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Theologica Xaveriana

Print version ISSN 0120-3649

Theol. Xave. vol.68 no.186 Bogotá July/Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.11144/javeriana.tx68-186.otbcsf 

Artículos

El origen teológico de la “bioética”. Consideraciones acerca de San Francisco de Asís*

The Theological Origin of “Bioethics”. Considerations about Saint Francis of Assisi

0000-0002-5164-4813Francisco Quesada Rodríguez1  a 

1Institut de Recherche Religions, Spiritualités, Cultures, Sociétés, RSCS, Université Catholique de Louvain, Belgique

Resumen

El teólogo Fritz Jahr fue el creador de la palabra “Bio-Ethik” (1927). Él consideraba a San Francisco el inspirador de un movimiento moderno de apreciación del valor de la vida en armonía con Dios, el ser humano y la naturaleza. La dimensión “biopsíquica” que explica el amor de San Francisco por la naturaleza –según Jahr– fue completada por las “formas de simpatía” de Max Scheler. Sin embargo, dos críticas filosóficas fueron argumentadas según dos bioeticistas, Peter Singer y Hans Jonas. Finalmente, el artículo presenta a San Francisco como un modelo del cuidado de la creación, según el papa Francisco.

Palabras-clave: Bioética; Francisco de Asís; Fritz Jahr; Peter Singer; Hans Jonas; vida; ética del cuidado

Abstract

The theologian Fritz Jahr was the creator of the word Bioethik (1927). He considered Saint Francis the inspirer of a modern movement of appreciation of the value of life, in harmony with God, the human being, and nature. The "biopsychic" dimension that explains Saint Francis' love for nature—according to Jahr—was completed by Max Scheler's "forms of sympathy." However, two philosophical criticisms were argued by two bioethicists, Peter Singer and Hans Jonas. Finally, the article presents San Francis as a model of the care of creation, according to Pope Francis.

Key words: Bioethics; Francis of Assisi; Fritz Jahr; Peter Singer; Hans Jonas; Life; Ethics of care

INTRODUCCIÓN

En la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX algunos teólogos protestantes se dedicaron al estudio de la virtuosa figura de San Francisco de Asís (1181/82-1226). En realidad, más que erudiciones sobre la hagiografía, prevalecía en ellos una admiración por su sabiduría y amor a la creación, al ser humano y a la naturaleza, aspectos que hoy deben ser valorados éticamente para emprender una argumentación teológica coherente con la bioética.

Entre los estudios tradicionales es bien conocido el aporte del teólogo protestante Paul Sabatier (1858-1928) a las erudiciones de las fuentes franciscanas primarias gracias a sus investigaciones en el ámbito histórico y filológico, sobre todo por su libro La vie de Saint François d’Assise 1, escrito precisamente cuando Sabatier era profesor de Historia Eclesiástica en la Facultad de Teología protestante de la Universidad de Estrasburgo. El hermano de Paul, Louis-August Sabatier (1839-1901), también fue un destacado teólogo protestante de dogmática reformada en la École Pratique des Hautes Études, en París.

Entre otras de las obras más importantes de Paul Sabatier para los estudios franciscanos podemos mencionar las siguientes: Le Speculum perfectionis de frère Léon (1898), Le Tractatus de indulgentia (1900), La Regida antiqua Fratrum et Sororum de Paenitentia (1901), Description du Speculum vitae beati Francisci et sociorum eius (1903) y Examen de la vie du frère Elie du “Speculum vitae” (1905). La influencia de la teología liberal alemana en estas obras es evidente, a tal punto, que se empezó a hablar en aquel entonces –como en el caso del “Jesús de la historia” y el “Cristo de la fe”– del “Francisco de la historia” y el “Francisco de la fe”, pero no puede negarse el valor académico de estos estudios para redescubrir la figura de San Francisco.

En aquel momento histórico, el distinguido teólogo franco-alemán Albert Schweitzer (1875-1965) –perteneciente a la escuela liberal alemana, conocido por sus estudios históricos sobre Jesús de Nazaret con su libro intitulado Geschichte der Leben Jesu-Forschung 2 – también tuvo cierta afiliación con los ideales franciscanos, como puede comprobarse en la compilación de escritos y predicaciones publicadas en otro célebre libro intitulado Kultur und Ethik 3.

Esta obra constituye una ética cuyas ideas son tan similares a la espiritualidad de San Francisco que en aquel momento se le consideró un precursor protestante de la espiritualidad franciscana, sobre todo porque destacaba en su predicación y escritos éticos una “reverencia por la vida”4, el cuidado por los enfermos y la oración por los animales. En efecto, en el libro intitulado God’s Pauper: Saint Francis of Assisi (1962) –cuyo autor fue el escritor griego Nikos Kazantzakis (1883-1957) – quedo escrito en las primeras páginas: “Dedicado al San Francisco de nuestra era, el doctor Albert Schweitzer”5.

Albert Schweitzer, además de teólogo, músico y médico misionero, fue también Premio Nobel de la Paz, en 1953. A propósito, recordaba el teólogo brasileño Leonardo Boff:

[Schweitzer] Abandonó la cátedra de teología, dejo de dar conciertos de Bach (era uno de los mejores intérpretes) y se matriculó en la Facultad de Medicina. Terminada la carrera, fue a Lambarene, en Gabón, en África, para fundar un hospital y servir a los enfermos del mal de Hansen.6

Realmente Schweitzer constituye un modelo importante para la bioética teológica.

Por otra parte, Théodore Monod (1902-2000), teólogo francés protestante, también de una corriente liberal, opuesto a los dogmas y a la beatería, fue un científico naturalista, zoólogo y botánico, itinerante entre la naturaleza y los desiertos del mundo; él admiró el valor de los seres vivos y promovió la no violencia a los animales. La naturaleza lo inquietó científicamente desde su niñez y valoró a los seres vivos en cuanto criaturas sentientes. A pesar de ser un teólogo liberal veneró a San Francisco y lo propuso como modelo y punto de referencia del cuidado de los animales7.

El teólogo protestante reformado de origen francés William Frédéric Monod –conocido simplemente como Wilfred Monod (1867-1943)– y su hijo Théodore Monod fueron los fundadores de la Fraternité Spirituel des Vielleurs, en 1923, la cual se convirtió luego en la orden protestante Tiers-ordre des Vielleurs, una especie de tercera orden franciscana protestante con una fuerte influencia como protestantismo social. Entre los principales inspiradores de su espiritualidad se encuentra precisamente San Francisco de Asís.

En esta época, en la teología protestante aparecieron también otros testimonios acerca de la vida de San Francisco, los cuales conviene destacar en marco de la Modernidad, pues constituyen el recuerdo de un personaje virtuoso en un periodo en el que la vida humana parecía estar desvalorizada por las guerras que acabaron con millones de seres humanos. Finalmente, es posible afirmar como conclusión que “los historiadores del siglo XIX y los del XX hicieron coro y exaltaron la modernidad de San Francisco, iniciador del Renacimiento y del mundo moderno […]. Si San Francisco fue moderno es porque su siglo lo era”8.

LA BIO-ETHIK SEGÚN FRITZ JAHR (1895-1953)

En los tratados y manuales de ética médica y bioética, el término y la disciplina académica llamada bioética se atribuye unánimemente a van Rensselaer Potter (1911-2001), por haber inventado dicho neologismo. Potter fue un biólogo estadounidense, especialista en bioquímica y oncología.

A André Hellegers (1926-1979) se le atribuye haber fundado luego The Joseph and Rose Kennedy Institute for Study of Human Reproduction and Bioethics. Él fue un médico holandés, especialista en ginecología y obstetricia, quien desarrolló su actividad profesional en Estados Unidos como investigador de fisiología de fetos.

Los tratados y manuales de la disciplina arrogan los orígenes de la ética de la vida a Potter y a Hellegers, entre 1970 y 1971, pero una discusión histórica precisa sobre la génesis de la palabra “bioética” y su institucionalidad en Estados Unidos muestra que –a pesar de que el término fuera empleado de distinta manera– ambos tuvieron de él una concepción “global”9. Y puede afirmarse con certeza que históricamente la bioética se desarrolló como disciplina en el ámbito académico de Estados Unidos.

Sin embargo, en un artículo acerca de las ciencias de la vida y la enseñanza de la ética, publicado en 1926, el teólogo alemán Fritz Jahr utilizó por primera vez el término “Bio-Ethik” con el fin de establecer un “imperativo bioético” (bio-ethischen Imperativ). Este imperativo afirma explícitamente: “Después de todo esto surge como un principio guía para nuestras acciones el imperativo bioético: ‘Respeta todos los seres vivos, básicamente, como un fin en sí mismo y trátalos de ser posible como tales!’”10.

El “imperativo bioético” constituye un replanteamiento del contenido del imperativo categórico kantiano, el cual causa ruptura con el antropocentrismo que ha prevalecido en la moral y la ética por muchos siglos. Y Fritz Jahr causó ruptura con el sentido de obligatoriedad de la tradición ética y moral occidental del cuidado de la vida según la tradición asiática y la espiritualidad de San Francisco de Asís, entre otros11.

Más aún, historicamente, Fritz Jahr fue el primero en acuñar el término Bio-Ethik en otro artículo de 192712. Durante los años que siguieron hasta 1947, Fritz Jahr estuvo escribiendo acerca de temas relacionados con ética animal (Tiersethik) y ética vegetal (Planzenethik), los cuales ya habían sido planteados en aquel significativo escrito de 1927 y desarrollados en otros artículos13.

En realidad, los estudios acerca de la bioética teológica de Fritz Jahr apenas están comenzando. En marzo de 2011 se realizó el congreso europeo de bioética en Croacia, cuyo tema central fue Fritz Jahr and European Roots of Bioethics: Establishing an International Scholars’ Network, EuroBioNethics. Este encuentro tenía como objetivo fundamental estudiar los escritos del teólogo alemán de Halle an der Saale. En Saõ Paolo, Brasil, en 2012, se realizó otro congreso y hay varias traducciones al portugués de los artículos de Jahr mencionados. Luego se realizó otro congreso en Asia, en 2013.

Así, pues, los escritos de Fritz Jahr comienzan a ser estudiados porque muestran una gran actualidad para la bioética, particularmente para la ecología y lo que después se conoció como “bioética global” (Global Bioethics).

En el caso concreto de nuestro estudio, que se centra en San Francisco de Asís, es revelador el hecho de que en su artículo “Bio-Ethik”, Fritz Jahr –igual que los teólogos de su tiempo ya mencionados– consideraba a San Francisco como una figura inspiradora de la paz y el amor a los seres creados por Dios:

De hecho, la bioética no es absolutamente un descubrimiento de la actualidad. Como particular atractivo ejemplo del pasado lo constituye la figura de San Francisco de Asís (1182-1226) con su gran amor incluso por los animales, en la memoria enaltecido, con su cálida simpatía por todos los seres vivos, anticipando por siglos el romanticismo rousseauniano por la totalidad de la naturaleza.14

El teólogo presentaba así al santo de Asís prácticamente como el primer bioeticista en sentido pleno, por su amor a la vida. A pesar de que aparece mencionado al lado del filósofo suizo Jean Jacques Rousseau, para ser totalmente diferenciado de los movimientos romancistas de la época moderna, San Francisco no emerge como si fuera una figura simbólica del pasado, sino que –en sus fundamentos teológicos– Fritz Jahr explicaba posteriormente el amor a la creación –más que con la poesía y la lírica– con base en el quinto mandamiento del Decálogo: “¡No matarás!”

Este mandamiento cumple aquí la función de ser un imperativo moral teológico para regular la relación entre los seres humanos y con toda la naturaleza; no obstante, deja de ser un formalismo moral porque está basado ante todo en el amor.

Además, de acuerdo con la terminología psicológica de su época –vigente aún en algunas teorías de los movimientos de defensa de los animales en cuanto se refieren la psicología animal– Fritz Jahr relacionaba la biopsíquica (Bio-psychik) con el modelo inaugurado por San Francisco, porque él descubrió en la criaturas un principio de vida que se manifestaba en el alma, razón por la cual consideraba que tenían valor en cuanto seres vivos. Sin embargo, puede encontrarse en la argumentación de Fritz Jahr, en términos lógicos, que hay un paso injustificado desde la psique hasta la ética, el cual debe ser explicado no simplemente por la psicología humana, sino de manera lógica para clarificar el contenido de los valores inherentes a los seres vivos.

A fin de realizar una compresión lógica al respecto conviene recordar que fue el filósofo británico George Edward Moore (1873-1958) –inspirado en el filósofo escocés David Hume– quien, en el campo de la ética, llamó este tipo de razonamientos “naturalistic fallacy”15 cuando no hay una justificación lógica para pasar del ser al deber-ser.

Sin embargo, recentemente, el filósofo estadounidense John Searle demostró, desde la filosofía analítica del lenguaje, que es posible descubrir el paso del ser al deber-ser por el análisis del lenguaje cuando hay promesas o hechos institucionales como vínculos16. Generalmente, en la bioética actual es común encontrar este tipo de pensamientos identificados filosóficamente como la “falacia naturalista”; pero la biopsíquica constituye una visión que va más allá de una simple y reducida comprensión lógica de la vida.

El animismo de los seres vivos que supuestamente Fritz Jahr descubrió –en la base del amor a la creación expresado religiosamente por San Francisco– puede ser explicado filosóficamente a partir de una diferencia ontológica entre el ser humano y los otros seres vivos, ya establecida en los mismos años por el filósofo Max Scheler, quien parece haber influenciado a Jahr.

En general, conviene decir que San Francisco constituye una figura esperanzadora para la civilización moderna que, para inicios del siglo XX, ya empezaba a mostrar síntomas de decadencia moral y política mientras las guerras y revoluciones sociales causaban miles de muertes humanas, así como la destrucción sistemática del medio ambiente debido a la industrialización.

EL VALOR DE LA VIDA

Entre los teólogos protestantes mencionados –Sabatier, Schweitzer, Monod y, sobre todo, Fritz Jahr– hay un elemento común: ellos introducen la figura de San Francisco de Asís en el mundo moderno como modelo de vida vigente en momentos en que el cristianismo apenas reaccionaba contra los ataques del racionalismo ilustrado en el ámbito filosófico, político y social.

Nuevamente, un elemento importante a destacar es la personalidad de San Francisco como símbolo de paz, cuando los efectos de la Modernidad empezaban a producir problemas sociales y políticos para la humanidad, y a considerarse un fracaso de la civilización occidental, en detrimento de la vida humana y natural. Fritz Jahr escribía sobre la bioética en relación con la figura de San Francisco de Asís en momentos en que Alemania atravesaba por el nacionalsocialismo, para dar valor y respeto a toda manifestación de vida en el “imperativo bioético”17.

En efecto, la llamada “Oración de la paz”, conocida también como “Oración simple”, cuya autoría fue atribuida a San Francisco, en realidad surgió anónimamente para dar esperanza a la humanidad en tiempos de guerra y muerte, a inicios del siglo XX. Dicha oración apareció por primera vez en “la petite revue catholique pieuse” La Clochette (número 12, diciembre de 1912, página 285). Esta fue fundada por el padre Esther Auguste Buquerel (1855-1923), razón por la cual se ha pensado hipotéticamente que él es el escritor de la plegaria.

En todo caso, la simplicidad y profundidad de la misma tiene similitudes con las oraciones que San Francisco legó como “juglar de Dios”, en el siglo XIII, sobre todo porque reflejan el itinerario de su vida, en cuanto caballero de paz e inspirador de fraternidad universal a partir de la bondad de la creación.

Los estudios más recientes sobre esta oración franciscana por la paz fueron realizados por el teólogo e historiador francés Christian Renoux. De acuerdo con su investigación, la plegaria data históricamente de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y fue reproducida rápidamente por otros medios de piedad popular hasta que, en fechas cercanas al séptimo centenario de la muerte de San Francisco, en 1926, los Chevaliers du Prince de la Paix, comunidad protestante en defensa de la paz, relacionaron directamente, por primera vez, la oración con el santo de Asís18. Antes, el papa Benedicto XV la había oficializado en lengua italiana, en L’Osservattore Romano del 20 de enero de 1916, con el título “Le preghiere de Souvenir Normand per la pace”.

Entre las oraciones y cánticos originales de San Francisco encontramos sin duda el conocido Canticum creatorum, que exalta la belleza de Dios revelada en su creación, así como la armonía entre el cielo y la tierra, y sobre todo el valor de la vida inherente a la belleza de los seres (orgánicos e inorgánicos) en la unidad del cosmos. “El Cántico del hermano Sol revela el extraordinario logro espiritual de San Francisco, la completa reconciliación con el cielo y la tierra, con la vida y la muerte, con el universo y Dios”19. Dicho Cántico proclama que la muerte es parte de la vida de los seres vivientes y –en tal sentido– debe ser considerada también como hermana.

En cuanto muestra de un tesoro de la literatura universal del Medioevo, es importante recordar que el Cántico fue compuesto por San Francisco aproximadamente entre 1224 y 1226, pero apareció mencionado por primera vez en 1228 en la hagiografía Vita beati Francisci (vita prima), escrita por Tommaso da Celano (1200-1265)20. De acuerdo con el historiador francés Ernest Renan (1823-1892), el Canticum creatorum es “el más bello extracto de poesía religiosa desde los evangelios”21.

A este propósito, conviene recordar también que al reconocer el valor de la vida que San Francisco descubrió en la creación, el 29 de noviembre de 1979, el papa Juan Pablo II, en la bula Inter sanctos, proclamó al santo de Asís como “celestial patrono de los cultivadores de la ecología”, y recordó:

Entre los santos y los hombres ilustres que han tenido un singular culto por la naturaleza, como magnífico don hecho por Dios a la humanidad, se incluye justamente a San Francisco de Asís. Él, en efecto, tuvo en gran aprecio todas las obras del Creador y, con inspiración casi sobrenatural, compuso aquel bellísimo “Cántico de las criaturas”, a través de las cuales, especialmente del hermano Sol, la hermana Luna y las estrellas, rindió al omnipotente y buen Señor la debida alabanza, gloria, honor y toda bendición.22

Así, pues, en el ámbito teológico –católico o protestante–, San Francisco será siempre modelo inspirador del amor a la creación y la vida manifestada en todos los seres vivientes, los cuales son huellas del amor de Dios. La fraternidad universal que él proclamó en su Canticum y quiso vivir con todos los seres del cosmos constituye un modelo vigente para fundamentar espiritualmente una ética ambiental teológica y para afrontar la crisis ecológica del patrón moderno de desarrollo, de manera coherente con los principios del cristianismo. En realidad, “Francisco formó su propia interpretación de la interrelación entre Dios, la naturaleza y el hombre, la cual es tan bioética que hoy él podría ser proclamado justamente el santo patrón de la bioética…”23.

En otras palabras, la armoniosa relación que estableció San Francisco entre la dimensión divina, natural y humana coincide con los ideales y retos actuales de la “bioética integrativa” sugerida por Fritz Jahr24. La figura de San Francisco debe ser visualizada en la discusión sobre la ética de la vida, no solo como el santo patrón de la ecología, sino como “el santo patrón de la bioética”.

De acuerdo con Fritz Jahr, San Francisco es un modelo de amor25. “Como un ejemplo particularmente atrayente del pasado, en este año precisamente, podríamos también resultar en la memoria la figura de San Francisco de Asís, con su gran amor por los animales”26.

Fritz Jahr enfatizaba sobre todo en el amor de San Francisco para con los animales. El teólogo hizo memoria del santo setecientos años después de su muerte, ocurrida en 1226. De esta manera quedaba evidenciada la centralidad de San Francisco para la bioética, según Fritz Jahr.

MAX SCHELER (1874-1928): EL VALOR DE LA NATURALEZA

Los comentarios literarios y teológicos del Canticum son cuantiosos. Sin embargo, en nuestro estudio, para ser precisos respecto de una descripción de la forma de vida inaugurada por San Francisco, su importancia en la Modernidad occidental y, sobre todo, para la bioética, citamos in extenso al filósofo alemán Max Scheler, quien en 1923 –en la misma época de aquellos teólogos– publicaba un libro acerca de la esencia y las forma de simpatía, en el cual dedicaba unas cuantas páginas densas para explicar la psicología del santo de Asís en relación con Dios y la naturaleza. He aquí las palabras de Scheler que resumen cuanto hemos dicho:

Pero vino la obra de uno de los mayores escultores del alma y del espíritu en la historia europea, que consiste en el memorable ensayo de dar unidad y traer a síntesis en un proceso vital a la mística del amor omnimisericordioso, acósmico, y personal, que ya no mira hacia abajo, sino hacia arriba, aportado por el cristianismo y fundido con el amor de Jesús, juntamente con la unificación afectiva vital-cósmica con el ser y la vida de la naturaleza. Tal fue la hazaña del santo de Asís […].

Se ha llevado a cabo en San Francisco una interpretación afectiva e intuitiva de la relación entre la naturaleza, el hombre y Dios, no solo gradual, sino espiritual y cualitativamente distinta, no comparable con nada de lo que encontramos en Occidente desde los tiempos más antiguos del cristianismo, y que está en la más rigurosa oposición a todo anterior sentimiento de la naturaleza en el cristianismo primitivo, en la patrística e incluso en la Edad Media posterior [...].

¿Cómo concebirlo psicológicamente? Se trata de un singular encuentro de eros y ágape (de un ágape profundamente sumido en el amor Dei y en el amor in Deo) en un alma prístinamente santa y genial; finalmente de una forma de compenetración tan total de ambos, que representa el mayor y más sublime ejemplo de simultáneas espiritualización de la vida y vivificación del espíritu que ha llegado a mi conocimiento. Nunca más ha vuelto a alcanzarse en la historia de Occidente una forma de las potencias simpáticas del alma como la que existió en San Francisco. Nunca más tampoco la unidad y la rotundidad de su simultánea repercusión en la religión, en la erótica, la acción social, el arte y el conocimiento. Por el contrario, la marca más general de todos los tiempos siguientes es la de que aquello que en San Francisco está dotado de unidad se descompone en una creciente pluralidad de formas del espíritu y del corazón, se escinde en diversos movimientos y en diversos campos parciales de repercusión.27

De esta manera, el dilema en el cual había entrado Fritz Jahr sobre la biopsíquica, que presentaba la forma de relación de San Francisco respecto de los seres vivientes, encuentra en los incipientes estudios fenomenológicos de Scheler –de inspiración husserliana– una explicación coherente de acuerdo con las formas simpáticas del alma, porque para él la ética está influenciada enormemente por relaciones emocionales entre los seres humanos (“eros y ágape”), inclusive más que la mera razón, como puede desprenderse desde la ética kantiana que Fritz Jahr criticaba con el imperativo bioético.

En realidad, Scheler fue el fundador de la ética personalista en detrimento de la ética autónoma kantiana, porque los valores jerárquicos tienen mayor injerencia en la vida humana que los formalismos éticos de la razón. En tal caso, San Francisco estaría más cerca de una ética fundamentada en los valores divinos que en la razón como criterio último de sus acciones. En efecto, la relación entre los seres humanos y los otros seres vivos queda establecida por vínculos de “fraternidad” porque son comprendidos como creación de Dios. El amor constituye el fundamento de la simpatía para Scheler; se trata del amor para con la naturaleza, la persona humana y Dios.

En 1913, Max Scheler apenas comenzó a aplicar el método fenomenológico a la ética en su libro Zur Phänomenologie und Theorie der Sympathiegefühle und von Liebe und Hass, publicado posteriormente en 192328. En 1913 y 1916 Scheler publicó, en dos tomos, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik 29, su obra más representativa en relación con la ética. La ética de Max Scheler ha sido utilizada indirectamente por la teología moral católica para fundamentar la bioética por mediación del pensamiento tomista, pero dando importancia a la materialidad de los hechos, y se ha olvidado un elemento importante: la intencionalidad de la acciones, elemento pertinente en el ámbito de la fenomenología desde los estudios sobre la consciencia de Franz Brentano (1838-1917).

La filosofía de Scheler explica en gran medida el vacío entre el paso de la biopsíquica a la bioética que había expuesto Fritz Jahr en relación con San Francisco, para demostrar las obligaciones morales para con los seres vivientes. Sin embargo, Fritz Jahr, además de presentar a San Francisco como modelo teológico para abogar por el cuidado y respeto de los seres vivientes, toma algunos aportes teóricos de la biopsíquica de los filósofos Gustav-Theodor Fechner, Rudolf Eisler, y Arthur Schopenhauer para comprender la psicología de los seres vivientes, entre otros, para dar una justificación narrativa a la bioética30. De hecho, hay un fundamento bíblico, según Jahr, para comprender el sufrimiento y la esperanza de la creación (Rm 8,19-22).

LA CRÍTICA DE LOS BIOETICISTAS PETER SINGER Y HANS JONAS

En la bioética contemporánea existen diferentes perspectivas para dilucidar los dilemas éticos que plantean la ciencia y la tecnología a la vida. En medio de la pluralidad, hay perspectivas no religiosas y religiosas que se deben valorar en cualquier deliberación bioética, antes de cualquier prejuicio religioso o arreligioso. Así, pues, encontramos a dos grandes bioeticistas (judíos) con perspectivas diferentes que consideran la figura de San Francisco:

  • Por un lado, entre los bioeticistas actuales, uno de los más renombrados es el filósofo australiano Peter Singer, profesor de bioética en Princeton University (EE.UU.). Reconocido por su libro Animal Liberation (1973), menciona con excepcionalidad a San Francisco entre los católicos, gracias a la fraternidad que estableció con los seres humanos, los animales, las plantas, e incluso con los seres no vivientes. Según Singer, las leyendas en torno de San Francisco describen a un místico que contempla el cosmos y extiende un amor universal. “Esta es una descripción de una persona en estado de éxtasis religioso, profundamente movido por un sentimiento de unidad con el todo de la naturaleza”31.

    Sin embargo, él consideró críticamente –a partir de las leyendas de la literatura medieval– que hay un vacío de reflexión racional que lleva a San Francisco a aprovecharse de los mismos animales que considera Hermanos, para alimentarse de ellos, sin importar que tengan que ser sacrificados y muertos. La crítica de Singer a San Francisco radica simplemente en el hecho de que este no era vegetariano, pero tal argumento puede ser simplemente anacrónico y, por tanto, invalido.

  • Por otro lado, el primer filósofo bioeticista, el judío-alemán Hans Jonas (1903-1993), profesor en la New School for Social Research, en New York, advirtió en sentido ontológico que, en el caso de la ética medioambiental, San Francisco –u otras figuras como él– no pueden convertirse en un emblema de la humanidad para expiar las culpas de los daños cometidos por el ser humano contra los seres vivos, de manera que por su mediación se eluda la imputación de los daños cometidos contra la naturaleza. Es decir, Jonas abogó por la ética de la responsabilidad de cada persona en el cuidado de la humanidad y la naturaleza, porque la grandeza del ser humano es proporcional a su perversidad.

Para Jonas, San Francisco –mencionado al lado de Buda, Sócrates, Shakespeare, Da Vinci y Newton– es modelo de genialidad que debe ser superado, porque este tipo de figuras solo son utopías de humanidad que no permiten el ejercicio autónomo de la ética de la responsabilidad. El ser humano ha de superar los modelos de genialidad por sus propias capacidades humanas32. En la era de la tecnología se requieren seres humanos tan virtuosos como aquellos, para desarrollar la humanidad y el valor de los seres vivos33.

Además, en el artículo intitulado “Philosophical Reflections on Experimenting with Human Subjects” (1969)34 –con el cual Jonas ingresó en el ámbito de la ética médica y abrió por primera vez el camino para la reflexión bioética en la historia de la filosofía– San Francisco aparece nuevamente junto a genios como Newton y Miguel Ángel. Jonas afirma que así como la humanidad “no tenía derecho a la aparición” de estos personajes y “a las bendiciones de sus no programados actos, tampoco el progreso, con todo nuestro trabajo metódico en su favor, puede ser presupuestado y exigir sus frutos como si se tratara de un interés vencido”35.

En otras palabras, la humanidad no tendría derecho a un supuesto progreso a pesar de la planificación de nuestras acciones, cuando no se conocen realmente las consecuencias del mejoramiento. Por eso, con este argumento, Jonas trataba de poner unos límites prudenciales al progreso utópico. San Francisco constituye aquí únicamente un ejemplo de alguien que apareció en la historia, cuyos beneficios para la humanidad fueron considerables, a pesar de no haber proyectado sus actos. En el caso del progreso, a pesar de la planificación de las acciones, no hay seguridad o garantía de que haya un mejoramiento de la humanidad.

Finalmente, en una conferencia sobre cómo podemos nosotros tener un deber hacia la Tierra independientemente de la fe –titulada “Wie können wir unsere Pflicht gegen die Nachwelt und die Erde unabhängig vom Glauben begründen?”, y pronunciada en München en el año 1984– Hans Jonas continuó hablando de la responsabilidad:

La piedad y la indignación de los pesimistas no están aquí para refutar, el precio es terrible en todos los casos, la miseria del hombre tiene al menos la medida de su tamaño, y en su conjunto, creo yo, el defensor de la humanidad tiene la difícil posición, a pesar de la gran expiación de Francisco de Asís por su parte.36

Hans Jonas consideraba que la fe no podía justificar racionalmente la ética de la responsabilidad porque esta depende sobre todo de la ontología37. Por eso, el defensor de la humanidad podría ser visto como un pesimista pues tiene que vérselas con el optimismo científico y tecnológico que sistemáticamente ha destruido los bienes de la naturaleza. En tal sentido, San Francisco no podría ser utilizado como símbolo de quien ya ha espiado las faltas de la humanidad contra la naturaleza, como si no hubiera en la actualidad exigencia de una ética de la responsabilidad personal. No obstante, según Hans Jonas, la religión puede motivar los comportamientos desde la subjetividad para sostener la fundación ontológica de la ética de la responsabilidad.

En fin, de acuerdo con la disparidad de pensamiento de dichos filósofos podría afirmarse que San Francisco constituye un hito en la historia; representa una personalidad que tuvo una apreciación esplendida de la naturaleza, pero quien no puede ser observado como un simple modelo para evadir la responsabilidad personal en la actualidad. La figura histórica de San Francisco constituye una inspiración para ser conscientes de la capacidad humana de cuidar la naturaleza. La ética, pues, debería estar fundada en la autonomía de la persona, según Singer, y en la ontología, según Jonas.

CONCLUSIÓN

En la historia de Occidente, para muchos teólogos y filósofos, la figura histórica de San Francisco de Asís constituye un insigne modelo de humanismo moderno. A pesar de que las fuentes históricas, medievales y contemporáneas ofrecen una visión romántica y piadosa acerca de su vida, los valores de la espiritualidad del santo son admirados alrededor del mundo, en todas las culturas, no solo por católicos, protestantes y miembros de otras religiones, sino por filósofos y por no creyentes, precisamente en virtud de que su vida fue un símbolo y punto de referencia de las aspiraciones más sublimes de la humanidad.

En efecto, en los momentos de dificultad cultural de la civilización occidental, los teólogos protestantes mencionados (Sabatier, Schweitzer, Monod) descubrieron en San Francisco una figura inspiradora, a fin de ofrecer esperanza en medio de un ambiente de desfallecimiento y mortandad. Los valores instituidos desde el humanismo renacentista, los cuales dieron origen racionalmente a la civilización occidental, estaban a inicios del siglo XX dando muestras de una crisis que afectaba el sentido de la vida, no solo del ser humano, sino de toda la existencia en el mundo. En tal contexto reapareció la figura de San Francisco de Asís como símbolo de paz para toda la humanidad.

De acuerdo con Fritz Jahr, San Francisco de Asís constituye el ejemplo por excelencia de una persona que verdaderamente ha amado la naturaleza. Así, pues, puede considerarse como un verdadero modelo de bioética para la actualidad, considerando las críticas de los filósofos Peter Singer y Hans Jonas. La teoría de las “formas de simpatía” de Marx Scheler permite comprender mejor, desde la fenomenologia, en qué consistió psicológicamente el amor del santo de Asís por la naturaleza, de manera que es posible justificar el paso del ser al deber para con los seres vivos, incluso sin argumentos racionales o lógicos.

Ciertamente, en la época del Medioevo, los conocimientos científicos que podía tener San Francisco acerca de la naturaleza eran primitivos, pues no gozaban entonces de la racionalidad moderna, pero sus intuiciones fueron más allá de los conocimientos biológicos y pudo fundar una espiritualidad en armonía con todo el cosmos, las culturas y las religiones de la humanidad, e inclusive con algunos valores seculares no religiosos de nuestro tiempo. A este respecto afirmó el papa Francisco sobre la actualidad de San Francisco para la humanidad:

Pero la vocación de custodiar no solo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido.38

De esta manera, el cuidado de las criaturas no se refiere exclusivamente a los animales y las plantas, a pesar de que está incluido en la cuestión ecológica; el cuidado de las criaturas también incluye a los seres humanos más débiles y frágiles de la sociedad, niños, ancianos, enfermos. Y con las palabras del papa Francisco queda excluido cualquier tipo de sentimentalismo respecto de la figura de San Francisco, como han criticado los filósofos bioeticistas mencionados; es más bien una cuestión ética. No se trata tampoco de un antropocentrismo, sino de la una responsabilidad por la creación y la humanidad.

En fin, hay que subrayar que estas simples palabras coinciden básicamente con las actuales teorías sobre la vulnerabilidad y la ética del cuidado, las cuales continúan desarrollándose fecundamente en la bioética contemporánea.

El papa Francisco ha desarrollado ultimamente una variedad de temas relacionados con la bioética en el marco de la crisis ecológica, en la Carta encíclica Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común (2015). El Canticum creatorum de San Francisco constituye la inspiración teológica y espiritual para el título de dicha carta encíclica. El papa Francisco destaca la fraternidad y el cuidado del santo de Asís por la creación: “Su reacción [la de San Francisco] era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico porque para él toda criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe”39.

En la actualidad, San Francisco puede ser considerado, sin duda, el modelo precursor de la bioética porque su espiritualidad valora ontológicamente (“todo lo que existe”) en grado altísimo la vida que se manifiesta en los seres vivientes, particularmente en el ser humano. Sin embargo, “San Francisco no es un romántico avant la lettre. Es un poeta ontológico y un místico”40.

En el sentido interdisciplinario que ha adquirido en los estudios académicos la disciplina bioética, la cual tiene como eje medular la ética de los confines de la vida, las intuiciones del santo constatadas en sus escritos literarios ofrecen una comprensión plena, tanto de su dimensión ecológica como de la biomédica, pues vincula naturalmente los procesos de nacimiento y muerte como parte de la vida.

Los seres vivientes e incluso la muerte son consideradas místicamente por San Francisco como hermanos. Justamente, pronto debe incorporarse en los tratados de bioética teológica el hecho de que su modelo precursor fue San Francisco de Asís, tal como advirtió el teólogo Fritz Jahr en 1927, cuando utilizaba el neologismo Bio-Ethik.

RECONOCIMIENTO

La investigación que dio lugar al presente artículo fue desarrollada entre 2012 y 2017, durante los estudios doctorales en Teología realizados por el autor en la Faculté de Théologie de l’Université Catholique de Louvain (Bélgica) y como investigador en l’Institut de Recherche Religions, Spiritualités, Cultures, Sociétés, RSCS, de dicha universidad.

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*Artículo de reflexión.

1Sabatier, La vie de Saint François d’Assise (1893).

2Schweitzer, Von Reimarus zu Wrede: Eine Geschichte der Leben-Jesu-Forschung (1906).

3Ídem, Kulturphilosophie. II. Kultur und Ethik (1923).

4Ídem, Ehrfurcht vor dem Leben. Grundtexte aus fünf Jahrzehnten.

5“Dedicated to the Saint Francis of our era, Dr. Albert Schweitzer” (Kazantzakis, God’s Pauper: Saint Francis of Assisi, 5).

6Boff, “Cuánta falta nos hace el respeto”, 16.

7Monod, Terre et ciel. Entretien avec Sylvain Estibal, 104, 141, 247, 252, 262, 307, 309.

8“Les historiens de la fin du XIXe et ceux du XXe siècle firent chorus et exaltèrent la modernité de Saint François, initiateur de la Renaissance et du monde moderne […]. Donc si Saint François a été moderne, c’est parce que son siècle l’était” (Le Goff, Saint François d’Assise, 104, 108).

9“Nach alldem ergibt sich als Richtschnur für unser Handeln der bio-ethischen Imperativ: Achte jedes Lebewesen grundsätzlich als einen Selbstzweck und behandle es nach Möglichkeit als sochen!” (Reich, “The Word ‘Bioethics’: Its Birth and the Legacies of those Who Shaped It”, 319-335; ídem, “The Word ‘Bioethics’: The Struggle Over Its Earliest Meanings”, 19-34).

10Jahr, “Wissenschaft vom Leben und Sittenlehre. Alte Erkenntnisse in neuem Gewande”, 605.

11Sass y May, “Nachwort”, 145.

12Jahr, “Bio-Ethik. Eine Umschau über die ethischen Beziehungen des Menschen zu Tier und Pflanze”.

13ídem, Aufsätze zur Bioethik 1924-1948. Werkausgabe.

14“Sachlich ist die Bio-Ethik durchaus nicht erst eine Entdeckung der Gegenwart. Als in besonders anziehendes Beispiel aus der Vergangenheit dürfte uns gerade jetzt die Gestalt des hl. Franz von Assisi (1182-1226) mit seiner großen Liebe auch zu den Tieren in der Erinnerung aufsteigen, der in seiner warmen Sympathie für alle Lebewesen der Rousseauschen Schwärmerei für die ganze Natur um Jahrhunderte vorsauseilte” (Jahr, “Bio-Ethik. Eine Umschau über die ethischen Beziehungen des Menschen zu Tier und Pflanze”, 2).

15Moore, Principia ethica §§10-14, 25-34, 36-64.

16Searle, “How to Derive Ought from Is”, 43-58.

17Sass, “The Many Faces and Colours of the Bioethics Imperativ”, 281; 287-289.

18Renoux, La preghiera per la pace attribuita a San Francesco, un enigma da risolvere.

19Boff, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, 269.

20 Robson, “The Writings of Francis”, 34-49.

21“Le plus beau morceau de poésie religieuse depuis les Évangiles” (Renan, Nouvelles études d’histoire religieuse, 331).

22Juan Pablo II, Bula Inter sanctos.

23“Francis formed his own interpretation of the interrelation between God, Nature and Man which was so bioethical that he could today rightly be proclaimed the saint patron of bioethics…” (Zagorac, “Saint Francis of Assisi: Bioethics in European Middle Ages”, 72).

24Sass, “Jahr’s Translational Ethics. How to Translate Traditions into the Present and the Future”, 368-377.

25Jahr, “Wissenschaft vom Leben und Sittenlehre. Alte Erkenntnisse in neuem Gewande” (1926).

26“Als ein besonderes anziehendes Beispiel aus der Vergangenheit dürfte uns hierbei gerade in diesem Jahre die Gestalt des heiligen Franz von Assisi mit seiner großen Liebe auch zu den Tieren in der Erinnerung austeigen” (ídem, Aufsätze zur Bioethik 1924-1948. Werkausgabe, 20-21).

27Scheler, Esencia y formas de la simpatía, 124-132; ídem, Wesen und Formen der Sympathie. Die deutsche Philosophie der Gegenwart. Gesammelte Werke, Band 7, 97-103.

28La obra Zur Phänomenologie und Theorie der Sympathiegefühle und von Liebe und Hass fue publicada posteriormente con el título Wesen und Formen der Sympathie. En este trabajo hemos utilizado las ediciones de 1923 y 1973.

29Ídem, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik. Teil I. Mit besonderer Berücksichtigung der Ethik Immanuel Kant. Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung. I. Band; ídem, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik. Teil II. Neuer Versuch der Grundlegung eines ethischen Personalismus. Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung. II. Band.

30Lima y Cambra-Badii. “La bioética según Fritz Jahr: Idea y cosmovisión. Referencias contextuales y narrativas del surgimiento del concepto”, 128.

31Singer, Animal Liberation. The Definitive Classic of the Animal Movement, 197.

32Jonas, “De la gnose au Principe responsabilité. Un entretien avec Hans Jonas”, 19.

33Ídem, Das Prinzip Verantwortung. Versuch einer Ethik für die technologische Zivilisation, 186, 387; ídem, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, 174, 352.

34Ídem, “Philosophical Reflections on Experimenting with Human Subjects”, 219-247.

35Ídem, Technik, Medizin und Ethik. Zur Praxis des Prinzips Verantwortung, 127; ídem, Técnica, medicina y ética. La práctica del principio de responsabilidad, 88.

36 “Mitleid und Empörung des Pessimisten sind hier nicht zu widerlegen, der Preis ist in jedem Fall ungeheuer, die Erbärmlichkeit des Menschen hat mindesten das Maß seiner Größe, und im Ganzen, glaube ich, hat der Verteidiger der Menschheit, trotz der großen Entsühner wie Franz von Assisi auf seiner Seite, den schwereren Stand” (Ídem, “Wie können wir unsere Pflicht gegen die Nachwelt und die Erde unabhängig vom Glauben begründen?”, 82).

37 Ídem, The Phenomenon of Life. Towards a Philosophical Biology, 283.

38Francisco, “Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino”.

39Francisco, Laudato Si’. Carta Encíclica sobre el cuidado de la casa común 11-12.

40Boff, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, 264.

Recibido: 18 de Julio de 2017; Aprobado: 11 de Octubre de 2017

aAutor de correspondencia. Correo electrónico: francis.quesada@gmail.com

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