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Universitas Humanística

Print version ISSN 0120-4807

univ.humanist.  no.64 Bogotá July/Dec. 2007

 

Investigación cualitativa y cuantitativa: una revisión del qué y el cómo para acumular conocimiento sobre lo social1

Qualitative and Quantitative Research: A Review of the Why and the How to Gain Knowledge About the Social

Investigação qualitativa e quantitativa: uma revisão “do que” e “do como” para acumular conhecimento sobre o social

Juan Camilo Plata Caviedes2

IEPRI - Universidad Nacional de Colombia jcplatac@unal.edu.co

Recibido: 25 de julio de 2006 Aceptado: 09 de marzo de 2007

 


Resumen

La principal fuente de la dificultad que se encuentra en las ciencias sociales para acumular conocimiento es fusionar la pregunta por el qué investigar con aquella por el cómo resolver las preguntas de conocimiento. Se argumenta que salir de esa trampa sólo es posible ubicando el fenómeno bajo estudio en su contexto social y temporal. Mediante la comparación, se podrán identificar los elementos comunes a una variedad de situaciones y estudiarlos con métodos en que la distinción entre lo cualitativo y cuantitativo es irrelevante. Dentro de este marco, se tendrá mayor claridad sobre la tarea de acumulación de conocimiento sobre lo social.

Palabras clave del autor: investigación, metodología, historia comparada, redes, narrativas.

Palabras clave descriptores: historia social investigación social, metodología en ciencias sociales.

 


Abstract

The main source of difficulties we find in social sciences to accumulate knowledge comes from fusioning the question of what to research with the question of how to solve research questions. It is argued that the escape from this trap is only possible when the phenomenon under study is located in its spatial and temporal context. Using comparison it is feasible to identify what is common between a variety of situations and its study with methods such that the difference between qualitative and qualitative is irrelevant. Through this frame, the task of knowledge accumulation about the social world will become clearer.

Key words author: research, methodology, comparative history, networks, narratives.

Key words plus: Social history, Social research, Social sciences, methodology

 


Resumo

A principal fonte de dificuldade que se encontra nas ciências sociais para acumular conhecimento é a de fundir a pergunta “do porquê” pesquisar com aquela “do como” resolver as perguntas do conhecimento. Argumenta-se que sair dessa armadilha só é possível localizando o fenômeno estudado no seu contexto social e temporal. Mediante a comparação, poder-se-á identificar os elementos comuns de uma variedade de situações e os estudar com métodos nos quais a distinção entre o qualitativo e o quantitativo é irrelevante. Dentro deste marco, ter-se-á mais clareza sobre a tarefa de acumulação de conhecimento do social.

Palavras chave: pesquisa, metodologia, historia comparada, redes, narrativas.

 


En carta abierta enviada por Émile Durkheim, ya retirado de la actividad académica, a los lectores de la revista norteamericana Social Forces, decía lo siguiente:

No es de la vieja generación decir a los contemporáneos cómo hacer investigación, ni qué problemas plantearse. Y yo soy de la opinión que los sociólogos de hoy son altamente calificados en su formación técnica. Lamento que mi sobrino Marcel, así como mis colaboradores Halbwachs y Simiand en particular, no estén más aquí para seguir de cerca los nuevos métodos cuantitativos que dan un gran impulso a la sociología americana. Sin embargo, el aspecto teórico e intelectual tiene la necesidad de renovación. Una nueva sociedad se delinea, así como un nuevo mundo social, con nuevas fuentes de solidaridad. Veo surgir fenómenos que en 1898 habría estado tentado a llamar anómicos, pero yo me pregunto si en 1981 ellos no serán «fenómenos pilotos», para retomar la expresión de Dufour, indicadores de nuevas estructuras. Y ustedes, mis queridos lectores americanos, están en una sociedad privilegiada a los cambios mucho más que cualquiera otra (Durkheim, 1981: 1072).

Llama así la atención sobre la autonomía entre la teoría (el qué) y la metodología (el cómo). Y además sobre lo estimulante que resulta el desarrollo en el campo de los métodos de investigación, pero también sobre la necesidad de renovar los problemas de conocimiento a los que son aplicados. Este último aspecto dinamiza la vida académica y permite la concordancia entre el contexto temporal y espacial específico y las preguntas que se plantean.

De este modo, el presente documento sostiene que buena parte de la dificultad para desarrollar el conocimiento sociológico nace de fusionar la discusión por el qué investigar con aquella por cómo resolver las preguntas de investigación. Al aclarar el espacio del que surge esta confusión, se busca permitir ver los caminos posibles para realizar un trabajo que resulte novedoso, emocionante y con posibilidades de acumular conocimiento sobre lo social.

Normalmente la distinción entre investigación cualitativa y cuantitativa se refiere a diferencias en las técnicas usadas para resolver el problema de investigación que se tiene entre manos. Por un lado, aquellas comúnmente entendidas como de un corte narrativo y detallado en la descripción. Y del otro, aquellas que usan herramientas formales –estadística, construcción de modelos, simulación–.

A partir de esta diferenciación se atribuye, como lo hace Martyn Hammersley, la desilusión que ronda por las ciencias sociales al «fracaso» de los métodos cuantitativos, lo que vendría a aumentar el interés por la etnografía (1994: 15). Pero es posible que aun en el giro metodológico por sí misma no se encuentre la solución. Detrás de esa ilusión está la apariencia de que cada grupo de métodos sirve adecuadamente a un único grupo de problemas de investigación3.

En el caso de los métodos cualitativos, y sólo por mencionar algunos ejemplos indicativos, servirían para problemas como las trayectorias de vida, la historia de grupos locales, la construcción de identidades, entre muchos otros. Y en el caso de los métodos cuantitativos existiría una correspondencia con el estudio de problemas de conocimiento como la evolución de variables demográficas y/o económicas, el estudio de la cooperación entre actores perfectamente racionales –o con algún matiz–, entre otros. Bajo esta mirada, los métodos de un tipo –cualitativos o cuantitativos– fracasarían si se usaran para resolver preguntas pensadas como exclusivamente cualitativas o cuantitativas.

Esta asociación entre el qué (la pregunta) y el cómo (el método) se reproduce y establece como una certeza. Diluye así la necesaria distinción, reseñada a propósito de la carta de Durkheim, entre los problemas de investigación y la forma como son tratados.

Ilustrada esta situación (ver figura 1), toma la forma de un espacio estrecho y ordenado alrededor de los polos cualitativo y cuantitativo.

Este espacio que reduce a los mismos términos la pregunta y la técnica tiene efectos muy negativos para el desarrollo de la ciencia social.

a) Limita el espacio de las posibles preguntas de conocimiento: Esta visión del espacio en la que se ligan preguntas y métodos, restringe los problemas de investigación plausibles a aquellos que encuentran algún nivel de correspondencia con los métodos existentes. Con la complicación de que, como herramientas para pensar, esas preguntas y métodos no permiten ver o siquiera sospechar la existencia de nuevos fenómenos o dimensiones de los ya trabajados.

Un indicador de este efecto negativo son las nuevas preguntas por la globalización, los medios de comunicación o las relaciones de género. Aunque ricas en sus desarrollos teóricos, no consiguen el necesario nivel de concreción empírica. Aparecen así como un trabajo altamente abstracto, tomando muchas veces la forma de incontables neologismos sin referentes claros. La imaginación –ejercida con éxito– es ahogada de esta forma.

b) Limita el espacio de desarrollo de la disciplina a lo técnico: Limitadas las preguntas a las que correspondan a los métodos existentes, queda como espacio para la innovación el polo técnico. Pero, al no ser equivalente el desarrollo en ambos aspectos, no hay la retroalimentación productiva entre ellos. Así, lo que se produce es la rutinización de la investigación y la progresiva transformación de los problemas de investigación sobre lo social, en los problemas de investigación sobre lo técnico. Esto se pone en evidencia en la forma que adquieren los artículos publicados en revistas, particularmente. En ellos, usualmente, se plantea la pregunta de investigación y seguidamente se hace una discusión sobre cómo se resuelven ese tipo de preguntas, y finalmente se presenta, a manera de ejemplo de su aplicación, información sobre un caso particular, que bien pudo haber sido sobre cualquier otro tiempo y lugar. Se desarrollan de esta manera discusiones sobre los riesgos de la interpretación, la relación entre entrevistador y entrevistado, entre otros; o la formulación más rigurosa de hipótesis, la obtención de mayores y más detallados conjuntos de datos, y modelos crecientes en complejidad (Raftery, 2001: 3).

Aunque estas reflexiones y ejercicios son importantes, con el tiempo no llevan sino al agotamiento y, peor aún, a la gran incertidumbre de la que dan testimonio los innumerables seminarios que tratan sobre el papel de las ciencias sociales en el mundo de hoy. Para citar solo un testimonio, Andrew Abbott atribuye esta situación a que la sociología «se ha degenerado en fórmulas –empíricas, teóricas, históricas. Ya no nos emocionamos lo suficiente como para tomar riesgos, para financiar ideas poco ortodoxas, para invadir los terrenos de otros» (Abbott, 1997: 1151).

El primer paso para superar esas limitaciones es admitir que no existe tal asociación natural entre problemas «cualitativos» con la metodología cualitativa, y problemas «cuantitativos» con los métodos cuantitativos. El uso mezclado debe admitirse como una posibilidad. Así, debe ser posible pensar en estudiar las trayectorias vitales usando herramientas formales (Abbott, 1990) o las grandes tendencias a través de la narrativa (Tilly, 2003).

Un cambio tal implica realizar de una forma diferente y positiva la distinción entre los problemas de investigación, y ampliar así la estrechez del espacio mencionado arriba (ver figura 1).

La figura 2 muestra esa nueva forma de hacerlo. El espacio del que se ha partido es ahora parte de un espacio mucho más amplio y lleno de posibilidades. En la parte baja están las pretensiones implícitas en la vieja distinción entre problemas de investigación «cualitativos» y «cuantitativos». Se trata únicamente de investigaciones sobre totalidades que se explicarían por sí mismas. Investigaciones sin contexto; la fuente de todo el drama.

Un ejemplo claro es aquella Historia que afirma la existencia de etapas fijas y sucesivas en la historia del hombre: pre-moderno -moderno -posmoderno; oligarquía -democracia. O el uso de métodos estadísticos que estudian relaciones entre variables en el supuesto de que la causa de cada fenómeno es una combinación de algunas de ellas.

Alguna conciencia hay sobre esta situación, pero las salidas no han sido exitosas. Se ha recurrido a las historias locales, por ejemplo, como salida de esa Historia con pretensiones universales. Pero, la mayor parte de las veces, lo único que se ha conseguido es reproducir, en otra escala, la misma limitación de la que se partió: asumirla como una totalidad explicable por sí misma. Caso similar ocurre en los estudios estadísticos que proponen como solución a sus limitaciones el «adaptar a las condiciones locales» las variables tenidas en cuenta. La consecuencia es la misma; cambia el lugar, pero se reproducen sus limitaciones: no considera el espacio y el tiempo como factores que hacen la diferencia con secuencias o condiciones iniciales distintas.

La parte superior corresponde a las nuevas preguntas que pueden introducir dinamismo a la ciencia social. La diferencia fundamental es que cada problema estudiado no se asume como una totalidad y sin coincidencia con otros procesos. Los estudios que se hacen bajo esta perspectiva son estudios en donde la comparación tiene un papel central, y buscan que cada fenómeno, a partir de la relación con los demás, encuentre su posición en el contexto más amplio de lo teórico, lo espacial o lo temporal.

La ciencia como actividad humana es, ante todo, una labor colectiva. Y sólo puede ser así cuando se tiene clara la meta. Una metáfora que viene bien para ilustrar la situación es la de estar frente a un rompecabezas por armar. Con la meta de armar la totalidad del rompecabezas, el descubrir cada una de las piezas sólo tiene sentido si se tiene alguna idea de su posición para conformar la figura completa. Esa es la tarea de construir acumuladamente el conocimiento. Cosa distinta ocurre en el caso de la zona baja del diagrama anterior (figura 2), donde el descubrimiento de totalidades no deja otra opción para los demás que la adhesión –con cierto nivel de dogmatismo– o su rechazo y la construcción de otras nuevas. Todo individualmente y sin acumulación4.

Ahora, una ciencia social liberada de las restricciones reseñadas tendría una forma bien distinta en los dos aspectos mencionados: el teórico –el qué de la investigación–, y el metodológico –el cómo se responden–.

El qué en la investigación sobre lo social

El énfasis que ha tenido lo metodológico como orientador de las preguntas de investigación, también se expresa en la confianza que se le tiene como vía segura hacia el conocimiento. Esto produce la ilusión de poder encontrar con sus técnicas todo lo necesario para construir una buena explicación. Pero en realidad se está en aquella situación en que se ve el árbol y no el bosque.

La producción de una buena respuesta sobre lo que ocurre en el mundo de lo social es algo más complicado que contar una historia con actores y propósitos claramente definidos (Tilly, 2002). En este tipo de aproximaciones «se confunde la pregunta de si las razones son causas con aquella por si las razones explican causalmente la intención de la acción» (Risjord, 2005: 295), y por otro lado, no se consideran otras posibilidades tales como los efectos imprevistos, la sensibilidad a la secuencia y las condiciones iniciales del proceso. Estas son posibilidades que sólo se pueden precisar en sus tendencias típicas mediante la comparación.

Esta diferencia en lo que se entiende como una buena respuesta está representada en las dos zonas de la figura 2. En la zona de abajo, la del espacio estrecho, se entiende que una asociación de variables lleva regularmente a un mismo resultado (Bunge, 2004: 183). Así, un evento es explicado cuando la ocurrencia de ciertas variables permite anticipar que ocurran ciertas consecuencias. De esta forma, sólo son precisados antecedentes –variables independientes– y consecuencias –variables dependientes–, pero los pasos intermedios que llevan del primer momento al otro son mantenidos como una «caja negra».

De igual modo se asume que la relación entre el conjunto de antecedentes y los resultados es de uno a uno. Y así, siendo único el desarrollo que puede tomar el proceso, todo lo que haya que aprender se logrará con el estudio de un único caso, ya sea porque se sostenga que se trata de un caso típico o de un caso con grandes particularidades; de cualquier modo, como totalidad que se basta y se explica por sí misma.

Por otra parte, en el espacio ampliado no se consigue una explicación completa ni adecuada con la asociación regular de dos momentos, sino que es necesario precisar los estados intermedios que llevan de uno al otro, esto es, los mecanismos de que está compuesto el proceso bajo estudio. Se acepta, además, que es posible llegar a un mismo resultado por distintas vías y que los elementos contextuales –temporales y espaciales– juegan un papel importante en el resultado final.

Presento a continuación tres definiciones de lo que es un mecanismo. Peter Hedström y Swedberg lo definen así:

Un mecanismo social […] es tal que ante la ocurrencia de la causa o input I, genera el efecto o outcome O (Hedström, 1998: 25).

Jon Elster define los mecanismos así:

A grandes trazos, los mecanismos son patrones causales de ocurrencia frecuente y fácilmente reconocibles que son activados bajo condiciones desconocidas en general, o con consecuencias indeterminadas (Elster, 1998: 45).

Charles Tilly da la siguiente versión:

Los mecanismos forman una clase delimitada de eventos que cambian las relaciones entre conjuntos precisos de elementos en idéntica o aproximadamente la misma manera en una variedad de situaciones (Tilly, 2001: 25-26).

De estas definiciones es importante destacar las siguientes características: a) Existen unas condiciones iniciales en las que es más probable que un mecanismo entre en operación y, en consecuencia, que se obtenga un resultado. b) El mecanismo que articula esas condiciones iniciales y el resultado entra en operación en diferentes contextos y de la misma forma. De esto se deduce que la comparación es la herramienta fundamental para identificar aquellos mecanismos recurrentes.

Bajo esta visión, será posible crear tipologías que correspondan a patrones comunes (Tilly, 2004). Retomando la metáfora del rompecabezas, sería similar al ejercicio de comparar las piezas del rompecabezas, encontrar que tienen similitudes y que corresponden a una misma zona de él, aunque cada una con su posición particular.

La mayor complejidad de las respuestas5 tiene como consecuencia que para falsear una teoría no bastará con una observación en la que se pongan en duda mecanismos particulares de la explicación, sino que será necesario un programa sistemático de investigaciones que cuestione buena parte de las relaciones de que está construida (Goldstone, 2004).

Queda así como tarea para la ciencia social precisar esos mecanismos, con todas sus variantes y resultados diversos. Esto permite obtener mejores respuestas a las preguntas de conocimiento: conocer el mundo más allá de un caso particular –puesto que no es suficiente– y reconstruir la totalidad del rompecabezas precisando la posición de cada una de las piezas que lo componen. Esto es mucho más emocionante que acumular información o buscar correlaciones estadísticas sin un horizonte claro.

El cómo en la investigación sobre lo social

Como labor social, la ciencia enfrenta procesos como la institucionalización de ciertos procedimientos de investigación en razón de la tradición o el prestigio que pueda tener un determinado campo de estudio. Erin Leahey (2005) lo muestra para el caso de los valores de a6 en el momento de probar si una información es estadísticamente significativa. Encuentra que sus valores usuales (0.05, 0.01, 0.001) no responden a criterios técnicos sino a condiciones institucionales como el prestigio de la universidad donde se estableció la práctica y la política editorial de las revistas.

Una influencia de este tipo –aún por precisar– bien puede estar ocurriendo en nuestras universidades con otro tipo de prácticas que no responden a la necesidad de encontrar la mejor forma de solucionar la pregunta de investigación. Entre los más novatos, las entrevistas son la solución más generalizada, y más recientemente se ha difundido con amplitud el estudio del discurso. Así, institucionalizada, una metodología se asume como garantía para obtener los mejores resultados y reproduce su visión implícita de las respuestas que se encontrarán: totalidades reconstruidas a partir de observaciones puntuales.

Recuperar la autonomía de la pregunta por el qué del cómo, tiene expresiones recientes en la importancia que ha tomado la historia comparada, el análisis de información narrativa y las secuencias de eventos allí reconstruidas (Franzosi, 1998; Griffin, 1998; Tilly, 2003).

El contexto tiene allí dos dimensiones. Por un lado, el temporal; y por otro, el espacial. El primero no es entendido como una posición aislada en la línea del tiempo, sino como una posición entre otros eventos o, lo que es lo mismo, como una secuencia. Personas, organizaciones, Estados pasan por distintos momentos de los que se obtienen variados resultados dependiendo del orden en que ocurren7. Particulares como son, el estudio de dichas secuencias pone bien de presente el tiempo como un factor importante y permite encontrar similitudes entre procesos que pueden parecer sin relación alguna, pero que comparten algún patrón típico.

Además de las secuencias más obvias, como pueden ser los distintos momentos de vida laboral, esa aproximación es aplicable en el procesamiento de información narrativa. Este tipo de textos registran eventos sucesivos con información valiosa para la investigación social, como puede ser la evolución de redes sociales, el cambio de los patrones de comportamiento o el cambio en la forma como se identifica a los demás; todos ellos ejemplos de procesos en los que la secuencia temporal hace diferencia.

Para su aplicación no es estrictamente necesario el uso de sofisticadas técnicas de análisis, algunas de ellas adaptadas del análisis de secuencias genéticas o proteínicas (Abbott, 1995). Aun exposiciones con algún uso del recurso narrativo, como en el caso de la historia comparada, tienen bien presente el problema que están tratando: el estudio de casos particulares precisando su contexto temporal, teniendo en cuenta la secuencia, los componentes y el punto de inicio.

Similar libertad existe en el caso del análisis de narrativas en el que se puede alcanzar algún nivel de formalización y aprovechar algunas de sus ventajas8. Quizás el beneficio más importante de la formalización sea el aumento en la precisión y en la claridad –incluso descubriendo inconsistencias de la versión verbal–; y lo más importante: se tiene la posibilidad de ver patrones que no eran apreciables en la versión original. Esto puede tomar la forma de la reconstrucción de secuencias de eventos con el objetivo de poner a prueba hipótesis contrafácticas (Griffin, 1998); o secuencias gramaticales con el fin de poner de manifiesto percepciones sobre la sociedad (Plata, 2006); o bien, secuencias semánticas con el propósito de identificar patrones en la evaluación que se hace de eventos o de otros actores (Roberts, 1997).

El campo de lo espacial no es asumido como la sola referencia de una ubicación aislada y entendida en el marco de la más elemental geografía, sino como una posición definida en relación con la ocupada por los demás (Borgatti, 1992). La manera como se produce esa relación puede adoptar muchas formas; por ejemplo, la movilidad de la población de un lugar a otro, compartir una frontera, los flujos económicos o de influencia cultural. Este es el campo que ha desarrollado el Análisis de Redes Sociales (Wasserman, 1998) con cada vez mayores herramientas.

Nuevamente la libertad de la pregunta en contexto permite recurrir a herramientas formales como pueden ser los modelos de la evolución de las redes (Newman, 2003) o su descripción detallada (Park et al., 1967).

Entendido de esta forma el trabajo de investigación, lo que se conozca acerca de un tiempo y lugar aporta al estudio de otros tiempos y lugares por esas similitudes parciales que se mencionaban –los mecanismos–. En este sentido, los estudios regionales o locales no pueden hacerse aisladamente, sino en la comparación con otros. Hechos de esta forma, aumentarán su relevancia y las posibilidades de éxito en la interminable tarea de acumular conocimiento sobre lo social.

 


1 Este artículo recoge resultados de la investigación sobre metodología del «Grupo de investigación sobre conflicto e instituciones en una perspectiva comparada» del IEPRI en la Universidad Nacional de Colombia.

2 Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y maestría (en curso) en Estudios Políticos de la misma universidad.

3 Esta correspondencia estaría expresada incluso en las fronteras disciplinares: «Sólo podemos especular acerca de las razones por las cuales los métodos cualitativos fueron tan prontamente aceptados por los antropólogos y tan fácilmente ignorados por los sociólogos. El Suicide de Durkheim, que equiparó el análisis estadístico con sociología científica, ha tenido gran influencia y proporcionó un modelo de investigación a varias generaciones de sociólogos. Habría sido difícil para los antropólogos emplear técnicas de investigación tales como cuestionarios de relevamiento y las estadísticas demográficas que desarrollaron Durkheim y sus predecesores» (Taylor y Bogdan, 1996: 17-18).

4 Uno de los síntomas de esto es que, para el caso de los profesionales de la sociología, no es clara la respuesta a la pregunta: ¿qué sabe el sociólogo? Y basta ver los planes de estudio de las universidades para notar que ante todo aprende habilidades –teóricas y técnicas– más que el conocimiento acumulado sobre algún asunto, como puede observarse en la economía o la psicología.

5 Para afrontar esta situación puede ser de utilidad el uso de simulaciones, como modelos para evaluar la coherencia interna y la consistencia con la información empírica. Ellas tienen la capacidad de desarrollar las propiedades emergentes y la sensibilidad a las condiciones contextuales como el punto de inicio y la secuencia en que se desarrolla el proceso (Sawyer, 2004).

6 El símbolo a, o nivel de significancia, hace referencia a la probabilidad de que la relación entre las variables que se está evaluando se explique por factores aleatorios y no por una asociación entre ellas.

7 Para una ilustración sobre las carreras de los músicos en el barroco alemán, ver Abbott (1990).

8 Ventajas que también son desventajas en otros casos, como puede ser el estudio de pequeños detalles y no de las tendencias amplias (Kiser, 1997: 157). Lo que llama una vez más la atención a revisar críticamente los métodos de investigación que se usan, pues no hay seguridad completa en ellos. No hacerlo significaría no ver nada más que aquello que uno quiere ver.

 


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