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Revista de Economía Institucional

versión impresa ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. v.13 n.25 Bogotá jul./dic. 2011

 

COLONIALISMO, INSTITUCIONES Y DESARROLLO: EL PESO DE LA HISTORIA EN EL DESARROLLO DE LARGO PLAZO

Colonialism and post-colonial development. Spanish America in comparative perspective,
James Mahoney, Cambridge, Cambridge University Press, 2010, 424 pp.

Julián Arévalo*


* Doctor en Ciencia Política, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, [julianj.arevalo@uexternado.edu.co].

Fecha de recepción: 3 de mayo de 2011, fecha de modificación: 3 de octubre de 2011, fecha de aceptación: 20 de octubre de 2011.


Un problema importante en ciencias sociales es entender cómo incide la historia en la realidad actual y a través de cuáles mecanismos. Si bien se sabe que muchas de las diferencias en el nivel de desarrollo socio-económico de los países o de sus regiones tienen origen en periodos remotos, no hay consenso acerca de qué parte de su historia generó tales diferencias ni acerca de cómo surgieron. Las instituciones sociales, políticas y económicas ofrecen una posible respuesta a estas preguntas, pero no siempre es claro por qué tales instituciones prevalecen en el tiempo y se traducen en diferentes resultados.

En su intento de entender el desarrollo comparativo de las naciones, muchos autores prestan atención al papel del pasado colonial. Adam Smith, por ejemplo, señaló que el estilo de los países colonizadores europeos era un determinante esencial de su política colonial; en las colonias británicas habría una influencia del espíritu liberal más marcada que en las portuguesas o españolas, lo que se traduciría en sistemas legales favorables al desarrollo temprano del capitalismo y quizá al desarrollo económico y social en el largo plazo. Desde otra perspectiva, en un influyente artículo publicado en el American Economic Review en 2001, Acemoglu, Johnson y Robinson argumentaron que las instituciones coloniales que garantizaban la protección de los derechos de propiedad fueron una de las causas del desarrollo de largo plazo y que su establecimiento en las colonias estuvo determinado por las condiciones geográficas y climáticas. En las zonas donde la mortalidad de los colonizadores era relativamente alta, estos optaron por usar las colonias como fuente de extracción de recursos minerales en vez de asentarse en forma permanente; esto habría dificultado la implantación de las instituciones del país colonizador y retrasado el desarrollo del capitalismo.

El libro Colonialismo y desarrollo post-colonial de James Mahoney, profesor de ciencia política y sociología de la Universidad de Northwestern, es una réplica a estas dos visiones parciales de la historia. Desde su punto de vista, fijarse únicamente en la identidad del colonizador o en las condiciones preexistentes en los territorios conquistados es insuficiente para entender la relación entre el pasado colonial y el desarrollo de largo plazo. Su análisis se centra en los países continentales de América que hicieron parte del Imperio Español y elabora una teoría que explica cómo se relacionan las experiencias coloniales de estos países durante cerca de trescientos años con sus niveles de desarrollo económico y social de largo plazo. A modo de ilustración compara brevemente el caso de los imperios británico y portugués, para mostrar la validez externa de la teoría.

Este libro de Mahoney, igual que el anterior, Los legados del liberalismo: dependencia de la trayectoria y regímenes políticos en América Central, también hace importantes aportes a la discusión metodológica. Utilizando las herramientas del análisis histórico comparativo y mostrando un detallado conocimiento de los hechos descritos, pone en tela de juicio la posibilidad de explicar en forma rigurosa estos temas con herramientas puramente cuantitativas, como se ha intentado hacer en los últimos años. A continuación presento el argumento general del libro y luego comento algunas de sus ventajas metodológicas.

ARGUMENTO TEÓRICO

La teoría que propone Mahoney subraya que al estudiar los efectos del periodo colonial en el desarrollo de las sociedades, más que la identidad del colonizador lo que importa son sus instituciones político-económicas; en particular, si eran predominantemente mercantilistas o liberales. El elemento que aportan los territorios colonizados es la importancia del nivel de institucionalización económica, social y política existente antes de la conquista; por ejemplo, el grado de división del trabajo, si existía o no una organización jerárquica, o instituciones religiosas, etc. De acuerdo con el autor, a mayor complejidad institucional en el período pre-colonial, mayor será el grado de participación del poder imperial en la colonia si este es mercantilista, y menor si este es liberal.

El poder colonizador determina divisiones étnicas dentro de las regiones colonizadas, las cuales son fundamentales para entender el desarrollo económico y social de largo plazo; la profundidad de tales divisiones está a su vez determinada por el tipo de instituciones del colonizador. Una mayor penetración de un poder mercantilista crea élites que se perpetúan en el tiempo y que constituyen un obstáculo para el desarrollo de largo plazo, mientras que una mayor penetración de un poder liberal tiende a promover una sociedad sin clases y es, por consiguiente, más favorable para el desarrollo. Es decir, el mecanismo de transmisión de las diferencias coloniales al desarrollo de largo plazo consiste en las instituciones económicas y sociales establecidas a lo largo del periodo colonial, cuyo establecimiento a su vez depende de las condiciones pre-coloniales. A este respecto Mahoney precisa:

    Las instituciones aquí se entienden como instrumentos distributivos que asignan recursos en forma desigual y que, de ese modo, ayudan a constituir actores colectivos asimétricos. Esta orientación pone las consideraciones de poder en el centro de la discusión y destaca el conflicto distributivo entre actores agregados como una fuerza motriz de la historia (Mahoney, 2010, 15).

En el caso de España se distinguen dos periodos marcados por la monarquía en el poder: el de los Habsburgo, durante los primeros doscientos años de la colonia, y el de los Borbón, durante el último siglo de dominio español. La monarquía de los Habsburgo, aparte de mantener una visión mercantilista conforme a la cual imponía drásticas restricciones al comercio, favoreció las relaciones jerárquicas en la sociedad y dio un rol preponderante a la Iglesia Católica, con profundas consecuencias sobre la propiedad de la tierra y el respeto por la autoridad. Por su parte, a comienzos del siglo XVIII el primer monarca Borbón, Felipe V, inició reformas que dieron un aire más liberal al imperio con la liberalización del comercio, la reducción de los beneficios de la Iglesia, el desplazamiento del centro económico de la metrópoli de Cádiz a Barcelona cuya actividad comercial era mucho mayor, y otras reformas orientadas a impulsar la ciencia, la literatura, el arte, etc.

En el primer periodo de la colonia (1492-1700) las condiciones preexistentes determinaron por qué unos territorios fueron centros coloniales importantes mientras que otros se vieron relegados a la periferia y algunos ocuparon una posición intermedia entre ambos extremos1. Así, las regiones densamente pobladas con instituciones complejas como México, Perú y Bolivia se convirtieron en centros coloniales, en oposición a la teoría que explica esta ubicación como resultado exclusivo de la riqueza mineral. De acuerdo con la visión mercantilista predominante en el periodo Habsburgo, las regiones de este tipo facilitaban la explotación de la mano de obra: a las poblaciones colonizadas, acostumbradas a un esquema jerárquico, les era más natural someterse a la explotación bajo otro jefe, que a las poblaciones donde no existían tales jerarquías. Así, después de la muerte de Moctezuma y Atahualpa los imperios azteca e inca decayeron rápidamente, y sus poblaciones se convirtieron en mano de obra para diversas actividades, además de la extracción de minerales. Desde el punto de vista de Mahoney, el factor determinante de la ubicación de los centros coloniales fue la complejidad institucional de las sociedades indígenas y no las riquezas minerales. Al final del periodo Habsburgo, en estos centros se habían establecido élites cuyo poder provenía de monopolios comerciales, en general ligados a la posesión de tierras, la explotación minera y el control de las poblaciones que trabajan bajo su mando.

Esta situación contrasta con la de los territorios que hoy son parte de Uruguay, Argentina y Chile, donde habitaban poblaciones predominantemente cazadoras y recolectoras, sin importantes asentamientos. Debido a su baja complejidad institucional no ofrecían mayores posibilidades para el rápido enriquecimiento de los conquistadores mediante la imposición de tributos o la extracción de minerales, y fueron relegados a la periferia colonial. Al final del periodo Habsburgo no se habían generado cambios substanciales en esos territorios y, en el mejor de los casos, estos habían pasado a ser subsidiarios de centros más importantes para el Imperio, como en el caso de Potosí y su relación con Buenos Aires. Otras regiones que se convirtieron en periferias coloniales son las que hoy son parte de Paraguay, Venezuela, El Salvador, Honduras, Chile y Costa Rica. En esas regiones, la baja complejidad de las instituciones, la escasez de población indígena, y su dispersión o su rápida desaparición, redujeron los incentivos de los españoles para establecerse masivamente e implantar sus instituciones mercantilistas.

En una situación intermedia -la semi-periferia- se encontraban los territorios de la actual Guatemala, cuya posición estratégica cercana a México llevó a instaurar una Audiencia; de la actual Colombia, por sus recursos minerales y su población indígena abundante y medianamente organizada; y de lo que hoy es Ecuador, cuyo fuerte sector manufacturero atrajo a los españoles. En estos lugares surgió una élite comerciante con características similares a las de los centros coloniales.

Con la llegada del siglo XVIII se inició la segunda etapa de la colonia bajo la monarquía de los Borbón. Debido a su interés por estimular el comercio exterior, la nueva monarquía prestó gran atención a las regiones que tenían una población indígena dispersa y un puerto comercial estratégico, o un alto nivel de colonización y nueva riqueza mineral. Cambió entonces la importancia relativa de la mayoría de los territorios coloniales con respecto al legado de más de doscientos años de la monarquía Habsburgo, y de lo que representaban para los intereses del imperio Borbón.

Los territorios que hoy pertenecen a Argentina, Uruguay y Venezuela salieron de su condición periférica y entraron a cumplir un papel más importante en esta segunda etapa de la Colonia: Argentina como centro colonial, y Uruguay y Venezuela como semi-periferias. Cabe señalar que las élites que surgieron en este periodo no estaban ligadas directamente a la tierra y, al mismo tiempo, que el poder de los terratenientes no se basaba en la coerción, como ocurría en el periodo Habsburgo. Otro aspecto importante de estos nuevos centros coloniales fue la homogeneidad étnica que apareció entre la población como resultado de la fuerte reducción de la población indígena y del mestizaje entre grupos raciales. Esta homogeneidad creó en el imaginario colectivo la idea de unidad y vinculó a los diferentes grupos en un proyecto nacional donde las diferencias étnicas no existían o sólo tenían una importancia limitada. Como muestran Alesina y Glaeser (2006), esto favoreció la disposición a la distribución del ingreso y, por tanto, un mayor papel del Estado en la economía.

Según su importancia en el periodo Borbón, en un segundo grupo figuran México, Colombia y Perú, que no abandonaron su legado mercantilista pero que siguieron siendo importantes para el imperio (sobre todo México). Allí se consolidaron sociedades estratificadas y, en Perú, divididas étnicamente. Las élites se mantuvieron ligadas a la tenencia de la tierra, eran protegidas con la concesión de monopolios comerciales y poco se interesaban por desarrollar las manufacturas.

Los territorios de Bolivia, Ecuador y Guatemala que cumplieron un papel de centro o semi-periferia durante el periodo Habsburgo perdieron importancia en el periodo Borbón, y quedaron relegados a la periferia colonial. En Bolivia, una vez cayó la producción de plata en Potosí, la economía minera decayó a una economía de subsistencia, la población se fragmentó étnicamente y se frenaron las pocas posibilidades de desarrollo existentes; algo similar ocurrió en Guatemala.

En Ecuador hubo una depresión general de la actividad económica, de la que se exceptúa el tráfico comercial de Guayaquil gracias al desarrollo de su puerto.

El resto de la región -Chile, Paraguay, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Honduras- mantuvo la posición periférica que tenía en el periodo anterior. Es decir, aunque estos territorios no se vieron afectados por las instituciones mercantilistas de los Habsburgo, tampoco fueron beneficiados por las reformas liberales impulsadas por los Borbón. La actividad económica en estos territorios era bastante escasa luego de más de trescientos años de colonialismo español, y a pesar de algunas diferencias en el tamaño o la composición étnica de la población, en ese momento era imposible vislumbrar las grandes diferencias económicas y sociales que luego aparecieron entre los países de este grupo. Por consiguiente, Mahoney estudia el periodo post-colonial para entender estas diferencias.

Una vez lograda la independencia, Nicaragua, El Salvador y Honduras, sumidos en disputas internas por el control de la República Federal de Centroamérica, tuvieron graves dificultades para efectuar reformas liberales que incentivaran el crecimiento económico. En cambio, Costa Rica -que también era parte de esta república- debido a que estaba en su periferia, no encontró mayores obstáculos para adoptar estas políticas, y desde el inicio de su vida independiente tuvo un ambiente político favorable para poner en práctica políticas orientadas al desarrollo. Al mismo tiempo, su escasa población indígena evitó que se convirtiera en una economía de grandes plantaciones, como sus vecinos centroamericanos.

Al sur del continente las disputas internacionales también crearían diferencias entre aquellos países que no recibieron una importante influencia metropolitana durante los periodos Habsburgo y Borbón: Paraguay y Chile. En Paraguay, la costosa guerra contra la Triple Alianza -Argentina, Brasil y Uruguay- (1864-1870), en la cual su economía fue totalmente devastada y desapareció entre el 50% y el 90% de la población masculina, llevó a un profundo rezago frente a sus vecinos. En cambio, las dos victorias chilenas, primero contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839) y luego en la Guerra del Pacífico (1879-1883), le dieron el impulso económico y moral que buscaba una sociedad floreciente. Rápidamente introdujo reformas liberales, desarrolló el puerto de Valparaíso y se convirtió en una sociedad orientada al comercio. Sin embargo, en términos de desarrollo social, sus logros fueron limitados por el poder y la fuerte posición de los terratenientes en su estructura social.

En síntesis, la combinación de las estructuras sociales existentes antes de la llegada de los colonizadores, el tipo de instituciones que implantaron y los conflictos internacionales durante las primeras décadas de vida independiente determinaron el nivel de desarrollo socio-económico de la América española de finales del siglo XIX. Llama la atención que la posición relativa de estos países, al comparar sus indicadores sociales y económicos un siglo más tarde, sea bastante similar a la que tenían en ese momento. Esto, explica el autor al preguntársele sobre este tema, permite ignorar prácticamente hechos trascendentales del siglo XX, como la Revolución Mexicana o la política económica de la segunda mitad del siglo. No obstante, algunos de esos hechos pueden tener una influencia importante en la medida en que hacen rupturas con el pasado y abren nuevas trayectorias de desarrollo.

COMENTARIOS METODOLÓGICOS

A partir del análisis de la interacción entre las condiciones pre-coloniales y del grado de importancia de las colonias durante los periodos Habsburgo y Borbón, Mahoney construye una teoría sólida que relaciona el pasado colonial de los países de América Española con sus niveles de desarrollo de largo plazo. En los países donde, durante el periodo colonial, no hubo una fuerte influencia de la metrópoli en materia de instituciones sociales y económicas, los resultados son contingentes a guerras internacionales y conflictos internos por el poder durante los primeros años de vida independiente.

Metodológicamente, el autor refina técnicas que utiliza y expone en forma detallada en sus obras anteriores. El concepto básico es el de proceso dependiente de la trayectoria, según el cual una vez el proceso histórico toma cierto curso, es bastante difícil que cambie de trayectoria y se encamine hacia estados diferentes; en otras palabras, la historia importa (Arthur, 1994). Un aspecto interesante de este enfoque es que las condiciones iniciales de los procesos que se estudian marcan su desenvolvimiento en el largo plazo, y que esas condiciones iniciales pueden ser generadas por factores tan variados como una decisión acertada, un error de apreciación o, quizá más interesante, por el azar. En este sentido, es esencial analizar esas coyunturas críticas que determinan el surgimiento de trayectorias diferentes: en el caso que estudia el libro de Mahoney, de los procesos de colonización que generan trayectorias de desarrollo económico y social totalmente diferentes en cada país de la región.

Por otro lado, el uso de las técnicas del análisis histórico comparativo ofrece ventajas en términos de la presentación e importancia de los detalles que diferencian a una observación de otra. En este caso, por ejemplo, permiten entender por qué unas políticas son importantes en una coyuntura o región, pero no en otra. También muestran las variaciones en el tipo de instituciones establecidas en diferentes momentos y lugares, así como la relación secuencial entre la suma de todos estos aspectos y los resultados que cada país alcanza en términos de desarrollo. Es decir, en la investigación se atribuye un papel trascendental a los detalles históricos, en lugar de quedar relegados al "error", como ocurre en los estudios econométricos.

En este sentido, el enfoque de Mahoney contrasta con el de trabajos como el de Acemoglu, Johnson y Robinson, que no describen las instituciones coloniales que determinan el desarrollo de largo plazo. Así dejan de lado el problema de encontrar el mecanismo por el cual la historia incide en el desarrollo de las sociedades. Este enfoque metodológico tiene graves limitaciones, pues como señala Mahoney, al tratar a cada país como una unidad homogénea en el análisis econométrico de regresión se pasan por alto muchos detalles. En este tipo de trabajos:

    Los problemas de [sus] amplias generalizaciones se esconden reportando los resultados en el formato de un artículo extenso que solo aborda la historiografía de manera superficial. "Sus referencias a la historia son generales y faltan los detalles sobre los 'hechos históricos' reales; en sus interpretaciones incluyen muy pocos datos históricos, análisis de secuencias o estudios contextuales detallados". Como resultado "dan por descontada la existencia de una realidad que en muchos casos ha sido cuestionada por los estudios históricos". Es claro, sin embargo, que para explicar los resultados del desarrollo, toda teoría histórico-institucional del colonialismo que merezca ese nombre debe ser compatible con los registros empíricos de los países individuales, cuando se analizan con algún detalle (Mahoney, 2010, 19, quien cita entre comillas a Alonso, 2007).

Es claro que en este libro de Mahoney se presenta una explicación mucho más profunda de los factores históricos que son importantes en el desarrollo económico y social de largo plazo, así como de los mecanismos a través de los cuales se transmiten. Adicionalmente, dado que el enfoque de análisis histórico comparativo da especial énfasis a los mecanismos causales y a la evolución a lo largo del tiempo, el texto queda en un campo distinto del de la sociología histórica y de aquel del institucionalismo histórico (Mahoney y Rueschemeyer, 2003).

Finalmente, para quienes dudan de los estudios que no se presentan en términos formales o con modelos matemáticos, Mahoney complementa los capítulos fundamentales de su análisis con modelos de álgebra booleana que sintetizan los argumentos. La presentación de estos modelos al final, y no al inicio, como es costumbre, sirve para recapitular el material que se ha analizado y para reconstruir la argumentación. De ninguna manera simplifican el análisis ni imponen supuestos que oscurecen los hechos históricos.

CONCLUSIONES

Lejos de enunciar vagas generalidades sobre los hechos históricos y de repetir la historia colonial de la América Española, este libro presenta una teoría falsable acerca del papel de la Colonia en el desarrollo de largo plazo. Su validez externa es puesta a prueba con el análisis de algunas colonias inglesas y de diferentes regiones de Brasil bajo dominio portugués, lo cual deja la satisfacción de no estar ante un recuento de los hechos que solo se ajusta a los casos estudiados a profundidad, sino frente a una teoría aplicable en diferentes contextos.

Por su detallado manejo de la historiografía, sus técnicas analíticas y su contribución a la comprensión del papel de la historia en el desarrollo de los pueblos, Colonialismo y desarrollo post-colonial. La América española en perspectiva comparada, de James Mahoney, es una referencia esencial para los estudiosos de las ciencias sociales. Además es un caso ejemplar del uso del método histórico comparativo como herramienta analítica. Por último, vale la pena decir que el libro de Mahoney establece un estándar muy alto en el estudio de la relación entre colonialismo y desarrollo post-colonial que supera ampliamente el de algunos estudios recientes sobre este tema.


PIE DE PÁGINA

1Las categorías utilizadas en el libro son de carácter ordinal; para una discusión de las comparaciones nominales y ordinales en análisis causales, ver Mahoney (2003).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Acemoglu, D., S. Johnson y J. Robinson. The colonial origins of comparative development: An empirical investigation, American Economic Review 91, 5, 2001, pp. 1369-1401.        [ Links ]

2. Alesina, A. y E. L. Glaeser. Fighting poverty in the US and Europe: A world of difference, Oxford, Oxford University Press, 2006.        [ Links ]

3. Alonso, J. "Inequality, institutions and progress: A debate between history and the present", CEPAL Review 93, 2007, pp. 61-80.        [ Links ]

4. Arthur, B. Increasing returns and path dependence in the economy, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1994.        [ Links ]

5. Mahoney, J. The legacies of liberalism: Path dependence and political regimes in Central America, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 2002.        [ Links ]

6. Mahoney, J. "Strategies of causal assessment in comparative historical analysis", J. Mahoney y D. Rueschemeyer, eds., Comparative historical analysis in the social sciences, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.        [ Links ]

7. Mahoney, J. Colonialism and postcolonial development: Spanish America in comparative perspective, Cambridge, Cambridge University Press, 2010.        [ Links ]

8. Mahoney, J. y D. Rueschemeyer. "Comparative historical analysis: Achievements and Agendas", J. Mahoney y D. Rueschemeyer, eds., Comparative historical analysis in the social sciences, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.        [ Links ]

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