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Revista Colombiana de Gastroenterologia

Print version ISSN 0120-9957

Rev Col Gastroenterol vol.25 no.1 Bogotá Jan./Mar. 2010

 

Testimonio de un justo homenaje al Dr. Arecio Peñaloza Rosas

Luciano Aponte, MD. (1)

(1) Ex presidente Asociación Colombiana de Gastroenterología

Fecha recibido: 09-02-10 Fecha aceptado: 23-02-10

Breve oración pronunciada por el ex presidente, doctor Luciano Aponte López, al entregarle distinción conmemorativa al profesor honorario de las facultades de medicina de la Universidad del Rosario y de la Fundación Ciencias de la Salud, Hospital de San José, doctor Arecio Peñaloza Rosas, impuesta por la Asociación Colombiana de Gastroenterología en ceremonia especial durante la Convención Nacional de Gastroenterología realizada en la ciudad de Cartagena de Indias el 18 de septiembre de 2009. (Ver fig 1)

Figura 1. Dr. Arecio Peñaloza Rosas y foto del Hospital San José

Señor presidente, doctor Marcelo Hurtado y miembros de la honorable Junta Directiva, señores presidentes y juntas directivas de las Asociaciones de Endoscopia Digestiva, Coloproctología y Hepatología, señores ex presidentes, profesores extranjeros invitados, miembros asistentes, señoras y señores.

Señor profesor honorario Álvaro Caro Mendoza, también homenajeado esta noche por nuestra Asociación.

Muy distinguido profesor Arecio Peñaloza, familia Peñaloza Ramírez:

Con personal emoción y acato cumplo la misión de nuestra comunidad médica para expresar el reconocimiento sincero de la Asociación y de la Gastroenterología colombianas, de entregarle el pergamino en mención, por su encomiable e inigualable labor a favor de la patria, desarrollada por usted, profesor Arecio Peñaloza. Digo con emoción y acato, porque el encuentro del alumno con su maestro, en momentos perdurables como el que nos ocupa, puede ser la máxima expresión de gratitud.

La labor docente del profesor Arecio Peñaloza es singular y, yo diría que excepcional en nuestro medio. No resulta fácil encontrar casos similares al suyo, ya que dedicó más de 60 años a una misma institución hospitalaria, Hospital San José, en la ciudad de Bogotá. En nuestro medio no abunda la disciplina, la constancia al trabajo y la tenacidad frente a las dificultades. Somos inclinados a seguir la senda fácil y nos dejamos vencer por el primer obstáculo.

Nuestro Libertador Simón Bolívar dijo que "la gloria y la grandeza consisten en ser útil". Y usted, profesor Arecio Peñaloza, lo ha sido en demasía. Su periplo vital está signado de dificultades, todas vencidas. Las salas y los pasillos del centenario Hospital de San José son testigos mudos y muy leales de su lucha. Sinceremos el corazón y prestemos atención porque, como diría el cirujano poeta Alfonso Bonilla Naar en ocasión similar, "esta es una noche para pescar recuerdos".

Usted vio cómo el servicio inicial de broncoesofagología se dividía para dar nacimiento a dos disciplinas, y de allí surgió el servicio de endoscopia. Por su mente ahora mismo deben estar pasando las bellas acuarelas pintadas por Manuel Venegas Gallo, quien a falta de fotografías plasmaba los hallazgos de las peritoneoscopias con aquel equipo tipo Ruddock. Recuerda que siguiendo al argentino Marcelo Roger, las colangiografías se practicaban con punción transhepática de la vesícula. Usted vivió las jornadas azarosas y difíciles de la endoscopia rígida. Las dilataciones con bujías de Hurts y las retrógradas, previas gastrostomías con bujías Tucker o las conducidas por hilo previamente ingerido con bujías metálicas Eder Puestow. Qué valor, qué arrojo, pero también qué destreza al usar por primera vez en Colombia la dilatación neumática esofágica con balón de Brown-Mc Hardy. Todas sus experiencias sobre cateterismo de la vía biliopancrática fueron presentadas en la convención de Montería y así publicadas. Su servicio de gastroenterología y endoscopia digestiva, desde 1961, año de su creación, bajo su acertada y fructífera dirección, vinculó a Colombia con la gastroenterología mundial.

Bajo la égida y dirección del fundador doctor Carlos Camacho, el país disfrutó de la visita del profesor Paul Hollinger, de la Universidad de Illinois, que trató sobre endoscopia en patología esofágica, durante el primer curso de gastroenterología; conferencias de "cirugía esofágica" de John H Garlock; "carcinoma gástrico" con Seymour J Gray; "estrés, hormonas y úlcera péptica" de Franz J Ingelfinger; "disquinesia biliar", "mala absorción", entre otras. Hans Popper con "cirrosis hepática".

Todos sabemos el dominio que adquirió el servicio en la práctica de la laparoscopia y el manejo de la biopsia hepática con las célebres agujas de Menghini y de Vin Silverman, cuando no se vislumbraba la llegada de la ecografía.

Pioneros como los franceses Debray, Housset, Leger Hivet, Laurent, Vicari, Jean Pierre, japoneses como Sugura, Shinya, Fuyita, Nakajima, Oguro y otros, alemanes con Harold Henning, italianos como Dagnini, españoles como Armengol Miró y Pou Fernández, argentinos, chilenos, mexicanos y bolivianos dieron a la docencia ciencia y luces.

Cuarenta y cuatro alumnos han recibido entrenamiento y hoy alivian el dolor de muchos colombianos a todo lo ancho y largo de la geografía nacional. Todas las acciones y experiencias fueron compartidas con la comunidad médica nacional en unión con nuestra asociación, a través de todas y cada una de sus convenciones.

El servicio de gastroenterología, bajo su sabia dirección, creció como dos almas gemelas con nuestra Asociación. Y si no bastara todo esto, al cumplir los 50 años, en las bodas de oro del servicio, nos presentó a Nib Soehendra. ¿Cómo no admirarlo? ¿Cómo no rendir culto a su magnifica labor?

Al lado suyo aprendimos lecciones de entereza, de carácter y devoción al esfuerzo creador. Su honestidad ha estado a toda prueba. Nunca conocimos el cansancio.

Pero todo esto no hubiera sido posible sin la compañía y ayuda de su noble y dignísima esposa, doña Blanca, sabedora ella de la lucha insomne, de los éxitos, de los fracasos momentáneos, por eso y mucho más, también a ella muchas gracias. Estamos seguros que su hijo, Arecio Peñaloza Ramírez, engrandecerá más su obra.

Mirándole en la hora de este leal homenaje, me parece sentir junto a usted que "hay luz en la poterna y guardián en la heredad" por si pudiere presentarse, de nuestra parte, algún desvarío; todavía puede usted iluminar el camino con la convicción íntima de que tendrá compañía.

Mil gracias

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