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Avances en Enfermería

Print version ISSN 0121-4500

av.enferm. vol.32 no.2 Bogotá July/Dec. 2014

http://dx.doi.org/10.15446/av.enferm.v32n2.46097 

http://dx.doi.org/10.15446/av.enferm.v32n2.46097

"Hablando de sexualidad": una mirada de los padres y las madres a los procesos de formación con sus hijos/as adolescentes en estratos populares de Cali

"Talking about sexuality": a look from the parents at the processes of education with their teenage sons and daughters in lower social strata from Cali

"Falando de sexualidade": um olhar dos país e as mães aos processos de formação com seus filhos/as adolescentes em estratos de renda baixa de Cali

Teresita María Sevilla1, Linda Teresa Orcasita2

1 Socióloga. Doctorado en Sociología Queen’s University of Belfast. Docente, Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Pontificia Universidad Javeriana, Seccional Cali-Colombia. E-mail: tsevilla@javerianacali.edu.co

2 Psicóloga. Magíster en Familia. Docente Cátedra, Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales. Pontificia Universidad Javeriana, Seccional Cali-Colombia. E-mail: ltorcasita@javerianacali.edu.co

Recibido: 06/02/2012Aprobado: 14/03/2014


Resumen

Este artículo recoge los resultados del proyecto de investigación Caracterización de conocimientos, actitudes y prácticas presentes en los procesos de formación en sexualidad de padres a hijos/as adolescentes en Cali. Se abordó el fenómeno haciendo hincapié en las prácticas, las temáticas y los recursos utilizados por los padres, perspectiva tradicionalmente menos tratada que la de los jóvenes. Se identificaron matices empíricos y conceptuales de las formas y las características de estos procesos. Se asume que a éstos subyacen valores e imaginarios sociales que trascienden la presencia de conocimientos sobre el tema e involucran las dinámicas históricas de construcción sociocultural. Consideramos para esta valoración categorías como el género, la brecha generacional y la estructura familiar. Desde una metodología mixta, da cuenta de las apreciaciones que reportan padres de familia de dos instituciones educativas. Un instrumento cuantitativo exploró dinámicas de interacción familiar, características del proceso de comunicación, conocimientos y creencias en torno a la sexualidad, fuentes de consulta, recursos y dificultades. Se discutieron las dificultades que los padres identifican en el proceso, asociadas a la naturaleza de la comunicación con los/as hijos/as del sexo opuesto, la falta de información, la influencia de otros agentes de socialización y los referentes culturales frente a la sexualidad. Los resultados señalaron la influencia de las construcciones sociales de la sexualidad y una clara dificultad de los padres para abordar el tema, mantenerse actualizados y superar sus propias experiencias. Es evidente una sensación de competencia, y no de coherencia o sincronía, con los demás actores del proceso de socialización de sus hijos/as. Se recomienda reconocer el papel de las estructuras sociales en la construcción y valoración de los roles de género y la promoción de habilidades para la comunicación, orientadas al reconocimiento del otro y al fortalecimeinto de la confianza. Deben generarse espacios de acercamiento entre las entidades educativas y de salud, las familias y los docentes para generar procesos coherentes en la valoración, abordaje y formación en sexualidad.

Palabras clave: Sexualidad; Salud Sexual; Comunicación; Adolescencia; Familia (Fuente: DeCS BIREME).


Abstract

This article takes the results of the investigation project Characterization of knowledge, attitudes and practices in the processes of sexuality formation from parents to teenage sons and daughters in Cali. This phenomenon was approached with special attention to the practices, the topics and resources used by the parents, which is the perspective less taken, as opposed to those used by the youth. Empirical and conceptual aspects were identified in the forms and characteristics of theses processes. It is assumed that there are underlying values and social constructs that transcend the presence of knowledge on the subject and involve historical dynamics of socio-cultural construction. We considered categories such as genre, generational gap and family structure. From a mixed methodology, we can obtain appreciations reported by parents of two educational institutions. A quantitative instrument explored dynamics of family interaction, characteristics of the communication process, knowledge and beliefs around sexuality, sources for consultation, resources and difficulties. Difficulties which the parents identified in the process, regarding the nature of communication with the sons and daughters of the opposite sex, were discussed, also, the lack of information, the influence of other agents of socialization and the cultural referents facing sexuality. The results pointed to the influence of social constructions of sexuality and a clear difficulty from the parents to approach this subject, to keep themselves updated and to overcome their own experiences. A sense of competence is evident, and not one of coherence or synchrony, with the other participants of the socialization process of their sons and daughters. It is recommended to recognize the roles of social structures in the construction and valuation of the roles of genre and the promotion of communication abilities towards the recognition of the other and the strengthening of trust. Spaces for discussion must be generated among the educational and health entities, families and teachers, to generate coherent processes in the valuation, approachment and formation of sexuality.

Keywords: Sexuality; Sexual Health; Communication; Adolescence; Family (Source: DeCS BIREME).


Resumo

Este artigo recolhe os resultados do projeto de pesquisa Caraterização de conhecimentos, atitudes e práticas presentes nos processos de formação em sexualidade de pais a filhos/as adolescentes em Cali. Abordou-se o fenômeno dando ênfase nas práticas, as temáticas e os recursos utilizados pelos pais, perspectiva tradicionalmente menos estudada que a dos jovens. Identificaram-se matizes empíricos e conceituais, das formas e as caraterísticas destes processos. Assume-se que a estes subjazem valores e imaginários sociais que transcendem à presença de conhecimentos acerca do tema, e envolvem as dinâmicas históricas de construção sociocultural. Consideramos, para esta valoração, categorias como o gênero, a brecha geracional e a estrutura familiar. Desde uma metodologia mista, dá conta das apreciações que reportam os pais de família de duas instituições educativas. Um instrumento quantitativo explorou dinâmicas de interação familiar, caraterísticas do processo de comunicação, conhecimentos e crenças ao redor da sexualidade, fontes de consulta, recursos e dificuldades. Discutiram-se as dificuldades que os pais identificaram no processo, associadas à natureza da comunicação com os/as filhos/as do sexo oposto, a falta de informação, a influência de outros agentes de socialização e os referentes culturais frente à sexualidade. Os resultados assinalaram a influência das construções sociais da sexualidade, assim como uma clara dificuldade dos pais para abordar o tema, manter-se atualizados e superar suas próprias experiências. É evidente uma sensação de competência, e não de coerência ou sincronia, com os outros atores do processo de socialização de seus filhos/as. Recomenda-se reconhecer o papel das estruturas sociais na construção e valorização dos papéis de gênero e a promoção de habilidades para a comunicação, orientadas ao reconhecimento do outro e ao fortalecimento da confiança. Devem gerar-se espaços de aproximação entre as instituições educativas e de saúde, as famílias e os docentes para criar processos coerentes na valorização, abordagem e formação em sexualidade.

Palavras-chave: Sexualidade; Saúde Sexual; Comunicação; Adolescência; Família (Fonte: DeCS BIREME).


Introducción

A partir de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1994, la Conferencia de Población y Desarrollo del Cairo, en 1995, y en el marco de la Declaración Mundial de los Derechos Sexuales y Reproductivos (1), los adolescentes y jóvenes han recibido especial atención como receptores y actores de procesos de evaluación, análisis y accionar de políticas públicas en torno a la salud sexual y reproductiva. En Colombia, esta reflexión está orientada a “mejorar la salud sexual y reproductiva y promover el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de toda la población, con especial énfasis en la reducción de los factores de vulnerabilidad y los comportamientos de riesgo, el estímulo de los factores protectores y la atención a los grupos con necesidades específicas”, la cual quedó consignada en la Política Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2). A su vez, esta plataforma quedaría alineada con la posterior declaración de los Objetivos de Salud Sexual para el Milenio (3). Es posible señalar entonces que a nivel internacional y nacional, se reconoce que la sexualidad hace parte integral de la situación de salud de las poblaciones y que supera el mero carácter biológico de ausencia de enfermedad, para incluir aspectos sociales, culturales y políticos que se asocian a un desarrollo integral, basado en principios de equidad y libertad.

Según proyecciones dadas a partir del Censo Nacional (4) para el 2010 los adolescentes y jóvenes entre los 10 y los 19 años de edad representaban el 19,6% del total de la población colombiana. En términos de salud sexual y reproductiva, cifras recientes revelan que la iniciación de la actividad sexual se da entre los 13 y 15 años de edad (5). Según el último reporte de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ends) (6), el 14% de las mujeres entre 15 y 24 años de edad tuvo su primera relación antes de los 15 años y el 61% la tuvo antes de los 18 años y sólo el 52% de las mujeres entre 15 y 24 años usó condón durante la primera relación sexual. Con respecto a las infecciones de transmisión sexual (its), se señala que los adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años representan el 45% del total de nuevas infecciones por el vih y se estima que para el año 2007 cerca de 370.000 niños menores de 15 años se infectaron con el vih. Por otro lado, la ends (6) señala una leve reducción de la tasa de embarazos en población adolescente (del 20,5% en el 2005 al 19,5% en el 2010), aunque ésta sigue estando por encima del 15%.

A pesar de esta tendencia, debe considerarse que, según datos de esta misma fuente, el 20 % de las mujeres en este grupo de edad se declara insatisfecho con el cubrimiento de sus necesidades de anticoncepción, lo cual deja entrever dificultades en términos de cobertura, atención y orientación. Ante esta situación, el gobierno nacional ha decidido reforzar las diferentes acciones asociadas a los procesos de salud sexual y reproductiva, con el respaldo económico y político a las iniciativas regionales y locales que consideren los contextos particulares, y que reciban acompañamiento desde el nivel central, a través de organismos como la Comisión Nacional Intersectorial para la Garantía de los Derechos Sexuales y Reproductivos (7). De manera particular, se ha proyectado como meta la reducción de la tasa nacional para este subgrupo a por lo menos un 15% hacia el año 2015, para lo cual se ha destinado una inversión que supera los 240 mil millones de pesos colombianos (us$ 133 mill) a partir de febrero de 2012 para la prevención de embarazos a edad temprana (7).

Resulta fundamental, entonces, delimitar de manera mucho más clara cuáles son los factores, actores y escenarios que toman parte en la configuración de los conocimientos, las creencias, los valores y los sentidos que orientan las prácticas de los/as jóvenes en torno a su sexualidad. El análisis crítico de los elementos asociados a la sexualidad permite reconocer que ésta se encuentra vinculada a factores demográficos, psicológicos, sociales, biológicos y culturales (8) y que su estudio e intervención debe partir por reconocer los procesos y los factores que la configuran. Si bien la producción de conocimiento científico sobre el tema ha estado tradicionalmente dominada por la mirada clínica-biologicista, orientada al funcionamiento universal de los cuerpos biológicos y centrada en las conductas y en los procesos reguladores de estas fuerzas biológicas (9), los resultados de las investigaciones demográficas y epidemiológicas han reforzado la necesidad de desarrollar estudios sociales en profundidad, al evidenciar las discrepancias entre las ideologías médicas y demográficas sobre la sexualidad y las experiencias de vida de las personas. Las contradicciones y ambigüedades son especialmente importantes en los sistemas clasificatorios, las identidades, la congruencia entre normas y prácticas y entre conductas y autodefiniciones, el significado de las acciones y la estabilidad de las preferencias sexuales (9, 10). En consecuencia, las miradas desde la academia y las políticas públicas convergen en promover un cambio del enfoque del comportamiento específico y fragmentado hacia la interpretación de los procesos sociales y subjetivos de la construcción de los significados culturales sobre la sexualidad y su incidencia tanto en prácticas como en experiencias (11).

Al hablar de sexualidad, asumimos que se trata de un aspecto esencial en la vida de los seres humanos. La Organización Mundial de la Salud (12) señala su importancia y su transversalidad, indicando que aborda todas las dimensiones del ser humano como el sexo, la identidad, el género, el erotismo, el placer, la reproducción, la orientación sexual y se expresa a través de distintas formas de relacionarse a partir de creencias, prácticas, valores entre otros aspectos que interactuan a nivel biológico, psicológico, social, económico, político, cultural, ético, histórico, religioso y espiritual. Desde esta propuesta, reconocemos en el análisis crítico de este fenómeno el inter-juego de al menos tres dimensiones fundamentales: la biológica, la psicológica y la cultural (13). Especial atención prestamos al papel que juegan las características de las sociedades en las formas en que pueden ser concebidas la vida y la actividad sexual (14). Igualmente, se identifica la sexualidad como elemento que cumple tres funciones en la vida de los seres humanos: la reproductiva, la erótica y la comunicativa-relacional (13). El primer elemento, que hace referencia a la potencialidad que tienen los seres humanos de reproducirse, ha dominado la mayoría de reflexiones desde las ciencias de la salud y la educación, y sigue siendo preponderante como resultado del papel que el discurso religioso (especialmente el cristiano-católico) juega en la fusión del proyecto maternidad-paternidad/sexualidad (9). La función erótica y la comunicativa-relacional hacen referencia a los proyectos de orden subjetivo e intersubjetivo, que implican una vivencia de la sexualidad no asociada a su potencial para reproducir la especie y las formas organizativas como el matrimonio y la familia.

La diferenciación de estas funciones, especialmente de la reproductiva y la erótica, ha sido objeto de gran debate, aún desde el trabajo de Kingsley (15), quien señalaba la necesidad de reconocer que las actividades sexuales no sólo se orientan a la reproducción y al mantenimiento de la especie, ni siquiera en los individuos considerados heterosexuales. Se reconoce entonces una plasticidad y multiplicidad no sólo en las orientaciones individuales y subjetivas de la sexualidad, sino también en las formas de concebirlas y significarlas, que se transforman y negocian en el tiempo. En este sentido, se respalda a Foucault (15) en la idea de que la sexualidad comprende una serie de prácticas y actividades que producen significados y que son producto de la historia. Así, se entiende que no se trata de un hecho dado, sino de una construcción social que, aunque es fuertemente influida por aspectos biológicos, está íntimamente ligada a aspectos sociales, históricos, políticos y culturales.

Si aceptamos que la caracterización de las prácticas es necesaria pero insuficiente, las perpspectivas hacia este fenómeno deben incluir la mirada amplia y profunda de los procesos que subyacen a la sexualidad. Así, debe reconocerse la historicidad y el carácter cultural de los comportamientos sexuales, de las actitudes, de las emociones y de los términos y las categorías para nombrar y clasificar lo sexual y el carácter relacional de las prácticas. Desde esta perspectiva, resulta limitado estudiar, por ejemplo, los procesos de comunicación en torno a la sexualidad, sin tomar en cuenta las relaciones de género y de clase que subyacen a éstos, o sin considerar la cultura y las instancias de control social en que se enmarcan (9). La revisión del tema centrada en la comunicación entre padres e hijos implica reconocer la naturaleza de los discursos verbales y no verbales que las configuran. En este sentido, se evidencian discursos dinámicos, en los que confluyen la normatividad de origen religioso, la presencia de instituciones médicas, la escuela (encarnada tanto en las políticas nacionales y particulares, así como en los profesores), los padres de familia, los medios masivos de comunicación y los discursos emitidos por quienes diseñan políticas dirigidas a este grupo poblacional (16).

Hablar de estos procesos implica desentrañar las estructuras sociales y culturales de las familias de la Colombia de hoy que, con sus múltiples rostros, se mueve entre la defensa o reconfiguración de valores tradicionales, los saberes en torno a la salud y las condiciones prácticas y reales para el desarrollo de los planes de vida. Igualmente, hemos encontrado en la pesquisa sobre las reflexiones hiladas en torno a este tema que las preocupaciones por trascender los procesos descriptivo-explicativos se replican con sus propias particularidades en diversas áreas de —al menos— la subregión latinoamericana1. Así, consideramos que entender estos procesos podrá dar luces para la creación y ajuste de modelos de acompañamiento y proyección de vida de nuestros jóvenes en diversos contextos socio-culturales.

Estudios recientes han señalado la importancia que juegan agentes como los entornos educativos, los medios de comunicación (especialmente a partir de la popularización de las nuevas tecnologías de información y comunicación y la creación de franjas y formatos especialmente dirigidos a los jóvenes), la familia y los pares (17, 18, 19). Por otro lado, se ha señalado que, a pesar de los diferentes esfuerzos enfilados al diseño de estrategias que respondan a los riesgos y necesidades que se están presentando, la población adolescente mantiene altas cifras de conocimientos erróneos respecto a la sexualidad, con una importante influencia de factores como el género, el estrato socioeconómico y la edad (20). Igualmente, se evidencia la brecha entre conocimientos y acciones, es decir: un vacío que responde a los elementos sociales y culturales que sustentan los procesos de formación por parte de los diversos agentes (21). Se estaría identificando entonces una necesidad de profundizar no sólo en el tipo de conocimientos que se tienen, sino en cómo se dan los procesos de formación en sexualidad por parte de los diferentes actores que intervienen en el proceso (22).

Desde esta perspectiva, se han señalado recientemente incongruencias entre la manera en que los padres de familia reportan y perciben los procesos de formación en sexualidad que viven con sus hijos/as adolescentes — en cuanto a tópicos, calidad y frecuencia— y lo que los jóvenes conciben de estos procesos (2). En consecuencia, se ha recomendado profundizar las reflexiones que expliciten los detalles de estos procesos comunicativos, más allá de un inventario de los tópicos tratados, para lograr identificar e interpretar las principales características, ideas, dificultades y fortalezas percibidas por padres e hijos (22).

La revisión de las reflexiones de orden académico, social y político demuestra el énfasis que se ha dado en explorar lo que los jóvenes saben y hacen, pero evidencian que la atención que se ha prestado a la manera en que los demás agentes que intervienen en el proceso construyen y enfrentan el fenómeno ha sido escasa. Así, en aras de brindar mayores elementos para la comprensión del proceso, que permitan precisar las estrategias de formación, prevención, intervención y acompañamiento de esta compleja situación, se ha desarrollado una investigación orientada a indagar sobre las características sociales y culturales presentes en los procesos de comunicación sobre sexualidad entre padres e hijos/as adolescentes y la manera en que se consideran e integran otros factores como las escuela, los pares y amigos, el colegio y los medios de comunicación. Se ha hecho énfasis en los conocimientos, actitudes, prácticas y significados sociales reportados por padres y estudiantes y los factores y elementos individuales y sociales que impactan en estos procesos. Para la argumentación que aquí presentamos, hemos querido retomar la mirada reflexiva que padres y madres hacen a estos procesos, resaltando los rasgos característicos, los tópicos particulares en que afincan su interés (incluidos aquellos que generan mayores dificultades) y —como eje central de la discusión— la develación que hacen de las hebras que constituyen el tejido de sus ideas, discursos y acciones sobre la sexualidad.

Metodología

Diseño de la investigación

Atendiendo a las características del fenómeno y las recomendaciones generadas desde la academia y las entidades orientadoras de las políticas de salud, se ha desarrollado un enfoque metodológico mixto que se aproxime a las tendencias generales de la población y provea detalles particulares de los procesos. Así, retomamos la idea de Bonilla-Castro y Rodríguez (24), que invita a la superación de la polaridad entre abordajes cuantitativos y cualitativos y acogemos el lineamiento de la Política Nacional en Salud Sexual y Reproductiva (2), que busca complementariedad en las descripciones de este fenómeno. Adicional a esto, la propuesta considera un abordaje interdisciplinar que vela por el “cuidado de las personas” en los contextos de salud, y fortalece las estrategias de promoción y prevención con extensión a otros entornos como el educativo y el familiar orientado desde una perspectiva biopsicosocial y holística.

Participantes

Para efectos procedimentales, el proyecto seleccionó dos instituciones educativas públicas de tradición en la ciudad, que recogen población mayoritariamente perteneciente a los estratos 1 al 3 de diferentes áreas de la ciudad y que habían manifestado interés en el abordaje participativo de estos temas. La población fue segmentada en dos grupos de trabajo, así: (1) Adolescentes hombres y mujeres entre los 14 y los 18 años de edad, matriculados en los grados 9o y 10o; y (2) Padres o madres de estos jóvenes que tuvieran contacto regular con ellos (no necesariamente de convivencia en la misma casa, uno por estudiante).

Instrumento

Se desarrollaron dos componentes metodológicos centrales: uno cuantitativo y uno cualitativo. El primero estuvo orientado a identificar en padres/madres y adolescentes las principales prácticas utilizadas en los procesos de comunicación sobre sexualidad. Atendiendo al modelo propuesto por Kapungo et al. (24) y a las experiencias recientes del grupo de investigación (33), se consideró un trabajo con diadas de padre o madre e hijo/hija, de tal manera que se permitiera la identificación de las congruencias y discrepancias entre los reportes de unos y otros. Para el cuestionario las variables orientadoras fueron: (1) Aspectos demográficos; (2) Comunicación familiar sobre sexualidad; (3) Prácticas de formación en sexualidad; (4) Dinámicas familiares.

El componente cualitativo retomó los señalamientos arriba mencionados sobre la necesidad de generar miradas amplias y profundas que superaran la simple caracterización y evaluación de las prácticas de comunicación en sexualidad (10) para desentrañar los sentidos, motivaciones y entramados sociales, culturales, históricos y políticos, presentes en estos procesos (30, 31). De manera particular, se ha hecho énfasis en la aproximación a las principales actitudes, fortalezas, dificultades y recursos percibidos por madres y padres en el proceso de comunicación sobre sexualidad con sus hijos/as. Debe señalarse que el análisis ha hecho énfasis en los padres y las madres, con lo cual el trabajo con los adolescentes ha girado en función de los primeros. Para los grupos focales de padres/madres e hijos/hijas —por separado—, se tuvieron en cuenta como líneas orientadoras las construcciones que hacen los padres sobre la sexualidad adolescente, en especial lo que hace referencia al manejo que éstos hacen del desarrollo físico y la pubertad de sus hijos, de su vida social, de su sexualidad y de los sentimientos que esto les genera como padres (22).

Se exploraron las principales dificultades reportadas por madres y padres en la comunicación con hijos/as, así como las mayores incongruencias en las percepciones reportadas entre ambos grupos (23); el papel de los medios de comunicación en la formación en sexualidad de los adolescentes (19, 28, 29) y el rol de los pares y la escuela como fuentes de información en sexualidad (21). Estas líneas de interés se concretaron en 5 tópicos generales sobre: (1) conocimientos en sexualidad; (2) prácticas de formación en sexualidad; (3) dinámicas familiares; (4) dificultades y recursos en el abordaje del tema; (5) creencias y percepciones en torno a la sexualidad de sus hijos/as.

Procedimiento

En primera instancia, se realizó el contacto con las dos instituciones educativas participantes, a las cuales se les explicaron los propósitos, objetivos y procedimientos relacionados con la investigación. También se les informó sobre el contenido metodológico, la forma y el tiempo requerido para su aplicación. Posteriormente, se diligenciaron los consentimientos informados y se inició el proceso. El procesamiento de los datos se apoyó en los programas de análisis cuantitativo (spss v17) y cualitativo (ethnograph v 5.0). El tratamiento de los resultados cualitativos se orientó por un análisis temático amplio, más que por un análisis de contenido específico (30). Así, se siguieron las líneas argumentativas en torno a las categorías mencionadas y se contrastaron con los núcleos conceptuales seleccionados. Igualmente, se recuperaron para este caso los testimonios de los/las participantes (bajo pseudónimos), con el fin de mantener la conexión con sus propias voces y maneras de nombrar y significar sus realidades. Toda la investigación estuvo orientada por las normas científicas, técnicas y administrativas para la investigación en salud que rigen a nivel nacional. Adicionalmente, se contó con el apoyo de servicio psicológico de las instituciones que participaron del estudio para hacer los seguimientos posteriores requeridos por los participantes.

Resultados

Discrepancias, silencios y vacíos: algunos rasgos de la caracterización cuantitativa de los procesos de comunicación en sexualidad entre padres, madres e hijos/as.

Si bien la intencionalidad del estudio se orientó a superar la simple descripción de los conocimientos y prácticas reportados por madres, padres e hijos/as en torno al tema de la sexualidad, una primera aproximación a los rasgos fundamentales de este fenómeno permitió el dimensionamiento básico del mismo desde la perspectiva de los participantes. De acuerdo con el carácter muldisciplinario del proyecto, se encontró que las reflexiones van más allá de un énfasis exclusivo, incluyendo perspectivas desde la psicología, la sociología, la salud pública y la comunicación.

En cuanto a los aspectos demográficos, se obtuvo información de 190 padres de familia (73.5% madres, 23.9% padres, 0.6% pareja del padre y 1.9% pareja de la madre), resultando una muestra heterogénea en cuanto al sexo, puesto que el 71.4% de los que contestaron fueron mujeres y el 28.6% hombres (la diferencia en porcentajes con la información anterior se debe a los casos perdidos). En el 38.4% de los casos, los hijos/as son estudiantes del grado noveno y en el 61.6% del grado décimo. En cuanto al estrato socioeconómico, el 66.1% tiene un nivel socioeconómico bajo (estratos 1 y 2), el 32.7%, medio (estrato 3 y 4) y el 1.1%, alto (estratos 5 y 6).

Para el caso de los estudiantes, se obtuvo información de 669 participantes de los dos colegios seleccionados, con una distribución particular por sexo, dado que el 79.0% de los que contestaron fueron hombres y el 21.0% mujeres. Lo anterior se explica por la naturaleza de uno de los colegios participantes, de tradición masculina, cuyo proceso de apertura a co-educación (estudiantes de ambos sexos) se inició sólo en la última década. Para el componente cualitativo, se intentó equiparar la presencia de participantes de ambos sexos. El rango de edad de los estudiantes está entre 11 y 20 años, la edad promedio es de 15.58 años, con una desviación típica de 1.21 años.

En cuanto a la conformación de familias respecto a la presencia de madre y padre, se evidenció que en el 22.5% de los casos los estudiantes vivían sólo con la madre y en el 61.2%, con la madre y el padre. Llama la atención la importante presencia de la pareja (masculina) de la madre, pues en muchas ocasiones es ésta quien asume procesos de formación respecto a las prácticas asociadas a la sexualidad. Igualmente, la diferencia de edades entre unos y otros necesariamente impacta el fenómeno en términos de brecha generacional, características del proceso comunicativo, acceso y manejo de información y relaciones de confianza y autoridad.

Algunos rasgos de la percepción de padres, madres e hijos/as sobre dinámicas familiares y su impacto en la comunicación familiar (Gráfico 1.) señalaron que el 2.3% de padres y madres mostraban rasgos de desligamiento afectivo, lo cual implica poco apego emocional, bajo sentimiento de unión y poca expresión del afecto. Llama poderosamente la atención que, al cotejar estas cifras con lo manifestado por sus hijos/as, el registro suba a un 7.7%. En este sentido, se encuentra evidencia de incongruencias significativas entre percepciones de unos u otros. Contrastes similares se registraron en las percepciones sobre la baja participación en la solución de problemas familiares a través del compromiso y la unión familiar, fenómeno que registra un 3,4% entre los padres y un 14,3% entre sus hijos/as, lo que señala nuevamente una visión más negativa y crítica por parte de los/as jóvenes. En cuanto a las rutinas familiares, el 54% de padres y madres afirma que su familia tiene un alto grado de estructuración y organización, representado en espacio y tiempo para compartir diversos aspectos de su día a día; sin embargo, con una llamativa diferencia de más del 30%, sólo el 21% de los estudiantes comparte esta afirmación. Al centrarse en aspectos específicos de la comunicación, el 26% considera que su nivel de apertura, confianza y satisfacción frente a la interacción con sus hijos es bajo, percepción negativa superada ampliamente por sus hijos, cuyo registro es del 50%.

En torno al tema específico de la sexualidad, el 44,6% de los padres reportó no haber recibido ningún tipo de información en el último año, mientras que sólo el 33% de sus hijos/as registró tal ausencia. En cuanto a la comunicación específica sobre el tema, el 45% de padres y madres manifiesta dificultades para abordar las temáticas, siendo el desconocimiento de formas específicas de iniciar la conversación la causa más reportada, en el 33% de los casos. En cuanto a los/as jóvenes, se reportan diferencias importantes de género, pues mientras el 30% de hijos/as reporta dificultades para hablar del tema con la madre, el 53% las tienen con el padre.

Frente a los conocimientos y las prácticas de la sexualidad (Gráfico 3.), debe señalarse las diferencias entre madres y padres en temas específicos, dentro de los que se destacan: (1) Sólo el 57% de los padres reconoció el preservativo (condón) como mecanismo efectivo para evitar infecciones de transmisión sexual (its), frente a un 77% de las madres; (2) Mientras que el 63% de los padres asume la masturbación como algo privado, sano y placentero, sólo 47% de las madres comparte esta percepción; (3) El 33% de los padres reportó haber entregado preservativos a sus hijos en forma directa, sólo 14% de las madres declaró esta práctica. Igualmente, se encontraron convergencias en percepciones y prácticas como: (4) Asumir la homosexualidad como una desviación sexual (55% padres, 52% madres); (5) El que haya programas de televisión que sus hijos no deben ver (77% padres, 71% madres); y considerar que: (6) Hay temas sobre sexualidad que sus hijos deben hablar o consultar con alguien diferente a ellos (28% padres, 30% madres).

Frente al tema de la iniciación sexual (Gráficos 4. y 5.), el 52% de los padres y el 59% de las madres le han preguntado directamente a sus hijos/as sobre el tema y alrededor del 30%, en ambos casos, cree que efectivamente este tipo de actividad ya se ha iniciado. Diferencias interesantes muestran que, mientras para aceptar la iniciación sexual en hijos hombres y mujeres el criterio fundamental es que éstos hayan alcanzado una determinada edad (51% y 45% respectivamente), el esperar a que se llegue al matrimonio como condición básica es más fuerte para el caso de las hijas (20%) que de los hijos (14%).

Algunos datos de los/as jóvenes ponen en perspectiva las apreciaciones de sus padres frente al fenómeno. Se puede señalar que el 65.2% de los jóvenes ha iniciado su vida sexual, con un promedio de edad de inicio por penetración de 13.3 años, (desviación típica de 1.8 años; rango: 7 a 19 años). Igualmente, se observa que menos de la mitad de los jóvenes o sus parejas usaron condón en su primera relación sexual (47.0%). El 65.5% ha tenido relaciones sexuales con penetración en el último año. Casi un 43.5% ha tenido relaciones sexuales con más de una persona y el 89.5% las ha sido con personas de otro sexo. Veremos posteriormente que los aspectos relacionados con uso del preservativo, selección y establecimiento de relaciones con diferentes parejas sentimentales y sexuales y lo referente a la orientación sexual son tópicos sensibles que generan preocupación en la perspectiva de padres y madres, especialmente en lo referido al alto nivel de desconocimiento que se tiene de las actividades y preferencias de hijos/as.

Finalmente, algunas apreciaciones de los/as jóvenes introducen a otros agentes como amigos y pareja en el panorama de sus procesos de información y construcción de ideas y valores en torno a la sexualidad. En consecuencia, se encontró que las estrategias y las alternativas para la anticoncepción son discutidas por los hombres con sus parejas y por las mujeres con sus amigas. Los cambios asociados a la pubertad y la adolescencia son consultados con amigos y el embarazo con la pareja. Especialmente se reconoce que los hombres reportan hablar muy poco de temas como el aborto y que el fenómeno del abuso sexual sea rara vez tocado, tanto por hombres como por mujeres.

Múltiples discursos, múltiples ausencias: relatos de padres y madres en torno a la comunicación sobre sexualidad

Uno de los aspectos más relevantes para este trabajo con padres y madres fue la gran preocupación que el tema de la comunicación sobre sexualidad con sus hijos e hijas generó en su cotidianidad. Desde la primera aproximación a la población para el desarrollo del componente cuantitativo, el nivel de interés y participación superó las expectativas del equipo investigador. La fase cualitativa contó con grupos de padres y madres interesados en relatar sus vivencias, compartir y escuchar otras miradas y recibir orientación sobre estrategias concretas para acompañamiento del tema con sus hijos/as. En este sentido, tres rasgos fundamentales marcaron la mirada de los padres frente a la formación en torno a la sexualidad con sus hijos/as: (a) El profundo contraste en sus propias experiencias de vida frente al tema y los escenarios que afrontan hoy con sus hijos/as; (b) La multiplicidad y co-existencia de discursos, algunos intensamente discrepantes, que configuran las creencias, los conocimientos y los sentidos que orientan la manera en que padres y madres abordan el tópico con los jóvenes; y (c) Las dificultades que manifiestan padres, madres e hijos/ as para entablar conversaciones sobre el tema.

a. El proceso de reflexión en torno a las experiencias de vida de padres y madres en torno a la sexualidad señala que estuvo marcado por la falta de comunicación con adultos o cuidadores. Recurrentemente, hombres y mujeres señalaron que el tema era en muchas ocasiones prohibido o abordado de manera indirecta y reactiva, es decir: sólo tocado ante la insistencia de los adolescentes que se atrevían a preguntar lo relacionado con los cambios propios de la pubertad. A pesar de que la mayoría de padres y madres comentó haber adquirido la información básica a través de sus amigos o pares familiares no fueron pocos los casos en que se vivió una total ausencia de información, especialmente en las mujeres:

Cuando yo tenía 10 años, que fue cuando me llegó el período, eso fue un dilema, porque a mí nadie me había hablado de eso; cuando me vino el periodo, ¡qué susto!, porque me vino durmiendo, y cuando me levanté y me vi toda ensangrentada, casi me muero. Mi mamá y mi papá siempre fueron el campo y hablar de esos temas… ¡menos! Es muy diferente el pueblo a la ciudad…, horrible. Yo no sabía si decirle a mi mamá, si no decirle. Yo m imaginaba miles de cosas porque a uno sí le decían que si usted estaba con un muchacho y la tocaban, entonces quedaba en embarazo…” [Mariela, 40 años, 2 hijas adolescentes, 1 nieta].

Tabla5

Como señala el relato de Mariela, estas experiencias generaban sentimientos de culpa, temor y confusión. A la vivencia del cuerpo cambiante, se sumaba la sensación de quebrantar normas no conocidas o de forzar a los padres a tocar temas de los que estaba prohibido hablar. Es importante señalar que la población participante es en su mayoría migrante de zonas rurales, con lo cual se refuerzan las dificultades para el acceso a la información y se evidencian formas tradicionales de concebir la educación desde los roles tradicionales asignados a lo femenino y a lo masculino. La mirada a los escenarios actuales reconoce en ellos una mayor presencia de información que está influenciada por el desarrollo y acceso a las tecnologías de información y comunicación y por la incursión del discurso médico, que ha tendido a secularizar la reflexión en torno a la sexualidad.

Así, al pensar directamente en qué ha cambiado desde su momento adolescente al que viven hoy sus hijos/as, se valora la posibilidad validada en lo intrafamiliar, lo comunitario y lo estructural de hablar y preguntar sobre estos temas. El acceso directo a información que se percibe como “neutral” en tanto a su énfasis médicobiológico ha servido para debilitar los obstáculos y miedos frente al tema. Sin embargo, lo que se ha ganado en conocimiento e información se ha perdido en términos de sensación de control y cercanía a los hijos/as. Existen relatos —como el de Constanza— que revelan una profunda sensación de frustración por no poder o saber acercarse a los y las jóvenes:

A veces, hablar de eso me da pena, porque yo tengo dos hijas, la de 15 y la de 10, y la de 10 eso habla abiertamente, ella se sienta y dice “ah, es que las parejas hacen el amor” y uno como que “¡uy, una niña de 10 años hablando así!” [Gloria, 39 años, 2 hijas]. Siempre me ha sido más difícil llegarle a mi hijo. A ambos les hice el acompañamiento, pero con mi hijo es muy difícil […] Él desde pequeño siempre ha sido muy cerrado, él no habla nada, él no pregunta nada. Yo siempre intento acercarme pero él no me deja [Constanza, 42 años, 1 hija adulta joven y 1 hijo adolescente].

b. Como se ha mencionado, padres y madres reconocen en sus propias experiencias una fuerte presencia del discurso religioso que, asociado a la moral y la tradición en hogares marcados por la ausencia de comunicación asertiva, obstaculizó el abordaje abierto y fluido en torno al tema en su adolescencia. Sin embargo, llama la atención que elementos fundamentales de este discurso sigan presentes en sus reflexiones, asociados a percepciones tradicionales frente a roles de género y al deber ser de hombres y mujeres en cuanto a su cuerpo y su sexualidad. Uno de los aspectos en que más se ha evidenciado es en lo referente a la virginidad, como se reportó en el análisis cuantitativo y se identificó en relatos de varios participantes. Vemos por ejemplo en el relato de Mercedes la persistencia de un deseo por que su hija se conserve virgen hasta el matrimonio, como un anhelo a sus ideales personales y a lo que ella imagina espera la sociedad de ella como madre y de su hija:

Pues eso es lo que uno sí quisiera, que ella se esperara hasta el matrimonio y que se fuera casada, que se espere, ¿cierto?, como debe ser [Mercedes, 55 años, 1 hija de 15 años].

Vemos que esta posición se asocia con modelos tradicionales que reproducen valoraciones inequitativas frente a hombres y mujeres. En ellos, como nos muestra el relato de Luis Ernesto, se evidencia que si bien el discurso salubrista de protección y prevención ha calado, la mirada de los derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva de género aún no es percibida abiertamente.

Yo a mi hijo desde los 15 años le paso los preservativos, se los he dado, y él sabe, y no es uno, siempre 2 o 3, por si acaso, y uno le abre la maleta y allí los encuentra […] Yo con mi hija que he hablado, sí le he dicho, que qué bueno sería que el día que ella se case llegara virgen. Pero también le he dicho que tenga los novios que tenga, que viaje, que explore. Porque yo fui uno que anduve mucho, tuve muchas novias, andaba con mis amigos, hasta que un día me cansé y dije: “ya no más”. Entonces me conseguí una novia, la mamá de mis hijos, de 15 años y al año me casé. Y fue muy agradable [Luis Ernesto, 42 años, 1 hijo y 1 hija adolescentes].

Esta tensión y discrepancia entre lo que se desea desde lo personal, lo que se percibe como demanda cultural y lo que se asume como necesidad desde lo racional (en términos de cuidado de la salud) genera en madres que, como Carmenza, se declaran abiertas frente a temas aún polémicos como la diversidad sexual, un profundo temor y culpa frente a la reacción de su entorno familiar y comunitario:

Yo sé que ella a mí de eso no me quiere hablar, pero yo lo sé, yo lo siento, yo he visto cosas y ella de eso no me habla […] Yo sé que si eso fuera así, eso sería mi culpa, yo lo sé […] A nadie le gustaría que un hijo o una hija sea así, porque no van a entender, me da miedo que la traten mal [Carmenza, 37 años, 2 hijas adolescentes].

c. Esta amalgama de sentimientos y demandas percibidas ha producido sentimientos de incertidumbre e impotencia frente a las formas de comunicación con hijos/ as. El reporte cuantitativo arriba detallado señala que las percepciones de padres e hijos tienen fuertes discrepancias en lo que se refiere al alcance de espacios y estrategias asignadas a la comunicación sobre aspectos de la sexualidad. Así, es evidente el desconocimiento de la actividad sexual de sus hijos, lo que genera en muchos casos ansiedad frente a las maneras y momentos para tocar el tema. Si bien sigue habiendo mayor apertura en las comunicaciones entre padres y madres con hijos/as del mismo sexo, esta tendencia se está transformando. Relatos como el Carmenza demuestran que este esquema ya no es tan fluido:

Yo con ella he intentado, le he buscado el lado y nada. Ella a mí no me habla, no me cuenta, no me pregunta, nada. Yo he buscado por todas las formas, le toco el pelo, me siento a ver televisión y ella “Ay no mamá, no me pregunte de esas cosas” [Carmenza, 37 años, 2 hijas adolescentes].

Pero las dificultades en la comunicación no sólo se perciben entre padres o madres y sus hijos/as, también se evidencian dificultades entre parejas y el importante rol que la familia extensa juega en este escenario. Así, encontramos madres y padres que se sienten abandonados por sus parejas en el rol de orientadores de sus hijos/ as frente a la sexualidad. En la mayoría de los casos, las mujeres manifiestan su angustia y agotamiento dada la posibilidad de fallar doblemente: como orientadoras de sus hijos/as (fallas cristalizadas en sus imaginarios en situaciones como embarazos a edad temprana u homosexualidad) y como esposas y madres ante los ojos de sus parejas, familia y comunidad:

A mí me gustaría saber cómo hacer para que mi esposo hiciera parte de estas charlas, porque eso es muy difícil. Él siempre dice: “Usted como es la mamá, usted puede, usted hágale”. Él a nada de estas cosas viene, es muy duro [Mariela, 40 años, 2 hijas adolescentes, 1 nieta].

Debe recordarse el papel que juegan aquí las parejas que asumen roles de parentalidad pero que sienten limitaciones en su alcance y dejan estos “temas escabrosos” en manos del padre o madre biológico/a. En el caso de estas familias ensambladas, la presencia de hijos de la nueva unión puede generar tensiones por el manejo diferencial entre unos y otros, en lo que hace referencia a regulación, valores y presencia activa de padre y madre en el proceso formativo. Por último, debemos señalar la presencia en el trasfondo de la familia extensa, cuyo rol es recordar y refrendar valores tradicionales o servir de fuentes alternas para la información y comunicación desde el punto de vista de los adolescentes y de los jóvenes.

Discusión

Las fuerzas encontradas: género, moral, salud, medios y nuevos roles

Tanto la mirada amplia a las tendencias reportadas por padres, madres e hijos/as como los relatos detallados de quienes participaron en los grupos de discusión permiten señalar puntos de interés para la reflexión en el largo plazo de estos procesos, orientados tanto al análisis de las permanencias y transformaciones en las formas de pensar y actuar en torno a la sexualidad, como al diseño de procesos y estrategias de acompañamiento e intervención de estas situaciones. Muchos de estos hallazgos coinciden con las interpretaciones que se producen sobre el tema.

En primera instancia, debe reconocerse que en las transmisiones e intercambios comunicativos (dialógicos o no) en torno a la sexualidad no fluye solamente información sobre procesos biológicos, sino que insertas en ellas corren normas y valores enmarcados en miradas casi siempre tradicionales de género. De acuerdo con Grimberg (31), se evidencia el género asociado a relaciones de poder histórica y socialmente construidas, de carácter relacional, que se configuran a partir de las significaciones culturales de las diferencias anatómicas entre varones y mujeres, superando el nivel biológico para hablar de características, funciones, responsabilidades y derechos de orden social y cultural. Así, las propias vivencias, valores y expectativas de padres y madres marcan el curso que siguen las relaciones con sus hijos/as, evidenciando lo que Jones (32) denomina su “función socializadora”. En esos discursos, diálogos y silencios siguen vigentes ideas tradicionales sobre lo que debe ser y hacer un hombre o una mujer.

Si bien el discurso moral que subyace a las configuraciones de género tradicionales y aún vigentes lleva un peso importante en estos procesos, nuestro análisis permite confirmar la existencia de otros modelos y miradas que co-existen y permean estos fenómenos. Así, de acuerdo con Szasz (9) y Jones (32), vemos cómo el discurso médico, que ha tendido a ganarle espacio a miradas tradicionales como la moral religiosa (católica), ha secularizado los discursos, pero ha exacerbado la angustia y ansiedad en torno a la normalidad y la funcionalidad. En consecuencia, señalar por ejemplo que la homosexualidad es una desviación sexual, refleja algunas miradas tradicionales sobre un deber ser aceptado desde una concepción religiosa particular y señala una necesidad por clasificar los cuerpos y los comportamientos desde una posición heteronormativa. Igualmente, los medios abren la puerta a la promulgación de discursos de igualdad y libertad, que, sin permear la mirada de la mayoría de padres o madres pero sí la de sus hijos/as, instan a entrar en tensión con las opiniones binarias y preformateadas sobre cómo y cuándo vivir la sexualidad. Vemos entonces que fluyen discursos hibridados (14), en donde la dominancia de uno u otro esquema depende del contexto.

Encontramos padres y madres con pocas claves para la interpretación y ponderación de las realidades de sus hijos/as y del peso de sus historias. Lejos de construir convergencias entre los agentes que gravitan en los mundos del adolescente, hay una atomización cada vez más pronunciada. El caso particular de las madres recuerda lo que (22) se ha denominado pánico sexual y discursos contradictorios. La ausencia de sinergias entre los adultos y cuidadores resalta la vigencia de modelos tradicionales en los que la salud y la sexualidad (por extensión, gracias al discurso médico-biologizante) es cosa de mujeres (16). En consecuencia, formar a hijos/as, hablar del tema, transmitir los valores y regular las actividades en perfecto ritmo entre el control y la libertad recae prioritariamente en unas madres aterradas e inseguras sobre las estrategias más precisas para lograrlo, bajo el ojo vigilante de sus familias y contextos comunitarios.

Como lo plantean Uribe y Orcasita (33) hablar de sexualidad para los docentes y padres de familia sigue generando muchas dificultades, debido a los modelos educativos en los que fueron formados, de corte biologicista y moralista de la sexualidad en muchos casos. Es importante reconocer que algunas de las limitaciones del presente estudio fueron (1) la exploración centrada en sexualidad de orden penetrativo y heterosexual y (2) la escasa participación de padres (hombres), lo cual es un reflejo de la transformación de las dinámicas tradicionales de participación del rol parental en los procesos educativos de hijos/as. Finalmente, se recomienda para futuras investigaciones poder indagar cómo se dan estos procesos formativos en otros entornos socioeconómicos y en contextos educativos no oficiales, con el fin de revisar el papel que determinan los agentes de socialización en contextos específicos.


[ign]3 Para mencionar sólo algunos casos, sugerimos revisar los estudios adelantados en el sur del conteniente por Mabel Grimberg (2002) o Daniel Jones (2010) y en el norte centro por Ana Amuchástegui (2000, 2001), Ivonne Szasz (2004) o Irene Sosa (2004).[/ign]


3 Para mencionar sólo algunos casos, sugerimos revisar los estudios adelantados en el sur del conteniente por Mabel Grimberg (2002) o Daniel Jones (2010) y en el norte centro por Ana Amuchástegui (2000, 2001), Ivonne Szasz (2004) o Irene Sosa (2004).


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