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Theologica Xaveriana

versión impresa ISSN 0120-3649

Theol. Xave. vol.65 no.179 Bogotá ene./jun. 2015

http://dx.doi.org/10.11144/javeriana.tx65-179.puam 

Pastoral urbana en América Latina: pistas de acción*

Urban Pastoral in Latin America: Pastoral Actions

Pastoral urbana na América Latina. Algumas pistas de ação

Olga Consuelo Vélez Caro**

*Artículo que es resultado preliminar de la investigación en curso "Lineamientos teológico-pastorales para el acompañamiento a personas en situación de desplazamiento. Un aporte desde la pastoral (sub)urbana", financiada por la Facultad de Teología y la Vicerrectoría Académica de la Pontificia Universidad Javeriana.
**Doctora en Teología. Profesora titular, Facultad de Teología, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá; directora del grupo de investigación "Teología y mundo contemporáneo", avalado por Colciencias. Correo electrónico: ocvelez@javeriana.edu.co

RECIBO: 24-06-14- APROBACIÓN: 06-11-14


PARA CITAR ESTE ARTICULO

Vélez Caro, Consuelo. "Pastoral urbana en América Latina: pistas de acción" Theologica Xaveriana 179 (2015): 23-50. http://dx.doi.org/10.11144/javeriana.tx65-179.puam


Resumen

La pastoral urbana cobra cada vez más relevancia en el marco del crecimiento vertiginoso de las urbes y del carácter irreversible de tal fenómeno. Por ello, explorar algunos de los aspectos de esta realidad —como la pluralidad de las culturas, la presencia de las mujeres y el inaplazable desafío de la justicia social, entre otros— invita a continuar avanzando hacia una acción evangelizadora eficaz y significativa para la problemática urbana hoy.

Palabras clave: Ciudad, pastoral urbana, opción por los pobres, género, cultura.


Abstract

Urban pastoral is becoming more and more important in the context of the accelerated urban development scenario and of the irreversible character of the phenomenon. Therefore, exploring some aspects of this reality —such as the cultural plurality, the presence of women and the challenge of social justice, among others— is an invitation to move towards an effective and meaningful evangelizing action in terms of the current urban problematic.

Key words: City, urban Pastoral, option for the Poor, genre, culture.


Resumo

A pastoral urbana ganha cada vez mais relevância no quadro de crescimento vertiginoso das urbes e do ca-ráter irreversível de tal fenómeno. Por isso, explorar alguns dos aspectos desta realidade —como a pluralidade das culturas, a presença das mulheres e o inadiável desafio da justiça social, entre outros— leva a continuar avançando em direção a uma ação evangelizadora eficaz e significativa para a problemática urbana de hoje.

Palavras-chave: Cidade, pastoral urbana, opção pelos pobres, gênero, cultura.


Introducción

Las grandes ciudades configuran cada vez más el ritmo del mundo y la vida de las personas. A pesar de las búsquedas más holísticas —presentes también hoy (aprecio por lo natural, conciencia ecológica, comunión con la naturaleza, etc.,)—, las urbes continúan su crecimiento vertiginoso que no parece detenerse.1

Es inevitable: tal como cualquier otro ser vivo produce su entorno, en el momento contemporáneo nosotros producimos la ciudad que, a su vez, nos produce para que la reproduzcamos, en un movimiento constante que, sin embargo, adquiere sentido creativo cuando con la imaginación (esto es, la psiquis, el lenguaje, la discusión, la participación) los humanos podemos revolucionarlo para producir una urbe diferente.2

Precisamente lo que acabamos de señalar (los seres humanos producen las ciudades que, a la vez, configuran a los seres humanos para un ritmo de vida citadino pero, a su vez, gracias a la libertad, las personas pueden modificarlas), abre la puerta a la reflexión sobre la pastoral urbana.

En un primer momento, ella está llamada a reconocer la realidad de las urbes que es muy distinta a la rural —en la que la Iglesia Católica ha ejercido con mayor éxito su misión— y, en un segundo momento, dicha pastoral ha de preguntarse sobre cómo proclamar su mensaje y qué aspectos transformadores puede propiciar.3 Porque el desafío es claro para la sociedad, en general, y para las iglesias en particular: ¿Qué tipo de ciudad se quiere generar? ¿Cómo construir ciudades donde "la dignificación de la existencia individual y colectiva tenga un valor definitivo y sirva para producir ciudadanos distintos, más conscientes y autónomos?"4

Profundizar en estas cuestiones es el objeto del presente artículo. Propondremos, primero lo que entendemos por pastoral urbana y el lugar que ocupa en el amplio espectro de la acción evangelizadora de la Iglesia; segundo, buscaremos mostrar cuál ha sido su desarrollo a la luz de las conferencias del episcopado latinoamericano y caribeño, especialmente, las propuestas sobre pastoral urbana trazadas en la Conferencia de Aparecida; y tercero, señalaremos algunas líneas de acción que deberían incorporarse a la pastoral urbana, con el objeto de dinamizar este esfuerzo y enfatizar los caminos que, a nuestro juicio, deberían incorporarse en dicha reflexión.

¿Qué significa hablar de pastoral urbana?

Este apartado nos remite a considerar tres realidades: (1) La identidad de la pastoral urbana en el amplio espectro de la pastoral o acción evangelizadora de la Iglesia. (2) Una comprensión de la ciudad y lo urbano en articulación con la cultura. Y (3) una aproximación a una teología de la ciudad.

La pastoral urbana en la acción evangelizadora de la Iglesia

El término "pastoral" remite a la práctica (praxis) evangelizadora de la Iglesia. El término teología se refiere a la reflexión sobre esa praxis. Según Carlos María Galli, "una teología de la acción pastoral es un discurso teológico sobre la acción evangelizadora de la Iglesia, que manifiesta la índole científica y práctica de la teología".5 Más aún, la pastoral de la Iglesia, para que sea verdaderamente significativa, eficaz y creíble, ha de realizarse simultáneamente en tres vertientes fundamentales: la teológica, la histórica y la operativa.

Teológicamente, la pastoral ha de considerarse como praxis, como ciencia y como mística. Históricamente, la pastoral ha de verse como memoria de cara al pasado, desafío ante el presente y proyecto frente al porvenir. Y, operativamente, la pastoral se realiza al mismo tiempo con personas, estructuras y métodos articulados.6

Nuestro interés es la acción evangelizadora de la Iglesia en las grandes urbes, y en ellas la teología pastoral ha de desarrollarse en todas las dimensiones antes citadas.

De esta manera, se evita caer en la perspectiva ingenua de algunos, de entender la pastoral como un "contenido" que ha de "aplicarse" en una determinada realidad. Por el contrario, la teología pastoral y, para nuestro interés, la pastoral urbana devela la capacidad de las ciudades (las urbes) de revelar la acción de Dios en ellas, y la tarea pastoral consiste en saber leer esa presencia, interpretar sus signos, secundar el paso de Dios por las grandes urbes. En otras palabras, Dios se revela en la ciudad, "Dios habita en la ciudad".7

Por tanto, la acción evangelizadora no consiste en un contenido a transmitir sino en la capacidad de discernir, comprender, interpretar, leer, la revelación de Dios en la historia, en toda la acción humana, en su devenir histórico. La pastoral urbana no son dos binomios que se describen por separado y luego se juntan, sino una manera de hablar de la capacidad de leer los signos de Dios, la revelación de Dios, la Palabra de Dios en la dinámica de las ciudades. Por eso nos preguntamos: ¿Cómo habita Dios en la ciudad? ¿De qué manera se revela? ¿Cómo discernir su presencia en las grandes urbes?

La "ciudad" y lo "urbano" como construcción cultural

Una teología de la ciudad implica precisar términos como "ciudad", "urbano", y "cultura", ya que ellos se relacionan mutuamente y es su articulación la que puede dar una interpretación teológica adecuada.

La palabra "ciudad" viene del latín civitasatis, que significa el conglomerado urbano populoso y pleno de habitaciones, con una vida civilmente organizada. Está relacionada etimológicamente a civilización (del latín, civilitas, civitatis), que significa sociabilidad, urbanidad. Ciudad también es la traducción del término griego pólis (roca), que designa asentamientos fortificados y, en general, centros habitados. Sin embargo, el significado del término fue asumiendo diversos matices, de los cuales el político fue el que más se fue acentuando, hasta considerar la ciudad como un centro político determinante de un territorio dado y, más tarde, el territorio sobre el que ella domina.

De todas maneras es difícil dar una definición de ciudad porque algunos enfatizan en el aspecto geográfico y demográfico; otros, en las relaciones que se establecen; y otros más, en los servicios técnicos y administrativos que genera. En realidad, todos estos aspectos constituyen las ciudades y las determinan de diferentes maneras.8

Lo "urbano" permite ampliar el concepto de ciudad. El término latino urbe (urbs, urbis) significa población rodeada de murallas y viene de orbisis (círculo, superficie circular). Para la Real Academia de la Lengua Española, las definiciones de urbanismo, urbanización, urbanizar y urbanidad son muy claras; pero cuando se introducen otras variables, como la migración del campo a la ciudad, la planificación de ciudades o las consecuencias de los cambios que en ellas se producen, la situación se hace más compleja, e invita a precisar, en cada contexto, qué se entiende por cada término. En este sentido, se podría decir:

...lo urbano se refiere a un fenómeno, y la urbanización a un proceso que repercute en cada uno de los órdenes básicos de la sociedad y que implicará la urbanización de la estructura económica (predominio creciente de las actividades de los sectores secundario y terciario), la urbanización de la estructura social (expansión de las estructuras de clase y de su poder), la urbanización de la vida política (que rompe el monopolio "oligárquico" del poder), la urbanización en el plano ideológico (que universaliza los valores, símbolos, imágenes y actitudes por obra de los medios de comunicación social), y en definitiva, la urbanización entendida como la globalización del mundo contemporáneo.9

Cabe anotar que lo urbano va más allá de meras cifras estadísticas, y no se reduce a una contraposición con el mundo agrario ni se identifica exactamente con el desarrollo económico.10

Ahora bien, a la hora de considerar la ciudad y lo urbano en una reflexión teológica, no puede olvidarse que esta no ha de tomarse como un todo homogéneo, ni como una descripción uniforme y válida para todas las ciudades. No es lo mismo hablar de las ciudades en los países del tercer mundo que en los de los del primer mundo. En las primeras, el fenómeno de la pobreza y cinturones de miseria levanta desafíos muy concretos, mientras que en las segundas la previsión, la racionalización y la tecnología urbanística proveen otra calidad y características de vida.

Tampoco es lo mismo hablar de la macro-urbe o megalópolis (cinco millones de habitantes en adelante) que de ciudades pequeñas (menos de un millón de habitantes). Aunque compartan características, hay diferencias notables en su desarrollo interno y en la influencia que ejercen; ni es lo mismo hablar de la ciudad como un todo urbano interrelacionado e interdependiente que referirse a la ciudad como un conjunto de ciudades yuxtapuestas (¿invisibles?11 ¿perdidas?), configuradas por grupos determinados y compactos, con cosmovisiones propias, ethos, lenguajes, imaginarios, símbolos y rituales que les dan identidad (ciudades del crimen organizado, de la droga, de la diversión, de la cultura, del comercio informal, etc.).12

La constatación de estas realidades nos lleva a considerar su articulación con la cultura. Según Bernard Lonergan, hay dos nociones de cultura: una clásica y una empírica. La primera se refiere a la cultura occidental, que ha pretendido imponerse como universal y única, para la cual "hacerse culto" es asimilar esa cultura y reconocer solo en ella el patrimonio cultural de la humanidad. Por el contrario, la cultura empírica se refiere al "conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida".13

Esta definición nos enfrenta a una pluralidad de culturas, con el mismo valor y pertinencia, y nos descentra de la matriz occidental, abriéndonos, definitivamente, al reconocimiento de la diversidad cultural. Dicho reconocimiento es algo que se ha venido descubriendo y afirmando en los documentos eclesiales, como podemos ver en la constitución pastoral Gaudium etspes 53:

Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina o desarrolla las diversas facultades de su espíritu y de su cuerpo, pretende someter a su dominio, con el conocimiento y el trabajo, incluso el orbe de la Tierra; logra hacer más humana, mediante el progreso de costumbres e instituciones, la vida social, tanto en lo familiar como en todo el mecanismo civil; y, finalmente, consigue expresar, comunicar y conservar profundas experiencias y ambiciones espirituales en sus obras a lo largo de los tiempos, que puedan servir al beneficio de los demás, mejor dicho, de todo el género humano.

De aquí se sigue que la cultura humana necesariamente lleva consigo un aspecto histórico y social y que el vocablo "cultura" muchas veces comporte un contenido sociológico y etnológico; en este sentido se puede hablar de pluralidad de las culturas, pues por el diverso modo de emplear las cosas, de realizar un trabajo o de expresarse, de cultivar la religión y dar forma a las costumbres, de establecer leyes o instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias o las artes o de cultivar la belleza, toman su origen las diversas condiciones comunes de vida y las diversas formas de armonizar sus bienes. De ese modo, por la acumulación de instituciones tradicionales, se forma un patrimonio que es propio de cada una de las comunidades humanas. Así también se constituye un marco definido e histórico, dentro del cual se inserta el hombre de cada pueblo o edad, y del que toma los bienes necesarios para procurar su civilización.

En este sentido, además de los significados que pueden tener las grandes urbes, hemos de considerar las construcciones culturales que se realizan en ellas y que, compartiendo algunos elementos básicos, desarrollan su propio modo de vivir y valorar, de conocer y de actuar, de afrontar los desafíos y celebrar los logros. En este sentido, el fenómeno urbano ha de considerarse como una realidad cultural que no es homogénea, ni uniforme, sino que nos abre a la pluralidad de culturas urbanas, culturas yuxtapuestas, culturas invisibles, culturas abiertas al dinamismo de la vida y la trascendencia o al desenfreno y oscuridad "de las desviaciones individuales, colectivas y sociales".14

A este fenómeno del pluralismo cultural hay que añadirle el pluralismo religioso cada vez más presente, o mejor, más explícito15 en las grandes urbes. No solo se reconoce la libertad religiosa sino también se han extendido las concesiones dadas, por el Estado, a la Iglesia Católica a las demás confesiones religiosas, sea en cuestión de exención de impuestos, de derecho a impartir una educación religiosa o de igualdad de condiciones en otros aspectos.

A esto hay que añadir otras expresiones religiosas que van cobrando cada vez más espacio en las sociedades actuales, bien como recuperación de las religiones ancestrales —indígenas y/o afro— o nuevas propuestas agrupadas en la difusa expresión New Age16, que encierra la más variada gama de creencias, posturas, actitudes, símbolos, todas ellas como nuevas espiritualidades que contradicen las predicciones de que la secularización traería el ateísmo.

Pareciéramos asistir a nuevas búsquedas de lo sagrado, que manifiestan esa sed de trascendencia de los seres humanos, hoy inmersos en mayor pluralidad que nos exige crecer en el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Aproximación a una teología de la ciudad17

Comenzamos afirmando —con el salmista— que si "Dios no habita la ciudad, en vano pretendemos evangelizar" (esto, al adecuar el Salmo 127: "Si el Señor no protege la ciudad en vano monta guardia el centinela"). Partimos entonces de este presupuesto, fundamentado en el misterio de la encarnación: "Dios habita la ciudad." Desde este misterio, todo lo humano tiene capacidad de transparentar lo divino. No hay que buscar la presencia divina fuera, sino dentro. Tenemos que buscar los signos que nos hablan de su presencia y los dinamismos de los que Dios se vale para hacerse presente.

La Sagrada Escritura habla de la ciudad. A partir de ella, revela el pecado, pero también la gracia de Dios. Babilonia es la gran prostituta y la Nueva Jerusalén es la novia. En la primera fornican los reyes de la tierra y está embriagada de la sangre de los mártires mientras que la segunda es morada de Dios, signo del Reino.

Al fijarnos más detalladamente en el papel que juegan las ciudades en la Biblia, podemos afirmar que, en el Antiguo Testamento —aunque es poco el porcentaje de población que habita las ciudades en esa época—, "la ciudad está muy presente y domina en el imaginario de la gente y de los autores bíblicos. El ambiente urbano sirve de marco a muchos acontecimiento de la historia de Israel".18

Las ciudades cananeas son fuente de enfrentamiento con Israel en el periodo de asentamiento en la tierra. Se les describe como "grandes y fortificadas hasta el cielo" (Dt 1,28) y se les acusa de corrupción (Os 12,7) e idolatría (Sal 106,38); se desea la destrucción de sus fortalezas (Is 23,11) y se les adjudica una maldición original, porque Cam, el padre de Canaán, vio la desnudez de su padre Noé (Gn 9, 22.25).

Otras ciudades rivales son, por ejemplo, Nínive, capital del Imperio Asirio. Se le menciona desde el Génesis (10,11), y por su participación en la conquista y deportación del Reino del Norte, en 722, es foco de crítica por parte de los profetas (Mi 7,12). Sin embargo, el libro de Jonás transforma esta ciudad en destinataria del mensaje de Dios, convertida a su Palabra y en penitencia, lo que la hace digna de la piedad de Dios (Jon 4, 11).

[Babilonia] es la capital del azaroso Imperio Neobabilónico [...]. Por su participación en la conquista, destrucción de Jerusalén y del Templo y por las sucesivas deportaciones, Babilonia es símbolo de la ciudad enemiga de Dios y de su pueblo (Sal 137).19

Tiro y Sidón también son ciudades que los profetas denuncian por sus prácticas comerciales (Is 28,3; 23,2) y su indisposición contra Jerusalén. Samaria es atacada por los profetas por su injusticia, corrupción (Os 7,1), violencia, opresión contra los pobres (Am 3,9), soberbia y altivez de corazón (Is 9,9), entre muchas otras cosas. Sodoma y Gomorra son consideradas símbolo de la inequidad (Am 4,11; Is 1,9). En cambio,

[Jerusalén] es la ciudad por excelencia (Jr 32,24; Ez 7,23) [...]. Su importancia deriva principalmente del Templo como lugar de la presencia de Dios. Jerusalén es el símbolo de Israel y el objeto de la esperanza escatológica [...]. La imagen bíblica de Jerusalén está fuertemente marcada por la experiencia trágica y desgraciada del exilio, así como por las esperanzas del retorno y los desafíos de la restauración postexílica.20

En el Nuevo Testamento, la vida urbana está presente en muchos textos bíblicos, en especial, en la obra lucana. Entre otras referencias a la ciudad, se menciona "las afueras de la ciudad" (Hch 21,5), "las calles" (Lc 14,21), "las personas de más relieve en la ciudad" (Hch 25, 23), etc. Jerusalén es la ciudad más importante para el Nuevo Test amento, pero esto se muestra con ambivalencia: es la ciudad santa (Mt 4,25; 27,53) pero también es "la que asesina a los profetas" (Lc 13,34). Jesús nace en Belén y muere en Jerusalén (en las dos referencias se explicita que Jesús está fuera de ellas). Vive en Nazaret —una ciudad pequeña— y su ministerio comienza en Galilea, para irse moviendo por Cafarnaún, Magdala, Dalmanutá, Genesaret, Betsaida, Gergesa, Tiro, Sidón y la Decápolis.21

Sin duda, la expansión del cristianismo permite entrar en contacto más directo con las ciudades más grandes. Jerusalén fue la comunidad cristiana más importante después de la Pascua. Desde allí, los discípulos comienzan la misión (Lc 24,47) y allí también se recibe el poder del Espíritu para realizarla (Lc 24, 49). Pronto, la comunidad cristiana empieza a expandirse por las ciudades vecinas a Jerusalén (Hch 5,16) y las ciudades greco-romanas, como Damasco (Ga 1,13-17), Antioquía (Ga 2,11) y Roma.

El movimiento generado por Pablo es de carácter urbano, como lo reflejan sus cartas. Finalmente, el libro del Apocalipsis22 hace referencia a la Jerusalén histórica, equiparándola a Sodoma y Egipto, como símbolos de Roma, porque Jesús fue crucificado en Jerusalén (11,8) pero también se refiere a la Jerusalén celeste, signo de una nueva sociedad organizada con base en un proyecto nuevo de relaciones sociales.

En la Jerusalén de arriba ya no existen muchas realidades como el mar, la muerte, el llanto y el dolor porque la forma de vida ahora es nueva. Su descripción arquitectónica es majestuosa, con murallas bien asentadas que brindan protección (Ap 21,14.19), con muchas puertas —señal de universalidad e inclusión—, con piedras preciosas que expresan la belleza de Dios.

En suma, es la ciudad celeste, donde Dios reina y la humanidad es la comunidad o el pueblo de Dios. Jerusalén no necesita más de templos porque Dios la llena con su presencia. Ella es la nueva ciudad, la novia y esposa, comparaciones que favorecen una nueva imagen femenina que, leída desde una perspectiva incluyente o de género, explicita esa igualdad fundamental de varones y mujeres.23

Este breve recorrido sobre la presencia de las ciudades en el mundo bíblico nos ayuda a perfilar una teología de la ciudad. El mensaje cristiano se expande en las ciudades y, como toda realidad humana, estas son mediación de pecado y de gracia. Mantener las dos realidades nos lleva a no estigmatizar las ciudades sino a descubrir su potencial liberador. De ahí la pertinencia de la pregunta teológica de cuáles son los signos de Dios en la complejidad urbana. En esto consiste la tarea teológica.

[Ella] ha de desentrañar el mensaje cristiano sobre la ciudad, enfrentar el problema de la pastoral urbana, iluminar las tareas que se imponen al creyente en la ciudad y estudiar las consecuencias de una vida metropolitana moderna, que suscita una nueva modalidad de vida cristiana.24

En medio de la complejidad de lo urbano, de sus luces y sombras, del trigo y cizaña que cohabitan en ella (Mt 13,24ss.), la Palabra de Dios sigue construyendo alternativas posibles de vida. La ciudad se impone como generadora de vida a pesar de tantos signos de muerte que destacan a primera vista. Sus cinturones de miseria son mucho más que eso. Son la esperanza humana inquebrantable de seguir apostando por la vida.

En un ambiente tan hostil y desconocido, millares de personas abren, diariamente, caminos para seguir adelante. Creen y buscan un futuro mejor para sus hijos. No tienen acceso a los servicios y beneficios de las grandes ciudades, pero se asientan en sus laderas con la esperanza de participar en alguna medida de ellas. Luchan, trabajan y se esfuerzan. Cada día "peregrinan"25 persiguiendo nuevas oportunidades.

Trasladan —a su modo y condición— las riquezas de la gran ciudad: se apropian en forma "pirata"26 de los servicios públicos y adquieren electrodomésticos que sobrepasan la estructura precaria de sus casas, pero que de alguna forma les permiten traer, a su entorno, la ciudad que les pone barreras para entrar.

Donde solo se ve miseria, pecado y muerte, la semilla que crece sin darnos cuenta (Mc 4,26-29) va dando su fruto. Allí brota la solidaridad, la misericordia, el compartir, la colaboración, la lealtad, el perdón, entre quienes están golpeados por la situación de miseria de las grandes ciudades. Definitivamente, "el Dios de la vida" está también en los ambientes urbanos.27

Los binomios que coexisten en las ciudades y que señala el Documento de Aparecida (512) —tradición-modernidad, globalidad-particularidad, inclusión-exclusión, personalización-despersonalización, lenguaje secular-lenguaje religioso, homogeneidad-particularidad, cultura urbana-pluriculturalismo— nos desafían a tener una mirada amplia que acepta una pluralidad de respuestas para atender a esas realidades tan distintas.

La situación de vida precaria que se percibe en las laderas de la ciudad (pero que también las atraviesa en ciertos sentidos), nos remiten a un tipo distinto de síntesis, ya que se mantienen elementos de la ciudad y elementos del ambiente rural. Es una síntesis cultural diferente, menos anónima, pero más marginal, más marcada por la pobreza, por la síntesis migratoria, la violencia y las diferentes matrices culturales de cada lugar de origen.

El Documento de Aparecida también dice que "conviven diferentes categorías sociales" (512). Sin embargo, muchas veces esa convivencia es distancia y lejanía. En realidad, tenemos que preguntarnos si realmente conviven, o viven "paralelamente". De hecho, se encuentran sectores adinerados "cerrados", que poseen todos los servicios "dentro". Voluntariamente asumen ese estilo de vida. Y muy cerca, los sectores más pobres también viven "encerrados" en su realidad, pero no por su voluntad sino porque sus condiciones precarias hace de esos lugares "espacios peligrosos" para entrar.

Hoy también descubrimos en las ciudades una búsqueda de lo sagrado. Se exploran nuevas maneras de encuentro con el Trascendente, de manera más holística e integral. Se valora la salud, el cuerpo, la expresión, el rito, la música, la danza. Esto no significa que se abandone totalmente la piedad popular. Antes bien, esta se entrelaza con las nuevas realidades y de alguna manera se mantiene presente.

Los "santuarios" continúan convocando, no solo a los más pobres, quienes encuentran en ellos la fuerza para superar todas sus dificultades, sino también a las clases medias y ricas que, inmersas en necesidades de muchos otros tipos, son capaces de "cierto tipo de convivencia" con los más pobres, ya que —como ellos— acuden a la súplica orante para la superación de las necesidades que el dinero no logra resolverles.28

Desarrollo de la pastoral urbana en los documentos del magisterio latinoamericano y caribeño

Documentos inspiradores del caminar latinoamericano y caribeño

Antes de referirnos a cada una de las conferencias del magisterio latinoamericano, conviene señalar que la pastoral urbana no ha sido un tema muy desarrollado en los tratados clásicos de teología pastoral. La obra de Casiano Floristán29 menciona el tema en pocas páginas, al analizar los servicios pastorales de la diakonia según el modo de vida urbano o rural. En otros textos, la pastoral urbana se menciona de forma colateral.30 En la reciente obra de Francisco Merlos se considera una "opción pastoral representativa" entre muchas otras, a saber: pastoral profética, litúrgica, de la cultura, de la comunicación, carcelaria, de la salud, etc.31

Sin embargo, una mirada a algunos encuentros sobre cultura, inculturación y/o pastoral urbana, documentos del magisterio y publicaciones teológicas, dan cuenta del desarrollo que ha venido teniendo la pastoral urbana, el interés que ha suscitado en algunos ambientes y el recorrido que ha tenido.32

Vaticano II, con su constitución pastoral Gaudium et spes, puede señalarse como el inicio de esta reflexión. En ella se indican los cambios profundos, acelerados y universales que vive el mundo moderno, entre ellos, el surgimiento del mundo urbano-industrial y la "civilización urbana" (GS 6). En el No. 54 vuelve a referirse a "la industrialización, urbanización y otros fenómenos que promueven la vida comunitaria y dan lugar a nuevas formas de cultura".

Terminado el Concilio, en 1965, se realizó el "Encuentro sobre la pastoral de las grandes ciudades", en Barueri, São Paulo, convocado por el Instituto Pastoral Latinoamericano, IPLA, que luego se convirtió en el Instituto Teológico-Pastoral del Celam, Itepal. Ese encuentro fue el primero de muchos que realizó el Celam a lo largo de los años de posconcilio.33

La carta apostólica Octagesima adveniens, de Pablo VI (1971), se refiere a la aparición de las grandes ciudades, la pobreza en ellas, las migraciones internas y externas, y las concentraciones de la población en las megalópolis34 (palabra introducida en el vocabulario magisterial y pastoral a partir de aquí).

La exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (1975) no menciona la ciudad, pero se refiere a la "evangelización de la cultura" (18-20), y abre puertas, sin saberlo, para la reflexión urbana.

La encíclica Redemptoris missio (1990), de Juan Pablo II, ubicó el tema de la pastoral urbana en la concepción de nueva evangelización (ir a los católicos que corren el peligro de alejarse). En los nuevos areópagos se incluyen las megalópolis porque en ellas se gestan nuevas formas de cultura (37b).

La exhortación apostólica Ecclesia in América (1998), de Juan Pablo II, retoma el tema de la urbanización de las grandes ciudades y lo convierte en un reto para la evangelización.

Fuera de los documentos, como ya se dijo, se han generado espacios de reflexión sobre la ciudad, entre los que merece destacarse el surgido en la Arquidiócesis de México, en 1996, liderado por Benjamín Bravo y otros compañeros, con el Primer Congreso Interamericano "Dios habita en la ciudad"35, al que ya se hizo referencia. La diversidad de encuentros realizados han alimentado la preocupación por la pastoral en la ciudad, y tanto los aportes teológicos como el magisterio eclesiástico se han influido y alimentado en sus diversos avances y pronunciamientos.

Pastoral urbana en las conferencias generales del episcopado latinoamericano y caribeño

Al detenernos, ahora sí, en el magisterio latinoamericano y caribeño, podemos señalar las afirmaciones fundamentales hechas por las conferencias de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida.

Conferencia de Medellín (1968). En la introducción señala la nueva época histórica que se comenzaba a vislumbrar y hace dos referencias al fenómeno urbano: la primera, al hablar sobre la familia, que sufre cambios por el paso de una sociedad rural a una sociedad urbana36 (III,2); y la segunda, en relación con la modernización que va acompañada de la tecnificación y aglomeración urbana (X,3). Aunque en Medellín no se profundizó propiamente en la realidad urbana, algunos teólogos-pastoralistas comenzaron esa reflexión. Tal es el caso de Segundo Galilea, como se puede ver en algunos de sus escritos.37

Conferencia de Puebla (1979). La reflexión de Puebla sobre la cultura fue decisiva para la reflexión posterior sobre pastoral urbana. Asume la opción de evangelizar la cultura (385) y la convierte en la gran opción pastoral de la Iglesia latinoamericana (394396). En este marco se sitúa su opción por los pobres (1134) y los jóvenes (1166). Con su referencia a la ciudad (429-433), Puebla es el primer documento de la Iglesia latinoamericana y caribeña en asumir la cultura urbano-industrial y la vida urbana como desafíos pastorales.

En su asamblea ordinaria de 1979, el Celam recomienda estudiar el fenómeno de la pastoral urbana y se realizan dos encuentros: (1) Equipo de Expertos sobre Pastoral y Parroquia en la Ciudad (1981). (2) Obispos de Diócesis con más de un Millón de Habitantes (1982). El fruto de estos encuentros son dos publicaciones con títulos semejantes.38 En 1999 hubo otra reunión, cuyo tema —"Evangelizar la gran ciudad. Un desafío prioritario"39— recogió los aportes de las anteriores reuniones.

Los textos resultantes de tales reuniones señalan la articulación ciudad-cultura-diócesis-parroquia y proponen la renovación de las comunidades eclesiales y sus estructuras. La Conferencia de Puebla también propuso encuentros a nivel continental, nacional y regional para evangelizar las grandes metrópolis. Fue así como, en 1993, el Celam realizó en Brasilia el Seminario "El hombre y la ciudad. Promoción humana en la megalópolis de América Latina". El texto ofrece conclusiones pastorales.40

Conferencia de Santo Domingo (1992). En el contexto de la nueva evangelización señala la ciudad como lugar de evangelización de la cultura (255-262), y propone un largo número de desafíos y líneas pastorales, entre las cuales se destacan: inculturar el Evangelio en la ciudad y en el hombre urbano; reorganizar las estructuras parroquiales para responder a lo urbano; promover la formación de los laicos y crear ministerios conferidos a los laicos para la evangelización de las grandes ciudades; programar una pastoral diversificada según los diferentes espacios de las ciudades; multiplicar las pequeñas comunidades y las comunidades eclesiales de base; evangelizar a los grupos de influencia en las ciudades para transformar los lugares de miseria que se dan en ellas, etc.

Cabe anotar que entre esta Conferencia y la de Aparecida se realizó el Sínodo de los Obispos para América (1997) del cual surgió la exhortación apostólica Ecclesia in América de Juan Pablo II (1998), de la que destacamos los números 21 y 52, en los que se reconocen los desafíos del fenómeno de la urbanización y la urgencia de renovar las comunidades parroquiales.

Conferencia de Aparecida (2007). Podemos considerar que esta conferencia retoma el tema de manera explícita, por lo que dedica varios numerales a ello (509-519). Al seguir el método pastoral latinoamericano de ver-juzgar-actuar, presenta primero la realidad sociológica de las grandes urbes, luego un juicio teologal sobre la realidad urbana, y finaliza señalando algunas líneas de acción.

Los números 509-513 del Documento de Aparecida describen las principales características de las ciudades contemporáneas y resumen la posición histórica de la Iglesia ante las urbes y los desafíos que se presentan a su tarea evangelizadora. El análisis sociocultural de las grandes ciudades muestra que ellas son laboratorios de esa cultura contemporánea compleja y plural. Las ciudades se han convertido en lugares propios que gestan e imponen un nuevo lenguaje y una nueva simbología. Los problemas de las grandes ciudades de alguna manera también abarcan el mundo rural. Este diagnóstico es similar al hecho en el capítulo segundo (43-59), el cual describe la hibridación multicultural que se produce en muchas ciudades (58).

En sus inicios, la Iglesia se formó en las grandes ciudades y se sirvió de ellas para extenderse. Hoy el desafío es mayor porque las nuevas metrópolis presentan dimensiones enormes y requieren gran audacia para desarrollar nuevas experiencias. Aparecida advierte que en este proceso surgen actitudes de miedo, tendencia a encerrarse en los métodos antiguos, actitud de defensa ante la nueva cultura y sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las ciudades.

Los números 514-516 son una reflexión teológica sobre las ciudades. Parte de la afirmación de fe de que Dios vive en la ciudad en sus alegrías, anhelos y esperanzas como también en sus dolores y sufrimientos. El texto reconoce la presencia de Dios en las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades: violencia, pobreza, individualismo y exclusión. El cristiano sabe que las realidades duras de la ciudad no impiden que contemplemos al Dios de la vida en los ambientes urbanos. También invita a ver en las ciudades otras situaciones abiertas a la libertad y la oportunidad que son propicias a la convivencia, la fraternidad y la solidaridad. Junto a esta visión contemplativa de la realidad, Aparecida propone el discernimiento con base en el proyecto de Dios que, según el Apocalipsis, se realizará en la "ciudad santa, la nueva Jerusalén".

Los números 517 y 518 se refieren a la acción. La propuesta sintetiza multitud de ítems referidos a la nueva evangelización que desea llegar a todos los sectores de la ciudad. Lo central son los seres humanos marcados por sus peculiares culturas urbanas.

Se recomienda una nueva pastoral urbana más misionera. Se presentan quince orientaciones para formar agentes de pastoral e integrar los elementos de una pastoral orgánica en la ciudad. Cada orientación merece un comentario particular, pero por ahora basta remarcar la necesidad de considerar nuevos estilos y lenguajes para encarnar el Evangelio en las ciudades; fomentar la descentralización evangelizadora, comprender la parroquia como comunidad de comunidades, etc. Finalmente, hace referencia a la pastoral de acogida a los que llegan a la ciudad y señala que se ha de cuidar de los caídos a lo largo del camino.

Como puede verse, a lo largo de este recorrido por los documentos del magisterio latinoamericano y caribeño, crece la conciencia de la nueva realidad que trae el mundo urbano, y Aparecida constituye un documento explícito y preocupado por este fenómeno. Eso sí, se refiere a él desde la perspectiva de Misión Permanente que atraviesa todo el documento, y en esa misma dinámica se están orientando, actualmente, los esfuerzos del Celam en su reflexión sobre este fenómeno.

La exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013), del papa Francisco, merece una palabra por la presencia del Papa, cuando era arzobispo de Buenos Aires, en la Conferencia de Aparecida, y su papel como presidente de la comisión de redacción del Documento. En el No. 71 se refiere a los "desafíos de las culturas urbanas". Allí invita a esa mirada contemplativa de la ciudad que sea capaz de descubrir "al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas". También afirma:

Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Él vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad y de justicia.

Enfatiza en la necesidad de descubrir esa presencia de Dios en la ciudad y en las luchas de los ciudadanos por sobrevivir. En todo eso se puede percibir un hondo sentido religioso (72). La Evangelii gaudium reconoce que el cristiano ya no es más el promotor o generador de sentido, lo que explica la urgencia de la evangelización en estas nuevas realidades (73). Continúa afirmando la multiculturalidad de las ciudades, los imaginarios, las ciudades invisibles, todos estos aspectos trabajados en las reflexiones sobre pastoral urbana.

También se refiere a los "no ciudadanos" que generan estas grandes ciudades, promotoras de ambivalencia entre quienes consiguen todo para salir adelante y los muchos que resultan siendo "sobrantes" y "excluidos" de la configuración urbana (74). Describe las realidades del tráfico de droga, la explotación de menores, el abandono de ancianos, la corrupción y el crimen, entre otros aspectos, como graves problemas que se dan en las ciudades. Al proponer acciones pastorales, reconoce:

...el sentido unitario y completo de la vida humana que propone el Evangelio es el mejor remedio para los males urbanos, aunque debamos advertir que un programa y un estilo uniforme e inflexible de evangelización no son aptos para esta realidad. Pero vivir a fondo lo humano e introducirse en el corazón de los desafíos como fermento testimonial, en cualquier cultura, en cualquier ciudad, mejora al cristiano y fecunda la ciudad (75).

Esta exhortación apostólica muestra, por tanto, la preocupación por la realidad urbana, reconoce su pluralidad y la urgencia de realizar en ella una nueva evangelización que descubra al Dios presente en las ciudades y abra caminos de humanización y desarrollo fecundo de las grandes ciudades.

Algunas pistas de acción

La panorámica propuesta nos confronta con una realidad urgente. ¿Qué tanto de lo expresado en documentos y reflexiones teológico-pastorales sobre la realidad urbana se ha puesto en práctica en las grandes ciudades? ¿Se ha propiciado esa "conversión pastoral" tan invocada por la Conferencia de Aparecida (366.368.370)? ¿Qué debería señalarse cómo pistas de acción para el impulso y la concreción más rápida y eficaz de una pastoral renovada en las urbes?

Sin duda, aquí no se pretenderá aportar más de lo que tantos y tan profundos pastoralistas han ido señalando en los últimos años; pero sí se llamará la atención o se enfatizarán aspectos que, a nuestro juicio, son de obligada referencia y que han de señalarse, para asumirlos en una pastoral urbana que quiere responder con eficacia.

El primer aspecto se refiere a la dimensión teologal del fenómeno urbano. Ya vimos como Aparecida dedica espacio a una visión positiva de la ciudad, al afirmar la presencia de Dios en ella. De igual manera, la reflexión que hemos presentando aquí sobre las ciudades en la Biblia nos permite acercarnos a esta realidad con mirada esperanzadora y un rescate mucho más explícito de la fe vivida en las ciudades.

Es urgente comprender el fenómeno urbano sin las prevenciones negativas sobre la ciudad, sino rescatando su potencialidad y su capacidad de revelar a Dios en el momento presente. Como expresó el papa Francisco en la Evangelii gaudium, "no digamos que hoy es más difícil (evangelizar); es distinto" (263), al referirse a que algunos dicen que ahora es más difícil vivir la misión. Sin embargo, él les recuerda "que las circunstancias del Imperio Romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana". Por tanto, asumir el fenómeno de la urbe es un desafío actual, con la convicción profunda del Dios siempre presente en la historia.

Un segundo aspecto se refiere a la aproximación sociológica a las ciudades, paso necesario para la comprensión teológica adecuada de las mismas. Sobre la primacía de lo sociológico o de lo teológico hay muchos e intensos debates. Uno de los puntos conflictivos de la teología de la liberación fue la cuestión metodológica, a la cual se acusa de "sociologismo".

Ya en la Conferencia de Aparecida, aunque se avaló el método pastoral latinoamericano ver-juzgar-actuar y se reconocieron sus frutos, "este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral, y en general ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente" (19). Y no faltaron los esfuerzos por "añadirle" otros aspectos, con el ánimo de "salvar" el documento de ese "temido sociologismo".41

No cabe duda de la legitimidad de señalar los peligros y buscar caminos adecuados. Sin embargo, esto no ha de evadir una realidad fundamental: la pastoral urbana que pretenda ser eficaz hoy necesita una aproximación interdisciplinar, y acercarse con humildad a proponer la percepción de fe —perspectiva única para los creyentes pero, una más entre otras, para los no creyentes—, buscando ese recorrido común y esa colaboración mutua.

De hecho, la ciudad se convierte hoy en signo de la presencia del Reino porque en ella la fe ya no es más el actor principal ni el que guía los destinos. Es un actor entre otros, que ha de saber dar lo que tiene, con humildad, y al mismo tiempo, aceptar y unir fuerzas con otros y otras. La autonomía de las realidades terrestres (Gaudium et spes 36) continúa acentuándose y los esfuerzos por detener ese fenómeno —invocando la autoridad divina— solo producen rechazo contra la institución eclesial.

La presencia evangelizadora de la Iglesia en la ciudad debe adoptar la modalidad de diálogo, como categoría teológica, espiritual y pastoral. No se admite más la imposición ni la visión hegemónica. La actitud dialogal ha de vivirse al interior de la comunidad eclesial porque solo en la medida en que sea una realidad en su interior podrá ser creíble en las demás instancias sociales. Asimismo, el servicio ha de ser la actitud constante con el que la que la Iglesia puede testimoniar el Reino que pretende anunciar.

Otro aspecto importante, en este mismo sentido, es tomarse en serio la calidad de "interlocutores" de quienes viven en las urbes. Hay que dejar la mentalidad, muchas veces sostenida en el seno de las iglesias, de llegar a unos "destinatarios" que parece no saben nada y están sumergidos en la "más profunda oscuridad"42, con necesidad de escuchar nuestro mensaje.

Ese modelo de evangelizar ya no ofrece más resultados. Por el contrario, el destinatario de la evangelización hoy es un verdadero "interlocutor" que tiene voz y al que debemos ofrecer un mensaje que respete sus búsquedas, acompañe sus sueños y expectativas; más aún, que nos ponga en camino para encontrar juntos al Dios que se anuncia. Esto, en otros términos, es afirmar que el evangelizador por excelencia es el Espíritu, del que todos somos destinatarios y, por tanto, todos evangelizados.

¿Llegaremos a ese momento de ponernos en camino y discernir con "otros" (no creyentes y no confesionalmente creyentes) las voces del Espíritu en las grandes ciudades?

La apertura interdisciplinaria, por tanto, se concibe como mediación fundamental para ampliar los contenidos, las perspectivas y las herramientas de análisis e interpretación de la vida urbana. Para responder a los desafíos de la ciudad hay que comprenderla profundamente desde diferentes dimensiones. El pastoralista no puede ser un experto en la ciudad pero si debe aprender a trabajar con otros, a entender sus aportes, a sumar fuerzas con otros.43

Un tercer aspecto es la necesidad de vivir la pluralidad cultural y religiosa como hecho irreversible y apuesta irrenunciable. Definitivamente, hemos de asumir el contexto plural en el que hoy se mueve la humanidad. Respecto de la "pastoral urbana", esta expresión en singular solo puede apuntar a una visión plural y llena de caminos distintos, según las configuraciones actuales de las urbes. Ni su extensión, ni el número de habitantes, ni los recursos de que dispone, ni la realidad geográfica, hacen homogéneas las ciudades, ya que todas ellas son producto cultural de los seres humanos que las habitan en cada determinado lugar.

Sin duda, por la globalización imperante, muchos referentes podrán ser iguales y, en una primera visión podremos encontrar numerosas similitudes; pero al considerar las "culturas" particulares que se tejen continuamente en el devenir humano, no podemos sino asumir esa pluralidad y responder a ella. En este ítem se inscriben, lógicamente, lo que antes llamamos "ciudades invisibles", o lo que también podríamos llamar "subculturas" dentro de las culturas.

Esto implica que no se puede hablar de una pastoral urbana uniforme y válida para todas las realidades, sino de una diversificación capaz de acoger las diversidades y responder con creatividad a tales diferencias.

Un cuarto aspecto, supremamente importante, es la visión de género que debe acompañar toda acción pastoral; y por supuesto, la reflexión sobre pastoral urbana. Este aspecto no se señala, y al parecer, no se cae en cuenta de que la mitad de los habitantes en las ciudades son mujeres y de que ellas han estado confinadas, durante siglos, al ámbito de la vida privada. En otras palabras, las ciudades se han construido sin ellas.

Y ahora que la situación va cambiando y la mujer comienza a ocupar el espacio público ¿qué puede significar esto para una pastoral urbana? ¿Qué tanta atención le presta la pastoral urbana a esta realidad? ¿De qué manera asume una visión de género que responda a esta nueva configuración de las ciudades desde una participación más plena de las mujeres en ellas?44

Uno de los aspectos que se están trabajando en otras disciplinas al hablar de "ciudad y mujer" es el reconocimiento de la violencia e inseguridad que ellas sufren en las ciudades. De ahí la necesidad de una mirada de género que explicite esa realidad y favorezca políticas que permitan la equidad de varones y mujeres en las ciudades.45

Lo anterior no significa que en la acción pastoral de las iglesias no haya presencia de mujeres y su aporte a la reflexión urbana no comience a ser significativa.46

Sin embargo, lo que estamos enfatizando es en ser capaces de asumir la ciudad con perspectiva de género para deconstruir los imaginarios patriarcales que no visibilizan la participación social y política de las mujeres en las urbes, y construir una nueva manera de leer y promover los espacios urbanos como lugares inclusivos de varones y mujeres, con iguales posibilidades y llamados a la construcción conjunta del fenómeno urbano actual.

Un quinto aspecto que la Conferencia de Aparecida señala se refiere a la otra cara de las grandes urbes: los cinturones de miseria o "gran multitud de pobres" (512), fruto de la migración para buscar mejores condiciones de vida pero también del fenómeno de desplazamiento en realidades como la colombiana.47 El Documento de Aparecida explícitamente dice que la pastoral urbana ha de "brindar atención especial al mundo del sufrimiento urbano, es decir, cuidar de los caídos a lo largo del camino y a los que se encuentran en los hospitales, encarcelados, excluidos, adictos a las drogas, habitantes de las nuevas periferias, en las nuevas urbanizaciones, y a las familias que, desintegradas, conviven de hecho (517j). Podríamos explicitar, además, la violencia urbana que aumenta en las grandes ciudades:

La vida social, en convivencia armónica y pacífica, se está deteriorando gravemente en muchos países de América Latina y de el Caribe por el crecimiento de la violencia, que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros, y lo que es más grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor a las familias y a la sociedad entera. La violencia reviste diversas formas y tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, grupos paramilitares, violencia común sobre todo en la periferia de las grandes ciudades, violencia de grupos juveniles y creciente violencia intrafamiliar. Sus causas son múltiples: la idolatría del dinero, el avance de una ideología individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el deterioro del tejido social, la corrupción incluso en las fuerzas del orden, y la falta de políticas públicas de equidad social (78).

Esta desigualdad social y la violencia en tantas formas no puede obviarse a la hora de pensar una pastoral en las grandes urbes, porque la pastoral urbana atiende a las personas y, en las grandes urbes, gran parte de ellas está formada por personas pobres, muchas, excluidas de ese entorno y primeras víctimas de la violencia que se extiende en las urbes.

Aquí viene un aspecto que también es necesario profundizar y que parte de la siguiente afirmación de Aparecida, al referirse a cómo debe ser la pastoral urbana, esto es, "capaz de atender a las variadas y complejas categorías sociales, económicas, políticas y culturales: pobres, clase media y élites" (517b). Sin duda, esas categorías sociales reflejan la realidad social como es, y el Evangelio es una Buena Noticia para todos; pero, ¿desde dónde? Este aspecto amerita una reflexión muy seria y, sin duda, una profunda "conversión cristológica".

El cristianismo se institucionalizó de tal manera que parece que cada uno, desde la clase social en la que se sitúa, puede vivir como cristiano sin sentirse afectado en ese aspecto por su experiencia de fe; pero cuando se mira la praxis de Jesús, su anuncio del Reino, las cosas son bastante distintas. El texto programático de Lucas es claro y contundente:

El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer buenas nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor. (Lc 4,18-19).

Es decir, la Buena Noticia del Reino pasa por la liberación de los cautivos, por la supresión de todas las esclavitudes. El Evangelio ha de anunciarse desde los pobres. Tal ha de ser el lugar teológico desde donde habla el evangelizador, para que sea un mensaje universal. Y ese es el fundamento de la opción preferencial por los pobres, tal y como lo expresó Benedicto XVI en el discurso inaugural de la Conferencia de Aparecida, cuyo Documento lo consignó en el número 392:

Nuestra fe proclama que "Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre". Por eso "la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano" (cfr. Hb 2,11-12). Ella, sin embargo, no es exclusiva, ni excluyente.

Muchos otros signos podrían destacarse de la realidad urbana. Sin embargo, int eresa profundizar en la necesidad de evangelizar en este nuevo escenario y los aportes de Aparecida, en este sentido, son valiosos y urgentes de llevar a la práctica. Somos conscientes de que la ciudad ya no transmite la cultura cristiana, como lo hacía el ambiente rural en el pasado. Y decimos "en el pasado" porque hoy también se constata que los medios de comunicación y la globalización han llevado los valores y prioridades de la ciudad al campo, y tanto las influencias positivas como negativas se pueden observar en los ambientes rurales. Como dice el Documento de Aparecida: "Esta mentalidad urbana se extiende también al mismo mundo rural." (510).

Esto nos sitúa en un nuevo horizonte evangelizador. No se parte de una tradición "dada". Se exige un verdadero camino de catecumenado que introduzca a las personas en la fe. Hay que propiciar los ámbitos donde se pueda convocar a otros a esta experiencia. Además, esta iniciación ha de hacerse en un contexto plural. Solo la significación de la misma puede resultar atractiva y convocante en medio de la diversidad de posibilidades.

La ciudad se presenta entonces como un campo en el que hay que estrenar "nuevos" caminos evangelizadores. En este sentido, la libertad (parresía) es fundamental en el anuncio, para que se llegue a las raíces de la novedad, y no se repitan esquemas tradicionales, que si bien pueden haber dado buenos frutos, hoy no dicen lo que entonces decían. De allí la necesaria libertad profética, para hablar en nombre de Dios, y decir su Palabra necesaria para la hora actual.

La novedad exige libertad, con el riesgo de equivocarse, pero siempre con la búsqueda de fidelidad al Reino, para que lo sembrado —aunque sea pequeño e insignificante— crezca como el grano de mostaza (Mt 13,31-32). El temor siempre es paralizante, y no puede entender ni afrontar el desafío de la novedad. Esa libertad es fruto del Espíritu, que es el que "hace nuevas todas las cosas" (Ap 21,5, citado en el Documento de Aparecida, 515).

Conclusión

Este breve recorrido por los pronunciamientos del magisterio latinoamericano y caribeño sobre pastoral urbana pretendió seguir fortaleciendo la reflexión y ofreciendo pistas para su desarrollo. La novedad consiste en los aspectos que se señalan en la tercera parte, como pistas de acción.

Entre ellos, la cuestión de género y la conversión cristológica a los pobres son aspectos que no han sido muy trabajados y el presente artículo quiere proponerlos para el debate. Consideramos que son signos de las grandes urbes porque la realidad de los pobres que habitan en ellas no es un anexo sino un problema fundamental. ¿Acaso podemos ser cristianos en estas grandes ciudades con esa gran cantidad de pobres que reclama dignidad, justicia social y equidad en todos los sentidos?

En la pasada "Copa del Mundo 2014", el descontento social fue mayor que la vocación futbolística de un país como Brasil; y la presencia de la mujer en el ámbito público ya es una realidad irreversible. ¿Será la Iglesia capaz de acoger esta nueva realidad en sus reflexiones pastorales? Las respuestas las dará la praxis vivida que escapa a las reflexiones aquí presentadas.


Pie de página

1"En 1950, solo 16% de la población mundial habitaba en ciudades, en 2000 ya era 50% [...]. En 2007, por primera vez en la historia, la población urbana superó la rural, que además está urbanizada mentalmente en la medida que los medios de comunicación social 'urbanizan' muchos aspectos de la vida. [...]. Hay más de treinta mega-ciudades con más de ocho millones de personas [...]. Las previsiones demográficas para 2020 dicen que nueve ciudades tendrán más de veinte millones de habitantes; la cinco más numerosas serán México (35,5 millones), Shangai (35), Pekín (31), San Pablo (28) y Bombay (25)." (Galli, Dios vive en la ciudad. Hacia una nueva pastoral urbana a la luz de Aparecida, 70).
2Torres, Viviescas y Pérez (comp.), La ciudad: hábitat de diversidad y complejidad, 13.
3Nuestros aportes se hacen desde la Iglesia Católica porque nos centramos en recoger los pronunciamientos que ella ha hecho sobre la pastoral urbana. Sin embargo, no desconocemos el trabajo hecho desde otras iglesias cristianas que también, ante el fenómeno urbano, buscan proponer líneas de acción en las ciudades, y se preguntan: ¿En qué medida el evangelismo puede contribuir para mejorar la sociedad contemporánea? ¿Cuál puede ser el papel de la Iglesia en una sociedad que enfrenta tantos desafíos sociales? (Barbosa dos Reis, "O fenómeno urbano: Reflexões para uma ação integral da Igreja nas cidades").
4Ibid., 11.
5Galli, Dios vive en la ciudad, 29.
6Para una profundización en estas dimensiones de la pastoral, ver a Merlos, Teología contemporánea del ministerio pastoral, 160-166.
7Con esta expresión se convocó el Primer Congreso Internacional de Pastoral Urbana "Dios habita en la ciudad", realizado en México del 6 al 9 de agosto de 2007 y organizado por las universidades J.Gutemberg, de Alemania, e Intercontinental, Iberoamericana y Pontificia, de México.
8Niño Súa, "De la pastoral en la ciudad a la pastoral urbana", 401-402.
9Ibid., 404-405.
10Ibid., 405-406.
11"Ciudad invisible" es un término cada vez más usado en la antropología urbana: determina aquellos grupos humanos homogéneos que habitan, dispersos, en una misma megalópolis o ciudad. Dicha homogeneidad consiste en la manera y forma como responden a los distintos estímulos que la existencia presenta al ser humano. Ver a Bravo, "Ponencia", Congreso de Teología y Pastoral, Bogotá, 10-12 de septiembre de 2007. Pastoral urbana, http://pastoralurbana.com.ar/web/benjamin-bravo.php (consultado el 20 de junio de 2014).
12Merlos, Teología contemporánea del ministerio pastoral, 616-617.
13Lonergan, Método en teología, 9.
14Ibid., 234.
15La presencia de las iglesias cristianas (no católicas) en América Latina se remonta al siglo XIX, aunque se pueden encontrar diversas presencias desde la Colonia, por la inmigración, en la que hubo muchas personas no católicas. Ellas fueron perseguidas por la confesionalidad católica de muchos de los países latinoamericanos. En los últimos tiempos, se han hecho modificaciones en la mayoría de las constituciones de los países latinoamericanos, lo que ha permitido su presencia y acción en condiciones de más igualdad con la Iglesia Católica.
16Expresión que se refiere a la "Era de Acuario" proveniente de la creencia de que cuando el sol pasa de un signo del Zodíaco al siguiente se producen cambios en la humanidad.
17Para una aproximación a una teología de la ciudad desde aportes de Inglaterra y Estados Unidos, ver a Azcuy, "Apuntes para una teología de la ciudad. En el camino hacia una reflexión interdisciplinaria", Pastoral urbana, http://pastoralurbana.com.ar/web/virginia-azcuy.php (consultado el 18 de junio de 2014). La autora, además, señala la importancia de la obra de Comblin, Teología de la ciudad, como pionera en esta reflexión sobre la teología de la ciudad, lo mismo que otros aportes latinoamericanos en esta misma línea: Niño Súa, La Iglesia en la ciudad. El fenómeno de las grandes ciudades en América Latina; Susin, "Una ciudad para Abel. Ángulos de una teología de la ciudad", 45-76.
18Noguez, "La ciudad en la Biblia", 177.
19Ibid., 181.
20Ibid., 179.
21Ibid., 198.
22Para una lectura del Apocalipsis desde la pastoral urbana, ver a Navia, "Ciudades hoy, diálogos con la tradición bíblica".
23Noguez, "La ciudad en la Biblia", 194-212.
24Niño Súa, La Iglesia en la ciudad, 197-198.
25El término peregrinar surge al pensar las grandes distancias que atraviesan cada día los moradores de las urbes.
26Ilegal, clandestinamente.
27Celam, "V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 2007", 514.
28Para una reflexión sobre la pastoral (sub) urbana, es decir, lo que tiene que ver con los suburbios, con la religiosidad popular, con esa otra cara de la ciudad que constituyen los cinturones de miseria que surgen en las grandes ciudades, ver a Seibold, "Imaginario social y religiosidad popular. Su problemática actual en medios populares del Gran Buenos Aires", 131-140; Idem, "Piedad popular, mística popular y pastoral urbana", 207-226; Trigo, "La evangelización de la ciudad contemporánea", 87-144; Idem, "Pastoral suburbana. Elementos estructurales", 39-105; Vélez y otros, "El desplazamiento forzado: un desafío a la pastoral suburbana", 221-261.
29Floristán, Teología práctica. Teoría y praxis de la acción pastoral.
30Galli, Dios habita en la ciudad, 34.
31Merlos, Teología contemporánea del ministerio pastoral, 19.
32La obra de Galli, Dios vive en la ciudad, muestra un profundo y detallado recuento de este camino latinoamericano a la luz de Aparecida. Asimismo, es importante señalar la obra ya clásica dirigida por J. de J. Legorreta, 10 palabras clave sobre pastoral urbana. Recientemente podemos señalar otra obra: la de Mendes e Islas (eds.), Presencia de la Iglesia en la ciudad a la luz de la misión continental permanente, y el número monográfico "Iglesia y ciudad" de la Revista Medellín 155. Estas publicaciones ofrecen ricos e importantes insumos para aproximarse al desarrollo de la pastoral urbana en el continente. Caben destacarse algunos congresos realizados en México, Buenos Aires y Bogotá, que han mantenido este desarrollo teológico-pastoral. Para el mes de agosto de 2014, el Celam ha convocado un Seminario Interdepartamental "Presencia de la Iglesia en la ciudad. Memorias, Desafíos y compromisos a la luz de la misión continental permanente", al que asistirán expertos en el tema.
33Para una síntesis de lãs actividades y reflexiones promovidas por el Celam, ver a Mendes, "A presença da Igreja na cidade e a evangelização das culturas urbanas na América Latina e Caribe", 61-94.
34"Megalópolis" son las grandes ciudades que se forman especialmente en los países del tercer mundo porque es en ellas donde se ofrecen oportunidades de trabajo. En los países del primer mundo está más distribuida la riqueza, por lo cual no hay necesidad de desplazarse a las grandes ciudades. Esa complejidad hay que entenderla para evangelizar. Ver a Bravo, "100 palabras para evangelizar la ciudad", 19.
35Galli, Dios habita en la ciudad, 69-74.
36Es muy interesante la referencia que en esa cita se hace a una de las consecuencias del fenómeno urbano: el paso de la familia patriarcal hacia un nuevo tipo de familia. Lástima que ha sido tan difícil asumir, en la teología, la cuestión del patriarcado, lo que ha ido de la mano de un avance tan lento en relación con la mujer y, por supuesto, con otras configuraciones familiares.
37Galilea, ¿A dónde va la pastoral?, 19-35; Idem, "Pastoral y lenguaje", 61-72.
38Celam, Pastoral y parroquia en la ciudad, 59-94; Idem, Pastoral de la metrópoli, 25-68.
39Celam, Evangelizar la gran ciudad. Un desafío prioritario.
40Celam y Depas, El hombre y la ciudad. Promoción humana en la megalópolis de América Latina, 299-330.
41Estos intentos de "completar" dicho método pastoral se ven en escritos recientes: por ejemplo, monseñor Santiago Silva Retamales, en su presentación al libro Presencia de la Iglesia en la ciudad a la luz de la Misión Continental Permanente, explícitamente afirma: "...para que sea teológico-pastoral y no solo un acercamiento sociológico a las realidades socioculturales ni una reflexión bíblico-teológica con escasa o nula incidencia en la transformación de vidas y de la historia, necesitamos renovar el método. Para ello habría que introducir cuatro innovaciones: (a) Compartir, (b) ver-contemplar, (c) juzgar/iluminar, (d) actuar." (Silva Retamales, cuatro" Presentación," 11-13).
42En sus homilías, numerosos sacerdotes invocan la condición desesperada, triste, oscura de la persona que no vive cristianamente, y creen que con eso la gente va a responder al mensaje que anuncian. En realidad, muchas personas viven muy felices y no es por esa vía como se podrá conseguir la recepción del mensaje que se anuncia.
43El libro La ciudad: hábitat de diversidady complejidad refleja la preocupación de las diferentes disciplinas frente al fenómeno urbano. Allí se convocaron historiadores, literatos, artistas, sociólogos, filósofos, etc. Sin embargo, surge una pregunta: ¿Por qué no invitaran a los teólogos a estos espacios de reflexión? Este es el desafío de una teología capaz de dar una voz pública ante estas realidades que interesan a todos.
44Para un tratamiento más detallado de este tema, ver a Vélez, "Ciudad y mujer: una apuesta evangelizadora", 453-471.
45Un estudio interesante sobre este tema: Falú (ed.), Mujeres en la ciudad. De violencias y derechos.
46Cabe destacar que experiencias de pastoral urbana como "Casitas bíblicas", en Bogotá, Colombia, que son ejemplo de participación activa de las mujeres en la evangelización en la urbe. También, a nivel de reflexión teológica es importante ver la bibliografía que este mismo artículo señala, en la que se constata la presencia femenina en este campo pastoral.
47Sobre este fenómeno, ver a Vélezy otros, "El desplazamiento forzado: un desafío a la pastoral suburbana", 221-251.


Bibliografía

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