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Signo y Pensamiento

Print version ISSN 0120-4823

Signo pensam.  no.48 Bogotá Jan./June 2006

 

La peregrinación de Manuel Ancízar en el siglo xix

Gilberto Loaiza Cano. Manuel Ancízar y su época. Biografía de un político hispanoamericano del siglo xix. Editorial Universidad de Antioquia, Fondo Editorial Universidad Eafit, Medellín, 2004, 521 p.

Firmaba como Padre Alpha, y se le recuerda más por los relatos de viaje que escribió con mirada de etnógrafo y acuciosidad de notario en La peregrinación de Alpha —cuando acompañó a la Comisión Corográfica en calidad de secretario, entre 1850 y 1851—, que por su militancia en el Partido Liberal y en la Gran Logia Masónica, o por su impulso a instituciones educativas tan importantes como la Universidad Nacional.

En esta monumental y exhaustiva biografía, Gilberto Loaiza Cano reconstruye la trayectoria del conspicuo personaje en sus facetas de científico, político, diplomático, periodista y pedagogo y, más allá de la cronología, analiza el alcance de sus ideas y de sus obras en el contexto de la época, y en los ámbitos continental y nacional, teniendo en cuenta sus años de formación y sus influencias intelectuales.

Nuevamente, el profesor del Departamento de Historia de la Universidad del Valle demuestra su capacidad para enfrentar los grandes desafíos de la biografía, como antes lo hizo con Luis Tejada y la lucha por una nueva cultura. Colombia 1898-1924 (Premio Nacional de Cultura, en 1994). Incluso el primer capítulo ofrece al lector las claves para comprender la biografía desde la perspectiva de los más reconocidos cultores y teóricos, y revive los debates en torno al tradicional género, tan exótico en Colombia, donde figuras de la talla de Manuel Ancízar estaban olvidadas en la historiografía, como tantos otros en la historia de la vida intelectual colombiana, retomando las palabras del autor.

Justamente el valor de este libro está en el rescate del personaje, pero también en el método elegido por el biógrafo, que reconstruye minuciosamente la rica parábola vital de Ancízar a partir de los archivos privados y públicos y de la confrontación de fuentes documentales, hasta llegar a problematizar su vida pública y privada mediante interpretaciones osadas, ajenas a la mitificación y al panegírico, y manteniendo siempre una sana distancia con su objeto de indagación.

Sin duda, a Loaiza Cano se le apareció el genio de la botella cuando tuvo acceso al archivo Ancízar que la familia guardaba celosamente. Del arcón va sacando todos los documentos que ilustran desde la dramática huida de la familia de Santa Fe de Bogotá a La Habana, donde el hijo mejor, Manuel, tuvo su formación como masón librepensador; pero donde también sufrió soledad y pobreza tras perder a su madre y hermanos y las comodidades de que gozaban en el virreinato por su origen español.

De Venezuela, donde cumplió una destacada labor como pedagogo e impulsor de empresas culturales de la magnitud de la Biblioteca Nacional, lo trajo el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, en 1846 (cuando contaba 25 años), para participar en la Comisión Corográfica liderada por el italiano Agustín Codazzi, pero también para montar la imprenta Neogranadina, en la cual se imprimió La Gaceta Oficial y nació el primer periódico moderno del siglo xix, El Neogranadino, donde Ancízar publicó por entregas sus relatos de viaje por las provincias del norte del país, bajo el título La peregrinación de Alpha.

En esta luminosa empresa cultural que fue El Neogranadino, Ancízar sentó su credo de francmasón y liberal radical y abrió secciones novedosas destinadas a la crónica cultural de la capital, a los folletines literarios, a la información internacional, local, económica y agrícola necesaria para la modernización del país. Además, introdujo modernas técnicas de impresión con la litografía y dotó a este periódico de un carácter cultural y científico, además del consabido político y sectario que predominaba en las numerosas publicaciones que surgieron con los partidos. Es así como el semanario El Neogranadino se enfrentaba a El Nacional, de dos ideólogos del conservatismo: Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro.

Después de documentar su periplo en la diplomacia por Ecuador, Perú y Chile en las más ingratas y precarias condiciones, pero en el cual divulgó sin pausa su modelo republicano liberal, el biógrafo contextualiza las otras empresas políticas y culturales que alentó Ancízar, como la Constitución de Rionegro de 1863, inspirada en los principios de la Gran Logia Universal, que instauraba el modelo racional positivista para combatir la hegemonía del clero en la vida pública. Con ese mismo propósito de secularizar la educación, participó en la fundación de ese “templo laico de la cultura” que fue la Universidad Nacional en 1867 —donde desempeñó la primera rectoría— y de nuevo volvió a encender la fogata de las ideas radicales desde el periódico El Tiempo, de su amigo y futuro cuñado José María Samper (quien luego depondría su anticlericalismo y se pasaría a las toldas de la Regeneración). Este periódico fue el órgano oficial del liberalismo radical desde 1855 y durante seis años llegó a circular con 800 ejemplares, un amplio tiraje para la época.

En esta apasionante biografía de una figura tan influyente en la política y en el periodismo colombiano no falta el detalle menudo sobre la intimidad del personaje, sobre su tardío matrimonio con Agripina Samper —una de las pocas mujeres instruidas en la machista sociedad santafereña—, sobre sus amigos más cercanos dentro y fuera de la Logia, sobre sus vacilaciones, sus conflictos de buen burgués con el proyecto reformista del liberalismo y con la poderosa familia política Samper Agudelo, que lo acogió y convirtió en socio de sus prósperas empresas, con lo que la independencia de criterio abandonó al veterano político, ahora más preocupado por asegurarles una buena educación y bienes a sus hijos.

Consciente de su aporte a la formación de las ideas liberales en Colombia, Manuel Ancízar alimentó el archivo privado que sus descendientes supieron proteger, y Loaiza Cano le sacó el mejor partido durante diez años de trabajo con este libro de impecable factura, que combina pasajes de fluido relato y sugestivas hipótesis que conducen la interpretación por una esclarecedora cadena de razonamientos y evidencias. Es así como el lector que se sumerge en las 500 páginas de este libro emerge con una visión renovada de la historia colombiana del siglo xix, sobre todo por los hallazgos relacionados con la influencia de la francmasonería en América del Sur en los procesos de independencia y en las interminables luchas de los intelectuales criollos por lograr la hegemonía cultural, que en las nacientes repúblicas comenzaba por secularizar la educación. Proceso la mar de complicado en Colombia donde la élite neogranadina estaba más interesada en la formación libresca y especulativa que en la técnica y científica, y donde la presencia o ausencia de los jesuitas era suficiente motivo para iniciar una guerra.

La edición conjunta de las universidades de Antioquia y Eafit, acompañada de invaluables testimonios gráficos, da prueba del profesionalismo y del respeto por los lectores característicos de las editoriales académicas, tan tristemente distantes del mercado editorial y de la parafernalia publicitaria. Cuando títulos como éste ingresen a las listas de los más vendidos, estaremos hablando de un país culto, deseoso de conocer su memoria. Por lo pronto, que lo siga descubriendo esa minoría de lectores afectos a la biografía histórica.

Maryluz Vallejo
Departamento de Comunicación

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