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Theologica Xaveriana

versión impresa ISSN 0120-3649

Theol. Xave. v.61 n.172 Bogotá jul./dic. 2011

 

REVISTA THEOLOGICA XAVERIANA 60 AÑOS: SEMBLANZA

Alberto Parra Mora, S.J.*


* Doctor en Teología, Universidad de Estrasburgo (Francia); Licenciado en Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana; Licenciado en Teología, Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Profesor Titular y Director de la Unidad de Posgrados de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana.
Correo electrónico: alberto.parra@javeriana.edu.co


El hecho que nos reúne esta tarde es un suceso temporal. Lo expresamos diciendo que la revista Theologica Xaveriana cumple 60 años. Que han transcurrido 60 años desde cuando hizo su primera aparición bajo el nombre de Eclesiastica Xaveriana. Que en sus primeros veinticinco años fue órgano académico de difusión de las Facultades Eclesiásticas, instituidas para entonces en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús. Y que en sus últimos treinta y cinco años es emblema e instrumento académico de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Que la revista está de cumpleaños y que nosotros nos reunimos en torno de esta celebración conmemorativa.

Esas expresiones de medida temporal atribuida a la revista tienen la notable desventaja y hasta el equívoco de transferir a los seres que no son entes medidas de duración que, en realidad de verdad, no les corresponden.

La duración temporal debe ser dicha de modo adecuado únicamente de los entes inteligentes y libres, para los cuales la medida de su existir y de su pensar es la misma medida de duración de su ser. Sólo los entes son temporales y procesuales, y su característica clave es la no posesión de su ser en un acto puntual, sino la construcción sucesiva de su ser en la temporalidad de su propia duración, es decir, en la conquista sucesiva y paulatina de sí mismos. El movimiento del ente hacia su ser, hacia su continuo pensar y decir es lo que propiamente puede llamarse tiempo y temporalidad, historia e historicidad.

Mucho antes que Heidegger, en Ser y tiempo, San Agustín había hecho ya experiencia profunda del tiempo como forma humana de su propio existir. Ni el reloj ni el calendario marcan la sucesión de algo externo a nosotros que se llame tiempo; aquello que marcan y que miden es la duración sentiente y consciente de nuestro propio existir, afirma San Agustín en las Confesiones. Somos nosotros los que cumplimos años, no las cosas y ni las revistas. Y si atribuimos tiempo al entorno y a las cosas fuera de nosotros es por un doblaje objetivamente de nuestra propia duración y de nuestra propia temporalidad.

Hoy, pues, no es día de celebración conmemorativa de un objeto, sino de las existencias ricas y beneméritas de tres generaciones que hace sesenta años piensan y dicen su existir humano, cristiano y teológico y lo confían, para memoria apostólica y académica, al texto escrito de la revista de esta Facultad.

1

La admiración y la gratitud obligan a anteponer la consideración conmemorativa en la generación primera que se pensó y se expresó en forma teológica en la primera etapa de nuestra revista. Los escritos, artículos y crónicas consignados en ella entre los años 51 a 65 del siglo pasado manifiestan ante todo la semblanza personal de sus autores. Todos ellos, en su gran mayoría, están referidos a los problemas existenciales que tienen delante y que retan su conciencia y su pluma.

En efecto, las Facultades Eclesiásticas que desde México hasta Argentina, pasando por Centroamérica y por los Andes, erigió la Sede Romana en las décadas de los 30 y de los 40, nacieron para el propósito de hacer frente a los retos intelectuales, sociales y pastorales que provenían de movimientos históricos diferenciados, pero aunados por un denominador común. Se trataba de la idea liberal exacerbada, de la idea protestante importada y de la idea comunista subversiva del orden económico y social ya convenido. Cada uno y todos estos movimientos pudieran revelarse, según la sensibilidad del momento, como peligros explícitos contra la fe eclesial y contra el sentido y la verdad de su dogmática.

Es entonces connatural que la primera generación de la revista elabore su pensar desde las condiciones propias de su existir, en términos antiliberales, antiprotestantes y anticomunistas, y en un horizonte teológico, filosófico y canónico cuyo conector es la apologética para la defensa de la tradición de la fe, de las consagradas mediaciones filosóficas y, en todo caso, del catolicismo romano.

Esa es clave de lectura de contribuciones teológicas y filosóficas como "La equidad canónica aplicada al derecho misional", "La unidad de la Iglesia según la mentalidad protestante de la Asamblea Ecuménica de Evanston", "La Ley Concha ante el derecho de la Iglesia", "La especie moral del primer pecado", "Panorámica eclesial del protestantismo", "La solución a los problemas entre individuo y Estado", "La doctrina sobre la tradición", o "La penetración del protestantismo en la América Latina".

2

La segunda generación de la revista, posiblemente entre los años 65 a 89, tuvo el doble mérito de haber recibido, aunque con notable retraso, la primera modernidad ilustrada y, con notable prontitud, la segunda modernidad crítica.

En primer lugar, la pregunta urticante y desafiante sobre si es Colombia una nación moderna, posiblemente pueda ayudarse a responder en la academia teológica javeriana por la producción que se consigna en la última fase de Ecclesiastica Xaveriana y en la primera de Theologica Xaxeriana. Si por modernidad puedo entender el posicionamiento crítico sobre el pensar y el decir de la premodernidad, la autonomía del ser y del pensar, la medida antropológica de la realidad total y el fundamento para el ejercicio de los más entrañables derechos humanos de examen, de investigación, de expresión, de conciencia y de religión, entonces la segunda generación de la revista fue instrumento de mucha significación para avanzar por el ilustrado paradigma moderno de ser y de pensar.

No es simplificar demasiado decir que el denominador común de la modernidad es el subjetivismo, por sobre las ruinas del objetivismo antiguo y premoderno:

    La época que llamamos modernidad y que la historia de Occidente comienza ahora a llevar a su perfeccionamiento cosiste en determinar que el hombre es la medida y el centro de todos los seres. El hombre es el sujeto o el sustrato fundamental que está a la base de toda objetivación y representación.1

Quizás antes, pero sobre todo con motivo de la convocación, preparación y recepción del Concilio Vaticano II, la modernidad ilustrada entró de lleno y para quedarse en las páginas de la revista. Compruébenlo ustedes con títulos tales como "Las libertades y derechos humanos en Colombia", "El fundamento y sentido del derecho natural a la libertad religiosa", "El hombre como centro de la acción pastoral", "El problema epistemológico de las ciencias naturales", "La misión temporal de la Iglesia", "El acceso de la mujer al ministerio", "Magisterio y moral", "Amor sexo y feminismo", "La participación y los derechos de los laicos en la Iglesia", "La teología y la práctica política", "El cristianismo en la encrucijada científica y sociopolítica".

Esto y los abundantes y amplios comentarios a los documentos del Concilio de la modernidad son el entramado de la variada producción de una generación de teólogos que dejó ricos testimonios de su ser y pensar en su paso benemérito por esta Facultad.

Contrasta, como he dicho, el notable retraso en la recepción de la modernidad en nuestras páginas con la rapidez y el fervor intelectual y moral con que varios, o por lo menos algunos de esta segunda generación, acogieron en su ser, en su fe y en su pluma la irrupción de la segunda modernidad crítica, el clamor libertario de nuestros pueblos de periferia y los propósitos teóricos y prácticos por su liberación.

Permítanme situar el asunto. Porque hoy, por fuerza de los remanejos conceptuales, de la exorcización de los términos y de la invasión de sentidos muertos, el término liberación sirve para nombrar lo mismo corrientes cuasisatánicas subvertidoras de la fe auténtica, que realidades celestiales de última escatología. Cuando en realidad de verdad, el asunto liberación debía ser el contrapunto inteligente y planificado respecto de una inaceptable realidad de dependencia que fue y es subproducto inadmisible del recetario internacional para el desarrollo: trasferencia de capitales, cuyo subproducto es la dependencia económica; transferencia tecnológica, cuyo subproducto es la dependencia política; cancelación de toda barrera nacional, cuyo estremecedor subproducto es nuestra dependencia cultural.

La pregunta teológica por la liberación era, entonces, pregunta por las reservas posibles de la tradición bíblica y cristiana al flagelo de miseria, de carencia, de dependencia, de no historia de tres cuartas partes de humanidad atribulada. Sí, se trataba de la irrupción del pobre en el escenario continental y mundial, de la viva conciencia de clase y de la praxis libertaria.

Theologica Xaveriana, y con ella la Facultad de Teología, fue insigne en la producción teológica en la línea de la entrañable y necesaria teología latinoamericana de la liberación. Allí se agolparon "Elementos metodológicos de la teología de la liberación", "Producción de catolicidad sin reproducción del sistema", "La opresión de Egipto narrada y creída desde la opresión de Salomón", "Eucaristía y compromiso en la construcción del mundo", "Política y justicia", "Subversión cristiana del orden establecido", "La teología de la liberación después de la instrucción". Algo así, y múltiples e insignes comentarios a las conferencias episcopales de Medellín y de Puebla que fueron símbolos señeros de un talante teológico y pastoral del continente.

El precio que aquí hubo de pagarse fue el descrédito, la amenaza de clausura de la revista, la fulminante destitución del director y la consiguiente censura personal; pero ese precio para la revista fue, en todo caso, menos grave que su caída posterior en el silencio, en el oportunismo de años oscuros, en el oscurecimiento de la teología por esa que el teólogo Ratzinger llamó con aspereza y con acierto teología de encíclicas.2

3

En la actual coyuntura de esta Facultad es corriente referirse con esperanza no disimulada al relevo o sucesión generacional. Y no hay duda que, en lo referente a Theologica Xaveriana, la tercera generación, de la cual estoy biológicamente excluido, cumple también hoy buenos años.

El Zeitgeist, el espíritu del tiempo de esta tercera generación de la revista pudiera estar caracterizado por esos nuevos paradigmas de vida, de conocimiento, de búsqueda y de expresión que usualmente se nombran hoy en términos de "pos": posmetafísico, poscristianismo, posmoderno, posindustrial, postsocialismo y hasta poscapitalismo. Nada de ello prejuzga de un regreso a las cavernas, pero sí de un esfuerzo para avanzar de modo crítico, vale decir, analítico y responsable, más allá de las metas conseguidas y ciertamente en una direccionalidad menos frustrante. Podría decirse que las coordenadas de amarre de las nuevas sensibilidades son la secularización, la información, la consiguiente globalización, la vigorosa subjetivación, hasta llegar al paroxismo de lo particular, al consiguiente pluralismo de ser, de pensar y de creer, y a los estándares internacionales de calidad que impone la competitividad.

Quizás esos nuevos modos de existir expliquen el paso sintomático de la revista a su versión cibergráfica, como señal que anticipa la recepción de la informática en todos los aspectos de nuestra docencia, investigación y responsabilidad social. O la decisión exitosa de llevar la revista a un importante estándar de reconocimiento nacional y de indexación internacional. O la configuración globalizada de los varios comités de la revista. O el flujo nacional e internacional de autores, de temas y de problemas, de corrientes y de teologías que confluyen en una revista que, para bien o para mal, es hoy mucho más internacional que local y mucho más global que regional.

Por lo demás, la producción escrita que hoy se canaliza por intermediación de la revista procede de existencias de posmodernidad. Y para ellas ha venido a ser más sustantiva la ética que la metafísica, la experiencia que la ciencia, el sentido que la verdad, la ecología que la producción, el cuerpo que las ideologías, el género que la naturaleza humana, el particular que el universal y la mística de referencia existencial al trascendente antes que las iglesias y los templos, las mezquitas y las sinagogas.

Estas nuevas e inéditas sensibilidades de ser en el tiempo pueden explicar rasgos de una producción tal como ésta: "Alternativas contra la globalización: otro mundo es imprescindible", "La teología como logos hermenéutico de theos", "Panikkar: un pionero de la teología del pluralismo", "Fides et praxis: una teología de la acción humana", "Aproximación a los rasgos de una espiritualidad ecológica", "Espiritualidad ecológica: una nueva manera de acercarse a Dios desde el mundo", "Gradualidad, narratividad y experiencia espiritual en la urbe", "No tendrás otros dioses además de mí: ¿es el monoteísmo fuente de violencia?", "Job o la teología desde la dignidad humana", "Ferazón en la sociedad postecular", "Aproximaciones al quehacer teológico desde la experiencia mística", "El género en la disciplina teológica", "La transformación del imaginario simbólico".

Profesoras y profesores, señoras y señores: Si fuera lícito comparar lo pequeño con lo grande, al decir de Virgilio, entonces la memoria aquí trazada podría llamarse tiempo y narración, como el título que dio a su cautivante escrito nuestro común maestro Paul Ricoeur.

El tiempo es el modo primordial de existir, de pensar, de decir, de narrar. Cada decir y cada narrar no acusan algo más que la temporalidad de nuestra duración y de nuestro movimiento hacia el ser y hacia el hablar.

Solo que el κρονος de nuestras πραξις, lo sabemos bien, es en toda su entidad καιρος de la ενεργεια de gracia y de salvación, en correspondencia asombrosa de la acción humana con la divina y del tiempo humano con el tiempo del amor y de la visitación. Los sesenta años de esta memoria lo han sido, también y sobre todo, del καιρος de la presencia de Dios y de su ενεργεια de gracia y de salvación, inscritos por bondad en el ser, en el pensar, en el decir y en el hacer de tres generaciones de teólogos y teólogas escritores y escritoras.

Al conmemorar nuestro tiempo, conmemoramos teologalmente la presencia temporal, el hacer y el decir de quien va con nosotros de generación en generación. ¡Feliz cumpleaños!


Pie de página

1M. Heidegger, Nietzsche: El niquilismo europeo.
2J. Ratzinger, El nuevo pueblo de Dios, 318-319.

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