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Signo y Pensamiento

Print version ISSN 0120-4823

Signo pensam.  no.50 Bogotá June/June 2007

 

De la tele-visión a la televisión

 

Mirta Varela, La televisión criolla. Desde sus inicios hasta la llegada del hombre a la Luna 1951-1969, Buenos Aires, Edhasa, 2005.

 


Mirta Varela, profesora titular de Historia de los Medios en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, entrega a los lectores latinoamericanos una obra que, aunque se ocupa del caso particular de Argentina, ofrece un terreno sugestivo para pensar los procesos de transformación del régimen comunicativo, a partir de la configuración de las formas de ser de la sociedad con el arribo de la televisión, al tiempo que hace apuestas metodológicas y señala direcciones en las cuales encaminarse en el estudio de la historia de la comunicación.

La incorporación de un artefacto nuevo, como la televisión, no es un hecho que pueda reducirse a un modelo mecánico o a la simple instauración o imposición; en realidad, corresponde a un proceso en el que, de manera compleja, el artefacto (en este caso la televisión) y la sociedad se van moldeando mutuamente. A la manera de la autora: la televisión como fenómeno plagado de la curiosidad y de la maravilla del avance técnico parece, finalmente, configurarse en el artefacto mismo, el televisor, y, a la vez, el uso social en el que éste se inscribe y la manera como la sociedad pasa por allí dan forma a la televisión como industria cultural y como práctica cotidiana.

Esta secuencia, que es el plan que conduce el trabajo de la profesora Varela, permite ver diversas tensiones en las que se dirime el cambio: oposiciones entre las formas de “lo culto” y “lo popular”, que van desde la proximidad con el teatro y la distancia con el cine, hasta la lucha entre tradición y vanguardia; así como también se ven en tensión las industrias culturales existentes (cine, editorial y radio) que están viviendo un momento de caída a la llegada de la televisión, y la manera como la televisión es apropiada como medio público —y, más que ello, como medio gubernamental del peronismo— frente a las exigencias del mercado.

Todo esto ocurre mientras el medio se va asentando en la vida cotidiana y pasa de la vitrina y el público aislado a su conversión en fenómeno masivo, que define los ritmos de la vida cotidiana y se convierte en un elemento natural del ambiente.

Las dos décadas de las que se ocupa el libro, los años cincuenta y sesenta, recogen un momento central para Argentina: el tránsito del nacionalismo enmarcado en el concierto mundial a los primeros tintes de la globalización. No gratuitamente son las imágenes de Eva Duarte y Juan Domingo Perón las que inauguran el medio y la asistencia a la llegada del hombre a la Luna, compartida con audiencias en diversos países, que señalan las dos emisiones con las que se delimita el periodo de estudio. Igualmente, este tránsito nos permite ver las autopercepciones de una sociedad que se narra como vanguardia y potencia mundial —que se queja por llegar tardíamente, en octavo lugar, a tener televisión— y que, 20 años después, con la imposibilidad de transmitir el lanzamiento del Apolo 11, tiene que reconocerse, en alguna medida, en su localización como periferia.

Al tiempo, este mismo periodo es el puente entre las marcas de la sociedad tradicional y las luchas políticas y culturales de los años sesenta, en relación con el avance de la sociedad de consumo modelada bajo el estilo estadounidense. La televisión como medio, como contenido y como forma dará cuenta de este recorrido con detalles tan precisos como los peinados de época, o las exploraciones de un Hamlet televisado bajo claves de vanguardia, o la construcción de una tradición televisiva mediante personajes como Pepe Biondi o Marrone. A la vez que las dinámicas del mercado, las relaciones y las dependencias con otros medios y el desarrollo de la industria nacional y mundial van dejando registro en el modo de ser del medio y de las audiencias.

Es la misma sociedad que, por primera vez en directo, ha visto levantarse a las masas en “El Cordobazo”. Es decir, una sociedad que da forma a la televisión en un momento en el que también están ocurriendo sucesos que imprimirán su sello hasta el presente.

La lectura del trabajo de Mirta Varela ofrece claves importantes para el estudio de la historia de la comunicación. Una lectura de la historia que, en primera instancia, se desprende de la historia del medio en sí, para adentrarse en la manera como se da su configuración, y que recurre a la exploración en diversos niveles: historia de la vida cotidiana a través del medio y fuera de él, análisis de los usos y prácticas cotidianas de los televidentes, historia de la técnica, abordaje del análisis político y económico político por medio del debate de las industrias culturales, incorporaciones de la reflexión acerca del arte y la estética y de los cambios en las ideas y mentalidades; estas perspectivas hacen que la televisión criolla permita entrever posibilidades para el desarrollo de historias de los medios de comunicación, que a su vez enfrenten de manera rigurosa y sin evadir su complejidad la comprensión de la sociedad y su historia desde la comunicación.

Así mismo, la lectura de esta obra con perspectiva de un contexto diferente al argentino interroga por la necesidad de avanzar en las historias nacionales, para comprender qué tanto de homogeneidad y qué tanto de diversidad hay en la incorporación de los medios en cada país; en la construcción de una historia conectada, que busque conexiones y vínculos; así como en las posibilidades de hacer historia comparada para el abordaje de América Latina desde la comunicación.

Para el caso colombiano, cercanías e influencias tan directas como las de David Stivel y Juan Carlos Gené, cuya experiencia como “clan Stivel” se incorpora a la formación de la televisión colombiana, o comparaciones como la que puede acercar a comprender el papel de lo comunicativo en los procesos del populismo en uno y otro país mediante Perón y Rojas Pinilla.

Es importante señalar, finalmente, el esfuerzo para hallar archivos que permitan acceder a información de fuentes primarias, lo que muestra la enorme dificultad de construir memoria en nuestra región y ofrece un reto adicional para la historia desde la comunicación; en este sentido, también esta obra es un aporte significativo para recoger y evaluar el balance de lo existente.

Eduardo Gutiérrez
Profesor

Departamento de Comunicación
Pontificia Universidad Javeriana

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