Introducción
En su libro El polímata: Una historia cultural desde Leonardo da Vinci hasta Susan Sontag1, el historiador británico Peter Burke analiza la figura del polímata: alguien con un saber enciclopédico que transita sin problema entre las ciencias, las artes, la técnica y la política, y hace contribuciones destacadas en varios de estos ámbitos. Aunque esta imagen suele asociarse a figuras europeas como Leonardo da Vinci o Newton, en los márgenes de Occidente también encontramos figuras que encajan en esta categoría intelectual. En los Andes Orientales colombianos del siglo XIX, Juan de Dios Tavera puede considerarse una versión local del polímata, ya que fue médico, inventor, educador, artista, periodista, empresario, político, intermediario cultural y divulgador científico. No solo produjo saberes, los articuló, los difundió y los puso al servicio de su comunidad, logrando un profundo impacto en el nororiente de lo que hoy es Colombia que, en la vida de Tavera, fue consecutivamente: la Gran Colombia (1819-183I); la República de la Nueva Granada (1831-1858); la Confederación Granadina (1858-1863) y los Estados Unidos de Colombia (1863-1886).
Burke afirma que "los polímatas eran comerciantes de conocimiento, que importaban ideas, las adaptaban y redistribuían en nuevos contextos culturales"1 (p. 9). Tavera estableció una red intelectual que conectaba la ciencia europea y norteamericana con la realidad del nororiente colombiano del siglo XIX. Su biblioteca, sus publicaciones y su periódico El Pensamiento2, revelan una intensa circulación de saberes de Europa y Estados Unidos hacia Colombia. Como reflexiona Burke3, en este momento, el conocimiento se convirtió en mercancía, especialmente con la expansión de la imprenta. Empresa a la que entusiásticamente se sumó Tavera. Los libros de texto, manuales y enciclopedias se volvieron claves en la naciente economía del conocimiento (pp. 193-228). Tavera fundó imprentas y publicó periódicos y, lo hizo con un claro propósito de difundir saberes, los que muchas veces apropió primero y adaptó a su realidad. Tavera no solo leía a Pasteur, Koch, Claude Bernard o Darwin 4,5, los citaba y los ponía en diálogo con las necesidades locales. No fue un simple receptor de ideas, fue un mediador cultural, un comerciante intelectual que transformó el conocimiento global en aplicaciones prácticas para su entorno.
El uso del concepto de polímata permite situar a una figura local como Tavera en corrientes intelectuales globales y destacar su importante participación en su difusión en la periferia de Occidente. Tavera nació, vivió y murió en el XIX, siglo del positivismo, de la fe en que la modernización técnica y científica llevaría al progreso y al fin de múltiples males sociales; la Ciencia positiva y el desarrollo tecnológico resolverían los problemas de la humanidad. En este momento, se inicia una creciente especialización disciplinaria impulsada por el desarrollo de la universidad, la profesionalización de la ciencia y la expansión del conocimiento técnico. Esto marca el declive del sabio ilustrado, del humanista renacentista, del polímata, frente a profesionales y especialistas. El análisis de una figura local como Tavera permite ver cómo circula el conocimiento y se adapta en la periferia, en los Andes Orientales colombianos, con énfasis en el conocimiento médico y su aplicación política, la higiene pública.
Colombia y América Latina están en la periferia de la modernidad, en los márgenes. En los márgenes el proceso de modernización fue fragmentario, tardío y lleno de contradicciones. El siglo XIX colombiano, influenciado por el pensamiento ilustrado francés y el liberalismo republicano, es un siglo convulso que inicia con la Guerra de Independencia y concluye, nueve guerras después, con la Guerra de los Mil Días (1899-1902). Ideas coloniales premodernas convivieron con expectativas de desarrollo y progreso moderno. Como señala Julio Ramos, la modernidad latinoamericana se vivió como una serie de desencuentros y apropiaciones parciales, donde la hibridez cultural y la desigualdad estructural marcaron una experiencia distinta a la europea6. Tavera debe entenderse en esta modernidad periférica, marcada por la inestabilidad política, la influencia religiosa y la dependencia cultural. Esto se refleja en Tavera, quien difundió la modernidad, pero que fue un ferviente católico y, al final de su vida, políticamente conservador.
Otro polímata con gran impacto en los Andes fue José Celestino Mutis (1732-1808), médico y naturalista ilustrado que, tres generaciones antes que Tavera, promovió la educación y el conocimiento científico en el entonces Virreinato. Médico de la Universidad de Sevilla en I775 y cirujano del Real Colegio de Cirugía de Cádiz -centro de la medicina ilustrada-, Mutis, al igual que Tavera, actuó como figura puente entre la ciencia moderna europea y el contexto colonial americano7. Esta comparación nos permite dimensionar el alcance de Tavera a través de una figura homóloga más conocida, y valorar el impacto de ambos en la historia intelectual y médica colombiana. Ambos difundieron ideas científicas europeas, promovieron la higiene pública, la vacunación contra la viruela y la enseñanza de la medicina. Ambos fueron creyentes católicos, especialmente al final de sus vidas: Mutis se ordenó sacerdote en Santafé y Tavera se integró al Partido Católico, gestionando ante el Vaticano la creación del Obispado de Tunja. Vivieron en momentos de intensa circulación de saberes científicos, en dos etapas claves de la revolución científica y de transición cultural, para Burke, propicias para el surgimiento de polímatas.
Este artículo toma la categoría de polímata definida por Burke1, llevándola al ámbito local, los Andes Orientales colombianos, para comprender el alcance de Tavera y evidenciar el impacto regional de su producción intelectual, iniciativas políticas y educativas, invenciones y obra artística. El objetivo es destacar a este médico de Oiba y su contribución, en Tunja y Bogotá, a la medicina y la higiene pública. Y, como Burke, tenemos el objetivo de insistir en la necesidad de sacar del olvido a estos personajes, defender su existencia y la del pensamiento interdisciplinar, necesario para afrontar los complejos retos que debemos enfrentar como humanidad. Este artículo está dirigido a estudiantes de medicina, médicos, historiadores de la medicina, la cultura y la ciencia e interesados en la figura del polímata andino Juan de Dios Tavera.
Metodología
Se utiliza la figura del polímata de Burke1 para dimensionar la del polifacético médico de Oiba, Juan de Dios Tavera, explorar rutas de circulación de conocimiento en la periferia y mostrar cómo Tavera apropió, adaptó y resignificó las ideas y avances europeos y norteamericanos modernos a la realidad del nororiente colombiano. Examinamos el trabajo de Julio Ramos6 para ilustrar la modernidad que se dio en los márgenes del mundo moderno, en lugares como los Andes Orientales colombianos. Aunque Burke también resalta que el conocimiento es un producto social3 (pp.15-20), nos valemos de las reflexiones de Arjun Appadurai8, para recordar que la globalización y la modernización, también en sus tempranas manifestaciones como es el siglo XIX, no fueron procesos de una sola vía, sino que implicaron apropiaciones y resignificaciones locales que generaron modernidades híbridas en la periferia.
El impacto y legado de Tavera se determinan a través de la revisión de fuentes primarias y secundarias relevantes, especialmente las de su único biógrafo y autor de este artículo Abel fernando Martínez Martín4,5, así como la de historiadores de la medicina que lo mencionan, como Ibáñez9 y Martínez Zulaica10; historiadores académicos como Rubio y Briceño11 y Correa12 y, Martínez Santamaría13, quienes aportan contexto y análisis a su vida y obra. Entre las fuentes primarias priorizamos obras de Tavera como El Pensamiento2, periódico de divulgación científica que dirigió y donde escribió artículos y, entre otros, los libros Instrucción popular de partos14, obra de divulgación médica orientada a la atención obstétrica en zonas rurales; y el Estudio de la Lepra15, con una teoría original sobre su etiología.
Resultados
Los resultados se organizan siguiendo la vida de Tavera, desde su nacimiento en Oiba a principios del XIX, hasta su muerte en Tunja al final del siglo. Se divide en cuatro acápites: el primero, trata sus primeros años, su formación académica, su primer trabajo como catedrático de medicina en Vélez, el inicio de su participación en política y, su asentamiento en Tunja. El segundo acápite, trata los primeros años de Tavera en Tunja, sus publicaciones y los cargos que ejerció. El tercero, recorre la vida de un Tavera ya consolidado en la ciudad, los distintos ámbitos de su producción intelectual y artística, y su participación política, empresarial y filantrópica. El cuarto acápite, aborda su muerte y legado. El examen de la vida de Tavera muestra a una figura polifacética, ilustrada, profundamente comprometida con la higiene pública, la educación y el progreso científico.
Primeros años, formación, inicios en la enseñanza de la medicina y en la política, y traslado definitivo a Tunja
Juan de Dios Tavera nació a principios del siglo XIX en Oiba, Provincia del Socorro, hoy departamento de Santander; estudió en Bogotá y vivió cincuenta años en Tunja, donde desempeñó múltiples actividades hasta su muerte en 1883. Como determinó el médico historiador y biógrafo de Tavera, Abel Martínez Martín5, nació el 8 marzo, como se registró en 1805 en el libro de Bautismos de Oiba, hijo de Esmaragdo Tavera Estrada, abogado y secretario de la Real Audiencia, y de María Josefa Barriga. Como su familia estuvo comprometida con la causa de la Independencia, Juan de Dios Tavera era primo del héroe mártir Antonio Ricaurte y sobrino político del general Antonio Villavicencio, su familia padeció la represión del gobierno colonial y, como los bienes familiares fueron confiscados, Juan de Dios creció en la pobreza.
Fue su tía, viuda de Villavicencio, quien asumió su educación y lo envió al Colegio de San Bartolomé de Bogotá, donde Tavera cursó estudios de literatura y filosofía y, posteriormente, se graduó de medicina y cirugía en la Facultad Central de Medicina de Bogotá, obteniendo títulos de Bachiller, Licenciado y Doctor. Finalmente, obtuvo grado en Farmacia, también en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, creada en 1826 por Santander5. Hay que tener en cuenta la Colombia de la época, con escasa infraestructura de transporte y donde un viaje de Tunja a Bogotá, hasta finales del siglo XIX, tomaba 5 días; mientras que, a Pamplona duraba 8 días4.
Ya casado con Hilaria Hinestrosa, Tavera es nombrado catedrático de medicina en el Colegio de Vélez. Siguiendo las políticas del vicepresidente Francisco de Paula Santander (1833-1837), entre 1835 y 1837 se crearon cátedras de Medicina en la República de la Nueva Granada, en noviembre de 1835, en los colegios de Vélez y Guanentá, nombrándose para regentar la de Vélez a Tavera, quien se ofreció gratuitamente para dictarla. Tavera volvió a Bogotá como representante al Congreso. Después de lo cual se asentó definitivamente en Tunja5.
El historiador Ramón C. Correa comenta por qué Tavera decidió radicarse en Tunja, tras acompañar en calidad de médico, a Santander, en un viaje que hizo a esta ciudad: "fue tal la grata impresión que recibió con la caballerosa acogida que la sociedad le dispensó en aquella época, que resolvió fijar su residencia en medio de unos ciudadanos que con tanta caballerosidad lo atendían"12 (p.I55).
Primera etapa de Juan de Dios Tavera en Tunja: medicina, ciencia, política y filantropía
Tavera ejerció en Tunja los oficios de médico, cirujano, farmaceuta, inventor, divulgador científico, promotor de la Salud Pública y miembro de la primera sociedad científica colombiana y de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales (predecesora de la Academia Nacional de Medicina de Colombia); músico, artista, poeta, periodista, se desempeñó además como constructor de carreteras, buscador de oro, fabricante de fósforos y de trementina. Ejerció importantes cargos en la enseñanza y en la representación política regional y nacional: fue catedrático universitario, rector del Colegio de Boyacá, presidente de la Sociedad Católica de Tunja, representante al Congreso, diputado en la primera Asamblea Legislativa del Estado de Boyacá y concejal de Tunja. En esta sección tratamos las primeras publicaciones, empresas y actividades filantrópicas que Tavera hizo en Tunja.
Ya asentado en Tunja, durante la epidemia de viruela de 184I, Tavera fue nombrado médico del Hospital de Caridad por el gobernador. Atendió tanto en el hospital ubicado en el antiguo claustro de San Agustín, como en el hospital de virulentos, en los extramuros, labor reconocida por el gobernador, por contener exitosamente la epidemia4.
Tavera hace su primera publicación médica en Tunja en 1844, se trata de una obra de divulgación de conocimientos médicos que titula: Instrucción popular de partos, "que contiene las posiciones difíciles de la criatura y de los medios de remediarlas con la aplicación de la mano, como también los medios para evitar y curar las principales enfermedades de la madre y el niño"14, y que se reedita en 1882. Obra dirigida a personas sin formación médica con el objetivo de reducir la mortalidad materna y perinatal en zonas rurales, muestra bien el pensamiento de Tavera quien quería, como Mutis, mejorar la calidad de vida de las personas a través de la educación.
En esta misma línea, en 1845 presenta y publica el Programa para la Enseñanza de la Obstetricia en las Universidades de la República16 y, en 1850, Elementos de dibujo lineal, sombras i perspectiva fundado en los principios deJeometría17.
Tavera fue catedrático y rector del Colegio de Boyacá. En 1847, cuando suspendieron la cátedra de medicina por la guerra civil, continuó como profesor de literatura.
En 1850, el síndico del hospital reconoció su labor médica y su aporte económico personal para la atención de los enfermos y, el presidente del Estado de Boyacá destacó su trabajo filantrópico junto a Bárbara Niño, prestando servicios médicos sin remuneración desde la desaparición de la Orden Hospitalaria4. Esta es otra característica clave de Tavera, pues sus empeños fueron casi siempre filantrópicos. En 1852 fundó junto a su esposa el Colegio de Nuestra Señora de la Concepción, dedicado a la educación femenina, donde dictó clases de higiene, botánica y zoología, y ofrecía tratamiento, a las estudiantes adolescentes, contra la clorosis 4,5.
Durante esta etapa inició su actividad editorial. Estableció una imprenta en Tunja, donde publicó el periódico político La Libertad y actuó como agente del periódico La Razón, de Santa Rosa de Viterbo, en 1850. Más adelante, en 1857, Tavera es elegido Diputado de la primera Asamblea Legislativa del Estado de Boyacá. Estas iniciativas muestran su interés temprano en la circulación de ideas políticas y científicas a través de, la entonces floreciente, prensa impresa. Su postura republicana y liberal se refleja en sus proyectos educativos y en su defensa del acceso al conocimiento para sectores sin formación profesional. Esta primera etapa de su vida combina la práctica médica con la enseñanza, la escritura y la acción pública. Tavera fue un fervoroso republicano, un liberal y un romántico -en línea con las ideas político-económicas y artísticas de su época-.
Juan de Dios Tavera: un polímata en los Andes Nororientales colombianos
Durante las décadas de 1860 y 1870, Juan de Dios Tavera consolidó su figura como polímata en el contexto regional. De este periodo es una de las pocas fotografías de Tavera de las que disponemos, ver figura 1. Su actividad se expandió a la medicina, la cirugía, la higiene, la educación, la política, la invención, la industria, el arte y la divulgación científica. En 1864, comenzó a publicar varios trabajos en La Gaceta Médica18, la segunda publicación científica periódica del país y, en 1865, el presidente del Estado volvió a destacar su labor caritativa o de Beneficencia, como se dice el siglo XIX, en el Hospital de Caridad de Tunja, donde prestó servicios médicos sin remuneración junto a Bárbara Niño4.

Figura 1 Fotografía del Doctor Juan de Dios Tavera Barriga, segunda mitad del siglo XIX. Museo de Historia de la Medicina y la Salud-UPTC. Tunja.
En 1867 y 1868 volvió a ejercer como rector del Colegio de Boyacá, donde impulsó la enseñanza de oficios industriales y la concesión de títulos de abogado. En 1867 publica en Tunja: Elementos de Taquigrafía según el Sistema de Mati. Dispuesto sobre horizontales19. En 1868, con 75 años, presidió el jurado de la Exposición Nacional de Productos Naturales, Artes y Ciencias, donde presentó una lista de medicamentos de su autoría4,5.
Ese mismo año, Tomas Cipriano de Mosquera20 escribe sobre Tunja, en su Diccionario Geográfico, calificándola de ciudad antigua, que no llega a 6.000 habitantes, de clima muy frío pero sano, casas cómodas, "aunque de triste aspecto y desairada arquitectura; sus calles pendientes y malas, carece de agua y el cielo que la cobija es nublado por lo regular" (p.186). Entre lo que Mosquera reseña, la universidad, uno de los colegios, una de las dos imprentas y el hospital todos tienen participación o son de propiedad de Tavera. La geografía de Mosquera refleja el impacto de Tavera en la educación, la salud pública, la prensa y la medicina, vehículos de modernización para mejorar la sociedad.
En la Exhibición de Boyacá de 1869, Landínez presentó 16 botellas de esencia de muelle, extraída con un método inventado por Tavera en Leiva. Afirmó que podía reemplazar al petróleo, el consumo de la trementina importada era alto. Se usaba como disolvente, aromatizante, en pintura, limpieza y con fines medicinales, en dolores, infecciones, tos o piojos5.
Participó, además, en la Exposición de Boyacá con piezas quirúrgicas, entre ellas una mandíbula con tumor extraída a Domingo Jiménez, y el Taxotótomo, instrumento quirúrgico inventado por él para castrar animales con rapidez y seguridad. Ese mismo año publicó Sobre Tosferina en El Boyacense21.
Entre 1873 y 1876 publicó, junto a David Torres, el libro Angina diftérica y, varios periódicos de Bogotá publicaron diversos trabajos científicos suyos sobre cuestiones médicas9 (p. 125). En 1874 fue elegido presidente de la Sociedad Católica de Tunja, y en 1878 obtuvo privilegio para producir cera blanca, con la que proveyó una fábrica de fósforos que se instaló en Bogotá12 (p. 347).
En enero de 1878, terminadas las cátedras de medicina, fundó, financió y dirigió El Pensamiento2, periódico científico, industrial, político, literario y noticioso, que circuló dos veces al mes hasta septiembre. Allí divulgó temas de medicina, agricultura, industria, filosofía y política, y presentó avances como la máquina de escribir y el fonógrafo. Citó a Pasteur, Koch, Newton, Darwin, y pensadores franceses como Voltaire, Rousseau y Montaigne4. En la sección científica publicó artículos sobre higiene, transfusión de sangre, epilepsia, lepra, y propiedades del sulfato de quinina. En la sección industrial abordó la extracción de quinina, agricultura, café y el ferrocarril. Escribió sobre la relación entre ciencia y religión en el artículo "Concordancia entre el Génesis y la Ciencia"13.
En el No. 9 de El Pensamiento, citó a los precursores de la medicina etiopatológica, Pasteur y Koch. En el No. 13, reflexionó sobre la transformación química del cuerpo humano: "el hombre de I0 años atrás no es el hombre de hoy [...] un hombre a los 50 años ha resucitado 5 veces" 2. Desde el primer número, defendió la prevención: "La salud, así como el caudal, está en relación del cuidado que se tenga con ella; un simple consejo higiénico puede conservar muchas vidas" 2.
Ese mismo año, escribió Lecciones Elementales de Higiene, publicada por la Imprenta del Estado en Tunja, como podemos ver en la figura 2. En 1880 presentó en la Exposición de Boyacá una lista de especialidades premiadas con Medalla de Oro. También publicó Estudio de la Lepra15, donde propuso una teoría basada en intoxicación fosfórica y estrechez de los agujeros óseos, un año antes del descubrimiento del bacilo. Aplicó principios antisépticos con ácido fénico y defendió la profilaxis como base de la higiene pública. Incluyó tratamientos con plantas medicinales, baños calientes, masajes, transfusiones y aceite de chaulmoogra4.

Figura 2 Dos ediciones de Lecciones Elementales de Higiene por el Doctor Juan de Dios Tavera B. La primera impresa en Tunja en 1880 y la segunda en Nueva York, en 1882.
Tavera defendió la cremación como medida sanitaria y criticó la vivisección. Incluso propuso, si estuviera permitido, experimentar con condenados a muerte, en ese caso propondría al Gobierno "someterlos a una lenta intoxicación fosfórica, para desarrollar en ellos la elefancia"15.
En 1879, en El Empresario22, Tavera utiliza la publicidad que acompaña a la difusión de las ideas, para anunciar que vacunaba contra la viruela, en su casa en la esquina la plaza mayor de Tunja, solo una calle lo separaba del Colegio de Boyacá4. Ese mismo año, participó en la Exposición Nacional de Productos Naturales, Artes y Ciencias, y publicó poesía en El Empresario. En 1881 publicó Memoria sobre la endemia natural y asiento de la Lepra, como nos advierten Montoya y Flórez23 (p. 445).
En 1882 Instrucción popular de partos se reeditó, como lo hizo también Lecciones Elementales de Higiene24, como también podemos ver en la figura 2. Martínez Zulaica reseña: Explicación de la Tosferina y fórmula para su curación11 (p. 346). Además de su actividad científica y técnica, Tavera fue dibujante, taquígrafo, orador, pintor, escultor, músico y poeta. Decoró el salón de la Asamblea con cuadros de batallas patrias, escribió fábulas, poesía satírica y dibujo y taquigrafía en El Tornillo25, El Empresario20y El Pensamiento2.
Tavera también fue representante al Congreso, diputado a la Asamblea del Estado de Boyacá y concejal de Tunja. En la Asamblea de Boyacá se opuso a la desamortización de bienes eclesiásticos de 186I, defendiendo los derechos del clero11 (p. 348).
En sus últimos años, Tavera promovió el desarrollo regional mediante propuestas de infraestructura. En El Pensamiento2, insistió en abrir rutas comerciales por los ríos Meta y Orinoco, propuso el ferrocarril entre Sogamoso y Orocué, para conectar a Boyacá con el mundo mediante rutas comerciales y defendió la colonización del Casanare. En 1879, escribió en El Eco de Oriente26, en defensa de la vía al Llano como alternativa al comercio por el Magdalena. En 1883, firmó un contrato para abrir un camino de herradura entre Vadohondo (Aquitania) y el río Charte en Casanare, para el que tenía privilegio del Estado.
En 1852, la prensa capitalina se dedica al trabajo conjunto de dos médicos, Juan de Dios Tavera y Antonio Vargas Reyes, socio comercial y fundador de la primera publicación médica y de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, de la que fue Rector. La sociedad médica, en medio de la polémica nacional de medio siglo, entre los que querían estimular el talento nacional y los que preferían importar la tecnología, pretendía iluminar a Bogotá con un alumbrado de gas inventado por ellos. El fracaso fue rápido y aparatoso, apestaba4,5.
El experimento fue demostrado primero en la plaza de Tunja y, Tavera produjo, en una fría noche tunjana, "una hermosa luz de gas", en un gasógeno construido por él. "Experimento que hizo para demostrar prácticamente la posibilidad de establecer el alumbrado en nuestras ciudades", cuando Bogotá se alumbraba con unos pocos faroles de aceite'' (p. 347). Tavera no se amilanó, consiguió un nuevo contrato, esta vez sin su paisano y colega, que también fracasó, aunque logró un gas más puro y mejor iluminación, fue mínima su duración4,5.
Muerte y legado de Juan de Dios Tavera
Durante la vida de Tavera, la medicina colombiana realiza un vertiginoso ascenso y alcanza un estatus social que no poseía en tiempos coloniales, cuando los cirujanos eran considerados como artesanos y cuando eran incluso iletrados, como se refleja en procesos judiciales de principios del siglo XIX. A lo largo del siglo, el municipio se encarga de la salubridad; y sólo hasta la Constitución de 1886 se sientan las bases de un Estado centralista interventor, que organiza la Sanidad Pública colombiana como rama del Gobierno Nacional.
Este proceso de profesionalización de la medicina y el propio Tavera, fueron influenciados por la medicina francesa. En Francia se formaban los médicos colombianos que crearon las primeras publicaciones médicas, las primeras asociaciones científicas y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, donde reina la mentalidad anatomoclínica, llamada medicina francesa o medicina hospitalaria. Francia produce durante el siglo XIX las grandes figuras médicas de las tres mentalidades que conforman el paradigma biológico de la medicina moderna: anatomoclínicos como Bichat y Laennec, en la primera mitad del siglo y fisiopatólogos como Claude Bernard y etiopatólogos como Pasteur, en la segunda mitad 27.
En el curso del siglo XIX, la medicina fue crecientemente incorporada en círculos ilustrados y, poco a poco, se irán apoderando de lo público. Otra influencia importante fue la de Estados Unidos, a través de su hijo mayor Guillermo Tavera Hinestrosa, nacido en 1838, poco antes de llegar la familia a Tunja, precursor de la odontología y de la cirugía odontológica en Colombia28.
Antes de su muerte, la Asamblea del Estado de Boyacá, de la que hizo parte, lo declaró hijo ilustre de Boyacá reconociendo las miras filantrópicas que lo llevaron a dedicar "la mayor parte de su vida, con una consagración, interés e inteligencias dignos de la mayor admiración, al estudio de las enfermedades más crueles que azotan a la humanidad y que le hacen acreedor en alto grado a la consideración de sus conciudadanos, y a merecer que su nombre sea consignado en la Historia como el de un gran filántropo y virtuoso ciudadano digno e ilustre hijo del Estado de Boyacá" 4,5.
Juan de Dios Tavera Barriga falleció en Tunja el 24 de noviembre de 1883, con 78 años. La ciudad que lo acogió por casi medio siglo se cubrió de luto. En el Libro de Defunciones de la, ahora, Catedral se consigna que "murió con la muerte de los justos"5 (p. 8).
Discusión
Burke1 advierte que la "historia ha sido cruel con los polímatas. Algunos son olvidados, mientras que muchos son encajonados en una categoría que podemos reconocer. Se les recuerda solo por una forma o unas pocas formas de sus variados logros" (p. 45).
Juan de Dios Tavera tampoco ha escapado a la crueldad de la historia con sus múltiples logros. Muchos, sino todos, olvidados. Esto nos lleva al principal propósito de este artículo, rescatar la figura de este médico, de Oiba y Tunja, que fue clave en la enseñanza de la medicina y la higiene, en difundir y adaptar la modernidad y el progreso a la realidad de guerra, ruralidad y arraigada religiosidad del nororiente colombiano.
La afirmación de Burke implica la incomprensión contemporánea de los polímatas, que también queremos resaltar. En el tiempo que vivió Tavera, inicia la demarcación entre las distintas disciplinas y se institucionaliza la ciencia moderna. Proceso estrechamente vinculado al positivismo comteano, que promovía la clasificación jerárquica del saber y la profesionalización del conocimiento científico. Esto quiere decir, que las fronteras entre disciplinas, que se definen a caballo entre la especialización y la profesionalización, son producto de un momento específico en la historia de la ciencia moderna. Aunque su establecimiento pueda facilitar la regulación de las profesiones, no debería penalizar a quienes se convierten en seres anfibios, que transitan por distintos ecosistemas de saber.
El examen de la trayectoria vital de Tavera nos permite ver cómo los procesos modernizadores en lugares periféricos como los Andes Nororientales de lo que hoy es Colombia, no fueron lineales ni completos, sino más bien fragmentarios, con un desarrollo propio. Esta forma localizada de modernidad se aleja de los modelos eurocéntricos y se aproxima a lo que Arjun Appadura18 denomina "modernidad disyuntiva": una configuración en la que los flujos de saberes, tecnologías e ideas globales se rearticulan en contextos periféricos, generando formas culturales propias. Aunque Appadurai desarrolla su teoría sobre la globalización en el contexto contemporáneo, su noción resulta útil para pensar procesos anteriores. El siglo XIX fue intensa la circulación de saberes, tecnologías e ideas entre Europa, Estados Unidos y América Latina, lo que permite hablar de formas tempranas de globalización cultural.
En este sentido, la figura de Juan de Dios Tavera puede leerse como un agente activo en la rearticulación de saberes globales en un contexto periférico. Su labor como médico, educador, inventor y divulgador científico en los Andes Orientales colombianos, muestra cómo discursos científicos europeos -como el higienismo, la medicina etiopatológica o el evolucionismo- fueron apropiados, adaptados y resignificados en función de las necesidades locales. Tavera no fue un receptor pasivo de la modernidad, sino un mediador cultural que produjo una forma de modernidad situada, en la que la ciencia convivía con la fe, y el progreso técnico con la caridad cristiana. Reconociendo que, incluso en el siglo XIX, existieron procesos de globalización cultural que, ya mostraban tensiones, apropiaciones parciales y reelaboraciones locales.
Conclusiones
El análisis de la vida y obra de Juan de Dios Tavera permite reconocer en él una figura polimática que encarnó el ideal de saber enciclopédico en el contexto norandino del siglo XIX. Su capacidad de integrar disciplinas diversas como medicina, farmacia y odontología, docencia, política, ingeniería, literatura y artes, así como su papel como divulgador científico y promotor de la salud pública, lo convierten en un mediador cultural entre Europa y América con gran impacto local y relevancia en el campo médico.
A través de su periódico El Pensamiento, sus libros, la implementación de avances técnicos y con su labor docente, como académico y con sus artículos en las primeras revistas médicas colombianas o impulsando el ferrocarril del progreso de Boyacá, Tavera articuló una visión de modernización basada en el conocimiento científico. Su legado invita a repensar el lugar de los saberes múltiples en la historia intelectual latinoamericana y a valorar la figura del polímata como modelo de pensamiento integral, comprometido con el bien común y la caridad cristiana.
Destacamos sus obras médicas, pedagógicas y técnicas, como Instrucción popular de partos, Lecciones Elementales de Higiene y Estudio de la Lepra. Examinamos una de sus cartas al gobernador, sobre la necesidad de mejoramiento de la salud pública de Tunja, sobre el estado de su Hospital de Caridad y sobre las enfermedades que preocupan más al siglo XIX, viruela y lepra. El análisis de El Pensamiento se muestra como un espacio de divulgación científica y cultural. El análisis de otros periódicos como El Empresario y El Tornillo, refuerzan su rol como divulgador científico y muestran su faceta de empresario en el campo de la farmacia. Se resalta la contribución que él y su hijo hicieron a la odontología y la que él hizo a la educación y las artes en Boyacá.
Su obra escrita refleja su labor como divulgador científico y como filántropo, que creía en el mejoramiento de la sociedad a través de la higiene pública y que, la única forma de conseguirlo era a través de la educación. Educación y progreso son los ideales de la Ilustración, que persisten en el siglo XIX tras la Independencia, periodo en que la medicina colombiana se institucionaliza creando las primeras publicaciones médicas, fundando la enseñanza de la medicina en la Universidad Nacional y creando las sociedades científicas, procesos en los que Juan de Dios Tavera participó activamente, en la segunda mitad del XIX.














