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Análisis Político

versão impressa ISSN 0121-4705

anal.polit. v.21 n.63 Bogotá maio/agos. 2008

 

Nuestras Deudas Pendientes Con Daniel Pecaut

(Con Motivo Del Otorgamiento De La Nacionalidad Colombiana)

Gonzalo Sánchez G.
Profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá

En el marco de la austeridad que impone la ocasión, más que una imposible anatomía de la obra de Pecaut, quisiera hacer unas breves reflexiones sobre su papel como educador, autor e intelectual público, vinculado a Colombia.

La primera Colombia que Pecaut conoció en los años sesenta era una Colombia rural, ensimismada, casi exclusivamente católica, dominada por las relaciones clientelistas y con evidentes rasgos de premodernidad en los comportamientos tanto de la vida privada como de la pública. Era la Colombia del Frente Nacional, de nostalgias de un pasado y de un orden moral y político en crisis, que muchos hubieran querido restaurar. Era el momento en el que según Pecaut, el país apenas salía "de la división arcaica entre las dos subculturas partidarias". Pecaut llegó como avanzada, no coordinada, de toda una generación de franceses – Pierre Gilhodés, Christian Gros, Jon Landaburu, Ivon Lebot- que en gran medida vinieron a Colombia para quedarse. Todos han hecho contribuciones notables en sus respectivos campos al desarrollo cultural y de las ciencias sociales en Colombia.

Pecaut llegó también al país cuando en los centros universitarios más inquietos y contestatarios – tanto europeos como latinoamericanos- estaba a la orden del día el tema del vínculo orgánico de los intelectuales con la Revolución, más que con la democracia; y cuando en la configuración del poder y del orden se privilegiaba la reflexión sobre las estructuras económico-sociales, en desmedro del papel del Estado y de las instituciones. Fueron incluso tiempos de efervescencia política y de figuras mesiánicas, como la de Regis Debray, que en su temerario periplo pretendió sumarse al sueño revolucionario del Che Guevara en Bolivia como parte de un proyecto insurgente que se creía maduro para toda América Latina.

Pecaut era de ese tiempo, pero no de esos entusiasmos, y su tema de partida no fue la Violencia sino el sindicalismo. Espero no traicionar su pensamiento si digo que en el marco de esas tensiones políticas e intelectuales entre reforma y revolución, Pecaut estuvo desde el principio del lado de las grandes preguntas por la democracia, dispuesto a dejarse asombrar más por la continuidad y la estabilidad de las instituciones y de la gobernabilidad que por los sobresaltos. De hecho a Pecaut debemos una definición que pudiéramos llamar emblemática de la dinámica política colombiana, condensada en la paradoja estructurante de "Orden y Violencia".

Asimismo, y en contraste con las corrientes dominantes en el mundo de los intelectuales europeos, que en sus enfoques sobre América Latina y en particular sobre Colombia destacaban nuestra posición periférica con respecto a los centros metropolitanos, Pecaut insistiría en la necesidad de analizarnos y proyectarnos como parte del pensamiento, la cultura y las tradiciones occidentales, sin ignorar por supuesto las asimetrías de esa relación.

No quiero establecer ningún juicio de valor entre esta opción y la opción contestataria que era la dominante en los círculos universitarios, al menos de la universidad pública a la cual pertenecía y sigo perteneciendo yo. Pero lo que sí quiero subrayar es la coherencia crítica en esa trayectoria de Pecaut. Coherencia que le ha valido la admiración de sus lectores, de sus discípulos y mínimo el respeto de sus contradictores. Porque a Pecaut lo leen, lo escuchan, lo discuten, lo siguen o lo controvierten tanto en los círculos académicos, como en los gubernamentales, e incluso en muchos sectores de la insurgencia. Él es un referente obligado en las ciencias sociales y en el debate sobre la Colombia contemporánea, entendiendo por tal la que se inicia desde la crisis mundial de 1929. Una larga historia del presente, si se me permite la expresión.

La Colombia de hoy, la que sigue estudiando, queriendo y frecuentando Daniel Pecaut, es muy distinta a la que conoció cuando llegó. Esa Colombia se ha urbanizado, se ha modernizado, se ha transformado en su economía, y en algunos aspectos se ha democratizado, pero en muchos otros se ha hecho socialmente más desigual y hasta podría decirse que ha involucionado. Y ante todo, como lo reitera una y otra vez nuestro homenajeado, en esa Colombia, otrora parroquial, las drogas ilícitas y las redes a ellas asociadas, permearon y potenciaron el conflicto armado; pervirtieron en muchas regiones la política, y provocaron lo que se ha llamado una internacionalización negativa del país.

Es una Colombia de inmensas posibilidades pero también de enormes desafíos frente a los cuales Pecaut no cede a la tentación de la parálisis o el nihilismo político. De hecho por su iniciativa se creó a fines de los años noventa un Comité Universitario Europeo por Colombia, en cuyos momentos inaugurales tuve el privilegio de estar presente, y cuyo propósito explícito era crear puentes con la comunidad académica internacional y eventualmente con los gobiernos europeos. Desde ese escenario , en el cual participaron algunos de los más reconocidos colombianistas , Pecaut, secundado por Jean Michel Blanquer, convocaba a prestantes figuras intelectuales de Francia particularmente (Alain Touraine, Michel Wieviorka, Olivier Mongin (Director de la Revista L'Esprit), Alain Labrouse (autoridad mundial en drogas), Alain Joxe (reconocido especialista de asuntos estratégicos) y de otros cuantos de países vecinos como Peter Waldmann de Alemania y Malcom Deas de Inglaterra . En el último encuentro, recuerdo, se planeaba incorporar a esta iniciativa a los académicos norteamericanos, ampliando el espectro de los debates y los propósitos del Grupo. Frente a los crecientes rasgos de internacionalización de la guerra, ese Grupo liderado por Pecaut, abogaba por una internacionalización de la paz, sin perjuicio de aguzar el talante crítico frente a los protagonistas del conflicto armado. Desde ese Comité se invitaba a la Unión Europea a participar en el fortalecimiento de las instituciones y de las iniciativas sociales de paz o de autonomía de la población civil frente a las estrategias de intimidación o de instrumentalización de los actores violentos. En todo caso, el Comité fue ante todo un espacio aglutinador de intelectuales europeos en torno a Colombia, y de creación de opinión pública informada sobre Colombia.

Ante un auditorio como este no necesito insistir en el notable papel de Pedagogo que ha cumplido Daniel Pecaut: ha formado generaciones de colombianos y de franceses interesados en América latina y en Colombia. Ha contribuido enormemente a poner en el escenario europeo la producción académica colombiana, y al mismo tiempo ha alimentado el debate colombiano transfiriendo capital cultural en sus conferencias, y en sus publicaciones, introduciendo reflexiones, paradigmas, categorías, y temas, que han alcanzado luego un alto nivel de socialización y apropiación colectiva. El interés que ha despertado su producción nos ha permitido escuchar muchas veces aquí o en Paris esta frase "voy a ver si Pecaut me dirige la tesis"...A sus cursos en la Escuela de Altos Estudios o en el Instituto de Altos Estudios de América Latina, a lo cuales muchos tuvimos el doble privilegio de asistir como discípulos y esporádicamente como profesores invitados, confluían tanto estudiantes franceses, como latinoamericanos y preponderantemente, desde luego, colombianos. Estos últimos iban allí para aprender, no lo dudo, pero a menudo también simplemente para recrear con cierta ritualidad un espacio único de sociabilidad, que se desplazaba luego a las mesas de los cafés de la rue Saint Guillaume o del Boulevard Saint Germain, en el corazón del Barrio Latino. Adicionalmente, el reconocimiento del que ha gozado Daniel Pécaut tanto en el mundo académico, como en el mundo político e institucional francés ligado a América Latina, le ha permitido extenderle la mano solidaria a muchos académicos colombianos amenazados por alguno de los actores del complejo espectro de la ilegalidad y de la violencia en Colombia. Y no se puede aludir aquí a este tema sin evocar que uno de sus estudiantes a quien yo dirigí la tesis de Maestría en el IEPRI, y Daniel la de doctorado en Paris, me refiero a Darío Betancourt, fue asesinado en 1999, presumiblemente por sus temas de investigación, en uno de los períodos de mayor intolerancia con la libertad de pensamiento en el país.

Para los estudiantes colombianos en Paris siempre hubo dos puntos obligados de encuentro: los salones de clase de Pecaut, en el Boulevard Raspail y una tiendita llamada Cumbia, en la calle Cherche Midi, tiendita en la cual se podía conseguir café, aguardiente (más caro que el Whisky), bocadillos, libros y revistas. La tiendita, atendida allí por una señora francesa llamada René, y abastecida desde Colombia por su hijo el sociólogo Pierre Raymond, que también se vino para quedarse en Colombia, esa tiendita digo, fracasó económicamente, y Pecaut se jubiló (por supuesto no estoy insinuando relación de causalidad entre los dos eventos, la jubilación y la quiebra). Lo que quiero decir es que con estas dos pérdidas, la que implica la jubilación de Pecaut, y el cierre de Cumbia, los estudiantes colombianos deben andar muy desconcertados hoy día en Paris.

Por otro lado, y seguramente sin proponérselo, Pecaut ha sido un eficaz mediador o canalizador de ideas, de controversias y de visiones alternativas. En los círculos académicos de colombianos en Paris siempre se está a la espera de las últimas informaciones, del último viaje de Pecaut, de los últimos análisis e interpretaciones de la coyuntura colombiana que habrá de traer Pecaut. Y en Colombia donde sus estancias son siempre un acontecimiento intelectual, por las conferencias, y por las reuniones que en torno suyo se promueven, la bola se riega en estos términos "Pecaut está en Bogotá, qué cuento traerá sobre Colombia ahora?" "La última vez fue pesimista, esta vez lo será menos? O, como siempre, lo será más?". Creo incluso que nosotros colombianos a veces lo cargamos con responsabilidades que no nos atrevemos a asumir.

De lo anterior se deriva otro papel sobresaliente: el de divulgador, también en doble registro: por un lado repartiendo su prolija pluma en las más importantes revistas de ciencias sociales de Bogotá, Medellín y Cali; y por el otro lado, contribuyendo a la internacionalización de la producción cultural colombiana, buscándole espacio a los académicos nuestros en su consagrada revista Problèmes d'Amerique Latine, de la cual ha sido director científico desde 1975.

Pecaut es todo eso: aglutinador, pedagogo, mediador, divulgador. Este conjunto de roles lo convierte en un espectador y analista calificado y al mismo tiempo tan involucrado en la cotidianidad de la política colombiana que de hecho viene siendo desde muy atrás un ciudadano participante y a menudo militante, que contribuye de manera visible a la movilización de la opinión y de los escenarios culturales colombianos.

Por esta vía, su compromiso académico se ha traducido en compromiso personal y político con Colombia. El horizonte de ese compromiso, como lo expresó al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional en septiembre del 2000, ha sido siempre el de "convertirse en un militante de la causa democrática colombiana". En ese sentido, reitero, la trayectoria de Pecaut ha sido un continuado ejercicio de ciudadanía antes de que ésta le fuera oficialmente conferida.

Su condición de extranjero, le ha dado una ventaja muy particular: le ha permitido crear la necesaria capacidad de asombro y despertar la sensibilidad de los analistas colombianos sobre eventos, procesos y patrones de conducta que nosotros colombianos hemos terminado interiorizando en nuestra cotidianidad o banalizando. Pecaut ha estado siempre vigilante, advirtiendo , cuando así lo ha considerado pertinente, sobre las amenazas que se pueden cernir sobre la democracia, y haciendo de guardián cultural para que no nos suceda lo que a los intelectuales europeos que se les vino encima el fascismo, la guerra y el holocausto, sin que hubieran logrado siquiera predecirlo o adivinarlo. Dicho sea de paso, fascismo, guerra y holocausto son -casi que puedo decirlo con certeza- elementos de una trilogía cuyas resonancias autobiográficas han inspirado muchos de los análisis y de las prevenciones de Pecaut sobre la historia moderna de Colombia.

Más que todo lo dicho, y lo que se podría agregar, Pecaut ha definido su relación con Colombia como una relación de amistad....con el país, con su gente...con sus intelectuales.

Pecaut autor, Pecaut maestro, Pecaut colega, Pecaut amigo... Pecaut uno de los nuestros. Colombia estaba en mora de convocar a este gesto de reciprocidad haciéndolo ciudadano y nacional de esta tierra a la cual ha consagrado su vida. Bienvenido Daniel al sitio que desde hace muchos años le debíamos y le ha sido suyo.

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