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Revista Médica de Risaralda

Print version ISSN 0122-0667

Revista médica Risaralda vol.24 no.1 Pereira Jan./June 2018

 

Artículo de revisión

Actores del acoso escolar

Margarita María Cano-Echeverri1, Vargas-González Jorge Enrique2

1 Candidata al Doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Universidad de Manizales en alianza con la Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano. Docente Universidad Tecnológica de Pereira. macano@utp.edu.co

2 Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Universidad de Manizales en alianza con la Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano. jorvargas@gmail.com

Fecha de envío: 15/11/2016 Fecha de correcciones 21/02/2017 Fecha de aceptación 30/07/2017 Fecha de publicación 31/01/2018

Resumen:

El acoso escolar es, en esencia, violencia o maltrato deliberado de uno o más estudiantes sobre otro (violencia o maltrato entre pares), que se realiza de forma sistemática y persistente y crea un desequilibrio de poder en el cual se pueden identificar claramente las condiciones de agresor y víctima.

Los agresores generalmente buscan el reconocimiento de los demás, ya sea por admiración o por miedo. Las víctimas sufren humillación y daño, y se sienten menospreciadas y vulnerables ante los demás. Los observadores tienen siempre un rol relevante que puede ser activo negativo, proactivo o neutro.

El acoso escolar puede presentarse bajo diferentes modalidades, entre las que se destacan la física, verbal, relacional y psicológica. Todas ellas producen efectos negativos de distinta intensidad sobre la víctima.

El acoso escolar se presenta en diferentes espacios cuya diferenciación es relevante para comprender sus modalidades y también las responsabilidades para su prevención y control. Tales espacios pueden ser intra-escolares, externos al colegio e inclusive las redes sociales.

Palabras claves: acoso escolar, Bullying, agresión, hostilidad, violencia, escuela.

What is bullying?

Abstract:

Bullying is, in essence, deliberate violence or mistreatment of one or more students over another student (violence or mistreatment of peers), which is done in a systematic and persistent manner and creates an imbalance of power in which the conditions of aggressor and victim.

Aggressors generally seek the recognition of others, either out of admiration or out of fear. The victims suffer humiliation and harm, and feel despised and vulnerable to others. Observers always have a relevant role that can be negative, proactive or neutral.

Bullying can be presented in different modalities, among which the physical, verbal, relational and psychological stand out. All of them produce negative effects of different intensity on the victim.

Bullying presents itself in different spaces whose differentiation is relevant to understand its modalities and the responsibilities for its prevention and control. Such spaces can be in-school, external to the school and even social networks

Keywords: school, Bullying, aggression, hostility, violence, school harassment.

Dos hermanos llegaron a nuestra escuela, provenientes de una ciudad cercana. Tenían el cabello greñudo y la ropa raída; claramente venían de una familia que estaba pasando por una situación financiera difícil. El consejero de su escuela anterior me llamó antes de que ellos llegaran, para contarme que los muchachos regularmente perdían uno, dos o tres días de clase cada mes. Me contó que su hogar era un poco desorganizado y me dijo que yo tendría que establecer un sistema de recompensas para motivarlos a asistir de manera consistente a la escuela. Sin embargo, noté que los muchachos estaban en la escuela casi todos los días. Después de un mes de asistencia perfecta, le pregunté al hermano mayor por qué estaban asistiendo mucho más a la escuela. “Aquí nadie nos molesta; dijo. “En nuestra escuela anterior nos tomaban del pelo todos los días. [1]

Introducción

La presente revisión aborda el análisis del acoso escolar, también conocido como Bullying, con el fin de indagar su alcance, características y efectos. Se ocupa de examinar conceptos, tipologías, actores, lugares y causas, para lograr una mejor comprensión del fenómeno en la perspectiva de contribuir a la generación de ambientes adecuados para la convivencia escolar.

La escuela, además de ser lugar privilegiado de trasmisión de la herencia cultural de la humanidad [2], es un escenario decisivo para la creación de vínculos y habilidades sociales y, con ellos, de capacidades de convivencia y solidaridad, comunicación, trabajo en grupo, valoración de la diferencia y aptitudes para la resolución pacífica de conflictos [3].

Los lineamientos para la educación contemplados por la UNESCO [4] establecen que es función de la escuela posibilitar en los estudiantes cuatro aprendizajes fundamentales: “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir juntos”. Los dos últimos aprendizajes implican unas condiciones sociales adecuadas que permitan al individuo alcanzar su pleno desarrollo personal y social. Estas condiciones se ven limitadas por el Acoso Escolar, el cual es un acto de violencia que afecta directamente el ambiente escolar, con consecuencias negativas para el aprendizaje y la socialización, la participación en las actividades educativas y la asistencia escolar, inclusive llevando a los estudiantes en muchos casos a preferir el ausentismo escolar, como se observa en la historia anterior.

El acoso escolar alude a una acción de violencia sistemática y sostenida en el tiempo de uno o más estudiantes (denominados agresor o agresores), sobre otro estudiante (víctima), en presencia de terceros (observadores), generando humillación y daño [5].

El acoso escolar ha existido desde que existe la escuela, pero se comenzó a investigar con rigor a partir de los años 70 del siglo pasado. Los pioneros en identificar esta forma de violencia repetitiva entre pares fueron Dann Olweus, psicólogo Noruego de la Universidad de Berger, y su equipo de trabajo. Las primera publicaciones aparecieron en 1972, pero el interés científico, académico y político por el acoso escolar comenzó después del suicidio de tres estudiantes de 14 años, cuya investigación reveló que la causa principal había sido la agresión permanente de sus compañeros. A partir de ese momento el Ministerio de Educación de Noruega empezó a implementar campañas de prevención y poco tiempo después los gobiernos de Inglaterra, Italia, Canadá, Japón, Estados Unidos y Australia, entre otros, reconocieron el acoso escolar como un serio problema de violencia en el marco de la escuela, que era indispensable atender [5].

El acoso escolar sigue el patrón de algunas violencias que por mucho tiempo fueron vistas dentro de los parámetros de la normalidad, dando lugar a una naturalización de un fenómeno que no debería ser socialmente aceptado. Ese ha sido el caso de la esclavitud o la discriminación por raza, por credo o por género.

“Se encuentra que muchos patrones de comportamiento abusivo fueron alguna vez considerados normales. Muchos factores respaldaban la discriminación racial: el poder del Gobierno, las leyes que codificaban o permitían la discriminación, y los supuestos culturales ampliamente aceptados y rara vez cuestionados. Quienes estaban en el poder lo aprovecharon a la vez que justificaban sus acciones señalando la supuesta “inferioridad” de la gente de color. Se necesitó un buen tiempo para que estas creencias y supuestos tan arraigados fueran cuestionados por un número significativo de blancos” [1].

El Acoso Escolar es causa principal de la deserción en el sistema educativo. La Encuesta Nacional de Deserción Escolar -ENDE- de 2009, señala que entre las razones asociadas a la desvinculación de los estudiantes figura el maltrato de compañeros con 13% y el conflicto y la violencia en el colegio con 15% [6]. Puede suponerse razonablemente que cuando el maltrato y la violencia inducen a la deserción escolar, por lo general, no han sido eventuales, sino sistemáticos y por tanto pueden caracterizarse como acoso escolar.

Enrique Chaux y otros [7], en el marco de las Pruebas SABER realizadas por el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación -ICFES-, al evaluar las respuestas de casi 55 mil estudiantes en 589 municipios del país en las pruebas de 2009, concluyen que “en Colombia el 22% de los estudiantes han sido intimidados, el 21% han intimidado a otros y 53% han presenciado casos de intimidación.

En 2014, el 19% de los estudiantes manifestaron haber sufrido de agresión física, el 34% agresión verbal y el 15% agresión relacional. En estos hechos violentos no se evidencian diferencias significativas entre lo rural y lo urbano y entre los colegios públicos y los no oficiales [7]. En las tres pruebas nacionales correspondientes a 2012, 2013 y 2014, los porcentajes de estudiantes en cada uno de los roles del acoso escolar para el grado noveno fueron los siguientes: víctimas 32%, 27% y 26%; agresores 22%, 20% y 19% y observadores: 65%, 62% y 61% [7]. Estos porcentajes son muy elevados frente al ideal de convivencia en el entorno escolar.

Concepto de acoso escolar

El fenómeno que se analiza en este trabajo tiene una denominación única en inglés: Bullying. En español, en cambio, tiene muy variados nombres como acoso escolar, hostigamiento escolar, matoneo escolar, agresión escolar, violencia escolar, intimidación escolar, acoso entre pares y conflicto escolar, entre otros. Esta diversidad de denominaciones -que por cierto dificulta las búsquedas bibliográficas- está asociada al hecho de que aún no hay una tipología común de las variadas modalidades de violencia que ocurren en el ámbito escolar, ni una caracterización única de esta forma particular de violencia escolar. Este panorama difuso ha llevado a que algunos autores de habla hispana prefieran utilizar la palabra Bullying, que resulta menos equívoca. Este trabajo utilizará el término acoso escolar por ser el oficialmente utilizado en la normatividad colombiana.

En Colombia, la Ley define el acoso escolar como “Conducta negativa, intencional, metódica y sistemática de agresión, intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento deliberado, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o por medios electrónicos contra un niño, niña o adolescente, por parte de un estudiante o varios de sus pares con quienes mantiene una relación de poder asimétrica, que se presenta de forma reiterada o a lo largo de un tiempo determinado”[8] .

La mayoría de autores coinciden con que el acoso escolar es una forma de violencia que se produce en torno a la vida escolar (aunque puede presentarse dentro o fuera de la escuela) y se caracteriza porque uno o varios estudiantes, denominados agresores, ejercen agresiones en otro, denominado víctima, de forma reiterada y permanente, con el fin de generar dependencia, dolor y miedo en la persona agredida, logrando en la mayoría de los casos que ésta se sienta agobiada.

Este acoso usualmente se presenta lejos de la presencia de los adultos y bajo la indiferencia de las personas que están alrededor [1],[9], [10], [11], [12], [8], [13], [14], [15].

La ley 1620 de 2013 plantea que el acoso escolar “también puede ocurrir por parte de docentes contra estudiantes, o por parte de estudiantes contra docentes” (capitulo 1 Artículo 2) [8], pero esta perspectiva no es aceptada en las caracterizaciones usuales. La mayoría de autores plantea que el acoso escolar ocurre exclusivamente entre estudiantes, entendidos como pares en condiciones similares, donde el agresor pretende imponerse mediante diferentes estrategias, generando un desequilibrio de poder. La violencia de maestros o directivos contra estudiantes o de estudiantes contra docentes tiene características propias relativas a relaciones en el seno de estructuras de autoridad, las cuales se analizan desde otras perspectivas conceptuales, se previenen y mitigan con otras estrategias y son punibles en el marco del código penal.

En síntesis, el concepto de acoso escolar implica: i) violencia intencional, sistemática y reiterada por un período más o menos largo, ii) que se presenta en relación con la vida escolar (pudiendo ser dentro o fuera de la escuela), iii) es ejercida por uno o más estudiantes contra de otro u otros estudiantes, iv) se produce mediante agresiones físicas como el ejercicio de la fuerza y la generación de dolor, agresiones verbales o psicológicas como intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento deliberado o amenaza, o agresiones por redes sociales o medios electrónicos, v) creando una relación asimétrica de poder, vi) bajo la indiferencia, tolerancia o insuficiente reacción de quienes están alrededor, incluidos los adultos que tienen responsabilidades de apoyo y protección, vii) logrando que la víctima (o víctimas) se sienta agobiada y en condición de desprotección e impotencia.

Tipología del acoso escolar

El Acoso Escolar tiene diversas modalidades. Las más usuales están relacionadas con las agresiones físicas, verbales, psicológicas y de exclusión social [9], [10], [16], [1], [17], [18], [14]. Existen algunos autores que además incluyen varias formas de maltrato sexual [14].

El acoso escolar físico es el que se realiza mediante acciones de fuerza corporal o mecánica, que busca intimidar o ejercer superioridad mediante la generación de dolor, incomodidad o privación. Tiene dos modalidades: daños en la víctima o daños en sus propiedades y su entorno. Los daños en la víctima son ejercidos directamente contra ella con acciones como golpes, heridas, empujones o atropellamientos. Los daños en sus propiedades y su entorno consisten en privar a la víctima de objetos personales mediante hurtos, sustracciones, desaparición o destrozo de objetos personales [19]. Los estudios muestran que estas modalidades de acoso escolar físico se presentan con más frecuencia en primaria que en secundaria, suele ocurrir más entre hombres que mujeres y que no se observan diferencias de frecuencia entre estratos socioeconómicos [18], [20], [21], [17].

El acoso escolar verbal nace del uso de la palabra para ofender, humillar, estigmatizar, discriminar o generar burla. Ejemplos de él son la imposición de sobrenombres, la imitación despectiva de las expresiones verbales de la víctima, el lenguaje sexualmente ofensivo y la repetición reiterada de errores cometidos en el pasado [18], [17], [19]. Por extensión se incluye el acoso escolar mediante expresiones corporales que ridiculizan, humillan u ofenden a la víctima.

El acoso escolar social busca producir daño en las relaciones de la víctima con terceros. Incluye estrategias para difamar, ridiculizar, inducir a la discriminación o el desprecio, aislar o excluir a la víctima de grupos de interacción escolar, actividades recreativas o deportivas y eventos sociales [18], [20], [21], [17], [19].

El acoso escolar psicológico opta por diversas modalidades de humillación a la víctima con el fin de hacerla sentir en condición de inferioridad, minar su autoestima y fomentar su sensación de temor, desamparo e inseguridad [9], [17], [18].

Según la literatura disponible, las características y alcance de las anteriores modalidades de acoso escolar varían entre varones y mujeres. Comparados con las chicas, los varones están más a menudo implicados en formas físicas de acoso escolar, que son más visibles y por tanto más fáciles de identificar. Por su parte, las mujeres están más implicadas en otras formas de acoso escolar, como el social y el verbal, con daños menos visibles y demostrables [22], [23], [24]. Generalmente los hombres infravaloran el acoso escolar, mientras que las mujeres tienen mayor facilidad para manifestarlo [23].

Actores del acoso escolar

Los actores básicos del acoso escolar son la víctima o agredido, el victimario o agresor y los observadores.

Víctimas

Las víctimas son los chicos y chicas que reciben las agresiones o humillaciones de acoso escolar. Generalmente no tienen claro por qué son objeto de este tratamiento y la mayoría de las veces se sienten agobiadas e incapaces de salir de la situación de acoso [5].

Es frecuente que las víctimas muestren condiciones de debilidad física o psicológica, baja autoestima, discapacidades, retraimiento, ansiedad o liderazgo pasivo. En ocasiones la víctima termina aceptando las acusaciones que soporta, convenciéndose de estar en condición de inferioridad, ser mal estudiante, mal compañero o compañera, persona socialmente desadaptada o incapaz de valerse por sí sola [1], [25], [24], [26]. Las víctimas son consideradas por los compañeros los más bajos en el estatus escolar y generalmente son las menos populares en el colegio [23], [1].

Pueden distinguirse dos tipos de víctimas según su reacción frente al acoso escolar: víctimas pasivas o sumisas y víctimas activas, agresivas o provocadoras.

Las víctimas pasivas o sumisas son las que generalmente no reaccionan o protestan frente al acoso escolar, aunque en ocasiones muestran su miedo y manifiestan su vulnerabilidad y su dolor. Algunas no conocen la razón del acoso al que son sometidas, mientras que otras lo atribuyen a una característica particular suya, como obesidad, discapacidad, modos de expresión, condición de aprendizaje, origen étnico o condición socioeconómica diferente a la mayoría.

“Las víctimas pasivas o sumisas, a través de sus comportamientos y actitudes, muestran que están ansiosas e inseguras de sí mismas, se sienten menos atractivas físicamente, o presentan características que les disminuyen su autoestima como el sobrepeso, alguna discapacidad o bajo rendimiento académico” [1].

Usualmente presentan una situación de aislamiento social, la cual está asociada a escasa asertividad y dificultades de comunicación o empatía. La falta de amigos puede originar en algunos casos el inicio de la victimización. Las víctimas pasivas suelen mostrar miedo ante la violencia y manifestar vulnerabilidad, alta ansiedad, inseguridad y baja autoestima [27].

Algunos estudios muestran que cabe relacionar las víctimas pasivas con familias que han sido o son sobreprotectoras [25].

La conducta de las víctimas pasivas en ocasiones coincide con situaciones asociadas al estereotipo de feminidad, comúnmente conocido como “amaneramiento”. Esta situación puede ser sufrida tanto por los chicos (que probablemente serán más estigmatizados por manifestar características femeninas) como por las chicas (entre las cuales dichas características son más frecuentes, pero menos estigmatizadoras). La asociación de estas características con conductas infantiles permite explicar por qué las víctimas pasivas estigmatizadas por estereotipos femeninos disminuyen con la edad [23].

Las víctimas activas, agresivas o provocadoras son aquellas que reaccionan con vehemencia ante el acoso escolar de tal manera que esa reacción se convierte en justificación del acoso, por el mismo agresor inicial o por otros, creando un círculo vicioso que reproduce el maltrato y la humillación. Las reacciones y provocaciones de la víctima pueden ser de muy distintos tipos, como violencia física o verbal, amenazas o manifestaciones muy notorias de dolor.

Las investigaciones afirman que las víctimas activas, agresivas o provocadoras suelen ser chicos y chicas en condición de aislamiento y elevada impopularidad, situación que podría estar en el origen de su selección como víctimas [23].También es frecuente que tengan una tendencia excesiva a actuar de manera impulsiva sin elegir la conducta que puede resultar más adecuada a cada situación, o tendencia a reaccionar de manera irritante y provocadora.

A veces, las víctimas activas, agresivas o provocadoras mezclan su condición de víctima con la de agresores, pero sus agresiones no se consideran acoso escolar por ser meramente reactivas [23].

Los escolares que son víctimas activas, agresivas o provocadoras suelen provenir de entornos familiares que tienden a ser hostiles, reactivos y coercitivos.

Esta modalidad de víctima es más frecuente entre los chicos que entre las chicas. No disminuye de forma significativa con la edad y suele estar asociada a escolares hiperactivos [23].

Agresores o acosadores

El agresor puede ser un compañero del mismo grupo o nivel educativo, o un estudiante mayor que busca a su víctima en los grados inferiores donde obviamente encuentra un desbalance de poder a su favor [23].

Es común en los agresores la falta de preocupación por las emociones y aflicciones de la víctima y la ausencia de sentimientos como el remordimiento y la compasión [18].

También es frecuente que los agresores sean considerados por sus compañeros como los de más estatus social (en términos de ingreso, poder u otras características especialmente valoradas por el grupo escolar). Los docentes suelen afirmar que los agresores suelen estar entre los más populares en sus respectivos grupos y en el colegio [1].

Los estudios muestran que los agresores, se caracterizan por tener dificultades sociales pero por lo general están menos aislados que las víctimas y que suelen tener inseguridades o tendencias violentas a través de las cuales buscan llamar la atención y dominar a los demás. Suelen ser impulsivos, con baja tolerancia a la frustración, dificultad para cumplir con las normas, bajo rendimiento escolar y mínima capacidad autocrítica. Por lo general, las características de este perfil se incrementan con la edad [23].

En el agresor suele haber falta de control, agresividad, impulsividad, aprendizaje de conductas violentas en los primeros años de vida, tendencia a la crueldad, carácter expansivo e impulsivo, labilidad emocional, liderazgo de tipo autoritario, escasa empatía, insensibilidad al dolor ajeno, ausencia de sentimientos de culpa y en algunos casos consumo de sustancias psicoactivas [25], [24], [26].

Con frecuencia los agresores tienen compañeros que aprueban, celebran y de este modo refuerzan el comportamiento victimizante, convirtiéndose en co-acosadores. Éstos suelen ser compañeros fácilmente influenciables, con necesidades de aprobación social y espíritu de solidaridad poco desarrollado. El agresor suele estimularse y reforzar sus prácticas de acoso escolar con estos comportamientos de grupo que considera una aprobación a sus acciones [24].

Según Olweus [5], hay tres tipos de agresores:

Acosador Asertivo. Es aquel que con buenas habilidades sociales y popularidad en el grupo es capaz de organizar o manipular a otros para que cumplan sus órdenes. Suele ser capaz de enmascarar su actitud intimidatoria bajo una apariencia de liderazgo para no ser descubierto.

Acosador poco Asertivo. Es aquel que manifiesta un comportamiento antisocial y que intimida y acosa a otros directamente a veces como reflejo de su falta de autoestima y de confianza en sí mismo. Encuentra que gracias a su comportamiento de acoso consigue su rol y status dentro del grupo.

Acosador Víctima: Es aquel que acosa a compañeros más jóvenes que él y es a la vez acosado por compañeros mayores o es víctima en su propia casa.

La situación de agresor asertivo es más frecuente entre los chicos que entre las chicas, y suele mantenerse muy estable o incrementarse a lo largo del tiempo especialmente en la pre-adolescencia.

Observadores

Los observadores son actores fundamentales en el acoso escolar y cualquier estrategia de prevención o mitigación debe tenerlos en cuenta. Se trata de quienes presencian el acto de acoso, que pueden ser otros estudiantes, docentes, funcionarios administrativos o directivos docentes, así como personas externas que tienen relación con el colegio o que se percatan del ciber Acoso Escolar. Se ha demostrado que el papel del observador es fundamental frente al acoso escolar, pues la forma como los observadores reaccionen puede generar aumento o disminución de la agresión [28].

Se han identificado tres tipos de observadores. Son los siguientes:

El observador agresivo o provocador, que motiva o estimula el acoso escolar o que anima para que se continúe acosando. Son incitadores al acoso que en algunas ocasiones se convierten también en agresores. Según algunos estudios, los hombres tienen mayor tendencia a ser espontáneamente observadores agresivos (motivadores o animadores), mientras que las mujeres son más influenciables que los hombres al momento de tomar la decisión de agredir a los compañeros por influencia de un observador agresivo [23].

El observador neutro o pasivo, que se limita a mirar el acto de intimidación o agresión, pero no actúa. Su pasividad suele ser por indiferencia, por presión colectiva o por miedo de convertirse en una víctima directa [24], [28], [23]. Un elevado número de estudiantes manifiestan que no hacen nada, aunque crean que “deberían apoyar a la víctima” o que no hacen nada porque “no es su problema” [23].

Según algunas investigaciones, los docentes generalmente asumen el papel de observador pasivo [29]. Los autores de este artículo consideran que los observadores pasivos son en la práctica cómplices del acoso escolar, puesto que los acosadores buscan aprobación bajo dos formas: la celebración manifiesta de sus actos o el consentimiento tácito que resulta de no mostrar rechazo a una situación de violencia que debería ser inaceptable. El explicable temor a rechazar directamente el acoso no excusa de la responsabilidad ética de actuar de alguna manera para denunciarlo o evitarlo.

El observador proactivo o asertivo es el que busca, con o sin éxito, el modo de evitar el acoso escolar a sus compañeros. Se trata de estudiantes que apoyan a la víctima, que a veces hacen frente al agresor o que denuncian y condenan los hechos de acoso. Según investigaciones realizadas en Finlandia, el observador proactivo suele ser un compañero que tiene alta popularidad en el grupo y por lo tanto no siente temor de ser victimizado [26]. Una de las opciones de comportamiento más usuales del observador asertivo es buscar a otras personas -como compañeros o adultos con autoridad- que ayuden a resolver el conflicto entre la víctima y el agresor [23], [11].

Los observadores pasivos suelen ser dependientes de otros y sienten que no tienen éxito en el grupo. Los observadores agresivos por contagio social son personas que tienden a adoptar el los comportamientos dominantes sin reflexión ética, tienen bajas habilidades sociales, tienden al aislamiento, la difuminación de la responsabilidad individual, la percepción negativa de los demás, escasa empatia y naturalización de la violencia [24], [25].

Las mujeres tienen una mayor tendencia a ser observadoras más proactivas que los hombres, pues tienen mayor capacidad de sensibilizarse con la victima [23].

Escenarios del acoso escolar

El análisis del acoso escolar se ocupa de los espacios donde éste sucede porque a ellos se asocian tipos diversos de acoso, diferencias en el alcance y variadas modalidades de participación de los observadores. Comprender las dinámicas del acoso escolar en los variados escenarios en que éste se presenta es indispensable para determinar las responsabilidades pertinentes y las modalidades adecuadas para la prevención y atención de la situación.

El espacio más usual de acoso escolar es el aula de clase. Con frecuencia está relacionado con el comportamiento académico (modos de participación, cumplimiento o no de los deberes escolares, etc.). En el aula, el acoso escolar ocurre en presencia o en ausencia de los profesores. El primer caso se asocia a profesores que son observadores pasivos o, en ciertas ocasiones, observadores provocadores que llegan a propiciar o facilitar el acoso. Ambos casos identifican ausencia de mecanismos de prevención y manejo colectivo del acoso escolar, de modo que se podría hablar de una institución educativa que es ella misma un observador pasivo [19], [1], [5].

Otro espacio usual de acoso escolar es la zona de recreo. Cuando este fenómeno se presenta, se pone en evidencia que el recreo no se ha constituido en componente esencial de un proyecto pedagógico que lo conciba como espacio privilegiado de aprendizajes relacionados con la socialización, la convivencia y la solidaridad. El acoso escolar en la zona de recreo se relaciona también con el desempeño académico y con el desempeño físico, deportivo o social. En la zona de recreo, como en el aula de clase, los profesores, los directivos docentes y la misma institución educativa pueden ser observadores pasivos-permisivos y aún observadores provocadores del acoso escolar.

También se presenta acoso escolar en los pasillos, los baños, los escenarios deportivos, los comedores, la zona de entrada y salida del colegio, los ámbitos usuales de socialización y fiesta de los estudiantes por fuera del colegio e incluso lugares externos a la institución educativa en los que se acuerdan o se propician encuentros entre el agresor y la victima. En todos ellos varían las modalidades y responsabilidades del acoso escolar [30], [10], [25], [1].

Un nuevo y cada vez más utilizado escenario de acoso escolar es el ciberespacio. El CiberBullying o Ciber acoso escolar se ha convertido en una nueva categoría que alude a las agresiones asociadas a la vida escolar que se realizan de manera repetitiva utilizando medios electrónicos, tales como computadoras o teléfonos móviles, que suele concentrarse en las redes sociales y busca agredir a la víctima exponiéndola de manera negativa ante la sociedad. Esta modalidad traspasa significativamente el espacio de la escuela, puede ocultar al agresor, estimula la participación en la agresión de otros estudiantes e involucra como observadores (pasivos, provocadores o proactivos) a los padres de familia y muchos otros actores más allá del grupo escolar [31],    [32]. El Ciber acoso escolar muy frecuentemente involucra como observadores a los padres y madres de familia, que asumen roles de observadores provocadores, pasivos-permisivos o proactivos-asertivos, en los términos definidos arriba.

Causas del acoso escolar

Para comprender las causas del acoso escolar es necesario reconocer que las diversas modalidades de violencia entre personas tienen múltiples causas y orígenes complejos, que es necesario identificar para poder establecer acciones, responsabilidades y mecanismos que permitan prevenirlas y atenderlas.

Las principales causas del acoso escolar incluyen factores familiares, personales, sociales y escolares [16], [19], [33].

El ámbito familiar es el entorno fundamental de la socialización primaria, que incluye el aprendizaje de los modos de relacionarse, ser solidario y tener relaciones armoniosas y mutuamente enriquecedoras [34]. Los comportamientos de abuso -y también los de los observadores provocadores o pasivos-permisivos- suelen reflejar una socialización primaria deficiente, así como carencia de una relación afectiva cálida y segura en el ámbito familiar, presencia de conductas agresivas, formas dominantes de afirmación de autoridad o falta de reconocimiento y respeto por la diferencia. En todos los casos de acoso escolar es necesario evaluar por tanto los comportamientos y prácticas en el hogar tanto de los acosadores como de las víctimas, los factores inductores y el grado de permisividad hacia conductas agresivas, los métodos de ejercicio de la autoridad, las relaciones que se establecen entre los adultos de la familia, los conflictos y discusiones, la presencia de adicciones o alcoholismo en los adultos, el manejo de los conflictos hogareños y, en general, el estado de los vínculos de afecto y apego [24], [25], [23].

“Los padres pueden ayudar al infundir valores adecuados y dar a sus hijos todas las herramientas posibles para trabajar el ingenio. La formación es la clave para ayudar a su hijo a evitar la intimidación en la escuela. Enseñándoles que tienen derechos y que deben respetar los derechos de los demás” [35].

El ámbito social, como escenario de socialización secundaria, incide decisivamente en el aprendizaje y adopción de pautas de relación con quienes son distintos en modos de ser, actuar, pensar o relacionarse [34]. El colectivo social tiene un enorme impacto educativo en los niños y niñas derivado de las prácticas cotidianas de interacción entre vecinos y en la calle, el sistema de transporte, las relaciones económicas, la imagen trasmitida por los agentes políticos, las religiones y los medios de comunicación. Un entorno social agresivo y victimizante impacta decisivamente el acoso escolar.

El ambiente de la escuela es, junto con la calle y los medios de comunicación, escenario principal de la socialización secundaria de los niños y niñas. Múltiples aspectos inciden en la pertinencia y calidad de esa socialización, tales como el tipo de normas de conducta, la existencia o inexistencia de modelos participativos para la toma de decisiones y la gestión de la cotidianidad escolar, la consistencia y pertinencia del sistema disciplinario, la suficiencia, capacidades y dedicación del personal docente y directivo, la actitud y las herramientas pedagógicas del profesorado delante de situaciones de intimidación, las estrategias de acompañamiento y ayuda a las víctimas, la reglamentación y los protocolos de atención relacionados con el acoso escolar y la solidez de la comunicación e interacción entre el cuerpo directivo y profesoral [24], [25].

Hay varias investigaciones que demuestran el papel de los contextos físicos, organizativos y culturales de las escuelas en relación con los diferentes tipos de acoso escolar [16].

Naturalización del acoso escolar

Se ha constatado una tendencia a la naturalización del acoso escolar. Ésta logra que se considere un hecho habitual e inevitable, y que por tanto no se atienda adecuadamente. De este modo se genera en el agresor un permiso implícito que lo motiva a seguir generando el acoso, en la victima refuerza la incapacidad de hacer frente al fenómeno y en los observadores estimula su pasividad o su cohonestación de las prácticas de acoso escolar [36]. Está naturalización es promovida especialmente por los adultos, los cuales manifiestan que el acoso escolar ha existido siempre y por lo tanto no es menester atenderlo.

En muchas ocasiones, los docentes manifiestan que las causas son eminentemente personales, familiares o sociales, y que por ello no son de su competencia y por lo tanto no se sienten en obligación o capacidad de intervenir en la situación [11]. Muchos docentes, carentes de entrenamiento o compromiso, sienten temor de la agresión que podrían proporcionarles los agresores si ellos intervinieran en la situación [23].

Es importante tener claro que el acoso escolar no se presenta por razones genéticas. Es un fenómeno cultural que debe ser tratado como tal. El conocimiento científico muestra que la violencia sistemática y sostenida no es un remanente de origen animal. “Es científicamente incorrecto afirmar que el ser humano haya heredado de sus ancestros, los animales, la propensión de hacer la guerra, puesto que es un fenómeno específicamente humano, producto de la cultura” [37; 3853].

Referencias

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