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Análisis Político

Print version ISSN 0121-4705

anal.polit. vol.21 no.62 Bogotá Jan./Apr. 2008

 

El MAS-IPSP boliviano, entre movimiento social y partido político

Bolivian MAS-IPSP, halfway between a social movement and a political party

Hervé Do Alto
Doctorando en ciencia política en el Instituto de Estudios Políticos de Aix-en-Provence, Francia (CSPC/CREALC).


RESUMEN
El artículo realiza una investigación acerca de la naturaleza organizacional y política del Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) en Bolivia. Inicia el estudio con una descripción de las condiciones de creación del MAS-IPSP, con el objetivo de distinguir en ello el funcionamiento de un partido político a largo plazo. Luego examina su orientación como instrumento político y finalmente analiza los éxitos y giros del triunfo de Evo Morales dentro de la organización.
Palabras clave: Movimientos sociales, partidos políticos, Bolivia, democracia.


SUMMARY
The article reports a research about the organizational and political nature of “Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP)” in Bolivia. It begins the study with a description of the creational conditions of the MA-IPSP, in the hope of distinguishing in it the operation of a political party in the long term. Then the article examines the party's orientation as a political instrument and finally analyzes the successes and turns of Evo Morales' victory inside the organization.
Key words: Social movements, politcal parties, Bolivia, democracy.


El contundente triunfo de Evo Morales y de su partido, el Movimiento al Socialismo - Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) (1), en las elecciones generales bolivianas del 18 de diciembre de 2005 (2), se diferencia en muchos aspectos de otras experiencias enmarcadas en el «rumbo hacia la izquierda» de América latina (3). Si muchos de estos gobiernos identificados con la izquierda, como Lula da Silva en Brasil o Hugo Chávez en Venezuela, tienen en común el hecho de mantener un vínculo con los movimientos sociales de su país, el caso boliviano se destaca por una importante singularidad: la victoria del MAS-IPSP constituye un intento exitoso de articulación de un ciclo ascendente de protesta social, particularmente intenso a partir del 2000 con las lucha contra la privatización de la gestión del agua en Cochabamba, y la creciente presencia de organizaciones sociales, que estuvieron en el origen de este mismo ciclo de protesta, en la esfera institucional. Expresando una clara radicalización social dentro del campo político, esta experiencia aparece absolutamente singular, por las modalidades inéditas de participación política planteadas y teorizadas a través del concepto de «instrumento político», que cuestiona las estructuras partidarias clásicas al mismo tiempo que favorece un compromiso directo de las organizaciones sociales como tales dentro de ese mismo campo.

De esta forma, el MAS-IPSP constituye, a la vez, un partido político y una federación de organizaciones sociales, cuyo ascenso electoral corresponde, contrariamente a los casos brasileño o venezolano, a una ola creciente de luchas sociales. ¿Cuáles son las implicaciones tanto de la «multidimensionalidad» de esta organización partidaria original como de las peculiares condiciones de su emergencia? Para poder contestar esta pregunta, volveremos sobre las condiciones de creación del MAS-IPSP, con el objetivo de distinguir lo que, en la historia de su fundación, dejó una huella duradera en cuanto a la cultura y al funcionamiento del partido a largo plazo, lo que el estudioso de los partidos políticos italiano Angelo Panebianco llama el «modelo genético de partida» (4).

LOS ORÍGENES DEL MAS-IPSP
Reducir al MAS-IPSP a un mero «partido de los cultivadores de coca» sería algo equivocado, basta mirar a la diversidad de los grupos sociales que ahí están representados hoy en día. Sin embargo, el origen cocalero de la organización de Evo Morales es una variable imprescindible para entender la dinámica socio-histórica que llevó a los movimientos campesinos e indígenas de Bolivia a participar a la competencia electoral política.

El crecimiento del número de cocaleros, especialmente en la región del Chapare, ubicada en el trópico de Cochabamba, a lo largo de los años 80, resulta fundamentalmente de dos olas de migración vinculadas a dos hechos históricos: el abandono de tierras por campesinos del altiplano debido a la sequía de 1983, y, posteriormente, el desmantelamiento de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), como consecuencia de las primeras reformas neoliberales, en 1985, que conllevaron el cierre de innumerosas minas y el despido, eufemísticamente llamado ‘relocalización', de más de veinte mil mineros (5).

Sin embargo, convertirse en cocalero no era sencillo en aquella época: si bien existe un consumo tradicional de la hoja de coca, así como circuitos legales de comercialización, será la cocaína que hará famosa la «hoja sagrada», a la vez tan célebre y polémica. La economía vinculada a la cocaína conoce una «época dorada» bajo la dictadura de Luis García Meza (1980-1981), a tal punto que llegó a representar más del 50% del PIB de la economía boliviana cuando se restablece la democracia en 1982 (6). Convertirse en cocalero significaba, entonces, exponerse a la estigmatización social, y a una creciente represión, fruto del consenso general del conjunto de la clase política sobre la erradicación del cultivo de la hoja de coca, consenso promovido y activamente apoyado por Estados Unidos.

La adopción de la Ley 1008 en 1988, que sirvió de marco legal para las políticas de erradicación, llevó al movimiento cocalero a orientarse hacia una participación directa en la esfera política. En un primer momento, se buscó alianzas con diversas coaliciones de izquierda, tales como Izquierda Unida (IU) en 1989, y luego el Eje Pachakuti en 1993, que desembocarían más que todo en un descontento de los cocaleros hacia estos partidos, tanto a causa del comportamiento descrito por muchos como instrumental por parte de estos últimos, como por la marginalidad de esta izquierda dentro del campo político, una izquierda que perderá cada vez más credibilidad a medida que se derrumbaba el bloque de los países comunistas del Este europeo. El estado del «mercado político» y las posibilidades restringidas de alianzas, por lo tanto, impidieron a ese sector tener influencia sobre las políticas relativas a la coca a través de los canales institucionales de cualquier manera.

Sin embargo, el ascenso de los cocaleros en el seno de la confederación sindical campesina boliviana (CSUTCB), que expresó también la explosión numérica de ese sector social, permitieron a este movimiento desarrollar dos estrategias complementarias. La primera consistió en una popularización de la defensa de la hoja de coca, a través de la adopción de un discurso con matriz culturalista, en el cual la coca era la «hoja sagrada», representativa de la cultura andina y amazónica, no solamente en el seno del sindicalismo campesino, sino también en el movimiento indígena del Oriente boliviano, ajeno a la cultura de la coca. Este flamante movimiento, cuya creación al inicio de los años ochenta revela la débil compenetración del sindicalismo campesino clásico en un área donde las olas de reforma agraria que conoció la historia boliviana (1953 y 1983) no afectaron significativamente la estructura latifundista de la tierra, estaba entonces estructurado en torno a la Confederación de los Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB). Resultó de este proceso una alianza duradera entre los indígenas del oriente y del occidente, concretada a través de una campaña política elaborada conjuntamente, celebrando los «500 años de resistencia de los pueblos indígenas» frente a la colonización española en la simbólica fecha del 12 de octubre de 1992. De ahí surgiría un nuevo sujeto político: el movimiento «campesino-indígena». La segunda estrategia consistió en popularizar la idea de una participación política autónoma de este movimiento, a través de la conformación de un «instrumento» de las organizaciones campesinas e indígenas. Esta tesis del instrumento político, que buscaba promover una participación directa de los militantes sindicales mediante una adhesión colectiva de sus organizaciones sin crear una estructura partidaria, surge de cierta manera del deseo de no repetir los errores cometidos por los líderes del movimiento campesino en los ochenta: al inicio del proceso de democratización, sus líderes, Genaro Flores y Victor Hugo Cárdenas, se dividieron en peleas electorales a través de la creación de pequeños partidos, con mucha menos influencia que la propia CSUTCB (7).

La construcción del instrumento político será finalmente aprobada en el VI Congreso de la CSUTCB en 1994, y condujo a la organización de un Congreso denominado Tierra, Territorio e Instrumento Político, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1995, al cual asisten la CSUTCB, la Confederación de Colonizadores (CSCB), la Federación de Mujeres Campesinas - Bartolina Sisa (FNMCB-‘BS') y la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB). En aquel momento, el instrumento político es denominado Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP), y su jefe será Alejo Véliz, campesino del valle de Cochabamba.

EL «INSTRUMENTO POLÍTICO»: TEORÍA Y PRÁCTICA (1995-2002)
La creación de este instrumento generó una importante y original «ingeniería» política. A diferencia del movimiento indígena ecuatoriano, articulado en torno a la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que creó también su propio «brazo político» con el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik - Nuevo País (MUPP-NP), u otras experiencias de partidos surgidas de movimientos sociales como el PT brasileño, en el caso boliviano casi no existe ninguna diferenciación al inicio entre las organizaciones sindicales y la estructura partidaria, los sindicatos y organizaciones sociales de base asumiendo el papel de alguna manera de secciones de base del partido. Por la adhesión colectiva de estas organizaciones al instrumento político, se establece por lo tanto un vínculo llamado «orgánico» entre esas dos entidades. De esa manera, el «instrumento» funciona como una federación de organizaciones sociales. Asimismo, su Dirección Nacional (DN), compuesta por representantes de esas organizaciones, se parece a una simple instancia de coordinación. Esta estructuración aparece, por lo tanto, como una suerte de «ideal organizativo» (8) , como lo demuestran las propias palabras de Evo Morales en un Congreso del MAS-IPSP en Sucre, en julio de 2003: «donde las organizaciones sindicales [que forman parte del MAS-IPSP] funcionan bien, el instrumento político no existe por separado».

A pesar de la insistencia sobre la especificidad organizativa que implica la tesis del «instrumento», los primeros años de esta experiencia de participación política del movimiento campesino-indígena fueron marcados por fracturas que señalan algunos de los límites de este concepto, límites que todavía son visibles hoy en día. La primera de esas fracturas fue el distanciamiento de la CIDOB, entidad fundadora de la ASP, por razones todavía mal conocidas. Esta temprana baja, a la cual sucederían múltiples fases de acercamiento y alejamiento según las coyunturas políticas, permite subrayar la variabilidad de la lealtad de las organizaciones sociales cuanto al instrumento político, oscilando entre la lealtad incondicional (que ilustra el sector cocalero) y la permanente negociación de fidelidades políticas.

Por la propia estructuración del instrumento político, parece existir en el seno del MAS-IPSP una verdadera dificultad para «generar política», es decir, para formular demandas de dimensión nacional que permitan transcender su pertenencia corporativa (9). De hecho, cualquier organización que se involucra en el instrumento político -incluso los propios cocaleros- busca cumplir con dos objetivos: primero, que sus demandas sean tomadas en cuenta en la plataforma política del «instrumento»; segundo, que se le abra el acceso a espacios de poder en el seno del «instrumento» a sus miembros. De cierta manera, la estructuración del instrumento político genera una lealtad por parte de las organizaciones que no es nada más que función del cumplimiento de estas dos «exigencias», lo que en sí mismo genera una suerte de «clientelismo interno». Si este fenómeno también puede encontrarse en un sector como los cocaleros, éstos, sin embargo, se ven beneficiados por el propio estatuto de «padre fundador» de su líder, Evo Morales, que les garantiza un acceso a ciertos privilegios como una fuerte representatividad en las instancias de dirección del MAS-IPSP -lo que también permite a Morales, por su lado, conservar una legitimidad ante su sector de origen. Sin embargo, los que «benefician» de este clientelismo, es decir, los militantes que poseen un mandato por parte de su organización social para representarla en el «instrumento», no pueden ser identificados como «privilegiados»: sometidos a un control social importante, estos militantes deben permanentemente rendir cuentas cuanto a su mandato, e incluso pueden ser «desconocidos» por sus bases si éstas juzgan necesario renovar su representación en el instrumento político.

Otro límite: la ASP también se convierte en un escenario dónde se expresan rivalidades cada vez más fuertes entre dirigentes de organizaciones sociales. Asimismo, cuando a partir de 1996, el liderazgo de Morales dentro del movimiento cocalero se consolida, el control de la ASP se transforma poco a poco en un objeto de pelea con Alejo Véliz, lo que provoca una estructuración cada vez más clara entre «alejistas» y «evistas» (10) . Aunque este conflicto sea, incluso hoy en día, justificado por los diferentes actores entonces involucrados en esta división por diferencias de estrategia política entre estas dos corrientes, no cabe duda de que la pelea surgió por una creciente rivalidad de liderazgos, y se estructuró mediante la movilización de redes sociales vinculadas a cada uno de los protagonistas por fidelidades personales hacia ellos. En las elecciones generales de 1997, en las cuales participa la ASP, en el marco de una nueva alianza con Izquierda Unida por la falta de una personería jurídica otorgada por la Corte Nacional Electoral (CNE), una mayoría de sindicatos cocaleros decide llamar a no votar por Véliz, que postulaba entonces a la presidencia, bajo el pretexto de que él habría manipulado las listas electorales en favor de otros partidos miembros de la coalición IU (11). La ASP logró obtener cuatro diputados uninominales, incluyendo a Evo Morales; un triunfo que debería haber garantizado a Véliz su elección como diputado plurinominal. Su fracaso en ser elegido comprobaba un voto cruzado masivo, es decir, un voto en favor de los candidatos uninominales de IU combinado con un voto para presidente en favor de cualquier otro candidato que precisamente no sea de IU, o sea Alejo Véliz. El conflicto que existía entonces entre los dos líderes degeneraría en una guerra abierta a partir de aquel momento, una ruptura entre los «evistas», que pronto crearían en 1998 el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), y los «alejistas». Según Hugo Moldiz, en aquel momento asesor de Véliz, pero hoy en día involucrado en el MAS-IPSP, «Alejo se quedó con la sigla de la ASP, mientras Evo se iba con la amplia mayoria de las bases». (12) Lejos de reducirse a una anécdota, el hecho ilustra como la figura tradicional del caudillo sigue siendo un elemento que estructura la vida política boliviana. En el caso del instrumento político, por ejemplo, es esta figura mediante la cual se articulan los diferentes sectores sociales involucrados, con el jefe como elemento central en torno al cual se estructura el organigrama del partido.

Las rivalidades entre caudillos se expresarían nuevamente con la llegada de Felipe Quispe a la cabeza de la CSUTCB en 1998. Apenas salido de la cárcel por su participación en la guerrilla indianista liderada al inicio de los años noventa, conjuntamente con Álvaro García Linera, un joven intelectual que buscaba articular el marxismo a la problemática indígena, en el marco del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), Quispe sería elegido secretario ejecutivo para impedir que la confederación se divida entre los partidarios de Véliz y los de Morales. Aunque participaría en las primeras reuniones del IPSP, Felipe Quispe rompe cualquier relación con el instrumento cuando Morales obtiene de David Añez Pedrasa, líder de un pequeño partido de izquierda, el Movimiento al Socialismo (MAS), que le regale -o vende, según las versiones- la sigla de su organización que, contrariamente al IPSP, ya estaba reconocida como partido político por la CNE.

Para Quispe, aceptar esta sigla, teñida de un pasado fascista según él, constituiría una negación de la identidad indígena (13). Creará finalmente su propio partido, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), en el año 2000, que aparecería entonces como una organización principalmente aymara, implantada en el altiplano. Paralelamente, el IPSP se convertiría oficialmente en MAS-IPSP a partir de enero 1999. Sin embargo, en la propia credencial de militante del partido, se hace énfasis sobre el uso puramente jurídico de este nombre ajeno al movimiento campesino-indígena que es el MAS: «MAS legalmente, IPSP legítimamente».

A pesar de estas divisiones, que la tesis del instrumento político pretendía precisamente evitar, el MAS-IPSP conocería sus primeros éxitos electorales en las elecciones municipales de 1999, en las cuales logra ganar nueve alcaldías. Esta victoria expresó la consolidación de sus bases electorales en el campo, notablemente por el efecto de la creciente represión del movimiento cocalero bajo la presidencia de Hugo Banzer Suárez (1997-2001).

2002: LA IRRUPCIÓN DE UNA BANCADA PARLAMENTARIA GENERADORA DE TENSIONES
El segundo lugar alcanzado por el MAS-IPSP en las elecciones generales de junio de 2002, en las cuales Evo Morales terminó apenas unos votos detrás de Gonzalo Sánchez de Lozada en la carrera presidencial, fue una verdadera sorpresa, tanto para los analistas políticos bolivianos como para los propios masistas (14). Parte de este éxito fue fruto de la estrategia ofensiva conducida por el MAS-IPSP hacia las llamadas «clases medias urbanas», que llevó Morales a elegir como candidato a la vicepresidencia al periodista Antonio Peredo, y a «invitar» masivamente a intelectuales y ex-militantes de la izquierda marxista a sumarse a las listas de candidatos, llamando paralelamente a asesores que, en su mayoría, provenían de ONGs que ya colaboraban con el movimiento campesino-indígena anteriormente. Durante esa campaña empezó la celebración de «la alianza entre la conciencia social y el conocimiento intelectual». Pero antes que todo, este éxito fue el resultado de una comunicación política que supo ponerse a tono con el período de radicalización social abierta por la «guerra del agua» de Cochabamba en 2000, que pronto se profundizaría con las rebeliones aymaras de 2000 a 2001, y las movilizaciones cocaleras en el Chapare. La campaña del MAS-IPSP sería efectivamente articulada en torno al concepto de «soberanía nacional», utilizado para denunciar tanto la injerencia de la embajada estadounidense en el debate público boliviano (15), como el sometimiento a EE.UU. de una clase política acusada, por su adhesión al neoliberalismo y a la erradicación de los cultivos de hoja de coca, de ser «vendepatria» y «entreguista». En este sentido, el MAS-IPSP parece reactualizar el discurso nacionalista revolucionario estructurado por la oposición nación/antinación, resucitando la «rosca» de antes -la que, de los años treinta hasta la revolución del 52, tenía el monopolio de la explotación de las minas de estaño- a través de las élites neoliberales de hoy. Elaborando, asimismo, una doctrina esencialmente nacionalista, teñida de indianismo y de marxismo, el discurso del MAS-IPSP reformula una figura clásica en el discurso político latinoamericano: la del «pueblo», cuyos mejores representantes ya no son los mineros y obreros, o la clase media, sino los indígenas (16).

Sin embargo, la irrupción de la bancada parlamentaria se convierte rápidamente en fuente de tensiones dentro del MAS-IPSP, en la medida que introduce en el partido mismo una relación con lo político bastante distinta de la que existía hasta entonces. La bancada se convierte en una instancia de primera importancia en el organigrama del partido: sometida a una agenda parlamentaria que le impone permanentemente la toma de decisiones y la definición de posiciones, este grupo es llevado poco a poco a definir él mismo las orientaciones del partido cuanto a los debates más urgentes. Por su lado, la DN, que constituye la dirección política legítima del instrumento, no logra equilibrar esta situación, ya que por su propia estructuración, tiende más que todo a tratar de manejar las preocupaciones esencialmente corporativas de las organizaciones miembros del MAS-IPSP. No obstante, si ese grupo, que refleja el intento de articulación de intelectuales urbanos y militantes de organizaciones sociales, tiende a apropiarse el poder político dentro del instrumento, no se trata de un proceso que beneficia a todos los miembros de ese grupo de manera homogénea. Al revés, mientras los militantes tienen alguna dificultad para adaptarse a ese nuevo ámbito que es el Parlamento, los intelectuales y/o ex militantes de izquierda, mucho más cómodos en el manejo de la actividad parlamentaria, tienden a apropiarse la palabra pública del MAS-IPSP y, por lo tanto, a definir ellos mismos las orientaciones del partido. De esta manera surgen figuras como Gustavo Torrico (ex militante del Partido Socialista-1, y supuestamente vinculado a ADN, el partido del ex dictador Hugo Banzer), Manuel Morales Dávila (ex presidente del Comité de Defensa del Patrimonio Nacional, CODEPANAL) o Jorge Alvarado (ex militante de izquierda), cuya militancia en el MAS-IPSP empieza solamente a partir de la campaña de 2002. En otras palabras, la «tasa de cambio» relativa a la conversión del capital militante en el proceso de transferencia de la arena sindical a la arena parlamentaria ha sido mucho más elevada para los campesinos e indígenas comparativamente con lo que sucedió a los intelectuales (17). De ahí surgirían tensiones entre los parlamentarios, alimentadas por el hecho de que la casi totalidad de los parlamentarios «militantes» elegidos como diputados uninominales estaban constantemente sometidos a una fuerte presión por parte de sus organizaciones de base, mientras que los plurinominales y algunos senadores parecían no tener que rendir cuentas ante nadie (18). De este proceso resulta una forma de ‘oligarquización' del MAS-IPSP, en el sentido de que se consolida un grupo dirigente relativamente estable que, a través de su involucramiento activo en la bancada parlamentaria, dispone de ciertos privilegios, tal como una fuerte exposición mediática que les permite legitimarse como voceros del MAS-IPSP, y eso cuando, paradójicamente, no forman parte de su DN, reservada a los representantes de las organizaciones sociales, que sería teóricamente la instancia encargada de definir las orientaciones políticas del partido (19).

¿UN LÍDER CARISMÁTICO ATEMPERADO POR LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?: EL CASO DE EVO MORALES
Sin embargo, si existe un proceso de ‘oligarquización' es en torno al liderazgo carismático de Evo Morales. En los dos grupos que hemos identificado dentro de la bancada parlamentaria del MAS-IPSP, casi todos los parlamentarios están en una relación de dependencia directa con Morales: en un caso, por causa de su indiscutible liderazgo en el seno del movimiento campesino-indígena, en otro por el vínculo personal que se establece entre el jefe de partido y su «invitado». Siendo un aymara que vive en tierra quechua, dirigente de los cocaleros chapareños y ex secretario de la Central Obrera Departamental (COD) de Cochabamba, Morales, por su trayectoria, dispone de múltiples ‘identidades militantes', cada una de ellas constituyendo de hecho una fuente de legitimidad frente a cualquier sector involucrado en el MAS-IPSP, sea campesino, indígena u obrero. Con los intelectuales se establece una suerte de «intercambio de legitimidades», en la medida en que Morales, por su invitación, legitima su conocimiento desde un punto de vista político, un conocimiento que él mismo necesita para reforzar su propia credibilidad como potencial hombre de Estado. Sin embargo, la relación que se establece entre Morales y estos intelectuales no es simétrica, ya que conoce una evolución vinculada a la propia afirmación del líder del MAS-IPSP como personalidad política de primer plano: si aparece que los dirigentes de ONGs tenían la capacidad de ejercer una influencia sobre las orientaciones de las organizaciones campesino-indígenas a lo largo de los años ochenta y noventa (20), empieza indudablemente una nueva era a partir del 2002, cuando Morales alcanza el segundo lugar en las elecciones generales: ya Morales define claramente quién compone su entorno y cuando la presencia de algún asesor deja de ser relevante (21). En este sentido, podemos formular aquí la hipótesis de que la ‘oligarquización' del MAS-IPSP es de tipo ‘monocrático', en la medida en que paralelamente a un proceso de concentración de poder en un grupo relativamente estable y homogéneo, existe una evidente personificación del poder político en el seno del partido, en nuestro caso a través de la figura de Evo Morales (22).

A pesar de esta clara concentración de poder en las manos del jefe de partido, ver a Morales como un clásico caudillo latinoamericano sería una percepción equivocada. La manera mediante la cual se expresa la dominación carismática de Morales en el caso boliviano no se reduce a una relación directa entre el líder y las masas, que tiende a caracterizar el concepto de populismo en sus más diversas acepciones (23). Por la estructuración del MAS-IPSP, Morales tiene la posibilidad de ejercer su liderazgo directamente a través de situaciones ‘cara a cara' con un sector o una organización social, dando así la imagen de un jefe conviviendo con sus bases, lo que le permite también establecer una relación directa con sus militantes sin tomar en cuenta la jerarquía oficial del instrumento político. De esa manera, el liderazgo del dirigente cocalero se destaca por su funcionalidad dentro del partido, ya que sirve como elemento de canalización de peleas y conflictos internos, por la articulación de las distintas demandas corporativas a la cual él contribuye directamente. Por lo tanto, la figura de Evo Morales encaja poco con la del líder cuya sola imagen ya genera potencialmente una adhesión inmediata. De hecho, el «espacio de los movimientos sociales» (24) sigue caracterizado por su importante fragmentación, como lo demuestra la presencia de numerosos líderes que todavía quedan afuera del MAS-IPSP, tales como el ex secretario de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares (cuyo mandato se acabó hace poco), el jefe del MIP, Felipe Quispe, o el vocero de la Coordinadora de Defensa del Agua y del Gas, Óscar Olivera. Sin duda, el MAS-IPSP, desde que entró en la «cancha» parlamentaria, buscaría controlar este espacio, notablemente a través de la acción de la DN para consolidar la presencia del partido en los principales movimientos sociales, con el objetivo de poder controlar las movilizaciones sociales en función a su propia agenda parlamentaria (25). Internamente, esta intención se expresó a través de la creación de una nueva instancia de dirección, las direcciones departamentales (DD), vinculadas a la DN, y cuyo papel consistiría en aplicar las orientaciones de ésta última a partir de 2002-2003. Hay que destacar que la creación de las DD también expresó una necesidad en cuanto a la consolidación de la organización política en el área urbana, gracias a la estructuración de un genuino aparato partidario a nivel local: de esta manera surgen los comités zonales, coordinados a nivel de distritos, y luego a nivel de direcciones regionales (DR) que deberían garantizar una cobertura militante total de cada ciudad. Por lo tanto, el MAS-IPSP iba logrando, en un entorno social que inicialmente le era ajeno, crear una ‘tela' que le permitirá penetrar en ciertas organizaciones populares que estructuran las relaciones sociales en este mismo entorno, y que también pueden ser casualmente las organizaciones que generan y estructuran movilizaciones, como por ejemplo las federaciones de juntas vecinales (FEJUVEs). Hacia el exterior, el MAS-IPSP desarrolló una estrategia de control del mundo sindical, como lo ha demostrado el caso de algunos dirigentes que, por haber seguido las consignas del instrumento político, han podido incluso generar la división de sindicatos, cuando no de confederaciones. En el caso del movimiento obrero y popular tradicional, en ciertas organizaciones como las federaciones de gremialistas (comerciantes al detalle) o la Central Obrera Regional (COR) de El Alto, han surgido conflictos internos debidos a dirigentes del MAS-IPSP (26). En el caso del movimiento campesino e indígena, los masistas, en un congreso llevado a cabo en julio de 2003 en la ciudad de Sucre, crearon una CSUTCB paralela, encabezada por el senador suplente del MAS-IPSP Román Loayza, echándole la culpa a Felipe Quispe por no haber convocado un congreso como lo exigía su mandato (27).

A pesar de dichas tentativas de control del espacio de los movimientos sociales, cada crisis que generó un movimiento social parece revelar el fracaso de tales intentos. A partir de 2002, Bolivia enfrentó dos importantes crisis de Estado y cada una concluyó con la renuncia del presidente de la República: la crisis de octubre de 2003, la primera «guerra del gas», durante la cual la población alteña se opuso a la exportación del gas boliviano a Estados Unidos, y que provocó la huida del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada; luego vendría la crisis de mayo-junio 2005, la segunda «guerra del gas» en favor de la nacionalización de los hidrocarburos, que acabó con la renuncia de Carlos Mesa y la «agitada» asunción de Eduardo Rodríguez Veltzé. En estas dos crisis, la dirección del MAS-IPSP, y el propio Evo Morales, aparecieron en desfase con los movimientos sociales. En el primer caso, el MAS-IPSP tardaría en llamar sus propios militantes a la movilización, privilegiando de hecho la consigna de «defensa de la democracia» en un período de intensos rumores sobre la posibilidad de un golpe de Estado, lo que contribuyó a desacreditar a los grupos movilizados. En el segundo caso, el partido estaba en una fase de movilización autónoma, en función de demandas propias, pero se sumaría a la mayoría de los movimientos sociales para tratar de evitar su propia marginación solamente en una segunda instancia: en aquel momento, el MAS-IPSP no defendía la nacionalización sino la consigna de incrementar las regalías del Estado del 18% al 50%. Fue bajo la presión de sus propios sindicatos de base que, en el marco de un movimiento social masivo que desbordó numéricamente a las organizaciones que estructuran el espacio de los movimientos sociales en tiempos de estabilidad política, que el MAS-IPSP terminó defendiendo la nacionalización de los hidrocarburos, una demanda que integró en su propia plataforma política unos meses más tarde durante las elecciones generales anticipadas del 18 de diciembre de 2005.

Estos dos casos permiten subrayar algunos de los límites de la dominación carismática de Evo Morales. En cada una de esas crisis, las intervenciones públicas del jefe de partido no tuvieron casi ninguna incidencia directa ni sobre las movilizaciones ni sobre las demandas defendidas por ellas. La autonomía del espacio de los movimientos sociales frente al campo político, tanto a nivel de toma de decisiones como de movilización, siempre se ha revelado muy importante, tendiendo a reducir de esa manera al MAS-IPSP a un papel de «referente» de los movimientos en ese mismo campo. Otro hecho importante: si la dirección padecía de un desfase con las movilizaciones en las crisis políticas ocurridas en el período 2002-2005, no es el caso de sus propias organizaciones de base, que paradójicamente están involucradas muy tempraneramente en los movimientos sociales desarrollados a nivel local: en El Alto, durante la primera «guerra del gas», los masistas participaron de las movilizaciones casi desde su inicio, es decir en el mes de septiembre 2003, y eso cuando dentro de la cúpula del partido todavía existía una tendencia a no movilizarse. La explicación que proponemos aquí de este fenómeno es esencialmente estructural: la ausencia de aparato partidario que caracteriza al MAS-IPSP permite entender por qué sus bases, cuya estructuración se sustenta en formas organizativas previamente existentes, como sindicatos o juntas vecinales en la ciudad de El Alto, presentan una fuerte sensibilidad a «lo que sucede» dentro del espacio de los movimientos sociales, lo que explica la tendencia a movilizarse si existen motivos para hacerlo dentro de ese espacio. Por lo tanto, las convocatorias emitidas por los dirigentes de la COB o del MIP a nivel nacional no tienen tanta incidencia como una movilización concreta a nivel local, donde actuarían militantes del MAS-IPSP que, de cierta forma, se verían «jalados» por la propia acción colectiva. Por eso planteamos la hipótesis de que es esta sensibilidad del partido al espacio de los movimientos sociales a nivel de base lo que permite entender por qué, finalmente, los que pueden contribuir a cambiar las orientaciones del MAS-IPSP en muchos casos no son los líderes de organizaciones sociales, sino las bases, lo cual permite relativizar la omnipotencia de un liderazgo como el de Evo Morales.

En base a esa hipótesis también existe un elemento relativo a esos líderes de organizaciones sociales que forman parte del instrumento político, tales como la CSUTCB o la FNMCB-BS. Podría decirse que todos esos dirigentes son «multi-posicionados», es decir, «actores que ocupan posiciones de dirección en el seno de una y a veces muchas organizaciones contestatarias (movimientos sociales, organizaciones sociales, etc.), y que, paralelamente, también tienen una trayectoria política» (28) . Sin embargo, el involucramiento en la política en el caso de esos dirigentes no se puede analizar como una «inversión» paralela a su trayectoria sindical o comunitaria, sino como una continuidad lógica de su compromiso inicial, ya que la participación en el instrumento político es consecuencia del involucramiento en una organización social que forma parte de él. Por lo tanto, no existen como en otros partidos, a no ser marginalmente, estrategias de acumulación de «capital político» en el seno del espacio de los movimientos sociales para reforzar una posición no en ese mismo espacio, sino en el propio partido (29) (30). Fruto de ese funcionamiento, los líderes de organizaciones sociales vinculadas al instrumento político también son frecuentemente dirigentes con altos cargos en el organigrama del partido: dentro de ellos, se puede mencionar a Román Loayza, ex secretario ejecutivo de la CSUTCB y ex senador del MAS-IPSP por Cochabamba, que acaba de ser elegido representante en la Asamblea Constituyente; Isaac Ávalos, actual secretario ejecutivo de la CSUTCB y diputado del MAS-IPSP por Santa Cruz; Nemesia Achacollo, quien fungía todavía como secretaria de la FNMCB-BS cuando fue elegida diputada por Santa Cruz; Leonilda Zurita, ex secretaria de la FNMCB-BS, actual número tres de la DN del MAS-IPSP y senadora suplente por Cochabamba. De cierta forma, todos estos liderazgos se parecen al del «hermano presidente» Evo Morales, quien, a pesar de haber asumido el mandato de presidente de la República, mantiene los cargos de presidente del MAS-IPSP y presidente de la Coordinadora de las Seis Federaciones cocaleras del trópico de Cochabamba. A la vez garantes de la representatividad del MAS-IPSP frente a los movimientos y organizaciones sociales campesinos e indígenas, y defensores de los intereses de sus organizaciones en el seno mismo de ese instrumento, estos dirigentes multi-posicionados, paradójicamente, no son los que controlan la capacidad movilizadora de sus sindicatos de base afiliados a su federación o confederación. Si esos dirigentes parecen efectivamente asumir un papel de pivote, en la encrucijada entre el campo político y el espacio de los movimientos sociales, tanto su posición a la cabeza de diferentes organizaciones sociales vinculadas al instrumento político, y dentro del Parlamento, como su facilidad en cambiar de esferas de ejercicio del poder político (sindical-comunitaria/política/legislativa) contribuyen a que esos mismos dirigentes tiendan a actuar cada vez más en función de estrategias definidas en el seno del centro de poder -es decir, la bancada parlamentaria en el período 2002-2005- y no en el seno de las organizaciones sindicales, incluso cuando el espacio que ocupan en el centro de poder es marginal (notablemente frente a los parlamentarios «invitados»). En otras palabras, a pesar de ser poco homogéneo, el proceso de ‘oligarquización' que se lleva a cabo en el seno del MAS-IPSP involucra también a los dirigentes de las organizaciones sociales que forman parte del instrumento: por el mandato que tienen, y por el espacio que éste les permite obtener dentro del instrumento, esos líderes tienden efectivamente a integrarse al grupo que dirige la estructura partidaria y por lo tanto, a adaptar la orientación de su organización a la del MAS-IPSP, un mecanismo que, como lo hemos intentado demostrar anteriormente, no funciona en períodos de crisis donde el papel del dirigente, consistirá más bien en «reajustar» la línea política del partido a las aspiraciones de las bases de su propia organización. Durante la crisis de mayo-junio de 2005, por ejemplo, Román Loayza, quien ocupaba todavía el cargo de secretario ejecutivo de la CSUTCB, y encabezaba la marcha campesina que reclamaba una renegociación de los contratos entre el Estado y las petroleras en base a una redistribución de las ganancias «50/50», no jugó ningún papel activo en el hecho de que el MAS-IPSP acabara defendiendo la nacionalización de los hidrocarburos: más bien fueron los sindicatos de base de la CSUTCB los que adoptaron una demanda que se iba expandiendo a casi todos los sectores sociales bolivianos, y que la difundieron en el seno mismo de la Confederación; a tal punto que el propio Román Loayza tuvo que anunciar, cuando se concluía la marcha en un acto simbólico en el centro de La Paz, el 27 de mayo de 2005, que «si tal era la demanda del pueblo, entonces nosotros también apoyaremos la nacionalización de los hidrocarburos». Sólo faltaban algunas horas para que la nueva posición adoptada por el líder de la principal organización social que cuenta el MAS-IPSP se convirtiera también, a través de la voz de su jefe, en la posición del instrumento político.

2005, LA VICTORIA DEL MAS-IPSP, SINÓNIMO DE RENOVACIÓN DE LAS ELITES POLÍTICAS
Con el triunfo del MAS-IPSP en las elecciones generales del 18 de diciembre de 2005, se abrió indudablemente una nueva etapa no solamente en la evolución del instrumento político como partido, sino en la vida política boliviana. Como lo declaraba el actual vicepresidente Álvaro García Linera, otro intelectual «invitado» como acompañante en el binomio presidencial con Evo Morales en 2005, en el marco de una conferencia realizada en Washington D.C. (Estados Unidos), el 21 de julio de 2006, «el proceso que se desarrolla hoy en día en Bolivia se caracteriza más que todo por una profunda renovación de las élites políticas». La contundente victoria del partido de Evo Morales puede explicarse principalmente por la radicalización de un doble rechazo: rechazo de los efectos de las políticas económicas neoliberales sobre la vida cotidiana de la población boliviana (escasez de gas en un país productor, aumento del costo de la vida bajo el efecto de las privatizaciones, paralelamente a un proceso de desindustrialización, etc.), y rechazo de las élites que promovían esas políticas (31). Con una victoria adquirida con la mayoría absoluta de los votos, que le evitó a Morales tener que negociar su elección en el seno del Congreso, un ejercicio hasta entonces obligatorio para cualquier pretendiente a la presidencia que no consiguiera el 50% más uno de los votos, la derrota de la derecha también se convirtió en una derrota para el conjunto del sistema político boliviano, conocido como la «democracia pactada», ya que la mayoría absoluta en esa segunda vuelta sólo se alcanzaba a través de alianzas que generalmente acarreaban como efecto el abandono de las divergencias programáticas en favor de una supuesta «estabilidad política». Así, se favorecía el consenso y la gobernabilidad para algunos, mientras se impedía a cualquier partido la posibilidad de gobernar sólo con el fin de aplicar un programa claro para otros: ese sistema, en todo caso, ha tenido como efecto garantizar, desde 1985, la presencia a la cabeza del Estado de un grupo homogéneo de partidos conservadores.

A pesar de que las alianzas entre los diferentes partidos políticos fueron cambiando según las coyunturas, el período 1985-2003 se puede caracterizar, sin embargo, por la continuidad de las políticas públicas implementadas, por ejemplo en el ámbito económico (aplicación de un modelo neoliberal caracterizado por el achicamiento del aparato productivo estatal mediante un proceso de privatizaciones llamado ‘capitalización') e internacional (estrecha colaboración con Estados Unidos, conduciendo a un consenso en temas como la necesidad de la erradicación de la coca), y por una permanencia del personal político presente en los gabinetes ministeriales. Estructurado en torno a tres partidos -el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Gonzalo Sánchez de Lozada, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) de Jaime Paz Zamora, y la Acción Democrática Nacionalista (ADN) del ex dictador Hugo Banzer Suárez y Jorge «Tuto» Quiroga (32)-, este sistema de partidos dio a luz una serie de «pactos» caracterizados por alianzas «rotativas» que ilustraban más que todo las pocas diferencias ideológicas y programáticas que existían entre estas organizaciones partidarias. La unanimidad sobre temas como las políticas económicas, la exportación de los hidrocarburos, o la necesidad de erradicar la coca, llegó a tal punto que los dos últimos gobiernos que se conoció en ese período se instalaron mediante acuerdos que aglutinaban a la totalidad del espectro político. Ese fue el caso del gobierno de Hugo Banzer Suárez (1997-2001), gracias a la conformación de la «mega-coalición» que sumaba más del 70% de los parlamentarios (dentro de los cuales los del MIR y, obviamente, de la ADN) (33), y luego del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, que accedió a su segundo mandato gracias a un acuerdo de «responsabilidad nacional» que incluía al MNR y al MIR de Jaime Paz, y aglutinaría nuevamente a casi el 70% de los congresistas. El trauma causado por la sangrienta represión de las movilizaciones populares de octubre de 2003, ordenada por el gobierno de Sánchez de Lozada que incluía a casi todos los partidos con representación parlamentaria salvo el MAS-IPSP y el MIP, acentuaría la caracterización de esos pilares de la «democracia pactada» como partidos «tradicionales» que reactualizaban la figura de la «rosca» (34) , entendida como un grupo elitario que ocupa la cabeza del Estado. En este caso se trata de una nueva tecnocracia que ha implementado el mismo package de políticas públicas, con pocos matices propuestos en cada gobierno, y que no dudó en llevar a cabo una represión sangrienta de los movimientos sociales bolivianos, en la cual octubre de 2003 fue solo un episodio, pero sin duda el más dramático, de un ciclo de repetidas tentativas de «domesticación» de la protesta por parte del Estado (35).

En vista de tal coyuntura, el voto en favor del MAS-IPSP puede ser interpretado como un rechazo a esa «rosca» neoliberal, en la medida en que la mayor parte de los rivales de Evo Morales en esa elección podía ser fácilmente identificada como herederos de los «partidos tradicionales». Dentro de ellos, Unidad Nacional (UN), creado en 2004 por el empresario cementero Samuel Doria Medina, surge principalmente de su propio fracaso en iniciar un proceso de democratización y renovación del MIR, por el cual había sido ministro en el gobierno de Jaime Paz (1989-1993). Sobre el proyecto político de Jorge Quiroga, Poder Democrático Social (PODEMOS), era aún más fácil asociarlo directamente a otro partido «tradicional», la ADN, de donde provenía. ADN formó parte de la «alianza electoral» con la que se buscó dejar atrás las viejas siglas desprestigiadas. Tanto por su historia como por la masiva presencia de «tránsfugas» en sus listas (36), había una fuerte probabilidad de que UN y PODEMOS fueran percibidos como las siglas del «continuismo» neoliberal y pro-estadounidense, con listas donde aparecían muchos ex militantes «miristas» y «adenistas», e incluso «emenerristas». En este panorama, el MNR se presentó con sus propias listas con el único objetivo de salvar su sigla, constituyendo una excepción en el mapa político-electoral que predominó en el proceso electoral de 2005.

EL GOBIERNO MORALES, EL INSTRUMENTO POLÍTICO Y LOS MOVIMIENTOS SOCIALES: PRIMERAS OBSERVACIONES, PRIMEROS INTERROGANTES
En este contexto, la elección del nuevo gobierno por Evo Morales se convirtió en una acción simbólica que ilustraría la ruptura con el ancien régime: si los rostros que aparecieron en el Palacio Quemado ese día eran sin duda conocidos, no era de costumbre verlos en ese lugar del poder. Entre ellos estaba, a la cabeza del estratégico Ministerio de los Hidrocarburos, el «viejo combatiente nacionalista», feroz oponente a las compañías petroleras extranjeras, Andrés Soliz Rada (37); en Relaciones Exteriores, el indianista David Choquehuanca, un asesor y organizador del movimiento campesino e indígena desde tiempo atrás; en Justicia, contra las corporaciones de abogados, Casimira Rodríguez, ex empleada doméstica; el cupo de ministros «reservado» al departamento de Santa Cruz fue dividido entre dos personalidades opuestas al potente Comité Cívico local (38): el «millonario de izquierda», que desde algún tiempo trabajaba con el MAS-IPSP, Salvador Ric Riera, a la cabeza del Ministerio de Obras y Servicios Públicos (39), y el ex militante trotskista Hugo Salvatierra en el Ministerio de Desarrollo Rural. Otras carteras fueron distribuidas según criterios «corporativos»: el Ministerio del Trabajo recayó en el obrero fabríl Álex Gálvez Mamani (40), y el recién creado Ministerio de Aguas en Abel Mamani, ex dirigente de la Federación de Juntas Vecinales de la ciudad de El Alto, una organización que encabezó las luchas de marzo-abril de 2005 en favor de la expulsión de la empresa Aguas del Illimani, subsidiaria de la francesa Suez-Lyonnaise des Eaux. En Educación sería finalmente nombrado el sociólogo aymara Félix Patzi quien, poco tiempo antes de asumir como ministro, escribía contra la participación en la «democracia liberal», abogando por las formas comunitarias de hacer política, y rechazando la «tesis del instrumento político» que dio origen al MAS-IPSP. Otras figuras que «rompieron esquemas» fueron el ex alcalde de Villa Tunari (en el Chapare) y ex dirigente cocalero Felipe Cáceres, nombrado vice-ministro de Defensa Social (a cargo de la lucha contra el narcotráfico), y la ex senadora del MAS-IPSP Alicia Muñoz, a cargo de Gobierno, encumbrándose, por primera vez, a una mujer como jefa de las fuerzas policiales. El ministro de la Presidencia, el sociólogo y ex militar Juan Ramón Quintana, sintetizó la importancia simbólica de este gobierno de la siguiente manera:
«Este gabinete recoge el conjunto de demandas de cambio y de transformación de la política boliviana. Los nuevos ministros están o han trabajado con los movimientos sociales y han estado en la trinchera de combate contra el orden neoliberal. Por primera vez tenemos un conjunto de ministros de Estado que reflejan la participación de los movimientos sociales. Se ha buscado un criterio de representación regional, de los intelectuales y, finalmente, de sectores empresariales. Nunca antes se habia encontrado una fórmula democrática, plural, coherente, que refleje las demandas de cambio de los bolivianos.» (41).

Al consultar la lista de los miembros del gabinete, se puede comprobar que los ministros directamente surgidos del instrumento como militantes son muy pocos: sin duda, el perfil dominante es el de «compagnon de route», es decir, de gente que acompañó el proceso de consolidación del movimiento campesino e indígena, sin formar parte orgánicamente de él, sean intelectuales dotados de un importante capital cultural (Carlos Villegas, ministro de Planificación económica; Soliz Rada; Quintana), o ex militantes que reconvirtieron su «capital» en actividades profesionales vinculadas a los movimientos sociales, mediante la creación de ONGs por ejemplo (Choquehuanca, Rodríguez, Salvatierra, etc.). Paradójicamente, tal constatación no sorprende: es el fruto tanto de la crónica falta de cuadros políticos en el seno mismo del movimiento campesino e indígena, como de la relación muchas veces instrumental que unió a las organizaciones surgidas de ese movimiento con los intelectuales y dirigentes de ONGs encargados de tareas de asesoramiento. Esta relación, a medida que se fue construyendo en torno al caudillo en el cual se convirtió progresivamente Evo Morales, hizo del intelectual vinculado al MAS-IPSP más un «consejero del príncipe» que un «intelectual orgánico» que forma parte del partido como cualquier otro militante, en la línea de Antonio Gramsci. Esta situación se vio reforzada por la ausencia de estructuras formales, dentro del MAS-IPSP, lo que hubiera permitido acoger y organizar a esos intelectuales de manera militante. Como lo indicábamos anteriormente, resultó de esa situación que el único vínculo existente entre el instrumento político y los intelectuales es la propia figura de Morales, quien es la única persona que pueda legitimar su presencia en el MAS-IPSP frente a los militantes de base. Esa legitimidad puede desaparecer muy pronto, ya que, como también lo hemos visto, la relación entre Morales y los intelectuales no es simétrica, fundamentalmente a partir de 2002, cuando él ya claramente define con quién y hasta cuando colaborar, terminando incluso brutalmente con los asesores que ya no le convienen. Esa relación puede aparecer aún más tortuosa por el hecho de que el propio Morales, que, por su propia trayectoria, no posee el capital cultural de los que lo asesoran, busca permanentemente hacer prevalecer sus propias intuiciones, guiadas por la «razón práctica» adquirida en las trincheras del sindicalismo campesino, sobre los complejos y sofisticados análisis de los intelectuales que pueden no estar de acuerdo con él (42). No cabe la menor duda de que la acumulación de éxitos del MAS-IPSP, que culminaron con el contundente triunfo del 18 de diciembre 2005, ayudó en consolidar en Morales mismo la creencia de que los conocimientos académicos no son suficientes para imponerse en política.

Esta relación tan particular que une Morales con los intelectuales que acompañan al MAS-IPSP parece tener como consecuencia fundamental, en el seno mismo del gabinete, la aparición de comportamientos «cortesanos» por parte de los miembros del Ejecutivo. Un colaborador del equipo de comunicación del Palacio de Gobierno nos explica de la siguiente manera:
«Existe una voluntad de control por parte de Evo [Morales] que acarrea una forma de paralización de cualquier iniciativa en los ministros. Con alguna excepción, muchos de ellos toman innumerosas precauciones antes de decidir algo. El hecho es que cualquier iniciativa que fracasa puede provocar la ira de Evo. Por lo tanto, son muchos los ministros que no hacen nada sin consultar a Evo. Así creo que se puede entender el hecho de que no funcionen bien los ministerios»(43).

Indirectamente, uno de los efectos de esta relación es la omnipresencia de Morales en cualquier medida tomada por el gobierno, lo que tiende a reducir el papel de los ministros en el gabinete. Obviamente, esas tendencias no afectan de la misma manera a todos los miembros del gobierno. Sin embargo, incluso los que son supuestamente más dotados de autonomía en su accionar político, tal como el vicepresidente Álvaro García Linera, actúan no en coordinación, sino más bien tomando en cuenta lo que se podría asimilar a decisiones unilaterales del presidente. El mismo colaborador nos relata cual fue el proceso de toma de decisión del gobierno cuanto al rechazo al Tratado de Libre Comercio propuesto por Estados Unidos:
«Álvaro García, durante la campaña electoral, se había declarado en favor de la firma de un TLC con Estados Unidos, en la medida en que ése no perjudique los intereses de Bolivia. En el seno mismo del gobierno, se sabía que algunos ministros, como Álex Gálvez, también estaban en favor de la firma de tal tratado, sin siqueira pensar cuales serían los costos para la economía boliviana a largo plazo. Cuando Colombia firmó un TLC con Estados Unidos, se armó un intenso debate público porque ese tratado perjudicaba las exportaciones de soya boliviana en ese país. Evo intentó negociar en La Paz con Álvaro Uribe [el presidente de Colombia] una extensión de esas exportaciones, pero fracasó. De ahí surgió una fuerte presión hacia el gobierno para que se defina en relación a ese tema. Así que, un día, durante una reunión de gabinete, sin que el tema se haya consensuado de manera definitiva, Evo anunció que no solamente Bolivia no firmaría un TLC, sino que también iniciaría la promoción de un tratado alternativo favoreciendo los pequeños productores, una relación al comercio basada en la solidaridad entre los pueblos, etc. Acababa de escribir un nombre en un pedazo de papel, y de repente, en el medio de la reunión, dijo «¡lo tengo!», y explicó que propondría que se firme un TCP, un Tratado de Comercio entre los Pueblos. De ahí, ordenó que se dé un contenido a ese TCP. Apenas salía de la reunión que anunciaba a los periodistas lo que habia sido más que todo su planteamiento. Así se decidió que Bolivia no firme un TLC con Estados Unidos. Esta decisión tiene que ver de hecho tanto con las propuestas del MAS como con el contexto de la crisis de la soya, pero también tiene mucho que ver con lo que el propio Evo planteó»(44).

Por lo tanto, existe en el seno del gabinete gubernamental, indudablemente, un proceso de concentración del poder en la persona de Evo Morales. Un proceso que parece ser facilitado por el hecho de que la mayoría de las personalidades que componen este gabinete son de alguna forma «nuevos ingresantes» en la política partidaria, con poca legitimidad mas allá de lo que les permite tener su conocimiento académico o profesional, y sin verdadero apoyo dentro de las bases del instrumento político.

Este proceso de concentración de poder marca entonces el inicio de una nueva etapa en la evolución del MAS-IPSP, en la medida en que se acompaña paralelamente de una creciente marginalización de todas las otras instancias del MAS-IPSP, incluso la bancada parlamentaria que asumía hasta entonces el papel de «dirección política» encargada de definir la orientación del partido. Hablábamos anteriormente de un proceso de ‘oligarquización' en el seno de la compleja arquitectura del MAS-IPSP, donde esa bancada se convertía en el «centro de poder» de ese partido en el período 2002-2005. Un proceso que, aún cuando se realizaba en torno a la figura de Evo Morales, beneficiaba a un grupo dirigente emergente, relativamente estable cuanto a su composición. De la victoria del 18 de diciembre 2005 resultaron cambios sustanciales en relación a esa configuración. Primero, el «centro de poder» encargado de definir las orientaciones políticas del MAS-IPSP, obviamente, ya no es la bancada parlamentaria, sino el gobierno mismo. Lo interesante aquí es que los que se habían beneficiado en cierta medida del proceso anterior entre 2002 y 2005, asistieron a esa transferencia de poder entre bancada y gobierno sin poder acompañar ese cambio copando los nuevos espacios de poder. Muchos de los ex parlamentarios se habían postulado nuevamente a un mandato, casi todos con éxito, sin anticipar que, mientras se conformaba el gabinete en el mes de enero de 2006, Morales declararía que ninguno de los nuevos diputados y senadores podrían ocupar una cartera. Paralelamente, los testimonios de muchos parlamentarios actuales expresan una falta de interés por parte del ejecutivo hacia la nueva bancada. Una bancada que, en los hechos, se encuentra en una situación de neutralización, como lo relata el diputado por La Paz Jorge Silva:
«Al inicio, imaginábamos que tendríamos un trabajo importante cuanto a la coordinación con el gobierno. De hecho, nada de eso sucedió. No tuvimos ningún encuentro regular con un representante del Ejecutivo desde que hemos asumido. Es más, ni siquiera tenemos reuniones de bancada o de diputados del MAS. Se hizo alguna al inicio, y nada más, es un poco triste. A veces, tengo la impresión de estar acá para una sola cosa: ¡levantar la mano! Un diputado es encargado de traer y presentar un proyecto de ley que, muchas veces, proviene no de él, sino del gobierno. Como nosotros tenemos la mayoría absoluta, la aprobamos y ¡listo! De la misma manera, se convoca a un diputado, cuando el Ejecutivo necesita que un parlamentario que representa tal o tal sector dé la cara públicamente a favor del gobierno cuanto a tal o tal medida, para decir que si favorece a su sector o su región. Pero más allá de eso, no hay realmente ningún tipo de coordinación entre parlamentarios» (45).

¿Acaso se trata de una neutralización consciente? En efecto, frente a esa situación, aparece contradictorio que los presidentes del Senado y de la cámara de Diputados sean dos cuadros políticos «históricos» del MAS-IPSP, quienes además son hombres directamente vinculados a Morales: respectivamente, Santos Ramírez y Edmundo Novillo. Eso sugiere que la ausencia de cualquier esfuerzo organizativo en cuanto a la bancada parlamentaria resulta de una voluntad política de concentrar el poder en las manos del Ejecutivo, es decir, de Evo Morales.

Uno de los elementos de respuesta a lo que aparece un misterio a primera vista -es decir, que un partido en el poder decida «neutralizar» una bancada parlamentaria que detenta la mayoría en el seno del Congreso, es dado por el propio Santos Ramírez:
«Uno de los mayores problemas que tuvimos que enfrentar dentro del instrumento político, finalmente, fue su éxito electoral tan rápido. Los primeros que formaron parte de las aventuras electorales iníciales no eran muchos, y cuando esas personas, poco a poco, se hicieron cuadros políticos al servicio del instrumento, algunos de ellos fueron elegidos diputados en 1997, y luego muchos más en 2002. Esas mismas personas, hoy en día, ocupan cargos en el gobierno, en los ministerios, y de hecho, la bancada parlamentaria está llena de gente sin experiencia. Dentro del propio instrumento, sufrimos una terrible falta de cuadros para organizarlo, y hemos llegado a tal punto que apenas sabíamos a quién postular para la Asamblea Constituyente!» (46).

De hecho, el vertiginoso ascenso de un partido que llegó al poder del Estado apenas poco más de diez años después de su fundación, logrando encarnar las aspiraciones populares conllevadas por un ciclo particularmente intenso de movilizaciones sociales, ha tenido una serie de consecuencias inesperadas, especialmente en la estructuración del instrumento político. Hoy en día, el MAS-IPSP demuestra algunas evoluciones que nos permiten afirmar que se trata de una organización partidaria «frágil». Primero, se trata de un partido poco institucionalizado, con innumerables estructuras ad hoc cuyas prerrogativas muchas veces chocan, tanto a nivel de base como de cúpula. Por ejemplo, en el seno de muchos distritos de la ciudad de La Paz, existen conjuntamente comités zonales y otras estructuras cuyas funciones son exactamente las mismas -y que nacen generalmente de conflictos irresueltos en el seno de los comités- tales como los interdistritos, los comités vecinales y otros grupos cuya base de organización no es territorial: es el caso de muchos grupos de militantes vinculados directamente a un parlamentario o una personalidad (como los «Satucos», grupo creado por el diputado paceño Gustavo Torrico), que logran ganar cierta legitimidad -incluso una legalización de su situación por las direcciones departamentales- ya que tampoco los propios comités zonales son reconocidos como una forma organizativa legal en los estatutos orgánicos del MAS-IPSP (estos comités aparecieron durante la preparación de las elecciones municipales de 2004, que fue la primera ola masiva de ingreso de militantes en el área urbana). Segundo, se trata de un partido cuyos cuadros tienen muy poca experiencia en gestión pública. El MAS-IPSP, de hecho, no obtuvo ninguna victoria electoral significativa antes de las elecciones generales de 2002, cuando se posicionó como el segundo partido político boliviano en el seno del Congreso. En las dos elecciones municipales en las cuales participó (1999 y 2004), tampoco el MAS-IPSP ganó ningún municipio importante; su mayor éxito hasta ahora es su victoria en Quillacollo en 2004, ciudad ubicada en las cercanías de Cochabamba. Tercero, el MAS-IPSP, como mencionamos anteriormente, es un partido cuyo ascenso está íntimamente vinculado a un ciclo también ascendente de protesta y de movilización social. Saber cómo las organizaciones sociales miembros del instrumento político van a ubicarse frente a un gobierno que supuestamente representa sus intereses y aspiraciones es en gran parte todavía un misterio.
Sin duda, esas debilidades organizativas en el seno de una organización partidaria que supuestamente tendría que ser el primer apoyo del gobierno de Evo Morales tienen que ver con lo que su propia decisión de seguir con su mandato de presidente del MAS-IPSP, a pesar de su nuevo y mucho más importante mandato de presidente de la República. Un mandato de jefe de partido que sigue tomando muy en serio ya que el «compañero Evo» sigue asistiendo, e incluso dirigiendo, las reuniones más importantes del partido (47). De esa manera, Morales puede mantener vivo su liderazgo dentro del MAS-IPSP a través de encuentros cara a cara con las organizaciones de base, dando asimismo la imagen de un jefe de Estado quien, a pesar de ejercer el mandato más importante en la política boliviana, sigue siendo el «hermano» preocupado como antes por las necesidades de los suyos: una práctica que tiene cierta importancia en un país donde las relaciones clientelares, tanto en las organizaciones campesinas como urbanas, siguen teniendo un fuerte peso. Desde la victoria del MAS-IPSP en las elecciones generales de diciembre de 2005, existe de hecho una fuerte tensión interna que ilustra las incompatibilidades que podrían surgir entre el proyecto político defendido por los dirigentes del instrumento político y las aspiraciones clientelares de las bases. Una tensión que ilustra la observación de una reunión entre Yoni Bautista, candidato recién elegido a la Asamblea Constituyente, y militantes del distrito 15 de La Paz, quienes lo apoyaron durante la campaña. Venían a discutir con el constituyente de la posibilidad de que él les busque un «espacio laboral», y les contestó de la siguiente manera:
«Sé que no se debe decir dentro del MAS que la gente busca trabajo. Yo estaba presente en un ampliado de constituyentes la semana pasada en Cochabamba y un dirigente apareció diciendo que había que expulsar los «buscapegas» [NDA: la gente que busca un empleo mediante su compromiso político], que no estábamos aquí para cargos sino para el proyecto, y todos lo aplaudieron. Igual habla el Evo. Está bien que funcione así el instrumento pero no podemos mentirnos a nosotros mismos. Sabemos bien el sacrificio que representa el trabajo político para algunos hermanos, sabemos bien que algunos incluso sobreviven, pero igual van a las caminatas. A pesar de lo que dice el Evo, no se puede dar la espalda a la gente que trabajó para ese proyecto, diciéndoles que a pesar de todo lo que han hecho, no podrán tener la menor perspectiva de acceder a un cargo» (48).

Se concluiría finalmente la reunión con la promesa de apoyo del asambleísta a dos postulantes para cargos en ministerios, la oferta de un cargo para un joven transcriptor, y la satisfacción de los militantes del distrito para quienes «Yoni es un buen dirigente, no nos ha olvidado». Durante la campaña para las elecciones generales de 2005, el MAS-IPSP prometió una «institucionalización» de los cargos dentro de la administración pública, lo que se concretó después de la victoria en la ausencia de renovación masiva del personal en el seno del aparato de Estado que sucedía habitualmente después de cada elección. Según Álvaro García Linera, «el reemplazo de funcionarios dentro de la administración pública no fue más allá del 5%, lo que correspondió a cargos estratégicos de carácter político» (conferencia en Washington D.C., 21 de julio de 2006). Esta medida, cuyo objetivo era sin duda demostrar que el gobierno defiende una cierta ética del ejercicio del poder (49), así como una manera de encarar la escasez de cuadros dentro del instrumento, tuvo como consecuencia restringir considerablemente a los militantes de base del MAS-IPSP las posibilidades de acceder a cargos públicos. Aun cuando esta situación no ha derivado todavía en una profunda crisis interna, como lo demuestra la consolidación del MAS-IPSP como primer partido boliviano después de la elección para la Asamblea Constituyente, el 2 de julio de 2006 (50), sí dejó abierta la posibilidad de que, a medio o largo plazo, las lealtades, individuales o colectivas, sean renegociadas en caso de que esta situación no conozca una evolución positiva.

Frente, al deseo expresado por Evo Morales de controlar a la vez el aparato del Estado, el partido, e incluso las organizaciones que forman parte de éste -de esa forma podríamos efectivamente interpretar la renovación de su mandato a la cabeza de la Coordinadora de las Seis Federaciones cocaleras del trópico cochabambino- y al achicamiento real del espacio de los movimientos sociales después de la victoria del MAS-IPSP en las elecciones generales (especialmente por el acercamiento operado por muchas organizaciones sociales, pero también por el debilitamiento de algunos sectores sociales opuestos a Morales, tales como la COB o la CSUTCB de Quispe, ahora dirigida por Rufo Calle), ¿será que el MAS-IPSP podría lograr, a corto plazo, controlar este espacio y por lo tanto, establecer una relación con los movimientos sociales de tipo «corriente de transmisión»? Después de seis meses de gobierno masista, la respuesta tiende a ser negativa. La hipótesis de una fuerte territorialización de los movimientos sociales relativamente desvinculados del escenario político nacional en una primera instancia, que hemos expuesto anteriormente, parece ser validada por algunas de las más recientes movilizaciones sociales, tal como la movilización encabezada por la FEJUVE y la Central Obrera Regional (COR) de la ciudad de El Alto, en completa independencia cuanto al MAS-IPSP y el gobierno, con el fin de obtener la renuncia del actual prefecto del departamento de La Paz, José Luis Paredes, a quien se echa la culpa de haber empobrecido esta ciudad, incluso cuando allí ejerció su mandato de alcalde (1999-2005). Por lo tanto, parece probable que el MAS-IPSP, y el propio Evo Morales, tengan que seguir tomando en cuenta «lo que sucede» dentro del espacio de los movimientos sociales boliviano, como anteriormente, cuando ese partido era sólo una fuerza opositora.

CONCLUSIÓN: ¿OFRECE EL MAS-IPSP NUEVAS PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS?
A la pregunta, muy corriente entre algunos analistas políticos bolivianos, «¿Será el MAS-IPSP una suma de movimientos sociales o más bien ya se convirtió en un partido político?», creemos que no existe ninguna respuesta adecuada, o más bien, que la pregunta misma está equivocada. Si la literatura clásica sobre movimientos sociales y sobre partidos políticos solía marcar un límite entre la acción contestataria y la acción partidaria, esperamos haber demostrado que un objeto de estudio como el MAS-IPSP permite cuestionar tal dicotomía, en la medida en que pone de relieve la cantidad de ‘pasarelas' y continuidades que existen entre ambos escenarios de acción. Seguramente, lo que sí se podría decir es que según el escenario donde actúan, los miembros del instrumento político tienden a adoptar una lógica de acción más afín al campo político o al espacio de los movimientos sociales; sin embargo, según el contexto político bajo el cual actúan, el propio instrumento en su conjunto tiende a privilegiar un escenario al otro, es decir, el campo político en tiempos de estabilidad, el espacio de los movimientos sociales en tiempos de crisis; en fin, el MAS-IPSP, por su propia conformación, parece no lograr cierto punto de institucionalización, como ha sucedido con otros partidos surgidos de movimientos sociales como el PT brasileño, en la medida en que sus propias organizaciones a nivel de base siguen actuando bajo una lógica contestataria a pesar de la consolidación paralela de un aparato partidario -lo que explica por lo tanto la extrema sensibilidad del MAS-IPSP a «lo que sucede» en el espacio de los movimientos sociales por una parte, y los vaivenes permanentes entre las lógicas de acción institucional y contestataria a los cuales se dedica su dirección, incluido Evo Morales (51).

¿Existiría entonces un «continuum de la acción colectiva» (52) que podría incluir el partido político como un elemento más de un repertorio de política contestataria finalmente más amplio que lo que uno podía imaginar? A ese interrogante se podría agregar una reflexión sobre el lugar que ocuparía la acción pública en tal repertorio, ya que el MAS-IPSP nos permite observar cuáles son las interacciones entre acción gubernamental, institucionalidad política y movilización social, en un contexto especial donde los actores presentes en esas tres «áreas» vienen esencialmente de un mismo grupo social (53). En casos como el Ministerio de Aguas, dirigido por Abel Mamani, o el vice ministerio de Defensa Social, encargado de la lucha contra el narcotráfico, encabezado por Felipe Cáceres, la idea de «movimientos sociales en el poder» ya toma un rumbo concreto, convirtiendo Bolivia en un auténtico laboratorio político en cuanto a la observación de un fenómeno de ‘sectorización', entendido como la «distinción de espacios objetivados dichos funcionales» (54), donde se definiría en última instancia lo que tendría que ver con «lo técnico», « lo político» y «lo social». Más allá, esta misma imagen da cierta consistencia a la idea de que se podría analizar la implementación de una política pública como acción colectiva, por ejemplo a través de las herramientas de la sociología política (55).


COMENTARIOS
1. El autor agradece a Pablo Stefanoni por su lectura crítica y sus comentarios.

2. En ese escrutinio, Evo Morales se impuso con el 53,7% de los votos (1.544.374 votos) y el segundo más votado, Jorge Quiroga, candidato de la alianza de derecha PODEMOS (Poder Democrático Social), obtuvo sólo el 28,6%, correspondiente a 821.745 votos.

3. «La bascule à gauche», en Le Monde, París, 14/04/2006.

4. SEILER Daniel-Louis. Les partis politiques en Occident: Sociologie historique du phénomène partisan. París: Ellipses. 2005.

5. KLEIN Herbert. Historia de Bolivia. 6a edición. La Paz: Juventud. 2003.

6. Estimación de Roberto Laserna. DORY Daniel y Jean-Claude Roux. De la coca à la cocaïne, un itinéraire bolivien…. Autrepart, París, IRD, n° 8. 1998.

7. LAVAUD Jean-Pierre. De l'indigénisme à l'indianisme: le cas de la Bolivie. Problèmes d'Amérique latine, París, La Documentation Française, n° 7. 1992. PATZI Félix. Insurgencia y sumisión. La Paz: Muela del Diablo. 1998.

8. DO ALTO Hervé. Can Organizational Forms Affect the Identity of Social Movements?: The Case of the Bolivian MAS-IPSP. Bolivian Studies Journal, Chicago, Vol. 12. 2006a.

9. TAPIA Luis. Movimientos sociales, movimiento societal y los no lugares de la política. In: GARCÍA LINERA et. al. Democratizaciones plebeyas. La Paz: Muela del Diablo. 2002.

10. QUISPE Ayar. Indios contra Indios. La Paz: Nuevo Siglo. 2003.

11. Entrevista, Marcelo Quezada, septiembre de 2005; entrevista, David Choquehuanca, noviembre de 2005.

12. Entrevista, Hugo Moldiz, abril de 2006.

13. Entrevista, Isabel Ortega, mayo 2004. El MAS es una escisión de izquierda de un partido nacionalista católico, Falange Socialista Boliviana (FSB), creado al final de los años treinta. El MAS concentraba el bloque obrero de ese partido, que acabaría por dejar al final de los años ochenta, sumándose a la coalición IU al inicio de los noventa.

14. El MNR obtuvo 22,45% de los votos, el MAS, 20,94%. Sánchez de Lozada (MNR), presidente una primera vez de 1993 a 1997, accedió por segunda vez a la presidencia gracias a un acuerdo de «responsabilidad nacional» con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

15. Ilustradas por las declaraciones del embajador estadounidense Manuel Rocha, dos días antes de las elecciones, amenazando el pueblo boliviano de represalias económicas en caso de que ganara Morales.

16. STEFANONI Pablo. La emergencia del nacionalismo plebeyo. OSAL, Buenos Aires, CLACSO, n° 12. 2003.

17. MATONTI, Frédérique y Franck Poupeau. Le capital militant: Essai de définition. Actes de la recherche en sciences sociales, París, n° 155. 2004.

18. Según el artículo 42 de los estatutos del MAS-IPSP, es necesaria la elección de todos los candidatos por ampliados a través de las organizaciones de base. No obstante, en la práctica, las listas de diputados plurinominales y de senadores son reservadas para invitar a personalidades que no forman parte originalmente del MAS-IPSP.

19. MICHELS Robert. Les partis politiques. 1ra edición: 1911. París: Flammarion. 1971.

20. PATZI, 1998; QUISPE, 2003, Ob. Cit.

21. Asimismo, cuando el MAS-IPSP pone fin al apoyo al gobierno de Carlos Mesa (2003-2005) en marzo del 2005, y que vuelve a una postura contestataria, también se inicia un ciclo de rupturas personales entre Evo Morales y algunos intelectuales convencidos de que el partido tenia que despejarse de su imagen de «partido de protesta», tales como el sociólogo Ricardo Calla, el editor José Antonio Quiroga o el ex senador Filemón Escóbar, quién seria expulsado de las filas del MAS-IPSP en junio de 2004 por hechos de corrupción dentro del Senado, por iniciativa del propio Evo Morales, a pesar de la inexistencia de cualquier prueba real.

22. SCHONFELD William. Ethnologie du PS et du RPR. París: Económica. 1985.

23. LACLAU Ernesto. La razón populista. Buenos Aires: FCE. 2005.

24. Definido como un «un espacio común al conjunto de los movimientos sociales, donde se desarrolla un universo de prácticas y de sentido relativamente autónomo en el seno del mundo social (…), universo dotado de lógicas, de temporalidades y de intereses propios». MATHIEU Lilian. Comment lutter? Sociologie et mouvements sociaux. París: Textuel. 2004.

25. Entrevista, Zacarías Flores, abril de 2004.

26. En el caso de los gremialistas, Orlando Quispe sería la ‘cabeza' masista hasta 2005, y luego Juan Mosquera, actual diputado suplente para Cochabamba. Ambos, a partir de 2003 trabajan a una separación de ‘su' federación con la que dirige Francisco Figueroa, sospechado de tener vínculos con el MNR.

27. Siendo gobierno, el MAS-IPSP no renunció al objetivo de convertirse hegemónico dentro del espacio de los movimientos sociales. Pocos meses antes del XIV Congreso de la COB, realizado en Viacha en junio de 2006, se ha construido una estructura de coordinación de los sindicatos comprometidos con el instrumento político, nombrada «Estado Mayor del Pueblo», encabezada por Hugo Moldiz y Román Loayza.

28. COMBES Hélène. De la politique contestataire à la fabrique partisane, le cas du Parti de la révolution démocratique au Mexique (1989-2000). París. Tesis de Doctorado en Ciencia Política. Universidad París III - La Sorbonne Nouvelle, IHEAL. 2004.

29. JUHEM Philippe. Entreprendre en politique. Les carrières militantes des fondateurs de SOS Racisme. Revue française de science politique, París, FNSP, Vol. 51, n. 1-2. 2001.

30. Si esta lógica de funcionamiento aparece en las organizaciones campesinas e indígenas, también tiende a extenderse hacia las ciudades, ya que las organizaciones inicialmente «aliadas» en períodos electorales son generalmente invitadas a sumarse al MAS-IPSP «orgánicamente», obteniendo asimismo una representación dentro de las diferentes instancias de dirección del instrumento político.

31. DO ALTO Hervé. Défis d'un gouvernement issu des luttes sociales. Inprecor, París, n° 513/514, enero-febrero. 2006b.

32. El MNR fue creado en los años cuarenta, en contra de los partidos que defendían los intereses de la oligarquía que vivía de la explotación del cobre y el estaño. Fue el actor central de la revolución de 1952, que nacionalizó las minas, decretó la reforma agraria y el voto universal. Se convirtió al neoliberalismo, primero bajo la influencia de su líder histórico, Víctor Paz Estenssoro -quién precisamente había liderado la revolución nacional del 52-, y luego de Gonzalo Sánchez de Lozada, un empresario minero. El MIR fue creado en los años setenta, por un grupo de militantes exiliados en Chile, que retomaron como modelo el partido chileno que llevaba el mismo nombre. Luchando contra la dictadura de Banzer, sus dirigentes terminarían aliándose con él a fines de los ochenta, en el marco de un «Acuerdo Patriótico», justificado como un «desafío democrático». En cuanto a la ADN, se trata del partido fundado por Banzer cuando, poniendo fin él mismo a su propio régimen militar, en 1978, convocó elecciones a las cuales decidió participar con un proyecto político propio. En 1997, fue finalmente elegido democráticamente a la cabeza de ese partido.

33. Victima de graves problemas de salud, Hugo Banzer tuvo que renunciar en el año 2001, cediendo así su mandato a su vicepresidente Jorge Quiroga de 2001 a 2002. Banzer fallecería poco tiempo después de su renuncia.

34. La llamada «rosca minera-feudal» fue el grupo de empresarios mineros, compuesto por las familias Patiño, Hochschild y Aramayo, quienes poseían el monopolio de la explotación del cobre y del estaño. Paralelamente a su poder económico, ese grupo consolidó un poder a nivel político mediante su influencia directa sobre los principales partidos en aquél momento. El ascenso del MNR a finales de los años cuarenta corresponde a un creciente rechazo popular de esa «rosca».

35. Atropellos a los derechos humanos no fueron solamente cometidos por el gobierno de Sánchez de Lozada. Sin duda, por el increíblemente elevado número de víctimas (más de ochenta), las masacres de octubre 2003 fueron un hecho sin precedentes en la corta historia de la joven democracia boliviana, hecho al cual habría que añadir la represión del motín de los policías en febrero de 2003. Sin embargo, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB) también recuerda que bajo el gobierno Banzer-Quiroga, se mató a más de treinta cocaleros en el período 1997-2002 como fruto de la implementación de las políticas de erradicación total de la coca en ese país. Se suele decir que hubo más muertos en estos últimos diez años de democracia que durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978). VAN COTT, Donna Lee. From Exclusion to Inclusion: Bolivia's 2002 Elections. Journal of Latin American Studies, Nueva York, Cambridge University Press, Vol. 35, Part 4. 2003.

36. En Bolivia, la inscripción a un partido es registrada por la CNE y reglamentada de manera relativamente rígida. La aparición en las listas de UN y PODEMOS de numerosos congresistas de otros partidos llevó a éstos a tener que acudir a las convocaciones de la comisión de ética del Parlamento boliviano.

37. Soliz Rada fue diputado y senador del partido neopopulista Conciencia de Patria (CONDEPA), que representaba a los sectores «cholos» urbanos. De un rechazo al sistema político, CONDEPA pasó a apoyar al ex dictador Hugo Bánzer Suárez en 1997.

38. Aglotinando a las organizaciones sindicales y empresariales (que dominan esa organización) de la región de Santa Cruz, el Comité Cívico es considerado por muchos cruceños como su «gobierno moral» y legítimo.

39. Ric declaró una fortuna personal de cuarenta millones de dólares, 31 veces más que la de todo el gabinete, incluyendo al presidente y al vicepresidente. Ver Página/12, Buenos Aires, 8 de febrero de 2006.

40. Gálvez Mamani mantiene una posición ambigua frente al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, un tratado que el presidente Evo Morales rechazó públicamente en el mes de marzo de 2006. Antes de las elecciones, en La Paz, hubo una masiva marcha en favor del TLC organizada por los empresarios textiles que contó con el apoyo de los trabajadores del sector.

41. Página/12, Buenos Aires, 24 de enero de 2006.

42. STEFANONI, DO ALTO, 2006, Ob. Cit.

43. Entrevista, 29 de julio de 2006.

44. Entrevista, 29 de julio de 2006.

45. Entrevista, Jorge Silva Trujillo, 20 de julio de 2006.

46. Observación en una reunión entre el senador Santos Ramírez y la coordinación nacional de juventudes del MAS-IPSP, La Paz, 9 de junio de 2006.

47. Evo Morales asistió a todas las reuniones de la Asamblea Constituyente, sean de campaña, de balance o de preparación de la propia Asamblea. Todas las reuniones en las cuales hemos podido participar fueron presididas por Morales, en su calidad de jefe partidario. A dos semanas de la instalación de la Asamblea, también intervino para poner fin al debate relativo a la designación del presidente de la Asamblea, que amenazaba con derivar en un conflicto interno, proponiendo él mismo a la constituyente Silvia Lazarte, dirigente campesina e indígena del departamento de Santa Cruz y ex cocalera, el 29 de julio de 2006, en una decisión de carácter unilateral que desataría la oposición de algunos constituyentes «invitados» de clase media que también postulaban a la presidencia y seguramente esperaban una manera más democrática de resolver el asunto.

48. Observación realizada en la Dirección Departamental de La Paz, el 15 de julio de 2006.

49. Lo que también intentó demostrar al promulgar la Ley de Austeridad, llamada Ley Tijera, que promovía una drástica rebaja de los salarios en la función pública.

50. En ese escrutinio, el MAS-IPSP se impuso nuevamente con el 50,72% de los votos, PODEMOS manteniéndose como el segundo partido boliviano, a pesar de que su votación haya caído al 15,33% de los votos -o sea casi la mitad de lo que esa coalición había alcanzado en las elecciones generales de 2005.

51. A pesar del anuncio de Álvaro García Linera que el gobierno iba a adoptar una actitud neutral hacia el referéndum sobre las autonomías departamentales al inicio de la campaña, Evo Morales declararía públicamente que votaría «no», poco después de que varias organizaciones sociales anunciaran a su vez que se oponían a las autonomías.

52. COMBES, 2004, Ob. Cit.

53. MCADAM, TARROW, TILLY, 2001; GOLDSTONE, 2003.

54. LAGROYE Jacques. Les processus de politisation. In: LAGROYE, Jacques (dir.). La politisation. París: Belin. 2003.

55. DURAN Patrice y Jean-Claude Thoenig. L'Etat et la gestion publique territoriale. Revue française de science politique, París, FNSP, Vol. 46, n. 4. 1996.


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