Sr. Editor:
El resurgimiento de fiebre amarilla (FA) en Sudamérica en 2025 revela un panorama preocupante para Colombia1. Con 53 casos confirmados y 21 muertes entre enero y abril de 2025, el país concentra las mayores tasas de letalidad reportadas en la región. El brote en Tolima, fuera del tradicional corredor amazónico, señala una expansión del virus hacia zonas no endémicas.
Este fenómeno no es aislado. Diversas regiones del país presentan condiciones propicias para la circulación del virus, incluyendo el Magdalena Medio, Catatumbo, sur de Bolívar, la Orinoquía, el Pacífico nariñense, el sur del Meta, Caquetá, Putumayo, Guaviare, Vaupés, Vichada, el norte del Cauca y zonas de frontera con Venezuela y Ecuador. Allí coinciden conflicto armado, economías ilícitas, deforestación acelerada, degradación ambiental y barreras de acceso a servicios de salud. Estas condiciones favorecen la proliferación de vectores como Haemagogus spp., Sabethes spp. y Aedes aegypti, facilitando la transmisión en contextos rurales y periurbanos2,3.
Además, un estudio reciente nuestro en The Lancet Infectious Diseases destaca el incremento de otros arbovirus emergentes como el virus Oropouche, cuya expansión está asociada a deforestación, variabilidad climática y movilidad humana en América Latina4. Este hallazgo subraya la interrelación entre factores ecológicos y el surgimiento de brotes, y refuerza la urgencia de un enfoque de Una Sola Salud 4.
La cobertura de vacunación nacional del 64% reportada por Barac et al.1, y apenas 54% en Tolima, está muy por debajo del umbral del 80% recomendado por la Organización Mundial de la Salud para generar un efecto protector de inmunidad de rebaño5. En territorios con presencia de actores armados, las brigadas de inmunización enfrentan obstáculos logísticos, desconfianza institucional y desinformación3.
El riesgo de reintroducción urbana se agrava con el desplazamiento forzado y la urbanización no planificada en zonas de alta presencia del vector Aedes aegypti. Este escenario requiere acciones urgentes: vigilancia integrada en salud humana, fauna silvestre y vectores; campañas de vacunación adaptadas territorialmente; restauración de ecosistemas; y articulación efectiva entre sectores.
Todo lo anterior enfatiza el fortalecimiento de las estrategias bajo el marco de Una Sola Salud, priorizando zonas como las mencionadas, donde confluyen riesgos biológicos, sociales y ecológicos. La fiebre amarilla en Colombia refleja una crisis sistémica que solo podrá abordarse desde una respuesta coordinada, intersectorial y basada en evidencia.














