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Historia Crítica

versão impressa ISSN 0121-1617

hist.crit.  n.30 Bogotá jul./dez. 2005

 

BRANNSTROM, Christian (Ed.), Territories, Commodities and Knowledges: Latin American Environmental Histories in the Nineteenth and Twentieth Centuries, London, Institute for the Studies of the Americas, 2004, 323 pp.

Shawn Van Ausdal*

*Candidato a Ph.D., Departamento de Geografía, Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos.


El libro editado por Christian Brannstrom es una contribución muy bienvenida a la historia ambiental latinoamericana. Ofrece una buena combinación de artículos que demuestra la vitalidad del trabajo realizado por una nueva generación de académicos conformada por historiadores y geógrafos de Estados Unidos, América Latina y Europa. La publicación muestra la madurez alcanzada por esta joven área del conocimiento.

Según la introducción de Brannstrom y Gallini, la historia ambiental es “el estudio de las interacciones pasadas de los humanos con los ambientes” (p. 2). Esta amplia definición evidencia tanto la vastedad como la vaguedad de este campo. Brannstrom y Gallini, sin embargo, ofrecen un marco de referencia útil que da coherencia al libro ya buena parte de la historia ambiental de América Latina. Este marco, que da al libro su poco llamativo título, está conformado por la trinidad de “territorios, mercancías y conocimientos”. La primera sección del libro, titulada “territorios”, trata sobre las dimensiones ambientales de los conflictos entre estados nacionales, élites y comunidades locales por el manejo y control de recursos naturales y territorios. El capítulo de Offen, por ejemplo, describe el papel que jugó la narrativa nacionalista de la elite nicaragüense, con sus dimensiones ambientales y raciales, en la anexión territorial de la Mosquitia, región que se mantuvo autónoma hasta finales del siglo XIX. La segunda sección, denominada “mercancías”, explora las consecuencias ambientales de las economías agrícolas y extractivas de América Latina. Incluye ejemplos de historias ambientales más ‘clásicas' centradas en la degradación del ambiente, tales como la deforestación en Cuba (Funes) y la desecación de un extenso sistema de lagunas poco profundas en México (Tortolero). La última sección, que lleva el título de “conocimientos”, se concentra en las condiciones y consecuencias ambientales de la introducción de nuevas tecnologías (incluidas las biológicas) y en el papel del Estado y las instituciones científicas en la expansión de la producción de mercancías. El artículo de Wilcox, por ejemplo, demuestra cómo la ‘revolución cebú' ayudó a los ganaderos de Mato Grosso, Brasil, a superar las limitaciones ambientales de la región. Y el de Bell relata el papel de Aimé Bonpland en el intercambio de recursos vegetales entre Europa y Sur América.

Brannstrom y Galüni reconocen que este marco de referencia no cubre todos los posibles temas de la historia ambiental de América Latina. Ellos sugieren una variada gama de temas relevantes para futuras investigaciones: “urbanización, industrialización, resistencia a la transformación ambiental, dimensiones sociales e históricas de los desastres ‘naturales', políticas públicas ambientales y percepciones ambientales” (p. 17). Sin embargo, hasta el momento la mayoría de la historia ambiental de América Latina se ha concentrado en el amplio tema de la producción de mercancías. Brannstrom y Galüni identifican varias ventajas de este enfoque. Para comenzar, el tema es fundamental dentro de la historia de América Latina debido a que la exportación de mercancías jugó un papel decisivo en su desarrollo moderno. El tema, además, no sólo cuenta con una rica historiografía, sino que también tiende a tener buenas fuentes primarias. Y como la producción de mercancías en la región ha estado muy ligada a los recursos naturales, su dimensión ambiental es sobresaliente. El tema, por lo tanto, le ofrece a los historiadores ambientales terreno fértil para demostrar, ante una academia todavía un poco escéptica, que su campo de especialización puede ofrecer historias innovadoras y contribuciones relevantes.

Los historiadores ambientales han demostrado cómo la historia de los cambios

ambientales y de la relación entre los humanos y la naturaleza es un área de estudio importante en sí misma. Muchos también han podido probar que sus estudios enriquecen nuestra comprensión de la historia social, económica y política. En este libro, por ejemplo, Funes argumenta que el éxito económico y geográfico de la producción de azúcar en Camagüey Cuba, a principios del siglo XX, no puede ser entendido sin tener en cuenta la historia paralela de la deforestación. Mientras muchos estudiosos han explicado cómo el marco institucional y las condiciones de mercado que caracterizaron a Cuba después de la "independecia" favorecieron la inversión masiva de capital estadounidense en la industria azucarera, Funes anota que esta inversión también siguió una lógica de vieja data: la conversión de bosque maduro en plantaciones de caña. La fertilidad generada por la quema de los bosques ancestrales de Camagüey permitió la producción de grandes cosechas por más de diez años consecutivos, eliminando así la necesidad de replantar la caña continuamente, un costo que muchas otras regiones azucareras tuvieron que asumir. Así, Camagüey, que hacia finales del siglo XIX estaba en su mayoría cubierta de bosques y era apenas un productor de azúcar marginal, se convirtió hacia mediados de la década de 1920 en la principal provincia azucarera de Cuba y en un área con pocos árboles. Tortolero también muestra las implicaciones mayores de la historia ambiental, pero en términos políticos y no económicos. Su artículo concluye que la pérdida de recursos acuáticos en las comunidades que vivían al borde de los lagos en México Central, causada por los proyectos de drenaje del Porfiriato, ayudó a convertir a los campesinos de la zona en entusiastas soldados délos ejércitos zapatistas. Su énfasis en el agua se aleja del énfasis tradicional en la pérdida de tierras. Por otra parte, uno de los argumentos interesantes de Soluri es que la historia de la exportación de banano en Centroamérica, que causó tantas dislocaciones sociales y ambientales, estuvo relacionada con la dificultad de desarrollar una variedad de banano que fuera a la vez aceptable en el mercado y resistente a las enfermedades (una dificultad relacionada con la biología misma de la especie). En consecuencia, las compañías bananeras diseñaron sus estrategias de producción en la forma de “agricultura de plantación itinerante” en un intento por permanecer un paso adelante de los destructivos patógenos.

Sin embargo, si los historiadores ambientales quieren argumentar la importancia de su campo para una comprensión más amplia de la historia, deben tener mucho cuidado en cumplir con lo que prometen. Voy a dar un ejemplo del que en muchos aspectos es uno de los mejores artículos del libro. Galüni hace dos afirmaciones importantes en su artículo sobre la apropiación de las tierras indígenas en una región cafetera del suroccidente de Guatemala durante el siglo XIX. Primero, demuestra de manera convincente que la alienación de una buena parte de la tierra controlada por San Martín, el pueblo indígena estudiado, antecedió por varias décadas la expansión

cafetera y las reformas liberales de la década de 1870. Así, uno de los grandes aportes del artículo es la forma en que ubica el estudio de caso en el contexto mayor de la historia guatemalteca. Segundo, Gallini argumenta que el enfoque tradicional dentro la historia del cambio agrario que mira solamente la cantidad de tierra es "engañoso" (p. 25), puesto que lo que con frecuencia importa es la calidad y los usos de esa tierra. Por lo tanto, un aspecto clave para entender la decadencia económica y cultural de San Martín es la pérdida de acceso a componentes críticos de un complejo mosaico ecológico que se extendía desde las montañas hasta la planicie costera. Aunque Gallini deja claro que San Martín poseía tierras con características variadas, no demuestra que su pérdida haya sido causa de la decadencia de la comunidad. Así, su énfasis en la importancia de la calidad de la tierra está más enunciado que probado. No dudo que Gallini tenga razón en sus aseveraciones, pero ya que ella enfatiza "lo que la historia ambiental puede aportar a la robusta historiografía sobre el café en América Latina", es recomendable que haga explícitas las conexiones que amarran su argumento (p. 23).

También me sorprendió que lo político haya sido dejado de lado en muchos de estos artículos (el recuento de Kozloff de las luchas generadas por la contaminación con petróleo de un pueblo del lago de Maracaibo durante el régimen de Gómez es una excepción). Siendo que estos capítulos son en general parte de estudios más amplios, es posible que sus dimensiones políticas aparezcan en otras partes. Pero aún si este es el caso, queda la pregunta de por qué en un libro dedicado a la historia ambiental los autores deciden alejarse de lo político. Por ejemplo, en su provocador ensayo, Brannstrom le advierte a los historiadores ambientales sobre las posibles implicaciones que las formas de construir las narrativas (que a su vez están determinadas por el tipo de fuentes que se utilizan) pueden tener sobre las políticas públicas. En Brasil, la arrolladura historia de la destrucción del bosque Atlántico contribuyó a la generación de esfuerzos de conservación centralizados por parte del gobierno federal. El problema con esta política es que sigue anclada en la deforestación y carece de flexibilidad y de un análisis más detallado de los problemas ambientales, lo que dificulta una exitosa planificación del uso de la tierra. En lugar de un enfoque centrado en el cambio en la cobertura vegetal a gran escala, que favorece análisis y respuestas muy generales, Brannstrom propone que los historiadores ambientales consideren medir tasas de erosión para estimar el cambio ambiental. Tal enfoque tiene la ventaja de disminuir la escala de análisis a la cuenca y evita concentrarse en las pérdidas de vegetación a costa de ignorar problemas ambientales posteriores. Este cambio metodológico, sugiere Brannstrom, puede producir historias ambientales más perceptivas y un manejo de recursos más eficiente. Lo que no queda claro, sin embargo, es por qué las historias ambientales a gran escala conllevan necesariamente a políticas ambientales

centralizadas. Ese puede ser el caso, sobre todo en Brasil. Pero a pesar de que la narrativa ambiental sea poderosa, su influencia siempre estará mediada por la política. Una parte clave del argumento de Brannstrom, por lo tanto, depende de una historia que no explora. Es cierto que una discusión sobre la estructura de la política brasilera habría estado fuera de lugar en un artículo centrado en problemas metodológicos. Pero el ensayo de Brannstrom es representativo de la forma en que se concibieron muchos de los artículos: reconocen la influencia de la política en el cambio ambiental pero no la trabajan directamente. Analizar el contexto y las implicaciones políticas de los casos estudiados sólo puede dar más vigor a la historia ambiental.

Voy a concluir con algunos comentarios menores. Primero, para alguien que esté buscando una introducción a la historia ambiental, sospecho que el artículo introductorio resultará algo confuso. La velocidad con la que Brannstrom y Gallini revisan una serie de debates y temas puede ser difícil de seguir para los no iniciados. Afortunadamente, el libro mismo es una buena introducción y su impresionante bibliografía constituye sin duda un recurso de gran utilidad. Segundo, quedo sin entender la forma en que Brannstrom y Gallini consideran que la historia ambiental de América Latina es diferente de la historia ambiental de otras regiones del planeta. Y tercero, buena parte de la atención del libro se centra en la producción o extracción de mercancías, tales como oro, caoba, café, azúcar, banano, petróleo, etc. La llamada 'segunda conquista' de América Latina y sus condiciones y consecuencias ambientales fueron sin duda una dinámica clave a lo largo y ancho de la región. Sin embargo, yo tendría cuidado en poner demasiado énfasis en las exportaciones. Aunque éstas fueron el motor del desarrollo durante muchas décadas, yo apostaría que en términos de impacto ambiental la producción para el mercado interno jugó un papel más importante. Hasta cierto punto Brannstrom reconoce esto con la inclusión de los artículos de Tortolero y Wilcox.

Podemos estar agradecidos que Brannstrom haya reunido esta buena colección de ensayos. El libro marca un paso significativo en la consolidación de un campo del conocimiento y ciertamente generará diálogo entre los historiadores ambientales. Espero que también sirva de puente con otras disciplinas.

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