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Theologica Xaveriana

versión impresa ISSN 0120-3649

Theol. Xave. v.61 n.172 Bogotá jul./dic. 2011

 

RECONSTRUCCIÓN DE COMUNIDADES EN CONTEXTOS DE CONFLICTO ARMADO: LÍNEAS TEOLÓGICO-PASTORALES EN PERSPECTIVA NO VIOLENTA*

COMMUNITIES RECONSTRUCTION IN ARMED CONFLICT CONTEXTS: THEOLOGICAL-PASTORAL GUIDELINES FROM A NON-VIOLENT PERSPECTIVE

RECONSTRUÇÃO DE COMUNIDADES NO CONTEXTO DO CONFLITO ARMADO: LINHAS TEOLOGICA-PASTORAIS EM PERSPECTIVA DE VIOLENCIA

Oscar Albeiro Arango Alzate**
Julio César Ariza Collante***
Billi Joel Moya Prieto****
Diego Fernando Prieto Ruiz*****


* Artículo producto de investigación financiada por la Pontificia Universidad Javeriana al equipo Synetairos de la Facultad de Teología, clasificado en Colciencias con la categoría D, código COL 0018662, de enero de 2001. Aprobado por la Vicerrectoría Académica, con el código 00002459.
** Comunicador Social y periodista, Universidad de la Sabana (Bogotá); Profesional en Teología, Especialista en Derecho Canónico, Magister en Teología y candidato al Doctorado en Teología, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá); coordinador del equipo de investigación y proyección social Synetairos; profesor asistente de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Correo electrónico: oscar.arango@javeriana.edu.co
*** Licenciado en Teología, Universidad San Buenaventura (Bogotá); Magister en Derecho Canónico y candidato al Magister en Teología, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá); coinvestigador del equipo de investigación y proyección social Synetairos; profesor asistente, Facultad de Teología, Universidad Javeriana.
Correo electrónico: julio.ariza@javeriana.edu.co
**** Teólogo, Pontificia Universidad Javeriana; coinvestigador equipo de investigación y proyección social Synetairos. Correo electrónico: lebilli@hotmail.com
***** Teólogo, Pontificia Universidad Javeriana; coinvestigador equipo de investigación y proyección social Synetairos. Correo electrónico: diegrillo_9@hotmail.com

Fecha de recibo: 14 de enero de 2011. Fecha de evaluación: 31 de marzo de 2011. Fecha de aprobación: 2 de agosto de 2011.


RESUMEN

Presenta los resultados del proceso investigativo "Reconstrucción de comunidades en contextos de conflicto armado: líneas de acción teológico-pastorales en perspectiva no violenta". Su primera fase consiste en la recolección de testimonios de habitantes de la vereda Puerto Salgar, en Tierralta (Córdoba), para comprender el proceso de violencia que han vivido, así como las secuelas que ella ha dejado, y esbozar desde allí algunos horizontes de acción que posibiliten la reconstrucción de lo comunitario desde la experiencia de fe en Jesús resucitado.

Palabras clave: Teología, testimonio, víctimas, cruz, resurrección.


Abstract

The text presents the results of the research process "Communities Reconstruction in Armed Conflict Contexts: Theological-Pastoral Guidelines from a Non-Violent Perspective". Its first stage deals with the gathering of accounts and testimonies from the inhabitants of the Puerto Salgar rural area of Tierralta, in the region of Cordoba, Colombia, to understand the violence process they have endured as well as the consequences it has brought; from there, there are proposed some guidelines for action; these might allow the reconstruction of the community based on the experience of faith in Jesus resurrected.

Key words: Theology, testimony, victims, cross, resurrection.


Resumo

Apresenta os resultados do processo investigativo "Reconstrução de comunidades no contexto de conflito armado: linhas de ação teologicas-pastorais em perspectiva não violenta". Sua primeira etapa consiste na coleção de testemunho dos moradores da colônia Porto Salgar, em Tierralta (Córdoba), para compreender o processo de violência que viveram, as sequelas que deixaram, e mostrar a partir daí alguns horizontes da ação que permitam a reconstrução do comunitário a partir da experiência de fé em Jesus ressucitado.

Palavras chave: Teologia, testemunho, vítima, cruz, ressurreição.


ITINERARIO DE UN CAMINAR

Synetairos surge como un equipo que, desde la cruel realidad de inhumanidad de violencia de este país, realiza diferenciadamente dos acciones en interacción: (1) Proyección social y (2) procesos de investigación. Por ello, la intención inicial de esta investigación, "Reconstrucción de comunidades en contextos de conflicto armado: líneas de acción teológico-pastorales en perspectiva no violenta" (Primera fase: "Testimonios"), fue muy clara desde el primer momento: recoger los testimonios de los habitantes de la vereda Puerto Salgar, Tierralta (Córdoba), personas afectadas por la violencia del conflicto armado colombiano, y desde dichos testimonios posibilitar una reflexión teológica.

Al iniciar el proyecto, pensábamos que mediante estos testimonios se permitiría conocer de primera mano el sentido que para estas personas tiene el proceso del conflicto y las consecuencias que de él se desprenden, en especial, cómo afecta los procesos comunitarios; también evidenciar, desde tales vivencias y la experiencia de fe en Jesús resucitado, pistas, líneas u horizontes de acción que pudieran proponer -en un futuro no muy lejano- la reconstrucción de lo comunitario en perspectiva no violenta.

PASOS DEL CAMINAR

En la vereda de Puerto Salgar y sus alrededores fueron asesinadas decenas de personas. Los paramilitares aprovecharon la soledad, la tranquilidad, la indefensión de esta comunidad y su ubicación estratégica para convertirla en un espacio para el "ajusticiamiento". Durante la década de los años 90, las muertes violentas fueron las escenas cotidianas. Sobre las aguas del río y sus riberas se encontraban cuerpos mutilados, despellejados, torturados y descuartizados.

En los primeros años, los habitantes de la vereda no hablaban, no pronunciaban palabra alguna sobre estos temas, sobre lo que les estaba pasando. Pero algo llamó la atención: la actitud de esperanza, de resistencia noviolenta, de trabajo comunitario que se hacía cada vez más fuerte en medio del terror. Quizás ésta fue la razón inicial por la que surgió el interés en iniciar un proceso investigativo que permitiera indagar más allá de lo que se podía ver a simple vista.

Como equipo, nos comprometimos iniciar -en esta primera fase- un camino de investigación estructurando en tres pasos: el seguimiento del problema, el mapping (comprendiendo las secuelas que ha dejado el conflicto armado) y los horizontes de posibilidad.

Seguimiento del problema: hechos, escenarios, actores y estrategias en el alto Sinú

En primer lugar, se estructuró -a manera de observatorio- una base de datos que permitiera realizar el seguimiento del problema. Es decir, se asumieron las metodologías, los enfoques, los criterios y las herramientas que facilitaran una documentación apropiada en relación con el problema de investigación.

"Nacimos como un pueblo abandonado a nuestra suerte." Esta expresión indica que en Tierralta, desde su fundación (hace 101 años), por Santiago Canabal, se evidencia la ausencia de Estado. Éste ha sido un factor determinante para que se impongan, en la zona, dinámicas sociales, políticas y económicas de sobreexplotación del suelo y de sus recursos, de explotación y marginación de la mano de obra campesina y de acumulación de grandes extensiones de tierra productiva en manos de unos pocos.

Por ello, durante la colonización (iniciada en 1759 y consolidada en 1930), esos extranjeros decidieron que no sólo explotarían el suelo y sus recursos, sino también se quedarían y adueñarían de la tierra: pasaron a ser los señores, los grandes terratenientes y los grandes comerciantes.1 Así, los fértiles valles se convirtieron en territorio ganadero. Más de 50% del territorio de los valles del Alto Sinú se destinan para la explotación ganadera, "una forma muy atrasada de la economía rural en la que 'las vacas son más importantes que la gente', según dicen los campesinos pobres de la región",2 y donde se va imponiendo poco a poco la ley del más fuerte, para acaparar más tierras.3 Se trata de algo que perciben, desde la cotidianidad, los habitantes de la región:

Vino la violencia política esa de liberales y conservadores, eso surtió de gente. Porque... Uno aquí oye hablar... ¡No! "Que para allá que para la región del Manso sí está bueno, vale". Allá esa gente que "todo lo que producen [...] es de todo". Usted sabe esos cuentos baratos que echan entre la gente. Entonces, ¡eso empezó a llenarse pa'allá! Sí... a irse, a irse, a irse... ¡Y se pobló!4.

La posesión y el control de la tierra es ahora la dinámica que motiva la colonización de este territorio. Se trata de una colonización que recoge todos los elementos de la vida política nacional, en especial, la violencia que se vive en las periferias del país y que llegó al clímax aquí. La situación política ayudó a que en este lugar confluyeran grupos humanos venidos de las regiones circundantes. Uno de sus habitantes lo narra de manera detallada como un proceso en el que se unen elementos constitutivos de grupos migratorios y de quienes han sido obligados por la fuerza de la violencia a desplazarse de sus propias tierras de origen:

Ese proceso se inició por allá en esa época de población, pues por la parte costeña. De aquí emigraron los Hernández, los Pérez y los Padillas, que venían de Barú, del sur de Bolívar y del centro de Bolívar, y de todas esas tierras, emigraron aquí. Pero también hubo una migración, porque usted sabe que en Antioquia la violencia conservadora fue mucho más fuerte, muchísima más fuerte... Esa gente migró hacia estas montañas.5

Aparición de las guerrillas

Los habitantes del Alto Sinú tienen en la piel la vivencia del despojo permanente. Uno de ellos recuerda:

En la región todos por igual, conservadores y liberales, terratenientes al mismo tiempo, sacaban provecho de su poder y desposeían de lo poco que tenían a los colonos.6

El secular despojo es una de las causas por las que el Alto Sinú se convierte el tierra fértil para la penetración de las guerrillas, y en este caso particular, del EPL7, con la pretensión de poner fin al empobrecimiento de los grupos sociales de estas regiones. Sin embargo, para estos territorios, con anhelos de liberación, la lucha armada desarrollada por el grupo guerrillero se convierte en factor de violencia; sus métodos terminan llevando, a la región, más sufrimiento e injusticia de la ya padecida. Así narra uno de sus habitantes el proceso:

De pronto usted oyó hablar de Fabio Vásquez Castaño; fue un guerrillero de los primeritos que trajeron las ideas del ELN, de los elenistas, y se creó un gran movimiento alrededor de esos. Pero luego... aun después de unos años, Fabio Vásquez Castaño tuvo diferencias ideológicas con el papá de Bernardo Gutiérrez. Esto fue del EPL.8

Para este testigo, las acciones violentas se van generalizando; los anhelos de las grandes transformaciones se ven frustrados ahora por la violencia guerrillera:

Llegó la influencia del EPL. El primer influenciador de esa región se llama Julio Guerra Serna, un paisa. Porque, cuando esa época, el primer pueblo no existía: ni Monte Líbano ni Tierralta. Existía Juan José. Es un pueblecito que está encallado en el Alto San Jorge, el último caserío subiendo por el río San Jorge... Es el último pueblo que hay; se llama Juan José y fue creado Inspección de Policía Nacional. Y nombraron a Julio Guerra como inspector, un paisa; lo mandaron desde Ituango. No pertenecía ni siquiera a Córdoba. Eso pertenecía todavía a Antioquia, y lo mandaron de Ituango a ser el inspector. Y ese fue el que... estalló el "florero de Llorente".

Ese se declaró comunista y organizó los grupos como tales, y crearon el cuartel general en La Moruna, que era la finca de Julio Guerra, que así se llama: La Moruna. Moruna es una vaca sin cachos, una vaca moruna. Entonces, allá crearon el campamento mayor. Y ahí empezaron a llevar gente de acá, del Sinú, del Manso; del Manso Bajo, Medio y Alto Manso traían gente a entrenar ahí. Y eso cogió un "pudor" enorme. Ya entonces ellos tomaron partido dentro de la sociedad.

No recuerdo muy bien, pero eso era una organización de compañeros o no sé qué cosa. Esa organización, influenciada por los comunistas por las ideas esas del EPL, fueron las que dominaron. Entonces, ya se presentaron como autoridad, y por allá en cada vereda había tres o cuatro representantes del EPL como la policía. Eran lo que controlaban las fiestas, quienes arreglaban los problemas, y tenían su cuartel general allá al mando de Julio Guerra allá en Madre de Dios.9

Las guerrillas, en un principio, utilizan estas zonas para proclamar sus ideales comunistas, que eran una forma de pensar políticamente a Colombia. Sin embargo, poco a poco, el ideario político queda relegado, y estas organizaciones degeneran en fuerzas que intimidan a la población civil; lo que les importa es dominar territorio para ganar credibilidad, y esto, por encima de las vidas de los campesinos que no desean vincularse a la causa armada como forma violenta de reivindicación de sus derechos.10 Afirman los habitantes: "Todas las guerrillas han hecho lo mismo."

A partir de 1996 se presentan cambios significativos en la dinámica del conflicto, debido al fortalecimiento de los grupos paramilitares patrocinados por dirigentes políticos y sociales, terratenientes y empresarios de la región, apoyados por las fuerzas del Estado. Como resultado, se intensifica el conflicto y aumentan los combates, en los cuales se involucra a la población civil campesina.

Este es un periodo de recrudecimiento del conflicto armado, que se extiende hasta 2002, cuando alcanza su mayor intensidad. La dinámica de escalamiento de la guerra en esta zona se explica por diversos factores: primero, las ofensivas de los grupos guerrilleros; segundo, la articulación de los grupos paramilitares en una sola organización, las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, que les permite un mayor despliegue en la zona; tercero, su estrategia de violencia contra la población civil; cuarto y último, la transformación y modernización de las fuerzas estatales.11 De esto, bien saben los campesinos de la zona:

Los paramilitares y la guerrilla sí se chocaban por ahí. Y había pela'o ahí mismo. Por culpa de esa gente, nos echaron a nosotros, se tropezaron ahí cerquita a la casa. Pues directamente a nosotros no nos dijo nadie, sino que un día cualquiera nos mandaron, después de que se chocaron ahí cerquita, un día cualquiera cuando menos pensamos, llegaron los paramilitares. "Necesitamos que se salgan, que se vayan, que vamos a quemar todo esto. Saquen todo lo que tengan en la casa." Imagínese: yo tenía dos trozas llenas de maíz y de arroz. Trozas son unos cajones grandes que uno hace en campo para empacar maíz y arroz. Y eso estaba lleno. Entonces a mí, cuando me dijeron así, me dio fue como rabia. Y les dije yo: "Hombe, ¿y eso por qué? ¿Qué pasa? Ajá, y sí les mandaron quemar eso... ¡Préndale candela a eso!12

Es importante puntualizar que la primera gran ofensiva de este periodo es emprendida por las FARC, a mediados de 1996, y que se hace visible mediante el incremento de sus combates y acciones insurgentes. En tal ofensiva, los insurgentes ponen en práctica su "nueva forma de operar" (NFO), especialmente, con el ataque a la base antinarcóticos de Las Delicias (Putumayo), en agosto de 1996.

La aplicación de la nueva forma de operar es estratégicamente relevante, porque se pasa de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. En esta precaria guerra de movimientos, las FARC logran tomar la base de Patascoy (Nariño), en diciembre de 1997, y la base antinarcóticos en Miraflores (Guaviare), en agosto de 1998; derrotar un batallón de antiguerrilla en El Billar (Caquetá), en marzo de 1998; y -en el Alto Sinú- posicionarse en el corredor del Urabá cordobés-antioqueño-chocoano.

Con el fortalecimiento militar de la guerrilla durante el gobierno de Andrés Pastrana, y la incidencia política de sus acciones, las FARC logran abrir un espacio de negociación, mediante el cual pactan el retiro de las fuerzas estatales de cinco municipios al sur del país, en enero de 1999, y el inicio de los diálogos de paz. Aun con la apertura de tales diálogos y la instalación de las mesas de negociación, no cesan los combates; antes bien, aumentan de forma acelerada desde 2001. Esto implica que las negociaciones se realizan en medio del recrudecimiento de la guerra.

No se trata de un reacomodamiento militar de la guerrilla, que aprovecha las negociaciones y la zona de distensión, sino que el proceso está ligado, en primer lugar, a la reestructuración organizacional de las FARC, a su reorientación estratégica, a sus cambios de doctrina; y en segundo lugar, al uso de nuevas tecnologías por parte de las fuerzas estatales.13 Estos cambios, iniciados en 1996, tienen sus resultados a finales de 1999.

Contra-ataque de las fuerzas militares del Estado

Recuerda uno de los habitantes de la región:

Ellos hicieron venir... Ellos no eran escondidos como que... No, allá estábamos éramos nosotros. Todo el mundo conocía ese ambiente, porque habían ido los políticos, los grandes políticos de aquí todos fueron allá. Ellos, que después quisieron decir que no, que esa gente allá todos son guerrilleros, como nos trataban a nosotros, esos allá son guerrilleros y todo. No, es que nosotros sí vivíamos allá, pero nosotros no éramos guerrilleros; quizás ellos eran peores que nosotros y esa situación se estaba viviendo ahí, que acá nos veían y... guerrilleros. Acá nos veían así, pero ellos como cuando los llamaban se tenían que poner el esparadrapo, calladito la boca.14

La presencia del Estado es reconocida más como una mano generosa hacia los terratenientes y adinerados, que como una mano que protege y se compromete con los más desprotegidos. Y el brazo del Estado, que se extendió a los habitantes de Tierralta a finales de los años 80 e inicios de los 90, llega para reprimir a las guerrillas y a sus colaboradores. La presencia gubernamental, representada en miembros del ejército y de la policía, muestra mucha más violencia; estas fuerzas llegan a ser percibidas por los moradores como un frente de guerra abierto. El mejoramiento de las condiciones de vida no está entre las prioridades del Gobierno y mucho menos de sus fuerzas militares.

De esta forma, los esfuerzos estatales son orientados a combatir a las fuerzas insurgentes. Sobre los nativos se cierne la grave e injusta presunción de ser colaboradores y auxiliadores de la guerrilla. Esto lleva a que se produzca un recrudecimiento de la guerra y la consecuente degradación de la confrontación armada, que desemboca en abusos, el desbordamiento de la legalidad y las omisiones intencionales de los organismos del Estado, siempre afectando gravemente a la población civil.15

En Tierralta recuerdan con espanto las masacres perpetradas por los organismos del Estado en El Diamante, y en los barrios El Paraíso y El Escolar, en los que son asesinados hombres, mujeres y niños, por el simple hecho de vivir en un lugar de fuerte presencia guerrillera.

Para los habitantes de la región, la mano extendida del Gobierno significa represión. La fuerza militar es el único brazo que extiende con generosidad el Estado colombiano, para hacer "justicia" en el Alto Sinú. Se imponen políticas de mano dura, no de justicia o diálogo. Es lo que se puede llamar una "actuación política centrada en las consecuencias de los problemas sociales, sin atender sus causas [...], en lugar de intervenir el fondo de los mismos".16 Son políticas desentendidas de la realidad de la nación y sus necesidades primarias, que sólo buscan tranquilidad y estabilidad para los grupos dominantes que ostentan el control político y económico en la región.17

En los años 80 y 90, la presencia militar agrava la situación en la zona. Los militares se convierten en un grupo generador de violencia. La acción del Estado se limita a la decisión militar de recuperar el monopolio legítimo de la fuerza. Orientar las acciones del Estado a la protección de los potentados, sin concebir planes de desarrollo integral que impliquen promoción social, educación, vivienda, proyectos productivos, acceso a bienes culturales, no resuelve los problemas de las comunidades, sino los agrava, aumentando el sufrimiento, el aislamiento y la desprotección social de los pobladores. Es la dinámica que marca la geografía humana de Córdoba.

De 2002 a 2008, la dinámica de la contrainsurgencia se empieza a entender a partir de la política de seguridad democrática, bandera del primer gobierno de Álvaro Uribe. Hay un crecimiento de la presencia de la fuerza militar en vastas extensiones del territorio nacional afectadas por grupos "criminales", con el fin de garantizar la estabilidad institucional y restablecer el orden constitucional, la integridad del territorio nacional y la "protección" de la población civil. La política de seguridad democrática tiene dos momentos:

- El primero, entre 2003 y 2004, cuando las fuerzas estatales desarrollan una ofensiva que busca asegurar las redes que conectan el centro con la periferia del país, proteger los puntos medulares e interrumpir el despliegue estratégico de las FARC.18 Los combates contrainsurgentes se intensifican a partir de la declaración de las zonas de rehabilitación y consolidación (Decreto 2002 del 9 de septiembre de 2002), al inicio del primer periodo de Álvaro Uribe, a través de la declaratoria del estado de conmoción interior. Éste otorga prerrogativas extraordinarias al Ejecutivo y le permite tomar medidas para que las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad emprendan, de manera extraordinaria, sin previa autorización judicial escrita, capturas, allanamientos, interceptación de comunicaciones y medidas singulares, como las restricciones de derechos fundamentales y el aumento del pie de fuerza, orientado todo a conjurar la difícil situación de orden público y a "recuperar" el monopolio legítimo de la fuerza.

- El segundo momento en el que se desarrolla la política de seguridad democrática ocurre entre 2007 y 2008. Se evidencia de manera significativa y tangible el debilitamiento de las FARC, con golpes contundentes a sus cabecillas, mediante capturas o dadas de baja, entre otras acciones. En consecuencia, para finales de 2007, el panorama del conflicto es sustancialmente diferente al del inicio del periodo de reordenamiento. El escenario estratégico cambia. El Estado aprovecha esta situación para reorientar su política de seguridad democrática. Su ofensiva enfatiza en la desestructuración de las FARC, y logra debilitar en gran parte a los frentes Caribe y José María Córdoba, así como al Bloque Iván Ríos. Lo importante no es sólo atacar el liderazgo de la guerrilla sino debilitar sus bases logísticas, sus fuentes.19

La implantación de la seguridad democrática tiene un impacto en la vida de los pobladores. Aumenta la inquietud, la aflicción y la inseguridad, por el riesgo que se vive en las zonas rurales y urbanas; la vida es gravemente amenazada, tanto por la frecuencia de las ejecuciones extrajudiciales como por las masacres; extremas medidas restringen la circulación, se intensifican las acciones de guerra y crece la incertidumbre respecto de las garantías sobre los derechos en general, ya que el miedo los invade a la hora de denunciar violaciones de los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario, ante las posibles retaliaciones de los múltiples actores armados.

Irrupción de los grupos paramilitares

Un nuevo tiempo se abre. Así lo describe uno de los campesinos de la región:

Después llegaron los años 90 y empezaron aquí los ganaderos, empezaron a tener vigilancia privada. Estaba Mancuso. Mancuso era casado con una hija de un señor de acá, de un finquero. Estuvo Carlos Castaño [...]. A partir de ahí fueron... pues masacres, desplazamientos muy grandes, en el 2000. En el 99 y 2000 llegó a haber diez mil personas desplazadas aquí en el pueblo [...]. En este tiempo la parroquia [...], el trabajo que se hizo con las víctimas era... ayuda humanitaria cuando llegaban, que llegaban caminando por el bosque. Recuerdo la del Diamante, que fue una navidad también, un 28 de diciembre, venían caminando [...], todos los días caminando para llegar al pueblo, llegaron como seiscientas personas, de una llegaban a Tres Esquinas.20

En medio de la creciente fuerza económica de la región, se imponen -por un lado- los macroproyectos agrícolas y ganaderos, forma como el Gobierno idealiza el desarrollo del sector, y -por otro lado- el narcotráfico, que contamina la vida social en todo el departamento de Córdoba, y genera la necesidad de asegurar la defensa de este territorio. Para ello, se aúnan esfuerzos y se amalgaman los entes sociales más importantes, que crean grupos de autodefensas en apoyo de su proyecto. Más adelante, a tales grupos se les reconocerá como Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. Restrepo y Aponte indican:

    Entre 1980 y 1993, en Córdoba se cometieron por lo menos cuarenta masacres y cerca de 200 crímenes políticos. Los autores eran grupos armados que se hacían llamar "autodefensas", y que luego se conocieron como paramilitares. [...] su conformación en Córdoba y Antioquia se originó en las reuniones que ganaderos y miembros del Ejército Nacional tuvieron en 1982.21

En el mismo sentido apunta el pacto secreto que se está fraguando en Ralito, el cual se concreta en julio de 2001, y tiene que ver con el rechazo de algunos políticos hacia las negociaciones con la guerrilla que tienen lugar en el sur del país.22 Quienes sellan tan pacto quieren acabar con la guerrilla, y lo harán masacrando indiscriminadamente a la población civil, traspasando todos los límites posibles e imaginables de la legalidad. Miles de campesinos inocentes son asesinados cada día, simplemente por habitar un territorio en el que conviven con la guerrilla, del cual se tiene sospecha. El paramilitarismo surge como la "nueva fuerza" que ayuda afianzar políticamente a unos y a desbancar a los otros.23

A finales de los años 90 e inicios del siglo XXI, en toda la región se produce un proceso de consolidación de los grupos paramilitares. Asesinatos y masacres, desapariciones forzadas, tortura y desplazamiento forzoso son algunas de las acciones perpetradas por estos grupos contra la población civil. Las víctimas, en su mayoría, son campesinos que no han participado de los grupos guerrilleros.

El periodo 2000-2002 registra los más altos niveles de desplazamiento (43,9%), como reflejo de la agudización del conflicto armado, dada la expansión y consolidación del proyecto paramilitar y la terminación de los diálogos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.24

El 1° de diciembre de 2002 se define un cese al fuego con las AUC y en julio de 2003 se firma el acuerdo de Ralito I, que plantea la desmovilización de dicha fuerza para el año 2005. En mayo de 2004 se firma el acuerdo de Ralito II y se establece un área de reclusión de los jefes paramilitares que participan en el proceso de diálogo. A finales de 2005 se sanciona y ejecuta la Ley 975 de 2005, denominada Ley de Justicia y Paz.

La de las AUC responde a un tipo de desmovilización colectiva a cargo de la Oficina del Alto Comisionado de Paz. Los bloques interesados en desmovilizarse producen listas de sus integrantes e inventarios de su armamento. Los comandantes de algunos bloques son recluidos en Santafé de Ralito, Tierralta (Córdoba), en agosto de 2006, y por instrucción presidencial posteriormente son internados en cárceles de máxima seguridad. Los otros combatientes reciben certificados del Comité Operativo para la Dejación de Armas, CODA, en los que consta que participan del proceso de reintegración.25

En el periodo 2002-2004, las actividades de los paramilitares muestran un descenso sostenido, que coincide con los procesos de diálogo con el gobierno y desmovilización, así como con el cambio de estrategia de algunos bloques, que disminuyen la victimización de civiles después de consolidar su fuerza en las regiones. Las actividades aumentan a partir de 2004, y se inicia un ciclo que termina a mediados del 2006, cuando culmina el proceso de desmovilización, desarme, desarticulación y desestructuración del comando central que confederaba a los paramilitares bajo la coordinación de las AUC.

A partir de allí las acciones de combate aumentan hasta finales de 2008 y superan las acciones de los grupos insurgentes. A partir de 2007, la dinámica es de ascenso continuado, en virtud de la transformación de estos grupos en neoparamilitares, tras el proceso de desmovilización y desarme.

Reorganización de los grupos neoparamilitares

El proceso de desmovilización, desarme y reinserción (DDR) de las AUC trae transformaciones en la forma de entender el conflicto y la violencia en Colombia; es en sí una intervención por parte del Estado que busca disminuir el número de combatientes, la entrega de armas y la desvertebración de la principal organización paramilitar, con el fin de frenar el impacto de uno de los principales actores del conflicto armado colombiano.

La negociación con las AUC pretende, como principal objetivo, desactivar el aparato de guerra y reducir la violencia, implantando un sistema de justicia transicional. Los informes estatales y de las organizaciones no gubernamentales indican que el proceso logra la desmovilización y el desarme de más de 31.671 paramilitares, así como la entrega de más de 18.025 armas26, pero no el objetivo primordial: el desmonte del aparato de guerra.

El proceso de desmovilización, desarme y reinserción genera, en sus inicios, resultados positivos en términos de la violencia homicida en las zonas donde las desmovilizaciones colectivas tienen lugar.27

Sin embargo, dicho proceso se ha revertido en algunas regiones, donde el escalonamiento de la violencia se debe de manera determinante al surgimiento de grupos neoparamilitares.28 Estos no sólo operan en las zonas históricas de las AUC sino han aparecido, en algunos casos, en territorios no sometidos a este tipo de violencia. En el posconflicto paramilitar, interactúan grupos sobrevivientes que nunca dejaron las armas con otros en proceso de rearme, que vuelven a hacer parte del conflicto, aplicando sus tácticas del terror e intentando retomar el control territorial. Es una dinámica que bien conocen los campesinos que la han sufrido:

Resulta que en el proceso de desmovilización de las autodefensas también se quedaron unos cabos sueltos, unos cabos muy peligrosos; y es que algunos jefes paramilitares no se desmovilizaron. Ellos, entre ellos hablaron: "Bueno, desmovilícese usted. Usted es el que aparece como jefe, defiéndase. Yo me quedo con mi negocio de narcotráfico." Porque es que el conflicto en este país no era solamente de las autodefensas contra guerrillas, ni de guerrillas contra las autodefensas. Había un tercer actor armado, un tercer actor de violencia, que es el narcotráfico, que ese no se tuvo en cuenta.29

Las Fuerzas Armadas denominan a estos grupos como bandas criminales (BACRIM) o bandas inherentes al problema del narcotráfico. Por otro lado, las organizaciones no gubernamentales debaten si tales grupos están asociados al crimen organizado o a una tercera generación de paramilitares. De cualquier forma, son grupos neoparamilitares, es decir, grupos armados surgidos, reconfigurados o evidenciados a partir del proceso de desmovilización y desarme30; buscan un orden particular en sus zonas de influencia, a través de la criminalidad organizada, el control poblacional, la captura del Estado y las acciones contrainsurgentes.

La criminalidad organizada consiste en el ejercicio de la violencia para lograr el control de la estructura económica de la ilegalidad; los grupos ofrecen, a cambio, seguridad privada ilegal, la resolución de conflictos y la apropiación de renta de mercados legales e ilegales. Esto se apoya en un fuerte control poblacional, logrado a través de una adhesión de la gente a los intereses colectivos y a las identidades que se construyen en zonas de fuerte influencia política paramilitar.31

De igual forma, el control se ejerce por razones de conveniencia o pragmatismo, ligadas a estrategias individuales que apuntan a fines puramente económicos, que se pueden beneficiar de las acciones de los grupos armados en la zona. Finalmente, el control de la población, por generación del terror, implica que los habitantes comienzan a aceptar de facto la autoridad de esos grupos armados, gracias a la intimidación que producen sus armas, y con ello pasan por encima los poderes locales de iure.32

Dicho control es vivido de manera cotidiana, en el medio campesino, mediante la intimidación a los líderes, la imposición de toques de queda, e incluso "legislación" sobre formas de vestir y de comportarse. Así se pronuncia uno de los habitantes de la región:

En estos días han aparecido unos grupos que se hacen llamar Autodefensas Gaitanistas, quienes han paralizado el pueblo. Usted no se imagina: por medio panfletos, asesinatos selectivos de desmovilizados y dizque acciones de limpieza social, matando pelaos que se encuentran en las esquinas, en las noches. Con esto nos hacen acostar más temprano. Mire usted: después de las nueve ya no hay nadie en la calle.33

Respecto de la captura del Estado34, estos grupos han logrado limitar su acción o reconfigurarla mediante el soborno, la presión violenta a funcionarios públicos que se encuentran en altos cargos y tienen una alta capacidad de decisión, o la toma instrumental de los partidos políticos y los aparatos institucionales. Las acciones de las Águilas Negras, en sus zonas de influencia, por ejemplo, amenazan a funcionarios de la Defensoría del Pueblo para que no ejerzan sus funciones. De igual forma, en la región del Alto Sinú, las bandas emergentes de Don Mario lograron permear las acciones de la Fiscalía en la zona.

Los grupos neoparamilitares se han alejado de las acciones contrainsurgentes (las que realizan para minar el poder de un grupo insurgente), de los levantamientos contra la autoridad, de la pugna por el control de la población y el territorio, y paradójicamente, empiezan a realizar acciones de cooperación con la guerrilla. Ello no indica que su origen no haya sido contrainsurgente, sino que en la guerra son posibles las alianzas momentáneas con el enemigo por motivaciones específicas.

Mapping: comprendiendo las secuelas que ha dejado el conflicto armado

Un segundo paso en la primera fase de la investigación consistió en el mapping, que permitió situarnos mental y existencialmente en el escenario en el cual se realizaba la misma: la vereda de Puerto Salgar, en el municipio de Tierralta (Córdoba). El mapping facilitó un acercamiento a la realidad social, cultural, política, religiosa, económica de la comunidad de Puerto Salgar, y entregó como resultado un marco referencial muy importante para el presente y el futuro desarrollo de la investigación; en otras palabras, permitió la explicitación de la "cartografía social" de la vereda.

En el presente apartado resaltamos las huellas y secuelas que la violencia ha producido en las personas, las familias y el tejido social en el Alto Sinú. Para ello, retomaremos el archivo de testimonios que el Equipo Synetairos ha logrado recuperar durante diez años de trabajo comunitario en Tierralta, Córdoba.

Cuando hablamos de huellas o secuelas, nos referimos a los efectos físicos, emocionales y sociales producidos por las experiencias del conflicto armado en Colombia, que no han podido ser procesados y que tienen un carácter desestabilizador y perjudicial en las personas, las familias o los grupos sociales. Estas huellas permanecen en los individuos y en las comunidades de forma permanente a través de ideas, imágenes y charlas que ellos tienen hoy de sí mismos, de la sociedad, del juego político y económico y de las posibilidades de convivir; es decir, tales huellas están presentes como referentes individuales, desde los cuales las personas se piensan y proyectan. Son efectos o reacciones previsibles o normales frente a los hechos que han generado intenso dolor, y las que deben considerarse anormales son las acciones violentas generadoras de dicho sufrimiento.

Miedo y desconfianza

La experiencia personal y colectiva más inmediata frente a la violencia del conflicto armado ha sido el miedo y el terror productos de la amenaza real y contundente a la vida, a la integridad y a la seguridad. El miedo es la reacción más común al afrontar la violencia. En Tierralta, a los asesinatos selectivos se sumaron las desapariciones, los secuestros, los desplazamientos, el despojo, las masacres, las torturas, las violaciones, las incursiones repentinas, el hallazgo cotidiano de cadáveres en la proximidad de los caminos y la permanente presencia y vigilancia de personal fuertemente armado.

Estas acciones generaron constantemente un clima de miedo, de terror, que se transformó en sentimiento generalizado. El miedo, que aparece como mecanismo de defensa, en el conflicto armado es utilizado como estrategia de guerra, pues produce simultáneamente -en miles de personas- cierta conducta social y política.35 En el Alto Sinú, el miedo desencadena la sensación de vulnerabilidad, el estado exacerbado de alerta, sentimientos de impotencia y de alteración del sentido de la realidad. El miedo invade a las personas y comunidades, y ya no les permite tener una vida sosegada; su reacción ha sido de silencio, el aislamiento, la parálisis, la dependencia, la desconfianza, estados de alta vigilancia, la sensación de estar perseguidos o patrullados. El miedo se trasuda en las palabras:

Eso únicamente lo escuchábamos... Se hablaba en voz baja, en las noches, cuando nos íbamos a dormir, en las casas; en alguna casa, en concreto, empezaban a hablar, al tiempo de acudir y acudir y estar allá, empezaron a hablar de esas cosas. Y era curioso que cuando le empezaban a contar a uno, bajaban la voz de una forma que uno ni les entendía; quería entender lo que ellos hablaban pero era... Y... ni los nombraban; no se nombraban: eran "ellos", "esa gente", "los mochas". Ellos les decían los "mochas".36

El miedo como estrategia de guerra es direccionado por los actores armados para debilitar los lazos de confianza en la comunidad, y este sentimiento se generaliza, incluso al interior de los miembros de una misma familia. Así, miedo y desconfianza se relacionan directamente: a más miedo, más desconfianza; a mayor desconfianza, mayor silencio debido al miedo.

El silencio surge como evidencia de los altos grados de temor y desconfianza que una comunidad abriga, por causa de la violencia que genera el conflicto armado. Al mandato externo de callar de los grupos armados, se suma la inhibición personal y comunitaria de hablar, de hacer denuncias, por falta de garantías mínimas que salvaguarden la integridad del denunciante, de hablar de lo que pasó o lo que está pasando...

En las comunidades del Alto Sinú, los vecinos, los compadres, los familiares se han hecho sospechosos, al ser vistos como amenaza potencial. De igual forma, se ha incrementado la desconfianza respecto de los foráneos. Las comunidades han forjado la convicción de que cualquier persona puede ejercer control y vigilancia sobre ellas, y han vivido la política de "los mil ojos que ven, los mil oídos que escuchan y las mil bocas que cuentan".

Desolación, desamparo, desesperanza

Estas experiencias que han hecho parte de la cotidianidad son las más dolorosas y las que generan mayor violencia en las personas; ocasionan frustración, perdida de la fe, desilusión en los proyectos y en el futuro, desinterés hacia las cosas que se hacen, perdida de compromiso con la vida misma; en suma, una sensación de fatalidad, como si la historia estuviera cerrada, sin horizonte posible. La desolación, el desamparo y la desesperanza marcan muchas veces las expresiones de los campesinos de la región:

Entonces esto es como que [...] es tan impresionante que no se puede ni decir, no se puede ni expresar lo que hay [...] no sólo por miedo sino porque es que no hay palabras para decir, ni la forma tan bárbara como han ocurrido esas muertes; son personas que con motosierras las han matado, las han tirado al río, han hecho jugar fútbol con las cabezas, para que ellos lo vieran. Bueno, es que es impresionante; entonces no hay palabras, es algo que es tan abrumador, que lo mismo que aplasta a la persona cuando se empieza a comunicar, uno se siente como muy... Hermano: yo pensaba que el mío era el peor de todos, pero la escucho a ella, y, ¡bendito sea Dios! O a la otra, o a la otra vecina, que yo pensaba que ella tenía la vida tan fácil; yo no sabía lo que ella tenía... yo nunca lo había visto.37

Incapacidad para explicar lo sucedido

Tras los acontecimientos, las personas intentan preguntarse por lo que ha sucedido. El lamento da paso a la pregunta, pero la respuesta no llega. Y al no hallarla, se genera mayor incertidumbre. Son "esos interrogantes" los que carcomen a la persona, como bien lo manifiestan los campesinos, en sus testimonios:

Yo volteaba en esa casa y decía: "Dios mío, dame claridad." Yo no veía como transparencia, yo no veía... O sea, a mí como que... yo decía... yo no veía el panorama para mí, veía muy oscuro. O sea, yo sabía y me venían como muchos interrogantes. Será que para mi esposo hay otra persona diferente, o cómo puede ser que una comunidad pueda más que nosotros y que mi esposo quiera estar allí. O sea, yo me hacía como esos interrogantes. Y, pero también llegaba como al mismo punto, porque él decía que aquí no había nada qué hacer, que de qué iba a vivir acá, que no, que él no era capaz de estar acá. Y yo decía: ¡Ay, no! Será que... O sea, yo llegaba a pensar es que mi esposo como que tiene más prioridad por la comunidad de Saiza que por nosotros. Y eso era como a lo que yo llegaba.38

Las personas no encuentran explicación sobre lo que les acontece. La muerte se vuelve rutinaria; lo poco que han tenido -por ejemplo, sus pequeñas parcelas- les es arrebatado; el desplazamiento se vuelve pan cotidiano. La pérdida de los seres queridos y las propiedades las hunde en el desconcierto; y el sufrimiento que causan esas pérdidas se hace mayor por la crueldad de las mismas acciones. Las experiencias vividas son tan desbordantes que han imposibilitado a la gente para construir argumentos y contrarrestar de alguna forma la falta de respuestas a su sufrimiento.

Culpa y negación de lo ocurrido

Una de las situaciones que más llama la atención, al escuchar a quienes han sido afectados por la violencia del conflicto armado en el Alto Sinú, es el intento de echar la culpa de lo sucedido a alguien, o en muchos casos, atribuirla a sí mismos:

Sinceramente, cuando uno no espera las cosas, y le suceden, uno dice: "Dios mío por qué me abandonaste. De pronto, yo qué he hecho, yo no me merezco lo que tú me hiciste." Uno, de una vez, sí... como que... uno le lleva las cosas sinceramente a Dios, uno no tiene la culpa. Porque de pronto los seres humanos somos muy tercos, estamos viendo el mal y estamos ahí. Entonces, ya ahí él no puede ceder. Porque si usted está viendo que allá le va a suceder algo, y usted no hace caso, y ni le escucha a los familiares, ni le escucha a nadie, sino que allá va, sabe que de pronto se va a morir, pero allá va.39

Este hecho convierte a las víctimas de la violencia en culpables. Y de esta manera, la culpa en el Alto Sinú ha sido utilizada también como estrategia de guerra, sobre todo, debido a la intención de los actores armados de evadir su responsabilidad frente a lo ocurrido; los victimarios han logrado transferir su responsabilidad a las víctimas. Las personas se sienten culpables por no haber hecho lo suficiente para evitar la muerte, la desaparición, la tortura o el desplazamiento de su vecino o familiar. La negación les permite no enfrentar la realidad, para defenderse del dolor, evadir el sentimiento generado por los recuerdos de muerte y el terror; y si bien, en un primer momento, es una reacción normal, si se mantiene como dinámica, incapacita a las personas para enfrentar el conflicto y transformar el sufrimiento causado por él.

Sentimientos de odio y resentimiento

La violencia deja tras sí profundos sentimientos de odio, que en ocasiones se traducen en conductas agresivas. En los habitantes del Alto Sinú, el odio alimenta la agresividad en sus relaciones sociales y cierta incapacidad para manejarlas. Los testimonios recogidos indican que el odio se intensifica cuando tienen que seguir conviviendo, día a día, con los responsables de tanta violencia:

Llegamos a salir, en tres días, 1.049 familias, 4.960 personas. Usted, en tres días, en esos caminos de Saiza, haga de cuenta que está viendo una película de esas del desierto, del Éxodo, del Antiguo Testamento... Filas interminables de gente. Mujeres con dos niños, uno en cada brazo, y con una mochila aquí cargada con unas cositas que podían llevar; los niños, con sed, con hambre... La gente, con rabia, con... una mezcla de tristeza, rabia, odio, de todo... Pero eran ¡filas interminables de gente! ¿Usted sabe lo que son cuatro mil personas, tener que salir en tres días, dejando todo atrás, echándole mano a lo que pueda?40

Ruptura del proyecto de vida

Uno de los campesinos entrevistados, recuerda el dolor de "la partida de nosotros". Se trata de una "partida" que desestructura por completo la existencia:

Y ya yo ví que la cosa era muy maluca porque ahí... Ahí, en ese tiempo, llegaban las autodefensas también. Porque a veces... ya cuando se fue el ejército, ya llegaba la guerrilla a la misma parte, y entonces ahí iban los grupos de autodefensas más atrás. Y esos sí lo asesinaban a uno. Y yo me llené de miedo en ese tiempo que... que... un día no sé... me dio tanto miedo que yo le dije a la mujer: "Bueno, recojamos y vámonos." De ahí fue la partida de nosotros. Nosotros nos vinimos y no le dijimos a nadie; el día que nos vinimos, nos vinimos así; recogimos las gallinitas y todo eso, y pa' fuera.41

La violencia del conflicto armado en el Alto Sinú, además de haber devastado instituciones, sembrados, comunidades, viviendas, caminos, ha arrasado con los sueños, los proyectos, las esperanzas; ha alterado y ha destruido las identidades y expectativas de miles de personas. La infancia de muchos ha sido interrumpida; niños y jóvenes se han visto obligados a ocupar el lugar de sus padres. Las mujeres han tenido que asumir nuevos roles. Familias enteras han escapado para proteger sus vidas, dejando atrás sus sueños. La anulación de sus proyectos de vida hace sentir, en Tierralta, que el futuro es imposible de imaginar y proyectar. La vida de estos miles de colombianos en el Alto Sinú ya no será la misma. La violencia los ha encerrado en la trampa de la resignación, la desesperanza, el odio y el miedo.

Debilitamiento de la organización campesina

La violencia desarrollada por más de cuarenta años ha golpeado fuertemente a la organización campesina del Alto Sinú. Muchos de sus líderes, gestores ante las organizaciones del Estado por unas mejores condiciones de vida, han sido víctimas de los actores armados. La organización de las bases comunitarias ha quedado fuertemente golpeada y debilitada. Es como si cada vez que surge una voz de resistencia campesina, el campesino ve apagar su llama de golpe:

Ahorita murió un señor, mataron a un señor, porque qué hicieron, porque ya no podemos decir siempre algo tenía, no podemos buscar un motivo, solamente porque a uno no le caía bien y como ahí están, ahí están ellos armados; ellos deciden quién muere y quien vive. Yo no le encuentro explicación a eso; y que, qué le digo yo que discuten, qué pelean ellos, para mi tiempo no es ya si ellos encuentran la solución en Urrá, la tierra.42

Definitivamente, las acciones de los diferentes actores, que buscan el ejercicio de su control y poder, han sido totalmente contrarias a las organizaciones que propenden por la protección y defensa de la vida, así como por el acceso a las condiciones fundamentales de la existencia. De ahí que muchas hayan sido declaradas objetivo militar por parte de los violentos. Miembros y organizaciones comunitarias ajenas a su control, han sido elevadas a la categoría de enemigos, sus líderes han sido desplazados, desaparecidos, torturados, asesinados, y sus espacios sociales y políticos, cerrados.

El resultado ha sido la desaparición de numerosas organizaciones, el desplazamiento de grandes grupos de campesinos, y su marginación de la escena social, política y económica de la región y del país.

Deterioro y empobrecimiento

El conflicto armado en el Alto Sinú ha llevado a cierto descrédito de las instituciones del Estado presentes allí, en especial, de las fuerzas policiales y militares. Sus miembros y comandantes han cometido violaciones sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos, y en muchos casos, han participado por acción u omisión de las intervenciones del paramilitarismo en la zona.

De igual forma, hay evidencia de la cohabitación ilícita del poder judicial con las fuerzas paramilitares, y esto torna la justicia ineficaz, con alta inclinación a la impunidad. Los resultados, a la hora de imponer justicia en la zona, son preocupantes. Los líderes políticos locales y regionales, en su mayoría, se encuentran investigados, detenidos o sentenciados por los procesos de la parapolítica.

El papel del Estado se ve igualmente debilitado en la zona. Los programas bandera, como "Familias en acción", la "Red Juntos", o "Guardabosques", en lugar de atender efectivamente y disminuir las necesidades básicas de la población campesina y desplazada, se han convertido en programas de asistencialismo que han acentuado las condiciones de pobreza y marginación en Tierralta.

Autoritarismo y debilidad de la democracia

¿Cuál ha sido la vivencia de la autoridad y de la democracia en Tierralta? Así lo relata una voz campesina:

Entonces, cuando tuvimos esta oportunidad, del 90 hasta el 2003, que fueron los pactos de Ralito del grupo paramilitar, el control total y los muertos eran continuamente, pero era la población civil y los campesinos fundamentalmente los que ponían los muertos en ese tiempo, muchos presionados para que vendieran tierras, otros acosados por los mismos vecinos ante los paramilitares [...]. Oíamos pasar las motos a la noche; en ese tiempo, no había motos aquí casi; sólo tenían motos ellos. Nosotros teníamos sólo celulares, muchos pasaban en las noches, cuando pasaban, casi por el ruido, se sabía: mira, este es el paisa, otro no sé qué, otros los matones, tantos matones... Sabíamos que pasaban por allí; no, no los nombraban, eran "ellos", "esa gente", pero nadie se atrevía a nombrar y decir que era un paramilitar y menos Carlos Castaño, menos, Mancuso. Sabíamos cuando llegaba un helicóptero, cuándo era el de Fabio, y que el blanco era de Castaño [...]. Cuando alguien decía algo, era, "shh, cállese la boca".43

La fuerte presencia de los grupos paramilitares y neoparamilitares en la zona ha producido corrupción, descomposición social e institucional, en el juego político democrático, y ello se traduce en una profunda desconfianza y desesperanza de la población. La ausencia del Estado, por tantos años, se ve reflejada en la desprotección de los derechos políticos, económicos y sociales. Esta ausencia, en su momento, aceleró el ascenso de los grupos armados ilegales como presuntos garantes de la cohesión, la seguridad, la autoridad y la justicia. El debilitamiento del juego democrático ha significado, en Tierralta, la desprotección de los derechos ciudadanos, la identificación de las mayorías con los modelos autoritarios, por temor o imposición, como camino para garantizar la libertad y el orden.

En síntesis, el conflicto armado en el Alto Sinú y en todo el país se ha caracterizado por polarizar la sociedad, institucionalizar la mentira y militarizar la vida cotidiana.

Horizontes de posibilidad: respuesta de las comunidades campesinas del alto Sinú

En este apartado abordaremos el tercer paso del proceso investigativo, que consiste en determinar cómo, en medio del horror de la muerte violenta, las comunidades del Alto Sinú dan sentido a la realidad que enfrentan.

Históricamente, en Tierralta, se han desarrollado numerosos conflictos, que han afectado sobre todo a las comunidades campesinas. Tales conflictos se han visto mediados por diversos intereses y actores, pero la constante es la apropiación de grandes extensiones de tierras por parte de los hatos ganaderos y de latifundios para los monocultivos. La posesión de la tierra en manos de unos pocos se evidencia en la presencia de gran número de campesinos desplazados y despojados de sus bienes.

Tal es la realidad que da fundamento al conflicto y que afecta la vida de las comunidades campesinas. Aquí es importante recordar que los acontecimientos históricos son la base para entender las acciones políticosimbólicas.44 Éstas son acciones en la medida en que reflejan las formas de comportamiento de comunidades, como respuesta a determinada situación de crisis en un contexto particular; son políticas, en la medida en que se plantea el ejercicio de poder; y son simbólicas porque dicho ejercicio de poder se manifiesta mediante imágenes que tienen un carácter vocativo, convocativo y provocativo.

Con este enfoque, en el presente apartado abordamos los testimonios de los habitantes de Tierralta, resaltamos tres momentos implícitos en sus narraciones, y las estructuramos de la siguiente manera: un antes referencial, que da paso a un ahora conflictivo, y que, sin detenerse allí, se sostiene vitalmente en un después lleno de esperanza. Tal estructura nos permite conceptualizar las acciones político-simbólicas de las comunidades del Alto Sinú.45

Un antes referencial: "Era vivir en el paraíso"

Encontramos una constante en la manera como las personas del Alto Sinú estructuran sus testimonios. Suelen comenzar con un preludio de esperanza, una realidad manifestada con expresiones como las siguientes: "Vivíamos en un paraíso", "era sabroso", "se vivía unido", "se vivía tranquilo", y todo estaba lleno de "abundancia".

Un posible sentido de tales preámbulos narrativos consiste en presentar unos acontecimientos pasados que ubican a las personas en un antes referencial, en el cual se omiten alusiones negativas a la vida que se llevaba antes de que llegara el ahora conflictivo. Estos preámbulos tienen la función de señalar que se generó un "algo" abrupto que rompió con violencia el "orden" preexistente, uno que es el antes referencial que actúa como memoria: un antes aceptado, vivido y querido por todos, que ahora los anima y moviliza.

Lo primero que dicen las personas de las comunidades campesinas del Alto Sinú, cuando narran y hacen memoria, es hablar del "paraíso"46 en el que vivían: una tierra tranquila, en la que se vivía "sabroso"47, en la que se vivía "bueno"; donde abundaba la comida, y si bien no había dinero, sobraba el alimento; y no sólo los productos agrícolas, sino también las carnes, pues en las fincas se criaban cerdos, pollos y reses, unos para el engorde y otros para el propio consumo.48

Para los habitantes, ese pasado ideal se asume con la expresión de que "era una tierra tranquila", esto es, sin guerra ni dominación. La gente se respetaba entre sí e incluso llegaba a intercambiar productos, como el arroz, por la yuca; así, todos consumían de todo. Por eso, no hacía falta el dinero.

Este es un elemento simbólico que nos ubica en una mentalidad escatológica. Los habitantes del Alto Sinú se sitúan en sus intensas experiencias comunitarias previas al ahora conflictivo, como referentes de tradición en los cuales anclarse y tener un fundamento desde donde hacer un discernimiento de lo que les está pasando y de por qué les está pasando. Sin embargo, este antes referencial no sólo les permite comprender su ahora conflictivo, sino les entrega una serie de elementos y estrategias para reaccionar y generar resistencia noviolenta, es decir, un después utópico.

Los elementos simbólicos encontrados en el antes referencial hablan, en especial, de abundancia de alimento, alegría y unión, en general, de todo carecen en el presente. Actúan como detonantes de las narraciones. Dicen explícitamente que sus hogares estaban conformados por el padre, la madre, los hermanos, o si era el caso, por el propio esposo o la propia esposa, junto con los hijos, como modelo de unidad. Cuentan que todos eran unidos en las veredas; indican que todos trabajaban, los hombres en las fincas y las mujeres cocinando y cuidando de la prole; expresan que en ese antes ideal los abuelos y los hermanos casados solían vivir cerca, en otras fincas, unos pendientes de los otros.

Un ahora conflictivo: "Y nos llegó la violencia."

Ese antes referencial es leído desde un ahora conflictivo que enfrentan las comunidades. Este momento, en los testimonios, muestra lo que significó el violento cambio de "orden", y como tal, permite toda la descarga de sentimientos y la expresión de las secuelas que han dejado las violencias del conflicto.

Ahora los testimonios pasan a narrar el olvido y la vulneración vividos. Los relatos expresan el conflicto, la historia de muerte y violencia que padecen, y cómo ésta se va consolidando progresivamente. De igual forma, indican la presencia de múltiples actores armados que se hacen presentes en el escenario del Alto Sinú, todos animados por sus propios objetivos, todos responsables de asesinar y generar desolación. En los testimonios, no se presenta un grupo más poderoso que otro; todos tienen dominio, y de una u otra forma, influyen con fuerza en las comunidades campesinas.

Los testimonios coinciden en afirmar que la violencia y la muerte en contra de las comunidades se fue generalizando progresivamente, y la variedad de versiones sobre los agentes del conflicto, lejos de expresar contradicciones o suposiciones, denotan la variedad de actores de muerte que se fueron estableciendo en la zona y la forma como cada uno fue marcando la memoria colectiva.

Así, el ahora conflictivo que enfrentan las comunidades del Alto Sinú es una situación que parece no tener más salidas que la huida, el silencio y la desesperanza. La magnitud del olvido y la vulneración parecen no dar oportunidades a cualquier salida de resistencia noviolenta; y cualquier acto de resistencia noviolenta se ve pequeño, y quizás termine socavado por el poder y las acciones políticas dominantes. Los testimonios muestran un panorama sombrío, oscuro, triste y desolador. Parece que nada se puede hacer para remediarlo o transformarlo.

Un después lleno de esperanza

"Como dice el dicho: no hay enfermedad que dure cien años ni cuerpo que lo resista." Los mismos testimonios introducen gradualmente un después lleno de esperanza. La esperanza con la que las personas inician sus narraciones y el anuncio posterior de la gravedad y lo extremo de los acontecimientos que enfrentan dan paso a la expresión de formas y acciones político-simbólicas de una nueva posibilidad de futuro que esperan y con la cual están comprometidos.

En medio de la crisis de su ahora conflictivo, las comunidades de Tierralta mantienen la esperanza en un futuro distinto, en el que no hay cabida para la historia de olvido y vulneración que enfrentan. Los testimonios dejan ver que estas comunidades caminan en la esperanza de que todo va a cambiar. Es una esperanza plasmada de forma sencilla en acciones político-simbólicas de resistencia noviolenta. En su simpleza, tales acciones parecen ineficaces de cara a la ampulosidad con que actúa el poder que domina; y por pequeñas que parezcan, tienen la fuerza de traducir el pequeño poder que resiste en la comunidad, frente a un poder que es superior.

Un análisis de los testimonios, así como el contacto directo con estas comunidades, nos ha permitido ubicar algunos horizontes de posibilidad que se traducen y se tradujeron en la cotidianidad como acciones político-simbólicas noviolentas:

1. En medio de la muerte violenta que los rodeaba y los rodea, la unión familiar es el centro de acopio de la resistencia noviolenta. Dada la imposibilidad de ejercer una vida social normal con los vecinos de las veredas y con las familias de las fincas aledañas, cada familia se vuelca sobre sí misma, como fuente de fortaleza y como foco de resistencia.

2. El silencio prudente desarrollado en la comunidad es la forma de resistir frente al conflicto.

3. Existen códigos para protegerse de las embestidas de los grupos armados; porque allí todos están pendientes de todos, y cada cosa que hacen tiene como fin garantizar el bienestar.

4. El trabajo es otro signo de esperanza presente en las comunidades campesinas del Alto Sinú. En medio de su encierro, las mujeres han permanecido en casa, a cargo de los quehaceres domésticos, mientras los hombres trabajan en los cultivos, procurando el pan de cada día. Continuar con el trabajo cotidiano indica las ganas de seguir viviendo, de seguir luchando, y manifiesta el anhelo de que todo, de una u otra forma, vuelva a la normalidad.

5. A pesar de que las comunidades, en diferentes momentos, han sentido las ganas de enfrentar a los grupos armados, nunca lo han hecho por medio de la violencia o la muerte. Sus corazones han albergado deseos de venganza, o sentimientos de rabia y desconsuelo, pero se han abstenido de actuar por el mismo camino de la violencia:

Y que hay gente que en la medida que vaya teniendo como esa conciencia, esa sensibilización, de que no hay más violencia, o que por lo menos le apueste a eso, que le camine a eso, yo pienso que... O sea, yo no pierdo como la esperanza de que uno trabajándole a esto de la noviolencia, uno no se consiga nada.49

6. En medio del aislamiento generado por los grupos armados, las comunidades se han visto forzadas a buscar formas de protección, y pese al miedo, han desarrollado la solidaridad. En los testimonios, se muestran casos de una casa que se convierte en albergue nocturno para otras familias, de cara al incremento de la violencia en algún lugar concreto:

La gente de Palmira iba a dormir a mi casa y a otra casa que había ahí y la de mi mamá que era una finquita cerquita también.50

La solidaridad también se hace presente en la ayuda mutua que se brinda acogiendo a los familiares de personas asesinadas:

...y cuando les mataron el papá no las dejaban pasar con la caja para allá y el señor amaneció muerto en Palmira, ahí tirado, porque ellas no lo podían recoger, no las dejaban pasar, el gobierno no las dejaba pasar. Entonces... ¿de quién ellas recibieron el apoyo? De su propia comunidad, de donde estaba su papá, su mamá, su todo... ahí mismo nos fuimos como reuniendo como todo eso... y ahí estuvimos. ¿Qué hicieron ellas al día siguiente? Se fueron por acá, fueron a dormir a la finca, donde mí.51

7. Las familias han enfrentado el olvido y la vulneración de los grupos armados, enviando a los hijos al casco urbano, para salvarlos de la muerte o del reclutamiento. La amenaza constante a la vida y la falta de dinero no ha sido obstáculo para tomar medidas como ésta, que a la larga denotan el empeño y la búsqueda constante de las comunidades campesinas del Alto Sinú para seguir adelante.

Yo saqué mis hijos para acá, me los llevé para Montería, los tuve aquí en Tierralta. Estábamos los dos solitos, mi esposo, y yo.52

8. Las comunidades se han aferrado a la vida de una forma extraordinaria, cuando lo más fácil es sucumbir y caer en la completa desesperanza o tomar decisiones equivocadas, como aliarse con un grupo armado específico para conservar la vida, o convertirse en otros victimarios, para defenderse:

Y entra uno en un proceso... Tiene que conducirlo, ese proceso, al perdón, no al olvido; no al olvido, porque uno nunca olvida eso, pero sí perdonar, que también es mediante un proceso; no es palabra mágica. No es palabra mágica: es que yo perdoné, sí, ya, ya... No, es un proceso.53

9. Es necesario resaltar la conciencia de las comunidades que se resisten a convertirse en generadores de violencia, para vencer a quien está imperando de momento. Y resisten en medio de la paz, eso sí, una paz que llora, que padece, que busca y que a veces no encuentra, pero que se aferra a la más mínima oportunidad para seguir adelante.

Así, las comunidades del Alto Sinú resisten a los grupos armados sin acudir al uso de la violencia o de la fuerza, sino con base en la unión, la solidaridad, los códigos de lenguaje establecidos para aludir su realidad, sin mencionarla explícitamente, que les han permitido seguir trabajando, seguir luchando, seguir en pie, defendiendo la vida aun en medio del temor y de la intranquilidad constantes con que debían despertar cada mañana, vivir cada día y descansar en la noche.

Es verdad que muchos han muerto, pero también es cierto que los sobrevivientes de ese olvido y vulneración están más vivos que nunca, creciendo como personas, recuperando su subjetividad y buscando la forma de ayudar a otras personas que padecen lo mismo. De esta forma, se salvan las comunidades y emprenden su realización. Éstas son manifestaciones de ese después lleno de esperanza que anhelan. De ahí que la esperanza no se comprenda como fruto de un discurso o de una reflexión, sino es esperanza visible en una praxis histórica de resistencia.

Este análisis permite agrupar las acciones político-simbólicas noviolentas en cinco categorías: desocultamiento de la realidad; identidad; discernimiento; solidaridad y reconstrucción del tejido social.

1. "Desocultamiento" de la realidad de olvido y vulneración, y desenmascaramiento de la mentira institucionalizada por el poder que oprime por el ejercicio de la violencia. Las comunidades del Alto Sinú comprenden que narrar el olvido y la vulneración padecidos por los sistemas de poder no sólo es contar o revivir la violencia, la injusticia o la muerte padecidas, sino es ante todo un reconocimiento de las mentiras que rigen esos sistemas; es caer en cuenta de que la violencia es su recurso estratégico. Tal es el desocultamiento que se descubre como acción político-simbólica, que permite a las comunidades reconocer la fuerza que tienen para luchar, para seguir en pie. Así, el desocultamiento surge en la medida en que ellos y ellas pueden narrar y comprender su situación de olvido y vulneración.

2. Recuperación de la conciencia colectiva. La verdad lleva a que las comunidades se reconstruyan e inicien un proceso de recuperación de las subjetividades y de su conciencia colectiva. La verdad les ha permitido recobrar su identidad moral y cultural como sujetos y como miembros de una colectividad que posee unas tradiciones, costumbres, y valores propios. Como sujetos, les posibilita sentirse otra vez dueños de sí mismos con capacidad para salir adelante; y como comunidad, abre las puertas a la reconstrucción de la conciencia colectiva como medio para recuperar sus saberes y conocimientos, y pensar en caminos alternativos que permitan enfrentar su situación de desplazados. Si no se da una recuperación de la identidad, las comunidades no sabrán qué hacer ni cómo enfrentar la nueva situación a la que han visto abocadas por la vulneración padecida.

3. Afrontamiento de la realidad. La identidad recobrada permite hacer un discernimiento de las acciones comunitarias, y mediante el mismo, se establecen las formas como las comunidades han afrontado la realidad de olvido y vulneración.

4. Intercomunicación solidaria. Las comunidades se solidarizan mediante el mensaje de esperanza. La solidaridad traspasa las palabras y es un hecho vital que hermana a las comunidades sometidas al olvido y vulneración. La solidaridad se da en el testimonio y en la resistencia noviolenta. Por ello, no la llamamos simplemente solidaridad; ahí se teje una red de comunidades y por ello la llamamos intercomunicación. La solidaridad acá adquiere el rostro de la comunidad; es decir, ha de existir el apoyo mutuo entre las comunidades, para salir nuevamente adelante, porque el individualismo no habla de solidaridad. Por consiguiente, la intercomunicación solidaria se manifiesta explícitamente en la búsqueda de alternativas para salir adelante.

5. Construcciones sociales nuevas. Finalmente, todo desemboca en el ideal de la reparación del tejido social que será evidente en la instauración de una construcción social nueva, en la cual ninguna expresión de la violencia vivida habitará, y donde no puede habitar nada que venga de la historia de asesinato de lo humano. El ahora conflictivo ha enseñado, a las comunidades del Alto Sinú, que la transformación de esa realidad de olvido y vulneración en un futuro de justicia no es una tarea de corto plazo. Quizás sea una labor que les implique toda la vida y que no se complete durante la vida de esta generación. Pero las comunidades tienen claro que -si bien con muchas limitaciones- tal reconstrucción del tejido social es el norte de sus acciones político-simbólicas.

ESCUCHANDO TESTIMONIOS... RECUPERANDO MEMORIA

La investigación teológica de los testimonios no se limitó simplemente a la divulgación de una narración de lo que se ha visto, es decir, a expresar las palabras u obras y acciones de un grupo de personas, en nuestro caso, de una comunidad perdida en el Alto Sinú. Una investigación de este tipo permite que, a partir del testimonio, se haga evidente la manera como éste manifiesta una intencionalidad histórica que sobrepasa la experiencia misma del testigo y se hace memoria de una comunidad.54

Por ello, al abordar el testimonio como metodología y como herramienta, para hacer teología, implica asumir con radicalidad el problema histórico en dicho proceso: leer en los actos y experiencias el texto de la vida misma. Abordar teológicamente los testimonios, o dicho de otra manera, abordar una teología de testimonio, como pretendemos, nos sitúa en medio de procesos que verifican la novedad del acontecer del Dios de la vida en la vida misma de las personas. Es una revelación evidenciada y validada a partir de los testimonios mismos.55

¿Por qué la hermenéutica del testimonio? No basta el testimonio como tal; se quiere su interpretación. Significa que, desde la teología, la hermenéutica adquiere un carácter distinto y pasa a situarse en el plano de lo testimonial. Una teología del testimonio adquiere un nuevo significado, que permite comprender de otro modo el sentido de la acción de Dios en la historia humana, en la forma como ellos y ellas hacen consciente el paso salvador de Dios en sus historias.

Para Ricoeur, el interés que tiene la hermenéutica consiste en indagar, desde la comprensión filosófica, si es posible encontrar, "en los actos contingentes, el atestiguamiento de que lo injustificable esté presente aquí y ahora". En otras palabras, si en un "momento de la historia" se puede captar el carácter de lo que él llama "absoluto". A juzgar por el sentido mismo de la hermenéutica, el testimonio tiene un efecto de doble sentido; es decir, el testimonio "es un acto de la conciencia de sí mismo sobre ella misma y un acto de la comprehensión histórica sobre los signos que el absoluto entrega de sí mismo".56


Pie de página

1"Los extranjeros que se quedaron y se asimilaron al Sinú -como los franceses (Lacharme y otros) y los sirio-libaneses- adoptaron prácticas de producción y formas corrientes de trabajo y se convirtieron en comerciantes y terratenientes de estampa tradicional." (Restrepo (ed.), Guerra y violencias en Colombia. herramientas e interpretaciones, 116B.
2"En Córdoba hay 1,3 cabezas de ganado por hectárea de tierra, lo que significa que el 60% de las tierras, que podrían producir alimentos, están dedicadas a la ganadería." (Cepeda y Rojas, A las puertas de El Ubérrimo, 23).
3"Porque la violencia fue un arma de la reacción empleada por grupos y personas de las clases capitalistas y terratenientes regionales que querían aprovechar el caos y el terror para apropiarse de las tierras del alto Sinú y San Jorge..." (Fals Borda, Historia doble de la costa, Vol. 4., 164).
4Archivo Equipo Synetairos: Testimonio 1, 4.
5Archivo Equipo Synetairos, Testimonio1, 263.
6Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 10, 7.
7"El Ejército Popular de Liberación, EPL [...] se concentró en la década del 80 principalmente en las zonas de desarrollo agroindustrial, con énfasis en Urabá; en zonas con capas de campesinos y colonos y de expansión de nuevos grupos de terratenientes (Urabá y Córdoba), y en la región del viejo Caldas." (Arocha, Las violencias: inclusión creciente, 40).
8Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 204.
9Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 204.
10"Las guerrillas colombianas han dejado de ser organizaciones con influencia exclusiva en zonas de colonización y en clara defensa del campesinado y las luchas agrarias, para convertirse en una fuerza armada que en la actualidad se encuentra empeñada en la consolidación de amplios territorios. [...]. No cabría la menor duda sobre la manera deliberada en que las guerrillas han puesto en marcha una estrategia donde se conjugan al menos tres propósitos: (1) Lograr una alta dispersión de los frentes; (2) diversificar las finanzas; y (3) aumentar la influencia a nivel local." (Arocha, Las violencias, 35-36).
11Restrepo (ed.), Guerra y violencias en Colombia, 36.
12Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 6, 3.
13Restrepo (ed.), Guerra y violencias en Colombia, 40.
14Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 3, 7.
15Ello constituyó una grave violación de los Convenios de Ginebra, sobre todo, el artículo 3 común a los cuatro convenios.
16Al respecto, Rico dice: "La seguridad democrática promete soluciones mediante un protector autoritario, que implementa aquella premisa maquiavélica en la que el fin justifica los medios, como una alfombra mágica que transporta el imaginario colectivo de un gobernante salvador con mano dura." (Rico, "La configuración de identidad nacional en un territorio que se advierte extraño", 88, 86).
17Tales reclamos, en estas tierras cordobesas, venían sobre todo de los grandes hacendados que cada vez acaparaban más tierras para sus grandes haciendas. Un ejemplo es la hacienda de El Ubérrimo (Cepeda y Rojas, A las puertas de El Ubérrimo, 33).
18Restrepo, Guerra y violencias en Colombia, 53.
19Ibid., 55.
20Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 2, 11.
21Restrepo, Guerra y violencias en Colombia, 40.
22Torres Bustamante indica: "Así, mientras en el sur del país el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC hablaban de 'construir una nueva Colombia', en el norte, lo más selecto de la dirigencia política costeña hacía pactos secretos con los paramilitares para 'refundar la patria' y establecer 'un nuevo contrato social'" (Torres Bustamante, "El contrato social de Ralito").
23Después de que Álvaro Uribe hiciera campaña política en Tierralta, en 2002, "el aspirante conservador Juan Camilo Restrepo denunció que, en Córdoba, y de forma particular en los municipios de Tierralta y Valencia, existían candidatos al Congreso de origen y respaldo paramilitar, que a los demás aspirantes se les impedía el acceso a la zona y la distribución de su propaganda" (Cepeda y Rojas, A las puertas de El Ubérrimo, 88).
24Garay, "El reto ante la tragedia humanitaria del desplazamiento forzado. aplicar políticas públicas idóneas y eficientes", 60.
25Porch y Rasmussen, "Demobilization of Paramilitaries in Colombia. Transformation or Transition?".
26Restrepo, Guerra y violencias en Colombia, 467-468.
27Gonzalez y Restrepo, "Desmovilización de las AUC: ¿mayor seguridad humana?"
28Sobre dicho término, ver Restrepo, Guerra y violencias en Colombia, 467-499.
29Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 60.
30Al respecto, véase el quinto capítulo del Informe 2007 de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR. Ésta realiza una tipología de estos grupos en tres niveles: disidentes, rearmados y emergentes. Los disidentes son grupos que pertenecían a las AUC y no se desmovilizaron, porque no hicieron parte de la negociación o se desmovilizaron parcialmente, o porque durante el proceso volvieron a la actividad armada; los rearmados corresponden a personas y grupos de personas desmovilizadas que han reincidido en la violencia armada con otras actividades ilegales a través de grupos existentes o conformando nuevas estructuras; los emergentes, por último, se caracterizan por ser grupos especialmente dedicados a la delincuencia organizada o al control local del narcotráfico, ubicados principalmente en centros urbanos; estos existían antes del proceso de desmovilización y desarme, pero su visibilidad era mínima por la presencia de las AUC; estos grupos aprovechan los "vacíos de poder" dejados por la injerencia de las AUC.
31Ortiz, "Actores armados, territorios y poblaciones", 69.
32Ibid., 71.
33Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 10, 2.
34Restrepo, Guerra y violencias en Colombia, 477.
35Lira, Weinstein y Salamovich, "El miedo: un enfoque psicosocial", 51.
36Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 2, 2.
37Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 2, 5.
38Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 5, 4.
39Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 11, 6.
40Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 4, 2.
41Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 8, 2.
42Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 9, 16.
43Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 3, 3.
44Sobre lo que sigue a continuación, recuérdese nuestra exposición del primer capítulo.
45Como ya hemos mencionado en la Introducción, los testimonios han sido previamente elaborados y trabajados a raíz de la investigación y acción pastoral del grupo Yfantais. Para el enfoque y estructura mencionados, así como para el análisis mismo de los testimonios, se procedió metodológicamente desde el análisis crítico del discurso, partiendo de los siguientes textos: Angarita, Cuando se hacía la fiesta, todos vivíamos en comunidad; Wodak y Meyer, Métodos de análisis crítico del discurso; Román, Vergara y Rozo, Comunidades de fe en adversidad. El papel de la fe en grupos en situación de desplazamiento forzoso. Resultados parciales de esta investigación-acción en Tierralta, han sido presentados en: Arango y Ariza, Una contemplación ante el Crucificado: el clamor de las víctimas inocentes; Idem, ¿Y dónde están los profetas? Revestidos de poetas en el Alto Sinú. Advirtamos también que lo que sigue es un análisis previamente realizado, por lo que tomamos los testimonios en su conjunto y evitando las particularidades: ejemplos de estos testimonios aparecen en los párrafos precedentes.
46"Paraíso" es una categoría que acá adquiere un matiz distinto al religioso, porque no se trata de un lugar exento de violencia ni de desigualdades como tal: es sabido del machismo, las peleas a machete entre vecinos por contiendas familiares o por envidias y luchas de tierras, entre otras formas de violencia minúscula, que en el orden religioso no pertenecen al paraíso. Por el contrario, "paraíso" en este contexto, tiene un sentido social en cuanto a la posesión de la tierra y al abastecimiento alimenticio que cada familia podía lograr por sí misma.
47Parecen exageradas las descripciones del antes del conflicto de olvido y vulneración que tuvieron que resistir las comunidades campesinas del Alto Sinú, pero el fin de ellas es dar a conocer que ese pasado comparado con el presente era lo mejor. ¡Tan crítico era su ahora!
48Baquero, "Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú", 7.
49Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 3, 32.
50Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 25.
51Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 39.
52Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 1, 15.
53Archivo Equipo Synetairos, Testimonio 4, 28.
54Ricoeur, Texto, testimonio y narración, 10.
55Ricoeur, Introducción a la simbólica del mal, 69.
56Ibid., 38.

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