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Análisis Político

versão impressa ISSN 0121-4705

anal.polit. vol.26 no.79 Bogotá set./dez. 2013

 

HERIDAS IDENTITARIAS Y BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO EN LOS MIGRANTES COLOMBIANOS EN NUEVA YORK Y NUEVA JERSEY (1990-2010)*

IDENTARIAN WOUNDS AND SEARCHING FOR RECOGNITION IN COLOMBIAN IMMIGRANTS IN NEW YORK AND NEW JERSEY (1990-2010)

Constanza Amézquita Quintana**

*Este artículo es resultado de la investigación desarrollada por la autora en el marco de su tesis del Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. Contó con la Beca para el apoyo a la investigación de postgrado del Centro de Estudios Estadounidenses y con la Beca para apoyo a la movilidad internacional de Estudiantes de Posgrado - Vicerrectoria de Investigación de la Universidad Nacional de Colombia. El trabajo de campo se desarrolló en 4 fases: (1) Nov/Dic 2009, (2) Jun/Jul 2010, (3) Jun/Ago 2011 y (4) Oct 2011.

**Socióloga, Magíster en Sociología, Candidata a Doctora en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.E-mail: camezquitaq@unal.edu.co; constanza.amezquita@gmail.com

Fecha de recepción: 15/09/2013
Fecha de aprobación: 30/09/2013


RESUMEN

Este artículo está orientado a comprender las dinámicas del transnacionalismo político de los migrantes colombianos en NYC y en Nueva Jersey durante 1990-2010 desde las experiencias de desprecio y sufrimiento moral -vistas como heridas identitarias- afrontadas por los migrantes colombianos allí, así como desde su búsqueda de reconocimiento. Inicia con una caracterización general de la migración colombiana a dicho contexto, luego presenta algunos casos de estigmatización experimentados por los migrantes (principalmente en tanto migrantes, latinos y "drug-dealers", así como las experiencias de marginación social para el caso de migrantes "irregulares" y residentes). Por último, explora brevemente la fragmentación presente en las organizaciones de migrantes colombianos en el área.

Palabras claves: Transnacionalismo político, heridas identitarias, estigmatización, reconocimiento, migrantes colombianos.

SUMMARY

The aim of this paper is to understand the dynamics of political transnationalism of the colombian immigrants in NYC and New Jersey during the period 1990-2010 from their experiences of moral suffering and misrecognition - seen as identarian wounds- as well as from their searching for recognition. The paper initiates with a general characterization of the colombian immigration to this area, then it presents some cases of stigmatization experienced by these immigrants (mainly their stigmatization as immigrants, latinos and "drug-dealers" as well as their experiences of social exclusion). Finally, it explores briefly the fragmentation that takes place inside the organizations of the colombian immigrants in this zone.

Keywords: Political Transnationalism, identarian wounds, stigmatization, recognition, colombian immigrants


LA MIGRACIÓN COLOMBIANA A LA CIUDAD DE NUEVA YORK Y AL ÁREA NORTE DE NUEVA JERSEY

Entre los países suramericanos, Colombia presenta el mayor registro de emigrantes desde la década de 1990 (en promedio 15 mil al año), seguido por Perú (11 mil al año), y en menor medida por Ecuador (8 mil al año) y Brasil (6 mil al año) (Cárdenas y Mejía, 2006). Cabe señalar que, en buena medida, el tema de los migrantes colombianos se ha reducido a cifras económicas, específicamente en lo concerniente a remesas, dejándose de lado aspectos relacionados con los derechos humanos de estas personas. Para el año 2003, las remesas llegaron a US$ 3.000 millones, convirtiéndose en la segunda fuente de divisas para el país después del petróleo y representando el 2.5 puntos del PIB (Gamarra, 2004). Según el Banco de la República las remesas llegaron a cerca del 4% del PIB y equivalieron en el 2003, a más del 22.2% de las exportaciones de bienes, al llegar a los 3.000 millones de dólares. Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo, planteaba para 2004 una cifra para Colombia cercana a los 4.700 millones de dólares en ingresos por remesas (FLACSO, 2008). Estimativos más recientes consignados en el documento CONPES 2009 señalan que para el año 2007 las remesas ascendían a $4.492,8 millones de dólares y estos ocupaban el segundo lugar en términos de ingresos nacionales después del petróleo en el 2008 y significaron entre el 2006 y el 2008 entre el 1,7 y el 3,3 del PIB (DNP, 2009).

Luis Eduardo Guarnizo destaca cómo pese a la diversidad reciente de destinos que han tomado los flujos migratorios colombianos (entre los cuales se encuentran España, Canadá, Londres y Japón), Estados Unidos (en adelante EE.UU.) ha ocupado un lugar importante desde la década de 1960. Después de la Florida, las áreas metropolitanas de Nueva York y Nueva Jersey constituyen la segunda y tercera mayor concentración de colombianos en ese país. La migración masiva de colombianos a Nueva York y Nueva Jersey inicia en el período 1965-1975, luego del acta de inmigración norteamericana de 1965 que elimina el sistema de cuotas por orígenes nacionales y favorece la reunificación familiar. Quienes migraron en esta época sentaron las bases para el traslado masivo de colombianos que, desde entonces, se han ido al norte en flujos intermitentes. Guarnizo señala que buena parte de esta migración inicial estaba constituida por profesionales universitarios, principalmente médicos e ingenieros. A mediados de la década de los setenta, el flujo migratorio se diversificó, dando entrada a obreros no calificados, comerciantes y pequeños y medianos empresarios de clase media (Guarnizo, 2004).

Una segunda oleada migratoria significativa ocurre a mediados de los ochenta, relacionada principalmente con la rápida expansión del narcotráfico en Colombia y con la necesidad de contar con distribuidores y comercializadores del producto en EE.UU. Esta nueva generación de colombianos contribuyó a engrosar el enclave formado una década atrás en las dos áreas mencionadas (Guarnizo, 2004). Entre 1985 y 1995, los flujos migratorios se estabilizaron, incidiendo en ellos la ley de Reforma y Control a la Inmigración implementado por el gobierno norteamericano en 1986, el cual le otorgó residencia permanente a aquellos inmigrantes que hubiesen llegado a EE.UU. antes de 1982, lo que favoreció a la colonia colombiana en Nueva York y Nueva Jersey (Ardila, 2005).

Un nuevo auge de migraciones de colombianos a EE.UU. se relaciona, señala Díaz, con las condiciones de deterioro de la calidad de vida que el nuevo modelo de desarrollo empieza a generar para importantes sectores de población colombiana, hacia finales de la década del noventa. Para esta época aumentan en el país los niveles de desempleo e informalidad, situación que se agudizó por efectos de la recesión económica, la aplicación de tecnologías ahorradoras de mano de obra y por el crecimiento de la oferta laboral. A tal situación se sumó el incremento de amenazas, secuestros y extorsiones generados por los grupos violentos del conflicto interno colombiano, así como por los grupos de delincuencia común, factor que va a desempeñar un importante rol en el aumento de la migración internacional en la que se incluyen empresarios, ganaderos, profesionales de clase media y sectores altos. Además, buena proporción de hogares de los sectores medios se vio afectada en Colombia en su calidad de vida por los crecientes intereses resultantes de la deuda de la compra de vivienda (UPAC(1)) (Díaz, 2008).

En consecuencia, para esta época comenzaron a incrementarse las tasas de emigración de hombres y mujeres profesionales con títulos universitarios, pequeños y medianos empresarios y jóvenes de clase media hacia Nueva York y Nueva Jersey, en busca de mejores oportunidades de ingresos y de desarrollo laboral en su campo profesional (Ardila, 2005). La migración a EE.UU. aumenta y se hace más compleja y altamente segmentada ocupando el primer lugar de llegada de los colombianos y de otra parte se amplía el espectro de los destinos de los colombianos emigrantes hacia Canadá, Europa y Asia. Valle del Cauca, Bogotá y el Eje Cafetero aparecen como zonas altamente significativas de expulsión de emigrantes (Díaz, 2008).

Por consiguiente, los perfiles de colombianos que migran a EE.UU. durante las décadas 1990-2010 son altamente diversos. Desde trabajadores poco cualificados huyendo de áreas golpeadas por la pobreza, hasta profesionales que manejan el inglés y que, en busca de movilidad social, llegan con una visa de turista. Migran además jóvenes de clases medias y media-altas de diversas regiones del país que buscan realizar sus estudios en el exterior que suelen contar con pasaje de ida y no de regreso. Otros son pequeños y medianos empresarios en busca de seguridad y estabilidad; algunos son personas acosadas por su posición de clase o por sus ideas políticas. También se incluyen personas de sectores marginados de la sociedad, inclusive con antecedentes delictivos y, aunque muchos se han dedicado en el exterior a otras actividades, algunos continúan sus carreras delictivas, lo cual ha exacerbado el estigma negativo sobre los colombianos (Bidegaín, 2008, Guarnizo, 2007, Díaz: 2008).

Asimismo, un sector de estos colombianos migrantes toma la decisión de emigrar y escogen un destino de acuerdo con cálculos "racionales" individuales en busca de mayores ingresos y de movilidad social ascendente; la mayoría enfrenta el descenso de estatus profesional durante la fase inicial de adaptación al nuevo contexto, la cual puede variar en duración dependiendo de las condiciones económicas, culturales y sociales del inmigrante. Sin embargo, Guarnizo (2007) señala que las personas también migran para lograr reconocimiento y estatus así como un reposicionamiento personal y familiar en la sociedad de origen; ello es motivo de "orgullo" para sus núcleos familiares y sociales, aunque no debe olvidarse que, en un buen número de casos "las condiciones de vida y explotación a que están sometidos los emigrantes laborales en su lugar de destino es lo que hace posible que sus familiares en el lugar de origen mejoren sus consumos y por tanto las condiciones de sobrevivencia y reproducción a nivel familiar" (Díaz, 2008: 26). Asimismo, los colombianos toman la decisión de migrar para escapar así de la violencia, opresión o inestabilidad política y pueden hacerlo también como una estrategia económica familiar.

Aunque EE.UU. es hoy, el primer y más importante lugar de destino de los colombianos en el exterior, se carece de cálculos precisos sobre la magnitud de los flujos migratorios y del tamaño de la población colombiana inmigrante en ese país; básicamente debido a que los registros oficiales de las personas que entran a EE.UU y que salen de Colombia sólo se limitan a quienes lo hacen legalmente, y a que los censos de población colombianos sub-registran a los residentes en el extranjero, debido a situaciones de irreguralidad y miedo a las autoridades extranjeras (Díaz, 2008).

Las inconsistencias saltan a la vista. Así, para 2002 el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de sus consulados en el mundo estimó el volumen de la comunidad colombiana en el exterior en 5,2 millones de personas, de las cuales 2 millones residían en EE.UU. Tres años más tarde con el Censo de 2005, el DANE estimó en 3'331.107 los colombianos en el exterior, de los cuales 1.179.211 estaba en EE.UU. Por otra parte, para 2007 el American Community Survey estimó un total apenas de 797.000 personas de origen colombiano residiendo en todo el territorio estadounidense. Entretanto, académicos expertos en el tema, como Luz Marina Díaz han señalado que, para 2007-2008, la población colombiana irregular ascendía, en promedio, a 3 indocumentados por cada persona viviendo con documentos regulares.

Por otra parte, el American Community Survey de 2007 nos muestra que entre los grupos que aportan los contingentes más altos de inmigrantes latinos en EE.UU. están los mexicanos (64%), los puertoriqueños (9,6%), los cubanos (3,6%), los salvadoreños (3%), los dominicanos (2,6%), los colombianos (1,8%) y los guatemaltecos (1,7%) (Ver gráfico No. 1).

De acuerdo con recientes estimativos del American Community Survey, para el año 2010 cerca de 972,000 colombianos residían en EE.UU., de los cuales 334.000 se localizaban en el noreste del país (en la ciudad de Nueva York -en adelante NYC- y en Nueva Jersey -en adelante NJ-, principalmente). Los colombianos -para el año en mención- continuaban siendo la séptima población de origen hispano más grande en EE.UU., representando un 1,9% de la población hispana total. De estos 972.000 colombianos 224.000 ingresaron a EE.UU. antes de 1990, 169.000 en el período 1990-1999 y 237.000 después del año 2000 (Pew Hispanic Center, 2012).

Mientras el American Comunity Survey estima que en 2010 los colombianos en NYC eran cerca de 150.000, el CLACLS (Center for Latin American, Caribbean & Latino Studies) en su estudio de 2010: The Latino Population of New York City señala que la cifra de combianos en el área ha pasado de 91.769 en 1990 a 109.710 en el año 2000 y a 101.784 en el 2010. Ellos, en su mayoría, se habían concentrado -tradicionalmente- en el condado de Queens (y dentro de éste en el vecindario de Jackson Heights), representando el quinto grupo migrante hispano más numeroso de la ciudad (CLACS, 2011). Sin embargo, con el aumento de las medidas anti-inmigrante promulgadas en distintos Estados y localidades de EE.UU. después del 9/11 (entre las cuales se incluyen la adopción del programa Secure Communities, sistemas como el E-Verify y leyes que impedían a estudiantes indocumentados acceder a beneficios de matrícula estatal en estados como Arizona, Texas y Georgia, en los cuales tradicionalmente llegaba una alta proporción de inmigrantes indocumentados mexicanos) una gran proporción de migrantes procedente, especialmente, de México y Centro América empiezan a llegar a localidades que -como NYC y algunas poblaciones de NJ-, no habían adoptado aún estas medidas o en las cuales su aplicación no era tan rigurosa. El caso de los flujos mexicanos es interesante porque llegan masivamente a Queens, y en particular a Jackson Heights y van a ir desplazando a los colombianos de la Roosevelt Avenue hacia la Northern Boulevard, incidiendo en la dispersión territorial de los Colombianos en NYC.

Mapa 1.

Entretanto, durante el período 2000-2010, los colombianos representaron el cuarto grupo hispano más numeroso en todo el Estado de Nueva Jersey, después de la población puertoriqueña, mexicana y dominicana (Ver Gráfico No. 2 y Mapa No. 2). El número de colombianos en Nueva Jersey ha pasado de cerca de 60.000 en el año 2000 a un aproximado de 99.000 para el 2010 (Pew Hispanic Center, 2012), concentrándose en su mayoría en el área norte del Estado, principalmente en los condados de Bergen y Union. Mientras Bergen recibió en el período de referencia a 7.325 nuevos colombianos, Union recibió a 6.327 (NJ Market Views, 2011).

LAS EXPERIENCIAS DE DESPRECIO Y SUFRIMIENTO MORAL EN TANTO HERIDAS IDENTITARIAS

Una amplia proporción de colombianos que migran hacia Nueva York y Nueva Jersey lo hacen en busca del "sueño americano", que supone que ésta es la tierra de las oportunidades para los migrantes de todas partes del mundo y que "cuanto más duro trabajes más éxito tendrás" (Grosfoguel, 2007a). Sin embargo, llegan a escenarios de polarización social que los sitúan, con frecuencia, en contextos de precariedad económica y de "reconocimiento intersubjetivo erróneo", en los cuales no son percibidos por ciertos sectores de ciudadanos estadounidenses como interlocutores merecedores de inclusión en el grupo social en igualdad de condiciones laborales, de derechos y de beneficios sociales. Con el tiempo, estos migrantes llegan experimentar considerables barreras para la mejora de su nivel de vida, al decir de Massey: " La realidad dual del compromiso en curso y la desilusión con los EE.UU. sugiere una tensión fundamental entre los inmigrantes latinos y americanos y arroja un límite categórico acentuado que los inmigrantes latinoamericanos deben negociar en sus vidas diarias " (Massey, Sánchez, 2010:21).

Este desprecio social o estigmatización -repentina ante el cambio de contexto por la migración- sumerge a los migrantes - especialmente a aquellos ensituación de mayor vulnerabilidad económica, de status legal, cultural y social- en una confusión respecto de su identidad (2) al afectar tanto su auto-comprensión normativa como su valor social en tanto individuos y grupos. En consecuencia, se generan heridas identitarias, pues, de acuerdo con Honneth, los sujetos sólo pueden construir y probar una auto-referencia positiva con ayuda de las reacciones aprobatorias o afirmativas de otros sujetos. Siguiendo el planteamiento de Honneth a este respecto, el carácter específico de lasheridas morales generadas con las experiencias de desprecio consiste en que con éstas una persona es menospreciada "en aspectos de su auto-referencia positiva de los que al mismo tiempo depende su confirmación intersubjetiva básica. (En consecuencia) la experiencia de una injusticia moral va de la mano de una conmoción psíquica, en tanto que el sujeto es víctima de una decepción en una expectativa cuya realización pertenece a las condiciones de su identidad propia. Como resultado, toda herida moral representa un acto del daño personal, porque destruye un presupuesto constitutivo de la capacidad individual para actuar" (Honneth, 1996: 10).

La estigmatización de los colombianos en tanto migrantes y latinos

A su llegada, los inmigrantes colombianos deben hacer frente a un sistema de estratificación donde, además de la clase social, el fenotipo racial, el estatus de foráneo, la etnicidad y la nacionalidad, se crean complejas jerarquías etno-raciales que limitan las oportunidades de vida y las trayectorias futuras de los inmigrantes, particularmente de aquellos considerados como "no-blancos" (Cordero-Guzmán et al., 2001).

De este modo, en el contexto de llegada operan unas jerarquías que son producto de los modelos tradicionales de asimilación socio-cultural y que asignan a la cultura e identidad norteamericanas un estatus más elevado que la cultura inmigrante. Con ello, las comunidades mejicanas, dominicanas, puertorriqueñas y afro-americanas comparten el fondo de la jerarquía etno-racial, mientras que las poblaciones euro-norteamericanas están en la cúspide (Kasinitz, Vickerman, 2001, Grosfoguel, 2007). Desde Grosfoguel, vemos que las inequidades en las relaciones entre poblaciones euro-estadounidenses y poblaciones de origen no-europeo aún se hallan constituidas mediante formas ideológicas e institucionales racistas (racismo cultural) (Grosfoguel, 2007a) que fundamentan el trato desigual dado a los inmigrantes no-europeos así como a las colonias internas (negro, indio, puertoriqueño, asiático, chicano, hispano, en general) para su acceso a derechos. Con ello, se afecta el valor social de estos individuos, profanando la dignidad de los modos de vida individuales o colectivos y degradando el valor social de la migración como una forma de auto-realización. Desde Honneth, la consecuencia de este proceso en el sujeto puede interpretarse como la pérdida de autoestima personal así como de la oportunidad de comprenderse a sí mismo como un ser apreciado por sus cualidades y capacidades características (Honneth, 1992).

Por otra parte, en el caso de una ciudad global como NYC, ésta constituye el escenario de un mercado de trabajo segmentado, de un lado, entre un sector primario, intensivo en capital, oficios altamente calificados que requieren elevados niveles de educación, equipo avanzado, estabilidad laboral y salarial; de otro lado se encuentra un sector secundario, con escasa inversión de capital, oficios poco calificados con condiciones de trabajo y salario inestables y falta de oportunidades de ascenso, desempeñados por una elevada proporción de migrantes latinoamericanos, particularmente por los indocumentados, quienes experimentan además mayor precariedad en lo que atañe a derechos y beneficios sociales. De acuerdo con Cordero-Guzmán, se trata de " una economía basada en el sector servicios que adopta la forma 'reloj de arena' con muchos buenos empleos en la cima para aquellos 'trabajos de información', altamente calificados que requieren elevados niveles de educación, y muchos trabajos en la base en los mercados de trabajos inestables, donde no hay sindicatos, poblados por los pobres de la ciudad, incluyendo un creciente número de inmigrantes " (Cordero-Guzmán et. Al, 2001: 2).

Otro de los ámbitos de segregación que los migrantes experimentan en NYC es la segregación residencial, en tanto limita la residencia en el núcleo de Manhattan a las clases altas y media-altas (en su mayoría americanos blancos nacidos en EE.UU. y un segmento de las elites globales de otros países). Aunque las clases media-altas incluyen algunos inmigrantes de Asia, América Latina y afroamericanos, estos grupos enfrentan "barreras de cristal" para su movilidad ocupacional e incidencia en las carreras profesionales y de dirección a las que ingresan (Sanjek, 1998) (Ver gráfico No. 3). De modo tal que los trabajadores migrantes identificados como "no-blancos" terminan circunscritos a Queens, Brooklyn, Bronx, Staten Island y el alto Manhattan (Washington Heights y Harlem).

En consecuencia, los migrantes latinoamericanos que residen en NYC (o que trabajan allí residiendo en el área norte de NJ) se desenvuelven en medio de un sistema de estratificación social que, ante su condición de inmigrantes, establece barreras para su movilidad económica y su ascenso social. Dicho sistema comprende la unión y separación de categorías asociadas al capital económico, cultural (posición ocupada en el mercado de trabajo), social (contactos con nativos o con migrantes), fenotipo racial (ser identificado como "blanco" o "no-blanco"), estatus de ciudadano o de foráneo y, en caso de éste último, país de origen, aspecto que determina "la calidez oficial de la bienvenida". De este modo, " los inmigrantes de países como Cuba fueron ampliamente bienvenidos por razones ideológicas como aliados en la guerra fría, (Mientras) quienes contaron con la menor probabilidad de recibir una bienvenida oficial fueron los migrantes indocumentados, quienes ingresaron al país sin autorización, violaron los términos de una visa temporal de trabajo o permanecieron sin permiso, por ejemplo, los mexicanos " (Massey y Sánchez, 2010: 5).

Gracias a la difusión que en ciertos sectores de la sociedad estadounidense han tenido las ideas multiculturales, el español como segunda lengua y las prácticas culturales latinoamericanas, muchos estadounidenses reconocen y valoran el potencial de enriquecimiento multi-cultural que trae la inmigración latina (Huntington, 2004). Sin embargo, esta situación no constituye el común denominador en la interacción entre los migrantes latinoamericanos y ciudadanos estadounidenses. Buena parte de los migrantes latinos no solo ven restringidas sus posibilidades de ascenso social y económico, en especial cuando están en situación de irregularidad, sino que además son señalados con frecuencia como causa de la crisis económica en el contexto norteamericano.

Pero las estrategias de distanciamiento que ponen en marcha los ciudadanos hacia los migrantes latinoamericanos son alentadas además por el declive que ha venido experimentando la economía norteamericana desde la década de 1970; en ese momento comenzó a detenerse el auge económico post- segunda guerra mundial, dando inicio a una era de creciente desigualdad que culminó en el colapso económico de 2008 con altas tasas desempleo, declive en la producción, bancarrotas, deudas, y niveles muy bajos de confianza del consumidor. Al respecto, Douglas Massey señala que: " cuando los nativos sienten confianza acerca de su futuro para un empleo continuado y generosas ganancias, tienden a sentirse menos amenazados por competidores potenciales y es menos probable que impongan mecanismos de exclusión o discriminación hacia los extranjeros o hacia otros, socialmente definidos, exo-grupos. Desafortunadamente, durante las anteriores décadas las perspectivas de empleo y ganancias no han sido optimistas para la mayor parte de norteamericanos " (Massey y Sánchez, 2010: 58-59).

Esta es una de las principales razones por las cuales los inmigrantes colombianos enfrentan una permanente tensión entre permanecer en EE.UU. y retornar a Colombia. En los testimonios que han sido recopilados durante el trabajo de campo en Queens, Hackensack y Elizabeth es frecuente oír decir a los entrevistados: " Siempre he estado enfocado en regresar y por eso tengo una propiedad allí (finca, casa, apartamento, etc.)... Pero cuando regrese a Colombia no me gustaría regresar mal, sin dinero, sin tener nada. Por eso invierto en Colombia una parte de lo que me gano en EE.UU (.…) En Colombia soy yo, no me siento discriminado(…) somos de la misma cochada (mestizos en su mayoría)" (Sergio, NYC 06/2010). Pero el anhelo de regresar se debe, aparte del apego simbólico a su lugar de origen, a la interiorización de las jerarquías sociales del país, producto de una historia de conquista y colonización, basadas en distinciones raciales y de clase. De esta forma, en virtud de su posición como mestizos, el grupo racial mayoritario y dominante en Colombia, sienten que en este país nunca van a sufrir discriminación racial como la percibida en EE.UU: " En EE.UU. la discriminación se siente de muchas formas: por el color de la piel siempre se dan cuenta de que uno es hispano. Hasta uno mismo sabe, hasta yo mismo se quién es americano, quien es europeo, quien es hispano, quien es argentino, quien es mexicano y quien es centroamericano. En EE.UU. el que tiene plata es el que manda, o sea los judíos. Allá una iglesia católica es normal, uno como católico no es como en Colombia, el país no se paraliza" (Mario, NYC 07/2010).

Lo interesante es que algunos inmigrantes colombianos interiorizan rápidamente la jerarquía etno-racial vigente en el contexto de NYC y del área norte de Nueva Jersey; ellos perciben la posición subordinada que los hispanos ocupan en ésta y prefieren tomar distancia, reproduciendo formas de lo que Ramón Grosfoguel (2007a, 2007b) denomina racismo cultural, refiriéndose en muchos casos a los puertoriqueños, dominicanos y cubanos con los términos de "parranderos", "bullosos": "Los dominicanos y los puertorriqueños son muy ruidosos, sacan sus banderas (…) (Los) cubanos, que son manes perezosos y a quienes les gusta mucho la parranda, escuchar salsita, música y hablar" (Giovanni, NYC 06/2010) , y asociando a los afroamericanos con peligro e inseguridad: "Yo vivo en Brooklyn y de aquí para arriba es de blanquitos, judíos y de gente de media clase pero don't go over there, no vayas allá porque uno ve a alguien de color y llama y le dice a uno hay alguien caminando por tu casa, ten cuidado" (Diana, NYC 12/ 2009).

Con ello parece reproducirse además la colonialidad del poder (Quijano, 2007) existente en Colombia como país latinoamericano con una historia de conquista y colonización que ha contribuido a la formación de jerarquías sociales, a menudo basadas en distinciones raciales y étnicas, pero también en distinciones de clase, "casta" y "región". La interiorización de varias de estas jerarquías sociales es reflejada en los discursos de algunos de los inmigrantes colombianos en NYC, especialmente en el marcado regionalismo de parte de algunos de los migrantes procedentes del interior del país hacia quienes habitanlas costas. De esta forma, algunos entrevistados hacen afirmaciones del siguiente talante regionalista y con marcados tintes de racismo cultural: "Los boricuas son como los costeños en Colombia pero el doble, son zánganos" (Jairo, NYC 06/2011), "E l negro no tiene forma de salir hacia adelante…Yo no soy racista para nada, yo me puedo sentar con cien negros al lado y ponerme a conversar con ellos, charlar, todo " (Jairo, NYC 06/2011).

La interiorización de un tipo de discurso racista cultural, reproductor de las jerarquías etno-raciales estadounidense también se percibe en la manera cómo los hijos de los inmigrantes colombianos que han nacido en Nueva York y Nueva Jersey o que llevan varios años viviendo allí y comparten muchos más espacios con jóvenes norteamericanos, siendo en ámbitos como la escuela y las relaciones de amistad socializados como ellos, sienten vergüenza de hablar español y de ser reconocidos por otros como "latinos" y por ello se desconectan de las tradiciones colombianas, tratan de eliminar el acento y de parecerse a los jóvenes euro-americanos: " Yo tengo amigos que son súper colombianos pero que sus hijos no hablan español que porque les da pena ser latinos, que querían ser gringos, que se querían asimilar, tienen su abuelito en Colombia, van una vez cada dos años, les encanta pero son gringos" (Sandra, NYC 12/2009).

La Estigmatización de los colombianos como "Drug-Dealers"

La rápida expansión del narcotráfico en Colombia se dio durante la década de 1980, incidiendo en la migración de colombianos hacia NYC y la Florida, muchos de los cuales migraron de forma irregular con el fin de ampliar la cadena de distribuidores y comercializadores de drogas en estas dos ciudades. Durante ladécada de 1980 y principios de la década del 90 la atención estaba puesta sobre Pablo Escobar, quien fuera el mayor exportador de drogas a nivel mundial, debido principalmente a las alianzas que formó con otras organizaciones criminales. En esta época tuvieron lugar en el condado de Queens (NYC) y de Dade (Miami) numerosos asesinatos ligados al negocio del narcotráfico colombiano, aparecían "mulas" colombianas muertas en las calles, y figuras como Griselda Blanco (conocida como "la reina de la cocaína"), Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha captaban la atención de los medios de comunicación estadounidenses, contribuyendo a la estigmatización de los colombianos como "drug-dealers". Después de la muerte de Escobar esta estigmatización continuó, en tanto diversos acontecimientos volvieron a captar la atención de los medios estadounidenses caracterizando a Colombia como una narco-democracia (entre ellos los escándalos de infiltración de dinero del cartel de Cali en la campaña presidencial de 1994 -el denominado proceso 8000-, la certificación por interés nacional de 1995 y las descertificaciones de 1996 y 1997, así como el retiro de la visa estadounidense al presidente Samper).

Para el Departamento de Estado de EE.UU., Colombia se mantuvo como el líder mundial en producción de cocaína con aproximadamente el 70% del total de distribución a nivel mundial y el 90% del procesamiento hasta los primeros años del 2000, década en la que el narcotráfico y la violencia en México capta la atención pública, desplazándola de Colombia (3), reduciendo un poco en los ciudadanos estadounidenses la asociación mental casi que inmediata entre Colombia y cocaína y entre colombianos y "drug-dealers".

La participación de Colombia en el tráfico de drogas, junto con la presión policial en su contra llevó a los migrantes colombianos en NYC y en el área Norte de Nueva Jersey a experimentar una aguda estigmatización. Los colombianos eran considerados "drug-dealers" tanto por parte de los estadounidenses como por parte de otras poblaciones latinas; en consecuencia eran vistos como personas potencialmente peligrosas, poco confiables y asociadas con la delincuencia y el crimen organizado de los carteles de droga. Al respecto vale la pena señalar que en las entrevistas realizadas a migrantes, muchos de ellos señalaron haber negado o escondido su nacionalidad colombiana ante estadounidenses en contextos de trabajo, estudio o entretenimiento. Otros señalaron que entre las "bromas imperdibles" jugadas por parte de los estadounidenses o de otros latinos en contextos cotidianos consistía en asociarlos al narcotráfico preguntándoles, por ejemplo, si eran familiares de Pablo Escobar, si portaban cocaína o si podían darles unos gramos o ayudarles a comprarla.Ante ello, buena parte de los colombianos entrevistados señalaron haber desarrollado mecanismos verbales de defensa mediante respuestas tales como "No traigo conmigo cocaína, esta es un producto de exportación". Como señalaron algunas entrevistadas: "Hay gente que si les dices 'Yo soy colombiana', dicen 'Oh, ¿Me vendes cocaína?' '¿Por qué no le dices a tu mamacita?, Perdóname pero tú me abriste la puerta para que te falte el respeto" (Consuelo, NYC 07/2011), "El estigma sigue tu todavía dices yo soy colombiano y lo primero que te preguntan es Ahh! ¿Eres colombiano?, mmm!!! y lo primero que se le viene a la persona a la mente es droga o la guerrilla" (Derly, NYC 12/2009).

Estos fenómenos contribuyeron a generar un aumento en los niveles de fragmentación social y la desconfianza generalizada (Guarnizo, 2001) entre los migrantes colombianos, especialmente en el condado de Queens (NYC), al tiempo que ha dificultado la lucha del grupo para mejorar su posición social. De acuerdo con Goffman, el estigma genera fuertes sentimientos de inseguridad en los individuos estigmatizados para interactuar con aquellos no estigmatizados, en este caso los ciudadanos nativos estadounidenses, haciendo que estas relaciones sean mínimas y tiendan a evitarse o a no perdurar. Así, se confirma la tendencia del estigma a difundirse desde el individuo estigmatizado hacia sus relaciones más cercanas (Goffman, 2006).

Esta inseguridad se basa en el persistente temor a la falta de respeto moral; a la posibilidad de que los otros puedan definirlo en función de su estigma. Al decir de Goffman tener conciencia de la "inferioridad" social relativa que representa el estigma, implica que el sujeto no puede dejar de formularse conscientemente cierto sentimiento crónico de inseguridad. El temor a que los demás puedan faltarle el respeto a una persona por algo que esta "exhibe" significa que se sentirá siempre insegura en su contacto con otra gente; y esta inseguridad proviene de algo que ese individuo sabe que no puede controlar.Ahora bien, en su interacción el estigmatizado se formula lo siguiente: "Soy inferior, por lo tanto, la gente me tendrá aversión y yo no me sentiré seguro con ellos" (Goffman, 2006: 28).

Así, los mismos inmigrantes colombianos que llevan varios años viviendo en EE.UU. han interiorizado una imagen de Colombia asociada a violencia, narcotráfico, delincuencia e inseguridad debido a las noticias que circulan tanto por los medios de comunicación colombianos que ellos pueden ver allí como por aquello que les cuentan sus familiares. Esto refuerza en ellos la desconfianza hacia otros colombianos y el imperativo de actuar de forma prevenida conellos. Así, por ejemplo, una de las entrevistadas señala: "Tengo que confesar que me fijaba mucho de con quien andaba, porque uno no quiere la reputación de uno por ahí vuelta en nada" (Consuelo, NYC 07/2011). En consecuencia, vemos que el narcotráfico terminó generando un sentimiento de desconfianza generalizada entre los mismos colombianos que se materializó, como lo señala Luis Eduardo Guarnizo (Guarnizo, 2007) en el "síndrome del uno nunca sabe".

Residentes e Indocumentados: Privación de Derechos y Marginación Social

De acuerdo con Stephen Castles, la inmigración y la creciente diversidad cultural representan un doble desafío al Estado-nación, en tanto la admisión del Otro en la comunidad nacional por medio de la ciudadanía y los derechos iguales parece una amenaza para la cohesión y la identidad nacionales. A ello se suma que en tiempos de crisis económica, tener que compartir un pastel social cada vez menor con nuevos grupos parece una amenaza para las condiciones de la clase trabajadora local. Esto ha generado formas de racismo transnacional que restringen cada vez más el derecho a migrar, estratificándolo en función del lugar de origen y del capital humano, y que desafían de diversas maneras el principio inclusivo de ciudadanía, estableciendo jerarquías en los derechos de acuerdo a criterios de orígenes, identidad étnica, raza, clase y género. Adicionalmente, restringen las políticas a favor de las minorías, con especial fuerza desde el 11 de septiembre de 2001, momento a partir del cual los inmigrantes y solicitantes de asilo comienzan a ser enmarcados como terroristaspotenciales y como una amenaza a la seguridad nacional. Al decir de Castles: " Un nuevo racismo en contra de los extranjeros amenaza ahora a las minorías existentes con una creciente intolerancia y la exclusión social" (Castles, 2005: 21).

De este modo, a pesar del principio de derechos iguales, sociales, civiles y políticos, incorporados en la ciudadanía, millones de personas no pertenecen plenamente: "pueden carecer de casi todos los derechos -trabajadores indocumentados, solicitantes de asilo-; tener derechos sociales y civiles, pero carecer de derechos políticos (muchos inmigrantes y sus descendientes); disfrutar de una completa ciudadanía formal pero ser excluidos de hecho económica y socialmente (pueblos indígenas), o pueden sufrir varias formas de discriminación y exclusión basadas en la raza, género y clase" (Castles, 2005: 21-26).

En consecuencia, en EE.UU. el aspecto "legalizador" sitúa a los migrantes, en un primer momento, unos por encima de los otros, los "regulares" (residentes permanentes y ciudadanos) por encima de los "irregulares", por tener los primeros más fácil acceso a los puestos de trabajo, más disfrute de los derechos como trabajadores y como ciudadanos "residentes" (McMillen, 1982), mientras los segundos carecen casi de todos los derechos, excepto aquellos garantizados para todos por los instrumentos internacionales de derechos humanos. El acceso a los derechos sociales y políticos está restringido a los inmigrantes "regulares", cuando aquellos que están en situación de irregularidad también contribuyen económicamente al país de destino. Al respecto vale la pena señalar lo planteado por Robert Bacon en relación con el uso de la noción "ilegal": "'Ilegal' dice que la sociedad está dividida entre aquellos que tienen derechos y aquellos que carecen de ellos, entre aquellos cuyo estatus y presencia es legítima y aquellos cuyo estatus es ilegítimo, entre aquellos que forman parte de la comunidad y aquellos que están excluidos (Bacon, 2008: VI).

En el proceso de legalización de los migrantes en el país de destino, éstos obtienen primero los derechos sociales (el acceso a seguridad social con la green-card o tarjeta de residencia) antes que los derechos políticos (derecho al voto y a participar en los procesos de decisión de la comunidad política). Entretanto, los ciudadanos (aquellos nacidos en un país, más aquellos inmigrantes que se han "naturalizado") cuentan con más derechos y beneficios sociales y de seguridad social que los solicitantes de asilo (quienes disponen de derechos muy limitados bajo regímenes especiales) y que los residentes permanentes (aquellos inmigrantes que han obtenido algunos derechos de ciudadanía debido a una residencia duradera), en especial después de la implementación -en 1996- de The Personal Responsability and Work Opportunity Reconciliation Act (PRWORA), medida que les prohibió recibir cupones de comida, ingreso de seguridad suplementario y otros beneficios durante cinco años después de la admisión.

Pero el funcionamiento cotidiano del complejo de servicios altamente especializados requiere de una elevada proporción de empleos manuales y mal remunerados en sectores con escasa inversión de capital, oficios poco calificados con condiciones de trabajo y salario inestables y falta de oportunidades de ascenso. Éstos son desempeñados por una elevada proporción de migrantes latinoamericanos, particularmente por los migrantes en situación de irregularidad, quienes experimentan mayor precariedad en lo que atañe a derechos y beneficios sociales. Aquellos inmigrantes colombianos en situación de irregularidad por lo general son personas de clases medias que han viajado con "visa de turista" y se han quedado en EE.UU. una vez ésta ha expirado, o personas que han llegado a EE.UU. mediante redes ilegales. Por lo general, afrontan un proceso de segregación social -caracterizado por Portes (Portes y Rumbaut, 2006) como "asimilación hacia abajo"-, en el que dadas las condiciones de precariedad económica y legal en que llegan estos inmigrantes, terminan por replegarse territorialmente a los vecindarios donde prima la marginalidad y la delincuencia, así como por vincularse directa o indirectamente con actividades ilegales. Estas son empleadas, muchas veces, para tratar de evadir las trabas estructurales del mercado laboral "legal" norteamericano en busca de oportunidades de mejores ingresos, por ejemplo, la búsqueda de documentos falsos que "legalicen" su estadía o la instrumentalización de las relaciones afectivas mediante los matrimonios arreglados con ciudadanos norteamericanos.

En el caso de los migrantes colombianos en situación de irregularidad, se genera en buena parte de ellos una inserción en términos de precariedad laboral en el país de destino. Despliegan con ello diversas estrategias para tratar de evadir las trabas estructurales del mercado laboral norteamericano en busca de oportunidades de mejores ingresos. Empiezan desempeñándose en aquellas actividades que los norteamericanos ya no quieren desempeñar, con jornadas más largas que los hacen desentenderse bastante de su entorno así como de la situación de su país de origen, y por un salario menor: actividades como limpieza y demolición, las cuales contribuyen a mantener la estabilidad del sistema económico aunque pasan desapercibidas como ocurre con el trabajo doméstico. Otra de las estrategias de rebusque por parte de algunos migrantes colombianos en EE.UU. consiste en la búsqueda de los documentos de ciudadanía mediante matrimonios arreglados con ciudadanos americanos o en la compra de documentos falsos, práctica que criminaliza aún más al inmigrante indocumentado pues este hecho es considerado delito federal.

LAS ORGANIZACIONES DE COLOMBIANOS: SOLIDARIDAD FRAGMENTADA Y REDES TRANSNACIONALES DE DEFENSA

De acuerdo con Axel Honneth, las diferentes conmociones morales de carácter afectivo con que los seres humanos reaccionan frente a la ofensa y al desprecio contienen dentro de sí la oportunidad para una idealizadora anticipación de relaciones de reconocimiento logrado y no distorsionado: "Toda reacción afectiva de carácter negativo posterior a la experiencia de un desprecio a las pretensiones de reconocimiento, contiene en sí misma la posibilidad de que se patentice también cognitivamente al sujeto afectado la injusticia que se le infringió" (Honneth, 1992: 90). De este modo, como una forma de búsqueda de cura para las heridas identitarias generadas en su interacción social cotidiana con ciudadanos estadounidenses en el nuevo contexto, los migrantes colombianos despliegan diversas estrategias por obtener un reconocimiento que les permita construir una identidad positiva consigo mismos. Tales estrategias dependen de su relación con el capital económico, social y cultural que disponen al llegar a la ciudad global de Nueva York, de su estatus legal y fenotipo racial, e inciden en la intensidad y frecuencia de sus prácticas transnacionales. Éstas les permitirán mitigar los efectos de la segregación social que buena parte de ellos enfrenta en el entorno urbano señalado, y luchar por la búsqueda de un reconocimiento adecuado con las redes sociales migrantes tanto en Nueva York como en su lugar de origen, aprovechando así el capital social del que disponen.

Buena parte de estos migrantes se apoyan en sus redes sociales colombianas, aprovechando así el capital social con que cuentan. En consecuencia, se vinculan a las organizaciones (socio-culturales y cívicas) de colombianos en el área, orientando así su búsqueda de reconocimiento social en ellas. El carácter de las organizaciones a las que se vinculan depende principalmente de su relación con el capital económico, social y cultural que disponen al llegar a la ciudad global de Nueva York y al área norte de Nueva Jersey, así como de su experiencia previa de socialización política en Colombia.

De acuerdo con los hallazgos del Estudio Comparativo de las Organizaciones Transnacionales de Inmigrantes en EE.UU. (en adelante CIOP) desarrollado por el Centro de Migración y Desarrollo de la Universidad de Princeton, estas iniciativas de formación de organizaciones con fines de ayuda para las localidades y países de origen surgen y comienzan a darse sólo después de que las etapas iniciales de la adaptación se han completado con éxito. Dado que la mitad de los participantes en estas organizaciones ya son ciudadanos estadounidenses y cerca del 70% ha estado en el país por 10 años o más, el estudio mencionado concluye que la asimilación y el transnacionalismo no son excluyentes, sino que pueden ocurrir simultáneamente (Portes et al. 2007). De acuerdo con el CIOP, con el tiempo de estancia en EE.UU., los inmigrantes ganan un punto de apoyo y se integran políticamente en el sistema americano sin dejar de mantener los intereses y las lealtades de los países de donde proceden (Portes et al., 2009).

Sin embargo, desde la perspectiva de Massey, el hecho de que la vinculación de los migrantes en organizaciones colombianas transnacionales tienda a darse a medida que pasan más tiempo en EE.UU., puede interpretarse como el germen de una etnicidad reactiva en formación. De este modo, entre más tiempo pasen los inmigrantes en EE.UU, en mayor grado se percibirán como sujetos a discriminación y exclusión, contexto hostil en el que los inmigrantes abrazarán una identidad latina que enfatiza sus raíces lingüísticas y culturales comunes. En consecuencia: "las prácticas transnacionales constituyen un escape potencial de las trampas de pobreza del mercado secundario de trabajo a través del encauzamiento de sueños, esperanzas, esfuerzos y ganancias en proyectos en el país de origen" (Massey y Sanchez, 2010: 20).

Aunque el transnacionalismo colombiano incluye una serie de organizaciones de oriundos que tienen un impacto significativo en sus localidades, se trata en general de organizaciones de "clase media", encabezado por los clubes de Leones y Kiwanis, asociaciones profesionales, entidades filantrópicas y católicas en EE.UU. (Portes et al., 2009). Cabe agregar que algunos factores inciden en que las organizaciones generadas por los migrantes en NYC y NJ terminen por reproducir la fragmentación existente en el país de origen. Entre dichos factores están: la desconfianza generada por el estigma de la droga, el clasismo y regionalismo colombiano (Guarnizo y Sánchez, 1998), el ambiente institucional político en el que los colombianos han sido socializados en su país natal (Escobar, 2005), la polarización social y política, así como la historia y las huellas del conflicto armado y de las violencias en Colombia - con la estigmatización de los defensores y activistas de derechos humanos-. De este modo, dichas organizaciones terminan operando en dos grandes niveles:

Apoyo a la institucionalidad colombiana y lucha contra el estigma del narcotráfico y la violencia

Aquí se ubican principalmente las organizaciones culturales, cívicas y estudiantiles que respaldan la institucionalidad y que buscan difundir una imagen más positiva del país, hacerle "buena prensa" y por esta vía cambiar el estigma del colombiano asociado a narcotráfico y a la violencia. Dentro de las principales estrategias empleadas se destacan actividades educativas, conferencias, seminarios, exposiciones artísticas, fiestas anuales y desfiles celebrando las fiestas "patrias" y mostrando parte de la riqueza artística y el folclor colombiano; reuniones periódicas, contacto constante por medios virtuales, donaciones y actos de filantropía y solidaridad en momentos de desgracias y desastres naturales.

Una de las características de las asociaciones profesionales y estudiantiles que se ubican en esta línea es el énfasis, hecho por varios de sus líderes, en la "neutralidad" del colectivo en materia política, como un modo de evitar los encasillamientos del país de origen. Así por ejemplo, señalan: "Nosotros no apoyamos ningún partido y tratamos de mantener distancia en eso porque no queremos que nos encasillen y queremos dejar ver lo que somos: un grupo de estudiantes colombianos tratando de cambiar la imagen de Colombia, punto. Podemos informar, podemos organizar eventos, pero no queremos estar encasillados en nada" (Derli, NYC 12/2009).

La lucha contra el estigma que representa el narcotráfico y la violencia en el país para los jóvenes que buscan integrarse en la sociedad norteamericana es uno de los principales motivadores para la vinculación a buena parte de estas organizaciones estudiantiles y profesionales, tal como lo señala uno de sus miembros: " Aunque el estigma del colombiano como narcotraficante ha ido cediendo porque se ha trabajado mucho en la imagen del colombiano en el exterior, todavía cuando tú dices yo soy colombiano lo primero que se le viene a la persona a la mente es droga o guerrilla. Eso es lo que nosotros queremos cambiar" (Derli, NYC 12/2009).

También están las organizaciones cívicas, organizaciones de ayuda a comunidad de connacionales en las áreas estudiadas, muchas de ellas sirven como plataforma de difusión de los programas del gobierno colombiano. Se destaca entre ellas el Centro Cívico Colombiano, fundado en 1978, procedente del Círculo Cívico Colombiano (CCC) integrado por miembros de los dos partidos tradicionales de Colombia que apoyaron las elecciones presidenciales de 1974. Es la única organización de colombianos en el área que cuenta con sede propia -pese a que su número de miembros no excede de 30 personas- y con el reconocimiento por parte de la comunidad ya que desde 1984 ha organizado el Festival Independencia de Colombia en el parque Flushing de Queens. Este se ha convertido en el ícono de fiesta nacional colombiana que convoca a la comunidad con sus costumbres populares: alquila el parque por un día completo, lleva orquestas y artistas colombianos y vende comida colombiana. Sin embargo, para el 2011, por primera vez en 27 años de historia, el Centro Cívico Colombiano no realizó su tradicional Festival Independencia de Colombia en el parque Flushing, generando polémica entre la comunidad y entre los medios latinos del área.

Defensa de derechos humanos y difusión de las violaciones de éstos que tienen lugar en Colombia

Debido a su capacidad para movilizar estratégicamente la información relacionada con Colombia, creando nuevos asuntos y categorías y convenciendo,presionando e influyendo en organizaciones y gobiernos internacionales (Keck y Sikkink, 2000), estas organizaciones operan como redes transnacionales de defensa.

Dichas organizaciones desarrollan un activismo pro derechos humanos desde la difusión de información alternativa sobre la violación de los derechos humanos en Colombia. En ello trabajan de la mano con sindicatos y aprovechan, en especial, el ambiente político liberal que ofrece NYC -en comparación con el que ofrece el resto de EE.UU.-, en el cual los sindicatos juegan un rol político importante, los grupos políticos de izquierda gozan de visibilidad y de influencia en el contexto político de la ciudad y se cuenta con medios de comunicación alternativos y con organizaciones de defensa de derechos humanos.Así por ejemplo, entre los sindicatos con presencia en la ciudad que trabajan con estos activistas colombianos están elNational Labor Relations Board (NLRB), el Service Employees International Union -SEIU 32BJ- y el United Food and Commercial Workers International Union (UFCW). Ahora, en materia de medios alternativos que permiten difundir la información de estos activistas colombianos en Nueva York, están los ejemplos de Democracy Now y de Citizen Radio.

Entonces, en este ambiente político más liberal y más diverso en materia sociocultural que representa NYC, los migrantes colombianos vinculados a las organizaciones orientadas a la defensa de los derechos humanos en Colombia cuentan con mayores oportunidades para la creación de vínculos y redes con sectores demócratas y defensores de derechos humanos. Así, estas organizaciones han empleado varias de las tácticas de movilización y difusión de información enunciadas por Keck y Sikkink, siendo estas: la capacidad de movilizar políticamente la información sobre el conflicto colombiano, las violaciones a los derechos humanos y captar la atención de los medios -al menos antes de los eventos del 9/11- , la capacidad para recurrir a historias del conflicto colombiano contadas por sus propios actores y dando voz a las víctimas, otorgando así sentido a una situación o reivindicación para un público como es el norteamericano, y la capacidad para recurrir a actores con incidencia (como ONG's transnacionales, académicos, políticos colombianos y activistas norteamericanos).

Sin embargo, la movilización y difusión de información por parte de estas organizaciones se vio dificultada por el énfasis en los temas de seguridad nacional que inundaron la política internacional después de los ataques del 9-11 en EE.UU., los cuales marcaron un punto de inflexión a nivel mundial al exacerbar los miedos y por esta vía cimentar la seguridad y legitimar la desconfianza social (con el famoso slogan de la campaña de concienciación pública del Departamento de seguridad Nacional: "If you see something say something"-), así como la violación de algunas libertades civiles como patrón generalizado en el comportamiento oficial de los gobiernos, a tal punto que autores como Michael Ignatieff llegaron incluso a cuestionarse si tras el 11 de septiembre, la era de los derechos humanos había llegado a su fin (Ignatieff, 2002). A ello cabe agregar cómo el gobierno Uribe en Colombia agudizó la polarización social y política que ha marcado el contexto de origen de los migrantes colombianos y con ello la estigmatización de los defensores y activistas de derechos humanos en Colombia.

CONCLUSIÓN

A su llegada a NYC y al área norte de NJ los migrantes colombianos afrontan un complejo sistema de estratificación social, en el que factores como la clase social, el fenotipo racial, el estatus de foráneo (y país de origen), la etnicidad y el status migratorio crean complejas jerarquías sociales que influencian las oportunidades de vida y las trayectorias de los inmigrantes-particularmente de aquellos considerados "no blancos", latinos e "indocumentados"- . En dicho escenario, tales jerarquías terminan limitando su incorporación y movilidad social, económica y geográfica. Además de que una buena parte de colombianos afronta experiencias de desprecio moral, al ser estigmatizados en virtud de los anteriores criterios, afrontan también la estigmatización de ser considerados "drug-dealers".

Estas experiencias generan fuertes sentimientos de inseguridad en buena parte de los migrantes colombianos ante el persistente temor a la falta de respeto moral, o en otros términos, a la posibilidad de que los otros puedan definirlos en función de su estigma. Como una forma de buscar una cura para las heridas identitarias generadas con las experiencias de estigmatización (desprecio), algunos de estos migrantes despliegan diversas estrategias por obtener un "reconocimiento adecuado" que les permita construir una identidad positiva consigo mismos, siendo una de estas estrategias la vinculación en organizaciones (socio-culturales y cívicas) de colombianos en el área. Con ello aprovechan el capital social del que disponen al tiempo que enfocan su búsqueda de reconocimiento en las redes sociales migrantes tanto en el lugar de destino como en el de origen. Sin embargo, la desconfianza generada por el estigma de la droga, el clasismo, regionalismo y el ambiente político colombiano en que han sido socializados, así como la historia y las huellas del conflicto armado y de las violencias, son factores que inciden en que las organizaciones generadas por los migrantes colombianos en NYC y NJ terminen por reproducir la fragmentación existente en el país de origen. De este modo, dichas organizaciones terminan operando en dos grandes niveles. Por un lado, apoyo a la institucionalidad colombiana y lucha contra el estigma del narcotráfico y la violencia, y por otro lado, defensa de derechos humanos y difusión de las violaciones de éstos que tienen lugar en Colombia.


1. Unidad de poder adquisitivo constante, sistema que nace en 1972 en la búsqueda de la promoción del ahorro privado y la democratización del crédito para vivienda propia.

2. Al respecto, cabe recordar que de acuerdo con la perspectiva de Goffman, al hablar de estigmatización, o más bien del "convencional" y del "estigmatizado" nos referimos a perspectivas sociales que se generan en situación sociales durante contactos mixtos a partir de imaginarios y creencias que jueguen en dichos encuentros (Goffman, 2006).

3. Sin embargo, el departamento de Estado de EE.UU. estima que el 90% del tráfico de cocaína que entra a ese país transita por una ruta originada en Colombia y que cruza por México, y que tal situación genera ganancias de entre $13.6 y $48.4 millardos de dólares anualmente (BBC News 06/08/2004).


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Entrevistas citadas en el texto (Los nombres de los entrevistados fueron cambiados por razones de confidencialidad):

  • Sandra (NYC, 12/2009)
  • Derly (NYC, 12/2009)
  • Diana (NYC, 12/ 2009)
  • Sergio (NYC, 06/ 2010)
  • Giovanni (NYC, 06/2010)
  • Mario (NYC, 07/2010)
  • Jairo (NYC, 06/2011)
  • Consuelo (NYC, 07/2011)