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Iatreia

Print version ISSN 0121-0793

Iatreia vol.18 no.1 Medellín Jan./Mar. 2005

 

HISTORIA DE LA MEDICINA

Andrés Posada Arango: el conocimiento de la naturaleza, el 'progreso', la 'civilización' y las 'razas superiores'.

 

Juan Camilo Escobar Villegas1

1 Historiador, Universidad Eafit, Medellín, Colombia. Email: jcescoba@eafit.edu.co

 


 

1. Andrés Posada Arango (1839–1923): entre la medicina y las ciencias naturales.1

'El carácter de los individuos depende, sobre todo, de la organización cerebral que heredan de los padres, y de la profunda modificación que les imprime la buena o mala educación que ellos les den, sin que tenga que ver en eso que el Sol, observado desde la Tierra, aparente hallarse en tal o cual constelación, ni el que tal o cual planeta, apenas perceptible por su distancia, se encuentre en ese instante en el horizonte, o haya de salir unas horas después. Nuestra existencia no está sujeta a tan ciegas influencias'2

Así razonaba el doctor Andrés Posada Arango en un artículo sobre el calendario, publicado en un periódico conservador de Bogotá que llevó a cabo un plan de Instrucción Popular sobre Astronomía e impulsó la circulación de una serie de trabajos del científico de Medellín.3 Dicha difusión del conocimiento, con la que fortaleció las relaciones entre las élites de Medellín y Bogotá, la realizó antes de su viaje a Francia en 1868. En efecto, los intelectuales de provincia que querían legitimar su saber con un diploma de estudios superiores debían, como el médico Posada Arango en 1859, 'sufrir' los exámenes correspondientes en la capital de la República.

Continuemos identificando algunas de las ideas que Posada Arango transmitió a sus contemporáneos en tanto fue un protagonista del desarrollo de las instituciones del saber científico en Colombia. Veamos el estudio que publicó sobre la población de Medellín, cuarenta años después de que escribió sus trabajos sobre astronomía. Para el momento, comienzos del siglo XX, el doctor Posada era un 'sabio' consagrado en la ciudad y miembro de la recién fundada Academia Antioqueña de Historia. En su texto aseguró lo siguiente:

'el número de habitantes con que hoy cuenta la ciudad, por tanteo, lo estimamos en 40.000. La raza que la compone es bien heterogénea: hay mucho blanco de pura cepa castellana; pocos negros y bastantes mestizos (hijos de blanco e india), mulatos (de blanco y negra), zambos (de negro e india), comprendiendo en estas mezclas los cuarterones (hijo de blanco y mestiza, mulata o zamba). Sus mujeres son muy fecundas, por lo que contar de 12 a 18 hijos en cada matrimonio, es caso muy común'.4

El doctor Andresito, como lo llamaban familiarmente en la ciudad, tenía 70 años. Ya había afinado su formación intelectual y estaba presentando la principal obra de su vida: Estudios científicos. Parece que hay una diferencia de conceptos entre las dos citas anteriores. Ello nos permite plantear algunas preguntas: ¿Lo que en 1865 llamó 'organización cerebral', era en 1905 lo mismo que 'la raza'? Si no es así, ¿cómo surgió en él esta última noción y qué lo llevó a convertirla en una explicación que incluía factores climáticos y otros elementos ausentes de su definición de 1865 cuando colaboraba con la educación popular sobre astronomía? Y más precisamente ¿Cómo se debatió la noción de 'raza antioqueña' en el círculo de los científicos de la región?

Para dar una respuesta a las anteriores preguntas estudiemos tres puntos: primero, la vida intelectual del naturalista de Antioquia; segundo, la historia de las acciones del grupo de amigos con el cual construyó –más allá de los límites locales– un espacio de saber; y tercero, revisemos los medios que tuvo en sus manos para obedecer sólo a los dictados del 'amor acendrado a las Ciencias Naturales' y difundirlo entre sus compatriotas.

Empecemos con una referencia más. Ella permite conocer la historia de la formación intelectual de Andrés Posada Arango y el proceso que fue conduciendo su pensamiento y el de una buena parte de los hombres de ciencia en Colombia, hacia la utilización de categorías que se sostuvieron con el apoyo de instituciones internacionales y con el acuerdo de intelectuales de otros países. Fue escrita en París en 1869. Posada Arango aseveró que esos mismos habitantes de Medellín se definían como individuos:

'... generalmente notables por su moralidad, la sencillez de sus costumbres y aun la bondad de su carácter, que es como un reflejo de la suavidad del clima, de la armonía de los elementos naturales. Descendientes de los castellanos que descubrieron y colonizaron el país, les heredaron sus creencias, la fe católica, que han conservado intacta y que cultivan aún con fervor'. 5

En las tres citas anteriores las nociones principales son las de 'herencia', 'raza' y 'clima', al lado del reconocimiento que hace de factores psicológicos y culturales como 'moralidad', 'costumbres', 'carácter' y 'educación', sin olvidar que para él es importante también la división de la población en 'blancos', 'mestizos', 'mulatos' y 'cuarterones'. En ese orden de ideas, se debe recordar que en Colombia, durante el siglo XIX, la medicina y las ciencias naturales fueron el punto de partida de la gran mayoría de los hombres de ciencia. De allí incursionaron luego en la historia y la geografía, para terminar finalmente publicando una variedad de estudios en los que los conceptos del médico, del naturalista, del historiador, del antropólogo y del geógrafo se mezclaron para producir una fuerte ideología de identidad. En efecto, la puerta de entrada de Andrés Posada Arango a los estudios científicos fue aquella que abrieron los naturalistas de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Sus primeros veinte años los pasó en Medellín asistiendo a instituciones escolares de la ciudad, donde entró en contacto con los jesuítas en el Colegio de San José, y llevando a cabo 'la lectura repetida del Semanario del ilustre Caldas', su 'libro favorito', del cual dijo que enardeció en él la 'pasión del estudio'. Según recordó en 1909, en su juventud a mediados del siglo XIX, no tenía otra forma de avanzar en su interés por la ciencia puesto que el país se encontraba 'sin maestros –no los había en aquella época–, sin museos, sin herbarios, sin jardines científicos, sin bibliotecas'. 6

No obstante, su viaje a Bogotá en 1859 para graduarse como médico, le permitió abrir el horizonte. De allí pudo iniciar una serie de recorridos por el mundo que lo llevarían a instalarse en Europa y a vincularse con formas de pensamiento que posteriormente intervinieron en la representación que las élites intelectuales de Colombia construyeron del país y de la región.

Ahora bien, la medicina que practicaba Andrés Posada Arango, según su discurso de grado, estaba inspirada, por un lado, en una moral cristiana de servicio incorruptible, en una definición del médico como un 'sacerdote del cuerpo' que siendo 'el árbitro entre la vida y la muerte, entre la nada y el ser', trabajaba 'nutrido de los dogmas emanados del Gólgota' y animado por 'una adhesión indestructible a las máximas del Crucificado' para que al cielo pudiera 'devolver inmaculada la toga de la ciencia'. Por otro lado, su medicina se veía apoyada también en la convicción laica, según la cual el médico labora 'empuñando la antorcha flameante de esa química analítica fundada por Lavoisier sobre las ruinas de la vieja alquimia, en 1789, en ese año triplemente fecundo y glorioso para las ciencias, porque Galvani descubría en Bolonia la electricidad del contacto, y Antonio Lorenzo de Jussieu levantaba la clasificación natural del reino vegetal sobre el ingenioso pero artificial sistema del inmortal Carlos Linneo, el ilustre hijo de la Suecia'.7 Las palabras del joven médico de veinte años revelan el carácter singular que adquirió el pensamiento científico en la Colombia del siglo XIX. Un carácter que se vinculó al derrotero general del país, y que se puede expresar como la presencia siempre vigilante de lo religioso sobre lo laico. En ese sentido, se podría recordar la gran cantidad de clérigos y religiosos que se pusieron al frente del desarrollo de la ciencia en Colombia, por lo menos en el avance de las ciencias naturales. 8 Ello nos permite preguntar: ¿qué consecuencias trajo a la investigación y al pensamiento científico de Colombia la participación de los eclesiásticos? La respuesta espera todavía una investigación cuidadosa, pero declaraciones como la del poeta y político conservador Sergio Arboleda (1822–1888) dan una idea sobre la relación de tensión y complementariedad entre religión y ciencia en la Colombia del siglo XIX 'la fe religiosa es la base necesaria de las ciencias y el vínculo que a todas liga y unifica. (...) La religiosidad es la ley esencial del hombre. (...) El legislador que aspire de veras a fomentar el progreso científico, no puede desconocer esa ley, si no quiere ver sus obras antes que terminadas, destruidas'. 9

 

2. Andrés Posada Arango y la Sociedad de Antropología de París

El análisis de nuestro problema de fondo, el imaginario identitario de los antioqueños, visto a través de las élites intelectuales y en especial por medio de la vida y la obra del doctor Andresito, nos ha puesto en el estudio de las sociedades científicas y del papel que estas cumplieron en la realización del 'proyecto civilizador'. Pero, ¿cómo se vinculó Posada Arango a las sociedades científicas? ¿Cómo fue posible que perteneciera a sociedades selectas en las que existía un buen número de condiciones para ingresar en ellas? Buscando respuesta a esas preguntas constatamos que en 1869, un año después de su llegada a Europa, publicó su primer libro en Francia. ¿Qué puertas le abrió esta publicación en los círculos de los intelectuales europeos, en particular en París? El libro resultó de su periplo por Europa y Medio Oriente. Pero, ¿por qué el prólogo fue de un intelectual francés, el señor Ferdinand Gravelat, que se distinguía en el medio como 'Graduado de la Facultad de Letras y de Derecho de París'?

Sin duda, esa publicación fue una estratégica manera de afianzarse en el medio académico parisino, pues el libro además del relato de su viaje, mostraba también su biografía intelectual. En efecto, allí se mencionaron los artículos que había escrito sobre 'astronomía para el pueblo' y se indicó el trabajo con el que se había empezado a mover dentro de las publicaciones europeas y que le dio, en forma simultánea, una vinculación con Francia y Alemania: Memoria sobre el veneno de rana de los indios chocoanos, publicado en los Archivos de la Sociedad Medical Alemana de París. Por consiguiente, contactar editores, prologuistas, revistas y círculos de letrados fue, para los intelectuales de Latinoamérica, una manera de adentrarse en la Europa del siglo XIX.

Dadas las condiciones, el 7 de julio de 1870 Andrés Posada Arango fue nombrado correspondiente extranjero de la Sociedad de Antropología de París. En esa misma categoría estaban otros latinoamericanos: León y Alba, Belisario Calonge y Moreno Maíz de Perú; los brasileños Alvès d'Andrade y Antonio–Francisco Fernàndes y otro colombiano cónsul en Bruselas, el señor Juan N. Wallis (1848–1925), quien también era médico. En realidad, la sociedad congregó un número importante de hombres de ciencia de América Latina antes y después del naturalista de Medellín. El guatemalteco Mariano Padilla fue miembro asociado extranjero a partir de 1861. En la década de 1870 ingresaron varios argentinos como Juan Martín Lesquizamón, Melchior Torres, Moreno, Novaro y un señor Varela. También estuvieron los cubanos Louis–H. Delmas y Gabriel Pichardo, miembros numerarios de la Sociedad Española de Antropología y fundadores de la Sociedad Antropológica de Cuba. 10 Parece que en La Habana también hubo una alianza muy cercana entre médicos, historiadores, naturalistas, geógrafos y antropólogos para los cuales el problema de las razas era una preocupación esencial, tal como ocurría en muchos otros países de Latinoamérica y Europa. Al lado de los cubanos, se distinguía en la Sociedad de Antropología de París, el emperador del Brasil Don Pedro d'Alcántara, un aficionado en ciencia y conocimientos astronómicos. Ahora bien, la presencia de latinoamericanos en la Sociedad nos pone frente a una historia continental, ante una historia cultural que vincula los dos mundos en una búsqueda incesante de referentes. Pero ¿qué tipo de referentes eran aquellos? ¿Cómo se expresaron en el trabajo realizado por los miembros de las sociedades científicas?

En ese sentido es necesario recordar que la Sociedad de Antropología de París fue reconocida como un establecimiento de 'utilidad pública' por decreto de Napoleón III 'por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Emperador de los Franceses'. 11 La Sociedad venía funcionando desde 1859 como una entidad privada con estatutos y reglamentos. En el artículo 1 se estableció que el objetivo era 'l'étude scientifique des races humaines' y en el artículo 16 se prohibió 'toute discussion étrangère au but de son institution'. Se dijo además que todos los miembros y correspondientes serían nombrados 'par voie d'élection, sur la proposition de trois membres' (art. 3). 12 Este mecanismo de elección nos permite suponer que los extranjeros establecían relaciones diversas con los intelectuales europeos y terminaban compartiendo con ellos sus trabajos y sus ideas. Tal fue el caso de Andrés Posada Arango y su investigación sobre los aborígenes de Antioquia. Su nombramiento tuvo que ver sin duda con ese trabajo etnográfico, que además le permitió publicar en las Memorias de la Sociedad y la obtención de 'une mention' del Premio Godard. 13 Estas publicaciones fueron también editadas en Leipzig, Alemania, lo que extendía aún más el espacio en el cual se movían los referentes ideológicos del grupo de hombres interesado en el conocimiento de las 'razas humanas'.

Ahora bien, es importante anotar que la exploración etnográfica en Colombia no la había realizado Posada Arango en la soledad extraordinaria de sus simpatías por la materia. En Antioquia, por ejemplo, existía también un grupo de individuos interesados en estos asuntos. Coleccionaban piezas precolombinas y realizaban estudios sobre ellas. Según el doctor Andresito, pudo estudiar esos materiales 'grâce à l'extrême obligeance de plusieurs de mes compatriotes possédants diverses antiquités indiennes, et qui m'ont permis de les dessiner. En les remerciant tous très–vivement, je dois citer en particulier MM. Leocadio María Arango, Vicente–A. Restrepo, Luis–N. Botero, José María Restrepo (de Sonsón), et les docteurs Manuel Uribe–Ángel et Gregorio Gutiérrez González'. 14

 

3. De los negocios del oro a la estética de lo antiguo: el grupo de Posada Arango

El grupo de amigos y colaboradores de Posada Arango incluía a José María Restrepo Maya. Restrepito fue un reputado educador e historiador en la región de Antioquia y miembro de la Academia de Historia. Tuvo como preceptor en su formación escolar al padre José Joaquín Isaza y fue amigo y discípulo del ingeniero francés Alfredo Callon, quien había llegado a Antioquia gracias a su amistad con el poeta Gregorio Gutiérrez González, después de que este lo encontrara sin recursos en Honda, un puerto a orillas del río Magdalena, y lo llevara a Sonsón para que allí obtuviera un contrato como constructor de caminos. Callon se integró al sistema educativo de su nueva ciudad, dirigió un colegio, dio clases de matemáticas, trigonometría, geografía, historia, literatura francesa, idiomas –latín, francés e inglés–. El señor Callon se acopló muy bien y terminó por ser considerado 'el mejor ingeniero francés que ha venido a esta tierra'; 15 afirmación que no se contrapone al proyecto que quiso realizar en Sonsón en la década de 1850 cuando propuso el establecimiento de una 'Enseñanza Científica', de 'una buena educación racional' y la difusión de 'las ciencias positivas' para 'formar el juicio de los jóvenes, acostumbrándolos a un Método'. 16 En resumen, el francés promulgaba la creación de cátedras de ciencias literarias, matemáticas y naturales con sus debidos textos e instrumentos. Él mismo propuso escribirlos y su amigo José María Restrepo Maya respondió a la necesidad de instrumentos, con la fabricación de 'globos terráqueos y planisferios científicos' que le valieron luego el ingreso a la Sociedad Astronómica de Francia. 17

Otro miembro del grupo de amigos de Andrés Posada Arango fue Vicente Restrepo (1837–1889). Su padre Marcelino Restrepo, uno de los principales comerciantes de la élite de Medellín en la primera mitad del siglo XIX, lo envió a Europa cuando Vicente contaba sólo catorce años. Viajó a París para estudiar en el Colegio que los Hermanos Cristianos tenían en Passy, donde fue nombrado, en el último año, Presidente de la Academia literaria del colegio. Luego continuó estudios de química en la misma ciudad y realizó otros de metalurgia en Treiberg, Alemania. A su vez, estuvo dedicado durante toda su vida al estudio de la historia, la arqueología y la antropología. Su investigación sobre las minas de oro y plata en Colombia despertó gran interés comercial tanto en América como en Europa. De ese trabajo se hizo muy rápidamente una traducción al inglés, al italiano, al francés y tuvo varias ediciones en español. Así como Posada Arango se sirvió de las colecciones arqueológicas de Restrepo, éste último recurrió por su parte a los conocimientos botánicos del doctor Andresito para nombrar en latín algunas plantas y animales en una traducción que estaba haciendo de los Viajes de Lionel Wafer al istmo del Darién, según consta en la correspondencia del médico. 18

Ahora bien, el más importante coleccionador de los objetos que Andrés Posada Arango presentó en París, en 'un Atlas de sept planches déssinées d'après nature par M. Posada–Arango' con 131 dibujos, 19 fue el comerciante Leocadio María Arango (1831–1918). Con Leocadio María y demás aficionados a las antigüedades indígenas se efectuaba una transformación grande en la relación con el pasado precolombino, se pasaba del negocio a la estética, de la mercancía al objeto científico. La costumbre más general había sido la de fundir todo tipo de piezas de oro y volverlas lingotes. Con estos hombres de ciencia esa costumbre empezó a desaparecer y se inició, por un lado, una consideración artística frente a la pieza de orfebrería, en la que se apreciaban su belleza y su originalidad, y por otro, se la valoraba como documento histórico, pues se coleccionaba, se catalogaba y se estudiaba su procedencia. Los viajeros franceses Jorge Brisson y Pierre d'Espagnat compartieron estas maneras de apreciar los objetos de la colección Arango, inventariada luego en un catálogo de circulación internacional. 20

Finalmente, dentro del grupo de amigos de Posada Arango debe destacarse al médico Manuel Uribe Ángel (1822–1904), sobre quien volveremos más adelante. Por ahora continuemos examinando las relaciones científicas entre los dos mundos por medio del caso de Posada Arango.

 

4. Viajeros y científicos de ambos mundos. Un solo proyecto: 'ciencia y civilización'

La idea de que la ciencia por excelencia era la medicina, recorrió la época colonial y no desapareció en el siglo XIX, por lo menos en los círculos intelectuales de la antigua Nueva Granada, donde un médico, el clérigo José Celestino Mutis (1732–1808), pasó a la memoria de la tradición científica del país como el precursor de la ciencia. En efecto, la obra de Mutis en Colombia formó los hombres que durante la primera mitad del siglo XIX promovieron los conocimientos científicos y 'prácticos', según los cuales se podía influir 'inmediata y eficazmente en la felicidad y en las virtudes de los pueblos'. 21 Este objetivo pasó a un segundo plano con la fundación en 1859 de la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos, para la cual lo importante era solo 'la propagación i el adelanto de las ciencias naturales en general i particularmente en la Confederación Granadina'. 22 Entre los socios fundadores figuraban los médicos Domingo Esguerra (1840–1877), Ezequiel Uricoechea (1834–1880) y Liborio Zerda (1834–1919), principales animadores de la Sociedad al lado del naturalista Florentino Vezga, confirmando con ello que medicina y ciencia eran casi una misma cosa.

Uno de los científicos de Europa que aparecía en la lista de la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos fue el geólogo alemán Hermann Karsten (1817–1908), con quien Andrés Posada Arango tuvo amistad y correspondencia. Sus estudios fueron publicados en Europa desde el año 1858 en alemán y en francés. Karsten había viajado durante doce años (1848–1856) por el territorio del norte de América del Sur estudiando y explorando su constitución vegetal y mineral, pero no alcanzó a hacerlo en algunas regiones, entre ellas la de Antioquia. No obstante, su correspondencia con Posada Arango intentó salvar esta falta de observación directa, recibiendo del científico de Medellín información que consignó luego en su Géologie de l'ancienne Colombie. 23 No es de extrañar entonces que estos hombres de saber y ciencia del siglo XIX en Colombia y en otras partes de Latinoamérica se sintieran compartiendo y forjando el proyecto de 'civilización y progreso' que impulsaban los europeos. Karsten dedicó su obra 'aux habitants de Colombie en souvenir de reconnaissance' y a muchos de sus predecesores en este campo de estudios, dentro de los cuales aparecían ligados europeos y americanos: Humbolt, D'Orbigny, Boussingault, Joaquín Acosta (1800–1852), quien tradujo al español y publicó en París los trabajos de Boussingault, Agustín Codazzi y Felipe Pérez (1836–1891), entre otros. La correspondencia de Hermann Karsten con Andrés Posada Arango, revela una comunidad de intereses entre ambos científicos que no los sitúa como extranjeros el uno frente al otro.

En efecto, en la década de 1880 el geólogo alemán le solicitó a su colega de Medellín el envío de sus trabajos y de otros que conociera sobre la geología de la Nueva Granada con el fin de actualizarse. Karsten le anunció que muy pronto recibiría en Medellín, desde Cartagena, una serie de libros preciosos que le había enviado; lo que en otros términos muestra de nuevo el movimiento científico en ambas direcciones. Ello se confirma con la solicitud que le hizo el geólogo alemán al naturalista de Medellín, cuando le pidió hablar algo del contenido de su Geognosia 'en una de las gacetas más leídas de su país, para que el público reciba conocimiento de la existencia de este tratado'. 24 Esta historia no es exclusiva de Colombia pues en otros países de América Latina también se aliaron ideas y hombres de ciencia de ambos continentes con el fin de crear instituciones como la Sociedad de Historia Natural en México en 1868 o la Sociedad Entomológica Argentina en 1874. De esta última fue nombrado miembro corresponsal el doctor Posada Arango. 25 Era el natural resultado de una larga historia de viajeros trayendo y llevando objetos e ideas, estudiando y observando los paisajes y los hombres, clasificándolos y juzgándolos en muchas ocasiones bajo criterios que hoy nos parecen inaceptables; era, en otras palabras, una globalización del saber que se expresaba, en muchos casos, al lado de las más dramáticas circunstancias del colonialismo.

Planteadas así las cosas y teniendo en cuenta el caso concreto de las élites intelectuales de Antioquia, dentro de las cuales los hombres de ciencia ocuparon un lugar de privilegio, cabe preguntarse: ¿Qué papel jugaron las instituciones de carácter científico en la circulación de los insumos ideológicos con los que se concretaron los imaginarios identitarios? Para entenderlo estudiemos dos de las más importantes instituciones de la vida intelectual de Medellín a finales del siglo XIX y principios del XX: las academias de historia y de medicina.

 

5. Los espacios de discusión: academias de historia y medicina

Preguntémonos de nuevo: ¿Por qué fue tan frecuente que los médicos derivaran hacia los dominios de la historia y la antropología como sucedió con Andrés Posada Arango? ¿Qué hay entonces en común entre estas disciplinas? ¿Qué permitió que aquellos hombres pasaran de un campo a otro con tanta facilidad? Pensamos que la historia y la medicina, y las instituciones respectivas, cumplían simultáneamente dos papeles: por una parte estimulaban el conocimiento y proveían a las élites de un espacio para el trabajo en grupos de amigos y colegas, allanando de esa manera el esfuerzo solitario, y por otra parte, creaban entidades para el desarrollo de una misión representada en dos nociones: verdad y patria. El hecho de que la Academia Colombiana de Historia haya sido el resultado de una resolución política del gobierno puso de relieve la misión de verdad y patriotismo, observable en su escudo que proclama 'veritas ante omnia'.

Esa condición política de la investigación histórica y científica fue muy característica en las élites intelectuales del siglo XIX . 26 Por los años en que se creó la Academia Colombiana de Historia, así como otras academias regionales, Colombia era un país resquebrajado por la larga guerra civil de los Mil días. En ese contexto, la creación de las Academias fue el signo de una nueva estrategia para la unidad política nacional que promovían las élites. Por ello, esas instituciones empezaron rápidamente a organizar archivos particulares de gobernantes, a realizar historias regionales como la Historia de Antioquia (1903) de Álvaro Restrepo Eusse (1844–1910) y a preparar el advenimiento del segundo siglo de independencia en 1910.

De otra parte, pero en relación con las razones patrióticas anteriores, los mismos hombres constituyeron sociedades benefactoras. Sabemos, gracias a su correspondencia, que Andrés Posada Arango hizo parte de la Sociedad Protectora de aborígenes de Colombia. El presidente de la institución con sede en Bogotá envió una carta a Posada Arango en la cual lo aclama como 'miembro honorario y corresponsal de la Sociedad (...) en reconocimiento del indisputable mérito de los trabajos referentes a los aborígenes de Antioquia, trabajos aprobados por la Academia Científica de Francia'.27 Los biógrafos del doctor Andresito han resaltado la pertenencia a esta sociedad y a muchas otras sin extender el análisis a las relaciones entre ellas. Por nuestra parte, consideramos que esos nombramientos no son solo listados para la gloria de un hombre o para la alabanza de una 'raza'. Pensamos más bien que allí existe un sistema complejo de relaciones entre el saber histórico y el saber médico; esos nombramientos son el hilo conductor que vincula al médico que juró en 1859 ante sus profesores convertirse en un árbitro entre la vida y la muerte, con el científico que decidió popularizar el conocimiento publicando una astronomía para el pueblo; con el antropólogo que viajó a Europa para presentar sus investigaciones sobre los aborígenes y constituirse luego en uno de sus protectores; con el naturalista que hizo circular libros, plantas y hombres entre los continentes, y con el asesor que trabajó para las instituciones universitarias y académicas ayudando a fundar la Facultad de Medicina en la Universidad de Antioquia y las academias de Medicina de Medellín (1887) y de Historia de Antioquia (1904). Los pergaminos de Posada Arango son el hilo conductor que permite comprender al historiador y al escritor que publicó sus Estudios científicos para agasajar 'la memoria de los próceres que nos dieron la nacionalidad', son el indicio de que detrás de las medallas y homenajes de los 'varones ilustres', hay un sofisticado dispositivo de producción de imágenes mentales con el que se elaboran los imaginarios identitarios. Cuando Posada Arango escribió su trabajo sobre la ciudad de Medellín sintetizó lo anterior en los siguientes principios:

'Consideramos deber elemental de patriotismo, si no de humanidad, contribuir a disipar cuantos errores estén a nuestro alcance, teniendo presente que, particularmente en ciencias y en historia, se ha de mirar siempre como principal objetivo la verdad'.28

Ahora bien, habíamos anunciado la presencia del médico Manuel Uribe Ángel (1822–1904) en la vida social e intelectual de Medellín. Uno de sus contemporáneos lo llamó 'la gloria científica más grande de Antioquia'. 29 Uribe Ángel fue un punto de referencia de abogados, médicos, literatos y demás intelectuales. Se constituyó, al menos para el grupo de amigos y discípulos que creó a través del siglo, en un 'ejemplo de virtud', en un modelo de 'antioqueño' con el cual se podían combatir los 'estudios superficiales' y los 'malévolos juicios' de algunos de los 'enemigos de Antioquia'. 30 Cuando murió en 1904, el arzobispo Joaquín Pardo Vergara aseguró que Uribe Ángel 'ejercía su profesión como un sacerdocio', lo que nos permite recordar el discurso de Andrés Posada Arango al graduarse como médico en 1859 y observar una vez más el control que ejercieron las autoridades eclesiásticas de Medellín sobre las prácticas y las ideas de las élites laicas, fuesen estas conservadoras, como ocurrió con Andrés Posada Arango, o bien liberales, como fue el caso del doctor Manuel Uribe Ángel.

Por su parte, el abogado Marceliano Vélez (1832–1923) declaró, en memoria de Uribe Ángel, que 'el gran anciano' fue un 'civilizador de la comarca', un 'bienhechor de los pueblos' que supo aplicar la ciencia. Así, en periódicos y revistas, sus amigos y contemporáneos escribieron y publicaron poemas en su honor, epitafios de reconocimiento, crónicas y anécdotas, un género este último muy en boga entre ellos, con el fin de declarar que acababa de morir un hombre de 'ciencia', de 'letras', de 'administración', de 'enseñanza pública'; un 'civilizador'.

Uribe Ángel recibió el título de Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Central de Bogotá en 1844. Los años posteriores a su graduación los dedicó a viajar por Ecuador, Perú, México, Antillas, Estados Unidos y Francia, lo que de otra parte pone en entredicho uno de los elementos del imaginario antioqueño: el aislamiento de la región. Uribe Ángel no solo viajó por esos territorios sino que se instaló en ellos, estableció relaciones y obtuvo reconocimientos, como el título honorífico de Doctor en Medicina y Cirugía que le otorgó la Universidad Ecuatoriana. 31 En forma paralela participó en la creación de las instituciones médicas de Antioquia así como en la gestación de una mirada histórica y geográfica sobre su tierra y su pasado. En esa tarea debió establecer alianzas con otros intelectuales, desplegar conocimientos que le generaron la reputación de políglota porque según uno de sus discípulos 'recitaba trozos de Virgilio y Ovidio en latín; de Homero en griego; de Goethe en alemán, de Byron en inglés y de Bossuet en francés'.32 Debió continuar viajando e invirtiendo mucho de su dinero, hasta gastarlo casi todo, con el fin de escribir y publicar una versión triunfante y lujosa de la historia y la geografía de Antioquia, como lo hizo cuando fue a París en 1885. 33

De forma simultánea, Manuel Uribe Ángel supo estar presente en la fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, la Academia de Medicina de Medellín y la Antioqueña de Historia. En las tres instituciones estuvo acompañado de Andrés Posada Arango y ambos fueron importantes promotores de los Anales de la Academia de Medicina, una de las publicaciones más constantes de la región. La 'mise en place' de las instituciones mencionadas fue una manera de legitimar las ideas que sobre sí mismos construían los antioqueños a través de sus élites intelectuales. De esa manera, y de acuerdo con los prospectos de las anteriores corporaciones, las élites proporcionaron un sustrato 'científico', 'patriótico' y 'católico' a la idea de 'raza antioqueña'.

Cuando la Facultad de Medicina se fundó en 1871, los estudiosos que deseaban formalizar sus conocimientos y acreditar un respaldo científico institucional dejaron de someterse al control intelectual de Bogotá. Esto significó, a su vez, disponer de nuevos contactos con Europa puesto que la mayoría de los profesores de la Universidad fueron médicos con estudios en París y varios de sus primeros graduados partieron al Viejo Mundo con el fin de especializarse. En ese movimiento de hombres y de saberes se formó, por ejemplo, la Sociedad Politécnica de Colombia con el fin de 'animar el desarrollo de las ciencias, la literatura y las artes en los Estados Unidos de Colombia'. Los escasos datos sobre esta sociedad indican que existió en París por la época de la Comuna, justo cuando Andrés Posada Arango estaba publicando en las revistas europeas. A esa Sociedad Politécnica pertenecieron varios de los individuos que generaron luego, a finales del siglo, la expansión de los conocimientos científicos al mismo tiempo que creaban la ideología de 'trabajo y rectitud', lema de la Escuela de Minas de Medellín. Fundada en 1886, esta institución se convirtió en el espacio académico donde el 'proyecto civilizador' de las élites se adelantó bajo estricto control moral. 34

En cuanto a la Academia de Medicina de Medellín, fundada en 1887, debemos tener en cuenta que ella se gestó durante las reuniones de intelectuales en la casa de Manuel Uribe Ángel. 35 No obstante, la organización de los médicos de la ciudad no fue completamente espontánea; hubo una 'orden' del gobernador del departamento de Antioquia, el general y abogado Marceliano Vélez, en la que 'excita' al cuerpo médico de la ciudad para que se organice en sociedad permanente, 36 lo que denota por un lado el 'proyecto civilizador' de la ciudad, y por otro, el interés de las autoridades políticas en un manejo racional de los problemas de sanidad que las transformaciones urbanas estaban provocando. En Antioquia, los profesionales y los dirigentes compartían por lo tanto el mismo proyecto político de ciudad. Fue así como la Academia de Medicina se convirtió en una herramienta para afrontar dicha tarea. Rápidamente pasó a ocuparse de los problemas de higiene y salud pública bajo la asesoría de Andrés Posada Arango, Manuel Uribe Ángel y otros médicos de la ciudad. De esa forma, en palabras del doctor Andresito, quedó establecido en una de sus actas 'esta Corporación se formó para que a la vez que se ocupara en el adelanto de la ciencia, especialmente en sus aplicaciones al país, sirviera al Gobierno de Cuerpo Consultivo para las numerosas cuestiones de higiene pública y de salubridad general'. 37 Para esa tarea se creó un nuevo impreso científico Anales de la Academia de Medicina de Medellín, que entró en un circuito de canjes e intercambios que permitieron la llegada a la ciudad de por lo menos 'sesenta y cinco diferentes revistas nacionales y extranjeras'. 38 Toda esta literatura ayudó a preparar el terreno para que los primeros congresos médicos de Colombia discutieran con propiedad el tema de 'las razas', como lo veremos más adelante.

La Academia Antioqueña de Historia fundada en 1903, tuvo como primer presidente a Manuel Uribe Ángel. En el marco de las ideas decimonónicas, surgió con el nombre de Academia de Historia, Geografía y Arqueología de Antioquia. Ella fue un punto de convergencia de la acción de las élites intelectuales, como lo muestra la lista de sus fundadores, en la cual médicos, abogados, ingenieros, educadores e intelectuales sin título universitario pero con prestigio académico y literario, respondieron al agotamiento de las élites políticas del país que acababan de terminar una larga y cruenta guerra de tres años, y administraron desde la nueva institución el proyecto de 'civilización y progreso' que se había venido gestando durante el siglo XIX. En efecto, una de las primeras acciones del nuevo grupo de historiadores fue publicar un órgano de difusión de ideas: el Repertorio Histórico. Enclavado en la convicción de hacer 'patria', este impreso se dedicó a la búsqueda de 'héroes e ilustres ciudadanos' que hubiesen aportado algo a la formación de la 'nación' y de la 'raza'. Por eso, cuando en 1955 la Universidad de Antioquia le hizo un reconocimiento a la Academia en su quincuagésimo aniversario, su rector dijo en el discurso inaugural del evento 'La Academia Antioqueña de Historia, durante cincuenta años, ha defendido las más puras tradiciones de la raza, y exhibe a la faz de la República obra de gran valía, con su Repertorio Histórico y con espléndidos ensayos'.39

Por último, constatemos que antes de morir Manuel Uribe Ángel era presidente en forma simultánea de dos de las instituciones relacionadas: La Academia de Medicina y la de Historia, lo que en principio significa que él seguía estableciendo parámetros de pensamiento bajo los cuales médicos e historiadores ejercían su oficio. Pero además, este hecho nos permite plantear unas preguntas: ¿No había en la región nadie que fuera más apto para tales cargos? ¿Tenía Manuel Uribe Ángel una maquinaria intelectual de amigos, parientes y discípulos que lo favorecían? ¿Quizás los objetivos (verdad y patria) de las dos disciplinas fuesen tan similares que no había necesidad de diferenciar a su guía, director y presidente? ¿Formaban los hombres de letras unas redes de saber controladas por la impronta católica que la Iglesia había cuidado y en las cuales ciertos individuos eran mediadores culturales claves? O finalmente ¿Aquella presencia omnipotente de Manuel Uribe Ángel en la gran mayoría de las agrupaciones de pensamiento mostraba que, detrás de las tareas concretas de cada academia, había un propósito general de la época que envolvía y conectaba todo 'civilizar' la ciudad y la región? Sin olvidar estas preguntas, veamos un nuevo espacio de producción intelectual que nos permita entender mejor cómo trabajaban en la región los hombres de ciencia del siglo XIX.

 

6. Libros y manuales escolares de geografía e historia: la organización de los pueblos y las 'razas' en la escuela

Los trabajos de Uribe Ángel sobre geografía e historia lograron convertirse en manuales escolares. De esa forma las élites construían una visión del pasado colombiano. Apoyadas con frecuencia en la idea según la cual 'la historia es una ciencia y dice la verdad', transmitieron luego a sus contemporáneos y a las generaciones sucesivas una versión oficial por medio de los textos escolares. Algunos de estos fueron de circulación nacional. Otros se restringieron a sus regiones respectivas, pero en todos se plasmaban elementos que fueron adhiriéndose a los imaginarios identitarios en los cuales el tema de las 'razas' y las poblaciones fue esencial. En la Geografía de Uribe Ángel se explicó lo que había sido el proceso de poblamiento de la región de Antioquia por medio de la mezcla de blancos, negros e indígenas, dando como resultado una nueva 'raza' que, 'al calificarla de buena y bella (...), debe entenderse que en ningún caso la consideramos superior a la raza caucásica, la más inteligente de todas las que existen'. 40

Esa percepción de la región fue enseñada y transmitida en las aulas de clase. En esta línea de publicaciones debemos resaltar la que el 'Profesor graduado, Director de la Escuela Normal de Varones y Profesor de varios institutos de Medellín' dio a conocer en la década de 1880 y que luego, hasta 1930, tuvo varias reimpresiones tanto en Colombia como en Europa: el Compendio de Geografía de la República de Colombia, por Ángel María Díaz Lemos (1853–1939). Este educador y geógrafo se radicó desde muy joven en Medellín e hizo parte con Manuel Uribe Ángel y Andrés Posada Arango del grupo de fundadores de la Academia Antioqueña de Historia. 41 Díaz Lemos, como buen alumno de Posada Arango y en concordancia con los preceptos de la Sociedad de Antropología de París, definió la etnografía como 'la ciencia que trata del estudio del género humano dividido en razas'. En efecto, para el geógrafo colombiano:

'la población de la Tierra asciende, aproximadamente a 1.450 millones de habitantes, los cuales se dividen, según la forma del cráneo, color de la piel y de los cabellos, etc. En cinco razas o variedades, a saber:

1ª La caucasiana o blanca. Es la más inteligente y la constituyen los pueblos que han llegado al grado más alto de civilización.

2ª La Asiática o mongólica.

3ª La Negra o etíope.

4ª La Malaya.

5ª La Americana o roja, que comprende todos los salvajes de América' .42

El manual de Díaz Lemos concentró la visión general que las élites en Occidente se hacían de las sociedades humanas a finales del siglo XIX y principios del XX. En efecto, terminando el siglo, otro importante geógrafo, discípulo del francés Elisée Reclus, el colombiano Francisco Javier Vergara y Vergara aseguró:

'el antioqueño, en buena parte de su territorio constituye ya un grupo bien homogéneo, con acento e idiotismos tan sui generis, que es imposible confundirle con ningún otro: es quizás el más bello tipo de la República, en lo físico, por su robusta y bien proporcionada estatura. (...) La especial importancia de este grupo se deriva de ser hoy el más numeroso del país y de que por lo prolífico habrá de influir en modo decisivo en las futuras condiciones etnográficas del pueblo colombiano'. 43

Puede asegurarse por lo tanto que en Antioquia las élites intelectuales tenían en su instrumental mental, al final del siglo XIX e inicios del XX, las herramientas para fabricar y defender la existencia de 'la raza antioqueña' y la implementación de lo que ellos denominaron 'progreso' y 'civilización' en el orden social de la región. El trabajo que había iniciado Andrés Posada Arango con los viajes a Europa y su consecuente ingreso a las sociedades científicas, la posterior puesta en marcha de las instituciones que administraron el saber médico e histórico y la publicación de los trabajos que se hicieron bajo los criterios de 'verdad y patria', con el singular ingrediente religioso en ocasiones, dieron pie para que en las primeras décadas del siglo XX se publicara el manifiesto de Libardo López, La raza antioqueña, y se volviera materia de discusión nacional la idea de 'la degeneración de la raza' en Colombia.

 

7. La universidad, la medicina y la antropología: una alianza para el 'progreso'. El caso de la 'raza antioqueña'

En el contexto del nuevo siglo las ideas decimonónicas no desaparecieron. Muchas de ellas se vieron alteradas por la sensación colectiva de una nueva época de 'acariciadoras esperanzas' y por el problema de las 'razas' en Colombia. En ese contexto y gracias al discurso científico, la idea de 'raza antioqueña' adquirió una nueva dimensión. Los enunciados se hacían ahora en nombre de un saber respaldado ya no por la imaginación o la poética de un escritor sino por la racionalidad y el respeto que poseían los hombres de ciencia. Estimamos que el trabajo que habían comenzado en Europa las sociedades científicas, en particular las de antropología y geografía, se mundializó luego a través de las exposiciones universales y se fue concretando en cada región gracias a las publicaciones y a los eventos organizados para difundir las ideas de lo que se denominaba 'La Civilización'.

Por eso no fue extraño que Posada Arango recibiera en Medellín el plan de la Sociedad de Antropología de París, por medio del cual 'une exposition des sciences anthropologiques sera ouverte dans les locaux de l'Exposition universelle du 1er mai 1878 au 31 octobre suivant'. El plan obedecía a una orden del Ministerio de Agricultura y Comercio de Francia. Se organizaron entonces comisiones con presidentes, vicepresidentes, secretarios, miembros residentes y no residentes en París, se recibió 'un vaste et beau local dans le pavillon central du palais du Trocadero' y se encargó a Paul Broca (1824–1880) como delegado especial de la Comisión General para que organizara todo lo concerniente a las Sociedades de Antropología. Además, el documento firmado por el presidente de la Sociedad, Armand de Quatrefages (1810–1892), solicitó 'aux membres associés, titulaires et correspondants étrangers (...) d'organiser des Comités locaux et de se mettre en relation avec la Comission'. 44

El programa llegó a manos de Posada Arango en Medellín y probablemente lo compartió con su círculo de amigos. La antropología se había irrigado por Occidente y con ella sus preocupaciones temáticas. Es sabido que en Europa el apogeo de estas ideas tenía que ver con los procesos de dominación y colonización en África y Asia en la segunda mitad del siglo XIX y que la literatura sobre este asunto no se concentró solamente en algunos países de Europa.

En el continente americano el problema era pensado de sur a norte; la obra del argentino Manuel Ugarte (1878–1951) El porvenir de la América Latina: la raza, la integridad territorial y moral (1909), fue leída en la ciudad. Vale recordar que los trabajos clásicos del tema, el Essai sur l'inégalité des races humaines (1855) de Arthur Gobineau (1816–1882) y Les Lois psychologiques de l'évolution des peuples (1895) de Gustave Le Bon (1841–1931) también pasaron por las manos de los lectores de la Biblioteca y Museo de Zea de Medellín, dirigida por Manuel Uribe Ángel antes de terminar el siglo.

En síntesis, el contexto teórico que proporcionaba Europa con sus estudios antropológicos y sus empresas coloniales, el forcejeo de argumentos y contrargumentos que hubo en la literatura de la región durante el siglo XIX sobre el origen judío de los antioqueños, el éxito económico de las empresas de Antioquia en el contexto nacional y la vinculación del saber médico, con el peso de 'ciencia y verdad' que suponía, terminaron conjugándose en las primeras décadas del siglo XX para permitir que el texto La raza antioqueña de Libardo López fuese publicado en un periódico de Medellín en 1908 y reimpreso dos años después en forma de libro; y que de la misma manera, la conferencia del doctor Miguel Jiménez López (1875–1955) en el Tercer Congreso Médico Colombiano (1918) 'Algunos signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares', fuese reeditada luego en 1920 y produjera amplias discusiones entre los hombres de letras de la región y del país.

Veamos lo que aseveró Libardo López. En primer lugar, su estudio se inicia evocando la obra Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos, de Gustave Le Bon, en la cual se dice que los países de América latina son la expresión de 'la decadencia de la raza latina en general' y, 'meriendas de negros, producidas por una organización mental inferior'.45 López no acepta esta generalización del escritor francés pero considera que su concepto sobre las 'razas superiores' le sirve para responder una pregunta básica: '¿Habrá aquí [en Antioquia] un núcleo que pueda llamarse raza, según las ideas de Le Bon?'. Un simple ejercicio de 'mirar en derredor' le permite al autor de Medellín encontrar gran parecido entre las características de sus paisanos y las que describe Le Bon para la 'raza anglo–americana', es decir: 'una suma de voluntades, (...), una energía indomable, una grande iniciativa, un dominio absoluto sobre sí, un sentimiento de independencia llevado hasta la insociabilidad excesiva, una actividad poderosa, sentimientos religiosos muy vivos, moralidad fija, idea clara del deber'. 46

En segundo lugar, los anteriores presupuestos permitieron a López recuperar los 'resultados' de la lucha que dieron sus contemporáneos por demostrar que los antioqueños eran, por un lado, descendientes de los españoles, es decir de 'noble casta', 47 evocando así la pertenencia a 'la misma raza de los Conquistadores, según feliz idea de Unamuno' y, por otro, recoger las conclusiones decimonónicas sobre 'el modo de ser' de los habitantes de la Antioquia, en las cuales los antioqueños son 'una raza, un pueblo laborador de dura cerviz y de hogar cristiano'. Con esas herencias y compartiendo la definición de Le Bon sobre lo que define una 'raza superior', 'condiciones anatómicas y carácter moral en virtud del cual el pueblo forma un bloque refractario a toda asimilación', el abogado y escritor de Medellín aseguró 'que hay un lugar en la América latina en que existe esa roca ideal de una raza superior [roca inconmovible, dice Le Bon], y ese lugar es Antioquia'. Para esto se apoyó en los procesos de colonización que los antioqueños llevaron a cabo en el siglo XIX, llamados por él signos de 'demostración de superioridad de dicha raza', que además expresan la idea tan querida a la geopolítica imperialista según la cual 'no son las fronteras, sino la raza, lo que importa'. Libardo López dedujo entonces en forma triunfal que 'lo que más define el carácter de nuestra raza es la potencia expansiva e infusible'. 48

En ese orden de cosas, el autor deriva sobre las 'virtudes morales de la raza', y su discurso en realidad acude a la autoimagen de la élite para demostrar que la religiosidad y la familia son la mejor garantía de la resistencia a las variaciones, a la 'movilidad extrema de carácter' que, según Le Bon, es lo 'que distingue a los inferiores'. Así, en su plan argumentativo, López encuentra que los antioqueños han puesto en práctica las características que distinguen a 'las verdaderas razas' cuando han sabido acomodar a sus necesidades las creencias religiosas y la vida de familia, es decir, siendo liberales pero católicos, y cultivando la mirada de 'un pueblo vigilante en masa de la moralidad sexual de cada hogar'. Para el intelectual de Antioquia, autor del manifiesto étnico, el anterior mecanismo de control social representaba finalmente 'las cualidades morales que lo definen [al pueblo antioqueño] como raza enérgica llamada a grandes destinos'. 49 Ahora bien, es aquí cuando podemos empezar a sospechar que la construcción de los imaginarios identitarios en Antioquia cumplía una doble función: hacia adentro tendía a regular los comportamientos de la población con el fin de acomodarlos a una moral de carácter modernizante pero conservadora y, hacia afuera, es decir, en relación con el contexto nacional, pretendía justificar el dominio económico y político de sus élites en el país.

La precedente conclusión se confirma cada vez que López avanza en sus explicaciones. Por eso, a las ya mencionadas características de 'religión' y 'familia' le fue adjuntando otras: 'una raza hecha para la paz', idónea 'para el comercio y los negocios' y 'apta para legislar y reglamentar', lo que equivalía a decir que dentro del concierto nacional los antioqueños eran quienes debían dirigir la moral y la justicia, la economía y la política, porque ellos eran los que mejor protegidos se hallaban ante 'la decadencia de las razas'. Por eso Libardo López revisó luego 'los distintos pueblos que forman el país' y preparó el camino para lo que podría denominarse una toma del poder por parte de las élites de Antioquia gracias a la fuerza real de lo imaginario. En efecto, situando al pueblo antioqueño dentro de las 'razas superiores' que tienden a 'obtener expansiones más poderosas', no dudó en solicitar 'imperativamente los empleos públicos' en nombre de 'nuestros méritos' y la 'justicia distributiva'. 50

Por la misma época, vemos reaparecer la idea de Libardo López y de Gustave Le Bon sobre 'la decadencia de las razas', en los escritos del médico Miguel Jiménez López, titulados 'Educación física como factor esencial de la regeneración de nuestras razas' (1917), 'Algunos signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares' (1918), 'Nuestras razas decaen' (1920) y 'Los problemas de la raza en Colombia' (1920).

Este hombre de ciencia, miembro del partido conservador, nació en Boyacá. Terminando el siglo XIX obtuvo en la Universidad Nacional el título de doctor en Medicina y Cirugía (1899). Luego estuvo especializándose en Europa, en particular en París, donde pudo adjuntar en 1909 un grado más a su carrera médica. Sus vínculos con Alemania lo llevaron a ser miembro de la Academia Germano–Ibero–Americana de Medicina, en Berlín, y a ocupar el puesto de ministro plenipotenciario de Colombia ante el gobierno alemán. Uno de los grandes jefes del partido conservador y simpatizante de Franco y de Hitler, el señor Laureano Gómez (1889–1965), lo calificó como 'maestro, consejero y guía' y admiró en él 'la elevación de sus conceptos, la profundidad de sus juicios y el majestuoso andar de su pensamiento filosófico'. 51

Aunque Miguel Jiménez López escribió sobre diversos temas médicos, lo que más le preocupó fue la cuestión social y la medicina. 52 Problemática que finalmente le permitió plantear en 1918 la tesis de la 'degeneración de la raza en Colombia'. En efecto, el esquema de Jiménez López parte en primera instancia de 'una constatación': 'la degeneración es total'. Ella se manifiesta en lo físico y en lo psíquico. La degeneración física es pensada como una enfermedad y por lo tanto posee una semiología, es decir, un conjunto de signos que demuestran su existencia. Estos signos los divide en tres clases: anatómicos, fisiológicos y patológicos. Presentamos a continuación una síntesis de ellos y el plan general de su trabajo en el cual existen cuatro apartados.53

 

I. DEGENERACIÓN FÍSICA

1. Signos anatómicos

Peso y talla. 'Considerar como un signo de inferioridad anatómica la talla y el peso de los individuos, que, entre nosotros, se muestran un tanto por debajo de las cifras medias señaladas en los países europeos y Norte América'. (P.9)

Índice cefálico. 'Se acerca mucho a la cifra considerada por la craneometría como carácter degenerativo.' (P.10)

Asimetrías craneanas. 'En nuestro país, contrario a la regularidad del ovoide cefálico en la Gran Bretaña, las abolladuras y las depresiones que destruyen la simetría del contorno craneano son un carácter casi general'. (P.10)

2. Signos fisiológicos

Natalidad. 'Hay estados intermedios de viciación orgánica que se distinguen por una desgraciada potencialidad reproductiva.' (P.14)

Mortalidad y longevidad. 'Hay en nuestra raza una decrepitud prematura' (P.14)

Otros factores. 'Los habitantes de la altiplanicie de Bogotá: hay en ellos menor número de glóbulos rojos. Presentan una disminución en la cantidad de urea eliminada. Tienen una temperatura media inferior. Existe en ellos una apatía muscular consiguiente a la menor actividad nutritiva.' (P.15)

3. Signos patológicos

Artritismo. 'Es un estado característico de nuestra población; tiende a ser el estado habitual de la raza.' (p. 18)

Cáncer. Tuberculosis. Lepra. 'Un agregado social donde estas enfermedades aumentan de día en día revela un estado de decadencia vital indudable.' (P. 21)

Afecciones mentales. 'Es otro de los signos patológicos que implican decadencia en nuestra raza, y no el menos importante, la cantidad creciente de afecciones mentales.' (P. 21)

Dentro de esta sintomatología física, señalemos un comentario particular sobre Antioquia que adelanta una legitimación del poder de la región en el contexto del país gracias a los imaginarios identitarios. En otros términos, se puede decir que las palabras de Jiménez López manifiestan el triunfo nacional de la representación mental que las élites intelectuales de Antioquia construyeron de sí mismas. Veamos:

'De tiempo atrás han venido observando los médicos del Departamento de Antioquia que en esa región, que es sin duda la que hasta hoy se ha defendido mejor contra la decadencia, el desarrollo de las glándulas mamarias es deficiente con una frecuencia cada vez más sensible'. 54

En realidad, Jiménez López recurrió en su presentación 'científica' de la 'degeneración racial' a fuentes diversas en Europa y América. En primer lugar, recogió la arbitraria clasificación craneana de Paul Topinard (1830–1911) con la que se dividió la especie humana en braquicéfalos (seres inferiores) y dolicocéfalos (seres superiores). Topinard fue también miembro fundador de la Sociedad de Antropología de París, contemporáneo de Andrés Posada Arango y varios de sus libros llevaron prólogos de Paul Broca. La biblioteca de la Universidad de Antioquia guarda dos valiosos volúmenes de sus obras: L'homme dans la nature (1891) y L'anthropologie et la science sociale (1900). Jiménez López aseguró entonces que sus observaciones estaban sustentadas por una nueva ciencia: la craneometría, a lo que añadió unas precarias estadísticas de la Oficina antropométrica de la Policía Nacional y le adicionó lo que él llamó 'la apreciación objetiva del buen observador, especialmente del médico'. Para reforzar lo anterior se apoyó en trabajos de sus colegas, en general tesis de grado presentadas en universidades colombianas.

Naturalmente, 'la decadencia total' se vuelve más visible gracias a lo que Jiménez López denominó 'degeneración psíquica'. Para probarla comprometió apreciaciones superficiales de funcionarios y profesores en las que se indicaba la vergonzosa imagen que las élites colombianas han tenido del resto de la población. Así, ofreció como testimonio, la opinión de Antonio J. Cadavid, rector y profesor de la Facultad de Derecho, denunciando 'una innegable decadencia intelectual de la juventud'; luego añadió la apreciación del científico Julio Garavito, profesor de matemáticas, física y astronomía, quien aseguraba que 'las capacidades y energías para el aprendizaje han declinado en sus discípulos'. Con lo anterior el autor se comprometió a defender una serie de ideas que no pasaron desapercibidas en el contexto intelectual de Colombia durante la década de 1920. Veamos las explicaciones de orden psicológico del hombre de ciencia:

 

II. DEGENERACIÓN PSÍQUICA

Verbalistas y no creadores. 'El balance de nuestro esfuerzo científico, industrial y artístico en el último siglo transcurrido da resultados prácticamente negativos para la civilización universal y de muy restringida significación para nosotros mismos.' (P. 27)

Declinación de las etnias de origen. 'Todas las razas componentes de nuestra población actual fueron en algún tiempo superiores a lo que hoy son.' (P. 24)

Emotividad e inestabilidad. 'Hay en todas las manifestaciones de nuestra vida colectiva (...) impaciencia infantil, emotividad exagerada, sugestibilidad extrema de las masas, impulsividad y cambios bruscos de opiniones.' (P. 26)

Criminalidad. 'El incremento, agudo en los últimos lustros, de la criminalidad, del suicidio y de la locura, pulsa el proceso de regresión colectiva.' (P. 27)

Conclusión. Estos rasgos de carácter psicológico, sumados a los signos orgánicos y funcionales examinados en la primera parte de este estudio, son, a mi modo de ver, base suficiente para admitir que, colectivamente, los habitantes de esta zona somos el eslabón de un proceso degenerativo que viene elaborándose de tiempo atrás.' (P. 32)

A las anteriores 'pruebas' de 'degeneración física y psíquica' se adicionó una reflexión sobre las causas del problema, en la cual recordamos a Andrés Posada Arango cuando aludía a 'las condiciones climáticas y las características morales de los habitantes de Medellín'. Jiménez López confirmó así la existencia de una etiología de la cuestión que debía ser mirada con detalle para que a partir de allí fuese posible pensar una solución radical.

 

III. ETIOLOGÍA

'Vamos a enumerar las principales causas de la decadencia biológica: las condiciones de la atmósfera enrarecida de los climas de altura, de su escasa presión, de su menor riqueza en oxígeno, de la cantidad mayor de ácido carbónico que encierra. (...) La alimentación ordinaria de nuestro pueblo, escasa en alimentos proteicos. La falta permanente de higiene en la mayor parte de la población debilita los órganos y vicia su funcionamiento, (...) el alcoholismo tan generalizado, especialmente en las localidades cálidas y el mortífero brebaje de la chicha, (...) las endemias tropicales, las diversas infecciones y (...) la miseria... son otros tantos factores que se integran para engendrar el lamentable e innegable fenómeno de la degeneración de nuestra raza.' (P.33) 'Parece demostrado que las razas superiores, aquellas que están llamadas a una cultura intensa no pueden hallar aclimatación ni son capaces de florecimiento sino en las zonas templadas; bajo el trópico decaen y desaparecen en breve. (...) La sucesión de estaciones, de que está privada nuestra zona, es una condición requerida por el organismo humano para su perfecto funcionalismo.' (P. 33 y 34)

En consecuencia, la solución radical, o terapéutica del problema, debe hacer énfasis en los llamados medios paliativos, es decir, en una importante mejora en la alimentación, la higiene, la educación física, intelectual y moral y en las condiciones materiales en general, pero no puede olvidar la acción fundamental o 'los medios radicales: refrescamiento de la sangre e inmigración'.

 

IV. TERAPÉUTICA

'Por encima de todos (los paliativos), está lo que con verdad puede llamarse el remedio causal, el que ataca la enfermedad en su origen: (...) Una corriente copiosa de inmigración de razas sanas, fuertes, disciplinadas por hábitos seculares de trabajo. (...) El mal es más hondo: no es solamente económico, psicológico y educacional; es biológico. Se trata simplemente de razas agotadas que es preciso rejuvenecer con sangre fresca.' (P. 36 y 37)

'Queda indicado con esto que el más deseable para regenerar nuestra población es un producto que reúna, en lo posible, estas condiciones: raza blanca, talla y peso un poco superiores al término medio entre nosotros; dolicocéfalo; de proporciones corporales armónicas; que en él domine un ángulo facial de ochenta y dos grados aproximadamente, de facciones proporcionadas, temperamento sanguíneo–nervioso, que es especialmente apto para habitar las alturas y las localidades tórridas, de reconocidas dotes prácticas, metódico para las diferentes actividades, apto en trabajos manuales, de un gran desarrollo en su poder voluntario, poco emotivo, poco refinado, de viejos hábitos de trabajo, templado en sus arranques, raza en que el hogar y la institución de la familia conserven una organización sólida y respetada, apta y fuerte para la agricultura, sobria, económica y sufrida y constante en las empresas.'(P. 38 y 39)

'Las razas que más se aproximan a este desideratum son algunas de las que pueblan las regiones centrales de Europa. (...) En Suiza, en Bélgica, en Holanda, en Baviera, en Wurtemberg, en el Tirol sería acertado buscar el personal de nuestra inmigración.'(P. 39)

Ahora bien, ¿dónde está Antioquia en medio de esta debacle racial? ¿Qué puede hacer 'la raza antioqueña' de Libardo López y demás 'patriotas' que la defienden? Ya vimos cómo Jiménez López consideraba que Antioquia era la región donde menos 'decadencia' percibía su observación. Las cosas no se quedaron allí porque más adelante aseguró que 'ese Departamento modelo entre los nuestros [es] cuna de una raza llamada a desempeñar una misión preponderante en el futuro de nuestra patria'.55 Por eso, varios de los elementos del imaginario identitario regional hicieron parte del discurso del médico de Boyacá. Manifestó, por ejemplo, que 'gracias a la sólida y austera organización de la familia', a 'las virtudes públicas y privadas de la población' y al hecho de que 'la raza colonizadora –formada en general por vascos–', encontró 'condiciones climatéricas y topográficas muy semejantes a las de sus montañas nativas', la región de Antioquia terminó por convertirse en 'el árbol verde de la República'. 56

En conclusión, los hombres de ciencia, apoyándose en la historia, la antropología y demás ciencias sociales, fundando instituciones y revistas y homenajeándose a sí mismos, participaron en la construcción del fuerte discurso identitario de las élites de Antioquia. Esta participación estuvo además secundada por el carácter de credibilidad y de verdad que ha poseído la escritura científica en la cultura occidental y se vio reforzada por el perfil patriótico que se le infundió por medio de los homenajes y las condecoraciones que los llamados 'sabios' han recibido de sus descendientes y de las generaciones posteriores.

Consideramos que el problema se había ido configurando en un principio, a mediados del siglo XIX, con las poesías de Gregorio Gutiérrez González, los escritos de Emiro Kastos y la posterior narrativa de las élites de Antioquia; pero en la década de 1870, con el Ensayo etnográfico de Posada Arango presentado en París ante la Sociedad de Antropología y con la fundación de las instituciones de medicina e historia creadas en Medellín en los años subsiguientes, la imagen de los antioqueños inició un proceso de cientificismo que le permitió ser coronada con la intervención de las ideas de Gustave Le Bon por medio del manifiesto La raza antioqueña de Libardo López y exaltada en los congresos nacionales de medicina gracias a las discusiones que generó el médico Miguel Jiménez López, quien supo recoger las acciones de los anteriores y afincarse también en autores de Latinoamérica. 57

Por su parte, Andrés Posada Arango, después de su viaje a Oriente en 1869, inició un proceso de divulgación de ideas sobre Medellín y Antioquia. En el relato de su viaje anunció algunos elementos del imaginario estudiado. Luego, cuando se presentó ante la Sociedad de Antropología de París confirmó sus apreciaciones 'El Estado de Antioquia difiere de los otros Estados no sólo por su conformación topográfica, su constitución geológica y su vegetación, sino también por el carácter, las costumbres y los hábitos de sus habitantes. Su estudio, desde todos estos puntos de vista, exigiría un capítulo aparte en la descripción general del país, incluso un tratado especial'. 58

El doctor Andresito compartió también con sus contemporáneos el carácter patriótico de sus investigaciones. Por eso aceptó publicar al final de su vida la parte más importante de su obra, convirtiéndola así en una especie de testamento científico en el que la fuerza de la 'verdad' era esencial, era 'la mejor vía, el mejor sendero para servir útilmente a la Patria'. 59

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Este artículo proviene de un capítulo de la tesis de doctorado, titulada: Las élites intelectuales en Euroamérica. Imaginarios identitarios, hombres de letras, de artes y de ciencias en Medellín y Antioquia (Colombia). 1830–1920. EHESS, París, marzo 2004. Director: Serge Gruzinski.

2. ANDRÉS POSADA ARANGO. Estudios científicos, Medellín, Imprenta Oficial, 1909, p. 31.

3. La Caridad, Bogotá, 1865. Los artículos salieron entre mayo de 1865 y diciembre de 1866.

4. ANDRÉS POSADA ARANGO. 'Medellín considerada bajo el punto de vista climatérico', en: Estudios científicos, op. cit, p. 192.

5. ANDRÉS POSADA ARANGO. Viaje de América a Jerusalén, París, Impr. De A. –E. Rochette, 1869, p.3.

6. ANDRÉS POSADA ARANGO. Estudios científicos, op. cit., p. II.

7. Discurso presentado por el joven Andrés Posada Arango, al recibir su grado de doctor en medicina, Bogotá, 11 noviembre 1859, AGN, Fondo Ortega, caja 129, carpeta 490, folio sin clasificar en 2002.

8. DIANA OBREGÓN TORRES. Sociedades científicas en Colombia: la invención de una tradición, 1859–1936, Bogotá, Banco de la República, 1992, anexo 4, pp. 327–330.

9. SERGIO ARBOLEDA. Las Letras, les ciencias y las bellas artes en Colombia, Bogotá, Minerva, 1936, p. 51

10. ARMANDO RANGEL RIVERO Y DANAY RAMOS RUIZ. Sitio en la Web: Cuba: una identità in movimento http://carlo260.supereva.it/rivero_03.html?p

11. Bulletins de la Société d'Anthropologie de Paris, Tome sixième, deuxième série, année 1871, Paris, G. Masson Editeur, 1872, pp. I y II.

12. Bulletins de la Société d'Anthropologie de Paris, op.cit., pp. III aVI.

13. Essai ethnographique sur les aborigènes de l'Etat de Antioquia, en Colombie, par le docteur André Posada–Arango, présenté à la Société d'Anthropologie dans sa séance du 3 août 1871, Mémoires de la Société d'Anthropologie de Paris, Tome Premier, Deuxième Série, Paris, Georges Masson, 1873, pp. 201–231.

14. ANDRÉS POSADA ARANGO. 'Essai ethnographique..., op. cit, p. 231.

15. MANUEL URIBE ÁNGEL. En : Boletín de Historia y antigüedades, citado por Julio César García, Historia de la instrucción pública en Antioquia, (1ª edición, Medellín, Imprenta Oficial, 1924), 2ª edición, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 1962, p. 207.

16. ALFREDO CALLON. 'Abertura de un Colegio científico en la antigua provincia de Antioquia', Sonsón, diciembre 1854, en: Julio César García, Historia de la instrucción pública en Antioquia, Medellín, Universidad de Antioquia, 2ª edición, 1962, pp. 208–211.

17. JOAQUÍN OSPINA. Diccionario biográfico y bibliográfico de Colombia, Bogotá, Águila, 1939, p. 437.

18. Correspondencia de Posada Arango. Documentos sin clasificar en Biblioteca Andrés Posada Arango, Jardín Botánico de Medellín. Carta de Vicente Restrepo, Bogotá, marzo 20, 1886.

19. POSADA ARANGO. Essai ethnographique..., París, G. Masson, 1875, p.227. Los originales de estos dibujos no pudieron ser hallados en los archivos de la Sociedad. La edición de 1873 reprodujo una de las siete planchas, la número III, y publicó la lista integral de los 131 objetos provenientes de las colecciones privadas de Antioquia. La edición en español se hizo igualmente en París, justo el año en que fue entregada a la Sociedad : Ensayo etnográfico sobre los aborígenes de Estado de Antioquia en Colombia presentado a la Sociedad de Antropología de París, París, Imp. de Rouge Hermanos, 1871, 32p.

20. LEOCADIO MARÍA ARANGO. El Museo de D. Leocadio María Arango, Medellín, [s. n.], 1905, 199 p.

21. Gaceta de Colombia. N. 273, diciembre 1826, Citado por Diana Obregón Torres. Sociedades científicas en Colombia, la invención de una tradición: 1859–1936, Bogotá, Banco de la República, 1992.

22. Sociedad de Naturalistas Neogranadinos. Estatutos, 1859, p. 3. Citado en Diana Obregón. Sociedades científicas..., p. 7.

23. 'À Betulia, sur la rive occidentale du Cauca, Posada–Arango m'écrit qu'on a découvert une dent de Mammouth. À Magangue, près de l'embouchure du Cauca dans la Magdalena, on trouve d'après le même observateur d'autres parties du squelette d'un Mammouth, Posada–Arango en possède lui–même un fémur ». H. Karsten. Géologie de l'ancienne Colombie bolivarienne, Vénézuela, Nouvelle–Grenade et Ecuador, Berlín, R. Friedländer und Sohn, 1886, p. 32.

24. Carta de Hermann Karsten a Andrés Posada Arango. Berlín, julio de 1886. Correspondencia de Andrés Posada Arango, op.cit.

25. Carta del Dr. Keyenbergh, firmada en Córdoba, República Argentina el 26 de septiembre de 1874. Correspondencia de Posada Arango, Documentos sin clasificar en Biblioteca Andrés Posada Arango, Jardín Botánico de Medellín.

26. Para el caso argentino ver : Diana Quattrocchi–Woisson. Un nationalisme de déracinés. L'Argentine pays malade de sa mémoire, Paris, CNRS, 1992, 420 p.

27. Correspondencia de Posada Arango. Op.cit. Carta escrita en Bogotá por el Presidente de la Sociedad Protectora de aborígenes de Colombia el 27 de diciembre de 1889. Firma : Rafael Ortiz.

28. ANDRÉS POSADA ARANGO. 'Medellín considerada bajo el punto de vista climatérico', en : Estudios científicos, Medellín, Imprenta Oficial, 1909, p. 191

29. ELADIO GÓNIMA. Apuntes para la historia del teatro de Medellín y vejeces, Medellín, Tipografía de San Antonio, 1909, 292 p., citado por Alfonso Mejía Montoya, Varones ilustres de Antioquia, Medellín, Editorial Universo, 1979, p. 332.

30. La Miscelánea, revista de literatura, Medellín, op. cit., p. 397.

31. JAIME SERNA GÓMEZ. 'Prólogo', en : Discursos y páginas históricas de Manuel Uribe Ángel, Medellín, Academia Antioqueña de Historia, s. f., pp. II y III.

32. JULIO VIVES GUERRA (José Velásquez García, 1874–1950). Citado por Jaime Serna Gómez, op. cit., p.IV.

33. MANUEL URIBE ÁNGEL. Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia en Colombia, París, impr. de V. Goupy y Jourdan, 1885, XVI–783 p.

34. Para ampliar este aspecto puede consultarse el artículo de Tulio Ospina 'Trabajo y rectitud, un programa para la Escuela de Minas', (1912), en: Revista de Extensión Cultural, Universidad Nacional de Colombia, sede de Medellín, N. 23, pp. 30–36, agosto de 1987.

35. EDUARDO ZULETA. 'Manuel Uribe Ángel y los literatos antioqueños de su época', [1937] en: Literatura antioqueña: 1880–1930, Medellín, Secretaría de Educación y Cultura, Vol. 124, pp. 92 y 93.

36. TIBERIO ÁLVAREZ ECHEVERRI. « La Academia de Medicina de Medellín », en: Universidad de Antioquia, historia y presencia, María Teresa Uribe (coordinadora), Medellín, Universidad de Antioquia, 1998, p.170.

37. Academia de Medicina de Medellín. Acta del 7 de julio de 1887.

38. TIBERIO ÁLVAREZ ECHEVERRI. «La Academia de Medicina de Medellín», en: Universidad de Antioquia, historia y presencia, María Teresa Uribe (coordinadora), Medellín, Universidad de Antioquia, 1998, p.174.

39. SAMUEL BARRIENTOS RESTREPO, rector de la Universidad. Citado por Rodrigo de Jesús García Estrada. 'La Academia Antioqueña de Historia', en: Universidad de Antioquia, historia y presencia, op. cit., p.225.

40. Citado por Luis Antonio Restrepo. 'El pensamiento social en Antioquia', en : Historia de Antioquia, Medellín, Suramericana, 1991, p. 376.

41. ÁNGEL MARÍA DÍAZ LEMOS 'en el año de 1874 cursó en la Escuela Normal de Institutores de Antioquia, dirigida por los profesores alemanes, señores Cristian Siegert y Gustav Bothe. (...) Miembro honorario de la Sociedad Geográfica de Manchester, socio corresponsal de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, miembro de la Sociedad Geográfica de Colombia, miembro de la Sociedad Científica de la Argentina y miembro del Congreso Científico Internacional Americano, reunido en Buenos Aires en 1910'. Joaquín Ospina. Diccionario biográfico y bibliográfico de Colombia, T. I, Bogotá, Cromos, 1927, p. 670 y 671.

42. ÁNGEL MARÍA DÍAZ LEMOS. Compendio de Geografía de la República de Colombia, 5ª edición (1a extranjera), Barcelona, Impr. De Henrich, 1895, pp. 30 y 31.

43 . FRANCISCO JAVIER VERGARA Y V. Nueva Geografía de Colombia, escrita por regiones naturales, (1ª edición, Bogota, Impr. De Vapor Zalamea Hnos., 1892), tomo III, Bogotá, Banco de la República, 1974, p. 964.

44. 'Exposition internationale de 1878, exposition des sciences anthropologiques', Correspondencia de Posada Arango, op.cit.

45. LIBARDO LÓPEZ. La raza antioqueña, breves consideraciones sobre su psicología, desenvolvimiento, y educación, Medellín, Imprenta de 'La organización', 1910, pp. 2 y 3.

46. LIBARDO LÓPEZ. La raza antioqueña, op. cit, pp 4 y 5.

47. GABRIEL ARANGO MEJÍA. Genealogías de Antioquia y Caldas. Publicadas por primera vez en 1911. Habían circulado en forma de entregas parciales en la revista La Miscelánea desde 1903, bajo el título 'Pobladores de Antioquia'.

48. Las citas del párrafo son de Libardo López, La raza antioqueña..., pp. 7–9.

49. Las citas del párrafo son de Libardo López, La raza antioqueña..., pp. 10–19

50. Las citas del párrafo son de Libardo López, La raza antioqueña..., pp. 23–46.

51. Los anteriores datos biográficos provienen de Joaquín Ospina, Diccionario..., T. I, p. 462 y 463.

52. Otros títulos: 'La locura en Colombia y sus causas' (1916); 'La inmigración amarilla a la América: un estudio etnológico' (1929); 'Tres errores en materias de educación' (1923), etc.

53. Todas las citas están tomadas de Miguel Jiménez López. 'Algunas signos de degeneración colectiva en Colombia y en los países similares', en : Los problemas de la raza en Colombia, Biblioteca 'Cultura', Bogotá, 1920, pp. 1–39.

54. LIBARDO LÓPEZ, La raza antioqueña..., p. 20.

55. MIGUEL JIMÉNEZ LÓPEZ (psiquiatra). 'Primera conferencia', en: Problemas de la raza en Colombia..., p.

55. Este volumen fue el producto de una serie de conferencias solicitadas por la Asamblea de Estudiantes de Bogotá, que se desarrolló en el Teatro Municipal en el mes de mayo de 1920. Se recopilaron nueve conferencias entre otras más. El libro tiene además una presentación y dos conferencias del médico Luis López de Mesa; dos más del higienista Jorge Bejarano; una del fisiólogo Calixto Torres Umaña; otra del institutor Simón Araujo y finalmente una del sociólogo Lucas Caballero.

56. MIGUEL JIMÉNEZ LÓPEZ (psiquiatra). 'Primera conferencia', en: Problemas de la raza en Colombia..., p.56.

57. La política de inmigración que propone Jiménez López la sustenta citando la obra Las Democracias Latinas de la América (París, 1912), del escritor y diplomático peruano Francisco García Calderón (1883–1953).

58. ANDRÉS POSADA ARANGO. « Essai ethnographique sur les aborigènes de l'État d'Antioquia, en Colombie», en: Mémoires de la Société d'Anthropologie de Paris, T.I, 2e série, Paris, 1873, p14.

59. ANDRÉS POSADA ARANGO. Estudios científicos, Medellín, Imp. Oficial, 1909, p. III.

 

Recibido: noviembre 18 de 2004

Aceptado: enero 28 de 2005

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