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Revista de Economía Institucional

versión impresa ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. v.2 n.2 Bogotá ene./jun. 2000

 


LA POBREZA EN
SMITH Y RICARDO


POVERTY IN SMITH AND RICARDO



Edgar Pardo Beltrán*

* Profesor de la Universidad Externado de Colombia, estudiante del doctorado en economía, New School for Social Research, New York. Se agradecen los comentarios de Robert L. Heilbroner a una versión en inglés de este artículo; lo mismo que a Mauricio Pérez, Jaime Lozano y Carolina Esguerra, por su colaboración para la publicación en español. E-mail: parde097@newschool.edu


RESUMEN

[Palabras clave: pobreza, historia del pensamiento económico, Smith, Ricardo, teoría económica, JEL: B12, B31, I32]

Este artículo compara los enfoques de Adam Smith y David Ricardo sobre la pobreza en una sociedad capitalista. La comparación se centra alrededor de los diferentes argumentos que ellos utilizan para relacionar la pobreza con la inequidad y las realidades institucionales. La discusión se contextualiza en las experiencias vividas de cada autor, así como en los intereses intelectuales de cada uno; teniendo en cuenta que la pobreza fue uno de los principales problemas que enfrentó Inglaterra entre el siglo XVIII y XIX. La postura de Smith establece una relación entre la pobreza y la estabilidad del orden social; mientras que la perspectiva de Ricardo postula la pobreza como función de los conflictos distributivos y las fuerzas del crecimiento de la población.

ABSTRACT

[Key words: poverty, history of economic thought, Smith, Ricardo, economic theory, JEL: B12, B31]

This paper provides a comparison between Adam Smith and David Ricardo’s treatments of poverty in a capitalist society. The comparison focus on the different arguments they use to relate poverty to inequality and institutional realities. The discussion points out the life experiences of each author and their intellectual interests, taking into account that poverty was one of the most pressing social problems faced by England between the 18th and 19th century. Smith associates poverty with the stability of social order; while Ricardo postulates that poverty is a function of the distributive struggle and the forces of population growth.



El hecho de que Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo 1772-1823) pertenecieran a la escuela económica clásica no significa que ambos coincidieran totalmente en sus ideas y argumentos. A pesar de compartir una misma visión de economía política, la época y el ambiente en que sus vidas se desarrollaron fueron distintos y, en esas circunstancias, sus apreciaciones sobre la manera en que el sistema económico opera pudieron diferir. Tanto Smith como Ricardo consideraron las libertades individuales y el mercado libre como características cruciales de la economía capitalista, pero llegaron a esta conclusión por caminos diferentes. Igualmente, ambos relacionaron la pobreza con la desigualdad –ejemplo, diferencias en ingreso y riqueza entre clases– y, por razones diferentes, con las realidades institucionales –ejemplo, un orden social dado, leyes, impuestos.

Smith, figura central de la Ilustración, luchó por la emancipación filosófica, social y política de la tiranía clerical. Enseñó en la Universidad de Glasgow la cátedra de filosofía moral, que cubría los temas de teología natural, ética, jurisprudencia y economía política, todo ello desde una perspectiva histórica. Smith consideró al sistema capitalista, que denominaba comercial o mercantil, como parte de un orden social regido con “armonía celeste”. Sostuvo que la inequidad, principal causa de la pobreza, se justificaba para garantizar la estabilidad del orden social. Dijo además que la acumulación de capital, al incrementar los beneficios de la división del trabajo, genera al cabo del tiempo un aumento en los salarios, sin que ello sea garantía de una menor desigualdad entre las clases sociales.

Ricardo, un exitoso hombre de negocios y miembro de la Cámara de los Comunes, era más pesimista y veía el proceso de acumulación de capital como parte de un conflicto distributivo sin fin entre las clases sociales. Pensaba que el conflicto central era entre los salarios y las ganancias, pero creía que los intereses de los terratenientes chocaban a su vez con los de los capitalistas y trabajadores. Para Ricardo, la pobreza dependía de las dinámicas del conflicto distributivo y del crecimiento poblacional.

A pesar de pertenecer a generaciones diferentes, Smith y Ricardo se preocuparon por el tema de la pobreza porque fue uno, si no el mayor, de los problemas sociales enfrentados por la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. Para entender la concepción de Smith acerca de la pobreza es necesario revisar La teoría de los sentimientos morales

(TSM, 1759) y otras obras que precedieron a La riqueza de las naciones (RN, 1776)1, así como establecer la relación de este fenómeno con sus ideas sobre división del trabajo, población, salarios e intervención gubernamental. A su turno, Ricardo asocia el problema de la pobreza con su descripción de los procesos de distribución y acumulación; con sus ideas sobre los salarios, los beneficios, la renta y el papel del gobierno; y con el debate con Malthus acerca de la población.

Ambos autores son complejos, aunque por razones diferentes. Smith lo es por la diversidad de temas que estudia, no sólo de economía política, y por las relaciones que establece entre ellos, provocando que su teoría sea más propensa a contradicciones y malentendidos. Ricardo porque a pesar de que no se ocupa de temas tan variados como Smith, los que toca son en sí bastante densos y además porque, como se lo confesara a Mill, tenía muchas dificultades para ejercitar el duro arte de escribir.

1. ADAM SMITH

La pobreza posee un distintivo rasgo de clase para Smith. Los pobres son quienes solamente pueden sostenerse por su trabajo asalariado (Lecciones sobre jurisprudencia, LJ, 39), pero un trabajador “es rico o pobre, está bien o mal, en proporción al precio real de su labor” (RN,

51), y este precio está relacionado con la cantidad de bienes que él pueda comprar. Las personas más pobres, entonces, son aquellas que apenas pueden proporcionarse las necesidades de subsistencia, aun cuando disfruten mucho los pocos bienes materiales que pueden adquirir. No obstante, afirma Smith, ellos no son vistos como seres inferiores con respecto a aquellos que pueden poseer mucho más (TSM, 123)2.

El carácter de clase de la pobreza subyace en toda la teoría de

Smith. Metodológicamente hablando, y al igual que el resto de su teoría, la explicación acerca de las causas de la pobreza la va construyendo gradualmente, con argumentos que va tomando de diferentes disciplinas del saber. Se apoya no sólo en criterios económicos sino también en elementos históricos, sociológicos, psicológicos, filosóficos e incluso, aunque parezca paradójico, teológicos.

La pobreza está históricamente relacionada con la desigualdad, pues aparece conjuntamente con la propiedad privada y el gobierno, según Smith. La propiedad privada es la que crea diferencias entre las personas. Aquellos que poseen menos, o incluso nada, desean alcanzar aunque sea un poco de la fortuna material de otros, pero es el gobierno el que impide que tal cosa suceda. Smith argumenta que en la época de los cazadores, una de las eras en la que él dividió la historia humana,

no existía un gobierno regular, ellos vivían de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La apropiación de las manadas y los rebaños, que introducen la inequidad de la fortuna, fue lo que primero permitió el surgimiento de un gobierno regular. Hasta cuando exista la propiedad no puede existir un gobierno, porque su fin último es proteger la riqueza y defender al rico del pobre... Esta inequidad de fortunas implica una distinción entre los ricos y los pobres, dándole a los primeros influencia sobre los segundos, porque quienes no poseían manadas ni rebaños tenían que depender de quienes sí los poseían... [Los ricos] necesariamente llegan a poseer una gran influencia sobre los demás... (LJ, 40; cursivas añadidas).

Esta explicación puede extenderse también a otros escenarios históricos, incluyendo la sociedad mercantil descrita en RN:

Donde quiera que haya una gran propiedad, hay una gran inequidad. Por cada hombre rico deben existir al menos cinco pobres, y la abundancia de unos pocos supone la indigencia de muchos. La opulencia de los ricos suscita la indignación de los pobres, que se guían por los deseos, y se incitan por la envidia, para invadir sus posesiones. Es sólo bajo la protección de la magistratura civil que quien posee la propiedad, que se adquiere por el trabajo de muchos años, o por medio de generaciones sucesivas, puede dormir en paz (RN, 709-710; cursivas añadidas).

A través de la historia los gobiernos han estado entonces para proteger la propiedad privada del acecho de los pobres. Los individuos con poder económico, siguiendo sus propios intereses, han influido sobre la sociedad para fomentar la creación de instituciones que preserven el orden social y refuercen los patrones existentes de distribución de riqueza. En consecuencia, para Smith, la inequidad es el resultado de un convenio social entre los propietarios privados y los líderes políticos en donde se legitiman los intereses de los primeros3. Más aún, en una sociedad mercantil, tal acuerdo fundamental, en donde lo político se supedita a lo económico, es el que determina el proceso de acumulación de capital y la manera en que el excedente social será repartido.

Hasta aquí, la pobreza es el resultado de un proceso histórico-económico con profundas repercusiones políticas y sociales. La inquietud permanente de Smith por encontrar siempre la causa última de las cosas lo llevó a preguntarse acerca de la persistencia de la desigualdad y, por ende, de la pobreza. Para ello, acude a argumentos morales y psicológicos en donde el tema del orden social surge: si la inequidad está asociada con la propiedad de la riqueza, los poseedores de dicha riqueza promoverán un orden social que los favorezca, aun en detrimento de otras clases. Pero, ¿cómo es posible garantizar la estabilidad social en un entorno de desigualdad?

Para Smith, el orden social está apoyado en dos principios morales, autoridad y utilidad, que inducen al hombre, por temor y conveniencia, a ser obediente y a entrar en una sociedad civil. La autoridad consiste en la sumisión de los pobres a los ricos, mientras que la utilidad es el reconocimiento universal por parte de los individuos de la conveniencia de obedecer al “magistrado civil”. Ambos principios se reflejan en actitudes y comportamientos tanto de los individuos como de las instituciones. Dichos principios, que son la base moral de la socialización, están muy entrelazados. “La adquisición de la valiosa y extensa propiedad... necesariamente requiere el establecimiento de un gobierno civil... [, el que] supone una cierta subordinación” (RN, 710).

La subordinación de unos hombres a otros es mantenida por cuatro elementos: la superioridad de las cualidades personales, la edad, la fortuna y el origen. Los dos últimos son los más importantes para cualquier sociedad4 pues pueden ser percibidos por los individuos, sin importar su nivel de educación o su posición social5. Si la “gran masa”, dice Smith, percibe la autoridad puede entonces aceptarla e interiorizarla colectiva e individualmente. Es así como el principio de autoridad entra a hacer parte de los pensamientos y pasiones de los individuos, pues

surge de nuestra simpatía con nuestros superiores que son más que nuestros iguales e inferiores: nosotros admiramos su feliz situación, entramos en ella con placer, y nos esforzamos por promoverla (LJ, 39; cursiva añadida).

El concepto de simpatía es muy importante en la TSM de Smith. Consiste en la identificación de un individuo con las ideas, sentimientos y circunstancias de otros. Esta simpatía puede traducirse en colaboración, solidaridad, pero también en admiración y respeto, e incluso tolerancia y sumisión6. Es por esto que, a más de la determinación económica e histórica de la inequidad, las diferencias entre los individuos se refuerzan con motivaciones sociales y psicológicas. Los trabajadores aceptan individualmente la autoridad de los ricos debido a la existencia de la simpatía. Un elemento atribuido a la naturaleza humana, a sus sentimientos. Esta es la argumentación psicológica que Smith incorpora dentro de su teoría para explicar cómo el orden social se mantiene no obstante las diferencias materiales y sociales.

Sobre esta de la humanidad, de aceptar las pasiones de los ricos y los poderosos, están fundadas las distinciones de rango, y el orden de la sociedad... Nosotros deseamos servir [al rico y al poderoso] por su propio bien, sin ninguna otra recompensa que la vanidad y el honor de servirles... Incluso cuando el orden de la sociedad parece requerir que nos opongamos a ellos, nosotros mismos nos resistimos a hacerlo (TSM, 81; cursiva añadida).

En Smith la estabilidad social está por encima de cualquier otra consideración: La paz y el orden de la sociedad son de mayor importancia que incluso el consuelo de los miserables (TSM, 136, cursiva añadida). Considera que cualquier sociedad necesita seguridad y orden para ser próspera, y esto se hace posible mediante la aceptación del predominio de ciertas relaciones sociales entre clases7. Las pasiones humanas ayudan a superar el odio y el resentimiento que pudieran surgir8. Smith da mayor importancia a los efectos positivos de la inequidad –fortalecimiento de la cohesión y el orden– que a sus perjuicios como fuente de ruptura social y desasosiego9. No obstante, Smith reconoce que el orden social construido de esta manera puede generar un complicado problema, la “corrupción de nuestros sentimientos morales”, que en el caso de la pobreza se traduce en despreciar o rechazar a los individuos de menor condición10.

Dicho problema moral tiene varias dimensiones. Por una parte, pareciera que la simpatía, como lo anota Heilbroner (1991), tuviera una asimetría peculiar, muy evidente en el análisis que Smith hace de la pobreza11. Reconoce que la pobreza inspira poca compasión porque se considera al pobre como resultado de una desgracia económica que el mismo individuo habría podido evitar por sus propios medios; mientras que otro tipo de desgracias, consideradas inevitables (inundaciones, terremotos, accidentes, enfermedades), generan mayores sentimientos de solidaridad o compasión en el resto de la población. Es precisamente en el contexto del tratamiento de Smith sobre la inequidad y la pobreza que la simpatía no funciona.

De otro lado, Smith, al aceptar que las diferencias en riqueza y grandeza son necesarias para mantener el orden social, reconoce que dichas diferencias se oponen a los principios de sabiduría y benevolencia, que serían moralmente más deseables. Además, en una sociedad capitalista, las pasiones –egoísmo y ambición– de unos pocos hombres, que los mueven a ser ricos y poderosos, pueden limitar las posibilidades de otros para alcanzar su propio bienestar. Smith no es muy claro en este sentido. Al parecer, deseaba que las virtudes de conciencia y justicia fueran un contrapeso a las acciones, no sólo económicas, basadas en el egoísmo.

Esta “paradoja de construir una comunidad moral sobre dichos fundamentos inmorales”12, lo mismo que la verdadera importancia de la simpatía para Smith, son todavía fuente de profundos debates teóricos. Smith intenta superar todas estas dificultades acudiendo a explicaciones filosóficas e incluso teológicas que aún hoy son también tema de discusión.

Efectivamente, en su Historia de la Astronomía (HA), Smith había escrito

La filosofía es la ciencia de los principios conectados de la Naturaleza. La Naturaleza, después de la larga experiencia que la observación común puede adquirir, parece abundar de eventos que aparecen solitarios e incoherentes con todo lo demás que ésta los precede... La filosofía, representando las cadenas invisibles que unen los objetos separados, trata de introducir orden en el caos de las discordantes apariencias... La filosofía, por lo tanto, debe ser tratada como una de esas artes que se relacionan con la imaginación; y cuya teoría e historia, bajo la que se explica, cae propiamente dentro de la circunferencia de nuestro tema (31; énfasis añadido).

Así, la Naturaleza se revela ante nosotros con la experiencia cotidiana, como la realidad que enfrentamos. La filosofía nos ayuda a entender el orden lógico existente detrás del aparente caos que a primera vista parece caracterizar al universo. Esta concepción, sin embargo, le generaría a Smith una contradicción adicional al reconocer después

que los reyes son los sirvientes de la gente... [Esa] es la doctrina de la razón y la filosofía; pero no es la doctrina de la Naturaleza. La Naturaleza nos enseñará a someternos a ellos porque sí, a estremecernos y a inclinarnos ante su situación exaltada... Los motivos más fuertes, las más furiosas pasiones... son apenas suficientes para compensar esta disposición natural a respetarlos. (TSM, 81; énfasis añadido).

Smith estaba en contra de la influencia del clericalismo sobre el pensamiento científico. En su HA muestra su admiración por la teoría de la mecánica celeste de Newton. Desea que otras ciencias logren también descubrir las leyes naturales subyacentes. En la perspectiva de Smith, el uso de la razón y la filosofía para entender las relaciones entre el soberano y su nación genera un grave malentendido acerca de cómo es que realmente se llevan a cabo. La razón y la filosofía ayudan a entender cómo y por qué funciona la Naturaleza, excepto al estudiar las causas del orden social establecido, debido a que Smith no rechaza la creencia, bastante difundida en ese entonces, de que tanto la Naturaleza como la monarquía tenían un origen divino13, lo que obliga a la gente a servir al rey, contrario a lo que la filosofía propone –la democracia. Al parecer, es por esto que Smith abandona algunos argumentos filosóficos cuando trata de explicar por qué la inequidad es necesaria para garantizar la paz y el orden de la sociedad y, curiosamente, para los ojos de nuestra época, decide guarecerse en argumentos teológicos, como veremos en seguida.

El avance que en aquel entonces tenía la teoría del conocimiento, junto con la estructura política imperante, le impedían a Smith distinguir con claridad lo natural de lo originado en fenómenos históricos o institucionales. Otro elemento que ayudó a la confusión radica en que Smith, en TSM, pese a que las había distinguido, no precisa en ocasiones el tipo de sociedad al que se está refiriendo –la que es o la que debería ser–. Así por ejemplo, Smith cree que en su sociedad ideal, la de la libertad perfecta –caracterizada por la seguridad política y la libertad de contrato–, la Naturaleza, de manera justa, recompensa los esfuerzos y las virtudes (especialmente la prudencia y la frugalidad) del hombre. Al incrementarse el egoísmo la desigualdad social aumenta. Algunos individuos, como colectividad, basados en su buena voluntad, desearían evitar que tal cosa sucediera. Pero, dice Smith, sus acciones bien-intencionadas pueden causar, en contra de lo esperado, más inequidad.

En efecto, a pesar de que la Naturaleza, creada por Dios, desea que la humanidad mejore por sí misma y solucione sus propios problemas, la intervención humana para corregir las diferencias sociales en muchas ocasiones empeora la situación en lugar de mejorarla, porque el hombre no es tan perfecto como “El Autor” de la Naturaleza. Tanto la Naturaleza como la humanidad tienen los mismos fines (ejemplo, la preservación del ser humano y la propagación de las especies), con la diferencia de que el hombre no puede controlar el curso de la Naturaleza como ella lo hace por sí misma (TSM, 97, 116-117). En consecuencia, será la Naturaleza la que resuelva cualquier desviación de la desigualdad –y por ende de la pobreza– de una forma más perfecta que el hombre. Todo este análisis lo inicia Smith a partir de su concepción de sociedad perfecta. Pero, por falta de claridad en la obra, esta descripción es comúnmente interpretada como si se estuviera refiriendo al funcionamiento corriente de la sociedad capitalista.

De otro lado, es interesante señalar que la primera vez que Smith introduce explícitamente su famoso término de la “mano invisible” en TSM es precisamente para justificar el carácter natural y divino de la inequidad. Dios aconseja a los ricos para que consuman sólo lo que necesitan y para que compartan con los pobres un poco de lo que poseen, de tal forma que la población pueda adquirir lo que cada uno se merece y de paso sean felices con ello. Su argumentación se resume en el siguiente pasaje:

El producido del suelo mantiene en todo tiempo aproximadamente aquel número de habitantes que es capaz de sostener. Los ricos únicamente seleccionan del montón lo que es más precioso y agradable. Ellos consumen un poco más que los pobres, y a pesar de su egoísmo natural y su rapacidad, de que busquen sólo su propia conveniencia, de que pretendan como último fin que el trabajo de sus miles de empleados complazca su propia vanidad e insaciabilidad de deseos, ellos comparten con los pobres lo producido de todas sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a realizar una distribución según las necesidades de la vida, similar a la que sería realizada si la tierra se repartiera en porciones iguales entre todos los habitantes, y así sin intentarlo, trabajan por el interés de la sociedad, y facilitan los medios para la multiplicación de las especies. Cuando la Providencia dividió la tierra entre los pocos nobles, no olvidó ni abandonó a aquellos que aparentemente habían quedado fuera de la repartición. Estos últimos también disfrutan de todo lo producido. En lo que constituye la verdadera felicidad de la vida humana, ellos no están de ninguna manera por debajo de aquellos que parecen superiores (TSM, 112-123; énfasis añadido).

Por tanto, la pobreza es también un resultado del orden social sabiamente establecido por la Naturaleza y su Creador, en donde la mano invisible es un mecanismo natural o divino que garantiza un reparto justo del producto social y además la estabilidad del orden social, que es expresión de la armonía celeste.

No obstante lo anterior, Smith cree que el hombre y las instituciones, a pesar de sus limitaciones, algo pueden hacer para evitar que la injusticia social y la miseria aumenten. La subordinación de los pobres en una sociedad mercantil puede reducirse a través de un sistema de justicia que limite la influencia directa o fuerte de los poseedores de propiedad sobre el destino de los pobres. El “gasto en justicia” (RN) que haga el gobierno importaría además al revelar la conveniencia de la aplicación del principio de utilidad, más exactamente el de la utilidad pública. Al hacerse evidente su beneficio, motivaría a los hombres a acatar la “magistratura civil”.

Cada cual es sensible a la necesidad de este principio para preservar la justicia y la paz en la sociedad. Por medio de las instituciones civiles los más pobres deben ser recompensados por los ricos y poderosos; y a pesar de que pueden existir algunas irregularidades en casos particulares, como indudablemente las hay, nos sometemos a ellas para evadir mayores perjuicios. Este es el sentido de la utilidad pública, más que la privada, que influencia al hombre a obedecer” (Smith, LJ, 39, énfasis añanido).

Así, la utilidad pública refuerza la obediencia civil, aunque

En todos los gobiernos ambos principios [autoridad y utilidad pública] se presentan en algún grado, pero en una monarquía la autoridad prevalece, y en una democracia la utilidad... (LJ, 39).

En RN Smith analiza también la inequidad y la pobreza a través de sus explicaciones sobre la división del trabajo, los salarios, el proceso de acumulación y el papel del gobierno. Acepta, al igual que Hume y otros pensadores, que los seres humanos son iguales al nacer e incluso en sus primeros años de niñez; pero, al cabo del tiempo, la división del trabajo establecería las diferencias

entre un filósofo y un mozo de servicio...[que] parecen surgir no tanto de la naturaleza, como de los hábitos, costumbres y la educación14... Las diferencias en talentos comienzan entonces a ser evidentes y se hacen cada vez mayores...(RN, 28-29).

A su vez, la división del trabajo proviene de la disposición natural del hombre a permutar, feriar e intercambiar. Es esta última la que “crea las diferencias en los talentos, que están bien marcados entre los hombres de diferentes profesiones, es esta misma disposición la que hace que las diferencias sean útiles” (RN, 29).

La idea de una sociedad económicamente estratificada, como la que se refleja en RN, difiere del orden social mencionado en el TSM en cuanto a que la desigualdad no estaría mediada cotidianamente por la Naturaleza, sino por el mercado. Ello, sin embargo, parece que no representa para Smith una contradicción en la medida en que el mercado, teleológicamente hablando, según lo muestra en RN, también se rige por unas leyes naturales. Así como la mano invisible hace que las motivaciones individuales generen bienestar y mantengan la estabilidad social, el mercado libre se convierte en el instrumento económico eficaz para tales fines, el cual además reproduce las condiciones de distribución del ingreso y la riqueza. La inequidad, entonces, parece surgir por razones de mercado, que en últimas también se rige por condiciones “naturales”, y en donde la división del trabajo tiene un papel crucial.

El valor real del trabajo está relacionado con la cantidad de bienes que un trabajador puede comprar. A su turno, el precio natural del trabajo es aquel valor que garantiza la reproducción de la cantidad de trabajo que la sociedad necesita. Este precio natural es diferente del de mercado, ya que este último resulta de la interacción de la oferta y la demanda en un momento en el tiempo. A un precio natural dado, la pobreza empeora cuando la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, pues el salario caería por debajo de su nivel natural. Cuando el crecimiento de la población y la oferta de trabajo se ajusten al de la demanda de trabajo, el salario volvería a ubicarse cerca del precio natural.

Es por esto que en el corto y mediano plazo la pobreza puede incrementarse más allá de lo considerado como natural. Ello no sucede, sin embargo, en el largo plazo, a medida que el país avanza. Smith cree conveniente para la sociedad como un todo que los trabajadores mejoren su nivel de bienestar (RN, 100), pero esto depende del proceso de acumulación, que es lo que permite incrementar la demanda de trabajo y los salarios en períodos largos. Para Smith, “la demanda de hombres, como la de cualquier otra mercancía, necesariamente regula la producción de hombres” (RN, 98) y los salarios están regulados por la demanda de trabajo y por “el precio de las necesidades y comodidades de la vida” (RN, 103).

La pobreza puede así decrecer en términos absolutos, pero en RN no resulta claro si la división del trabajo asociada con el proceso de acumulación disminuye o incrementa la inequidad generada por el prevaleciente orden social. Smith afirma que el bienestar nacional va mejorando las “circunstancias” de las personas pobres quienes conforman “la mayor parte” de la población, y aunque esto no signifique que la inequidad haya decrecido en términos relativos, el mejoramiento absoluto en las condiciones de vida de los trabajadores “no podrá considerarse como un inconveniente. Ninguna sociedad puede florecer y ser feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables” (RN, 96).

Aparte del gasto en justicia arriba mencionado, y con la excepción de ampliar el acceso a la educación de los trabajadores para evitar su idiotización15, Smith cree que el gobierno no debe, en general, intervenir en el proceso de acumulación y distribución porque es por medio del mercado, dirigido por la mano invisible, que los individuos persiguiendo sus propios intereses “frecuentemente promueven los resultados sociales de manera más efectiva que lo que él puede intentar promover” (RN, 456) por sí solo o a través de otros mecanismos.

Smith piensa además que el gobierno no debe aplicar impuestos indirectos que afecten el precio de los bienes consumidos por los trabajadores porque tales tributos incrementan el costo del trabajo y se transmiten a los consumidores finales vía mayores precios. Dos excepciones se aplicarían a esta regla. La primera se refiere a los gravámenes a los bienes de lujo, pues ayudarían a las personas pobres a ahorrar más (no malgastarían sus salarios en dichos bienes). La segunda excepción estaría basada en la importancia para los ingresos públicos de un determinado tributo. Tal era el caso del impuesto al combustible, que a pesar de estar afectando una necesidad básica, incluso para los más pobres (RN, 874-875), su importancia en términos de recaudo impedía su desaparición. En contraste, Smith creía que no debía existir ningún impuesto directo que afectara a los salarios.

2. DAVID RICARDO

El interés teórico primordial de Ricardo es la distribución del producto social entre clases. “El problema principal de la economía política consiste en determinar las leyes que regulan esta distribución”16. A pesar de que no provee una definición explícita de la pobreza, no es difícil deducir de sus trabajos y su correspondencia, especialmente con Mill, Malthus y Trower, que Ricardo identifica la pobreza como un problema social que afecta a las clases trabajadoras y reduce el bienestar general de la sociedad. Se preocupó por la pobreza porque era uno de los mayores problemas sociales de Gran Bretaña, pero sobre todo porque consideraba que las medidas que se habían tomado para resolverla la habían empeorado en lugar de aliviarla y además estarían reduciendo el ritmo de acumulación de capital.

El trabajo y los salarios son fundamentales en la teoría de Ricardo. Primero, “el valor de una mercancía, o [sea] la cantidad de cualquiera otra por la que se cambiará, depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para producirla...” (Principles, 11). Segundo, “el teorema fundamental de Ricardo” (Blaug, 1996) –los salarios y las ganancias relativas siempre se mueven en direcciones opuestas y las últimas dependen de los primeros– refleja la existencia de un conflicto distributivo durante el proceso de acumulación. En octubre de 1816, Ricardo escribió a James Mill: “Pienso que las ganancias dependen de los salarios –los salarios dependen de la demanda y la oferta de trabajo, y del costo de las necesidades en que los salarios son gastados. Estas dos causas deben estar operando sobre las ganancias al mismo tiempo, ya sea en la misma dirección, o en sentido contrario” (Sraffa, 1973, p. 72)17.

Ricardo deduce tal “teorema” de sus consideraciones sobre la renta. Muestra que el capital y los salarios determinan los precios de los bienes agrícolas. La renta, entonces, aparece cuando es necesario utilizar tierras menos fértiles para satisfacer la demanda agrícola creciente. El incremento en los precios se debe a una mayor demanda y también a los mayores costos de producción, pero nunca a un incremento de la renta. Este último es una consecuencia, no una causa. Ricardo es muy enfático con respecto a la relación entre la renta y los precios de los bienes agrícolas. Insiste en que la importación de granos no sólo es favorable para los trabajadores sino también para los capitalistas, al reducir los costos del trabajo. Sólo los terratenientes pueden perjudicarse con las importaciones.

Tercero, la determinación de las causas de los movimientos salariales, junto con su teoría de la renta, ayudan a Ricardo a sustentar sus ideas en contra de la hipótesis de Malthus sobre la población –ejemplo, mientras la población crece geométricamente la oferta de alimentos lo hace aritméticamente18.

Por último, el estudio de los salarios le sirve a Ricardo para mostrar las tres causas principales de la pobreza, a saber: la relación dinámica entre las fuerzas demográficas y económicas, el carácter del proceso de acumulación y las razones institucionales. La primera causa que esboza es una refutación a su amigo Malthus.

El crecimiento de la población y el aumento de los alimentos serán efecto, aunque no necesariamente, del alza en salarios. La mejorada condición del trabajador, debido al mayor valor que se le paga, no le obliga a casarse y a tomar sobre sí el peso de una familia; en vez de eso, con el incremento podría comprarse, si le agrada, algunas de las mercancías que contribuyan a su satisfacción. En este caso, su mayor salario no irá acompañado de otro efecto distinto al aumento de la demanda de algunos de esos artículos, y como la clase de los trabajadores no aumentaría materialmente, sus salarios continuarían permanentemente altos. Pero aunque esto pueda ser la consecuencia de los salarios altos, las delicias de la sociedad doméstica son aún tan grandes que en la práctica se encuentra que al mejoramiento de la condición del trabajador sigue invariablemente un aumento de la población; y sólo porque ocurre así, con la ligera excepción antes mencionada, es que surge una nueva y mayor demanda de alimentos. Por lo tanto, esta demanda es efecto de un aumento de capital y de la población, pero no la causa –únicamente porque los gastos de la gente toman esa dirección es que el precio de mercado de las subsistencias excede su precio natural, y se produce la cantidad de alimentos requerida; y es porque el número de personas aumenta que los salarios vuelven a descender nuevamente (Principles, 406-407).

Así, la pobreza puede incrementarse con disminuciones tanto indirectas como directas de los salarios. La primera se da cuando a un incremento salarial sigue una demanda adicional de bienes básicos tal que coloque el precio de mercado de dichos artículos por encima de su precio natural, reduciendo la capacidad de compra de los trabajadores. La pobreza también puede aumentar con un exceso de oferta de trabajo tal, con respecto a su demanda, que reduce los salarios por debajo de su nivel natural, impidiendo adquirir la totalidad de los bienes necesarios para la subsistencia.

La segunda causa principal de la pobreza, el carácter de la acumulación, está relacionada con el “teorema fundamental”. Dado que los salarios absolutos se incrementan en el largo plazo, Ricardo considera que la pobreza puede ser mayor si las ganancias relativas disminuyen en una proporción tal que induzca una reducción en el proceso de acumulación. Al darse tal reducción, la demanda de trabajo caería y, en consecuencia, los salarios. Por otra parte, los capitalistas pueden alternativamente introducir maquinaria para enfrentar el alza salarial. Dicha introducción es inicialmente una amenaza para los trabajadores19, pero con el tiempo, afirma Ricardo, puede también crear problemas a los capitalistas porque un menor costo de producción aumenta la rentabilidad, atrae capital y, por tanto, disminuye la tasa de ganancia de la industria. El empresario ya establecido puede evitar esa mayor afluencia de capital anticipándose a reducir el precio de las mercancías a un nivel tal que sea compatible con la tasa general de ganancias20. A pesar de esto, Ricardo considera que toda la sociedad se beneficiará porque en el largo plazo todos los precios serán menores y la demanda efectiva mayor, incluyendo la demanda de bienes de los trabajadores.

La tercera causa fundamental de la pobreza está relacionada con los intentos institucionales usados para resolver la pobreza en Gran Bretaña: las Leyes de Pobres y los impuestos. Con respecto a las primeras, Ricardo cree que fomentan innecesariamente el crecimiento de la población en lugar de disminuirlo. “Si usted se propone alimentar, vestir y educar a todos los niños pobres, usted estará generando un gran estímulo a un principio ya bastante activo. Con este esquema no puedo ser amigable”21. Ricardo cree ciegamente que el proceso de acumulación y el libre mercado ajustarán el crecimiento poblacional a la demanda de trabajo. Dichas leyes aumentan artificialmente la capacidad de compra de los trabajadores. La intervención gubernamental a este respecto no debe existir.

Cuando los salarios suben, el hecho se debe generalmente a que un aumento de la riqueza y del capital han ocasionado una nueva demanda de trabajo, la cual servirá infaliblemente para aumentar la producción de bienes... Estas son, pues, las leyes por las que se regulan los salarios y se rige la prosperidad de la mayoría de un pueblo. Como todos los demás contratos, los salarios deben abandonarse a la leal y libre concurrencia del mercado, sin someterla nunca a la intervención del poder público. La tendencia manifiesta de las leyes de beneficencia está en directa oposición a estos principios evidentes (Principles, 104 105; énfasis añadido).

En oposición a Malthus, Ricardo considera que cualquier control al crecimiento de la población no soluciona el problema. En 1816 Ricardo escribió a Trower: “reduciendo la población se reduce el nivel de alimentos en quizás una mayor proporción, lo que agrava en lugar de reducir la miseria” (Sraffa, 1973, 48). En otras palabras, debemos dejar que las fuerzas naturales que regulan el crecimiento de la población funcionen libremente. En otra carta a Trower, en 1817, Ricardo afirmó:

La población sólo puede ser controlada con la reducción de las fuerzas que la hacen crecer excesivamente, dejando perfectamente libres los contratos entre los pobres y sus empleadores, se limitaría la cantidad de trabajo en el mercado a su demanda efectiva. El pretender alimentar a todo el que lo requiera crea una demanda ilimitada de seres humanos, y si no fuera por la mala administración... la población seguiría creciendo en una progresión regular hasta que los ricos se conviertan en pobres, y entonces no exista más distinción alguna de rangos (Sraffa, 1973, 25; cursiva original).

Ricardo también creía que las leyes contra la pobreza habían vuelto perezosa a la gente. Los pobres deberían hacer algún esfuerzo para conseguir los ingresos que desean e, igualmente, deberían ser prudentes en sus gastos y en el número de hijos que deseen tener22. Ricardo consideraba preciso modificar las Leyes de Pobres. Al respecto, le escribe a Trower:

Estaría de acuerdo en realizar cambios en las Leyes de Pobres así como en reconstruirlas para enmarcarlas dentro de lo que la intención original deseaba de ellas; a saber, socorrer a los ancianos, enfermos y, bajo algunas circunstancias, a los niños (Sraffa, 1973, 248).

Con respecto a los niños, las Leyes de Pobres serían más efectivas si se enfocaran en su educación23, aunque

el gran propósito sería enseñar a las clases trabajadoras a valerse por sí mismas ante las eventualidades a las que estén expuestas en razón de variaciones ocasionales en la demanda de ciertos bienes manufacturados, las que no deben ser objeto de legislación (Sraffa, 1973, 248).

Otra de las soluciones discutidas en esa época se refería a la creación de bancos privados en donde los trabajadores pudieran ahorrar parte de sus salarios, motivándolos así a la prudencia. Esta última también podría resultar de una mayor educación. Ricardo piensa que el salario ideal de una persona debería ser uno que

sea suficiente no sólo para mantenerse a sí mismo y a su familia cuando se encuentra trabajando sino aquel que le permita dejar una provisión en un banco de ahorros (Sraffa, 1973, 248).

Finalmente, Ricardo no está de acuerdo con los impuestos que agobian a las personas pobres, pero no exactamente por razones sociales. Siente que el problema con los impuestos es que tienen una “tendencia a reducir el poder de acumulación. Todos los impuestos recaen sobre el capital o la renta” (Principles, 152). Adicionalmente, “los impuestos sobre el salario incrementan los mismos y por consiguiente disminuirán la tasa de ganancia del capital” (ibid, 213). Cualquier impuesto que afecte el capital reduce “el goce anual de las personas... [Los tributos] reducen los fondos para la manutención del trabajo, y por esto disminuyen la producción futura del país” (ibid, 153).

3. CONCLUSIONES Y COMENTARIOS FINALES

Tanto para Smith como para Ricardo, los pobres pertenecen a la clase trabajadora. Aunque por razones diferentes, ambos creen que la pobreza está relacionada con asuntos distributivos e institucionales en las economías capitalistas. Para Smith, Dios, con su mano invisible, fija los patrones sociales de distribución, mientras Ricardo ve la distribución como un resultado del conflicto entre tres clases –trabajadores, capitalistas y terratenientes– en donde la relación inversa entre los salarios y los beneficios es la principal fuente del conflicto distributivo y la fuerza determinante del proceso de acumulación.

La inequidad y la pobreza resultante están natural o socialmente predeterminadas. Smith y Ricardo señalan que dejando trabajar libremente las fuerzas económicas y demográficas será posible aliviar la pobreza en virtud de la tendencia de largo plazo a que los salarios absolutos aumenten a medida que el proceso de acumulación avanza. Según Smith, la inequidad prevaleciente preserva la estabilidad social, política y económica porque, a pesar de las diferencias de clase, la sociedad avanza con la acumulación de capital de manera análoga al funcionamiento ordenado de la Naturaleza o el Universo. Smith piensa también, según Heilbroner (1992), que “las leyes del mercado por sí mismas serán una parte integral de las leyes que permiten que la sociedad prospere o decaiga” (54). Las explicaciones de Smith son más complejas que las de Ricardo porque aquéllas consideran no sólo dimensiones históricas, económicas y políticas, como lo hace Ricardo, sino también aspectos psicológicos, morales, filosóficos y teológicos en una muy intrincada manera. En contraste, Ricardo no va más allá de indicar que cualquier aumento en los salarios relativos constituye una amenaza a la acumulación de capital, porque reduce la participación de los beneficios en el ingreso total. Cabe recordar que Smith fue un académico formador de elites, mientras que Ricardo fue un hombre práctico dedicado a los negocios y la política.

Smith y Ricardo aceptan que la inequidad puede continuar o ser mayor, pero la tendencia de la sociedad hacia el progreso económico y social por medio de la acumulación de capital mitigará esta indeseada situación, al mejorar el bienestar de los trabajadores en virtud de una mayor disponibilidad de la riqueza material de la sociedad a la que incluso los pobres tendrían algún acceso. La libertad, a su vez, basada en la discrecionalidad de los individuos para contratar en concordancia con las leyes –naturales u objetivas- del mercado, sería un pilar fundamental. Es por estas razones que Smith y Ricardo desestiman la efectividad de la intervención gubernamental directa para reducir la incidencia de la pobreza. Smith sólo acepta la acción estatal dirigida a mejorar el nivel de educación de los pobres para contrarrestar los efectos negativos de la división del trabajo en el desarrollo intelectual de los trabajadores. De la misma manera, Ricardo considera que lo mejor que el gobierno puede hacer, aparte de atender a enfermos y ancianos, es promover la educación de los niños y motivar a los trabajadores a ser prudentes a través del ahorro y también una mayor educación.

Para Smith, el mayor ahorro de los pobres se lograría con el mantenimiento de impuestos a los bienes suntuarios. Pese a que por razones sociales, el ingreso de los pobres debe estar exento de la tributación directa, Smith propone mantener vigentes algunos impuestos indirectos por razones de recaudo. Ricardo coincide con Smith en cuanto a la reducción de los gravámenes a los trabajadores, pero porque el mantenerlos constituye una carga adicional sobre las ganancias, lo que reduce el ritmo de acumulación de capital.

Tres comentarios finales. El primero, en contra de la creencia general y a pesar de la existencia de algunas incongruencias que no se pueden negar, el tratamiento de la pobreza en los trabajos de Smith

–especialmente en sus dos libros más importantes, La teoría de los sentimientos morales y la riqueza de las naciones – muestra una extraordinaria consistencia en el sentido de que no modifica sustancialmente sus ideas fundamentales. Segundo, aunque Smith y Ricardo están preocupados por la incidencia de la pobreza en Gran

Bretaña y coinciden en resaltar las bondades del libre mercado y el poco margen de intervención que debería tener la intervención estatal, llama la atención que sus motivaciones hayan obedecido a vivencias e intereses intelectuales completamente diferentes. Por último, es interesante observar en la literatura reciente de la filosofía, la economía y la política que muchos de los argumentos expuestos por estos autores son todavía utilizados, casi dos siglos después de que fueran inicialmente desarrollados. ¿Será que los pensadores de hoy en día siguen creyendo en el origen natural y divino del mercado?


NOTAS AL PIE

1. Todas las citas textuales en este artículo se referirán a la versión inglesa de las diferentes fuentes, con traducciones libres del autor.

2. Todas las referencias a las obras de Smith diferentes a RN están basadas en la edición hecha por Heilbroner (1987).

3. “Los ricos, particularmente, están interesados en apoyar el orden que pueda asegurarles la posesión de sus propias ventajas... El gobierno civil, en tanto, es instaurado para asegurar la propiedad, está en realidad instituido para la defensa del rico contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes no tienen ninguna” (RN, 715).

4. “El nacimiento y la fortuna son evidentemente las dos circunstancias que principalmente ponen a un hombre sobre otro. Éstas son las dos fuentes de la distinción personal y, por esto, son las causas principales que naturalmente establecen la autoridad y la subordinación entre ellos” (RN, 714).

5. “La naturaleza sabiamente ha juzgado que la distinción de rangos, la paz y el orden social, estarán mejor aseguradas sobre las diferencias palpables de nacimiento y fortuna, que bajo las diferencias invisibles y a veces inciertas de la sabiduría y las virtudes. Los ojos de la gran multitud pueden percibir claramente lo primero: es con mucha dificultad que los sabios y virtuosos pueden distinguir lo segundo” (TSM, 136).

6. Autores como Heilbroner, por ejemplo, prefieren denominarlo empatía en vez de simpatía.

7. No interesa qué tan justos o injustos, qué tan virtuosos o no sean los reyes y los nobles, porque “ellos están sustentados en su rango y preeminencia” (TSM, 82). Fitzgibbons (1995), por su parte, dice: “Smith da prioridad a la preservación del sistema... La equidad no era un objetivo o valor por sí mismo, y la preservación del estado requería que la ley fuera imparcial, en lugar de que estuviera parcializada en favor de los pobres” (168).

8. “Los motivos más fuertes... son apenas suficientes para balancear esta disposición natural a respetar [a los ricos]... son aptos para ceder en cualquier momento y fáciles de recaer dentro de su estado habitual para aquellos que están acostumbrados a seguir a sus superiores naturales” (TSM, 81).

9. Heilbroner (1991).

10. Esta disposición a admirar y casi venerar al rico y al poderoso, y a despreciar, o por lo menos a rechazar, a las personas en condiciones de pobreza, aunque necesaria para establecer y mantener la distinción de rangos y el orden de la sociedad, es, al mismo tiempo, la mayor y más universal causa de la corrupción de nuestros sentimientos morales (TSM, 86).

11. Ver TSM, Parte III, Capítulo 3.

12. Heilbroner (1991, 436).

13. Smith evade utilizar la palabra Dios. El prefiere referirse a “El Autor”, “La Deidad” o “El Creador”.

14. Esta oración fue curiosamente utilizada por Morrow (1928) para demostrar cómo “Smith era un creyente convencido de la equidad como cualquier líder revolucionario” (168).

15. Smith dice en RN que el hombre, en virtud de la division del trabajo, es confinado a realizar operaciones simples durante su jornada laboral que lo pueden convertir en estúpido e ignorante. Es este perjuicio social el que justificaria el gasto gubernamental en educación.

16. Prefacio de su libro On the Principles of Political Economy and Taxation, p. 5. En adelante, Principles.

17. Ricardo también afirma en Principles que los salarios dependen de “la oferta y la demanda de trabajo y del precio de las mercancías en que los salarios de trabajo son gastados” (97).

18. Un resumen sobre el principio de la población de Malthus y el debate sobre la población, la renta y la acumulación están en Schumpeter (1966), Cap. V. Ver también Heilbroner (1992), cap. IV.

19. “Que la opinión mantenida por la clase trabajadora de que el empleo de la maquinaria es frecuentemente perjudicial para sus intereses no está fundado en un prejuicio ni en un error, sino que se ajusta a los principios más correctos de la Economía Política” (Principles, 392).

20. Un manufacturero “podría continuar cobrando el mismo precio por sus productos; pero, como ya lo hemos visto, estará obligado a bajar el precio de sus bienes, o si no el capital llegará a la industria hasta que sus ganancias se reduzcan al nivel general... Ni las máquinas, ni las mercancías hechas por éstas, aumentan en valor real, sino que todos los bienes hechos por máquinas se reducen, y caen en proporción a su durabilidad” (Principles, 41-42).

21. Correspondencia a Mill (Sraffa, 1973, 361).

22. “La operación del sistema de las Leyes de Pobres ha sido contraria a esto. Ellas han creado restricciones superfluas, y han invitado a la imprudencia, al ofrecer una porción de los salarios prudentes y de la industria para tal fin” (Principles, 107).

23. Ricardo considera esta posibilidad en una carta a Mill (Sraffa, 1973, 360).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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