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Theologica Xaveriana

versión impresa ISSN 0120-3649

Theol. Xave. v.61 n.172 Bogotá jul./dic. 2011

 

EL KERIGMA DE PABLO. UNA MIRADA AL MINISTERIO PAULINO*

PAUL'S KERYGMA. A LOOK TO THE PAULINE MINISTRY

O KERIGMA DE PAULO. UMA OLHADA AO MINISTERIO PAULINO

Eduardo de la Serna*


* Artículo de reflexión, desarrollado a partir de una conferencia sobre el tema presentada en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, el 2 de marzo de 2011, bajo el título "La proclamación del kerigma en la teología paulina".
** Licenciado en Teología con especialización en Sagrada Escritura, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (1986); Doctor en Teología Espiritual, Pontificio Instituto del Teresianum de Roma (1998); docente de Nuevo Testamento en el Instituto Teológico "Fray Luis Bolaños", en los profesorados de Ciencias Sagradas de los Padres Salesianos y del "Espíritu Santo", en Buenos Aires.
Correo electrónico: edelaserna96@gmail.com

Fecha de recibo: 10 de mayo de 2011. Fecha de evaluación: 23 de mayo de 2011. Fecha de aprobación: 2 de agosto de 2011.


RESUMEN

Teniendo en cuenta que la teología paulina debe mirarse carta por carta, el artículo presenta la predicación paulina en cada una. El objetivo principal es la fe de los destinatarios. Pablo desaparece en la predicación preocupado solamente por el Evangelio y por las comunidades. Finalmente, una serie de temas (trabajo manual, debilidad, παρρησία, cruz, bautismo) muestra las características de la predicación paulina.

Palabras clave: Pablo, predicación, kerigma, cartas.


Abstract

Knowing that the Pauline Theology must be analyzed epistle by epistle, this article presents the Pauline preaching in each one of them. The main objective is the faith of the recipients. Paul leaves aside preaching focusing only on the Gospel and the communities. Nevertheless, a series of topics (craf twork, weakness, parrhesia, cross, baptism) evidence the characteristics of Pauline preaching.

Key words: Paul, preaching, kerygma, epistles.


Resumo

Tendo em conta que a na teología paulina se deve olhar-se carta por carta, o artigo apresenta a pregação paulina em cada uma. O objetivo principal é a fé dos destinatarios. Paulo desaparece na pregação preocupado somente pelo Evangelho e pelas comunidades. Finalmente, uma série de temas trabalho manual, debilidade, παρρησία, cruz, bautismo) mostra as características da pregação paulina.

Palavras chave: Paulo, pregação, kerigma, cartas.


Viejas lecturas, inspiradas por R. Bultmann, sostenían que la predicación paulina sólo se interesa por el Cristo glorioso y nada le importa del Jesús histórico.1 O para precisar un poco más, el único contacto que Pablo tiene con Jesús es la cruz, pero ésta leída a la luz de la resurrección. El kerigma de Pablo sería -entonces- una breve y concentrada síntesis del acontecimiento escatológico desencadenante, la Pascua. No nos detendremos a comentar este aspecto del gran exégeta alemán, ni sus repercusiones en los antiguos comentaristas, pero es cierto que su principio constituye en más de una ocasión un punto de partida incuestionable de la teología paulina.

Es habitual, por ejemplo, notar en documentos de la Iglesia Católica romana que el término "kerigma" se utiliza, entonces, en el sentido de "primera predicación", o -más precisamente- el anuncio del acontecimiento salvador de la Pascua. Así, se puede ver, por ejemplo, en Cateq Trad 18. 21 y 25 (primera predicación); en Red Mis 16 (el Reino es el kerigma de Jesús); en Orient Lum y Eccl in Afr (también es el primer anuncio); y en los documentos del Celam, en el Documento de Santo Domingo, 29: se entiende kerigma como el anuncio salvador de Jesús; pero siempre se trata (en 33 cita RMi 44) del anuncio de la muerte y resurrección de Jesús.

En realidad, este uso parece influido por una lectura de 1Co 15,3b-5, pero curiosamente allí no se utiliza ni el sustantivo κήρυγμα ni el verbo κηρύσσω.2 Pretendemos mostrar que lo que se entiende habitualmente por "kerigma" en Pablo no parece preciso, y que el uso del término debería ser ampliado; referir al "kerigma" como a la predicación de la muerte y resurrección de Cristo parece limitar bastante lo que Pablo mismo nos dice acerca de qué y cómo ha predicado.

En este trabajo, intentaremos mirar qué dice Pablo sobre su predicación, qué predica, o también cómo predica, ya que en su caso no es fácil distinguir entre la persona y la teología.3 Pero precisamente para mirar esto, debemos observar cada una de las cartas seguramente paulinas. Uno de los temas adquiridos en los estudios paulinos contemporáneos apunta a que todas las cartas de Pablo son "escritos de situación", o "conversaciones en contexto". Sólo la Carta a los Romanos parecía quedar fuera de este criterio hasta la publicación de The Romans Debate, en 19914, en la que también ésta se incluyó en el amplio consenso.

A partir de esta concepción cada vez más abarcadora, resultó razonable pensar que es difícil encontrar en Pablo un "eje dominante" a lo largo de sus cartas, o -para ser más precisos- un tema que sea transversal de un modo uniforme.5 Esto lleva a autores como G. Barbaglio a afirmar que puesto que Pablo no es "un teólogo sistemático" o "teólogo de escritorio", es preferible entenderlo como "un teólogo en epístola".6 Esto vale, en nuestro caso, para el κήρυγμα paulino. ¿Cuál es ese κήρυγμα? O para ser más precisos: ¿qué predica Pablo?

Sin duda, es necesario distinguir entre la predicación misionera y la predicación catequística, pero precisamente -si vamos a mirar la primera predicación, la misionera- no parece que sea una "primera predicación" a paganos referir que algo ocurre "según las escrituras" (1Co 15,3-5), y es mucho más razonable suponer una predicación que invite a "abandonar los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero" (1Ts 1,9). Como resulta evidente, las cartas sí se dirigen a "comunidades", por tanto, a "cristianos", y deben entenderse como "catequísticas"; pero nos interesa en esta nota preguntar qué podemos encontrar en las cartas "que predica el Pablo histórico" en su anuncio misionero.

Después de mirar lo que dice cada carta acerca de la predicación, su modo y/o contenido, a modo de síntesis -no propiamente conclusión- notaremos algunos términos o temáticas que parecen atravesar transversalmente la predicación paulina, también en su modo (libertad, debilidad, trabajo manual) como en su objetivo -la fe, como hemos dicho- expresada en el bautismo.

Es razonable, entonces, ver en cada carta qué nos dice el Apóstol sobre este tema principal. Al mirar una a una, notaremos que no es preciso afirmar que el κήρυγμα paulino consiste en la predicación de Jesucristo muerto y resucitado, aunque lo incluya.

Sin embargo, antes de entrar en tema, al observar seriamente el campo semántico de la predicación notaremos que Pablo utiliza particularmente tres términos (y derivados) para hablar de su predicación. Estos términos a veces son utilizados como sinónimos, como veremos. Ellos son: κηρύσσω (lit. predicar), εὐαγγελίζω (lit. anunciar buenas noticias), y ἀκούω (lit. escuchar).

Empecemos señalando que Pablo predica a fin de que sus oyentes crean. La fe es el objetivo de la predicación. Esto se ve claramente en la sucesión de verbos encadenados en Rm 10,14-15a, que luego comentaremos: "¿Cómo invocarán a aquél en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?" Es decir, la predicación es el instrumento para que la comunidad pueda encontrarse con la palabra en la que está invitada a creer.7

PRIMERA DE TESALONICENSES

Encontramos los términos que nos interesan dos veces en toda la Carta: en 2,9 y en 13. En 2,8, Pablo habla de "dar" el Evangelio de Dios.8 "Dar", "compartir", puede ser incluso "socorrer" una necesidad (Ef 4,28), o simplemente "dar" en una comunidad (Rm 12,8; quizás se refiera a dones espirituales, pero no es evidente; también en 1,11 se encuentra el término y en ambos en relación a χαρίσματα). Pero luego de afirmar que ha dado el Evangelio y -como una madre- estaba dispuesto a dar la propia vida, les recuerda que ha "predicado" el "Evangelio de Dios" (evidentemente en este caso "dar" y "predicar" se encuentran en paralelo).

Esta proclamación del Evangelio fue en medio de arduo trabajo manual para no ser una carga a ninguno, como también lo hace un padre con sus hijos. Pero en ambos casos, los verbos se encuentran en aoristo, por lo cual se refiere a un momento puntual y preciso del pasado. Esto es algo que los tesalonicenses "recuerdan", en presente.

Unos versículos más adelante (v. 13), siempre en el contexto del recuerdo, Pablo vuelve al tema, pero da ahora un paso más. Esa "palabra escuchada" (λόγον ἀκοῆς) fue "acogida" (παραλαμβάνω) por los destinatarios, y por ello, Pablo no deja de dar gracias a Dios, ya que "la acogieron, no como palabra humana, sino como en verdad es, Palabra de Dios, que permanece activa en ustedes, los creyentes".

Pablo está preocupado por la situación de los tesalonicenses, ya que ha debido irse expulsado de la ciudad y no ha podido volver. Así, envía a Timoteo a la comunidad para ver cómo está su fe. Las buenas noticias que trae Timoteo lo alientan a escribir lleno de alegría, y por eso encontramos una doble acción de gracias en la Carta (1,2; 2,13).

Hay un doble movimiento que ha marcado esta dinámica paulina: una predicación entre dificultades y tribulaciones (1,6; 2,2), pero Dios -luego de un exigente análisis (δοκιμάζω)- le ha confiado a Pablo el Evangelio (2,4) que Pablo predica para agradar a Dios, que lo sigue "examinando" (δοκιμάζω). Por eso, lo que Pablo ha predicado no son "palabras de adulación", ni palabras animadas por el "amor al dinero" (πλεονεξία). De allí que el trabajo manual de Pablo sea un signo del amor hacia los tesalonicenses que lo mueve en su dedicación misionera. El segundo movimiento es precisamente la recepción (ἀκοῆς) que ha tenido la Palabra, palabra que "permanece activa" (ἐνεργἐω) en los creyentes.9

Como se ve, Pablo prácticamente desaparece en medio del mensaje; sólo cuentan Dios y su Palabra por una parte, y los destinatarios y su fe, por la otra.

Se puede notar que, en todo este párrafo, el centro es Dios, no propiamente Cristo. Por eso, el efecto logrado y el testimonio estimulante de los tesalonicenses consiste en que "se convirtieron a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero, y esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de la ira venidera" (1,9b-10). Si nos preguntamos por lo cristológico en este apartado, veremos que está concentrado en la parusía, algo que será importante en la parte exhortativa de la Carta.

CARTA A LOS GÁLATAS

Es la más vehemente de Pablo. En la comunidad se han introducido algunos que pretenden someter a los gálatas a la circuncisión, con el fin de alcanzar la salvación. Pablo encuentra esto un "atentado contra el Evangelio". Y entonces los términos que nos interesan se suceden intensamente en el comienzo:

    Me maravillo de que tan pronto hayan abandonado al que los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio (no que sea otro, sino que hay algunos que los están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo). Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del Cielo les anunciara un Evangelio distinto del que les hemos anunciado (lit.: les evangelizara contra lo evangelizado) , ¡sea anatema! Como les tengo dicho, también ahora lo repito: si alguno les anuncia un Evangelio distinto (lit.: los evangeliza contra) del que han recibido, ¡sea anatema! Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo (1,6-10).

Nuevamente el intento de Pablo es "agradar a Dios" y no a "los hombres".10 El acento, en este caso, es conflictivo. Debe entenderse "como buscan agradarles a ustedes los que predican otro evangelio". Pablo no busca el beneplácito de sus destinatarios, sino su fe, pero para ello debe predicar el verdadero Evangelio, y no "otro" (ἕτερον εὐαγγέλιον), uno "contrario" del predicado.

Pero esto se debe, precisamente a que "el Evangelio que les prediqué" (Evangelio que evangelicé) (v. 11) no es de orden humano. Nuevamente, Pablo remite a Dios el contenido (διδαχή) de lo que anuncia, pero en este caso es una "revelación de Jesús Cristo" (el genitivo puede entenderse de dos maneras: revelación que le hizo Jesús, o revelación sobre Jesús). El v. 16 invita a entenderlo en este segundo modo: "el que me llamó [...] por la gracia de él me reveló a su Hijo" para que lo "evangelizara" entre los gentiles (ἔθνη). Tal revelación ocurre en un "momento fijado", a partir del cual Pablo comienza a "evangelizar la misma fe que quería destruir" (1,23).

La "predicación a los paganos", sin exigirles la circuncisión, fue el desencadenante de la crisis gálata, y por eso Pablo recuerda la asamblea de Jerusalén. Allí les expone "en privado, a quienes se llamaban notables", el Evangelio que predicó (κηρύσσω). La frase saber si "había corrido en vano" se ha interpretado diversamente y no es el caso comentarla aquí11; para Pablo, el Evangelio supone afirmar que los gentiles (ἔθνη) son también destinatarios de la misma fe que los circuncisos. Por eso, deja claro que no "predica (κηρύσσω) la circuncisión" (5,11), y precisamente por ello es perseguido, probablemente, por los que eran antiguamente sus compañeros perseguidores. Seguramente, con el objetivo de conmoverlos, Pablo les recuerda la primera "evangelización" (4,13) a causa de una enfermedad ante la cual los gálatas reaccionaron como verdaderos hijos (4,19).

Pero hasta ahora Pablo nos remite al origen de su predicación, a la fuente (Dios) y al objetivo (la fe de los paganos), pero -seguramente ante la crisis provocada por la "otra predicación"- quiere refrescar, acentuar "lo que predicó". Por eso, la "fe en Cristo" pasa a ser el eje transversal de toda la Carta (πίστις, fe x22; πιστεύω, creer x4 en Ga). Entonces, Pablo predica a los paganos que crean en Cristo: sólo así se alcanza la justificación.

Ahora bien, la fe no se trata de un "creer" intelectual, sino de un "sumergirse en Cristo", acontecimiento que se origina en el bautismo (3,28), signo visible de que se han dejado los "dioses" pasados para "ser conocidos por Dios" (4,8). Este signo bautismal nos introduce en la "plenitud de los tiempos" (4,4) y por tanto en la donación y recepción del espíritu de Dios, el don escatológico por excelencia. Es esta iniciativa de Dios la que conlleva la respuesta -movida por el mismo espíritu- que es la fe; fe que es en la predicación, en lo que se ha escuchado (3,2.5, ἀκοή).

CARTA A LOS FILIPENSES

La Carta a los Filipenses es una muy particular entre los escritos de Pablo. En contraste con los Gálatas, la de los Filipenses rezuma alegría y confianza en los destinatarios. Incluso cuando se introducen los que predican la circuncisión, Pablo no duda en decirles que se mantengan firmes (4,1; a diferencia de los Gálatas, que han escuchado "otro evangelio").

Las dudas sobre la unidad de la Carta hacen difícil ver un hilo conductor, y no más bien una serie encadenada de referencias afectivas cargadas de ternura. Sin embargo, resalta un dato: Pablo está en prisión. No interesa en este caso saber dónde: Roma, Cesarea, Éfeso12, pero ciertamente está "en cadenas por Cristo", y eso es público. Ello alienta a otros muchos a "predicar" (κηρύσσω, 1,15) aunque algunos lo hacen por "envidia y rivalidad" (notar que ambos términos se encuentran juntos en los "catálogos de vicios" de Rm 1,29 y Ga 5,20-1, y la rivalidad también en otros catálogos: cfr. 2Co 12,20); es decir, predican movidos por actitudes propias de quienes no "están en Cristo".

Sin embargo, así como Pablo no se mira a sí mismo, tampoco mira a estos predicadores. Mira el resultado: "Cristo es anunciado" (καταγγέλλεται), y eso "lo alegra y seguirá alegrándole" (1,18). Nuevamente, el contexto es crítico, y Pablo tiene en cuenta la posibilidad de su muerte, pero sólo le importa que Cristo sea exaltado (μεγαλύνω).

No podemos dejar de notar que Pablo manifiesta tener muy en cuenta que en "la predicación", cuentan el emisor y el destinatario, no el "predicador", un mero mediador o instrumento, y por tanto, importa que Cristo sea exaltado y que los destinatarios alcancen la fe, aunque en la persona del predicador las características sean la "envidia y la rivalidad", o las persecuciones, la prisión y la probable muerte inminente.

CARTA A FILEMÓN

El "billete" a Filemón, no parecería -por su característica y situación- aportar elementos para nuestra búsqueda; sin embargo, tenemos un aspecto que parece que debería ser destacado: Pablo escribe a Filemón, y sabe que (v. 8) aunque tiene "libertad" (παρρησία) para "mandar" (ἐπιτάσσω, única vez en Pablo) prefiere (v. 9) "exhortar", (παρακαλῶ) en nombre del "amor" (ἀγάπη) que Filemón tiene, y es público. A continuación, sigue el resto de la Carta, en la que Pablo pretende que Filemón reciba a Onésimo como un verdadero "hermano", como uno "en el Señor" (v. 16); y finaliza manifestándose persuadido de su "obediencia" (v. 21).

Pablo ha puesto en práctica en un caso concreto la Buena Noticia que predica, buena nueva que es inseparable de "vivir en Cristo", de dar "frutos del espíritu" (Ga 5,22-24). Vivir de esa manera no es lo que "justifica", pues eso lo logra el estar enraizados "en Cristo", sumergidos en él, la fe; pero esta fe actúa por el amor (ἀγάπη; Ga 5,6), el mismo que Filemón tiene "en favor de los santos" (vv. 5.7). Precisamente, por esto, la "obediencia" es ὑπαχοῇ, es respuesta a la Palabra, a la predicación.

Si la predicación es inseparable de la fe como objetivo de la misma, ésta es a su vez inseparable del amor como su manifestación patente.

PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS

La Carta a los Corintios aparece bastante "desordenada", y los temas se concatenan sin relación aparente entre sí; los referidos a la predicación se pueden ubicar en tres pequeños bloques. Veámoslos en orden inverso, ya que pedagógicamente, parece razonable hacerlo así.

En el Capítulo 15, Pablo enfrenta a algunos que niegan la resurrección. No parece que negaran la resurrección de Cristo, sino la de sus discípulos, quizás porque la ven ya realizada en el bautismo. De todos modos, para enfrentar esta negativa, Pablo remite a su predicación original que a su vez remite a lo que él recibió. Es sabido que la fórmula recibí-transmití (παρέδωκᾶ παρέλαβον, v. 3) se remite a la comunicación de tradiciones, y precisamente de eso se trata.13

Pablo remite a la primera predicación; ese fue el "Evangelio que evangelicé" (v. 1). Este Evangelio alude a los acontecimientos de la Pascua, presentado en sus dos momentos principales (muerte y resurrección) con dos signos visibles que lo manifiestan (sepultura y apariciones). Dado que el acento en esta unidad es la resurrección, que es negada por algunos, Pablo alarga este aspecto, destacando la lista de los beneficiarios de las apariciones. No es el lugar de analizar las listas, y preguntarnos por qué, por ejemplo, no se menciona a las mujeres que sí ocupan un lugar importante en algunos evangelios, sino de detenernos en un breve contraste.14 Pablo comienza con el primero, Cefas, y termina con el último, él mismo.15 Nuevamente se deja a sí mismo en el último lugar y no hace valer su ministerio, aunque no dudará en decir:

    ...yo soy el más insignificante de los apóstoles: no capaz de ser llamado apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios en mí no fue hecha vana. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios con (συν)-migo (9-10).

No es Pablo el que cuenta, una vez más, sino la gracia (palabra repetida tres veces en la unidad). Hecho este breve paréntesis sobre su ministerio, vuelve a los testigos del Resucitado y vuelve al comienzo de la unidad: "Esto predicamos (κηρύσσω) y en esto creyeron." Si no lo guardan (κατέχετε) como fue predicado, han creído en vano (v. 2).

Bastante se ha trabajado últimamente sobre las relaciones de Pablo con Jesús, lo cual no podemos explicitar aquí16, pero señalemos que muchos tienden hoy a afirmar que este breve compendio pascual no debe entenderse como un "todo" sino más bien como un "resumen" del ministerio del Jesús histórico, una suerte de "condensación narrativa".17 No se trataría, entonces, de limitarse al reducido momento pascual, sino de predicar al mismo Jesús, concentrándose en el momento de la resurrección, precisamente porque es el tema circunstancial de discusión. Los contactos entre Pablo y Jesús se revelan hoy mucho más estrechos de lo que Bultmann afirmaba. Nuevamente Pablo predica a Cristo, y la fe de los creyentes es el objetivo de dicha predicación.

El Capítulo 9 de la Carta es un fragmento problemático, ya que no hay consenso sobre si debe tenérselo como un añadido, o en continuidad con lo que viene desarrollando. Obviamente, hay cierta relación entre los capítulos 9 y 8, pero si fue añadido, lo fue "allí" precisamente por esa razón. El tema parece desplazarse desde la pregunta de si se puede o no comer carne ofrecida a los ídolos, a un debate sobre el apostolado18, particularmente, el de Pablo.

En este punto, Pablo insiste -hablando de sí mismo- en que su actitud fue "evangelizar" (vv. 16.18). Sin embargo, es interesante notar que parece haber un tema subyacente. "Evangelizar no es para mí motivo de jactancia (καύχημα)." Acaba se señalar que se "jacta" de no haber hecho uso de ninguno de los derechos que tiene como apóstol a ser mantenido por la comunidad. Se jacta de esa debilidad, no quiere que sea "aniquilada" (κενόω), y por ello trabaja con sus manos. Por eso, lo sintetiza repitiendo: "¿Cuál es mi recompensa? Que (ἱνα) evangelice entregando sin-cobro el Evangelio, no haciendo uso de mi poder (ἐξουσία) en el Evangelio."

De ese modo, Pablo se hace "débil con los débiles" (v. 22), y nuevamente se pone en el último lugar, para que resalte el Evangelio. El trabajo manual, razón por la cual es criticado y cuestionada su apostolicidad, que ya habíamos visto en 1Ts, es una expresión visible de esta debilidad, pero a su vez de su dedicación apostólica.19

En el Capítulo 1, Pablo enfrenta las divisiones que se han producido en la comunidad, o en algunos sectores, al conformarse "partidos" de Pablo, de Apolo, de Cefas, de Cristo... y es posible que la causa primera de estas divisiones haya sido el contraste entre predicaciones20: la predicación de Pablo (débil, tímido y tembloroso, 2,1; de "palabra despreciable" 2Co 10,10) debería contrastar notablemente con la "elocuencia" de Apolo. Y esto quizás haya dado origen al tema de la "sabiduría" y la "predicación" en esta unidad.

Notemos, de paso, que Pablo no parece enfrentar -no al menos en esta parte- a este o aquel grupo, sino al hecho de que los haya. Es posible que el tema del bautismo se introduzca al comienzo del debate precisamente por ser éste el que provoca la "unidad en Cristo", pero Pablo afirma claramente que Cristo no lo envió a bautizar sino a evangelizar (1,17), o no cualquier predicación, sino una que no haga "nada" (κενόω) la cruz, palabra que es locura para los que no acceden a la fe.

Acá radica, entonces, la predicación de Pablo en esta unidad: "predicamos a Cristo (o a "un Cristo/mesías") crucificado" (v. 23). El contraste está dado, por tanto, entre la predicación sabia que provoca adhesiones superficiales y engendra "partidos", y la predicación de la cruz. Aquí comienza a contrastar la cruz con lo que ella provoca en el medio ambiente, y lo que el mismo medio ambiente pretende: los judíos buscan signos, y los griegos, sabiduría.21

Es interesante el doble contraste: por una parte, la cruz es lo opuesto de lo buscado por ambos grupos: locura para los que buscan sabiduría, piedra de tropiezo para los que buscan signos en los que encontrar seguridad. El segundo contraste, que es central en el pensamiento paulino, como lo venimos viendo, radica en que "la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres" (v. 25).

Nuevamente el Evangelio aparece en la debilidad de la predicación, en este caso, del contenido de la predicación: la cruz; pero es el obrar de Dios y no las cualidades o intenciones de los evangelizadores lo que alcanza sus frutos de fe. Precisamente esta misma debilidad se ve en el seno de la comunidad (1,27: "pues lo loco del mundo eligió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo eligió Dios para avergonzar a los fuertes").

El objetivo tiene que ver, precisamente, con la καύχησις: jactarse en22 las capacidades, en la sabiduría, en la propia fuerza, sólo lleva a exaltarse, a engrandecerse, en suma, a poner la confianza en las propias capacidades; mientras que jactarse en la debilidad, en el trabajo manual como manifestación de la propia necesidad, jactarse en la necesidad de Dios, eso sí edifica, ya que Dios es el que aparece en primer lugar, y no "otro que no es Dios" (con lo que entramos en el territorio de la idolatría).23 "El que se jacte, que se jacte en el Señor" (1,31).

Por eso, el mismo Pablo se presenta como uno "débil" (2,3) y no fue a Corinto con el "prestigio de la sabiduría"; su "palabra y predicación" (λόγος kai. κήρυγμα,) no confiaron en la propia capacidad sino en el poder del Espíritu; así, la fe (objetivo de la predicación) no se funda en la sabiduría humana sino en el poder de Dios (2,5).

SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS

La unidad de 2Co es todavía más debatida que Filipenses, y no es fácil saber cómo se fue gestando nuestra carta actual, si nos encontramos ante un conjunto de escritos. Por cierto, el clima de 10-13 es bastante más conflictivo que 1-7 (8 y 9 parecen dos billetes sobre la colecta), hasta el punto que algunos han querido ver aquí la perdida carta de lágrimas.24 Detengámonos, entonces, en esta última parte antes de entrar en la primera; si 10-13 fuera la carta de lágrimas, sería cronológicamente anterior.

La unidad 10,15-16 está construida como un paralelismo que merece mirarse detenidamente; veamos el contexto:

    Nosotros, en cambio, no nos jactaremos (καύχαομαι) desmesuradamente (ἄ-μετρα); sino según la medida (μέτρον) de la norma (κανών) que Dios mismo nos ha asignado como medida (μέτρον) al hacernos llegar (ἐφικνέομαι) lejos (ἄχρι) también hasta ustedes. Porque no llegamos (ἐφικνέομαι) hasta ustedes traspasándolos, tan lejos (ἄχρι), pues hasta ustedes fuimos con el Evangelio de Cristo. No nos jactamos (καύχαομαι) desmesuradamente (ἄ-μετρα) de los trabajos de otros; sino que esperamos, mediante el crecimiento (αὐξάνω) de la fe de ustedes, engrandecernos (μεγαλύνω) en ustedes conforme a nuestra norma (κανών) cada vez más, extendiendo la evangelización (εὐαγγελίζω) a ustedes en lugar de jactarnos (καύχαομαι) en otra norma (κανών). El que se gloríe (καύχαομαι), gloríese (καύχαομαι) en el Señor. Que no es confirmado el que a sí mismo es examinado (do,kimoj), sino aquel a quien el Señor confirma (10,13-18).

Pablo sigue una medida, una norma que Dios mismo le ha asignado, y no acepta seguir otra. Esta norma incluye a los corintios. Ciertamente esto es una defensa y un ataque. Muchos han cuestionado a Pablo, y una vez más, él remite su apostolado directamente a Dios mismo, pero a su vez afirma que los que lo cuestionan no están siguiendo la norma que Dios ha impuesto. Una vez más, jactarse tiene una doble posibilidad según en qué se jacte uno.25 Al jactarse "en el Señor" se permite que sea él mismo el que obre, una vez más, la fe.

Los corintios son el "hacia donde" Dios ha querido que Pablo llegara (y que no llegaran sus adversarios, se puede agregar). Una vez más, la fidelidad al llamado de Dios y su encargo, y una vez más, con el objetivo de la fe de los destinatarios, Pablo llega a "predicar".

Recordemos lo dicho en Gálatas: Pablo les cuestiona que ante otros predicadores, los corintios aceptan tranquilamente a quienes predican otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio (11,4). Precisamente, como en Gálatas, acaba de señalar que él predica lo que Dios le ha encargado y según su κανών, mientras que los adversarios cambian totalmente la predicación del Apóstol. Sin embargo, más que los adversarios en sí mismos, a semejanza de lo dicho en Filipenses, lo que preocupa a Pablo es la reacción de los oyentes, aunque mientras allí Cristo era "conocido", aquí "toleran" otro Cristo, otro espíritu y otro evangelio.

Y nuevamente retoma la idea de la predicación gratuita: "¿Tengo la culpa porque me humillé para ensalzarlos a ustedes evangelizándoles el Evangelio sin costo?" La gratuidad y la debilidad del predicador, su "abajamiento" que "eleva" son para Pablo el test de la fidelidad al Evangelio, y -precisamente- de la no fidelidad de los otros predicadores, que cobran y explotan a los corintios sin que ellos se quejen por eso.

El enojo de Pablo con la comunidad busca que sus miembros reciban lo que han escuchado (desobediencia/obediencia, 10,6, παρακοή / ὑπακοή). No obstante, parece que la característica superficialidad de los corintios les impide reconocer, en la debilidad, un signo del Evangelio, mientras que parecen reconocerlo en estos "super-apóstoles" (11,5; 12,11). Pablo les recordará que "yo no busco sus cosas sino a ustedes mismos" (12,14), porque no los explotó (12,17) y "gastará y se desgastará" (12,15) en favor de los corintios.

La primera parte de la Carta destaca que "Pablo, Silvano y Timoteo" predicaron (κηρύσσω) al Hijo de Dios, que es un "sí" a Dios (1,19). Esto está dicho a raíz de que alguno o algunos en Corinto parecen haber cuestionado a Pablo por faltar a su palabra (¿por no haber ido a Corinto como había anunciado?); en 4,5 repite que "no nos predicamos (κηρύσσω) a nosotros mismos sino a Cristo Jesús como Señor y a nosotros como esclavos de ustedes por Jesús".

Es notable que el contraste señor-esclavo no tiene la misma dirección. Si Cristo es Señor, sería razonable que dijera "esclavos de él" pero dice "esclavos de ustedes". Pablo reconoce a Cristo como Señor y esto lo hace esclavo de los destinatarios del anuncio del Evangelio. Finalmente, en 7,14, Pablo se ha "jactado" (καυξάομαι) de los corintios ante Tito, y su actitud ha dado frutos. Lo que Tito ha reconocido, al llegar donde Pablo, es la "obediencia" (ὑπαχοή) que le han manifestado.

Como se ha venido notando en las dos cartas a los corintios, Pablo marca una estrecha relación entre el evangelizador y el Evangelio. Ciertamente, no se identifican, pero la "transparencia" que debe manifestar el evangelizador permite que resplandezca el Evangelio. Tal es la razón de la debilidad, y tal el motivo por el que la misma actitud de "predicar" lleva a Pablo a una vida y a un ministerio cada vez más identificados con lo que predica, en este caso, la debilidad y la cruz.26

Pablo se identifica de tal modo con el Evangelio que su vida es un "sí" porque el Hijo de Dios es un "sí" a Dios; Pablo desaparece hasta volverse "humilde" y "esclavo" de los corintios. Su ministerio "crucificado" resalta particularmente en esta carta en la que "evangelizador" y "Evangelio" se in-terrelacionan profundamente.

CARTA A LOS ROMANOS

La Carta a los Romanos tiene peculiaridades que no podemos destacar aquí. Pablo se presenta como "separado" para el Evangelio de Dios (1,1), da culto "en mi espíritu" y "en el Evangelio de su Hijo" (1,9). Pero Pablo, que se debe a todos, quiere llevar el Evangelio a Roma (1,15), Evangelio del que Pablo no se avergüenza (1,16).

Sin embargo, después de esta introducción, Pablo no retoma las ideas de predicación, escucha o evangelización hasta la parte exhortativa (12-15.16), y la unidad donde reflexiona sobre Israel (9-11).

En el Capítulo 15, Pablo comienza a despedirse, y señala una serie de elementos que ya conocemos:

    Tengo, pues, de qué jactarme (καυχάομαι) en Cristo Jesús ante Dios. Pues no me atreveré a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de mí para conseguir la obediencia (ὑπακοή) de los gentiles, de palabra y de obra, en virtud de signos y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios, tanto que desde Jerusalén y su comarca hasta Iliria he dado cumplimiento al Evangelio de Cristo; teniendo así, como punto de honor (φιλοτυμέομαι), no evangelizar sino allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros, antes bien, como dice la Escritura: "Los que ningún anuncio recibieron de él, le verán, y los que nada oyeron, comprenderán" (15,17-21).

El Evangelio es predicado para alcanzar la "obediencia" (respuesta a la escucha), pero Pablo no quiere correr el riesgo de que "otro evangelio" haya sido puesto en los cimientos de una comunidad; por eso, quiere ser él quien lo haga. Descubrimos así, al final de su ministerio, un criterio que lo guía, probablemente después de los numerosos conflictos con otros anunciadores del Evangelio.

Ya en el saludo final (Capítulo 16), Pablo se alegra por la "fama"; la obediencia "ha llegado a un punto" (única vez en el Nuevo Testamento) que alegra a Pablo. Esta "obediencia" tiene su origen en la obediencia de Cristo, que contrasta con la "desobediencia" de Adán (5,19). El contraste entre "el uno Adán" y "el uno Cristo" y su efecto sobre "todos" es central en la unidad, y esa actitud contrastante está marcada por la obediencia o no a Dios, justicia o pecado. Es esa obediencia de Cristo la que a todos los constituye "justos". De otro modo, señala que hay una "obediencia para el pecado" y una "obediencia para la justicia" (6,16).

Detengámonos en la unidad, que es fundamental para comprender el sentido de la predicación paulina en la Carta a los Romanos. Se trata de la unidad 10,14-17.

Pablo está preocupado por la suerte de Israel, que no ha reconocido al Señor. A esto dedica la totalidad de los capítulos 9 a 11 de la Carta. Pablo es predicador a los paganos; sin embargo, a estos y a los judíos quiere invitarlos a reconocer al Señor: "Porque, si confiesas con tu boca a Jesús Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvado" (10,9); por eso no hay distinción -ante Dios- entre judío y griego; uno es el Señor de todos, "todo el que invoque el nombre del Señor se salvará".

    Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído (ἤκουσαν)? ¿Cómo oirán (ἤκουσαν) sin que se les predique (κηρύσσω)? Y ¿cómo predicarán (κηρύσσω) si no son enviados (ἀποστέλλω)? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que evangelizan (εὐαγγελίζομαι) el bien! Pero no todos obedecieron (ὑπακούω) al Evangelio. Porque Isaías dice: ¡Señor! ¿Quién ha creído a lo que han escuchado (ἀκοῆ) de nosotros? Por tanto, la fe viene de la audición (ἀκοῆ), y la audición (ἀκοῆ), por la Palabra de Cristo (10,14-17).

A todos sin distinción, comenzando por los últimos (los paganos, los bárbaros, los insensatos, 1,14.16), se dirige Pablo.27 Para eso, es enviado (ἀποστέλλω) a fin de conseguir la fe de los destinatarios; fe que es recepción de la palabra y respuesta. Si la fe es, para Pablo, el ámbito de la salvación, si "todos" se salvan "por la fe", Pablo se sabe llamado -incluso desde el seno de su madre- como profeta escatológico (Ga 1,15; Is 49,1.5-6; cfr. Jr 1,5) a anunciar a todos el Evangelio, la Buena Noticia, aun cuando haya que repetir que el evangelizador no es lo que cuenta para él, y éste debe desaparecer en el mensaje.

Por eso, Pablo se manifiesta "celoso" de aquellos que anuncian "otro" evangelio, y dolido por la fe "adulterada" a la que llevan a sus comunidades con esta predicación interesada, sea en conservar los esquemas tradicionales de la circuncisión, negados a la novedad, sea en conseguir ser mantenidos por las comunidades. Esa no es fe verdadera, sino "otra" y por eso Pablo reitera una y otra vez su "predicación original".

No es casualidad sino objetivo preciso de Pablo, en esta Carta, que los gentiles alcancen la "obediencia de la fe", palabras con las que abre y cierra su misiva (1,5; 16,26).

A MODO DE SÍNTESIS

A modo meramente de resumen, notemos algunos elementos que parecen centrales en el "anuncio" paulino, no tanto en cuanto al contenido, sino en cuanto al modo de anunciar".

Como hemos visto en 1Ts, 1Co, y 2Co, Pablo pretende expresamente que el Evangelio sea predicado gratuitamente. Nada debe obstaculizar que se "vea" la gratuidad del contenido de la predicación. Y es evidente que siempre es posible que la persona del predicador sea un obstáculo, ya sea por su elocuente o su pobre capacidad. Sin embargo, el signo de la predicación gratuita es para Pablo un punto demasiado importante como para no notarlo.28

Evidentemente, para un fabricante de carpas, detenerse en cruces de caminos o puertos es tener trabajo seguro. Además, como es habitual en Oriente, detenerse "todo el tiempo del mundo" a conversar con clientes y vecinos mientras se reparan carpas, o se cosen remiendos, es una ocasión apropiada para la evangelización. Así, el oficio de Pablo no sólo le permite mantenerse, para poder predicar sin pretender nada a cambio (gratuidad), sino también es ocasión evangelizadora para que, en los lugares donde las caravanas se detienen, pueda predicar y lograr que la Palabra se extienda más y más por los caminos del Imperio.

No debemos descuidar lo interesante que es la insistencia en este tema en la Carta a los Corintios, ya que curiosamente Pablo acepta con frecuencia aportes de los filipenses, a pesar de ser estos pobres (Cfr. 2Co 8,2 y Flp 4,15-16), pero no de los corintios, que parecen tener gente de dinero en la comunidad.29 Es muy posible que esto haya sido cuestionado por numerosos corintios, y que a raíz de ello le hayan cuestionado incluso su ser apóstol, por no hacer lo que Jesús había señalado (cfr. Mt 10,10).

Señalemos, al menos, que la predicación paulina parece inseparable de su trabajo manual, no sólo como otro medio de evangelización, sino sobre todo como signo evidente de la gratuidad de la predicación.30

Es notable que aun cuando el término no sea frecuente en sus cartas31, es característico en Pablo la libertad para hablar que se expresa con el término παρρησία. La libertad, a su vez, es expresada con otros términos, como ἐλευθερία y ἐξουσία.32 Ciertamente, una es la libertad, entendida como "libres de la ley" (ἐλευθερία), muy frecuente en Gálatas, y en contraste con la Ley o la "esclavitud", o entendido como "capacidad", "poder/posibilidad" o "derecho" (ἐξουσία).

En este sentido, aunque παρρησία no sea frecuente, merece una breve atención. En relación con las personas o con Dios, denota libertad, confianza, osadía. Las citas de 2Co muestran la relación de Pablo y la comunidad (3,12; 7,4). No obstante, miremos brevemente los textos de Filipenses y Filemón. En Flp 1,20, Pablo ha hablado de que sea como fuere, por hipocresía o por sinceridad, Cristo es anunciado (v. 18); pero por las oraciones de la comunidad y la asistencia del espíritu de Jesús Cristo, según lo que piensa y espera, no será avergonzado porque con toda παρρησία, siempre y ahora, Cristo será exaltado en su cuerpo (encarcelado), ya sea que viva o que muera (v. 20). Una vez más, Pablo está "en el medio" entre Cristo, de quien busca que sea exaltado, y la comunidad. Pablo sabe confiadamente, osadamente, libremente, que su "vida es Cristo" (v. 21). Por eso, no se preocupa por su futuro, vida o muerte.

Cristo y la comunidad son lo que cuentan, y eso da libertad a Pablo, ya que vivo evangelizaría para "progreso de la fe" de los filipenses (v. 25), y muerto daría testimonio además de encontrarse con Cristo (v. 23). En Flm 8, Pablo pretende "convencer" a Filemón respecto de Onésimo, como hemos dicho. La posición de Pablo respecto de Filemón lo ubica con autoridad para mandar (παρρησία), pero prefiere "exhortar". Nótese que el apostolado paulino, e incluso la relación de Pablo con Filemón, seguramente uno a quién Pablo ha predicado y "engendrado" (v. 19, cfr. 10), le daría "poder" para "mandar"; pero Pablo sabe que el amor es gratuito, y no puede ser "mandado", y que en caso de existir, va mucho más allá de lo "pedido" (v. 21).

Pablo, en este caso, renuncia a la libertad, pero para conseguir más, nuevamente en nombre de la gratuidad; esto no le ha impedido desplegar con plena "libertad" su discurso, con el fin de convencer a Filemón.33 No debemos dejar de lado que la libertad para predicar, con la que Pablo habla, provoca todo tipo de persecuciones y tribulaciones por parte de diferentes grupos. La prisión en Filipos y al escribir a Filemón son buenos testimonios de esto, pero no impide a Pablo desplegar esa libertad plenamente y con audacia.

Como hemos visto, Pablo sólo pretende que aparezca Cristo, que sea conocido y aceptado (= fe). Cristo y la comunidad son los dos puntos principales de la predicación. Pablo se ve como un simple intermediario: Cristo es predicado, los destinatarios son a quienes les predica. Poner al predicador en el centro sería un desatino, una "necedad", como ha ocurrido con los "partidos" corintios. Dos términos, con frecuencia interrelacionados, ayudan a ver esto en su justa dimensión. El término "jactancia", καύχησις, ya lo hemos destacado; sólo anotemos que para Pablo es absurdo jactarse de las propias capacidades o cualidades, porque "¿qué tienes que no lo hayas recibido?" (1Co 4,7); así mismo, es absurdo jactarse de la propia fuerza, en la pertenencia a Israel. Sólo tiene sentido jactarse cuando la razón de la jactancia es la fuerza de Dios, la obra de Cristo, el dejar obrar la gracia, "el que se jacte, que se jacte en el Señor" (1Co 1,31; 2Co 10,17). Pablo, por ejemplo, lo afirma claramente: "Si hay que jactarse, me jactaré en mi debilidad" (2Co 11,30; 12,5).

Precisamente, es en la "debilidad" (ἀσθένεια) donde Pablo manifiesta claramente dónde radica su fortaleza. No es en su capacidad, no es en su predicación o elocuencia, ni en su celo y entusiasmo apostólico, sino en su debilidad. Es en esta debilidad en la que se vuelve patente la gracia, ya que así Pablo se asemeja a la debilidad del Crucificado. El tema del apóstol "crucificado" y débil, presentado en 1Co 2,1-5 ("débil [...] poder de Dios"), pasa a ser tema principal en 2Co 4,7-12, 6,4-10 y 11,23-30; porque Pablo tiene claro que lo que cuenta es la gracia, y Cristo le dijo: "Mi fuerza es plena en la debilidad." Por tanto, se jactará en la debilidad, para que habite en él la fuerza de Cristo (2Co 12,9).

Con firmeza, Pablo recrimina a los corintios:

    ...quieren pruebas de que en mí habla Cristo, quien para ustedes no es débil sino fuerte entre ustedes, pues fue crucificado por la debilidad, pero vive por la fuerza de Dios. Así también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre ustedes. (2Co 13,4-5).

La relación debilidad-fuerza también se corresponde estrechamente con la cruz y la resurrección, y la debilidad que Pablo muestra en su predicación manifiesta la fuerza de Dios en la medida en que Pablo no se ponga a sí mismo en primer lugar sino, precisamente, que anteponga su debilidad. Sólo al mostrarse débil, Pablo permitirá que se manifieste la fuerza de Dios, es decir, su gracia, y así Cristo sea conocido y aceptado (= fe).34

Todo esto nos remite, como es evidente, a la cruz de Jesús, tema central del pensamiento de Pablo. Ciertamente, no hay cruz sin resurrección para el Apóstol, pero la cruz no puede perder su dimensión de "escándalo", cosa que parece oscurecerse cuando muchos pretenden que "aparezca" la fuerza de Apolo, de Pablo, de Cefas... Es la debilidad de la cruz, escándalo y necedad, la que permitirá que Jesús sea conocido. También es cierto que hay quienes se comportan como "enemigos" de la cruz (Flp 3,18) porque al predicar "otro evangelio", como el de la circuncisión, hacen "vana" la muerte de Jesús (Ga 2,21).

La cruz, para Pablo, es más que su predicación (1Co 1,23); también es su dinámica evangelizadora: "débil, tímido y tembloroso" para "no saber sino a Jesucristo, y este crucificado", para que en la predicación que no se afirma en "persuasivos discursos" sea demostración del "espíritu y el poder", y así "la fe" se funde no en "sabiduría humana" sino en "fuerza de Dios" (1Co 2,1-5). Los signos de la cruz, en especial, la debilidad, marcan la vida, y la predicación del Apóstol y son su "sello":

    Llevamos siempre en nuestros cuerpos la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, aunque vivimos, somos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así la muerte actúa (ἐνεργεῖται) en nosotros, y en ustedes la vida (2Co 4,10-12).

Tales son las "características del apóstol" (12,12). Pablo se presenta, así como un predicador crucificado, marcado con los signos de la cruz.35

Señalemos, finalmente, que el tema del bautismo parece recorrer transversalmente toda la predicación paulina, como hemos señalado en otra parte36, no sólo por la estrecha relación bautismo-fe (el objetivo de la primera predicación de Pablo), sino por el efecto que el bautismo provoca. Es probable que el frecuentísimo "en Cristo", que tanto atraviesa la teología de Pablo, remita a un "estar en", precisamente por "estar sumergidos" en Cristo, y por tanto en estrecha unión con él.

Obviamente, también nos remite al bautismo el uso de "συν", ya que obrar y vivir "con Cristo" alude a este "estar". Y relacionado con todo lo que venimos diciendo, estando "en Cristo" y obrando "con Cristo", es siempre Cristo el que aparece en primer lugar, lo que elimina toda capacidad o posibilidad de jactancia.

Podríamos decir que, en cierta manera, el o los bautizado(s) desa-parece(n), y aparece Cristo, para sumergirnos en los tiempos nuevos, esca-tológicos, con la donación del Espíritu. En ese sentido, debe entenderse "Cristo que vive en mi" (Ga 2,20), lo cual da un profundo sentido antropológico (y ayuda a entender por qué "en Cristo", por el bautismo, "ya no hay" ni judíos, ni griegos (Ga 3,27-28), por ser todos "uno en Cristo Jesús". Hay una nueva humanidad escatológica "en Cristo", lo que hace insostenible toda división.37

Ya hemos señalado que probablemente en la teología del bautismo se encuentra la síntesis de los temas principales del pensamiento paulino: lo cristológico, lo eclesiológico, lo escatológico y lo antropológico.38 Es verdad que el bautismo oficia como una suerte de gozne, ya que toda la predicación primera de Pablo apunta, tiene como objetivo -como hemos dicho- la fe, y quienes acceden a la fe reciben el bautismo.

Por tanto, la alusión al bautismo en las cartas ya está dirigida a creyentes, pero el bautismo es el punto de partida. Aunque no sea Pablo quien bautiza ("no me envió Cristo a bautizar sino a predicar el Evangelio": 1Co 1,17), es cierto que en la predicación "engendra" (Flm 10; 1Co 4,15), y en el bautismo, unidos a la muerte, resurgimos a una vida nueva (Rm 6,1-11), a una vida "en Cristo".39

La vida de los bautizados (indicativo-imperativo) manifiesta visiblemente los frutos de la predicación de Pablo, los frutos de la gracia, y se transforma asimismo, también ella, en evangelizadora (1Ts 1,8; Rm 1,8).


Pie de página

1Bultmann, "La signification de Jésus historique pour la théologie de Paul", 211-239.
2Los términos κηρυγμα/κηρύσσω se traducen mejor por "proclama/proclamar", aunque también pueden traducirse por predicación/predicar (Diccionario conciso griego-español del Nuevo Testamento, de Elsa Tamez, en The Greek New Testament, Stuttgart: Sociedades Bíblicas Unidas, Sociedades Bíblicas Unidas, 1978, p. 99), s/v κήρυγμα: "lo que se predica, proclama, predicación". Se ha preferido "predicación", ya que en nuestra lengua común, "proclama" tiene asonancias demasiado formales, lo que no nos parece paulino, y parece aludir a "heraldos", algo casi incomprensible.
3Pastor Ramos, Para mí, vivir es Cristo. Teología de San Pablo. Persona, experiencia, pensamiento, anuncio, 21-24: "Hay un acuerdo muy extendido entre los especialistas de Pablo en que su vida y su pensamiento, su biografía y teología son inseparables" (ibid., 21).
4Donfried (ed.), The Romans Debate (hay una edición aumentada y revisada de 2005). Aunque el tema sigue discutiéndose, como se ve en Schnelle, "Chronicles, The Letter to the Romans, Colloquium Biblicum Lovaniense" 551-561.
5Sobre esto hemos trabajado en de la Serna, "Aproximación a la teología paulina", 51-86.
6"... lo que tenemos es un teólogo in fasciendo ... Es un teólogo in progress... Pretendo exponer la teología de Pablo presentando las teologías de cada carta, teologías en epístola... " (Barbaglio, La teología de San Pablo, 9-10). El libro es una "síntesis concisa" del original italiano: "Teologia di Paolo. Abbozzi in forma epistolare, (1999, 2001).
7Pahl, "The 'Gospel' and the 'Word': Exploring Some Early Christian Patterns", 211-227.
8El "Evangelio" en los escritos de Pablo es un tema muy amplio. Si bien en mucho aportaría a este trabajo, sería más extenso de lo que podemos abarcar en este espacio, especialmente, si intentamos un modo semejante al que aquí desarrollamos, de mirar en cada carta paulina el tema. Sobre esto, se ha escrito mucho. Cfr. entre lo reciente: R. Aguirre, "¿Cómo evangelizaba Pablo? Estrategias del anuncio evangélico", Sal Terrae 85/5 (1997): 407-420; G. F. Downing "Paul's Drive for Deviants", NTS 49 (2003): 360-371 (teniendo en cuenta el modelo cínico; como ya lo había señalado, sobre Ga 3, en "A Cynic Preparation for Paul's Gospel for Jew and Greek, Slave and Free, Male and Female", NTS 42 (1996): 454-462; y J. P. Dickson, "Gospel as News: euangel- from Aristofanes to the Apostle Paul", NTS 51 (2005): 212-230; D. A. Couto, "Paulo, modelo de evangelizador", Theologica 43 (2008): 317-373; cfr., sobre perícopas particulares: A. Moreno García, "La pasión del Apóstol por el Evangelio como madre y padre (1Ts 2,1-12)", EstTrin 41 (2007): 543-558; D. Hunn, "Pleasing God or Pleasing People? Defending the Gospel in Galatians 1-2", Bib 91 (2010): 24-49. Como se puede ver -y lo señalaremos brevemente-, uno de los temas que amplía y quizás complica el tema del uso de evangelio en Pablo es la relación (¿amable?, ¿conflictiva?, ¿anti-imperial?) con el ambiente grecorromano.
9Heath, "Absent Presences of Paul and Christ: Enargeia in 1Thessalonians 1-3", 3-38.
10Hunn, "Pleasing God or Pleasing People? Defending the Gospel in Galatians 1-2", 24-49.
11Cfr. de la Serna, "La figura de Pedro en los escritos de Pablo", 133-171. Cito con frecuencia otros trabajos personales para remitir allí al diálogo con otros autores y posiciones que volverían demasiado extenso este artículo. En ese sentido, pretende ser -de alguna manera- un trabajo de síntesis.
12El tema está en debate; así, J. Reumann (2008) propone Éfeso; U. Schnelle (2005) propone Roma; y A. Thiselton (2010) propone Cesarea.
13Cfr. Cambier, "Pablo y la tradición", 461-477; y más recientemente, Ellis, "Traditions in 1Corinthians", 481-502.
14Sobre Pablo y la mujer hemos escrito en "El lugar de la mujer en los escritos de Pablo", 379-407.
15Schmisek, "Paul's Vision of the Risen Lord", 76-83.
16A modo de ejemplo: Barbaglio, Pablo y Jesús; Thiselton, The Living Paul. An Introduction to the Apostle's Life and Thought, 1-10.
17Cfr. Schnelle, Apostle Paul. His Life and Theology, 106.
18Sobre la perícopa, ver a Ellington, "Imitating Paul's Relationship to the Gospel: 1Corinthians 8,1-11,1", 303-315.
19Cfr. de la Serna, "La justificación por la fe. Una mirada teológica del trabajo paulino", 101-115.
20Kwon, "A Critical Review of Recent Scholarship on the Pauline Opposition and the Nature of its Wisdom σοφία 1Corinthians 1-4", 386-427; M.T. Finney, "Honor, Rhetoric and Factionalism in the Ancient World: 1 Corinthians 1-4 in Its Social Context", BTB 40 (2010): 27-36.
21Finney, "Christ Crucified and the Inversion of Roman Imperial Ideology in 1Corinthians", 20-33.
22En castellano, aunque al verbo "jactar" sucede la preposición "de", en este caso, para mantener la fuerza del texto griego, usaremos la preposición "en": "jactarse en".
23Cfr. de la Serna, "La idolatría en 1Corintios, ¿una clave de interpretación?", 111-134.
24Sobre la carta y su integridad hemos trabajado en "La segunda Carta de Pablo a los Corintios", 859-894.
25Cfr. Wilk, "Ruhm coram Deo bei Paulus?", 55-77.
26Cfr. lo que hemos dicho en "Segunda Carta a los Corintios", y también en "El pueblo crucificado. Aspectos bíblicos", 115-141.
27Cfr. de la Serna, ¿Dios es imparcial? Una lectura clave de la Carta a los Romanos.
28De hecho, también se refiere a él el discípulo que escribe 2Ts 3,7-9 y Hch 18,3; aunque en el v. 5 parece matizarlo.
29Como es el caso de Erasto, οίκονόμος, "cuestor" de la ciudad. Cfr. Rm 16,23; sobre él se ha escrito últimamente: Goodrich, "Erastus, Quaestor of Corinth: The Administrative Rank of ὀ οικονόμος τῆς πόλεως (Rom 16.23) in an Achaean Colony", 90-115; y Weiss, "Keine Quastor in Korinth: Zu Goodrichs (und Theissens) These über das Amt des Erastos (Rom 16,23)", 576-581.
30Cfr. de la Serna, "La justificación por la fe. Una mirada teológica del trabajo paulino", 101-115.
31Lo encontramos sólo cuatro veces: Flm 8; 2Co 3,12; 7,4; Flp 1,20.
32ἐλευθερία (x7), ἐλευθερός (x14), ἐξουσία (x17); el verbo ἐξουσιάζω (x3) se usa en un sentido ajeno al tema.
33Schlier, "παρρησία", 871-886; Hahn, "Confianza, valentía", 293-297; Balz, "παρρησία", II, 802-811; Lona, "La comprensión paulina de la libertad en el marco de la cultura antigua en carisma y libertad: tres estudios sobre San Pablo", 53-81; Rodríguez Carmona, "Libertad cristiana en Pablo", 265-283; Baumert, "San Paolo: la libertà nello Spirito Santo", 430-443.
34Stählin, "ἀσθενής", I, 488-492; Link, "Debilidad", I, 9-11; Zmijewski, "ἀσθενής"", I, 510-516. Cfr. Trakatellis, "Power in Weakness: Exegesis of 2 Cor 12,1-13", 65-86; Corsani, "Forza e debolezza nella vita e pensiero di Paolo", 147-159; De Virgilio, "La debolezza come categoria teologica in 1-2 Corinzi", 67-100.
35Schneider, "σταυρός", VII, 572-584; Brandenburger, "Cruz", I, 357-368; Kuhn, "σταυρός"", II, 1476-1490; cfr. Comblin, "Paolo e a cruz de Jesus", 54-61; Gil, "El Imperio Romano frente a Pablo: el poder y la cruz", 39-57; sobre el hecho histórico de la cruz y la sepultura, cfr. Cook, "Crucifixion and Burial", 193-213.
36De la Serna, "Aproximación a la teología paulina", 75-76.
37Es por eso que nos parece que Pablo incorpora el tema bautismal en el tema de los partidos (1Co 1,10), y no porque haya una relación bautizador-bautizado en la gestación de los partidos; es para destacar el escándalo de que aun cuando están bautizados se encuentran divididos.
38De la Serna, "Aproximación a la teología paulina", 75.
39Cfr. los clásicos: Cullmann, Baptism in the New Testament; Schnackenburg, Baptism in the Thought of Paul; Oepke, "βάπτω", I, 527-544; Basley-Murray, "Bautismo", I, 160-168; Bieder, "βαπτίζω", I, 573-585; Hartman, "Baptism", I,583-594; Legasse, "Etre baptisé dans la mort de Christ", 544-559; Pesce, "Christ did not Send me to Baptize but to Evangelize (1Cor 1,17a)", 339-362 ; Pascuzzi, "Baptism-based Allegiance and the Divisions in Corinth: A re-examination of 1Corinthians 1,13-17", 813-829; sobre el "bautismo" en el judaísmo, ver a Lawrence, Washing in Water. Trajectories of Ritual Bathing in the Hebrew Bible and Second Temple Literature.
40Número de homenaje a Ignacio Ellacuría.

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