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Revista de Economía Institucional

versión impresa ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. v.5 n.8 Bogotá jun. 2003

 


LA HISTORIA DE LA ECONOMÍA POSKEYNESIANA DESDE 1936


THE HISTORY OF POST-KEYNESIAN ECONOMICS SINCE 1936


de J. E. King, Edward Elgar, 2002.



Lina Ochoa C.*

* Economista y estudiante de la Maestría de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, lina_yo@hotmail.com Fecha de recepción: 12 de febrero de 2003, fecha de aceptación: 28 de febrero de 2003.



Muchos son los elementos que han contribuido a formar el panorama actual de la teoría y la política económica, y que continuamente suscitan interrogantes difíciles de responder. Esta obra de J. E. King ofrece una interesante visión que permite avanzar en dicha tarea intelectual. El libro expone el desarrollo de la teoría poskeynesiana desde sus orígenes hasta la actualidad, evalúa los avances en sus principales campos de estudio y señala las divergencias con la teoría neoclásica.

Aunque en el análisis se adoptan dos perspectivas generales –la cronológica en la primera mitad y la temática en la segunda– la estructura del libro refleja la dinámica misma de las ideas poskeynesianas: no sigue una secuencia lineal, uniforme, progresiva, sino que estudia los distintos aspectos centrándose en temas y autores diferentes. Emplea la perspectiva cronológica para analizar las diversas reacciones que desencadenó la Teoría general y mostrar cómo se fueron diluyendo los rasgos característicos de la obra de Keynes en las diversas contribuciones a la síntesis neoclásica. Y la perspectiva temática para aclarar los grandes debates dentro de las corrientes heterodoxas, y entre éstas y la corriente neoclásica. También examina la evolución de los estudios en los campos filosófico y metodológico y en las áreas monetaria y financiera .Este enfoque permite identificar las distintas fases de desarrollo y enriquece la comprensión de los diversos temas.

El poskeynesianismo se estableció en los años 70 como una corriente de pensamiento alternativa a la teoría neoclásica. Si bien se nutrió de numerosos aportes a las teorías del ciclo, del crecimiento y del capital elaboradas anteriormente, en esos años hubo un ambiente favorable para que se difundiera esta opción como corriente alternativa al pensamiento neoclásico.

Algunos desarrollos poskeynesianos se basaron en la Teoría general, pero muchos otros, quizás la mayoría, tuvieron orígenes muy diferentes, a veces anteriores a 1936, como es el caso de los primeros ensayos de Kalecki. Algunos autores consideran que la obra de Kalecki es más rica y más precisa que la obra de Keynes, y que sienta las bases para un análisis diferente, el cual han tratado de profundizar autores como M. Lavoie y L. Taylor. Aunque la figura de Keynes fue la más notable de esta corriente desde el principio, y se intentó armar un programa coherente en torno a ella, con el tiempo se reveló la importancia de otros autores, cuyos aportes permitieron ampliar y matizar algunas ramas de análisis en las que Keynes no ahondó lo suficiente. Todo esto llevó a establecer varios postulados poskeynesianos, entre los que se incluyen el rechazo del axioma de sustituibilidad bruta1, del axioma de ergodicidad2 y del axioma de los reales, del cual se derivó la idea de neutralidad del dinero3.

El estudio de la evolución del poskeynesianismo fuera de Gran Bretaña, que se expone en los capítulos 5, 6 y 11, muestra otras facetas interesantes. King muestra que había un ambiente muy distinto del que se vivía en Cambridge, el cual dio origen a preocupaciones teóricas y políticas muy diferentes. En Estados Unidos, los problemas del crecimiento y de la teoría del capital pasaron a un segundo plano ante el interés por rescatar el análisis keynesiano de la teoría monetaria. Los franceses y los italianos retomaron aspectos más cercanos a los de la economía política y desarrollaron la teoría del circuito monetario. Otros autotes, como Paul Sweezy y Josef Steindl, estudiaron los determinantes de los márgenes de beneficio y del grado de monopolio desde la óptica marxista de confrontación de clases.

Pero, a pesar de sus esfuerzos por construir nuevas herramientas teóricas, los seguidores del proyecto poskeynesiano tropezaron una y otra vez con los viejos modos de pensamiento que habían adquirido en la ortodoxia neoclásica. Así lo reflejan los intentos por expresar sus ideas mediante curvas de oferta y demanda y situaciones de equilibrio. De esa forma se cumplió el famoso vaticinio de Keynes en el prefacio de su Teoría general4, el más profético de cuantos hubiera podido hacer. King corrobora a lo largo del libro los profundos conflictos intelectuales que vivieron Weintraub y Minsky en la década de los 50, Joan Robinson en los 60, y Hicks en la década de los 70.

Aunque la corriente poskeynesiana hizo críticas válidas a la teoría neoclásica, sus diversas respuestas y enfoques han sido considerados débiles por autores neoclásicos como Solow y algunos heterodoxos, pues no han llevado a consolidar una alternativa unificada y coherente frente a la corriente neoclásica. Aún existen desacuerdos en temas esenciales como la necesidad o no de microfundamentos, así sean distintos a los microfundamentos neoclásicos, y sobre la relación entre análisis de corto plazo y análisis de largo plazo. Estos desacuerdos separan a los seguidores de Kalecki, Sraffa y Keynes, quienes han propuesto tres visiones diferentes acerca de cuál debe ser el núcleo de un nuevo proyecto teórico, y en distintos momentos han dado una importancia diferente a las proposiciones afirmativas frente a las proposiciones negativas, es decir, a la formulación de nuevos asertos teóricos frente a las críticas a otras visiones teóricas.

Tampoco hay consenso sobre la clasificación de las escuelas. Algunos consideran que el poskeynesianismo es suficientemente amplio y da cabida a los seguidores de Kalecki, Sraffa y Keynes; otros consideran que a pesar de los aspectos comunes, existe una clara separación. Además, hay elementos comunes con los institucionalistas, marxistas y austriacos, lo que hace aún más difícil establecer fronteras nítidas y rasgos distintivos. Este inconveniente se refleja en el uso del lenguaje, algunos hablan de economía posclásica, otros de economía radical y otros de poskeynesianismo en un sentido muy amplio y general. King adopta la taxonomía de Harcourt y Hamouda (1988) y considera a kaleckianos, sraffianos y keynesianos como integrantes del poskeynesianismo. Lavoie (1992) o Sawyer (1989) usan otros términos y otros criterios de clasificación.

Es claro que en este libro hay una diferencia de énfasis con respecto a otras obras, que puede incomodar a algunos seguidores de esta corriente. Lo que el autor incluyó y la forma como lo hizo, da pie para controversias. En particular, es sorprendente que en todo el libro no se encuentre una sola mención a las tasas propias de interés, un concepto central para autores, como Kregel, que consideran que sin él no se puede entender nada de la obra de Keynes.

King también tiene un profundo desacuerdo con Kregel acerca de la incorporación del dinero en los trabajos pioneros del poskeynesianismo de la década de los 50. Para Kregel (1985), el escenario académico de Cambridge en los años 30 fue un ambiente en el que se gestaron dos momentos importantes para la teoría económica: una revolución en la teoría del valor que dio pie a los trabajos sobre competencia imperfecta elaborados por Kaldor, Harrod, Robinson, y otros más, y la revolución monetaria que Keynes, apoyado en Sraffa (1932), intentó llevar a cabo.

Debido a la pronta incorporación del trabajo de Keynes en el esquemático marco IS-LM de Hicks y Hansen, y el abandono de los aspectos monetarios en la ola de estudios sobre crecimiento derivados del modelo Harrod-Domar, Kregel afirma que el dinero pasó a un segundo plano en los albores del poskeynesianismo, y que la revolución monetaria esbozada en la Teoría general no se pudo desarrollar a cabalidad.

En su análisis del papel del dinero, King se concentra en Kahn y en Robinson, sobre todo en La acumulación de capital, y muestra que el dinero no fue tan ajeno a los primeros poskeynesianos. Incluso muestra a Robinson, a pesar de sus confusiones, como una pionera de la idea de la endogeneidad del dinero y de la teoría del circuito monetario, que se esbozaron tímidamente en La acumulación de capital. También muestra que Kaldor, aunque no en sus trabajos sobre crecimiento, tuvo una clara preocupación por la política monetaria, en su informe al Radcliffe Committee en 1958. Kahn, quien también participó en este comité de estudio de la política monetaria en el Reino Unido, expuso una visión que difiere de la teoría cuantitativa tradicional.

En opinión de King, la política monetaria fue otro de los tantos temas en que los economistas de la época sufrieron de cierta confusión y ambigüedad conceptual. Pero, dejando de lado a los neoclásicos que asimilaron la versión hicksiana de Keynes, no se puede afirmar que el dinero estuvo presente, de una u otra forma, en los primeros estudios poskeynesianos.

Uno de los debates más interesantes, y quizás el que más ayudó a legitimar la crítica a la teoría neoclásica, fue el de la teoría del capital y la función de producción agregada. King dedica un capítulo a este episodio, concentrándose en el análisis que hizo Joan Robinson en su Acumulación de capital. También comenta la crítica al marginalismo basada en la introducción del progreso técnico en los modelos de crecimiento y en la obra de Sraffa Producción de mercancías por medio de mercancías. Sin embargo, deja en segundo lugar la confrontación entre las dos escuelas de Cambridge. Esta omisión no permite apreciar por qué se fortaleció particularmente la crítica poskeynesiana en la década de los 70. Harcourt (1972) es la referencia clásica para entender este impasse que en su momento admitieron los neoclásicos.

En todos los capítulos, el autor tiene el buen tino de mostrar a los lectores que por medio de la evolución de las publicaciones académicas se pueden leer los cambios de orientación de las diversas escuelas teóricas. Los journals son, al fin y al cabo, el medio a través del cual se publican y divulgan los resultados de las investigaciones y las posturas políticas de quienes allí escriben. Y por esa razón, son quizás el medio más adecuado y decisivo para establecer mecanismos de control y selección dentro de la profesión.

Desde el auge y el declive del Economic Journal de Cambridge (Inglaterra) en la década de los 30, el advenimiento del American Economic Review en la época dorada de la síntesis neoclásica, y, luego, la búsqueda de vehículos alternativos –como el Cambridge Journal of Economics, Economie Apliquée y otros que intentan reclamar la atención del lector– las publicaciones académicas han tenido épocas de esplendor y decadencia, y en conjunto van hilando una historia de las confrontaciones teóricas, políticas e ideológicas que habla casi por sí sola.

Para el poskeynesianismo, las últimas tres décadas atestiguan la aparición de un amplio espectro de temas que aún despiertan grandes interrogantes. A medida que se profundiza en ellos aparecen nuevas preguntas. Esto ha dado pie a la especialización, a la división social del trabajo entre los economistas, y ha llevado a entender que en la Teoría general, a diferencia de lo que muchos optimistas creían al principio, hay muchas más preguntas que respuestas.

El libro de King sintetiza los principales aspectos históricos de la corriente poskeynesiana durante más de medio siglo. Esta obra sigue la misma línea de recuento histórico y biográfico que ha caracterizado su trabajo de muchos años. Al presentar los avances que se han logrado y los errores que se han cometido hasta la fecha, el libro permite entrever cuál puede ser el futuro de esta disidencia intelectual y qué se puede esperar de ella. Su lectura será de gran utilidad para quienes tienen en su mente un mapa borroso e ideológicamente sesgado de lo que constituye la heterodoxia en el pensamiento económico. Ojalá contribuya a enriquecer el debate y a eliminar los desafortunados y muy extendidos reduccionismos analíticos en los que se encasillan nuestros círculos de opinión.


NOTAS AL PIE

1. El rechazo del axioma de sustituibilidad bruta implica que el dinero-crédito –como capital financiero– no es sustituible por otros factores de producción.

2. En un ambiente ergódico, las realizaciones pasadas de las variables, es decir, las series históricas, proporcionan información útil y confiable para predecir su comportamiento futuro. Esto implica la existencia de distribuciones de probabilidad objetivas para todas las variables estudiadas.

3. Este es el aspecto central del análisis de Keynes, según Davidson (1984). Otros autores, con orientación sraffiana o kaleckiana han dado más énfasis a otros aspectos, como el rechazo de la competencia perfecta o de la idea del equilibrio.

4. “La redacción de este libro ha sido, para el autor, una prolongada lucha en la que trató de escapar de las formas habituales de expresión, y así debe ser su estudio para la mayor parte de los lectores, si el intento del autor tiene éxito: un forcejeo para huir de la tiranía de las formas de expresión y de pensamiento habituales. Las ideas aquí desarrolladas tan laboriosamente son en extremo sencillas y deberían ser obvias. La dificultad reside no en las ideas nuevas, sino en rehuir las viejas que entran rondando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayoría de nosotros” (prefacio a la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, pág. VIII).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Davidson, P. “Reviving Keynes’s Revolution”, Journal of Post Keynesian Economics 6, 4, verano, 1984, pp. 561-575.

2. Harcourt, G. C. Some Cambridge Controversies in the Theory of Capital, Cambridge, Cambridge University Press, 1972.

3. Harcourt, G. C. y Hamouda, O. “Post-keynesianism: from Criticism to Coherence?”, Bulletin of Economic Research 40, 1, 1988, pp. 1-33.

4. Keynes, J. M. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, Fondo de Cultura Económica, 1936.

5. King, J. E. A History of Post Keynesian Economics Since 1936, Edward Elgar, 2002.

6. Kregel, J. “Hamlet Without the Prince: Cambridge Macroeconomics Without Money”, American Economic Review Papers and Proceedings 75, 2, 1985, pp. 133-139.

7. Lavoie, M. Foundations of Post Keynesian Economic Analysis, Aldershot, Edward Elgar, 1992.

8. Sawyer, M. The Challenge of Radical Political Economy, Londres, Harvester Wheatsheaf, 1989.

9. Sraffa, P. “Dr. Hayek on Money and Capital”, Economic Journal 42, 165, 1932, pp. 42-53.

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