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Revista de Estudios Sociales

versão impressa ISSN 0123-885X

rev.estud.soc.  no.69 Bogotá jul./set. 2019

http://dx.doi.org/10.7440/res69.2019.04 

Temas varios

Contra la revolución “satánica”. Propaganda católica y legitimación del franquismo en Portugal durante la Guerra Civil española*

Against the “Satanic” Revolution. Catholic Propaganda and Legitimization of the Franco Regime in Portugal During the Spanish Civil War

Contra a revolução “satânica”. Propaganda católica e legitimação do franquismo em Portugal durante a Guerra Civil espanhola

Alberto Pena-Rodríguez **  

** Doctor en Ciencias de la Información y en Historia. Profesor Titular de Historia de la Propaganda en la Universidad de Vigo, España, y coordinador del Grupo de Investigación sobre Propaganda y Técnicas de Comunicación (CA1). Últimas publicaciones: “Los obreros españoles en la construcción del Canal de Panamá: su imagen en la prensa española (1906-1909)” (en coautoría). Historia Crítica 67: 23-44, 2018; “Los inicios de la prensa portuguesa en los Estados Unidos de América”. Revista Famecos. Mídia, Cultura e Tecnologia 24 (2): [s. p.], 2017. alberto@uvigo.es

RESUMEN:

La Guerra Civil de España tuvo importantes consecuencias políticas, sociales y económicas para Portugal, cuyo gobierno actuó como si la guerra fuera un asunto nacional. Frente a los contagios desestabilizadores de la Segunda República española, el general Franco se convirtió en la gran esperanza para el régimen salazarista, que fue un aliado estratégico de los insurgentes españoles. En este contexto, la Iglesia portuguesa, muy próxima al salazarismo, apoyó el golpe de Estado contra el Gobierno español con la organización de campañas de agitación anticomunista y de legitimación del franquismo. Mediante el manejo de fuentes documentales y hemerográficas, el objetivo principal de este trabajo es describir y analizar algunos de los aspectos más relevantes de la propaganda católica portuguesa entre 1936 y 1939.

Palabras-clave: Catolicismo; franquismo; Guerra Civil española; Portugal; propaganda

ABSTRACT:

The Spanish Civil War had major political, social and economic consequences for Portugal, whose government acted as if the war were a domestic affair. Faced with the destabilizing contagion of the Second Spanish Republic, General Franco became the great hope for the Salazar regime, a strategic ally of the Spanish insurgents. In this context, the Portuguese Church, very close to Salazarism, supported the coup d'état against the Spanish Government by staging campaigns of anti-Communist agitation and legitimization of the Franco regime. By using documentary and newspaper sources, the main objective of this article is to describe and analyze some of the most relevant aspects of Portuguese Catholic propaganda between 1936 and 1939.

Key words: Catholicism; Francoism; Portugal; propaganda; Spanish Civil War

RESUMO:

A Guerra Civil da Espanha teve importantes consequências políticas, sociais e econômicas para Portugal, cujo governo atuou como se a guerra fosse um assunto nacional. Diante dos contágios desestabilizadores da Segunda República espanhola, o general Franco se converteu na grande esperança para o regime salazarista, que foi um aliado estratégico dos insurgentes espanhóis. Nesse contexto, a Igreja portuguesa, muito próxima ao salazarismo, apoiou o golpe de Estado contra o Governo espanhol com a organização de campanhas de agitação anticomunista e de legitimação do franquismo. Por meio da consulta a fontes documentais e jornais, o objetivo principal deste trabalho é descrever e analisar alguns dos aspectos mais relevantes da propaganda católica portuguesa entre 1936 e 1939.

Palavras-Chave: Catolicismo; franquismo; Guerra Civil espanhola; Portugal; propaganda

Breve introducción

La Guerra Civil española (1936-1939) es uno de los acontecimientos más determinantes de la historia contemporánea ibérica y de mayor proyección propagandística a nivel internacional (Moreno Cantano 2011; Sánchez Cervelló 2011; Faber 2008; Gómez Escalonilla 1992). Es también un hecho trascendental para comprender la evolución de las relaciones políticas entre España y Portugal durante el largo período de los regímenes autoritarios de impronta ideológica fascista que sustentaron el franquismo y el salazarismo, aliados estratégicos en la legitimación política internacional y la consolidación de ambas dictaduras peninsulares (Jiménez Redondo y De la Torre Gómez 2013; Loff 2008). Salazar, un profesor universitario apoyado por el ejército portugués que fundó en 1933 el régimen corporativo del Estado Novo, inspirado en el el fascismo italiano, tuvo una intervención relevante en el desarrollo de la Guerra Civil española, sobre todo en el contexto diplomático y propagandístico, con importantes consecuencias políticas, sociales y económicas para Portugal, donde el Gobierno actuó como si la batalla española fuera un asunto interno (Simões 2007; Rosas 1996; Oliveira 1988; Delgado 1980).

De forma recurrente se ha destacado el apoyo de Hitler y Mussolini al general Franco en la Guerra Civil española (Rodrigo 2016; García et al. 2016; Molina Franco y Arias Ramos 2010), pero con frecuencia se obvia la ayuda fundamental de la dictadura portuguesa a la instauración del franquismo. Salazar aborrecía el modelo democrático del republicanismo ibérico y desconfiaba del iberismo de algunos partidos políticos españoles (De la Torre Gómez 1997, 43; Pena Rodríguez 2012, 565). Para evitar contagios desestabilizadores, el conocido “ditador das Finanças” creía que la única manera de consolidar y hacer perdurable el Estado Novo en Portugal era con el cambio del rumbo político de España hacia un modelo ideológico alineado con el del régimen luso (Rosas 2012, 83; Oliveira 1988, 102). A partir de la victoria del Frente Popular, en febrero de 1936, la propaganda salazarista describió al gobierno republicano español como un peón del comunismo internacional que pretendía invadir Portugal (Oliveira 1985, 87-94). El instinto de supervivencia del salazarismo desencadenó la ayuda incondicional de la dictadura portuguesa al golpe de Estado en España, que fue percibido por Salazar como un asunto que le concernía personalmente, pues su desenlace afectaría su propio futuro político (Clímaco 2017, 71-86). En términos relativos, ningún otro país como Portugal vivió con tanta intensidad la evolución del conflicto ni hizo un esfuerzo tan grande para favorecer la victoria del fascismo español.

Las estructuras políticas, diplomáticas, corporativas y propagandísticas de la dictadura lusa sirvieron a los intereses del general Franco, que dispuso en Portugal de una extensa red de agentes que trabajaron en colaboración con el gobierno salazarista (Moreno Cantano 2013, 71-83). Para Salazar estaba en juego la independencia de Portugal, y Franco se convirtió en su gran esperanza (Meneses 2012, 254-269).

En este contexto de ayuda al golpe militar en España, una de las consecuencias que tuvo la intervención portuguesa en la guerra sobre su sociedad nacional fue la intensa campaña de propaganda que el Estado Novo y otras instituciones de referencia, como la Iglesia católica, realizaron para legitimar las decisiones del salazarismo con respecto al conflicto español, el cual podía afectar directamente la estabilidad política de Portugal (Pereira 2012, 174-191). La guerra fue entendida por Salazar como un asunto nacional que exigía adoptar políticas acordes con el enorme desafío que representaba el acontecimiento español, para evitar contagios revolucionarios que pudieran poner en riesgo la supervivencia política del propio régimen portugués y sus fundamentos ideológicos y religiosos. En este sentido, el Episcopado luso observaba con gran alarma el anticlericalismo de algunos sectores republicanos españoles, en especial cuando se produjeron los ataques contra sacerdotes, propiedades de la Iglesia y símbolos católicos.

Tanto el Gobierno como la propia jerarquía católica lusa desplegaron una actividad propagandística sin precedentes para acusar al gobierno republicano español, al que identificaban con los intereses del comunismo internacional de promover la persecución religiosa contra los católicos. De este modo, se intentaba prevenir cualquier conato de revuelta contra el statu quo político, alimentando una atmósfera pública de permanente alerta mediante la difusión de mensajes amenazantes con un doble objetivo. Por un lado, se estimulaban la agitación y movilización popular y, por el otro, se legitimaba socialmente al bando faccioso, para el que se solicitaba apoyo público contra el comunismo español, representado por el Gobierno de Madrid. En este ambiente de rechazo hacia la España republicana, mientras la Polícia de Vigilância e Defesa do Estado (PVDE) perseguía y entregaba a las autoridades franquistas a los republicanos que se internaban en Portugal mientras huían del avance de las tropas rebeldes en las zonas fronterizas durante los primeros meses de la guerra, el capitán Jorge Botelho Moniz, jefe de la Secção Militar Portuguesa de Assistência aos Legionários Portugueses em Espanha y director de Rádio Club Português, hacía propaganda contra la democracia republicana española y promovía el alistamiento de voluntarios portugueses para el ejército de Franco, los llamados “viriatos” (Pena Rodríguez 2015a).

Mediante el análisis de fuentes hemerográficas y documentales procedentes de archivos españoles y portugueses, el objetivo fundamental de este trabajo es desvelar las claves sobre el comportamiento público de la Iglesia católica lusa, a través de la acción propagandística, en relación con el conflicto español. Entre otros, el estudio aborda el caso paradigmático del influyente diario lisboeta A Voz, cuyo director, Fernando de Souza, mantuvo contacto frecuente con las autoridades eclesiásticas lusas y con redes del movimiento católico europeo, como la Comisión Pro Deo, a las que ayudó a difundir masivamente sus consignas propagandísticas. En el desarrollo de este artículo se utilizan, principalmente, técnicas descriptivas y de análisis del discurso para interpretar críticamente los contenidos de la prensa portuguesa.

La presencia de los sublevados franquistas en el Portugal salazarista

La Representación de la Junta de Burgos en Lisboa, que asumió las funciones diplomáticas del gobierno rebelde en Portugal durante la guerra, desempeñó un papel trascendental en la Guerra Civil española. A partir del 23 de octubre de 1936, tras la ruptura unilateral de las relaciones diplomáticas del gobierno de Oliveira Salazar con Madrid y la inmediata salida del embajador republicano Nicolás Sánchez Albornoz, el comité franquista en Portugal pudo desarrollar su trabajo sin restricciones, en estrecha colaboración con las instituciones del Estado Novo (Oliveira 1988, 92). A finales de 1936, la Representación de la Junta en la capital lusa estaba integrada por diversos elementos aristocráticos de la colonia española en Portugal, por miembros de la Falange Española y por exfuncionarios de la embajada a las órdenes del Gobierno de Madrid. Mariano Amoedo Galarmendi asumió la presidencia del comité arropado por ilustres personajes como José María Gil Robles, el Marqués de Quintanar, el Conde de Peña Castillo, el Marqués de Contadero y Gabriel Maura Gamazo (Oliveira 1988, 183). Con sede oficial en la legación diplomática de España, pasaron a controlar los consulados españoles en otras ciudades portuguesas, como Oporto, Faro, Valença do Minho, Elvas y Vila Real de Santo António.

Posiblemente, la embajada en Lisboa fue el principal instrumento diplomático de los rebeldes en el exterior. Su misión fue crucial para gestionar la compra de armamento en Portugal y otros países europeos. Pero también desarrolló otras funciones importantes, como transformar el territorio luso en eficaz retaguardia para su ejército, utilizar los medios de comunicación portugueses como altavoces de la propaganda franquista hacia el mundo, promover campañas de ayuda humanitaria para la zona controlada por los golpistas y gestionar el reclutamiento de ciudadanos portugueses para alistarlos en la Legión Extranjera, las milicias de la Falange Española y los requetés (Moreno Cantano 2013, 73-92). Con la aquiescencia de las autoridades portuguesas se crearon varios banderines de enganche a lo largo de la frontera con Portugal, hasta donde se trasladaba en camionetas a los voluntarios que los agentes franquistas captaban (Oliveira 2008, 145).

En la propia sede del consulado español en Lisboa funcionaba un centro de reclutamiento en el que trabajaban colaboradores portugueses que percibían una cuantía determinada por cada hombre alistado (Oliveira 1988, 247). El 3 de diciembre de 1936, un telegrama secreto del Cuartel General del Generalísimo pide al Marqués de Contadero que se intensifique el alistamiento por medio del pago de agentes que cobrarían por cada nuevo soldado reclutado: “Conviene que, poniéndose de acuerdo con nuestros amigos y nombrando agentes secretos pagándoles una cantidad por legionario inscrito, intensifiquen recluta legión para nueva bandera. Stop. Aceptamos maleantes, pero no queremos comunistas [...]”.1 Diez días más tarde, para que no faltara liquidez en los pagos de la “embajada negra”, el empresario Juan March envió 730.000 dólares.2 El reclutamiento de soldados y la orquestada propaganda a favor de Franco motivaron a los opositores al salazarismo y al franquismo en Portugal a atentar el 20 de enero de 1937 contra las instalaciones de Rádio Club Português, la Emissora Nacional y la sede diplomática del gobierno de Burgos en Lisboa, instituciones que simbolizaban la alianza estratégica entre el gobierno salazarista y el Movimiento Nacional franquista (Rodrigues 1987, 75-76).

Dentro del entramado de propaganda de la Representación de la Junta en Portugal durante la guerra, podemos distinguir tres etapas. En un primer período, desde el inicio de la guerra, el 18 de julio de 1936, hasta diciembre del mismo año, el comité rebelde estuvo más preocupado por el resultado inmediato de los combates. Por lo tanto, como es natural, en los primeros meses del conflicto la “embajada negra” intentaba mantener una propaganda radiofónica continua y un tanto improvisada dirigida a la población española, así como reclutar voluntarios y recaudar fondos para comprar armas, crear hospitales de campaña, etcétera. En una segunda etapa, a partir de mediados de 1937, a medida que la guerra se alargaba, la improvisación inicial dio paso a una planificación estratégica. Se impusieron unas directrices propagandísticas en las que primaron las relaciones constantes con la prensa y el Gobierno y otras instituciones lusas, se realizaron campañas definidas y se otorgó mayor protagonismo a organizaciones como la Falange Española (F. E.),3 que hasta entonces había pasado totalmente inadvertida. La tercera fase se inició a partir de mayo de 1938, cuando Nicolás Franco, el hermano mayor de Francisco Franco, se convierte oficialmente en el embajador del gobierno faccioso ante Portugal tras el reconocimiento del gobierno franquista por Lisboa, el 28 de abril, aunque ya en diciembre de 1937 Salazar había nombrado a Pedro Teotónio Pereira como agente especial ante el gobierno de Burgos (Braga da Cruz 2004). En esta etapa se extrema aún más la vigilancia del salazarismo sobre la prensa lusa y se estrechan las relaciones del franquismo con los medios de comunicación; así, se intenta concentrar el interés informativo de la opinión pública en las victorias insurgentes y en un mayor conocimiento del proyecto político del general Franco (Jiménez Redondo 1996; Garriga 1981).

La excepcional alianza entre Rádio Club Português, emisora dirigida por el capitán Jorge Botelho Moniz, y el Movimiento Nacional franquista fue crucial para crear un sentimiento de legitimación pública en la cruzada anticomunista contra el gobierno de la Segunda República (Pena Rodríguez 2015b). La estatal Emissora Nacional y la católica Rádio Renascença, entre otras emisoras portuguesas, también colaboraron con los agentes franquistas en Portugal, aunque de forma más discreta y calculada (Ribeiro 2005; Abreu 1996). Además hubo una importante cooperación entre las productoras cinematográficas portuguesas y la incipiente industria de cine franquista, que fraguó en un extraordinario intercambio entre la compañía Cifesa y Lisboa Film (Piçarra 2011, 38-42). La Representación de la Junta subvencionaba el montaje de los documentales y compraba material fílmico para el gobierno de Burgos en Portugal. El contacto directo de la “embajada negra” con la prensa lusa fue siempre cordial e incluso servicial.

Desde el principio de la guerra, una de las acciones que pusieron en marcha los representantes rebeldes en Portugal fue el envío de comunicados a los periódicos. El líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), José María Gil Robles, fue uno de los promotores de la fabricación de noticias favorables a los facciosos. El 21 de agosto de 1936, por ejemplo, Gil Robles envió al director del Diário da Manhã una información sobre la “descarada” intervención de Francia a favor del gobierno de la Segunda República. Según el comunicado, la aviación francesa bombardeaba indiscriminadamente el patrimonio nacional español y la población civil.4 Los comunicados remitidos por la Representación de la Junta eran publicados por los periódicos portugueses como si se tratara de exclusivas, sin contrastar las fuentes de información. En muchos casos se trataba de puras invenciones, pero la prensa salazarista era cómplice de esta propaganda (Pena Rodríguez 2012). A veces, las notas de prensa rebeldes se remitían directamente al Ministério de Negócios Estrangeiros, con el ruego, casi siempre atendido, de “dar la mayor publicidad y difusión posibles”.5 Otras, iban dirigidas personalmente a Salazar.6 El Gobierno portugués elegía los medios de comunicación que consideraba apropiados para su difusión, muchos de ellos en la órbita del movimiento católico portugués. La mayoría de los textos enviados a la prensa procedían del Servicio Nacional de Prensa de Burgos, que elaboraba comunicados o dosieres fotográficos de acuerdo con la información intercambiada con sus agentes en Lisboa, que monitorizaban con especial atención las noticias publicadas sobre la guerra de España en la presa lusa.7

Además del permanente leitmotiv de la destrucción provocada por el comunismo y el gobierno republicano, los artículos trataban sobre asuntos como la preparación de la revolución en Portugal planeada por el presidente de la República española, Manuel Azaña,8 sobre el asesinato del diputado del partido Renovación Nacional, José Calvo Sotelo, a manos de las autoridades de Madrid,9 sobre la venta en el extranjero de objetos de arte “robados” por las milicias leales,10 o sobre el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, líder de la F. E. Cuando Nicolás Franco fue nombrado oficialmente embajador en Portugal, sus primeras palabras fueron de gratitud hacia la prensa lusa: “A imprensa portuguesa soube compreender, desde a primeira hora, o momento nacional espanhol, e quando nós ainda não tinhamos jornais os vossos prestaram-nos grande auxílio. O vosso belo País teve também, na frente de batalha, cronistas que foram dos melhores e mais leais de entre todos os estrangeiros”.11

La Representación de la Junta de Burgos era la encargada de expedir los salvoconductos obligatorios para los periodistas portugueses o de otros países que pretendían entrar en territorio franquista, siguiendo, en ocasiones, las instrucciones del jefe del Gabinete Diplomático de Franco, José Sangróniz.12 A partir de 1938, sin embargo, esta tarea la asume la Falange Española,13 cuyo protagonismo era visto con desconfianza por las autoridades lusas. Los periódicos sufrían demoras o desestimaciones en la concesión de pasaportes para sus periodistas.14 Todo dependía de la “idoneidad” de los informadores y de la actitud de la propia publicación hacia el bando del general Franco. La “embajada negra” elaboró, entre octubre y noviembre de 1938, una ficha de cada uno de los periódicos diarios más importantes de Portugal, con especificaciones sobre su línea editorial, los corresponsales en el conflicto, así como los miembros del equipo de redacción, la tirada, las agencias de información que utilizaban, su situación económica, y otros datos que se remitían al Ministerio de Asuntos Exteriores de Burgos para orientar la estrategia informativa.

La reacción del Episcopado portugués ante la guerra en España

En este ambiente de apoyo público e institucional al bando faccioso español, el Episcopado portugués no fue ajeno a la acción propagandística a favor del franquismo. Al contrario, decidió utilizar sus altavoces mediáticos contra el perigo comunista proveniente de España. La Iglesia católica era una institución de gran influencia en la configuración ideológica y la legitimación pública del Estado Novo y el salazarismo, cuya doctrina política reivindicaba los valores de un exacerbado nacionalismo tradicionalista de raíces católicas (Martins 1990; Duncan 2014). La fundación en 1933 de la Acção Católica Portuguesa (ACP) por el cardenal Manuel Gonçalves Cerejeira, amigo personal de Salazar, fue un hito clave para comprender la asociación estratégica entre el catolicismo y el salazarismo y la consolidación de la dictadura (Santos 2016, 75-92). La ACP tenía una misión doctrinaria, pero también propagandística. Era la organización social de la Iglesia, con presencia en todas las diócesis del país y veinte movimientos especializados, organizados por sexo y edad, agrupados de acuerdo con la estructura del acrónimo AEIOU (Agrario, Escolar, Independiente, Operario y Universitario). Tenía el objetivo de recristianizar el país y combatir las nuevas corrientes de pensamiento o ideologías agnósticas (liberalismo, positivismo, laicismo, materialismo, o la masonería) que cuestionaban los principios del catolicismo (Lopes 2007, 57-64).

Además de Rádio Renascença (Miguel 1992) y de la revista Lumen, órgano del Episcopado portugués,15 la Iglesia era propietaria de una extensa red de publicaciones distribuidas por todo el país. Según el Anuário Católico, el número de periódicos que formaban parte de su aparato mediático era de 64 en 1930, y de 69 en 1940, sobre un total de 511 periódicos existentes en Portugal, lo que representaba alrededor del 14% (Braga da Cruz 1992, 243-44). La Diócesis de Braga, con trece publicaciones periódicas, era el principal feudo de la prensa católica. En 1932, cuando Salazar es elegido presidente do Conselho, la Iglesia poseía cuatro diarios: Novidades, en la Diócesis de Lisboa; Diário do Minho, en Braga; A União, en Azores, y O Jornal, en la Diócesis de las Islas Madeira. Además, la doctrina de la Iglesia portuguesa inspiraba a otros medios relevantes que se etiquetaban a sí mismos como católicos, entre los que destacaba uno de los diarios de referencia nacional, el diario lisboeta A Voz.16

La Iglesia católica portuguesa entendió el conflicto como una cruzada contra el comunismo internacional y su ideología atea, representada por el gobierno republicano español y sus aliados, y asumió, así, el discurso de la jerarquía eclesiástica española que se había puesto del lado de los golpistas para proteger lo que ellos consideraban los valores de la “civilización cristiana”. El Episcopado portugués, liderado por el cardenal patriarca de Lisboa Manuel G. Cerejeira, se alineó durante toda la guerra con las políticas llevadas a cabo por el Gobierno portugués para defender los intereses del general Franco. A la Iglesia le preocupaba especialmente que se produjese un contagio revolucionario anticlerical en la clase obrera lusa contra su poder social e institucional, como se había producido en ciudades y pueblos españoles, en los que se atacaron propiedades de la Iglesia con actos de vandalismo, e incluso fueron asesinados algunos sacerdotes.

Ante estos trágicos acontecimientos, la prelatura y el movimiento católico portugués reaccionaron con gran agitación contra el bando republicano español, al que se acusaba de causar desorden moral y social.17 Durante todo el conflicto, los obispos lusos organizaron decenas de actos religiosos (misas en homenaje al ejército rebelde español, tedeums, peregrinaciones, etc.) de carácter propagandístico para legitimar el golpe de Estado contra la Segunda República en España; esto para difundir la idea de que si triunfaba el comunismo no sólo estaba en juego la independencia de Portugal, sino la esencia misma de la patria y la cultura nacional portuguesas, amenazadas por hordas de ateos marxistas que estaban destruyendo el patrimonio español. Los obispos ordenaban periódicamente a los sacerdotes rezar públicamente para poner fin a los crímenes marxistas en España, mientras la prensa católica informaba sin cesar de los asesinatos religiosos cometidos por los “sem-Deus”.18 El órgano católico de las Islas Madeira, O Jornal, tomó la iniciativa de llevar a cabo una colecta popular para dotar las escuelas primarias de crucifijos, tal y como recomendaba el intelectual integralista Alfredo Pimenta en A Voz.19 También se publicaron libros y folletos en defensa de la religión católica y en contra del ateísmo comunista (Amorim 1936; Beja 1938; Baptista 1938; Vital 1938, entre otros), y se celebraron misas campales en diversas ciudades para rogar a Dios por una victoria “nacionalista”.

Posiblemente, las acciones de mayor impacto político y social organizadas por las autoridades eclesiásticas durante la guerra fueron dos pastorales anticomunistas, emitidas en marzo de 1937 y en abril de 1938, con una extraordinaria cobertura periodística. Además, el Episcopado luso difundió varios comunicados de diversa índole que alertaban sobre los peligros del comunismo y que suponían un apoyo explícito a las medidas adoptadas por el gobierno salazarista en favor del proyecto franquista de España.20 La pastoral colectiva del 8 de marzo de 1937, firmada por los quince obispos de Portugal, se tituló “A Voz do Episcopado Português sobre o comunismo e alguns graves problemas do presente”, fue leída por el cardenal Cerejeira a través de la Emissora Nacional y por los párrocos de iglesias, capillas y lugares religiosos de Portugal.

La pastoral era un durísimo alegato contra la “satánica”, “retrógrada” y “totalitaria” revolución anticristiana del comunismo español. Escenas como el fusilamiento simbólico del Sagrado Corazón de Jesús por parte de unos milicianos en Madrid, divulgado por la prensa lusa con profusión, fueron aprovechadas por la Iglesia católica para legitimar su discurso anticomunista.21 La pastoral eclesiástica expresa así su alarma por la persecución religiosa en España y el asesinato de once obispos y seis mil sacerdotes:

O mundo atravessa uma crise gravíssima, em que nao é dificil descortinar até, ás vezes, a acção de Satanás. Ainda agora, em Espanha, o ódio satánico a Cristo se traiu (mais claramente que em outra revolução anterior) na sistemática profanação do que é eucarístico e na sangrenta perseguição das pessoas consagradas a Deus. […] O comunismo ateu ameaça a civilização cristã como um flagelo universal. O machado agora está posto ás próprias raizes, que nao só a um ou outro ramo da árvore. A revolução dos nossos dias é uma revolução totalitária, que nao atinge apenas uma ou outra instituição, mas o próprio ideal cristão da vida. É a mais satánica e retrógrada de todas as revoluções: porque pretende destruir a obra da Igreja de Cristo no mundo -que é a própria continuação da obra de Redenção.22

Esta campaña fue apoyada por decenas de intelectuales, que escribieron artículos contra la matanza de sacerdotes. Uno de los autores más destacados fue Júlio Dantas, presidente de la Académia de Ciências de Lisboa, quien comparó la gravedad del momento con las revueltas anticlericales vividas en 1834 durante la revolución carlista. Dantas describió cómo los padres eran masacrados sin compasión en medio de la algarabía popular. La prensa portuguesa, de forma masiva, se hizo eco de la posición pública del Episcopado portugués, y elogió de forma apasionada y con gran vehemencia y resonancia sus argumentos, como podemos observar en el editorial del Diario de Noticias:

[…] Na literatura anti-comunista contemporânea ficará ocupando um lugar aparte, um lugar, por mais dum titulo, proeminente, esta pastoral coletiva do Episcopado português. É um documento que, sem lisonja nem exagero, honra os próceres que o subscrevem e constitue um motivo de orgulho para a consciência religiosa do nosso País. Entre o muito que se tem escrito sôbre o comunismo não sabemos se haverá páginas mais vigorosas na argumentação, mais elevadas nos conceitos, mais belas nos primores da linguagem, mais fulgurantes da inteligencia e mais vibrantes da emoção […]. (Cursiva del original)23

También el órgano del partido único del régimen, Diário da Manhã, establece que el catolicismo y el comunismo son incompatibles, y, por tanto -concluye-, una nación cristiana como Portugal pondría en peligro su propia existencia si triunfara la ideología comunista:

[…] O Episcopado português condenou solenemente o comunismo como a maior heresia e o maior flagelo do nosso tempo. A justificação dessa condenação era, aliás, obvia. Estava implícita no antagonismo das doutrinas e claramente expressa nas encíclicas e declarações pontificias. Catolicismo e comunismo são inconciliáveis! Estamos também convencidos de que não há conciliação possível entre o ideal político duma nação cristã, como é Portugal, e o comunismo. Por isso o combatemos como o mais perigoso inimigo da nossa independência e liberdade, vendo na sua acção internacional uma das maiores causas da intranquilidade e mal-estar dos povos.24

La segunda pastoral, publicada el 19 de abril de 1938, convocó al pueblo portugués y español a peregrinar al santuario de Fátima el 13 de mayo, con el objetivo de pedirle a la Virgen, en nombre de la nación portuguesa, la victoria sobre el “comunismo ateu e o benefício da paz”. La encíclica eclesiástica, con la evidente intencionalidad de prestigiar al gobierno salazarista, enfatiza el contraste entre el “holocausto” español y el remanso de paz de Portugal. El episodio vivido en junio de 1937 en Alhos Vedros,25 en el distrito de Setúbal, donde alguien provocó un conato de incendio en la capilla, sirvió para exacerbar todavía más la propaganda anticomunista y antirrepublicana en los medios de comunicación, que redoblaron su alarmismo:

[…] Fizemos o voto á luz de incendios que na vizinha nação irmã consumiam, com riquezas de arte, monumentos erguidos á glória de Deus e á educação e santificação dos homens. E corria, não sen fundamento, que os inimigos de Deus e da ordem social preparavam para breve, na oficina de satánico ódio, acontecimentos gravíssimos em Espanha e Portugal. Dois meses apenas volvidos, eis que começa o sangrento holocausto da Espanha, que dura ainda! O incendio ameaça comunicar-se ao mundo, que já não sabe defender a Cristandade. Mas Portugal, que sofre como irmão o martirio da Espanha, consegue manter a paz interna e torna-se perante a Europa, dividida e egoista, como o século XVI, o paladino da civilização cristã […]. (Cursiva del original)26

El argumento de la persecución religiosa en España era, pues, uno de los temas más recurrentes de la propaganda católica para legitimar la campaña militar del general Franco en España, a quien se defendía de las acusaciones de genocidio. La muerte de numerosos civiles provocada por los bombardeos de la aviación franquista era justificada por algunos medios católicos como daños colaterales inevitables, provocados por los propios republicanos, que instalaban su armamento en los barrios habitados (sic), tal y como lo narra A Voz en una de sus crónicas:

Quantos padres, quantos religiosos, quantos católicos ou cristãos, crucificados, enterrados ou queimados vivos, quantas religiosas violadas, quantas igrejas dinamitadas ou queimadas, quantas obras de arte preciosíssimas orgulho de Espanha, repositório sagrado de séculos de tradição religiosa e artística, destruidas, aniquiladas, perda de incalculável valor e absolutamente irremidiável?27

El segundo mensaje institucional del Episcopado luso menciona también el atentado sufrido por Salazar el 4 de julio de 1937, que la propaganda del régimen atribuyó a los reviralhistas al servicio de la causa comunista española (Madeira 2012, 85-97). Por iniciativa de los organismos corporativos del Estado Novo surgieron manifestaciones populares en diferentes puntos del país, incluida la residencia del dictador, adonde acudieron miles de personas a dejar flores y felicitaciones,28 mientras la Iglesia católica celebraba decenas de ceremonias religiosas en honor de Salazar, de nuevo con gran repercusión informativa.29 El diario A Voz afirmaba entonces que la vida de Salazar pertenecía a la nación portuguesa, como defensor del orden en Portugal y Europa: “O seu desaparecimento ser-ia uma manifesta vantagem para a Horda sinistra que por toda a parte faz sentir os seus manejos criminosos e para toda a parte expede os seus agentes [...]”, aseveraba el diario lisboeta.30 Incluso la poetisa Maria de Santa Isabel le dedica un bochornoso poema-oración titulado “Graças a Deus”:

Ajoelhemos todos a rezar!

Dando graças a Deus sinceramente,

Por ter salvo a vida a Salazar!

Que é a vida da gente.

“Salazar dos portugueses,

Salazar de Portugal,

Que nos livra de reveses,

E salva de todo o mal”.

E os nossos corações palpitam de alegría,

Enviando as mais gratas orações

Á virgem Maria.

Ha quem não pense assim? Talvez -

Mas nunca, nunca, um português.

Repete-se o milagre da Rainha

Em vez de Pão em rosas, como outrora,

Outro milagre se adivinha.

São rosas, florindo agora

Cheias de belesa,

representando a alma portuguesa,

Que vamos oferecer a Salazar!

Os nossos corações, a nossa vida

Tudo Vos queremos dar

Em prece agradecida.

A nossa crença em Vós é colosal.

Deus Vos ha de salvar.

Quem vive? Portugal

Quem manda? Salazar.31

Como muestra del agradecimiento del Episcopado portugués a la protección divina por salvar la vida de Salazar, se organizó una misa campal en el Campo do Club Internacional de Lisboa, donde el arzobispo de Mitelene, en representación del cardenal Cerejeira, afirmó que el atentado era un sacrilegio “contra o poder divino”.32 Varios obispos concederían, además, cincuenta días de indulgencia a los feligreses que rezasen unas preces por el “salvador de Portugal”, impresas y difundidas con la fotografía de Salazar, a quien el Episcopado presenta como el “baluarte da civilização cristã”, por su política de reintegrar la nación portuguesa en su misión histórica “evangelizadora e civilizadora”, en palabras del Diário da Manhã.33 El propio obispo de Beja, José do Patrocínio Dias, expresó en el Diário da Manhã que la gracia divina le había concedido a Portugal el don de tener el “timoneiro firme e sereno que conduz a nau da vida pública nesta hora gloriosa da nacionalidade portuguesa”.34 Dentro de su estrecha política de colaboración con la jerarquía y las instituciones católicas, Salazar indicó incluso al Vaticano que la prensa católica de países como Francia no debía apoyar al Gobierno de Madrid.35

El 13 de mayo de 1938 aconteció el momento posiblemente más relevante de la campaña de propaganda del catolicismo luso a favor de la España franquista, cuando se celebraba la peregrinación a Fátima para implorar por la ayuda de la Virgen ante la amenaza del comunismo español.36 Según las estimaciones del oficialista Diário da Manhã, se congregaron más de medio millón de peregrinos peninsulares, que asistieron a misas, vigilias y desfiles de las milicias del régimen, la Legião Portuguesa y Mocidade Portuguesa, junto con las Juventudes Católicas, la Acção Católica y otras organizaciones afines al Estado Novo y la Iglesia portuguesa, acompañados de exhibiciones militares aéreas que lanzaron flores sobre el santuario de Fátima.37 Las ceremonias, que incluyeron la bendición de banderas y paradas militares, fueron retransmitidas por la Emissora Nacional y reseñadas mediante extensos reportajes en los principales medios de Portugal y la España franquista. Al finalizar la guerra se celebraron también numerosas liturgias para conmemorar el triunfo del general Franco.38 Una de las más multitudinarias se efectuó en el Palacio de Cristal de Oporto, por iniciativa de la Legião Portuguesa, y contó con la asistencia de autoridades civiles, militares y consulares de varios países.39

La Guerra Civil española no pasó inadvertida para ningún obispo portugués. Todos ellos reaccionaron con gran alarmismo ante la corriente de anticlericalismo que se había extendido en algunas zonas del territorio controladas por el bando republicano español. Los prelados lusos asumieron oficialmente un discurso profundamente anticomunista y apoyaron abiertamente las políticas emprendidas por Salazar y Franco para combatir a los enemigos de Dios en un ambiente de cruzada semejante al que se vivía en la España franquista.

Fernando de Souza, A Voz y la legitimación popular del franquismo

Una de las campañas más paradigmáticas de legitimación del franquismo en Portugal fue la que desarrolló el periódico católico de Lisboa A Voz, dirigido por Fernando de Souza,40 un periodista de avanzada edad que actuó como defensor del ejército insurgente español. Durante toda la guerra, aunque sobre todo en el segundo semestre de 1936, no cesó de publicar artículos que atacaban al gobierno legal español en defensa de la causa “cristiana” del general Franco.

Aunque A Voz no era propiedad del clero, su director lo convirtió extraoficialmente en el periódico abanderado de la gran campaña de propaganda promovida por la Iglesia católica portuguesa. Se transformó en una especie de trinchera del catolicismo portugués contra el Gobierno de Madrid. Souza pretendía impedir el avance de la “anarquía” en España y propuso que la prensa portuguesa creara un “frente común” contra el comunismo español, mientras solicitaba a las autoridades eclesiásticas extremar las precauciones para evitar el contagio del marxismo.41 Para desarrollar su misión, Souza trató de sumar adhesiones entre la élite intelectual salazarista y los católicos portugueses, a quienes solicitaba constantemente su apoyo. El 25 de julio de 1936, publicó un artículo titulado “Por São Tiago! A cruzada cristã contra o bolchevismo russo”, una especie de manifiesto anticomunista en el que proclamó el deber de los católicos de utilizar las armas de la propaganda para defender su religión.42

Gracias a las gestiones realizadas por el Episcopado portugués, A Voz se convirtió en el principal altavoz utilizado por la Comisión Internacional Pro Deo (CIPD) en Portugal para difundir su propaganda a favor de los insurrectos españoles. La CIPD era una organización, con sede en Ginebra, vinculada a la Unión Internacional Anti-comunista (fundada en 1924 y presidida por Théodore Aubert), que se ocupaba de defender los intereses de la Iglesia católica y el catolicismo europeo. Su objetivo primordial era difundir campañas internacionales contra el comunismo. Dos de sus delegados, el príncipe André Kourakine, de la nobleza rusa, y George Lodygensky, viajaron a Lisboa a finales de agosto de 1936 para iniciar una campaña contra el gobierno comunista español. Esta campaña contó con la colaboración directa de A Voz, que solicitó a sus lectores el envío de propaganda anticomunista:

Esta delegação pede a todas as pessoas, que possam dar testemunho ocular ou documentos sobre as atrocidades anti-religiosas dos marxistas em Espanha e dos actos de vandalismo por eles perpetrados, o favor de os comunicarem com urgencia á Redacção da ‘Voz’. Agradecer-se-ao especialmente fotografias de mártires, dos santuários destruidos ou profanados e das manifestações anti-cristãs públicas e bem assim de publicações marxistas anti-religiosas. São muito importantes os depoimentos pormenorizados (data, localidade, etc.) sobre a morte dos confessores da fé cristã, que pela sua atitude provaram inavalável fidelidade á Igreja. A delegação agradece a todos os cristãos acudirem a este apelo e aos jornais que se dignarem reproduzi-lo. Procedendo assim, contribuem para a defesa dos nossos irmãos cristãos.43

A sus 80 años de edad, Fernando de Souza era el patriarca y decano de la prensa portuguesa, y se convirtió en el más destacado colaborador de la Comisión Pro Deo en Portugal. George Lodygensky le dedicó un artículo en el periódico de Ginebra Le Courier titulado “Um homem, um jornalista, um cristão”, en el que destaca su capacidad de trabajo, sus convicciones cristianas, su agudeza política y su febril actividad, volcada completamente con la causa solidaria de los franquistas. Según Lodygensky, Souza había convertido su periódico en el mensajero oficial de las ideas cristianas, con editoriales “sempre claros, precisos, solidamente baseados” que “são lidos com atenção não só nas esferas governamentais e pela elite do pais, mas pelas pessoas de inteligencia e cultura médias”. Su excelente clarividencia lo había llevado a confiar absolutamente en Salazar como esperanza, jefe y “guia providencial da renovação portuguesa”. Pero lo que Lodygensky más apreciaba en Fernando de Souza y sus colaboradores era que no transigían nunca “sobre os grandes principios religiosos, morais e patrióticos, que são a base da sua doutrina […]”.44

La CIPD mantuvo contactos con el director del Secretariado de Propaganda Nacional, António Ferro, y con el embajador portugués ante la Sociedad de las Naciones (SDN), Armindo Monteiro.45 Desde el inicio de la guerra, el CIPD presionó a la SDN para que adoptase medidas contra la persecución de los “católicos” en España, y le envió numerosos documentos probatorios del supuesto “genocidio marxista”. En apoyo del CIPD, A Voz criticó duramente la falta de acción inmediata de la SDN: “Lá que os católicos fiquem esmagados pelo comunismo importa pouco á SDN. O importante é defender ambições, zelar injustiças e dar força moral a todas as internacionais do crime e da traição”.46 El periódico lisboeta invita a los portugueses a luchar contra los crímenes padecidos por los católicos en el territorio leal: “Católicos de Portugal, levantemos veementemente o nosso protesto de solidariedade contra todos os crimes de que são vítimas os nossos irmãos na fé, em Espanha, e tributemos-lhes louvores pelas suas heroicidades de mártires”.47

Entre otras iniciativas, el director de A Voz fue el promotor de la mayor colecta pública nacional realizada en Portugal para recaudar fondos de ayuda humanitaria para los insurgentes españoles,48 campaña que tuvo un impacto extraordinario en la opinión pública portuguesa, secundada por decenas de medios de comunicación del país, especialmente por el Rádio Club Português, el diario O Século y la red de periódicos locales y provinciales afines al movimiento católico. La masiva adquisición de medicinas para el envío a España obligó al Instituto Pasteur de Lisboa a duplicar el número de obreros en sus laboratorios a fin de poder atender los pedidos (Cabeza Sánchez-Albornoz 1992, 257).

En octubre de 1936, A Voz adquirió una ambulancia Renault fabricada por la Sociedade Portuguesa de Automóveis por 36.000 escudos, en la que se pintaron la Cruz de Cristo y la leyenda “Oferta das Mulheres de Portugal”, que fue entregada a los responsables sanitarios del gobierno de Burgos.49 El mes siguiente se adquirió otro vehículo para el servicio de los hospitales de Salamanca, adornado con el lema “Oferta dos rapazes portugueses”. Las cantidades recibidas eran ingresadas en una cuenta especial abierta en la Caixa de Crédito e Previdência Social, gestionada por Fernando de Souza, de acuerdo con las prioridades establecidas por las autoridades franquistas.50

Los primeros transportes de material sanitario se realizaron en agosto de 1936. En aquel momento la expectación en Portugal por el desenlace de los acontecimientos bélicos era máxima. La repercusión mediática de la propaganda era enorme. La alta sensibilización social con la guerra hizo que el éxito de las campañas de donativos fuese espectacular. Según A Voz, al inicio de septiembre la colecta alcanzaba los 305.067 escudos y 4.296 pesetas de recaudación.51 Para ampliar la eficacia de la colecta, Fernando de Souza organizó una red de comisiones integradas exclusivamente por señoras de la aristocracia portuguesa, lideradas por Ana Lancastre de Laboreiro Pedrilha, que se encargaban de reclamar, pueblo a pueblo, casa a casa, la solidaridad lusitana, en colaboración con párrocos y organizaciones católicas, miembros de la União Nacional y autoridades municipales.52A Voz publicaba diariamente la lista completa de todas aquellas personas que entregaban su donativo, así como las respectivas cantidades. El periódico informaba también de algunos aspectos de la campaña, como la evolución de las cuentas, la relación de materiales comprados para los insurgentes, los envíos realizados a España, etcétera. Se reservó incluso un espacio en la portada para difundir las cartas de apoyo que llegaban al periódico, entre ellas las de los generales Gonzalo Queipo de Llano, Yagüe, y Miguel Cabanellas; los manifiestos de periódicos como O Correio do Minho,53O Correio de Coimbra, el Notícias de Covilhã; o de intelectuales como Quirino da Fonseca.54 También se publicaban relatos emocionales y crónicas de viajes de los encargados de llevar los donativos hasta Salamanca, Badajoz, Valladolid, Sevilla u otras poblaciones, como el propio Fernando de Souza, Ana Pedrilha o Carlos de Ornelas.55

La colecta decae, poco a poco, durante el primer trimestre de 1937, debido al cansancio de la sociedad portuguesa y a la menor precariedad de medios de los rebeldes. Hasta entonces, la espectacular cantidad en efectivo que se había recaudado con los donativos sobrepasaba los 700.000 escudos.56 Además del desgaste de la larga campaña, había un serio factor de desestabilización política. Las ingentes cantidades de víveres que se enviaban a España a través de las colectas de Fernando de Souza, de Rádio Club Português y otras entidades portuguesas que colaboraban con la colonia franquista habían provocado un alza en los precios de los artículos de primera necesidad en Portugal.

La inflación de los precios provocó protestas de agricultores, consumidores y algunos periodistas, que mostraron su preocupación y desagrado por la repentina carestía de algunos alimentos como el arroz, el bacalao, las patatas y el azúcar. La subida de precios afectó, particularmente, a las zonas fronterizas; problema que fue denunciado sin éxito alguno, ya que la censura lo impidió. El Conselho Técnico Corporativo del gobierno salazarista, a través de su vicepresidente, Luiz Supico, se vio obligado a dar explicaciones sobre la subida del coste de la vida eludiendo la verdadera causa. Según Supico, el incremento de los precios se debía a las paupérrimas cosechas tras un crudo invierno (sic), en el caso de los productos agrícolas nacionales, y a la inexistencia de organismos corporativos que regularan el mercado, en el caso del bacalao y el azúcar.57 Sin embargo, el diario que funcionaba como una especie de válvula de escape de la oposición al régimen, República, denunciaba que “[...] não há ventos, não há chuvas, que justifiquem um aumento desta natureza, que atinge o quádruplo do preço de há três ou quatro meses”.58

Conclusiones

Durante la Guerra Civil española, el territorio portugués se transformó en una retaguardia segura para los insurgentes españoles que pretendían derrocar el gobierno de la Segunda República. En Portugal contaron con la ayuda incondicional del Estado Novo y su aparato mediático para difundir su propaganda, lo que transformó los medios de comunicación portugueses más relevantes -controlados y censurados, por medio del Secretariado de Propaganda Nacional desde el inicio del conflicto- en altavoces internacionales del franquismo. Con la protección y el amparo de Salazar, la Representación de la Junta de Burgos en Lisboa instó a publicar comunicados, sugirió reportajes y fue fuente de incontables informaciones constantes contra el Gobierno de Madrid y a favor de Franco en las páginas de los principales periódicos y emisoras radiofónicas de Portugal. La sede de Rádio Club Português sirvió incluso como centro de alistamiento de voluntarios para el ejército franquista.

En este contexto de firme apoyo al golpe militar en España, el movimiento católico portugués, muy alarmado con algunos sucesos acaecidos en el territorio controlado por los republicanos, organizó diversas campañas de agitación propagandística, colectas populares para financiar a los rebeldes y diversas liturgias religiosas que sirvieron para legitimar y dar cobertura propagandística al franquismo en Portugal. Para este fin, aprovecharon una extensa red de organismos católicos que desarrollaron múltiples acciones contra lo que el Episcopado portugués calificó como una “revolución satánica” que ponía en peligro los fundamentos de la cultura cristiana. Los obispos lusos reaccionaron de forma unánime y condenaron la persecución religiosa en España y previnieron, de este modo, a la sociedad portuguesa de las fatales consecuencias de abrazar la ideología comunista, con la que se identificaba al gobierno democrático español.

En sintonía con la dictadura salazarista, los prelados católicos promovieron una orquestada campaña de propaganda anticomunista que incluyó la publicación de dos pastorales y una masiva peregrinación al santuario de Fátima para pedir por la protección divina de Portugal y el gobierno de Salazar, en quien veían a una especie de enviado de Dios para mantener la paz y salvar a su país de la nociva influencia del ideario comunista. Se produjo, así, una alianza tácita entre el salazarismo y el catolicismo para evitar el contagio de acciones revolucionarias del comunismo español que pudiesen poner en peligro el statu quo político nacional. La exagerada propaganda anticomunista se vio favorecida por el fallido atentado terrorista del 4 de julio de 1937 contra Salazar, que alimentó la creencia de su aura divina y sirvió para exacerbar la utilización sistemática del leitmotiv referido al perigo comunista español.

Dentro del discurso legitimador del franquismo promovido por el Episcopado luso, la campaña realizada por el diario católico A Voz fue la más paradigmática, tanto por el dinamismo desplegado por su director a lo largo de la guerra, en colaboración con organismos nacionales e internacionales para proyectar una imagen benevolente del general Franco, como por la extensa movilización popular que provocó su cobertura periodística, como colectas y otras actividades públicas de promoción para financiar al ejército rebelde en España. Además de contribuir a crear un sentimiento de legitimación mutua entre el franquismo y el salazarismo y de rechazo al gobierno legal español, estas acciones propagandísticas del movimiento católico luso aumentaron la moral de las tropas insurgentes y estimularon la identificación con los proyectos políticos autoritarios que lideraban Franco y Salazar. Como prueba de la eficacia de estas campañas, el gobierno salazarista se vio obligado a adoptar medidas contra el desabastecimiento y la carestía de algunos productos básicos que, de forma masiva, los portugueses, persuadidos por los mensajes de la propaganda católica, donaban para avituallar al ejército franquista, en su cruzada contra la revolución “satánica” que representaban los defensores de la Segunda República.

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Cómo citar: Pena-Rodríguez, Alberto. 2019. “Contra la revolución ʻsatánicaʼ. Propaganda católica y legitimación del franquismo en Portugal durante la Guerra Civil española”. Revista de Estudios Sociales 69: 41-52. https://doi.org/10.7440/res69.2019.04

* Esta investigación se enmarca dentro del proyecto de investigación Los discursos geopolíticos de la Península Ibérica durante las dictaduras de Salazar y Franco: proyectos y realidades de la alianza peninsular y su proyección internacional, Ref. HAR2015-68492-P, del Ministerio de Economía y Competitividad de España (2016-2019).

1Telegrama del Secretario General del Cuartel General del Generalísimo al Marqués de Contadero. 3 de diciembre de 1936. Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, sito actualmente en el Archivo General de la Administración. AMAE-AGA. R-1111, expediente nº 5, telegrama sin numerar, f. nº 37.

2Telegrama del Cuartel General del Generalísimo a la Representación de la Junta en Lisboa. 13 de diciembre de 1936. AMAE-AGA. R-1058, expediente nº 8, telegrama nº 333, f. nº 5.

3La F. E., fundada por José António Primo de Rivera, era el brazo político del movimiento fascista español, que aglutinaría a los diferentes sectores ideológicos del franquismo para convertirse en el partido único del nuevo régimen dictatorial. Las conexiones entre el Gobierno portugués y la Falange Española (F. E.) estuvieron marcadas por la desconfianza del salazarismo. La primera aparición pública de falangistas uniformados con un cierto eco mediático en Portugal se produjo durante el entierro del general Sanjurjo, el 21 de julio de 1936. La F. E. tuvo un papel muy discreto, especialmente por el temor que despertaba su propaganda iberista. El Estado Novo, de hecho, puso muchos impedimentos para la organización de mítines falangistas en territorio portugués y retrasó su legalización hasta 1940. Por otra parte, las relaciones entre la Representación de la Junta y la Falange Española en Portugal tampoco fueron buenas. Los falangistas se sentían discriminados por los diplomáticos rebeldes por no ayudarlos a expandir la organización en tierras lusas.

4Comunicado de prensa firmado por el “representante de la Junta de Defensa Nacional de Burgos en Lisboa” (Gil Robles). 21 de agosto de 1936. Arquivo Oliveira Salazar/Arquivos Nacionais Torre do Tombo (AOS/ANTT). CO/NE-9I, carpeta 2, 5ª subdivisión, f. nº 64.

5Oficio nº 154 de la Representación de la Junta de Burgos al Ministerio de Negócios Estrangeiros. 20 de noviembre de 1938. AGA, Fondo de Exteriores, caja nº 6638, f. nº 37.

6Carta del Marqués de Quintanar a Salazar. 9 de septiembre de 1936. AOS/CO/NE-9I, Carpeta 1, 10ª subdivisión, f. nº 42. El representante rebelde ruega al presidente portugués que después de ser utilizada, la documentación le sea devuelta por intermedio de António Ferro.

7Oficio nº 257 del Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores al embajador franquista en Lisboa. 25 de agosto de 1938. AGA, Exteriores, caja nº 6639, f. nº 7.

8Oficio nº 1548 de la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda de Salamanca a Mariano Amoedo. 27 de octubre de 1937. AGA. Exteriores, caja nº 6640, f. nº 43.

9Comunicación general nº 111 del Jefe del Servicio Nacional de Prensa de Burgos al embajador rebelde. 16 de noviembre de 1938. AGA. Exteriores, caja nº 6640, f. nº 76.

10Oficio nº 154 de la Representación de la Junta al Ministério dos Negócios Estrangeiros. 20 de noviembre de 1938. AGA. Exteriores, caja nº 6638, f. nº 16.

11Oficio nº 963 del Jefe del Servicio Nacional de Prensa de Burgos al embajador de Franco. 15 de noviembre de 1938. AGA. Exteriores, caja nº 6637, f. nº 89.

12Telegrama del Jefe del Gabinete Diplomático del gobierno de Burgos a Mariano Amoedo. 24 de octubre de 1936. AMAE-AGA. R-1111, expediente nº 5, telegrama nº 213, f. nº 165.

13Telegrama del jefe de la Falange Española en Lisboa al Delegado de Prensa y Propaganda. 5 de enero de 1938. AMAE-AGA. R-1111, expediente nº 6, telegrama nº 35, f. nº 163.

14Carta de Abel Moutinho, secretario general de la Empresa Nacional de Publicidade, al embajador de España. 28 de diciembre de 1938. AGA. Exteriores, caja nº 6640, f. nº 52.

15El primer número de la revista mensual Lumen se publicó en enero de 1937.

16Fundado en 1927, el diario A Voz contaba con 25.782 suscriptores al inicio de la Guerra Civil española (A Voz. 29 de julio de 1936, 1).

17Ligados directa o indirectamente a la estructura organizativa de la Acção Católica Portuguesa, se crearon organismos que promovieron la propaganda anticomunista, como la Associação de Senhoras da Caridade na Guerra de Espanha.

18“Contra os Sem-Deus”. A Voz. 19 de septiembre de 1936, 3.

19Alfredo Pimenta. “Crucifijos para Espanha”. A Voz. 10 de octubre de 1936, 1 y 6.

20Episcopado Portugués. “Nota do Episcopado Português”. Diário da Manhã. 19 de abril de 1938, 1 y 3.

21“Uma opinião”. Comércio do Porto. 31 de agosto de 1936, 1.

22“A Voz do Episcopado Português sobre o comunismo e alguns graves problemas do presente”. O Século. 8 de marzo de 1937, 1.

23“A pastoral colectiva e a imprensa”. A Voz. 9 de marzo de 1937, 1.

24“Anti-comunismo”. Diario da Manhã. 11 de marzo de 1937, 1.

25Oficio confidencial nº 47 del Gobernador Civil del distrito de Setúbal al ministro de Interior. 19 de junio de 1937. Arquivo do Ministério do Interior-Gabinete do Ministro (AMI/ANTT). M 486, C 40, f. 32.

26“Fôgo comunista em Alhos Vedros”. Diário da Manhã. 19 de abril de 1938, 1 y 3.

27“Os bombardeamentos em Espanha”. A Voz. 19 de abril de 1938, 1.

28“Parabéns para Salazar”. O Século. 6 de julio de 1937, 1 y 2.

29“A Igreja reza por Salazar”. O Século. 8 de julio de 1937, 2.

30“Proteção divina”. A Voz. 5 de julio de 1937, 1.

31Maria de Santa Isabel. “Graças a Deus”. A Voz. 5 de julio de 1937, 3.

32“Misa campal em Lisboa”. O Século. 11 de julio de 1937, 1.

33“Salazar e a civilização”. Diário da Manhã. 25 de abril de 1938, 1.

34“O nosso salvador”. Diário da Manhã. 23 de noviembre de 1937, 1.

35Telegrama nº 3 de Oliveira Salazar a la Legación Consular de Portugal en el Vaticano. 10 de mayo de 1937. AOS/ANTT, AOS/CO/NE-9D, Pasta 2, 13ª subdivisión, ff. nº 241-245.

36“Fátima contra o comunismo espanhol”. Diário da Manhã. 13 de mayo de 1938, 4.

37“A Legião em Fátima”. Diário da Manhã. 14 de mayo de 1938, 1 y 8.

38“A Igreja agradece a Franco”. A Voz. 3 de abril de 1939, 8.

39“Manifestação no Porto”. Diário da Manhã. 3 de abril de 1939, 8.

40Fernando de Souza ocupó varios puestos directivos en la empresa nacional de ferrocarriles, pero destacó en especial por su actividad periodística. Ideológicamente, era un monárquico y católico militante. Fue director de Correio Nacional, A Palabra, Portugal, A Ordem y A Época. En enero de 1927 fundó A Voz, que se convirtió en un diario de referencia nacional. Dirigió también Gazeta dos Caminhos de Ferro y publicó numerosos trabajos sobre religión, política y técnica ferroviaria, entre ellos Religião, moral e política (Lisboa, 1897) y Religião e Monarquia (Lisboa, 1923).

41“O que se escreve acêrca de Espanha”. A Voz. 30 de julio de 1936, 1.

42Fernando de Souza. “Por São Tiago! A cruzada cristã contra o bolchevismo russo”. A Voz. 25 de julio de 1936, 1 y 2.

43“A Comissão Internacional Pro Deo e os acontecimentos de Espanha”. A Voz. 27 de agosto de 1936, 1.

44“Um homem, um jornalista, um cristão”. A Voz. 12 de octubre de 1936, 1.

45“Lodygensky visita o SDN”. A Voz. 1 de septiembre de 1936, 1 y 2.

46“Os crimes da SDN”. A Voz. 8 de noviembre de 1936, 1.

47“Genebra não defende os católicos”. A Voz. 8 de noviembre de 1936, 1.

48Fernando de Souza también colaboró en otras colectas populares. En noviembre de 1936, por ejemplo, se ocupó en la recaudación del diario Novidades para adquirir altares destinados a las iglesias de Madrid, cuando la capital española fuese conquistada. Véase “Em ajuda de Madrid”. A Voz. 25 de noviembre de 1936, 6.

49“Oferta de mulheres de Portugal”. A Voz. 7 de octubre de 1936, 1.

50“As contas da suscrição popular”. A Voz. 24 de octubre de 1936, 1.

51“Donativos para Espanha”. A Voz. 1 de septiembre de 1936, 1.

52“A ajuda dos portugueses”. A Voz. 17 de noviembre de 1936, 1.

53“Saudações dos heróis espanhóis”. A Voz. 24 de agosto de 1936, 1 y 2.

54“Manifestos de apoio”. A Voz. 30 de octubre de 1936, 1.

55“Viagem pela Nova Espanha”. A Voz. 28 de agosto de 1936, 1.

56“Mais apoios para Franco”. A Voz. 28 de enero de 1937, 2.

57“Inflação de preços”. O Século. 20 de diciembre de 1936, 1 y 2. “Produtos mais caros?”. Diário de Lisboa. 4 de noviembre de 1936, 4 y 5.

58“O bacalhau em Portugal”. República. 26 de agosto de 1936, 5.

Recebido: 03 de Julho de 2018; Aceito: 29 de Novembro de 2018

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