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Innovar

Print version ISSN 0121-5051

Innovar vol.30 no.78 Bogotá Oct./Dec. 2020  Epub Dec 10, 2020

https://doi.org/10.15446/innovar.v30n78.90305 

Estudios Organizacionales

Por una crítica ontológica de la ideología del emprendimiento

TOWARD AN ONTOLOGICAL CRITIQUE OF THE IDEOLOGY ON ENTREPRENEURSHIP

POR UMA CRÍTICA ONTOLÓGICA DA IDEOLOGIA DO EMPREENDEDORISMO

POUR UNE CRITIQUE ONTOLOGIQUE DE L'IDÉOLOGIE DE L'ENTREPRENEURIAT

Carlos Fernando Torres Oviedo1 

Maria Ceci Misoczky2 

1Doctor en Administración Área de Estudios Organizacionales, Universidade Federal do Rio Grande, Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS) Porto Alegre, Brasil Grupo de Investigación Organização e Práxis Libertadora Rol del autor: Intelectual carlos.oviedo@ufrgs.br https://orcid.org/0000-0002-4622-8372

2Doctora en Administración Profesora Titular, Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS) Porto Alegre, Brasil Grupo de Investigación Organização e Práxis Libertadora Rol de la autora: Intelectual maria.ceci@ufrgs.br http://orcid.org/0000-0003-2020-5882


RESUMEN:

La especificidad de las formulaciones ontológicas de Lukács es afirmar que la posición teleológica es el fundamento ontológico del ser social. Si toda praxis expresa una conexión con el conocimiento y la consciencia, resulta que las respuestas prácticas son siempre mediadas por algún tipo de producción espiritual. Así, la ideología tiene un rol como parte de la previa ideación. La crítica ontológica es crítica de las estructuras sociales que generan y demandan teorías con funciones prácticas para garantizar su reproducción. Para hacer la crítica ontológica del emprendimiento, presentamos una sistematización de su trayectoria histórica y conceptual. Después, criticamos las estructuras que lo generan y lo necesitan para reproducirse y ampliarse: el neoliberalismo, entendido como el modo contemporáneo de existencia del capitalismo. En seguida, identificamos el fundamento ontológico de la ideología del emprendimiento: el individualismo y su función en la distención de conflictos sociales latentes en una sociedad en que, aparentemente, desaparecen las relaciones entre capital y trabajo y, por lo tanto, las clases sociales. Lo específico es que el trabajador alienado de sus circunstancias, como el real productor de valor, ahora se aliena de su propia condición de trabajador, transmutada idealmente en emprendedor.

PALABRAS CLAVE: crítica ontológica; emprendimiento; estudios organizacionales; ideología; neo-liberalismo

ABSTRACT:

The specificity of Lukács' ontological proposals lies in the idea that a particular teleological position represents the ontological foundation of social being. If all praxis implies a connection with knowledge and consciousness, it turns out that practical responses are always mediated by some kind of spiritual production. Thus, ideology has a role within previous ideation. Ontological criticism provides critical reflections of the social structures that generate and demand theories with practical functions in order to guarantee their own reproduction. First, we present a systematization of the historical and conceptual trajectory of entrepreneurship with the aim of making an ontological critique of this concept. Then, we criticize the structures that generate such a business phenomenon and require of this to reproduce and expand: Neoliberalism, understood as the contemporary version of capitalism. Afterward, we identify the ontological foundation of the ideology of entrepreneurship: Individualism and its role in defusing latent social conflicts in a society in which, apparently, the relations between capital and work and, therefore, social classes tend to disappear. The specificity of the whole issue is that the worker, who is alienated from his circumstances as the real generator of value, becomes now alienated from his own condition of worker by transmuting into an ideal role of entrepreneur.

KEYWORDS: Entrepreneurship; ideology; neoliberalism; ontological criticism; organizational studies

RESUMO:

A especificidade das formulações ontológicas de Lukács é afirmar que o posicionamento teleológico é o fundamento ontológico do ser social. Se toda práxis expressar uma conexão com o conhecimento e com a consciência,, levará a que as respostas sejam sempre permeadas por algum tipo de produção espiritual. Assim, a ideologia tem um papel como parte da prévia ideação. A crítica ontológica é crítica das estruturas sociais que geram e exigem teorias com funções práticas para garantir sua reprodução. Para fazer a crítica ontológica do empreendedorismo, apresentamos uma sistematização de sua trajetória histórica e conceitual. Em seguida, criticamos as estruturas que o geram e o necessitam para sua reprodução e ampliação: o neoliberalismo, entendido como o modo contemporâneo de existência do capitalismo. Logo, identificamos o fundamento ontológico da ideologia do empreendedorismo: o individualismo e sua função na distensão de conflitos sociais latentes em uma sociedade em que, de forma aparente, desaparecem as relações entre capital e trabalho, e, portanto, as classes sociais. Nesse sentido, o trabalhador alienado de suas circunstâncias, como o real produtor de valor, agora está alienado de sua própria condição de trabalhador, transmutada idealmente em empreendedor.

PALAVRAS-CHAVE: crítica ontológica; empreendedorismo; estudos organizacionais; ideologia; neoliberalismo

RÉSUMÉ:

La spécificité des formulations ontologiques de Lukács est d'affirmer que la position téléologique est le fondement ontologique de l'être social. Si toute praxis exprime un lien avec la connaissance et la conscience, il s'avère que les réponses pratiques sont toujours médiées par quelque sorte de production spirituelle. Ainsi, l'idéologie a un rôle dans le cadre de l'idéation précédente. La critique ontologique est une critique des structures sociales qui génèrent et exigent des théories avec des fonctions pratiques pour garantir leur reproduction. Pour faire la critique ontologique de l'entrepreneuriat, nous présentons une systématisation de sa trajectoire historique et conceptuelle. Plus tard, nous critiquons les structures qui le génèrent et en ont besoin pour se reproduire et s'étendre: le néolibéralisme, compris comme le mode d'existence contemporain du capitalisme. Ensuite, nous identifions le fondement ontologique de l'idéologie de l'entrepreneuriat: l'individualisme et sa fonction dans le désamorçage des conflits sociaux latents dans une société où, apparemment, les relations entre le capital et le travail et donc les classes sociales disparaissent. Ce qui est spécifique, c'est que l'ouvrier aliéné de sa situation, en tant que le véritable producteur de valeur, est désormais aliéné de sa propre condition d'ouvrier, idéalement transformée en entrepreneur.

MOTS-CLÉ: critique ontologique; entrepreneuriat; études organisationnelles; idéologie; néolibéralisme

Introducción

En este artículo de reflexión1, de carácter ensayístico, realizamos la crítica ontológica de la ideología del emprendimiento. La pregunta ontológica es sobre la naturaleza de los fenómenos en relación con tendencias generales que los condicionan y de las cuales aparenta distanciarse. Se refiere, por tanto, a hechos y conexiones con tendencias universales junto con sus expresiones concretas (Lukács, 2012). En este sentido, nos interesa entender el fenómeno del emprendimiento desde una actitud crítica de las estructuras sociales que lo generan y que demandan ideas con funciones prácticas para garantizar su reproducción.

El tema del emprendimiento es recurrente en la administración y en los estudios organizacionales (EO). Como era de esperarse, la mayoría de los trabajos posiciona el emprendimiento como algo positivo y deseable, tanto en publicaciones en los países centrales como en América Latina. Sin embargo, también se encuentran artículos que no se posicionan desde la promoción del emprendimiento. Esos nos interesan más porque nos permiten delimitar el espacio para nuestro argumento. Por eso, es necesario revisar con más atención los trabajos que se proponen ser reflexivos o que se autodefinen como críticos, incluyendo los que se vinculan a los estudios críticos del emprendimiento (ECE).

Verduyn, Dey y Tedmanson (2017) explicitan que el uso del término crítico en los ECE se refiere a oponerse al funcionalismo y a su visión determinista de la naturaleza humana con el objetivo de "crear condiciones para rearticular el emprendimiento a la luz de temas que pertenecen a la libertad, emancipación o producción societal, [y de] criticar de modo a crear" (p. 38); en ese sentido, los autores afirman el deseo de "evitar caer en la trampa de ser/tornarse abiertamente negativos" (p. 39), se trata de traer los malos efectos para el centro del escenario, "pero de una manera afirmativa en vez de negativa" (p. 40).

Esta explicitación sobre el campo de los ECE ya nos permite aclarar una distancia decisiva. En la tradición filosófica en la que ubicamos nuestro trabajo, la crítica negativa es imprescindible para abrir a los sujetos nuevas posibilidades de acción, recordando que "la crítica positiva y las prácticas que alimenta son siempre prisioneras de ese mundo, del mundo inmediato, ahistórico" (Duayer, 2013, p. 121). Entendemos que hay un vacío en los EO respecto a la crítica negativa del emprendimiento desde el marxismo y la ontología materialista. Para hacerlo, es necesario restituir al objeto su efectiva historicidad con la intención de abrir a los sujetos nuevas posibilidades de acción. Como explica Dussel (1999), "crítica es una teoría científico-social no sólo por la posición teórica de lo negativo-material, sino - y esto es constitutivo de la crítica (criterio de demarcación, entonces) - por el 'ponerse de parte' efectiva y prácticamente 'junto' a la víctima" (p. 8), y hacerlo no solo en posición observacional participativa, "sino como el comilitante que entra en el horizonte práctico de la víctima (negatividad-material) al que se decide a servir por medio de un programa de investigación científico-crítico ('explicativo' de las 'causas' de su negatividad)" (p. 8).

Por lo tanto, estamos interesados en las repercusiones del emprendimiento desde la perspectiva de las víctimas del sistema del capital y desde la ética como momento crítico de la moral vigente (Dussel, 2000). Esa crítica no puede operar con juicios de valor intrasistémicos, sino desde el criterio negativo de la no-posibilidad de producción y reproducción de la vida en comunidad. Esto es, ponerse de parte de las víctimas del sistema es condición de posibilidad de la criticidad, es el componente ético intrínseco, pero aún cognitivo. Ese componente tiene gran importancia, porque puede generar consciencia ética desde la explicación científica y, así, fundar teóricamente también la lucha social y política (Misoczky, 2017).

La perspectiva de emancipación que se encuentra presente en algunos trabajos que realizan la crítica gnoseológica y positiva del emprendimiento no tiene el mismo significado que la crítica negativa en la perspectiva de la liberación de las víctimas del sistema del capital. Para Rindova, Barry y Ketchen (2009), por medio de acciones emancipadoras, las personas buscan autonomía, expresan valores personales y hacen diferencia en el mundo. Verduijn, Dey, Tedmanson y Essers (2014), a su vez, adoptan una posición más moderada y defienden que emancipación y opresión hacen parte, simultáneamente, de las potencialidades del emprendimiento. Para defender esta posición, adoptan las proposiciones de Laclau (1996) que consideramos problemáticas por su afirmación de la prioridad del discurso y de la contingencia. En Laclau (1996) y en Laclau y Mouffe (2001), no se encuentran instrumentos analíticos para comprender los determinantes estructurales de lo real, el mundo es relativamente armónico y cualquiera puede articular cualquier cosa en un proceso que oculta diferencias concretas e impide cualquier intento de transcendencia radical. La consecuencia es una posición relativista en la que el énfasis en antagonismos y articulaciones contingentes hace desaparecer las contradicciones fundantes de los conflictos sociales (Misoczky & Flores, 2020).

Para proseguir, ilustramos tres tendencias que identificamos en los estudios reflexivos y del campo de los ECE mencionando, de manera breve, algunos trabajos publicados en revistas que se identifican con el espacio de los EO. La primera consiste en reflexionar sobre quién es el emprendedor, considerando ciertas particularidades y contextos específicos. Así, Ahl y Marlow (2012), a través de un análisis feminista posestructural, exploran los supuestos heteronormativos prevalecientes en las dinámicas entre género y emprendimiento. Imas, Wilson y Weston (2012), en diálogo con los estudios poscoloniales, exploran prácticas de personas que viven en lugares y contextos de pobreza y exclusión de países periféricos, en relación con los principios, valores e identidades propios del mundo occidental asociados con el emprendimiento.

La segunda tendencia trata el emprendimiento como discurso y problematiza su función legitimadora o manipuladora. Así, Kenny y Scriver (2012), adoptando la concepción de hegemonía de Laclau y Mouffe (2001) en diálogo con el psicoanálisis de Lacan, exploran la función del significante vacío del discurso del emprendimiento triunfante, basado en narrativas heroicas y nacionalistas, para legitimar la continuación de las lógicas del mercado y del statu quo político durante la crisis económica de Irlanda a finales de la década del 2000. Costa y Saraiva (2012), basados en el trabajo de Boltanski y Chiapello (2007), según el cual las ideologías son un conjunto de creencias que dirigen, justifican y legitiman el compromiso de los individuos con el sistema, identifican los discursos hegemónicos sobre el emprendimiento que se expresan en las Empresas Junior en Brasil. Costa, Barros y Martins (2012), acudiendo al análisis crítico del discurso de Fairclough (2001), discuten la diseminación del concepto de emprendimiento por las revistas de negocios brasileñas en las relaciones contemporáneas de trabajo, naturalizando el capitalismo como único modelo posible de desarrollo económico. Gill (2014) examina las promesas de movilidad social propias del discurso del emprendimiento en el llamado sueño americano, en contraste con la reproducción de jerarquías en torno a las nociones de propiedad, innovación y reconocimiento de oportunidades, legitimando emprendedores y marginado a otros grupos sociales.

En la tercera tendencia encontramos consideraciones sobre el emprendimiento más allá del espacio de los negocios. Así, Jones y Murtola (2012) retoman los trabajos de Hardt y Negri (2000) para explorar el emprendimiento como proyecto político y postulan que se trata de un operador clave en la expropiación, hacia fines privados o individualizados, de lo que es producido en común.

Los trabajos mencionados ilustran que los estudios que se posicionan de una manera reflexiva sobre el emprendimiento, y sus implicaciones para la vida social, tienden a adoptar fundamentaciones posestructuralistas o posmarxistas, lo que es confirmado por los autores que hacen revisiones sobre el desarrollo del campo de los ECE. Ya mencionamos la influencia del posmarxismo de Laclau (Verduijn et al., 2014), pero también se encuentra el reconocimiento de que "Foucault es la figura fundacional de los ECE" (Verduyn et al., 2017, p. 38) al ofrecer el marco de referencia para entender cómo el discurso "expande las normas y prácticas desde el reino del emprendimiento hacia los individuos, grupos y organizaciones" (p. 39).

No se trata de negar que estos trabajos aporten contribuciones interesantes, sino de identificar sus limitaciones. La principal es el énfasis en narrativas, mentalidades y regímenes discursivos. Para Holborow (2015), este énfasis "tiene el efecto de separar lo ideacional de lo material y de excluir cualquier discusión de economía política" (p. 88), además de hacer que el mundo social parezca estático e inmutable. Destacamos, por lo tanto, la ausencia de críticas que incorporen la ontología y, específicamente, la ontología materialista marxista. Así, con este texto proponemos una crítica que se dirija a los fundamentos y contenidos de la ideología del emprendimiento teniendo como referencia última la vida y la praxis de sujetos concretos.

Para proseguir, organizamos el texto en cuatro partes. En la primera, introducimos las proposiciones de György Lukács sobre la ontología del ser social, la crítica y la ideología. En la segunda, presentamos una sistematización de las principales ideas a través de las cuales el emprendi-miento ha sido desarrollado en su trayectoria histórica y conceptual. En la tercera, realizamos la crítica del emprendimiento considerando su función práctico-operacional en la reproducción de las estructuras sociales y económicas en el neoliberalismo y su fundamentación ontológica. Terminamos con reflexiones finales.

Crítica ontológica e ideología

El campo filosófico de la ontología se refiere a las diferentes posturas sobre lo que es la realidad, es decir: sobre el ser. La especificidad de las formulaciones ontológicas de Lukács es que plantean el problema filosófico esencial del ser y del destino de los seres humanos en su autoconstitución contradictoria (Vaisman, 2007). El objeto de la ontología materialista, diferente de la ontología clásica y subsecuente, es lo que existe realmente; es el examen de la totalidad del ser social, de la realidad y del significado de cada fenómeno singular tomando lo existente en la forma de ser que le es específicamente propia (Lukács, 2010) . De acuerdo con Medeiros (2016), en el caso de la ontología del ser social, "el término ontología se refiere a las determinaciones que distinguen a la sociedad como forma de ser, naturalmente marcando su diferencia respecto a las formas de ser antecedentes" (p. 171).

Lukács (2012) recupera la ontología implícita en la crítica de Marx (2008) que desvela lo esencial de la formación socioeconómica puesta por el capital: la forma mercancía que fetichiza relaciones sociales, representándolas en su apariencia como relaciones entre cosas. Además, reconoce que, en esta crítica, "por primera vez en la historia de la filosofía, las categorías económicas aparecen como categorías de la producción y la reproducción de la vida humana, haciendo posible una exposición ontológica del ser social sobre bases materialistas" (p. 285). Acá es necesario aclarar brevemente que la economía tiene prioridad ontológica porque sin la producción y reproducción la vida humana las demás dimensiones del ser social se convierten en una imposibilidad lógica de existencia, y que eso no implica ningún tipo de determinismo economicista.

Para definir la ontología del ser social, Lukács (2012) parte de lo que, en su desarrollo histórico, distingue a los seres humanos de los otros seres naturales, orgánicos e inorgánicos: la teleología, o sea, la capacidad de establecer previamente las finalidades que pretende alcanzar. Toda teleología tiene por fundamento una necesidad existente, y toda finalidad se dirige a transformar lo real. La teleología es una posición formulada en la consciencia (momento ideal) y realizada materialmente, sin que eso implique actos secuenciales: la existencia ontológica de uno depende de la existencia ontológica del otro (Vaisman, 2010). La teleología es, por lo tanto, la praxis humano-social intencional y deliberada que implica una relación entre la finalidad y la objetivación mediante elecciones para alcanzar la primera, bajo el establecimiento de redes de causalidad (Lukács, 2012).

La posición teleológica es la actividad exclusivamente humana, es el fundamento ontológico del ser social, y su expresión en la praxis es el trabajo. Originalmente, en el salto ontológico del ser orgánico hacia el ser social, el fenómeno originario del trabajo resultó de la inmediata necesidad de reproducción material de la vida. O sea, la esencia de la praxis que es el trabajo emerge en medio de la lucha por la existencia. En la secuencia histórica, la praxis sigue siendo una expresión de la posición teleológica, de la capacidad de figurar el mundo y de transformar la realidad y, por lo tanto, reproduce continuamente el trabajo como "modelo de toda praxis social, de cualquier conducta social activa" (Lukács, 2013, p. 83).

Si toda praxis, incluso la más directa y cotidiana, expresa una conexión con el conocimiento y la consciencia en la cual la proyección de los fines precede su realización, resulta que las respuestas prácticas para resolver problemas que se expresan en los diferentes niveles de la existencia, en la vida cotidiana o con carácter genérico, son siempre mediadas por algún tipo de producción espiritual. La implicación ontológica es que "ese ser práctico actúa a partir de decisiones entre alternativas; ser que, sin tener abstractamente independencia de las necesidades puestas por la historia, reacciona a esas necesidades utilizando productos espirituales que son constituidos, de forma no lineal, en función de esas necesidades" (Vaisman, 2010, p. 49). Así, la ideología tiene un rol como parte de la previa ideación.

La ideología no se refiere a formaciones arbitrarias del pensamiento de personas singulares, aunque tengan una difusión social relativamente amplia. Para que un complejo de ideas se transforme en ideología es indispensable que tenga una función determinada.

La ideología es sobre todo la forma de elaboración ideal de la realidad que sirve para hacer la praxis social humana consciente y capaz de actuar. De este modo, surgen la necesidad y la universalidad de concepciones para dar cuenta de los conflictos del ser social; en ese sentido, toda ideología posee su ser-propiamente-así social: ella tiene su origen inmediato y necesariamente en el hic et nunc [aquí y ahora] social de los hombres que actúan socialmente. (Lukács, 2013, p. 465)

Además, la posibilidad universal de tornarse ideología está ontológicamente basada en el hecho de que su contenido, y algunas veces su forma conserva las marcas de su génesis. Si estas marcas "continúan más o menos visibles, tiene relación con sus funciones en el proceso de los conflictos sociales, [ya que] la ideología es un medio de lucha social, [... es] un vehículo teórico y práctico para enfrentar y resolver conflictos sociales" (Lukács, 2013, pp. 465-467).

La existencia social de la ideología presupone, por lo tanto, antagonismos sociales que "solo pueden ser enfrentados eficazmente en la sociedad cuando los miembros de un grupo logran convencerse a sí mismos de que sus intereses vitales coinciden con los intereses importantes de la sociedad como un todo" (Lukács, 2013, p. 471). O sea, el surgimiento de las ideologías presupone relaciones socio-históricas de disputas por imponer intereses particulares a la sociedad como un todo y "es marca registrada general de las sociedades de clases" (Lukács, 2013, p. 472).

Así, la imposición de intereses de clase es lo que constituye el modo de operación de las ideologías:

Si eso es impuesto con los medios del convencimiento, con violencia directa o disimulada, resulta en matices importantes, pero no es decisivo para su determinación como ideología, así como tampoco lo es la pregunta si el contenido corresponde a los hechos sociales, a las tendencias de la época o está en contradicción con ellos, si la convicción que orienta la acción ideológicamente determinada en los hombres singulares y en sus grupos es sincera o hipócrita, etc. (Lukács, 2013, pp. 471-472)

Lo que interesa es que el surgimiento de las ideologías presupone la existencia de estructuras sociales en las cuales distintos grupos actúan para imponer sus intereses a la sociedad como un todo. Pero hay que considerar también el significado de la cotidianidad social en su exigencia de resolución inmediata de problemas "que emergen en condiciones históricas dadas, en las situaciones de clases existentes y en las correspondientes actitudes de la humanidad frente a una realidad social inmediatamente dada por sí" (Lukács, 2012, p. 32). Es decir, las operaciones ideológicas se explicitan en las formas más complejas de la acción humana y de modo concreto en el plano de la vida cotidiana. En ese sentido, Lukács (2013) afirma que la existencia social de la ideología presume "los conflictos sociales que necesitan ser contrarrestados, en última instancia, en su forma primordial, es decir, socioeconómica, pero que desarrollan formas específicas en cada sociedad concreta (p. 471). Esa existencia social de la ideología permite entender su estrecha relación con la condición material y superar la crítica gnoseológica de la ideología como falsa consciencia.

Lukács (2013) rechaza "toda crítica gnoseológica de la veracidad o falsedad del contenido de las ideologías que se tornan operantes. [De la misma forma] puntos de vista morales (convicción sincera o demagogia cínica, etc.) no entran directamente en cuestión como criterios de lo que es ideología" (p. 506). En contrapartida, afirma que las ideologías son elaboraciones abstractas que tienen funciones prácticas en el mundo concreto de la vida social. Eso no significa desconsiderar que el pensamiento fetichizado de la ciencia oficial está siempre direccionado para transformar la historicidad ontológicamente relevante "en una perpetuación de contenido en el cual la continuidad dinámica del proceso real se perpetua en una 'sustancia', en último análisis, siempre idéntica" (Lukács, 2013, p. 510).

Es importante también remarcar que la ideología no se reduce a una estructura o contenido representacional, lo que significaría asumirla simplemente como forma de pensamiento en términos teóricos, o como sistema de creencias en sus expresiones discursivas. Por eso, la crítica ontológica coloca como momento prioritario no solamente las condiciones de validez de las teorías, no solamente sus distorsiones lógico-gnoseológicas, sino sus presuposiciones reales, las estructuras que hacen de esas teorías una necesidad y los procesos concretos que generan tales distorsiones (Lukács, 2010).

La crítica ontológica no es crítica gnoseológica de las teorías sobre la sociedad, es crítica de las estructuras sociales que generan y demandan teorías con funciones prácticas para garantizar su reproducción. Además, la crítica ontológica implica reconocer la negación como momento de la acción teleológica, porque el sujeto de la acción tiene la potencialidad de negar el flujo espontáneo del ser y poner una nueva efectividad (Lukács, 2013). Esta nueva efectividad objetivada está presente en la realidad como posibilidad, pero, para ser aprehendida subjetivamente como posible alternativa concreta, requiere el análisis negativo de lo que se impone transformar. La crítica ontológica es una crítica entre tradiciones y se propone "figurar el mundo de manera radicalmente distinta, no solo de las formas de cons-ciencia de lo cotidiano, sino también de sus formas científicas de consciencia" (Duayer, 2013, p. 114).

Por eso, la crítica interna que no llega a los presupuestos fundamentales, estructurales, y que puede solamente perfeccionar lo existente es insuficiente. La crítica ontológica, por su parte, es esencial porque la praxis humano-social es teleológica y "depende crucialmente de una significación o figuración del mundo más o menos unitaria y coherente" (Duayer, 2013, p. 114). La crítica ontológica, aunque no sea suficiente, es un imperativo para la transformación social.

En lo que sigue, ejercitamos la crítica ontológica del emprendimiento por entender que, en su especificidad, esa ideología es una elaboración ideal fetichizadora de la realidad que orienta las acciones prácticas de los agentes sociales. Para empezar, en la secuencia, presentamos una sistematización de las principales ideas a través de las cuales el emprendimiento ha sido desarrollado en su trayectoria histórica y conceptual.

Fundamentos teóricos del emprendimiento

En las primeras formulaciones, el emprendimiento era asociado a la asunción de riesgos. Cantillon (1950), en un documento titulado Essay on the nature of commerce in general y escrito aproximadamente en 1730, utilizó explícitamente el término emprendedor para referirse al individuo que asume riesgos en condiciones de incertidumbre, en la relación mercantil entre compradores y vendedores de la ciudad y del campo (Hébert & Link, 2006). Según Blaug (2000), Cantillon nombró emprendedores a las personas que están dispuestas a comprar a un cierto precio y vender a uno incierto, incluso con el riesgo de caer en bancarrota. Esta definición refleja el contexto del capitalismo mercantil en el cual una incipiente burguesía de artesanos y mercaderes se tornó una fuerza social y económica considerable. En adelante, a partir de Adam Smith, no era necesario distinguir entre capitalista y emprendedor porque, en la primera industrialización, quien iniciaba un negocio y quien lo financiaba eran la misma persona. Say (1821), para quien el emprendimiento consiste en combinar los factores de producción -tierra, capital y trabajo- en un organismo, retomó las ideas de Cantillon, al definir emprendedor como el centro del proceso económico, cumpliendo un papel de intermediario entre productores y consumidores. Además de asumir riesgos, el emprendedor prevé, evalúa proyectos racionalmente y moviliza recursos (Rodríguez & Jiménez, 2005).

Las proposiciones de Schumpeter (1957) traen a colación la innovación y, además, dieron un nuevo lugar al emprendimiento en el marco de una teoría económica complementaria a la Teoría del Equilibrio General de Walras. En un libro publicado en 1911 - The theory of economic development-Schumpeter (1957) define el desarrollo como "un cambio espontáneo y discontinuo en los cauces de la corriente [...] que desplazan siempre el estado de equilibrio existente con anterioridad" (p. 75); además, enfatiza las rupturas e insiste en "los cambios de la vida económica que no hayan sido impuestos a ella desde el exterior, sino que tengan un origen interno" (p. 73). Con relación al proceso de producción en una economía de competencia vinculado al crédito, el autor afirma que el productor es quien inicia el cambio económico, que "producir significa combinar materiales y fuerzas que se hallan a nuestro alcance [y que innovar significa] producir otras cosas, o las mismas por métodos distintos al combinar en forma diferente dichos materiales y fuerzas" (Schumpeter, 1957, pp. 76-77).

Como parte de estas proposiciones, Schumpeter (1957) afirma lo siguiente: "Llamemos 'empresa' a la realización de nuevas combinaciones, y 'emprendedores' a los individuos encargados de dirigir dicha realización" (p. 84), eliminando el concepto del emprendedor como persona que soporta riesgos; adicionalmente, afirma el carácter transitorio de la función: "Ser emprendedor no es una profesión ni, por lo general, una condición perdurable" (p. 88), es privilegio de un tipo particular de hombres cuya conducta se dirige hacia algo diferente y supone diferencias cualitativas considerables respecto a la conducta económica meramente racional. Schumpeter (1957) también menciona los motivos del emprendedor: (1) el ideal y la voluntad de fundar un reino privado; (2) la voluntad de conquista, expresada en el éxito y la ganancia económica; y (3) el gozo creador al ejercitar la energía y el ingenio. Así, el emprendedor es la fuente de todo cambio dinámico en la economía y el sistema capitalista no puede ser entendido sino en términos de las condiciones que le dan vida al emprendimiento.

En otro libro, en el contexto en que ya predominan las grandes corporaciones, Schumpeter (1961) sigue reconociendo que solamente los individuos son agentes de cambio, pero expresa una actitud de reserva sobre el rol del emprendedor en la sociedad, por su incapacidad de iniciar progresos macroeconómicos. Según Swedberg (2000), se observan por lo menos dos elementos que Schumpeter (1961) colocó durante la década de 1940: (1) la noción de destrucción creadora, con la cual sostiene que el emprendedor asume un papel destacado en el desarrollo de nuevos productos, procesos, mercados, fuentes de abastecimiento y formas de organización, y (2) el rol del Estado, que debe ser el de garantizar la libre competencia con la menor interferencia reguladora posible.

Con las formulaciones de la Escuela de Pensamiento Austriaca, la forma de conceptual del acto mental adquiere centralidad en relación directa con la visión de sociedad implementada a partir de la crisis económica en la década de 1970, para justificar las reformas neoliberales. En rasgos generales, (a) su objeto de estudio es lo que definen como la "acción humana" y la "praxeología", para superar lo que la teoría económica tradicionalmente considera como eventos restringidos a la elección racional y la maximización; (b) con una epistemología relativista, consideran que todos los fenómenos son variables y que cabe al científico apenas hacer pronósticos; (C) destacan la construcción permanente de la realidad social por parte del hombre indeterminado que enfrenta condiciones emergentes e impredecibles. Un componente distintivo es la concepción de hombre, que no se refiere más al agente racional que asume riesgos sobre la base del cálculo, sino al emprendedor que se distingue por su racionalidad creativa.

Fue Mises (1986) quien atribuyó a cualidades subjetivas la generación de riqueza, ya no en términos amplios o de las naciones, sino personales, individuales. La influencia de Mises (1986) se encuentra en Kirzner (1973, 1979), para quien el rasgo fundamental del emprendedor es la capacidad de identificar el mejor modo de actuar y hacerlo, aunque cuente con una segunda o tercera opción; y la atención (o estado de alerta) -la dimensión más importante- a las oportunidades de ganancia de beneficios que se presentan en el mercado. Este autor enfatiza la calidad de la percepción, afirmando que el buen raciocinio depende de informaciones no solo correctas sino también, y especialmente, situadas. Para Kirzner (1973), la fragilidad central de las proposiciones de Schumpeter (1957-1961) era la tendencia a naturalizar el talento de individuos innovadores y la relevancia macroeconómica de las innovaciones, sin reconocer que el emprendedor es un creador de oportunidades y que reacciona a las del mercado.

Es necesario también mencionar el significado del emprendimiento en la dimensión de la geoeconomía y el contexto de la Conferencia de la Mont Pélerin Society (MPS) realizada en 1970. En esta Conferencia, el foco en el emprendimiento fue parte central de la definición de la agenda de los círculos intelectuales neoliberales, en colaboración con líderes corporativos. Según Plehwe (2020), esta Conferencia es clave para entender la revisión de las contribuciones de Schumpeter a partir de las proposiciones de Giersch (1984) y su énfasis en los cambios estructurales de la economía mundial, en el cual reafirma el rol de la innovación y del innovador-emprendedor. Sus contribuciones tienen gran relevancia para la perspectiva de la gestión emprendedora, la colaboración en sistemas de innovación e intra-emprendimiento, así como para la diseminación del comportamiento emprendedor a todos los tipos de instituciones públicas y privadas involucradas en el desarrollo regional y de negocios (Plehwe, 2020).

Para la nueva geoeconomía de Giersch (1984), un centro de innovación en una localización específica resulta para la empresa o negocio una posición temporal de monopolio. Una vez que la innovación se disemine, la ventaja competitiva se pierde y son necesarias nuevas innovaciones o moverse para el margen en el proceso de competición local. En consonancia con Mises (1986) y con Kirzner (1973), "la innovación se relaciona con potencializar factores y aprovechar oportunidades, más que ser un ingrediente esencial y escaso en el proceso económico" (Plehwe, 2020, p. 136); como se puede desprender, "Giersch era firme sobre los movimientos irrestrictos de capital, bienes y, en una cierta extensión, de trabajo" (p. 136). Según Plehwe (2020), Giersch también consideraba que:

los emprendedores están en todos los lugares, en el sector privado y en el público, en la acción humana obstaculizada o habilitada por la estructura institucional de la sociedad. [Sin esta comprensión,] la sociedad no adopta el emprendimiento productivo y tendrá que vivir con el éxodo de talentos hacia mejores lugares y con la aplicación subóptima de los talentos restantes. (p. 137)

En el campo de la administración, el tema del emprendimiento se disemina con la colaboración decisiva de Peter Drucker y tiene centralidad en los desarrollos del gerencialismo2. Más específicamente, a partir de la lectura del libro Innovación y emprendimiento: prácticas y principios, resulta posible afirmar que Drucker (1986), además de retomar de manera selectiva las formas conceptuales del emprendimiento hasta aquí presentadas, también las disemina hacia muy diversos sectores de la vida social. Drucker (1986) califica como slogans todos aquellos síntomas de la crisis económica de 1973, expresados en indicadores, pero reducidos, según él, a axiomas. No es que desconozca la existencia de la crisis, sino que la redimensiona denominándola como una economía nueva que gira en torno a dos elementos: la administración emprendedora y la innovación. Al referirse a aquellos emprendimientos emergentes, que también denomina como "iniciativas de riesgo", aludiendo a la terminología de Cantillon, Drucker (1986) afirma que "todos constituyen nuevas aplicaciones de conocimiento al trabajo humano, lo que es, en último análisis, la definición de tecnología. Sólo que [...] la nueva tecnología es la administración emprendedora" (p. 16). En este punto se puede identificar la valorización, así como en Hayek (2009) y Kirzner (1973, 1979), de un tipo específico de conocimiento definido por los fines y central en lo que llama "sociedad del conocimiento". Además, Drucker (1986) defiende que el emprendimiento se expresa concretamente en términos de creación de empresas, sean innovadoras o no y en cualquier sector económico, incluso en el no lucrativo.

Crítica ontológica del emprendimiento

Después de esa breve presentación de las ideas centrales sobre el emprendimiento, pasamos al ejercicio de la crítica ontológica, para lo cual organizamos el argumento en dos partes. En la primera, hacemos la crítica de las estructuras que lo generan y lo necesitan para reproducirse y ampliarse: el neoliberalismo, entendido como el modo contemporáneo de existencia del capitalismo. En la segunda, identificamos el fundamento ontológico de la ideología del emprendimiento: el individualismo.

La ideología del emprendimiento como instrumento práctico operacional del neoliberalismo

A pesar de que, en los espacios académicos, "conectar neoliberalismo y emprendimiento se ha convertido en un lugar común" (Plehwe, 2020, p. 120), la primera consideración que se hace necesaria es ubicar el tema del emprendimiento en su contexto histórico estructural de diseminación y consolidación.

De una manera comprensiva, se puede entender el neoliberalismo como la conjugación de cuatro aspectos intrínsecamente relacionados: (a) un conjunto de ideas económicas y políticas inspiradas en la Escuela Austriaca de Mises, Hayek y sucesores, asociado de manera no siempre coherente con ideas de la Escuela Monetarista de la Universidad de Chicago; (b) un conjunto de políticas, instituciones y prácticas inspiradas o validadas por esas ideas; (c) una ofensiva de clase contra los trabajadores con participación del Estado, en apoyo al capital en general y a las finanzas en particular, y (d) una estructura de reproducción social, económica y política sustentada por la financiarización (Fine & Saad-Filho, 2017).

Según Harvey (2007), "el neoliberalismo es, más que todo, un proyecto para restaurar la dominación de clase a sectores que vieron amenazadas sus fortunas por la ascensión de esfuerzos socialdemócratas desde el final de la II Guerra Mundial" (p. 22) y por el colapso del crecimiento en la década de 1970. En la misma dirección, Puello-Socarrás (2015) sostiene lo siguiente:

Desde la década de 1970 y hasta el día de hoy, el neoliberalismo es, por antonomasia, la estrategia ofensiva y contrarrevolucionaria del Capital (contra el Trabajo). Por ello, el neoliberalismo debe concebirse igualmente como una 'reacción' (también: 'salida' y 'solución' para las élites económicas y políticas mundiales) con el fin de afrontar la crisis estructural y global del capitalismo. (p. 22)

Saad-Filho y Morais (2018) conciben el neoliberalismo como el modo contemporáneo de existencia del capitalismo. Además, identifican dos etapas con base en la lógica y no en una cronología rígida. Estas etapas pueden ocurrir en serie, ser aceleradas, postergadas o, incluso, superpuestas en cada país o región a causa de sus circunstancias económicas, políticas e históricas. La primera prioriza "los intereses directos del capital privado transnacional y, en especial, del sector financiero, sin llevar en consideración el costo de destrucción del sistema productivo preexistente y sus consecuencias sociales" (Saad-Filho & Morais, 2018, p. 97). Además, involucra la intervención estatal para imponer la integración transnacional de capital en el ámbito de empresas individuales, tornar obsoletas parcelas importantes de trabajadores, reprimir sus organizaciones y desorganizar movimientos sociales y políticos. La segunda "consolida el rol ampliado del sector financiero en la reproducción económica y social, el manejo por este sector del nuevo modo de integración internacional, la estabilización de las relaciones sociales impuestas en la etapa anterior, y la promoción de la subjetividad neoliberal" (Saad-Filho & Morais, 2018, p. 97).

Estas etapas transforman los fundamentos materiales de la economía y de la reproducción social "con implicaciones para las relaciones de clase y la dinámica distributiva entre ellas" (Saad-Filho & Morais, 2018, p. 98), incluyendo la flexibilización e intensificación del trabajo con la correspondiente limitación de su remuneración, la austeridad fiscal y el control de gastos públicos con repercusiones adversas para la provisión de servicios asistenciales y compensatorios, los retrocesos en procesos de negociación colectiva y los cambios regresivos en los regímenes de seguridad social, las privatizaciones y la apropiación de bienes comunes, y la financiarización de la reproducción social (Fine & Saad-Filho, 2017).

De una manera general, se puede decir que, a partir de la década de 1970, se han implementado dos generaciones de reformas neoliberales, gozando de mayor vigencia, en el inicio, aquellas centradas en privatizaciones y liberalización económica, mientras que actualmente se observa un viraje hacia un mayor énfasis en las reformas centradas en lo institucional. En ese sentido,

la transición desde su versión neoclásica angloamericana hacia los referentes de la economía austriaca pone en su centro al hombre emprendedor y a la teoría del emprendimiento como sus soportes primordiales y confía en ellos como un medio de perpetuarse en el tiempo. (Puello-Socarrás, 2008, p. 148)

Es en ese modo contemporáneo de existencia del capitalismo en el que, según Holborow (2015), vivimos la "reinvención neoliberal del emprendedor" (p. 71). Es en ese proceso que emerge la versión contemporánea del emprendimiento como parte del conjunto de ideas producidas o inspiradas en la Escuela Económica Austriaca, y del proceso que implementa la estrategia definida en la Conferencia de la MPS ya mencionada. En su fundamento se encuentran el énfasis en las ideas producidas por la mente, con base en el rescate que Mises (1986) realiza de las primeras conceptualizaciones de Cantillon (1950) y Say (1821) sobre el emprendedor como el agente que obtiene las ganancias a partir de la operación sobre los factores de producción. Así, en las palabras de Mises (1986):

Los bienes de capital como tal son cosas muertas que en sí mismos no logran nada. Si son utilizados de acuerdo con una buena idea aparecen las ganancias. Si son utilizados de acuerdo con una idea equivocada, no aparecen las ganancias o se incurre en pérdidas. Es la decisión emprendedora la que crea las ganancias o las pérdidas. Es en la actividad mental, en la mente del emprendedor, donde se originan en definitiva las ganancias. Las ganancias son un producto de la mente, del éxito en anticipar el futuro del mercado. Se trata de un fenómeno espiritual e intelectual. (p. 78)

Puello-Socarrás (2010) aclara que las proposiciones sobre el emprendedor y el emprendimiento tienen algunas premisas básicas, a pesar de que existan diferencias entre autores y posturas. Las premisas básicas son las siguientes: (i) emprender es poner en marcha una iniciativa sin que exista información perfecta ni se pueda predecir su resultado; (ii) el emprendedor es alguien que posee habilidades específicas y confianza para pronosticar el futuro; (iii) si, "como plantea Mises, la economía es la ciencia de la acción humana", el proceso de emprendimiento tiene por objetivo "[.] alcanzar un nuevo estado futuro mediante su propia intervención" (Puello-Socarrás, 2010, p. 196); (iv) el emprendedor está siempre en alerta para identificar las oportunidades en el mercado y es allí donde radica la fuente de sus ganancias; (v) el emprendedor "guía" la producción social asumiendo la división del trabajo, ya que el emprendimiento es la fuerza motriz de todo el sistema de mercado (Mises, 1986).

Como síntesis, la palabra emprendedor "encapsula un imaginario social en el cual el individuo es central, la riqueza es entendida en términos individuales y los individuos que buscan la riqueza son modelos" (Holborow, 2015, p. 72). Así, junto con el consumidor, sintetiza una concepción de relaciones sociales centralmente definidas por transacciones monetarias. Esta afirmación es relevante porque provoca una reflexión sobre la naturaleza específica del emprendimiento en relación con las leyes generales del capitalismo que lo condicionan y de las cuales simultáneamente parece desviarse. Por lo tanto, es necesario encontrar sus fundamentos y modo de operación específicos.

Los fundamentos ontológicos de la ideología del emprendimiento

En diálogo con la definición de ideología como elaboración ideal de la realidad que tiene funciones práctico-operacionales, podemos afirmar que el capitalismo en su existencia como neoliberalismo necesita que los grupos sociales negativamente afectados en sus condiciones para producir y reproducir sus vidas se convenzan de que sus intereses coinciden con los de las élites económicas. Así, las causas estructurales de sus privaciones cotidianas son transformadas en fragilidades e incapacidades de los propios grupos e individuos para superar sus dificultades. Interesa aquí remarcar que, al responsabilizar a los individuos por su situación de vida, se produce la distención de conflictos sociales latentes en una sociedad en que aparentemente desaparecen las relaciones entre capital y trabajo y, por lo tanto, las clases sociales.

Para ello, es imprescindible exaltar las capacidades psicológicas de los individuos sobre las condiciones sociales en las que están inmersos. Este carácter subjetivista se encuentra claro, por ejemplo, en la percepción de oportunidades de Mises (1986) y Kirzner (1979), y en la proposición de Drucker (1986) sobre la sociedad del conocimiento.

Aún sobre individualismo, es interesante tener en cuenta que existe un debate, creado por Hayek (2009), para distinguir dos tipos: por un lado, el individualismo de corte clásico, ilustrado, racionalista, inspirado en Descartes y según el cual las acciones de los hombres corresponden a propósitos deliberados; por otro lado, Hayek (2009) defiende un individualismo de corte anglosajón, antirracional, constructivista, para el cual la razón no es tan importante a la hora de comprender los asuntos humanos. Este tipo de individualismo no acepta la existencia de entidades colectivas, sino actos puramente individuales. Así, el éxito depende de los méritos y logros personales y es de su exclusiva responsabilidad.

Para que el argumento quede más claro, mencionamos la que tal vez sea la expresión más evidente y dramática de la función práctico-operacional de la ideología del emprendimiento, la ofensiva de clase contra el trabajo, que es uno de los elementos definidores del neoliberalismo. Como ya lo abordamos, es como si la relación capital-trabajo no existiera más en un contexto en donde ya no se diferenciarían el sujeto capitalista y el individuo emprendedor y, en el cual, "el emprendedor no es estrictamente un trabajador porque sus expectativas de ingreso no dependen exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo y no se desenvuelven en rigor en este mercado" (Puello-Socarrás, 2010, p. 197).

La opacificación de la existencia de clases sociales es muy importante para desvanecer los conflictos en un contexto de transformaciones del trabajo, con diversificación de las formas de explotación y de aumento de las contradicciones reales, bajo los procesos de flexibilización y precariedad laboral, de estímulo al trabajo por cuenta propia, y de la supuesta libertad del trabajador uberizado. En las palabras de Antunes (2011), vivimos la erosión del trabajo contratado y reglamentado, y "viendo su substitución por diversas formas de emprendimiento, cooperativismo, trabajo voluntario, etc." (p. 411). Este aporte es interesante porque permite conectar distintos formatos organizacionales con el tema de las transformaciones del trabajo, así como con las repercusiones específicas para las víctimas del sistema del capital. Si en sus orígenes las cooperativas eran instrumentos de la lucha operaria contra el desempleo, hoy "los capitales crean falsas cooperativas como instrumentos importantes para depauperar aún más las condiciones de remuneración de la fuerza de trabajo y aumentar los niveles de explotación, erosionando aún más los derechos de los trabajadores" (Antunes, 2011, p. 411). Aquí también se ubica el tema del tercer sector3 y de algunas vertientes de la economía solidaria, de situaciones en las cuales el emprendimiento termina por configurar una forma oculta de trabajo precarizado.

La ofensiva de clase contra el trabajo no ocurre apenas en los procesos de flexibilización y precariedad, sino también en la lógica del emprendimiento productivo como fuente de ventaja competitiva (Giersch, 1984), que comanda los movimientos irrestrictos de capital, bienes y trabajo. Así, la integración transnacional del capital y la movilidad geo-económica tornan obsoletas parcelas importantes de trabajadores y destruyen economías regionales.

Otra función práctico-operacional de la ideología del emprendimiento en el neoliberalismo es la restricción de alternativas de la praxis humano social relacionada con la transcendencia del orden del capital. Recordemos que, en su ontología, el ser social responde ante la realidad aprehendiendo y reelaborando ciertos elementos que existen en ella, aún sin conocerla totalmente. Es justamente la consciencia sobre la realidad objetiva lo que le permite pensar sus acciones prácticas. Por lo tanto, las respuestas pasan por un momento de ideación de la realidad. Así, en la teleología, a través de la cual la conciencia se explicita, se encuentra una decisión entre alternativas: el fenómeno originario de la libertad. Claro que la operación desencadenada por la consciencia siempre es un proceso en relación con la realidad concreta y la decisión entre alternativas no opera independiente de las determinaciones sociales. Asumir eso implicaría aceptar una especie de voluntarismo puro. Lo que se apunta aquí es que "las legalidades objetivas del ser social están indisolublemente ligadas a actos individuales de carácter alternativo, pero poseen al mismo tiempo una restricción social que es independiente de tales actos" (Lukács, 2012, p. 345). Es en esa restricción social que se puede rastrear la operación ideológica que ofrece las concepciones para dar cuenta de la realidad que el ser social enfrenta en el aquí y ahora.

En consecuencia, puede entenderse que la ideología del emprendimiento ofrece las concepciones ideales en el sentido de diseminar que la producción y reproducción de la vida solo pueden realizarse a través de actos individualistas y orientados hacia el mercado. La universalización y generalización de un modelo para toda la praxis expresa la pretensión de conducir a que todos los agentes sociales se organicen y produzcan en función del mercado y, al hacerlo, define como inadecuada la praxis que se orienta por otras lógicas. Lo individual se sobrepone a lo colectivo, los sindicatos y los movimientos sociales son activamente combatidos, y prácticas comunitarias basadas en la tradición o en la solidaridad tienden a ser mayoritariamente descalificadas, negadas y hasta reprimidas.

Dicho esto, puede afirmarse que la operación ideológica del emprendimiento contiene, en términos ontológicos, la restricción de las alternativas por considerar en el momento de ideación previo a la acción práctica. Como ya fue mencionado, este proceso teleológico ocurre tanto para problemas genéricos como cotidianos. Por lo tanto, al considerar las formas ideológicas que tienden a orientar la praxis, se debe también tener en cuenta que en algún momento existieron posibilidades descartadas. Se puede, entonces, afirmar que la función ideológica del emprendimiento restringe las posibilidades de organización humanas a actividades económicas dirigidas al mercado, bajo su fundamento ontológico de que el individualismo competitivo es la forma natural de expresarse socialmente en el modo contemporáneo de existencia del capitalismo, al mismo tiempo en que busca limitar la construcción colectiva de procesos de resistencia y de lucha para garantizar la producción y la reproducción de la vida.

Reflexiones finales

La crítica ontológica es indispensable para evidenciar la relación entre praxis y consciencia en hechos elementales de la vida cotidiana, como el trabajo y la producción de la vida y subjetividad humanas. En apariencia, "los fenómenos de reificación, de alienación y de fetichización, aparecen como autoproducciones de una realidad no entendida, no ya como expresiones misteriosas de fuerzas desconocidas e inconscientes, de dentro o de fuera del hombre, sino más bien como extensas mediaciones dentro de la praxis misma" (Lukács, 2012, p. 318). En otras palabras, la reificación de relaciones sociales concretas produce una distorsión ontológica y separa el ser de su realidad social concreta.

Compartimos con Misoczky (2017) que la crítica es una posición frente al y en el mundo concreto de las relaciones sociales materiales, expresa valores y principios, contiene la indispensable negatividad frente a los hechos que toma en consideración, y se propone contribuir para la superación de las relaciones estructurales vigentes. Por eso, no es suficiente, aunque tenga contribuciones interesantes, hacer la crítica interna del emprendimiento sin contestar las estructuras que lo requieren, como si las relaciones sociales de producción del presente fueran la única manera posible de existencia del ser social.

En la vida cotidiana, la operación ideológica del emprendimiento se expresa en que los seres humanos tienden a no reconocer que sus condiciones de trabajo y de vida se definen como parte de las relaciones sociales de producción y de sus expresiones en las diversas dimensiones de la organización social, sino que se reconocen como individuos que se integran socialmente a través de la participación en el mercado. Esto quiere decir que la ideología del emprendimiento, en su especificidad, es una elaboración ideal fetichizadora de la realidad que orienta las acciones prácticas de los agentes sociales al prescribir un quehacer restringido, ante la necesidad, tanto genérica como particular, de resolver el problema de la producción y reproducción de la vida humana. Su función ideológica es garantizar, como indica Anderson (2003), refiriéndose al neoliberalismo, que lo deseable y lo posible solo pueda ser concebido en conformidad con un sistema de creencias que reduce el mundo social a su forma actual, históricamente específica.

Si la pregunta ontológica es sobre la naturaleza de un fenómeno en relación con las leyes generales que lo condicionan y de las cuales simultáneamente parece desviarse (Lukács, 2012), hay que preguntar cuál es la naturaleza específica del fenómeno del emprendimiento en su conexión con las estructuras sociales, o sea con el neoliberalismo, entendido como modo contemporáneo de existencia del capitalismo. En otras palabras, ¿es necesario hacer la crítica del emprendimiento neoliberal? ¿No es suficiente hacer la crítica del capitalismo? Entendemos que es necesario hacer la crítica del emprendimiento neoliberal como crítica del capitalismo, porque las luchas para trascender el sistema se hacen en el cotidiano material de los colectivos, y ese cotidiano contiene las marcas de la ideología del emprendimiento.

No es que haya cambiado la ontología del capital. La coherencia del capitalismo es obtenida por medio de una abstracción del proceso real en la cual emerge la categoría valor que, para Lukács (2012), es una categoría objetivamente central en el sentido ontológico. Misoczky y Flores (2017) adoptan la proposición de Rubin (1990) para explicar que valor, en el proceso productivo, se refiere a una relación social entre seres humanos, que asume una forma material y, al mismo tiempo, de trabajo social necesario. La diferencia es que en el primer sentido se considera el aspecto cualitativo de su forma social, y en el segundo se considera el aspecto cuantitativo de su magnitud. Aún, de acuerdo con Misoczky y Flores (2017), valor puede ser tratado como una objetividad espectral que prevalece sobre la vida económica material. Los autores citan a Arthur (2011, p. 121) y su definición de valor como el "vampiro ontológico", como la real expresión de su verdadero nombre: capital. También retoman a Lukács (2013) y su referencia a la ontonegatividad del valor que vacía toda actividad vital de contenido y transforma la acción propiamente humana en extrañamiento y alienación.

Como aclara Sotelo (2003), sin trabajo y sin valor no puede existir la sociedad capitalista que se sustenta en la propiedad privada de los medios de producción, el ciclo del capital y la producción mercantil, la especulación inmobiliaria y financiera, la producción de plusvalía -mediante los sistemas de explotación del trabajo basados en la plusvalía absoluta y relativa- y en la sobreexplotación.

Así, lo que tenemos como variación específica del emprendimiento, en el sentido ontológico, es que obscurece aún más las relaciones esenciales de producción en una actualización de las formas ideológicas para reproducir y ampliar el dominio del capital, en el contexto de su continuada crisis estructural. O sea, la ley general es la producción de valor en una relación social que aparece a los seres humanos como una relación entre cosas. Esta ley sigue vigente y condiciona el movimiento específico que profundiza la abstracción del proceso real de explotación del trabajo. Lo específico es la exaltación de las capacidades individuales sobre las condiciones sociales en las que están inmersos. Lo específico es que el trabajador alienado de sus circunstancias, como el real productor de valor, ahora se aliena de su propia condición de trabajador, transmutada idealmente en emprendedor, y reorganiza el espectro de grupos y segmentos sociales que conforman la clase-que-vive-del-trabajo (Antunes, 2013) para incluir aquellos que, en su subjetividad, se definen como emprendedores en vez de trabajadores. Así, la división entre capital y trabajo es sustituida por la energía y la motivación de los individuos, las circunstancias no tienen importancia en comparación con el poder de la voluntad individual, las élites económicas y dirigentes no son identificadas como responsables por las causas de las condiciones concretas de vida de vastos grupos sociales, la exacerbada explotación de los trabajadores es naturalizada y la conflictividad social es contenida.

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1El argumento de este artículo se deriva parcialmente de la Tesis de Doctorado La función ideológica del emprendimiento en la producción y reproducción de la vida en una zona rural de Colombia en el contexto del Posacuerdo de Paz, de Carlos Fernando Torres Oviedo, orientada por Maria Ceci Misoczky, en el Programa de Pós-Graduação em Administração de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, con el apoyo de CAPES (Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior), disponible en: https://bit.ly/2PEVQOa. Advertimos que el texto que se publica en Innovar incluye par tes significativas que no se encuentran en la Tesis y que resultaron de la construcción realizada por los autores específicamente para la llamada de trabajos sobre estudios organizacionales.

2Klikauer (2013) define gerencialismo como la combinación de conocimiento de gestión e ideología para establecerse a sí mismo, sistemáticamente, en las organizaciones y en la sociedad, al mismo tiempo en que priva propietarios y empleados, así como a la sociedad civil de todo el poder decisorio: "El gerencialismo justifica la aplicación de técnicas de gestión a todas las áreas de la sociedad con base en su superioridad ideológica, pericia, y exclusividad del conocimiento gerencial necesario para manejar de manera eficiente corporaciones y sociedades" (p. 1104).

3No olvidemos que este tema tenía centralidad en las proposiciones de Drucker (1986).

CITACIÓN: Torres Oviedo, C. F., & Misoczky, M. C. (2020). Por una crítica ontológica de la ideología del emprendimiento. Innovar, 30(78), 61-73. https://doi.org/10.15446/innovar.v30n78.90305

CLASIFICACIÓN JEL: L26, P10, P16.

Declaración de conflicto de interés Los autores no manifiestan conflictos de intereses institucionales ni personales.

Recibido: 30 de Abril de 2020; Aprobado: 13 de Agosto de 2020

DIRECCIÓN DE CORRESPONDENCIA: Maria Ceci Misoczky - Rua Washington Luiz, 855. Sala 427. CEP 90010460. Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil.

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