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Revista de Estudios Sociales

Print version ISSN 0123-885X

rev.estud.soc.  no.18 Bogotá May./Aug. 2004

 

De las intervenciones grupales a las intervenciones sociales. Un ensayo sobre el uso del conocimiento científico en el caso de las intervenciones profesionales

Erico Rentería Pérez*

* Profesor del Área de Psicología Organizacional y del Trabajo. Instituto de Psicología. Universidad del Valle, Cali, Colombia.


Resumen

Reflexionando en torno al tema de las intervenciones de los profesionales en los grupos para los cuales trabajan- intervenciones grupales-, se sugiere una valoración crítica del conocimiento científico empleado. Ante las diversas situaciones en que el grupo intervenido es objeto de un adoctrinamiento que no da lugar a espacios para la justicia, la crítica y exposición de la racionalidad, el descubrimiento de la forma de construcción de la verdad y el reconocimiento de resistencias, se propugna por una intervención de carácter social en la que el "no iniciado" deja de ser considerado un objeto pasivo, sin voz y aptitudes para la participación.

Palabras claves:

Profesionales, intervención grupal, intervención social, concepción, conocimiento.


Abstract

Through a reflection around the issues of professional intervention in group works-group intervention, this article suggests a critical appraisal of the scientific knowledge used in such processes. Against those situations in which the intervened group becomes an object of indoctrination where no spaces are left for justice, criticism, the presentation of rationality, the discovery of the construction of truth, or the acknowledgement of resistances, the article advocates for an intervention of the social kind in which non-initiated individuals cease to be considered as passive objects devoid of a voice and of aptitudes for participation.

Key words:

Professionals, group interventions, social interventions, conception, knowledge.


A partir de observaciones no sistematizadas sobre el trabajo profesional, principalmente en campos considerados "sociales", se realizó una aproximación a las concepciones y versiones que los mismos profesionales tienen sobre su trabajo y sobre los grupos y contextos donde trabajan, es decir donde intervienen. La preocupación surge, al parecer, del hecho de que no usaban el conocimiento científico y sí el conocimiento "práctico" ligado a la tradición de lo que se hacía comúnmente sin tener una postura crítica al respecto. Así mismo, al revisar la literatura especializada sobre grupos se encontraron una serie de propuestas sobre la técnica orientada por una racionalidad instrumental en la cual los grupos de personas eran considerados como objetos y no como sujetos sociales. Además, la literatura especializada en psicología social había interrumpido su reflexión sobre las intervenciones como objeto de estudio posible y nadie se preocupaba con esa situación (Levine y Moreland, 1990; Barremblit, 1994). Eran casi 20 años sin discusión sobre el camino que había tomado la "dinámica de grupos", cada vez más popular entre los profesionales que intervenían en empresas, escuelas, comunidades o en el área de la salud, como lo había hecho sistemáticamente Lewin (1952,1965 y 1984), uno de sus creadores. Sin embargo el número de profesionales que usaba "técnicas" provenientes de ese campo continuaba su crecimiento. ¿Cómo concebían ellos sus objetos y estrategias de intervención? ¿Existiría una planeación de lo que era hecho en función de un uso crítico del conocimiento científico y una reflexión sobre las implicaciones para las personas de los grupos con los cuales trabajaban?

Se llevó a cabo una investigación (Rentería, 1997) con profesionales que trabajaban con grupos en áreas como la educación, las empresas, la política y la salud, que permite concluir que las respuestas a los interrogantes planteados continúan vigentes y a la vez señala otros cuestionamientos. ¿Cuáles eran los repertorios utilizados por los profesionales en sus intervenciones? ¿Cuál era el uso del conocimiento científico en las intervenciones? ¿Por qué y para qué se requeriría una "conversación" entre dos mundos que caminan paralelamente sin encontrarse o por lo menos sin cuestionarse críticamente? Utilizando el análisis de prácticas discursivas y producción de sentido (Spink, 1996 y 2000) fue posible encontrar parte de la respuesta a los interrogantes planteados en la manera como los profesionales configuran sus versiones y representaciones sobre su propio trabajo.

Por otro lado, en la segunda mitad de la década de 1990 es posible encontrar, aunque tímidamente, reflexiones desde la psicología social (Tassara, 1996; Tassara y Damergian, 2002) y la dinámica de grupos (Rentería, 1997; López, 1997) que enriquecen la discusión. La cuestión es retomada y orientada en un sentido más amplio: las intervenciones sociales. Así, ya no es posible el uso de la técnica por la técnica en un mundo que requiere cada vez más respuestas a cuestiones concretas aunque mediadas simbólicamente de tal manera que tengan sentido para las personas. La reflexión obliga ahora a explicar las racionalidades implícitas y las racionalizaciones explícitas ya que las personas que hacen parte de los grupos intervenidos también poseen un conocimiento, tienen una voz, son sujetos con proyectos y no son sólo objetos de intervención.

Este artículo tiene como objetivo presentar algunas reflexiones sobre la manera como los profesionales conciben su intervención y de qué forma eso puede y debe ser ampliado contextualizando socio-históricamente tales intervenciones en la búsqueda de "desarrollo para todos", de acciones y programas que permitan la participación en proyectos en los cuales el saber de los "iniciados" es importante sin convertirse en elemento de dependencia permanente para los otros. Respecto a los iniciados "la vanguardia debe ser eso, sólo vanguardia" (Tassara, 2003) para el crecimiento e iniciación de los "no iniciados". De esta forma es posible crear nuevos espacios comunicativos y una apropiación y aplicación del conocimiento científico en su sentido inicial -la búsqueda del bienestar- asumiendo las contradicciones de la realidad que hemos construido.

Tres apartes forman el texto: en el primero se presenta una síntesis de los hallazgos acerca de las concepciones sobre las intervenciones por parte de profesionales que trabajan con grupos; en el segundo se abordan los elementos para la ubicación crítica y la ampliación de las intervenciones grupales a las intervenciones sociales; finalmente, se exponen algunos de los cuestionamientos que continúan vigentes y para los cuales se debe mantener la discusión.

Sobre las intervenciones grupales desde la psicología social

La síntesis presentada se basa en la investigación de Rentería (1997), la cual ha sido validada y ampliada más recientemente en discusiones con profesionales y en espacios de debate académico en Colombia y Brasil. Inicialmente el estudio se llevó a cabo con profesionales con más de cinco años de experiencia en trabajo con grupos -intervenciones grupales- de la ciudad de Sao Paulo, y posteriormente se adelantó la discusión con trabajos ligados a programas académicos de pregrado y postgrado, así como a los del Área y Grupo de Investigación en Psicología Organizacional y del Trabajo del Instituto de Psicología de la Universidad del Valle en Colombia. Complementariamente este debate se actualiza en el curso Intervención Social y Conocimiento Científico (Tassara, 2003) del Doctorado en Psicología de la Universidad de Sao Paulo.

A nivel teórico, la aproximación se hizo a partir de la categoría "concepción" por el hecho de ser flexible como concepto. De esta forma es posible incluir valores, sentidos, puntos de vista, ideas, representaciones, teorías, conceptos o definiciones tanto en el posicionamiento de los profesionales como en la literatura especializada sobre grupos e intervenciones.

Las concepciones (versiones, verdades o racionalidades) son formas de explicar los fenómenos sociales; son abstracciones de situaciones reales expresadas a través de narrativas o discursos "teóricos" o "prácticos" sobre acciones específicas de personas, o sobre objetos sociales en diferentes esferas de la vida social; son recortes específicos, "particularizaciones" o "generalizaciones"; son las "teorías en uso" que las personas (profesionales o no) tienen del mundo y de lo que hacen.

La función de las concepciones es la de justificar acciones, decisiones, procedimientos y servir de modelos orientadores para comprender, explicar, "fijar", incluir o excluir caracterizaciones o representaciones sobre fenómenos de la vida humana. Esto es: cumplen una función de conocimiento que implica necesariamente la orientación de las prácticas sociales. En este caso la ciencia y el "trabajo" se ubican dentro de esas prácticas y en particular, la actividad del profesional debería intercalarlas en interfase y no manejarlas paralelamente. La forma como concebimos el mundo dependerá en gran parte de nuestro posicionamiento crítico así como de los efectos sobre los grupos sociales en los cuales estamos incluidos o con los cuales trabajamos (Tassara, 1998).

Otra dimensión importante en la comprensión de las concepciones sobre intervención se encuentra en el estudio de la psicología discursiva de los tiempos sociales y de las voces presentes en los discursos sociales (Davies y Harré, 1990; Billig, 1991; Potter y Edwars, 1992; Potter y Wetherell, 1995). En este abordaje los tiempos sociales de los cuales hace parte y se transforma el conocimiento científico -la ciencia y su uso- (Koyré, 1982; Tassara, 2003) son formaciones sociales por las cuales una persona o grupo social pasa y está implicado permanentemente. En esa determinante socio-histórica surgen las voces que configuran concepciones sobre la realidad; es ahí que podemos identificar quién está hablando, desde dónde y hacia dónde. Es necesario recordar que el conocimiento (científico o no) tiene carácter acumulativo y toda construcción es hecha a futuro basada en el pasado (Tassara, 2003).

Se han identificado tres tiempos y en su interfase son posibles nuestros conocimientos sobre el mundo y lo que hacemos en él: el tiempo largo y duraderoes el histórico en que se inscriben los contenidos sociales acumulativos; es el tiempo de la ciencia e imaginario social donde se construyen cultural e históricamente los repertorios lingüísticos disponibles para que las personas y grupos sociales puedan mantener redes de significados acumulativos. Esto es particularmente importante en el caso de las construcciones y connotaciones sobre lo que es intervención e intervenir, ya que en general la elaboración sobre ésta noción es políticamente peyorativa e invasiva.1

El tiempo medio corresponde a la socialización (en el sentido procesual) de las personas y de los grupos; los periodos de relación con lenguajes profesionales. Es el tiempo de la construcción de representaciones compartidas por grupos concretos en momentos históricos específicos, en el cual los individuos son iniciados en las redes compartidas y particularizadas que les permitirán posicionamientos específicos ante la realidad.

Finalmente, el tiempo corto o del aquí y ahora es el tiempo de la interacción, de las prácticas sociales y del diálogo. Es el tiempo de la acción comunicativa en el sentido concreto y el espacio social de encuentro entre singularidades y posicionamientos. Es aquí donde las personas actúan y actualizan los repertorios provenientes de los otros dos, donde ciencia y técnica se encuentran en el sentido de marco comprensivo y explicativo en acción.

En la interfase de los tiempos sociales es posible inferir e identificar, tanto en la literatura especializada como en las versiones de los profesionales, las concepciones sobre intervenciones y sobre los sistemas sociales en los cuales están implicados y se pretende dar cuenta. Por ejemplo, el tiempo largo o del imaginario social permitiría un repertorio de intervención ligado a la idea de interferencia externa. Un profesional formado -tiempo de socialización- en un marco teórico de dependencia podría considerar su modelo de intervención como el más adecuado en una perspectiva asistencialista. Finalmente en el momento concreto de la intervención -tiempo corto del aquí y el ahora- el tipo de proyecto social en el que se participa puede exigir una serie de acciones validadas por la organización instituyente sobre las personas implicadas, sin que necesariamente se analice de forma crítica la acción del profesional, pues su legitimación está dada independiente de aquellos "sobre los que se requiere la intervención" y para los cuales se sabe lo que se debe hacer.

Los resultados de la investigación mostraban como, en el caso de la literatura especializada, no existía desde la psicología social una reflexión sistematizada sobre lo social en temas orientados a las intervenciones grupales o "sociales". Sin embargo, a través de la revisión de múltiples versiones y posicionamientos es posible inferir y proponer una taxonomía para caracterizar los tres principales marcos de referencia utilizados en la comprensión y explicación de lo social, como se sintetiza en la Figura 1: dos de carácter sistémico y uno centrado en el individuo. Los modelos de carácter sistémico social se ilustran a través de la concepción de lo grupal o lo social como diferente y superior a la sumatoria de las partes que lo componen haciendo énfasis en las relaciones y sus resultantes. Estos modelos divergen principalmente en la manera de asumir las diferencias y el conflicto, y en la forma como se asume lo social en una perspectiva armónica o dialéctica. En el modelo sistémico dialéctico, las diferencias y el conflicto son reconocidos como inherentes a la vida social y deben ser identificados y legitimados en cualquier intervención. Ya en el caso del modelo sistémico armónico, las intervenciones se deben realizar para mantener o recuperar el equilibrio del sistema como un todo; cada parte mantendrá su función en el orden establecido. En el enfoque centrado en la persona, la individualización (Beck y Beck-Gernsheim, 2002) es el énfasis de la explicación de lo social pues el individuo es causa y efecto, y las relaciones grupales -y sus resultantes-son consideradas sólo en su función de problemas individuales o restringidos a ese nivel. En ese caso, las explicaciones y la intervención son una cuestión de detectar los actores problemáticos para trabajar en esa dirección.

La identificación de esos marcos de referencia es producto de la acumulación de conocimientos y explicaciones sobre lo social, incorporados en la psicología (tiempo largo) y en los lenguajes profesionales de la academia (tiempo de socialización). Sin embargo, la utilización de los mismos en la práctica profesional parece estar lejos en la medida que las condiciones de uso de ese conocimiento científico disponible cuestionan y obligan a posicionamientos críticos de carácter político cada vez más fuertes en el sentido del impacto social que implican las intervenciones.

Una vez ubicados los marcos de referencia sobre la concepción de lo social en los grupos, se propone una taxonomía para el caso de las intervenciones; aquí la situación es más compleja pues lo que existe generalmente son propuestas de técnicas, procedimientos y tecnologías de intervención en las cuales el asunto principal parecería ser una cuestión de método que no obliga a la reflexión epistemológica del mismo en el sentido del conocimiento que ayuda a producir (o reproducir) y a su impacto. Más que definiciones y enfoques marcados conceptualmente, lo que se puede identificar (tanto en la literatura especializada como en los profesionales) son parámetros para caracterizar lo que es una intervención grupal y, en el intento de una "taxonomía", para proponer clasificaciones para los posicionamientos encontrados (Figura 2).

Los parámetros de caracterización identificados y propuestos (Rentería, 1997) son:

La existencia de una entidad social real y significativa en la cual se hace necesaria una intervención. En este caso puede ser un grupo pequeño, una comunidad o una empresa. Sin embargo, las clasificaciones de lo que es "grupo" son tan amplias que la discusión lleva cada vez más a la noción de "formas organizativas" en las cuales se interviene, y se aleja de la concepción restrictiva de grupo pequeño.

Esta entidad es real y significativa para quien interviene sin que necesariamente lo sea para los intervenidos. De esta manera, el uso del poder instituido (Foucault, 2002) del conocimiento de los iniciados de la élite (Tassara, 1998) y de la creación de racionalizaciones surge desde el momento en el que se define el objeto de intervención.

- Un contexto específico en el cual se hace necesaria la acción o el cambio y que legitima o rechaza las prácticas o tecnologías a ser empleadas. El contexto pasa a ser el pretexto para la definición de quién habla por quién; quién debe hacer qué y qué puede o no hacer por los otros. El contexto corresponde en realidad al sistema social en el cual las relaciones asimétricas de poder -donde los que saben pueden legitimar las racionalidades generalmente en forma de racionalizaciones ligadas a discursos sobre lo social y el bienestar- definen quién piensa por quién y quién sigue a quién.

- La intervención implica necesariamente un conjunto de acciones planeadas con el propósito de generar algún tipo de cambio. La transformación de una situación, su mantenimiento (en el sentido de no permitir cambios) o el intento de crear, aparecen relacionadas con el repertorio de método o de instrumental en este caso. La visibilidad se da a través de la técnica utilizada, siendo que el repertorio posible del profesional es indicador del camino aceptado de manera legítima por el contexto instituyente de su intervención. Planear, en este caso, es generalmente una cuestión de especialistas y la participación de los intervenidos es una forma de validación-aceptación. La elección se hace a partir de racionalizaciones sobre las formas de intervenir más adecuadas derivadas de narrativas especializadas que usan el "conocimiento científico" y el reconocimiento social de la profesión como marco legitimador.

- Siempre una forma particular de acción ejercida a través de eventos y mediaciones orientados al cambio que implican la noción de poder en algún lugar. Las acciones se ejercen desde la perspectiva de la planeación aún dentro de las limitaciones consideradas anteriormente. En este sentido, el lenguaje, los símbolos compartidos y los sistemas de mediación simbólica son fundamentales para alcanzar el cambio o no, para lograr el bienestar para todos o legitimar por qué sólo para algunos. El uso de lenguajes ideológicos incorporados a través del tiempo largo y del tiempo de socialización es fundamental en este caso, y el poder es el recurso clave para ello ya que habilita y facilita el control e influencia sobre otros (Shaw, 1989).

-El cambio(o su intento) implica necesariamente una visión de la vida social. La armonía, el conflicto, la confusión (Sato, 2002) y la individualización serán claves para comprender de qué tipo de cambio se está hablando. Paradójicamente, el mantenimiento del status quo hace parte del cambio en el sentido de intencionalidad en el caso de las intervenciones. En la Figura 2, esto corresponde a la postura que el profesional asume en relación con el grupo o al tipo de trabajo que realiza principalmente; una vez asumida una posición, otras tres opciones de dirección del cambio son posibles en una segunda instancia: el objetivo ligado a la situación, el foco de la intervención y el origen y participación del grupo en la planeación y decisión sobre la intervención.

- La explicitación y racionalización del uso del conocimiento especializado asimilado a "conocimiento científico", se produce a través de narrativas y del uso de saberes teórico -metodológico - técnicos, formalizados o no, bajo la cualidad de cuerpos 'científicos', doctrinas, ideologías o prácticas. En este caso, el conocimiento obtenido en el tiempo de socialización sobre los fenómenos o problemáticas intervenibles es fundamental. La Figura 2 ilustra las opciones de posicionamientos que se entrecruzan para el uso y legitimación de esos saberes y el direccionamiento de los mismos por parte de los profesionales, para los cuales igualmente parece estar orientada la literatura especializada. De esta forma, la legitimación se basa en el poder del hecho de ser profesional, esto significa: profesional = conocimiento científico. El uso crítico del conocimiento científico no se cuestiona pues la legitimación social que ya fue hecha previamente por la academia, la cual se considera igual a ciencia. El uso social del conocimiento no está en cuestión; lo que el profesional dice es una "verdad" pues él en su calidad de "iniciado" y "especialista" posee una verdad que se valida por el mito de la ciencia.

- Los mecanismos de feedback que permiten el contraste entre la situación inicial y el "grado de cambio" son las formas de legitimar las narrativas sobre lo que fue, es o será hecho en la intervención. En este caso, se retoma la cuestión de la lógica de la argumentación y no de la búsqueda de la verdad; lo que importa es si los proyectos y lo que se hace, está dentro de la lógica de validez implícita en la racionalidad instrumental y lineal que generalmente asumen las intervenciones (una vez aprobadas hay que desarrollar el proyecto como "fue definido" negando el espacio a la verdadera retroalimentación). La aprobación del proyecto se realiza en los parámetros del contexto instituyente y no a través de una verdadera confrontación con los múltiples actores (Tassara, 2002), lo cual dificulta el desarrollo real de las personas.

Finalmente, entre los parámetros de caracterización aparece el profesional: una persona externa o "especialista-interventor", lo que implica una práctica socialmente reconocida como lícita. Las personas y los grupos no iniciados requieren de una clase que ya fue iniciada para resolver "sus problemas". Ese profesional o especialista va a incidir fuertemente en los caminos a seguir, en la legitimación de las narrativas o de las racionalidades sobre el problema o fenómeno, aunque él mismo no sepa cuáles son las racionalidades implícitas y las verdades que está legitimando. En este sentido, en la Figura 2 se proponen múltiples clasificaciones tanto de la literatura como de los posicionamientos particulares de los profesionales que de alguna manera facilitan, en una perspectiva no crítica, evitar la confrontación con cuestiones del tipo de conocimiento y verdad (racionalidades) que están en juego cada vez que se interviene.

Una vez identificados conceptualmente los parámetros para la caracterización de las intervenciones es importante señalar la manera como se configuran -en la interfase de los tres tiempos sociales- los referenciales y concepciones de los profesionales. La dificultad de la crítica y la necesidad de racionalización pueden ilustrarse en la dinámica de posicionamientos, en la medida en que la noción de intervención es rechazada sistemáticamente por ellos mismos: "intervención es lo que otros hacen" (Rentería, 1997).

En el plano de la práctica de intervención, los resultados de la investigación muestran cómo al ser cuestionados sobre las intervenciones, los propios profesionales reconocen básicamente los siguientes elementos que aunque no surgen oficialmente como contradictorios son aceptados y legitimados en los contextos donde trabajan o actúan:

- Los referenciales utilizados son de tipo situacional ligados a las condiciones institucionales donde los profesionales están inmersos; esto significa que el conocimiento adquirido durante el periodo de socialización como especialistas no es de uso obligatorio en contraposición con lo requerido y aprobado en el tiempo del aquí y ahora del contexto instituyente. La respuesta situacional ubica en ese sentido las intervenciones por fuera de proyectos a largo plazo y entra en una lógica meramente instrumental de la acción profesional.

- Las concepciones de intervención se configuran a partir de la noción de regulaciónpor medio de acciones no cotidianas en la vida del grupo o de las personas. De ahí la idea de que intervención es lo que otros hacen pues interfiere en la vida de las personas. Lo que los profesionales hacen "es otra cosa": es trabajo, es asistencia social, es militancia, es ciencia. La idea de regulación de otros es reconocida pero racionalizada en la necesidad de ayuda.

- El tipo de acciones legitimadas por el contexto y desarrolladas a través de un agente externo se sustentan en la idea de que hay personas que saben lo que otras no saben. Una división social del conocimiento y su uso por parte de grupos de iniciados continúa formando parte de la justificación de las desigualdades y de los que están o son reconocidos como incluidos o excluidos.

- En cuanto al poder del conocimiento reconocido como instrumento de control y de dirección, se mantiene la doble legitimaciónde las acciones de intervención: la habilitación social dada por la academia (representante del conocimiento legítimo) y por el tipo de organización o institución representante de las prácticas legítimas en la cual los profesionales desarrollan su ejercicio. El aspecto crítico sigue siendo el hecho de que la existencia de la academia y de las organizaciones o instituciones profesionales como fuentes de habilitación, no obliga la conversación sistemáticaentre ellas para orientar la acción en las intervenciones.

- Un punto clave, reconocido sistemáticamente, es que los profesionales asumen el carácter regulador y legitimador de acciones y de sentidos sin que necesariamente exista una evaluación sistemática o sistémica de su impacto. Cabe preguntar, ¿quién está hablando por quién? El análisis de las voces presentes a través de los tres tiempos sociales puede facilitar la comprensión de la situación y probablemente su verdadero cambio.

- Es muy interesante que el conocimiento y la educación institucionalmente reconocidos hayan sido legitimados como conceptos en una misma dimensión social. Ideas como regulación y legitimación se justifican a través de acciones de carácter educativo, de cambios de hábitosy del ejercicio de prácticas cotidianas diferentes de las realizadas por el grupo o las personas. Es por esto que un especialista debe "enseñarle a las personas" cómo pensar, actuar o vivir. Aquí surge de nuevo la cuestión de la crítica y de las racionalizaciones como elementos a ser analizados para no caer en el mantenimiento de situaciones que pueden convertirse en círculos viciosos.

- Finalmente, en la práctica las intervenciones profesionales cumplen su función principal -la mayoría de veces independientemente de la intención- en la medida en que, a través del lenguaje y de repertorios de significación posibles, logren crear sistemas de mediación e intermediación legitimados por la "necesidad" de ayudar. En este panorama, el profesional se convierte en un instrumento que no puede escapar a las contradicciones del contexto en el cual está inmerso (Figura 3), lo que no significa que no pueda trabajar por su transformación.

En este orden de ideas, vale la pena reflexionar sobre la propuesta de Baremblitt (1994) al considerar las intervenciones en América Latina, la apropiación del conocimiento científico y la manera como se les da el carácter de verdad, así como las implicaciones de la importación de líneas de pensamiento.

Probablemente, esas tendencias son exportadas cuando ya se habían prostituido en su lugar de origen (...) en América Latina la desteorización que pregonan le hace el juego a la demagogia, al populismo y al analfabetismo. Su desprofesionalización los libera del control de las entidades sindicales, ministeriales o académicas, lo que genera impunidad en cuanto a su uso para numerosos charlatanes (interesantes mezclas subdesarrolladas de chamán con animador de televisión, con pedagogo, corruptor, psicoterapéuta, business man, etc.) (Baremblitt, 1994, p. 33).

La pregunta es: ¿a quién sirve ese tipo de actuación y actividad social?

Elementos para la ubicación crítica y ampliación de las intervenciones grupales a las sociales

A continuación se presentan algunas cuestiones que auxilian el modelo de ampliación de las intervenciones grupales al encuadrarlas en su esencia: las intervenciones sociales. La propuesta se basa principalmente en los postulados de Tassara (1998, 2002 y 2003) ya que estos permiten ubicar las concepciones de los profesionales y de la literatura especializada en un contexto determinado históricamente no sólo en su origen, sino también, en su proyección en forma de proyecto de vida para todos. Para Tassara, la intervención se ejerce en el nivel del método. Etimológicamente método viene de Meta y Odos que significan objetivo o lugar a llegar y el camino para alcanzarlo. Dentro del método se localiza la técnica que corresponde a la aplicación de un conocimiento en la solución de un problema práctico: si hay una práctica, hay una técnica (Tassara, 2003).

Las intervenciones son asumidas como conjuntos de técnicas incluidas en métodos que buscan alcanzar objetivos o metas para personas o grupos específicos. La cuestión técnica e instrumental es la que surge primero. Sin embargo, y como se evidencia tanto en la literatura especializada como en las versiones de los profesionales, no se explicitan otras dimensiones además de la instrumental.

Una de esas dimensiones que anteceden el uso de la técnica, de la práctica y de la aplicación es la Intención. En ella está implicada la racionalidad que encuadra el conocimiento y las versiones macro que permiten la generación de estrategias para dar forma al método. Un ejemplo importante y cada vez más relevante es el de los proyectos sociales. Particularmente en el caso de América Latina se orienta por una racionalidad instrumental y lineal del tipo causa-efecto que se traduce en un sistema "estratégico" de control en la forma de "árbol de problemas" que debe ser observado para la aprobación de los proyectos, así como para su ejecución y evaluación. De esta manera, los problemas son vistos como algo ubicado en el ambiente que requiere una solución y que se define a voluntad (Tassara, 2002) y se enmarcan en las lógicas y racionalidades instituidas que muchas veces consideran únicamente la intención de la parte más fuerte en la relación social entre los actores sociales implicados.

Como lo señalan Rentería (1997) y Tassara (2003), el especialista o el "iniciado" decide desde la racionalización qué le es posible y qué le es permitido en su contexto instituyente; así como desde su repertorio sobre el problema y el "método" para solucionarlo. La deseabilidad, la intencióny la voluntadson secuestradas en la intervención por el dominio de la racionalización de una racionalidad cultural. En este caso los discursos profesionales -consolidados principalmente a partir del siglo XX- juegan un papel importante en el imaginario que justifica quién desea por quién; quién sabe los problemas y las soluciones para otros no iniciados desde los repertorios de élite sobre la vida.

La ideología entra a configurar versiones basadas en intenciones de buena voluntad, de ayuda, de militancia, de educación o de investigación (Figura 2) para "secuestrar el conocimiento" y hacer que sea utilizado unidireccionalmente según la postura de los interventores en el marco contextual en el que están presos. La deseabilidad como cuestión de origen de las intervenciones -en un segundo plano para los grupos y personas a ser intervenidos- es una cuestión de primer plano sólo para los que deciden. Sin embargo, discursos y racionalidades como los de auto-gestión y participación han ayudado en gran medida al mantenimiento de esta situación en las tres últimas décadas. De esta forma, la inclusión en el sentido de "permitir que el sujeto se incluya en la resistencia a la racionalidad" es una cuestión de decisión por fuera del propio individuo que queda "dessujetado" en la medida en que la racionalidad le es extraña y no puede ser cuestionada, y en caso que lo sea, corre el riesgo de exclusión.

Tassara (1998) presenta cuatro opciones para trabajar en la construcción de salidas en las intervenciones sociales -aunque en el nivel de la utopía- o como propondría Archer (2001) como estrategias para "resistir la disolución de la humanidad". La base de la propuesta busca un abordaje de trabajo en proyectos de caracter ecológico en el sentido del paradigma de la complejidad y no de la linealidad. Los ejes propuestos por Tassara implican: 1) la crítica al camino perdido de la ciencia; 2) asumir que cultura, técnica y ambiente son una triada indisociable; 3) preguntarse sobre las cuestiones de política y gestión implicadas; y 4) la explicitación de las estrategias educativas, técnicas y programáticas de la intervención.

A continuación se discuten las implicaciones de estos cuatro ejes para la ampliación y contextualización de las intervenciones sociales y las "opciones" y "salidas" para continuar pensando en proyectos "ecológicos" en la triada que implica a los hombres y las intervenciones que son hechas en su nombre.

1) La crítica al camino perdido es el punto de cualquier problema en la ciencia y en la práctica. Hay algo que hace falta, que está ausente o que debe ser hecho. Hay un vacío; algo debe ser suplido; en este sentido deben existir opciones orientadas al cambio de una situación actual de carencia. Con esa lógica debe determinarse la orientación sobre lo que debe ser hecho, sobre los objetivos y sobre las estrategias para que el método cumpla su propósito en la solución del problema. Aquí emerge de nuevo la cuestión de la deseabilidad, la intención y principalmente la pregunta cada vez más relevante sobre qué es un problema para quién (Figura 2).

¿Cuáles son los actores que definen sobre la intención y no sólo sobre los objetivos oficiales a ser alcanzados? ¿Quién participa? ¿Todos deben participar? O mejor: ¿todos pueden participar? Estas cuestiones deben extrapolar el ámbito local de la intervención y considerar los referenciales macro. Al observar las versiones de la literatura y de los profesionales sobre intervenciones es posible percibir que la postura del profesional es el elemento definitorio de mayor incidencia sobre los otros recortes posibles (Figuras 2 y 3). Si el profesional no consigue salir de la racionalidad psicológica en la cual está preso y a la que ayuda a sustentar, si no reconoce el momento histórico para saber realmente quién está conduciendo el proceso, entonces es probable que muchas de las intervenciones no tengan sentido ni para él ni para las personas o grupos involucrados. De ahí que la crítica sobre el origen de las intervenciones y el uso de la ciencia deba mantenerse como referencial no sólo de la deseabilidad, sino de la necesidad real o el problema a ser resuelto.

2) La triada cultura-técnica-ambiente es una triada indisociable. La cultura como sistema de repertorios posibles de significación y de sentidos -para dar cuenta de la realidad o partes de ella- implica necesariamente las representaciones sobre la técnica y el ambiente. Estas dos construcciones son socio-históricas y se legitiman contextual y situacionalmente. La técnica implica el conocimiento como reflejo del conjunto de saberes teóricos y metodológicos disponibles y dentro del cual los profesionales y las personas "no iniciadas" actúan en sus prácticas cotidianas y no cotidianas. De esta manera, el impacto de cualquier acción sobre el "ambiente" -entendido en una perspectiva ecológica amplia donde naturaleza y cultura hacen parte sin distinción o privilegio en el sentido de impacto sobre las personas-, debe considerarse por fuera de la racionalidad instrumental que impone el método a la solución del problema, principalmente cuando éste ha sido definido externamente al grupo, o su "solución" es definida y aceptada en instancias de poder diferentes a las propias personas afectadas. Retomando la cuestión de la deseabilidad y los actores sociales que desean por otros, es importante reconocer que los profesionales hacen parte de este grupo.

Cuestiones como valores, definición de problemas, formas de hacer y representar pasan a tener una importancia mayor que el simple diagnóstico del problema y el uso o determinación de las técnicas para su solución. La explicitación de la concepción de lo social -hecho generalmente no solicitado a las personas- al proponer una intervención pasa a ser un problema de validez ecológica en el sentido de impacto real más que argumentativo. Es a través de la técnica que se hace, a partir de la cultura que se interpreta, representa y se valida, y finalmente en el ambiente (material o social) que se vive y se impacta a las personas en sus proyectos de vida.

3) Política y gestión son dos dimensiones que hacen parte del papel de los "iniciados", de los poseedores del conocimiento. La política implica la administración del poder en tanto que la gestión involucra concebir, producir y generar así como inventar, engendrar o crear. Las acepciones del concepto implican claramente la posibilidad de incrementar, proponer e inventar. De esta forma, la administración de la invención, de la creación y de la producción son cuestiones que deben ser igualmente consideradas en las intervenciones sociales. Para ello es necesario desde el origen y desde el momento de la deseabilidad, tener en cuenta entre los actores sociales implicados quién va a negociar qué (problema, carencia y método) a nombre de quién. Así es posible intentar la búsqueda de criterios y estrategias de decisión que permitan que el impacto ecológico de la intervención sea el más favorable posible. De nuevo, como se propone en la Figura 1, la concepción de lo social orientará en gran medida ésta escogencia, así como la postura del profesional (Figura 2) hará que los otros pasen de ser simples actores a participar de la autoría. En este sentido, el papel del profesional continúa siendo el de intermediador o mediador social (Figura 3) pero con la posibilidad de una interfase que le permita un proyecto negociado más favorable al contexto instituyente y a los afectados.

4) Educación, técnica y programa de trabajo. Es interesante la asociación entre intervenciones y educación. Explícitamente los profesionales hacen alusión al carácter educativo que se pretende en las intervenciones (Rentería, 1997). La concepción de lo educativo tiene que ver con la preparación y el impacto sobre la vida y el cotidiano de las personas lo que implica la incorporación de nuevos repertorios y prácticas de actuación o de significación. Es así como la cuestión de la técnica como medio e instrumento de cambio debe ser igualmente considerada en una perspectiva crítica. La técnica por sí sola no representa cambios a no ser en contextos donde las personas conozcan y justifiquen lo que está siendo hecho y el impacto para sus vidas en múltiples esferas y perspectivas. Probablemente es por ese motivo que en la psicología social -desde finales de la década de los setenta- se restringió la reflexión amplia sobre las intervenciones y el movimiento de dinámica de grupos. Posiblemente la cuestión de la técnica era fuertemente cuestionada y sus poseedores no estaban interesados en la discusión. De ahí también el fracaso de muchas intervenciones "sin sentido" debido a repertorios técnicos inadecuados al propósito "educativo" y por fuera de estrategias enmarcadas en programas de trabajo claros. En este punto es importante destacar que tanto en la formulación de los proyectos de intervención como en la especificación de los programas de trabajo, la racionalidad lineal de tipo causa-efecto continúa siendo en la práctica el principal referencial utilizado por los profesionales. La "irracionalidad" de muchos programas de intervención donde la técnica es lineal, las explicaciones son no-sistémicas y las concepciones de lo social no se explicitan, puede ser una de las razones para el fracaso reiterado. De nuevo aquí vale la pena preguntarse el por qué de la "conversación paralela" entre el conocimiento científico disponible y sus explicaciones como si fuesen dos dimensiones totalmente extrañas.

Algunas cuestiones finales

¿Cuáles son las consecuencias de no tener una conversación permanente entre conocimiento científico, uso de la técnica derivada, las intenciones y los repertorios culturales de significación e interpretación de las realidades de los grupos o personas intervenidas? ¿Qué hacer ante el anterior interrogante que ha sido esbozado tanto en la primera parte -donde aparecen los parámetros y aproximaciones "taxonómicas" para las intervenciones grupales- como en la segunda donde se amplían las reflexiones macro que contextualizan aún más las cuestiones técnicas y políticas así como el impacto ecológico en la vida de las personas y para la sociedad?

A continuación se presentan algunas consecuencias y preguntas abiertas sobre el asunto:

- Según Tassara (2002 y 2003) cuando los ejes de la crítica al camino perdido de la ciencia, la triada cultura-técnica y ambiente, la política y la gestión y las estrategias educativas, técnicas y programáticas de la intervención, no son considerados o explicitados en términos de las racionalidades implícitas, estamos frente a estrategias de adoctrinamiento y no de intervención en la búsqueda de bienestar y calidad de vida de las personas. Para esta autora intervenir es mantenerse en la crítica y compresión de la racionalidad para entrar en el nivel de la posibilidad. Aquí la racionalización, a través de sistemas de mediación sofisticados o no, cumple un papel fundamental para los discursos profesionales y legitimadores enmascarados detrás de versiones de cientificidad que niegan sus propias hipótesis y postulados en el mismo momento en que no se someten a prueba o discusión.

En este orden de ideas, un posible paralelo entre intervención propiamente dicha y adoctrinamiento es propuesto por Tassara de la siguiente manera:

Intervención social                             Vs.                                    Adoctrinamiento

- Búsqueda de la justicia.                                                                                                                   - Racionalización.

- Crítica y exposición de la racionalidad.                                                                                                - Ocultamiento.  

- Descubrimiento de la forma de construcción de la verdad.                                                                      - Propaganda como última opción.

- Reconocimiento de las resistencias.                                                                                                   - Negación de diferencia e intereses.

 

- Al incorporar estas consideraciones a los parámetros de caracterización identificados por Rentería (1997), es posible concluir que la mayoría de las veces nos encontramos frente a prácticas de intervención en el sentido de interferencia que procuran objetivos para una de las partes que determina y desea por los otros, pero no frente a estrategias que buscan justicia, que reconocen las resistencias y los deseos de los otros y que son capaces de exponerse a la crítica científica en la cual "se sustentan".

Aquí es evidente que los discursos profesionales han ayudado en gran parte para que las racionalidades implícitas se mantengan ocultas y las racionalidades discursivas -cada vez más sofisticadas en los sistemas de mediación simbólica o a través de sistemas de fuerza e imposición a los que son sometidas las personas- se apropien de repertorios hegemónicos orientados a "hacer de cuenta que se hace".

En la época actual, la verdad como búsqueda de reflejo de la realidad incluye tanto la dimensión literario-argumentativo como la científica. Sin embargo, en la línea argumentativa que estamos siguiendo, el manejo del conocimiento en una dimensión de carácter meramente argumentativo de validez estaría utilizando la ciencia como pretexto para mantener oculta la racionalidad y aprovecharse del poder atribuido al conocimiento científico. En este punto, como lo plantea la Escuela de Frankfurt fue necesario crear el mito de la ciencia como conocimiento verdadero para acabar con el mito de la "fe" (Adorno y Horkheimer, 1994). Paradójicamente, la ciencia se convirtió en mito y ahora es utilizada como "la verdadera opción" a pesar de que el discurso no acompañe la realidad o la búsqueda de ideas de justicia y de bienestar para todos. Los "iniciados" continúan teniendo el poder del conocimiento aunque no necesariamente lo sepan. En este orden de ideas, las intervenciones sociales realizadas por profesionales sin "la crítica" son prácticas ideológicas que representan intereses particulares que no son los de los grupos o las personas intervenidas. Aquí la doxano está muy lejos pues la investigación evidencia cómo los profesionales usan referencias situacionales para dar cuenta del momento -aunque eso no tenga articulación con el programa de trabajo- o se contraponga a los valores y sentidos de los implicados.

- Otra consecuencia importante ligada a las intervenciones es la participación como opción de inclusión social. Todo programa de intervención involucra una estrategia en la cual la participación implica a su vez incluir un número mayor de personas yendo más allá de los planeadores-especialistas. La participación como modelo debería ser una derivación racional de los proyectos en su dimensión política (Tassara, 2002). Sin embargo, la participación ligada al desarrollo colectivo -o por lo menos conjunto- de estrategias puede ser una trampa de co-optación si no se han explicitado las racionalidades y las intenciones (Enríquez, 2000). Si bien para Tassara un modelo de planeación tipo "incremental articulado" (crecimiento por la articulación política de deseos/intenciones) es parte de la opción para la construcción y mantenimiento de la utopía de una salida racional para el bienestar colectivo, vale la pena recordar que sin que las intenciones cumplan realmente su papel de educación no hay posibilidad de participación en igualdad de condiciones, y la discusión sobre la deseabilidad y la planeación continuará siendo un asunto de "iniciados". La participación efectiva requiere de competencias individuales y colectivas así como de condiciones organizacionales y contextuales. De la misma manera como en las intervenciones grupales y sociales, cuando algunos de esos elementos faltan, difícilmente puede alcanzarse el objetivo de participación deseado (Engel y Rentería, 1988).

Otra implicación seria está relacionada con la posibilidad de construcción de sujetos sociales lo cual se refleja en el hecho de que usualmente hablamos en términos de actores sociales y no de autores-actores o de coautores. En el caso de las intervenciones sociales hay autores y actores y no siempre son la misma persona; en este caso, ¿estamos hablando del proyecto de quién? Visto de esta manera parecería que las personas están presas y que sólo unos pocos saben lo que está sucediendo y estarían libres (o por lo menos concientes) de las múltiples contradicciones que hacen parte de la realidad social. Nociones como las de Action y Agency2 discutidas por Cochran (1997) y Archer (2000), equivalentes de alguna manera a las de adaptación y control propuestas por Sato (1997), pueden ser un buen subsidio para esta discusión. Action se refiere a la actividad sin que necesariamente se implique en ella al sujeto humano; esto es, se actúa como categoría social pero no como sujeto activo que corresponde a la dimensión ontológica de la humanidad que ha permitido la creación -aunque asimétrica- de lo que tenemos hoy. Agencyparte y reconoce al sujeto como ser de acción. En este sentido la construcción de lo social se basa en una acción que por el hecho de ser humana está acompañada por lo simbólico.

Esa dimensión simbólica y subjetiva se caracterizaría por ser conscientemente asumida y direccionada. Agency de alguna manera implica la salida en la medida que las personas se puedan posicionar como "agentes económico-reflexivos" (Malvezzi, 1999). No se trata de simples actores sino de sujetos que pueden reconocer las paradojas y contradicciones de su actividad puesta en contexto. Involucra individuos capaces de ver las contradicciones e inconsistencias de las narrativas que intentan explicar y representar el mundo, es decir sujetos capaces de transformar por su capacidad de "agenciar" y no sólo de actuar o de interpretar. En términos de Habermas (1987) se trata de sujetos capaces de ayudar en la construcción de salida de la misma manera como se llegó a la situación actual, a través de acciones comunicativas dirigidas y orientadas por y desde nuestra condición de humanos. Mantener la pregunta de Archer sobre por qué resistirnos a la "disolución de la humanidad" es conservar la opción de que aún hay algo que nos une ontológicamente y no legimitar o naturalizar las desigualdades y las relaciones asimétricas de poder, negando su caracter histórico y procesual, de lo cual no escapan las implicaciones para las intervenciones grupales o sociales. Mantener la pregunta es conservar la utopía propuesta por Tassara: el ambiente como proyecto. Mantener la posibilidad de construcción planeada de futuro que involucra intervenciones pues a fin de cuentas llegamos al estado social que tenemos en gran parte a través de ellas. Se trata de un problema político, de una utopía que implica crear a través de sujetos capaces de agency un modelo de pensar el futuro como un proyecto políticamente correcto. Todos estos serían los elementos para una salida racional (Tassara, 2002).


Comentarios:

1 Las acepciones de intervención son: 1) "acto o efecto de intervenir; interferencia", 2) [med] operación, 3) intersección, mediación 4) acción directa del gobierno federal en un estado de la federación. Diccionario Aurélio Electrónico, Versión 1997.

2 Se mantienen los términos en inglés para evitar confusiones asociadas a traducciones sobre las que no hay consenso.


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