INTRODUCCIÓN
La violencia se define como un fenómeno social complejo en el que interactúan diversos factores sociales, políticos y económicos. Por lo tanto, no es adecuado referirse a la violencia en singular, sino a "violencias" (Vélez y Barquín, 2018; Hernández, 2019). Según Pacheco (2016), la violencia puede estudiarse desde distintos ámbitos, como el familiar, escolar, o laboral, entre otros, que afectan de manera diversa a los individuos. En este sentido, Ferrer-Pérez y Bosch-Fiol (2019) señalan que históricamente se han establecido normas sociales que fomentan una mayor violencia hacia las mujeres. Esto es confirmado por la ONU, que estima que "un tercio de las mujeres en el mundo es víctima de violencia". Estas cifras subrayan que "la violencia contra la mujer sigue siendo un problema altamente prevalente, siendo la violencia de pareja su forma más común" (Bedoya et al., 2020, p. 244).
Diversos estudios catalogan a la familia como una institución de bienestar; sin embargo, los últimos informes de organizaciones mundiales indican que la mayoría de las situaciones de violencia ocurren dentro del entorno familiar. Esta situación se agravó durante la pandemia debido a la limitada disponibilidad de canales de ayuda para las víctimas y la convivencia forzada entre la víctima y el agresor. En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública (ENVIPE), la mayoría de los casos de victimización ocurren en zonas de alta densidad poblacional, lo que sustentaría la prevalencia de este tipo de violencia en áreas urbanas (citado en Núñez, 2021). Esta situación se replica en la mayoría de los países latinoamericanos. En el caso de Perú, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2021), a través del estudio "Perú: Feminicidio y Violencia contra la Mujer 2015-2020", determinó que se registraron 173 casos de feminicidio en el país, de los cuales el 64,3 % de las víctimas murieron a manos de su pareja o expareja. Además, el Centro de Emergencia Mujer (CEM) reportó 136 782 casos de violencia en el entorno familiar, de los cuales 117 414 (85,8 %) correspondieron a mujeres y 19 368 (14,2 %) a hombres (MINAMVP, 2021a).
En este sentido, la violencia de género provoca diversas consecuencias a nivel físico y emocional en sus víctimas, entre las que destacan la depresión, ansiedad, estrés postraumático. Simas (2018) considera que la violencia tiene relación con las creencias y costumbres de los sujetos, los cuales se sustentan en una cultura patriarcal que promueve ideas de superioridad de los hombres sobre las mujeres. Postura que concuerda con Rodney et al. (2020), quienes manifiestan que a pesar de que esta problemática se desarrolla a escala global, el nivel de violencia varía de acuerdo con los preceptos socioculturales que se desarrollan en las sociedades, comunidades y familias. Sobre ello, Saldaña y Gorjón (2021) consideran que existe una relación directa entre la violencia y la familia, ya que en este contexto se pueden visualizar las causas y consecuencias de este fenómeno. Bajo esta perspectiva se decidió estudiar la prevalencia de la violencia contra la mujer de acuerdo con el tipo de familias identificado en el Asentamiento Humano Pacífico de Villa distrito de Chorrillos en 2020, ubicado en el distrito capitalino de Chorrillos, uno de los 43 distritos que conforman Lima Metropolitana (INEI, 2018).
Formación teórica
Violencia contra la mujer: Definición, tipos, consecuencias y prevalencia
La violencia es un constructo de origen sociocultural que se reproduce constantemente en los diversos campos de la sociedad a lo largo del tiempo. Sin embargo, las diferencias de género que se han establecido en la cultura han provocado que esta violencia afecte de manera desproporcionada a la población femenina (Bautista, 2019). Este fenómeno debe diferenciarse claramente entre dos conceptos que, aunque relacionados, no son sinónimos: la violencia de género y la violencia contra las mujeres.
La violencia de género hace referencia a la violencia ejercida sobre una persona por razón de su identidad de género, lo que incluye tanto a mujeres como a hombres y personas con identidades no binarias (ONU Mujeres, 2021). Por otro lado, la violencia contra las mujeres se refiere específicamente a los actos violentos dirigidos hacia ellas debido a su condición de género, ya que el sistema patriarcal ha generado una asimetría de poder que sitúa a las mujeres en una posición subordinada (Espinoza, 2018). Esta violencia se manifiesta en formas físicas, sexuales, psicológicas y económicas, y es un obstáculo crítico para la igualdad de género (ONU Mujeres, 2021).
Según Profamilia (2020), la violencia contra la mujer puede adoptar diferentes formas, entre las que destacan la violencia social, la violencia familiar y la violencia de género en particular. Este tipo de violencia no solo se limita al ámbito privado, sino que también ocurre en espacios públicos y laborales, como lo indica Rodney et al. (2020), quienes enfatizan que esta violencia es producto de esquemas sociales desiguales entre hombres y mujeres. Para la ONU Mujeres (2021), es el conjunto de estas violencias lo que causa daño físico, sexual o mental a mujeres y niñas, siendo fundamental contextualizar este fenómeno en el marco de un estudio de caso específico, como es el caso de Perú.
El ciclo de la violencia
Un concepto clave en la comprensión de la violencia contra las mujeres es el ciclo de violencia, tal como lo define Walker (1979). Este ciclo describe cómo la violencia en una relación de pareja se desarrolla a través de tres fases: acumulación de tensión, explosión de tensión y fase de luna de miel. Cada fase incrementa la violencia y dificulta la salida de la víctima de este ciclo. La fase de acumulación de tensión se caracteriza por actos menores de violencia que crean un ambiente de hostilidad; la explosión de tensión implica actos violentos graves, y finalmente, la fase de luna de miel es un período de aparente reconciliación que refuerza el ciclo, ya que la víctima puede creer que la violencia no se repetirá.
Este proceso cíclico se agrava cuando, según Ceballos (2021), la sociedad promueve normas que legitiman la violencia a través de estereotipos de género. Estos estereotipos presentan a la mujer como una figura sumisa, lo que perpetúa la idea de que la violencia es una conducta normal y dificulta su reconocimiento. Mayor y Salazar (2019) destacan que la violencia contra las mujeres suele ser más recurrente en el ámbito familiar, donde ocurren agresiones físicas, psicológicas, patrimoniales, económicas y sexuales entre los miembros del hogar.
Violencia de género en el contexto peruano
Es crucial profundizar en el contexto específico de Perú y, en particular, de Lima, ya que este es un estudio de caso centrado en la violencia de género en este país. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (MINAMVP, 2021b), en Perú, el 68.2 % de las mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Esta estadística refleja la gravedad del problema en el contexto peruano, donde el machismo y las estructuras patriarcales son factores determinantes en la prevalencia de la violencia de género (Mejía et al., 2019).
En Lima, la situación es particularmente alarmante, dado que es la ciudad con mayores índices de denuncias por violencia contra la mujer (INEI, 2021). A diferencia de otros países de América Latina, donde también se experimenta violencia de género, Perú tiene características particulares, como la persistente discriminación étnica y estratificación socioeconómica, que exacerban la violencia hacia las mujeres en sectores más vulnerables. Los estudios realizados por García et al. (2020) indican que la pobreza y el acceso limitado a recursos judiciales y de protección son factores que agravan la vulnerabilidad de las mujeres en Lima.
A pesar de que la violencia de género es un problema extendido en América Latina, se debe evitar la mezcla de datos de diferentes países sin una contextualización clara. Por ejemplo, aunque las políticas de países como Argentina y México han avanzado en la protección de los derechos de las mujeres, en Perú las políticas públicas para combatir la violencia de género aún enfrentan serios desafíos en términos de implementación efectiva (Caballero et al., 2020). Es fundamental entonces que este marco teórico se enfoque de manera específica en el contexto peruano, resaltando sus particularidades culturales, económicas y sociales que impactan la pre-valencia y características de la violencia de género.
Factores culturales y rol de la familia
Caballero et al. (2020) subrayan que la violencia contra las mujeres se transmite de manera intergeneracional, y el papel de la familia es crucial en este proceso. La familia, como institución social, enseña los roles de género desde una temprana edad, limitando a la mujer al espacio privado y otorgando al hombre el dominio del espacio público (Anzaldúa, 2017). En Perú, este fenómeno está profundamente arraigado en las normas culturales, donde las estructuras patriarcales han sido perpetuadas por generaciones.
En cuanto a la tipología familiar, López (2017) menciona que el impacto del capitalismo y la globalización ha generado nuevas dinámicas familiares, lo que incluye un aumento de las familias monoparentales, en su mayoría encabezadas por mujeres. Estas familias, a menudo en situaciones de vulnerabilidad económica, son particularmente susceptibles a la violencia, debido a la dependencia económica y la falta de redes de apoyo. En Perú, las familias monoparentales representan un segmento importante, y estas condiciones estructurales deben ser tomadas en cuenta para comprender mejor la perpetuación de la violencia de género en el país (Álvarez et al., 2019; Santibáñez et al., 2018).
Para analizar adecuadamente la violencia contra las mujeres en Perú, es necesario un marco teórico que distinga claramente entre violencia de género y violencia contra las mujeres, y que contextualice profundamente el caso peruano, donde factores culturales, económicos y sociales juegan un papel clave en la dinámica de esta violencia (De Lourdes, 2003).
MÉTODO
Este estudio correlacional cuantitativo empleó un diseño transversal para examinar la relación entre la violencia de género y los tipos de familia en el Asentamiento Humano Pacífico de Villa. Se utilizaron dos instrumentos: una escala de medición de violencia intrafamiliar y una ficha de recolección de datos sobre la clasificación familiar, con el fin de cuantificar y analizar la asociación entre ambas variables.
Diseño
Este trabajo de investigación adopta un enfoque cuantitativo y un diseño correlacional. Su objetivo es medir la relación entre dos variables: la violencia de género y los tipos de familia, durante un periodo específico de tiempo. Por esta razón, se llevó a cabo un estudio de carácter transversal.
Participantes
El universo de estudio estuvo compuesto por todas las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa, en el distrito de Chorrillos. Según la base de datos proporcionada por las autoridades de dicho Asentamiento, esta población constaba de 1500 mujeres. Se utilizó un muestreo aleatorio estratificado, aplicado con un nivel de confianza del 95 % y un margen de error del 3 %. Además, se consideraron los siguientes criterios de inclusión: a) mujeres entre 18 y 60 años, b) mujeres con pareja actual, y c) mujeres que hayan vivido en el lugar de estudio por más de un año. A partir de estos criterios se obtuvo una muestra total de 1372 mujeres.
Instrumento
Para medir e identificar el comportamiento de ambas variables de investigación se utilizó dos encuestas, las cuales se basaron en las siguientes escalas:
Escala de Medición de la Violencia Intrafamiliar contra la mujer. Este instrumento mide la violencia a través de la siguiente tipología: violencia social, violencia familiar y social; en estos dos últimos ítems se incluyen la violencia física, psicológica, sexual, social y patrimonial. Para ello, el puntaje se organizó a partir de una escala de leve a severo, donde: a) Leve: 0-4 puntos, b) moderada: 5-11 puntos y) severa: 12 a 17 puntos.
Ficha de Recolección sobre la Clasificación Familiar. Este instrumento está compuesto por 2 secciones: características generales y clasificación familiar de las encuestadas. Este último punto se estructura a partir de 4 criterios: a) según el parentesco, b) según la presencia física del hogar, c) según su nivel socioeconómico y d) según los cambios sociales de la familia.
Cabe resaltar que para no complejizar la encuesta dirigida a las participantes se decidió evaluar solo el nivel de violencia de género de acuerdo con la clasificación familiar mencionada anteriormente, exceptuando el criterio relacionado con los cambios sociales.
Procedimiento
La recolección de información se dividió en tres fases: mapeo, acercamiento e implementación de las encuestas en la zona de estudio. En este caso, contar con un contacto dentro del Asentamiento Humano facilitó el proceso de reconocimiento. Sin embargo, surgieron algunas dificultades durante la implementación de las encuestas, ya que muchas de las residentes afirmaban no disponer del tiempo necesario para participar o consideraban que los datos solicitados eran demasiado personales. A pesar de estas limitaciones, se logró encuestar a la mayoría de la población en el transcurso de una semana, en el horario de 3:00 a 7:00 p. m., previa obtención del consentimiento informado.
Análisis de datos
La información obtenida en los cuestionarios fue procesada a través de SPSS 26, en el que se realizó un análisis estadístico de carácter descriptivo-inferencial, el cual se plasmó en las siguientes tablas:
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En la tabla 1 se presentan las principales características sociodemográficas de las entrevistadas, donde la mayoría de la población (31,8 %) se ubica en un rango etario de 50 a 60 años; mientras el 24,5 % de las habitantes está compuesto por mujeres jóvenes de 18 a 29 años. Respecto al estado civil, el 43,8 % manifestó estar divorciada o separada de su pareja; en contraste con el 19,8 % de la población, que afirmó encontrarse casada. Por último, en torno al nivel de estudio, el 55,5 % declaró no tener estudios, frente a un 1 % que cuenta con estudios superiores.
Tabla 1 Perfil sociodemográfico de las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa del distrito de Chorrillos

Fuente: elaboración propia.
En la tabla 2 se observa que en el ambiente familiar existe un nivel de violencia regular en torno a las agresiones psicológicas y físicas, siendo este último el de mayor prevalencia. De acuerdo con el cuestionario, el 32,6 % de las entrevistadas se ubica dentro de una escala moderada y severa. Respecto a la violencia psicológica, el 22,6 % se localiza en un rango de violencia leve y moderada.
Tabla 2 Tipos de violencia en las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa del distrito de Chorrillos

Fuente: elaboración propia.
Para identificar los tipos de familia que se desarrollan en el lugar de estudio se delimitó criterios relacionados con el parentesco, la presencia física y el nivel de ingresos económicos de los integrantes que componen la familia. Como se observa en la tabla 3, el 46,1 y el 35,9 % pertenecen a una familia extensa y nuclear, respectivamente. Además, el 35,9 % presenta características que cumplen con una familia de núcleo integrado. Finalmente, el 45,9 % declaró pertenecer a un nivel de pobreza intermedio, que lo ubica en una familia de pobreza familiar 2.
Tabla 3 Tipos de familia de las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa del distrito de Chorrillos

Fuente: elaboración propia.
Para corroborar el nivel de diferencia significancia entre las diferentes violencias contra la mujer y los tipos de familia que se identificaron en el Asentamiento Humano Pacifico de Villa se utilizó la prueba estadística de Alfa de Cronbach, la cual determinó que el valor alcanzado por la variable p estuvo dentro de un rango < 0.05. Esto confirma la hipótesis planteada anteriormente. Además, como se observa en la tabla 4, hubo mayor presencia de violencia física en las familias nucleares extensas y monoparentales, en las que el 73,9 y el 15, 3 % de esta población registran un nivel de violencia leve. También se manifiesta que las familias que poseen un núcleo integrado y descendente se ubican en nivel "severo". Por último, respecto a la clasificación por el nivel económico, se concluye que el 92, 9 % manifestó presenciar un nivel de violencia severo.
Tabla 4 Violencia física según tipos de familia en las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa del distrito de Chorrillos

Fuente: elaboración propia.
De igual forma, en la tabla 5 se observa que la violencia psicológica se presenta con mayor preponderancia en las familias nucleares y monoparentales. El 45,9 y el 19,3 % de las participantes que pertenecen a este tipo de clasificación presentan un nivel de violencia severa, mientras que el 41,7 % de las familias de carácter ascendente colateral se encuentra dentro de los rangos leve y moderado. En ese marco, el 59, 6 % de la población perteneciente a las familias de pobreza nivel 3 registra una violencia severa.
Tabla 5 Violencia psicológica según tipos de familia en las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa del distrito de Chorrillos

Fuente: elaboración propia.
Esta investigación pretende brindar un aporte sobre la pre-valencia de la violencia contra la mujer según el tipo de familia identificada en el Asentamiento Humano Pacífico de Villa. Los resultados muestran que existe una prevalencia de la violencia de género (19,8 %), en la que la violencia psicológica (38,3 %) y física (28,1 %) son sus manifestaciones más visibles. Además, se evidencia que esta problemática afecta en mayor medida a las familias nucleares, extensas y de bajos recursos. El nivel de integración en torno a la comunicación y espacios que comparten la familia también muestra influencia en el desarrollo de la violencia de género. Así lo exponen Hierrezuelo et al. (2021), quienes demostraron que una mala comunicación y unión entre cónyuges propicia una preponderancia de la violencia física (41,9 %). Su muestra presenta que sus participantes pertenecen un rango de edad de 20 a 35 años; que el 53,4 % son amas de casa y tienen un nivel de educación superior medio del 48,8 %.
Por otro lado, el nivel de preponderancia de violencia de acuerdo con la familia puede ser argumentado a través de ciertos factores de riesgo, como el grado de instrucción, el ingreso económico, el estado civil y los preceptos socioculturales de las familias. Los resultados obtenidos en esta investigación exponen que la mayoría de participantes posee un bajo nivel de instrucción (55 %) y de ingresos económicos (81.5 %).
Postura que coincide con Ruiz et al. (2021), quienes realizaron un estudio sobre la violencia en los principales departamentos de prevalencia del país, en el que se evidencia que la probabilidad de padecer violencia física era 2,91 veces más en mujeres con antecedentes de violencia en la familia y en mujeres que no tienen independencia económica ni apoyo social. Además, concluyeron que la frecuencia de violencia física y psicológica en el país en pandemia fue de 64,9 y 54 %, respectivamente. Cabe resaltar que no encontraron estudios que aborden de manera directa la violencia contra la mujer y la tipología familiar, lo que evidencia una gran falencia investigativa en torno a este aspecto, considerando que la familia es un indicador importante en casos de violencia.
Continuando con este debate, respecto al nivel de educación, Fabián et al. (2020) realizó un artículo sobre los factores de riesgo en las víctimas de violencia en la zona andina, en el que manifiesta que muchas de las mujeres que presentan bajo nivel escolar sufren de violencia física, psicológica y sexual, lo que en su muestra terminó equivaliendo a un 63 % de dicha población.
Asimismo, el bajo nivel de frecuencia que se evidencia en esta investigación responde a que la mayoría de entrevistadas pertenecen a familias monoparentales y desintegradas (27,4 %), en las que no existe la convivencia física de ambos padres; así como al estigma que se mantiene en torno a la violencia en el país; razón por la que se deben seguir realizando estudios, campañas y programas que evidencien el impacto de esta problemática para poder prevenir las graves consecuencias que origina en la sociedad.
Los resultados obtenidos en este estudio reflejan una prevalencia significativa de violencia psicológica y física en las mujeres del Asentamiento Humano Pacífico de Villa, con una mayor incidencia en familias de tipo nuclear y extensa, lo que concuerda con estudios previos sobre las dinámicas familiares y su relación con la violencia de género. Walker (1979) ya había descrito el ciclo de la violencia, el cual puede manifestarse con mayor fuerza en familias en las que la convivencia es más cercana y constante, como sucede en las familias nucleares y extensas. Las cifras obtenidas indican que, a pesar de la naturaleza tradicional de estas estructuras familiares, las tensiones que se generan en el hogar, especialmente en contextos de pobreza, propician un entorno donde la violencia es más probable.
En relación con el tipo de violencia, la mayor prevalencia de violencia psicológica observada (con un 45.9 % de violencia severa en familias nucleares) resalta la naturaleza insidiosa de este tipo de agresión. Como señalan Ceballos (2021) y Mayor y Salazar (2019), la violencia psicológica a menudo precede o acompaña a la violencia física, siendo más difícil de detectar, pero igualmente dañina. La presencia de violencia física moderada y severa en familias extensas, con un 41.7 % en ambos casos, sugiere que la mayor cantidad de miembros en estas familias puede intensificar los conflictos y aumentar las tensiones cotidianas, haciendo más frecuente la violencia.
La correlación entre violencia y nivel socioeconómico es otro hallazgo importante. Las mujeres que pertenecen a familias en situación de pobreza presentan mayores niveles de violencia física y psicológica, lo que confirma lo postulado por Ruiz et al. (2021) en relación con la vulnerabilidad económica como un factor de riesgo clave. La pobreza limita el acceso a recursos, redes de apoyo y a la posibilidad de independencia económica, perpetuando ciclos de violencia donde las mujeres carecen de los medios para escapar de sus situaciones. Además, las cifras muestran que las mujeres con niveles educativos bajos (55.5 % sin estudios) son las más afectadas, lo que concuerda con estudios que relacionan la falta de educación con mayores riesgos de violencia (Fabián et al., 2020).
Por último, este estudio evidencia la escasez de investigaciones que aborden directamente la relación entre la violencia contra las mujeres y los tipos de familia en contextos como el de Lima. Este vacío en la literatura es particularmente preocupante, dado que la estructura familiar y los roles tradicionales de género juegan un papel determinante en la perpetuación de la violencia. Tal como argumentan Camargo y Aparecida (2018), el entorno familiar puede reforzar como prevenir la violencia, por lo que resulta esencial que futuros estudios exploren con mayor profundidad cómo las dinámicas familiares influyen en las experiencias de violencia. Además, la investigación futura debe prestar especial atención a los factores culturales y socioeconómicos específicos de Perú (Malpartida, 2020), que podrían diferenciar sus hallazgos de los de otros países latinoamericanos.














