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Investigación y Educación en Enfermería

Print version ISSN 0120-5307
On-line version ISSN 2216-0280

Invest. educ. enferm vol.29 no.2 Medellín July/Dec. 2011

 

ARTÍCULO ORIGINAL / ORIGINAL ARTICLE/ ARTIGO ORIGINAL

 

La drogadicción y su lugar en los procesos pedagógicos ¿Un problema oculto o evidente?

Drug-addiction and its role in pedagogical processes, a hidden or an evident problem?

A drogadição e seu lugar nos processos pedagógicos um problema oculto ou evidente?

 

 

Josefina Quintero Corzo1, Diana Yurany Álvarez Márquez2, Fabio Ignacio Munévar Quintero3

 

1 Licenciatura en Educación, Magíster y Doctora en Educación. Directora del Grupo Innov-acción Educativa, Profesora Titular de la Universidad de Caldas, Colombia. email: josefina.quintero@ucaldas.edu.co.

2 Licenciada en Biología y Química, estudiante de la Maestría en Educación. Joven Investigadora COLCIENCIAS-Universidad de Caldas, Colombia. email: yura827@gmail.com.

3 Administrador de Sistemas Informáticos, Magíster en Educación con Énfasis en Multimedia Educativa, Doctorando en Ciencias de la Educación. Profesor Auxiliar Universidad del Magdalena, Colombia. email: fimunevar@gmail.com.

 

Subvenciones y ayudas: artículo producto de la investigación “Narrativa Pedagógica Universitaria”, inscrita en la Vice-Rectoría de Investigaciones durante los años 2006-2007, en el cual participó un grupo de estudiantes de pregrado y de postgrado en desarrollo de la estrategia de semilleros de iniciación científica y Jóvenes investigadores de COLCIENCIAS.

Conflicto de intereses: ninguno a declarar.

Cómo citar este artículo: Quintero J, Álvarez DY, Munévar FI. La drogadicción y su lugar en los procesos pedagógicos ¿Un problema oculto o evidente? Invest Educ Enferm. 2011;29(2): 255 — 268.

 


 

RESUMEN

Objetivo. Describir la forma en que los educadores durante su proceso de formación perciben y actúan frente al problema de la drogadicción en niños, jóvenes y adolescentes. Metodología. Proceso narrativo sustentado en el paradigma cualitativo comprensivo de estudio de casos. Los instrumentos utilizados fueron cinco diarios de educadores en formación, hombres y mujeres, que inician su práctica en colegios oficiales del departamento de Caldas (Colombia) con grupos promedio de 45 estudiantes matriculados en los grados 5º a 9º. Los diarios contienen relatos, interpretaciones y reflexiones de casos observados dentro de las clases y contextos escolares. La información fue tomada de 2006 a 2007. Resultados. La dicotomía entre el currículo y la realidad que viven los estudiantes es evidente. Los practicantes consideran que los conocimientos recibidos no los capacitan para intervenir problemas de drogadicción y de salud en sus estudiantes, pero sí logran retomar estos factores como determinantes en los procesos pedagógicos y aportar información útil para trabajar en equipos interdisciplinarios con otros profesionales. Conclusión. Aunque desde la teoría se explica la relación directa entre currículo, cultura escolar y procesos formativos, los nuevos educadores no cuentan con las herramientas suficientes y oportunas para solucionar los problemas de salud física, mental y emocional que afectan los procesos de formación integral de niños, jóvenes y adolescentes, entre ellos, la drogadicción.

Palabras clave: detección de abuso de sustancias; estudiantes; educación profesional; enseñanza; curriculum.

 


 

ABSTRACT

Objective. To describe the way in which teachers who are being trained perceive and act towards drug-addiction in children, young people and teenagers. Methodology. Narrative process supported in the comprehensive qualitative paradigm of case studies. Five journals from teachers who were being trained, men and woman, who started their internship in official schools of the department of Caldas (Colombia) in groups with an average of 45 students, enrolled from 5th to 9th grade, were used as tools. Journals had stories, interpretations and thoughts about observed cases in the classes and scholar situations. Information was collected between 2006 and 2007. Results. The dichotomy between the curriculum and the reality experienced by the students is evident. Trainees consider that the knowledge they receive is not enough to train them on how to intervene drug-addiction and health problems in the students, but they recognize these factors as determinants in the pedagogical processes and useful information to work in an interdisciplinary team with other professionals. Conclusion. Even though theoretically the direct relationship between curriculum, culture and training processes is explained, they don’t have enough and opportune tools to solve physical, mental and emotional health problems, like drug-addiction that affect children, young people and teenagers integral training processes.

Key words: substance abuse detection; students; education, professional; teaching; curriculum.

 


 

RESUMO

Objetivo. Descrever a forma em que os educadores durante seu processo de formação percebem e atuam frente ao problema da drogadição em meninos, jovens e adolescentes. Metodologia. Processo narrativo sustentado no paradigma qualitativo compreensivo de estudo de casos. Os instrumentos utilizados foram cinco diários de educadores em formação, homens e mulheres, que iniciam sua prática em colégios oficiais do departamento de Caldas (Colõmbia) com grupos com média de 45 estudantes matriculados nos graus 5º a 9º. Os diários contêm relatos, interpretações e reflexões de casos observados dentro das classes e contextos escolares. A informação foi tomada de 2006 a 2007. Resultados. A dicotomia entre o currículo e a realidade que vivem os estudantes é evidente. Os praticantes consideram que os conhecimentos recebidos não os capacitam para intervir problemas de drogadição e de saúde em seus estudantes, mas sim conseguem retomar estes fatores como determinantes nos processos pedagógicos e contribuir informação útil para trabalhar em equipes inter-disciplinarias com outros profissionais. Conclusão. Ainda que desde a teoria, explica-se a relação direta entre currículo, cultura escolar e processos formativos, os novos educadores não contam com as ferramentas suficientes e oportunas para solucionar os problemas de saúde física, mental e emocional que afetam os processos de formação integral de meninos, jovens e adolescentes, entre eles, a drogadição.

Palavras chaves: detecção do abuso de substâncias; estudantes; educação profissionalizante; ensino; currículo.

 


 

INTRODUCCIÓN

La educación superior en Colombia se ha preocupado por cualificar las prácticas pedagógicas de los educadores en todos los niveles y modalidades del sistema educativo. La formación científica, pedagógica y ética es una propuesta que ha tomado fuerza con la reforma educativa desde 1994, a partir de la Ley 115.1 Todos los planes curriculares ofrecidos por las instituciones formadoras de educadores terminan el último año con una etapa o un núcleo denominado Práctica Educativa o Práctica Profesional, la cual se realiza en colegios oficiales o privados con el fin de aplicar los conocimientos teóricos recibidos durante los semestres anteriores. A los estudiantes matriculados en esta etapa, se les denomina practicantes.

Más allá de planear una serie de lecciones, utilizar recursos didácticos para promover el aprendizaje, intervenir problemas de disciplina, controlar grupos o desarrollar actividades dinámicas y creativas, el educador debe desarrollar competencias que le permitan comprender la institución como gestora de desarrollo humano y cambio social.

Las universidades y demás instituciones encargadas de formar personas cuentan con programas de mejoramiento continuo donde reconocen que la manera de educar impartida desde las aulas debe responder a las necesidades reales de los estudiantes, de la sociedad y del país para alcanzar lo que se ha llamado una formación integral. No obstante, el egresado al ubicarse laboralmente en los contextos reales de los colegios, lo primero que percibe es una serie de discrepancias y contradicciones porque con los conocimientos adquiridos no logran resolver la compleja e incomprensible problemática en aulas de 40 ó 50 estudiantes de los colegios.

La violencia, la agresión física y verbal, el embarazo prematuro, el aborto, la ingesta de anticonceptivos, la drogadicción, el alcoholismo, el cigarrillo, la desnutrición, el abandono familiar, la carencia de afecto de los padres, el uso de códigos comunicativos, jergas y lenguajes, forman parte de la vida cotidiana en las aulas escolares. “Ahí me siento impotente”, escribe un practicante en su diario. ¿Cómo, entonces, enseñar a estudiantes en estas condiciones y lograr un aprendizaje de calidad? Esta preocupación no se satisface plenamente aunque se contemple dentro de la misión, propósitos, metas y objetivos de los planes curriculares. Por estas razones, el currículo escolar ha dejado de ser pertinente y la formación del individuo ha dejado de ser integral.

Para los propósitos de este artículo se ha focalizado la mirada en los casos de drogadicción, puesto que son los más abundantes en los diarios de los practicantes y aportan información suficiente para formular las preguntas de indagación.

Que la educación esté en crisis se ha aceptado como una afirmación obvia y normal. Sin embargo, las sociedades esperan que los ideales formativos respondan en alto nivel de excelencia a los cambios de una sociedad en desarrollo. En la época actual, la educación ha avanzado en la manera de concebir al hombre, la cultura y los procesos formativos; no obstante, el desarrollo humano integral, el afecto, la sensibilidad y el reconocimiento del otro, así como aprender a ser tolerantes, enseñar a convivir, enfrentar problemas y solucionarlos rescatando los valores culturales, es una tarea que no alcanza a ser tratada plenamente dentro de las instituciones. Aprender contenidos descontextualizados no garantiza calidad de la educación pública, por el contrario, deteriora y acrecienta la crisis de la sociedad.

El proceso formativo no se agota en construir un modelo de profesor como aquel que más sabe y de estudiante como aquel que más aprende. Si bien las nuevas generaciones de educadores, durante sus estudios universitarios, adquieren un buen dominio de contenidos y fundamentación en teorías pedagógicas sobre una disciplina específica, no cuentan con herramientas suficientes e inmediatas para enfrentar problemas personales, humanos y sociales de sus estudiantes.

Todo profesor desea que sus estudiantes sean activos, piensen, participen, estén atentos a las explicaciones e instrucciones impartidas, desarrollen competencias y alcancen altos puntajes en las evaluaciones. Los profesores se interesan por planear clases lúdicas y con métodos actualizados para niños, adolescentes y jóvenes con el fin de controlar la disciplina e incrementar la participación incluyendo a estudiantes con dificultades de aprendizaje, desnutrición, falta de atención o desadaptación social. Todo esto requiere excelentes condiciones de salud física y mental por parte de quienes enseñan y aprenden. Sin embargo, la etapa más difícil para todos los educadores, aún para los más experimentados, es cuando enseñan a adolescentes. Uno o dos cursos de psicología o algunos talleres de entrenamiento dentro del currículo de formación no son suficientes para que los practicantes afronten y resuelvan todo tipo de problemas encontrados en las aulas escolares.

El objetivo de este estudio fue describir la forma en que los educadores durante su proceso de formación perciben y actúan frente al problema de la drogadicción en niños, jóvenes y adolescentes.

 

METODOLOGíA

Preguntas de indagación. ¿De qué manera los educadores en proceso de formación, al vincularse a los campos de práctica, perciben, describen y actúan frente al problema de la drogadicción en niños, jóvenes y adolescentes? ¿Cuál es el al entreviscance de los procesos formativos recibidos en el currículo universitario para atender problemáticas reales, en escuelas y colegios, relacionadas con estudiantes que están aprendiendo bajo los efectos de las drogas?

Proceso investigativo. El narrativo utilizado para estructurar este artículo se sustenta en los principios del paradigma cualitativo comprensivo de Taylor y Bogdan2 que asume las características del estudio de casos descrito por Stake3 y sirve al profesor para comprender y mejorar lo que hace.4-6 El profesor como investigador participa activamente en su contexto natural, mantiene un diario de campo, registra observaciones e interactúa permanentemente con grupos reales de alumnos, padres, maestros y comunidad. La presentación de los datos sigue el estilo narrativo reportado por De Tezanos,7 Goetz y Lecompte,8 y Hammersley y Atkinson9 con base en registros observacionales y narraciones orales o escritas.

En las últimas reformas, la práctica educativa se está orientando con un enfoque investigativo incorporado en los planes curriculares por Quintero et al.10 para que los educadores logren observar los contextos reales, identificar problemáticas, reflexionar lo que hacen y proponer correctivos a esa compleja realidad. Dadas las características complejas, cambiantes y contradictorias connaturales a los escenarios escolares, el educador encuentra allí un espacio propicio para identificar temas y problemas inmediatos, comprenderlos, recrearlos y transformarlos.

Participantes. Practicantes (o educadores en formación) de ambos sexos y edades promedio de 20 años, quienes se ubican en colegios oficiales, con grupos promedio de 45 estudiantes.

Instrumentos. Cinco diarios de practicantes que contienen relatos y narraciones de casos observados dentro de las clases y sus contextos escolares. También contienen descripciones de lo que va ocurriendo, interpretaciones y reflexiones. Los casos registrados corresponden a estudiantes de los grados 5º a 9º de colegios estatales.

Aspectos éticos. Se garantizó la confidencialidad de la información y se utilizaron nombres ficticios para salvaguardar la privacidad de los participantes. Respeto a su autonomía y autorización

para extractar relatos, reflexiones y observaciones del diario de campo con fines exclusivos para la investigación. Devolución de los resultados a los participantes. Esta investigación no presenta riesgo alguno que atente contra la salud de los participantes ni afecta el medio ambiente. Los investigadores no tienen conflicto de intereses con el proyecto llevado a cabo.

 

RESULTADOS

Una situación tensa, compleja y contradictoria. En ese tránsito de estudiantes universitarios a profesores principiantes y futuros profesionales en los colegios y escuelas, muchos vacíos permiten afirmar que lo que se enseña en la universidad es menos importante y útil que lo que se necesita con urgencia para actuar como profesores en un contexto real conocido por todos, pero a la vez ignorado. Los practicantes, al presentar los avances periódicos, exponen una serie de inquietudes que no han podido solucionar. Al comienzo del proceso son temerosos y su preocupación se enfoca hacia lo exclusivamente académico. “¿Cómo hago el plan? ¿Será que el profesor lo aprueba? Poco a poco van encontrando sentido a su trabajo, se detienen en problemas fundamentales, discuten su importancia y van descubriendo patrones y tendencias. “Mis alumnos están cansados, indisciplinados, son agresivos; mis materiales no funcionan aunque estén bien elaborados; es horrible ese grupo, no sé cómo empezar”.

A medida que avanzan son más autónomos, más observadores y más reflexivos pero a la vez, aumenta su incertidumbre al descubrir otros factores ocultos que nadie quiere tocar. “Me di cuenta de que en los morrales llevan droga, que una joven abortó y sus padres no saben”. Se preguntan por qué, buscan razones y se idean alguna estrategia para intervenir. ¿Qué pasa si hablo con ellos? ¿Será que los expulsan del colegio? ¿Qué les digo? ¿Por qué lo hacen? ¿Me limito sólo a dar mi clase y lo demás no importa? Todo esto lleva a identificar causas y efectos, a establecer relaciones, a predecir hipótesis, a perfeccionar las competencias observacionales, realizar entrevistas, registrar reflexiones, críticas y dejar memoria escrita en los diarios:

Para cumplir con los compromisos de esta semana, ya están listos mis planes de clase, los informes y los registros en mi diario de campo. Siento que me ha ido bien en la preparación de materiales y en el dominio de contenidos, pero no soy capaz con la disciplina. Yo creía que el mayor problema era controlar el grupo y de eso nos insisten mucho en las clases de metodología, pero hay problemas más graves (Practicante 1).

Tengo niños con problemas de salud, sus condiciones anímicas para participar en clase no son óptimas. Hay varios estudiantes que no sé si retirarlos de clase o remitirlos a rectoría. Yo no sé qué les pasa, les llamo la atención muchas veces, pero no oyen, parece que no les importa la clase, su mirada es lejana y en actitud de adormitamiento, inestabilidad y decaimiento. No se motivan con nada, son frescos. Me dan ganas de llorar. Quiero pedir cambio de grupo (Practicante 2).

No estoy preparado para enfrentar una de las profesiones más nobles, pero a la vez, más difíciles del mundo: ser profesor, docente o guía de niños, niñas y adolescentes de los dos sexos. A los profesores les da miedo cuando les ven armas o droga en los morrales. Ya no son casos académicos del aula sino judiciales. Es la policía la que interviene, son casos inmanejables. Educar primero a la familia, pero la familia moderna también está en crisis (Practicante 3).

Me gusta empezar las clases con entusiasmo. Siempre me preocupo por llevarles carteleras, canciones, juegos, fichas, materiales auténticos y preparar el plan siguiendo las indicaciones del asesor y lo que aprendí en el curso de metodología. Pero no sé qué pasa con este grupo. Ellos tienen algo, yo no sé qué es. Necesito orientaciones para atraer la atención de todos (Practicante 4).

Hay varios que meten vicio, en la cara se les ve; eso sí, no lo hacen en el salón sino en la calle o en los baños. Un muchacho me dijo ‘yo fumo marihuana porque así se me hace más fácil aprender química’. ¿Uno qué dice frente a eso? ¿Te preparan para manejar situaciones de ese tipo? ¿Te dan herramientas para interpretar una realidad? Yo quedé desarmado. Pero uno sí empieza a charlar con el estudiante, en el sentido de tratarlo como ser humano (Practicante 5).

Los anteriores relatos indican que el mayor problema de los educadores en proceso de formación no es la preparación de sus clases ni su actitud o disposición para enseñar en colegios públicos. El control de grupo, la indisciplina, la agresividad, la desatención y el desorden que se genera en aulas de 45 y 50 estudiantes se logra mejorar con actividades dinámicas, juegos, material auténtico y procesos evaluativos adaptados a las edades e intereses de los estudiantes. Pero, detrás de esto, existen otras circunstancias inesperadas e inmanejables como los casos de salud, drogadicción, cigarrillo, alcohol, violencia, embarazos, higiene.

Los practicantes en su condición de educadores aún en proceso de formación interesados por desarrollar una actitud reflexiva y propositiva, comienzan a argumentar que para ellos lo más grave y difícil de su experiencia inicial como profesores de colegios oficiales es manejar el consumo de drogas en sus estudiantes. Afirman que es en la adolescencia, no desde niños, cuando empiezan. En bachillerato llegan a clase bajo efectos de alucinógenos y se justifican en la dosis personal permitida.

En etapas maduras del proceso demuestran competencias para establecer correlaciones con otros factores que, solos o combinados, complican más la toma de decisiones de un profesor en plena clase. Un practicante expresa claramente que desde el inicio y durante toda su práctica, lo que más le preocupó fue la ausencia de afecto en la mayoría de la población estudiantil, porque observó que la mayoría de niños provienen de hogares con una problemática socioeconómica compleja como la drogadicción, la violencia intrafamiliar, abuso sexual, abandono paterno y madres cabeza de familia. Todo esto se refleja en la indisciplina, la agresividad y la falta de atención a las explicaciones o instrucciones a la hora de desarrollar las actividades:

Preparar clase y enseñar en estas condiciones, no se puede. Un niño me contaba que el papá llegaba borracho en la noche a maltratar físicamente a la mamá. Una niña decía a su amiguita que la mamá traía muchos amigos a tomar y a La drogadicción y su lugar en los procesos pedagógicos ¿Un problema oculto o evidente? fumar. Al otro día tenía que salir solita porque la mamá no se levantaba a despacharla desayunada. Juan siempre veía la figura paternal en mí (el practicante) porque no conocía a su papá y siempre vivió con su madre y abuela. Yo lo escuchaba, lo inscribí en el equipo de fútbol del colegio para ayudarle en algo.

Otro niño se volvió ladroncito. Hablaba con un léxico no apropiado para su edad. Siempre le quitaba las cosas a los compañeros, era altanero. En las clases participaba mucho. El colegio trató de hacer muchas cosas para ayudarlo. Al fin se retiró y ahora lo encuentro por las calles, por la galería. Es triste verlo robando y consumiendo drogas alucinógenas. Roba para comprarlas.

El cuarto practicante enfatiza que aunque está preparado en lo académico, no lo está para manejar problemas de drogadicción.

Muchos casos he observado de disputas entre estudiantes, amenazas a profesores. La cuestión es si estamos o no preparando para enfrentar este ambiente tan difícil. Sin embargo, la realidad no es la que imaginamos cuando elegimos la carrera. La educación que se imparte en la universidad es para enseñar temas a los estudiantes, cómo organizar grupos, cómo preparar una evaluación, cómo controlar la indisciplina y cómo cumplir un manual de convivencia. Parece fácil, pero no es así. Necesitamos cómo tratar otros problemas. ¿Sabe usted cómo ayudar a una adolescente que tomó unas píldoras para abortar porque el padre de su hijo es su padrastro? ¿O a la joven que se involucró en la moderna forma de prostitución prepagadaa? ¿Está capacitado para diseñar planes de clase que ayuden a un joven iniciado en los vicios? ¿Qué hacer cuando su mejor estudiante le cuenta que el divorcio de sus padres es inminente?

El caso de Laura. Los estudiantes con problemas de drogadicción utilizan cualquier evento que pueda estar a su favor para ausentarse del salón de clases e irse a un lugar donde puedan “consumir”. En el diario de la practicante se lee:

Laurita tiene 16 años en este momento, cuando la conocí estaba en 6º, tenía más o menos doce años. Se le notaba alegre, yo diría que demasiado alegre. No tenía interés por estudiar pues las buenas o malas notas para ella eran lo mismo. Laura tenía una actitud de indiferencia. Su vida solo tenía un sentido: la diversión. Laura era amiga de Lorena quien la acompañaba en todas las locuras. Para estas dos amigas, la autoridad de maestros o padres era una tontería.

Era un lunes por la mañana. Como de costumbre en el colegio, en este día se filabanb en el patio todos los estudiantes, se daban las instrucciones y se hacían algunas observaciones cotidianas, luego la oración y después pasar al salón para iniciar las labores académicas. Ese día Laura decidió no entrar a clase, pues necesitaba ir al baño urgentemente. “Usted sabe, profe, cosas de mujeres, creo que me ocurrió un accidente”. La profesora inmediatamente la dejó salir al baño.

Laura tardaba demasiado en volver al salón. Cuando la coordinadora percibió desde su oficina un extraño olor nauseabundo y penetrante, de inmediato salió a indagar. ¡Y cuál fue su sorpresa! Estaba en el baño con una apariencia realmente sospechosa. ¿Laura, qué haces fuera del salón? En el baño ¿no ve? Contestó salida de tono. La docente, muy preocupada, la remitió a psico-orientación y allí la niña contó todo lo que le pasaba.

En ocasiones, los estudiantes deciden contar lo que les sucede, reconociendo que están inmersos en la drogadicción pero dejando claro que su intención es continuar con el vicio, pues es el único sentido o razón que encuentran para seguir viviendo. El abandono de sus padres conlleva a que los jóvenes se refugien en el vicio o en personas del mismo género. En los relatos de lo que observan en los colegios, los problemas de droga están asociados con lesbianismo, intentos de suicidio. Es importante resaltar que estos jóvenes no siempre previenen de familias desintegradas. También de hogares estables, sin problemas económicos y con alta preparación académica.

Yo no quiero nada en la vida. Quiero meter vicio, me hace olvidar de mis problemas. ¿Sabe? Mi mamá, cuando se graduó en la universidad, me dejó por irse para España con su novio. Ella me manda plata, mi abuela está muy anciana y enferma. Me gusta la marihuana y además he probado otras más fuertes, esas sí son de locura. Todo lo que tengo lo comparto con Lorena, ella sí me quiere y además es muy cariñosa conmigo. Yo creo que estoy enamorada de ella. Pues acordamos que fuéramos novias y ¿sabe una cosa? me siento muy feliz cuando estoy con ella. A mí me tiene sin cuidado si gano o pierdo el año. Mucha gente estudia para algún día ganar plata y a mí eso no me hace falta. ¿Para qué quiero ser una persona importante y estudiosa si nadie se preocupa por mí? Es más, si algún día me caso será con Lorena o con otra que me ame y me complazca más que ella.

Laura aún continúa con esta vida. Unas veces va al colegio, otras no. Ha repetido varios grados y no le interesa. Aunque en el colegio han querido ayudarla, le parece que pierden el tiempo, porque según ella “la vida es para vivirla haciendo locuras y pasándola de rumba en rumba”.

Las nuevas amistades de Juanca. Niños, adolescentes y jóvenes no aprenden en condiciones óptimas porque provienen de un círculo familiar afectado por causa del maltrato, la infidelidad, la incomprensión entre sus padres y en casos más extremos, por el divorcio. También se presentan casos de desadaptación cuando la familia se traslada del campo a la ciudad o de un municipio a otro, donde sus hijos han dejado sus viejas amistades y consiguen nuevas. Aunque sus padres no lo perciban, a la hora de aprender, sus hijos sí lo cuentan espontáneamente a sus compañeros y profesores cuando se establece entre ellos un ambiente de diálogo y confianza.

Juanca llegó de un pueblo. Tiene 16 años y está en 9º. Comenzó en la institución desde que tenía unos 12 años. Era muy tímido cuando se le pedía participación en las actividades académicas, sobre todo hablar en público. Pasados algunos meses, comenzó a hacer nuevas amistades con vecinos que no van al colegio y pasan el día parados en las esquinas o montando bicicleta. Estos compañeros no recibieron bien a Juanca. Le decían ‘campeche’c porque provenía de un pueblo. Pero él no se enojaba, pues lo hacían reír y le hablaban de cosas que habían hecho. Juanca comenzó a peinarse diferente y a hablar con el acento de ellos. Es más, comenzó a venir armado al colegio con una navaja.

Según el relato, el cambio de comportamiento de los jóvenes a la manera del nuevo grupo de amigos es evidente, sobre todo porque los valores inculcados en la casa y en el colegio se van deteriorando y se va moldeando una nueva identidad. La influencia de las amistades no siempre es positiva. Muchas veces, no son los compañeros del colegio, sino del barrio donde viven y, más aún, cuando llegan de otras ciudades, veredas o municipios.

A Robin lo invitan a hacer deporte y allí consume. Es freceunte ver en las instituciones educativas cómo los estudiantes, incluidos los más tímidos y juiciosos, cuando se involucran en la droga muestran cambios repentinos, no sólo en su apariencia física sino en su comportamiento habitual. El consumo de drogas está acompañado de agresividad, llevar armas, no bañarse, oler a sudor y malos hábitos higiénicos. Lamentablemente, van desmejorando el nivel académico, modifican su vocabulario y comienzan a adoptar otras frases para comunicarse. Hay algo más, están utilizando la práctica del deporte para consumir porque en estos espacios no se sienten vigilados. El caso de Robin es narrado en el diario, de acuerdo con conversaciones sostenidas con la directora de grupo, la psicóloga y una profesora, así:

Robin, a sus 13 años, era un niño participativo, le gustaba el fútbol, agradable en el trato, piel rosada, lozano, buenos modales. Era un niño de buen rendimiento.

Al iniciar el grado 8º se le vieron algunos cambios. Robin creció un poco más y se adelgazó. Sus modales se tornaron agresivos. Su color de piel cambió a una palidez. Muestra estados de ánimo diferentes; unas veces de ensimismamiento, otras de lejanía. Excesiva agresividad para responder.

- Robin, ¿me podría explicar el ejercicio?

- No me joda,d póngame insuficiente. Haga lo que le dé la gana.

En el trato con los compañeros también cambió su vocabulario, su tono y timbre de voz:

- ¡Huy, que onda hermano, qué chimba! Entonces qué, píntela como quiera. Que va profe. ¡Compórtese bacana!

Eso a uno le da es tristeza. Mantienen con los ojos rojos. Cambian de amistades. En el barrio hay un tipo que los induce a eso. Forman la pandilla de arriba-abajo y de abajo-arriba. Y el gancho dizque es el fútbol. Supuestamente los invitan a que jueguen pero para que rindan les ofrecen droga.

Desde niña aspiraba Bóxer.e Hay circunstancias en las que el excesivo cuidado, o por lo menos, cuando se les proporcionan a los hijos todas las comodidades, no encuentran ya nada fuera de lo común, entonces recurren a la práctica de lo que es prohibido, de lo inesperado. La directora de grupo cuenta que desde niña, una joven aspiraba bóxer, su temperamento era agresivo y era hija única. El bóxer trataba de enloquecerla. Lo llevaba para el colegio, a escondidas. A veces, las otras niñas la delataban. “En el mismo salón lo tenía bien camuflado. Abría el pupitre y yo no me daba cuenta. Volvía a cerrar y comenzaba a cantar o llamar la atención. Si algún profesor la miraba, respondía. ¿Ve y a este qué le pasa, está loco?”

Los practicantes, en sus diarios cuentan que, por ley y reglamentos, en las instituciones ya no expulsan a los estudiantes aunque presenten síntomas de estar consumiendo drogas. Aunque no se sabe qué es peor: si dejarlos en el colegio permitiendo que los demás estudiantes observen estos comportamientos, o dejarlos a su suerte en la calle. Más que la expulsión o el castigo, se les tiene paciencia, se les trata con amor, se habla con los padres, se remiten al médico o al psicólogo para inscribirlos en un programa de desintoxicación y se les hace un seguimiento. Los compañeros (no adictos) y profesores, en muchos casos, los apoyan proporcionándoles un ambiente afectivo y de confianza enalteciendo sus capacidades. Al final de todo, se cansan y terminan ignorándolos. El tratamiento profesional es más difícil cuando un familiar, o precisamente, si uno de los padres está involucrado. “El papá de la niña del bóxer mete droga”.

Los compañeros y la directora de grupo la llaman, le hablan. La orientadora le charla. Todo mundo pendiente de ella. Se le rodea de muchísimo afecto. Se le hace ver que ella es importante y se le dan estímulos que la saquen adelante. ¡Mira cómo eres de inteligente! Se le busca ayuda profesional. Eso sí, mantenerla vigilada para que no contamine a otras niñas.

Los compañeros saben en dónde y en qué momentos. Los compañeros de clase, que son los más cercanos, saben en dónde y en qué momentos se drogan. Muy pocas veces lo hacen durante las clases, aunque la esconden entre los morrales, dentro de las cartucheras,f o sencillamente, en los bolsillos. ¿Dónde más, pues? En los baños, en los parques, en las mangas, en los matorrales junto al barrio, en las rumbas, en las esquinas solitarias de las canchas, en lugares solitarios de las calles, en las casas de compañeros que permanecen solos mientras los papás trabajan, en la casa de familiares que la consumen o la comercializan. Los compañeros más pequeños, como los de grado sexto y séptimo, cuentan todo a los profesores; los de octavo y noveno prefieren callar o asumir una actitud de defensa.

Un muchacho muy retraído, de esos que no hablan, que no dan de qué hablar,g en el estudio era normal. Nosotros, sus compañeros, no nos interesamos por él, hasta cuando nos dimos cuenta que consumía. ¡Qué pesar, era tan buena gente!h De familia, de principios. Nos arrepentimos de no haberle ayudado antes. Lo vimos una vez consumiendo en un parque. Era de noveno grado. Estudiaba en mi salón. Era por problemas pero no los exteriorizaba y prefirió desahogarse con esas drogas. Los profes nunca supieron; tenían más en cuenta a los muchachos que hablaban, se preocupaban por los indisciplinados y por los de bajo rendimiento.

Cuando los compañeros del salón sienten que ya no hay nada que hacer, deciden no contar el problema toda vez que en el colegio el rendimiento académico tiene más importancia que los estados de salud. Prefieren guardar silencio, pues, es mejor estar al margen de esta situación. O simplemente, “yo no me meto en ese asunto, no es problema mío”.

Dentro del salón, la mayoría espera la hora del descanso o pide permiso para ir al baño y ubicarse en espacios abiertos. Generalmente no están solos, hasta se han creado estrategias para inhibir los olores que dichas sustancias emanan. Aunque los docentes saben quiénes son, no pueden hacer nada, porque no tienen evidencias físicas para comprobar, o simplemente, porque prefieren no evidenciar el problema.

Pedían permiso para ir al baño y cargaban un tubo de aluminio en el que metían la marihuana. Si era clase de educación física, o en el descanso se hacían en una esquina. Usan el tubo porque ahí meten la mari y cuando prenden y aspiran se quema todo lo que hay en el tubo y el olor queda ahí. Entonces, ellos se pueden ir caminando y el olor queda pero en el lugar.

Nunca los llegaron a pillar fumando en el colegio. Los profesores sí saben quienes son pero desde que no lo vean, no les pueden hacer nada. Si los ven, les dicen “no me entre a clase”. No se dejan pillar porque se echan unas gotas para que no se les vean los ojos rojos.

Hay situaciones extremas que justifican la intervención de la policía. No sólo drogas, también armas. Cuando la asesora fue a la visita institucional, se demoró la entrada al colegio porque tres policías estaban en la puerta revisando los morrales.

Necesitan más dinero. Andrés era un niño tranquilo estudioso y sobresaliente. En casa nunca sospecharon de él pero comenzaron a notarle ciertos cambios. Cuando cursaba quinto grado decidió abandonar sus estudios para conseguir dinero y sostener su vicio.

Tenía amigos adictos a la marihuana y a otras sustancias. Andrés decidió solo consumir la natural. Se retiró del colegio porque necesitaba dinero. Entonces, comenzó a trabajar en obras de construcción. Tengo para decir de él, por lo menos, que a pesar de su adicción, nunca ha cogido otros malos hábitos para sostener este vicio. Conozco a otros muchachos que roban plata en la casa y en la calle o piden dinero prestado a los compañeros y nunca pagan. También llevan equipos costosos a prenderías para empeñar por algún mínimo valor.

Estrategias de mejoramiento. Las directivas y autoridades de los colegios, entre ellos el Personero Estudiantil, conocen de la existencia del Artículo 25 de la Ley General de Educación o Ley 115 de 19941 en cuanto a la formación ética y moral y se preocupan por difundirlo dentro y fuera de las aulas porque constituye tema fundamental de los proyectos institucionales y de su misión formadora:

La formación ética y moral se promoverá en el establecimiento educativo a través del currículo, de los contenidos académicos pertinentes, del ambiente, del comportamiento honesto de directivos, educadores, y personal administrativo, de la aplicación recta y justa de las normas de la institución, y demás mecanismos que contemple el Proyecto Educativo Institucional.

Al respecto, la Ley General de Educación, en su artículo 7º, exhorta a la familia como el primer núcleo fundamental que, según el Literal g, le corresponde “Educar a sus hijos y proporcionarles en el hogar el ambiente adecuado para su desarrollo integral”.

Los colegios cuentan con información científica actualizada sobre tipos de drogas de mayor consumo y que decomisan en acatamiento a los reglamentos y manuales de convivencia. Las más conocidas son: marihuana, hachís, cocaína, heroína, éxtasis, LSD, anfetaminas, barbitúricos y tranquilizantes. Elaboran estadísticas con porcentajes significativos sobre trastornos de la personalidad, trastornos neuróticos, psicóticos, depresiones, bajo rendimiento, deserción y causas asociadas, etc. Se tiene claridad sobre los conceptos de adicción, abstinencia y sobredosis. Estos son temas centrales para desarrollar talleres, campañas, charlas y una variada gama de programas preventivos incorporados al Proyecto Educativo Institucional -PEI, pero con la orientación de profesionales especializados. También son temas estudiados en algunas asignaturas del currículo escolar.

El problema de las drogas en los estudiantes, hoy en día, está siempre presente. Durante el año de práctica viví un caso en un grado superior en donde el estudiante comenzó a presentar una inestabilidad emocional. La directora del grupo, al observar esto, puso en alerta a la psicoorientadora quien empezó a indagar, pero solo encontró problemas familiares que estaban afectando al joven. Se citaron a los padres pero sólo la madre asistió ratificando el problema en el cual el niño estaba involucrado, pero no existían indicios de droga en su vida. Luego de esto, se notó un pequeño cambio en el niño que no duró mucho ya que los ataques de ansiedad se hacían más presentes en clase. Se involucraba en peleas con sus compañeros, era grosero con los docentes, además comenzó a faltar. La directora de grupo se dio cuenta de que el niño no asistía al colegio porque se quedaba con unos amigos en la calle consumiendo droga, robando; y resultó como miembro de una pandilla de un barrio de la ciudad.

Las directivas y los docentes se pusieron en la tarea de ayudar al niño y a la familia. Estuvieron en charlas con psicólogos, lo inscribieron en un programa llamado “Crianza con amor” pero sin ninguna mejora. A finales del mes de mayo, en medio de un episodio, hirió a su hermano con una navaja. Los padres decidieron enviarlo a la clínica en donde se encuentra recibiendo un tratamiento de desintoxicación.

Padres, profesores, directivos y comunidad en general saben que normalmente, un niño, joven o adolescente se inicia en las drogas por presión de su grupo de amigos o, por lo menos, con el más cercano. Se han encontrado casos de fármaco dependencia en hogares estables. Los colegios advierten que es importante que sus familias conozcan de manera detallada quiénes son, cuáles son sus familias, dónde viven, qué hábitos tienen. Siempre se insiste que brinden confianza a sus hijos y les informen acerca de los peligros inminentes. Algunos padres buscan estrategias para conocer a los amigos de sus hijos y reunirse con ellos, a pesar de que no estén de acuerdo ni los elijan o recomienden para ser sus amistades. Hay estudiantes de padres separados o que conviven con vecinos y familiares consumidores o comercializadores de droga. “Yo tengo un tío que la vende a la salida de los colegios”. Dijo un estudiante a su profesor practicante.

¿Qué hacen los practicantes frente a esta situación? Dan recomendaciones, adaptan metodologías incorporando los valores, asumen una actitud diferente en clase, encuentran un pretexto para establecer diálogo interdisciplinario con otros profesionales especializados como psicólogos, trabajadores sociales, abogados, pedagogos, investigadores y también con los padres de familia, líderes comunitarios y policía municipal.

Para aportar algo desde sus clases, buscan materiales educativos en otras instituciones como el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, hospitales, parroquias y campañas publicitarias. Los practicantes han participado en la elaboración de cartillas informativas, carteleras, actividades didácticas, diseño de guías de clase, periódicos murales, videos, material real y de internet sobre la drogadicción, sus consecuencias y formas de prevenirla. Estas temáticas sirven para generar proyectos educativos y comunitarios como la prevención en tiempo libre, clubes de revistas, juegos deportivos y participación en obras artísticas como teatro, danza, grupos musicales.

Todas estas actividades y materiales didácticos son pertinentes dentro de la dinámica escolar y se realizan con dos propósitos fundamentales: los preventivos y actitudinales, orientados a los estudiantes que aún no han experimentado con las drogas; y los terapéuticos, para quienes ya están inmersos en el problema.

 

DISCUSIÓN

Contenidos y valores significativos, útiles y pertinentes. Iniciado el siglo XXI, una de las características de la escuela es su reconocimiento como institución formadora y gestora de conocimientos. Mejía11 sustenta que frente a los cambios de época, las instituciones educativas deben replantear los contenidos y procesos curriculares para orientar a los educandos: “Todas nuestras herramientas de pensamiento, el lenguaje, los textos, las lógicas que implican una destreza adquirida desde la cual se construyen los modelos mentales y comunicativos nos permiten generar los elementos con los cuales pensamos y expresamos con efectividad y mayor nivel los procesos del pensamiento.”

La UNESCO12 exhorta a que cada persona ha de comprenderse a sí misma y a las demás. Los procesos formativos, tanto en educación básica como superior, deben alcanzar un mayor grado de pertinencia y su desarrollo favorecerá los avances científico, tecnológico y humanístico en los diferentes grupos poblacionales. Nos encontramos en un mundo caracterizado por la globalización, la apertura económica, la comunicación intercultural y el avance acelerado de progreso científico y tecnológico, donde los estudiantes adquieren y construyen nuevos lenguajes y comportamientos.

Más allá de un paquete de materiales y de un listado de asignaturas para aprender y evaluar existen propuestas curriculares innovadoras construidas dentro de un proceso pedagógico intencional y consciente que afecta y, a la vez, se deja afectar por los elementos de la cultura, tales como conocimientos, sistema de valores, costumbres, creencias, hábitos, tradiciones, procesos, acciones, ideales y prácticas.

Magendzo13 advierte que a medida que se ha avanzado en los procesos de modernización en América Latina, corresponde a la escuela procurar que los contenidos y valores que se enseñen sean significativos y útiles para el país, los individuos y sus regiones. “La separación cada vez mayor entre el tipo de conocimientos desarrollados en la educación y la vida cotidiana de los jóvenes, da cuenta de la existencia de dos mundos a veces irreconciliables. La falta de significados se refleja en la lejanía entre el tipo de asignaturas impartidas, su contenido y representación con escaso sentido real y la corriente de necesidades, intereses y anhelos en permanente cambio de los alumnos”.

Para el autor citado, seleccionar y organizar contenidos ha sido el quehacer central del curriculum con el propósito de transferir información y desarrollar las habilidades, destrezas, actitudes y valores del estudiante. En la actualidad, frente a un mundo globalizado, este proceso se ha complejizado considerablemente y ha generado crisis. El hombre del tercer milenio se enfrenta a una crisis de identidad, a una crisis de fe, a una crisis de valores y a una crisis epistemológica.

La crisis de identidad se refiere a un replanteamiento de la imagen de sí mismo, la pérdida del sentido de pertenencia, el desbordamiento de los límites y la carencia de un proyecto común que reconozca el espacio cultural donde se inscribe. La consecuencia es el hombre aislado, desencantado, alienado que finaliza en una crisis de crecimiento personal y social. La crisis de fe se refiere a un replanteamiento de su relación con lo trascendente, con lo espiritual. El educando tiene dificultades para aceptar el cambio, la transformación y los desafíos. La crisis de valores se expresa en el desencantamiento de lo tradicional que ha dejado la historia de las generaciones precedentes. Las generaciones actuales tienden a menospreciar la utilidad de los recursos disponibles en el contexto que los rodea y desean apropiarse de otros patrones y pautas de vida.

La crisis epistemológica se evidencia porque el conocimiento se convierte en un instrumento más de sometimiento y monopolización. La pérdida de la identidad, el trastoque de valores, la incapacidad de creer en el cambio y la desvalorización de la cultura crean incertidumbre. Este tipo de crisis incrementa la preocupación de la comunidad educativa en particular y la sociedad en general, por cuanto en colegios públicos y privados, los problemas de salud física y mental, el suicidio, la desnutrición, el alcoholismo, la drogadicción, el aborto y otros tipos de vicios son alarmantes. A pesar de los esfuerzos de las autoridades judiciales y de los organismos de salud, los casos presentados dentro y fuera de los contextos escolares indican que las acciones de prevención, orientación y tratamiento parecen insuficientes. Esta problemática coexiste con otros factores asociados a la misión educadora de las instituciones y trae consecuencias alarmantes en los procesos formativos.

Por su parte, la UNESCO12 advierte que la escuela es incapaz de enfrentarse a la excelencia en la educación. “Es menester que las políticas de reforma estén encaminadas a la excelencia en materia de educación”, toda vez que se ha llegado a un momento histórico en el que “Los medios de enseñanza, tendrán que atender necesidades cada vez mayores y enfrentarse con los nuevos desafíos de un mundo que cambia rápidamente”. ¿Cómo, entonces, se garantiza la excelencia educativa si los maestros no pueden controlar los problemas que niños, jóvenes y adultos están presentando con mayor celeridad, como es el caso de la drogadicción?

La distancia entre los ideales educativos y la realidad escolar. La universidad prepara licenciados para trabajar en la educación básica y media, donde la población en su totalidad son niños, jóvenes y adolescentes. Su perfil profesional se diseña en correspondencia con el Artículo 104 de la Ley General de Educación o Ley 1151 que a la letra dice: “El educador es el orientador en los establecimientos educativos, de un proceso de formación, enseñanza y aprendizaje de los educandos, acorde con las expectativas sociales, culturales, éticas y morales de la familia y la sociedad”. Y en el Artículo 92, se lee: “La educación debe favorecer el pleno desarrollo de la personalidad del educando, dar acceso a la cultura, al logro del conocimiento científico y técnico y a la formación de valores éticos, estéticos, morales, ciudadanos y religiosos, que le faciliten la realización de una actividad útil para el desarrollo socioeconómico del país”.

Las instituciones formadoras, amparadas en estas bases legales y desde su misión frente a la sociedad, el estudiante, el conocimiento, la ciencia y la cultura, orientan las reformas curriculares para brindar a sus futuros egresados unas competencias pedagógicas e investigativas contextualizadas adaptables a una época que reclama educadores y educandos críticos y propositivos. Así mismo, en el marco de la Constitución Política, la Ley General en su Artículo 5 propone para el país trece fines de la educación, de los cuales se destacan los siguientes:

- El pleno desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que le imponen los derechos de los demás y el orden jurídico, dentro de un proceso de formación integral, física, psíquica, intelectual, moral, espiritual, social, afectiva, ética, cívica y demás valores humanos;

- La formación para la promoción y preservación de la salud y la higiene, la prevención integral de problemas socialmente relevantes, la educación física, la recreación, el deporte y la utilización adecuada del tiempo libre.

No obstante, estos ideales se quedan en el plano de las propuestas porque los egresados, aunque los comprendan y repitan insistentemente, no los visualizan en los campos reales de práctica. El futuro egresado de un programa de educación, al realizar la práctica profesional de último año, se sorprende al sentir que ya no es estudiante, que de la noche a la mañana se ha convertido en un profesional joven, casi de la misma edad de sus estudiantes. Descubre, por ejemplo, que los contenidos de sus clases, aunque los domine bien, son sólo una mínima parte de un proceso integral; se confunde al pretender enseñar lo que a sus estudiantes no interesa. Entonces, la relación pedagógica se reduce a una situación tensa, compleja y contradictoria frente a una realidad difícil y hostil para la cual no encuentra explicaciones inmediatas.

Los nuevos educadores manifiestan que carecen de herramientas para dar solución a esta problemática y que, además de una serie de contenidos y metodologías, necesitan fundamentación investigativa y competencias para abordar esas problemáticas. Unos y otros coinciden en afirmar que poseen un excelente y actualizado dominio de la disciplina enseñable pero existen barreras de otra índole que ni aún los grupos interdisciplinarios conformados por psicólogos, sociólogos, médicos, pedagogos o programas de Bienestar, con o sin apoyo de las Secretarías de Educación, han podido erradicar. “Uno se las arregla en clase con un indisciplinado pero no con un estudiante iniciado en la droga”, expresó un practicante.

La principal conclusión que emerge es la distancia entre los ideales educativos y la realidad escolar. La formación disciplinar y pedagógica incorporada en los planes curriculares no es suficiente para atender la problemática educativa, social y cultural que el país reclama. Los educadores, próximos a graduarse, una vez enfrentados a la realidad, hacen balances de la utilidad y pertinencia que recobran los contenidos, estrategias y métodos de la formación pedagógica recibida durante sus cinco años de estudio en la universidad y reclaman un componente investigativo más fuerte para comprender e intervenir.

Colegios y escuelas saben que sus estudiantes se inician en la droga por problemas psicoafectivos, sociales, valorales y económicos derivados de la crisis familiar y que, a pesar de los esfuerzos, las estrategias pedagógicas son insuficientes. Saben muy bien que las drogas psicoactivas son sustancias naturales o sintéticas que provocan alternaciones neurológicas y modifican los estados de conciencia. Estas sustancias causan daños irreversibles a la salud física y mental alterando el sistema nervioso central y el funcionamiento de otros órganos que intervienen en los procesos de aprendizaje.

Los profesores principiantes, junto con los más experimentados, no saben cómo manejar estados de euforia y comportamientos de estudiantes, momentos de relajación, nerviosismo, somnolencia, temblores, vértigos, irritabilidad, depresión y deterioro psicológico. Estas alteraciones necesitan la intervención profesional de médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y psicólogos, ante los cuales un practicante no es competente para intervenir cuando está en clase, pero sí logra retomar la problemática como un factor determinante en el mejoramiento de los procesos pedagógicos y aportar información real para trabajar en equipos interdisciplinarios, donde el profesor juega un papel protagónico fundamental como formador de niños, jóvenes y adolescentes.

NOTAS

a Prostitución prepagada hace referencia a una problemática que actualmente están enfrentando las jóvenes y aún niñas de colegios y escuelas, quienes reciben el pago anticipadamente, por parte de intermediarios que ofrecen tarifas especiales y cuentan con un sistema de contratación para ejercer la prostitución muy bien remunerada.

b La palabra filaban, en este contexto significa hacer la fila en el patio, antes de entrar al salón para recibir instrucciones de las directivas de la institución.

c La palabra campeche, con sentido despectivo, la usan los estudiantes para referirse a compañeros que llegan del campo a la ciudad y que tienen costumbres diferentes a las de los estudiantes citadinos

d La expresión no me joda, con sentido despectivo y agresivo, la usan los estudiantes cuando están enojados y no quieren que los demás compañeros o adultos se dirijan a ellos porque sienten que están sobrepasando los límites de las relaciones interpersonales.

e El Boxer es el nombre comercial de un pegante sintético hecho a base de caucho que utiliza como solvente el tolueno, un hidrocarburo aromático ampliamente utilizado en el sector industrial, y que inhalado produce efectos estimulantes y anorexiantes.

f Cartuchera es una bolsa pequeña que forma parte de los útiles escolares utilizado por los estudiantes para guardar lápices y otros objetos de uso personal cotidiano. Casi siempre la llevan dentro del morral y allí guardan la droga.

g Los estudiantes que no dan de qué hablar, son aquellos que se comportan bien, son respetuosos, no causan problema y acatan los reglamentos y pautas de comportamiento de la institución.

h Ser buena gente significa ser amable, respetuoso, hacer favores y ganarse el aprecio de los demás.

 

REFERENCIAS

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Fecha de Recibido: 9 de junio de 2010. Fecha de Aprobado:14 de febrero de 2011.

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