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Estudios Políticos

Print version ISSN 0121-5167
On-line version ISSN 2462-8433

Estud. Polit.  no.36 Medellín Jan./June 2010

 

 

El discurso hegemónico sobre las acciones colectivas de resistencia civil. Casos comunas 8, 9 y 13 de Medellín*

 

The Hegemonic Discourse about Collective Actions of Civil Resistance. Cases Communes 8, 9 and 13 of Medellín

 

 

Mary Luz Alzate Zuluaga**

 

** Socióloga. Doctora en Sociología y Ciencias Políticas, Universidad Complutense de Madrid, 2009. Docente del Tecnológico de Antioquia. E-Mail: mary_alzate@yahoo.es

 

 


RESUMEN

En este artículo se discute la manera cómo en la prensa escrita son informadas las distintas expresiones de resistencia civil, a partir del rastreo de la información registrada en la prensa escrita local y nacional acerca de los casos de las Comunas 8, 9 y 13 de la ciudad de Medellín durante los años 2002-2006. Se busca conocer así, de qué modo han sido descritas e interpretadas dichas prácticas, cuáles son las ausencias y los aspectos subrayados con lo emitido, qué relaciones de poder se legitiman, entre otras cuestiones. Llegando a afirmar la existencia de un discurso difundido y legitimado en los medios masivos de comunicación, acorde con el orden social y político hegemónico y dominante en Colombia. Este discurso consiste en la invisibilidad de los mensajes políticos de denuncia y oposición frente a los actores armados y sus dinámicas de guerra, y también consiste en la minimización del desafío de las prácticas colectivas producidas cotidianamente en defensa de los derechos vulnerados de los habitantes de los barrios populares y en busca del reconocimiento y justicia frente a la exclusión social y política.

Palabras clave: Barrios Populares; Conflicto Armado; Contrahegemonía; Discurso Político; Exclusión Política; Exclusión Social; Hegemonía; Medellín (Antioquia); Resistencia Civil.


ABSTRACT

This article discusses the way that Press reports about the different expressions of civil resistance from tracking information registered on the local and national press about the cases of Communes 8, 9 and 13 of the city of Medellín during the years 2002-2006. The intention is to know how such practices have been described and interpreted, which are the absences and emphasized aspects with the emitted information, what power relations are legitimized, among other questions. There is an affirmation of the existence of a legitimate and spread discourse on the media consistent with the social and political hegemonic order in Colombia. This discourse consist in the invisibility of the political message of denunciation and opposition to the armed actors and their war dynamics, and also consists in the minimization of the challenge represented by the collective practices produced daily in defense of the violated rights of the inhabitants of these deprived neighborhoods in search of recognition and justice against social and political exclusion.

Keywords: Deprived Neighborhoods; Armed Conflict; Counterhegemony; Political Discourse; Political Exclusion; Social Exclusion; Hegemony; Medellín (Antioquia); Civil Resistance.


 

 

Introducción

El campo de las acciones humanas está inmerso en el dominio de las mediaciones discursivas; es una interrelación de la comunicación y la acción. Sin embargo, en el cruce de esa interacción se impone lo comunicativo, ya no sólo como mediación, sino también como contingencia y emergencia de horizontes; es la condición de posibilidad de los sucesos humanos (White, 1987; Koselleck, 1985). El interés por el registro en los medios masivos de comunicación sobre las acciones colectivas de resistencia civil que se producen cotidianamente, presupone que es en el espacio de acción de los distintos actores colectivos donde se recrean y disputan cotidianamente las relaciones hegemónicas de dominación. A su vez, los actores colectivos están permanentemente en un proceso de incorporación, de reivindicaciones sociales, políticas, culturales, que se van constituyendo en proyectos colectivos de futuro, proyectos a partir de los cuales es posible la diversidad y transformación de las situaciones de exclusión y el reconocimiento de las múltiples diferencias concebibles de identidad colectiva y de luchas por los derechos vulnerados. Pero una de las dificultades, entre muchas otras, con las que se encuentran los procesos contra-hegemónicos y de resistencia civil, es el poco acceso a los medios de difusión de la información, para generar opinión, criterio propio y consenso crítico frente a los asuntos y problemáticas que en el espacio cotidiano se discuten y, de este modo, llegan a constituirse paulatinamente en temas de agenda pública.

El proceso de producción y emisión de la información es paralelo al proceso de interpretación: “los medios de comunicación no solamente delimitan las fronteras sino que también aportan el material de construcción para el consenso público, y de este modo fijan las condiciones de establecimiento y mantenimiento de una hegemonía ideológica” (Van Dijk, 1997, p. 70) y de las relaciones de dominación. Se plantea así, la existencia de una lucha de mensajes y significados por los que compiten tanto los actores colectivos como las élites económicas y políticas locales a través de los medios de comunicación. De acuerdo con el planteamiento de S. Castro-Gómez y Eduardo Restrepo,

[…] De lo que estamos hablando es, entonces, de una tecnología de poder que siguiendo a Mauricio Lazzarato (2006) denominamos ‘noo-política’ en la que se apela ya no tanto al control sobre los cuerpos (como la corpopolítica), sobre las poblaciones (como la biopolítica) o sobre la ‘riqueza de las naciones’ (como la geo-política) sino al deseo de los individuos. La noo-política no se dirige hacia el intelecto de las personas, sino que opera mediante la modulación de los deseos, los afectos, la percepción y la memoria (Castro-Gómez y Restrepo, 2008, p.15).

En este artículo se aborda, en primer lugar, algunos elementos de discusión sobre los temas discurso y hegemonía, y en segundo lugar, el tratamiento predominante de los medios de comunicación sobre las acciones colectivas de resistencia civil, teniendo en cuenta los casos de las comunas 8, 9 y 13 de la ciudad de Medellín. Para este análisis fueron revisados los periódicos El Colombiano, El Mundo, El Tiempo y la Revista Semana durante el periodo 2002 a 2006, sirviéndonos de la delimitación temporal del estudio “Resistencia civil no armada al conflicto armado, la exclusión social y la pobreza. Casos Comunas 8, 9 y 13 de Medellín. 2002-2006”, en el que se desarrolla la reflexión del presente artículo.

El rastreo de las noticias se hizo a través de una matriz de análisis cualitativo que estableció cuatro aspectos fundamentales a registrar para cada noticia. El primero es la distinción de las distintas acciones colectivas con la fecha y lugar donde se produjo. El segundo aspecto es el actor o actores sociales que protagonizaron la acción colectiva. El tercer aspecto analizado son las fuentes periodísticas utilizadas para la información emitida y, por último, las respuestas registradas de contención, concertación o disuasión de las autoridades locales frente a la acción colectiva. El análisis de estos aspectos se presenta a continuación, ejemplificando, en un primer momento, algunas acciones colectivas de resistencia civil, y luego a través del registro de noticias relacionadas con las condiciones sociales, políticas y económicas de las tres comunas. Al final son expuestas, a modo de discusión general, algunas consideraciones sobre el discurso y el papel de los medios de comunicación en el mantenimiento o alteración de las relaciones sociales y políticas dominantes.

 

1. El papel del discurso y la hegemonía

El discurso es una modalidad lingüística y social, y es entendido aquí desde su condición activa y productora mediante la implantación de mecanismos semánticos y enunciativos, que permiten en su descripción, ya sea, la inauguración, normalización, generalización e incluso transformación de la percepción sobre una realidad dada. Es discursivamente, por ejemplo, que se abre el campo de las expectativas de organización futura, las identidades sociales y la narración como testificación de un pasado. Siguiendo a R. Koselleck (1985), un concepto no es sólo indicador de los contextos que engloba, también es un factor suyo (un factor de grupos políticos y sociales). Con cada concepto se establecen determinados horizontes, pero también límites para la experiencia posible y para la teoría concebible; no sólo indica unidades de acción, también las acuña y las crea.

White califica a esta comprensión del discurso como un modelo “realizativo”, y explica que “desde la perspectiva que proporciona este modelo, se considera el discurso como un aparato para la producción de significado más que meramente un vehículo para la transmisión de información sobre un referente extrínseco” (White, 1987, p. 60). Visto así, el discurso que narra, que describe y habla de realidades, de acontecimientos, se presenta como acción no sólo expresiva sino también constructora de una realidad. “[…] la producción de significado puede considerarse como una realización porque cualquier conjunto dado de acontecimientos reales puede ser dispuesto de diferentes maneras, puede soportar el peso de ser contado como diferentes tipos de relatos […]” (White, 1987, p. 61).

De este modo, el discurso es acción cuando oculta y cuando visibiliza (Fairclough, 1989), cuando con lo emitido logra posesionar políticamente unos protagonistas o una nueva situación a través de la repetición de términos, imágenes y opiniones, así como con la normalización o naturalización ante el público de una problemática, de una situación de exclusión, o de una decisión institucional que involucra relaciones desiguales de poder en una comunidad. En el discurso noticioso, al igual que en el sistema semiológico, la información puede ser dada de forma arbitraria, por grupos de decisión interesados en utilizar unas palabras más que otras, o validando unas reglas y poniendo en desuso otras, inaugurando realidades por medio de la normalización de situaciones desiguales en las relaciones sociales y políticas; obstaculizando la mirada sobre lo que aparece como marginal, o simplemente invisibilizando en el acontecer cotidiano las prácticas sociales contra-hegemónicas.

La acción normalizadora de una situación de desigualdad y exclusión social y cultural se incorpora como discurso en la emisión de la información, por ejemplo, a partir del rol asignado a los participantes de un acontecimiento o evento noticioso, con el uso continuado de convenciones sociales jerarquizantes (Fairclough, 1995). Son distintas las relaciones sociales que se reproducen de acuerdo a la ubicación social de quienes participan como fuente de información, esto es, dependiendo de si se es sacerdote, líder político, profesor, agente de policía, periodista, presidente de un país o un ciudadano común. Es recurrente que sean el agente de policía y el funcionario público quienes tienen la opinión sobre los hechos, y son ellos los presentados en las noticias como la fuente legítima de la información sobre un evento violento en una comunidad dada (aunque no habite en esa comunidad).

Así mismo ocurre con la utilización de términos cargados de significación y que influyen ideológicamente, ya sea para la discriminación o mantenimiento en el poder de un grupo particular. Las convenciones sociales pueden representar ideologías naturalizadas, las cuales producen un mecanismo más efectivo para sostener las hegemonías (Fairclough, 1995, p. 91), al reproducir ampliamente dimensiones ideológicas y culturales de la hegemonía (p. 94). Fairclough afirma que un evento discursivo trabaja ideológicamente, planteando así lo que ya Foucault había afirmado: el discurso contribuye a la reproducción de relaciones de poder. Siguiendo a N. Fairclough, es principalmente en el discurso (noticioso) que el consenso es logrado, las ideologías son transmitidas y las prácticas, valores, significados e identidades son enseñadas y aprendidas. El discurso noticioso cumple así su función esencial como expresión comunicativa de producir consecuencias sociales, es decir, promover la adquisición, cambio o confirmación de creencias sociales.

La información difundida en medios masivos de comunicación realiza un proceso de selección permanente (Deleuze, 2002), en este sentido, se da un proceso de producción, reconocimiento y exclusión que lleva a una lucha ideológica por lograr el dominio discursivo de la verdad. Este proceso de selección hace parte de un modelo mental —de representación personal de las experiencias, socializado a través de los medios masivos, pero también, en la interacción en el espacio cotidiano o el institucional[1]—, que reproduce y activa criterios de veracidad, como cualquier construcción ideológica de grupo.

Lo que proponemos al hablar de discursos hegemónicos es la indagación en lo dicho y en los modos de decirlo, en las relaciones y oposiciones que lo dicho establece, lo que se involucra y lo que se deja por fuera de la realidad que se dice describir y representar, ya que lo escrito y lo dicho son en sí mismos un acontecimiento comunicativo suscrito en un determinado modelo del mundo, que conlleva, de forma implícita o explícita, concepciones más o menos generales y más o menos particulares del mundo. Es decir, cualquier testimonio, informe noticioso, entrevista, opinión, pronunciamiento público o comunicado que se produce, establece una elección y definición de la realidad, entablando inevitablemente un juego y disputa con las demás elecciones existentes[2].

Una forma eficaz de observar las relaciones de poder y disputas presentes en una sociedad, es el acercamiento a los modos existentes de definición y narración de lo que sucede, es hacer una lectura entre líneas, indagando en las posibles modalidades de control social que allí puede darse. La importancia de indagar de un modo crítico en los discursos producidos es la apertura a la multiplicidad y heterogeneidad de órdenes sociales, es un modo de exploración significativa de las diferencias en una realidad que se busca homogenizar. Se propone así, conocer hasta qué punto todo aquello que se publicita sobre cualquier problemática, tiene un tratamiento particular que lo hace parte de la afirmación y legitimación de un orden social y político, y hasta qué punto disiente, genera preguntas y cuestiona lo dado como algo que excluye otras formas singulares o minoritarias de existencia y organización social, e introduce así, en la agenda pública, la posibilidad de una situación que puede ser transformada.

En esta perspectiva, se reconoce el campo del poder que ocupa cualquier discurso con pretensiones de autoridad sobre la verdad. El aporte analítico de Foucault es destacable en este sentido, al haber logrado escudriñar en la existencia misma del discurso como objeto, la cuestión del poder como su rasgo característico. Su invitación es a auscultar lo dicho y su modo de aparición en tanto formación de verdad, y el modo en que se instaura como un saber y/o dominio de representaciones colectivas. Para Foucault “la verdad […] opera como un conjunto de procedimientos reglados por la producción, la ley, la repartición, la puesta en circulación, y el funcionamiento de los enunciados […] Está ligada circularmente a los sistemas de poder que la producen y la mantienen, y a los efectos de poder que induce y que la acompañan al régimen de verdad” (Foucault , 1999, p. 55).

Lo que se emite y publicita a través de diferentes medios de comunicación, de la investigación social y de la opinión pública sobre los acontecimientos de conflicto armado, exclusión socioeconómica y sobre las acciones colectivas de resistencia civil se aborda no sólo desde su carácter expresivo, sino fundamentalmente desde su capacidad reproductora de ideas, creencias y actitudes en una situación concreta, como es el caso del conflicto armado de Colombia. Algunas de las verdades que más circulan y se difunden masivamente nos lleva a preguntarnos, al respecto de las acciones colectivas de resistencia civil en las tres comunas de interés, ¿cuáles son las prácticas de resistencia civil que son registradas en la prensa local y nacional? ¿Cómo son descritas estas acciones colectivas? ¿Cuál es el grado de incorporación o, por el contrario, de oposición que la emisión de información sobre las acciones colectivas de resistencia civil evidencia con las relaciones sociales y políticas hegemónicas?

 

2. El cubrimiento de la prensa local y nacional sobre las comunas 8, 9 y 13 de la ciudad de Medellín

La pregunta que prevalece aquí, desde la perspectiva crítica del discurso, es por el modo cómo se implementan los discursos hegemónicos y las formas de poder que estos conllevan, indagando en lo que se dice acerca de las acciones colectivas de resistencia civil producidas: ¿Cómo se han nombrado y titulado? ¿Quiénes son los actores protagonistas y quiénes los secundarios? ¿Cuáles fuentes son utilizadas con más frecuencia? ¿Con qué estilo, palabras o términos se ha descrito la acción? ¿Cuál es la fuente predominante para la legitimar la información producida? Este análisis será abordado fundamentalmente a partir de dos temas: el primero de ellos es el cubrimiento de las acciones colectivas de resistencia civil de las comunas 8, 9 y 13, y el segundo se refiere al desarrollo de otros aspectos, políticos y sociales, en las tres comunas de interés para este estudio realizado durante el periodo 2002-2006.

2.1 El cubrimiento en la prensa escrita acerca de las acciones colectivas de resistencia civil en las comunas 8, 9 y 13 de Medellín

Teniendo en cuenta las distintas iniciativas civiles identificadas en las tres comunas, podemos afirmar que el registro de las acciones de resistencia civil es mínimo frente a otro tipo de información que tiene mayor resonancia en los medios; este es el caso del conflicto armado, las operaciones militares, la desmovilización de grupos al margen de la ley, la política de seguridad democrática, e incluso, otros eventos tales como los desastres naturales o comunitarios; por ejemplo el caso del incendio del barrio Mano de Dios, los derrumbes y algunos desalojos en sectores de invasiones, siendo estas, entre otras, las noticias del ámbito local y nacional con mayor difusión en su momento.

Sin embargo, hay acciones colectivas de resistencia civil que también alcanzaron a ser registradas en la prensa local y algunas otras en el ámbito nacional. Si bien, las que más se mencionan son las marchas pacíficas, las tomas a edificios públicos o plantones en sitios muy concurridos, no se mencionan otras acciones colectivas como los bazares comunitarios, o los conciertos y festivales por la vida organizados en los barrios de la Comuna 13, como se verá más adelante.

Respecto al actor social movilizador de la acción colectiva, son las mujeres quienes se llevan el protagonismo dentro de las acciones de resistencia civil frente a la guerra y al accionar armado, en especial las Madres de La Candelaria y el plantón que realizan en la iglesia de La Candelaria, que aparecen repetidamente en la prensa local, seguidas por Ruta Pacífica de Mujeres, Mujeres de Negro y La Asociación de Mujeres de las Independencias (AMI) en la Comuna 13 de Medellín. En el registro de noticias sobre las acciones colectivas y las consignas que a través de ellas se divulgan, estos actores colectivos alcanzaron reconocimiento público porque estuvieron en movilización y denuncia constante; las mujeres entraron y acompañaron a las comunidades de los barrios en conflicto, realizaron sus actividades pacíficas y contestatarias —a pesar de las difíciles situaciones de seguridad—, enfrentaron miedos y amenazas y se acompañaron mutuamente en su dolor. La información en prensa describe, a través de los relatos hechos por familiares de las personas desaparecidas, la situación de las desapariciones forzadas, de los años de lucha y de las acciones realizadas para resistir a esta situación de violación a los derechos fundamentales. Sin embargo, con el siguiente ejemplo pretendemos ilustrar el modo en el que la acción de resistencia civil es desvirtuada de la práctica política y el conflicto simbólico que representa, reduciéndola solamente a un sentido terapéutico y teatral.

“No queremos parir más hijos para la guerra” es la proclama de un grupo de mujeres que se reúnen el último martes de cada mes en el Parque de Berrío vestidas de negro y sumidas en el silencio.

Cada mes, 620 mujeres se encuentran en el parque, hacen una ronda y permanecen calladas durante 20 minutos. “alguna lágrima a veces brota”.

Rocío Pinada, directora de derechos Humanos y DHI de la Secretaría Gobierno de Antioquia, dice: “el ver a tanta gente de negro impacta. Son nuevos lenguajes que ponen a otros a reflexionar. Aunque cuesta mucho, porque esta sociedad se mueve es a punta de gritos” (El Tiempo, 2002, p. 14).

Desde la forma como se titula la noticia se enmarca la acción de resistencia civil en un tratamiento médico que busca aliviar y paliar el dolor de víctima, disminuyendo así su significado simbólico político. La presencia de un colectivo de mujeres vestidas de luto con fotografías de sus seres queridos desaparecidos, es un mensaje directo a la sociedad y a las instituciones del Estado Social de Derecho, indicando la urgencia de no olvidar y no dejar en la impunidad la naturaleza de los crímenes de la desaparición forzada. Sin embargo, en el titular de la noticia queda reducido el papel de las madres movilizadas en defensa de su integridad, de la vida y dignidad de las personas desaparecidas, a la de “pacientes” en terapia, restándole fuerza a la acción colectiva, a través de la cual se ejerce el derecho a la libre expresión y la denuncia de una situación grave, violatoria de los derechos fundamentales.

Es frecuente que las acciones colectivas de resistencia civil difundidas en prensa no estén acompañadas de un contexto explicativo de su motivación, que profundice en las razones de los actores sociales movilizados y proporcione elementos de reflexión a lectoras y lectores. Narrar exclusivamente desde el sufrimiento de las familias es quitarle el sentido público y político a estas prácticas colectivas, es ocultar su mensaje político y de denuncia. Casi siempre se repite la información y, por ejemplo, nunca se trata el tema de la reparación real de las víctimas o la posición de las mujeres frente a temas del acontecer nacional que las afecta directamente.

Otro actor protagónico de las acciones colectivas registradas en la prensa fueron los párrocos de la iglesia católica. La iglesia tuvo un papel importante en el interior de los barrios: acompañó procesos de negociación y acuerdos de no agresión, estuvo al lado de la comunidad en los momentos difíciles con propuestas de no violencia, en especial con niños y jóvenes. Algunas de estas acciones tuvieron gran aceptación en el interior de los barrios, muestra de ello son las movilizaciones y protestas de las comunidades ante situaciones de asesinatos o amenazas contra los presbíteros de sus parroquias, como una consecuencia de las denuncias que algunos de ellos se atrevieron a realizar frente a las violaciones de los derechos humanos y los atropellos de las fuerzas armadas legales e ilegales. Sin embargo, en la emisión de noticias sobre las acciones de resistencia civil cuando se habla de las situaciones generadoras de las distintas movilizaciones en los barrios, lo que más se destaca es la comunidad barrial y sus integrantes como personas que están temerosas, con miedo, con pocas posibilidades de hacer denuncia por la situación de extrema violencia. A continuación se presenta un ejemplo de este tipo de cubrimiento.

Con capuchas, juguetes bélicos y cacerolas, decenas de niños recorrieron las empinadas calles de Belencito y otros barrios aledaños, donde es común el sonido de las balas, para rechazar la violencia que desde hace más de un año no los deja vivir con tranquilidad.

[…] La idea fue del padre Rigoberto Velásquez párroco de Santa Catalina de Siena quien se ideó una especie de vía crucis con los niños para concientizar (sic) a todos los habitantes del barrio y a los grupos armados […] que todavía hay espacios para vivir en tranquilidad.

[…] el temor a hablar es la constante y solo (sic) algunos miembros de la iglesia se atreven a hacer llamados a la reconciliación y a reprochar el accionar de los violentos (El Colombiano, 2002, p. 4C).

Por lo general en la información de la noticia se recurre a historias y relatos de personas involucradas, a modo de pequeñas crónicas o narraciones. Los periodistas preguntan a los organizadores y participantes y citan entre comillas las motivaciones de la acción, también el por qué se realiza o qué se pretende con la manifestación colectiva. De nuevo el papel de los líderes de los barrios sobresale más que todo por su condición de víctimas de asesinatos, amenazas y desplazamientos, no se menciona por ejemplo, que muchos de ellos, a pesar de las amenazas y de los asesinatos de sus compañeros, han persistido en el trabajo con sus comunidades, enfrentando a los actores armados mediante la denuncia pública, y han trabajado para mantener unido a su barrio en la lucha contra la violencia, liderando procesos de no agresión entre bandas para proteger la vida de los habitantes del barrio. Lo que no se dice en esos cubrimientos periodísticos es que además de víctimas, los líderes barriales alcanzaron a luchar y persistir, colectivamente algunos, y otros llevando a cabo procesos más solitarios en beneficio de la comunidad, y, en cualquier caso, sin mayor acompañamiento y protección de la administración municipal o de otras instituciones públicas y privadas.

De este modo, en la descripción noticiosa, el protagonismo y la capacidad decisoria de los civiles sobre su situación queda diluida y reducida al papel de víctimas de los actores armados y de la situación de violencia en general, como también en muchos casos, queda diluida la responsabilidad de quienes ejercen esa violencia contra los civiles. A continuación se ejemplifica ésta situación, desde la forma en la que se titula la noticia, como si los fusiles fueran entes vivientes y tuvieran la facultad de dispararse solos.

Ante los miles de asesinatos en la comuna 8, tras la muerte de varios niños y ancianos, cansados del toque de queda que inicia a las 8 de la noche, los habitantes de la comuna dicen “que ya no es suficiente taparse los oídos” ante las balas. “[…] ayer dijeron que estaban “mamados” de ni siquiera poder dormir y marcharon por las calles del centro con una consigna “queremos que no disparen más fusiles ni ametralladoras”.

[…] Denunciaron que varios niños y ancianos murieron o están hospitalizados luego de ser impactados por disparos de fusiles y “trufly” (lanzagranadas); solicitaron al gobierno mayores garantías para la comunidad de los barrios que conforman este sector, donde los combates entre milicias, autodefensas y bandas tienen encerrada a la población civil.

“[…] Vemos con preocupación como el Estado ni nadie se preocupa por la peligrosidad que representa para la población civil que estén manejando estas armas, es que un disparo atraviesa hasta tres casas” comentó un líder de la Mesa de Trabajo por la Paz del centro oriente y nororiente de Medellín (El Colombiano, 2002, p. 12A).

Al igual que en el anterior ejemplo, en el siguiente también queda diluida la responsabilidad de quien ejerce la violencia, pero en este caso se reconoce mayor protagonismo de un grupo social para la movilización, estos son, los jóvenes con capacidad para organizarse colectivamente y convocar a la comunidad en general a resistirse frente a la guerra. Sin embargo, al final de la nota periodística la sensación que queda es la de una movilización de los jóvenes de las organizaciones comunitarias motivada más para disputar la consecución de recursos públicos mediante el acceso a programas y proyectos, quedando así relegada a un plano secundario la oposición al conflicto armado y al ejercicio de la violencia.

“Jóvenes de las organizaciones comunitarias luchan contra los fusiles”. […] Una caravana por la vida saldrá de cada uno de los barrios en conflicto de la ciudad, el próximo domingo, a las 9 de la mañana y se concentrará después en el sector de la clínica León XVIII. El objetivo: “declararse en resistencia civil contra la guerra en los barrios.”

[…] “Estar desarmados es nuestra gran arma para decirle a todos los combatientes que vamos a hacer resistencia cultural, de solidaridad, económica, artística y cooperativa en todos los sectores en donde nos es difícil entrar y vivir” comenta Paola Galeano de la Red Juvenil.

El movimiento es liderado por más de 200 jóvenes de 16 organizaciones comunitarias de la ciudad quienes denunciaron que por culpa del conflicto armado la población no puede acceder a muchos programas y proyectos (El Colombiano, 2002, p. 12A).

Los conductores de trasporte urbano también se mencionan como actores de las acciones de resistencia civil no armada, con el registro de la realización de paros o suspensión del servicio del transporte público por amenazas y extorsiones (“vacunas”) en las comunas por parte de actores ilegales. Incluso los conductores realizaron suspensiones de servicio del transporte público en acción de protesta por el asesinato de líderes sociales. Sus acciones tienen amplia resonancia e incluso generan una respuesta inmediata de las autoridades, debido a que paralizan el barrio y perturban su cotidianidad al no permitir que la gente se desplace a sus lugares de trabajo y estudio. Este actor colectivo causó conmociones al interior de los barrios, sin embargo, sus acciones también responden más a lógicas de amenazas e intimidación que a los actos autónomos de resistencia civil, sus exigencias no superan las cuestiones económicas del gremio y no cuestionan la situación de violencia al interior de los barrios.

Buenos Aires, Caunces de Oriente, Los Cerros y El Batallón desde el 01 de octubre están sin transporte debido a un paro que adelantan los transportadores de la Flota La V.

[…] Además del paro los conductores hicieron bloqueo de vías. Desde las 10:30 a.m. los buses los atravesaron en la carretera que conduce hacia el Batallón y Los Cerros. El bloqueo duró hasta las 3:30 p.m.

El paro tiene afectados a 30.000 habitantes del sector que no pueden salir a sus trabajos, ni los niños pueden ir a los colegios. 115 buses permanecieron guardados en la Terminal.

Los conductores no aguantan los chantajes y vacunas de las milicias. Esta es la razón por el paro de transportadores.

[…] Los conductores dicen que mientras no tengan garantías no retornará la normalidad (El Mundo, 2002, p. 6A).

Se hizo evidente el papel de los medios a la hora de legitimar las acciones y propuestas gubernamentales, al hacer extensas y periódicas notas sobre las opiniones y acciones de la administración y la fuerza pública, mientras que la voz de la comunidad era menos evidente y las emisiones de la información al respecto eran mucho más cortas y precisas. Por un lado están las posturas oficiales que defienden las acciones emprendidas y citan las cifras que demuestran el éxito de las estrategias gubernamentales implementadas. Por otro lado, están los testimonios de las personas directamente afectadas, quienes desde la cotidianidad expresan su inconformidad o reclaman mayor atención a sus problemáticas sociales.

A las 8 de la mañana, cuando abrieron la Alpujarra, 80 desplazados ingresaron al pasillo del piso 4 de la alcaldía, frente a la Secretaría de Solidaridad de Medellín exigían soluciones a su situación.

En junio pasado, las AUC incineraron algunas casas de la parte baja de El Salado y dieron un plazo perentorio de 32 horas para que los habitantes de ese sector abandonaras sus casas; luego de dejar todas sus cosas, ocuparon por un mes el colegio de las Independencias hasta que fueron reconocidos como desplazados; el pasado 27 de octubre recibieron una ayuda pero el día de hoy no tienen con que pagar un arriendo; reclaman soluciones.

[…] Desocuparon los pasillos a las 5 de la tarde tras hablar largo rato con funcionarios de esa Secretaría.

[…] La titular de ese despacho: Victoria Eugenia Ramírez, indicó que: “estas personas han sido atendidas en la oficina de desplazados de la administración, se les ha pagado el arriendo, salud, educación para los niños y algunos mercados (…) se les asesoró para que fueran al Inurbe que les repone el daño a las casas y a la Red de Solidaridad que les da un dinero para la subsistencia pero muchos no han hecho los trámites que deben ser personales”.

La funcionaria recordó que “existe una oficina para atender a la comuna 13 que está ubicada en el barrio Corazón, funciona hace 15 días, que es en donde ellos deben ir a buscar ayuda y no aquí en la Alpujarra” (El Colombiano, 2002, p. 12A).

Los años de mayor difusión de la movilización y acción de resistencia civil, de acuerdo a la delimitación de interés, fueron el año 2002 y el año 2005. El cubrimiento de las acciones de Las Madres de la Candelaria se mantiene vigente y constante a lo largo de todo el periodo; en los años 2005 y 2006 las acciones fueron impulsadas en su mayoría por la misma administración local en el marco de la campaña “Menos armas, más vidas” dirigida a niños y jóvenes. En estas iniciativas la Iglesia Católica también fue acompañante como mediadora de conflictos, y generó nuevas propuestas para la construcción de la paz: marchas con los niños, quema de juguetes bélicos, denuncias por atropellos de la fuerza pública contra la población civil, acompañamiento a las comunidades que han tenido altos niveles de violencia y mediación con actores armados. Así, en los años 2005-2006 hay un gran despliegue informativo de la campaña “Menos armas, más vidas”, campaña liderada por la Alcaldía de Medellín (Secretaría de Educación en conjunto con la Policía y otras organizaciones). Campañas de prevención de la agresión y la violencia, marchas con los niños y jóvenes de los colegios y actos simbólicos de quemas de juguetes bélicos. En general, en estos dos años se da un despliegue importante de iniciativas gubernamentales y de legitimación del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia iniciado en el año 2004. En contraste, hay poca difusión para las acciones colectivas de otros grupos sociales y organizaciones civiles. A continuación se presentan dos ejemplos de este tipo de información en prensa.

Ayer en la noche, en Tres Bocas, del barrio Caicedo las Estancias, comuna 8, se congregaron los niños en torno a la luz como un homenaje a las víctimas de la violencia, la danza de los zanqueros fue lo que más le llamó la atención.

Desde las 4 de la tarde estudiantes de los colegios del sector de Caicedo se congregaron en la carrera 52 con la calle 9 para rendirle un homenaje a las víctimas del conflicto armado. Allí dibujaron un corazón gigante de color rojo. Tres bocas era un lugar de gran conflictividad en donde ocurrieron muchas muertes.

Después de las 6:30 aparecieron las luces, prendieron luces alrededor del corazón y una pareja de zanqueros bailaron para recordar a los muertos (El Colombiano, 2005, p.10A).

Esta es una actividad que se enmarca dentro de los esfuerzos que hace la iglesia y la administración para inculcar una pedagogía de la no violencia. El acto termino (sic) a las 7 de la noche cuando los niños regresaron todos a sus casas.

La actividad se realizó en Villatina y fue organizada por los desmovilizados con la Corporación Democracia, los apoyó el padre Juan David Torres, párroco de la comunidad, “pensando en acompañar alternativas que tiendan a consolidar la paz en este sector”.

[…] Cambiaron juguetes bélicos por carros, cuadernos, lápices, pelotas.

[…] Se inició el acto con una eucaristía. La actividad la realizó Joaquín Calle, desmovilizado del Bloque Cacique Nutibara y reunió a más de 600 niños y sus familias. “La idea es concientizar (sic) para que no compren juguetes bélicos a los niños” dice el organizador (El Colombiano, 2006, p. 10A).

El tercer aspecto de análisis de la matriz mencionada para este estudio, es el de las fuentes frecuentes de información en las noticias registradas. Una fuente frecuente en las noticias que informan sobre violaciones de los derechos humanos en los barrios de las comunas, son algunas organizaciones no gubernamentales, tales como el Instituto Popular de capacitación (IPC), la Red de Organizaciones Sociales (ROC), el Consejo Comunitario Realizadores de Sueños y las diferentes juntas de acción comunal de los barrios, éstas son fuentes citadas generalmente para darle legitimidad a la información de denuncia e identificar un tipo de acompañamiento civil que han tenido las comunidades afectadas por las situaciones de violencia. Las autoridades locales aparecen con frecuencia para desvirtuar las denuncias de violencia o para ampliar la información de confrontación entre los grupos ilegales reconociendo la necesidad de mayor seguridad en la zona. Algunos de los funcionarios más mencionados son, General Mario Montoya, General Leonardo Gallego, general Rubén Carrillo, Coronel Hugo Bonilla, Luis Pérez (ex alcalde) Sergio Fajardo (Alcalde), Alonso Salazar (Secretario de Gobierno). Otra fuente de información que se registra es la de los grupos armados reinsertados a la vida civil: Giovanni Marín, director de la Corporación Democracia, y Antonio López, vocero de la misma Corporación.

Otro conjunto de artículos, aunque pocos, son los relacionados con las denuncias y acciones de las comunidades. Éstas son noticias que se presentan, con menor frecuencia, como una forma que ofrece el medio escrito de difusión frente a la situación de violación de los derechos humanos; allí encontramos:

  • Exigencia de las comunidades de presencia de organismos de derechos humanos para verificar los atropellos contra la población civil por parte de fuerzas armadas legales e ilegales.
  • Denuncias por presencia de fuerzas paramilitares en los barrios, inclusive después de la desmovilización.
  • Exigencia de la comunidad de mayor presencia del Estado y respeto por sus derechos. Piden superar el desempleo, la pobreza y la exclusión, causantes de gran parte del conflicto armado. Menos guerra y más inversión social.
  • Movilizaciones contra la violencia y la guerra al interior de los barrios y a nivel de ciudad, en especial de niños, mujeres y jóvenes.
  • Publicidad de los eventos realizados o por realizar, por ejemplo, la Semana por la Paz y los Derechos Humanos que se celebra cada año.
  • Difusión de informes sobre violaciones de derechos humanos realizados por diferentes organizaciones (Ruta Pacífica de Mujeres, Instituto Popular de Capacitación, Madres de la Candelaria, Asociación de Familiares de Desaparecidos, entre otras).

En las noticias analizadas no se tiene un seguimiento de las distintas respuestas dadas por las autoridades a las situaciones de denuncia expresadas colectivamente, o a las distintas motivaciones y reclamos sociales expresados en las acciones de resistencia civil, tales como las marchas y plantones públicos; o, por lo menos, no es una información que se presente generalmente en el mismo espacio de la crónica sobre la acción colectiva de la que se está informando.

En síntesis, el papel de los medios de comunicación en el tratamiento de los temas relacionados con las acciones colectivas de resistencia civil frente al conflicto armado en las comunas es cuestionable, porque en la labor pública de informar no se trata simplemente de hacer una nota periodística con un testimonio de alguien afectado por quienes han ejercido la violencia, como en la mayoría de casos sucede, ni de publicar dos o tres testimonios entremezclados con posiciones oficiales. Se trata de crear y recrear otra forma de contar la historia. Si se da protagonismo a los civiles sólo desde su papel de víctimas quizá nos encontremos con que, en efecto, han estado rodeados de muerte, desolación y drama, pero estos también son sujetos activos en la construcción de sus propias realidades. Es decir, si se difunden las distintas propuestas colectivas civiles, se puede también llegar a construir y reconstruir imaginarios sobre lo que hemos sido y somos, logrando posicionar a los habitualmente considerados débiles en un nuevo papel más protagónico y responsable de sus propios destinos, como una forma de contribuir a sensibilizar, visibilizar y promover el papel de los que hasta ahora sólo han sido reconocidos como víctimas, en una sociedad que tiene una gran cantidad víctimas. Esto puede re-significar la manera de verlos como sujetos de derechos y no como objetos de atención, permitiendo considerar así las diversas acciones colectivas de resistencia civil como fuente y expresión alternativa de nuevos proyectos sociales, políticos y culturales de la ciudadanía.

2.2 El cubrimiento en prensa de los aspectos políticos y sociales de las comunas 8, 9 y 13 de Medellín

En este segundo aspecto del cubrimiento en la prensa escrita se puede hablar de dos tipos de notas informativas frecuentes: las que reivindican la acción y éxito de la administración en temas de conflicto armado y exclusión social que se remiten a versiones oficiales; y las que denuncian la situación real de las comunidades de acuerdo con el testimonio de líderes sociales y comunitarios.

Las del primer tipo tienen discursos optimistas sobre el efectivo control militar de las comunas; no se otorga mayor importancia al tema de los grupos paramilitares con presencia permanente en los barrios desde el año 2002, e inclusive, en ocasiones se niega su existencia o se explica que estos grupos están conformados por pequeños reductos a los que la fuerza pública se ha enfrentado sacándolos del territorio. Desde que se inició el proceso de desmovilización en el año 2004 se retiró de los medios de comunicación la palabra paramilitar; es como si este actor armado hubiese dejado de existir y, a cambio, se utiliza con mayor frecuencia la palabra reinsertado o desmovilizado, como si el fenómeno del paramilitarismo hubiese desaparecido por completo de las realidades de los barrios. Son frecuentes las siguientes frases: “la comunidad se siente más segura por la garantía de la presencia del Estado”, y se califica a la Operación Orión, en la comuna 13, como “la acción urbana más exitosa para recuperar el control del territorio por parte de la fuerza pública”. Se informan los puntos de vista de las autoridades y la comunidad.

En el segundo tipo de nota informativa, los periodistas se limitan a describir los hechos: como en el caso de las acciones de resistencia civil al conflicto armado en las que se enuncia y recurre a las historias de vida para dar a entender el sentido e importancia de las acciones colectivas. También se presentan entrevistas con funcionarios de organizaciones defensoras de los derechos humanos, pero no se perciben posturas críticas o propias del autor del informe de prensa, sólo aparecen puntos de vista de otros actores y la descripción de los hechos concretos. Muy pocas veces, y además en pequeñas notas, se argumenta y contextualiza las situaciones de las que deriva el conflicto armado, las demandas de la comunidad o las acciones violentas de algún actor armado en particular.

En los siguientes ejemplos se muestra la forma como son entremezclados los informes sobre los avances de las autoridades respecto al tema de la seguridad ciudadana y los testimonios que denuncian desapariciones, asesinatos y presencia de grupos armados ilegales al interior de los barrios.

Las familias dicen que sus condiciones no han mejorado y los líderes afirman que el impacto no se ha sentido en la comuna.

[…] El programa de capacitación para el empleo todavía no ha empezado, pero según la administración se han dado 2.281 empleos de choque. Las situaciones de pobreza y exclusión no se arreglan de la noche a la mañana.

[…] La administración reconoce la dificultad de cambiar la situación de pobreza y aislamiento prolongado en la zona después de tantos años de ausencia del Estado (El Colombiano, 2003, p. 14A).

General Montoya pide que irregularidades en la 13 se denuncien. Como la acción urbana más exitosa calificó a la Operación Orión pero admite que aún hay problemas. Es una prueba que la acción del Estado puede derrotar a los violentos y se puede devolver la tranquilidad a los habitantes.

Lo más importante es que se están atacando a todos los grupos armados sin preferencia para ninguno.

En cuanto a las desapariciones, amenazas y asesinatos, el General dice que aún quedan problemas por resolver, pero ya hay un ambiente de seguridad que es lo importante (El Colombiano, 2003, p. 12A).

Después de la desmovilización hay una cantidad mayor de artículos diarios que definen la situación de orden público con los términos de avances, retrocesos, opiniones y compromisos en “el proceso de los reinsertados”.

Se ofrecen declaraciones por parte de las autoridades, de los líderes desmovilizados y se muestran los proyectos sociales de los grupos reinsertados; se habla de sus compromisos, las marchas que estos han realizado celebrando los avances en el proceso de desmovilización en el contexto general de la ciudad y en los barrios.

20 mil personas se movilizaron por el aniversario de la reinserción del Bloque Cacique Nutibara […] los del bloque bananero cumplieron un año de reinserción.

La marcha fue organizada por la Corporación Democracia. Salió a las 9:30 del parque Bolívar y llegó dos horas después al palacio de Exposiciones.

Algunas consignas en las pancartas: “La paz de la ciudad no tiene precio, unidos en la desmovilización”.

“señor Adolfo Paz gracias por la paz. Proyecto Pesebre”. […] “queremos que el mundo entero se dé cuenta del apoyo que nos da la comunidad” comentó Augusto Pineda el político conservador que se desmovilizó del Bloque Héroes de Granada.

“es bonito marchar por la paz y muy bueno que nos regalen la camiseta y el refrigerio” dijo una asistente a la marcha que no parecía muy enterada.

[…] Pineda dice: “estoy convencido que si todos los vecinos del barrio no fueron a caminar fue por que no podían […] no vino todo el barrio pero si mucha gente y fue por voluntad propia, porque están de acuerdo con el proceso”.

Julio Perdomo paramilitar reinsertado “estaba muy feliz por la delegación que asistió de la comuna 8. En estos dos años hemos podido acercarnos a la gente, que nos acepten. También mencionó el vivero Sol de Oriente en el que trabajan 40 desmovilizados en la crianza de pollos y cerdos […] (El Colombiano, 2005, p. 10A).

Darle la palabra a los victimarios y no a las víctimas también habla de la postura de los medios de comunicación. Exponer de forma grandilocuente los avances de los procesos de desmovilización de grupos armados, mientras que la comunidad continúa denunciando los atropellos por parte de los actores armados sin hacer análisis críticos, se convierte en un agravante para la construcción de opinión pública nacional frente al conflicto armado y la nueva situación de reinserción a la vida civil de los grupos que han protagonizada el conflicto interno armado en Colombia.

Por otro lado, la Operación Orión en la Comuna 13 es, quizá, el hecho más publicitado en materia de orden público, y es presentado como la acción urbana más exitosa de la fuerza pública para recuperar el control del territorio. Desde que se produce la “operación militar” hasta el año 2006 siguen apareciendo noticias al respecto; balances y comparaciones retrospectivas de la ciudad y sus logros significativos en materia de seguridad ciudadana son las notas informativas recurrentes, y la ciudad se convierte en un referente a la hora de hablar de control social y orden público en las comunas populares por parte de la administración local en el ámbito nacional. Sin embargo, mientras estas notas aparecen, simultáneamente, aunque con menor difusión, se presentan noticias que denuncian la permanente presencia de actores armados emergentes (actores armados que nunca han salido de los barrios). Sus acciones de control social y territorial, las extorsiones, asesinatos y atropellos, son situaciones que no han tenido mayor eco en el ámbito local y nacional. Aun así, aparecen cuestionamientos de la población civil a la administración municipal, dado el incumplimiento de las promesas de inversión social y la continuidad de las situaciones estructurales de violencia y exclusión, como se evidencia en la siguiente nota:

La gente de la comuna 13 dice que no ha sentido el impacto de la inversión. La administración dice que cumplió compromisos y que mantendrá sostenibilidad […] El desempleo, la pobreza y la exclusión, causantes de todo el conflicto, continúan como siempre, la situación no ha cambiado, “se nota una falta de planeación de la vida social” dice un líder de la zona. Las acciones de planeación de la inversión no han tocado los asuntos de fondo, de ahí que el impacto no se sienta.

La versión de la municipalidad es otra, dice que han invertido mas (sic) de 20.500 millones de pesos. Sustenta que muchas personas se inscribieron para emplearse pero al llamarlas no aceptaban por que tenían otras expectativas, lo mismo con el estudio de los jóvenes, muchas cupos quedaron disponibles. La segunda etapa de inversión está por venir, el plan estratégico de desarrollo construido con la propia comunidad.

“garantizamos educación, salud en el primer nivel, estamos haciendo un estudio para pasar un sistema vial por la zona: la circunvalar y otro alternativo. Hay que entender que el empleo no es problema del alcalde, eso le corresponde al sector privado y a políticas macroeconómicas. Para nosotros el asunto de fondo es que haya educación, salud, seguridad y obras. Como administración municipal estamos atendiendo lo que nos manda la constitución. El impacto social hay que medirlo en términos de compromiso y no en términos de expectativas” argumenta Luís Pérez, alcalde (El Colombiano, 2003, p. 10A).

La mayoría de los artículos que aparecen sobre las comunas 8, 9 y 13 en el periodo de interés, se refieren a las posturas oficiales respecto al conflicto armado y a la situación de los barrios y los avances que, en el control de las zonas, ha tenido la fuerza pública. En este sentido se publican informes de las diferentes secretarías, balances oficiales, posturas de los funcionarios, programas públicos a implementar o ya implementados, desde una perspectiva optimista. De una manera muy general se hace alusión a la situación de seguridad y orden público, al desplazamiento forzado, las invasiones y los programas sociales destinados a enfrentar la pobreza y exclusión. Sin embargo, de nuevo se presentan varios artículos que contraponen las versiones de una situación en particular, donde se pueden encontrar nuevamente posturas oficiales, en algunos casos contrapuestas con testimonios de los líderes de las comunidades, quienes en la mayoría de los casos no son tan optimistas y denuncian tímidamente la situación por la que atraviesan sus comunidades, además de exigirle al Estado mayor compromiso.

Habitantes de ocho barrios del occidente de Medellín reclamaron ayer presencia de organismos de DH nacionales e internacionales que verifiquen los atropellos cometidos por los actores armados durante los últimos nueve meses, a propósito del recrudecimiento de los choques en la zona entre grupos de milicias, de autodefensa y organismos de seguridad […] la función de brindar seguridad se ve también resquebrajada cuando las fuerzas del estado utilizan nuestras casas y escuelas como trincheras de combate, igual que los milicianos” comenta un documento redactado por líderes de la comunidad”.

Por su parte el comandante brigadier general Leonardo Gallego descartó que sus hombres fueran responsables de abusos contra la ciudadanía, pero observó que en caso de algún exceso estaría dispuesto a poner las sanciones necesarias. El general Mario Montoya es enfático en señalar que no existen zonas vedadas en la ciudad para el control y patrullaje de las autoridades (El Colombiano, 2002, p. 8A).

Las notas de prensa que denuncian los hechos de violaciones a los derechos humanos y asesinatos de líderes, por lo general son cortas, escasamente descriptivas, en donde sólo se narra cómo ocurrieron los hechos (con algunos apartes de entrevistas a familiares) y terminan describiendo el dolor de la comunidad que ha perdido a personas valiosas para la historia del asentamiento y desarrollo de los barrios. No se emiten en ellas juicios críticos, se limitan a informar el hecho brevemente[3]. En particular con el asesinato de numerosos líderes comunitarios ha faltado un ejercicio de recordación y seguimiento al desenlace de los crímenes, favoreciendo, de este modo, el ambiente de impunidad que rodea a las distintas situaciones de violencia en estos barrios.

A modo de conclusión de este análisis, se podría plantear la existencia de unas “gafas borrosas de neutralidad”, objetividad y compromiso periodístico en la configuración de la realidad de los barrios de estas comunas populares de Medellín. Durante el periodo de estudio existieron voces de denuncia sin mayor difusión por parte de los medios de comunicación, hubo posturas poco claras sobre el rechazo e indignación por los hechos de violencia y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. De modo tal que se puede ubicar a los medios de comunicación, en general, desde un lugar ajeno al conflicto armado que experimenta el país, presentándose así, más que como

“transmisores”, como simples espectadores de una realidad con la cual en la labor de informar se crearon pocos vínculos de compromiso social y político con las comunidades afectadas, y donde tampoco ha habido un proceso de formación de opinión pública crítica y solidaria con los demás ciudadanos, con los pobladores de los barrios que han experimentado cruentamente el conflicto armado. Tampoco se ha dado un ejercicio que permita construir memoria, como podría ser la recordación y seguimiento a los crímenes de líderes comunitarios y jóvenes en general, que han sido asesinados en este periodo de violencia en las tres comunas.

La información registrada en la prensa escrita acerca de los dos aspectos que se han destacado en el artículo —las acciones colectivas de resistencia civil y los aspectos contextuales de estas acciones—, ha favorecido la mirada oficial y de grupos de poder interesados en mantener las relaciones de exclusión y dominación vigentes. No obstante, ello deja a un lado la realidad que se vive en las comunidades barriales, donde ha existido una permanente lucha de los actores colectivos por resistirse y alterar las situaciones de violencia y exclusión, recordando con esta afirmación lo que ha planteado E. Dussel,

Los excluidos presionaron siempre (aun en el demos griego, para llegar a la isonomía, al ‘igual derecho’) por participar en la creación del consenso, y esta lucha por el reconocimiento de sus derechos exigió transformar el sistema democrático vigente y abrirlo a un grado superior de legitimidad, y por lo tanto, de participación, es decir, de democracia.

[…] La democracia crítica, liberadora o popular (porque el pueblo es el actor principal) pone en cuestión el grado anterior de democratización alcanzado; ya que la democracia es un sistema por ser reinventado perennemente (Dussel, 2006, p. 106).

 

Algunas reflexiones finales

Retomando a White (1987), en esta perspectiva de análisis del discurso se ha dejado a un lado la tradicional visión del lenguaje como un pasivo instrumento para describir y representar el mundo, que lo hacía aparecer en forma de mímesis, analogía o comparación con la realidad. Estas son formas lingüísticas que planteaban la neutralidad y transparencia del lenguaje sobre una realidad. Por el contrario, lo que se ha evidenciado es la dependencia de aquello que comunica, a criterios de plausibilidad moral, cultural, económica y política, y la afirmación de lo verosímil desde alguna autoridad en un momento político dado.

A partir de esta ruptura con la perspectiva del lenguaje representacional, se ha dado comienzo al análisis y relevancia de los diferentes recursos comunicativos en la interacción y construcción de la realidad. El discurso es estudiado así, desde sus peculiaridades comunicativas, que generan, a la vez que expresan, relaciones entre hechos, creencias y actitudes del mundo. Peculiaridades que incluyen, entre otras, las características formales (institucionales) o alternativas, en el marco de las cuales un discurso particular se manifiesta; por ejemplo, una escuela, una estación de policía, un medio masivo de información, la calle de un barrio concurrido, un bar, una plaza pública, un panfleto pueden ser observados como componentes importantes que entrarán en juego para su significación. Lo interesante para el análisis propuesto aquí, es evidenciar la superposición en el lenguaje de términos y descripciones por parte de grupos interesados en legitimar prácticas de dominación, o para nombrar nuevos acontecimientos (desaparición pública del actor armado paramilitar y aparición ante la opinión de actos de paz por parte de los grupos desmovilizados, por ejemplo) con nociones ligeras o volátiles, y cargadas de significaciones ideológicas dominantes que terminan usándose de forma indiscriminada, lo que permite la afirmación del discurso público como un elemento importante en la generación del poder.

Es en este sentido que se ha resaltado la importancia de indagar en las noticias registradas, identificando aquellas verdades que alcanzan mayor generalización y difusión. Un discurso hegemónico es un poder sin rostro y, por tanto, plantea un tipo de relaciones en desequilibrio con otras formas de interacción que no tienen las mismas posibilidades de acceso y reproducción ideológica. Por supuesto, este intento generalizador de un discurso conlleva una serie de decisiones favorables al grupo o grupos dominantes en la práctica política, por ejemplo, legitimando un mayor uso de la coacción física por parte de las fuerzas estatales como mecanismos de poder y control social, y así mismo, logrando la desvinculación de esos grupos dominantes de cualquier responsabilidad directa sobre la violencia producida en la confrontación armada, dando paso a las diversas causas que el discurso logre implementar como razones históricas, sicológicas, sociales, económicas o culturales, de la presencia de esos acontecimientos violentos en la sociedad.

Desde una perspectiva crítica de los medios de comunicación y con una propuesta democratizadora de la sociedad a través de los medios de comunicación, a modo de “mediocracia” como lo propone E. Dussel (2006), se plantea que en el ejercicio de la labor informativa no se trata de justificar, o no, las acciones de los violentos, ni presentarlas como noticias “blandas”, o simplemente anunciarlas; se trata de explicarlas, ponerlas en contexto, proporcionar al ciudadano las bases argumentativas para el análisis y, de este modo, facilitar la comprensión del problema, y en consecuencia su reflexión. Esto es, propiciar una opinión pública más allá de la opinión del medio de comunicación o visión del periodista, lo que requiere una postura democratizadora por parte de los medios de comunicación en su potencial papel transformador de la realidad excluyente; que además de informar, opten por problematizar los acontecimientos que son motivo de registro e información, y, en lo posible, planteen alternativas que aunque no indiquen solución, impidan la confusión del público.

Desde esta perspectiva, la información en medio del conflicto, más que favorecer el ejercicio de la actividad gubernamental o de un grupo de interés, debe difundir la realidad de la cotidianidad del común de la población. Como se sabe, el periodismo debe servir al bien común, a las personas que integran una comunidad; debe permitir influir en las decisiones que los afectan a todos y todas. La mejor forma de hacerlo en el marco de un conflicto armado en el que siempre habrá intereses subrepticios, es tomar partido por el valor intrínsico de la dignidad de las personas, porque ésta se mantenga en el sitio que le corresponde. Así pues, si en ocasiones se estimulara el reproche social hacia los hechos —y hacia las personas— que atentan contra la dignidad, o se fiscalizara la implementación de una decisión gubernamental que da lugar a abusos de autoridad o a violación de los derechos humanos, se estarían dando pequeños pasos hacia una transformación de las relaciones sociales desiguales y excluyentes.

Esta es una postura que pretende de los medios masivos de comunicación, un efectivo ejercicio de resonancia de las propuestas generadas cotidianamente por los actores colectivos que hacen resistencia civil en las distintas comunidades locales, que genuinamente y de forma contra-hegemónica han desencadenado procesos constructores de paz. Como lo ha planteado Jesús Martín-Barbero (1996), para esto se requiere olvidarnos del objeto para pensar los procesos. “Es indudable que si el único objeto de estudio de la comunicación son los medios nos queda muy difícil pensar a los actores, los sujetos y los procesos” (Barbero, 1996, p. 63).

Para pensar los procesos no debemos dejar pasar las oportunidades que se presentan de darle el reconocimiento y visibilidad a los innumerables manifestaciones cotidianas de resistencia civil, a las iniciativas colectivas para mejorar las condiciones materiales, al registro de la construcción de alternativas ciudadanas frente a la opresión y la violencia, a las movilizaciones en contra de la injusticia y la guerra. En fin, a las iniciativas que desde la población civil se producen, pero que pocas veces son tenidas en cuenta dentro de los contenidos de los medios informativos. La labor de los medios de comunicación debe servir al ser humano, sin distinción religiosa, política, social, racial, cultural o económica.

Por otro lado, se afirma que la opinión pública no es innata sino creada, y que se refiere además a los recursos empleados que tienen los sujetos para pensar su mundo político, y para que todo esto sea posible (y la opinión pública sea verdaderamente pública) se necesita un flujo de información e ideas. Entonces son los medios los responsables directos de abrir esos canales, de propiciar estos flujos sin distorsionarlos, de dar elementos para la formación del criterio sobre los asuntos de interés público. Para hacer una opinión pública del público, es necesario remover las agendas, invitar a ciudadanos y ciudadanas a hablar, a expresarse; propiciar, con todo esto, una comunicación educativa que forme ciudadanos, personas que sean comprometidas con su entorno social y con las problemáticas en las que vive, constituyendo, a su vez, el criterio para proponer soluciones o discutir opciones alternativas civilistas de la sociedad. Contribuir a la formación de una opinión pública tiene una posibilidad creadora, a la vez que creativa, donde se celebra la existencia de multiplicidad de perspectivas y puntos de vista y, con ellos, de expectativas sobre el mundo. Visibilizar esas otras relaciones sociales y expresiones colectivas de resistencia civil tiene la fuerza de contribuir a formar, como lo ha planteado Pedro Santana,

[…] esa agenda pública que no es única sino diversa y plural. Es esta realidad empírica la que permite hablar de esferas públicas en plural y de ciudadanías que al mismo tiempo que reconocen en su base la igualdad de derechos y deberes, sin embargo plantean la diversidad, la pluralidad, y en últimas las ciudadanías que construyen identidades colectivas del reconocimiento de las diferencias (Santana, 2000, p. 10).

 

 

Notas

 * Las reflexiones y una primera versión de este artículo se desarrollaron en el marco de la investigación “Resistencia civil no armada al conflicto armado, la exclusión social y la pobreza. Casos comunas 8, 9 y 13 de Medellín, 2002-2006”. Investigación apoyada por el Comité Para el Desarrollo de la Investigación (Codi), Universidad de Antioquia, 2007-2008. La Investigación fue realizada por Jaime Rafael Nieto López (investigador principal), Mary Luz Alzate y Katherine Higuita (co-investigadoras). Agradezco a las estudiantes Natalia García y Elizabeth Vélez la sistematización de las noticias, y a los demás integrantes del equipo de investigación, la discusión y aportes a este capítulo.

[1] Una idea amplia del estudio de modelos mentales y su papel cognitivo en la interpretación de nosotros mismos y de nuestro entorno puede verse en el trabajo de Van Dijk (1998).

[2] Cualquier fuerza es apropiación, dominación, explotación de una realidad, plantea Deleuze. En esta perspectiva: “No hay ningún acontecimiento, ningún fenómeno, palabra ni pensamiento cuyo sentido no sea múltiple […] una cosa tiene tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de ella (Deleuze, 2002, pp. 11-12).

[3] Los asesinatos de líderes y las amenazas a diferentes docentes de las instituciones educativas y al párroco Jairo Jaramillo, de la iglesia de Nuestro Sagrado Corazón de Buenos Aires (Comuna 9), también han estado presentes en los informes de prensa.

 

 

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Fecha de recepción: 26 de Febrero de 2009

Fecha de aprobación: 27 de septiembre de 2009 

 

 

Cómo citar este artículo

Alzate, Mary. (2010, enero-junio). El discurso hegemónico sobre las acciones colectivas de resistencia civil. Casos comunas 8, 9 y 13 de Medellín. Estudios Políticos, 36, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, (pp. 67-93).

 

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