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Persona y Bioética

Print version ISSN 0123-3122

pers.bioét. vol.10 no.2 Chia July/Dec. 2006

 


MEDIO FAMILIAR Y ENTORNO ESCOLAR:
DETONANTES Y ANTÍDOTOS DE LAS CONDUCTAS AGRESIVAS EN NIÑOS EN EDAD ESCOLAR

Diana Barrera1, Carolina Restrepo*, Christian Labrador*, Gina Niño*, Diana Díaz*, Diana Restrepo**, Francisco Lamus**, Clara López de Mesa**, Blanca Mancera+

Área de Salud Pública y Proyección Social, Facultad de Medicina, Universidad de La Sabana

* Investigadores.

** Tutores.

+ Representante Grupo Gestor.
E-mail: francisco.lamus@unisabana.edu.co

FECHA DE RECEPCIÓN: 27-11-2006 / FECHA DE ACEPTACIÓN: 22-12-2006



RESUMEN

Se realizó una investigación-acción participativa en 32 niños en edad escolar, con conductas agresivas, del Colegio General Santander de Chía, para observar cómo influye el medio familiar y escolar en las conductas agresivas de los niños, y plantear alternativas para modular dichas conductas. El estudio indagó, en niños y padres de familia, factores determinantes de las conductas agresivas. Se evaluaron el tipo de estructura familiar, las personas responsables del cuidado de los niños, las condiciones de vivienda, el hacinamiento, el nivel de escolaridad, la situación laboral, los métodos correctivos y el consumo de alcohol por parte de los padres o cuidadores, como variables determinantes del medio familiar. Se encontró que los determinantes que influyeron en las manifestaciones agresivas de los niños, en este caso, fueron: el tipo de estructura familiar, el bajo nivel de escolaridad de los padres, y las personas responsables de la educación y cuidado de los niños; y en relación con el medio escolar, la fuente de imitación de conductas agresivas.

PALABRAS CLAVE: investigación-acción participativa, comportamientos agresivos, medio familiar y escolar.



ABSTRACT

A participative research-action was carried out at the "Colegio General Santander de Chia" on 32 children of school age showing aggressive behavior, in order to watch how both family and school environments influence aggressiveness and suggest alternatives leading to modulate such conducts. The study inquired, among parents and children, certain conclusive factors contributing to trigger hostility. An evaluation was made of family structures and people responsible for the care of the children; their dwelling conditions and other factors were assessed, such as parents' education level and employment situation, corrective methods, overcrowding, and consumption of alcohol by parents, adults and child minders in charge, as determining variables of the family environment. It was found in this case that the main causes influencing the children's bellicose manifestations were the particular type of their family structure, the low schooling level of both their parents and other people responsible for their education and care; and the school environment as a source of imitation of aggressive conducts.

KEY WORDS: participative research-action, aggressive behavior, family and school environment.



INTRODUCCIÓN

Este proyecto de investigación acción-participativa (IAP), realizado dentro del marco de la estrategia de escuelas saludables (ES), se desarrolló en el Colegio General Santander, de educación básica primaria, localizado en el municipio de Chía, del departamento de Cundinamarca. El colegio cuenta con dos jornadas, mañana y tarde, y se encuentra bajo la dirección del Colegio Departamental José Joaquín Casas, del mismo municipio. La estrategia de ES se implementó por primera vez en esta institución durante el transcurso del primer semestre del 2005, en la jornada de la mañana, la cual cuenta con 389 alumnos.

El primer paso para el desarrollo de la estrategia de ES fue el encuentro con las directivas y docentes del colegio, y algunas instituciones locales, como la Secretaría de Salud de Chía, la Comisaría de Familia y la Casa Saldarriaga, identificadas como red de apoyo local para la atención de problemas encontrados en la comunidad escolar. Posteriormente se realizó un diagnóstico preliminar, acerca de las condiciones, necesidades y recursos con los que cuenta la institución, para posteriormente priorizar los problemas, junto con los profesores y directivas, y a partir de esto plantear un plan de trabajo, que se debía desarrollar durante el primer semestre del 2005.

Para determinar las necesidades y recursos de la comunidad escolar antes de la intervención, se realizó una evaluación de la situación del colegio, mediante la recolección y análisis de datos que permitieran formular un plan de trabajo, el cual abordara un problema prioritario que correspondiera a las expectativas de la comunidad educativa, en su propósito de recorrer el camino hacia la consolidación de un entorno saludable.

Se acordó trabajar en las conductas agresivas de los estudiantes por la frecuencia y el impacto percibido sobre el ambiente educativo. Se realizó una búsqueda de la literatura, con el fin de complementar los factores identificados por el grupo gestor (conformado por docentes y representantes de la Universidad) como determinantes del problema, a través de información proveniente de informantes clave y grupos focales.

Se entendieron como conductas agresivas: aquellas manifestaciones del comportamiento que tienen la capacidad de infligir un daño físico o psicológico, por parte de un agresor en un agredido (golpes, insultos, ofensas) (1).

Dentro de los factores definidos como determinantes de la conducta agresiva de los niños, se identificaron: el bajo nivel de escolaridad de los padres, el respaldo insuficiente de la estructura familiar, la diversidad de personas responsables del cuidado de los niños, las condiciones de vivienda inadecuadas, el hacinamiento, la situación laboral inestable, los hábitos de consumo de alcohol y los métodos correctivos inapropiados por parte de los padres o cuidadores.

Una percepción importante del proceso de reconocer las características y determinantes del problema de la conducta agresiva de los niños, fue la delegación implícita de padres de familia e institución educativa sobre la responsabilidad primordial que cumplen unos y otros en la formación de los mismos. La delegación mutua de la responsabilidad se identificó como un factor que propiciaba la existencia de un vacío de autoridad, que probablemente repercute y se hace visible en la conducta agresiva de los niños y niñas.

Para abordar este problema desde una perspectiva de investigación-acción participativa, se decidió profundizar la pesquisa del medio familiar y el entorno escolar, para identificar elementos que dentro de ellos pudiesen contribuir a propiciar la conducta agresiva de los estudiantes. Por otra parte, se implementó una intervención en la comunidad educativa, tendiente a promover valores que favorecieran la convivencia menos agresiva de los estudiantes en la institución, mediante el fomento del control social, como estrategia que permitiera favorecer la convivencia pacífica entre los estudiantes.

La estrategia se basó en la realización de actividades lúdicas y educativas, dirigidas a estudiantes y padres de familia, encaminadas a consolidar un ambiente menos agresivo. La de mayor impacto fue la de escala de valores (ver imagen 1), la cual se desarrolló durante un período de ocho semanas, en los cursos de primero a quinto. Consistía en evaluar diariamente el desempeño de los estudiantes, su comportamiento y disciplina durante cada hora de clase y en el descanso, lo cual nos permitió establecer la calidad en valores de cada curso, tales como respeto, tolerancia, compañerismo y autoestima. El proceso de calificación estuvo a cargo tanto de los profesores como de los investigadores, y consistió en darle un puntaje a cada grupo, en una escala de 1 a 10 de forma apreciativa, según la cual se definía si su práctica de valores era mala, regular, buena o excelente (ver tabla 1). Con esta actividad se buscaba, mediante la competencia entre cursos, motivar a los estudiantes en la práctica de valores, y así lograr un mejor comportamiento, desempeño y disminución de las conductas agresivas.


METODOLOGÍA

La profundización en las características del medio familiar y escolar se realizó en 57 niños referidos por los docentes; se escogieron por conveniencia, según la disponibilidad de tiempo de sus padres, únicamente 32 de ellos, quienes conjuntamente proporcionaron la información necesaria para la investigación.

En el estudio se definieron algunas variables, de la siguiente forma:

  • Tipo de estructura familiar: familia nuclear (papá y mamá), familia reestructurada (papá y madrastra o mamá y padrastro), familia monoparental (uno de los padres) y otro tipo de familia.

  • Condiciones de vivienda: buenas (todos los servicios básicos), regulares (ausencia de un servicio básico) y malas (ausencia de dos o más servicios básicos).

  • Hacinamiento: se tomó en cuenta la cantidad de personas que viven con el niño, en relación con el número de habitaciones de la casa. Con base en lo anterior, se presume que existe hacinamiento cuando hay más de tres personas por habitación (2).

  • Nivel de escolaridad de los padres: se tomó en cuenta la educación primaria y secundaria, definiendo si se completó o no.

  • Métodos correctivos: se tuvieron en cuenta métodos como dialogar, discutir, gritar, golpear y castigar. La escala usada para evaluar el empleo de cada método se agrupó en: "siempre" y "casi siempre", para indicar que se practican, y a veces "casi nunca" y "nunca", para señalar que NO se practican.


RESULTADOS

Como hallazgo inicial, cabe destacar que de los 32 alumnos con conductas agresivas, el 87% eran del sexo masculino y sólo el 13% del femenino.

Al analizar el tipo de estructura familiar, se encontró que predomina la familia nuclear en un 44%. De los casos estudiados, el 96,9% residen en viviendas de buenas condiciones. El 84,4% de los casos no viven en condiciones de hacinamiento, pero se debe tener en cuenta que la mayoría de ellos hacen parte de familias extensas, lo que podría tomarse como un factor adicional que influye en las conductas agresivas de los niños.

Con respecto al nivel de escolaridad, se encontró que el 31,3% de la madres completaron la básica primaria, el 15,6% la secundaria y tan sólo el 3,1% realizaron estudios superiores. En contraste, el 46,9% de los padres terminaron los estudios de básica primaria, el 6,3% los de secundaria y el 6,3% realizaron estudios superiores.

En relación con la situación laboral, el 91% de los padres y el 78% de las madres se encontraban empleados en el momento de la realización del estudio. Se observa que en el 50% de los casos la educación, los cuidados y la atención de los niños no recaen directamente sobre los padres (gráfico 1). Con respecto a la fuente de imitación de comportamientos agresivos, se evidenció que la que prevalece es el colegio, en un 73% (gráfico 2).

Según lo referido, tanto por los padres como por los niños, los métodos correctivos más utilizados son el diálogo y los gritos. Igualmente, se evidenció discrepancia en las respuestas de los padres y de los niños en cuanto al empleo de golpes como método correctivo, en un porcentaje de 40,6 y 56,3%, respectivamente, y en cuanto al diálogo, se utilizó, según los niños, en un 71,9%, y según los padres, en un 87,5% (gráfico 3). Al correlacionar las respuestas dadas, se encontró una discrepancia entre el diálogo y los golpes, que al analizarla mostró una p = 0,13, lo que indica que probablemente no hay una relación entre lo que dicen los padres y lo que manifiestan los niños.

En cuanto al consumo de alcohol, el 34% de los padres y el 13% de las madres refieren hacerlo.


DISCUSIÓN

Según los resultados relacionados con las condiciones de vivienda y de hacinamiento, no se consideran variables determinantes en esta comunidad, como lo refiere la literatura, que afirma que las manifestaciones de agresividad tienden a ser más frecuentes en niños con condiciones de vivienda inadecuadas, al igual que con el hacinamiento, donde la OPS señala que esta variable es un factor de alto riesgo, favorecedor de trastornos y enfermedades (4). Por consiguiente, en el caso que nos ocupa se presume que estas variables no fueron determinantes en esta comunidad, ya que los niños estudiados viven en área urbana, razón por la cual podrían tener mayor acceso a los servicios públicos, que determinan las condiciones de vivienda.

En cuanto al nivel de escolaridad, se encontró que menos del 50% de los padres completaron los estudios de básica primaria y secundaria, lo que coincide con la literatura en cuanto que el nivel de escolaridad influye en el aumento de la agresividad en los niños (5).

Al analizar los resultados referentes a la situación laboral, se observa que un alto porcentaje de los padres se encontraban empleados en el momento. Lo anterior contrasta con lo reportado en la literatura, que señala que el desempleo, fundamentalmente en el sexo masculino, se asocia de forma significativa con el incremento de la agresividad y de las conductas socialmente desajustadas (3). De esta forma, se infiere que esta variable no es determinante en la comunidad en estudio.

De acuerdo con los resultados obtenidos sobre los responsables del cuidado de los niños, se establece que esta variable es determinante de las conductas agresivas de los niños, lo cual coincide con estudios realizados en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, los cuales encontraron que cuando el cuidado y la educación del menor recaen en otras personas diferentes a las figuras paternas, o cuando la función educativa es inadecuada, se favorece el desarrollo de conductas agresivas (3).

Aunque el consumo de alcohol por parte de los padres o cuidadores se considera un factor que incrementa la agresividad en los niños (1), se encontró que menos de la mitad de los padres encuestados consumían alcohol. Sin embargo, se debe tener en cuenta que lo referido por los padres puede estar sesgado, por el concepto propio de normalidad frente al consumo de alcohol.

Al encontrar que la mayoría de las variables referidas por la literatura como determinantes de las conductas agresivas no lo fueron en el grupo de estudio, se analizaron otras variables no consideradas por otros autores, tales como la fuente de imitación de conductas agresivas y los métodos correctivos empleados por los padres. Al analizar la fuente de imitación, se encontró que en un alto porcentaje estos comportamientos los aprendieron en el colegio, lo que podría explicar que las variables del medio familiar no desempeñan un papel tan importante como las del medio escolar para este caso específico. Lo anterior justifica la orientación integral dada al proyecto de IAP, que consiste en afianzar las actividades de la "escala de valores", enfocándose más a mejorar la convivencia en el ambiente escolar.

Por otra parte, la meta inicial tuvo un cumplimiento del 150%, ya que en un principio se presentaban, durante el descanso, aproximadamente 20 casos de encuentros agresivos, que involucraban entre dos y tres niños, y en la fase final observamos que sólo se presentaban cerca de cinco casos, con el mismo número de niños involucrados. Lo anterior muestra que se disminuyó la situación en un 75%, y no únicamente en el 50% propuesto. Estos resultados se deben a la motivación de los niños con la actividad de "escala de valores", así como a la reflexión expresada por los mismos con respecto a la importancia de la práctica de valores.

Por otra parte, se observó una notable disminución de las conductas agresivas de los estudiantes, tanto en las aulas de clase como en los espacios abiertos. Además, según las reflexiones realizadas al final del proceso y la retroalimentación por parte de la comunidad escolar, se evidenció un cambio importante en la convivencia escolar, debido principalmente a la motivación de los alumnos en la práctica de valores.

Por último, es importante tener en cuenta que este proyecto contribuye a la formación de una escuela saludable, ya que busca crear herramientas para fortalecer algunos componentes de la estrategia, como la educación en salud, la creación de un entorno sano y seguro y un medio ambiente escolar saludable. Lo anterior se debe principalmente a que la implementación de la estrategia generó un ambiente emocional y social que busca mejorar el bienestar y la productividad, involucrando a diferentes actores de la comunidad escolar, principalmente niños y profesores (6). Adicionalmente, se contribuyó al adecuado desarrollo del proyecto educativo institucional (PEI), mediante la búsqueda de la integridad física e intelectual de los estudiantes, a través de los espacios de clase otorgados por los docentes.


CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Con la realización del presente proyecto, y luego de llevar a cabo diversas iniciativas, que contemplan la información obtenida de la comunidad, se plantean las siguientes conclusiones:

Los determinantes del medio familiar que influyeron en las manifestaciones agresivas de los niños, en este caso, fueron: el tipo de estructura familiar, el bajo nivel de escolaridad de los padres, y las personas responsables de la educación y cuidado de los niños, y en relación con el medio escolar, la fuente de imitación de conductas agresivas. Lo anterior permite establecer que sólo un 50% de las variables determinantes del medio familiar tienen una posible relación con las conductas agresivas de los niños, y que, asimismo, el medio escolar desempeña un papel importante en relación con estas conductas. Por esta razón, el proyecto se encaminó a mejorar las conductas y la convivencia dentro de la comunidad escolar.

Además, se concluye que con el proceso de IAP se logró realizar una eficiente, efectiva y útil intervención en el Colegio General Santander de Chía, a pesar del poco tiempo de trabajo conjunto con el grupo gestor. Lo anterior, debido a que desde el principio existió gran disposición por parte de los docentes y directivas hacia el desarrollo de la iniciativa, quienes con su actitud permitieron el enriquecimiento y adecuado curso del programa. Además, se logró crear una fuerte conexión, que servirá de base para realizar intervenciones futuras y así dar continuidad al proceso.

De igual manera, es importante destacar que se logró despertar una gran motivación en los estudiantes, quienes formaron parte integral del proceso, y lograron interiorizar la importancia de los valores en su vida cotidiana.

Adicionalmente, se deben tener en cuenta las recomendaciones, reflexiones y sugerencias expuestas por la comunidad escolar, como un elemento fundamental para la evaluación y mejoramiento del proceso. La comunidad escolar sugiere, como primera medida, que es fundamental darle continuidad al proceso, para lograr mejores resultados a largo plazo. Del mismo modo, resaltaron la importancia del trabajo realizado y los cambios evidenciados en las conductas de los estudiantes, gracias al trabajo en valores, razón por la cual consideran necesario que la estrategia de "escala de valores" continúe implementándose. Además, los alumnos aseguraron sentirse motivados a mejorar su comportamiento gracias a la "escala de valores", como método de evaluación y competencia diaria, que se convirtió en una actividad de rutina, tanto para profesores como para alumnos.

Por último, como recomendación especial, es muy importante poner énfasis en que sólo la continuidad de las actividades iniciadas, así como el establecimiento de nuevas estrategias encaminadas a mejorar las conductas de los estudiantes, teniendo en cuenta estudios como este, permitirán cambiar la percepción de la comunidad educativa sobre la responsabilidad única de la familia, haciéndoles ver que es factible y fácil intervenir la comunidad a la cual se tiene mayor acceso, que en este caso son los estudiantes. De esta forma, el Colegio General Santander se convertirá finalmente en una escuela saludable.


AGRADECIMIENTOS Y RECONOCIMIENTOS

Agradecemos, en primera instancia, a la comunidad educativa y escolar del Colegio General Santander de Chía, por su receptividad, disposición y colaboración a lo largo del desarrollo del proyecto, especialmente a la coordinadora, Margarita Domínguez, y a las docentes integrantes del grupo gestor: Blanca Mancera, Olga Ortiz y Cecilia Vargas. Igualmente, reconocemos la participación y apoyo por parte de todos los alumnos, quienes contribuyeron a que la estrategia de ES se llevara a cabo satisfactoriamente.



BIBLIOGRAFÍA

1. Parent, P.; Gente, C. Los escolares con problemas, Barcelona, Ed. Vicens-ives, 1996, págs. 41-53.         [ Links ]

2. Sistema de Información Sociodemográfico, Departamento Nacional de Planeación.         [ Links ]

3. Dr. Noroño Morales, N. V.; Dra. Cruz Segundo, R.; Lic. Cadalso Sorroche, R.; Lic. Fernández Benítez, O. "Influencia del medio familiar en niños con conductas agresivas", Facultad de Ciencias Médicas Calixto García. Rev. Cubana Pediatría, 74 (2): 138-44, 2002.         [ Links ]

4. Vostams, P.; Tischler, V. "Mental health problems and social support among homeless mothers and children victims of domestic and community violence". Int. J. Soc. Psychiatry, 47 (4): 30-40, 2001.         [ Links ]

5. Chalata, C. A. La salud de los niños en las Américas: un compromiso con nuestro futuro, Washington, OPS, 1995, págs. 33-5.         [ Links ]

6. www.col.opsoms.org/juventudes/escuelassaludables.         [ Links ]


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