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Cuadernos de Economía

Print version ISSN 0121-4772

Cuad. Econ. vol.20 no.35 Bogotá July/Dec. 2001

 

La Historia de la Teoría Económica desde la Heterodoxia*

La histoire de lapensée économique, Ghislain Deleplace, Dunod, París 1999.

* José Félix Cataño 4

* Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia


El manifiesto de los estudiantes franceses (que se publica en esta misma revista) solicita que se enseñe una ciencia económica menos formalista, más realista y,sobre todo, basada en problemas y controversias. G. Deleplace2 nos ofrece una nueva visión y desarrollo de la historia de la teoría económica que puede satisfacer, en parte, la solicitud de la nueva generación. Es nueva porque, en primer lugar, se propone una visión analítica donde el propósito es “menos de situar las ideas económicas en su contexto histórico que el de comprender la lógica del desarrollo de la ciencia económica, en su unidad y en su diversidad”. En segundo lugar, se ajusta a la petición porque se desarrolla sobre el postulado básico “de que la historia del pensamiento económico hace parte de la teoría económica actual”, ya que los resultados centrales de la ciencia actual no son aceptables.

En esta perspectiva dos opciones metodológicas se rechazan. La de los neoclásicos que pretenden que la historia de la teoría es la comprensión de los escalones que paulatinamente se elevan hasta la “buena” teoría alcanzada por ellos. Por esta vía, se piensa que las teorías anteriores ya dieron lo que pudieron y, por lo tanto, pueden ser olvidadas sin ningún costo. La segunda sería aquella que pretendería abordar la historia desde el punto de vista de Adam Smith, es decir, desde el pretendido origen de la disciplina. Seguir esta vía induciría a creer que la ciencia económica posterior es el desarrollo de las intuiciones o de la metodología del autor de la Riqueza de las Naciones, excluyendo así la diversidad de enfoques y discusiones de antes o después. Deleplace, por el contrario, propende por una visión donde la diversidad de enfoques y los impulsos doctrinales son los que organizan la historia y avance de las ideas económicas. En estos términos, el autor escoge como ejes una divergencia metodológica y una doctrinal. En la primera, se postula la diferencia (propuesta inicialmente por Schumpeter) entre enfoque real (postular la existencia de un mundo económico por fuera del dinero) y el enfoque monetario (asumir que el dinero es un elemento esencial de la representación de una economía mercantil). En la doctrinal, la actitud pro o anti-liberal se sitúan como las fuerzas ideológicas que permanentemente subyacen en la elección analítica de los distintos autores.

La tesis general de Deleplace es que paulatinamente los enfoques reales y proliberales se van imponiendo a la ciencia, en contra de los mercantilistas, de los clásicos, de Marx, de Keynes, aunque hoy se constata su fracaso por “su incapacidad de dar un contenido al equilibrio del mercado y a la integración del dinero”, es decir, porque no ofrecen una plataforma satisfactoria para construir una buena ciencia económica. Por tal motivo, esta última se presenta hoy como una actividad intelectual que, primero, ha acentuado su tendencia a la parcelación y, segundo, a la adopción de instrumentos conceptuales especiales como los costos de transacción, las asimetrías de información y la teoría de juegos, que, si bien permiten la multiplicación de análisis puntuales, no obtienen ni buscan su articulación con una teoría básica o general. Este fracaso indicaría entonces la debilidad del enfoque real, y la necesidad de buscar su superación volviendo a estudiar y hacer progresar las ideas antiguas. En resumen, mientras la mayoría de los autores de la teoría dominante piensan que la historia de la teoría es dar cuenta del recorrido de cómo llega a un triunfo, Deleplace pretende mostrar que, por el contrario, se ha llegado a un impasse que hace necesario desarrollar polémicas y recoger otros enfoques para superar una crisis profunda de la teoría.

El autor no pretende cubrir todos los temas sino que trata sólo aquellos que le parecen esenciales y uno no puede sino admirarse de su precisión, cultura y esfuerzo para que las grandes líneas, a veces no evidentes, de la lógica de la teorías y autores aparezcan bien organizadas. Sería de utilidad comparar este manual con otros recientes como el de Zamagni y Screpanti (1997, Ed. Ariel) para que el lector pueda poner en valor el esfuerzo, la capacidad y la originalidad de puntos de vista del profesor de París VIII quien reconoce que es tributario en mucho de la investigación francesa de los últimos 25 años y del grupo de la llamada “heterodoxia monetaria” de Cahiers de l‘Economie Politiqueo

Antes que generar un juicio que en mucho nos desbordaría, presentamos las ideas principales de la obra (tanto más necesario cuanto que la obra está en francés).

1. EL PERÍODO CLÁSICO (SMITH, RICARDO, MARX)

Frente a las diversas lecturas de los primeros grandes autores, Deleplace apoya la interpretación de los clásicos como una visión en lo fundamental diferente y específica a la de los posteriores Neoclásicos, gracias a los conceptos de reproducción, excedente y circulación entre clases sociales. Aquí es la versión de Sraffa la que se prefiere frente a la de Marshall, Schumpeter y Blaug quienes proponen que los clásicos anticipan a los neoclásicos por la vía de la teoría de la renta.

El éxito de Smith se asocia al hecho de plantear el liberalismo como fundamento de la sociedad al situar el mercado como un medio de relación entre individuos libres y creador creciente de riquezas para la grandeza de las naciones y de los individuos. El resultado fue mostrar que la comprensión de la sociedad moderna pasaba por la comprensión del mercado y del sistema de precios que la organizaba. “Es entonces el economista y no ya el filósofo el que se convierte en el teórico por excelencia de la sociedad. Con Srnith, la economía política no sólo confirma su autonomía en relación a la filosofía sino que pretende remplazarla” [Deleplace 1999,38]. Para comprender el sistema de precios se construye una teoría del valor compuesta de dos fases: explicar que el valor no se debe expresar en dinero (búsqueda de la “medida invariable”) yen determinar el nivel del valor (la “fuente” del valor). Smith plantea así su teoría de los precios “reales” y de la “gravitación” de los precios de mercado que falla, primero, en no poder determinar la tasa de beneficio antes de los precios y estos antes del beneficio, y segundo, porque no pudo sustentar el liberalismo económico ya que la mano invisible es una idea sin real demostración. Vemos así que al nacer, el liberalismo económico posee un ideal o una doctrina pero no una base científica. El progreso posterior es intentar llenar este vacío.

Ricardo toma las banderas pero su avance científico ha sido difícil de entender.Deleplace expone los problemas de las dos grandes facetas de Ricardo. Como teórico de los precios, intenta solucionar el círculo vicioso de Smith determinando los precios por el trabajo y deduciendo de allí la tasa de beneficio y su tendencia a declinar. Pero se enfrenta al problema de las diferentes composiciones de capital que arruinan esta posibilidad. Deleplace argumenta que Sraffa mostró aquí la riqueza del pensamiento de Ricardo. Frente al fracaso de la teoría valor-trabaja-incorporado (determinar los precios antes de la distribución) Ricardo contiene otra solución: determinar la tasa de beneficio antes de los precios, es decir, por fuera de la teoría del valor. “Si esto es posible, no se necesita una teoría del valor para alcanzar el objetivo primordial que se asigna Ricardo: la teoría de la distribución” [Deleplace 1999,88]. Sraffa habría mostrado en su famoso prefacio para la edición de Ricardo de 1951 el camino: el modelo trigo-trigo (insinuado en el Ensayo de 1815) Yque sirve,de referente para el modelo de la mercancía patrón. donde la tasa de beneficio o tasa de sobreproducto se determina por relaciones físicasy no de valor. Este ricardianismo después de Ricardo, tiene el sorprendente resultado de que la teoría del valor-trabajo no es un constituyente ni lógico ni necesario de un enfoque ricardiano ni clásico.

En uno de los puntos más originales de su libro, Deleplace nos muestra que Ricardo es también un gran teórico de la organización del sistema de emisión hasta tal punto que mereció los elogios de Keynes, su enemigo en la macroeconomía. Primero que todo, el tema que planteó el autor de Principios es el de encontrar base adecuada para una correcta administración del dinero por parte de las autoridades públicas de tal manera que evite los caprichos de los responsables del instituto de emisión. Un sistema de patrón oro y una teoría cuantitativa del dinero parece ir a la par para situar a Ricardo como un estricto ortodoxo donde una cantidad de equilibrio del dinero determina su valor de equilibrio. Para Deleplace 10 curioso es que Ricardo impulsa un sistema (el Lingot plan) donde existe un patrón oro especial donde el papel moneda se refiere al oro pero no puede cambiarse por éste sino en la forma de lingotes que no circulan, salvo en el exterior de la nación, rompiéndose el vínculo entre la cantidad de dinero circulante y su valor. Esta combinación entre reglas institucionales y circulación del dinero constituyen el lado heterodoxo de la posición de Ricardo que ha pasado desapercibida por otros economistas. Sin embargo, este rasgo heterodoxo no llega a un cambio fundamental: “Es necesario concluir que la teoría monetaria de Ricardo es particular. Así como ella no es característica de la ortodoxia monetaria tampoco su teoría de la distribución anticipa la teoría marginalista. Pero, por otro lado, ella tampoco constituye una heterodoxia monetaria así como tampoco su teoría de distribución es la base para un enfoque crítico del equilibrio general walrasiano” [Deleplace 1999, 109].

Entre una teoría del valor sin dinero y un dinero sometido a reglas institucionales, Ricardo guardó una estricta dicotomía. Esta separación analítica sería la debilidad principal del gran economista inglés aunque muy significativa ya que es la misma gran falla que se encuentra hoy en la teoría neoclásica moderna: plantear una concepción del valor por fuera del sistema de pagos del mercado y verse en dificultad en explicar la existencia de los Bancos Centrales.

El capítulo sobre Marx es de un interés y calidad particular. La lectura del pensamiento económico del autor de El Capital revela los alcances del nuevo enfoque de la historia. Marx es el primer autor que, al mismo tiempo que se hace heredero de los clásicos, abre la posibilidad de una superación analítica. “Marx se opone a una economía política real, basada en leyes económicas universales y esboza el análisis de una sociedad monetaria dividida en clases, en la cual el dinero es un vínculo social específico [Deleplace 1999, 116].

Deleplace lee a Marx como un teórico del mercado y del salario y no como aquel, que es lo más frecuente, que quiso extender la teoría del valor-trabajo clásica para explicar el beneficio como plusvalía. En efecto, al igual que Smith, Marx propone comprender el capitalismo explicando primero las mercancías y el mercado, pero a diferencia de él, coloca la producción y venta de las mercancías como aquello que permite una evaluación social del trabajo privado. En este sentido, Marx nos daría un sentido profundo y novedoso de lo que significa el mercado como vínculo social: un mecanismo de sanción (o premio) de las decisiones de los individuos. Para hacerlo, se tiene que introducir el dinero en la teoría misma del valor. “La transformación de los trabajos privados a trabajos sociales en el intercambio sólo es posible, según Marx, gracias al dinero, el medio que permite hacer conmensurables los bienes en el momento del intercambio” [Deleplace 1999, 127]. Marx sería así el primero en plantear la no pertinencia de una dicotomía entre valor y dinero ya que el valor es en su esencia una magnitud monetaria por lo que dinero y precio deberían explicarse por una misma y sola teoría.

Sin embargo, el planteamiento heterodoxo de Marx se bloquea, según Deleplace, por dos motivos: i) su insistencia en que el dinero es una mercancía; y ii) la ausencia de una teoría de la formación de los precios monetarios. Aprovechando los trabajos de Benetti y Cartelier, Deleplace invita a evitar estos escollos considerando que el dinero “es la condición de la evaluación social de los individuos en la sociedad mercantil” [Deleplace 1999, 135] con lo que plantea que, por definición, el dinero no es neutral (pág. 143) ni, por ende, exterior al mercado.

Respecto a la plusvalía, Deleplace muestra que depende de cómo se resuelve el enigma de la circulación del dinero que respete el intercambio, la compra y venta de la fuerza de trabajo y la aparición de un excedente cuantitativo. Si la solución de este enigma se realiza en la producción, como hace Marx, la teoría de la plusvalía se vuelve una teoría de un sobreproducto por fuera de las condiciones monetarias de circulación y lleva a la consideración del capital como el mero precio de los insumas. Deslizándose a estas nociones ortodoxas, Marx desarrolla los esquemas de reproducción, el problema de la transformación de valores a precios de producción y la tendencia al descenso de la tasa de beneficio. Como mostraron los debates posteriores, ninguna de las conclusiones de Marx en estos temas posee un verdadero fundamento teórico. Esto lleva a Deleplace a plantear que el enigma no se puede resolver si se sigue planteando que el valor y el plusvalor de Marx se explican por fuera de la circulación monetaria. Por lo tanto, la falta de desárrollo de la línea realmente heterodoxa de Marx, explica que termine leyéndose como un heredero de Ricardo y, por ende, que se convierta en un pensador destinado a fracasar por deslizarse al mundo de la producción de mercancías por medio de mercancías donde no es necesario el dinero, la relación salarial y la sanción del mercado.

2.LA REVOLUCIÓN MARGINALlSTA

Para Deleplace la diferencia entre clásicos y marginalistas no reside tanto en mostrar que los primeros tratan una teoría objetiva del valor y los otros una subjetiva t, ni tampoco en la importancia diferente que ambas teorías le atribuyen a la producción. La diferencia estaría, más bien, en que los primeros piensan la distribución por fuera de los precios, mientras que los marginalistas abogan por una primacía del individuo y por la determinación simultánea de cantidades, precios y distribución.

Si bien Menger y Jevons abren el camino de un análisis de los precios a partir de la utilidad marginal, Deleplace muestra que el enfoque sólo puede ser considerado completo con Walras y Marshall ya que éstos proponen un modelo donde cantidades y precios se determinen simultáneamente. El autor hace una presentación muy precisa de la teoría de Wairas (equilibrios, tatonnement, ley de Wairas, etc.) y muestra que hay indicios de que su parentesco con el modelo de Arrow-Debreu no es tan inmediato, como frecuentemente se cree, ya que la concepción de dinero propuesta por Walras rehusa considerar el dinero como un activo antes de ser un medio de cambio. Wairas va a llevarse los mayores méritos por proponer la visión y la problemática del equilibrio general y simultáneo de todos los mercados frente al enfoque de Marshall, quien por razones más pragmáticas que teóricas se inclina por impulsar un análisis de equilibrio parcial. Este último se constituye alrededor de la idea de “simetría fundamental” entre la oferta y la demanda cuyo éxito depende de la existencia de una relación no proporcional entre costo y cantidad producida. Aquí se explican las observaciones críticas de Sraffa (1924, 1926) sobre las dificultades para establecer esta relación y, por lo tanto, el derrumbe de una teoría simétrica del valor a menos que ella recupere el marco del equilibrio general (el retomo a Walras que hace Hicks) o de la competencia imperfecta (el retomo a Coumot que hacen Chamberlain y J. Robinson).

3. EL NACIMIENTO DE LA MACROECONOMÍA

Es conocido que Wicksell plantea los problemas que derivarán en Keynes y en la constitución de la macroeconomía como una rama de la ciencia económica a lo largo del siglo xx. Para Deleplace, Wicksell parte de una concepción “real” de la determinación de las variables principales del sistema económico: precios y tasa de interés. La existencia del crédito y sus efectos sobre la tasa de interés monetaria permiten plantearse los efectos de estos sobre las variables reales y la posibilidad de la creación de un equilibrio monetario global paralelo o superpuesto a la formación de un equilibrio real. Keynes utiliza en el Tratado del Dinero (1930) el arsenal de Wicksell pero planteando que su antecesor ni ve todos los efectos posibles ni estudia todas las posibilidades de controlar los desbordamientos, especialmente mediante la regulación de las tasas de interés de los bancos. Pero se interpone el debate Hayek-Sraffa sobre la teoría de Wicksell para acabar con las ilusiones iniciales de Keynes de que este último nos daba las herramientas correctas de análisis para dar nacimiento a la macroeconomía, o mejor, a la teoría del equilibrio global. El resultado del debate es que, lo que se le atribuía al dinero, es más bien un atributo del proceso de ajuste de la economía sin dinero: “la paradoja es que cuando se hacen explícitos [los fundamentos microeconómicos] el carácter monetario de la macroeconomía wickselliana se desvanece” [Deleplace 1999,252]. El resultado es que Keynes tiene que renunciar a establecer su teoría sobre bases wicksellianas.

3.1 El keynesianismo en la Teoría General de 1936

Deleplace hace un formidable capítulo sobre Keynes para mostrar su ambicioso proyecto teórico y las conclusiones que colocan a este autor al borde de crear, no sólo una revolución, sino una heterodoxia. La tesis keynesiana central sería la posibilidad de la existencia del desempleo en un equilibrio económico global de una economía competitiva, es decir, que una sociedad monetaria y competitiva no posee la cualidad de la autorregulación propuesta por el liberalismo. Esto implica cambiar algunas formas de pensar respecto a los “clásicos”. Keynes habría propuesto tres rupturas principales con la ortodoxia marginalista: i) la determinación del empleo por fuera del mercado de trabajo (teoría de la demanda efectiva); ii) una nueva teoría de la inversión por fuera del comportamiento del ahorro (una nueva teoría de la inversión); y iii) la determinación de la tasa de interés por fuera del mercado de capital de préstamo (teoría monetaria de la tasa de interés). Así, estas nuevas ideas deben fundamentar la actitud anti-liberal que implica la justificación de una administración permanente de la marcha del sistema económico capitalista.

Al final, Deleplace no puede sino constatar que, a pesar del entusiasmo inicial, los economistas paulatinamente abandonaron a Keynes hasta tal punto que hoy, como dice Lucas, “nadie en los seminarios de investigación lo toma en serio”. Explicar el fracaso teórico del keynesianismo (el práctico es otra discusión) es un gran tema de los historiadores modernos y Deleplace propone líneas valiosas para entenderlo. En efecto, tras la muerte de Keynes, la teoría económica se dirige a neutralizar su influencia o olvidarlo por dos vías, a saber:

a) El perfeccionamiento de la teoría del valor en la línea de Walras que concluye en el modelo básico de Arrow-Debreu: y b) el desarrollo de una macroeconomía basada en el análisis real que paulatinamente deriva en una restauración de la teoría a la cual Keynes se había opuesto. Estos dos temas ocupan el grueso del desarrollo de la teoría de los últimos sesenta años.

4.EL DESARROLLO DE LA TEORÍA MODERNA

4.1 El modelo Arrow y Debreu

La obtención de este modelo es uno de los hechos intelectuales más importantes para la economía teórica ya que con él se pretende haber logrado la teoría general de la economía mercantil y una plataforma básica para desarrollar todos los campos del análisis económico moderno y así unificar el pensamiento económico sobre las bases neoclásicas. La crítica de este modelo la hace Deleplace evaluando si el modelo alcanza su objetivo, esto es, representar el éxito de la mano invisible. En primer lugar, se anota que los resultados no dependen de la hipótesis de racionalidad individual ya que el trabajo de Sonnenschein, Mantel y Debreu concluye que la ley de la oferta y la demanda (el aumento del precio de la mercancía i hace descender su demanda) antes de ser una conclusión es una hipótesis arbitraria ria. “El concepto central de la Teoría del equilibrio general walrasiano es el de la demanda excedente agregada y no el del agente individual” [Deleplace 1999,350]. En segundo lugar, la estabilidad global, al depender de la sustituibilidad bruta entre los bienes o de que los individuos se supongan iguales, se convierte en algo imposible y así se arruina la idea de autoregulación de los individuos diferentes por medio del sistema de precios neoclásico. En tercer lugar, cuando la teoría estudia la realización de los intercambios no los puede explicar a menos de introducir un elemento centralizador o el dinero. El primero es contradictorio con la hipótesis de descentralización y el otro con el enfoque “real”, tal como lo demuestran los diversos fracasos de integración del dinero a la teoría del valor. Hoy sabemos que este fracaso en dar una teoría de la sociabilidad por medio del mercado en lugar de dar énfasis a la búsqueda de una alternativa se convirtió en un tema que los economistas teóricos eluden o simplemente ignoran a pesar de que precisamente la intensión es defender o comprender la economía mercantil.

4.2 La restauración clásica en macroeconomía

Para Deleplace el repudio creciente de la macroeconomía keynesiana se explica por varias razones, a saber:

a)Con “la Teoría General” [Keynes] deja la ciencia económica dividida” entre microeconomía (sin dinero) y macroeconomía (con dinero) [Deleplace 1999, 326]. Esta división sólo puede ser un estado temporal de la ciencia que deberá en algún momento decidir si una parte es la base de la otra. Con el tiempo la macroeconomía va a someterse a una paulatina absorción por la micro y el análisis real gracias al predominio de la teoría del valor.

b) La macroeconomía keynesiana no nació entera sino que tuvo que clarificarse antes de discutir con la microeconomía. Esto significa establecer rigurosamente el “modelo keynesiano” y el primero que se propone es el famoso y exitoso modelo IS-LM de Hicks, donde la divergencia inicial se sitúa respecto a la ecuación monetaria y no sobre las bases microeconómicas. Deleplace piensa que Hicks va perpetuar la división ya que “en el mismo momento en que retoma el equilibrio general de Walras y aboga por una teoría microeconómica del dinero integrada a la teoría real del valor, su presentación de la macroeconomía clásica es exclusivamente monetaria, sin ninguna conexión (aun en el dinero) con algún fundamento micro económico real” [Deleplace 1999,397].

c) El célebre intento de R. Clower de generar una macroeconomía monetaria conduce, en realidad, a privilegiar los desequilibrios explicados por las rigideces de precios sin tocar el esquema competitivo.

d) Dado que Keynes no cuestionó la teoría marginalista del valor y los avances en la teoría del valor neoclásica (Hicks, Samuelsan y Arrow-Debreu, Patinkin) la línea que se impuso fue la búsqueda del vínculo por medio de los undamentos microeconómicos de la macroeconomía de Hicks o sea de su IS-LM. Por lo tanto, por medio de Modigliani, Patinkin y después por Friedman y Lucas, se logrará la paulatina restauración de la macroeconomía clásica y no el desarrollo de una nueva macroeconomía monetaria como Keynes y Clower pretendieron.

e) La persistencia de la búsqueda de los resultados keynesianos por medio de rigideces nominales o reales (los Nuevos Keynesianos) se viene a descartar que se coloque a Keynes en un marco competitivo.

En resumen, son los desarrollos al interior de la teoría neoclásica, impulsados por Hicks y Samuelson y prolongados por Friedman, Lucas y los Nuevos Keynesianos, lo que marginan la heterodoxia keynesiana y determinan al final del siglo XX que las realidades macroeconómicas se piensen en términos de una macroeconomía no deseada por el maestro de Cambridge.

5.LAS PERSPECTIVAS HETERODOXAS

Para el pensador francés las heterodoxias modernas se constituyen respecto al “mundo de Arrow y Debreu” y se fundamentan en evoluciones provenientes de las posiciones de Ricardo, Keynes y Marx. Resumimos a continuación lo que nos dice de los tres enfoques principales.

5.1La heterodoxia de Sraffa

Sraffa se describe cómo un pensador que construye una teoría de precios que no depende ni de la oferta y la demanda, ni de ninguna hipótesis sobre las decisiones de los agentes, ni sobre rendimientos, ni variación de cantidades. Para Deleplace, “la demostración rigurosa del ejercicio de una relación inversa entre los salarios y la tasa de beneficio es el resultado más impactan Fe de Sraffa” [pág. 448] ya que permite una visión del conflicto propio de la distribución de los ingresos opuesta a la armonía que surge de la explicación de los ingresos por la oferta y demanda.

Si bien Sraffa triunfa en la polémica del reswitching (ya que arruina la pretensión de explicar el beneficio como un rendimiento de un factor físico), esta victoria no derrota al enemigo ya que este se traslada al campo del equilibrio general walrasiano donde no existe la idea de capital homogéneo. Sin embargo, esto no impide que las funciones de producción agregadas reaparezcan con vitalidad en la teoría del crecimiento y en la macroeconomía, como si nada hubiera pasado. Deleplace encuentra aquí una enfermedad de la ortodoxia (cuyo origen no es claro): una inmensa ceguera frente a las críticas que pueden, a decir verdad, ser fecundas para ellos mismos. Ante el desconocimiento neoclásico de las contribuciones de Sraffa y el silencio que ellas conllevan sobre el funcionamiento del mercado, el dinero y la acumulación, el autor concluye que “la teoría de Sraffa provee un ejemplo de paradigma perdido para la ciencia económica” [pág. 460].

5.2 Postkeynesianos

Las limitaciones de Keynes sobre el largo plazo invitó a una serie de admiradores a lanzarse a una exploración sobre la acumulación de capital y el equilibrio global de largo plazo. Harrod, Robinson, Pasinetti y Kaldor fueron los pioneros logrando establecer las condiciones de un equilibrio global dinámico donde la tasa de beneficio se hace depender de la tasa de crecimiento, que no es sino una manera de decir que la inversión determina el beneficio, independientemente de la conducta de los obreros y de los ahorradores. Por otro lado, la explicación de la tasa de acumulación promovió un estudio de la inversión, insinuado por Kalecki, que derivó en la teoría de Davison y Minsky en donde los activos y las condiciones de su fragilidad van a condicionar el ciclo económico de tal manera que la viabilidad del sistema depende de la intervención del Estado y del Banco Central.

5.3 La teoría francesa del circuito o enfoque de la circulación monetaria

Desde Cantillon y los fisiócratas algunos economistas franceses habían propuesto representar el funcionamiento económico como un circuito monetario pero este enfoque fue sepultado por las teorías de los precios reales. Gracias a los debates alrededor de Keynes renació esta tradición que en los últimos años ha tenido un desarrollo considerable tanto como alternativa a la macroeconomía estándar (Schmitt, Graziani, Parguez, Lavoie) o como alternativa al Equilibrio General walrasiano (Benetti y Cartelier) aunque todavía subsisten puntos de desacuerdo o insuficiencias internas que impiden hablar de un escuela unificada y madura. Deleplace puede hablar con gran sabiduría de este enfoque porque no sólo simpatiza con muchas de sus posiciones sino que ha contribuido a su desarrollo3 El resultado más importante, puesto en relación con el fracaso del sistema deprecios de los neoclásicos y su pretensión de absorber la macroeconomía, es que el proceso mercantil y capitalista se realiza en un marco monetario (es decir, social) donde las asimetrías sociales (asalariados,rentistas y ahorradores son pasivos frente al poder de empresarios) y el juego de las instituciones (y el sistema de pagos y el Banco Central, principalmente) permiten la existencia y la viabilidad, a veces con dificultades, del sistema económico. En este contexto, no se puede esperar ni que el individualismo metodológico sea el punto de partida ni que tampoco tengan cabida las ideas de óptimo y de equilibrio con pleno empleo. Es decir, ciertas ideas de los grandes heterodoxos, Marx y Keynes, parecen poder encontrar una esperanza de legitimación al tratar problemas básicos que puede crear elementos para una nueva teoría fundamental diferente a la neoclásica.

En resumen, en esta época donde la ideología liberal aparece como hegemónica en el debate público y donde la mayoría de los economistas tienden a pensar que, como sólo falta aplicar la teoría ya madura, la historia del pensamiento no es necesaria ni útil; el libro de Deleplace viene a decirnos que ese proyecto smithiano no tiene un real fundamento científico ya que todavía no poseemos los instrumentos para decidir científicamente si el sistema de mercados y el capitalismo puede funcionar sin el Estado o sin regulación. Indudablemente sabemos más que Smith y los clásicos pero la mayoría del conocimiento es sobre las vías que fracasaron, aquellas que no hay que volver a ensayar. Por eso toma sentido la última frase del libro, inspirada en Marx: “la ciencia económica es una ciencia de la sociedad: En toda sociedad aquellos que ignoran la historia están condenados a repetir sus errores” [Deleplace 1999,483].

NOTAS AL PIE

1 Esta reseña se recibió el 10 de agosto de 2001 y fue aprobada en el Comité Editorial el 27 de agosto de 2001.

2 Profesor de la Universidad París VIII (Saint-Denis) y de la Escuela de Minas de París y miembro de la dirección de Cahiers d‘.économie politique. Por invitación de la Universidad Nacional de Colombia y de la embajada de Francia, G. Deleplace ofreció un seminario en Bogotá sobre teorías monetarias modernas en septiembre de 1998.

3 Deleplace es coautor con E. Nell de Money in Motion. Ihe post Keynesiand and circulation approaches, London, Macmillan (1996) donde se exponen las diversas posiciones y se intenta abrir la posibilidad de una síntesis entre todos las teorías que toman el dinero como esencial al entendimiento de la econonúa.

4 El Profesor José F. Cataño es Miembro del Observatorio de Teoría Económica de la misma institución.


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