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Signo y Pensamiento

Print version ISSN 0120-4823

Signo pensam. vol.29 no.57 Bogotá July/Dec. 2010

 

La comunicación como proceso de construcción de ciudadanía y de agencia política en los colectivos juveniles

Communication as a Process of Citizenship and Political Agency Construction in Youth Collectives

DANIEL VALENCIA NIETO*

* Daniel Valencia Nieto. Colombiano. Comunicador social de la Universidad Externado de Colombia. Realizó una Maestría en Análisis de Problemas Políticos y actualmente es candidato al Doctorado en Estudios Políticos de la misma universidad. Se desempeña como docente en la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá, donde dirige el grupo de investigación en Comunicación, Medios y Cultura. Correo electrónico: dvalenci@javeriana.edu.co

Recibido: Mayo 25 de 2010 Aceptado: Junio 11 de 2010

Submission date: May 25th, 2010 Acceptance date: June 11th, 2010


Este artículo se ocupa de describir los hallazgos del proyecto de investigación sobre las prácticas juveniles como expresiones ciudadanas. Desde la relación comunicación/política, el artículo da cuenta de cómo se pueden identificar los procesos de construcción de la agencia política de los colectivos juveniles. Se ocupa de analizar, a partir de los modelos de organización, de las acciones emprendidas y de las formas de comunicación, cómo los miembros de los grupos juveniles intentan generar un tipo de agencia política para las reivindicaciones sociales que demandan mediante la acción colectiva. Finalmente, el artículo se ocupa de describir cómo, por medio de los procesos de comunicación, se hace visible la amplitud y la diversidad de los ejercicios ciudadanos de los jóvenes. Llama la atención sobre los problemas y dificultades que enfrentan estos grupos en cuanto a su latencia y permanencia en la vida política, a la vez que destaca el potencial formativo de dichas prácticas.

Palabras Clave: comunicación, ciudadanía, agencia política, acción colectiva.

Descriptores: Adultos jóvenes Participación ciudadana. Movimientos juveniles. Participación en grupos.


This article describes the findings of a research project on youth's practices as expressions of citizenship. Based on or rather starting from the relation communication/politics, our paper is an account of how to identify the processes behind the construction of political agencies by youth collectives. We analyze the organization models, the actions undertaken, and the different forms of communication with which the members of juvenile groups attempt to generate a political agency of sorts visàvis the social vindications they demand via collective action. Finally, the paper describes how, through communication processes, the extent and diversity of the participant youngsters citizenship skills. We highlight the problems and difficulties these groups face vis-à-vis their latent presence and permanence in political life as well as the educational potential of such practices.

Keywords: communication, citizenship, political agency, collective action.

Search tags: Young adults Citizenship participation. Youth movements. Group communication.


Origen del artículo

Este artículo es un producto del análisis de los hallazgos y resultados del trabajo de campo correspondiente al proyecto de investigación Prácticas juveniles como expresiones ciudadanas, que realizó un grupo de investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, y del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud (Alianza ciNDE-Universidad de Manizales), en cooperación con la Universidad Tecnológica de Pereira y la Universidad Autónoma de Manizales, y el cual contó con el apoyo de Colciencias.

Introducción

La relación comunicación/política, en la mayoría de los estudios y publicaciones de los últimos quince años, ha sido estudiada a la inversa, al construir una línea de investigación que indaga por las formas como la política transcurre por el circuito de los medios de comunicación, ya sea como discurso, como puesta en escena, como análisis de las relaciones que sostienen propietarios, directivos y trabajadores de las industrias mediáticas con los diferentes poderes, o como plataforma virtual que usan aquellos que se dedican al ejercicio de la política gubernamental, con el fin de construir una imagen mediática que les acerque a las audiencias.

De un tiempo para acá, algunos estudios e investigaciones empiezan a examinar la relación comunicación/política, a partir de una concepción de la comunicación que supere el estrecho concepto instrumental al que fue reducida por largas décadas, para analizar su función más allá de los procesos de información y del uso de medios, y asumir la comunicación como producción social:

La comunicación se despliega en el universo de lo social, se realiza fundamentalmente en la relación intersubjetiva y mediática. De ahí que si la comunicación tiene algo qué decir, lo hace dando cuenta de las actividades (interrelación, expresión, significación) que permiten, en distintos niveles, tanto en una relación intersubjetiva como en los procesos mediatizados o mediáticos, estar en relación con el otro. Por eso lo propio de la comunicación es dar cuenta de los procesos de intercambio expresivo y de las mediaciones en dichos procesos formulados en objetos de investigación. Y puesto que se trata de fenómenos sociales, allí se ven implicadas lógicas diversas que intervienen sobre diferentes planos y distintos enfoques, para dar cuenta de la complejidad de situaciones y procesos en juego. (Pereira, 2008)

El concepto de la comunicación como producción social lo desarrolla ampliamente Manuel Martín Serrano (1982), y se puede resumir en cuatro aspectos centrales señalados por este autor. Los actores, asumidos como las personas físicas que actúan en nombre propio o como voceros de otros; los instrumentos de la comunicación, que también denomina sustancia expresiva, como aquellos aparatos biológicos o instrumentos tecnológicos que pueden acoplarse con otros aparatos biológicos o tecnológicos para obtener la producción, el intercambio y la recepción de señales o de información; las acciones expresivas, que incluyen actos del comportamiento orientados a producir expresiones que servirán para producir significados en otros; y, por último, las representaciones, que son las que permiten organizar un conjunto de datos de referencia, proporcionados por el producto comunicativo, en un modelo que posee algún sentido para el autor y para el destinatario de la representación que se elabore.

Desde este enfoque de la comunicación, como proceso que permite construir las sociedades y la cultura, es posible realizar un análisis de la información recabada, durante la fase del trabajo de campo, entre los diez colectivos de jóvenes seleccionados para el ejercicio de observación e indagación de las Prácticas juveniles como formas de manifestación ciudadana, dentro del proyecto de investigación que desarrolló, en Bogotá, el equipo de investigadores de la Pontifica Universidad Javeriana, y que contó con el apoyo de Colciencias.

En ese orden, este artículo se ocupará de presentar los resultados de la investigación, correspondientes al campo de la comunicación, agrupados en tres conjuntos de analizadores: las formas de organización para el desarrollo y consolidación del cuerpo político; las formas de acción como prácticas del estar juntos, reconocer y recrear la pluralidad; y las formas de comunicación como procesos de producción de expresión y de interacción simbólica para la construcción de sentido de los colectivos y de los sujetos1.

Al encuadrar el análisis de la información a partir de esos tres aspectos, se puede arriesgar la siguiente hipótesis: la relación entre política y comunicación permite proponer un enfoque para describir las prácticas juveniles como manifestaciones ciudadanas, en cuanto formas de participación en la esfera pública. Por medio de sus modelos de organización, de las acciones emprendidas y de las formas de comunicación, los miembros de estos colectivos intentan generar un tipo de agencia política para las reivindicaciones sociales que demandan mediante la acción colectiva. Por agencia política entenderemos, siguiendo las tesis expuestas por Zygmunt Bauman, la capacidad de los ciudadanos para obrar de acuerdo con la determinación de su voluntad y con suficiente efectividad como para legitimar, promover, instalar y cumplir cualquier conjunto de valores o cualquier agenda de opciones consistente y cohesiva (Bauman, 2002, p. 83).

Enfoque metodológico

La investigación se desarrolló mediante una estrategia metodológica mixta de carácter cualitativo, que combinó ejercicios etnográficos, para la observación de las prácticas de los jóvenes, con el análisis textual de sus formas de expresión, de los productos que elaboran para la comunicación y de los medios que usan tanto para producir como para acceder a la información que requieren en sus procesos de movilización.

En la investigación participaron diecisiete colectivos juveniles, los cuales desarrollan sus actividades grupales en espacios eminentemente urbanos: diez grupos se localizan en Bogotá, cinco en Manizales (Caldas) y dos en Pereira (Risaralda), estas dos últimas ciudades pertenecen a la región colombiana conocida como el Eje Cafetero. La muestra de los grupos se extrajo de las bases de datos con que cuentan diferentes organizaciones privadas y estatales, y de lo que hoy se conoce como observatorios juveniles, los cuales operan en las ciudades mencionadas. El análisis del que se ocupa este artículo corresponde a los colectivos localizados en Bogotá.

La selección de los colectivos que tomaron parte en la investigación procuró tener en cuenta una gama heterogénea, respecto a los ámbitos de actuación de éstos, como: promoción y defensa de derechos humanos, actividades artísticas y de comunicación, organizaciones sindicales, derechos de género y diversidad sexual, reivindicación de derechos de minorías étnicas, y difusión de prácticas sobre la no violencia.

Por medio del encuentro personal entre los diferentes investigadores y los miembros de los respectivos colectivos se realizaron ejercicios de observación de las acciones emprendidas por los colectivos. Esto se complementó con diálogos espontáneos entre las partes y entrevistas realizadas de forma individual y colectiva con algunos de los miembros de cada agrupación. Igualmente, se tuvo acceso a diferentes documentos y productos comunicativos realizados y aportados por los mismos jóvenes, los cuales fueron útiles para el registro y análisis de la información conseguida durante el proceso de investigación.

Conexiones entre nuevas ciudadanías y comunicación

Diferentes autores, venidos de las ciencias sociales, coinciden en señalar y describir la crisis de representatividad de la política en el mundo contemporáneo y el agotamiento de las energías utópicas, como anota Habermas (citado en Fraser, 1997, p. 4). Esto se traduce en un desencanto de los ciudadanos por la política en todo lo que ésta tenga que ver con aspectos institucionales, como partidos políticos, parlamentos, procesos electorales, o con la desprestigiada administración pública.

Boaventura de Sousa, en forma de análisis crítico, describe esta condición como resultado de un desajuste entre la subjetividad, la ciudadanía y la emancipación, condiciones que fueron alcanzadas como conquistas de la modernidad, pero donde "la subjetividad va en detrimento de la ciudadanía y la reafirmación desigual de ambas en detrimento de la emancipación" (1998, p. 285). Señala este autor que, a medida que la trayectoria de la modernidad se identificó con la trayectoria del modelo capitalista, el modelo de regulación estatal y el modelo de integración de las sociedades en torno al consumo se han impuesto alternadamente a costas del pilar de la emancipación (De Sousa Santos, 1998, p. 286).

La teoría política liberal está detrás de este desequilibrio, pues el concepto de ciudadanía que esta corriente ideológica promueve define al ciudadano en el estrecho marco de los derechos que magnánimamente el Estado otorga a todos sus miembros. Tales derechos fueron alcanzados en el curso de la historia moderna, desde el siglo xviii hasta mediados del siglo xx, según está expuesto en el clásico texto Ciudadanía y clase social, de T. H. Marshall, a finales de los años cuarenta. Su desarrollo corresponde a una lógica evolucionista y de distribución que inicia con el reconocimiento de los derechos civiles, pasa por el otorgamiento de los derechos políticos y llega hasta la concesión de los derechos sociales (Marshall, 1998).

De Sousa describe ese movimiento como un largo y tortuoso proceso en el que la conquista de los derechos sociales desembocó en una excesiva regulación de ciudadanía estatizante, en detrimento del sujeto:

Al consistir en derechos y deberes la ciudadanía enriquece la subjetividad y le abre nuevos horizontes de autorrealización pero, por otro lado, lo hace por la vía de derechos y deberes generales y abstractos que reducen la individualidad a lo que hay de universal en ella; transforma los sujetos en unidades iguales e intercambiables en el interior de administraciones burocráticas públicas y privadas, receptáculos pasivos de estrategias de producción, en cuanto fuerza de trabajo, de estrategias de consumo, en cuanto consumidores, y de estrategias de dominio, en cuanto ciudadanos de la democracia de masas. La igualdad de la ciudadanía choca, así, con la diferencia de la subjetividad, tanto más cuanto que en el marco de la regulación liberal esa igualdad es profundamente selectiva y deja diferencias intactas, sobre todo las de la propiedad, pero también las de la raza y del sexo que más tarde van a ser los objetos centrales de las luchas por la igualdad. (1998, p. 292)

A partir de los años sesenta, señala De Sousa, se presentan dos fenómenos que marcan la transformación de la ciudadanía social: la crisis del Estado-providencia y la crisis político-cultural del fordismo. Los movimientos sociales que surgieron en esa época, articulados en torno al movimiento estudiantil, cuestionaron la ciudadanía social (específicamente a los sindicatos), porque, una vez alcanzados los derechos sociales, renunciaron a todo tipo de lucha por la emancipación de otras formas de opresión en la vida cotidiana, y diferentes a las de las relaciones en las empresas.

Por supuesto que la crisis del Estado de bienestar se sintió con mayor fuerza en Estados Unidos y Europa, en tanto que allí las políticas sociales generaron mayores beneficios para la población en general. No puede decirse lo mismo para el caso de los países de América Latina, porque en estos países, en unos más que en otros, los beneficios y el bienestar que ofrecía el Estado sólo cubrieron a las clases medias urbanas, y se olvidaron de los sectores más pobres, tanto en las ciudades como en el sector rural.

Al mismo tiempo, se presentaba una crisis del régimen de producción fordista, debido a dos causas principales: el problema de rentabilidad del capital frente a los salarios y la internacionalización de los mercados y transnacionalización de la producción. Por ello, el Estado empezó a replegarse de sus responsabilidades en cuanto a la protección y la garantía de los derechos a los ciudadanos. El resultado de esta crisis, señala este autor, fue el triunfo ideológico de la subjetividad -en detrimento de la ciudadanía-, del cual el sistema capitalista ha sabido sacar provecho:

A pesar de todas las diferencias, el regreso del principio del mercado en los últimos veinte años representa la revalidación social y política del ideario liberal y, consecuentemente, la revalorización de la subjetividad en detrimento de la ciudadanía. También en este dominio, la respuesta del capital aprovecha y distorsiona hábilmente algunas de las reivindicaciones de los movimientos contestatarios de los últimos treinta años. La aspiración de autonomía, creatividad y reflectividad se transmuta en privatismo, dessocialización y narcisismo, los cuales acoplados a la vertiente productivista, sirven para integrar, más que nunca, a los individuos en la compulsión consumista. (De Sousa Santos, 1998, p. 311)

La crisis de las sociedades contemporáneas, que han visto cómo se esfuman sus más caros derechos y conquistas sociales bajo la égida neoliberal, y condenan a enormes masas de la población de países como Colombia a la exclusión, a la mera lucha por la supervivencia para no caer en la miseria y a la exposición de todas las formas de violencia, pone en cuestión la separación entre la ciudadanía y la subjetividad, y reivindica la lucha por la emancipación. Es así como se constituyen los móviles y las justificaciones morales y políticas de la acción colectiva de diferentes organizaciones sociales que vienen haciendo presencia en los escenarios nacional e internacional, actualmente.

En el terreno de la comunicación es donde hoy se libran preferentemente estas nuevas luchas, pues, tanto por sus lógicas mediáticas como por sus lógicas de interacción, la comunicación genera procesos de visibilidad y de mediación que se despliegan en el universo de lo social:

Porque la comunicación, lo sabemos, ha dejado de ser entendida simplemente como paso de información para comprenderse como intercambio de sentidos, como circulación y apropiación activa de significados, la comunicación habla entonces de los nuevos modos de encuentro que se generan socialmente. Es más: busca posibilitarlos, enfrentada a la experiencia de fragmentación del hombre y las sociedades contemporáneas. Los mundos de vida -escribe J. J: Brunner- son espacios de trabajo, de interrelación, de disfrute, de creación, de actividad y, sobre todo, de sentido. Cada vez más la sociedad aspira a organizarse en torno a mundos de vida que 'hagan sentido'. Es evidente que existe una paradoja o por lo menos una tensión en este propósito de la comunicación en torno a los modos de encuentro: es también la comunicación, o por lo menos cierto uso, asimétrico y estratégico, el que ha colaborado a fortalecer las realidades de fragmentación. (Rey, 1998. p. 42)

La visibilidad política generada por los procesos de comunicación se expresa de dos formas: primero, aunque la sobreexposición mediática del ejercicio del poder consigue trivializar la información, al aumentar entre los ciudadanos el desencanto de la política y ahondar la distancia entre éstos y los gobernantes y políticos, la publicidad de los hechos de la política constituye una mediación que permite a muchos elaborar nuevas significaciones de lo público:

Lejos de la anacrónica pero persistente idea de los efectos o la influencia inmediata de los medios -de la brevedad y frivolidad, la espectacularidad y el amarillismo de su discurso- vaciando la política de sentido, lo que empezamos a comprender es la necesidad de insertar las relaciones televisión/ política en un mapa cruzado por tres ejes: el de la construcción de lo público, la constitución de los medios y las imágenes en espacio de reconocimiento social, y las nuevas formas de existencia y ejercicio de la ciudadanía. Fagocitado durante mucho tiempo por lo estatal, sólo en los últimos años lo público empieza a ser percibido en las peculiaridades de su autonomía, sustentada en su doble relación con los ámbitos de la sociedad civil y de la comunicación. (Martín-Barbero, 2002, p. 322)

Segundo, aunque la crisis de representatividad en las actuales democracias enajena de la política y del ejercicio de lo público a la mayoría de los habitantes de estas sociedades, a la vez la visibilidad que se gana por medio de los procesos de comunicación permite la emergencia y manifestación de nuevas formas de ciudadanías, que buscan disputar las esferas de lo público con quienes siempre han copado estos espacios.

Si hay un atributo que marque los nuevos tiempos en la política es la emergencia de una figura diferente de lo ciudadano. En época de desdibujamiento de identidades y de lugares sociales se perfila una ciudadanía mucho más involucrada, más solidaria que la de tipo liberal. Ciudadanía que reside menos en reclamar la satisfacción de los derechos en la perspectiva del desarrollo y más en su propósito de construir economía, institucionalidad social, proyecto político. (Rey, 1998, p. 50)

Análisis de los resultados

Teniendo como marco de referencia las anteriores consideraciones teóricas, a partir de aquí se realiza el análisis propuesto de los hallazgos que la investigación produjo durante la fase del trabajo de campo, y que, para efectos del presente artículo, se ocupará de las formas de organización, las acciones emprendidas y las formas y medios de comunicación que los colectivos juveniles, participantes en la investigación, desarrollan en sus diferentes actividades.

Formas de organización

Desde un comienzo, el grupo de investigadores acordó que, para este proyecto, las prácticas juveniles como manifestaciones ciudadanas se observarían y analizarían a partir de la acción colectiva, entendiendo por ésta el fenómeno social que alude al proceso de coordinación de acciones entre individuos, organizaciones y movimientos sociales, que abarca múltiples dimensiones y variables derivadas de los distintos enfoques teóricos, que desde las ciencias sociales han iluminado el quehacer investigativo en este campo (Delgado, 2008, p. 1)2.

El primer concepto analizador estriba en las formas de organización de los colectivos, puesto que por medio de la organización la acción colectiva cobra rostro, en la medida en que permite crear, desarrollar y consolidar los cuerpos políticos que resultan de la acción colectiva juvenil. Con el concepto de cuerpos políticos nos estamos refiriendo a las diferentes organizaciones que, en conjunto, dan forma a lo que se conoce como sociedad política. Según Jacques Maritain, el cuerpo político es una realidad concreta, que tiende a la búsqueda de un bien concreto y extremadamente humano: el bien común. Los cuerpos políticos emergen de las determinaciones y la voluntad humanas, en forma de organizaciones que cumplen una tarea, un fin, dentro del proceso político que se desarrolla en un Estado nación (Maritain, 2002).

La emergencia y desarrollo de los cuerpos políticos que intentan conformar estos colectivos se hacen posibles gracias a los procesos de comunicación que resultan de las interacciones entre sus miembros. Por medio de dichas interacciones, estas organizaciones erigen y comparten un escenario común y enfocan el sentido y la intensidad de la acción que les convoca; al respecto, Erving Goffman anota:

Los individuos, en presencia de otros, se encuentran en una posición ideal para compartir un mismo foco de atención, percibir que lo comparten y percibir esa percepción. Esto, en combinación con su capacidad para indicar sus cursos de acción física y ajustar sus reacciones a indicaciones similares de los demás, constituye la precondición para algo crucial; la coordinación continua e intrínseca de la acción, sea como apoyo de tareas altamente colaborativas o como forma de acomodar tareas adyacentes. El habla aumenta intensamente la eficacia de tal coordinación, resultando particularmente crítica cuando algo no funciona como se esperaba. (Goffman, 1991, p. 176)

Los colectivos juveniles que participaron en el desarrollo de la investigación traen una trayectoria de organización, por medio de la cual buscan avenirse como cuerpos políticos. Con base en los fines expresados por cada una de las organizaciones que conformaron el corpus de la investigación, los diez colectivos se pueden reagrupar en diversos contextos de actuación: urbano-comunitarios, de género, étnicos, universitarios, laboral-sindical o artístico cultural.

Las estructuras organizativas de estos colectivos responden a formas de organización que, según se observa en casi todas, surgieron de manera informal, espontánea, y sometidas al riesgo de la inestabilidad o la mutabilidad. Con el transcurrir del tiempo, y a fuerza de encontrarse e interactuar periódicamente, van derivando en una especie de formalidad, pero guardan la particularidad que les imprimen sus miembros. Volviendo a Goffman (1991), las variantes de la vida cara a cara se ven facilitadas por su repetición continua, por unos participantes que son heterogéneos en muchos sentidos, y que, aun así, han de llegar rápidamente a un acuerdo de trabajo. Como jóvenes, y dada la heterogeneidad al momento del encuentro, se resisten a copiar las estructuras rígidas, jerárquicas y de autoridad centralizada, en los procesos de vinculación y desvinculación, características que observan en espacios como la academia, la empresa, los partidos políticos, etc.; espacios donde también ellos se mueven.

Dentro de los diez colectivos, hay dos que funcionan bajo esquemas de organización bastante formales: esto porque están adscritos a instituciones como la Iglesia católica, o a organizaciones sindicales como la Confederación General del Trabajo (cgt). Sólo un grupo en Bogotá, el Colectivo de Mujeres Jóvenes, cuenta con personería jurídica, por supuesto con una estructura bastante formal. Los demás colectivos varían en sus formas de organización, algunos intentan conservar total distancia frente a estructuras formales, como cuadros directivos u otras formas de liderazgo individual.

Los colectivos que se forman en las universidades también procuran mantener una distancia respecto a las formalidades, aunque observan aspectos formales para su organización en lo que tenga que ver con las asambleas, las reuniones o la participación en las marchas. Pero también existe el caso de colectivos que han encontrado en los mecanismos formales una forma de garantizar su acción colectiva, tal es el caso del Círculo lgbt, de la Universidad de los Andes, que tiene junta directiva y estatutos.

En resumidas cuentas, cualquiera sea la forma de organización que adopten, lo que se desprende de la información recogida y de los ejercicios de observación realizados es que cada colectivo ha venido definiendo sus propias formas de organización, de acuerdo con la particularidad de la acción que los distingue. Esto es resultado de encontrarse y acordar, entre ellos mismos, qué forma de organización se quieren dar, en medio de pausados procesos de interacción, que van desde la negociación hasta la adhesión incondicional de quien desee formar parte de uno de estos colectivos, con conocimiento de causa y al interiorizar las reglas de pertenencia. Por supuesto, los objetivos, las motivaciones y las justificaciones que cada grupo comparte constituyen razones suficientes para que los miembros respectivos asuman con naturalidad la pertenencia al colectivo y la asunción de los diferentes compromisos y actividades que demanda estar ahí.

Sin embargo, al aspecto de la organización -en estos colectivos- le subyace otro aspecto acorde con los fines y las acciones de sus miembros: la consistencia. Con esto nos estamos refiriendo a la durabilidad y la resistencia que se logre de la acción y en la acción. La fragilidad de los procesos que ponen en marcha y la fugacidad del tiempo de ser joven imprimen, en las formas de organización, un carácter de espontaneidad y de compromiso que alienta al colectivo a trazarse propósitos de inmediatez en el tiempo de la acción. Generalmente, se ocupan de asuntos de lo cotidiano, y se procuran así una consistencia que no lograrían con ningún modelo de organización formal permanente.

Construcción del discurso

Durante el trabajo de campo, así como en los encuentros que el grupo de investigadores tuvo con el conjunto de los colectivos que participó del proyecto, se destaca cómo los procesos de interacción, en cada uno de los colectivos, coadyuvan para que los integrantes de estas organizaciones desarrollen una competencia discursiva que les permite dar razón de sus motivaciones, sus justificaciones y las actividades que llevan a cabo. Es lo que veíamos con Goffman más atrás: el habla aumenta intensamente la eficacia de tal coordinación.

Por discurso no nos estamos refiriendo, en este caso, a la retórica de las grandes palabras, o a la oratoria en tribunas públicas, sino a la definición que Hannah Arendt recupera de los griegos, como una de las actividades necesarias que esa cultura consideraba aptas para constituir el bios politikos. Acción (praxis) y discurso (lexis) conformaban la esfera de donde emergen los asuntos humanos. La fuerza en la argumentación, la precisión en las respuestas al momento de las entrevistas e incluso el recurso a diversas y creativas formas de expresión, son señales de cómo estos colectivos juveniles construyen el cuerpo político.

Con fluidez, propiedad y coherencia en sus razonamientos y explicaciones, la mayoría de los jóvenes que participaron de las entrevistas y de los talleres, durante el trabajo de campo, dieron prueba de la elaboración de la propuesta política que subyace en la actividad que desarrollan los diferentes colectivos. Actividad que cobra fuerza no exclusivamente por el número de sus participantes, o por las actividades que llevan a cabo, sino, también, por el discurso que elaboran y que acompaña a la acción.

Esta fortaleza en la elaboración del discurso les ha permitido a todos los colectivos posicionarse como interlocutores frente a las instancias del Estado, en las instituciones académicas donde estudian, ante los transeúntes que circulan en calles y lugares públicos, y, en el caso de algunos de ellos, a ganar visibilidad en los medios de comunicación masiva.

La acción va acompañada de discurso, lo cual les permite participar en la construcción de las esferas públicas donde se hacen visibles, lo mismo que para la búsqueda y formación de los públicos ante los cuales se exponen. Esto no sólo en las movilizaciones colectivas, sino por medio de las diferentes formas de expresión que despliegan (murales, grafitis, toques de música, representaciones teatrales, performances, etc.). A través de estos lenguajes pronuncian, señalan, describen, rebaten, ya sea sus propias acciones y creaciones, o las de los otros colectivos; nombran sus ideales, lo que rechazan de la sociedad en la que viven, o elevan llamados para que otros se sumen a la acción colectiva. En todo esto, el discurso es un extraordinario instrumento de acción política.

Reglas de juego y funciones

La noción moderna de reglas de juego como plataforma para instituir formas de organización jerárquica es abiertamente cuestionada y hasta desestimada por la mayoría de los colectivos estudiados. De hecho, la espontaneidad con que se ha formado la mayor parte de éstos incide en la flexibilidad de los procesos que desarrollan y la forma como urden, con paciencia, el tejido social de cada colectivo. Podríamos afirmar, siguiendo a Toni Negri, que estas agrupaciones juveniles definen las reglas de juego y las funciones sobre el concepto de cooperación, como oposición al concepto de mando:

La cooperación es la articulación en la cual el infinito número de las singularidades se compone como esencia productiva de lo nuevo. Cooperación es innovación, es riqueza, es pues la base de aquel surplus creativo que define la expresión de la multitudo. Es sobre la abstracción, la alienación, la expropiación de la creatividad como se construye el mando. Este es apropiación privilegiada, fijada, uniformizada del poder constituyente; es poder constituido, constitución de mando [ ...] La cooperación es la forma en la que las singularidades producen lo nuevo, lo rico, lo potente, la única forma de reproducción de la vida. La cooperación identifica su racionalidad con la potencia. Sobre el terreno político, toda definición de democracia que no asuma la cooperación como clave de lectura y como tejido concreto de la relación entre multitud y potencia, como motor creativo de esta relación, es falsa. El mando es esta falta de verdad. La cooperación es, por el contrario, el valor central de la nueva racionalidad, su verdad. (Negri, 1994, pp. 403-404)

La visibilidad y la vigencia de los colectivos que participan en el proyecto cobran vigor a medida que las reglas de juego y las funciones, en cada colectivo, se acuerdan y se aceptan; es decir, tienen validez. Es la solidaridad lo que impulsa a cada uno de los miembros de estos colectivos a participar, a cooperar, asumiendo compromisos que no significan subalternidad o sometimiento alguno; solidaridad que aprecian como uno de los más caros valores aprendidos y conseguidos en el marco de la acción colectiva.

Movilización de recursos

La condición de ser jóvenes, característica de estos colectivos, sumada a las condiciones de carencia de recursos por la que la mayoría de ellos atraviesa, determina que los recursos con que estas agrupaciones cuentan sean escasos respecto a lo financiero o a infraestructura de cualquier tipo. Contrario a ello, son prolíficos respecto al recurso humano, no esencialmente por el número de miembros que conforman cada colectivo, sino por las capacidades de cada uno de estos jóvenes. Entre dichas capacidades resaltan su creatividad, ingenio, habilidades artísticas, competencias comunicativas, además de la voluntad y disposición con que asumen cada reto o tarea que se tracen.

La mayor parte de los grupos se autofinancian con el aporte de mínimas cuotas de dinero que recogen periódicamente entre los propios miembros. Con esos dineros financian gastos de papelería, fotocopias, transporte, materiales y elementos para diseño de sus propuestas artísticas, etc. Por su propia condición de jóvenes, gozan del privilegio de contar con públicos, podría decirse cautivos, para los cuales organizan fiestas en discotecas y bares de la ciudad donde habitan; así, aprenden a negociar con los propietarios de los establecimientos comerciales. Esta actividad, además de arrojarles algunas ganancias representadas en dinero, les da visibilidad como colectivos, y consiguen que se sumen personas que desprevenidamente acuden a los festejos, pero que terminan identificándose con los objetivos y estrategias del colectivo.

La mayoría de los colectivos han aprendido a interactuar con las instancias gubernamentales, en este caso las alcaldías locales o la Alcaldía Mayor de Bogotá. Esas entidades les convocan por medio de sus programas de género, de infancia, de implementación y ejecución de políticas de juventud, etc. Tales instituciones a veces contratan a algunos de estos colectivos para extender servicios hacia las comunidades barriales, al aprovechar las formas de organización, la creatividad, el vigor, la iniciativa y la disposición que estos jóvenes les imprimen a sus actividades colectivas. De esas convocatorias provienen algunos recursos económicos con los cuales logran proyectarse y darles mayor alcance y consistencia a sus actividades como grupos.

Los colectivos que funcionan en universidades como la Javeriana y los Andes, o los Jóvenes Cegetistas, al igual que el Colectivo Comité Autónomo, en Bogotá, gozan del privilegio de recibir contribuciones de las instituciones universitarias. éstas pueden venir en dinero, préstamo de instalaciones o de equipos y refrigerios para sus actividades. Algunos, como el colectivo Subacción, reciben aportes de parte de algunas organizaciones no gubernamentales que se ocupan de la defensa de los derechos humanos o de la defensa de víctimas de la violencia, y que encuentran en la acción colectiva de estos jóvenes una extensión de sus actividades.

En todos los grupos se pudo observar que la falta de recursos no es óbice para la acción colectiva. La convicción y la pasión con que se suman a las respectivas agrupaciones les permiten abrazar pequeñas o grandes causas, y sobreponerse a la carencia o a la precariedad de los recursos materiales con que cuentan. Van sacando lo mejor de sí, en cuanto a habilidades y competencias individuales y colectivas, para innovar, proponer o salir a la escena pública, con tal de agenciar lo que consideran sus derechos.

Sin embargo, la gestión es un ámbito problemático, debido a la falta de conocimiento y de experiencia por parte de los colectivos, y por desconocimiento de las particularidades/subjetividades de los individuos desde la administración institucional; dos lenguajes diferentes chocan.

Formas de acción

El segundo concepto analizador por tener en cuenta son las formas de acción colectiva de los jóvenes, llevadas a cabo a través de las prácticas mediante las cuales se juntan, para reconocer y recrear la pluralidad. Esta categoría va ligada directamente con la forma de hacer y de participar en la política, más allá de los mecanismos procedimentales y jurídicos que han secuestrado la política y la democracia en la modernidad, y, por el contrario, hacen emerger la política en el escenario de los asuntos humanos, como lo afirma Hannah Arendt: "La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres [ ...] La política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos. Los hombres se organizan políticamente según determinadas comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos absoluto de las diferencias" (1997, p. 45).

La pluralidad y la diversidad son factores que alientan la conformación de estos colectivos juveniles y les mantienen en la línea del tiempo que les corresponde, puesto que, como afirma Arendt, la política es un ámbito del mundo en que los hombres son primariamente activos y dan a los asuntos humanos una durabilidad que de otro modo no tendrían (1997, p. 50). Las estrategias de organización y de comunicación enriquecen este enfoque de la política con el que proponemos analizar las prácticas juveniles, como expresiones ciudadanas, pues es por medio de la acción comunicativa que los miembros de estas agrupaciones se toman los espacios, construyen los escenarios y generan movilizaciones, para darles sentido a sus colectivos e inscribirlos en el campo de la política.

Estrategias de participación

La principal estrategia de participación es la acción colectiva, mediante la cual los jóvenes buscan espacio y mecanismos para agenciar los intereses particulares en la esfera pública. Lo hacen para demandar protección, reconocimiento, satisfacción de necesidades, atención y respeto a sus derechos fundamentales (por ejemplo, el empleo o el ingreso); para denunciar los crímenes de Estado o para poner resistencia a decisiones del poder que pueden ir en detrimento de grupos minoritarios o de sectores vulnerables de la sociedad.

Sobre la base del acuerdo, del trabajo colectivo y de la búsqueda de visibilidad de las acciones emprendidas, llevan a cabo movilizaciones que se escenifican en los espacios públicos, como los barrios de las ciudades, el campus de las universidades donde estudian, las calles por donde van las marchas de protesta de los diferentes movimientos sociales; en los conciertos que organizan, en los muros de las ciudades donde plasman sus mensajes; por medio de murales, esténciles o el grafiti, o atendiendo las sucesivas convocatorias que la administración de las ciudad realiza para jornadas sociales, culturales y artísticas.

Las estrategias de participación se sustentan en la reflexión de las problemáticas en cada colectivo. Eso les permite la construcción del discurso que luego ponen a circular mediante variadas formas de comunicación, con las cuales interpelan a las agencias e instituciones del poder estatal, a las demás organizaciones de la sociedad y al ciudadano del común. La elaboración del discurso, y la consecuente interpelación que pueda resultar de éste, son manifestaciones del deseo de los jóvenes por salir en busca del espacio público y escapar, por momentos, del anonimato de la vida privada. Pero, a la vez, estos discursos interpelan a los partidos políticos y sus dirigentes, para que salgan a la escucha de los problemas de la ciudadanía.

Las estrategias de acción y participación las diseñan con base en problemas concretos que les afectan directamente como jóvenes. Ya sea por asuntos de exclusión de la actividad productiva, por demandas de género, de posibilidades de expresión artística o de movilización en defensa de la población víctima de la violencia política. Se movilizan por mantener lazos de amistad y de cooperación mutua, y por abrir espacios de reflexión que les permitan pensar en opciones alternativas a una sociedad que cada vez tiende más a integrarse en torno al consumo. Por promover los derechos de las minorías étnicas o para difundir los discursos de la no violencia.

Dentro de esas estrategias de participación, un aspecto importante en el análisis son las diversas formas mediante las cuales los jóvenes se toman el espacio público. Por principio, las actividades de estos colectivos buscan visibilizarse en espacios como la plaza pública, las calles e incluso los medios de comunicación, espacios que han estado monopolizados por las organizaciones políticas que dicen representar a la ciudadanía. Mediante dichas estrategias, estos colectivos vienen presionando para ampliar y templar lo que Benjamín Arditi llama el arco migratorio de la política contemporánea, como resultado del agotamiento de la democracia fundada en el principio de la representatividad:

La frontera política se ha ido moviendo continuamente a lo largo de un arco migratorio a medida en que la política coloniza nuevos territorios. Esta migración es impulsada tanto por los éxitos como por los fracasos de proyectos históricos contrapuestos, lo cual sugiere que se trata de un movimiento gobernado por la contingencia y no por un telos de la historia, y con cada desplazamiento de la frontera se transforma la forma de la política o puesta en escena de ésta. (2005, p. 225)

Movilización y presencia en las esferas públicas

La idea moderna de la política concibe la esfera pública desde la visión burguesa ilustrada, en la cual, para participar, se requerían cualidades y condiciones especiales, según Arendt (1997). Esto incidió para que la política se cargara de prejuicios con los cuales el ciudadano se ausentó de ella, y quedó confinado al ejercicio del sufragio, cuando más, o a la indiferencia por los asuntos públicos. Ahora, el individuo defiende su esfera íntima de las intromisiones de lo público y busca, privada y aisladamente, salidas y soluciones a problemas que tienen que ver con las necesidades básicas para la existencia de la vida diaria. La esfera pública se concibió como una sola, reducida a asuntos de la administración pública, a la opinión especializada sobre los asuntos públicos, o al sufragio como máximo instrumento de la democracia para elegir los representantes del ciudadano.

Lo que hoy nos muestran estos colectivos juveniles es cómo, ante el desprestigio en que ha caído el contrato social en que se fundaron el Estado moderno y la democracia, surgen nuevas formas de movilización. Desde la diversidad de sus intereses, estos grupos plantean la necesidad de pasar de la idea de una sola esfera pública a construir esferas públicas. Luchan por espacios que integren y den visibilidad y viabilidad al agenciamiento de los intereses y demandas de los diferentes grupos humanos que conforman la sociedad.

Los colectivos que participaron en este proyecto vienen haciéndose presentes en torno a movilizaciones que visibilizan, desde posturas reivindicativas, hasta situaciones conflictivas, en torno a intereses y necesidades. Demandan atención, en la doble acepción de este último término: ponerles cuidado y escucharles, pero también ofrecerles soluciones a los problemas que les aquejan como colectivos y como individuos.

Los motivos para la movilización de estos colectivos resultan bastante variados, a pesar de que los actores que los conforman pueden ser homogéneos en su condición de jóvenes. En la exposición de las motivaciones y las justificaciones morales y políticas, que desplegaron tanto en las entrevistas como en los talleres que les propusimos, al igual que en sus asambleas y reuniones ordinarias, a las cuales los investigadores pudimos asistir, emergen con fuerza las diferencias y las particularidades desde las cuales van construyendo -cada colectivo y, a su vez, cada miembro- un tipo de identidad juvenil.

Propenden por la reivindicación de derechos de género y derechos sexuales, o por los derechos de las minorías; por el derecho al trabajo y a un ingreso digno. Por el respeto a los derechos de las víctimas y de sus familiares a ser reparados por parte de quienes los vejaron y de las autoridades que faltaron a su deber por omisión o por complicidad con sus victimarios. Demandan autonomía de las universidades y centros de estudio donde hoy se forman para la vida laboral y profesional, con el ánimo de recibir una educación integral y no un simple entrenamiento para el empleo.

También, reclaman políticas públicas mediante las cuales les garanticen espacios y medios para la formación y la expresión de sus habilidades artísticas y culturales. Abogan por apertura de espacios de socialización, en los cuales puedan interactuar con los vecindarios (barrios, comunas, la cuadra donde habitan, etc.), con el ánimo de contribuir a propagar prácticas dialógicas que desactiven las violencias cotidianas. Todo esto se encuentra entre las variadas justificaciones de movilización y presencia en la esfera pública de estas agrupaciones.

Todas estas reivindicaciones han sido elaboradas discursivamente, en medio de procesos que ellos mismos han ido desarrollando como estrategias propias de comunicación, con su propia voz, sus propios lenguajes y sus particulares formas de expresión. Ganan fuerza en la argumentación y han conseguido, hasta hoy, según lo registran los diarios y los informes del trabajo de campo de esta investigación, una visibilidad y participación política, que se fortalecen en la acción colectiva desde la cual los jóvenes vienen construyendo las esferas públicas para la formación y expresión ciudadanas.

Espacios de encuentro y formas de estar juntos y con otros

Los ámbitos de actuación de estos colectivos son eminentemente urbanos. Se toman lugares como las instalaciones de las universidades, las calles y las avenidas por donde marchan, con el fin de agenciar sus reivindicaciones propias o acompañar otros movimientos sociales, como sindicatos y organizaciones campesinas. Están en los escenarios deportivos y culturales, donde socializan y exponen sus habilidades artísticas y físicas, mediante conciertos, representaciones teatrales o competencias deportivas.

Usan bodegas, bares y otros lugares públicos, donde organizan fiestas y demás eventos para darse a conocer y recaudar fondos económicos con los que puedan llevar a cabo sus actividades. Se toman los muros de las ciudades, en los que imprimen sus mensajes por medio de pinturas y del grafiti; y, por supuesto, los cafés, tiendas y demás establecimientos públicos, donde departen mientras planean, proyectan y hacen balance de sus actividades.

Todo eso lo consiguen en la medida en que los procesos de comunicación, que desarrollan en cada colectivo, se consolidan por medio de las interacciones cara a cara, de las cuales habla Goffman: "El hecho de que pasemos la mayor parte de nuestra vida diaria en presencia inmediata de los demás es algo inherente a la condición humana; en otras, palabras, lo más probable es que nuestros actos, cualesquiera que sean, estén socialmente situados en un sentido estricto" (1991, p. 174).

Los efectos del encuentro y la interacción permiten que las acciones emprendidas por los miembros de estos colectivos, como dice Goffman, vayan de lo puramente situado a lo situacional; es decir, de lo que está situado accidentalmente en una situación social a lo que sólo puede darse en encuentros cara a cara. El estar juntos produce una afectación recíproca, colectiva, lo cual alienta las luchas y los propósitos que se trazan.

Los lugares de encuentro de estos colectivos, así como las actividades que desarrollan, están fundidos por el vínculo de la amistad como el más preciado valor que atesoran los miembros de estas agrupaciones; como una puntada de basta con la cual van urdiendo el tejido social de donde puede emerger un tipo de ciudadanía que posibilite la emancipación de las sociedades.

Lo anterior puede servir para revitalizar lo político como lugar de la solidaridad, de la formación de la comunidad y de la conquista de los derechos de los individuos y de las colectividades en que se agrupan. De esta manera, se aproximan a generar un tipo de organización política que les resulta más cercana que el Estado o los partidos políticos. Por medio del tipo de organización que alcancen, cualquiera sea su naturaleza, buscan elevarle demandas al Estado y a los mismos partidos políticos, por acciones concretas, en la tarea de la integración social y del desarrollo de la democracia como principio de igualdad, para que deje de ser el ejercicio pálido del sufragio al que se encuentra reducida.

Formas de comunicación

Los colectivos que hicieron parte de esta investigación, como jóvenes herederos de una cultura formada preferentemente a través de los medios de comunicación masiva, son hábiles y polifacéticos en el uso de diferentes medios de comunicación, y aunque muestran preferencias por el uso de las tecnologías para generar sus procesos de información, no descuidan ni desechan los medios tradicionales. Este sería el tercer concepto de análisis de los hallazgos en la investigación.

Con las formas de comunicación que adaptan buscan dos objetivos: por un lado, construir o formar parte de redes de acción colectiva, mediante las cuales buscan una identidad juvenil, además de generar la movilización en torno a los objetivos que se trazan ellos mismos, con lo cual podemos afirmar que va emergiendo la agencia política que porte sus derechos y reivindicaciones. Por otro lado, persiguen abrirse espacios de visibilidad en la ciudad, para no tener que depender de la atención que les quieran o no prestar los medios de comunicación masiva, sin que por ello desechen o rechacen cualquier oportunidad para aparecer en el escenario mediático, cada vez que se les presente una oportunidad.

Empezando por el segundo objetivo, sus formas de comunicación son ricas en variedad y en la creatividad estética que les imprimen para ponerlos a circular. Los medios que usan para sus procesos de difusión y de interacción se pueden dividir en cuatro grupos. Los primeros son los que podríamos llamar directos y vienen a ser los más usados: contactos cara a cara, asambleas informativas, reuniones de comités o de líderes, el saloneo3 marchas y participación en diferentes formas de manifestaciones masivas; conferencias, cine-foros, festivales, exposiciones de sus creaciones artísticas, parcerías4 en los barrios o en la cuadra que habitan, y tertulias en los espacios de encuentro donde proyectan y realizan la acción que se proponen.

Los segundos son los medios impresos tradicionales: boletines (generalmente multicopiados de un solo original), carteles y afiches, periódicos, revistas, fotografías en papel, manillas, botones y camisetas impresos, todos éstos entre los más utilizados. En el tercer grupo están los medios alternativos y artísticos, como periódicos murales, el esténcil en las paredes, el graffiti, máscaras, pinturas, disfraces y maquillajes aplicados sobre el cuerpo. El cuarto grupo está compuesto por los medios electrónicos y digitales, como el teléfono fijo y celular, las cámaras digitales de fotografía y de video, y el uso de blogs, páginas web, portales como Facebook, MySpace, Messenger, y el correo electrónico.

En cuanto a la conformación de redes, éstas no son esencialmente líneas que se conectan, sino puntos que se trasladan, impulsados, entre otras cosas, por la producción y el consumo de significados. Por tal razón, las expresiones ciudadanas de los jóvenes no pueden rastrearse sólo en los espacios y momentos de encuentro cotidiano propios de ellos, sino en las formas y las acciones colectivas en las cuales se hacen presentes como actores que portan un yo simbólico específico, y buscan contribuir al ensanchamiento del espacio público.

Finalmente, puede decirse que la comunicación aporta, a la acción colectiva de estos movimientos, la latencia. ésta hace posible que los grupos y redes se visibilicen, porque las pautas que la sostienen son las de la solidaridad, de las relaciones entre pares o de los afectos, dentro del marco de la actividad política. A la vez, les aporta visibilidad, que es la que refuerza las redes sumergidas por los desafíos que ésta implica y los riesgos que hace correr, pero atrayendo, de paso, nuevos miembros que se sienten interesados e identificados con la acción colectiva que se hace pública (Melucci, 1999).

Problemáticas que se observan

Desde el enfoque de la categoría que engloba las formas de organización, acción y comunicación, y antes de arriesgar una reflexión a manera de conclusiones, no sobra advertir algunos problemas que asedian a estos colectivos, y que resultan del acercamiento y observación durante el trabajo de campo.

Estos problemas, por supuesto, no pueden tenerse por menos, dado que siempre estarán pendiendo sobre la experiencia misma de los colectivos y de sus miembros. Un primer problema es que la estabilidad de estos grupos no está garantizada, debido a lo efímero de la época que viven. ¿Qué va a pasar con estos colectivos cuando sus actuales integrantes dejen de ser jóvenes ? Ligado a esto surge otro problema, y es que al escucharlos y observarlos se concluye que la práctica colectiva que los agrupa actualmente no les está resolviendo, a la mayoría de ellos, el problema que representa la falta de inserción social. Las acciones emprendidas tampoco devienen útiles para librarlos de los efectos del conflicto armado, de tal suerte que la supervivencia a éste, sobre todo en los barrios marginales, no es algo que esté garantizado por la pertenencia al colectivo. Por el contrario, las actividades en el colectivo los pueden convertir en objetivo militar de los grupos armados ilegales, o elementos sospechosos para las fuerzas de seguridad estatales.

No se trata de poner en cuestión las experiencias de estos colectivos, pero tampoco pueden llamarse a engaño y, mucho menos, seguirles el juego a los representantes del Estado y de los partidos políticos. No en vano Estado y partidos promueven estas experiencias; les resultan útiles para esquivar la responsabilidad que les cabe por no introducir las reformas económicas y políticas sociales que se necesitan para terminar, de una vez por todas, con la exclusión de estos sectores.

Quizá el problema más visible que se observó durante el trabajo de campo fue la ausencia de escenarios de sociabilidad política de carácter institucional. Ante la ausencia de estos espacios, dichos colectivos se toman las calles y demás escenarios, pero de forma marginal, de tal suerte que los encuentros resultan siendo esporádicos, sin que se generen vínculos duraderos y redes de alta fluidez y consistencia entre los mismos colectivos.

Frente a estos problemas, dichos colectivos requieren, cada uno, aprovechar los espacios de encuentro y las actividades que los convocan para reflexionar y tomar decisiones en cuanto a su posición ideológica, si es que quiere seguirse reconociendo sus prácticas juveniles como manifestaciones ciudadanas. El vínculo estética y sociabilidad, al igual que los procesos de comunicación y los medios que usan para darse a conocer, pueden servirles de plataforma para fijar dicha postura ideológica y redireccionar sus acciones y discursos.

A guisa de conclusiones

Hurgando con cuidado y detenimiento la información recogida entre los diez colectivos, se observa que en la forma como nombran y describen las motivaciones y las justificaciones que los han llevado a juntarse y a actuar en forma colectiva, hay esbozos de elaboración de una reflexión propia que les puede permitir teorizar; es decir, irse explicando, con sus propias palabras, la sociedad y el momento en que les correspondió vivir a estos jóvenes.

Sobre la base misma del discurso, desarrollan capacidades para la interacción en los mismos colectivos, pero también como una capacidad de justa oratoria, un combate con argumentos, para hacer frente a sus posibles contradictores y a interpelar a quienes estén encargados de la toma de decisiones en las diferentes instancias del poder. El riesgo, como ya se advirtió en el apartado anterior, es que la ausencia de espacios para la sociabilidad de las prácticas juveniles como acción política puede, con el tiempo, desgastarles. Pero, por adelantado, hay ganancia: la pertenencia a dichos colectivos les deja como saldo una experiencia que podrán capitalizar en su vida adulta, cuando las circunstancias les impongan de nuevo la necesidad de la política.

Por todo lo anterior se destaca, en este artículo, que la relación comunicación/política ofrece un interesante enfoque de análisis para conocer y comprender la potencia que pueden tener las prácticas juveniles, para la formación de ciudadanía y su relación con la lucha emancipadora, como lo vimos con Boaventura de Sousa Santos. En el curso de la investigación se consiguió observar y concluir que las acciones y el lenguaje que utilizan los jóvenes de estos colectivos resultan pertinentes para conocer y comprender cómo estos colectivos pueden irse posicionando y participando en la construcción de las esferas públicas.

De igual manera, la información recogida permite concluir que los miembros de cada colectivo valoran la acción colectiva, sin que ellos mismos la tengan que nombrar, lo cual no les impide apreciar lo que hacen como una oportunidad para desarrollar aprendizajes sobre formas de organización, de movilización y de implementación de estrategias que visibilicen el trabajo colectivo. Por supuesto, en la medida en que todos estos colectivos conforman una minoría en el terreno de la política nacional, su incidencia real en la esfera pública está por verse, en lo que respecta a las decisiones del poder. Pero ello no le resta interés ni valor a la acción colectiva que generan estos grupos, en tanto el sólo hecho de organizarse y movilizarse significa para todos sus miembros una experiencia valiosa, en términos de la participación en asuntos de lo público.

La fuerza de la palabra, los procesos de interacción y el recurso a diferentes medios para comunicarse y ganar visibilidad (medios tradicionales y de última tecnología), contribuyen para que estos grupos juveniles generen mecanismos para su propia organización y para la acción colectiva que emprenden. En cada grupo juvenil de los que participaron del proyecto, la comunicación, como proceso de producción social, se vuelve constitutiva de la actividad política individual y colectiva.

Acción y discurso, virtudes esenciales de la política, se nutren de los procesos de comunicación que atraviesan la conformación de estos colectivos, y contribuyen a que las prácticas juveniles hagan emerger una nueva ciudadanía que se constituye como potencia, para, como dice Antonio Negri (1994), construir una democracia real de derecho y de apropiación por parte de los ciudadanos.


1.Una versión más amplia del presente artículo, apoyada en los testimonios recogidos entre los colectivos durante el trabajo de campo, aparecerá en la publicación que contiene los resultados finales de la investigación, y los artículos de los demás investigadores. Dicha publicación se está preparando con el apoyo de la Vicerrectoría Académica de la Pontificia Universidad Javeriana.

2.Documento inédito. Presentado al grupo de investigadores, durante la fase de construcción del marco teórico de la presente investigación.

3.Llaman así a la práctica de ir de salón en salón, en las universidades donde algunos de estos colectivos se localizan, para convocar a los demás estudiantes y generar procesos informativos acerca de sus actividades. Este trabajo lo dividen entre los miembros de los colectivos que lideran dichas agrupaciones.

4.Llaman así al lugar que frecuentan para encontrarse, y que tiene las características de un espacio al que se pertenece porque se ha ganado el reconocimiento de los demás miembros. El término indica compañerismo, solidaridad, complicidad, respaldo, sobre principios de igualdad.


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