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Análisis Político

Print version ISSN 0121-4705

anal.polit. vol.23 no.70 Bogotá Sept./Dec. 2010

 

Racionalidad Económica Y Terrorismo: Una Fórmula Explosiva

Rationality Economic and Terrorism

Christopher Cramer

Profesor de la School of Oriental and African Studies (SOAS) en Londres.


RESUMEN

Este documento trata más de la economía como ciencia social que del terrorismo. El argumento princi pal es el siguiente: había una vez una criatura llamada homo economicus que fue a la guerra pero se disparó a sí misma en el pie. En otras palabras, la extensión de la economía neoclásica para explicar las causas de las guerras civiles no ha sido realmente exitosa en términos teóricos y empíricos. Así pues, al regresar herido y con sed de venganza del frente de batalla, el homo economicus sopesó los costos y beneficios del conflicto versus la cooperación, calculó las consecuencias, realizó algún entrenamiento en psicología conductual, e hizo la elección racional de emplear el terrorismo, pero accidentalmente se hizo volar en pedazos. En efecto, las explicaciones económicas neoclásicas del terrorismo son muy interesantes, en algunas formas lo son más que aquellas que explican la guerra civil, pero se derrotan a sí mismas en sus esfuerzos y revelan las debilidades de la economía neoclásica como base para la ciencia social.

Palabras clave: Racionalidad, terrorismo, economía.


SUMMARY

This paper is more about economics as social science than about terrorism. The main argument is as follows. Once upon a time a creature called homo economicus went to war but shot himself in the foot (Cramer, 2002). In other words, the extension of neoclassical economics to 'explain' the causes of civil wars has thus far not been a great success in either theoretical or empirical terms. Then, returning wounded and vengeful from the front, homo economicus weighed up the costs and benefits of conflict versus cooperation, assessed the constraints, underwent some training in behavioural psychology, and made the rational choice to engage in terrorism, but she blew herself up accidentally. In other words, neo-classical economic explanations of terrorism are very interesting, in some ways more so than those explaining civil war, but they are selfdefeating in their efforts and they reveal the weaknesses of neo-classical economics as a foundation for social science.

Keywords: Rationality, terrorism, economy.


INTRODUCCIÓN

"No existe hecho probado sobre la materia"

Entre los muchos intentos por explicar o caracterizar las actividades terroristas, ha habido, inevitablemente, aquellos casos que se generan desde una "perspectiva económica". Esta perspectiva ofrece explicaciones del terrorismo en términos de la elección racional y del individualismo metodológico, proveniente de la economía neoclásica. Este documento analiza esa perspectiva económica sobre el terrorismo, la ubica en el contexto de la historia intelectual de la economía ortodoxa y sugiere que dicha perspectiva aporta más al entendimiento de los problemas de la economía como ciencia social, que sobre lo que son o no son el terrorismo y los terroristas.

Cualquier discusión de la literatura sobre el terrorismo, sin embargo, debe partir de unas premisas básicas. El término o categoría "terrorismo" es extraño, limitado, sobrecargado, y difícil de definir; invocar la categoría es inherentemente subjetivo, comúnmente peyorativo, e inevitablemente emotivo. En primer lugar, el terrorismo es simplemente una táctica, ya sea usada por individuos, grupos insurgentes o Estados. Muchas personas han citado el aforismo de Richard Clarke, cuando hacía parte del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos en el 2004, al señalar que declararle la guerra al terrorismo era como que Roosevelt o Churchill le declararan la guerra a los submarinos alemanes. Mucha de la literatura económica sobre el terrorismo se limita a un análisis de la escogencia de la técnica (¿por qué preferir éste método, suicidio con explosivos o gas sarín, según el caso, en vez de secuestrar un avión para atacar este o aquel objetivo, por ejemplo, o utilizar un tren subterráneo?).

En segundo lugar, el terrorismo es una categoría políticamente sensible. El cliché recuerda inevitablemente que George Washington y Nelson Mandela, entre otros, fueron llamado terroristas en su momento: utilizar el término es típicamente en sí mismo una declaración política. Sin embargo, a pesar de estas limitaciones me adheriré al término, ya que se le usa comúnmente en la literatura de economía ortodoxa, aplicada al estudio de formas particulares de violencia política.

En tercer lugar, el terrorismo es parte de un continuo de violencia, no una categoría aparte de otras formas de conflicto político. Como la estrategia antiterrorista del Reino Unido (Contest)(1) aclara: "el terrorismo ha estado usualmente relacionado con disputas y conflictos regionales no resueltos. La oleada actual de terrorismo internacional se encuentra específicamente conectada a disputas y conflictos que involucran a los musulmanes y el mundo islámico" (HMG, 2009). Stephen Holmes (2005) afirmaba de manera más explícita que los recientes ataques terroristas transnacionales, tales como los de Nueva York, Madrid y Londres, reflejaban "insurgencias mancomunadas" provenientes de distintos países. Algunos afirman que los ataques en el sur de Mumbai en noviembre del 2008 estuvieron ligados a desigualdades estructurales dentro de la ciudad, a conflictos regionalmente interrelacionados y a la política electoral de la India (2). Al mismo tiempo hay un largo y ancho camino dentro del cual el terrorismo y la llamada Guerra Global contra el Terror podrían ser parte de un continuo de violencia. Por ejemplo, Paul Berman (2004) sostiene la opinión de que el conflicto actual es solamente la última etapa de uno que empezó hace aproximadamente un siglo, que él concibe como conflicto entre las ideas liberales y sus oponentes.

En cuarto lugar, el terrorismo es difícil de definir y codificar. Una definición describe el terrorismo como: "el uso premeditado, o la amenaza del uso, de violencia más allá de lo normal, o brutalidad para obtener un objetivo político por medio de la intimidación o el miedo". Esto se puede aplicar a los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, o a los perpetradores de los atentados con bombas en Madrid, pero también puede aplicarse a la eufemísticamente denominada técnica de "ahogamiento simulado", también conocida como "el submarino"; o se le puede aplicar a la aniquilación de Nagasaki o Dresden. Tal vez debido a esta amplitud de aplicaciones han aparecido diferentes definiciones más convenientes para algunos observadores, tal como la siguiente, cercana pero significativamente distinta: el terrorismo es "el uso premeditado o amenaza del uso de violencia más allá de lo normal o brutalidad por parte de grupos subnacionales para obtener un objetivo político, religioso, o ideológico a través de la intimidación de una amplia audiencia, la cual usualmente no está directamente relacionada con el diseño de las políticas que los terroristas buscan influenciar" (Enders and Sandler, 2002).

Esta última definición excluye intencionalmente la larga historia de Estados que han usado el terrorismo y también deja por fuera algunos procesos históricos, caso la Revolución Francesa, donde el término fue acuñado. Pero hay muchas otras definiciones de terrorismo, frecuentemente contradictorias entre sí: un estudio encontró 109 definiciones distintas(3). Un aspecto que vale la pena destacar es el vínculo entre el objetivo político y la estrategia emocional. Como lo expresa el historiador Charles (2002,1); "el terrorismo agrede a la gente, lo hace deliberadamente, ese es el punto"(4).

La dificultad en definir el terrorismo se combina con los retos empíricos relativos a la obtención de datos confiables y consensuados. Muchos de los datos son de baja calidad - hay fuentes en conflicto, conjuntos de datos incompletos, responsabilidades injustificadas, etcétera(5). Notablemente, un estudio excluyó a Israel y a la Franja de Gaza de su muestra por los problemas en la recolección de datos (Krueger y Laitin, 2003). El Departamento de Estado de Estados Unidos distingue entre ataques terroristas y ataques terroristas significativos y, a mediados de los años dos mil, sostuvo que la guerra contra el terror había sido un éxito con base en el declive de los ataques terroristas, aunque el número de ataques significativos parecía incrementarse. Krueger (2007: 55ff) discute el debate que esta afirmación provocó e incluye la declaración en 2004 de un portavoz del Departamento de Estado: " las afirmaciones que hicimos se fundamentaban en los hechos que teníamos en el momento. Tales hechos resultaron ser erróneos". El problema empírico es incluso mayor cuando intentamos explorar las motivaciones individuales o incluso las justificaciones organizativas. Como Jon Elster (2005) escribió, resumiendo la evidencia no clara sobre las misiones suicidas, "no hay hechos probados del asunto".

En fin, la definición de terrorismo es escurridiza, los hechos son opacos y tanto el uso del terrorismo como táctica y como término son altamente emotivos, lo cual no debe evitar los esfuerzos por desarrollar explicaciones objetivas y científicas del terrorismo. Este escrito resalta una línea particular de la literatura: las explicaciones económicas de terrorismo; aquellas que se aplican a una entre muchas extensiones de la economía neoclásica para explicar el alcance de los fenómenos sociales, una tendencia con una rica historia en tiempos recientes, especialmente liderada por Becker (1969).

Este documento trata más de la economía como ciencia social que del terrorismo. El argumento principal es el siguiente: había una vez una criatura llamada homo economicus que fue a la guerra pero se disparó a sí misma en el pie (Cramer, 2002). En otras palabras, la extensión de la economía neoclásica para explicar las causas de las guerras civiles no ha sido realmente exitosa en términos teóricos y empíricos. Así pues, al regresar herido y con sed de venganza del frente de batalla, el homo economicus sopesó los costos y beneficios del conflicto versus la cooperación, calculó las consecuencias, realizó algún entrenamiento en psicología conductual, e hizo la elección racional de emplear el terrorismo, pero accidentalmente se hizo volar en pedazos. En otras palabras, las explicaciones económicas neoclásicas del terrorismo son muy interesantes, en algunas formas lo son más que aquellas que explican la guerra civil, pero se derrotan a sí mismas en sus esfuerzos y revelan las debilidades de la economía neoclásica como base para la ciencia social.


ASESINOS PSICÓPATAS:

"Aquellos que se suicidarían en su asalto al mundo libre no son racionales" (Senador John Warner)(6)

No es raro juzgar a los terroristas de irracionales, malos o chiflados. A menudo se adopta para esto un punto de vista sicológico. Así, Parry (1976, 26) argumenta: 'La mayoría de asesinos y de terroristas son de una u otra manera anormales... es importante establecer la desviación mental o aberración de muchos terroristas'. Otra manera de plantear el problema es asignarle al terrorista - especialmente al terrorista islámico - un estatus de bárbaro, es decir, activamente hostil contra la civilización. Y dado que la civilización Occidental es supuestamente racional, los bárbaros en su diferencia radical son irracionales. Éste es el lenguaje del discurso político pos 9/11, de Bush "con nosotros o contra nosotros"; de su línea acerca de las personas mantenidas en Guantanamo Bay, porque "estas personas son asesinas, no comparten nuestros valores". En algún otro sitio, leemos cosas como este encabezado: "El criquet y el terrorismo: los bárbaros a las puertas de Lahore". Y como Gordon Brown lo expresó en un discurso en 2006: "seamos claros, enfrentamos a enemigos que no sólo tienen odio por las políticas que perseguimos, sino odio por nuestra mera existencia. Y entre la justicia y la maldad, la humanidad y la barbarie, nadie debería ser imparcial, neutro, o libre de compromisos". Entretanto, más allá de considerar aislar a los individuos enloquecidos, el novelista Martin Amis (2006) sostiene la opinión de que el terrorismo, específicamente el Islámico, es "irracionalmente abstracto", es un "culto de odio y muerte" y que " no se negocian las razones porque no se está negociando dentro de la razón". (Este párrafo es confuso aún en el texto original, se decidio eliminar la anotación sobre Sayyid Qutb, para dar algún sentido )

Pero estos puntos de vista son sumamente dudosos. Hay muchas maneras en las cuales perpetrar o respaldar el terrorismo parece en verdad tener sentido sin necesitar apoyarse en la locura. Progresivamente nos damos cuenta de que los terroristas no encajan pulcramente en alguna imagen absoluta de desviación. Hoffman (1998, 7) argumenta: "He estado estudiando a los terroristas y el terrorismo por más de veinte años. Sin embargo todavía me impacta la apariencia perturbadoramente normal que la mayoría de los terroristas parecen tener cuando uno se sienta y habla con ellos". El punto de vista que ubica a los llamados terroristas sobre un continuo de perpetradores de violencia, se basa a través de, por ejemplo, la investigación histórica de Christopher Browning (2001) sobre las atrocidades cometidas en el frente oriental en la Segunda Guerra Mundial, o a través de los experimentos psicológicos de Milgram y Zimbardo, o gracias a investigaciones recientes como la de Omar McDoom sobre los perpetradores genocidas en Ruanda, que evidencian lo impactante y ordinaria que es la capacidad para ejercer la violencia extrema.

Para encontrarle sentido al terrorismo, el enfoque económico neoclásico de la teoría de la elección racional es, pues, una forma particular de abordar el tema. En contraste con lo que hemos visto, este acercamiento basa sus presunciones en el argumento de que los terroristas son - algo así como usted o yo - racionales: por consiguiente, sus acciones, su comportamiento, están sujetos al mismo análisis que podría aplicarse a cualquier otra persona. En la defensa de sus posiciones, las teorías económicas del terrorismo representan una forma más bien extrema de un fenómeno mucho más amplio, que en la vida académica se conoce como el imperialismo de la economía, o sea la idea de que la teoría económica ortodoxa puede colonizar y sustituir exitosamente las otras ciencias sociales. Recientemente, este discurso ha ganado una popularidad más amplia con la idea de que la economía puede explicar básicamente todo: de aquí, el surgimiento de éxitos editoriales como Freakonomics o El Economista Clandestino, o El Naturalista Económico: En Busca De Explicaciones para… O La Lógica de la vida: Revelando la Nueva Economía de Todo, o Descubra Su Economista Interior: Use Incentivos para enamorarse, sobrevivir a su próxima reunión, y motivar a su odontólogo, etcétera.

LA ECONOMÍA DEL TERRORISMO

Una "economía del terrorismo" puede tomar diferentes formas. Puede incluir, entre otros componentes, la evaluación de los costos del terrorismo; el análisis del financiamiento de los ataques terroristas; o la exploración de la evidencia de correlaciones y posibles relaciones causales entre la pobreza o la desigualdad y el terrorismo. Todos estos son ejercicios válidos. Sin embargo, este escrito aborda algo más: las teorías económicas de racionalidad individual aplicadas al terrorismo como medio para comprender o explicarlo, tal vez, inclusive, generando predicciones acerca de las condiciones bajo las cuales se incrementa este accionar y extrayendo las implicaciones para el diseño de una política preventiva. En primer lugar, el documento fija esta "perspectiva económica" del terrorismo en el contexto de un esquema histórico del desarrollo y las características de la economía neoclásica, a través de un retrato robot del homo economicus, y en particular poniéndole atención a su capacidad para involucrarse en la violencia política.

Apuntes biográficos sobre el homo economicus

Como Gold (2004) lo expresó en una encuesta sobre la economía del terrorismo: "La economía no solamente trata sobre si las variables económicas pueden ayudar a explicar las consecuencias observadas. Tiene que ver fundamentalmente con la manera en que la conducta humana es moldeada por la interacción entre incentivos y restricciones". Éstas son las calles en las que el homo economicus deambula. ¿Pero quién es este personaje? Bien, él, o ella, es una creación del siglo XIX. Ella o él es racional, realiza elecciones conscientes entre alternativas, y selecciona aquellas que maximizan algún objetivo como la utilidad o la ganancia. Ella o él es racional en el sentido de escoger predeciblemente, dadas ciertas preferencias con las cuales ella o él han nacido y con ciertas restricciones que pueden cambiar. Así pues, si un bien o acción alternativa se vuelve más costosa ella o él pueden escoger menos de esto y más de algo distinto. Ella o él también es racional en el sentido de que sus preferencias son consistentes y clasificadas ordinariamente. Y es egoísta. Como Edgeworth lo expresó en 1881, "el primer principio de la economía es el de que cada agente actúa solamente por su propio interés". El homo economicus es algo así como un solitario: la economía se adhiere estrechamente al principio del "individualismo metodológico", es decir, que el individuo es la única unidad relevante de análisis. Lo que es menos conocido es que hay variedades, e incluso un continuo, de individualismo metodológico, el cual en algunas versiones roza con el abandono del principio en un sentido estricto (Udehn, 2002).

A lo largo del siglo XX el homo economicus se volvió progresivamente influyente, llegando eventualmente a ser ubicuo, un poco como aquellas creaciones de las películas Zelig o Forrest Gump, apareciendo en cada episodio significativo de la historia que se va desarrollando. Su mayor éxito llegó con la evolución de la teoría de la elección pública, la cual es realmente una teoría económica de la política. Esto, en buena parte, debido a las ideas de Mancur Olson acerca de la acción colectiva. Yendo en contra de lo que previamente había asumido, pero forjando ideas que en formas simplificadas se convertirían en sabiduría convencional, Olson (1974) sostuvo que cuando un grupo llegaba a tener cierto tamaño, los individuos no actuarían colectivamente para generar bienes públicos. La razón es que los individuos temerían que los otros actuaran como gorrones, ejerciendo la libertad de hacer uso de su propio esfuerzo. Una manera de circunvalar el "problema de la acción colectiva" es, por lo tanto, proporcionar recompensas materiales directas a los individuos, por ejemplo, incentivos para el homo economicus (entendido como agente a-social). La otra forma clave para circunvalar el problema es la coerción, por ejemplo, gravando con impuestos a los agentes para financiar los bienes públicos.

A partir de explicaciones económicas de la política, la economía expandió su radio de acción. Aunque ella había mostrado algunos signos de agresividad tempranos, fue realmente sólo bajo la influencia de Jack Hirshleifer, en particular, durante los años noventa, que el homo economicus se volvió realmente violento. Los economistas empezaron a desarrollar modelos que explicaban las guerras civiles en los países en vías de desarrollo por medio de la aplicación de características centrales y presunciones extraídas de la teoría económica de la elección racional. Para dar un ejemplo que muestra la influencia de Mancur Olson, en una teoría, la razón por la cual no había más guerras civiles era por el problema de la acción colectiva (Collier): ¿por qué se uniría la gente, digamos, las FARC en Colombia o el FMLN en El Salvador o el RUF en Sierra leona, y se expondrían al riesgo de morir cuando sus esfuerzos valientes conducirían a una nueva era brillante que otros podrían disfrutar sin tener nada que ver con un Kalashnikov? La razón por la cual las guerras civiles se llevan a cabo, por lo tanto, debe ser porque el homo economicus está satisfecho. En otras palabras, las guerras civiles son posibles si y sólo si existen recompensas materiales directas para los rebeldes, en forma de botín.

Pero al homo economicus no le fue bien en la guerra. Fue herido, algunos pensarían que mortalmente, por fuego enemigo proveniente de los antropólogos, sociólogos, científicos políticos y economistas políticos(7). Todo eso es otra historia (Cramer, 2002, 2006, 2011). Lo que es notable es la manera en que el homo economicus ha resucitado, en una nueva versión mejorada, dirían algunos, para involucrarse en el terrorismo.

"Pienso en el terrorismo como en un mercado" (Alan Krueger, 2007, 48)

La lógica de la racionalidad egoísta del mercado atraviesa una variedad de teorías económicas de la conducta terrorista. Lo que ellas tienen en común -lo cual las habilita para afirmar que permanecen fieles a los principios de la economía mientras se fragmentan en psicología conductista, reconociendo alguna conducta extrañamente sociable- es que ellas empacan todo aquello que podía ser irracional en la categoría de las preferencias protegiendo así la racionalidad instrumental.

Un ejemplo destacado lo aporta Frey (2004). Frey sostiene la opinión de que los bombarderos suicidas son en su mayor parte religiosos y fanáticos nacionalistas que ven sus acciones como parte de una Guerra Santa de voluntad divina. Los miembros de lo que Frey reveladoramente describe como un grupo terrorista islámico, Hamas, no consideran tales ataques como un suicidio; "más bien, ellos se ven a sí mismos como mártires que mueren en el proceso de cumplimiento de un deber religioso" (Frey: 50). Cosechan recompensas sustanciales -la vida eterna, la capacidad para ayudar a otros setenta parientes a llegar al paraíso, o el asunto de que habrán de ser un solo hombre para una cantidad de vírgenes, etcétera. Socialmente ellos obtienen honor, orgullo y estatus para sus familias. Existe alguna evidencia de que sus familias incluso reciben alguna recompensa material directa por sus esfuerzos. El que habrá de ser un bombardero suicida, prosigue Frey, ingresa a una pequeña célula bajo liderazgo carismático en el cual los miembros actúan como pares grupales que ejercen presión social. "Pero incluso sin contar con tales incentivos religiosos, sociales y materiales, es posible explicar la conducta suicida de los terroristas. Todos los individuos están, en una u otra medida, preparados para renunciar a algo de su autonomía por solidaridad con otras personas... un miembro de tal grupo terrorista es racionalmente capaz de cometer el suicidio por el beneficio de su grupo" (Frey: 51). Podemos distinguir entre las motivaciones extrínsecas -recompensas religiosas, sociales, y materiales- y las motivaciones intrínsecas -la gente que hace algo sólo porque quiere o porque ha interiorizado normas sociales.

Aquí hay que prestar mucha atención. Sin duda alguna, es la crítica de la economía neoclásica la que enfatiza en el significado de las normas sociales interiorizadas, en la presión de grupo, en el rol de la autoridad, en las creencias religiosas, en los individuos como seres sociales. Pero Frey nos habla de que el "concepto de racionalidad en la economía no depende del contenido particular de las funciones de utilidad individuales. Lo que importa es que los individuos responden en forma sistemática a los cambios en las restricciones... este es el efecto del precio relativo generalizado, fundamental para el pensamiento económico" (Frey: 51). La versión de Frey del homo economicus es algo que él llama RREEMM -no un grupo de rocas que balbucean sino un modelo de conducta humana caracterizado por individuos que son restringidos, ingeniosos, evaluativos, expectantes, hombres (y probablemente mujeres) maximizadores.

Este modelo cobra perfecto sentido cuando observamos, por ejemplo, que los terroristas substituyen objetivos militares menos costosos por otros más costosos. Así, si el cambio tecnológico o de políticas incrementa los costos de secuestrar aviones, como ocurrió en los años setenta con la introducción de los detectores de metal en los aeropuertos norteamericanos, los terroristas entonces se cambiarán a otros tipos de terrorismo: el número de secuestros aéreos, por ejemplo, cayó entre 41% y 50% entre 1973 y 1976.

El corazón del enfoque económico de Frey yace en la intersección de curvas de costo marginal y beneficio, cuya pendiente está en función de las características claves del homo economicus. Los terroristas se benefician más si hay más ataques terroristas, pero allí se vuelven decrecientes, de manera que la pendiente de la curva sube pero se aplana. Las pendientes de la curva de beneficio marginal caen: las sociedades objetivo tienden a reaccionar en formas que hacen que los beneficios adicionales de cada nuevo ataque terrorista sean más débiles que los anteriores. Esto puede ser porque ellos obtienen menos atención de los medios, porque los ataques son menos políticamente desestabilizantes, o porque tienen efectos económicos inferiores. Practicar el terrorismo también es costoso y, debido a las respuestas de los gobiernos y las sociedades, es crecientemente costoso mantenerse en su realización. Por lo tanto, las pendientes de la curva de costo marginal suben. Ahora bien, en cuanto a qué tan inclinadas son las curvas, esto puede depender de si sus motivos son extrínsecos (por ejemplo guiados por recompensas materiales o inmateriales) o intrínsecos. Y Frey sostiene la opinión de que la curva de costo marginal es más pronunciada entre más "intrínsecos" son los motivos que definen la acción; por ejemplo, más terroristas probablemente van a continuar perpetrando acciones sin importar el costo la recompensa.

La teoría de la elección racional nos permite derivar el nivel esperado de terrorismo, nivel que estará donde la diferencia entre beneficios y costos totales sea mayor, que a su vez estará donde las curvas marginales se interceptan, es decir, desde luego, en un punto de equilibrio. Entonces percibimos cierta maniobra, un tanto tramposa, en la predicción teórica meramente deductiva, según la cual el equilibrio extendido al terrorismo corresponde a la cantidad real de terrorismo observada en la realidad. La trampa consiste en que sin importar lo que ocurra en el mundo real, esto debe ser lo que la teoría de la elección racional pronosticaría. Este es seguramente un tipo extraordinario de argumento, para quien todo lo que pasa confirma sus propias predicciones, en un sentido u otro. Sen señaló hace mucho tiempo (1977) esta circularidad en la economía, donde los intereses de una persona están definidos en forma tal que no importa lo que ella haga, puede ser vista como alguien que persigue sus propios intereses en cada acto aislado de elección. La teoría de la elección racional asume que la única manera de entender las preferencias de una persona es examinar sus elecciones reales. Pero las elecciones no son la única fuente de información sobre las preferencias; pueden reflejar un compromiso entre una variedad de consideraciones, de las cuales el beneficio personal es solamente una.

El punto en política es que dentro de este marco usted puede evaluar el valor de una política particular tal como la disuasión. Tratando de incrementar costos para los terroristas, la disuasión desvía la curva de costo marginal hacia arriba y un punto nuevo de equilibrio es alcanzado en un nivel más bajo de atrocidad. Pero hay problemas: primero, los esfuerzos para incrementar los costos pueden ser ineficaces -la curva de costo marginal podría no moverse; en segundo lugar, simplemente pueden provocar una sustitución.

Las opciones preferidas de política, según Frey, son reducir la cobertura de los medios noticiosos sobre el terrorismo, además de descentralizar la economía y la organización política. Esto hace eco de un conjunto de ideas conocido como la "tesis de la paz liberal", según la cual el libre mercado y la democratización son las claves para la paz perpetua (Howard, 2008; Cramer, 2006; París, 2004). En el enfoque económico, para comprender el terrorismo, la liberalización política y económica se supone que incrementan la curva de costo marginal afrontada por los terroristas y por consiguiente da como resultado un nivel más bajo de equilibrio de acontecimientos terroristas.

Frey tiene otro argumento, acerca de la diferencia entre sanciones positivas y negativas. Prometer recompensas por abstenerse de la violencia hace más probable que los terroristas respondan de una manera semejante, con moderación; el uso de sanciones negativas hace más probable que los terroristas respondan del mismo modo, con violencia: "este es el mensaje de la teoría de reciprocidad" (Frey, 2004: 99). La teoría de la reciprocidad en la economía está relacionada con un aumento reciente del interés en los experimentos tipo laboratorio, una forma de psicología conductista que se encuentra con que las personas simplemente no se comportan como individuos discretos en el mundo Asberger de su propias preferencias. La utilidad funciona y las limitaciones impuestas por el presupuesto constriñen, pero hacen que las elecciones sean influenciadas por la interacción con otros. Son impulsadas, por la generosidad para ser generosos, por la ruindad para ser mezquinos. El significado de este nuevo trabajo es que, como Bowles (2008, 1605) lo expresa, "los incentivos que apelan al interés propio pueden fallar cuando subvierten los "valores morales" que conducen a las personas a actuar de manera altruista o en otras formas cívicas".

Puesto de otra forma, los hallazgos de la psico-economía conductista sugieren que las políticas diseñadas para funcionar sobre terroristas que estarían interesados en sí mismos podrían no ser efectivas si ellas muestran estar en contra de los sentimientos morales de aquellos que han sido atraídos por varias razones a la acción terrorista colectiva. Frey se aparta de su énfasis en los costos marginales y costos de oportunidad para defender una estrategia de lazos sociales crecientes e incluir a los terroristas potenciales en procesos políticos legales-formales e incrementar su "sentido de pertenencia". Pero no es fácil acomodar esto dentro de un marco económico estrecho, especialmente uno que defiende la liberalización franca del mercado. A partir de lo que conocemos acerca de personas que se han involucrado en el terrorismo - incluido Mohamed Atta o las "viudas negras" chechenas o los bombarderos de julio del 2005 en Londres -, lo que podría necesitarse para proporcionar ese novedoso y diferente sentido de pertenencia podría ser medianamente revolucionario. Algunos han sugerido que los nuevos experimentos de psicología y economía conductista proporcionan una nueva base para la ciencia social. Revisar la amplia literatura sobre el terrorismo puede ayudar a aclarar esta pregunta, pero primero es necesario destacar algunas variaciones sobre la perspectiva económica del terrorismo.

Variaciones sobre el tema

Hay ciertas características claves de Frey (2004) que son recurrentes dentro de la literatura de la elección racional y la "perspectiva económica" del terrorismo. Primero, está el misterio de la curva de costo marginal y su pendiente; segundo hay un esfuerzo por absorber tantas cosas que caen por fuera de la economía de la elección racional neoclásica tradicional, lo que hace que el modelo y el enfoque estén a punto de explotar: se le ha introducido un sentido de pertenencia, al igual que de reciprocidad y racionalidad en las relaciones; y la función de utilidad del individuo se transforma de manera que virtualmente no tiene nada que ver con los incentivos materiales. Tercero, hay una lógica circular que dice que cualquier cosa que realmente ocurra debe ser el resultado de que las curvas marginales se intersecten en un punto de equilibrio, porque asumimos que así es como la gente toma sus decisiones.

Estos asuntos cruzan toda la literatura de la elección racional sobre el terrorismo. Lannacone (2003) quiere "incrustar los entendimientos sociológicos profundos relativos al extremismo y los grupos extremistas dentro de un "mercado para mártires" (Lannacone, 2003: 1). La idea es tratar a los grupos terroristas, particularmente aquellos que utilizan los ataques suicidas como técnica, como empresas con demanda por mano de obra y que ofertan reclutas como mano de obra. Por el lado de la mano de obra, el estatus y el honor son más importantes que las recompensas materiales, al igual que lo es demonizar al enemigo y mantener un sentido compartido de la convicción moral. Así pues, para los bombarderos suicidas la utilidad es parcialmente una función de fama, honor, reconocimiento, estatus moral, valor del logro, beneficios para otros que le son significativos, y magnitud del daño y la humillación impuesta sobre los enemigos(8). Todo esto debe ser puesto contra los costos que incluyen el dolor y el sufrimiento anticipados, costos para los seres queridos, riesgo de fracaso, etcétera. Dado que los beneficios son tan múltiples y difusos, los esfuerzos por elevar los costos a través del castigo y la disuasión han tenido poco efecto.

Entretanto, Llusa y Tavares (2007), en una encuesta sobre la economía del terrorismo, confirman esta tensión entre el homo economicus tipo uno y el nuevo modelo, tipo dos. "Como lo ilustran la presencia de actores suicidas de forma dramática", ellos argumentan, "se necesitan explicaciones no ortodoxas para el terrorismo" (Llusa y Tavares, 2007: 62). Un ejemplo, que puede verse como no ortodoxo pero de hecho como otros -tales como el de Ben Fine- ha mostrado estar mucho más enraizado en la ortodoxia neoclásica, es la teoría de la asimetría en la información.

La asimetría en la información en forma de desinformación y manipulación puede estimular el odio individual hacia los grupos con acciones específicas (Glaeser, 2005). Los ataques terroristas son entonces el resultado de un cierto tipo de falla en el mercado. Al mismo tiempo, el costo de utilidad de los ataques terroristas para la audiencia bajo la mira, más allá de las víctimas directas, está ligado a una evaluación "no racional" del riesgo por parte de los individuos; por ejemplo, una disminución en la utilidad mucho más allá de la expectativa medible de pérdidas. "La percepción de este costo puede asociarse con una consecuencia -impacto negativo independiente del "miedo y saqueo" que excede ostensiblemente el daño objetivo por descontado" (refiriéndose a Becker y Rubinstein, 2004; Sunstein, 2003; Viscusi y Zeckhauser, 2003). Poniéndolo de otra manera: después del 7 de julio de 2005, cuando un hombre con una barba piadosa y morral aborde un bus en Londres, aquellos que de manera aparentemente casual se bajen rápidamente del vehículo, lo harán porque realmente están asustados.

Otra explicación supuestamente poco ortodoxa es la de Wintrobe (2003) en la cual el bombardero suicida se inmola para obtener "solidaridad social" o "pertenencia". Esta es simplemente una transacción de mercado: los individuos adoptan las creencias del grupo y las transan por solidaridad. Asumen que hay un cambio exógeno que hace que el individuo deseé más pertenencia social; entonces él o ella toma parte en más actividades grupales y negocia algo de su autonomía a cambio de solidaridad. Su "función de utilidad cambia e incorpora cada vez más de los valores del grupo". El valor marginal de la solidaridad, para el miembro del grupo, usualmente disminuye en tanto que se le otorga más autonomía al líder o al grupo, pero en los grupos extremistas ocurre lo contrario, ¡las compensaciones se incrementan! Esto es lo que Wintrobe llama el 'multiplicador de solidaridad' (Wintrobe: 3). Donde la función de utilidad del individuo es por completo la misma del líder, entonces el suicidio racional por el grupo es posible. Pero más sencillo, lo que podría ser problemático para la economía de la teoría de la elección racional es que esta presunción de un cambio exógeno que le da nueva forma a una función de utilidad viola el supuesto de las preferencias estables en el que la teoría insiste.

El argumento de Wintrobe consiste en que es este intercambio el que se vuelve válido para el bombardero suicida, y no un sacrificio racional por las recompensas que se obtendrán en el cielo. No es racional sacrificarse a sí mismo en un atentado suicida por los beneficios del paraíso, porque si Dios es omnipotente, él no necesita adherirse a este trato, él no realiza contratos creíbles. Como lo expone Wintrobe, él podría proporcionarle 72 uvas en vez de 72 vírgenes. Claramente, para Wintrobe, existe un gobierno cuestionable en el paraíso. Pero la distinción clave, digamos que entre su modelo y el de Frey, es que el suyo parte de personas con una alta tasa de descuento, es decir, que disfrutan instantáneamente la recompensa de la solidaridad, mientras que la teoría de la recompensa por las vírgenes paradisíacas se apoya en personas con una tasa de descuento baja, capaces de renunciar a la gratificación(9). Un argumento alternativo a la elección racional es la propuesta de Azam (2005) de que un bombardero suicida está involucrado en la búsqueda racional de una función de utilidad incorporando altruismo de la misma manera en que una persona invierte dinero en un fondo de ahorro para sus hijos. El bombardero altruista está haciendo una inversión intergeneracional -los bienes públicos beneficiosos pueden producir ganancia para la siguiente generación- en la misma forma que lo hace un Estado Palestino independiente o que se buscan indemnizaciones para la familia, etcétera.

Este enfoque es problemático. En primer lugar, se asume pero no se cuestiona empíricamente, que la identidad individual o la autonomía y el sentido de pertenencia son sustitutos y que entre más del uno usted tenga, tendrá menos del otro. Hay algo de sicología popular en todo esto, si usted piensa, por ejemplo, en un miembro de una familia que permanece en ella a pesar de ser constreñido permanentemente por los otros miembros. Seguramente es cierto, mucha gente genera su sentido de fortaleza individual y de autonomía al ser precisamente parte de un grupo. En segundo lugar, bien podría ser que los medios para alcanzar el fin -tomar parte en actividades del grupo- sean los que disparan y le dan forma a las preferencias y nociones de utilidad. Si es así, este es un reto más directo a la idea de que se forman las preferencias y que, sean o no estables, ellas lógica y secuencialmente proporcionan el marco dentro del cual la utilidad se persigue racionalmente. En tercer lugar, teniendo en cuenta la distinción entre tasas de descuento altas y bajas, o entre consumo individual corriente y futuro, es decir el consumo intergeneracional por parte de otros, hay que notar que "la elección racional" puede explicar cualquier cosa y ser compatible con cualquier individuo o conducta social, pero sujeta a que se presenten cambios leves en las suposiciones de preferencia. Tal teoría es discutible y un tanto alarmante: usted nunca sabe dónde y cómo golpeará un terrorista.

Por qué el homo economicus en realidad no tiene éxito.

He compilado algunas de las características del enfoque económico del terrorismo y algunas de las maniobras por las cuales pasa el mismo para permanecer como enfoque económico. En diversos grados, estas maniobras han involucrado algún reconocimiento de que el homo economicus no existe en un vacío social, político o ideológico y han involucrado reflexiones de la psicología conductista. Existen, desde luego, muchas otras literaturas sobre el terrorismo y, en realidad, sobre la racionalidad económica. Hay una literatura de la ciencia política, otra de los estudios religiosos, una filosófica, otras de la neurociencia y el psicoanálisis, incluso literatura sobre la literatura. Esta sección se encamina sobre algunas otras ideas sólo para resaltar los retos del homo economicus como pieza clave para la ciencia social. Pero es importante reconocer que a nivel de individuos, nuestro conocimiento empírico es débil. Como Jon Elster (2005) lo expresó, "tal vez nunca sepamos los estados cognitivos y motivacionales exactos de los atacantes suicidas". Él cita la incapacidad de un piloto kamikaze para decidir si su alivio, al ser informado de la cancelación de una misión, nace de la racionalidad o de la cobardía y si su disfrute, derivado del hecho de que le haya sido dada otra oportunidad, es resultado de un sentimiento patriótico o una ocasión para limpiar su vergüenza. Cita a Stephen Holmes escribiendo acerca de Mohamed Atta, para quien es imposible saber si a él le molestaba más la injusticia o la apostasía del poder político en Egipto. El punto es que esta fragilidad empírica fácilmente da ingreso a un amplio espectro de especulación, que debería generar una cierta humildad teórica.

El resto de esta sección enfatiza los siguientes temas. Primero, mientras la perspectiva económica -en el terrorismo y en todo lo demás- aduce proveer fundamentos individuales -nivel, micro- para todos los fenómenos no se puede realmente sostener esta afirmación. El ejercicio del poder, la organización de los grupos sociales, los patrones de la migración internacional, la organización estructural y los cambios en las economías, estructuras dentro de las cuales las ideas buscan legitimarse, todas éstas son influencias poderosas tanto sobre las preferencias como sobre las decisiones de los individuos. En segundo lugar, la evidencia sugiere que los costos pueden mezclarse con los beneficios, que el análisis marginal es una guía pobre para la conducta real, y que la distinción entre las preferencias y el razonamiento instrumental es de lejos más borrosa de lo que el enfoque económico puede soportar. En tercer lugar, incluso la idea de la sustitución entre técnicas y objetivos -casi todo lo que realmente queda del enfoque económico- no siempre es tan franca como parece. Y cuarto, más que una clasificación ordinal de preferencias estables, lo que la evidencia sugiere es que las acciones terroristas, incluidas la de los fundamentalistas religiosos, reflejan egos divididos y las terribles consecuencias que dimanan de los conflictos internos.

El cuento trágico de la curva de costo marginal

El problema básico de todo esto se relaciona con la curva de costo marginal. Como vimos, Frey está muy preocupado por su pendiente. La curva tendrá una pendiente si los terroristas están motivados por las recompensas en forma de dinero o estatus. Pero tendrá otra, posiblemente vertical, si están motivados por la creencia de que están haciendo lo correcto, habiendo interiorizado alguna norma. Sus acciones entonces se desconectan de los cambios en incentivos o costos. Más allá del costo directo de cierta actividad terrorista, existe el costo de oportunidad. El hecho de que, digamos, al hacerse volar en pedazos, el terrorista se priva de otras cosas que podría haber hecho con tiempo y esfuerzo, como ir al gimnasio (la obsesión compartida de los bombarderos londinenses en 2005). La dificultad para el enfoque económico es que, como Krueger lo expresa, los costos de oportunidad pesan menos que "otros factores", los cuales incluyen "compromiso con las metas". No importa de qué forma lo veamos, la curva de costo marginal parece ser un concepto analítico irregular, que oscila como una aguja magnética desorientada por un imán.

Diferentes estudios de recientes actividades terroristas se centran más en esos "otros factores", que hasta ahora han permanecido descuidados. Berman (2004), sosteniendo que el islamismo militante está enfrascado en un conflicto con la democracia liberal occidental, es decir, que es simplemente la continuación por otros medios del conflicto entre el liberalismo y el totalitarismo, señala no sólo los paralelos sino también las líneas directas de influencia entre el Fascismo y el Estalinismo, por un lado, y del Baathismo y el Islamismo militante, por otro. Echando mano del trabajo de Cohn sobre el milenarianismo, Berman enfatiza el apego de muchas personas, a lo largo de la historia de este conflicto moderno, al mito milenario de Armagedón: ideas de pureza y sumisión a una autoridad alcanzada a través de la violencia, en la cual la muerte y el martirio no son vistos como "costos" sino como "beneficios". De manera similar, Ricolfi (2005: 116), en el análisis empírico más cuidadoso sobre las misiones suicidas libanesas y palestinas, llega a la siguiente conclusión sobre el riesgo: "después de todo, la teoría económica asegura que, en la persecución de sus propios intereses, los seres humanos tienen aversión al riesgo. Sin embargo, si queremos entender las operaciones de martirio, no podemos utilizar la sociedad en que vivimos como punto de referencia... si la gloria se vuelve una intención clave de la acción, el riesgo deja de ser un costo y se convierte en un recurso". Si esto tiene sentido, impide sutilmente que se pueda obtener la curva de costo marginal de un bombardero suicida.

En la idea de que un terrorista podría estar motivado, por lo menos en parte, por un compromiso con los objetivos, principios, valores morales y relaciones inter-personales de su organización, confirma tanto las viejas críticas formales a la elección racional como a la psicoeconomía conductista más reciente. El argumento más importante se halla en el renombrado escrito de Sen (1977) Tontos racionales, según el cual el sentido de compromiso de un individuo con otras personas puede romper la relación entre su elección y su bienestar, entre aumentar al máximo su utilidad y lo que ella en verdad hace. El compromiso, sostiene Sen, implica una elección contrapreferencial, desbaratar la suposición crucial de que una alternativa escogida debe ser mejor que las demás para la persona que la está escogiendo. Más recientemente, echando mano de juegos experimentales, Bowles (2008) sostiene que las organizaciones de alto rendimiento - y no hay motivo para no incluir a al Qaeda entre ellas- "trabajan sobre la base no sólo de intereses materiales sino también de los "sentimientos morales" de Adam Smith. Fehr y Gachter (2000: 159-60), por la misma línea, sostienen que la prueba experimental demuestra que las personas se comportan recíprocamente: "las personas reembolsan regalos y cobran venganza aun en interacciones con desconocidos e incluso si es costoso para ellas y no proporciona recompensas materiales presentes o futuras". Parece perfectamente razonable ver la reciprocidad como una característica del conflicto político intenso dentro del Medio Oriente y el norte de África, dentro de Sri Lanka, dentro de Irlanda del Norte, y globalmente.

Entonces, con base en la evidencia experimental, el razonamiento filosófico, el análisis histórico, e incluso las implicaciones de contribuciones al enfoque económico, parece que hay un problema con el análisis marginal. Y dado que el interés propio individual es la diferencia específica en la explicación económica de los fenómenos sociales, si la noción de interés propio es compatible con el altruismo, entonces la explicación se vuelve analíticamente vacía. Una vez nos vemos obligados a incluir un rango de "otros factores" que pueden motivar a alguien a unirse a un grupo y actuar colectivamente. Entonces ya no es claro por qué este todavía es un enfoque "económico"(10).

La sustitución

Luego, una de las ideas en el corazón del enfoque económico es la de la sustitución y efecto generalizado de los precios. Si las personas responden a incentivos o restricciones cambiantes, por ejemplo los precios relativos, ajustando a ellos su conducta, pero aún en línea con sus preferencias, entonces están haciendo claro uso de la racionalidad. Y la historia del terrorismo ofrece amplia evidencia de que este es el caso. El ejemplo más utilizado es el efecto de introducir detectores de metales en los aeropuertos de Estados Unidos a mediados de los años setentas. Otro ejemplo es el del diplomático australiano, a quien se le preguntó por qué pensaba que los islamistas habían bombardeado la embajada australiana en Indonesia, a lo cual simplemente respondió: "porque es muy difícil hacer volar la embajada de Estados Unidos".

Pero también hay evidencia para sugerir que este asunto de la sustitución no es tan directo. Por ejemplo, la operación para dirigir los aviones en vuelo hasta las torres gemelas y el edificio del pentágono, u otros complejos, en ataques coordinados, no es el resultado de una reacción de sustitución de un blanco suave y menos costoso, como volar las embajadas occidentales en el África Subsahariana. Los blancos del 11/S parecen haber sido escogidos parcialmente porque había un elemento de espectáculo en el hecho. Existe también evidencia de que Khalid Sheikh Mohammed, quien parece haber sido el jefe planeador del ataque, estaba en alguna medida tratando de cerrar un asunto inconcluso con el ataque de 1993. "Una de las cosas desconcertantes acerca de Al Qaeda", dijo un experto en inteligencia, "es por qué se han enfocado en este modus operandi de realizar bombardeos espectaculares cuando existen otras formas más básicas de aterrorizar a las poblaciones" (11).

Discutiblemente ha habido una forma diferente de efecto de sustitución con el paso del tiempo. Porque, como afirma Berman (2004), el terror como táctica en la violencia política en el Medio Oriente fue medianamente restringido por algún tiempo: era discriminatorio, pero se volvió deliberadamente indiscriminado.

Berman establece una conexión, desde los ataques palestinos contra el ejército israelí hasta una nueva acción emblemática, el secuestro de aviones, en los años sesentas y setentas. "Sin embargo, en los secuestros aéreos de los años sesentas y setentas, la muerte no era el objetivo. Había algo puntilloso en esos secuestros -una consideración ética... pero a lo largo de los años... la violencia palestina dio un nuevo giro; y lo puntilloso se quedó en el pasado... y la nueva característica del acto consistiría en asesinar al azar a cantidades de personas con una bomba..." (Berman, 2004, 111). El análisis cuantitativo de Ricolfi sobre las misiones suicidas y los ataques totales en Israel, Palestina y el Líbano desde 1981 hasta 2003, produce una consideración similar: que las misiones suicidas tienen su propia dinámica cuando se desplazan de lugar a lugar y de grupo a grupo, una dinámica que está impulsada no por la simple sustitución del menor costo sino por otros factores, los cuales incluyen la intención de levantar la moral y crear legitimidad para grupos específicos. Otra mención de la sustitución, o hasta cierto punto del cambio en la forma de violencia llevada a cabo por los grupos de oposición a lo largo del tiempo, está en el argumento de John Sidel (2006) acerca de las restricciones materiales y de clase (en oposición a la menos franca sustitución de costo) que daban forma a un movimiento, en Indonesia, pasando de realizar asonadas a pogromos raciales después de la crisis financiera asiática de mediados de los años noventa.

Las preferencias y la racionalidad instrumental /la muerte y el economista

La economía se ha adaptado, principalmente cambiando de posición a lo largo del continuo de individualismo metodológico hasta arriesgar caer por el abismo. Pero los enfoques económicos del terrorismo se aferran fuertemente a la idea de que las preferencias son distintas de la racionalidad instrumental. "Dadas" las preferencias, sin importar qué tan cargadas de valor y qué tan sociales sean, y que tan positivamente irracionales puedan ser, la razón aun así se mantiene prístina y bien definida. Pero este no es el caso: las preferencias y la racionalidad instrumental pueden mezclarse e influenciarse la una a la otra.

Tuck (2008) critica la manera en que la economía ortodoxa asume que las únicas relaciones causales son las de necesidad. Él explora el asunto –problemático para la perspectiva económica-- de que a veces una persona podría hacer algo aun si no es estrictamente necesario para la obtención de un resultado deseado. Muchas misiones suicidas terroristas no parecen estrictamente necesarias para los resultados buscados por los terroristas(12). Destacando de nuevo que los bombarderos suicidas violan la preferencia clave del individuo racional, la preservación de la vida propia sobre la posibilidad de perderla, Gambetta (2005) asegura que esta violación se vuelve mucho más desconcertante dado que algunas misiones suicidas parecen desafiar los dictados de la racionalidad instrumental: agentes que podrían buscar emplear medios que no involucren su muerte si los mismos resultados o resultados similares se pueden obtener de otra manera. ¿Por qué los palestinos, por ejemplo, no simplemente dejan sus bombas en los buses y cafés y huyen antes de que éstas exploten? Mientras algunas misiones podrían ser mejores medios para un fin, otras hacen que uno se pregunte si todas las opciones alternativas han sido tomadas en cuenta. La respuesta de Tuck a la pregunta general es que el deseo de ser efectivo y el deseo de contribuir a un resultado particular son diferentes e igualmente importantes. En otras palabras, en su propio ejemplo principal, de por qué la gente vota, pero posiblemente también en el ejemplo del terrorismo, el participar es lo que importa. La participación en eventos públicos y acciones colectivas, lo afirmó Hirschman hace tiempo, incluyen su propia recompensa. Los medios son su propio fin.

Una vez más, los experimentos de la psicología social compilados por Bowles (2008) apuntan hacia una conclusión similar: que las personas de hecho actúan no solamente por bienes económicos sino "para constituirse a sí mismos como individuos dignos, autónomos, y morales". Aunque sea discutible, la psicología conductista, como mucho de la economía, está limitada por su búsqueda positivista de relaciones estables y previsibles, más que por la exploración de los procesos causales. Más aún, "las teorías en la economía conductista generalmente han retenido la estructura básica del modelo racional, agregando presunciones acerca de las limitaciones cognitivas diseñadas para dar cuenta de anomalías específicas" (Kahneman, 2003, 1469, citadas en Dow, 2008). Esto hace de la psicoeconomía un corolario del enfoque de la imperfección del mercado, del Consenso post-Washington. Un enfoque diferente es aquel ofrecido por la neurociencia, donde Antonio Damasio ha desarrollado y puesto a prueba hipótesis que reviven las corazonadas del rechazo de Spinoza en el siglo XVII por la separación de sentimiento y pensamiento en Descartes. Damasio y otros han encontrado evidencia de que la conducta de una persona se activa en una parte específica del cerebro que ha sido disparada por un evento, lo cual sugiere que es erróneo asumir un conjunto unitario de preferencias para una persona dada, y mucho menos para un "agente representativo". Y ellos han encontrado que el afecto o la emoción son inseparables y frecuentemente brindan asistencia, e incluso dominan, al cálculo racional.

En alguien destrozado por la confusión, tal vez turbado por el hecho de que su familia perdiera la seguridad de clase en Egipto, envidioso de la riqueza y poder simbolizados por Estados Unidos, furioso por las invasiones de Estados Unidos y adoptando una postura exagerada, desorientado por la repulsión, la exclusión, y la emoción de ser un inmigrante en Europa, alterado por incertidumbres sexuales, aceptado por un líder religioso y hecho sentir pecador y al mismo tiempo serle ofrecido una manera de escapar de las múltiples preocupaciones por medio de un discurso religioso; en tal persona, el cálculo racional puede haber sido afectado y el mero hecho de participar puede haberlo sido casi todo. Lo que sabemos acerca de Mohamed Atta, entre otros, parece tener mucho sentido a la luz de este punto de vista, diferente de la relación entre afecto, emoción y atrocidad razonada.

Muchos islamistas militantes, incluidos aquellos que apoyan y se involucran en ataques autodestructivos obviamente no cumplen con el criterio de medios y fines instrumentalizado en la economía de la elección racional. Muchos realmente no desarrollan un programa político, aparte de algunas poco convincentes inclinaciones de cabeza hacia la comunidad imaginada de un califato global. Devji (2008) sostiene que no hay una utopía descrita y ninguna ideología. En particular, Devji enfatiza la atracción de una estética de la violencia. Si lo estético, lo mítico, lo simbólico, juega un rol importante, aturdiendo el razonamiento instrumental, esto no significa que los terroristas sean aficionados, aunque algunos como Shehzad Tanweer con su Mercedes rojo podrían parecer serlo. Una vez más, nos encontramos con el problema masivo de la diversidad -existe una diferencia muy sustancial entre un musulmán británico empleado y un joven palestino (incluso si él o ella posee buenos medios económicos y está más educado que la mayoría). Pero vale la pena mencionar la sugerencia de Ricolfi (2005: 116) de que lo simbólico de la violencia autodestructiva en Palestina surge en un contexto donde "casi todo lo demás está ausente". El punto es que no hay opciones -a este respecto - para ser razonadas. De nuevo, sin embargo, simplemente no sabemos. El informe oficial de los atentados de Londres dice que "no está claro por qué el grupo escogió los ataques suicidas como método apropiado. Ellos pudieron haber decidido este enfoque como el plan más sencillo, muy probablemente para tener éxito y mayor impacto. Pero el deseo del martirio puede también haber sido un factor". No sabemos, en otras palabras, si el efecto de precio generalizado estuvo involucrado, o si la razón instrumental y la motivación intrínseca estuvieron combinadas, o si se trató predominantemente de la segunda.

Otro tipo de involucramiento con esa preocupación con la muerte aparece en la literatura sobre la psicología de la religión y del terrorismo aparentemente religioso. Desde esta perspectiva, el terrorismo, tal vez especialmente las misiones suicidas o las explosiones de fundamentalistas religiosos, son una forma de furia narcisista, una proyección hacia el exterior de dramas históricos individuales, altamente biográficos. Los eventos terroristas son entonces la consecuencia de una afinidad explosiva entre individuos específicos, contextos políticos y socioeconómicos, y grupos políticos-religiosos.

Lo que puede ser necesario aquí es algún tipo de encuentro entre "la historia de vida y el momento histórico" (Erikson, 1975). Un encuentro entre la manera en que los individuos como personas forjan sus relaciones y están afectados por la estructura y los procesos históricos y socioeconómicos. Una forma de aproximarnos a esto es la referencia de Jones (2008), a lo que él llama el psicoanálisis relacional contemporáneo dentro de un contexto social. Este contexto puede bien ser uno en el cual -como Holmes (2005: 142) lo expresa analizando el tema de los involucrados en los ataques del 9/11-, las corrientes de militancia están encontrando la manera de llegar a flujos previamente marginalizados del islam, fomentando su membrecía y conduciéndolos a una belicosidad y violencia crecientes. Pero aun así, no todas las personas políticamente enojadas y frustradas para quienes no existe otro llamado organizacional terrorista responde de la misma manera: no en todos las fuentes seculares de rabia y hostilidad llegan se enlazan con los puntos de vista religiosos y fundamentalistas. Para Jones, los factores más sobresalientes son la vergüenza y la humillación, la percepción de hundimiento apocalíptico del mundo en un mal y un bien absolutos, un líder o una deidad sobreidealizados, atracción por el vínculo entre violencia y purificación, y preocupación por la sumisión. Esto se advierte en la investigación de Hassan (2001), la cual muestra que entre los aspirantes a mártires en Palestina a finales de los años noventa, las principales motivaciones incluían: una creencia en haber sido "escogidos" y que el paraíso estaba solamente "al otro lado del detonador"; y la humillación, rabia y deseo de venganza por la violencia israelí, la ocupación, y la sofocación política. Jones cita este trabajo psicoanalítico que muestra cómo algunas personas, profundamente inseguras de sí mismas, encuentran un atractivo en la rendición, en el sometimiento a una experiencia en la cual algún sentido del "yo verdadero" y espontaneidad se despiertan, la emoción de "sentirse totalmente vivos".

Hay dos puntos pertinentes aquí. Primero, sugiere que la sumisión autodestructiva involucrada en el terrorismo suicida es irónicamente una forma de "sentirse totalmente vivo", o una expresión de ello. Segundo, sugiere que la rendición y la sumisión es subconsciente y lo suficientemente compleja para hacer que la idea de un intercambio relacional, tipo transacción de mercado, de la autonomía individual por un sentido de pertenencia o solidaridad sea un paso bastante incierto en la dinámica de funcionamiento. El argumento de Jones (2008: 130) es que si estos sentimientos de humillación son combinados con el tipo de presión externa para separar los "objetos" buenos y malos, típica de los grupos religiosos (y no solamente de los islámicos), la consecuencia puede ser una hostilidad descargada sobre el otro demonizado: el opuesto de la separación sería lo que Melanie Klein llamó "la posición depresiva" en la cual un individuo se las arregla para tolerar la ambivalencia. Éste tipo de pensamiento, forjado en el contexto empírico de la observación clínica, sugiere una inmensa diversidad de experiencias y sombras de conducta, más que las dualidades estadísticamente establecidas, por ejemplo entre las opciones "por lo social" y lo "antisocial", de la psicología ortodoxa que atrae a los economistas y que es producida en el contexto empírico de los experimentos de laboratorio. De igual forma, el mismo tipo de fragmentación que afecta a los grupos militantes extremistas puede afectar aquellos que están luchando contra ellos, como ocurre con los llamados de "con nosotros o contra nosotros" y el "eje del mal" hechos por la administración Bush, la cual fue fuertemente influenciada por el cristianismo fundamentalista.

Teniendo en cuenta esto, tal vez tengamos que reemplazar "la trinidad notable" de Clausewitz –esa que une, primero, la violencia primordial, el odio y la enemistad; segundo, el juego de la elección y la probabilidad; y, tercero, el elemento de subordinación a la política racional en la guerra (Villacres y Bassford, 1995). Una Trinidad extraordinaria podría vincular la psicología relacional, el juego de las relaciones sociales, la contingencia y la crisis estructural, y el elemento de violencia que atrae al extremismo político.

El terrorismo como resolución del conflicto interno

Existe una característica más de la conducta y el proceso de toma de decisión del voluntario terrorista, incluido el voluntario fundamentalista religioso, que perturba el equilibrio del homo economicus. Porque no es sólo que los bombarderos suicidas tamiles hayan mezclado motivos o que las viudas negras chechenas estén movidas por el deseo de venganza o que los palestinos estén desviados hacia el simbolismo y el honor de la muerte en vez de otras opciones que hayan sido suprimidas. Más allá de esto, existe evidencia que sugiere que, para muchas personas involucradas en misiones suicidas y otras formas de terrorismo, las acciones son consecuencias de, y medios para, arreglar o escapar intensamente a las preferencias en conflicto.

Adam Smith pensó que las personas frecuentemente actuaban por su propio interés. Pero también dijo que no sólo hacían eso. Una cosa que les impedía estar tan mentalizadas hacia sí mismas era el deseo de complacer a lo que él llamaba "el espectador imparcial", un superego que representa efectivamente normas y valores interiorizados. Para Smith, el Yo era constantemente empujado en diferentes direcciones(13). Este punto de vista parece haber sido confirmado de nuevo por la neurociencia reciente. Por ejemplo, Emonds y sus colegas (2007) informan de evidencia obtenida por medio de neuro imagenonología, que confirman lo que nos dicen los llamados dilemas sociales -tales como el dilema del prisionero-: en donde quedamos enfrascados en conflictos internos. Ellos dicen que hay evidencia de que distintos individuos muestran diferentes patrones de actividad cerebral y resuelven estos dilemas de distinta manera. Al mismo tiempo, también existe una literatura psicoanalítica relevante sobre las finanzas. Tucket y Taffler (2008) sostienen que – en sintonía con Smith, con Freud, y con la neurociencia - el comportamiento está básicamente generado por la búsqueda inconsciente de un estado apaciguado y la evitación de la ansiedad. La inestabilidad financiera se puede analizar en términos de una secuencia donde la tensión entre el pensamiento basado en la realidad y la fantasía inconsciente se resuelve cuando la fantasía, el control de una burbuja, se inicia con la introducción de una novedad tal como el auge de la Internet o los ingeniosos nuevos instrumentos de deuda estructurada. Mientras se construye el momentum, se presenta una tensión entre los procedimientos de valoración del activo y el pensamiento o fantasía anhelantes. Cuando la valoración del activo difiere más y más de la evaluación basada en la realidad, el conflicto se intensifica y los jugadores en el mercado evitan la ansiedad siguiendo a otros (los fanáticos de la burbuja) quienes resuelven el conflicto privilegiando la fantasía(14).

La evidencia sobre Mohamed Atta, en los bombardeos londinenses y otros, sugiere procesos posiblemente similares de conflictos internos y eso indica que una frontera los atraviesa: no como en la metáfora del choque de civilizaciones, sino una que atraviesa a los individuos, una generadora de ansiedad radical, en algunos casos resuelta finalmente en la dramática frontera que se cruza con la muerte. Devji sostiene, por ejemplo, que el testimonio de Feroz Abbasi, encarcelado en Guantanamo Bay, muestra que independientemente de cuán comprometido se esté con una misión suicida, se pasa por un auto-examen que de una vez por todas resuelve la pregunta dolorosa sobre la vida de la persona. Al mismo tiempo, los detalles recolectados en la investigación oficial sobre las vidas de los bombarderos de Londres de julio de 2005 muestran que la conducta previa a los atentados bien podría reflejar confusión e incertidumbre.

Los análisis realizados desde diferentes perspectivas destacan la manera en que muchos individuos se involucran en el terrorismo llevados por la incertidumbre, una de cuyas formas está creada por el hecho de ser productos tanto de Oriente como de Occidente. Sobre los bombarderos del 9/11, Berman (2004: 18-19) escribe que "como cualquier otra persona en la población inmigrante, los guerreros suicidas terminaron pasando años de sus vidas habitando dos universos al mismo tiempo -el aquí y el ahora de su realidad occidental moderna, y el cosmos lejano de su patria recordada". Más históricamente Berman destaca como Sayyid Qtb confesó en Milestones cómo luchó contra su propio impulso liberal, las "influencias culturales que habían penetrado mi mente a pesar de mis actitudes e inclinaciones islámicas" (Berman, 2004: 62).

Escribiendo sobre Mohammed Atta, Holmes (2005: 152) también sugiere cómo, una vez que "un individuo está en guerra consigo mismo, será incapaz de tomar decisiones importantes de vida, y por lo tanto, naturalmente, buscará un bastón externo o figura de autoridad, tal como un psicoterapeuta o un gurú, quien le guie por la vida". Una vez más el argumento es que en la célula de Hamburgo detrás de los ataques del 9/11, individuos emigrantes eran "hombres de mitades", frustrados pero también manchados por la sociedad que los seduce. Es posible, especula Holmes, que la necesidad de borrar tal mancha sobre sus almas pudiese haber sido obsesiva.

CONCLUSIÓN: EL TERRORISMO ES UN NEGOCIO EMOCIONAL

Keynes escribió que "los hombres prácticos, quienes creen estar muy exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente los esclavos de algún economista difunto". El riesgo ahora es que los hombres y las mujeres prácticos se puedan volver esclavos de un ser económico imaginario difunto. Porque el homo economicus -quien nunca estuvo vivo (Sen, 1977, se refería a él como un 'retrasado mental social')- está verdaderamente moribundo ahora.

No son sólo sus hazañas en el campo del conflicto las que han producido ese desenlace. Incluso, muchos economistas y científicos sociales influenciados por la economía piensan en él como en un desaparecido. ¿Qué puede aparecer para reemplazarlo? ¿Hay otro modelo más sofisticado, un modelo fabuloso, híper-realista de la interfaz de gráficos informáticos para reemplazar la quebradiza madera de balsa y la goma barata del homo economicus lineaI? La literatura sobre la economía del terrorismo, en el contexto de una literatura más amplia, ha mostrado que el modelo económico más nuevo e interesante aún no convence y no es tan tremendamente útil para explicar el terrorismo. El "enfoque económico" del terrorismo estira lo racional y quebranta al individuo a un punto donde el homo economicus estalla. El economista Jack Hirshleifer una vez admitió que los economistas, cuando comenzaron explorar el nuevo continente de violencia, encontraron algunos indígenas rudimentarios que llamaban a las cosas como los antropólogos y los historiadores. En una nota a pie de página él dijo que algunos de sus mejores amigos eran antropólogos, etc., pero que cuando ellos estaban haciendo un buen trabajo realmente estaban haciendo economía. Pero cuando nos enfrascamos en la lectura de los restos chamuscados del homo economicus y comprobamos sus archivos de computadora y cuentas corrientes y hablamos con personas con quienes se asoció, lo que en realidad encontramos es que él se estaba volviendo un operario bastante bueno, pero lo que hacía cada vez mejor era sociología, no economía.

Puede valer la pena pensar en el homo economicus como en un humanoide, de quien se pueden decir un par de cosas. La historia mejor contada sobre un humanoide es aquella del jefe rabí del siglo XVI en Praga, quien creó un humanoide, de la arcilla de los bancos del río Vltava, para defender al gueto en contra de los ataques antisemíticos. Pero el humanoide se convirtió en algo terrorífico, volviéndose violento, difundiendo el miedo, matando a los nobles, en algunas versiones asesinando judíos. La otra característica principal de este -como otros humanoides- es que carecen de inteligencia pero generalmente son extremadamente obedientes: si usted les encomienda realizar una tarea la ejecutan literalmente. Con sus definiciones estrechas de racionalidad, su lógica circular por medio de la cual toda consecuencia esta definitoriamente determinada por la elección racional y así sucesivamente, el homo economicus en realidad hará cualquier cosa que usted le pida, y lo tomará de forma extremadamente literal, incluso si usted le pide explicar los extremos de la conducta humana. Pero también puede salirse de control y convertirse en un peligro incluso para los economistas. En el Sanedrín -parte del Talmud-, allí está la historia de un humanoide molesto, quien decepciona por no poder hablar, y es enviado a donde el académico y el rabí Rav Zeira. Rav Zeira le dijo al humanoide: "fuiste creado por los magos: vuelve a tu polvo".


COMENTARIOS

1. Contest está organizado alrededor de cinco prioridades estratégicas: perseguir, prevenir, proteger y preparar. La estrategia de prevenir sale del argumento de que la radicalización en forma de grupos terroristas está impulsada por cinco factores: una ideología persuasiva que combina una interpretación particular de la religión con una lectura histórica particular de la política; ideólogos y redes sociales; individuos vulnerables al mensaje ideológico violento por razones personales asociadas con la fe, identidad, desplazamiento, migración y ambición frustrada, comunidades vulnerables no elásticas, y agravios internacionales y locales, reales y percibidos.

2. Ver Ashutosh Varshney, "Assault on fabled city puts unity of nation to the test", Financial Times, November 29th, 2008.

3. Ver Schmid, Alex P, Albert Jongman (1988); Lacqueur (1999).

4. Como Schmid y Jongman (1988, 28) lo expresan, el terrorismo es "inspirador de ansiedad".

5. Vea a Ricolfi (2005, 117-119) para un resumen de algunos de los problemas empíricos.

6. D. Von Drehle, “Debate over Iraq focuses on outcome,” Washington Post (7 October 2002).

7. Un buen ejemplo es la nota de Daron Acemoglu para Deaton et al () en una evaluación independiente de una investigación del Banco Mundial entre 1998 y 2005.

8. Aquí la literatura hace eco de los esfuerzos de Solow (1990) por mostrar la manera en que el mercado laboral (sic) es una institución social en la cual la oferta y la demanda están influenciadas por normas de equidad más que por compensaciones pecuniarias exclusivamente.

9. La solidaridad para Wintrobe es una forma de capital social y es como otras formas de capital, de tal manera que debe producirse por medio de un proceso de inversión. Y, desde luego, existe una función de producción que convierte la autonomía en solidaridad. Entre mejor es la tecnología más solidaridad se produce: éste es el caso en el cual otros también lo están haciendo, donde hay mecanismos efectivos, derechos de iniciación, sacrificios, etc., que permiten un salto discontinuo en la pérdida de autonomía, y donde existen efectos de red, o sea que existe un efecto mimético efectivo, y donde hay una amenaza externa que se difunde e intensifica el proceso de producción.

10. Vea a Udehn (1996, 35) y Barry (1970, citados en Udehn).

11. Ver James Blitz y Roula Khalaf, "Security forces fear return to guerrilla-based terrorism", Financial Times, Noviembre 29th/30th, 2008.

12. Hay un paralelo con la política performativa –algunos sostienen que es instrumentalmente innecesaria– de la destrucción iaérea de Dresden y otras ciudades alemanas (Sebald; ).

13. Ver, por ejemplo., Udehn (1996), Rothschild (2001).

14. Para un resumen de enfoques psicológicos a las finanzas ver Dow (2008).


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