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Theologica Xaveriana

Print version ISSN 0120-3649

Theol. Xave. vol.59 no.167 Bogotá Jan./June 2009

 

REFLEXIONES DE UN TEÓLOGO "PASTORALISTA" SOBRE LA TEOLOGÍA*

REFLECTIONS OF A "PASTORALIST" THEOLOGIAN ON THEOLOGY

REFLEXÕES DE UM TEÓLOGO "PASTORALISTA" SOBRE A TEOLOGIA


JESÚS ANDRÉS VELA, S.J.**


* Artículo de reflexión con el fin de retomar una cuestión fundamental de la teología, como es la de su estatuto epistemológico.
** Doctor en Misiología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; profesor de Evangelización y Cultura en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá; director del Seminario de Planificación Pastoral, Programa de la misma Facultad. Correo electrónico: jandvel@hotmail.com

Fecha de recibo: 2 de octubre de 2008. Fecha de evaluación: 26 de noviembre de 2008. Fecha de aprobación: 17 de diciembre de 2008.


Resumen

Después de treinta años de docencia, el autor de este artículo se pregunta sobre el sentido de la reflexión teológica. Tras admitir el valor de las tres consideraciones básicas -la teología fundamental como fides quaerens intellectum, la teologíasabiduría como reflexión (que proporciona un código interpretativo para el discernimiento del ser cristiano en el mundo) y la teología como praxis para la transformación liberadora en función del Reino en un mundo de opresión y pecado-, privilegia estas dos últimas en la situación actual de ateísmo y deshumanización.

Palabras clave: Teología fundamental, teología-sabiduría y teología de la praxis o de la acción.


Abstract

After thirty years of teaching activity, the author questions himself on the meaning of theological reflection. After admitting the importance of the three basic considerations -the fundamental theology as fides quaerens intellectum, the theology-wisdom as reflection (that provides an interpretive code for the discernment of being Christian in the world) and theology as praxis for a liberating transformation toward God's reign in a world of oppression and sin-, he accords a special interest to the two last mentioned in the present situation of atheism and dehumanization.

Key words: Fundamental theology, theology-wisdon, theology of praxis, action theology.


Resumo

Depois de trinta anos de ensinar o autor deste artigo perguntase sobre o sentido da reflexão teológica, após de aceitar o valor das três considerações mais importantes: A teologia fundamental como fides quaerens intellectum, a teologia -sabedoria como reflexão (que dá um código interpretativo para a percepção do ser cristão no mundo) e a teologia como práxis para a transformação libertadora em serviço do reino num mundo de opressão e pecado-, ajuda estes dois últimos no momento atual do ateísmo e a desumanização.

Palavras Chave: Teologia fundamental, teologia-sabedoria e teologia da práxis ou da ação.



INTRODUCCIÓN

El origen constitutivo de la teología es la revelación de Dios en Jesucristo como la definitiva manifestación de Dios en la historia, revelación también de la última verdad del hombre y de la historia. La relación revelación-feteología es, por tanto, una relación de implicación mutua: el acontecimiento de la revelación, en correlación con la respuesta-aceptación de la fe, es el principio constitutivo de la teología.

    La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la tradición, ya que inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios; y en las palabras de los apóstoles y los profetas hace resonar la voz del Espíritu Santo." (Dei Verbum, DV, No. 21)

    Por eso,

    ...la teología se apoya, como en cimiento perdurable, en la Sagrada Escritura unida a la tradición: así se mantiene firme y recobra su juventud, penetrando a la luz de la fe la verdad escondida en el misterio de Cristo (...) por eso la Escritura debe ser el alma de la teología. (DV, No. 24)

Podemos afirmar también que el magisterio es garante de preservar incólume la Palabra de Dios en la Iglesia:

    ...la sagrada tradición, la Sagrada Escritura y el magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tienen consistencia uno sin los otros, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación..." (DV, No. 10)

La teología (hablar sobre Dios) es una reflexión humana que se cimenta sobre la fe del hombre en las manifestaciones de Dios en la historia humana, percibidas como tales por esa fe, y en las experiencias religiosas y respuestas de compromiso del hombre ante tales manifestaciones. La teología reflexionará a nivel humano sobre estas realidades con ayuda de la filosofía y de las ciencias humanas y sociales.


PRIMERA PARTE: ALGUNAS IDEAS SOBRE TEOLOGÍA FUNDAMENTAL (ESPECULATIVA O DOCTRINAL)

El cimiento de una teología fundamental es el saber sobre la fe, entendido como conocimiento e inteligencia de la revelación de Dios en Jesucristo. Este saber se fundamenta en la capacidad que tiene el hombre de conocer la verdad sobre los datos revelados; verdad que el hombre -en la teología fundamental- busca a partir del razonamiento filosófico.

La posibilidad del conocimiento humano de la verdad sobre los datos revelados

Ya el Concilio Vaticano I afirmó esta posibilidad cuando afirmó:

    Pero también la razón, ilustrada por la fe, cuando cuidadosa, piadosa y sobriamente busca alguna inteligencia de los misterios (...) alcanza por don de Dios alguna inteligencia, y muy fecunda de los misterios, al conocer naturalmente -por analogía- y por la unión de esos misterios con el fin último del hombre, aunque no sea un conocimiento plenamente idóneo... (DS 1796).

La respuesta del hombre a la Palabra de Dios tiene que ir acompañada también con la búsqueda de alguna inteligencia y conocimiento humano de la misma, para que sea plenamente humana. El "depósito revelado" -depositum fidei- presupone que en la mente humana se ordena la verdad y es capaz también de conocer a Dios, aunque de manera limitada. La teología especulativa busca una comprensión más profunda del dato revelado a través de la filosofía, la epistemología -el método del conocimiento humano- y la comprensión de la significación cultural de ese dato revelado en el momento histórico que vive la Iglesia.

El Concilio Vaticano II también lo reconoce, cuando afirma:

    El Santo Sínodo profesa que el hombre puede conocer ciertamente a Dios con la razón natural por medio de las cosas creadas (Rm 1,20) y enseña que, gracias a dicha revelación, todos los hombres (...) pueden conocer fácilmente con absoluta certeza y sin error las realidades divinas, que en sí son inaccesibles a la razón humana. (DV, No. 5)

Los datos de la fe, manifestados en los "símbolos", son objetos del creer. La explicación filosófico-cultural de esos datos de fe son objeto de los dogmas, que tienen que ser admitidos como "doctrina de la fe" para permanecer en la Iglesia. De ahí, que "el sentido de los sagrados dogmas debe ser retenido perpetuamente en el mismo sentido en que lo declaró la santa Iglesia" (Concilio Vaticano I, DS 1800). Puede buscarse en los dogmas la inteligencia de la fe, pero "en el mismo sentido y en la misma formulación" (ibid.). El "saber" teológico tiene que ser, primero, el saber de la fe, entendido como saber de la revelación de Dios en Jesucristo (Jn 1,14; 1Co 1,2).

La teología especulativa se apoya en dos componentes o fases metodológicas: el conocimiento e interpretación del contenido de la revelación cristiana (teología positiva), y la comprensión y síntesis de ese contenido (teología especulativa).

  1. La teología positiva (auditus fidei) se dedica a conocer y estudiar las fuentes propias del conocimiento teológico -Escritura y tradición- para elaborar una aproximación crítica al dato de la fe.
  2. La teología en el momento reflexivo, teología especulativa, (intellectus fidei)1 busca la verdad de la fe y su fundamentación crítica en el hecho de la revelación. Busca explicar, a través del conocimiento de los dogmas, la verdad de las afirmaciones del "símbolo de la fe". Busca conocer las realidades de la revelación y explicarlas dentro de la lógica filosófica, estructural y cultural del tiempo de cada dogma, de manera que esa explicación no acabe con la esencia del dato de fe de la revelación. De ahí que cuando esa explicación niega o disminuye el dato de la fe revelada, seamos considerados anatemas.

Para llegar a esta estructura de la inteligencia de la fe, se requiere asumir las categorías filosóficas y las significaciones del lenguaje cultural de la época, así como seguir una metodología específica del conocimiento. Del correcto planteamiento de la ecuación fe-razón (revelación-categorías filosóficas, revelación-significación y lenguaje cultural) y de la correcta aplicación de una metodología del conocimiento depende la validez de una "teología dogmática"2 o especulativa.

En torno del Concilio Vaticano II se abre un período de búsqueda de diversas corrientes teológicas a partir de la preocupación por las diferentes metodologías, al abrirse un espectro de varias metodologías del conocimiento. La Optatam totius, OT (No. 16) parte del concepto renovado de "revelación", tal como lo expone la constitución Dei Verbum, lo que hace comprender mejor el sentido de la renovación del "método teológico".

Breve reseña del conocimiento teológico

Los primeros escritores y pensadores cristianos fueron apologetas, como Justino, que defendieron el cristianismo contra los paganos. En los siglos III y IV, las escuelas alejandrina y antioqueña ensayan hacer teología a través de diversos métodos teológicos y exegéticos. En estos siglos, predominaron los escritos catequéticos de los padres de la Iglesia: como Ambrosio de Milán, Los sacramentos y los misterios; Clemente de Alejandría, El pedagogo: Cipriano de Cartago, Testimonio a Quirino; Cirilo de Jerusalén, Catequesis; Hipólito de Roma, La tradición apostólica; Ireneo de Lyon, La demostración de la tradición apostólica; Juan Crisóstomo, Ocho catequesis bautismales; Tertuliano, Tratado sobre el bautismo. Un poco más adelante (siglo V), se destaca San Agustín con su célebre De catequizandis rudibus.3

La teología patrística fue también frecuentemente "sapiencial" para ayudar al cristiano a vivir su fe en un mundo semipagano. Era una teología "espiritual" y una "sabiduría pastoral". Se confrontaba la vida con la Palabra de Dios y se buscaba vivir conforme al proyecto de Dios en Jesucristo. Se la definía como "Fides Verbo vitam illuminans". Era una teología eminentemente pastoral.

San Agustín (354-430) marca un momento importante de esta reflexión teológica al establecer un puente entre la teología de los padres y la teología posterior y al procurar un equilibrio entre la doctrina cristiana y la filosofía. Para él, estos dos elementos -doctrina cristiana y filosofía- están al servicio de la contemplación cristiana. Esta síntesis de cristianismo y filosofía queda patente en su obra De doctrina cristiana, en la que fija algunas reglas metodológicas y enumera algunos instrumentos a disposición del teólogo.

La teología patrística desemboca en la llamada teología monástica de inicios del siglo VI, que permanece fundamentalmente dentro de una inspiración patrística y se mueve dentro de una concepción sapiencial. Es más una lectio divina.4 Podemos afirmar que la teología escolástica empieza con San Anselmo de Canterbury, que es el primero en extender la célebre frase de San Agustín "Credo ut intelligam" a un método científico en el que se conjugue la razón y la revelación, admitida en la fe. El análisis crítico de los datos de la tradición cristiana fue practicado por Pedro Abelardo en su célebre método de SIC et NON (1122), paralelo a la quaestio en la reflexión teológica, que concede a la razón un papel de gran importancia. La quaestio conduce a la disputatio, que es la metodología que desembocó en las Summae Theologicae como expresiones de las sistematizaciones de los datos de la fe. Tomás de Aquino construye su Summa Theologica, introduciendo el método aristotélico del conocer a través de las causas y le da una categoría de método científico.

    Dos rasgos principales califican a la episteme y a la metodología teológica de los escolásticos: el hecho de que la profundización de los datos de la fe, sacados de la Escritura, de la tradición, de la enseñanza de los concilios y de la vida de la Iglesia, mediante la confrontación con el aparato conceptual del pensamiento filosófico -especialmente el aristotélico- se convierte cada vez más en el lugar prioritario de la teología; el hecho cada vez más decisivo de que el paradigma del trabajo teórico es asumido por el concepto aristotélico de ciencia, y la aceptación de que la ciencia primera es la metafísica.5


SEGUNDA PARTE: TEOLOGÍA COMO SABIDURÍA (Σoφια) - TEOLOGÍA COMO PRAXIS

Las teologías occidentales clásicas, desde el Medioevo hasta acá, parten del concepto de hablar de Dios a partir del λoγoς griego: el "logos" como un pensar racional sobre Dios; un control racional sobre la experiencia religiosa; una experiencia religiosa muchas veces abigarrada y a-racional (no i-racional), como puede ser el entusiasmo, la vivencia de la fe o el amor. Así, se acumularon teologías argumentativas y teodiceas (filosofías hablando sobre Dios).

Conforme a Habermas, el trabajo teológico resulta de esta manera como una forma metodológicamente controlada de religión.6 Se hace teología a partir de las fronteras filosóficas (¿y científicas?) de las metafísicas y ontologías. La experiencia y praxis cristiana se subordinan a las teorías del conocimiento filosófico. Si la razón argumentativa es la metodología común de la teología, ¿cual su especificidad frente a las ciencias?

Conforme a Habermas7, la transformación de la religión y la teología experimentada bajo las condiciones del pensamiento posmetafísico se ha hecho inevitable en la posmodernidad. Con semejante abandono de lo religioso y teológico a lo metafísico "el pueblo quedó abandonado y sus sacerdotes convertidos en filósofos".8 El habla argumentativa, a partir de la metafísica, no puede entender ni hablar de la experiencia religiosa. Y el habla filosófica sobre la praxis cristiana de testimonio y liberación en el mundo no se puede convertir en conceptos abstractos y metafísicos o puramente filosófico-morales.

Cuando se pretende hablar así, este hablar se convierte "en mera cita"9, en citas que no presuponen ningún convencimiento de fe, de amor y de seguimiento, que son la quintaesencia del significado religioso.10 De esta manera, los discursos religiosos pierden su identidad. Al contrario, lo religioso y las religiones, al servicio de la expresión del creer, se definen en términos de donación de sentido, liberándose de la metafísica como mera razón argumentativa, demostrativa y probativa.11

La metafísica tuvo su sentido en la historia del pensamiento humano a partir de la filosofía de Aristóteles y Platón transmitida al pensamiento cristiano a través de la cultura árabe, en la Edad Media. Supuso un avance del pensamiento humano y teológico. Pero quedó como un lenguaje no suficiente y aún inadecuado en los tiempos posmodernos.

Heidegger inauguró los tiempos posmodernos cuando propuso invertir el momento de interrogar al ser, como universal, e interrogarlo sobre su ser en el mundo, teniendo en cuenta su historicidad, mundanidad, finitud... Con Heidegger se llega al primado ontológico de la interrogación por el existencial particular y por el sentido del ser como existencial, temporal, histórico, espacial, finito y situado.12 La verdad del ser es su existencia real en la temporalidad y la espacialidad. La verdad es el sentido del ser -el sentido humano y religioso- en su devenir histórico en el campo hermenéutico, en su contexto y pretexto. Quiere decir: el pensamiento posmetafísico.-

La teología como "sabiduría"

Lyotard, al hablar de la condición posmoderna, distingue entre ciencia, conocimiento y saber:

Por su parte, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, EN, de Paulo VI parte de dos preguntas fundamentales:

  • "Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena Nueva (Evangelio), capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre?"
  • "Hasta dónde y cómo esa fuerza evangélica puede transformar verdaderamente al hombre?" (EN, 4)

Estas dos preguntas dan la medida de la responsabilidad que tiene el quehacer del teólogo para guiar la conciencia del cristiano de hoy.

Podemos calificar así la sabiduría como un lenguaje que incluye lo metafórico, lo parabólico, lo aproximativo, lo creativo, lo poético. Es el lenguaje de Jesús, como aparece en los Evangelios, en los que la verdad se define como camino, verdad y vida, centrada en la persona de Jesús. La ciencia se centraría más en la intelección y explicación a partir de los fenómenos naturales (objetos) experimentados y analizados. La sabiduría sería la comprensión vital de los sujetos, su valor, su camino histórico, sus intencionalidades y sentidos de vida.

Esta es la responsabilidad de la teología, para guiar el comportamiento de los cristianos de hoy en el mundo motivado por la experiencia del misterio cristiano -mystagogia-, que facilita a los creyentes apropiar en su vida el saber de la fe.

    Comprender la teología como seguimiento significa mostrar que la biografía del creyente es la condición de la posibilidad del conocimiento teológico. Ahora bien, la experiencia decisiva que hace el ser humano en su vida como creyente es la experiencia de estar en camino.14

La ciencia se legitima desde la eficacia productora del mundo del objeto. La sabiduría se legitima desde la construcción del mundo del sujeto. También la sabiduría legitima el conocer y practicar en el mundo de la ciencia. Al contrario, el mundo de la ciencia, sin la sabiduría, pretende legitimar lo que los sujetos y los pueblos piensan que deben ser y hacer. Es el dominio de la tecno-ciencia y de la tecnología pura. La acentuación posmoderna de la pragmática del saber (olvidando lo absoluto de lo "argumentativo") acentúa "la pragmática narrativa". Quizás el "yo creo", como alternativa del "yo pienso", nos pone en el camino de la práctica cultural narrativa... a despecho de lo argumentativo, lo demostrativo y sintetizado de la ciencia moderna.

    Quien narra está implicado en su narración: narra desde su cultura y su simbólica, legitima su discurso en la experiencia que narra y en aquello que piensa, sueña y ama; no alcanza su verdad fuera de las tradiciones de su propia cultura; crea vinculación social y comunitaria, evoca y narra, no para imponer a otros su experiencia narrada, sino para invitar a la analogía de las experiencias múltiples y autónomas que puedan ser las experiencias de todos.15

La teología se diferencia de la ciencia -que tiene por objeto estudiar la materia y transformarla- como también de la filosofía, que busca el sentido de la vida, sus valores y fines, pero dentro de un horizonte inmanente en el mundo. La teología también es una búsqueda de sentido último a partir de los datos revelados. La teología supone la fe en un Dios absoluto que se revela como persona en el mundo y nos da su Palabra. La teología nos habla de revelación, salvación, acción de Dios en el mundo como gracia. Es una manera peculiar de ver la realidad y de concebir la vida. Nunca es una verdad "objetiva" medible y verificable por la ciencia. En la experiencia de la fe, la palabra juega también un papel esencial, pero no como expresión de la realidad material y objetiva, sino como una Palabra revelada por Dios a la que respondemos con nuestra propia palabra: a la Palabra revelada corresponde la palabra de la fe, que es aceptación de lo que es anunciado, esperanza en las promesas y voluntad de prestarse al mensaje divino con el compromiso a su voluntad.

El lenguaje teológico es una reflexión sobre las manifestaciones de Dios en el mundo, especialmente la manifestación del Verbo en la humanidad de Jesús, a través de la cual la teología nos puede hablar directamente de Dios y de su plan de salvación. En la reflexión teológica pasamos de "ver" a "creer" y a comprender lo que significa esa fe y experiencia de Dios en el mundo. Es en esa experiencia, personal o comunitaria, como podemos nosotros tocar directamente su presencia.

    La realidad con la que trabaja la teología es con la historia real de los hombres, vivida antes que escrita, en cuanto es manifestativa de la presencia y de la acción salvadora y reveladora de Dios, leída siempre a la luz del Evangelio eterno. En los contextos del submundo, tal historia real de los hombres es la historia real de los pobres, de los avasallados y oprimidos (asumidos no sólo como lugar social, sino también como lugar epistemológico). Esa es la historia en la que se presencializa preferentemente el Señor del Evangelio.16

La teología como sabiduría en el contexto

Al hablar de teología como sabiduría, es imprescindible tener en cuenta el contexto sociocultural e histórico en el que tiene que aplicarse. Esencialmente, la teología es un lenguaje de fe sobre las realidades históricas, para ayudar a los cristianos a vivir su fe en esas realidades. En tiempos de "cristiandad", en los que toda la sociedad ayudaba a vivir los valores cristianos en la fe, era más admisible que la teología se preocupase de expresar esa fe en términos de conocimiento. La aplicación se le dejaba a la "pastoral" o a una "teología espiritual". No es lo mismo en nuestros tiempos tecno-científicos posmodernos, en los que naufragan todos los valores éticos y morales.

Como en los tiempos bíblicos de la servidumbre y el cautiverio -Babilonia y el dominio de los emperadores griegos seléucidas (tiempos bíblicos de los macabeos)- predominaron los libros sapienciales y las novelas que mostraban cómo vivir la fe en culturas extrañas (Ester, Judit, Job, Tobías); en estos tiempos de paganismo (¿"cristiano"?) la reflexión teológica debe ser eminentemente "sabiduría", para ayudar al cristiano a vivir como tal en un mundo pagano y a todos los hombres a vivir los valores éticos y humanos.

Pero una teología como sabiduría es imprescindible que tenga en cuenta el contexto social, cultural e histórico. Los contextos históricos y geográficos son muy diversos, así como las formas en los que se ha desarrollado la teología, especialmente la latinoamericana. La teología se fundamenta en la Escritura y en la tradición, que conforman el "depósito de la fe".17 Éste "ha sido confiado únicamente a la Iglesia", que tiene el deber de interpretarlos fielmente (DV, No. 10).

Pero una teología crítica debe tener en cuenta también el contexto en el que se vive esa fe y se desarrolla la reflexión teológica. Esta exigencia va más allá de los métodos tradicionalmente exigidos: el tradicional escolástico y el método dogmático. De estos métodos, deriva un peligro de dogmatismo y el desarrollo de una teología abstracta, que no tiene ninguna conexión con la vida concreta, bien lejos de la teología-sabiduría, que capacite al cristiano para vivir la fe "en tiempos de exilio". Esto, conforme al espíritu de lo que la Iglesia requiere en el decreto Optatam totius, del Concilio Vaticano II, al tratar sobre la formación de los presbíteros:

    ...aprendan a buscar, a la luz de la revelación, la solución de los problemas humanos, a aplicar sus eternas verdades a la mudable condición de la vida humana y a comunicárselas de un modo apropiado a sus contemporáneos...(OT, No. 16)

Con todo, la teología-sabiduría no se contenta con aplicar la doctrina a situaciones concretas; no es una teología-de, sino un hecho de discernimiento cristiano en el que las situaciones concretas de la vida nos obligan a buscar un código interpretativo para orientarnos en una búsqueda de cómo vivir el Evangelio de Jesús en el contexto de un mundo ajeno, no cristiano, en realidad pagano. La teología-sabiduría sería ese código, que debe orientar la vida de los cristianos en dicho mundo. Es un código que parte de "contextualizar" el depósito revelado de la fe y la vivencia cristiana de la tradición en las significaciones culturales, en las prácticas cristianas liberadoras y en los temas generadores de la historia de nuestro tiempo.

No se trata simplemente de contrarrestar un método inductivo (la teología sabiduría) con otro deductivo (la teología especulativa); se trata de contextualizar el depósito de la fe vivido en la historia por la tradición cristiana e interpretado por el magisterio de la Iglesia, como iluminación y respuesta a la situación de pecado e increencia de nuestro tiempo, de manera que facilitemos a los cristianos de hoy su ejercicio de discernimiento para orientar la vivencia personal y comunitaria de la fe y la acción liberadora y redentora de Jesús en el mundo de hoy.

La definición anselmiana de fides quaerens intellectum permanece válida, pero no en el sentido de una búsqueda de comprensiones abstractas y teóricas, sino de la comprensión de las realidades concretas de pecado, para dar una respuesta salvadora en la fe recibida y vivida. Al hablar del mensaje evangelizador, dice el cardenal brasileño Aloisio Lorscheider, presidente del Celam en los tiempos de Puebla:

    La evangelización lleva a conocer a Jesús como el Señor, aquel que nos revela al Padre y nos comunica el Espíritu. Hace brotar en el mundo frutos de justicia, de perdón, de respeto, de dignidad y de paz. Da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas, cuestionándolas siempre y superándolas infinitamente. Es liberación del pecado y del maligno en la alegría de conocer a Dios y ser conocido por él... (Puebla, 352-354) Es dar una respuesta, a partir del plano creador y salvador de Dios a los desafíos a la acción evangelizadora. Es formar una nueva humanidad con hombres orientados a una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y de convivir. Es un proceso dinámico permanente que llama la persona a la comunión filial con Dios y a la comunión fraterna con los hombres por la proclamación de la Palabra de Dios, que debe penetrar en el corazón de los hombres. Esa Palabra debe iluminar sus experiencias y modelos de vida, su cultura y ambientes, llevando a los hombres a la comunidad de fe, esperanza y caridad.18

Como afirma el Documento de Puebla:

    El amor de Dios que nos dignifica radicalmente, se vuelve por necesidad comunión de amor con los demás hombres y participación fraterna: para nosotros, hoy. Debe volverse principalmente obra de justicia para los oprimidos, esfuerzo de liberación para quien más lo necesite. En efecto: "Nadie puede amar a Dios a quien no ve, si no ama al hermano a quien ve." (1 Jn 4,10). (Puebla, 327)

La revelación de Dios en Cristo "da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas... Se continúa en la historia de los hombres (cfr. EN, 9) por el misterio de la Iglesia bajo la influencia permanente del Espíritu, que la precede y acompaña, le da fecundidad apostólica" (Puebla, 353).

La teología como sabiduría desemboca en la teología de la acción (o de la praxis)

La reflexión teológica, al profundizar la experiencia de Dios, conduce al teólogo a la teología de la acción, a realizar el Reino de Dios en el mundo por medio de acciones redentoras y liberadoras. La lectura hermenéutica de la realidad humana, a la luz de la fe y vivida en la experiencia cristiana personal y comunitaria, conduce necesariamente a la praxis redentora y liberadora de toda realidad de pecado social en las estructuras humanas (cfr. Puebla, 327).

Entendemos la praxis como aquella acción-reflexión transformadora, realizada dentro de y para la comunidad (contexto vital de la acción) en respuesta a una opresión o pecado que impide realizar la liberación integral. Por ello, la teología de la praxis privilegia la ortopraxis sobre la ortodoxia, la praxis sobre la teoría, aun conservando la dialéctica entre las dos, de manera que el centro interpretativo (o polo de articulación) es el horizonte de la "razón práctica".

Por tanto, las disciplinas humanas en las que se apoya esta teología de la acción serán, en primer lugar, las ciencias histórico-sociales críticas, para comprender la sociedad y su historia; en segundo lugar, las ciencias antropológicas, para estudiar su cultura; y en tercera instancia, las ciencias que favorecen el fenómeno social y el actuar humano. Todas estas ciencias favorecen el carácter "interpretativo o hermenéutico de la historia, la cultura y los contextos sociales. Con todo, esta interpretación no es neutral, pues en el fondo de cualquier búsqueda de sentido se hallan los intereses sociales, los valores que se adoptan, las motivaciones, las precomprensiones y las opciones fundamentales.

Es el momento interpretativo (intus-legere) 19 en el que se propone leer y entender en profundidad la realidad y los sujetos que en ella intervienen. Se trata fundamentalmente de una interpretación de la historia, como lugar de la manifestación de la Palabra, y de realizar una teología en tanto reflexión de la revelación de Dios y su significado en la vida de las personas y de la humanidad.20 La reflexión teológica se convierte en una mediación profética21 en la lucha por el Reino y la teología en una teología de la acción.

La teología asume la función de sabiduría, para iluminar la vida y la acción del cristiano en un mundo de "exilio" y la función profética de acción liberadora, con la intencionalidad22 de instaurar en el mundo el Reino de Dios. La transformación de la realidad en el mundo del Reino se convierte en "lugar teológico" imprescindible para la reflexión teológica. La lectura cristiana de la realidad es posibilitada por las mediaciones humanas, para transformar esa misma realidad en otra profundamente humana y evangélica: fides praxim ecclesiae in societate dirigens. Viendo y juzgando la realidad desde la perspectiva del Reino de Dios.

El teólogo se convierte en un profeta que hace memoria del pasado cristiano para reconstruir el presente a la luz del Evangelio de Jesús.23 La teología de la acción parte del hombre deshumanizado para superar esta situación de pecado y humanizarlo, conforme los presupuestos de las Bienaventuranzas. El objeto de la teología de la acción, como el de toda la teología, es la revelación de Dios en Jesucristo, pero propone, como punto de partida, una antropología cristocéntrica. Está menos orientada hacia lo institucional-jerárquico y prioriza la realidad social del ser humano.24 Está en relación crítica con los diferentes contextos humanos y sociopolíticos. Por eso es una teología contextual.

Y por eso, la teología de la acción está atravesada por la posibilidad de una vida humana y digna para todos y por el ideal de una sociedad justa, humana y libre, anticipatoria del Reino de Dios en los valores de las Bienaventuranzas. Es como recuperar la acción teológica del cristianismo en la época de los padres: "Fides vitam Verbo illuminans", "La vida iluminada por la fe en el Verbo".

El componente epistemológico que caracteriza la teología de la acción consiste en el método para hacer teología (el método la caracteriza como ciencia). He aquí los principales componentes epistemológicos de la teología de la acción:

- Es una teología "contextualizada" porque asume toda la realidad histórica y humana, concreta y conflictiva, como elemento constitutivo de la reflexión teológica. Por tanto, analiza la realidad a través de las ciencias sociales histórico-críticas y la interpreta a partir de las ciencias hermenéuticas y del mundo de los valores.

- En esta relación con las ciencias, la teología de la acción parte de la acción redentora y liberadora de las comunidades cristianas comprometidas desde el punto de vista de su fe en Cristo y de su ideal de la sociedad del Reino de Dios.25

- La teología de la acción considera la realidad humana, histórica y social desde su totalidad, en un análisis "estructural" y global.

- Acomete una acción "liberadora" como parte de la vivencia de la fe: una praxis que incide en los contextos histórico-estructurales y considera la opresión como un pecado estructural del que hay que liberar a la sociedad de los más pobres. Esta praxis liberadora es parte constitutiva de la reflexión teológica y la matriz hermenéutica, que inspira la fuente de producción teológica.26

- Esta teología parte de la toma de conciencia de la realidad, motivada por la fe en Cristo y su Evangelio, y se traduce en una participación activa en los procesos liberadores. Por tanto, la praxis solidaria y liberadora se convierte en un momento interno de la reflexión teológica, al subrayar el anuncio de Jesús del Reino de Dios entre los hombres.

Podríamos resumir diciendo que la teología de la acción es un profetismo contextualizado que apunta hacia una reconstrucción de las comunidades cristianas comprometidas, teniendo en cuenta el contexto histórico social a partir de los pobres y destituidos. Es, por tanto, una teología profética que apunta hacia un mundo nuevo que privilegia la opción por los pobres de una manera real. El Vaticano II privilegió este sentido de la realidad histórica en la reflexión teológica, cuando afirmó:

    ...las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades, que las palabras significan; a su vez las palabras proclaman las obras y explican su misterio. (DV, No. 2)

Por esta razón, en la constitución Gaudium et spes, GS, concluye el Concilio:

    Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el riesgo dramático que con frecuencia le caracteriza. Por ello "procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa, juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. (No. 11)

    La experiencia del pasado, el progreso científico, los tesoros escondidos en las diversas culturas, permiten conocer más a fondo la naturaleza humana, abren varios caminos para la verdad y aprovechan también a la Iglesia. (No. 4)

    La Iglesia, por disponer de una estructura social visible, señal de su unidad en Cristo, puede enriquecerse, y de hecho se enriquece también, con la evolución de la vida social (...) para conocer con mayor profundidad esta misma constitución, para expresarla de modo más perfecto y para adaptarla con mayor acierto a nuestros tiempos. (Ibid.)

Naturaleza de la reflexión teológica en la teología pastoral27

A. El funcionamiento de la reflexión teológica

No se puede hacer teología si no se reflexiona la fe en el contexto de la realidad histórica. Faltaría el sentido de la encarnación. La teología debe ayudar a los cristianos a vivir su fe en la realidad histórica en la que se encuentran insertos. La reflexión teológica supone la contribución de las ciencias sociales y humanas que proporcionan el conocimiento de esa realidad. Sólo así podremos entender la significación tanto histórica como cultural de esa realidad, necesaria para que la teología añada el sentido de fe.

Cuando hablo del agente teológico-pastoral28, quiero decir que el teólogo debería vivir su vida y praxis cristiana junto con su comunidad cristiana comprometida, procurando encontrar el significado antropológico, social y cultural de las situaciones vividas y al mismo tiempo -en un discernimiento evangélico- el sentido de fe de las mismas. Este sentido, basado en la fe, no añade nada a la realidad; simplemente explicita un elemento que las demás interpretaciones descuidan u olvidan. Conforme a Jacques Audinet29, no se trata de hacer primero un estudio sociocultural y, después, un discernimiento de fe, sino que el discernimiento de fe se realiza sobre la praxis de acción liberadora y salvadora.

Se articula, así, una posible práctica pastoral, como práctica teórica:

- Se parte de la acción evangelizadora de las comunidades cristianas comprometidas y de las síntesis, que va surgiendo, entre fe-vida-historiacultura en esas comunidades. El agente-teólogo, por un lado, participa en tal acción y, por otro, es el motor de la reflexión histórico-cultural (significados) y en la fe (sentido) que reorganiza la evangelización en su comunidad de vivencia, apostólica y de fe. Cuando el teólogo-pastoral convive con y acompaña a su pueblo, desarrolla su teología en el seno de la experiencia ascéticomística y comunitaria de fe, demostrando que el seguimiento constituye el lugar genuino de la teología hecha desde, en y con la comunidad. Por eso, "quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen en el nombre de Jesús para buscar juntos el Reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad, que es a la vez evangelizadora" (EN, No. 13).

- Se reflexiona sobre el "significado histórico cultural" de su acción evangelizadora en el medio ambiente y sobre el "sentido" de fe de ese significado. Surge así un código interpretativo de principios y conductas, que posibilita hacer una reflexión teológica en el sentido de sabiduría, para capacitar a los cristianos a vivir el Evangelio de manera coherente y como respuesta a la historia que están viviendo.30 Es la teología como sabiduría. La implicación de estas dos variables -significado en la historia y la cultura- nos devela los mecanismos ideológicos que justifican y encubren las relaciones de poder, los mecanismos sociales injustos y mentirosos y las desviaciones estructurales. Esto posibilita una reflexión teológica sobre la fuerza desmitificadora de la fe, que impulsa una opción por la justicia basada en el amor al oprimido.31

- Esta producción teológica impulsa que las comunidades cristianas comprometidas reenfoquen su praxis evangelizadora y liberadora.

- Pero el impulsor y animador de la teología-sabiduría tiene que ser también profeta desentrañando el sentido de los acontecimientos que forman parte de la historia, para poner de relieve el sentido de la Palabra de Dios en el pueblo.

El profeta está llamado a leer los acontecimientos históricos, para que el pueblo de Dios discierna los signos de la presencia y acción de Dios o de las fuerzas del mal, para comprender también en la historia "los acontecimientos y deseos de los pueblos" (cfr. GS, No. 11). El teólogo-profeta está llamado a inculcar una fe que una el rechazo de la injusticia y la opresión con la búsqueda del Reino de Dios en la historia presente. Como todo evangelizador, "tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos, el deber de ayudar a que nazca esa liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total" (EN, No. 39).

El ser profético del teólogo pastoral lo debe acuciar a no disimular la verdad sin avasallarla (EN, No. 78), a interpretar los signos de los tiempos y descubrir la aspiración profunda de los pueblos al reconocimiento efectivo de su dignidad, a reconocer las aspiraciones profundas de los pueblos a la justicia y liberación. El mismo Paulo VI, en este número de la EN, exhorta a los teólogos: "La obra de la evangelización tiene necesidad de vuestra infatigable labor de investigación, y también de vuestra atención y delicadeza en la transmisión de la verdad..."

B. El objeto privilegiado de la reflexión teológica

El objeto privilegiado de la reflexión teológica es la revelación y su respuesta humana en la fe. Esto se concreta en los siguientes puntos:

(1) El Dios revelado en Jesucristo:

- El momento privilegiado es la experiencia de Dios en Jesús en determinado momento de la historia y la acción salvadora y liberadora de Dios a través de Jesús, que culmina en la experiencia de la Pascua. Jesús comparte esta experiencia con la comunidad de sus apóstoles y discípulos.

- La primera comunidad apostólica vive la experiencia de ser en Jesús, compartida con los apóstoles.

- Las comunidades apostólicas primitivas reviven la experiencia de Dios que los apóstoles tuvieron con Jesús.

(2) La experiencia cristiana en la tradición de la Iglesia: Experiencia de desarrollo y decadencia.32 Tendrá que ejercitarse el juicio crítico, para aceptar el desarrollo y rechazar la decadencia en esa tradición.33

(3) Las actuales comunidades cristianas comprometidas insertas en la historia y en la cultura, testimoniales y martiriales: comunidades que

- viven una profunda experiencia de fe y un compromiso evangelizador,

- realizan el Reino en el mundo,

- son coherentes en su testimonio de fe,

- sufren por su testimonio "martirial" eminente de su fe ante el mundo, enemigo de Cristo.34

(4) El pueblo cristiano en su vivencia de fe y proyectos históricos: Es necesario tener en cuenta la dialéctica "comunidades cristianas comprometidas" y las acciones y compromisos del pueblo cristiano, para no considerar simplemente un cristianismo de élite. Las comunidades y el pueblo de Dios interactúan y se enriquecen. Con todo, debemos tener un sentido crítico para distinguir decadencias del desarrollo positivo de la fe cristiana en el pueblo. Una consideración importante en el pueblo cristiano es de la religiosidad popular, con tal de que se la purifique de mitos e idolatrías.

Al considerar el pueblo, debemos fijar especialmente nuestra atención en el "pueblo pobre", pues es ahí donde más claramente descubriremos el Cristo, revelación del Padre a los hombres. Cristo se identificó con ellos, al hacerse hombre.

    Es así como los pobres son los primeros destinatarios de su misión (Lc 4,18-21) y su evangelización es por excelencia señal y prueba de la misión de Jesús (Lc 7,21-23). (Puebla, 1142)

    Por eso el servicio a los pobres es la medida privilegiada, aunque no excluyente de nuestro seguimiento de Cristo. (Puebla, 1145)

    El compromiso con los pobres y oprimidos ayuda a la Iglesia a descubrir su potencial evangelizador y la llama a la conversión. (Puebla, 1147)

(5) Una pregunta importante es hasta qué punto los ateos, que se comprometen profundamente con el hombre y su liberación, son también una fuente de revelación del Dios liberador y salvador en Cristo. Son, además, un cuestionamiento al hombre "religioso" que se enreda en sus ritos e instituciones y se desentiende absolutamente del herido que yace a la vera del camino... (Cfr. parábola del samaritano).35

Para resumir, la teología debe ser primariamente una reflexión teórica que sea capaz de elaborar un código interpretativo de principios y criterios orientadores para la vida y acción evangelizadora de los cristianos; un código en función de la sabiduría, para orientar un discernimiento sobre el camino a seguir. De ninguna manera ha de ser un desarrollo teológico especulativo.

Los conocimientos religiosos anteriores hay que referirlos a las experiencias religiosas anteriores, Y esas reflexiones y experiencias conferirlas con las experiencias actuales, para concluir sobre la significación y autenticidad de tales experiencias para la historia y actual cultura. No se trata de afirmar una igualdad en la praxis y vivencia de la fe y la acción salvadora entre las experiencias de la salvación y la situación actual, sino de una proporcionalidad: así como los cristianos del pasado vivieron la experiencia de fe y la acción salvadora en el mundo, los cristianos actuales la tienen que vivir en su historia y cultura conforme al mismo espíritu de Jesús. No se trata simplemente de "imitar a Jesús"; sí de "seguirlo" como discípulos en una comunidad de discípulos (Mt 28,18), pero en nuestro tiempo.

Se trata de una "transposición de sentido": las comunidades cristianas actuales procuran aplicar el Evangelio a su situación particular, del mismo modo que procuraba hacerlo la comunidad primitiva. De una manera "creadora", pero en el mismo espíritu, transponen36 el texto evangélico a la vida. Existe un idéntico sentido de fe, con significados históricos análogos, en los dos contextos. El mensaje actual se convierte en un mensaje de salvación para el hoy. De este modo, el sentido "acontece" en la actualidad histórica a través y más allá del texto pasado.37

    Por consiguiente, de la Escritura no se pueden esperar fórmulas que "copiar", ni técnicas que "aplicar". Lo que nos puede ofrecer es algo sí como orientaciones, modelos, directivas, criterios, inspiraciones, en fin, elementos que nos permitan adquirir por nosotros mismos una "competencia hermenéutica", dándonos la posibilidad de juzgar por nosotros mismos "según el sentido de Cristo" o "de acuerdo con su Espíritu" de las situaciones nuevas e imprevistas con las que nos enfrentamos continuamente.38

Pero esta "recreación" del vivir y actuar cristiano necesita un continuo discernimiento, a partir de un código interpretativo de criterios de vida y de acción, para evitar una reflexión teológica "idealizada". Y ese código interpretativo lo debe ofrecer la teología pastoral.

El interlocutor privilegiado de la teología no es la filosofía o la ciencia (de las que Pablo dice que no fueron capaces de conocer y aceptar a Cristo) sino las personas y comunidades cristianas, en cuanto sujetos de la experiencia cristiana y actores de evangelización en su compromiso con el mundo y, por tanto, los interlocutores deben ser la sociedad, la historia y la cultura en cuanto receptores de ese compromiso. De ahí que en lenguaje teológico se deba privilegiar el lenguaje de la sociología, la antropología y la cultura.


CONCLUSIÓN

La propuesta es el desarrollo de una teología-sabiduría que tenga en cuenta el contexto y desemboque en la teología de la acción. Esta propuesta es una exigencia académica en nuestro tiempo, para superar el dogmatismo y una teología abstracta que, por responder a todos los tiempos, no responde a ninguno, menos a las exigencias actuales de nuestra historia, ni responde a los problemas de nuestra vida concreta.


Pie de página

1Para San Agustín, obispo de Hipona (a. 354-430) el intellectus fidei se desarrolla en dos variantes: credo ut intelligam (teología) intelligo ut credam (filosofía). San Anselmo de Canterbury es el primero en extender el credo ut intelligam agustiniano y en expresar un modo de teología en el que la fe es expresada por la razón, fundamento de la escolástica. A partir de una concepción aristotélica de las ciencias como certeza en el conocimiento a partir de las causas (scire per causas), Santo Tomás de Aquino perfecciona el método escolástico. Para Tomás de Aquino, la ciencia perfecta es la metafísica.
2La teología dogmática, como disciplina, parte del Concilio de Trento, que comienza siendo una teología de los dogmas.
3Cfr. Danielou, Catequesis de los primeros siglos.
4Cfr. Toro, "Conocimiento y métodos. Teoría del conocimiento teológico".
5Pozzo y Fisichella, "Método", citado por Iván Darío Toro en "Conocimiento y métodos", 127.
6Habermas, Israel o Atenas, 93-94.
7Ibid., 91
8Ibid., 89
9Ibid., 97.
10Ibid., 98-99.
11Cfr. Vela, "Reflexión Teológica y concepto de Nueva Evangelización", 1-3. El autor defiende una fe "antropológica, que integre valor y significado, que impulse mecanismos de eficacia para traducir realizaciones sociales palpables y que se fundamente en testigos eminentes (mártires) de la tradición.
12Heidegger, Sein und Zeit.
13Lyotard , La condición posmoderna, 41-44.
14Schneider, Teología como biografía, 15.
15Parra, Textos, contextos y pretextos.
16Parra, "Hacia la legitimación del creer", 290.
17Cfr. Sacrosanctum Concilium, Nos. 9 y 16.
18Lorscheider, "Puebla: Síntesis del Documento", 8-9.
19Cfr. Ellacuria, "Hacia una fundamentación filosófica del método teológico latinoamericano".
20Cfr. Wright, El Dios que actúa.
21Cfr. Cavagi, Ser profeta, hoy.
22La intencionalidad, o conciencia que empuja la acción se encuentra desarrollada en el Capítulo IV del libro de Paul Ricoeur, El discurso de la acción.
23Cfr. Comblin, Hacia una teología de la acción: treinta años de investigaciones.
24Ramos, Teología pastoral.
25Cfr. Audinet, "Theologie pratique et pratique theologique".
26Cfr. Sobrino, La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas.
27El autor toma aquí parte de las reflexiones expresadas en el artículo publicado en el libro Una historia hecha vida, publicado por la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana con ocasión de los 70 años de su quehacer teológico. Cfr. Vela, "Tendencias actuales de la teología pastoral", 251-271.
28El teólogo debería vivir su experiencia de fe y praxis cristiana junto con una comunidad de fe.
29Cfr. Vela, "Tendencias actuales de la teología pastoral", 251-271.
30Este es el sentido de los libros bíblicos durante la esclavitud en el imperio babilónico (librosnovela que enseñaban a vivir la Ley mosaica en la esclavitud); o durante el imperio griego de los seléucidas (macabeos) en el que se escribieron los libros de la Sabiduría y de Eclesiastés.
31"El amor de Dios, que nos dignifica radicalmente, se vuelve por necesidad comunión de amor por los demás hombres y participación fraterna; para nosotros hoy debe volverse, principalmente, obra de justicia para los oprimidos, esfuerzo de liberación para quienes más lo necesitan." (Documento de Puebla, No. 327)
32Cfr. Lonergan, "La historia crítica".
33Son expresiones de Lonergan en su obra Método en teología.
34Cfr. Vela, "La experiencia de fe como experiencia salvífica".
35Este es el cuestionamiento de Habermas en Israel o Atenas.
36La palabra es de la EN, No. 63.
37Dice Jerónimo: "Evangelium non consistit in verbis (...) sed in sensu, non in superficie sed in medulla." Sería enriquecedor para la hermenéutica recuperar la teoría de los Padres sobre el sentido espiritual de la Escritura. (Ver Boff, Teología de lo político, 277, nota 41.
38Ibid., 239.


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