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Theologica Xaveriana

Print version ISSN 0120-3649

Theol. Xave. vol.67 no.183 Bogotá Jan./June 2017

http://dx.doi.org/10.11144/javeriana.tx67-183.rocams 

Artículos

La raíz ontológica de la crisis ambiental. El magisterio de su santidad Bartolomé*

The Ontological Root of the Environmental Crisis. The Magisterium of the Holy Patriarch Bartholomew

Felipe Cárdenas-Támara** 

**Doctor en Antropología, Bircham International University, y Doctor honoris causa en Educación Terciaria Universitaria, Organización Mundial de la Salud Pública. Profesor asociado, Universidad de la Sabana, Bogotá; director de la Maestría en Educación y del grupo de investigación Sociopolítica, Cultura y Ambiente. Orcid: 0000- 0002-3804-8961. Correo electrónico: felipe.cardenas@unisabana.edu.co

Resumen

Con base en el pensamiento ambiental del Patriarca de Constantinopla, se estudia la importancia de considerar la crisis y problemática ambiental a la luz de una conceptualización que destaque la significación del argumento ontológico como categoría de sentido clave para el pensamiento ambiental. El Patriarca ha desarrollado una rica argumentación ambiental relacionada con los fundamentos teológicos, espirituales y religiosos del cristianismo. Se destaca como resultado de la investigación la rica argumentación ambiental y los sentidos profundos que proporciona la teología ortodoxa en la compresión de las causas y soluciones de la problemática ambiental contemporánea.

Palabras-clave: Ontología; teología ortodoxa; patriarca ecuménico Bartolomé; crisis ambiental; cosmología ambiental

Abstract

Based on the environmental thought of the Patriarch of Constantinople, we study the importance of considering the environmental issues and crisis in the light of a conceptualization that emphasizes the significance of the ontological argument, as a key category of meaning for environmental thought. The Patriarch Bartholomew has developed a rich environmental argument related with the theological, spiritual and religious foundations of Christianity. A rich environmental argumentation and deep meanings provided by Orthodox Theology in understanding the causes and solutions of moderm environmental issues stand out as the result of this research.

Key words: Ontology; Orthodox Theology; Ecumenical Patriarch Bartholomew; Environmental Crisis; Environmental Cosmology

Introducción

La problemática ambiental contemporánea tiene múltiples factores explicativos; se puede afirmar que es el producto emergente de la Modernidad industrializada y de los procesos de globalización mundial marcados por un avance tecnológico sin precedentes.

Estas condiciones han permitido al ser humano vivir niveles de bienestar material nunca antes experimentados; pero igualmente la humanidad (como toda la naturaleza) ha pasado a vivir situaciones ambientales marcadas por el rápido deterioro de ecosistemas planetarios y la desaparición de culturas aborígenes, como sociedades campesinas y premodernas que, en muchos casos, han sido obligadas a asumir el modo de vida marcado por la llamada civilización moderna.

La era moderna ha privilegiado la preeminencia del conocimiento científico y tecnocrático. Sin duda, la capacidad inventiva del hombre se puede ver, sentir y vivir como expresión del despliegue de fuerzas materiales y tecnológicas que, de manera acumulativa, refieren importantes procesos creativos y destructivos jamás experimentados por otra cultura o civilización.

El siglo XX es el de la mayor violencia y del mayor número de guerras que se han vivido. Igualmente, es el siglo de síntesis en lo referido a desarrollos intelectuales y civilizatorios que sin duda son sorprendentes. Esto, debido a la elaboración de argumentos y conceptos de una riqueza semántica con enorme poder creativo, la cual se expresa, en el plano social, por la capacidad humana de usar y acumular energía fósil, principalmente como motor del aparato productivo contemporáneo.

Uno de los textos explicativos más influyentes sobre las raíces de la crisis ambiental fue el artículo titulado “The Historical Roots of Our Ecological Crisis”, del historiador Lynn White1. El texto en mención, sin mayor conocimiento teológico -que sigue siendo citado por numerosos intelectuales y científicos como el texto canónico sobre la materia de las causas del deterioro ambiental-, afirmó que los problemas ambientales tienen como raíz la tradición judeo-cristiana, especialmente en su rama católico romana-protestante.

Según White, el cristianismo occidental habría seguido al pie de la letra los mandatos dados en el libro del Génesis (1,27-28), donde se afirma: “Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla; y tened domino sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre todo animal que se mueve sobre la tierra”. Como lo comenté años atrás, en mi trabajo titulado “Crisis ambiental y cristianismo”, este historiador ignoró completamente la expresión histórica, teológica y sociológica del mandato bíblico, referido en los distintos momentos históricos del cristianismo y en las diferentes versiones que el cristianismo ha tenido desde su pasado semita como su modo de existir desde la encarnación de Jesucristo en la historia humana.2

Diversos especialistas -católicos, protestantes y ortodoxos- se han encargado de corregir la visión incompleta, incorrecta pero altamente influyente de White3. Este (como otros intelectuales de fines de los años sesenta y principios de los setenta) pensó, de manera sesgada e ingenua, que la explosión demográfica, como el consumo desmedido, eran los principales factores -de raíz cristiana- que explicaban el origen del problema ambiental. Pensadores del prestigio de Wolfhart Pannenberg se encargaron de esclarecer, de manera contundente, la confusión generada por el artículo de White, como muestra el siguiente comentario:

...es injusto achacarle globalmente a la cristiandad occidental esta perversión del encargo bíblico y el desconocimiento de la función de delegación y representación que comportaba. Ha sido solo la emancipación del hombre moderno de la revelación bíblica la que ha convertido el encargo bíblico en un sentimiento plenipotenciario de la naturaleza para ser usada a capricho.4

El argumento ontológico como raíz de la problemática ambiental

El argumento ontológico -óntico o de la ontología- expresa un orden existencial, un estar en otra dimensión o reconocerla que está directamente relacionado con el argumento teológico, de orden espiritual, que tiene que ver con la palabra “ser” (einai), cuya intencionalidad se orienta a elevar el sentido moral, ético, estético, personal y comunitario de la sociedad humana.

El argumento ontológico, hoy bastante erosionado, tergiversado, ignorado, desconocido, abandonado u olvidado, se deriva -en la tradición que estudiamos- de los desarrollos del corpus areopagítico de la patrística cristiana y de los desarrollos propios de la teología ortodoxa contemporánea5. Una de las principales funciones de la teología apofática es señalar los límites del discurso humano en su aprehensión de lo divino, anotando que, por rica que sea la argumentación sobre Dios, el discurso teológico nunca logra agotar totalmente los contenidos de lo sagrado, ni los sentidos plenos de la experiencia humana o de los sucesos que se dan en la naturaleza.

La teología apofática destaca la importancia de la vivencia experiencial y existencial en el camino de la unión con Dios; no se puede comprender ella como la expresión de un argumento de orden naturalista o exclusivamente pragmatista cuyo lenguaje estaría interesado en orientarse por la precisión analítica de las ciencias positivas, empíricas o fácticas.

A diferencia de las concepciones naturalistas, el argumento ontológico no está sujeto al campo de validación de la verificación empírica, ya que se comprende la existencia de ámbitos de la realidad que no están sujetos exclusivamente a la observación sensible, pero que son inteligibles y experienciales, y por tanto, constitutivos de la realidad.

Ahora bien, la expresión empírica es un referente central en lo relativo a visibilizar las verdades de la fe, en cuanto proyecto institucional, comunitario y eclesial; téngase en cuenta que en el cristianismo la experiencia de orden busca tener vínculos reales con los sistemas de soporte ecológicos, y sus dimensiones tecnoambientales y tecnoeconómicas.

Todas las religiones y civilizaciones, en su argumentación sapiencial, han desarrollado algún tipo de concepción de la realidad, por elemental que sea, en la que los planos metafísicos han sido pensados de manera diversa, refiriendo un conocimiento o aprensión sobre los mapas espirituales del cosmos6.

Se puede afirmar que los máximos desarrollos argumentativos sobre la relación ontológica con la naturaleza se han dado en el cristianismo7. El camino cristiano es la vía de unión con Dios, en el cual la relación ontológica y teológica se entiende a la luz de la realidad de un Dios trino, cuyas relaciones establecen claramente su presencia y participación en la historia humana y en la vida de los creyentes8.

Más aún, la experiencia eclesial señala los caminos y establece los sacramentos para adentrarse en el camino de la unión con Dios. Las enseñanzas, analógicas (el mensaje) o digitales (el ritual), están sujetas a la transformación y corrupción9, en una secuencia de campos dogmáticos y mitopoéticos que tienen lógicas o sentidos morales y existenciales no del todo reducibles a la disección analítica, de la razón científica o filosófica.

Dinámicas históricas para la erosión del argumento ontológico

El problema ontológico se abordará desde la significación dada por Christos Yannaras, quien lo entiende como la empresa que da cuenta del ser de las cosas existentes, el logos de los seres10.

La tesis del presente trabajo postula que la crisis ambiental deviene como expresión emergente de la ruptura ontológica relacional que el ser humano experimenta con los planos de la sacralidad del cosmos. En otras palabras, la sociedad occidental, particularmente, ha perdido la capacidad de buscar las causas y propósitos de la existencia de las cosas existentes. Así, el propio ser humano se encuentra extraviado en relación con su propia naturaleza, que hoy se entiende simplemente como la expresión de una función utilitaria al sistema de producción del capitalismo, de la sociedad liberal y de los esquemas mentales que postula la Modernidad.

El contexto histórico explicativo sobre la erosión del argumento ontológico está marcado por el advenimiento de la Modernidad. La historiografía europea toma la caída de Constantinopla, en 1453, como punto de partida de este periodo, ya que dicho acontecimiento ocasionó que el eje del desarrollo europeo se trasladara del mundo griego oriental al mundo latino occidental11. El llamado Renacimiento, la Reforma protestante y la contrarreforma católica fueron procesos históricos que sellaron la dinámica de lo que se entiende por Modernidad.

La Modernidad como significante expresa una antítesis relativa a lo que está en el pasado. Los tres últimos siglos en la historia europea han estado constituidos por expresiones, sucesos, ideas, argumentos y prácticas sociales que han configurado el ethos de la Modernidad en toda su complejidad. Así mismo, marcan el punto de partida de la noción de progreso, la cual emergió de empresas coloniales, esclavistas e industriales que desencantaron el mundo, tal como expresó Max Weber en su trabajo sobre el surgimiento del capitalismo12, e incluso han tenido efectos perversos en el trabajo de misión de la Iglesia13.

El mundo occidental asumió los valores de la Modernidad, que debe entenderse como discurso, narrativa y hábito mental que marca la historia, la cultura, las mentalidades, cotidianidades y las formas de vida de enormes porciones territoriales y sociedades en el planeta.

La era Moderna estableció rupturas con el pasado y la tradición en todos los aspectos. Su propósito definió, como eje central de su narrativa, la noción de progreso, generalmente de orden unilineal, en el que Europa se constituía en la cima del proceso civilizatorio. La invasión, conquista y descubrimiento de los europeos del nuevo continente, su expansión colonial en África y Asia, y los desarrollos tecnocientíficos producto de los cambios revolucionarios en el método científico, las nuevas invenciones, las nuevas instituciones y el surgimiento de los estados liberales definen las notas sobresalientes de la era Moderna.

Por tanto, la Modernidad estableció una nueva experiencia de orden cultural y político que rompió con la autoridad, con los principios regulativos y con los criterios cognitivos que venían del pasado. El pasado medieval europeo, de orden religioso, sufrió una transmutación. La iglesia cristiana, en Occidente, se ramificó en la versión protestante -fuera en su línea calvinista o la luterana- y la Iglesia Católica; esta se configuraría en función de la Contrarreforma que finalmente fue una respuesta (Concilio de Trento) a la fragmentación dada por las rupturas impulsadas por Lutero, Calvino y Enrique VIII.

Como señala Christos Yannaras, en dicho contexto, la mentalidad moderna está marcada por discursos y prácticas sociales que mantienen continuidad hasta el día de hoy, y se expresan con formas sociales y significados más o menos antirreligiosos, anticlericales y generalmente hostiles a todo principio regulativo de orden metafísico u ontológico14.

En definitiva, la era Moderna puede entenderse como un sistema político y cultural cuya expresión dominante se expresa a la luz de procedimientos marcadamente antimetafísicos. La “ontología” moderna, el modo de ser, es principalmente funcionalista y utilitarista; la realidad se observa y comprende como un fenómeno objetivo, está organizada mediante elementos funcionales orientados a la dominación y maestría sobre la naturaleza, y no como un hecho existencial, marcado por connotaciones sagradas ligadas a la creación de Dios. Yannaras señala que el problema óntico es marginal para el llamado mundo moderno:

Preguntas concernientes a la causa, fin o propósito de la existencia, el principio causal o el origen de las cosas, las relaciones entre cosas del mismo género, o entre conceptos universales y entidades individuales, ya no interesan a las personas modernas.15

Recuerda Yannaras que el rechazo moderno a las categorías axiomáticas y trascendentes se complementa con una nueva “ontología” que se identifica con el sentido común empírico, la libertad de pensamiento e investigación, la búsqueda de pruebas matemáticas y la validación experimental16. El nuevo ethos que se impone, ensambla un nuevo mapa y cartografía profana que entiende la realidad de la naturaleza como sujeta a la intervención humana desde los postulados de la ganancia y la rentabilidad.

De una naturaleza encantada y sagrada, se pasó a una naturaleza desencantada, desacralizada, cuyo funcionamiento está marcado por los criterios de utilidad final que esa “cosa”, la naturaleza, tenga para el modo de producción dominante y cuyo vínculo civilizatorio está marcado por el esquema comercial proyectado por los valores imperiales y colonizadores de Europa continental, Inglaterra y los Estados Unidos de América, como de la élites criollas que asumieron los marcos normativos de la cultura dominante.

La rica, compleja y evocadora -pero no neutral- noción de apertura al mundo marcó el individualismo colonizador de las potencias imperiales17; y estableció, con base en un sofisticado arsenal intelectual amparado en la ciencia y teología escolástica, la demanda de ciertos sectores de la humanidad que impusieron una mentalidad centrada en la ganancia y la rentabilidad como expresión del poder soberano del hombre occidental sobre la naturaleza y las culturas consideradas premodernas, salvajes o primitivas.

La naturaleza se transmutó culturalmente del orden cristiano patrístico, que la entendía como expresión de la gloria de Dios, a un objeto sujeto a leyes inmutables, procesos uniformes y estables, cuyo funcionamiento se podía descifrar desde la puesta en marcha de un dispositivo racional y tecnocientífico que se pone a disposición de la explotación racional de sus riquezas.

Las sociedades y culturas humanas, ubicadas en los paisajes culturales y naturales “descubiertos” por los poderes coloniales, se entendieron a la luz de un modelo evolutivo que postuló que esos seres sin alma debían considerarse como salvajes o bárbaros; con ello justificó un modelo civilizador, cuyo potencial civilizatorio se justificó a la luz del surgimiento y evolución de los estados modernos, cuya máxima expresión y referente fue la sociedad europea, culta y civilizada. Los relatos sobre el buen salvaje y la justificación de su exterminio, incluso por parte de los estados liberales republicanos, está en la base del proyecto ilustrado que dio origen al Estado moderno.

El siguiente apartado desarrollará algunas ideas en relación con la proyección ambiental que se desprende del argumento ontológico de cuño cristiano. El propósito es visualizar un marco cuyas coordenadas relacionales puedan tener efectos políticos para la restitución y restauración de un cosmos sagrado, ligado a los principios axiológicos que se desprenden de la experiencia noética del cristianismo. Con ello se entiende el despliegue espiritual de la persona humana y de las comunidades, a la luz de la constitución y desarrollo de un sentido, ético, moral y espiritual por parte del hombre y sus sistemas socioculturales.

Proyecciones cósmicas ambientales del argumento ontológico

La crisis ambiental que vive la humanidad ha sido apropiada, explicada y criticada en sus factores generadores, recientemente, por el papa Francisco, en su encíclica Laudato si.18 Esta crisis tiene que ser resuelta -particularmente en el llamado mundo occidental- desde la búsqueda de una nueva cosmología que destaque las dimensiones relacionales de la realidad, y enfatice la relevancia de la persona humana y sus lazos comunitarios como expresión de un ethos ambiental que intente construir acciones ecológicas que preserven, conserven y restauren relaciones de armonía en la realidad material del cosmos terrestre.

Es importante tener en cuenta -como afirma Alexei V. Nesteruk- que existe una importante reflexión y fuentes teológicas, tanto en lo padres griegos como latinos, que da cuenta de los vínculos y relaciones entre una filosofía de la naturaleza y de la ciencia. Dichas fuentes establecen ricos horizontes de sentido, derivados del cristianismo, que pueden contribuir a restaurar el sentido moral del hombre en sus relaciones con la naturaleza. La nota particular de dicha reflexión teológica ha estado marcada particularmente por los modos clásicos de la ciencia grecorromana en su aprensión de la realidad19.

Para los cristianos, la naturaleza no puede ser entendida como un objeto neutral e impersonal; como expresión del misterio divino, ella tiene rasgos incomprensibles, en lo referido a la capacidad plena de la mente humana para captar en toda su plenitud el sentido que expresa el mundo natural, del cual el ser humano forma parte (Gn 1-2). La naturaleza y los ecosistemas no son simplemente objetos de conservación. La naturaleza se entiende como creada por la acción de Dios y, por tanto, es un artefacto vivo, una metáfora, un modo de ser existencial y moral que, en su estructura emergente, expresa la fuerza creativa y vital de la energía divina, cuyo mandato de dominación otorgado al hombre refiere el cuidado que él debe tener del cosmos y de la creación (Gn 1,28).

Para el ascetismo cristiano, la naturaleza es una entidad para la contemplación, el trabajo, el estudio y la investigación. Nunca deberá ser destruida, pues toda ella celebra lo que San Máximo, el Confesor (580-662 d. C.), llamó una liturgia cósmica, cuya cristología establece parámetros de innovación que nos limpia, restaura y purifica20. La naturaleza es la expresión analógica visible del Dios invisible del cristianismo.

El asceta cristiano ha buscado refugiarse en ecosistemas solitarios, intentando realizar ejercicios ascéticos que lo lleven por los caminos de la trascendencia. La adquisición de la llamada “gracia increada” guarda relación con la superación de las tendencias egocéntricas que tiene todo hombre. La relación con la naturaleza tiene como propósito la unión con Dios y la superación de las pulsiones de dominio contenidas en la naturaleza humana, cuya caída arrastró a toda la creación (Gn 3).

Como señala Christos Yannaras, la ecología de la iglesia cristiana dota de sentido al mundo mediante sus expresiones eucarísticas, en procesos soteriológicos que culminan con la revelación de Cristo y la reencarnación de él en la Iglesia Católica, cuyo rasgo visible de unidad le fuera dado a los Apóstoles, sus sucesores, y particularmente a Pedro, como cabeza de la Iglesia visible e indefectible (Hch 15; Jn 21)21. Así, no existe como prioridad un sentido utilitario en la relación que el hombre cristiano construye con la naturaleza. Se vive de ella; pero la relación no se establece con base en un criterio utilitarista y antropocéntrico, característico del ethos que se impusiera con el advenimiento de la Modernidad.

El argumento ontológico, en su proyección ambiental, refiere un proceso de maduración espiritual de la persona humana y de la comunidad. Conforme a esto, la persona humana, ser relacional por excelencia, debe estar situada en el plano de la relación con otros seres humanos y otras entidades no-humanas; su existencia ha de establecer una activa participación con la otredad de la naturaleza. Todos los seres humanos tienen que proyectarse espiritualmente; ese camino es personal, en la medida en que cada hombre y mujer son seres únicos e irrepetibles que, situados en el mundo, viven de manera singular y particular la aventura de vivir.

El marco discursivo contemporáneo: la voz del patriarca Bartolomé en su narrativa ontológica

En el trabajo de investigación que venimos realizando, el argumento ontológico, en la voz del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, refiere los principios esenciales que definen y estructuran la arquitectura de su cosmovisión ambiental. En este apartado se presentarán los principales significados que devienen de la relación ontológica del pensamiento ambiental de su santidad Bartolomé. Todos los materiales usados están disponibles en su totalidad en el portal electrónico del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Consideración preliminar

Como se ha mencionado en otros trabajos, la narrativa ambiental que se viene estudiando forma parte de una rica tradición eclesial, cultural e histórica anclada en la tradición de la fe ortodoxa22. A lo largo de su discurso, el patriarca Bartolomé hace importantes y constantes referencias históricas que rememoran acontecimientos, eventos y procesos que se relacionan con la tradición de pensamiento helénico y bizantino. En dicho horizonte histórico se percibe una concepción de continuidad con la incorporación de la revelación como acontecimiento divino, con sustratos identificables en la historia del ser humano.

Si bien el argumento ontológico -en su más importante desarrollo- tiene puntos de contacto con la antigua ontología griega, la referencia desde la cual opera la cadena de significados del Patriarca debe entenderse como un código que superó dicha ontología, dado que la existencia del Dios cristiano rompe con la lógica griega, que entendía a Dios y a los dioses como entidades totalmente trascendentes y al margen de la relación personal que se instituyó con claridad en el cristianismo.

El Patriarca cita las obras de los filósofos estoicos y de Aristóteles, pero lo hace desde la tradición cristiana. Destaca que el principal rasgo de la humanidad del hombre es su dimensión trascendente: el hombre es hecho a imagen y semejanza divina (Gn 1,27), realidad que debe considerarse como el símbolo político más importante de la civilización judeo-cristiana. Para el Patriarca, dicha realidad es de orden re- lacional: la persona humana debe realizarse en el seno de relaciones personales y comunitarias. Estas se expresan con el mundo social y el mundo natural, de tal forma que no se puede realizar el hombre sin mirar el rostro de otros hombres y sin mirar la naturaleza, que se entiende como expresión bondadosa de la acción divina (Gn 1-2).

La estructura referencial y relacional del argumento ontológico del Patriarca se puede observar como un haz de complejas relaciones que están en función del despliegue espiritual del hombre. De ellas emerge un discurso y una práctica social que, empíricamente, expresa un paisaje cultural diverso al interior del cristianismo y que puede definirse -como lo hace el teólogo argentino Lucio Florio- como el mapa trinitario de la presencia de Dios en la experiencia eclesial de la humanidad y de su historia23.

En esta tradición, la referencia ontológica a los griegos y al pensamiento helénico es importante, pero -cómo ya se ha mencionado- si bien es una experiencia de la que se obtiene dicho soporte, este se considera como superado, dadas las notas particulares del cristianismo apostólico en lo referido a un conjunto de significados que superan la experiencia ontológica del mundo griego de la Antigüedad.

Conviene notar que la sola relación con el dogma referencial y sus particularidades reflejan -como es apenas obvio- una secuencia de relaciones que estructuran el argumento ontológico, como narrativa de la realidad, del ser y del inventario de la totalidad de lo que acontece en las realidades visibles e invisibles del mapa trinitario.

Las relaciones ontológicas pueden comprenderse como coexistentes con diversos ámbitos de la realidad. En dicha relación, la mente del agente productor del código discursivo hace uso de un extenso repertorio de signos que denotan una rica visión ambiental, cuya particularidad no puede entenderse sin el marco experiencial, existencial y eucarístico que proyecta, de manera práctica, en los agentes que infieren esa realidad.

La realidad de los signos ontológicos refieren realidades marcadas incluso por lo no-sígnico y metasensible; lo espiritual se sumerge y alimenta de lo físico, como lo físico se nutre de la esfera espiritual. Dicha condición marca la plenitud de la terceridad semiótica, en su referencia a universos físicos y universos espirituales, cuyos correlatos se estructuran con base en las cadenas de significación producidas en un sistema trinitario; este se debe considerar como estructura metadiscursiva y metanarrativa, pues tiene el sello único -como afirmaría Vladimir Lossky- de relacionarse con la naturaleza humana (Cristo) y con cada una de las personas (Espíritu Santo).

El universo ontológico en la voz de su santidad Bartolomé24

La teología trinitaria es la tradición que estructura la base ontológica del universo conceptual del Patriarca. Desde dicho anclaje, en los últimos 26 años, sistemáticamente ha venido denunciando la destrucción de la naturaleza, la miseria de los hambrientos del mundo, y los peligros referidos a la cosificación del ser humano, cuando se hace de él un objeto de manipulación por los que detentan el poder. Según el Patriarca, el sello particular de la teología trinitaria deberá irradiarse como programa social:

Toda forma de comunidad -el lugar de trabajo, la escuela, la ciudad, la nación, e incluso la Unión Europea- tiene como vocación el hacerse, cada una a su manera, un icono viviente de la Trinidad... Ese es el rol de la religión en una Europa cambiante.25

La teología ortodoxa -en la voz del patriarca Bartolomé- le recuerda a Occidente que este se ha hecho altamente materialista. El modo de existencia que marca su experiencia de orden, en el plano político y económico, surge enteramente de su concepción teológica ortodoxa, relacionada con su énfasis en la bondad del mundo creado, que es comprendido -para la teología ortodoxa- en toda su significación en el contexto de la plenitud eucarística.

A continuación y a manera de síntesis se presentarán los resultados analíticos sobre el esfuerzo de estudio de 139 textos, emanados del accionar ambiental del Patriarca en los últimos 26 años, sobre los cuales llevamos trabajando dos años. Del verbatim del Patriarca se desprenden (1) una interpretación personal, y (2) una consecuencia o implicación ambiental.

El trabajo que se presenta, metodológicamente, se sitúa en el contexto del análisis discursivo, cuya unidad mínima de análisis, o segmento significativo más pequeño es la oración, como señala Roland Barthes. En dicho contexto se busca estar atento al estudio de cada enunciado en la sucesión de oraciones que lo componen.26

Expresiones de la ontoteología ambiental

A continuación se agruparán, a modo de ejemplo, algunas de las expresiones más significativas del Patriarca que permiten relacionar sus palabras y argumentos en torno del llamado referente ontológico. Se toman los argumentos más relevantes de un conjunto de 139 documentos producidos a lo largo de las últimas dos décadas.

El conjunto de las agrupaciones, dos por cada análisis, se organiza en torno de la fuente de la que se deriva en referencia directa a la cita del Patriarca, que no se incluye literalmente, dadas las limitaciones editoriales de la publicación, pero que el lector puede consultar directamente en el portal electrónico del Patriarcado, que se presenta como expresión del referente ontológico y las implicaciones ambientales derivadas de la semiosis discursiva que se analiza.

Fuente i: P 5, P 6. Opening Session of the Meeting of Orthodox Primates at the Phanar (March 13, 1992)

Fuente 2: P 5. Christmas Encyclical Message (1994)

Referente ontológico: Revelación cristiana en su singularidad revelada y profética. Revelación cristiana dada por las manifestaciones del Dios trinitario. Mundo físico y metafísico: planos visibles e invisibles. Experiencia eclesial comunitaria eucarística que desborda la realidad de la Ley mosaica y la lógica griega. Marco cristocéntrico del cosmos y de la naturaleza.

Implicaciones ambientales: Capacidad comunicativa para el anuncio y denuncia del mensaje de Jesús y su Iglesia. La profecía como camino de transformación de las condiciones de injusticia. Creación del cosmos y de la Tierra. Responsabilidad del ser humano con la creación. La lógica del amor como realidad relacional con todos los planos de la realidad. El amor condicionado por el encuentro.

Fuente 3: P 6. Christmas Encyclical Message (1994)

Fuente 4: P 6. Christmas Encyclical Message (1994)

Referente ontológico: La construcción física de toda iglesia donde acontece la santa liturgia es un icono del universo, del paraíso, de la Tierra. En la iglesia, como artefacto, se experimenta el concepto del espacio y tiempo sagrado. Importancia del referente ritual (liturgia). Adoración del misterio divino, encarnado en la historia de Jesús y sus enseñanzas: hay referencia cósmica, donde el planeta tiene que ser respetado como creación de Dios. El pecado tiene connotaciones materiales: la más simple partícula de la materia debe ser respetada. Si la creación no se respeta, debe verse como un insulto hacia la creación de Dios. El misterio de la creación se capta plenamente solo desde la fe.

Implicaciones ambientales: Necesidad de rescatar y restaurar el espacio y el tiempo sagrado desde momentos de adoración litúrgica, indexados por la tradición de la Iglesia. Proyectar la dimensión sagrada en todo tiempo y espacio terrenal. La Tierra, el hombre, la vida y el cosmos son sagrados. El argumento de lo sagrado como restaurador de las relaciones ambientales, dadas por un Dios amoroso. Una de las críticas de la narrativa del Patriarca va dirigida a ciertos sectores del movimiento ambientalista que no hace ninguna referencia al papel de Dios en la historia reciente de la humanidad.

Fuente 5: P 12. Address at the Opening Ceremony of Summer Seminar on Halki at the Holy Trinity Monastery (1995)

Fuente 6: P 12. Address at the Opening Ceremony of Summer Seminar on Halki at the Holy Trinity Monastery (1995)

Referente ontológico: La gratitud hacia Dios, como expresión de los deseos de la Madre de Dios y la gran Iglesia de Cristo. Promoción de la ecología como expresión del servicio ministerial. Memoria del acontecimiento bíblico relativo a la creación del cosmos. Los atributos de Dios en cuanto energía comunicable. Dios permanece incognoscible en su esencia. Se establecen límites para el conocimiento humano en lo relativo a los planos divinos.

Implicaciones ambientales: Principios ambientales tienen que sujetarse al respeto de la creación de Dios. Promoción y ministerios ambientales al servicio de la comunidad y la persona humana. La misión de la Iglesia se entiende como unida al tema ambiental, implicando una evangelización ambiental, incorporada como parte de la salvación en Cristo por parte del mundo y del hombre.

Fuente 8: P 12. Address at the Opening Ceremony of Summer Seminar on Halki at the Holy Trinity Monastery (1995)

Fuente 9: P 13. Address at the Opening of the Fourth Summer Seminar on Halki

Referente ontológico: Se establecen marcos diferenciales en el cristianismo de tradición occidental y oriental. Los sistemas políticos occidentales han sido influenciados por la teología natural y política. Simbolismo y realidad del mal en la historia humana. Eje relacional = el pecado ancestral/noción de la caída/presencia del mal. La fragilidad como constante de la vida.

Implicaciones ambientales: El cosmos y el planeta Tierra como expresiones de una gran liturgia. El cosmos como expresión de la Iglesia y la restauración de todas las cosas por la acción y energías divinas. Las intervenciones humanas en la historia y en la forma de representarse la realidad tienen que reconocer el marco ontológico, existencial y ecológico de la fragilidad.

Fuente 10: P 13. Address at the Opening of the Fourth Summer Seminar on Halki

Fuente 11: P 14. Address at a Gathering of Banking Representatives in Athens

Referente ontológico: Pecado ancestral. Vulnerabilidad humana, arrepentimiento/ arrogancia, muerte como constante, sensaciones de miedo y ansiedad marcadas por el relato de Gn 2, 9-11. Proyección social del ser en tanto solidaridad y cooperación con el más necesitado. La Iglesia tiene propósitos sociales y ambientales que atender.

Implicaciones ambientales: Diseño ambiental comunitario en referencia al mundo de los más necesitados. Toda una pedagogía de la empatia hacia quienes carecen de bienes materiales y espirituales. El diseño cultural y ambiental marcado por la contingencia. El amor como condición de la restauración del cosmos caído.

Fuente 12: P 15. Address Before the Lord Mayor

Fuente 13: P 16. Address Before the Minister for the Environment of Bulgaria and his Eminence Metropolitan Vidin

Referente ontológico: Dios creó un mundo hermoso; después del pecado original, la naturaleza estuvo sujeta a la corrupción y la humanidad estuvo sujeta al pecado. La historia humana participa del pecado y de la redención. Dios, como esencia y energía, proyecta en el mundo gran variedad de servicios. El hombre tiene la función de mantener dicho orden divino.

Implicaciones ambientales: Los seres humanos deben reconocer la importancia de las relaciones y vínculos vitales y existenciales que existen con la creación y todas sus criaturas. El componente relacional, con los planos no-humanos de la realidad, ha de fortalecerse desde el reconocimiento de la presencia de Dios en dichos espacios. El orden ambiental en relación con el mandato divino. Los movimientos ambientales, como la filosofía ambiental, tienen que proyectar lógicas insertas en el valor de la ética, la estética y la salvaguarda del planeta, desde un marco ligado a visiones magisteriales rigurosas.

Fuente 14: P 17. Address of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the House of Parliament of Romania

Fuente 15: P 17. Address of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the House of Parliament of Romania

Referente ontológico: Relaciones de corrupción en la naturaleza caída. La naturaleza humana tiene que restablecer su gracia y asimilarse a Dios. El ser humano tiene una gran cantidad de dones. Autorregulación de los entes en tanto entes vivos. El ser humano ocupa un rol central como administrador de los planos de la vida terrestre; no puede ser un destructor.

Implicaciones ambientales: Sacralidad de la realidad. Acciones ambientales que celebren el marco divino de la realidad de la vida y del cosmos. El ser humano debe ser un colaborador activo en el sostenimiento de la realidad material, de los planos de la vida y del cosmos.

Fuente 16: P 21. Address during the Official Opening of the Inaugural Session of the Halki Ecological Institute

Fuente 17: P 23: Address During the International Ecological Symposium held in Kathmandu

Referente ontológico: Centralidad ontológica de lo sagrado en su proyección cotidiana. Implicaciones ambientales: nada es ordinario; todo es un reflejo de la divinidad y todo lo ordinario, sigue siendo un reflejo de la divinidad. Partícipes de la naturaleza divina y terrenal. Referencia al cuerpo como vínculo biológico del hombre con los planos materiales. El ser humano, como corona de la creación, tiene un correlato de alabanza hacia Dios y el orden creado. Memoria ontológica: ¿quiénes somos? Respuesta: hijos de Dios; debe tenerse la existencia como fundamento del don de Dios otorgado hacia la humanidad.

Implicaciones ambientales: Exigencia y deber de proteger, preservar y restaurar la naturaleza desde un vínculo que supere la posesión egoísta del ser humano.

Fuente 18: P 29. Address of Ecumenical Patriarch Bartholome to the Summit on Religions and Conservation

Fuente 19: P 29: Address of Ecumenical Patriarch Bartholomew to the Summit on Religions and Conservation

Referente ontológico: Se establece un referente de la naturaleza incognoscible de Dios, marcado por la diferenciación entre esencias y energías. El mundo creado, como los antropos, se deben al campo de las energías. No hay panteísmo, sino participación de las energías. La energía divina, cuya presencia es empíricamente verificable, se vincula al amor. Centralidad del argumento ontológico en cuanto nueva o renovada relación con el mundo y la materia. Necesidad de la clarificación teorética respecto de la relación del hombre con la realidad creada. Se hace urgente la depuración de toda ideología de la conciencia eclesial y de referencias a la restauración de formalismos institucionales sin fuerza vital.

Implicaciones ambientales: La materia es energía, como lo confirma la física contemporánea. Lo creado es el resultado de las energías increadas de Dios. El plano humano tiene que ser representativo de la responsabilidad de la creación. La creación es obra de un Creador; no nos está dada para dominar sobre ella. La ética ecológica no es normativa; es la necesidad del hombre de amar y ser amado en el contexto de una relación personal. Relación práctica con el mundo creado. El pensamiento ambiental debe depurarse de rasgos ideológicos distorsionadores de la realidad y comunicarse con la ontología, como camino para la depuración ideológica. Evitar la distorsión de la realidad, por ejemplo, por vías como las de la ecología profunda, que rechazan y desconocen el argumento ontológico.

Fuente 20: P 29. Address of Ecumenical Patriarch Bartholomew to the Summit on Religions and Conservation

Fuente 21: P42: Ecumenical Patriarch Bartholomew I Message for the Day of the Protection of the Environment

Referente ontológico: Diálogo de anclajes del mundo ontológico de tradición judeo- cristiana con los avances de la física contemporánea: (1) Relación entre la materia y la energía; (2) relatividad del espacio y del tiempo; (3) lugar del hombre en el cosmos y la vida. Principio antrópico en relación dialógica con el misterio divino. El plano de la realidad, en su totalidad, ha sido afectado negativamente por los abusos del ser humano.

Implicaciones ambientales: Proyección de acciones ambientales ligadas a la restauración de las derivas ecológicas, marcadas por la erosión física e histórica. Planos ecosistémicos, sociales y culturales están seriamente afectados, dada la prevalencia de un régimen mental enfermo. La devastación ambiental refiere una tragedia metafísica.

Fuente 22: P 42. Ecumenical Patriarch Bartholomew I Message for the Day of the Protection of the Environment

Fuente 23: P 46. Ecumenical Patriarch Bartholomew I Message for the Day of the Protection of the Environment

Referente ontológico: El ser y los entes deben estar orientados hacia la alabanza. La orientación fundamental del hombre se ha distorsionado: no ha seguido el camino del amor; se ha seguido el camino del egoísmo. Revelación divina; la realidad está impregnada de la naturaleza trinitaria de Dios. Anclaje bíblico, patrístico y magisterial. Derivado de Ef 4,25.

Implicaciones ambientales: Establecer las bases de una cultura ambiental centrada en la paz y en el uso sostenible de los bienes materiales proporcionados por Dios. Ecología de la mente: transformación de la conciencia y el corazón del hombre. Énfasis personal y comunitario.

Fuente 24: P 46. Ecumenical Patriarch Bartholomew I Message for the Day of the Protection of the Environment

Fuente 25: P 46. Ecumenical Patriarch Bartholomew I Message for the Day of the Protection of the Environment

Referente ontológico: El argumento ontológico se refiere a la búsqueda de la verdad en la Verdad. El relativismo se aclara en el marco de las correlaciones sagradas de la revelación. Por tanto, no es exclusivamente un asunto intelectual; se tiene que unir el trabajo en el corazón. Los creyentes tienen la posibilidad de acceder a la verdad, guardada y mantenida por la Iglesia.

Implicaciones ambientales: La totalidad del mundo está en correlación con la dimensión de lo sagrado. Todo debe ser respetado. Regeneración y deterioro como constantes del movimiento y espacio de la vida.

Fuente 26: P 81. Homily at the Fiftieth Anniversary Dedication of St. Barbara Greek Orthodox Church in Santa Barbara, California

Fuente 27: P 89. Keynote Speech of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Opening Address of the International Symposium in Passau

Referente ontológico: Existe un orden en la creación. El relato del Génesis y sus diversas interpretaciones como influencias mesopotámicas se tornan relevantes. Ver el Hexameron de San Basilio. La presencia de Dios, base constitutiva de la ontología.

Implicaciones ambientales: De una ecología de la mente a la afirmación del diseño ambiental desde la categoría de los paisajes ambientales. Acción pragmática, existencial y espiritual como vértices del movimiento ambiental.

Fuente 28: P 89. Keynote Speech of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Opening Address of the International Symposium in Passau

Fuente 29: P 89.Keynote Speech of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Opening Address of the International Symposium in Passau

Referente ontológico: Amor de Dios como referente teológico que vence la maldad y las estrategias del mal. Noción de pecado ancestral. La caída del hombre. La transfiguración del hombre se hace indispensable. Importante referente en las fuentes patrísticas.

Implicaciones ambientales: Teoría del agapismo (amor), que implica que el amor todo lo puede. Los bienes son tanto de orden material como espirituales. Plano y cartografía de las virtudes y principios cristianos como camino para la consolidación de buenas obras. Trabajo en el plano material, cognitivo y espiritual dada la alteración ontológica que se sucede por la caída del hombre. Trabajo en las virtudes. Fundamental la realidad comunitaria y eclesial. Fundamental la memoria. Diálogo con la tradición.

Fuente 30: P 89. Keynote Speech of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Opening Address of the International Symposium in Passau

Fuente 31: P 89. Keynote Speech of Ecumenical Patriarch Bartholomew at the Opening Address of the International Symposium in Passau

Referente ontológico: La Iglesia sella el devenir histórico y contiene un mensaje de apertura hacia la creación de Dios y hacia las realidades del hombre. El sello particular de la relación es el amor. La Iglesia tiene la misión y la tarea de conducir a todos los seres al Reino de Dios. Por tanto, su compromiso acá, en la Tierra, refiere una causa final ligada a la eternidad. La narrativa ambiental es relacional; su sentido se inspira en la creación de Dios, y el ser humano tiene un lugar señero, tal como lo reconoce la ciencia y la teología. El mal en el mundo es la expresión de un profundo desorden ontológico en el hombre. Una expresión de la presencia del mal en la historia humana tiene que ver con el hecho de ruptura comunicativa con Dios por parte de la persona. La comunicación con Dios se expresa con la aceptación de una gracia divina favorable, que puede ser adquirida por todos los bautizados conscientes de su fe.

Implicaciones ambientales: Incorporación de la narrativa del amor. Surgimiento de toda una acción-reflexión, encaminada a la incorporación de proyectos ambientales, definidos y conducidos por el amor. Desplazamiento de las narrativas ambientales biocéntricas hacia narrativas ambientales, que tengan al ser humano como centro de su interés y que quieran estar bajo el influjo de la fuerza de la acción de Dios en la historia. Se hace fundamental el reconocer la base teológica para la protección del ambiente natural.

Fuente 32: P 108. Message of the Primates of the Orthodox Churches docx- 108:74 [The apostasy of man from God]

Fuente 33: P 114. Patriarchal Greeting to the Conference of the European Council of Pastoral Care and Counseling

Referente ontológico: El hombre, en el marco de ciertos discursos interpretativos dominantes y de sus prácticas sociales, se ha apartado de Dios. Las categorías humanas se han deificado. Se vive una profunda crisis de sentido que tiene implicaciones cósmicas las cuales son sentidas por toda la creación. El mal como un referente en la historia y vida del hombre. La secularización, en la visión del Patriarca, refiere la pérdida de la luz y de la claridad. La caída del hombre arrastró a toda la creación a un proceso de decadencia y maldad. El egoísmo humano es la raíz de la enfermedad.

Implicaciones ambientales: Retorno a las fuentes y primeros principios. Búsqueda de una vida sencilla y serena en armonía con el cosmos. Fomento de la vida comunitaria, de prácticas de vida que se construyan desde una inserción centrada en la vida y experiencia de Dios. Realismo cósmico: toda acción está condicionada a la presencia del mal y a la erosión de sentidos, como a la pérdida de la memoria histórica. Se requiere un acercamiento a la fuente y motor de la creación y de la historia.

Fuente 34: P 115. Reflection on the Theme for the World Council of Churches General Assembly

Referente ontológico: La sanación implica un contacto con ámbitos de la realidad que tienen fuerza soteriológica y obran en lo más profundo del corazón humano. La redención y el camino de la unión con Dios llevan a la santidad y a la adquisición de la gracia trinitaria. El hombre vive a plenitud su vida. Existen vías alternativas, marcadas por el sentido de lo sagrado (búsqueda del conocimiento espiritual), que contrarrestan la presencia del mal en el hombre.

Implicaciones ambientales: Proyección de una narrativa ambiental, centrada en la contemplación, como expresión complementaria al énfasis empírico investigativo, que sella el modo particular de la Modernidad en su forma de acceder al conocimiento. Autocrítica de los supuestos biocéntricos como canales para superar la crisis ambiental. La acción ambiental, como expresión ontopolítica y noética, centrada en el despliegue espiritual del ser humano y en la construcción de una ética del respeto a la vida y a la dignidad humana de la persona humana y de la comunidad. Fundamental reconocer la distinción del lugar señero del hombre y sus atributos excepcionales. Las particulares condiciones humanas son teleológicamente relevantes para el diseño de hábitats no solo instrumentales o útiles para el ser humano. Se torna importante el papel de la ética y del arte en la restauración ambiental. Restaurar el mundo natural pasa por la restauración del poder de Dios y su energía en el corazón del hombre. Hay que insertarse en la experiencia de la Iglesia. Proyección de una cultura ambiental de naturaleza ontonoética que esté en capacidad de sentir y pensar con la Tierra, el cosmos y Dios. La participación cultural basada en principios transformativos, que restablezcan el sentido de la bondad y la conexión humana con todos los planos de la realidad. El camino para la restauración ambiental se expresa en el reconocimiento de los planos sagrados de la realidad visible e invisible.

Discusión

Se hace relevante precisar que el sistema de producción discursivo del patriarca Bartolomé, de manera preponderante, expresa la esencia del mundo cristiano ortodoxo en su respuesta a la crisis ambiental contemporánea. Es una narrativa anclada en esquemas e intertextos bíblicos y patrísticos que establecen relaciones dialogantes con la filosofía clásica y el pensamiento científico contemporáneo. Esas interrelaciones, que el Patriarca construye con precisión estética inigualable y en diálogo con los trabajos científicos más relevantes, responden a una arquitectura ontológica profunda y pragmáticamente relevante.

Debe partirse de que los principios sagrados fundamentales, desde donde opera el dogma que se analiza, y deben verse como el esfuerzo por mantener la pureza y ortodoxia del mensaje cristiano, de carácter creacionista, a lo largo del tiempo. El discurso del patriarca Bartolomé tiene la fuerza de configurar y establecer las bases para superar la visión restringida impuesta desde el advenimiento de la Modernidad, en relación con una naturaleza que se ha entendido como objeto de manipulación en el esquema productivo del modo de producción dominante, que se entiende en términos de funcionalidad en el esquema de las ciencias naturales, en una condición que no ha sido objeto de atención por parte del Patriarca.

La concepción ambiental que plantea el Patriarca supera claramente el conjunto de observaciones científicas que, en los últimos quinientos años, han reducido las complejas relaciones ontológicas de la realidad a un modelo que opera con base en leyes estables e inmutables, las cuales han buscado establecer constantes que implican, en su concepción de realidad y naturaleza, una ontología cuya concepción es determinista (Descartes), empirista (Ockham, Locke, Hume), racionalista, y mecanicista.

Desde una perspectiva dialógica, el Patriarca reintroduce la importancia de la experiencia de orden divino en el marco configurador del cosmos. De esta manera, se supera la visión mecanicista de universo y de mundo, por la cual, paradójicamente, se pretende restaurar los ecosistemas que -como sabemos- son considerados por los ecologistas “objetos de conservación”, y dan continuidad -con esta objetivación- a los correlatos naturalistas; estos refieren el engranaje colonial que hace parte de la ontología mecanicista, la cual ignora la profundidad de los sentidos morales, estéticos y sagrados de los territorios para la gran mayoría de pueblos y sociedades del mundo.

La interpretación del Patriarca supera el orden mecanicista y establece, como dimensión metodológica, el camino de la unión con Dios; la narrativa estudiada se plantea a la luz del diálogo con la ciencia y postula claramente la urgencia de reestablecer condiciones ambientales dignas para todos los pueblos y naciones. Téngase en cuenta que la superación del modelo mecanicista también implica la superación de un modelo hiperracionalista que incluso se desarrolla en los sentidos gramaticales desde donde operan las ciencias naturales.

Si bien la comprensión de los factores interdependientes y el entendimiento de las causas y los efectos forman parte del modelo analítico usado y reconocido por el Patriarca, no se excluye que el mencionado sistema racional se enriquezca a la luz de la experiencia religiosa y espiritual que las personas han establecido con un Dios que participa e interviene en la historia humana. Entonces, se está ante una nueva propuesta de experiencia de orden, cuya cosmología y antropología, axiológicamente, brindan las bases para el progreso de la humanidad y de la naturaleza.

Cabe sugerir que la experiencia eclesial es el evento vital de orden referencial que busca, desde un puente comunitario, enriquecer la experiencia extática y el reconocimiento de la otredad en cada persona humana y en la misma naturaleza que se entiende como don de Dios. Dicha experiencia tiene como propósito romper con el aislamiento, las ilusiones y fantasías que un individuo puede terminar proyectando en su camino espiritual que, dado su anclaje religioso, no está nunca exento de peligrosas acechanzas psicológicas y espirituales que pueden proyectar falsas vanaglorias respecto de una aprensión veraz de la realidad.

En ese sentido, la crisis ambiental de la Modernidad puede entenderse como un falso camino espiritual que se ha erigido como el dominante. El hombre “espiritual” de hoy está fragmentado interiormente y no quiere reconocer los orígenes de su naturaleza caída; la cultura moderna ha contaminado el ser o esencia del hombre. Por tanto, la acción pedagógica, educativa, soteriológica, política, terapéutica y cultural debe evangelizar las bases morales y educativas de la cultura moderna, que ha trasmitido unos criterios morales, significados y normas que se alejan radicalmente de la experiencia eclesial introducida por el cristianismo apostólico.

La fragmentación implica que la visión teleológica y metafísica que expresara los principios y fundamentos del cristianismo proyecte hoy unos entes cuya huella denota seres perdidos y aislados cuya realización personal, compulsivamente, está orientada por la cultura consumista que terminó intoxicando y distorsionando los ejes constitutivos de la realidad física y metafísica de la existencia humana.

En virtud de lo anterior, una verdadera espiritualidad, desde la gracia de Dios, proyecta un marco metaempírico, no verificable del todo por las ciencias naturales, cuya fuerza y energía está en capacidad de propiciar la regeneración esencial del hombre, su cultura, sociedad y naturaleza. En realidad, la irrupción de dicha fuerza divina no puede entenderse como un proceso totalitario, cuya irrupción, por positiva que sea, se configurará a al margen de la libertad humana. El hombre ha de responder de manera libre a la acción divina, purificar su corazón y su conciencia, en un proceso de orden personal con proyecciones comunitarias.

La historia nos demuestra que la aceptación del mensaje divino se expresa, generalmente, mediante la belleza que irrumpe en el universo, como canal del vínculo del hombre con la realidad divina y terrestre; el hombre tiene el potencial activo y preponderante en la transformación de la realidad del cosmos, y es su deber mantener y orientar la belleza de los planos creados.

Lo que prima, de manera axiológica, es el componente relacional y referencial que se puede expresar mediante las siguientes díadas existenciales: (1) Hombre-Dios; (2) hombre-naturaleza; (3) hombre-hombre. Estas díadas se estructuran en el marco referencial y relacional de la gran triada Dios-hombre-cosmos, y esta, en el fondo de su esencia-energía, afirma el movimiento y presencia del Dios-Trinidad en los planos de lo visible e invisible, así como la constatación de la presencia viva y real de Dios en la vida de los hombres.

El papel y función del hombre es sustancial en la proyección de un modo existencial centrado en la belleza, la justicia y el amor. El hombre es correlato, coeficiente y coordinador de la creación divina; debe unir los planos físicos con los planos metafísicos y la realidad material con la realidad espiritual, haciendo que todas las cosas sean santas y bellas.

Reflexiones finales

En el contexto de la tradición que se estudia y medita, la lingüística semán tica apropiada debe entender que el análisis hermenéutico se vincula al universo del discurso apofático. El apofatismo ha de comprenderse como la actitud hacia la cognición que se niega a agotar el contenido del conocimiento en una afirmación; es la vía cognitiva y existencial que se niega a agotar la realidad de las cosas significadas en la lógica de los significantes. En consecuencia, se niega a verificar el conocimiento simplemente por el control de la lógica representacional sin referencia a los limitantes humanos en su aprensión de la realidad.

Conviene recordar que el contexto de la crisis ambiental contemporánea está situado en el horizonte de la Modernidad; la llamada sociedad occidental, particularmente, vive en el seno de un mundo marcado por los valores dominantes del individualismo, el relativismo, el hedonismo y la posverdad. Este código social dominante permea todos los ámbitos de la realidad humana; así podemos pensar, como efectivamente sucede en la propaganda oficial de todos los estados modernos, que se vive al interior de sociedades pluralistas.

Sin embargo, el marco social dominante impone valores que la gente asimila de manera inconsciente. El individualismo es un hecho social, mimetizado en las cadenas simbólicas de un proclamado pluralismo que funciona mediante cadenas de significación y prácticas sociales totalitarias, aun cuando se definan como democráticas.

En el fondo, la narrativa analizada brinda pautas para superar la crisis metafísica y la tragedia ontológica que se ha experimentado con toda su brutalidad en los últimos quinientos años. La paradoja está en identificar las raíces de la ilusión llamada Modernidad, cuyo sentido fantasmagórico y represivo tiene que ver con una cultura dominante que distorsionó, erosionó y marginó componentes gramaticales esenciales de la constitución ontológica del hombre y de la realidad.

La lógica ambiental analizada se enfoca en la restauración del orden creado de la realidad, proceso que reconoce como esencial la siguiente condición que señala el patriarca Bartolomé, y que está en abierta sintonía con los principales documentos del magisterio romano y los desarrollos de la teología latina contemporánea:

The poor are part of our world; we should invite them to share our bread. And this, of course, means the bread that we eat, but also also the goods that we enyoy and the equality that we demand for ourselves.27

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*Proyecto de investigación en curso apoyado por el Fondo Patrimonial de la Universidad de La Sabana, titulado “El discurso ambiental de Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla. Introducción a la semiosis discursiva del cristianismo y su propuesta de adaptación humana a la problemática ambiental” (hum-50-2013- Universidad de La Sabana). El autor agradece las correcciones al manuscrito realizadas por Camila Cárdenas Cuéllar, estudiante de psicología de la misma universidad; igualmente agradece los importantes aportes y sugerencias dadas por los evaluadores de la revista Theologica Xaveriana.

Para citar este artículo: Cárdenas Támara, Felipe “La raiz ontológica de la crisis ambiental. El magisterio de su santidad Bartolomé”. Theologica Xaveriana 183 (2017): 35-61. https://doi.org/10.11144/javeriana.tx67-183.rocams

1 White, “The Historical Roots of Our Ecological Crisis”, 1203-1207.

2 Cárdenas, “Crisis ambiental y cristianismo”.

3 Passmore, Mans Responsibility for Nature: Ecological Problems and the Western Traditions; Kay, “Concepts for Nature in the Hebrew Bible”; Sherkat y Ellison, “Structuring the Religion-Environment Connection: Identifying Religious Influences on Environmental Concerning and Activism”; Foltz, The Noetics of Nature: Environmental Philosophy and the Holy Beauty of the Visible.

4 Pannenberg, Antropología en perspectiva teológica, 93-97.

5 Véase como introducción al tema a Felmy, Teología ortodoxa actual; Zizioulas, Being as Communion; y Spiteris, Eclesiología ortodoxa.

6 Con base en el trabajo de uno de los mayores historiadores de la religión, Eliade, El mito del eterno retorno; ídem, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis; ídem, Mito y realidad; ídem, Yoga, inmortalidad y libertad.

7 Para una fundamentación del enunciado véase a Foltz, The Noetics of Nature; Nesteruk, Light from the East: Theology, Science, and the Eastern Orthodox Tradition; Theokritoff, “Creator and Creation”.

8 Lossky, Teología mística de la Iglesia de Oriente.

9 Rappaport, Ritual y religión en la formación de la humanidad.

10 Yannaras, Relational Ontology.

11 Ídem, Postmodern Metaphysics.

12 Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

13 Prior, La Biblia y el colonialismo. Una crítica moral.

14 Yannaras, Postmodern Metaphysics, 2.

15 Ibíd., 4.

16 Íbíd.

17 Véase, para la noción de apertura de mundo, a Gehlen, Antropología filosófica: del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.

18 Francisco, Carta encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común.

19 Nesteruk, Light from the East, Preface.

20 Maximus, On difficulties in the Church Fathers: The Ambigua, 17-39.

21 Yannaras, The Meaning of Reality. Essays on Existence and Communion, Eros and History.

22 Cárdenas, “Categorías y códigos discursivos del cristianismo en su proceso de adaptación humana a la crisis ambiental”; ídem, “Narrativa ambiental del patriarca Bartolomé. Aportes del patriarca ecológico”; ídem, “Signos de la teología mística de la Iglesia de Oriente. Vladimir Lossky a la luz de la teoría semiótica de Charles Sanders Peirce”.

23 Florio, Mapa trinitario del mundo. Actualización del tema de la percepción del Dios trinitario en la experiencia histórica del creyente.

24 El verbatim del Patriarca en sus referencias ontológicas están disponibles en su totalidad en los siguientes enlaces: (i) Evernote: https://www.evernote.eom/l/AJj2e9DaUFdFd7QQ78R4Iyg7aA4bhezjP3w; (ii) Word Press: https://circulosemiotico.wordpress.com/2015/11/10/notas-para-el-desarrollo-del-argumento-ontologico-desde-los-aportes-de-bartolome-patriarca-ecumenico-de-constantinopla/ (iii) Google Drive: https://drive.google.com/file/d/0B3_1a6WSn5EfVXhzdmc5VDVCcHM/view?usp=sharing

25 Rusch (ed.), The Witness of Bartholomew I, Ecumenical Patriarch.

26 Barthes, La aventura semiológica, 163-170.

27 “Los pobres son parte de nuestro mundo; debemos invitarles a compartir nuestro pan; y esto, por supuesto, significa no solo el pan que comemos, sino también los bienes que gozamos y la equidad que exigimos para nosotros mismos”.

Recibido: 14 de Marzo de 2016; Aprobado: 18 de Enero de 2017

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