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Revista Colombiana de Psicología

Print version ISSN 0121-5469

Rev. colomb. psicol. vol.27 no.1 Bogotá Jan./June 2018

https://doi.org/10.15446/rcp.v27n1.62705 

Artículos

Predictores de la Felicidad y la Inteligencia Emocional en la Educación Secundaria

Predictors of Happiness and Emotional Intelligence in Secondary Education

Preditores da Felicidade e da Inteligência Emocional na Educação Secundária

FEDERICO PULIDO ACOSTA1  * 

FRANCISCO HERRERA CLAVERO1 

1 Universidad de Granada, Granada, España


Resumen

Este trabajo tiene como objetivo fundamental analizar los predictores de felicidad e inteligencia emocional, considerando edad, género, cultura y estatus, así como contemplar las relaciones entre las variables. Se contó con 811 participantes, de los cuales el 71.6% fueron musulmanes y el 28.4% cristianos, siendo el 46.1% varones y el 53.9% mujeres. Como instrumentos se han empleado un cuestionario para evaluar la felicidad y otro para valorar la inteligencia emocional. Los resultados reflejan que los predictores de la felicidad fueron edad, cultura, estatus y género, mientras que los de inteligencia emocional fueron edad, cultura y género. Se halló una relación estadísticamente significativa y directamente proporcional entre felicidad e inteligencia emocional.

Palabras clave: emociones; estados emocionales; felicidad; inteligencia emocional; contexto pluricultural

Abstract

This study analyzed predictors of happiness and emotional intelligence taking into account age, sex, culture and status and the relationship among these variables. 811 persons participated; 71.6% were Muslims and 28.4% Christians, with 46.1% males and 53.9% females. One questionnaire was used to evaluate happiness and another to evaluate emotional intelligence. The results indicate that predictors of happiness are age, culture, status and sex, while those of emotional intelligence are age, culture and sex. The study found that there is a statistically significant and direct correlation between happiness and emotional intelligence.

Keywords: emotions; emotional states; happiness; emotional intelligence; multicultural context

Resumo

Este trabalho tem como objetivo fundamental analisar os preditores de felicidade e inteligência emocional, considerando idade, gênero, cultura e status, bem como abranger as relações entre as variáveis. Contou-se com 811 participantes, dos quais 71.6 % foram muçulmanos e 28.4 % cristãos; 46.1 % homens e 53.9 % mulheres. Como instrumentos, utilizaram-se um questionário para avaliar a felicidade e outro para avaliar a inteligência emocional. Os resultados refletem que os preditores da felicidade foram idade, cultura e gênero. Constatou-se uma relação estatisticamente significativa e diretamente proporcional entre felicidade e inteligência emocional.

Palavras-chave: contexto pluricultural; emoções; estados emocionais; felicidade; inteligência emocional

RODRÍGUEZ (2010) entiende la felicidad como un estado emocional, generado por la interacción de diferentes condiciones que actúan sobre el individuo, provocando respuestas que tienen efectos positivos en múltiples ámbitos de la vida, favoreciendo un mayor desarrollo social y económico a través de la autorrealización con el trabajo (Carballeira, González, & Marrero, 2015). Dichas respuestas también se relacionan con niveles de autoestima más altos, lo que puede propiciar el desarrollo de conductas saludables y optimismo (Rodríguez & Caño, 2012). Esto permite que las personas que manifiestan este tipo de estados emocionales positivos se sientan bien consigo mismas y sean más conscientes de sus fortalezas y capacidades, facilitando la mejora de la calidad de vida física y mental (Quiceno & Vinaccia, 2012). También se relacionaría con una mejor sensación de realización personal (Gutiérrez & Gonçalves, 2013) y una mayor adaptación del sujeto a su entorno, permitiendo su crecimiento positivo (Oberle, Schonert-Reichl, & Zumbo, 2011). Se ha demostrado que mayores niveles de felicidad aminoran los estados emocionales negativos como la depresión, el estrés y el pesimismo. De esta manera, los trastornos emocionales son menos frecuentes entre personas con elevados niveles de felicidad (Gutiérrez & Gonçalves, 2013). Del mismo modo, aquellos que reflejan niveles inferiores de este estado emocional pueden padecer un mayor número de problemas de salud mental, dificultades para la integración social, bajo autoconcepto y niveles de autoeficacia deficitarios. Estos estados emocionales pueden incidir de forma directa sobre la propia salud, siendo un importante predictor de determinadas enfermedades como la ansiedad o la depresión (Moreno-Rosset, Arnal-Remón, Antequera-Jurado, & Ramírez-Uclés, 2016).

Se puede intuir cierta independencia entre el nivel de felicidad manifestado por el sujeto y su edad, dado que esta no constituye un predictor de los niveles de felicidad (Carballeira et al., 2015). Algunos autores han recolectado evidencia según la cual los varones son más proclives a manifestar niveles superiores de felicidad, en comparación con las mujeres (Quiceno & Vinaccia, 2015; Seligman, 2011). Esto muestra que el género sí es una variable influyente en este tipo de estados emocionales. La pertenencia a un grupo cultural también resulta fundamental sobre los estados emocionales positivos, lo que da a entender que cualquier consideración de felicidad o bienestar está ligada a los valores de cada cultura (Restrepo, Vinaccia, & Quiceno, 2011). Otro de los componentes a los que se le concede mayor importancia tiene que ver con el estatus socioeconómico y cultural; en efecto, sujetos pertenecientes a estratos socioeconómicos altos reflejan niveles superiores en las manifestaciones de estos estados emocionales positivos (Quiceno & Vinaccia, 2015).

Mostrada la enorme importancia de este tipo de estados emocionales, se centra la atención en el adecuado manejo de las habilidades que intervienen en el control de los mismos. Por esta razón, es necesario tener en cuenta aquellas capacidades que intervienen en la regulación de las emociones. Todas ellas se aproximan a lo que se entiende por inteligencia emocional, que se puede definir como la capacidad de procesar de manera adecuada las emociones, tanto propias como ajenas, incorporando habilidades como la identificación de las emociones propias, su ajuste y control; la utilización de estas como fuente motivacional; la identificación y comprensión de las emociones de los demás; y el dominio de las habilidades sociales que garantizan el adecuado desempeño de las relaciones con otros (Pulido, 2015). En este sentido, elementos integrados a este conjunto de habilidades asociadas al buen ajuste del funcionamiento personal y social del sujeto, aparecen como predictores de diferentes estados emocionales que pueden dificultar el desarrollo de conductas disfuncionales. De esta manera, los altos niveles de inteligencia emocional se relacionarían con una mejor calidad de vida, mayor salud mental, bienestar personal y laboral, una adaptación emocional más ajustada, mejor ajuste psicológico, e incluso mejor capacidad para la resolución de problemas sociales (Cejudo, 2016).

La concepción manejada, y por tanto el tipo de cuestionario que se pretende emplear, se refiere a la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades, lo que la separa de aquellas definiciones que la conciben como un aspecto de autopercepción (Pulido & Herrera, 2015).

Se resalta que el proceso de desarrollo emocional provoca importantes cambios en todas las capacidades que forman parte de la inteligencia emocional. Esta realidad es otra forma de contemplar la incidencia que tiene la edad en las puntuaciones de inteligencia emocional (Pulido & Herrera, 2015). Las habilidades emocionales han estado tradicionalmente más asociadas al género femenino, siendo las mujeres quienes presentan niveles superiores (Azpiazu, Esnaola, & Sarasa, 2015; Cejudo, 2016; Fernández-Berrocal, Cabello, Castillo, & Extremera, 2012); esto ha fomentado el estereotipo según el cual las mujeres son más "emocionales" que los varones. Por su parte, la cultura, entendida como el conjunto de ideas, tradiciones y costumbres propias de un grupo social, también es un elemento por considerar (Pulido & Herrera, 2015). Ciertamente, esta trae consigo numerosas diferencias en los patrones educativos y en los valores transmitidos, elementos que se relacionan con el desempeño emocional. Como ya se dijo más arriba, el estatus socioeconómico y cultural también es determinante en los niveles reflejados en esta variable (Pulido & Herrera, 2015), de tal modo que personas pertenecientes a estatus socioeconómicos superiores han presentado mayores capacidades emocionales.

Existe una relación directamente proporcional entre inteligencia emocional y estados emocionales positivos (Gómez-Ortiz, Casas, & Ortega-Ruiz, 2016). Componentes integrados en la inteligencia emocional se vinculan a la estabilidad emocional y al bienestar personal, socioemocional y laboral; del mismo modo, sujetos con bajos niveles de inteligencia emocional tienen un mayor riesgo de padecer desajuste emocional. De esta manera, la inteligencia emocional ha demostrado ser un buen predictor del funcionamiento personal y social, estando relacionada con una mejor calidad en la vida emocional, mayor salud mental y mejor ajuste psicológico, elementos que se aproximan al estado emocional positivo (Gómez-Ortiz et al., 2016; Rosa, Riberas, Navarro-Segura, & Vilar, 2015).

Siguiendo este orden de ideas, el presente estudio fue llevado a cabo en una muestra de alumnos escolarizados en el Instituto de Enseñanza Secundaria de la ciudad de Ceuta. Esta ciudad se destaca por sus características particulares dadas por la presencia de las culturas europea y árabe. En este sentido, la población árabe musulmana de procedencia marroquí tiene un alto nivel de analfabetismo, así como un bajo estatus socioeconómico. Además, cuenta con una marcada presencia de su religión, el islam, en sus vidas (Herrera, 2000). Esto nos lleva a proponer una relación entre la cultura y la religión en nuestro contexto.

Los objetivos del trabajo han sido analizar cuáles son los predictores de felicidad e inteligencia emocional, en función de la edad, género, cultura y estrato socioeconómico, así como contemplar las relaciones que se pudieran dar entre dichas categorías de análisis, actuando cada una como predictora de la otra para una población adolescente multicultural.

Método

Participantes

Para llevar a cabo esta investigación se seleccionó una muestra integrada por 811 participantes que reflejan las características del contexto pluri-cultural de Ceuta. Las autorizaciones pertinentes fueron solicitadas en la Dirección Provincial de Educación y en cada uno de los diferentes centros educativos. Habiendo sido informados previamente, las personas que aceptaron participar contestaron los cuestionarios, respetándose el principio de confidencialidad. Por edad, la muestra se distribuye de la siguiente manera: el 17.4% tienen entre 12 y 13 años, el 19.4% entre 13 y 14, el 15.8% entre 14 y 15, el 9.3% entre 15 y 16, el 15.8% entre 16 y 17, y el 7.1% de alumnos tienen entre 17 y 18 años. Esta muestra corresponde a menores de edad; el restante 12.1% se encontraba entre los 18 y 25 años, el 2.1% entre 26 y 40, y solo el 1% tenía más de 40 años. La media de edad fue de 15.39, con una desviación típica de 4.46. Para considerar la cultura, entendida como el conjunto de comportamientos y patrones característicos de un grupo social, se tuvieron en cuenta un conjunto de indicadores, actividades y costumbres propias de cada uno de los grupos culturales de la ciudad, vinculados, a su vez, a una colectividad religiosa (Herrera, 2000). Por esta razón, se consideraron dos grupos: el mayoritario, de participantes pertenecientes a la religión islámica, quienes constituyen el 71.6% de la muestra; y otro de integrantes de la religión cristiana, que conforman el 28.4% de la misma. Así quedaron representadas las dos culturas mayoritarias de la ciudad, las cuales le dan forma al contexto pluricultural que la caracteriza. Describiendo la muestra en función de la variable género, existe bastante igualdad, aunque con una ligera mayoría femenina, siendo el 46.1% varones y el resto de la muestra, 53.9%, mujeres. Cada uno de los participantes diligenció un formulario en el que precisó su edad, género, estatus socioeconómico y cultural, y se vinculó con un grupo cultural. Por lo tanto, fueron los propios participantes quienes se vincularon con un grupo cultural específico. En el estudio se siguió el método de muestreo incidental o casual y el error muestral fue del 3%.

Instrumentos

Para el constructo de felicidad fue usado un instrumento, elaborado para la ocasión, conformado por 40 ítems a los que se contestó con una escala tipo Likert de 4 puntos (nada, poco, bastante y mucho). En este proceso, colaboraron dos especialistas con amplio conocimiento en el campo de las emociones, educación y psicometría. En dicha escala aparecen cuestiones del tipo "¿estoy satisfecho con mi vida?", "¿soy una persona optimista?" o "¿me considero una persona feliz?". En este caso, los resultados que hacen referencia a la consistencia interna del instrumento dan una fiabilidad, establecida por un α de Cronbach de .902 y una prueba de dos mitades de Spearman-Brown de .833. En el apartado relacionado con la varianza factorial (AFE), los factores obtenidos fueron seis. El primero de ellos se relaciona con la satisfacción que el sujeto muestra ante la vida (representa el 27.67% de la varianza explicada), integrando ítems relacionados con el bienestar emocional provocado por el día a día de cada persona. El segundo (representa el 10.04%) se relaciona con las condiciones en la vida que son de carácter negativo, incluyendo ítems relacionados con estados considerados como no placenteros; mientras que el tercero está relacionado con la intención del sujeto de producir cambios en su vida, ante la necesidad de transformar elementos valorados como negativos. El cuarto factor se relaciona con las condiciones positivas en la vida (3.49%), siendo completamente contrario al mencionado anteriormente. El quinto ítem está vinculado con la afirmación del sujeto de no necesitar cambios en su vida (3.32%, contrario al factor cambios en su vida) y el último se relaciona con sensaciones emocionales provocadas dentro del instituto (3.06%). Todos los factores acumulan una varianza total explicada del 51.78%.

Con respecto a la segunda variable, se empleó un cuestionario elaborado para evaluar la inteligencia emocional como conjunto de habilidades (Pulido & Herrera, 2016). En este caso, el cuestionario incorporó 66 ítems, divididos en cinco categorías relacionadas con los elementos de la inteligencia emocional. Su fiabilidad (α de Cronbach) fue de .869, mientras que la prueba de Spearman-Brown fue .767. En el apartado relacionado con la varianza factorial (AFE), los factores obtenidos fueron cinco. El primero, relacionado con la empatía, representa una varianza explicada de 15.03%. El segundo está vinculado al autoconcepto (8.94%), el tercero al autocontrol (5.87%), el cuarto hace referencia a la motivación (3.26%), y el quinto se refirió al conocimiento de sí mismo (2.85%). Entre todos acumulan una varianza total explicada del 35.971%. Dado que se vuelven a considerar las habilidades sociales, fueron añadidos 32 ítems para este factor (Pulido & Herrera, 2016) con un α de Cronbach de .775.

Procedimiento

Una vez construida la base de datos, se comenzó por el análisis de regresión (regresiones múltiples paso a paso o stepwise). Se consideraron las variables de estudio como dependientes. Como variables predictoras se usaron las sociodemográficas, y también cada una de las variables de estudio que no fueron consideradas como dependientes en cada caso. A continuación, cada una de las variables de estudio (felicidad e inteligencia emocional) se consideraron como variables criterio. Para determinar la función de regresión se consideró el último paso y, dentro de él -en el orden de entrada de las variables en la función de regresión- el valor de cada variable, su significación, el índice de regresión (r), el coeficiente de determinación múltiple (r2) y la varianza explicada de la variable más importante, el mayor valor para β. Para reforzar los resultados, se concluyó con la prueba t de Student de diferencias de medias para muestras independientes para aquellas variables dicotómicas, mientras que para el resto se empleó el método ANOVA de un factor.

Resultados

Se observó una relación entre las variables felicidad total y cultura, estatus y autocontrol - factor perteneciente a la inteligencia emocional-. Todas las variables predictoras explican el 54.5% de la varianza total (r2=.545). De todas ellas, una mayor fuerza es ejercida por el factor cultura, que alcanza un coeficiente de regresión estandarizado de 12.7% (β=.127). La cultura actúa en sentido positivo, indicando una relación directamente proporcional. Lo mismo ocurre con el estatus socioeconómico, así como con la variable relacionada con la inteligencia emocional y el autocontrol. Ambas también actúan de manera positiva (Tabla 1).

Tabla 1 Coeficientes regresión: felicidad total 

El factor de la felicidad satisfacción con la vida se encuentra influenciado por el autoconcepto, el autocontrol y el conocimiento de sí mismo, pertenecientes ambos a la inteligencia emocional. Sin embargo, el primero y el tercero actúan de manera positiva, mientras que el segundo lo hace de manera negativa. La primera de las variables predictoras vuelve a ser la cultura, que tiene un poder superior, representando el 9.9% de la varianza explicada total en el modelo (β=.099). Esta y el estatus actúan de forma positiva. Entre todas ellas representan el 44.6% de la varianza explicada (r2=.446), existiendo una alta intensidad en las relaciones descritas (r=.668).

Tabla 2 Coeficientes regresión: satisfacción con la vida 

El factor condiciones de vida negativas se encuentra relacionado con la inteligencia emocional total, la cultura y el estatus, actuando todas en sentido positivo y siendo, por lo tanto, directamente proporcionales. De todas ellas la que tiene un coeficiente de regresión estandarizado superior es la inteligencia emocional (IE), que representa el 13.4% en este coeficiente (β=.134). Todas las variables predictoras representan el 50.9% de la varianza explicada (r2=.509).

Tabla 3 Coeficientes regresión: condiciones de vida negativas 

Para el factor de la felicidad cambios en mi vida la influencia está dada por la variable género, que actúa de manera positiva, siendo las mujeres quienes obtienen puntuaciones superiores en este factor de la felicidad. Además, tiene el mayor poder determinante con un 9.1% de la varianza total explicada (β=.091). La última variable influyente es la edad, la cual actúa de manera inversamente proporcional. Entre ambas representan el 29.8% de la varianza total explicada por el modelo (su coeficiente de determinación es r2=.298).

Tabla 4 Coeficientes regresión: cambios en la vida 

Para el factor de la felicidad condiciones de vida positivas existen varias variables influyentes. De todas ellas, el factor autocontrol, con un 12.5% de coeficiente de correlación estandarizado (β=.125), es el que ejerce una relación más clara, con una relación positiva. El estatus y la cultura adoptan valores positivos. Entre todas ellas suman un coeficiente de determinación de 28.8% (r2=.288).

Tabla 5 Coeficientes regresión: condiciones de vida positivas 

El factor de la felicidad relacionado con la intención de no provocar cambios en su vida no tiene vínculo con ninguna de las variables consideradas.

El último factor de la felicidad relacionado con las emociones que la asistencia al instituto produce en los encuestados se encuentra relacionado directamente con las variables edad, género y estatus. El estatus y la edad, como factores influyentes, actúan en sentido inverso siendo la primera la que tiene un mayor poder de influencia con un coeficiente de regresión estandarizado de β=.175, con mayor importancia sobre el coeficiente de correlación múltiple (r=462).

Tabla 6 Coeficientes de la regresión para el instituto 

Considerando la primera variable cultura se llevó a cabo la prueba t de Student con la intención de confirmarla como variable predictora. Así se puede afirmar la presencia de diferencias estadísticamente significativas en felicidad total (p=.001) y en algunas de las categorías que pertenecen a esta variable (satisfacción con la vida, p=.001; condiciones de vida negativas, p=.007; y cambios en la vida, p=.003). De esta manera, los cristianos (78.34) presentan una media menor a la de los musulmanes (82.56).

El estatus socioeconómico y cultural también aparece como variable predictora. Considerando la prueba ANOVA en felicidad (p<.001) las diferencias fueron estadísticamente significativas. Lo mismo ocurrió en tres de sus seis factores: satisfacción con la vida (p<.001), condiciones de vida negativas (p=.001) y condiciones de vida positivas (p<.001). De esta forma, por media, los niveles más altos aparecen en los niveles altos (85.55 alto, y medio 82.67).

En cuanto a la edad, otra de las variables predictoras considerando el análisis de la varianza -ANOVA de un factor- en felicidad ( p<.001), al igual que ocurrió en casi todos sus factores, se encontraron este tipo de diferencias: satisfacción con la vida (p<.001), cambios en la vida (p<.001), condiciones de vida positivas (p<.001) y asistencia al instituto (p<.001). El alumnado entre los 12 y 13 años refleja los mejores resultados en el estimado general de felicidad (86.26). Los alumnos con resultados más bajos en felicidad son los que tienen entre 18 y 25 años (76.79).

En el caso del género, variable predictora en dos factores, también se encontraron diferencias -algo que queda constatado por la prueba t de Student- dado que estas vuelven a ser estadísticamente significativas en las variables felicidad total (p=.043), satisfacción con la vida (p=.046) y condiciones de vida positivas (p=.021). Fueron los varones quienes evidenciaron puntuaciones superiores (82.64) a las chicas (80.33).

La variable inteligencia emocional total se encuentra también bajo la influencia de varios factores. De todos ellos, el que tiene un coeficiente de correlación estandarizado superior es la edad, que representa el 22.2% (β=.222), actuando de manera directamente proporcional. También actúan de manera positiva el género, estando las puntuaciones superiores entre las mujeres, así como los factores relacionados con la felicidad: condiciones de vida positiva y condiciones de vida negativas. La cultura también actúa de manera negativa, siendo más altas las puntuaciones entre los cristianos. Entre todas las variables predictoras suman un coeficiente de determinación del 43.4% (r2=.434).

Tabla 7 Coeficientes regresión: inteligencia emocional total 

Para el factor empatía, perteneciente a la IE, las variables que ejercen influencia son la edad, el género, las condiciones de vida negativas -factor perteneciente a la felicidad-, la cultura y el factor condiciones de vida positivas (felicidad). Todas las variables predictoras alcanzan un coeficiente de determinación del 32.4% (r2=.324). De entre estas, la que tiene un mayor poder determinante, por su mayor coeficiente de regresión estandarizado (β=.198), es la edad, representando el 19.8% de la variabilidad.

Tabla 8 Coeficientes regresión: empatía 

El autoconcepto también aparece influenciado por el factor condiciones de vida negativas (felicidad), que ejerce como principal variable predictora. Su coeficiente de regresión estandarizado supone el 18% del total de la varianza explicada por este modelo. Como en los casos de otros factores de la IE antes comentados, la relación es directamente proporcional. Además de esta, la edad también actúa de forma positiva. Todo ello hace que, entre todas las variables predictoras, den lugar a un modelo en el cual el coeficiente de determinación explica el 16.6% de la varianza (r2=.166).

Tabla 9 Coeficientes regresión: autoconcepto 

En el factor autocontrol vuelve a haber varias variables que tienen influencia. La que presenta mayor fuerza es la edad, cuyo coeficiente de regresión estandarizado es del 18.8% (β=.188). Posteriormente aparece otra variable que también tiene influjo de manera positiva (directamente proporcional), la felicidad total. Otro de los factores que actúa en sentido negativo (inversamente proporcional), es la cultura. La suma de todas las variables predictoras da cuenta del (r2=.175) 17.5% de la varianza total explicada, tal y como indica su coeficiente de determinación.

Tabla 10 Coeficientes regresión: autocontrol 

Para el factor de la inteligencia emocional, motivación, la cultura es la única variable predictora con un 12.8% de la varianza total explicada, si tenemos en cuenta su coeficiente de regresión estandarizado (β=.128). La cultura de procedencia del sujeto es inversamente proporcional a las puntuaciones en motivación. La sumatoria de todas las variables predictoras representa el 17.4% de la varianza total explicada por el modelo (r2=.174).

Tabla 11 Coeficientes regresión: motivación 

Para la variable conocimiento de sí mismo se puede observar influencia de forma positiva por parte del factor edad, que vuelve a ser la principal variable predictora con un 8.8% de coeficiente de regresión estandarizado (β=.088). Así, vuelve a mostrarse como directamente proporcional a las puntuaciones obtenidas en este factor de la IE. También actúa el género siendo más altas las puntuaciones en las mujeres. Todas las variables representan un coeficiente de determinación del 14.9% (r2=.149).

Tabla 12 Coeficientes regresión: conocimiento de sí mismo 

El factor habilidades sociales está influenciado por diferentes factores. El primero de ellos, siendo el que alcanza un coeficiente de regresión estandarizado más elevado, es la edad. Esta variable explica el 14.9% (β=.149) de la varianza, constituyéndose como la más relevante para el coeficiente de correlación (r=386). Este factor actúa de manera directamente proporcional, lo que indica el descenso de las puntuaciones a medida que disminuye la edad del sujeto. El género actúa de manera negativa, lo que indica que las puntuaciones son superiores entre los varones. La suma de todas las variables predictoras representa el 15.1% (r2=.151) de la varianza total explicada.

Tabla 13 Coeficientes regresión: habilidades sociales 

Si se considera como factor la variable felicidad (que aparece como predictora en autocontrol), se encuentran diferencias estadísticamente significativas en IE total (p<.001), así como en los factores empatía (p=.005) y autocontrol (p<.001). También fueron significativas en las habilidades sociales (HHSS; p=.002). En este caso, con respecto a la IE, se observan puntuaciones inferiores entre los niveles más bajos de felicidad y más elevados entre los más altos. También se observa un aumento progresivo a medida que se asciende en los niveles de felicidad total, describiéndose una relación directamente proporcional. La relación es igual a la descrita en el caso de los factores condiciones de vida positivas (las diferencias son significativas para IE total, p=.020; empatía, p=.015; autoconcep-to, P=.015; autocontrol, p=.050; y HHSS, p=.006) y condiciones de vida negativas (las diferencias son significativas para IE total, p=.003; autoconcepto, p=.001; y autocontrol, p<.001) que aparecen como predictores en casi todos los casos.

Con respecto a las variables sociodemo-gráficas predictoras aparece la edad. Su relación queda confirmada por el análisis de la varianza, que demuestra diferencias estadísticamente significativas en IE total (p<.001) y en todos sus factores (empatía, p<.001; autoconcepto, p<.001; autocontrol, p<.001; motivación, p<.001; conocimiento de sí mismo, p<.001; y HHSS, p=.009). El grupo de participantes entre los 16 y 17 años presenta los niveles más elevados (su media es 129.64). Los resultados más bajos aparecen en los grupos de participantes de 40 años o más (110.43).

En segundo lugar, la variable cultura también actúa como elemento predictor. Esta relación es apoyada por la prueba t de Student, donde las diferencias fueron estadísticamente significativas en IE total (p<.001), así como en todos sus factores. Es lo que ocurre con la empatía (p<.001), el autoconcepto (p=.027), el autocontrol (p<.001), la motivación (p<.001) y el conocimiento de sí mismo (p=.013). Los resultados reflejan que el alumnado perteneciente a la cultura musulmana manifiesta niveles más bajos en IE (la media de los cristianos es 123.85, mientras que los musulmanes alcanzan 115.07).

El género es la última variable predictora, donde también aparecen diferencias estadísticamente significativas, favorables a las chicas, que reflejan niveles más altos (su media es de 120.66) que los varones (113.88). La prueba t de Student muestra diferencias estadísticamente significativas en IE total (p<.001), empatía (p<.001), autocontrol (p=.037) y conocimiento de sí mismo ( p<.001), siendo las chicas quienes evidencian puntuaciones superiores.

Discusión y Conclusiones

La primera variable predictora fue la cultura de procedencia del sujeto. Son los musulmanes quienes presentan niveles superiores. Las diferencias también se encontraron en muchos de los trabajos consultados, en los que se refuerza la importancia concedida al contexto cultural y sus influencias sobre el bienestar psicológico (Paro et al., 2010; Quiceno & Vinaccia, 2015; Restrepo et al., 2011). De este modo, se entiende que cualquier consideración de felicidad está ligada a los valores de cada cultura. En segundo lugar, se consideran las diferencias en los patrones de socialización y de crianza, así como los objetivos vitales de cada grupo, más o menos centrados en la satisfacción personal, la satisfacción sentimental, la salud, el ocio, la educación o algunas características de los contextos específicos de desarrollo (Carballeira et al., 2015; Oliva et al., 2010).

La segunda variable predictora fue el estatus. Los participantes pertenecientes a niveles socioeconómicos y culturales más elevados fueron quienes reflejaron puntuaciones superiores en esta variable y sus factores. Estos resultados son similares a los encontrados por otros autores (Carballeira et al., 2015; Díaz & González, 2011; Quiceno & Vinaccia, 2015).

Posteriormente aparece la edad cronológica, que también actúo como variable predictora. Para la felicidad, se experimenta un descenso progresivo a medida que aumenta la edad cronológica, registrándose diferencias significativas, no solo para las puntuaciones totales, sino para la mayoría de las categorías que integran esta variable. Se puede decir que a medida que se envejece, disminuyen los niveles de felicidad. Esta realidad no coincide con lo que se esperaba a partir de los estudios consultados (Carballeira et al., 2015).

Otra variable que se consideró como predictora fue el género. En esta ocasión los varones fueron quienes demostraron niveles superiores en cuanto a la satisfacción personal (felicidad). Son numerosos los trabajos que indican una relación idéntica a la descrita, en función del género (Bouchard, 2014; Quiceno & Vinaccia, 2015; Vélez, López, & Rajmil, 2009). Según este tipo de estudios, los varones perciben mejor la presencia de emociones positivas, teniendo mayor satisfacción por la vida, mejor aceptación de su aspecto físico e imagen corporal, y más seguridad y confianza consigo mismos que las mujeres (Quiceno & Vinaccia, 2015). Esto muestra que el género es una variable influyente en dichos estados emocionales. Como justificante de estas diferencias, se destacan los elementos diferenciales en los patrones de socialización de ambos géneros (Cruz, 2014; Pulido & Herrera, 2015).

En la predicción de la inteligencia emocional, el primer predictor fue la edad. Los resultados manifestaron un ascenso progresivo a medida que iba aumentando la edad de los participantes, hasta alcanzar el periodo adulto. Dentro del factor habilidades sociales, también se encontró un aumento estadísticamente significativo y progresivo en las puntuaciones a medida que ascendía la edad. Para explicar esto, se puede destacar el proceso de desarrollo socio-emocional del sujeto, pues dicho crecimiento progresivo provoca cambios importantes en todas las capacidades que forman parte de la inteligencia emocional, incluidas las HS (Gomes & Pereira, 2014; Pulido & Herrera, 2015).

La cultura también fue predictora de otras variables con un peso importante en los diferentes modelos. En cada uno de los casos que arrojaron diferencias significativas los cristianos fueron quienes obtuvieron resultados superiores. En otras experiencias, la cultura también fue un elemento a considerar, dado que, en el mismo contexto, los participantes musulmanes mostraron peores resultados en las puntuaciones de inteligencia emocional (Pulido & Herrera, 2015). Esto muestra que la cultura de origen influye en las relaciones afectivas y en la constitución de competencias emocionales (Gutiérrez & Expósito, 2015).

Para finalizar, aparece el género, donde se volvieron a encontrar diferencias estadísticamente significativas. Las mujeres mostraron puntuaciones superiores en este tipo de habilidades, lo cual coincide con los datos de la bibliografía consultada (Azpiazu et al., 2015; Cabello & Fernandez-Berrocal, 2015; Cejudo, 2016; Pulido & Herrera, 2015). También se vuelve a destacar la relación entre patrones de socialización y desempeño de roles diferentes para ambos géneros (Pulido & Herrera, 2015). En HHSS no se encontraron diferencias estadísticamente significativas.

Por último, está la variable inteligencia emocional en función de los niveles de felicidad, que aparece como predictora de la IE (también lo hacen sus factores). Los resultados muestran que, en función de los niveles de felicidad, existe una relación entre ambas variables, la cual confirma las diferencias estadísticamente significativas, tanto en IE total, como en empatía, autoconcepto y autocontrol. Dicha relación es directamente proporcional. Así, a medida que aumentan los niveles de felicidad, lo hacen las puntuaciones de IE y de los factores mencionados. Los componentes integrados en la inteligencia emocional se vinculan a la estabilidad emocional y al bienestar personal, social, laboral y emocional. De la misma manera, este estudio confirma lo planteado en otros trabajos, que los sujetos con bajos niveles de IE tienen un mayor riesgo de desajuste emocional (Cazalla-Luna & Molero; Delgado, Inglés, & García-Fernández, 2013; Zeidner & Olnick-Shemesh, 2010). Todo se mantiene en el factor HS, donde también se observa un aumento progresivo a medida que ascienden los niveles de felicidad total.

Prospectiva de Investigación

Para concluir, se consideran una serie de líneas que podrían darle continuidad a la temática iniciada a través del presente estudio. En primer lugar, se puede plantear una réplica de este trabajo en un contexto diferente: contemplando si se obtienen las mismas conclusiones o si estas varían en función de las características de la muestra. Al variar la muestra, sería posible realizar estudios enfocados en alumnado con necesidades educativas especiales. Del mismo modo, se puede realizar el estudio centrando la atención en el profesorado y no en el alumnado. La familia también puede ser el objetivo de estudio, contemplando la influencia de sus habilidades emocionales en aquellas que presentan sus hijos. Además de las variaciones de la muestra, se puede mencionar la introducción de variables relacionadas con la cultura (sería interesante, por ejemplo, contemplar cómo esta influye en el desarrollo y "manejo" de las emociones de una forma más profunda). También se pueden introducir variaciones en la metodología de estudio, planteando investigaciones cualitativas y mixtas. Finalmente, se podría desarrollar un programa de educación emocional cuyo objetivo sea desarrollar y mejorar las habilidades de manejo emocional, al mismo tiempo que aumentar el bienestar emocional del sujeto.

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Cómo citar este artículo: Pulido, F., & Herrera, F. (2018). Predictores de la felicidad y la inteligencia emocional en la educación secundaria. Revista Colombiana de Psicología, 27, 71-84. https://doi.org/10.15446/rcp.v27n1.62705

Recibido: 16 de Febrero de 2017; Aprobado: 26 de Octubre de 2017

* La correspondencia relacionada con este artículo debe dirigirse al Dr. Federico Pulido Acosta, e-mail: feanor_fede@hotmail.com. Parques de Ceuta, 2a fase, portal 3, 8°C. Ceuta, Ceuta, España. CP:51002.

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