Introducción
La enfermería es una disciplina profesional que tiene como objeto de conocimiento y de práctica el cuidado en un contexto histórico, sociocultural, político y ecológico determinado 1) (2. Uno de los enfoques de la práctica del cuidado ha sido el cuidado humanizado, que se caracteriza por ser integral y está mediado por la relación dialógica entre los sujetos involucrados en el acto de cuidar 3.
El cuidado se considera integral porque reconoce al ser humano como un todo que tiene alma-cuerpo- espíritu y capacidad de ser sociable 4. La interacción es un elemento fundamental del cuidado, y de allí se deriva lo que se denomina la relación terapéutica —también llamada relación de ayuda profesional—, que ocurre gracias al diálogo. En esta relación, el sujeto y el profesional, a través del discurso, negocian subjetividades sobre la situación del sujeto e identifican problemas y las intervenciones necesarias para resolverlos 4-6, fortalecer potencialidades o prevenir factores que amenazan la salud y la vida.
El cuidado humano debe incluir la sexualidad debido a que esta permea todo el ser: en lo biológico, porque está en todo el cuerpo; desde lo psicológico, con la imagen mental que se construye a partir del sexo, el género y la orientación sexual; desde lo sociocultural, que define y perpetua los roles de género; y en lo espiritual, desde la construcción de valores 7-11. Estos componentes regulan el comportamiento sexual, el disfrute del placer erótico y las relaciones afectivas, los cuales afectan la salud sexual y, en consecuencia, generan impactos en la salud y la calidad de vida de las personas en diferentes etapas de la vida 12, 13.
A pesar de la importancia de la sexualidad en la vida humana, es frecuente que los profesionales de enfermería no consideren prioritario su cuidado en los diversos escenarios de atención debido al escaso desarrollo de habilidades comunicativas, el cual se manifiesta en la incomodidad que les produce indagar sobre asuntos relacionados con ella 14, 15.
Esta complejidad de la sexualidad en la vida humana precisa de profesionales de la salud que la consideren en continua interacción con el ser bio-psico-social-espiritual del sujeto cuidado y que, por lo tanto, se valoren y atiendan las necesidades de este componente humano sin discriminar sexo, género, edad, etnia, estado de salud, capacidades diferentes, ni el escenario donde ocurre la relación terapéutica. Así, el cuidado debe corresponder a los determinantes individuales, políticos, económicos y socioculturales que afectan la salud sexual y que son propios del contexto donde se vive la experiencia de cuidado 16.
Es necesario que los profesionales respeten a los sujetos en su diversidad y pongan en práctica procesos favorecedores de inclusión. Para ello, se requiere comprender y aceptar las nuevas identidades y reconocer que actualmente el profesional se desenvuelve en una cultura compleja, múltiple, desajustada y discontinua que desdibuja los tradicionales roles de género y la hegemonía del hombre blanco en la sociedad 7, 17. Finalmente, se requiere que el profesional se comprometa con el reconocimiento, la promoción y el respeto de los derechos sexuales, y además se involucre en la lucha por implementar acciones de detección oportuna de violencia sexual y de atención integral a las víctimas 18, 19.
La práctica humanizada en el cuidado de la sexualidad precisa de la comunicación como elemento mediador en la interacción de los actores del cuidado. La comunicación es un elemento del cuidado que tiene trayectoria histórica en la comunidad científica de la enfermería 5. No obstante, esta toma fuerza en las teorías que tienen como centro la interacción entre el sujeto y el profesional. A Peplau se le reconoce como la primera teorista en referirse a la interacción enfermera-paciente como fenómeno central del cuidado que es mediado por la comunicación, lo cual explica en la teoría de las relaciones interpersonales, publicada en 1952 20. Los planteamientos de Peplau fueron ampliados por Travelbee, quien los integra en sus postulados sobre la relación humana terapéutica que ocurre entre la enfermera y el paciente 20, y por King, quien en la teoría de la consecución de objetivos le asigna un lugar especial a la interacción mediada por la comunicación entre la enfermera y el paciente, con el fin de valorar sentimientos y percepciones sobre la situación de salud y entre ambos establecer metas y acordar los medios para lograrlas 20.
El sentido de la comunicación planteado en estas teorías pertenece a un proceso dinámico y recíproco de intercambio de subjetividades, en el cual tanto sujeto como profesional expresan pensamientos, sentimientos y actitudes a través del lenguaje verbal y no verbal, a fin de potenciar el desarrollo de ambos actores del cuidado 21.
El proceso comunicativo en el cuidado de enfermería se caracteriza por retroalimentarse en la medida en que los actores intercambian el rol de emisor y receptor. La comunicación en enfermería puede ser verbal (o psicolingüística) y no verbal, también llamada psicobiológica (lenguaje del cuerpo), en la cual el emisor utiliza gestos, expresiones faciales y adopta posturas para comunicar el mensaje al receptor. También puede ocurrir que en la interacción se utilicen simultáneamente las dos formas de comunicación. Por ende, el éxito del proceso comunicativo, y por tanto del cuidado, depende en gran medida de la interpretación adecuada del mensaje 22, o lo que Habermas 23 denomina “acción comunicativa”, en la cual los actores negocian las definiciones de la situación para coordinar de común acuerdo planes de acción y sus propias acciones.
Hasta acá se logra visualizar el papel fundamental que desempeña la comunicación en el cuidado humano, lo cual motiva el planteamiento de la siguiente pregunta: ¿cómo se desarrolla el proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad de sujetos sanos, enfermos o vulnerables? A partir de este interrogante, el presente artículo tiene como objetivo describir el proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad en los diferentes escenarios de la práctica profesional con base en los planteamientos de la teoría fundamentada constructivista.
Materiales y método
Se trata de un estudio cualitativo dentro del enfoque de la teoría fundamentada, desde la perspectiva constructivista, el cual facilita la comprensión del fenómeno de estudio a partir del análisis de las experiencias subjetivas que los participantes asignan a lo que hacen, y que luego se relacionan con el conocimiento y la experiencia de los investigadores 24.
El estudio se llevó a cabo con 12 profesionales de enfermería seleccionados mediante la estrategia de bola de nieve. Los criterios de inclusión fueron: i) contar con más de tres años de experiencia profesional en asistencia, docencia, gestión e investigación en enfermería, atendiendo al concepto de experticia profesional 25, y ii) que al momento de la entrevista se encontraran laborando en instituciones del Área Metropolitana del Valle de Aburrá (Colombia). Se excluyeron profesionales que se negaron a conceder la entrevista después de varios intentos de concertación de agenda. A quienes cumplían los criterios de inclusión se les leyó el consentimiento informado y se concretó fecha, hora y lugar de la entrevista. Además, se les ofreció la opción de participar mediante videollamada o entrevista presencial. En el Cuadro 1 se presenta la relación de cada participante con los servicios donde ha laborado, el número de entrevistas realizadas y el tiempo de duración de estas. Para la identificación de cada participante se utilizó un pseudónimo, elegido por este mismo, con el fin de proteger su identidad y conservar la confidencialidad de la información.
Los datos fueron recolectados entre junio de 2020 y octubre de 2022, mediante entrevista intensiva, la cual se caracteriza por ser abierta y emergente 26. Es abierta porque inicia solicitando al participante que cuente una experiencia de cuidado donde estuvo implicada la sexualidad, y emergente porque a partir del relato del sujeto surgen preguntas y solicitudes para detallar aspectos que se consideran relevantes en la comprensión del cuidado de la sexualidad en los diferentes contextos de cuidado. Las entrevistas se realizaron hasta lograr la saturación del dato.
El análisis consistió en un proceso flexible de comparación constante, lo que implicó avanzar y volver atrás e interactuar con los datos y, en ocasiones, volver a entrevistar al participante.
Los audios fueron transcritos en Microsoft Word y luego de contrastar la fidelidad de las transcripciones con los audios se inició el análisis en forma manual, como se describe a continuación. A través de la escucha atenta de cada audio se encontró el sentido y los asuntos claves de la entrevista, fase a la que se denominó “precodificación”. Luego se hizo la codificación inicial mediante la selección de incidentes, que fueron los segmentos de texto en los cuales se identificaron significados o acciones expresadas por el participante. A estos incidentes se les asignó un código provisional con un verbo conjugado en gerundio, que representara la acción que indicaba el segmento. Simultáneamente, a cada incidente se le agregaban las siguientes preguntas: ¿de qué trata el dato?, ¿qué sugieren los datos?, ¿desde qué punto de vista está hablando el sujeto? y ¿qué categoría teórica indica este dato específico? 26.
Posteriormente, se procedió a la codificación enfocada, que consistió en agrupar los incidentes por la similitud del sentido. En esta etapa se asignaron códigos enfocados que representan los conceptos a los cuales hacía alusión cada grupo de incidentes. Asimismo, algunos códigos fueron in vivo para conservar aquellas expresiones claves utilizadas por el sujeto. Esta segunda codificación facilitó la identificación de códigos y conceptos que emergían del dato, los cuales se agruparon en subcategorías que permitieron la formación de las categorías que explican la forma como los profesionales de enfermería enfrentan las situaciones en las que surgen problemas y necesidades relacionadas con la sexualidad en los pacientes.
El proceso de codificación, inicial y enfocada, y la comparación constante fueron complementados con los memos que contenían conceptos y teorías que podrían explicar o aclarar el sentido del código o del incidente; otros fueron producto de la reflexión y comparación constante entre incidentes, códigos enfocados y las contrastaciones con la experiencia profesional, y otros memos adicionales contenían preguntas e hipótesis que tuvieron que ser resueltas en próximas entrevistas.
El análisis de las 14 entrevistas realizadas a 12 participantes ofrece nutridos resultados que se condensan en categorías, de las cuales las más representativas son las necesidades de cuidado de la sexualidad, los factores que inciden en el cuidado de la sexualidad, el proceso de cuidado de la sexualidad y el proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad. Por asuntos de extensión de los resultados, en este artículo se expone únicamente la categoría que hace referencia al proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad.
Las acciones para asegurar el rigor metodológico consistieron en: i) dar prioridad a la voz de las personas participantes por encima de la revisión documental y la experiencia del investigador, teniendo en cuenta que la propuesta constructivista sugiere que el investigador ponga su experiencia en la toma y análisis de la información; y ii) la comparación constante, que es transversal en el análisis. Estas reflexiones se plasmaron en los memos teóricos y analíticos realizados durante el estudio.
El proyecto de investigación fue aprobado por el Comité Técnico del Centro de Investigaciones de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia y por el Comité de Ética de Investigación, que dio su aval en el acta N.º cei-Fe 2020-05. El estudio se clasificó de bajo riesgo debido a que el tema podría causar alteración psicológica de la persona entrevistada. Considerando esto, el equipo investigador contaba con preparación para intervención en crisis. Además, se consideró la posibilidad de remitir al participante a consulta de psicología en su institución prestadora de salud. Sin embargo, no se presentaron situaciones de este tipo. Las entrevistas se realizaron previa lectura del consentimiento informado y la aclaración de los derechos del participante, donde se asegura la confidencialidad de la información, la autonomía para suspender la entrevista en el momento que considere, el derecho a abstenerse a responder cuando no deseara hacerlo y que en ninguna circunstancia podría haber retaliación por parte del investigador.
Resultados
Las entrevistas intensivas contienen diversas experiencias en las cuales el cuidado de la sexualidad fue evidente. La riqueza del dato y los memos teóricos, analíticos y descriptivos permitieron desentrañar el proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad de los sujetos atendidos en los diversos escenarios de cuidado, el cual se representa en la Figura 1.

Fuente: documentos que contienen las entrevistas transcritas y los memos realizados.
Figura 1 Proceso comunicativo que media en el cuidado de la sexualidad
Cuidando la sexualidad desde lo comunicacional
El cuidado de la sexualidad está mediado por la comunicación, y como en todo acto comunicativo, intervienen emisor y receptor —sujeto y profesional—, el mensaje y el código utilizado para expresar el mensaje.
En este estudio el sujeto cuidado fue variado: en el escenario comunitario fueron grupos de pares; en el consultorio de enfermería y salas de hospitalización fueron personas, la persona y su pareja; y en el caso de menores de edad fue el menor y su madre o padre.
Formas de comunicación de los actores del cuidado
Los actores del cuidado utilizaron la comunicación verbal y no verbal en la relación terapéutica que involucra el cuidado de la sexualidad. En la verbal se encontró que es posible que ocurra una conversación tranquila y fluida:
“Empecé a hablar con las señoras y en la conversación veía que no era solo el asunto de la incontinencia urinaria, sino que ese tipo de problemas las llevaban a tener dificultades con los esposos, a no salir o a sentir vergüenza, entonces en la consulta con enfermería hablaba con ellas (…). Por ejemplo, tuvimos una señora que nos decía que el esposo no hacía sino rechazarla ‘porque algo le estorbaba’ y evidentemente le dejaron los hilos de la malla muy largos”, Claudia.
“Ellas me cuentan todo, hasta cómo son sus relaciones sexuales, hasta qué opino de esto o de aquello, entonces es muy rico, porque es una relación como (…) no solamente de enfermera paciente, sino como de cariño”, Isabel.
El proceso comunicativo que se observa en estas experiencias está mediado por el lenguaje verbal, destacando la interacción que ocurre entre el sujeto (individuo, grupo de pares y pareja) y el profesional. En esta conversación el profesional escucha lo que el sujeto le pregunta o le cuenta sobre su sexualidad, interpreta el mensaje, identifica problemas y necesidades que afectan la salud sexual del sujeto y emite una respuesta a sus necesidades.
Se destaca en los testimonios que en la relación terapéutica existe confianza y “cariño” entre los interlocutores, que hacen del encuentro un momento satisfactorio. Pero esta sinergia no siempre ocurre en el cuidado de la sexualidad, como lo expresan los participantes:
“Pienso que abordar este tema, por más que el mundo entero lleve muchas estrategias y esté haciendo muchas cosas para que esto deje de ser un tabú, sigue siendo un tabú porque la gente se avergüenza de esos temas. Hay gente que aún no se abre, por más edad que tenga, por más adulta que sea. Tocarle el tema de la sexualidad (es difícil), desde cuando tú le explicas a una persona cómo higienizarse los genitales, (por ejemplo le dices) te tocas los labios, y te pueden hasta mirar como raro. La gente todavía no ve esa cosa, le ponen como malicia, como que hubiera algo ahí que no se puede tocar. O cuando uno empieza a hacer preguntas y los niños son muy risueños, se mueren de la risa, que es como el temor disfrazado de risa, entonces (ante la pregunta) ¿quién de aquí ha visto un preservativo?, y nadie ha visto un preservativo en su vida, que uno sabe que no es cierto”, Piña.
“A ellos les da pena hablar del tema. A ellos y a todo el mundo yo creo que le da pena (hablar) abiertamente de la sexualidad, y (esta) es la parte como del ser humano que se encarga de todo el relacionamiento con las otras personas y de muchas maneras ¿cierto? Ese sentimiento del gusto, de la atracción, pero también de la comunicación, de establecer ese vínculo con esa persona, pues su pareja, ¿cierto? Ay vea y me puse rojita, ya ni sé que decir (...)”, Mariposa.
El tema de la sexualidad en la relación terapéutica, en especial si se trata de los genitales y de la genitalidad, causa temor, vergüenza e incomodidad, que son expresados mediante el lenguaje no verbal: “te miran raro”, “le ponen como la malicia”, “el temor disfrazado en risa”. Estas reacciones se constituyen en barreras comunicativas que tienen su explicación en el tabú y el pudor que los actores de cuidado tienen sobre este componente humano.
La situación no siempre es negativa, pues en las instituciones también se vivieron experiencias contrarias, como las cuenta una participante:
“Cuando era pues el momento de la pasión (risas), usted la veía bajar a ella así toda sexy y entonces nos reunimos él, ella y yo, y yo les daba la charla. Entonces ya yo después los dejaba solos en el cuarto del amor, y ellos ya pues salían y normal, ella se iba para su lado de las mujeres y él se iba para el lado de los hombres”, Layube.
En ocasiones las barreras comunicativas no se resuelven y los actores del cuidado optan por evitar el tema:
“En realidad no se le enfatiza a la mujer posparto o a la mujer embarazada cómo pueden ser las condiciones de su sexualidad, hablando pues de genitalidad o de otras maneras, ¡no! Y tal vez yo creo que ni siquiera es falta de tiempo, sino que las enfermeras no lo hacemos y las pacientes no lo preguntan”, Claudia.
“Yo les recomiendo (a los profesionales) que no tengan miedo de hablarles a los pacientes del tema, que seamos muy prudentes, que seamos muy seguros de lo que estemos hablando y que nos capacitemos sobre el tema, porque más que una condición de pena también es una condición de desconocimiento”, Enfer2022.
Los sentimientos de miedo y vergüenza no sólo provienen del sujeto, también del profesional. Estos se fundamentan en la falta de competencias en el saber-ser y hacer en el cuidado. Cuando esto ocurre, el camino es silenciar la sexualidad. Por ello, el participante recomienda la formación en el cuidado de este componente del ser humano. Por fortuna, el silenciamiento de la sexualidad no siempre es el camino y la experiencia de muchos profesionales les ha enseñado que este cuidado es posible como se expone a continuación.
Superando las barreras comunicativas
Cuando el profesional se empodera de su rol en el cuidado de la sexualidad pone en marcha diversas estrategias para superar las barreras comunicativas que el sujeto impone en la relación terapéutica:
“Yo creo que la expresión de la sexualidad está en la comunicación y en el cuerpo. Esa es una manera de soltar y que hay que escucharlo para saber el trasfondo de lo que está, de lo que quiere decir, y yo creo que esa es como la clave”, Claudia.
El éxito del cuidado de la sexualidad depende, en gran parte, de la capacidad que tenga el profesional para leer y descifrar el mensaje (el trasfondo) que el sujeto le expresa mediante el lenguaje no verbal, y así poder identificar e intervenir los problemas y necesidades de cuidado del sujeto.
Además de la lectura del lenguaje no verbal, los profesionales utilizan otras estrategias que favorecen la comunicación en el cuidado de la sexualidad:
“Somos enfermeras de la sexualidad, cuidamos a la familia, los pacientes, los colegas, (pero se debe) brindar confianza para ellos, generar empatía, vínculo, conexión, para que el paciente se abra en cuerpo y mente y reciba la energía y el conocimiento que se le quiere compartir. Cuidamos desde lo comunicacional, aprender del paciente, no hacer juicios de valor, no decirle que eso que siente es raro, considerar que todos somos diferentes, estar dispuestas a dar y recibir del paciente, el paciente nos moldea”, Piña.
“Hay dos claves para la sexualidad: una, permitir que las personas hablen desde su experiencia y la otra es (…) como cuando te estoy contando un secreto, como venga y cuente tranquila (que) de aquí no pasa. Pero de aquí sí te voy a ayudar, porque incluso la gente lo habla pasito, la gente no habla duro cuando tiene un problema en la sexualidad”, Claudia.
“Es que uno tiene que entrar a ser muy querido con ellas. Ellas llegan y primero yo (las trato de) ‘señora’. Pero cuando uno entra en confianza, es ¡ah, no mija!, y ellas le dicen a uno “parce” y todo. Entonces entra como a establecer esa relación que no es de amistad. O sea, yo hago de cuenta que es algo mío, como si yo estuviera en el caso, como si fuera la hija mía. Yo trato de hacer mucha empatía con ellas, y entonces ellas van y me cuentan todo, hasta cómo son sus relaciones sexuales”, Isabel.
“Cuando uno es tan espontáneo, a veces es mucho más fácil que las personas se abran a ti. Entonces, yo considero que tengo esa habilidad de que las personas hablen rico conmigo y que quieran seguir hablando”, Layube.
Algunos profesionales tienen la habilidad para llegar a la interacción comunicativa en el encuentro terapéutico, pero otros deben hacer uso de varias estrategias tales como: uso de un lenguaje respetuoso, familiar e inclusivo que es regulado por el sujeto (la profesional inicia diciéndole señora y luego, según la actitud del sujeto, le dice mija. A su vez, la profesional también permite que le diga ‘parce’). Además, se debe generar empatía para sentir y expresar afecto e interés genuino en la situación del sujeto y en la solución de esta, “permitir que las personas hablen”, motivar la conversación “como un secreto”, asegurando la confidencialidad, establecer vínculo y conexión, y adoptar actitud abierta a lo que el sujeto está expresando, pero evitando hacer juicios de valor o expresiones de escándalo.
No obstante, como lo dicen los testimonios, “la gente no habla duro cuando tiene un problema en la sexualidad”, es decir, que no lo expresan tan fluidamente como lo hacen con otros problemas que les aquejan, y esto dificulta el cuidado. Por eso, la participante afirma que “el paciente nos moldea”, porque de acuerdo con la actitud de aprobación de este, el profesional puede avanzar en el cuidado integral de la sexualidad.
Interpretando y derivando acciones de cuidado
En el Cuadro 2 se relacionan los códigos comunicativos desde la voz del participante, la necesidad de cuidado interpretada por el profesional, que surge de los memos realizados, y la respuesta del profesional ante cada situación de cuidado.
Discusión
Los resultados de este estudio develan el proceso comunicativo que media en la relación terapéutica del cuidado de la sexualidad del sujeto sano o enfermo. En este proceso se identificaron las formas de comunicación utilizadas y las barreras que afectaron el cuidado de este componente humano.
Los participantes, además, comentaron sobre diversas estrategias que implementan para superar las barreras comunicativas, así como las necesidades que identifican a partir de los mensajes que emiten los sujetos y las actividades que derivan para suplir las necesidades desde su rol profesional.
Los profesionales con experiencia en el cuidado comunitario, programas de consulta externa y también aquellos que se desempeñan en la docencia, expresaron comodidad y apertura para conversar con los sujetos sobre cualquier tema relacionado con la sexualidad. Estos hallazgos concuerdan con los de Julien et al. 15, quienes afirman que en los servicios de consulta externa los profesionales disponen de mayor tiempo para la atención de los pacientes que en los de hospitalización, por ello la conexión que se requiere para conversar con el sujeto sobre sexualidad. En contraste, Leyva et al. 14, en su estudio con médicos y enfermeras que se desempeñan en servicios de atención primaria, expresaron que con frecuencia estos profesionales no se sienten cómodos al hablar de temas relacionados con la salud sexual y no valoran este componente de la salud humana, como también sugieren otros autores 27.
En el contexto de esta investigación, la representación social de la sexualidad está en estrecha relación con la genitalidad 28. La genitalización de la sexualidad afecta la comunicación terapéutica debido al tabú y al pudor que los actores de cuidado han construido en este componente humano. Rodríguez 10 afirma que el pudor es una señal de alarma ante la incomodidad y la angustia que el individuo siente al exponer su cuerpo. Por otra parte, el tabú que la cultura ha construido en relación con la sexualidad, la ubica en el plano de lo íntimo, lo privado, lo secreto, de lo que solamente se dialoga con personas con las cuales se tiene un vínculo erótico, romántico o amistoso. En contraposición, se encuentra que el escenario de cuidado es público y el profesional no tiene ninguno de estos vínculos con el sujeto, lo que puede explicar expresiones de incomodidad y malicia identificadas por los profesionales 29, 30.
Borgeaud-Garciandia e Hirata 31 afirman que cuando no es posible hablar ni reírse de algo que socialmente es prohibido, surge cierta emoción contenida que se expresa mediante risas. En este estudio, también se identificó dicha reacción, que los participantes afirman como “el temor disfrazado en risa”.
Superando las barreras comunicativas
Esta investigación señala que ante las barreras comunicativas que afectan el cuidado de la salud sexual puede ocurrir que tanto sujeto como profesional opten por silenciar la sexualidad, o que se dé respuesta con un discurso centrado en el componente de la vinculación afectiva, a lo que Rubio 32 define como la forma de expresar amor, evitando así conversar sobre erotismo y prácticas sexuales que tanto le interesan al sujeto para disfrutar su vida sexual a partir de su nuevo estado de salud.
El silencio de la sexualidad no siempre es una opción. En este trabajo se encontraron diversas estrategias que los participantes utilizan para vencer las barreras comunicativas que interfieren en el cuidado de la sexualidad, entre ellas se destacan la empatía profesional, el trabajo interdisciplinario y la experiencia profesional. Algunos autores 33, 34 afirman que las actitudes empáticas del profesional proporcionan mayor comodidad al sujeto y compromiso en su participación en el contrato terapéutico.
En relación con el trabajo en equipo en el contexto de la salud, Rando 35 y Alvarado 36 afirman que este favorece la práctica profesional, ya que la interacción entre compañeros aumenta la confianza para afrontar problemas o situaciones que revisten cierto grado de dificultad.
La experiencia profesional, por su parte, favorece el cuidado de la sexualidad, porque a partir de la práctica el profesional desarrolla conocimientos, confía más en la intuición, es más acertado en la selección de los datos y se involucra en las situaciones de cuidado 20. Sobre este aspecto, Julien et al. 15 encontraron que las enfermeras con mayor experiencia laboral, las que tenían postgrado y las que laboran en servicios ambulatorios tenían menos barreras actitudinales para discutir temas de salud sexual con los pacientes que aquellas que se desempeñan en los servicios de internación.
Interpretando y derivando acciones de cuidado
En este estudio se encontró que en servicios de internación se cuida la sexualidad mediante la comunicación. El profesional, mediante el diálogo, educa a la pareja sobre la forma de tener actividad sexual luego de un evento coronario, por ejemplo; resultado que difiere de lo reportado por Niño y Ballesteros 13, quienes encontraron que los pacientes tienen varios interrogantes relacionados con el impacto de la enfermedad y el tratamiento en la respuesta sexual humana que no siempre son resueltos por el personal de salud. Por su parte, Murphy et al. 37, en la implementación de un programa de asesoramiento sexual para pacientes con eventos coronarios, encontraron que la formación de los profesionales en sexualidad facilitó el abordaje de estos temas con los pacientes.
Al igual que en el presente estudio, se ha encontrado que los sujetos con enfermedad mental presentan cierto grado de vulnerabilidad en su salud sexual y reproductiva debido a alteraciones cognitivas y conductuales que pueden llevar a estados de hipersexualidad 38. En consideración a esta vulnerabilidad, el profesional intensifica la vigilancia e interviene las conductas sexuales que no contribuyen a la salud integral del sujeto 31, 39-40).
De otro lado, la principal limitación de este estudio fue la escasa participación de profesionales de género masculino, derivado del desinterés en el tema abordado por parte de estos.
Conclusiones
Las formas de comunicación entre los actores de cuidado en temas relacionados con la sexualidad incluyen la verbal y la no verbal, las cuales son condicionadas (especialmente la no verbal) por la genitalización, el pudor y el tabú. Al respecto, las barreras comunicativas impuestas por estos tres elementos pueden ser superadas mediante la actitud empática, el trabajo en equipo y la experiencia profesional.
Una vez superadas las barreras comunicativas, los profesionales son capaces de escuchar a los sujetos en sus necesidades y en sus límites, generando un diálogo encaminado a brindar soluciones a los principales problemas que experimentan a través de estrategias educativas centradas en lo comunicacional.
Finalmente, este estudio reviste importancia para los profesionales de enfermería debido a que evidencia la necesidad de potencializar las competencias en los procesos de formación de pregrado y posgrado, de tal forma que estos tengan la capacidad de abordar la sexualidad como un componente más de la valoración e intervención de las necesidades de cuidado.
















