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Psicogente

versão impressa ISSN 0124-0137

Psicogente vol.20 no.37 Barranquilla jan./jun. 2017

http://dx.doi.org/10.17081/psico.20.37.2425 

Resultado de investigación

Análisis de la resiliencia en personas divorciadas, según su nivel educativo e ingresos económicos *

Analysis of resilience in divorced people according to their educational and income levels

Victoria Eugenia Cabrera García 1   , Karla Tatiana Casas Rojas 2   , Sandra Liliana Pardo Hernández 3   , Diana Margareth Rodríguez Martínez 4  

1Psicóloga, Profesora y Coordinadora de Investigación del Instituto de la Familia, Universidad de la Sabana, Colombia. Email: victoria.cabrera@unisabana.edu.co http://orcid.org/0000-0001-8907-5655

2Magíster en Formación de Asesoría Familiar y Gestión de programas para la Familia, Psicóloga, Universidad de la Sabana, Colombia. Email: karlacaro@unisabana.edu.co http://orcid.org/0000-0002-6331-0044

3Magíster en Formación de Asesoría Familiar y Gestión de programas para la Familia, Orientadora Escolar, Universidad de la Sabana, Colombia. Email: sandraparher@unisabana.edu.co http://orcid.org/0000-0002-5325-1837

4Magíster en Formación de Asesoría Familiar y Gestión de programas para la Familia de la Universidad de la Sabana, Colombia, Orientación Familiar. F.U.M. Email: dianarodma@unisabana.edu.co http://orcid.org/0000-0002-7053-9146

Resumen

El propósito de esta investigación fue identificar los niveles de resiliencia en personas divorciadas de acuerdo con el nivel educativo y los ingresos económicos. Para Gómez (2010), las situaciones adversas se afrontan mejor con adecuados niveles de resiliencia. El estudio contó con 139 parti cipantes divorciados, hombres (44,6 %), y mujeres (55,4 %); con estudios básicos (48,2 %), con estudios universitarios (51,8 %), con ingresos económicos inferiores a $1.800.000 (60,4 %), y superiores a $1.800.000 (39,6 %). Se utilizó una metodología cuantitativa, con diseño transversal, se corrieron Análisis de Varianza (ANOVA) con el fin de responder a las preguntas de investiga ción. Las personas con educación superior mostraron mayores niveles de resiliencia en compe tencia social y apoyo social, así mismo, los que tenían mayores ingresos económicos mostraron mayor fortaleza y confianza en sí mismos, competencia social, apoyo familiar y estructura; a su vez, se encontró un efecto de interacción entre el nivel de ingresos económicos y el nivel educativo en fortaleza y confianza en sí mismos. Para futuras investigaciones se sugiere profundizar en estos resultados a nivel cualitativo.

Palabras-clave: Resiliencia; Divorcio; Nivel educativo; Ingresos económicos

Abstract

The purpose of this research was to identify levels of resilience in divorced people according to their education and income levels. For Gomez (2010), adverse situations are best dealt with ad equate levels of resilience. The study involved 139 divorced participants: divorced men (44.6 %) and women (55.4 %); with basic education (48.2 %), college educated (51.8 %), with an income of less than COP $1.8 million (60.4 %) and with an income higher than COP $1.8 million (39.6 %). The methodology was quantitative with a cross design and ANOVAS were run in order to answer the research questions. People with college education showed higher levels of resilience in social competence and social support. Furthermore, those with higher income showed greater strength and self-confidence, social competence, family support and structure. In addition, an effect was found between the interaction of levels of income and education level, and the in strength and self-confidence. For future research, it is suggested to deepen these results on qualitative level.

Key words: Resilience; Divorce; Education level; Economic income

Introducción

A lo largo de la historia de la humanidad, el fenó meno de los conflictos humanos ha sido abordado des de distintas disciplinas. Hoy en día, los problemas con tinúan siendo consustanciales a la vida cotidiana, pero más trascendente aún es la forma en que se afrontan. Una de estas experiencias es el divorcio, el cual causa un profundo impacto en la sociedad, la familia y sus miem bros. Aunque el divorcio cristaliza una situación que ya era conflictiva, incita a oficializar la ruptura de la pareja y el núcleo familiar (Pérez, Castillo & Davins, 2006).

Cuando los conflictos entre los cónyuges se ha cen cada vez más frecuentes y difíciles de solucionar, se considera el divorcio como una alternativa para resolver los problemas matrimoniales, según Jiménez, Amaris y Valle (2012). A partir de esta decisión entran en juego factores claves en la resolución y el restablecimiento de la vida de las personas.

Aunque los seres humanos cuentan con una capa cidad inherente para sobreponerse ante situaciones des favorables, para Gómez (2010), las situaciones adversas se afrontan mejor con adecuados niveles de resiliencia. Según Rutter (1993), la resiliencia es un término adapta do a las Ciencias Sociales para caracterizar aquellas per sonas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos. Otros autores la definen como la capacidad humana universal para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas o, incluso, ser transformado positivamente por ellas (Martínez, 2011; Grotberg, 2003). La resiliencia es parte del proceso evolutivo y debe ser promovida desde la niñez (Grotberg, 1995). Para Kotliarenco, Mardones, Melillo y Suárez (2000) es el constructo que se implementa para representar las adaptaciones positivas en medio de la adversidad.

Por su parte, Vanistendael (1994) define la resiliencia como la capacidad de una persona o sistema so cial de enfrentar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable. Asimismo, Rutter (1993) explica que la resiliencia se ha caracterizado por un con junto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibili tan tener una vida sana, viviendo en un medio insano. Se han desarrollado estudios sobre resiliencia en niños y adolescentes en relación con diferentes tipos de adversi dades como, por ejemplo, el maltrato (Henry, 1999), el abuso sexual (De Arce & Aguayo, 2006) o la influencia de las guerras (Berk, 2002). Ahora bien, la resiliencia no solo ha centrado sus estudios en la infancia y la ado lescencia, sino que también ha mostrado su validez en otros grupos de edad (Saavedra, 2005) y para otro tipo de adversidades aplicadas a la etapa adulta: atentados (Calderón, Espinosa & Techio, 2004), desigualdad o violencia de género (Santana, 2010) y afrontamiento de enfermedades graves.

Estudios sobre la resiliencia muestran un énfasis investigativo tendiente a analizar el resultado del proce so de afrontamiento de una situación estresante, que permite al individuo mantener su equilibrio y mostrar una buena adaptación a pesar de estar expuesto a una dosis de adversidad significativa. Esta resistencia frente a la adversidad y la capacidad para construir conductas vitales positivas, con el fin de alcanzar niveles de calidad de vida adecuados, se conoce con el nombre de resiliencia (Kotliarenco, Cáceres & Fontecilla, 1997). En este orden de ideas, y de acuerdo con los objetivos de esta investigación, la resiliencia podría ayudar a las personas a enfrentar situaciones estresantes, en este caso el evento del divorcio.

Según diferentes teóricos, el divorcio es un fenó meno indeseable para las personas que lo viven y para la sociedad entera, y no contribuye a la sostenibilidad social y económica de la familia (Cabrera, Docal, Muñoz & Olaya, 2015; Amato, 2000).

En Colombia se ha incrementado el divorcio en los últimos años. Durante el tercer trimestre del 2014, se reportaron 17.644 registros de matrimonio frente a 4.881 divorcios en el mismo trimestre (Boletín estadís tico notarial N° 4 de diciembre de 2014). Su vivencia afecta significativamente a los integrantes de las parejas y familias que lo experimentan. Es importante considerar que la severidad y duración de los efectos del divorcio varían de persona a persona, dependiendo de la presen cia de una variedad de factores de protección (Amato, 2000). Entre estos factores se pueden considerar las ca racterísticas de resiliencia que tengan las personas. Al gunos estudios han encontrado que la tristeza, angustia, depresión, consumo de alcohol y problemas de salud subsisten alrededor de dos o tres años después de la se paración, lo cual se enmarca en el modelo de la crisis temporal.

Si bien es cierto que en otros países las personas divorciadas reciben apoyos de diferente índole, en el contexto nacional la situación no es igual, pues todavía se estigmatiza de manera negativa y con actitud de exclu sión a las personas que están viviendo este fenómeno. En este orden de ideas, sería interesante investigar los ni veles de resiliencia de las personas durante la ocurrencia del fenómeno del divorcio, teniendo en cuenta su nivel educativo e ingresos económicos para observar si estos recursos les ayudan a enfrentar mejor este evento.

Concepción de la resiliencia

Para efectos de este estudio se siguió la propuesta de Palomar y Gómez (2010), quienes contemplan cinco factores para evaluar la resiliencia. Estos son:

La fortaleza y confianza en sí mismo, que se define como el "sentimiento de adecuación, eficiencia y compe tencia en el afrontamiento de los retos y amenazas que, inevitablemente, se presentan en la vida de cualquier persona" (Palomar & Gómez, 2010, p.11). Los ítems o reactivos que forman parte de este factor se refieren a la claridad que las personas tienen sobre sus objetivos y al esfuerzo que hacen por alcanzar sus metas. También se integra con la confianza que tiene la persona de alcanzar el éxito, al optimismo, la fortaleza y la tenacidad con la cual enfrentan los desafíos; mostrando recursos para hacer frente a los eventos estresantes o perturbadores. Es decir, que la fortaleza le permite al individuo adaptarse y sobreponerse a condiciones adversas. Por su parte, Selig- man (2003) agrega que las fortalezas actúan a modo de barrera contra la desgracia y los trastornos psicológicos, y pueden ser la clave para aumentar la capacidad de re cuperación en tiempo de crisis. De esta manera, al pasar por la experiencia del divorcio se pueden experimentar sentimientos de frustración personal y tristeza debidos a la dificultad de continuar con las metas, generando incertidumbre de alcanzar los objetivos del día a día.

La competencia social se refiere a la "capacidad o habilidad del sujeto para interactuar exitosamente con su ambiente y lograr la satisfacción legítima de sus nece sidades, al ejercer determinada influencia sobre sus se mejantes. Es una cualidad muy relacionada con la salud, el ajuste emocional y el bienestar de los individuos" (Pa lomar & Gómez, 2010, p.11). Las competencias sociales son aquellas aptitudes necesarias para tener un compor tamiento adecuado y positivo que permita afrontar efi cazmente los retos de la vida diaria. Son comportamien tos o tipos de pensamientos que llevan a resolver una situación de manera efectiva, es decir, aceptable para el propio sujeto y para el contexto social en el que está.

Un individuo con déficit en sus habilidades so ciales básicas tiene mayores probabilidades de afrontar problemas emocionales y dificultades en su competen cia social, lo que lo hace más vulnerable a causa de la frustración de necesidades como seguridad, aceptación, realización; y puede provocar que obtenga menos refor zamiento social en general, lo que, además, daña su au toestima y su sentimiento de identidad. Es decir, la falta de competencia social en medio de una situación tan estresante como el divorcio puede provocar baja autoes tima y, por tanto, altos niveles de malestar.

El apoyo familiar hace referencia a las relaciones familiares y al apoyo que brinda la familia a quien atra viesa una situación de impacto o crisis. En este sentido, Palomar y Gómez (2010) se refieren "al tiempo que com parten los miembros de la familia, la lealtad que existe entre ellos y las fortalezas de los lazos familiares" (p.11). Por su parte, Seccombe (2000) resalta que los factores familiares y sociales son un soporte y, a su vez, un miti gador de los efectos negativos del estrés, promueven las habilidades y la autoestima necesaria para sobreponerse a la adversidad. Las relaciones positivas y mayormente las del contexto familiar se identifican como promotoras de autoestima y autosuficiencia necesarias en momen tos de crisis personal. En este caso, el apoyo familiar, en medio del divorcio y la tristeza, permite lidiar con los sentimientos negativos.

Al respecto, Athié y Gallegos (2009), en su inves tigación sobre la relación entre la resiliencia y el fun cionamiento familiar, encontraron una relación entre el factor de resiliencia que orienta a las personas hacia el futuro y los factores del funcionamiento familiar, es decir, las personas son más resilientes cuando cuentan con comunicación, cohesión familiar, tiempo compar tido, roles compartidos, autoridad, fomento de la auto nomía e independencia. Continuando con lo expuesto por Athié y Gallegos (2009), y específicamente hablando de aquellos factores protectores que se dan producto de la relación de apoyo entre padres e hijos, se muestra, en primer lugar, que el sistema de creencias familiares, que da un significado a situaciones de crisis como la sepa ración o el divorcio, puede o no facilitar la superación de este evento. En segundo lugar, se hace referencia a la estructura familiar y la forma de organización y lideraz go que en ella se observa, así el soporte mutuo será de mayor ayuda. Se destaca a la familia como sistema de influencia a nivel preventivo, lo cual permite desarrollar en sus integrantes factores de protección al proporcionar herramientas con las cuales enfrentar adversidades, des de el establecimiento de relaciones de confianza y de cui dado, promoviendo la cohesión y el apoyo. El ambiente familiar es uno de los factores más importantes para que las personas desarrollen un mejor nivel de resiliencia.

En cuanto al apoyo social, este se refiere a "los vínculos existentes entre el sujeto y un conjunto de personas con las cuales es factible el intercambio de co municación, solidaridad y confianza" (Palomar & Gó mez, 2010, p.11). Briceño (2014) cita a Melillo y Suárez (2004), quienes definen el apoyo social por la presen cia o ausencia relativa de recursos de apoyo psicológico provenientes de otras personas significativas. Conjunto de recursos humanos y materiales con que cuenta un individuo o familia para superar una determinada crisis, enfermedad, condiciones económicas difíciles, rupturas familiares, divorcio. Este factor se centra, principalmen te, en los amigos y hace referencia al hecho de contar en los momentos difíciles con personas que puedan ayu dar, que se puedan preocupar y den aliento (Palomar & Gómez, 2010). Las personas que no tengan amigos de referencia o de apoyo pueden presentar episodios de profunda soledad y tristeza en una situación de crisis como el divorcio.

Finalmente, en cuanto a la estructura , esta se re fiere a la facilidad que muestran las personas en la or ganización y el orden de su vida a partir de las reglas y las actividades que llevan a cabo (Palomar & Gómez, 2010). Los individuos resilientes son sistemáticos y or ganizados. Aun cuando al afrontar sus problemas sean flexibles, contar con un proyecto de vida claro y tener facilidad para desarrollarlo es un aspecto importante en el momento en el que la persona deba continuar su vida después de la situación que lo haya impactado. Es importante aclarar que la resiliencia no protege a las personas de eventos negativos o impactantes, sino que las ayuda en el proceso de reestructuración de sus vidas (Friborg, Hjemdal, Rosenvinge & Martinussen, 2001).

Según lo anterior, la persona que logra planificar, que muestra disponibilidad y autocontrol con relación a reglas, rutinas y que prefiere la planeación de sus ac tividades al considerar que es mejor la calidad de sus trabajos con metas claras y buena organización; tendría mayor capacidad para afrontar las situaciones que im pacten o generen crisis en su vida. La planificación y la organización se asocian con la autorrealización y el crecimiento, de igual manera, ese crecimiento tiene alta incidencia en la capacidad de afrontamiento de una per sona ante su separación o divorcio (Aciego, Domínguez & Hernández, 2005). Asimismo, el divorcio puede ge nerar un deterioro en el normal funcionamiento de la dinámica personal y laboral e interferir con las rutinas y hábitos sociales.

Algunos factores sociodemográficos como el nivel educativo y el nivel de ingresos pueden mostrar diferen cias en el nivel de resiliencia.

Según Delgado (2014), para la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (FEDESARROLLO), el nivel educativo se ha dividido en cuatro niveles: la educación preescolar, la educación básica, la educa ción media y la educación superior. Martínez (2011) en su estudio "La educación para una sociedad resiliente", indica que la resiliencia constituye una competencia personal imprescindible para afrontar con éxito las si tuaciones y experiencias dolorosas y problemáticas, pro poniendo que el sistema educativo y las familias deben ser responsables de la educación de la competencia en resiliencia. La resiliencia así concebida se convierte en una meta-competencia crítica y transversal en los tiem pos actuales, que debe abordarse en todos los niveles de la educación, desde la educación infantil hasta la uni versidad.

Por otro lado, Cabrera, González, Vargas y Franco (2012), en su investigación, encontraron que los proble mas académicos como el bajo rendimiento, el fracaso y la deserción escolar tienen una relación directa con la conducta transgresora o antisocial en menores de edad con dificultades en el desarrollo de habilidades cogniti- vas, lo cual contribuye, como factor de vulnerabilidad, a la conducta delictiva en la adolescencia y, posteriormen te, a lo largo del ciclo vital. De otra manera, un mayor nivel educativo puede promover habilidades cognosciti vas tendientes a una mejor adaptación al medio y, por tanto, la capacidad de enfrentar las situaciones adversas que este provee.

En su estudio, Baum (2003) expone que existe una serie de elementos que mediatizan la adaptación de las parejas ante un divorcio, dentro de ellos se destaca el nivel socioeconómico y educativo de los cónyuges, en contrando al respecto que a mayor estatus socioeconó mico y nivel educativo de los involucrados, mejor fue la forma en que ambos cumplían sus funciones parentales y cooperaban entre ellos.

Por su parte, los ingresos económicos hacen refe rencia a todas las entradas monetarias que percibe una persona, una familia, una empresa, una organización, un gobierno. De acuerdo con Amato (2000) en cuanto a los efectos del divorcio y los factores de riesgo y a las diferencias por género, las mujeres presentan mayores consecuencias económicas, ya que perciben que su nivel de vida disminuye, lo cual parece estar relacionado con historias laborales generalmente más discontinuas, un mayor conflicto trabajo-familia y la discriminación labo ral y salarial. Por su parte, Morgado, Gonzales y Jiménez (2003), citados por López (2009), encontraron que el 70 % de las familias monoparentales (generalmente constituidas tras el divorcio y encabezadas por una mu jer) no contaban con ingresos suficientes.

La mayor probabilidad de que cualquiera de los cónyuges pida el divorcio ocurre cuando sus ingresos económicos son casi iguales y son pocas las obligaciones financieras recíprocas (Rogers, 2004).

Continuando con lo expuesto, un estudio que mide la incidencia de factores como sexo, edad, ingreso, estado civil y norma de grupo respecto a la actitud ha cia el aborto inducido obtuvo entre sus resultados emo ciones negativas hacia la probabilidad de llevar a cabo la solicitud de interrupción del embarazo. Además, la desaprobación parece incrementarse en mujeres, adultas jóvenes, con ingresos económicos que superan el míni mo y en proceso de separación o divorcio, así como en aquellas pertenecientes a grupos liberales o progresistas, según García, Carreón, Hernández, Bautista y Méndez (2012). Es decir, con mayores ingresos económicos al mí nimo legal vigente existe una menor probabilidad de in terrumpir el proceso de embarazo y afrontar de manera adecuada la nueva experiencia.

En este orden de ideas, la pregunta que guía este estudio es: ¿existen diferencias significativas en los facto res de resiliencia en medio del divorcio respecto al nivel educativo e ingresos económicos?

Método

Tipo de investigación

Estudio cuantitativo transversal, descriptivo. Con el fin de responder a las preguntas de investigación se co rrieron Análisis de Varianza (ANOVA) y la interacción de las variables demográficas, nivel educativo e ingresos económicos.

Participantes

Se contó con 139 personas de nacionalidad co lombiana que se habían divorciado en un periodo no mayor a tres años (según Sabatelli & Ripoll (2004), el duelo del divorcio dura aproximadamente tres años) y que tuvieran al menos un hijo, 77 (55,4 %) de sexo femenino y 62 (44,6 %) de sexo masculino. Para el ni vel educativo, los participantes se organizaron en dos grupos así: grupo 1: estudios de primaria, secundaria y media con 48,2 %; grupo 2: algunos estudios universita rios, pregrado y posgrado con 51,8 %. Para los ingresos económicos, el primer grupo se conformó con las perso nas que tienen ingresos económicos hasta $1.800.000 y que corresponde al 60,4 %; el segundo grupo corres ponde a personas con ingresos económicos superiores a $1.800.000, que equivale al 39,6 % de los participantes.

Instrumentos

Se diseñó un cuestionario que recogía informa ción sobre el sexo del participante, el nivel educativo, los ingresos económicos, entre otras variables demográfi cas, así como se aplicó la Escala de Resiliencia Mexicana RESI-M, desarrollada por Palomar y Gómez (2010). Esta escala se compone de 43 ítems divididos en cinco facto res: Fortaleza y confianza en sí mismo, (a = .92); compe tencia social, (a = .87); apoyo familiar, (a = .87); apoyo social, (a = .84); y estructura, (a = .79). Para efectos de este estudio, en el factor competencia social el alpha fue de .89; apoyo familiar, alpha de .90; apoyo social, alpha de .88 y en el factor estructura, alpha de .73. En el factor fortaleza y confianza en sí mismo se obtuvo el mismo ni vel de confiabilidad que en la escala original. La resiliencia total es el promedio de todos los factores nombrados anteriormente.

Procedimiento

Para la recolección de la información se diseñó una aplicación para Internet desde Google Application con el objetivo de recibir los cuestionarios en línea, lo grando así reducir el margen de error y garantizando mayor confidencialidad de los datos. Los participantes se contactaron a través de la estrategia "bola de nieve" que busca contactar un participante a través de otro. Se explicaron los objetivos del estudio y que la información sería utilizada de manera confidencial y anónima, solo para los fines de la investigación. La participación fue voluntaria con previa firma del consentimiento infor mado.

Resultados

Los análisis de datos se corrieron a través del pro grama SPSS versión 21.

En primer lugar, se analizaron los estadísticos des criptivos de las variables de resiliencia del estudio.

Tabla 1 Estadísticos descriptivos de las variables de estudio 

Fortaleza y confianza en sí mismo Competencia social Apoyo familiar Apoyo social Estructura Resiliencia total
3,39(.44) 3,23(.56) 3,41(.58) 3,54(.47) 3,15(.52) 3,34(.37)

Nota: Media (Desviación estándar)

La Tabla 1 muestra que los participantes del es tudio obtuvieron el puntaje más alto en apoyo social, seguido por apoyo familiar. En contraste, la media más baja se obtuvo en estructura, es decir, en la organización y el orden de la vida de las personas a partir de las reglas y las actividades que llevan a cabo.

Análisis de diferencias de medias en la resiliencia de acuerdo con el nivel educativo

Se encontraron diferencias significativas según el nivel educativo en competencia social (F(1,138) = 4.51; p=.03), es decir, las personas con estudios universitarios y de posgrado (M=3,33) muestran mayores habilidades en equilibrarse con los otros y con su ambiente que las que tienen estudios básicos (M=3,13). Asimismo, se en contraron diferencias en apoyo social (F(1,138) = 6.55; p=.01), es decir, las personas de educación universitaria y posgrado (M=3,64) presentan mayor nivel de apoyo de los amigos que los de educación básica (M=3,43).

No se encontraron diferencias en la fortaleza y confianza en sí mismo (F(1,138)=1.69; p=.19), tampo co hubo diferencias significativas en apoyo familiar

(F( 1,138) =.004; p=.95), en estructura (F( 1,138) =.34; p=.56), ni en la resiliencia total (F(1,138) =3.08; p=.08). Esto quiere decir que las personas con nivel educativo básico y nivel educativo universitario pueden contar con fortaleza y confianza en sí mismas, con apoyo familiar, capacidad de organizarse en sus tareas y rutinas, como en su resiliencia total.

Análisis de diferencias de medias en la resiliencia de acuerdo con los ingresos económicos

Se encontraron diferencias significativas en forta leza y confianza en sí mismo (F(1,138) =12,78; p=.000), es decir, que las personas que tienen ingresos econó micos superiores a $1.800.000 evidencian mayores ni veles de aceptación de sí mismo y consecución de lo gros (M=3,55), en contraste con los que cuentan con ingresos económicos inferiores a $1.800.000 (M=3,29). En competencia social (F(1,138) =9,79; p=.002), los re sultados demuestran que las personas agrupadas en los ingresos económicos superiores a $1.800.000 presentan mayores competencias para equilibrarse a las personas de su entorno (M=3,41), en contraste con los que ga nan hasta $1.800.000 (M=3,11). En cuanto el apoyo fa miliar (F(1,138) =6,92; p=.009), también se encontraron diferencias significativas para las personas que tienen ingresos económicos mayores a $1.800.000 (M=3,57), es decir, que existe mayor lealtad entre la familia en con traste con las personas que tienen ingresos económicos menores a $1.800.000 (M=3,31). En cuanto a estructura también se obtuvieron resultados significativos (F(1,138) =9,76; p=.002) al observarse que las personas que tie nen ingresos económicos por encima de $1.800.000 dan continuidad a sus proyectos de vida (M=3,32), en contraste con las personas que tienen ingresos econó micos por debajo de $1.800.000 (M=3,04). Respecto al nivel de resiliencia total también se encontraron dife rencias significativas (F(1,138) =15,77; p=.000), es decir, entre las personas con ingresos económicos superiores a $1.800.000 (M=3,49) y las personas con ingresos econó micos menores a $1.800.000 (M=3,25).

No se encontraron diferencias significativas en apoyo social (F(1,138) =2.95; p=.088), es decir, que las personas con ingresos económicos inferiores y superio res a $1.800.000 obtuvieron apoyo de sus amigos en su proceso de divorcio.

Efecto de interacción entre nivel educativo e ingresos económicos en las distintas dimensiones de la resiliencia

En cuanto a la fortaleza y confianza en sí mismo se encontró un efecto de interacción entre el nivel edu cativo y el nivel de ingresos (F(3,138) =5.39; p=.02), a2 =.038, es decir, que las personas con un nivel educati vo básico y que ganan más de $1.800.000 (M=3.67) de muestran mayores niveles en esta dimensión, seguidos por los que tienen una educación universitaria y ganan más de $1.800.000 (M=3.49). Le siguen los que tienen educación universitaria y ganan menos de $1.800.000, (M=3.38) y, finalmente, los que tienen educación básica y ganan menos de $1.800.000 son los que demuestran menor fortaleza y seguridad en sí mismos (M=3,22) (ver Figura 1).

No se encontró un efecto de interacción entre el nivel educativo e ingresos económicos en el resto de fac tores de la resiliencia.

Figura 1 Efecto de interacción entre el nivel educativo e ingresos económicos en la Fortaleza y confianza en sí mismo 

Discusión

El objetivo del estudio fue identificar los niveles de resiliencia en personas divorciadas de acuerdo con el nivel educativo y los ingresos económicos. Los resul tados evidenciaron que sí existen diferencias significati vas según las variables sociodemográficas estudiadas en cuanto al nivel de resiliencia en medio del divorcio.

Las personas con estudios universitarios de pre grado y/o posgrado presentaron mayores niveles de resiliencia en competencia social y apoyo social que las que tienen educación básica, es decir, que poseen más capacidades para interactuar exitosamente con otras personas y con su ambiente, así como mayor apoyo de sus amigos, recursos que proporcionan comunicación, solidaridad y confianza en medio del divorcio. No se trata solo de contar con personas, sino que estas se caracterizan porque pueden ayudar y dar aliento. Este resultado concuerda con lo encontrado por Cabrera et al. (2012), quienes consideran que las personas con mayor nivel educativo tienen mejor adaptación ante las adversidades. Siguiendo las ideas de Martínez (2011) y Grotberg (2003), y en línea con los resultados de esta investigación, las personas divorciadas pueden desarro llar competencias sociales y contar con apoyo social para hacer frente a su proceso de separación e, incluso, ser transformadas positivamente por este. Aunque los resul tados están dirigidos a las personas de alto nivel educati vo, también se podría trabajar, desde edades tempranas, con personas de bajo nivel educativo con el objetivo de fomentar procesos de resiliencia en ellas.

Los aportes de Kotliarenco et al. (1997), que ha cen énfasis en los estudios de Bradley, Whiteside, Mundfrom, Casey, Kelleher y Pope (1994) sobre los riesgos de los niños y niñas con dificultad económica, quienes son más propensos a contraer enfermedades físicas con más frecuencia y presentar deficiencia en el apoyo social; coinciden con los resultados del presente estudio. Es de cir, los resultados permiten afirmar que los niveles de resiliencia son altos en las personas que tienen mayores ingresos económicos, como se evidencia en este estudio, en la fortaleza y confianza en sí mismo, en la competen cia social, el apoyo familiar, la estructura y la resiliencia total. Esto quiere decir que son personas que a pesar de afrontar la crisis del divorcio tienen claridad sobre sus objetivos, presentan un equilibrio social con buen ajuste emocional, existe lealtad entre la familia, hay continui dad en los hábitos y rutinas sociales, en contraste con las personas que tienen menos ingresos económicos. Esto lleva a pensar que un buen nivel de ingresos económicos puede ayudar a enfrentar una situación adversa como el divorcio. Algunos investigadores explican que, en medio del divorcio, los esposos que poseen pocos recursos eco nómicos experimentan una disminución en su felicidad. A su vez, los asuntos económicos tienden a ser una causa importante de ruptura matrimonial (Rogers, 2004).

Por otro lado, fue interesante analizar que los in gresos económicos y el nivel educativo de las personas jugaron, simultáneamente, un papel significativo en el nivel de resiliencia en medio del divorcio. Es decir, que el efecto de los ingresos económicos en la fortaleza y con fianza en sí mismo, indicadores de resiliencia, depende de los niveles de formación educativa de las personas, quienes se sienten competentes y eficientes al afrontar el divorcio de acuerdo con su nivel de ingresos y nivel educativo, simultáneamente.

Los resultados de este estudio abren un debate interesante en la psicología y en el análisis de las situa ciones adversas. La cuestión por analizar consiste en si las personas pueden hacer frente al divorcio y ajustarse a este gracias a un alto nivel de ingresos económicos, a contar con características de resiliencia o gracias a un alto nivel educativo. Como lo explica Grotberg (2003), es necesario contar con factores protectores en medio de la vivencia de una adversidad, en este caso el divorcio. Sería interesante continuar este debate en futuras inves tigaciones con el fin de analizar el peso o la importancia de estos factores sociodemográficos en el afrontamiento de este evento adverso, y considerar el papel que juegan otros factores como las características de personalidad del divorciado, el sexo o el cargo laboral en el que tra baje.

Estos resultados pretendieron contribuir al cono cimiento y estudio del fenómeno del divorcio desde la Psicología, y así iluminar otras disciplinas en el estudio de este evento. Asimismo, aportar al ejercicio de los pro fesionales que trabajan con parejas que están viviendo procesos de divorcio, con el fin de fortalecer sus niveles de resiliencia de manera intrapersonal en cada una de las dimensiones contempladas por Palomar y Gómez (2010).

Se sugiere ampliar en próximas investigaciones as pectos como las estrategias de afrontamiento de cara al divorcio, realizar estudios cualitativos para profundizar y comprender este evento en la vida de las personas, así como elaborar programas preventivos y de intervención para promover la resiliencia de las personas desde los niveles básicos de educación, que permitan desarrollar habilidades que contribuyan a enfrentar diferentes situa ciones adversas que puedan ocurrir en la vida.

De esta misma forma, hay un marcado interés porque los resultados de esta investigación proporcionen herramientas útiles a las parejas, frente a la comprensión de la importancia de acceder tanto a la educación básica como a la educación superior que facilite una mayor for mación y la consecución de mayores ingresos económi cos para alcanzar niveles más altos de bienestar y calidad de vida.

Finalmente, se sugiere que desde las diferentes disciplinas científicas se siga fortaleciendo y profundi zando en el estudio de la resiliencia desde una metodo logía cuantitativa y cualitativa, con el fin de enfrentar las diferentes adversidades que se puedan presentar en el matrimonio y en la familia.

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*Artículo que se deriva del proyecto de investigación denominado Impacto psicosocial y económico del divorcio en Colombia, dirigido por Victoria Eugenia Cabrera-García, Investigadora principal del proyecto. Universidad de la Sabana, Bogotá D.C. Realizado desde enero 2014 hasta junio 2015.

Referencia de este artículo (APA): Cabrera-García, V., Casas, K., Pardo, S. & Rodríguez, D. (2017). Análisis de la resiliencia en personas divorciadas, según su nivel educativo e ingresos económicos. Psicogente, 20(37), 160-171. http://doi.org/10.17081/psico.20.37.2425

Recibido: 08 de Enero de 2016; Aprobado: 12 de Octubre de 2016

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