a un segundo mandato (Gallo, 2008). Su retórica polémica y conversacional le permite dar continuidad con la imagen de Néstor Kirchner (a ello también contribuye el uso del "nosotros, los kirchneristas"), a la vez que la imagen de experta y el argumento directo por el género y la argumentación indirecta por el género le permiten construir una identidad propia.

El trabajo realizado constituye una primera aproximación a una problemática aún no profundizada, por lo que es esperable que investigaciones futuras sobre la retórica presidencial de mujeres a cargo del poder ejecutivo en América Latina brinden nuevos resultados en torno a la imagen que construyen en sus primeros discursos públicos una vez electas.

Citas de pie de página

1Bachelet asumió como líder de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición que nucleó al Partido Socialista de Chile, al Partido por la Democracia, al Partido Demócratacristiano, al Partido Radical Socialdemócrata y también a independientes progresistas y liberales.

2Fernández de Kirchner fue electa por el Frente para la Victoria, la misma alianza electoral que llevó a Néstor Kirchner (1950-2010) al poder (2003-2007) y que estuvo integrada, entre otros, por sectores del Partido Justicialista y de la Unión Cívica Radical, el Partido Comunista y el Partido Humanista.

3Para datos precisos sobre liderazgo político de mujeres en América Latina, ver Bonder (2009).

4Resulta de interés notar ciertas similitudes con algunas características que Deborah Tannen (1996) atribuye al estilo femenino en la conversación: comunicación que se encamina frecuentemente a expresar los sentimientos, valoración del acercamiento afectivo, búsqueda del consenso y evasión de la confrontación.

5Campbell (1986) introdujo esta noción al estudiar la retórica de las mujeres en los movimientos feministas, que buscaron acceder a los modos tradicionales de poder político, en especial el sufragio. Down y Tonn (1993) han hecho hincapié en la importancia de extender el concepto de feminine style más allá de la retórica de la reforma social feminista, lo que es pertinente para este trabajo.

6Fernández de Kirchner se había desempeñado desde 1995 como senadora y diputada nacional por la provincia de Santa Cruz, de la que Néstor Kirchner era gobernador. En 2005 fue electa senadora por la provincia de Buenos Aires, cargo al que renunció en 2007 para competir por la presidencia.

7El padre de Bachelet fue el brigadier Alberto Bachelet, quien integró el gobierno de Salvador Allende. Como se negó a participar del golpe de Estado de 1973, fue detenido y condenado por "traición a la patria". En 1974, luego de una jornada de interrogatorios y tortura, sufrió un infarto pero no recibió asistencia médica, lo que le provocó la muerte. Ver Insunza y Ortega (2005).

8El tono moderado que usó en su discurso de asunción constituyó también un signo distintivo de Bachelet en toda la campaña electoral (Gerber, 2006).

9Luego de la muerte de su padre, Bachelet continuó con sus estudios de medicina y apoyó al proscrito Partido Socialista de Chile. Tras años de clandestinidad, Bachelet y su madre fueron detenidas y torturadas por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Gracias a los contactos que aún mantenía con ciertos líderes militares, su madre logró obtener un permiso para partir al exilio. En la República Democrática Alemana prosiguió sus estudios de medicina.

10Siguiendo a Amossy (2014, p. 58), entiendo por polémica una gestión verbal de lo conflictual caracterizada por una tendencia a la dicotomización que vuelve problemática la búsqueda de un acuerdo.

11Raúl Alfonsín (1927-2009), de la Unión Cívica Radical, se desempeñó como presidente de la Argentina de 1983 a 1989.

12Menem indultó a militares y exguerrilleros mediante cuatro decretos del 7 de octubre de 1989 y seis decretos del 29 de diciembre de 1990.

13En Chile no está permitida la reelección presidencial en períodos consecutivos, por lo que Ricardo Lagos, a pesar de su alto índice de popularidad, no pudo aspirar a un segundo mandato. La candidatura de Bachelet no surgió de elecciones primarias porque la otra precandidata presidencial, Soledad Alvear, del Partido Demócracristino, declinó la suya frente a la marcada ventaja que Bachelet le sacaba en las encuestas de opinión.

14Se refiere a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo.

15Esto se explicaría porque "mujeres y poder son una combinación que aún cuenta con oposición" (Mral, 2011, p. 361). La traducción es mía.

16Es verdad que la figura del padre de Michelle Bachelet fue muy importante para el desarrollo de su carrera política, pero no es menos cierto que en la coyuntura en la que ella se desempeñó no actuó bajo el amparo de un político con poder.


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