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Revista Colombiana de Gastroenterologia

Print version ISSN 0120-9957

Rev Col Gastroenterol vol.27 no.1 Bogotá Jan./Mar. 2012

 

Homenaje Jaime Campos Garrido

Homage Jaime Campos Garrido

Fecha recibido: 01-11-11 Fecha aceptado: 22-11-11


Sra. Presidenta, Miembros de la Junta Directiva, Colegas:

Muchas gracias por esta oportunidad. Muchas gracias por permitirme pronunciar unas breves palabras de evocación de mi colega y amigo Jaime Campos Garrido.

Lo primero que quiero decir es que seguramente yo no fui una persona importante en su vida pero él si lo fue en la mía y es desde esa óptica, posiblemente egoísta, que quiero decir lo que voy a decir. No se trata por supuesto de una reseña biográfica de Jaime Campos por que no me correspondería a mí hacerla sino de un breve relato de lo que recorrí a su lado.

Nacido en Popayán, "en una preclara familia" como diría Efraim Otero en su sepelio, hecho médico en la Universidad Nacional, Universidad de sus amores eternos, formado como Internista y posteriormente como Gastroenterólogo Clínico en Francia, donde era más francés que los franceses, regresa a su Alma máter donde desarrolla una fructífera carrera académica y como investigador, oxigenando la gastroenterología colombiana con las nuevas técnicas endoscópicas de la vía biliar, pero sin dejar de lado la clínica.

Son evidentes sus aportes a la endoscopia digestiva en el manejo de la vía biliar, que circulan en revistas nacionales e internacionales, sus numerosas publicaciones en el área de nutrición con el grupo de la Universidad Nacional, su interés desde hace dos décadas en el área de la ética y la bioética, su gestión como decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y la implementación de la Telemedicina como un elemento tecnológico para poner al servicio de los menos favorecidos el conocimiento de punta en diversas áreas de la medicina.

Siempre mantuvo una postura política de izquierda moderada, apostándole sin mucha esperanza de victoria a todas las campañas de ese sector social sin ser un radical y predicando siempre la posibilidad de encontrar en la sociedad múltiples posturas ideológicas. Era en eso un típico socialista francés.

Desde su regreso al país asume el papel de promotor de docenas de médicos colombianos, que con su recomendación, logran ser aceptados en los hospitales franceses a hacer Gastroenterología o Endoscopia digestiva. Esa permanente gestión, no siempre reconocida por quienes fuimos recomendados suyos, describe una primera característica suya: generosidad en la amistad sin exigir nada a cambio y permitiendo que esos colegas desarrollaran autónomamente su vida profesional posterior.

No era solo un Endoscopista, era un excelente clínico con una mirada genuinamente socialista de su actividad profesional y de lo que creía que debía ser la Medicina colombiana. Siempre diletante, siempre colocado en el disenso, muy frecuentemente percibido como incómodo en las discusiones académicas o gremiales, pero siempre solidario con sus colegas.

Lo conocí personalmente en 1981 cuando aceptó, a regañadientes, ser profesor de medio tiempo en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, en el servicio de Gastroenterología que yo dirigía. Recuerdo su primera revista con pacientes y el desconcierto de los residentes de Medicina Interna con la primera y única pregunta que les hizo: "¿Cuál es la historia nutricional de este paciente? ¿Qué come? ¿Cuánto gana?". Esa mirada social, indispensable en nuestra profesión no era una impostura, fue su discurso permanente:

Nuestra responsabilidad es con el enfermo, es con la ciencia y el arte de la medicina, y a través de ésta, con la sociedad.
En cada uno de nosotros está el disentir necesario para que el paciente siempre reciba lo mejor. Este clamor debe ser universal para evitar la manipulación que pone al paciente como escudo de nuestros intereses.
Nuestras demandas son justas y nuestro ejercicio no es negociable.
El clamor sólo se podrá legitimar con una correcta actuación hacia el paciente, comprometida en todos los niveles y así, recuperar para nosotros y para quienes nos sucedan la dignidad de nuestra misión.

Un par de meses después llega al servicio con una rosa roja para celebrar el triunfo de la izquierda francesa con Mitterrand a la cabeza. Su socialismo era genuino.

Finalizando ese año me presenta en una servilleta de papel, que aún conservo, una nota del Profesor Claude Ligoury donde este señalaba que me recibiría en su servicio a hacer endoscopia operatoria sin ningún trámite adicional. Él mismo la llevó a mi decano y logró que la universidad me enviara en comisión de estudios y posteriormente me acompañó a la Embajada Francesa donde logró que se me concediera una visa generosa.

Luego de mi regreso al país inicio una larga tarea en la Asociación Colombiana de Medicina Interna, en la revista Acta Médica Colombiana y en las ediciones del Texto de Medicina Interna trabajando siempre a su lado. Fuimos los dos, Secretario General él y yo Secretario Asistente del Congreso Mundial de Medicina Interna.

Cuántas noches de trabajo extenuante, no remunerado, premiado solamente con la impresión de textos o con la publicación de cada número de la revista, en ese entonces dirigida por Fernand Chalem.

Tuve la fortuna de ser el Secretario Ejecutivo de la ACMI en su presidencia y de entregarle el cargo de Presidente de la ACG a él, logrando que me excusara de asistir a las juntas para que pudiera imprimirle su carácter sin la presencia a veces incómoda del ex presidente, así me llamara siempre a encargarme tareas que cumplía en la sombra.

En las dos oportunidades en que se me encargó la tarea de organizar el Congreso Colombiano de Medicina Interna estuvo presto a ayudarme sugiriendo nombres, haciendo contactos, sirviendo de anfitrión generosamente.

Unos años después, la rueda de la vida nos colocó, en el papel de parientes políticos con el matrimonio de mi hijo con una pariente de Jaime, cerrando un círculo.

Cuando supe que estaba enfermo y de qué estaba enfermo lo asumí como un acto más de su coherencia intelectual: De qué podía ser si no de la vía biliar.

Queridos colegas: Cuánta falta nos hacen personas como Jaime Campos Garrido. Recordemos su mirada crítica y comprometida con los menos privilegiados, para hacerla nuestra.

Permítanme evocar un par de fragmentos de algunos escritos suyos que tienen plena vigencia para nosotros como médicos y como especialistas:

Dentro de este marco mercantil el médico experimenta grandes dificultades en su práctica cotidiana para aplicar correctamente su juicio clínico, la ciencia y la tecnología modernas, complicada en ocasiones con falta de actualización y en otras con la deficiente comprensión de la naturaleza humana.
Por otra parte, el médico se encuentra confrontado a un sin número de escogencias diagnósticas y terapéuticas con decisiones que pueden desembocar en actos generalmente pragmáticos y en ocasiones peligrosos. Si agregamos la existencia de procedimientos propicios a favorecer un prestigio individual, institucional o publicitario, que a veces no ofrecen al enfermo ningún beneficio real, la imagen del médico frente a la comunidad continuará degradándose inexorablemente.

O como afirmara posteriormente:

Esta rentabilidad convierte la salud en una mercancía y el acto médico se convierte en desfavorable por la alteración de la relación médico-paciente ya que desaparece la libertad que debe conservar el paciente para escoger su médico y la institución de salud de su preferencia. Valores absolutos tales como la existencia, la dignidad y la misma salud se convierten en productos del mercado.

Hagamos nuestras las palabras de José Félix Patiño en la revista de la Academia Colombiana de Medicina para describirlo:

Jaime es uno de los más brillantes profesionales egresados de la Universidad Nacional, con estudios de especialización en París en el campo de la gastroenterología. Tiene un hondo sentido de la responsabilidad social y una ejemplar vocación académica. Es un verdadero pionero. Bien recuerdo, hace ya decenios, su protagonismo en el inicio de la endoscopia digestiva y del intervencionismo endoscópico sobre la vía biliar en el país.

Fue Jaime Campos quien primero logró extraer un cálculo impactado en la ampolla de Váter; lo sé, porque lo hizo en uno de mis pacientes del Hospital de La Samaritana que había sido trasladado a la Clínica de Marly.

Creo que el mejor homenaje que podemos hacer a su memoria es el apropiarnos de sus ideas y vivir la medicina y nuestra especialidad con esa clara visión social que lo definió.

No puedo decir la frase de cajón: "Paz en su tumba" porque él no creía en eso. Simplemente: "Ya nos veremos".

Jaime Alvarado Bestene
Presentado en el Congreso Colombiano de Enfermedades
Digestivas de ACADI, Medellín 7 al 8 de diciembre de 2011

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