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Universitas Philosophica

Print version ISSN 0120-5323

Univ. philos. vol.31 no.62 Bogotá Jan./June 2014

 

Presentación

La reflexión sobre la composición y la escritura del pensar filosófico no suele ser una temática que aparezca a menudo en las numerosas publicaciones que se ocupan de editarlo, diseminarlo y debatirlo. El discurso filosófico crea y asume formas de expresión que obedecen a sus propias exigencias. El orden, la textualidad, la intertextualidad, los regímenes del discurso; los géneros, las figuras, el estilo, en fin, la configuración discursiva, son problemas filosóficos en sí mismos; nunca -como toda expresión humana-un uso de herramientas neutras dispuestas allá, afuera. De comienzo a fin, la reflexión filosófica se encuentra atravesada por la deliberación práctica sobre su propia escritura; condición riesgosa que, sorteada hábilmente, potencia de manera exponencial su dinamismo.

Los dos primeros artículos de esta entrega acometen una arista relevante de la problemática en mención. Para comenzar, la colaboración de Juan A. González de Requena Farré, se ocupa de las funciones retóricas de la citación filosófica. González no sólo hace explícita la polifonía, la intertextualidad y el metadiscurso filosófico presentes en el término Op. Cit, sino que denuncia sin ambages la amenaza que padece hoy la filosofía con la bibliometría y su retórica instrumental, lineal, estandarizada, solo en función de un alto impacto cuantitativo de consultas; todo ello en detrimento de la inclusión de múltiples voces, el estilo singular, el cruce creativo de distintos discursos, entre otros. Por su parte, Ángela Calvo de Saavedra destaca la pasión literaria de David Hume, presente en el empleo de metáforas espaciales tales como: el viaje escéptico, la conquista de la capital y la geografía mental, como configuraciones intrínsecas a la empresa de una ciencia empírica de la naturaleza humana, concebida como una filosofía correcta. Calvo insiste en considerar al pensador inglés como un pionero del 'giro espacial' de la filosofía, en consonancia con el estudio que sobre el empirismo y la subjetividad hiciera el pensador francés Gilles Deleuze.

La problemática de la vida, ineludible en un genuino filosofar, aparece en esta edición con dos colaboraciones. La primera, de Juan Pablo Ramírez, escrita en francés, doctorando en Canadá, reflexiona sobre la sección dedicada a la Certeza sensible, de la parte A, de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, para hacer ver cómo brota desde allí una metafísica de la vida -a partir de las figuras coordinadas de la condición de abertura y un estado de dirección hacia, que caracteriza al espíritu individual en estos primeros pasos del recorrido-; y, cómo, mediante una elaboración del deseo, inherente al estado de dirección hacia, estas dos figuras posibilitan la vida del Espíritu, atravesando así toda esta exigente obra del filósofo de Stuttgart. Por su parte, Carlos A. Bedoya incursiona en la hermenéutica temprana de Heidegger, la de la facticidad, para comprender el sentido radical que la vida posee desde siempre, pese al carácter brumoso y de ruina que inexorable y ambiguamente la envuelve. El autor subraya varios aspectos de este movimiento de la vida que salen a la luz en la interpretación de Heidegger: la inclinación, la distancia o la anulación de la misma, el bloqueo o situación de enmascaramiento; aspectos estos pertenecientes a la movilidad del cuidado que, con la relucencia y la preestrucción, conforman una unidad para dilucidar y proyectar hacia un nuevo horizonte los primeros aspectos que desmoronan y constituyen la vida misma como ruina. Por fortuna, ese mismo movimiento conduce, en una de sus posibilidades, a su propio rechazo y a una aprehensión auténtica de la vida misma: la contra-movilidad del filosofar.

En el centro de esta edición se presenta la lectura que, desde un punto de vista lonerganeano hace Francisco V. Galán V., del giro efectuado por Jürgen Habermas de una noción consensual de la verdad hacia una comprensión pragmática de la misma. En ese tránsito, el filósofo de Düsseldorf conserva cierta noción epistémica de verdad, se acoge a una versión pragmática de la misma, y rompe finalmente el vínculo entre verdad y aceptabilidad racional bajo condiciones cuasi ideales. La postura de Habermas resulta, en cierto modo, próxima a la del canadiense Lonergan, tanto por su distinción entre el mundo de la vida y el ámbito de la argumentación, como en la explicitación del proceso reflexivo de los juicios de hecho y la necesidad de una aprehensión de un virtualmente incondicionado, aspectos centrales de la concepción realista crítica de la verdad en Lonergan. Con todo, este último no compartiría la figura del rostro jánico de la verdad propuesto por Habermas.

Las tres últimas colaboraciones profundizan nuevas y ricas dimensiones de la antropología filosófica. Desde la Universidad de Salamanca, Claudia Supelano-Gross nos comparte su atinada reflexión sobre el original pensador Walter Benjamin, esta vez, sobre su significativa experiencia de flâneur en entornos urbanos privilegiados de Europa: Berlín, París, Nápoles,

Moscú, y a partir de los cuales emerge una genuina reflexión filosófica sobre ese palimpsesto llamado ciudad. Con Benjamin, insiste Supelano-Gross, la espacialidad destrona la hegemonía de la categoría del tiempo; y las vivencias cotidianas y lo infraordinario -como diría G. Perec-, son rescatadas en narrativas precursoras de lo post-moderno para hacer visibles dimensiones que la turbulenta polución mercantil actual aplana y oculta. La segunda colaboración retoma a la insigne filósofa Simone Weil, calificada por Carmen Revilla como la "extraordinaria pensadora de la experiencia". La autora del artículo, Dennys María Castro M., invita a escuchar con atención el incómodo e intermitente grito que sale desde la cueva del silencio: el grito del dolor humano. De la mano de Simone, la reflexión filosófica afronta con un mayor compromiso esos lugares limítrofes de la fuerza y el sufrimiento de los que los humanos queremos huir hoy con afán, sin detenernos a develar tras ellos el valor de una fe, un amor, una belleza, una aceptación beligerante, depurados de su inautenticidad. La tercera colaboración, que menciona los apellidos: Blumenberg, Jankélévitch, Marquard, Sloterdijk, ya familiares en el actual debate filosófico en torno al ser humano, atestigua su difícil trascurrir por gran parte del pasado siglo y la primera década del presente. Su pensamiento: la ironía, el humor, la apología a lo contingente, a las altisonancias de la vida, el escepticismo de la vida presente, sin los cuales no es posible hablar de seres humanos reales. Patricia Bernal los convoca a todos para dibujar los contornos de una antropología filosófica de la compensación a la cual acogerse, toda vez que las aspiraciones de universalidad y responsabilidad han dejado al ser humano prácticamente indefenso ante los aprietos de la vida cotidiana actual.

Además, esta entrega publica la entrevista que Tamara Djermanovic sostiene con Rafael Argullol, que revela parte de la riqueza de toda una vida dedicada a una muy destacada labor profesoral e investigativa, así como a los grandes temas del filosofar: las relaciones entre el conocimiento y la experiencia, la ontología parmenídea y la moderna, las tradiciones literaria y filosófica, la fe y la religión, la poesía, los viajes, la política, en fin, el enigma del tiempo. A continuación, viene el texto de la Lectio Inauguralis del primer semestre de 2014 en el que se establecen comparaciones y contrastes entre Nietzsche y la filosofía de René Girard. El profesor Daniel Ribero Fuquen tituló su intervención: Mímesis y Voluntad de Poder. La reseña bibliográfica, a cargo de Javier Kasahara Barrientos, nos presenta un libro de Dougherty sobre la naturaleza de la explicación científica.

Al empezar la cuarta década de Universitas Philosophica tenemos el sentimiento y el deber de expresar, una vez más, gratitud a nuestros asiduos lectores nacionales e internacionales; a todos los colaboradores que honran esta publicación seleccionádola para dar a conocer sus ideas; a todos los miembros de los Comités Editorial y Científico; a los competentes árbitros de las colaboraciones; al asistente editorial Carlos Arturo Arias Sanabria; a Juan Esteban Duque y su empresa Motiff, que desarrolla nuestro sitio web; así como a los estudiantes de nuestra Facultad que, con generosidad, dedicaron buena parte de sus vacaciones de 2014 a realizar las versiones en PDF de números de nuestra revista no visibles aún en nuestra página electrónica, con los que próximamente se completarán los 62 números publicados en estas tres décadas; los estudiantes de pregrado en Filosofía: Manuel Cerezo Lesmes, Nicolás Cuevas, Sebastián González Eslava, Juan David Malaver González, Carlos Hernán Mora Benavides, Camila Parra Norato y Marcos Rojas.

El Editor