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Historia Crítica

versión impresa ISSN 0121-1617

hist.crit.  n.27 Bogotá ene./jun. 2004

 

LA CLIOMETRÍA Y LA HISTORIA ECONÓMICA INSTITUCIONAL: REFLEJOS LATINOAMERICANOS

salomón kalmanovitz 1
Miembro de la Junta Directiva del Banco de la República y profesor de la Universidad Nacional de Colombia.


RESUMEN

Este ensayo narra el desarrollo de la cliometría y de la historia neoinstitucional en los Estados Unidos y sus problemas de aceptación por la academia latinoamericana y colombiana. Hay rivalidad entre las dos escuelas porque responden a bases teóricas algo distintas: mientras la primera reposa en la teoría económica neoclásica, la segunda cuestiona sus supuestos sobre la ausencia de fricciones y de instituciones. La moderna historia económica tuvo que competir con la teoría de la dependencia en la América Latina y comenzó a tener alguna aceptación cuando la segunda comenzó a evidenciar problemas de inconsistencia, falta de rigor, ausencia de pruebas de falseabilidad e incapacidad de predicción. En Colombia, la cliometría fue rechazada de entrada, junto con el trabajo de William P. McGreevey, Historia económica de Colombia, y tomó más de 20 años para que volviera a su utilidad para entender el pasado, mientras que la historia neoinstitucional apenas se inicia.

PALABRAS CLAVES:
cliometría, neoinstitucionalismo, historia económica, américa latina, Colombia, douglass north.


CLIOMETRICS AND INSTITUTIONAL ECONOMIC HISTORY: LATIN AMERICAN REFLECTIONS

ABSTRACS

This essay narrates the development of cliometrics and neo-institutional history in the United States and its problems of acceptance among Latin American academics in general and in Colombia in particular. There is rivalry between the two schools because they respond to somewhat different theoretical bases: whereas the former is based on neo- classical economic theory, the second questions its assumptions about the absence of frictions and institutions. Modern economic history had to compete with dependency theory in Latin America and only found some acceptance when the latter began to show problems of inconsistency, lack of rigour, absence of falseability tests, and inability to predict. Cliometrics was rejected from the start in Colombia, together with William P. McGreevey's Economic History of Colombia, and it took more than twenty years for it to recover recognition of its usefulness for understanding the past, while neo-institutional history is only just beginning to be accepted.

KEY WORDS:
cliometrics, neo-institutionalism, economic history. latin america, Colombia, douglass north.

Artículo recibido en enero 2004; aceptado en febrero 2004.


1. introducción

La historia económica moderna ha sufrido dos grandes cambios en el último medio siglo. El primero fue la cliometría, la cual introdujo el análisis econométrico de series largas de las cuentas nacionales, organizadas de acuerdo con modelos económicos para dar cuenta de los procesos de crecimiento de largo plazo, de la rentabilidad social de inversiones en infraestructura o de la productividad de diversas formas de producción o de sectores específicos. La segunda transformación, más reciente, surge de recurrir a las instituciones para explicar los cambios históricos y el comportamiento económico de las sociedades. De esta manera, se comenzaron a resolver preguntas sobre el papel de la revolución democrática en Europa, las instituciones parlamentarias y fiscales así creadas, y su efecto sobre el desarrollo económico de largo plazo, el impacto de la depredación de los excedentes sociales o de la inseguridad de los derechos de propiedad en la inversión, o de los incentivos creados para la acumulación de capital por modelos corporativos de desarrollo económico.

En este ensayo me voy a referir en especial a la influencia que ha tenido la llamada economía neoinstitucional sobre el estudio y análisis de la historia y su aplicación a los problemas del desarrollo económico de América Latina y de Colombia, aunque también me ocuparé de los intentos de la cliometría de establecerse en el país. Es notorio que las dos corrientes han tenido poca aceptación en América Latina, resistencia que trataré de explicar2.

El ensayo cuenta con seis secciones de las cuales ésta es la primera. La segunda tratará la naturaleza de las propuestas de la cliometría y la tercera los aportes del nuevo institucionalismo para la historia económica, resaltando el trabajo de Douglass North. La cuarta sección inspeccionará brevemente la historia económica en América Latina y se referirá al predominio de la teoría de la dependencia, que dificultó el progreso de la cliometría en estos lares, junto con sus expresiones en Colombia, las cuales serán el tema de la quinta sección. La sexta sección presentará algunas conclusiones.


2. la cliometría

La cliometría consistió en la aplicación de la teoría económica y de la econometría al análisis del pasado. Uno de sus gestores fue Simon Kuznets, quien desde 1948 había emprendido un ambicioso proyecto apoyado por el National Bureau of Economic Research, el cual culminó con su libro El crecimiento económico moderno (Madrid, Aguilar, 1973), publicado en inglés en 1966. Allí, Kuznets estableció criterios para analizar los países con base en las categorías de producción, asignación de recursos, distribución del ingreso, consumo y relaciones externas (los flujos de conocimiento, personas y capital entre países). La producción se relacionaba con la población, y las categorías de producto o ingreso per cápita pasaron a ser la vara de comparación de la riqueza entre países. La relación entre insumos y producto daba una idea de la productividad de los factores y al remanente, que era fundamental, se le tildaba como la productividad total de los factores. La distribución se refería a los ingresos del capital, del trabajo y de la tierra. La idea era elaborar series largas de las cuentas nacionales, las cuales, a su vez, habían sido deducidas de las categorías keynesianas de consumo, ahorro e inversión de distintos países para poder hacer comparaciones informadas. El crecimiento moderno se refería a un patrón de acumulación de capital rápido y sostenido a lo largo del tiempo.

Otro influyente autor de la escuela cliométrica fue Robert Fogel. En su libro Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History (1964) trató de calcular el costo beneficio de la inversión hecha en ferrocarriles en los Estados Unidos durante el siglo XIX. Fogel hizo un número de importantes innovaciones en la naturaleza de la investigación histórica, entre las que se encuentran la definición operacional del ahorro social, la utilización explícita de ejemplos contra factuales, el uso de modelos económicos para calcular lo que hubieran sido los costos calculados por un agente racional y, por último, la selección y comprobación de hipótesis que estaban sesgadas en contra de sus hallazgos principales. Sus resultados indicaron que los ferrocarriles no habían jugado un papel tan importante en el crecimiento económico de los Estados Unidos como se había creído porque había medios de transporte alternativos, como la red de canales y de carreteras existentes.

El mismo Fogel, en conjunción con Stanley Engerman, publicó en 1974 un polémico libro sobre la esclavitud norteamericana, Time on the Cross: The Economics of American Negro Slavery3, en el cual se cuestionaban todas las posiciones más aceptadas sobre la institución, como que la esclavitud era una inversión poco rentable, que estaba en su etapa económica moribunda, que el trabajo esclavo y la producción agrícola basada en él eran económicamente ineficientes, que la esclavitud había conducido al estancamiento del Sur de los Estados Unidos y que había impuesto condiciones de vida extremas a los esclavos. También comenzó a ser reconsiderado el supuesto de que la esclavitud era ineficiente y no generaba excedentes como lo suponían algunos historiadores, como Eugene Genovese4. La nueva visión realzó entonces los factores ideológicos que condujeron a la guerra de secesión.

Fogel adelanta una investigación de enormes proporciones en las que combina la demografía, la salud, la nutrición, la altura y masa corporal de las personas en el pasado para relacionarlas con el rendimiento e inteligencia de la fuerza de trabajo que están a la base de los cambios de productividad de largo plazo en las sociedades. Utilizando los archivos del ejército, datos de morbilidad, componentes de la nutrición, condiciones sanitarias generales, atención de partos, período promedio de vida y los sistemas sociales de salud, Fogel ha logrado establecer una relación entre condiciones físicas de la población, esperanza de vida al nacer y su capacidad para desarrollar habilidades en la división del trabajo. "Durante la mayor parte de la historia y en gran parte del mundo en desarrollo de hoy, atrofias severas y la baja masa corporal limitaron seriamente la vida. De qué manera las personas del mundo desarrollado escaparon del hambre ha sido un tema prioritario en la agenda de investigación de Fogel"5. La más reciente contribución de Fogel que reunirá muchos de sus trabajos elaborados en los últimos veinte años lleva el título de The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100: Europe, America and the Third World (Cambridge University Press, Cambridge, 2004)6.

Eric Hobsbawm observa que el papel de la cliometría ha sido fundamentalmente crítico: "en la medida en que [...] obliga a los historiadores a pensar claramente y hace de detector de tonterías, cumple funciones necesarias y valiosas"7. En cuanto a los ejercicios contrafácticos, éstos pueden ser útiles en la medida en que iluminen lo que evidentemente sucedió, pero no dejan de ser especulativos. La cliometría falla cuando aplica al pasado modelos de comportamiento de un capitalismo sin aristas, plenamente desarrollado, aplicando supuestos como la elección racional o la optimización de la rentabilidad en casos donde éstos no aparecen claramente en el horizonte del agente económico, sea este un siervo feudal, un esclavo romano o un terrateniente aristocrático.

Jon Elster cuestiona a fondo la utilización por los cliometristas de los escenarios contrafácticos, lo que él llama "mundos posibles", pues su selección tiende a predeterminar los resultados obtenidos8 y, en verdad, nunca podrá ser comprobado el "qué hubiera pasado sí borramos algún evento histórico". Sin embargo, también aclara que cualquier selección de hechos relevantes por parte del historiador es, en cierta forma, contrafáctica, porque se están desestimando otros hechos de la realidad, es decir, se fabrica una realidad algo distinta a la que arrojan los datos, seguramente simplificada.

Los aportes a la nueva historia económica se siguieron consolidando con el tiempo. En nuestro medio, como se verá, tuvo un aparatoso comienzo, y Jesús Antonio Bejarano llegó a decir que se trataba de una disciplina en decadencia. North afirmaba en 1974 que los cliometristas habían encontrado que la esclavitud era rentable y que los ferrocarriles no habían sido tan esenciales como parecían, pero que no habían sabido identificar cuál había sido el impulso del crecimiento de largo plazo ni entendían cambios en la distribución del ingreso causados por las transformaciones históricas. Habían atacado problemas específicos o instituciones, pero no habían entrado a aclarar la transformación de los sistemas económicos, es decir, el crecimiento de largo plazo. El gobierno no jugaba ningún papel endógeno y era introducido de manera casuística, ad hoc. El único análisis que proveían era el de decisiones de mercado, pero dejaban por fuera el hogar, las asociaciones económicas (gremios) y no informaban sobre las decisiones políticas. Se preguntaba: ¿cómo puede uno hablar seriamente acerca del pasado económico sin una explicación de las decisiones que se toman por fuera de los mercados? Por último, North afirmaba algo que es relevante para entender la dificultad para que la disciplina se desarrollara en países con sistemas universitarios incompletos: la cliometría no podía ser enseñada en los cursos de pregrado, ya que no solamente era compleja sino que no iluminaba el pasado de manera relevante y escasamente incentivaba la curiosidad de los estudiantes9.

Más tarde, en 1997, North decía que después de 40 años, la cliometría había consolidado sus contribuciones: "la aplicación de un cuerpo sistemático de teoría y sofisticados métodos cuantitativos a su campo de acción [...] logró substituir o especificar con mayor precisión la mayor parte de las explicaciones económicas tradicionales que habían sido elaboradas sobre el pasado reciente del hombre". Pero seguía presa, en lo fundamental, de la teoría neo-clásica, cuyos supuestos eran "los de un mundo sin fricciones en el cual las instituciones y el gobierno no juegan ningún papel explícito"10.

En fin, la cliometría había contribuido a esclarecer muchos eventos y problemas microeconómicos de la economía capitalista para lo cual contó con un creciente arsenal de medios técnicos. Los instrumentos estadísticos y econométricos que se pueden aplicar a la historia han seguido mejorando, tornándose en herramientas de trabajo más sofisticadas, como los filtros Hodrick-Prescott y el Kalman, que sustraen las tendencias de largo plazo de las propiamente cíclicas en el comportamiento de las variables de un modelo y son de una gran ayuda para discernir cuál es el crecimiento potencial de una economía en el largo plazo y cómo el crecimiento observado se desvía en distintos momentos cuando lo sobrepasa o se coloca por debajo del mismo. Los filtros también le restan volatilidad a una serie y permiten analizarla mejor. Así mismo, modelos de equilibrio general computable y otros basados en sistemas de ecuaciones han sido ampliamente desarrollados y pueden ser corridos rápidamente con el gran poder computacional derivado de la informática moderna11.

Herman Van der Wee, de la Universidad de Lovaina, dijo en la conferencia inaugural de la Asociación Internacional de Historiadores Económicos celebrada en Buenos Aires en 2002 que "la historia económica nunca ha exhibido tanta actividad y dinamismo como el que muestra en la actualidad, interactuando mucho más que durante los anteriores períodos con otras ramas de las humanidades y de las ciencias sociales"12. La micro-economía y la micro- historia, dotadas de nuevas herramientas de formalización como la teoría de juegos, habían contribuido a entender mejor la relación entre estructura (necesidad), riesgo (amenaza) y la libertad humana. La historia económica dejó a un lado su encierro cliométrico y se re- encontró con la sociología, la ciencia política y la psicología experimental, como ya lo habían hecho los clásicos del pasado, desde Adam Smith a Joseph Schumpeter, para tratar de responder a nuevos interrogantes sociales y modelar también las instituciones políticas, de tal modo que contribuyó a revelar aspectos de una realidad socio-económica más compleja. Pero tampoco era una panacea y se declaraba impedida al atacar los problemas de las transiciones económicas y políticas y, por sobre todo, le costaba trabajo explicar el crecimiento económico de largo plazo. Un balance exhaustivo al que remito al lector interesado es el texto de Baccini y Gianeti, Cliometría, en donde se hace un balance metodológico de los enfoques que compiten dentro de la historia económica cuantitativa y de los debates subyacentes13.


3. la historia económica neoinstitucional

La otra vertiente que transformó la historia económica responde a las inquietudes formuladas por Douglass North y otros historiadores, los cuales revivieron una corriente que tiene antecedentes en la escuela histórica alemana y en los institucionalistas norteamericanos de principios del siglo XX. Las instituciones son definidas como las reglas de juego que guían la conducta de los agentes económicos, los que reaccionan de alguna manera maximizadora para sus propios intereses pero no necesariamente en forma que impulse el crecimiento económico, con lo cual se cuestiona el principio smithiano de la confluencia del interés individual y el social. Las instituciones pueden ser formales y estar escritas en la constitución, las leyes y los organigramas de las empresas, o ser informales como las normas sociales, las ideologías y las religiones que se constituyen en guías de acción de los agentes.

En su libro de 1961, The economic growth of the United States: 1790-1860, Douglass North sostenía que la fuerza subyacente más influyente en la historia era la evolución de los mercados y se declaraba en desacuerdo con el tratamiento tradicional de la historiografía norteamericana, preocupada por la descripción y el cambio institucional, sin entender los procesos de crecimiento económico14. Las instituciones en la historiografía tradicional eran entendidas como organizaciones y estaban separadas de la dinámica económica. Más adelante, el mismo North las entendería de manera muy distinta, a saber, como un entorno de incentivos que fomenta o restringe el crecimiento económico, ofrece garantías o no a los derechos de propiedad, y conduce el excedente económico hacia la inversión o hacia su depredación por parte del Estado y otros agentes.

El trabajo en el que aparecieron sus nuevas propuestas, El nacimiento del mundo occidental, subtitulado como una nueva historia económica (900-1700), fue elaborado junto con Robert Thomas15. En éste la pregunta fundamental fue: ¿qué hizo que por primera vez en la historia humana algunas sociedades obtuvieran crecimientos de largo plazo y superaran la pobreza abyecta y las hambrunas? El argumento central de North y Thomas es que la organización económica eficiente fue la clave del crecimiento y que los arreglos institucionales, en especial la definición adecuada de los derechos de propiedad y su protección, crearon incentivos para canalizar el esfuerzo económico en una dirección que acercó la tasa de retorno privada a la social. La estructura política favoreció a los empresarios pero introdujo a la vez limitaciones al despotismo y abrió el campo de las oportunidades a más agentes. Las patentes protegieron e incentivaron la invención y es en este sentido que se entiende mejor el acercamiento del rendimiento individual –en este caso, el monopolio temporal que genera una renta para el inventor– y el rendimiento social, la reducción de costos o la mejora en la calidad de vida que surgen de la innovación y que benefician a toda la sociedad. Al mismo tiempo, la innovación recibió un fuerte incentivo que multiplicó las iniciativas individuales.

La atmósfera institucional de Inglaterra y Holanda favoreció entonces la inversión de capital, y la extensión del mercado permitió la realización de economías de escala; es en este sentido que se precisa la noción de eficiencia, pues a partir de cierto nivel de producción caen los costos unitarios y se abaratan los productos. El protestantismo justificó la riqueza como posible expresión de gracia e indujo una disciplina social en la población trabajadora. Con ello hubo una legitimación del capitalismo y un aumento en la calidad de los factores de la producción. El apoyo del Estado y del capital a las universidades impulsó el desarrollo de nuevas tecnologías. La separación Estado-Iglesia permitió el libre examen y la investigación científica, mientras que el Estado se concentraba en impulsar el desarrollo del capitalismo y no en defender o atacar algún credo.

Uno de los aspectos centrales de la teoría neoinstitucional es la importancia que le concede a los costos de transacción. Éstos se definen como los costos de información, los costos de los contratos y la supervisión de su cumplimiento, es decir, los costos legales y del sistema de justicia, el costo de los riesgos implícitos en las operaciones, los cuales se reducen por el desarrollo del cálculo de esos riesgos. El surgimiento de Occidente fue posible por una reducción de las imperfecciones de mercado o por una mejora en el funcionamiento de los mercados, que significó una reducción de costos asociados a la incertidumbre y a la calidad de la información. En este sentido, surgieron mercados de letras de cambio y, en la medida en que el comercio aumentaba, aparecieron agentes especializados en el mercado monetario. Cuando se instauró el mercado de deuda pública, donde el fisco fue impecable en el cumplimiento de sus obligaciones, surgió un mercado profundo que permitió transar también deuda privada y eventualmente acciones de las sociedades anónimas.

La reducción de la inflación fue posible porque se prohibió afeitar y falsificar las monedas en la forma en que lo habían hecho hasta el momento las monarquías absolutas, lo que también condujo a una mejora notable de la información contenida en los precios. El mercado de capital y la baja inflación dieron lugar a tasas muy bajas de interés y a la posibilidad de financiar grandes inversiones en proyectos densos en capital, como metalurgias, ferrocarriles, canales, etc. Con una mejor información se pudieron medir los riesgos, surgió el cálculo actuarial y la industria de los seguros. Hubo además cambios organizativos que fueron fundamentales para el progreso de las empresas, tanto en sus métodos de gobierno como en la transparencia que la contabilidad pública introdujo para los accionistas. El surgimiento de las sociedades por acciones, que eran responsables sólo por el capital invertido en ellas, redujo el riesgo asociado con las organizaciones industriales, pues los dueños de acciones tenían salvaguardado su patrimonio personal de los efectos de una posible quiebra16.

North enfrenta el problema de las instituciones informales, en particular el de la religión, en términos muy económicos. Las leyes contra la usura impedían normalizar los contratos de crédito y medir y acotar adecuadamente el riesgo crediticio. Esto aumentaba los costos de transacción en el mercado financiero y obligaba a que los agentes diseñaran complejos contratos para evadir las regulaciones morales que imponía la Iglesia católica. El mercado financiero es uno de los más complejos y es una pieza fundamental en el proceso de desarrollo económico. Una vez abolidas las leyes contra la usura, se desarrollaron a fondo los mercados financieros de Amsterdam y Londres, cuyas tasas de interés estaban por debajo de las que ordenaba la Iglesia. Pero hay también elementos culturales que Weber destacó y que North descarta: el protestantismo combatió la mentalidad mágica y regresó a la concepción de un Dios abstracto, justificó la acumulación de capital y la racionalidad derivada de ella, indujo el ascetismo y la responsabilidad en la vida diaria e incentivó el perfeccionamiento personal mediante el trabajo, el estudio y la lectura, lo que contribuyó a que se extendiera y universalizara el alfabetismo dentro de la población17.

La teoría neoinstitucional analiza entonces los incentivos que podían conducir a los individuos a emprender actividades socialmente deseables (generadoras de comercio y de empleo) o actividades redistributivas, las cuales capturan parte de las rentas producidas por otros agentes, pudiendo incluso depredar todos sus excedentes. Entre las primeras, se destaca un factor fundamental del crecimiento económico continuo: las instituciones que incentivaron a que el excedente fuera re-invertido continuamente y, al mismo tiempo, aumentara como resultado de la eficiencia institucional y de la contenida en el cambio técnico. En este sentido, las sociedades capitalistas cumplieron, primero, con la expansión del ahorro y, segundo, con su canalización hacia la inversión, mientras que las instituciones políticas favorecían el cambio técnico, a pesar de que éste casi siempre producía perdedores. Las sociedades que atravesaron por revoluciones socialistas, como Rusia y China, mantuvieron tasas de crecimiento elevadas durante cuatro o cinco décadas, invirtiendo una enorme proporción de su producto anual, pero no fueron sostenibles en el tiempo, entre otras cosas, porque no favorecían el cambio técnico ni promovían la productividad de sus plantas industriales, y es precisamente la eficiencia la que impulsa fundamentalmente el crecimiento de largo plazo de los países. En contravía a considerar la eficiencia como fundamento del crecimiento, el modelo de Harrod-Domar informaba que su fundamento era la inversión en bienes de capital y construcciones, lo cual se convirtió en la receta básica de todas las agencias multilaterales y marcó los planes de desarrollo de cientos de países pobres durante 40 años. Antes de que se popularizara, el modelo de crecimiento de Solow, siguiendo la visión original de Kuznets, planteaba que el grueso del crecimiento surgía de la mayor productividad de todos los factores y del cambio técnico que reasignaba todos los recursos de forma más productiva que en el pasado18.

De otro lado, la redistribución del ingreso a favor de pequeñas capas aristocráticas u oligárquicas significaba que se daban pérdidas para los agentes productivos, como pudo haber sucedido durante gran parte de la historia humana de imperios y monarquías, y la vida social se caracterizaba por la monotonía y la ausencia de iniciativas. En tal sentido había que analizar cómo estaban definidos los derechos de propiedad, si eran justos y aceptados por muchos y contribuyeron a la eficiencia, y si fueron efectivamente defendidos en caso de ser agredidos. Los derechos de propiedad latifundistas, sobre las personas o sobre las propiedades de siervos y arrendatarios, eran desafiados por muchos agentes y contribuían a ineficiencias estructurales en los sistemas de producción y distribución. Los derechos de propiedad surgidos de reformas agrarias probaron ser claves en el desarrollo más rápido de muchos países que pasaron por los cataclismos de revoluciones y revueltas campesinas, y en el que surgieran instituciones políticas más aceptadas por la población, esto es, instituciones que contaban con una mayor legitimidad19.

En la Unión Soviética colapsaron las reglas de distribución del ingreso y la férrea disciplina social mantenida por el patriotismo y el terror del Estado durante los años sesenta del siglo XX, lo que condujo al lento desgaste del sistema y a su eventual colapso. En China, sus dirigentes cambiaron el modelo de desarrollo antes del agotamiento del socialismo soviético, seducidos por el éxito exportador del capitalismo en el Este asiático. No faltaron modelos corporativos de desarrollo exitoso, como los de Alemania, Italia y, en menor medida, el de España, montados sobre fuertes caudillos que irrespetaron los derechos de propiedad de grandes segmentos de sus poblaciones, y disolvieron las instituciones parlamentarias, por lo cual no contaban con reglas de sucesión conocidas y respetadas por todos los agentes. La segunda guerra liquidó los regímenes propiamente fascistas, mientras que el falangismo franquista encontró formas de relevo parlamentarias que eventualmente le prestaron estabilidad al crecimiento de largo plazo de la economía española mediante su apertura e integración al Mercado Común de Europa.

En su célebre opúsculo publicado en inglés en 1990, Instituciones, cambio institucional y desempeño económico20, el autor sistematizó en una teoría coherente sus anteriores aportes a la historiografía. Afirma allí que "ofrece el esbozo de una teoría de las instituciones y del cambio institucional" y que centra su atención "sobre el problema de la colaboración humana, específicamente en captar las ventajas del comercio". La colaboración es propiciada por instituciones que logran resolver los conflictos de interés de manera consensuada, permiten que los perdedores de los cambios técnicos e institucionales obtengan alguna reparación, pero aseguran que el cambio exigido por la acumulación de capital siga su marcha.

Si se quisiera hacer una síntesis muy breve, se podría señalar que North afirma que las instituciones proveen la estructura básica en la cual los seres humanos han creado orden y reducido la incertidumbre del intercambio en la historia. Junto con la tecnología empleada, ellas determinan los costos de transacción y transformación y, por lo tanto, la rentabilidad y la posibilidad de emprender la actividad económica. Se descuelga de la visión neo-clásica para decir que ésta introduce una "característica devastadoramente limitante para aquellos historiadores cuyo problema central es explicar el cambio a lo largo del tiempo"21, suponiendo "un mundo sin fricciones" donde las instituciones no existen o no importan. De esta manera, se olvida el objetivo principal de la historia económica: tratar de explicar los diversos patrones de crecimiento, estancamiento y decadencia de las sociedades en el tiempo, y explorar la manera en la cual las fricciones que son consecuencia de la interacción humana producen resultados ampliamente divergentes.

Las condiciones iniciales para el desarrollo capitalista fueron un espacio amplio comercial, un mercado interior sin barreras o comercio internacional con pocas barreras. La protección limita la extensión del mercado y entrega rentas a los productores protegidos. Éstos, a su vez, le restan poder político a los sectores y regiones que se perjudican con la protección. La mayor extensión del mercado lleva a una mayor especialización y a aumentos de la productividad. La entrada al mercado se limita cuando el Estado otorga monopolios, vende puestos públicos o discrimina a favor de unos intereses –no necesariamente los más productivos o eficientes– en contra de otros. La educación es importante para el desarrollo económico porque permite una especialización más compleja del trabajo y de la producción.

En las sociedades industrializadas los derechos de propiedad se legitiman porque dependen de una justicia imparcial, del monopolio de las armas del Estado y no de la fuerza privada del agente. Es en este contexto en que proliferan los contratos o intercambios económicos y con ellos el desarrollo y la apropiación de la tecnología. Para North, "cuando comparamos el costo de realizar transacciones en un país del Tercer Mundo con uno de economía industrial [...] vemos que los costos por intercambio en el primero son mucho mayores y que, a veces, no hay ningún intercambio debido a lo elevado de los costos. En el Tercer Mundo la estructura institucional carece de estructura formal (y de cumplimietno obligatorio) que apuntale los mercados eficientes"22.

North introduce el concepto de path dependency, o dependencia del pasado, el cual establece que la matriz institucional de una sociedad se reproduce en el tiempo y, aunque va transformándose, conserva algunos de sus rasgos fundamentales. En este sentido, "la historia económica latinoamericana [...] ha perpetuado las tradiciones centralistas y burocráticas trasmitidas por la herencia española y portuguesa [...] permanecen relaciones personales en la base de los intercambios políticos y económicos" y eso explica en alguna medida la precaria estabilidad política y la dificultad para apropiar el potencial de la tecnología moderna. En los Estados Unidos, dependiente de la matriz institucional parlamentaria y propiciadora del crecimiento económico, "se dieron todos los intercambios impersonales más complejos que le permitió capturar las ganancias económicas de la tecnología moderna"23.

Para North, los casos de Francia, España y Portugal durante la alta edad media muestran fuertes poderes centrales que se arrogaron muchos derechos económicos, a partir de los cuales repartieron arbitrariamente privilegios, monopolios y rentas específicas. "La persistencia de instituciones ineficientes, ilustrada por el caso de España, fue un resultado de las necesidades fiscales de los gobernantes que condujo a horizontes acortados de tiempo y, por lo tanto, a una disparidad entre incentivos privados y bienestar social"24. North aduce que al principio del siglo XVI España e Inglaterra encaraban problemas fiscales similares y con costos militares crecientes, debidos a la creación de nuevas tecnologías de guerra. Mientras la primera pudo resolverlos con base en el tesoro de sus colonias americanas, sin tener que recurrir a las cortes o parlamentos, la segunda se vio obligada a hacer negociaciones con sus súbditos ricos que eventualmente se convirtieron en ciudadanos influyentes en la política de la república monárquica.

A la vez que Inglaterra aumentó su poderío estatal y militar, y propiciaba su revolución industrial, lo que le permitió dominar el mundo del siglo XVIII, España fue llevada "a crisis fiscales sin solución, quiebras, confiscación de activos y derechos de propiedad inseguros, en fin, a tres siglos de relativo estancamiento"25. España fue testigo de la despoblación del campo, del estancamiento de su industria y del colapso del sistema de comercio de Sevilla con el Nuevo Mundo, todos asociados a las políticas de control de precios, incrementos arbitrarios de impuestos y confiscaciones repetidas. La política no estaba al servicio del desarrollo económico sino que era un instrumento fiscal para la depredación de la riqueza privada.

Un autor que complementa las líneas de análisis de North es Robert Bates en su trabajo Violence and Prosperity26. Para él, un sistema judicial o un ejército pueden cubrir un área y población grandes, reduciendo los costos unitarios de justicia y protección. "Un conjunto de derechos de propiedad especificados puede ser extendido indefinidamente a otras áreas con un bajo costo adicional". Es fundamental el paso de la justicia privada que limita la acumulación de capital y destina recursos a la venganza, a la justicia en manos del Estado que limite el conflicto intrasocial. El período de continuas guerras de la alta edad media generó crisis fiscales que dieron fuerza a las ciudades, a sus comerciantes y banqueros. Avner Greif ha hecho contribuciones a la historia institucional de la edad media europea y ha elaborado modelos de teoría de juegos a situaciones de conflicto y violencia27. Otro autor que ha investigado el tema de los costos de transacción es Oliver Williamson, dos de cuyos trabajos han sido traducidos al español28 y que ha desplegado influencia sobre algunos trabajos de historia que se concentran en los compromisos creíbles y el cumplimiento de los contratos.

North desdeña el elemento religioso como fundamental en su teoría de las instituciones, en cuanto considera que no sobredetermina a los agentes, aunque ha mostrado su impacto sobre la restricción a los mercados financieros. No menciona North que la Iglesia fue la organización más líquida de la edad media y que aspiraba al monopolio del crédito, otorgado bajo sus reglas. Pero hay que tener en cuenta que la Iglesia católica fue también el pilar ideológico del absolutismo europeo y portaba una ideología que condenaba al capitalismo y a las virtudes burguesas: ahorro, racionalidad e individualismo responsable, en tanto la primera equivalía a la avaricia, la segunda cuestionaba la fe y la tercera se desviaba de la obediencia. Igualmente, la Iglesia tenía el monopolio de la educación y de las obras sociales y, por lo tanto, se oponía tanto a la educación obligatoria y laica como a los impuestos, distintos a la caridad, que financiaran la educación y la salud de la población. La separación de Iglesia- Estado fue condición necesaria del orden burgués consensuado en Europa, pero la materialización de dicha separación en muchos países latinoamericanos no logró cambiar en lo fundamental la matriz institucional que condicionaba su comportamiento económico. Por ejemplo, la fiebre dogmática de los liberales radicales latinoamericanos reproducía una actitud religiosa (era el caso de la elaboración de los llamados "catecismos liberales", los cuales, al igual que el católico, debían ser memorizados por los militantes)29. Ésta es otra muestra que pone de manifiesto la razón por la cual North dice que la religión en sí no determina los comportamientos de los agentes.

Hay situaciones como las de América Latina en las que persisten instituciones ineficientes porque hay agentes poderosos que se benefician con ellas. Sistemas financieros distorsionados por el crédito subsidiado y la inflación que tiende a expropiar a los agentes que viven de rentas fijas y a todos los acreedores, protecciones altas que otorgan rentas extraídas de la población consumidora a favor de terratenientes e industriales, exenciones de impuestos a la tierra y al ganado pero altos impuestos al consumo, son todas políticas que defienden férreamente sus beneficiarios. Acá no fue suficiente la adopción de constituciones o sistemas legales norteamericanos o franceses porque éstos quedaron superpuestos sobre una larga tradición de controles burocráticos centralizados. La descentralización terminó pronto con esquemas de re-concentración del poder en todos los Estados que se quisieron llamar federados y que mostraron el carácter paternal de las transferencias y regalías para sus respectivas regiones. Ésta es otra muestra más de que la historia está anclada en el pasado.


4. la historia económica en américa latina.

En la tradición latinoamericana hay una tendencia a examinar los problemas de manera dogmática: en el siglo XIX se creyó que el pluralismo religioso terminaría en la guerra de creencias y en la condenación eterna, o que las esferas políticas regionales y locales castrarían el poder central si se les permitía alguna autonomía. Y así también con los debates ideológicos y científicos: la proliferación de puntos de vista acarrearía el desorden y los puntos ciertos, los "nuestros", serían destruidos. Y así ha sido también con las corrientes que juzgamos como enemigas, las que no son de "nuestra familia" y las que riñen con "nuestra cultura". La teoría neo-clásica es irremediablemente de derecha y debe ser exorcizada, destruida, según esta visión dogmática de la ciencia. Sin embargo, tal teoría tiene sus indudables fortalezas –formalización matemática rigurosa, hipótesis coherentes, comprobación empírica de las mismas, contrastación con las hipótesis contrarias– y muchos de sus resultados son buenos, indiferentes a su filiación política.

Los elementos críticos hacia las tradiciones hispánicas contenidas en la obra de North han dificultado la aceptación del neoinstitucionalismo y su historiografía en América Latina30. Es así como la nueva historia económica, incluyendo su vertiente neoinstitucional, ha sido repelida por aquellos intelectuales que no sienten culpa alguna de estar envueltos en el legado histórico, que sienten una simpatía grande hacia el Estado paternal y una antipatía de magnitud similar contra el individualismo que acompaña al capitalismo. Éste ha sido un lecho propicio para la aceptación del marxismo y explica en buena parte su éxito relativo. Para muchos científicos sociales, en general, el enorme poder exhibido por los Estados Unidos, en menor medida el de Europa, debe ser resistido activamente y sus sistemas económicos y sociales rechazados con base en algún ideal socialista, lo cual impide analizar en detalle el bosque nacional y sus posibilidades.

La teoría neo-clásica tuvo poco desarrollo en las universidades latinoamericanas porque se creía que sus supuestos sobre el hombre racional y la ausencia de fricciones en el cierre de los mercados no aplicaban al medio social local. Alguna razón tenía esta crítica porque evidentemente no funcionaban de manera fluida las instituciones que exige el capitalismo para poder desarrollarse y muchos de los mercados estaban permanentemente obstruidos por malas regulaciones impuestas por los grupos de poder que se beneficiaban con ellas. En vez de dicha teoría, tuvieron una amplia acogida las derivaciones de la escuela histórica alemana con sus postulados sobre la necesidad de tener una sociedad orgánica, industrializada, con base en la protección, y economistas como Antonio García y su obra Bases de la economía contemporánea31, fueron ampliamente aceptados en el continente latinoamericano. La falta de una tradición liberal y de un pensamiento racionalista también hizo atractivo el marxismo para la intelectualidad local.

El neoinstitucionalismo parte del individualismo metodológico y, por lo tanto, el análisis no se sesgará a favor del colectivo. Sin embargo, podrá tratar sin problemas conductas sociales y ponderar intereses de grupo. Así como los agentes ricos pueden ser depredados, el nivel de tributos puede ser tan bajo que el Estado sea débil e invite a la insurgencia a tomárselo o caer en manos de intereses particulares. Son temas liberales pero creo que son progresivos, más que los que enarbolan los marxistas y populistas. Los criterios de progreso tenían que ver, de acuerdo con el mismo Marx, con el avance de la libertad política y el de las fuerzas productivas. En ambas medidas la izquierda contemporánea falla. Tanto la libertad económica como la política pueden ser sacrificadas en aras de la igualdad económica. Por fin, la izquierda considera la eficiencia como una obsesión derechista, a pesar de que los sistemas que no la profundizan colapsan (la Unión Soviética) o reducen dramáticamente el nivel de vida de todos sus ciudadanos (Cuba, Corea del Norte).

Por último, rechazar la teoría neo-clásica también implicó alejarse de los métodos de constatación empírica de hipótesis bien estructuradas y contrastadas e hizo muy difícil el desarrollo de ciencias sociales basadas en el rigor científico, muchas de las cuales fueron influidas por la economía y su formalización matemática. En parte por tales razones, en parte porque los recursos educativos son no sólo escasos sino precarios y los sueldos de los profesores no recuperan la inversión en estudios doctorales, la historia económica y la neoinstitucional, y las ciencias en general, obtuvieron un desarrollo lento y resistido en América Latina.

La teoría de la dependencia que se desarrolló ampliamente en la década de los setenta del siglo XX tenía como sustento la querella fundamental de que la división internacional del trabajo le había sido impuesta por las grandes potencias a América Latina y que era intrínsicamente injusta. Los precios de las materias primas bajaban siempre y los de las manufacturas subían32. La inversión extranjera, a su vez, descapitalizaba a los países sometidos, de tal modo que quedaban encerrados en la envoltura de un subdesarrollo creciente. Los dependentistas ignoraban el caso de los Estados Unidos, de la edad de oro argentina o de Australia, países que comenzaron exportando materias primas y recibieron grandes inversiones inglesas para desarrollar sus canales y ferrocarriles o para otras ramas de la economía, con lo cual lograron un grado importante de industrialización.

De esta manera, la teoría de la dependencia ignoró la estructura social y sus instituciones, las cuales generan fricciones o lubrican el desarrollo económico, y conducen al orden o al desorden político33. Una vez elaboradas las estadísticas de las cuentas nacionales de los países y hechos cálculos serios sobre su crecimiento económico, se descubrió que el comportamiento de América Latina durante el siglo XX había sido bastante bueno, mucho mejor que el del siglo XIX, el cual prácticamente se perdió en el desorden político que legó el choque de la independencia34. Por último, no sobra reafirmar que la teoría de la dependencia careció de rigor al suponer de entrada que sus hipótesis eran verdaderas y por eso no se plantearon hipótesis falseables o mundos alternativos.

Hay varios trabajos importantes de los neoinstitucionalistas aplicados a América Latina que referiré brevemente. El libro de John Coatsworth y Alan Taylor, Latin America and the World Economy Since 1800 35, cuestiona los supuestos dependentistas y sería provechoso traducirlo al español. El trabajo Douglass North, Barry Weingast y William Summerhill, "Orden, desorden y cambio económico: Latinoamérica versus Norte América"36, es una comparación entre la América colonizada por Inglaterra, que legó sus instituciones democrático-liberales en el norte del continente, también en Jamaica, y la llevada a cabo por España con sus correspondientes instituciones monárquicas y corporativas. El tema que analizan es la forma en que los dos sistemas reaccionan frente a un cambio violento de régimen –el proceso de independencia–, del cual surge una fase de desorden político. Éste se caracteriza por una anulación de los derechos de propiedad existentes, el desplazamiento de una autoridad política por una o unas nuevas, donde "los ciudadanos temen por sus vidas, sus familias, y por sus fuentes de supervivencia"37. El orden político es entendido como un conjunto de instituciones que aseguran una autoridad, cierto nivel de obediencia de la población a ella, unas bases políticas de apoyo y un respeto relativo a los derechos de propiedad existentes.

Mientras en el norte el desorden fue superado (después de una guerra que fue también civil) por una federación de las 13 colonias cuyas asambleas y ciudadanos se pusieron de acuerdo en una constitución que articulaba una república de democracia representativa, en las colonias españolas las federaciones explotaron rápidamente, se erigieron Estados sobre las divisiones burocráticas establecidas por los españoles y se sucedieron muchas constituciones, cada una impuesta después de una guerra civil, situación que sólo comenzó a decantarse en el último cuarto del siglo XIX, cuando ya los Estados Unidos de América se habían unificado, habían abolido la esclavitud en 1864, avanzaban en una rápida industrialización y se apropiaban de más la mitad de los Estados Unidos de México, de Puerto Rico y de Cuba.

Daron Acemoglu, James Robinson y otros han trabajado el tema de la dependencia del pasado para diferenciar colonias de poblamiento que eventualmente desarrollaron tanto instituciones democráticas como sus mercados, de las colonias extractivas que sometieron a la población nativa o importaron esclavos38. Esto, a su vez, lo relacionan con la calidad de los climas que ofrecieron condiciones salubres o no de asentamiento para las poblaciones europeas. En las colonias extractivas, la independencia no constituyó un cambio estructural sino que las antiguas instituciones por medio de las cuales se extraían los excedentes fueron ocupadas por las capas locales más beneficiadas de la fase colonial. En el caso de Jamaica, una colonia de tipo plantación, extractiva, con una población esclava y una delgada capa terrateniente inglesa, no fue posible establecer una democracia parlamentaria estable. Una insurrección de los esclavos manumitidos en 1864 dio lugar a que este país regresara a su estatus de colonia, a la cual se le entregó algún autogobierno a partir de 1884, para que sólo en 1962 obtuviera su independencia plena, sin haber logrado un desarrollo económico sostenible39.

Otros trabajos importantes son los editados por Stephen Haber en su colección de ensayos Cómo se rezagó la América Latina40, en la cual se incursiona en las historias económicas de Brasil y México, y se analizan las pautas del desarrollo económico de largo plazo, la relación entre los transportes y el desarrollo económico, la profundización alcanzada por los mercados financieros y el desarrollo de la agricultura, y el efecto de las desigualdades sociales en el desarrollo profundo de Canadá y los Estados Unidos y en el débil crecimiento de América Latina. Haber es autor de una importante obra, Industria y subdesarrollo, La industrialización de México41, en la cual hace un análisis de la evolución de los factores de la producción, de la atmósfera provista por la economía política, del financiamiento de la inversión industrial y de los efectos de la revolución en el crecimiento de la industria. Encuentra paradójicamente que la conmoción política no se reflejó proporcionalmente en el desarrollo económico mexicano de la época, lo cual lo indujo a profundizar el tema del grado de seguridad de los derechos de propiedad en situaciones revolucionarias42.

Para la Argentina está el trabajo seminal de Carlos Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of the Argentine Republic, publicado en 197043, y uno reciente editado por Gerardo della Paolera y Alan Taylor, A New Economic History of Argentina, enfocado en el cambio económico de largo plazo, los desarrollos mayores en la política económica y los cambios fundamentales en las instituciones y las ideas44. La Universidad Torcuato Di Tella y la de San Andrés, así como la Fundación Gobierno y Sociedad (http://fgys.org), han hecho contribuciones sistemáticas a la historia económica moderna. Autores como Jeremy Adelman, Guido di Tella, Carlos Newland y Robeto Cortés Conde han hecho trabajos sobre el desarrollo agrícola de ese país. Luis Bértola ha elaborado trabajos sobre la historia económica del Uruguay. La Revista de Historia Económica, de 1999, Vol. XVII, a la cual remito al lector, trae un balance más adecuado de la historiografía latinoamericana del que yo pueda hacer en estas líneas. Por último, vale la pena mencionar el libro de Alan Dye, Cuban Sugar in the Age of Mass Production: Technology and the Economics of the Sugar Central, pues es tal vez el trabajo más completo de análisis histórico de cumplimiento de contratos y costos de transacción para América Latina45.


5. la nueva historia económica en Colombia

Fue notable el auge de la historia económica en la Colombia de los años sesenta y setenta. Originada por los historiadores profesionales Jaime Jaramillo Uribe, Jorge Orlando Melo y Germán Colmenares, quienes construyeron, apoyados en los archivos coloniales y locales, las historias de las formas de trabajo coloniales de las principales regiones del país y del esclavismo. De los tres, Melo recibió un entrenamiento anglosajón, mientras que Jaramillo Uribe fue entrenado en Alemania, y Colmenares lo fue por la escuela francesa de los Annales.

Los historiadores norteamericanos hicieron una gran contribución a la literatura, destacándose James Parsons, Frank Safford y David Bushnell. Hubo un relevo por parte de economistas en los años setenta que se dedicaron a tareas más teóricas (Bejarano)46, a cubrir el desarrollo del comercio (Ocampo)47, a la historia laboral (Urrutia)48, del café (Palacios)49 y de la agricultura(Kalmanovitz)50. La visión dependentista orientó el trabajo de José Antonio Ocampo, pero sus excesos fueron rebajados por el entrenamiento doctoral del autor en los Estados Unidos, de tal modo que la investigación sobre las series de comercio es muy rigurosa y las fases de crecimiento y colapso del mismo son explicadas con base en una combinación de un argumento dependentista –Colombia como país periférico, sometido a la división internacional del trabajo– y otro argumento que dice que existe un sustrato social interno, una clase terrateniente depredadora de los recursos naturales, que sólo puede participar en el comercio mundial cuando éste genera altas rentas y se debe retirar cuando retornan condiciones normales de mercado. Kalmanovitz elaboró una historia económica de Colombia con un enfoque marxista que combinaba política y economía, pero también dentro de la tradición empirista anglosajona y partiendo de y reconociendo la literatura existente51.

En 1988 apareció Historia económica de Colombia, obra editada por José Antonio Ocampo, la cual reunió a los economistas de Fedesarrollo con los historiadores Colmenares, Jaramillo Uribe, Melo, y Tovar, y con el economista Jesús Antonio Bejarano, quienes elaboraron una obra que carece de unidad interna en torno al tratamiento de la servidumbre y del capitalismo. El equipo de Fedesarrollo hizo una historia macroeconómica, con base en un modelo keynesiano o neo-estructuralista que ya no tuvo nada que ver con la diversidad de enfoques de los historiadores. En ella se tomaba como un dato positivo el alto grado de intervención estatal, el dirigismo centralista y no se tenían en cuenta las propuestas liberales sobre la división de poderes y descentralización política52.

La historia económica como cliometría fue introducida al país por un estudiante de doctorado de MIT, William P. McGreevey, en su tesis, la cual apareció en inglés como libro con el modesto título de An Economic History of Colombia, y que fue publicada en español en 1975 simplemente como Historia económica de Colombia 1840-1930. El libro presentó modelos econométricos de costo beneficio sobre el impacto de la inversión en transportes en el desarrollo del país y de otras variables para terminar explicando de manera incoherente el despegue económico del país en el siglo XX a partir de la voluntad de los colonos antioqueños53.

En el mismo año de 1975 se realizó en Bogotá un seminario sobre esta obra seminal que terminó siendo una encerrona en la que se le desmenuzó y criticó duramente desde el punto de vista de sus fuentes, sus estadísticas, sus modelos teóricos, sus hipótesis y sus conclusiones54. Fue también un intenso debate de las distintas posiciones de la izquierda en ese momento. El embate estuvo dirigido por los historiadores profesionales que desconfiaban de las técnicas estadísticas y econométricas sofisticadas de las que hacía gala McGreevey, y que aducían que no se podía sustituir el análisis crítico de las fuentes primarias o cuestionaban las series desestacionalizadas, acusándolo de invención de cifras para cubrir algunos años en los que simplemente se extrapolaban las cifras de períodos anteriores de acuerdo con su tendencia.

Adolfo Meisel revisó los cálculos de McGreevey sobre el costo beneficio de los ferrocarriles y concluye que el razonamiento y los datos presentados son rigurosos, con lo cual se demuestra adecuadamente que las inversiones en infraestructura de los años veinte del siglo pasado fueron positivas para el país, al contrario del juicio tradicional acerca del período, visto como "la danza de los millones" y dominado por la corrupción y el desperdicio55. El contrapunteo entre el tabaco durante el siglo XIX y el café durante el siglo XX que elaboró McGreevey es interesante desde el punto de vista de los encadenamientos e impactos de la actividad exportadora en el crecimiento de largo plazo. Otras partes del estudio sí están marcadas por la ingenuidad de las hipótesis –por ejemplo, que los antioqueños se desarrollaron porque tuvieron la voluntad de hacerlo–, pero una mala aplicación de la cliometría no significa que ésta se encuentre totalmente equivocada, como supusieron, por ejemplo, Jesús Antonio Bejarano y Marco Palacios.

El libro compilado por Ocampo en 1988 fue la despedida del auge que había obtenido la historia económica en Colombia. En los ochenta y noventa se ampliaron los estudios de historia en muchas universidades del país y hubo una explosión de trabajos, orientados muchos de ellos por teorías posmodernas, bastante facilistas, pero también en las direcciones de la historia política, sindical, de las ciencias, del conflicto y regional. Hubo historias de género y de etnia que sacrificaron la visión general y la pretensión de objetividad de la ciencia para defender particularismos.

Se lamentaba Meisel de que, a partir de la evaluación tan negativa del trabajo pionero de McGreevey, la nueva historia económica tardó casi veinte años en poder levantar vuelo nuevamente con los trabajos de historia monetaria compilados por Fabio Sánchez56. Más recientemente, El crecimiento de Colombia durante el siglo XX, de Miguel Urrutia, Adriana Pontón y Carlos Esteban Posada, analiza los motores del crecimiento, hace una nueva estimación de la evolución histórica del PIB, calcula la tasa natural de crecimiento y el producto potencial, investiga la relación ahorro-inversión, la tasa de interés y el comercio exterior. El libro contiene un CD-rom con todas las series estadísticas 1925-2000, algunas que se inician en 1905, lo que facilita la labor de otros historiadores57. Por otra parte, Meisel adelanta un trabajo sobre los temas de Fogel de estatura y masa, basados en los archivos laborales del Banco de la República que existen desde 1923. Otros trabajos en una tónica similar se adelantan en el Banco de la República58 y en el CEDE de la Universidad de los Andes59. También son de destacar dentro de las corrientes modernas los trabajos de Adolfo Meisel60 y Eduardo Posada Carbó sobre la historia económica de la costa caribe, los trabajos de Santiago Montenegro61 y Juan José Echavarría62 y las investigaciones de historia empresarial de los siglos XIX y XX bajo el liderazgo de Carlos Eduardo Dávila Ladrón de Guevara63.

Es de resaltar, por último, la publicación en el año de 2002 de la obra de Marco Palacios y Frank Safford, Colombia. País fragmentado, sociedad dividida. Su historia, que sigue las pautas de la historiografía clásica de analizar y enlazar los temas que obtienen relevancia para los objetivos de los investigadores. El subtítulo de la obra, "País fragmentado, sociedad dividida", define los dos grandes sustratos en los que está basada: una geografía difícil de dominar que derivó en costos de transporte excesivos que frenaron la constitución de un mercado interno hasta entrado el siglo XX, y las divisiones en castas, clases, regiones y creencias que precipitaron al país a una larga serie de conflictos que no se acaban de disipar en el siglo XXI64.

El análisis económico que hace Palacios para los años noventa del siglo XX concluye que el estancamiento económico del país se debe indistintamente a la enfermedad holandesa – aquella causada por las rentas petroleras y del narcotráfico que revaluaron el peso colombiano desde los años ochenta– junto con las reformas "neo-liberales" de los años noventa y, finalmente, por la inseguridad generada por el conflicto interno. No menciona Palacios el reflujo de capitales externos que fue determinante para que toda la región latinoamericana (y asiática) sufriera una dura recesión en los tres últimos años del siglo XX, de la cual obviamente no escapó Colombia. La participación en el libro de un economista que utilizara modelos económicos habría podido ayudar a sopesar cómo cada uno de tales factores afectó el crecimiento económico y el resultado se habría aproximado mejor a explicar por qué falló la economía del país al final del siglo XX. Pero eso es un detalle menor en una obra de largo aliento que es imprescindible para todo lector que aspire a entender la historia colombiana.

Se podría argumentar que alcanzar el grado de virtuosismo técnico y documental que caracterizan a la cliometría y a la historia neoinstitucional exige un sistema educativo riguroso de nivel doctoral que no existe en el país, de tal modo que el desarrollo de este campo del saber requiere de un mayor número de investigadores doctorados que se dediquen a la investigación histórica, algo que es rentable hoy en día en la medida en que constituye un peldaño para entrar en la política y ocupar los altos cargos del Estado. Las universidades públicas siguen concentradas en posiciones de izquierda que orientan a la mayor parte de los estudiantes hacia las áreas de investigación de menor resistencia, mientras que las privadas, con unas tres o cuatro excepciones, no generan la rentabilidad suficiente como para subsidiar los estudios de ciencias sociales en general y los de historia económica en particular. Lo anterior puede contribuir a explicar la escasez de trabajos locales en cliometría. Trabajos metodológicos claves como la historia monetaria de Milton Friedman y Anna Swchartz o el libro de North de 1961 sobre el crecimiento de los Estados Unidos no han sido traducidos al español y el sistema universitario local es bastante resistente al bilingüismo. La novedad del neoinstitucionalismo y la reticencia de muchos investigadores al mismo, a su vez, ha tenido que ver con que sean escasas las contribuciones en este terreno a pesar de que resulte atractivo para los estudiosos de todos los temas, en especial de la agricultura, la historia monetaria, y de la economía política en general65.


5. algunas conclusiones

A pesar de sus tropiezos y malentendidos, la cliometría y sus adaptaciones institucionales muestran algunos avances en los últimos años. En un ensayo anterior he insistido en que el neoinstitucionalismo hace parte del paradigma neo-clásico, aunque abandona sus supuestos de plena racionalidad económica y de la ausencia de las fricciones de mercado66. Esta variación teórica permite explicar de mejor manera el accidentado desarrollo económico de América Latina, pues destaca problemas como los derechos de propiedad extensivos e ineficientes, y los sistemas políticos centralistas y corporativos, basados en la desigualdad. Tales sistemas tienden a reposar en el despotismo y en intervenciones estatales sesgadas a favor de intereses improductivos que conducen a frecuentes pérdidas de los equilibrios macro-económicos mínimos que exige cualquier economía para poder crecer de manera sostenible en el tiempo.

Cabe preguntarse ahora cuál es la filiación política del neoinstitucionalismo, si es que tiene alguna. En sus orígenes, el institucionalismo fue influido por la escuela histórica alemana y contó con radicales como Thorstein Veblen y el socialista Wesley Mitchell. North fue marxista y disidente en su juventud, objetor de conciencia de la segunda guerra mundial. Su defensa del modo de desarrollo norteamericano es una convicción que no todos tenemos que compartir, pero sigue siendo cierto que las democracias liberales son regímenes fuertes política y económicamente. North es ahora investigador del Hoover Institute, que es de derecha.

Sin embargo, el Estado que hace buenas regulaciones sugerido por North no es el Estado mínimo o la devolución de impuestos a los ricos que propone hoy en día la derecha. Los derechos de propiedad justos y legítimos que le otorgan fuerza implican que las reformas agrarias y los niveles de tributación progresivos son también parte de un entorno institucional propicio para el desarrollo económico de largo plazo. North no se involucra con asesorías a gobiernos porque considera que su papel es académico y se lamenta de las precipitadas asesorías de los profesores norteamericanos en la transición hacia el capitalismo de Rusia. Tampoco parecería estar de acuerdo con el consenso de Washington, en tanto las reformas son adaptadas por las instituciones y los agentes que son favorecidos por ellas, dejando a sus arquitectos con los crespos hechos. Conozco juristas de izquierda que se sienten a gusto con North, mejor que con la vertiente neo-clásica del derecho y la economía. El análisis de agencia le serviría bien a un sindicato y a un crítico de las corporaciones y grupos financieros industriales; es posible que la izquierda lo utilice para los fines de justificar ciertas conductas en términos de defensa clasista o de solidaridad.

La idea de la path dependency propuesta por North, que parece ser una explicación fatalista sobre el devenir de las naciones colonizadas por los regímenes absolutistas europeos, ha sido mal recibida entre la intelectualidad latinoamericana, que rehúsa verse condenada a un destino de estancamiento, de inestabilidad y desaliño políticos. Sin embargo, la idea es fructífera, hace parte del necesario auto conocimiento de la condición latinoamericana y es posible aplicarla con cuidado para conocer en qué medida cada país se ha alejado de su matriz institucional y puede absorber reformas democráticas y económicas que lo aparten de ese sino trágico legado por España y Portugal en el Nuevo Mundo. Países como Chile, México, Costa Rica y Brasil han desarrollado instituciones políticas más consensuadas y sostenibles de las que tuvieron en el pasado; algunos de ellos han entrado también en rutas de sostenibilidad fiscal de largo plazo. El régimen político colombiano mismo ha entrado en un terreno más sólido y legítimo del que tuvo hasta 1991, sobre la base de una constitución consensuada, y aunque no ha superado sus desequilibrios fiscales, éstos tampoco han sido tan pronunciados como para hacerlo caer en el abismo de la insolvencia.

El rechazo de la teoría económica neo-clásica en América Latina y la adopción de la visión de la dependencia y del marxismo fueron factores que propiciaron culturalmente el aventurerismo de las políticas macro-económicas que culminó en las fases de hiper-inflación, de las devaluaciones calamitosas, del aumento exponencial de la miseria y del colapso del crecimiento económico durante varios lustros. En Colombia se repitió este proceso, pero afortunadamente de manera menos intensa, quizás porque no hubo una ruptura populista que conjugara los intereses de una burguesía industrial con los trabajadores, en contra de los exportadores, de tal modo que los economistas de esa orientación no tuvieron la oportunidad de conducir la política económica; no se dieron entonces pérdidas calamitosas de los equilibrios macroeconómicos. Por lo demás, hubo varias cosechas de economistas entrenados en los países anglosajones que asumieron con bastante solvencia el manejo de las políticas macroeconómicas.

Los aportes de la teoría neoinstitucional en torno a los costos de transacción y al cambio político contribuyen a ajustar mejor la teoría económica a las realidades políticas y económicas de las economías con pocas fricciones y también a las que presentan muchas de ellas, como las de América Latina, como también entender sus orígenes y complejidades, a insinuar de manera aproximada las reformas que pueden ir en dirección de democratizar sus regímenes políticos y de profundizar sus mercados y su desarrollo económico. Se requiere entonces, al igual que en todas las ciencias, de una fuerte vocación autocrítica que permita despegarse de la perspectiva localista y de la propia matriz institucional, para así poder entender mejor las leyes de movimiento de las sociedades latinoamericanas.


Comentarios

1 Agradezco los comentarios de Juan Carlos M. Coll, Miguel Urrutia, Fernando Tenjo, James Robinson y de un árbitro anónimo de Historia Crítica. Agradezco también a Tomas Martín por su intensa labor de edición y corrección de estilo.

2 Vale aclarar que los departamentos de historia de los Estados Unidos también han sido reacios a las iniciativas especializadas en economía y, por lo tanto, la propia historiografía norteamericana, que mantiene cierto interés por América Latina, no ha trasmitido las variantes disciplinarias que se desarrollan en las facultades de economía, las cuales, a su vez, están escasamente interesadas en problemas latinoamericanos.

3 Existe versión en castellano: FOGEL, Robert, ENGERMAN, Stanley, Tiempo en la cruz, la economía esclavista en los Estados Unidos, Madrid, Siglo XXI, 1974.

4 GENOVESE, Eugene, Economía política de la esclavitud: estudios sobre la economía y la sociedad en el sur esclavista, Barcelona, Editorial Península, 1970.

5 GOLDIN, Claudia. "Cliometrics and the Nobel", en Journal of Economic Perspectives, Primavera, 1995, p. 205.

6 En el sitio http://nber.org se encuentran muchos de los trabajos de Fogel y pueden bajarse.

7 HOBSBAWM, Eric, Sobre la historia, Barcelona, Editorial Crítica, 1998, p. 123.

8 ELSTER, Jon, Lógica y sociedad, contradicciones y mundos posibles, Barcelona, Gedisa Editorial. Elster se pregunta, por ejemplo, cuál hubiera sido el crecimiento económico del sur de los Estados Unidos si nunca hubiera conocido la esclavitud y contara con una estructura social similar a la del norte de ese país; p. 259.

9 NORTH, Douglass C., "Beyond the New Economic History", en The Journal of Economic History, Vol. 34, No. 1, Marzo 1974, p. 2.

10 NORTH, Douglass C., "Cliometrics - 40 Years Later", en The American Economic Review, Vol. 87, No. 2, Mayo 1997, p. 412.

11 KYDLAND, Finn, PRESCOTT, Edward, "The Econometrics of the General Equilibrium Approach to Business Cycle", en Federal Reserve Bank of Minneapolis, Reporte 130, Noviembre 1990.

12 VAN DER WEE, Herman, "Flexibility and Growth: the Discipline of Economic History in the Mirror of the past", conferencia inaugual, XIII Congreso de la Asociación Internacional de Historiadores Económicos (I.E.H.A.), 2002. de Baccini y Gianeti, Cliometría, en donde se hace un balance metodológico de los enfoques que compiten dentro de la historia económica cuantitativa y de los debates subyacentes13.

13 BACCINI, Alberto, GIANETI, Renato, Cliometría, Barcelona, Editorial Grijalbo, 1997.

14 NORTH, Douglass C., The economic growth of the United States: 1790-1860, New York, Norton Press, 1966, p. vi.

15 NORTH, Douglass C., THOMAS, Robert, El nacimiento del mundo occidental. Una nueva historia económica (900-1700), México, Siglo Veintiuno Editores, 1978.

16 NORTH, Douglass, WEINGAST, Barry, "Constitutions and Commitment: the Evolution of Institutions Governing Public Choice in Seventeen Century England", en ALSTON, Lee J., EGGERTSSON, Thráinn, NORTH, Douglass, Empirical Studies in Institutional Change, Cambridge, Cambridge University Press, 1996, pp. 147-161.

17 WEBER, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Barcelona, Editorial Península, 1969, pp. 250-258.

18 EASTERLY, William, The Elusive Quest for Growth, Cambridge, Mass., The MIT Press, 2002, 47.

19 MOORE, Barrington, Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia: el señor y el campesino en la formación del mundo moderno, Barcelona, Editorial Península, 1973.

20 NORTH, Douglass C., Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

21 Ibid., p. 168.

22 Ibid., p. 92.

23 Ibid., p. 117.

24 Ibid., p. 18. North se refiere, entre otros, al caso de la Mesta, un derecho de pastoreo que pagaban los ganaderos y que les permitía invadir sembradíos para alimentar sus hatos, de tal modo que la contribución para el Rey implicaba el freno al desarrollo agrícola de España. El Rey conocía de los daños así causados, pero su cálculo era que tenía ingresos seguros y no tenía en mente una alternativa para ellos que hubiera surgido de la mayor productividad obtenida en el campo de prohibirse tal práctica

25 Ibid., p. 113.

26 BATES, Robert, Violence and Prosperity, New York, Norton Press Co., 2001.

27 GREIF, Avner, "The Institutional Foundations of Commercial Expansion in Twelfth-century Genoa", en Analytic Narratives, Oxford, Oxford University Press, 1998; "Coordination, Commitment and Enforcement: The Case of the Merchant Gild" (con Paul Milgrom y Barry Weingast), en The Journal of Political Economy, Agosto 1994.

28 WILLIAMSON, Oliver, Las instituciones económicas del capitalismo, 1989, y La naturaleza de la empresa, 1996, ambos publicados por el Fondo de Cultura Económica.

29 TOVAR, Leonardo, "Los catecismos liberales". Cátedra de Pensamiento Colombiano durante el Siglo XIX, Departamento de Filosofía, Universidad Nacional. Borrador, 2004.

30 La intelectualidad latinoamericana se dividió en el siglo XIX entre pro-norteamericanos liberales y federalistas, y conservadores pro-hispánicos que defendían la tradición cultural. En el siglo XX se dividieron en pro-franceses republicanos, pero centralistas en el caso de los liberales, y marxistas que quisieron repetir los ejemplos de la revolución bolchevique, de la revolución china o de la cubana. También se dieron las inclinaciones indigenistas que rechazaron tanto el pasado hispánico como toda la tradición de la cultura occidental para reafirmar unos valores autóctonos. Por último, los conservadores del siglo XX fueron receptivos a los modelos corporativos fascistas de España y Alemania y a las ideologías racistas para aducir que el fracaso latinoamericano se debía a las bajas calidades genéticas de los negros, los indígenas y las mezclas de mulatos y mestizos. Cfr. KRAUZE, Enrique, Travesía liberal, México, Tusquets Editores, 2003.

31 GARCÍA, Antonio, Bases de la economía contemporánea, Madrid, Editorial Plaza y Janés, 1984.

32 Que en términos teóricos no es posible, en tanto la productividad industrial progresa más rápidamente que la registrada en los renglones de materias primas y los precios de las manufacturas deben caer por ese motivo más que los precios de las segundas. Además, el análisis empírico de largo plazo corrobora lo anterior, modificado por condiciones de sobre-competencia, y registra, más bien, un ciclo que depende del período de maduración de las inversiones requeridas para aumentar la producción de materias primas.

33 Yo elaboré una crítica marxista en 1971, en la cual acusaba a los dependentistas de ignorar la existencia de clases y de sus conflictos en la historia. También mostraba que la inversión extranjera expandía el capitalismo local. Por lo demás, ellos ignoraban los datos sobre el crecimiento, los cuales reflejaban la fuerte acumulación de capital que había caracterizado a Colombia durante la mayor parte del siglo XX; cfr. KALMANOVITZ, Salomón, "A propósito de Arrubla", en Ensayos sobre el desarrollo del capitalismo dependiente, Bogotá, Editorial Pluma, 1977.

34 BULMER-THOMAS, Víctor, La historia económica de América Latina desde la independencia, México, Fondo de Cultura Económica, 1998.

35 COATSWORTH, John, TAYLOR, Alan, Latin America and the World Economy since 1800, Cambridge, David Rockefeller Center for Latin American Studies, 1999.

36 NORTH, Douglass, SUMMERHILL, William, WEINGAST, Barry, "Orden, desorden y cambio económico: Latinoamérica versus Norte América", en Revista Instituciones y Desarrollo, N° 12 y 13, Barcelona, 2002.

37 Ibid., p. 10.

38 ACEMOGLU, Daron, JOHNSON, Simon, ROBINSON, James, THAICHAROEN, Ynyong,. "Institutional Causes, Macroeconomic Symptons: Volatility, Crises and Growth", en Journal of Monetary Economics, 50, 1, Enero de 2003, pp. 49-123.

39 Otros trabajos de James Robinson y de Daron Acemoglu se encuentran publicados en http://nber.org

40 HABER, Stephen (comp.), Cómo se rezagó la América Latina. Ensayos sobre las historias económicas de Brasil y México, 1800-1914, México, Fondo de Cultura Económica, 1999.

41 HABER, Stephen, Industria y subdesarrollo. La industrialización de México, Madrid, Alianza Editorial, 1992.

42 BORTZ, Jeff, HABER, Stephen, (comp.), The Mexican Economy, 1870-1930: Essays on the Economic History of Institutions, Revolution and Growth (Social Science History), Stanford, Stanford University Press, 2002.

43 DÍAZ ALEJANDRO, Carlos, Essays on the Economic History of the Argentine Republic, New Haven, Yale University Press, 1970.

44 DELLA PAOLERA, Gerardo, TAYLOR, Alan, A New Economic History of Argentina, Cambridge (Inglaterra), Cambridge University Press, 2003.

45 DYE, Alan, Cuban Sugar in the Age of Mass Production: Technology and the Economics of the Sugar Central, 1899-1929, Stanford, Stanford University Press, 1998.

46 BEJARANO, Jesús Antonio, "Guía para perplejos: Una mirada a la historiografía colombiana", en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, No. 24, Bogotá, Universidad Nacional, 1997.

47 OCAMPO, José Antonio, Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Bogotá, Siglo Veintiuno Editores de Colombia y Fedesarrollo, 1984.

48 URRUTIA, Miguel, Historia del sindicalismo en Colombia, Bogotá, Universidad de los Andes, 1969.

49 PALACIOS, Marco, El café en Colombia (1850-1970): una historia económica, social y política, Bogotá, Editorial Presencia, 1979.

50 KALMANOVITZ, Salomón, El desarrollo de la agricultura en Colombia, Bogotá, Editorial La Carreta, 1978; cfr., del mismo autor, Economía y nación. Una breve historia de Colombia, Bogotá, Siglo Veintiuno Editores, 1985.

51 KALMANOVITZ, Salomón, Economía y nación..., op. cit.

52 OCAMPO, José Antonio (comp.), Historia económica de Colombia, Bogotá, Tercer Mundo Editores, Fedesarrollo. 1988.

53 MCGREEVEY, William Paul, Historia económica de Colombia 1845-1930, Bogota, Ediciones Tercer Mundo, 1975.

54 INSTITUTO DE ESTUDIOS COLOMBIANOS, Historia de Colombia, un debate en marcha, Bogotá, Biblioteca del Banco Popular, 1979.

55 MEISEL, Adolfo, "La cliometría en Colombia: una revolución interrumpida", en Revista de Historia Económica, Vol. XVII, número especial, Madrid, 1999.

56 SÁNCHEZ TORRES, Fabio (comp.), Ensayos de historia monetaria y bancaria de Colombia, Bogotá, Tercer Mundo Editores, Fedesarrollo, Asobancaria, 1994.

57 URRUTIA, Miguel, PONTÓN, Adriana, POSADA, Carlos Esteban, El crecimiento económico colombiano en el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica y Banco de la República, 2002.

58 JUNGUITO, Roberto, "Historia fiscal del siglo XX"; RAMÍREZ, María Teresa, "La infraestructura en el siglo XX"; KALMANOVITZ, Salomón, LÓPEZ, Enrique, "La agricultura en el siglo XX"; AVELLA, Mauricio, "La deuda externa colombiana en los siglos XIX y XX". Cfr. algunos avances en Borradores de Economía del Banco de la República.

59 SÁNCHEZ TORRES, Fabio, "Historia monetaria de Colombia de 1940 a 2000".

60 MEISEL, Adolfo (ed.), Historia económica y social del Caribe colombiano, Bogotá, ECOE Ediciones, 1994.

61 MONTENEGRO, Santiago. El arduo tránsito hacia la modernidad. Historia de la industria textil durante la primera mitad del siglo XX, Medellín, CEDE de la Universidad de los Andes, Universidad de Antioquía y Editorial Norma, 2002.

62 ECHAVARRÍA, Juan José, Crisis e industrialización: las lecciones de los treinta, Bogotá, Tercer Mundo, Banco de la República, Fedesarrollo, 1999.

63 DÁVILA LADRÓN DE GUEVARA, Carlos, Empresas y empresarios en la historia de Colombia, siglos XIX-XX: una colección de estudios recientes, Bogotá, Cepal, Editorial Norma, Ediciones Uniandes, Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, 2003.

64 PALACIOS, Palacios, SAFFORD, Frank, Colombia. País fragmentado, sociedad dividida. Su historia, Bogotá, Editorial Norma, 2002.

65 Cfr. KALMANOVITZ, Salomón, AVELLA, Mauricio, "Barrera al desarrollo: las instituciones monetarias colombianas en la década de 1950", en KALMANOVITZ, Salomón, Ensayos sobre banca central en Colombia: independencia, comportamiento e historia, Cali, Editorial Norma y Banco de la República, 2003. Una anécdota ilustra la resistencia aludida: presentado un balance sobre un trabajo de la agricultura en el siglo XX con esa orientación por este autor en un seminario, uno de los participantes manifestó que "el neoinstitucionalismo había logrado infiltrarse en el país".

66 KALMANOVITZ, Salomón, "El neoinstitucionalismo como escuela", en Economía Institucional, Bogotá, No 9, Universidad Externado de Colombia, 2003.

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