SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 issue41The Cooperativism Coexisting With the Traditional Company. Origins and Viability of the ModelSocial Capital and Social Inclusion: Some Elements for Social Policy in Colombia author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Article

Indicators

Related links

  • On index processCited by Google
  • Have no similar articlesSimilars in SciELO
  • On index processSimilars in Google

Share


Cuadernos de Administración (Universidad del Valle)

Print version ISSN 0120-4645

cuad.adm.  no.41 Cali Jan./June 2009

 

En camino hacia el Moby Dick de Herman Melville, encontré… Algunas notas preliminares de un libro sin escribir*

On My Way to Herman Melville’s Moby Dick, I Found … Some Preliminary Remarks from an Unwritten Book

Burkard Sievers**

* Versión extendida de una presentación: “El (in-) consciente de organizar – pensamientos de y acerca del ‘pensamiento y escritura’ de Burkard Sievers”. Taller en cooperación con la Universidad por el Humanismo, Utrecht, Universidad de Essex, Colchester, y Universidad de West England, Bristol, en la Escuela Internacional de Filosofía, Leusden, Holanda, 11-13 noviembre 2007. – Estoy muy agradecido a Peter Pelzer por invitarme a ‘escribir algo sobre Moby Dick’ y a Rose Mersky por su enorme ayuda en editar este artículo. Traducción: Laura Sampson. Artículo publicado en Inglés en: Society and Business Review Vol. 4 No. 2, 2009 pp. 97-109

** Profesor emeritus de Desarrollo Organizacional de la Escuela de Negocios y Economía Schumpeter de la Bergische Universität Wuppertal en Alemania. Se enfoca en la teoría de la Administración y la organización desde una perspectiva psicoanalítica y un acercamiento de investigación activa. Ha sido presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio Psicoanalítico de las Organizaciones durante el período 2007-2009, y co-director de ‘Administración y Consulta en las Organizaciones’, un Programa Internacional de Desarrollo Profesional llevado a cabo en Colonia, Alemania. Correo Electrónico: sievers@wiwi.uni-wuppertal.de

Artículo Tipo 3: de revisión. Según Clasificación Colciencias.

Fecha de Recepción: 1 de abril de 2009 Fecha de Aprobación: 3 de julio de 2009


RESUMEN

Propósito: El autor está revisitando el cuerpo de sus manuscritos sobre el Moby Dick de Herman Melville, que comenzó a escribir hace unos 15 años. Aunque estos escritos siguen constituyendo un “libro sin escribir”, las obras de Melville tuvieron un impacto duradero sobre su pensamiento – abrieron nuevo caminos de inspiración- y escritura hasta el presente. El objetivo del documento es revelar algunas experiencias, estímulos, dificultades y emociones concomitantes con la escritura académica que siguen estando en su mayoría, escondidas del lector. Diseño/ metodología/acercamiento: Este artículo es una reminiscencia personal sobre la experiencia de la escritura académica de unas cuatro décadas. Es una historia de cómo un académico se familiariza con, y luego es influenciado/inspirado por una obra literaria, y descubre cuántos tópicos organizacionales pueden ser iluminados por trabajos literarios. Descubrimientos: Ni siquiera un libro sin escribir lleva necesariamente a descuidar completamente lo que había sido escrito. Esto podría ser un alivio y un estímulo para otros, quienes se dan cuenta de que no están solos en este sentido. Originalidad/valor: el artículo aporta un poco más de entendimiento sobre la experiencia no-tan-obvia y generalmente escondida, del “proceso de producción” de la escritura académica, e ilustra la relevancia e importancia de la literatura para pensar más allá, tópicos tales como la Administración y la organización.

Palabras clave: Escritura académica, Herman Melville, Administración, Moby Dick, Organización, Libros sin escribir.

ABSTRACT

Purpose: The author is revisiting the body of his manuscripts on Herman Melville’s Moby Dick, which he began writing some 15 years ago. Though these writings have remained an ‘unwritten book’, Melville’s works had a lasting impact on his thinking and writing up to the present. He reveals some of the experiences and emotions concomitant with academic writing that remain more often than not hidden from the reader. Design/methodology/approach: This paper is a personal reminiscence on the experience of academic writing for about four decades. It is a story of how an academic becomes acquainted with and then influenced/inspired by a piece of literature and discovers how many organisational topics may be illuminated by works of literature. Findings: Even an unwritten book does not necessarily lead to completely neglecting what had been written. This may be a relief and an encouragement to others, who realize they are not alone in this respect. Originality/value: The paper adds some further insight into the not-soobvious and broadly hidden experience of the ‘production process’ of academic writing and illustrates the relevance and importance of literature for further thinking on such topics as management and organization.

Key words: Academic writing, Herman Melville, Management, Moby Dick, Organization, Unwritten books


Aunque conocimiento real haya poco, libros hay muchos. Herman Melville (1851/1967, 117)

Melville – y su Moby Dick en particular – se han convertido en “compañeros” de mi pensamiento y escritura por más de 15 años. A pesar de que a partir de esta obsesión sobre Moby Dick surgieron dos artículos sobre la economía de la venganza y el negocio de la venganza, Sievers & Mersky (2004, 2006), mucho de lo que yo escribí sobre Melville, Moby Dick y la industria ballenera estadounidense sigue siendo hasta ahora un torso, desde que presenté parte de esto en la 12 Conferencia Internacional SCOS en Calgary, Canadá, en 1994, Siervers, (1994).

Ya que he sido modestamente forzado a contribuir algo sobre Moby Dick en la honorable ocasión de esta conferencia, volví a revisar mis antiguas notas, y quisiera tomar ventaja de esta oportunidad para compartir cómo me “familiaricé” con Herman Melville, mis intenciones iniciales para el libro que sigue sin escribir o sin terminar, y algunos de los descubrimientos que hice en camino hacia Moby Dick.

MI CAMINO HACIA HERMAN MELVILLE

Experimenté bastante entusiasmo cuando primero conocí al Moby Dick de Herman Melville (1851/ 1967) hace unos 15 años. Frente a los otros escritos de Melville y a la mayoría de la literatura secundaria acerca de ellos, se me hizo obvio que, como afirmó Melville (1851/1967, 118), “nadé a través de las librerías”. Así como Melville, yo “consumí libros y fui consumido por ellos” (Bercaw 1989, 35).

Me topé con Melville por primera vez un poco por accidente. Siguiendo mi presentación de un artículo sobre Luigi Pirandello en la 10 Conferencia SCOS en Lancaster en 1992, Sievers, (1995), recibí una llamada telefónica de un consultor organizacional en Milán. Él me invitó a hacer un taller con ejecutivos en jefe de empresas italianas sobre la interrelación entre el drama de la niñez y el drama en el trabajo, así como lo había elaborado en mi artículo. Su idea era también pedirle a Vittorio Gassman, uno de los más grandes actores de carácter italiano y director, y a su conjunto, que comenzaran el taller poniendo en escena los “Seis personajes en busca de un autor” de Pirandello (1924/2004) – la obra de teatro en que se basa mi artículo. Aunque yo estaba encantado con esta idea, me fui a casa con un pequeño regusto desagradable. Ya que mi colega italiano había visto la obra de teatro de Gassman llamada Ulisse e la Balena Bianca (Ulises y la Ballena Blanca) (1992) la noche anterior en un teatro de Milán, sugirió que también incluyéramos su actuación en el taller. Ya había tenido una primera conversación con Vittorio Gassman, y estaba excitado con esta idea. Yo me acuerdo muy bien lo desconcertado que quedé con la sugerencia de incluir a Moby Dick – ya que todo lo que yo conocía acerca de esta Ballena Blanca provenía de la película de 1956 dirigida por John Huston, con Gregory Peck como el capitán Ahab.

Habiendo visto esta película cuando tenía quince años, siempre había pensado que era una historia para muchachos – similar al Robinson Crusoe de Defoe, al Tom Sawyer de Twain o a los libros de Karl May, el escritor alemán de novelas de aventura de comienzos del siglo 19. Yo estaba decepcionado, porque tenía la impresión de que mi colega había comprendido mal mis intenciones; me parecía más preocupado en hacer que el taller fuera atractivo para los participantes potenciales que en apuntar a la profundidad de nuestro pensamiento. En esa época yo no tenía la menor idea de quién era Herman Melville.

Afortunadamente, fui lo suficientemente diplomático para no expresar mi desdén hacia mi colega, y en cambio, comencé a leer el Moby Dick de Melville. Una vez que me hube abierto camino a través de los primeros capítulos y me sobrepuse a mi indiferencia hacia sus elaboraciones científicas sobre la caza de ballenas, me convencí pronto de que en el libro de Melville había encontrado una obra de la literatura universal hasta ahora desconocida para mí. El libro fue una revelación para mí y me hizo avergonzarme de mi prejuicio.

Para resumir cómo me familiaricé con Melville: unas pocas semanas más tarde vi a Gassman actuando como Ahab en un escenario de Palermo, Sicilia, cuando tuvimos nuestro encuentro con él. Desafortunadamente, el taller con los administradores ejecutivos en Milán tuvo que ser cancelado debido a los escándalos políticos en la ciudad en ese momento.

ALGUNOS DE MIS HALLAZGOS EN CAMINO HACIA EL MOBY DICK DE MELVILLE

La elección del título para mi contribución, ha sido influenciada por el juego que los padres estadounidenses juegan a veces con sus niños cuando se aburren durante un trayecto largo en carro. – Padre: “En camino hacia X, encontré una montaña”. Niño: “En camino hacia X, encontré una montaña y un caballo.” Este juego puede seguir con docenas de ítems, los cuales deben ser repetidos en el orden correcto.

Aunque no voy a jugar este juego ahora, me gustaría mencionar por lo menos algunos de mis hallazgos en camino hacia la Ballena Blanca. Ya mencioné que la lectura del Moby Dick de Melville en particular fue una revelación para mí – así como lo fueron la mayoría de sus otros escritos. Especialmente ya que Melville aparentemente es “el más libresco de los autores” Brodhead, (1986) -“los académicos han sugerido más de 950 obras diferentes que Melville leyó y de las que tomó prestado” Bercaw (1989)- su obra abrió unos horizontes muy nuevos para mí. También fue increíble para mí ver el rango enorme y a menudo contradictorio de interpretaciones e intentos por encontrar lo que el “significado de Moby Dick” Gleim (1962) es o lo que se supone que es. Howard (1951) se burló de éstas hace más de cincuenta años:

Hacer una lista de todas las interpretaciones simbólicas y psicológicas de Moby Dick sería pasar a lista la mayoría de los espectros imaginarios que rondan por las mentes de los intelectuales modernos. El extraño Herman Melville, que estaba acostumbrado a invocar a estos espectros por escrito, era un medio de sublevación en contra de casi todo, desde la religión fundamentalista hasta la intolerancia de la sociedad hacia la anormalidad sexual.

A diferencia de los marineros que Melville conoció durante sus estadías en buques de vela y barcos balleneros en particular, quienes probablemente compartieron el destino de la mayoría de aquellos que trabajaron durante la cumbre de la industria ballenera (es decir, que su existencia era una ruina después de tres o cuatro años de viajar a la caza de ballenas), Melville fue capaz de trascender creativamente tanto su propio sufrimiento como el sufrimiento del que estaba tan agudamente consciente en su entorno. Analizar su propia experiencia se volvió un prerrequisito para escribir un drama trágico, una tragedia en la que todos los protagonistas sufrían de obsesión, venganza, locura, brutalidad enorme y una muerte temprana, y en la mayoría de los casos, inesperada. Moby Dick es entonces, el drama de la búsqueda de una venganza fallida, “la historia de un hombre que fue él mismo destruido en sus esfuerzos por destruir la maldad” Myers (1956).

“Durante mis búsquedas en la historia Leviatánica” Melville (1851/1967), en la que me alentó Melville, también tuve otra experiencia muy similar a la que tuve durante mi anterior caza al dragón cuando ocurrió la SCOS conferencia de 1987 en Milán, Sievers, (1990): Los estantes y las paredes de mi estudio se llenaron progresivamente de símbolos, artefactos, viejos grabados, libros y varias ilustraciones de Moby Dick. Mi interés creciente no sólo me llevó a casi todos los museos de caza de ballenas de la costa Este estadounidense, a los antiguos puertos balleneros de Nantucket, New Bedford y Mystic Seaport, sino que me llevó a acumular una inmensa librería sobre la caza de ballenas y su historia, que ha desde entonces llenado muchos de mis estantes.

El libro de Melville ha sido una inspiración extraordinaria para mí, y ha ocasionado pensamientos sin fin y traído muchas nuevas iluminaciones. Después de leer Moby Dick (y la mayoría de sus otras obras) por primera vez, ya no fui, en cierto sentido, el mismo de antes. Yo había tomado a varios protagonistas dentro de mi propio mundo interno, había establecido relaciones con ellos e incluso empecé a desarrollar una visión del mundo diferente. Como Oliver (1962), encontré en Melville “una estimulación hacia una consciencia más llena y rica de los peligros y la oscuridad de la vida, pero aún más, de la plenitud y el potencial de la vida”.

Las “transferencias” intensas, diferentes y cambiantes que experimenté hacia los varios protagonistas de Moby Dick, incluyendo a la Ballena Blanca misma, están, en cierto sentido, conmigo aún. Todavía estoy muy fascinado con su autor. Me pareció que la biografía de Melville era muy interesante, por ejemplo Weaver (1921), Mumford (1929, 1963), Howard (1951), Allen (1971), Hillway (1979), Hardwick (2000), Delbanco (2005) y la experimenté como una especie de descubrimiento personal del cual he ganado mucho; el destino de Melville en relación a las reacciones contemporáneas a la publicación de Moby Dick fue lo que más me impactó. A juzgar por el número de copias vendidas y las reacciones en su mayoría negativas que recibió, el libro fue un fracaso. Esto afectó a Melville no solamente financieramente -él escribió el libro para avanzar más su carrera de escritor- sino que este “fracaso” lo afectó cuando él se veía a sí mismo, más claramente que después de sus anteriores libros, como un artista.

Mi descubrimiento de la caza de ballenas me llevó a escoger a la industria ballenera de mediados del siglo 19 como un ejemplo predominante de la industrialización temprana en Estados Unidos. Inconscientemente debí haber estado siguiendo la intuición de Melville (1851/1967): “Para producir un libro poderoso, se debe escoger un tema poderoso. No se podrá jamás escribir un gran libro que perdure sobre la pulga, aunque muchos lo hayan intentado”. Y aunque yo fuera muy ambicioso en esa época, en retrospectiva no es de sorprender que en últimas me quedé estancado en ese proyecto, y el libro permaneció en gran parte sin escribir. – Era al parecer un libro gigante. Ocasionalmente tenía miedo de ahogarme en mi intento de nadar a través de las estanterías de libros (y artículos) sobre Melville, Moby Dick y la caza de ballenas, o de ser devorado por la Ballena, por así decir.

ALGUNAS INTUICIONES Y APRENDIZAJES SURGIDOS DE UNA RELECTURA DE UN LIBRO SIN TERMINAR

Acabar con un libro sin terminar no solamente despierta todo tipo de sentimientos en mí, sino que también trae recuerdos de experiencias anteriores en las que yo había temido profundamente fracasar con mi escritura. Esto conlleva un cierto malestar y el miedo de no ser, ni lo suficientemente productivo, ni lo suficientemente creativo, para expresar un tipo de pensamientos que sean lo suficientemente profundos como para compartir aquí. Por otra parte, me acuerdo de algo que un colega dijo hace muchos años y que a menudo me ha parecido lógico en el pasado: “¿Cómo voy a saber qué es lo que estoy pensando hasta que lo escriba?” – o, como afirmó alguna vez Niklas Luhmann (1992): “Sin escribir, uno no es capaz de pensar, por lo menos no de una forma demandante, colindante.”

Ha sido solamente en los últimos 15 años que he tenido esta experiencia de quedarme atascado en la escritura de un libro y de no ser capaz de llevarlo a fin. El libro reciente de George Steiner (200”), “Mis libros sin escribir” me hizo consciente por primera vez de que los “libros sin escribir” tienen en realidad una buena tradición literaria y a la vez son un género en sí. Este género podría haber comenzado con el “Prefacios a obras sin escribir” de Friedrich Nietzsche (1872/2005), que le dio como regalo de cumpleaños a Cosima Wagner, la mujer del compositor alemán Richard Wagner, en diciembre 1872; el fenómeno más reciente es la Librería de los libros sin escribir, que fue inspirada por la novela “El aborto” de Richard Brautigan (1971). Esta Librería es “una colección de libros posibles” en los que las personas hablan “acerca de un libro que sueñan escribir o hacer” (http://www.unwritten.org.uk/pages/about.html). Roland Barthes es ciertamente el ejemplo más impresionante y trágico de un autor cuyo libro planeado en últimas no se escribió. Dos días después de que Barthes hubiera terminado su conferencia s”bre la “Preparación de la ficción” Barthes (2008), fue seriamente lesionado por un carro frente al Collège de France y murió cuatro semanas después. A diferencia de Marcel Proust, uno de los autores favoritos de Barthes, quien murió antes de haber terminado las últimas tres partes de su En búsqueda del tiempo perdido, Proust, (1913-1927/2003), pero quien siempre mantenía una copia de sus borradores para publicarlos en caso de que se muriera antes de tiempo, Barthes ni siquiera había empezado a escribir su “Vita Nova”.

Aunque no estoy seguro de estar en “buena” compañía, aparentemente no estoy solo. Y algunos lectores de este artículo quizás compartan un destino similar, de no haber llevado a fruición un libro que empezó con bastante entusiasmo y esperanza. Hay ciertamente mucha verdad en lo que afirma George Steiner (2007): “Un libro sin escribir es más que sólo un espacio en blanco. Está cargado con el trabajo que uno ha hecho viviendo en la sombra, tanto irónicamente como afligidamente. Es una de las vidas que hubiéramos podido llevar, uno de los viajes que no hemos hecho.”

Recuerdo vívidamente lo que me ocurrió cuando estaba escribiendo mi tesis doctoral a final de los años 60 y comienzo de los 70, sobre el Secreto y el misterio en los sistemas sociales Sievers, (1974). En retrospectiva, me doy cuenta de que este tema fue de cierta manera mi primer intento por entrar en contacto con lo que no es tan obvio, con lo que se supone que debe permanecer escondido y que a menudo tiene una atracción muy grande tanto para aquellos que conocen el secreto como para aquellos que tratan de revelarlo. En esa época yo no tenía ni idea del psicoanálisis ni del inconsciente, especialmente debido a que durante mis estudios anteriores en filosofía y teología en una escuela dirigida por jesuitas en Frankfurt, Freud y C.G. Jung, por ejemplo, eran nombrados como adversarios en nuestra clase de psicología escolástica; sus libros eran guardados en un “armario de venenos” y uno necesitaba un permiso especial – y una razón – para tener acceso a ellos.

Cuando entregué la primera parte de mi disertación doctoral a Niklas Luhmann, mi supervisor – o mi “padre doctor”, como se refiere tradicionalmente a este rol en alemán – más de dos años después de empezar mi investigación, me deprimí mucho – por no decir más – por su respuesta. Imitando lo que yo había observado en otras disertaciones, comencé la mía con una concienzuda y extensa revisión sobre cómo los científicos sociales anteriores, por ejemplo Georg Simmel (1906), habían pensado y conceptualizado “el secreto”. La nota corta que recibí de Luhmann era: “Lo que usted escribió es muy interesante – ¿pero cuándo va a acercarse a su tema electo, es decir al secreto en las organizaciones?” Uno se puede imaginar lo desanimado que me sentí.

En esa época, yo sólo tenía un nombramiento de tiempo limitado como asistente en la universidad, y estaba preocupado de que se terminaría antes de que yo concluyera mi tesis. Estaba profundamente desesperado, porque estaba convencido de que todo mi trabajo previo había sido en vano y que lo que me parecía una carrera académica potencial terminaría más temprano de lo esperado. Me tomó bastante tiempo sobreponerme al sentimiento de haber fracasado totalmente y empezar a escribir de nuevo. – No solamente logré aprobar en última instancia, sino que – algún tiempo más tarde cuando ya era profesor – encontré una referencia a mi tesis (que había sido publicada entretanto) en un libro sobre las Sociedades secretas editado por Peter Christian Ludz (1979), donde se refería a mi tesis como a uno de los pocos intentos notables más recientes por interpretar el secreto.

Aunque yo había conocido brevemente a Ludz cuando estudiante, fue solamente en su obituario, escrito por König (1979), donde me di cuenta del académico profundo y bien conocido que fue. Aunque él fue bastante exitoso y altamente considerado como académico y colega, me conmocionó leer que se había suicidado a los 48 años, porque su “incomodidad y desesperación internas eran más fuertes que su voluntad de producir” (ibid., 822). Aunque me sentía muy triste por esto, también estaba muy aliviado de que no me tocó un destino similar cuando estudiante de doctorado.

Volviendo al presente: Al revisar mis previas investigaciones y escritos sobre Moby Dick cuando estaba preparando la presentación, me sorprendí y estuve bastante orgulloso de lo que había escrito. Mi fascinación y entusiasmo previos hacia Moby Dick y la industria ballenera se encontraron revitalizados. Por otro lado, tenía la impresión de que al trabajar duramente abriéndome paso a través de la literatura casi interminable sobre este tema y tratar de digerirla para poder darle sentido, no había sido capaz realmente de encontrar mi propia voz o de integrar estos escritos con la manera de pensar que había desarrollado desde el principio de los 80, y que encontró su primera expresión en mi presentación sobre la ‘Motivación como un sustituto del significado’ en la primera conferencia SCOS en Lund en 1984 Sievers, (1986). Aunque yo estaba, hasta cierto punto, impresionado con lo que yo había juntado y con los varios lazos que había logrado hacer entre los diferentes géneros literarios, disciplinas y épocas, mucho de lo que había escrito sobre Moby Dick y la industria ballenera me parecía en retrospectiva como una lista casi sin fin de fragmentos “suministrados por un sub-sub-bibliotecario”, con la que Melville (1851/1967) comienza su libro. Al introducir estos fragmentos, él afirma:

Se verá que este pobre diablo de Sub-Sub, simple meticuloso cavador y larva, parece haber examinado los largos Vaticanos [las grandes bibliotecas] y puestos callejeros de la tierra, recogiendo cualquier alusión a las ballenas que pudiera encontrar de cualquier manera en cualquier libro que fuera, sagrado o profano.

Me parece que regresar a mi escritura previa del libro sin terminar es una oportunidad única no solamente para la auto-reflexión desde mi rol como académico o erudito, sino también una rareza en la academia. Estamos acostumbrados a evaluarnos a nosotros mismos así como a nuestros colegas por medio de los productos escritos (y publicados) de nuestro pensamiento. Muchos, sino la mayoría de nosotros, sabrá demasiado bien qué tan a menudo escribir se hace difícil. Nos hace sudar y nos confronta con nuestra falta de pensamientos y espíritu. Lleva ocasionalmente a callejones sin salida de los cuales no parece haber retorno posible, y engendra sentimientos de duda y/o desesperación (cf. Barthes 2008, 211ff.). Pero esta experiencia de dolor y sufrimiento generalmente se desvanece cuando leemos un texto o escuchamos una presentación. A diferencia de las obras de ficción, las novelas y la poesía, parece que la literatura académica no dice mucho o casi nada acerca de la “economía” psíquica o emocional del escritor.

Klaus Heinrich (1987), el académico religioso y filósofo berlinés, describió la relación de los miembros de la universidad (alemana) hacia su institución como una relación de des-erotización total, queriendo decir que la universidad ya no es objeto ni de amor ni de odio. La relación de los lectores académicos y los textos que están leyendo y utilizando en su propio pensamiento y escritura a menudo parece estar caracterizada por una falta similar de erotización. Sin la imaginación o el conocimiento del dolor y sufrimiento experimentados por los autores a los que le tenemos cariño y que nos gusta leer o a los que idealizamos hasta cierto punto, estamos en peligro de proyectar hacia ellos toda nuestra fuerza, nuestra propia capacidad de escribir y nuestra sabiduría, y tendemos a mantener una imagen de nosotros mismos de ser menos talentosos. Esto parece ser un ‘hábito’ que hemos aprendido a internalizar como estudiantes en la universidad – si no lo hacemos antes en la escuela primaria. Y a menudo no es fácil sobreponerse a estas internalizaciones para poder encontrar la autoridad propia como escritor.

Herman Melville, el autor de una obra maestra de la literatura mundial, es un buen ejemplo de una idealización y deificación tal – por lo menos para aquellos que no están familiarizados con su biografía y su tragedia como escritor y como autor. Como se mencionó previamente, Melville estaba cada vez más desesperado porque Moby Dick no se vendió como él esperaba y fue un fracaso. En su libro siguiente, Pierre, Melville, (1852/1971), que tampoco fue exitoso, él “desposee a sus lectores”. Pero como también nota Douglas (1977), “sin destruir totalmente su propio fundamento para escribir: de hecho, la desposesión misma [se volvió] su motivación”. Y el hecho de que Billy Budd, otra de las obras maestras de Melville (1924/1962), sólo se publicó en 1924 después de haber sido encontrada en su patrimonio, podría indicar que Melville de algún modo perdió la confianza en su propia escritura hacia el final de su vida, Ohlmeier (2008).

Refiriéndonos otra vez a Niklas Luhmann por un momento, es bastante obvio para mí en retrospectiva cuánto me identifiqué con él como escritor académico cuando era mi ‘padre doctor’. En esa época y por algunos años después, no hubo uno solo de sus escritos que yo no consumiera y por el cual no tendiera a idealizarlo – aunque a menudo yo no podía realmente comprenderlo todo. Ya que yo había sido su estudiante de investigación por algún tiempo, a menudo podía obtener sus manuscritos mucho tiempo antes de que fueran eventualmente publicados. Aunque intenté copiar a Luhmann en mis propios escritos – intentando sonar como la voz de mi maestro – estaba convencido de que nunca sería capaz de igualarlo y también temía que eventualmente él despreciara mi tesis doctoral. A diferencia de varios de sus colegas, nosotros como estudiantes – y yo en particular – lo experimentábamos como muy distante siempre. La relación con él se mantuvo principalmente con su pensamiento y su escritura. Y fue solamente hace unos pocos meses que – en un sueño – hice las paces con mi ‘Luhmann interior’ por medio de su intento por ‘socializar’ y aceptarme como a un colega más joven. – Y en cierto sentido, tal vez tendré que esperar un sueño similar para conocer a mi ‘Melville interior’, para poder llegar a estar ‘en términos de suficiente igualdad’ con él como autor. Especialmente de Barthes (2008), aprendí que identificarse con un autor “no quiere decir compararse con él”.

En mi re-lectura de mi escrito anterior sobre el Moby Dick de Melville desde la perspectiva del Pequod como un microcosmos de la industria ballenera estadounidense del siglo XIX, noté una cierta falta de identificación con el ‘objeto’. A diferencia de muchos de mis otros escritos, aquí he estado tratando principalmente más o menos con ‘objetos’ del mundo exterior y del ‘pasado’. A menudo me parece difícil convertirlos en objetos interiores con los que me puedo relacionar emocionalmente. En la medida en que yo me experimento como estando preocupado por utilizar los hechos históricos y figuras (de la realidad externa) correctos, me parece difícil acceder a mi fantasía, mis asociaciones y mis propias metáforas, las cuales se han convertido cada vez más en dimensiones importantes de mi escritura. Refiriéndome a la noción de David Armstrong (1997) de la ‘institución-en-la-mente’, parece que no puedo internalizar, por ejemplo, el trabajo y la vida en un barco ballenero o la ‘industria ballenera’, porque – a diferencia de Melville, por ejemplo – no tengo ninguna experiencia de estos sistemas sociales. Lo que estoy tratando de meter en mi mente es, por así decir, lo que sale de la mente de Melville y de otros escritores. Y aunque su pensamiento es en gran parte reflejo de su propia experiencia (por ejemplo en buques de vela), demasiado a menudo no soy capaz de captar la experiencia, hacerla mía y por lo tanto, darle sentido por mi cuenta. Esto hubiera sido probablemente más fácil si estuviera escribiendo, por ejemplo, como un académico literario para quien el objeto sería la novela misma y no el mundo que representa.

Como a menudo escribo en inglés desde hace unas dos décadas, en un idioma que no es mi primer idioma, me parece en retrospectiva que esto tuvo otro impacto importante sobre mi pensamiento y mi escritura, tanto en mi viaje general como en mi viaje ‘Leviatánico’ en particular. Escribir en un idioma diferente al primer idioma de uno es probablemente una experiencia con la cual muchos, si no todos, los escritores no están o están poco familiarizados. Muy tempranamente, en lo que a posteriori puede tomarse como el comienzo de mi carrera académica, tuve que aceptar que el inglés era la lingua franca, y que yo debía hacer un esfuerzo importante por mejorar mi inglés y hacer uso de él para poder tomar parte en la comunidad científica más amplia. Pensar y escribir en un idioma extranjero a menudo ha sido una experiencia dolorosa para mí, en tanto que me ha confrontado una y otra vez con las limitaciones de mi comprensión de los otros y mi inhabilidad para expresar mis propios pensamientos adecuadamente, y sobre todo lo suficientemente rápido. En comparación con el inglés ideal de “la Reina” o “el inglés de Oxford” que “arrojó sombra” sobre nuestras lecciones de inglés en el colegio, el mío es – y seguramente siempre lo será – lo que llamo “el inglés germánico”. No sólo necesito la ayuda de un editor cuya primera lengua es el inglés antes de mandar un documento o de publicar un artículo; al comunicarme en inglés, como idioma extranjero, a menudo no logro arreglármelas con un “doble” dentro de mí. Como lo elaboró desde una perspectiva psicoanalítica Otto Rank (1925/1989) en lo que Lieberman (1985, 130) justamente ve como “un trabajo seminal sobre la relación entre la sombra, la reflexión, el fantasma y el gemelo, y la idea del alma y de la inmortalidad”, el doble no es solamente una noción mitológica y a menudo descrita en las belles-lettres, sino que también es una noción existencialmente vívida de la vida normal. Siguiendo esta metáfora al referirme a mi utilización del idioma inglés, a menudo tengo la experiencia de realmente ser dos personas: el adulto que sabe lo que estoy pensando y quiere comunicarse – y el niño que está buscando palabras y expresiones, está tartamudeando, y no siempre comprende realmente lo que “los adultos” están haciendo, y tiene que aprender a arreglárselas con el hecho de no ser todavía un adulto, y de por lo tanto no ser considerado totalmente como un igual. Aunque mientras tanto he aprendido de alguna manera a hacer las paces con la “parte niño”, especialmente en conversaciones con colegas cercanos (y sobre todo con amigos), “el niño” a menudo sigue siendo una sombra queriendo ser reconocido, integrado, y un adulto. Por otro lado, sin embargo, también está esa parte que resulta de mi primer idioma, y por lo tanto la posibilidad de pensar y hablar “desde otra matriz”, lo cual, ocasionalmente, puede ser la fuente de pensar de otro modo.

Releer lo que había escrito hace unos 15 años me hizo muy consciente de mis limitaciones. Como a menudo yo temía demasiado encontrar y utilizar mi propio idioma y mi propia voz sobre un tema en particular, especialmente a la luz de lo que otros habían escrito sobre él, con frecuencia lo evitaba citando a otros. Aunque asumo que entretanto he encontrado un mejor balance en mi escritura entre la expresión de mis propios pensamientos y las referencias a otros, me parece que el apegarme demasiado a los escritos relacionados con Moby Dick de otros autores, contribuyó a la experiencia a la que me referí más arriba, es decir, la dificultad de encontrar una relación apropiada entre lo que otros han afirmado y mis propios pensamientos.

En vez de simplemente limitar mi experiencia de arreglármelas con el inglés como idioma extranjero a una deficiencia personal, lo cual indudablemente es en cierta medida, me parece tener también un significado ulterior, ampliamente descuidado. No sólo nuestra comunicación como colegas, sino también mucha de la comunicación internacional y/o global, está teñida por el hecho de que, aunque tendemos a restringirla a palabras y frases principalmente, a menudo sin saberlo nos identificamos con pensamientos y significados muy diferentes. En este sentido, el Pequod y los 30 hombres de su tripulación internacional no solamente representan un “mundo entero de la humanidad en un microcosmos” Hohman (1928), sino también la falta de un idioma común – un déficit que en este caso aparentemente fue tratado con una línea estricta de mando, con reglas fijas y asignación de tareas y entrenamiento para aprender lo básico – típico para cualquier navío y para los balleneros, en particular.

Llegando al final de estos pensamientos, me gustaría ofrecer una intuición más que surgió de mi relectura. En el discurso académico tradicional, a menudo tendemos a asumir que la elección de los temas y tópicos de los escritos académicos es hecha principalmente o hasta exclusivamente por los autores respectivos – sean otros o nosotros mismos. Re-leer mi libro sin terminar me hizo consciente una y otra vez de hasta qué punto estas elecciones están relacionadas – por lo menos para mí – la mayoría de las veces, a ciertos otros – tanto a mis contemporáneos como a aquellos que ya han muerto, algunos hace un buen rato. Refiriéndonos a la idea de Lawrence (2005) de que soñar es un modo de pensar y que el Soñar Social, el método de elaborar sueños por medio de asociaciones en la Matriz Social de Sueños, puede ser percibido como un modo de pensamiento social, en mi experiencia me parece que los tópicos y temas que escojo para mis escritos no son solamente pensamientos que llegan principalmente o aún exclusivamente de mí, sino que están basados en pensamientos y conexiones sociales. Esto podría ser evidencia de que todos somos enanos parados en los hombros de gigantes, una metáfora que presumiblemente va más atrás en el tiempo que su adscripción a Isaac Newton. Se refiere al mito antiguo griego de Cedalión parado en los hombres del gigante ciego Orión, a quien guió – y cuyo origen es elaborado más allá por Robert Merton (1965/1983). La metáfora del “enano sobre los hombros de un gigante” podría recordarnos que una posición tal podría no solamente permitirnos ganar una perspectiva más amplia, sino también causar un vértigo que podría poner a prueba al enano, al intentar éste encontrar el equilibrio, Kaiser (1983), Merton (1965/1983).

Además de una conexión a otros autores y sus publicaciones, la elección de tópicos para mis propios escritos a menudo sale de encuentros, de relaciones con otras personas, de experiencias y de eventos, o de invitaciones para hacer presentaciones – similares a ésta, que no podría haber imaginado sin la insistencia de Peter Pelzer en que contribuyera algo sobre Moby Dick en esta honorable ocasión. Como otros, ocasionalmente recibo invitaciones para hacer presentaciones o contribuciones a libros editados por otros, algunas de las cuales, por varias razones, tiendo a declinar. Estos pedidos o recomendaciones muy a menudo son el resultado de relaciones, ya sea muy concretas o desconocidas, tanto personales como mentales. A menudo tengo la experiencia de que los otros, consciente o inconscientemente, hacen que brote de mí un sonido que – para mi gran sorpresa – luego intento transformar en algún tipo de fuga o cantata, que nunca hubiera sido capaz de componer o siquiera imaginar sin el reto de una invitación tal. La experiencia más reciente es – después de la presentación sobre la cual está basado este artículo – que me han pedido dos colegas que contribuya con un artículo sobre “Melville y el liderazgo”, para un libro sobre “El liderazgo en la ficción”. Y aunque un liderazgo a la Melville, mientras tanto se ha convertido en una especie de moda, o hasta en un producto, en las clases universitarias y en los programas de entrenamiento (especialmente aquellos dirigidos por la Marina estadounidense), confío en que seré capaz de revelar algunos pensamientos nuevos.

Por último, aunque no sea lo menos importante, este artículo es un buen ejemplo de la experiencia que ocasionalmente tengo con las reacciones de los lectores una vez que he terminado o publicado un artículo. Esto a menudo me ayuda a ver lo que escribí desde una perspectiva adicional o que lleva más lejos. Como indicó un revisor anónimo, este artículo puede verse no solamente como una contribución a la “narratividad como un método valioso para la investigación organizacional”, iniciada y promovida por colegas como Czarniawska (1997, 2004) y Gabriel (2000, 2004), sino que es diferente del trabajo de ellos en un aspecto importante: “no es la narrativa de gente que trabaja en organizaciones concretas que es luego utilizada para interpretar el mundo organizacional y ganar un entendimiento más general. En cambio, una obra literaria es utilizada como medio de reflexión sobre las realidades organizacionales que son explícitamente o implícitamente descritas en la novela. Moby Dick es un ejemplo convincente para una estrategia tal. Y las novelas a menudo están mucho mejor escritas que cualquier texto académico – con el mismo nivel posible de entendimiento.” (Revisor anónimo).

Estoy muy agradecido por esta oportunidad de escribir “algo sobre Moby Dick” en la ocasión honorable de esta conferencia, lo cual me animó a desplegar otra vez las velas del Pequod para otro viaje. El navío ya está dirigido hacia otro destino, es decir la “Motivación y el significado en el trabajo”, que es el tema de la Reunión Anual de la Sociedad Internacional por el Estudio Psicoanalítico de las Organización (SIEPO) en Filadelfia en 2008. El título del artículo que presentaré es “Antes del sucedáneo de la motivación: Administración y trabajo en la caza de ballenas industrial estadounidense en la época de su edad dorada” Sievers, (2008); es en cierto sentido la contraparte a un escrito muy anterior titulado Más allá del sucedáneo de la motivación Sievers, (1986). Aunque confío en que seré más que capaz de ligar mi propio pensamiento con la ‘historia Leviatánica’ en este artículo, espero que no acabaré otra vez con otro escrito sin terminar.

Este próximo esfuerzo también puede ser visto como un intento por ligar mi CPSO (Conferencia Permanente sobre el Simbolismo Organizacional) “interna” y mi SIEPO (Sociedad Internacional para el Estudio Psicoanalítico de las Organizaciones) “interna”, por así decirlo. Me entusiasma la idea de juntar todavía más estos dos “mundos”, a los cuales les debo tanto en mi pensamiento y escritura – el del “simbolismo organizacional” y el de la “dinámica social inconsciente en las organizaciones”.

De hecho, Melville – en Moby Dick y en Pierre, en particular – es una demostración bastante prominente de que los dos “mundos”, es decir, el de la cultura (y la política) y el del continente oscuro del inconsciente son solamente lados diferentes de la misma moneda. El Pequod es un microcosmos de las circunstancias sociales y políticas de la industrialización temprana en Estados Unidos durante la mitad del siglo XIX, una época en “medio de la transformación de la economía estadounidense en el sistema capitalista más poderosamente agresivo del mundo” Douglas (1977). Y la respuesta de Melville a “la industrialización ha sido una característica típica, y en muchos aspectos, distintiva” de la cultura estadounidense Marx (1956, 1964).

Como indica Murray (1949, XXVI), Melville también puede ser visto como un “proto-psicoanalista”. Seguramente “se merece ser conmemorado como el descubridor literario de una parte de la naturaleza diferente y más importante, es decir, el África Profunda de la mente, el inconsciente mitológico”. También es “un precursor de la psicología en profundidad… La presentación y análisis de la locura del Capitán Ahab podría, exceptuando la gran poesía, haber venido de un Freud o un Jung o un Binswanger” Halverson, (1963). Y refiriéndose a la novela póstuma de Melville Billy Budd, Sailor, publicada en 1924, Ohlmeier (2008) correctamente caracteriza a Melville como un “proto-analista de las organizaciones”.

Aunque mi “motivación” por comprender a Moby Dick ha sido muy diferente de la de Ahab, el hecho de que mi libro sigue estando sin terminar – y en cierto sentido sin escribir – parece confirmar qué tan difícil – sino imposible – es comprender a la Ballena Blanca integrando estos dos mundos. A diferencia de los Quakers de Nantucket Melville, (1851), no me considero un escritor o académico “de verdad”. No deberían sorprenderse demasiado si algún día encuentran un anuncio para mi libro. Y si es así, estoy más que seguro que los organizadores y contribuidores a esta conferencia tendrán mucha razón en tomar crédito al haberme animado a volver a mi anterior escrito y hacer algo de él.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Allen, Gay Wilson (1971): Melville and His World. New York: The Viking Press        [ Links ]

2. Armstrong, David (1997): The ‘institution-in-the-mind’. Reflections on the relation of psychoanalysis to work with institutions. Free Associations 7 (41), 1–14        [ Links ]

3. Barthes, Roland (2008): Die Vorbereitung des Romans. Vorlesung am Collége de France 1978-1979 und 1979-1980. Frankfurt am Main: Suhrkamp; (2003): La Préparation du Roman (I et II). Notes de cours et de séminaires au College de France, 1978-1979 et 1979-1980. Paris: Èditions du Soleil        [ Links ]

4. Bercaw, Mary K. (1989): Melville’s Borrowings. The Log of Mystic Seaport 41, 35-44        [ Links ]

5. Brautigan, Richard (1971): The Abortion: An Historical Romance 1966. New York: Simon and Schuster        [ Links ]

6. Brodhead, Richard H. (1986): Trying All Things: An Introduction to Moby-Dick. In: R. H. Brodhead (ed.), New Essays on Moby-Dick. Cambridge: Cambridge University Press, 1-21        [ Links ]

7. Czarniawska, Barbara (1997): A Narrative Approach to Organization Studies. London: Sage        [ Links ]

8. Czarniawska, Barbara (2004): Narratives in Social Science Research. London: Sage        [ Links ]

9. Delbanco, Andrew (2005): Melville: His World and Work. New York: A. Knopf        [ Links ]

10. Douglas, Ann (1977): The Feminization of American Culture. New York: Alfred A. Knopf        [ Links ]

11. Gabriel, Yiannis (2000): Storytelling in Organizations: Facts, Fictions, and Fantasies. Oxford NY: Oxford University Press        [ Links ]

12. Gabriel, Yiannis (2004): Myths, Stories, and Organizations: Premodern Narratives for Our Times. Oxford Ny: Oxford University Press        [ Links ]

13. Gassman, Vittorio (1992): Ulisse e la Balena Bianca. Milan: Longanesi & C.        [ Links ]

14. Gleim, William S. (1962): The Meaning of Moby Dick. New York: Russell & Russell        [ Links ]

15. Halverson, John (1963): The shadow in Moby Dick. American Quarterly 15, 436-446        [ Links ]

16. Hardwick, Elizabeth (2000): Herman Melville. New York: Viking        [ Links ]

17. Heinrich, Klaus (1987): Zur Geistlosigkeit der Universität heute. Oldenburg: Bibliotheks- und Informationssystem der Universität Oldenburg        [ Links ]

18. Hillway, Tyrus (1979): Herman Melville. Boston: Twayne Publishers.        [ Links ]

19 Hohman, Elmo Paul (1928): The American Whaleman. A Study of Life and Labor in the Whaling Industry. New York: Longmans, Green & Co., reprint: (1974): London: Macdonald and Jane’s        [ Links ]

20. Howard, Leon (1951): Herman Melville. A Biography. Berkeley: University of California Press        [ Links ]

21. Kaiser, Reinhard (1983): Zur Einführung. In: Merton, Robert K., Auf den Schultern von Riesen. Ein Leitfaden durch das Labyrinth der Gelehrsamkeit. Frankfurt: Suhrkamp, 7-9        [ Links ]

22. König, René (1979): Nekrolog. Peter Christian Ludz (22-5-1931 – 2.9.1979 †). Kölner Zeitschrift für Soziologie und Sozialpsychologie 39, S. 822        [ Links ]

23. Lieberman, E. James (1985): Acts of Will. The Life and Work of Otto Rank. Amherst: University of Massachusetts Press        [ Links ]

24. Lawrence, W. Gordon (2005): Introduction to Social Dreaming. Transforming Thinking. London: Karnac        [ Links ]

25. Ludz, Peter Christian (1979): Überlegungen zu einer soziologischen Analyse geheimer Gesellschaften des späten 18. und frühen 19. Jahrhunderts. In: P. C. Ludz (ed.), Geheime Gesellschafen. Heidelberg: Lambert Schneider, 89-119        [ Links ]

26. Luhmann, Niklas (1992): Kommunikation mit Zettelkästen. Ein Erfahrungsbericht. In: André Kieserling (ed.), Niklas Luhmann, Universität als Milieu. Kleine Schriften. Bielefeld: Haux, 53-61        [ Links ]

27. Marx, Leo (1956): The machine in the garden. The New England Quarterly 29, 27-42        [ Links ]

28. Marx, Leo (1964): The Machine in the Garden. Technology and the Pastoral Ideal in America. London: Oxford University Press        [ Links ]

29. Melville, Herman (1851/1967): Moby-Dick. Harrison Hayford & Hershel Parker (eds.). New York: Norton        [ Links ]

30. Melville, Herman (1852/1971): Pierre or The Ambiguities. Evanston and Chicago: Northwestern University Press and the Newberry Library        [ Links ]

31. Melville, Herman (1924/1962): Billy Budd, Sailor. Harrison Hayford & Merton M. Sealts, Jr. (eds.). Chicago: University of Chicago Press        [ Links ]

32. Merton, Robert K. (1983): Auf den Schultern von Riesen. Ein Leitfaden durch das Labyrinth der Gelehrsamkeit. Frankfurt: Suhrkamp; (1965): On the Shoulders of Giants: A Shandean Postscript. New York: Free Press        [ Links ]

33. Mumford, Lewis (1929): Herman Melville. New York: The Literary Guild of America        [ Links ]

34. Mumford, Lewis (1963): Herman Melville. A Study of His Life and Vision. London: Seeker & Warburg        [ Links ]

35. Murray, Henry A. (1949): Introduction. In: Herman Melville, Pierre or the Ambiguities. New York: Hendriks House, XIII-CIII        [ Links ]

36. Myers, Henry A. (1956): The Tragic Meaning of Moby Dick. In: H. Myers, Tragedy: A View of Life. Ithaca, N. Y.: Cornell Paperbacks, 57-77.        [ Links ]

37. Nietzsche, Friedrich (1872/2005): Prefaces to unwritten works. Michael W. Grenke (ed.), Soth Bend, Ind.: St. Augustine’s Press        [ Links ]

38. Ohlmeier, Dieter (2008): Herman Melvilles ‚Billy Budd, Sailor’ – Über Unschuld und Urkonflikt einer Organisation. In: Arndt Ahlers-Niemann, Ullrich Beumer, Rose Redding Mersky and Burkard Sievers (eds.), Organisationslandschaften. Sozioanalytische Gedanken und Interventionen zur normalen Verrücktheit in Organisationen / Socioanalytic thoughts and interventions on the normal madness in organizations. Bergisch Gladbach: EHP, 96-104        [ Links ]

39. Oliver, Egbert S. (1962): Melville’s Tartarus. Emerson Society Quarterly 28, 23-35        [ Links ]

40. Pirandello, Luigi (1924/2004): Six characters in search of an author. London: Methuen Drama        [ Links ]

41. Proust, Marcel (2003): In Search of Lost Time. New York: Modern Library        [ Links ]

42. Rank, Otto (1925/1989): The Double: A Psychoanalytic Study. London: Karnac        [ Links ]

43. Sievers, Burkard (1974): Geheimnis und Geheimhaltung in sozialen Systemen. Opladen: Westdeutscher Verlag        [ Links ]

44. Sievers, Burkard (1986): Beyond the surrogate of motivation. Organization Studies 4, 335-351        [ Links ]

45. Sievers, Burkard (1990): Curing the Monster: Some Images of and Considerations About the Dragon. In: Pasquale Gagliardi (ed.), Symbols and Artifacts: Views of the Corporate Landscape. Berlin: de Gruyter, 207-231        [ Links ]

46. Sievers, Burkard (1994): In search of vengeance: Lessons on management and organization from Herman Melville’s Moby Dick. Paper presented at the 1994 SCOS-Conference Calgary, Canada ‘Organizing the Past’, Manuscript        [ Links ]

47. Sievers, Burkard (1995): Characters in search of a theatre. Organization as theatre for the drama of childhood and the drama at work. Free Associations, 5, 2 (No. 34), 196-220        [ Links ]

48. Sievers, Burkard (2008): Before the surrogate of motivation: Motivation and the meaning of work in the Golden Age of the American whaling industry https://www.regonline.com/custImages/252216/BukardSievers.doc        [ Links ]

49. Sievers, Burkard & Rose Redding Mersky (2004): Some socio-analytical reflections on vengeance and revenge. Journal of Psycho-Social Studies 3, 1, 4. http://www.btinternet.com/~psycho_social/Vol4/V4.html        [ Links ]

50. Sievers, Burkard & Rose Redding Mersky (2006): The economy of vengeance: Some considerations on the aetiology and meaning of the business of revenge. Human Relations 59, 1, 241-259        [ Links ]

51. Simmel, Georg (1906): The sociology of secrecy and of secret societies. American Journal of Sociology 11, 441-498        [ Links ]

52. Steiner, George (2007): Meine ungeschriebenen Bücher. München: Hanser; (2008): My Unwritten Books. New York: New Directions        [ Links ]

53. Weaver, Raymond M. (1921): Herman Melville. Mariner and Mystic. New York: George H. Doran Company        [ Links ]

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License