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Historia Caribe

Print version ISSN 0122-8803

Hist. Caribe vol.10 no.27 Barranquilla July/Dec. 2015

http://dx.doi.org/10.15648/hc.27.2015.5 

DOI: http://dx.doi.org/10.15648/hc.27.2015.5.

Artículo de investigación científica

Viaje y etnografía. Nota sobre la vida del explorador Joseph de Brettes y su obra etnográfica entre los pueblos indígenas del norte de Colombia. 1861-1934 *

Travel and Ethnography. Notes on the life of the explorer Joseph de Brettes and his ethnographic works among the indigenous people of North Colombia. 1861-1934

Viagem e etnografia. Uma nota da vida do explorador Joseph de Brettes e seu obra etnográfica sobre os povos indígenas do Norte da Colômbia. 1861-1934

Voyage et ethnographie. Esquisse sur la vie de l'explorateur Joseph de Brettes et son ouvre ethnographique sur les peuples indiens du Nord de la Colombie. 1861-1934

Juan Camilo Niño Vargas

* Este artículo forma parte del proyecto: "Historia, lengua y etnografía de los ette del norte de Colombia", realizado para la tesis doctoral centrada en la historia, la lengua y la etnografía de los ette del norte de Colombia (Chimilas). Financiado por las siguientes instituciones: Universidad de los Andes (Colombia), Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Francia), Fundación Ann Osborn (Colombia) y Colfuturo (Colombia).
Esta publicación está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0

Profesor de la Universidad de los Andes (Colombia). Correo electrónico: juancamilonino@gmail.com. El autor es candidato a Doctor de Antropología Social y Etnología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (Francia), además es Antropólogo y Magíster en Antropología Social de la Universidad de los Andes (Colombia). Entre sus publicaciones tenemos: "El tejido del cosmos. Tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)", en Journal de la Société des Américanistes Vol. 100 No. 1 (2014) e Indios y viajeros. Las Exploraciones de Joseph de Brettes y Georges Sogler por el norte de Colombia. 1892-1896 (Bogotá: Universidad Javeriana, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Universidad de los Andes, 2015). Sus investigaciones se centran en la historia, la etnografía y la lingüística de los pueblos indígenas del norte de Colombia.

Para citar este artículo: Niño Vargas, Juan Camilo. "Viaje y etnografía. Nota sobre la vida del explorador Joseph de Brettes y su obra etnográfica entre los pueblos indígenas del norte de Colombia. 1861-1934", Historia Caribe Vol. X No. 27 (Julio-Diciembre 2015): 141-176. DOI: http://dx. doi.org/10.15648/hc.27.2015.5.

Recibido: 10 de octubre de 2014
Aprobado: 16 de febrero de 2015
Modificado: 14 de abril de 2015


Resumen

De los muchos viajeros europeos que visitaron el territorio colombiano durante el siglo XIX, pocos ejercieron el quehacer etnográfico entre los pueblos indígenas de una manera tan seria y profunda como el explorador francés Joseph de Brettes. En el presente artículo se traza un esbozo de la vida y obra de este poco conocido personaje y, particularmente, de las expediciones que realizó en el norte de Colombia, y los escritos que le consagró al modo de vida de las poblaciones nativas del área. Este perfil biográfico también sirve de introducción a la transcripción de una entrevista que concedió en 1902 sobre su experiencia como viajero y explorador en América del Sur.

Palabras clave: Joseph de Brettes, literatura de viajes, historia de la antropología, pueblos indígenas del norte de Colombia.


Abstract

Many European travelers visited the present territory of Colombia during the nineteenth century, but few of them undertook ethnographic work among the natives groups in such a serious and comprehensive manner as the French explorer Joseph de Brettes did. The present article provides an overview of the life and works of this largely unknown figure. In particular, it focuses on the expeditions he conducted in north Colombia, as well as on his writings devoted to the understanding of the way of life of its indigenous inhabitants. This account also serves to introduce a transcription of an interview that he gave in 1902 about his experience as traveler and explorer in South America.

Key words: Joseph de Brettes, travel writing, history of anthropology, indigenous people of north Colombia.


Resumo

Entre os muitos viajantes europeus que percorreram o território colombiano durante o século XIX, poucos mostraram um interesse tão sério e profundo por as pesquisas etnográficas entre os povos indígenas como o explorador francês Joseph de Brettes. O presente artigo traça um esboço da vida e obra deste pouco conhecido personagem e, em especial, de suas expedições na norte da Colômbia e seus trabalhos sobre o modo de vida das populações nativas. O breve perfil apresentado também introduz a transcrição de uma entrevista que ele concedeu em 1902 sobre sua experiência como viajante e explorador na América do Sul.

Palavras-chave: Joseph de Brettes, literatura de viagem, historia da antropologia, povos indígenas da norte da Colômbia.


Résumé

Parmi les nombreux voyageurs européens qui ont parcouru le territoire colombien au cours du XIXème siècle, très peu pratiquèrent le travail ethnographique chez les peuples indiens d'une façon aussi sérieuse et approfondie comme l'a fait l'explorateur français Joseph de Brettes. Cet article trace une esquisse de la vie et de l'œuvre de ce personnage pas très connu et aborde notamment les expéditions faites au Nord de la Colombie et ses travaux consacrés aux mœurs des populations natives de la région. Le compte rendu biographique sert aussi d'introduction à la transcription d'un entretien sur ses expériences en tant que voyageur et explorateur en Amérique du Sud, qu'il a accordé en 1902.

Mots-clés: Joseph de Brettes, littérature de voyages, histoire de l'anthropologie, peuples indiens du Nord de la Colombie.


Los profundos cambios sociales e intelectuales acaecidos a nivel global a finales del siglo XVIII y principios del XIX, inauguraron una nueva fase del proceso de apropiación material y simbólica de América. El resquebrajamiento y colapso del imperio español impulsó a las emergentes potencias mundiales y a las nacientes élites de las repúblicas latinoamericanas a organizar expediciones para reconocer el continente y, así, expandir su influencia y afianzar su poder1. El surgimiento y consolidación de una serie de disciplinas empíricas y descriptivas, como la geografía y las ciencias naturales, también convirtieron a las tierras americanas en un espacio por redescubrir y maridaron la búsqueda de conocimientos científicos con la realización de viajes y exploraciones2. De forma paralela, si bien a un ritmo más tímido, aumentó el interés de los europeos por la cultura de los pueblos indígenas y se sentaron las bases para el desarrollo de un saber etnográfico especializado en las poblaciones amerindias3.

La obra del explorador francés Joseph de Brettes es representativa dentro de este escenario histórico e ilustra con singular claridad la emergencia de un saber humano en el seno de las ciencias naturales. Aunque el territorio de la actual Colombia fue recorrido por cientos de científicos, expedicionarios y viajeros, muy pocos se interesaron por los pueblos nativos y ejercieron el quehacer etnográfico de una manera tan seria y profunda como él4. Las misiones geográficas y económicas que dirigió en el norte del país por encargo oficial del gobierno francés y el colombiano a finales del siglo XIX, le sirvieron para llevar a cabo un ambicioso proyecto centrado en el mundo amerindio, de carácter personal pero estrechamente articulado con el ambiente intelectual de la época. Guiado por el objetivo de estudiar su modo de vida y de pensamiento, el explorador se esforzó por contactar a las poblaciones indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, la península de La Guajira y las selvas del Ariguaní. Asimismo, una vez regresó a Europa, les consagró varios escritos, relaciones y conferencias con un inconfundible tinte antropológico.

Aprovechando el interés que los viajeros y la literatura de viajes decimonónica han suscitado recientemente en el medio académico, el presente artículo se interesa en este poco conocido personaje5. Con el fin de sacar de la sombra su figura y enriquecer los escasos trabajos dedicados a su obra, se traza un bosquejo de la vida de Joseph de Brettes, se examina su labor como expedicionario y se ofrece un balance de sus principales informes sobre las poblaciones nativas del norte de Colombia. A lo largo de la exposición se resalta el carácter pionero de su labor como etnógrafo, evidenciado en el afán de contactar a todos los grupos de la región, el ánimo de abordar de manera metódica y holística su cultura y, entre otros aspectos, la intención de dejar registradas sus experiencias en textos enteramente centrados en el mundo indígena. Dadas las limitaciones de espacio propias de un artículo como el propuesto, el examen detallado de los relatos del explorador, la evaluación de su contribución a la antropología y el análisis de la forma como representó a las sociedades aborígenes, quedan reservados para investigaciones ulteriores6.

Además de contribuir al conocimiento de la empresa exploradora europea decimonónica en el país, el ejercicio planteado pretende resaltar el valor de la obra de Brettes para la historia y las ciencias sociales contemporáneas, tanto en lo que respecta a las condiciones de vida de los pueblos indígenas en el siglo XIX, como en lo relativo al desarrollo y consolidación de la tradición etnográfica. Adicionalmente, sirve de introducción y complementa una entrevista que el diario Le Globe Trotter le hizo en 1902 y, que en virtud de su valor documental, se publica a continuación por primera vez en español7.

1. Del Mediterráneo a América del Sur

La vida de Joseph de Brettes comenzó en 1861 en Limoges, en la región de Lemosín en el sur de Francia (Figura 1)8. Proveniente de una familia noble del suroeste del país, siempre disfrutó de grandes privilegios, tales como el uso de los títulos nobiliarios de vizconde y, posteriormente, conde. Durante su infancia y adolescencia, recibió una educación flexible que le permitió entregarse a los viajes y a la navegación a la temprana edad de quince años. Así lo refirió Marcel Mallat de Bassilan, un contemporáneo suyo, quien aseguró que a la edad en la que la mayoría de hombres están terminando la escuela, Brettes ya había recorrido una gran parte del Mediterráneo9.

Como muchos de sus contemporáneos, Brettes decidió abandonar su morada familiar al alcanzar la adultez para enlistarse en el ejército e integrarse al vasto contingente militar encargado de mantener el control de las extensas colonias francesas del Medio Oriente, el continente africano, el sudeste asiático y el Océano Índico. Debido a sus conocimientos de la lengua y la cultura árabe, fue enviado en 1880 al norte de África a militar en la caballería y formar parte de un grupo de misiones de rescate en el sur de Argelia.

Un año más tarde participó como expedicionario en Túnez, junto a un contingente cuyo objetivo era tomar el control de la ciudad de Kairuan10.

Los años de servicio en las filas castrenses le confirmaron a Brettes su vocación de expedicionario y lo incitaron a probar suerte en otros continentes. Siguiendo los pasos de célebres compatriotas suyos como Jules Crevaux y Émilie Thouar, consiguió el apoyo del gobierno francés en 1884 para organizar varias expediciones en el Chaco suramericano, una vasta región compartida por las naciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay11. Tal reorientación geográfica estuvo acompañada de un ajuste de la forma de explorar en sí misma. La lógica militar de las grandes campañas en el norte de África fue remplazada por una de carácter científico e ilustrado, de espíritu más independiente e individual, articulada con los intereses de sectores acomodados de las jóvenes repúblicas latinoamericanas. En alianza con una sociedad comercial boliviana, el explorador recorrió el Chaco boreal en dos ocasiones buscando un camino que uniera a esta región con la Cordillera de los Andes y el Océano Atlántico12.

Aunque la ruta identificada en el Chaco nunca fue objeto de atención por parte de autoridades locales o extranjeras, y muchas dudas se tejieron alrededor de su utilidad, las observaciones astronómicas, geográficas y meteorológicas efectuadas por el explorador le merecieron un reconocimiento formal por parte de la Sociedad de Geografía de París13. Las expediciones también fueron una excelente iniciación al quehacer etnográfico, tal y como lo demostraron las colecciones cerámicas y las muestras lingüísticas que tomó entre los indios toba, chamacoco, senapana y guana del actual Chaco argentino y paraguayo14.

2. Viajes y exploraciones en el norte de Colombia

Los conocimientos y habilidades adquiridos durante las exploraciones en el Chaco, le valieron de nuevo a Brettes en 1890 el apoyo del gobierno francés para una segunda serie de misiones en el continente americano. Concretamente, le fueron encomendadas varias exploraciones en la parte más septentrional de Suramérica, en la República de Colombia y, en menor medida, en la de Venezuela, en un área de interés para Francia por su posición estratégica en el Mar Caribe. Sería en esta región en donde el explorador permanecería una buena parte de los próximos seis años de su vida.

A finales de 1890, Brettes partió de Francia para instalarse en Riohacha. Con salida al Mar Caribe, a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta y a un paso del desierto de La Guajira; la ciudad estaba en el centro de lo que en la época se conocía como departamento del Magdalena. La región comprendía el área que hoy ocupan los departamentos de La Guajira, Cesar y Magdalena, esto es, toda la península de la Guajira colombiana, la integridad de la Sierra Nevada, las ondulaciones occidentales de la Serranía de Perijá y las inmensas llanuras selváticas situadas en la banda oriental del río Magdalena. La mayoría de expediciones realizadas por el francés se desarrollaron en este vasto territorio (Figura 2)15.

La misión más importante encomendada a Brettes fue la Comisión Geográfica Exploradora del Magdalena, organizada en 1892 por el gobierno colombiano con el apoyo del Ministerio de la Instrucción Pública de Francia16. Su objetivo era recoger información útil para el desarrollo material y social de la república en las zonas que dejaron inexploradas la Comisión Corográfica liderada por Agustín Codazzi y la Comisión Permanente dirigida por José Carlos Manó y Jorge Isaacs17. Más exactamente, buscaba identificar los recursos explotables del área noroccidental de la Sierra Nevada y las riberas de los ríos Cesar y Ranchería, así como estudiar la posibilidad de construir un ferrocarril entre la ciudad de Riohacha y la población riberana de Tamalameque. En su papel de director, Brettes evalúo las probabilidades de éxito de la producción agrícola, la explotación minera y la actividad comercial, siempre teniendo en cuenta la manera en la que se podía consolidar el control estatal sobre el área y las formas de integrar la economía regional a circuitos de intercambio transatlántico18.

Además de la Comisión Geográfica Exploradora, Brettes organizó un sinnúmero de expediciones y viajes de menor envergadura por el norte de Colombia, tanto por encargo oficial como por iniciativa personal. Los estudios topográficos de la Sierra Nevada de Santa Marta y la península de la Guajira ocuparon un lugar destacado dentro de sus planes y le demandaron la realización de varios reconocimientos parciales19. La posibilidad de fundar colonias agrícolas en la región también lo alentaron a instalarse en los altos valles serranos durante varios meses, siguiendo los pasos de su predecesor el geógrafo Élisée Reclus20. Otros proyectos, no menos relevantes, obedecieron al afán de efectuar una hazaña memorable, como escalar los más altos picos de la Sierra Nevada, o bien imitar un periplo heroico, como repetir la travesía del conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada por el río Magdalena21. Según sus propios cálculos, recorrió más de 3.000 kilómetros a pie, a caballo y en barco durante los seis años de estadía en el país22.

3. La importancia de las sociedades indígenas

En todo caso, las actividades desarrolladas por Brettes en el departamento del Magdalena no se limitaron a las expediciones oficiales de orientación geográfica y económica que le fueron encomendadas. Tampoco se restringieron a la búsqueda de aventuras, aspiración común en el espíritu de muchos viajeros europeos de su época. Antes bien, las exploraciones que llevó a cabo parecieran haber hecho parte de un proyecto de mayores pretensiones cuyo eje gravitaba alrededor de las sociedades precolombinas y sus descendientes contemporáneos. Semejante empresa encajaba bien en un ambiente intelectual en el cual se consolidaba institucionalmente a ambos lados del Atlántico un saber arqueológico y etnográfico consagrado a América indígena23.

Un primer camino recorrido por Brettes para acercarse a la cultura amerindia fue la búsqueda y descripción metódica de vestigios arqueológicos24. En compañía de George Sogler, otro viajero de nacionalidad francesa, exploró el valle del río Buritaca en las estribaciones septentrionales de la Sierra Nevada y aseguró haber localizado los cimientos de por lo menos tres ciudades taironas densamente pobladas25. De forma independiente o con la colaboración de otros exploradores norteamericanos y europeos, también efectuó excavaciones en las costas aledañas a Riohacha y Santa Marta y logró hallar un variopinto conjunto de restos óseos y objetos cerámicos y líticos26. Siguiendo los lineamientos de una práctica colonialista y extractiva típica de su tiempo, trasladó estos objetos fuera de la región para ser expuestos en museos de Bogotá, Chicago, Madrid y París27.

Las pesquisas arqueológicas se complementaron con una serie de expediciones etnográficas entre los pueblos indígenas de la región. En consonancia con el surgimiento del americanismo científico durante el último lustro del siglo XIX, las poblaciones aborígenes vivientes se convirtieron en un objeto digno de interés, en gran parte debido a que su estudio prometía develar los misterios del pasado precolombino28. Brettes, de hecho, terminó dedicándole a esta materia mucha más tinta, tiempo y energías que a cualquier otra en su vida. Dejándose guiar por un afán de completitud, se propuso contactar, conocer y estudiar a todos los grupos del departamento del Magdalena, a saber, los guajiros de la península de la Guajira; los arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta; y, por fin, los chimilas de las selvas del río Ariguaní. Aunque nunca pudo poner un pie en su territorio debido a los violentos enfrentamientos que se daban con la población colona y campesina, también tomó algunas breves notas sobre los motilones de la Serranía del Perijá (Figura 3)29.

4. Expediciones entre los arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta

Un primer conjunto de expediciones etnográficas tuvo como escenario al territorio arhuaco, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Tomando como eje a los altos picos del macizo, Brettes observó que la región estaba dividida en tres grandes sectores, cada uno habitado por un pueblo con una lengua y una cultura propia: al norte se encontraban las tierras de los arhuaco-kaggabas, hoy comúnmente conocidos como kogi; al suroeste estaban las de los arhuaco-bintukuas, actuales ijka; y finalmente; al sureste yacían las de los arhuacos-goamakas, hoy llamados wiwas (Figura 3). La atención del francés se centró primordialmente en los kaggabas, pero también pudo conocer de cerca a los bintukuas. De los goamakas, en contraste, solo se limitó a algunas observaciones escuetas30.

A lo largo de los seis años de estadía en Colombia, Brettes visitó al menos en nueve ocasiones el territorio arhuaco. La información etnográfica más sustanciosa parece haberla obtenido en el curso de tres exploraciones hechas entre 1891 y 1894. Durante la primera, realizada en 1891, recorrió el territorio de los bintukuas con el objetivo de realizar un levantamiento topográfico del sur y el suroriente del macizo serrano31. La segunda, efectuada en 1892, hizo parte de la Comisión Geográfica Exploradora del Magdalena y tuvo como por propósito reconocer el territorio de los kaggabas en el noroccidente de la Sierra32. La tercera se prolongó por algo más de seis meses, entre 1893 y 1894, periodo durante el cual se estableció con su amigo Georges Sogler en el poblado kaggaba de Taminakka para experimentar con la agricultura y familiarizarse con el modo de vida de los indígenas33. A estos tres grandes viajes de exploración habría que agregar otros seis más modestos realizados posteriormente: dos reconocimientos topográficos de la zona central del territorio kaggaba en 1894; una corta peregrinación a un centro ritual kaggaba conocido como "la tierra de los remedios" a principios de 1895; una inspección a los afluentes del río San Miguel en tierras de los kaggabas, realizada a mediados de 1895; una circunvalación de la base del macizo también efectuada en 1895; y, finalmente, una serie de excavaciones arqueológicas realizadas en el litoral en compañía del aristócrata francés Raymond de Dalmas en 189634.

Las numerosas estadías en el territorio arhuaco fueron aprovechadas por Brettes para entregarse al estudio de los pueblos serranos con más rigor que al de los otros grupos indígenas contactados. Para esto, se valió de sus dotes de observador, del estricto seguimiento de un cuestionario etnográfico y sociológico editado por la Sociedad de Antropología de París y, entre otros recursos, de la relación que sostuvo con algunos indígenas bilingües a quienes tomó a manera de informantes35. Su persistencia y severidad le permitieron percatarse de numerosos aspectos de la vida material y espiritual de los arhuacos y, sobre todo, de los kaggabas. Todos los temas le llamaron la atención: las formas de producción y subsistencia, las facultades lingüísticas e intelectuales, las instituciones sociales, la esfera religiosa, las creencias cosmológicas y el papel de los especialistas religiosos mamas. Además, tuvo la suerte de ser testigo presencial de manifestaciones lúdicas y rituales como bailes, funerales, matrimonios y sesiones mágicas de curación en lugares sagrados36.

5. Expediciones entre los guajiros de la península de la Guajira

El estudio de la población indígena de la península de la Guajira fue para Brettes tan importante como el de los arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta. El profundo conocimiento que adquirió sobre esta región y sus habitantes le permitieron distinguir dos áreas geográficas distintas, cada una habitada por guajiros de costumbres ligeramente diferentes (Figura 3). De un lado, una situada en la parte suroeste de la península, predominantemente desértica y poblada por grupos relativamente numerosos dedicados al pastoreo. Del otro, una menos extensa localizada al noreste, mucho más verde, adornada por la serranía de la Macuira y habitada por pequeños grupos de orientación agrícola37. En la actualidad, unos y otros se conocen bajo el etnónimo wayúu38.

El proceso de familiarización de Brettes con los guajiros empezó el mismo día de su desembarco en Riohacha. El explorador francés no solo se instaló justo al lado de las tierras de los indios sino, también, entabló vínculos con ellos que fue mucho más allá de la amistad. Tal y como aseguró Carlos Rodríguez Maldonado, un colombiano que lo conoció personalmente, el francés contrajo matrimonio y tuvo un hijo con una india de familia de alta alcurnia, Josefina Bonivento, sobrina de un reconocido líder llamado Haipara, jefe del clan de los Uliana39. La unión marital le permitió integrarse a la compleja red de alianzas guajiras, lo que a su vez le facilitó conseguir guías, intérpretes e informantes, desplazarse tranquilamente por la región y planear largos viajes en territorios rara vez visitados por extranjeros.

Además de numerosos paseos por los alrededores de Riohacha, Brettes organizó al menos seis grandes expediciones por el territorio guajiro entre 1892 y 1896. La primera la efectuó en el marco de la Comisión Geográfica Exploradora del Magdalena a mediados de 1892 y consistió en un reconocimiento de la parte sur de la península en territorio colombiano y venezolano40. Luego realizó cuatro excursiones de corta duración al centro y el sureste de la región en diferentes meses de 1894, con el objetivo de contactar ciertos jefes reputados y observar el estilo de vida de los guajiros del oeste41. Finalmente, en compañía de Raymond de Dalmas, realizó un viaje a la parte más septentrional de la península en 1896 para contactar a los pieschis, un clan guajiro un tanto aislado que presuntamente representaba bien la forma de existencia de los guajiros del este42.

Gracias a la prolongada estadía, las expediciones efectuadas y los vínculos de afinidad contraídos, Brettes alcanzó un conocimiento considerable de la sociedad guajira, quizás menos sistemático que el de los grupos arhuacos pero sin duda mucho más profundo y vívido. Habiendo experimentado en carne propia los pormenores de la vida familiar y la importancia de ser aliado de un grupo reconocido, tomó detalladas notas sobre la división en tribus que fundamentaban la organización social, la gradación jerárquica que cimentaba el sistema político y, entre otros aspectos, los mecanismos de agresión y conciliación que mediaban las relaciones entre los diferentes clanes y subgrupos. Asimismo, se interesó por la cultura material, las actividades festivas y rituales y, para no continuar con una lista interminable, los saberes médicos y mágicos de los especialistas piatsche43.

6. Expediciones entre los chimilas de las selvas del Ariguaní

Los rumores que rondaban en el departamento del Magdalena sobre la desaparición definitiva de los chimilas no desalentaron a Brettes a aventurarse por sus territorios, en las planicies selváticas de la cuenca del río Ariguaní, al suroccidente de la Sierra Nevada de Santa Marta (Figura 3). Su antigua fama de guerreros y el misterio que se cernía alrededor de su existencia, lo animaron a conocerlos en persona para completar el cuadro bosquejado de las poblaciones indígenas del norte de Colombia44. Aunque el etnónimo "chimila" es común hasta el día de hoy, el pueblo al que se refiere prefiere denominarse "ette"45.

Brettes contactó a los chimilas en dos ocasiones. El primer encuentro tuvo lugar a mediados de 1895 cerca de las orillas del Ariguaní, durante un viaje de circunvalación de la Sierra Nevada de Santa Marta. El grupo visitado acogió bien al explorador y le permitió quedarse en sus chozas durante casi una semana46. El ansia de volver a ver a un pueblo tan esquivo, impulsó a Brettes a organizar una segunda expedición a su territorio en 1896, esta vez en compañía del viajero aristócrata Raymond de Dalmas y un amigo de él de apellido Munet. Los indios les dieron la bienvenida con la misma hospitalidad de siempre y los dejaron pernoctar con ellos durante dos días47.

Los encuentros de Brettes con los chimilas parecen cortos, sobre todo cuando se comparan con las estadías de varios meses realizadas entre los indígenas de la Sierra Nevada y la península de la Guajira. Sin embargo, tanto en tiempo como en productividad, superaron con creces a los de otras personas de la época que intentaron contactar al grupo y que, muy a menudo, debieron contentarse con una fugaz visita o testimonios de segunda mano48. En efecto, los pocos días que Brettes permaneció con los chimilas le bastaron para realizar sustanciosas observaciones sobre su cultura material, los pormenores de la cotidianidad y su vida social y ritual. Las deficiencias lingüísticas las subsanó con la ayuda de un hombre bilingüe llamado Karao, quien lo introdujo en las costumbres de su pueblo, se tomó el tiempo de explicarle muchas de las particularidades de sus coterráneos e, incluso, preparó un pequeño baile demostrativo en su choza. Por lo demás, el francés se valió del intercambio de mercancías occidentales para hacerse a una completa colección de armas, telas y objetos fabricados por los indios49.

7. La Reflexión Etnográfica

Durante los años que permaneció viajando por Suramérica, entre 1880 y 1896, Brettes llevó un riguroso registro escrito de sus experiencias en forma de diarios, alimentó un variado archivo documental, fotográfico y cartográfico y, además, conformó una nutrida colección de objetos etnográficos y arqueológicos. Toda esta información acumulada le permitió elaborar detallados informes dirigidos a oficinas gubernamentales e instituciones comerciales y científicas50. Como era común en la época, la misma base de datos también posibilitó que terceras personas redactaran artículos y libros enteros sobre sus viajes y aventuras51. Por fin, por ciertos documentos sabemos que una parte de sus colecciones fueron a engrosar las arcas del Museo de Trocadero de París52.

Después de finalizar las misiones por territorio colombiano, que concidio con la llegada a una edad madura, Brettes pudo entregarse a la organización y presentación por escrito de sus materiales etnográficos, sin duda de una manera más libre que la impuesta por los rígidos modelos de los reportes oficiales (Figuras 4-9). El primer y quizás más importante documento al respecto fue bautizado con un título digno de una relación etnográfica. Su nombre era "Entre los indios del norte de Colombia" y apareció en la prestigiosa revista de viajes Le Tour du Monde en 189853. A través de más de ochenta páginas ricamente ilustradas con una centena de grabados y fotografías, Brettes narró sus recorridos por Colombia, combinando de manera novedosa relatos de aventuras y descripciones muy precisas sobre el modo de vida de los arhuacos, los guajiros y los chimilas54.

El experimento planteado por Brettes en "Entre los indios del norte de Colombia", sería continuado en otra serie de textos publicados por revistas de más bajo tiraje pero no menos respetadas, como el Bulletins et Mémoires de la Société d'Anthropologie y la revista Journal des Voyages et des Aventures de Terre et Mer. Al observarlos en conjunto se descubre una fuerte tensión entre una narración subjetiva e impresionista en primera persona y una descripción científica neutra con pretensiones de objetividad. En otras palabras, se entrevén signos inconfundibles de la progresiva independencia del género etnográfico respecto a otras formas de representación de la realidad como las crónicas de viajes y las relaciones geográficas55.

En un extremo de la producción de Brettes se sitúa "Una raza desconocida: En el país de los pieschis", publicado en varias entregas del Journal des Voyages en 189956. Consagrado a sus expediciones en la Alta Guajira, en este texto predominan transparentemente las hazañas y aventuras típicas de la decimonónica literatura de viajes, salpicadas aquí y allá por interesantes notas sobre la geografía de las tierras recorridas y la cultura de los pueblos visitados. Del otro lado, se encuentra "Los indios arhuaco-kaggabas", difundido en 1903 en el Bulletins de la Sociedad de Antropología de París57. Dedicado enteramente a los usos y costumbres de los habitantes de la vertiente septentrional de la Sierra Nevada de Santa Marta, el artículo consiste en una lista de respuestas a un estricto cuestionario sociológico sobre temas tan diversos como la lengua, el parentesco y la religión, lleno de datos científicos en los cuales tiene poca cabida la idiosincrasia del autor. Finalmente, entre uno y otro escrito, se halla "Los últimos caribes: Entre los indios guajiros", divulgado en fascículos por el Journal des Voyages entre 1907 y 190858. Centrado en los indios a quienes Brettes tanto quiso y admiró, este trabajo ofrece un completo y coherente retrato de la sociedad guajira mediante la subordinación de una rica experiencia personal a los lineamientos de la descripción etnográfica59.

A estas tres grandes obras habría que sumar otras más cortas y menos ambiciosas, como aquellas en las cuales Brettes divulgó los pocos materiales obtenidos sobre los indios motilones o, bien, trató de reconstruir la diversidad cultural prehispánica del Caribe colombiano apoyándose en sus conocimientos arqueológicos y etnológicos60. Por último, no debe pasarse por alto la traducción que realizó a la lengua francesa de la novela histórica El dorado de Eduardo Posada, sobre los antiguos indios muiscas de la cordillera Oriental colombiana61.

A pesar de su prolífica labor, los trabajos de Brettes sobre las poblaciones nativas del continente americano no gozaron de tanta visibilidad en el medio europeo como la que disfrutaron los de otros viajeros más inclinados por las ciencias naturales. Tampoco fueron traducidos al español tempranamente, seguramente por centrarse en poblaciones indígenas vivientes y no en las civilizaciones precolombinas tan admiradas por las élites latinoamericanas del siglo XIX62. Para esto no quiere decir que Brettes no se hubiera destacado ni hubiera sido objeto de elogios y críticas por parte de colegas y especialistas. Si bien sus expediciones en el Chaco y el norte de Colombia fueron fuertemente cuestionadas desde Alemania por el viajero Wilhelm Sievers, le valieron altos galardones por parte de instituciones francesas como la Sociedad de Geografía63. Asimismo, por sus escritos y conferencias de tinte histórico y antropológico sobre los indios arhuacos y los guajiros le fue reservado un lugar en dos afamados círculos de eruditos de la época: la Sociedad de Antropología de París y Sociedad de Americanistas de Francia64.

8. Epílogo de una vida dedicada a la exploración y la etnografía

Ciertamente, Brettes no fue un personaje único, ni en el contexto europeo, ni en el colombiano. Durante la misma época varias personas fijaron su atención en los grupos indígenas de Colombia septentrional con el fin de conocer su lengua y su cultura. El escritor Jorge Isaacs les dedicó a las tribus del Magdalena un libro completo en el cual amalgamó datos históricos y observaciones directas65. Una obra similar fue realizada poco tiempo después por el alemán Wilhelm Sievers, quien visitó la población nativa de los altos valles de la Sierra Nevada de Santa Marta66; por el inglés Frederick Simons, quien recorrió el macizo serrano y la península de la Guajira67; y el francés Henri Candelier, quien convivió durante algún tiempo con los guajiros68. El religioso colombiano Rafael Celedón también experimentó una gran pasión por las lenguas amerindias que lo llevó a contactar hablantes aborígenes para elaborar un diccionario comparativo69.

El valor de la obra de Brettes no radica tanto en su singularidad como en su integridad y exhaustividad. De un lado, el explorador aspiró contactar a todos y cada uno de los pueblos del norte de Colombia para bosquejar un panorama general de la etnología de la región. De otro, intentó estudiar su modo de vida como un todo, teniendo en cuenta su historia y su cultura, su vida cotidiana y ritual, sus logros materiales, espirituales e intelectuales. Para esto se desplazó hasta sus territorios en repetidas ocasiones, convivió con ellos por periodos de tiempo que variaron entre algunas semanas y varios meses, estableció relaciones de amistad y de alianza, llevó un registro sistemático de sus observaciones y vivencias y, por fin, redactó un conjunto de informes en los que los encuentros con los indígenas dejan de ser apuntes anecdóticos para volverse la columna vertebral del escrito. Aunque poco conocidos hasta la fecha, sus trabajos son una valiosa fuente de información, no solo para los interesados en la literatura europea de viajes y la historia y la geografía del Caribe, sino además para los estudiosos de la etnografía indígena y el desarrollo de la ciencia en Colombia.

La última gran serie de expediciones acometida por Brettes parece haber sido la efectuada en los territorios indígenas del norte de Colombia. La información sobre su vida después de esta etapa es sumamente exigua y escasa. Se sabe que se dedicó a la escritura y al periodismo y mantuvo una relación cercana con varios sabios y museos americanistas70. Volvió a Colombia en 1898 para recorrer el centro del país y, en especial, los departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Santander, en donde inició una colección de minerales, piedras preciosas y fotografías71. Regresó en 1916 y 1920 en misiones económicas mucho más cortas y modestas que las lideradas en su juventud: una como emisario del gobierno francés y otra como acompañante de ciertos miembros de la realeza europea entre los cuales se contaba el príncipe Jaime de Borbón72. La mayor parte del tiempo estuvo retirado en su castillo en Perigod, en una casa en los alrededores de Bruselas y en un sencillo apartamento en la ciudad de París. En este último lugar, se apagó su vida en 1934, a la edad de setenta y tres años, siendo considerado con justa razón el "decano" de los exploradores europeos73. A este título honorario bien podría agregársele otro: el de haber sido, a un mismo tiempo, uno de los últimos viajeros y uno de los primeros etnólogos.

Anexo
Documento

Los grandes exploradores de América del Sur:
El Globe Trotter con el conde Joseph de Brettes74 (1902)

Entrevista de Charles Vallier
Por el número de viajes y misiones realizadas, sino por su edad, pues ha nacido en 1861 en Limoges, el conde Joseph de Brettes es probablemente el decano de los exploradores franceses. Varias expediciones por las costas septentrionales y occidentales de África, largas estadías en el sur de Argelia, dieciocho exploraciones dentro de las cuales se efectuaron cinco grandes descubrimientos y treinta reconocimientos entre diversas tribus desconocidas de Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay, Bolivia, Colombia y Venezuela, una colección maravillosa de documentos geográficos, etnográficos y económicos: he aquí el balance de este gran explorador, una autoridad en todo lo que concierne a América del Sur. El relato de una visita a la casa de este arduo viajero no puede ser más que interesante.

Fue en los alrededores de Bruselas, en una acogedora casa en donde descansa en la actualidad antes de retomar sus peregrinaciones a través del mundo, en donde el Sr. Brettes nos recibió. En todos los lados, sobre los muros de un vasto peristilo de entrada, reposan máscaras haciendo muecas, cerámicas y extraños tocados que le recuerdan al señor de la casa alguna aventura placentera o peligrosa en las misteriosas regiones recorridas. Son recuerdos de viajes que evocó en frente de nosotros uno por uno. Nos habló sobre su extraordinariamente agitada vida y sobre las aspiraciones que tuvo, durante su juventud temprana, relativas a esas tierras desconocidas que en los atlas de la escuela aparecían con contornos difusos, pero que él, guiado por una intuición secreta, suponía bellas y llenas de riquezas. Siendo aún un adolescente, por lo demás increíblemente dotado para las matemáticas, su familia le concedió a su entusiasmo juvenil el favor largamente implorado de realizar un viaje de largo aliento para, después, efectuar excursiones en África. Sin embargo, no serían estos los lugares en los que encontraría su verdadero campo de observación.

Una región más lejana y más misteriosa que el continente negro lo atraería: América del Sur:

–"¡Ah!"–nos dice– "¡La América Meridional! ¡Si pudiéramos saber! ¡Si supiéramos cuántas riquezas esconden esas tierras tan poco conocidas y tan fértiles! Y sin embargo, pueden estar seguros, son riquezas que algún día tentarán a los europeos, por fin fatigados de desgastarse en el continente negro que devora sin piedad a aquellos que intentan sembrarlo…".

Haciendo gala de aptitudes verdaderamente artísticas, nos describió esos países maravillosos. Pronto, bajo el poderoso efecto evocador de su relato, en el cual cada palabra aportaba un toque luminoso y lleno de color, nos desplazamos lejos, muy lejos de Bruselas, de la vieja Europa y de los países civilizados. Nuestra imaginación nos llevó más allá de los océanos, los cuales franqueamos rápidamente gracias a la compañía de un guía tan experto. Surgieron de improviso pampas intactas de deslumbrante flora, desiertos de silencios solemnes, selvas vírgenes de gigantescos árboles de troncos espectacularmente erguidos, tan rectos como los pilares de una basílica. El explorador, evidentemente emocionado por unos recuerdos que le hacían recordar su verdadera esencia, continuó, rememoró su relato para cautivarnos y encantarnos.

Nosotros le indagamos sobre algunos detalles de las tribus indias que conoció, así como sobre las dificultades que tuvo que enfrentar entre aquellos pueblos poco hospitalarios. En este punto el Sr. de Brettes soltó una gran carcajada.

–"¡Pueblos poco hospitalarios!" –exclamó–. "¡Por Dios! Es evidente que ustedes han leído a Fenimore Cooper… Quizás esperan que cuente alguna historia trágica de cabelleras cortadas, o quizás un relato sobre una emotiva cautividad con algún hijo de "Lagarto Vigilante" o "Zorro Ágil". Todo esto mientras que los principales guerreros, arrodillados alrededor de un fuego crujiente, deliberan en torno de la suerte de los prisioneros y fuman la pipa de la paz… ¡Desgraciadamente deben renunciar a esa falsa esperanza! Esos salvajes se han acabado… Ya no son así… ese molde se ha roto definitivamente y es irremplazable… ¡Ellos! ¡Inhospitalarios! ¡Vamos! Por el contrario, todos son encantadores, todos…".

–"Pero –insistimos arriesgándonos– la llegada por vez primera de un blanco al seno de un grupo del cual no conoce ni las costumbres ni la lengua…".

–"¡Bah!" –interrumpió el Sr. Brettes con malicia–. "Después de haber vivido con los civilizados y haber salvado la vida entre ellos, pueden enfrentarse sin temor las tribus salvajes. En lo que respecta a las costumbres de esas gentes, uno se habitúa bastante rápido: son menos complicadas que las nuestras y la naturaleza es una buena escuela… La lengua, por lo demás, no siempre es indispensable. No se debe pasar por alto que durante una exploración, antes de penetrar en el territorio de una tribu desconocida, por lo general se toma la precaución de llevar cartas de recomendación, en lo posible dirigidas al jefe de aquel grupo por parte de jefes de pueblos amigos precedentemente visitados. Es una cuestión tanto de prudencia como de buenos modales…".

–"Pero, creíamos que esos pueblos de América del Sur no conocían la escritura. No nos queda claro cómo se transmiten esas recomendaciones…".

–"¡Escritura! ¿Por qué la necesitaríamos? Es prescindible cuando uno carga este instrumento consigo…".

Nuestro interlocutor señaló, en una esquina sobre un velador, un aparato, hoy bastante usual, cuyo aspecto vetusto indicaba un largo uso.

–"¡Un fonógrafo!".

–"¡Claro que sí! Un fonógrafo" –repite Brettes–. "Creo que soy el primer explorador que ha tenido la idea de valerse, durante los viajes, de tal instrumento y ustedes no alcanzan a imaginar los servicios que me ha prestado".

El explorador nos contó sobre este tema anécdotas muy curiosas. Enseguida nos entregó detalles sobre las tribus que tuvo la oportunidad de contactar, en particular ciertas razas de Colombia septentrional que estudió durante el curso de misiones confiadas por la Sociedad de Antropología de París. A medida que su relato avanzaba, nos mostraba una importante serie de fotografías que había seleccionado para la ocasión.

–"He aquí a los indios arhuacos, habitantes de las regiones montañosas de la Sierra Nevada del Magdalena, en donde ascendí a una de las más elevadas cimas del globo: 5.887 metros, el 31 de mayo de 1891. También están acá los goagiros, los pieschis, los motilones y los chimilas. A los chimilas se les daba por desaparecidos desde tiempos del famoso Quesada pero yo pude rastrear, de manera minuciosa y con tres siglos de diferencia, el itinerario de este conquistador español y, así, dar con la buena fortuna de toparme con una treintena de familias chimilas que comprendía aproximadamente 300 individuos. Eran los únicos descendientes de este pueblo otrora poderoso, que en el siglo XVI atacó y quemó con diez mil guerreros la ciudad española de Santa Marta, capital del Magdalena, ubicada sobre las orillas del Mar Caribe… Por lo demás, todas estas razas son notables por los lazos que las unen con las civilizaciones desaparecidas de América del Sur. Su estudio profundo a veces proyecta luces inesperadas sobre los misterios que rodean a esas antiguas culturas… Como ejemplo puedo citar las ruinas de las ciudades taironas que descubrí en la Nevada Central de acuerdo a indicaciones recogidas entre los indígenas arhuacos, los únicos descendientes de la civilización tairona".

El explorador nos enseñó algunas cerámicas que obtuvo en las excavaciones realizadas en esas ruinas durante su misión de 1896 y algunos croquis de los vestigios encontrados, cuyo diseño, en efecto, delataban una civilización muy avanzada.

Pero también debimos despedirnos. Antes de retirarnos, le insistimos al Sr. Brettes que nos relatara una de las peligrosas aventuras sobre las cuales ya habíamos escuchado algunos vagos ecos.

–"¿Para qué?" –nos dice–. "¿No nos enfrentamos todos los días a los más diversos peligros sin prestarles, sin embargo, la menor atención? Ustedes mismos en París…".

–"¿En París?".

–"¡Claro que sí!" –concluye el explorador riendo–. "¡No tienen ustedes apaches en Belleville, automóviles que chocan y transmisores que electrocutan!".


Pie de página

1 La relación entre los proyectos expansionistas de las potencias europeas y las élites latinoamericanas y la realización de expediciones en el continente americano han sido objeto de numerosas investigaciones. Véase Mary Louise Pratt, Imperial Eyes. Travel Writing and Transculturation (Londres: Routledge, 2003); y Mauricio Nieto Olarte, Remedios para el Imperio. Historia natural y apropiación del nuevo mundo (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2000).

2 Sobre las grandes expediciones científicas en América durante los siglos XVIII y XIX pueden consultarse los artículos compilados en Michel Bertrand y Laurent Vidal, À la redécouvert des Amériques. Les voyageurs européens au siècle des independences (Toulouse: Presses Universitaires du Miral, 2002); e Yves Laissus, Les naturalistes français en Amérique du Sud. XVI-XIXème siècles (París: CTHS, 2005).

3 Nélia Dias, Le Musée d'ethnographie du Trocadero. Anthropologie et muséologie en France (París: CNRS, 1991); y Pascal Riviale, "L'américanisme français à la veille de la fondation de la Société des Américanistes", Journal de la Société des Américanistes Vol. 81 (1995): 207-229. Sobre la relación entre la empresa exploradora europea y el surgimiento del quehacer etnográfico véase Joan Pau Rubiés, "Travel Writing and Ethnography", en The Cambridge Companion to Travel Writing, editado por Peter Hulme y Tim Youngs (Cambridge: Cambridge University Press, 2002), 242-260.

4 Varias obras ofrecen una idea de la gran cantidad de viajeros que visitaron el país y de los diversos tipos de misiones que llevaron a cabo. Véase, por ejemplo, Gabriel Giraldo Jaramillo, Bibliografía colombiana de viajes (Bogotá: A.B.C., 1957), 7-26; y Jaime Jaramillo Uribe, "La visión de los otros: Colombia vista por observadores extranjeros en el siglo XIX", Historia Crítica Vol. 24 (2002): 7-26.

5 Existen varios bosquejos biográficos de Joseph de Brettes pero por lo general son cortos y pasan por alto muchas de sus principales obras. Véase Jean-Georges Kirchheimer, "Voyageurs francophones en Amérique Hispanique au cours du XIXème siècle. Essai de constitution d'un fichier biobibliogra phique" (tesis de doctorado, Université de Paris X, 1984), 33; y Numa Broc, Dictionnaire illustré des explorateurs et grands voyageurs français du XIXème siècle. Amérique T. III (París: CTHS, 1999), 50-53. Los pocos trabajos en lengua castellana aportan datos interesantes pero, también, sumamente breves. Véase Weildler Guerra Curvelo, "Varios arqueólogos y un río", Diario El Heraldo, Barranquilla, 30 de junio, 2012; y Pablo Navas Sanz de Santa María, "Prólogo", en Colombia en Le tour du Monde, editado por Pablo Navas Sanz de Santa María (Bogotá: Villegas Editores, 2013), T. I, 7-19, 16.

6 El estudio de tan importantes temas ya ha sido adelantado parcialmente en otros textos. Véase Juan Camilo Niño Vargas, "Hombres rojos pintados de rojo. Observaciones sobre los viajes de Joseph de Brettes al territorio chimila en 1895 y 1896", Boletín de Historia y Antigüedades Vol. 94 No. 837 (2007): 237-251; e Indios y viajeros. Los viajes de Joseph de Brettes y Georges Sogler en el norte de Colombia (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Universidad de los Andes, 2015).

7 Charles Vallier, "Le Globe Trotter chez le comte Joseph de Brettes", Le Globe Trotter. Journal Illustré Vol. 19 (1902): 6-7. Una traducción íntegra de este documento se encuentra al final del presente artículo.

8 Marcel Mallat de Bassilan, "Dix années d'explorations dans l'Amérique du Sud. M. le Vicomte Joseph de Brettes", À travers le Monde Vol. 31 (1895): 301-304; y Charles Vallier, "Le Globe Trotter", 6-7.

9 Marcel Mallat de Bassilan, L'Amérique inconnue. D'après le journal de voyage de J. de Brettes (París: Libraire de Firmin-Didot et C, 1892), 13. Sobre los viajes de infancia de Brettes es relevante Joseph de Brettes, "Ma première exploration", Journal des Voyages et des Aventures de Terre et de Mer Vol. 962 (1895): 36-38; y Charles Vallier, "Le Globe Trotter", 6-7.

10 Marcel Mallat de Bassilan, L'Amérique inconnue, 13; "L'explorateur J. de Brettes", Le Monde Illustré, París, 22 de abril, 1893, 253; y Numa Broc, Dictionnaire illustré des explorateurs, 50.

11 Véase Jules Crevaux, Voyages dans l'Amérique du Sud (París: Libraires Hachettes et C., 1883) ; y Émilie Arthur Thouar, Explorations dans l'Amérique du Sud. A la recherche de la mission de Crevaux (París: Libraires Hachettes et C., 1891).

12 Joseph de Brettes, Missions géographiques dans le Chaco (Amérique du Sud) (París: Imprimerie des arts manufacturés, 1889); y Marcel Mallat de Bassilan, L'Amérique inconnue, 4.

13 Marcel Mallat de Bassilan, L'Amérique inconnue, 2, 7, 9-12, 241-263; "Dix années d'explorations", 301-304; y Numa Broc, Dictionnaire illustré des explorateurs, 52.

14 Joseph de Brettes, "Vocabulaires Indiens: Toba, Chamacoco, Senapana, Guana", en L'Amérique inconnue. D'après le journal de voyage de J. de Brettes, editado por Marcel Mallat de Bassilan (París: Libraire de Firmin-Didot et C., 1892), 263-280.

15 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens du Nord de la Colombie. Six ans d'explorations", Le Tour du Monde No. 1 (1898): 61-96; No. 2 (1898): 433-479.

16 Joseph de Brettes, "Informe del Señor José de Brettes, explorador francés, jefe de la Comisión Geográfica Exploradora del Magdalena en su parte civilizada y en los territorios indígenas de Motilones, Arhuacos y Goajiros", Anales de Ingeniería. Revista de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Vol. 4 No. 63 (1893): 85-94.

17 Sobre la Comisión Corográfica y la Comisión Permanente véase Olga Restrepo, "La comisión corográfica y las ciencias sociales", en Un siglo de investigación social. Antropología en Colombia, editado por Jaime Arocha y Nina S. De Friedemann (Bogotá: Etno, 1984), 131-158; Efraín Sánchez, Agustín Codazzi y la Comisión Corográfica de la Nueva Granada (Bogotá: Banco de la República, 1958); y Clara Isabel Botero, El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia. 1820-1945 (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006).

18 Joseph de Brettes, "Informe del Señor", 85-94; "Chez les Indiens", 73-94, 447-448; y Juan Camilo Niño Vargas, Indios y viajeros.

19 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 479.

20 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 446-448; Élisée Reclus, Voyage à la Sierra Nevada de Sainte-Marthe. Paysages de la nature tropical (París: Librairie de L. Hachette, 1861).

21 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 76, 479-480; Marcel Mallat de Bassilan, "L'ascension de la Sierra Nevada de Santa Martha par M. J. de Brettes", Revue de Géographie Vol. 30 (1892): 135-137; y Carlos Rodríguez Maldonado, "La vida del Conde de Brettes", Diario El Tiempo, Bogotá, 26 de enero, 1941, 2.

22 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 479.

23 Sobre la institucionalización en Francia y en Colombia de un saber centrado en las poblaciones amerindias véase, entre otros, Pascale Riviale, "L'américanisme français"; y Clara Isabel Botero, El redescubrimiento.

24 Un sucinto resumen de las investigaciones arqueológicas de Joseph de Brettes se encuentra en Marcel Mallat de Bassilan, "Dix années d'explorations", 303-304.

25 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 478-479; y Georges Sogler, En Colombie. Indiens inconnus, pays inexplorés. Impressions de voyage. 1893-1894 (París: Lafaille, 1896), 93-98.

26 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 478-479; y Réseau des antiques voies de communications de la Sierra Nevada de Santa Marta (París: Réunies, 1894).

27 Marcel Mallat de Bassilan, "L'explorateur J. de Brettes".

28 Véase Nélia Dias, Le musée d'ethnographie du Trocadero; y Pascal Riviale, Un siècle d'archéologie Française au Pérou (1821-1914) (París: L'Harmattan, 1996), 173-178.

29 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 76-80, 86-87, 94-96, 433-444, 448-456, 460-466, 474-478.

30 Joseph de Brettes, "Les Indiens Arhouaques-Kaggabas. Réponses au questionnaire de sociologie et d'ethnographie de la Société d'Anthropologie", Bulletins et Mémoires de la Société d'Anthropologie de Paris Vol. 4 No. 1 (1903): 318-357. Sobre la actual etnonímia de los grupos de la Sierra Nevada de Santa Marta véase Carlos Alberto Uribe Tobón, "La etnografía de la Sierra Nevada de Santa Marta y las Tierras Bajas Adyacentes", Geografía humana de Colombia. Nordeste indígena (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, 1992), 9-214, 14-22.

31 Joseph de Brettes, "Informe del Señor"; y "Chez les Indiens", 73-94.

32 Joseph de Brettes, "Informe del Señor", 85-94; y "Chez les Indiens", 81-94.

33 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 447-448; Georges Sogler, En Colombie, 8-41; y Juan Camilo Niño Vargas, "Los arhuacos de Georges Sogler. Colonización y resistencia indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta", Boletín de Historia y Antigüedades Vol. 95 No. 841 (2008): 303-307.

34 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 475-480; y "Les Indiens Arhouaques-Kaggabas", 318-357.

35 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 92-93, 89-90, 448-449; y "Les Indiens Arhouaques-Kaggabas".

36 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 76-80, 449-452; y "Les Indiens Arhouaques-Kaggabas".

37 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 94, 441-442.

38 Michel Perrin, Los practicantes del sueño. El chamanismo wayúu (Caracas: Monte Ávila, 1997), 9.

39 Carlos Rodríguez Maldonado, "La vida del Conde", 2. También véase Marcel Mallat de Bassilan, "L'ascension de la Sierra Nevada", 137; y Weildler Guerra Curvelo, "Varios arqueólogos".

40 Joseph de Brettes, "Informe del Señor"; y "Chez les Indiens", 86.

41 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 94, 434-436.

42 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 440-444; y "Une race inconnue. Au pays des Pieschis", Journal des Voyages et des Aventures de Terre et de Mer, Vol. 119 (1899): 225-228, Vol. 120 (1899): 246-250, Vol. 121 (1899): 262-263, Vol. 122 (1899): 278-282, Vol. 123 (1899): 300-302, Vol. 124 (1899): 311-314.

43 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 94-96, 434-437; "Une race inconnue"; y "Les derniers Caraïbes. Chez les Indiens Goagiros. Souvenirs d'explorations dans le Nord de la Colombie", Journal des Voyages et des Aventures de Terre et de Mer Vol. 576 (1907): 38-41, Vol. 577 (1907): 58-60, Vol. 578 (1907): 74-76, Vol. 579 (1908): 85-89, Vol. 580 (1908): 114-116, Vol. 581 (1908): 136-138.

44 Joseph de Brettes, "Exploration du territoire chimila", Bulletin de la Société de Géographie Commerciale de Paris Vol. 17 (1895): 872-874; y "Chez les Indiens", 457.

45 Véase Juan Camilo Niño Vargas, Ooyoriyasa. Cosmología e interpretación onírica entre los ette del norte de Colombia (Bogotá: Universidad de los Andes, 2007), 25-66.

46 Joseph de Brettes, "Exploration du territoire", 872-873; y "Chez les Indiens", 458-461.

47 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 471-476. Una detallada descripción y análisis crítico de los viajes de Joseph de Brettes por el territorio chimila puede consultarse en Juan Camilo Niño Vargas, "Hombres rojos".

48 Este fue el caso del viajero Louis Striffler, quien solo supo de los chimila por las declaraciones de los colonos, del escritor Jorge Isaacs, quien tuvo la oportunidad de pasar un corto día con ellos, y del etnólogo Gustaf Bolinder, quien disfrutó de la compañía de los indígenas por unas pocas horas. Véase Louis Striffler, El río Cesar. Relación de un viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta en 1876 (Bogotá: Imprenta Nacional, 1986), 53, 61-62; Pedro Castro Trespalacios, Culturas aborígenes cesarences e independencia de Valle de Upar (Bogotá: Biblioteca de Autores Cesarences, 1979); y Gustaf Bolinder, "Die letzten Chimila-Indianer", YMER. Svenka Sällskapet för Antropologi och Geografi No. 44 Vol. 2 (1924): 200-228.

49 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens", 461-466, 471-474.

50 Véase, por ejemplo, Joseph de Brettes, Mission géographiques; "Informe del Señor"; y "Exploration du territoire".

51 Véase, por ejemplo, R. Coderch, "Conférence de M. de Brettes sur le Grand-Chaco", Bulletin de la Société de Géographie Commerciale de Bordeaux (1889): 402-403; y Marcel Mallat de Bassilan, L'Amérique inconnue; "L'explorateur J. de Brettes"; "Dix années d'explorations".

52 En un documento citado por Clara Isabel Botero se constata que Joseph de Brettes donó al Museo de Trocadero, posteriormente Museo del Hombre, una pequeña colección de artefactos provenientes de la Sierra Nevada de Santa Marta. Clara Isabel Botero, El redescubrimiento, 188-189.

53 Joseph de Brettes, "Chez les Indiens".

54 Un detallado análisis de las formas del contacto y estrategias de representación de las poblaciones indígenas en la obra de Joseph de Brettes se encuentra en Juan Camilo Niño Vargas, Indios y Viajeros.

55 La estrecha relación entre el relato de viajes y la descripción etnográfica ha sido notada por varios autores. Véase Joan Pau Rubiés, "Travel Writing and Ethnography"; y Mary Louise Pratt, "Fieldwork in Common Places", en Writing Culture. The Poetics and Politics of Ethnography, editado por James Clifford y George E. Marcus (Londres: University of California Press, 1986), 26-50.

56 Joseph de Brettes, "Une race inconnue".

57 Joseph de Brettes, "Les Indiens Arhuoaques-Kaggabas".

58 Joseph de Brettes, "Les derniers Caraïbes".

59 Joseph de Brettes, "Les derniers Caraïbes".

60 Joseph de Brettes, "Les races qui s'éteignent. Les Indiens Motilones", Journal des Voyages et des Aventures de Terre et de Mer Vol. 671 (1909): 311-313; y "Las antiguas tribus costaneras de los 162 caribes entre Riohacha y Santa Marta", traducción de Eduardo P. Bermúdez, Boletín de Historia y Antigüedades Vol. 32 No. 369-370 (1945): 654-663.

61 Eduardo Posada, El dorado (L'homme doré). Nouvelle historique tirée des vielles chroniques de la Nouvelle Grenade, traducción de Joseph de Brettes (Liége: G. Thone, 1925).

62 Una primera traducción de un artículo de Brettes apareció en 1945, una década después de su muerte: Joseph de Brettes, "Las antiguas tribus costaneras". De otro lado, la primera traducción parcial al español de su gran obra "Chez les Indiens du Nord de la Colombie" apareció en 1987: Joseph de Brettes, "Donde los indígenas del norte de Colombia", traducción de Sonia Göggel, Revista de Antropología de la Universidad de los Andes Vol. 3 No. 1 (1987): 121-135. Esta misma obra ha sido traducida por entero en dos recientes publicaciones: Joseph de Brettes, "Entre los indios del norte de Colombia", en Le tour du Monde, editado por Pablo Navas Sanz de Santa María (Bogotá: Villegas Editores, 2013), T. III, 203-286; y Joseph de Brettes, "Viajes y exploraciones en el norte de Colombia. Compilación de escritos de Joseph de Brettes", traducción de Juan Camilo Niño Vargas, en Indios y viajeros. Los viajes de Joseph de Brettes y Georges Sogler en el norte de Colombia (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Colombiano de Antropología, Universidad de los Andes, 2015). En esta última obra se encuentran otros escritos sobre Colombia del mismo viajero.

63 Véase Wilhelm Sievers, "Des Grafen Josef de Brettes Reisen im nördlichen Colombia", Globus. Illustrierte Zeitschrift für Länder-und Volkerkunde Vol. 73 No. 24 (1898): 381-389; y Carlos Rodríguez Maldonado, "La vida del Conde".

64 Société des Américanistes, "Membres de la Société des Américanistes", Journal de la Société des Américanistes Vol. 24 No. 2 (1932): 3-31, 5.

65 Jorge Isaacs, Estudio sobre las tribus indígenas del Magdalena (Bogotá: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1951).

66 Wilhelm Sievers, Reise in der Sierra Nevada de Santa Marta (Leipzig: Gressner und Schramm, 1887).

67 Frederick A. Simons, "Notes on the Topography of the Sierra Nevada of Santa Marta, U. S. of Colombia", Proceedings of the Royal Geographical Society and Monthly Record of Geography Vol. 1 No. 11 (1879): 689-694; "An Exploration of the Guajira Peninsula, U. S. of Colombia", Proceedings of the Royal Geographical Society and Monthly Record of Geography Vol. 7 No. 12 (1885): 781-796.

68 Henri Candelier, Rio-Hacha et les Indiens Goajires (París: Firmin-Didot, 1893).

69 Rafael Celedón, Gramática, catecismo i vocabulario de la lengua guajira. Bibliothèque Linguistique Américaine T. III (París: Frères et Leclerc, 1878); y Gramática de la lengua koggaba con vocabularios y catecismo. Bibliothèque Linguistique Américaine T. X (París: Frères et Leclerc, 1886).

70 Société des Américanistes, "Membres de la Société", 5.

71 Société de Géographie Commerciale de Paris, "Amérique Latine", Bulletin de la Société de Géographie Commerciale de Paris Vol. 20 (1898): 416.

72 Carlos Rodríguez Maldonado, "La vida del Conde".

73 Numa Broc, Dictionnaire illustré des explorateurs, 53; Charles Vallier, "Le Globe Trotter", 6.

74 El documento que se presenta a continuación es la traducción de una entrevista realizada por Charles Vallier a Joseph de Brettes titulada "Le Globe Trotter chez le comte Joseph de Brettes", Le Globe Trotter. Journal Illustré Vol. 19 (1902): 6-7. Traducción Juan Camilo Niño Vargas. Se incluyeron todas las imágenes del documento original.


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