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Revista de Economía Institucional

versión impresa ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. v.14 n.26 Bogotá ene./jun. 2012

 

LA COMPETENCIA PARTIDISTA EN LATINOAMÉRICA Y SUS DETERMINANTES DE LARGO PLAZO

Latin American Party Systems, Herbert Kitschelt, Kirk A. Hawkins, Juan Pablo Luna, Guillermo Rosas y Elizabeth J. Zechmeister, Cambridge, Cambridge University Press, 2010, 416 pp.

Julián Arévalo*

* Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Boston, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, [julianj.arevalo@uexternado.edu.co].

Agradezco los comentarios de Gabriel Angarita a una versión preliminar.

Fecha de recepción: 17 de enero de 2012, Fecha de modificación: 17 de febrero de 2012, Fecha de aceptación: 20 de febrero de 2012.


La escena política latinoamericana se caracteriza por candidatos que compiten por un partido y al año siguiente lo abandonan, partidos frágiles que desaparecen luego de una derrota electoral y líderes carismáticos que tienen más poder que los partidos a los que pertenecen. En este escenario, muchos partidos políticos solo son vehículos para llegar al poder y carecen de una propuesta ideológica bien definida así como de relaciones programáticas con el electorado. En consecuencia, muchos políticos de la región se han adaptado a este entorno indeseable evitando lo que consideran "el estigma de los partidos". Para ello destacan las virtudes de ser independientes y de participar en movimientos personalistas, lo que a su vez contribuye al detrimento de las instituciones políticas y a la profundización de la crisis de los partidos.A pesar de estos rasgos comunes, hay gran heterogeneidad en el sistema de partidos de los países de la región.Mientras que en Chile o Urugua y los políticos de todo el espectro ideológico ofrecen opciones que representan en forma relativamente satisfactoria a los diferentes sectores del electorado, la representación y la coherencia ideológica en Bolivia, Ecuador y el mismo Brasil son menos estructuradas. Los partidos políticos -fuertes y con lazos programáticos con la ciudadanía- son una condición necesaria para el sano desarrollo de la democracia. Más aún, son fundamentales para reducir al electorado los costos de búsqueda de información sobre los candidatos, y facilitan la respuesta a las demandas de la ciudanía y el proceso de rendición de cuentas de los políticos.

Estas consideraciones invitan a explorar los factores que favorecen la estructuración programática de los partidos políticos. El libro Sistemas de partidos latinoamericanos de Herbert Kitschelt, Kirk A. Hawkins, Juan P. Luna, Guillermo Rosas y Elizabeth J. Zechmeister propone algunas respuestas a este interrogante.

Los autores definen la estructuración programática de los partidos (EPP) -su concepto de fondo- como la situación en que hay coherencia dentro de los partidos y estos desarrollan lazos con el electorado a partir de sus agendas ideológicas. Así, si todos o la mayoría de los partidos relevantes buscan llegar al poder con base en relaciones programáticas hablaremos de una estructuración programática del sistema de partidos.

Kitschelt y su equipo argumentan que la EPP es conveniente desde el punto de vista normativo ya que es la mejor alternativa frente a otras maneras de relacionarse con el electorado, como la provisión de bienes colectivos y de bienes club, y las prácticas clientelistas. Pero, quizás más importante, la competencia programática es factible empíricamente porque, a pesar de lo que sugiere el teorema del votante mediano, una vez los partidos han definido sus perfiles programáticos, y para no romper los lazos con el electorado, los cambios de posicin suelen ser incrementales

El estudio busca encontrar los determinantes de la EPP para una muestra de 12 países latinoamericanos. De acuerdo con los autores, para entender la es más importante un enfoque de largo plazo que las explicaciones coyunturales. Justifican este enfoque argumentando que en este campo las coyunturas críticas que se estudian en procesos históricos del tipo 'trayectoria-dependiente' suelen demorar varios años, e incluso décadas1. Además, aclaran que la estructuración de los sistemas de partidos no es un proceso teleológico sino de carácter evolutivo: los resultados observados en la actualidad de ningun amanera representan el mejor escenario posible y surgen de repetidas rondas de ensayo y error, así como de condiciones imprevisibles en cada etapa del proceso.

Su hipótesis de trabajo es que los países con alto crecimientoeconómico antes de la Segunda Guerra Mundial, largos períodos de competencia democrática después de 1945 e importantes divisiones históricas frente a temas 'sensibles' fueron capaces de establecer una competencia programática partidista que persiste al menos hasta finales del siglo XX. En este sentido, los temas 'sensibles' corresponden al desarrollo de la política social en el plano económico, a los conflictos Estado-Iglesia en el religioso o a las posiciones frente a la democraciay el autoritarismo en el político.

El libro consta de dos grandes secciones; en la primera se desarrollan algunas medidas que captan el grado de estructuraciónprogramática de los sistemas de partidos de los países de la muestra; la segunda busca explicar los resultados de la primera parte y poner a prueba algunas hipótesis alternativas frente a los causales de la estructuración programática; luego se discute la relevancia de la estructuración programática. A continuación resumo y discuto cada una de estas secciones y al final hago algunos comentarios generales sobre el texto.

DESARROLLO DE LOS INDICADORES DE EPP

Con el fin de cuantificar el grado de estructuración programática de los sistemas de partidos, los autores desarrollan técnicas innovadoras para tratar los diferentes aspectos que captan los componentes del concepto de estructuración programática de los partidos. Dedican el primer capítulo de la sección a identificar las dimensiones ideológicasde las legislaturas latinoamericanas y el grado en que estas dimensiones se traducen en divisiones partidistas. Utilizan la base de datos de parlamentarias de Latinoamérica de 1997 y 1998, que incluye respuestasde los congresistas a preguntas de carácter social, económico, político y moral. Las técnicas que utilizan aquí son el análisis factorial y el análisis de función discriminante.

Encuentran una alta heterogeneidad en torno a las principales líneas de división de los legisladores. Mientras que en Argentina,Chile, Colombia, México, Perú y República Dominicana hay una clara división ideológica en torno a temas económico-distributivos, est ausente en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y Venezuela. En Uruguay, por ejemplo, el factor de división más importante capta aspectos relacionados con la inversión extranjera, mientras que en Costa Rica se refiere a variables de carácter moral/religioso y de derechos de minorías. Más aún, en todos los países de la muestra las variables relacionadas con temas morales y religiosos captan importantes diferencias entre los congresistas, lo que podría indicar una representación de las divisiones existentes en la sociedad.

En este análisis también es interesante que en varios países algunasdimensiones se traslapan. Por ejemplo, en Chile los temas económicosy políticos muestran una clara superposición: los congresistas inclina-dos a la derecha en el plano económico (que favorecen privatizacionesy se oponen al control de precios y a la creación de empleos) tienen opiniones menos favorables sobre la democracia, los partidos políticosy los derechos de las minorías.

Sin embargo, como es propio del análisis factorial, este enfoquede divisiones ideológicas no explica de qué manera se traducen en divisiones entre los partidos. Para analizar esto se usa la técnica de análisis de función discriminante, donde los "grupos" propuestos son los partidos políticos. Esto reduce el número de dimensiones ideológicas ya que muchas de ellas no se traducen en divisiones partidistas. Por ejemplo, aunque en Argentina la dimensión religiosa es bastante divisiva entre los legisladores, no es suficientemente fuerte para generar divisiones entre los partidos. Esto implica que se encuentran opiniones religiosas de todo tipo en los partidos a lo largo del espectroideológico.

Como resultado, el espacio ideológico-partidista se reduce a una sola dimensión en la mayoría de los países: al parecer México y Chile son excepciones a esta regla, cada uno con dos dimensiones, mientras que Colombia no aparece con ninguna, es decir, no hay ninguna diferenciación importante entre los partidos políticos de la muestra en la legislatura del periodo (1994-1998).

Diferencias semánticas, representación política y cohesión ideológica

Para analizar el grado de estructuración programática de los partidos,los autores también exploran en qué medida los conceptos de izquierday derecha tienen sentido entre los congresistas de la región. Para ello usan como variable dependiente la ubicación que cada cual hace de sí mismo en el espectro ideológico; las variables independientes son los factores y la función discriminante encontrados previamente. En general, los conceptos de izquierda y derecha están principalmente asociados a los planos económico y religioso. Sin embargo, en Argentina, Chile, Costa Rica, México, República Dominicana y Uruguay los conceptos de izquierda y derecha tienen importancia substantiva -están fuertemente relacionados con posiciones tradicionalmente asociadas a ellos-,y en Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Perú esto ocurre en mucho menor grado.

Luego abordan la segunda parte de la EPP, es decir, el grado en que existen lazos programáticos entre los partidos y la ciudadanía:la esencia de lo que se conoce en la literatura como representación política. Para determinar en qué medida los partidos representan a la ciudadanía, los autores comparan respuestas de la base de datos de congresistas latinoamericanos con respuestas de ciudadanos comunes y corrientes que aparecen en el Latinobarómetro de 1998. En este caso,Chile, Uruguay y Argentina aparecen relativamente bien representados -algo similar a lo que ocurre en los análisis anteriores- mientras que México, Costa Rica y Ecuador ocupan el fondo de la tabla; los demás países ocupan posiciones intermedias.

Finalmente, presentan una medida de cohesión ideológica de los partidos: la desviación estándar de las respuestas de los congresistas de cada partido a varias preguntas.Y encuentran un nivel de cohesiónrelativamente alto en Chile, Uruguay y Bolivia, mientras que Colombia aparece con el sistema de partidos menos cohesivo; de hecho,dos de los tres partidos menos cohesivos de la región -el Liberal y el Conservador- son colombianos.Encuentran además que los partidosde izquierda tienden a ser más cohesivos que los de derecha, y que los más cohesivos nunca han alcanzado la presidencia.

LA DIVERSIDAD Y LA IMPORTANCIA DEL LARGO PLAZO

Qué explica la diversidad de los resultados encontrados hasta ahora? La sección descriptiva de Latin American Party Systems es bastante enriquecedora y presenta técnicas interesantes para una aproximacióncuidadosa al concepto de EPP. No obstante, desde el punto de vista deldebate académico, la segunda sección del libro es más ilustrativa ya que explora los determinantes de los niveles de EPP encontrados en la región, así como posibles mecanismos causales. Los autores argumentan que "la estructuración programática de los partidos encuentra sus raíces en períodos tempranos de competencia democrática e intensa lucha por el mando de la economía política de cada país" (Kitschelt et al., 2010, 177).Y para mostrarlo desarrollan dos conceptos: capacidades y oportunidades. El primero se refiere a los recursos disponibles en un momento específico de la historia de los países; en particular,el análisis se centra en el PIB per cápita en 19282, y encuentran una fuerte correlación entre este y las distintas medidas de EPP anteriores; curiosamente, al usar medidas más recientes del PIB per cápita la correlación es menor, lo cual favorece la explicación de largo plazo.

Por su parte, el concepto de oportunidades se refiere a los periodosde democracia, total o parcial, desde 1945 hasta 1998. Los datos del estudio sugieren que los países con un nivel de desarrollo económico relativamente alto crearon incentivos para promover la organización partidista orientada a la lucha por esos recursos. Desde luego, solodonde las condiciones políticas garantizaron la existencia y librecompetencia de los partidos se alcanza estructuración programática.Además, esta solo se estableci propiamente en los países donde estos doscomponentes favorecieron niveles moderados de política social dentrodel modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Eneste sentido, la política social tiene un efecto amplificador de la estructuración programática generada por las capacidades y las oportunidades.

Vale la pena subrayar que la política social, y no la intensidad en la aplicación del modelo de sustitución de importaciones, fue la clave para institucionalizar la competencia programática. Porque a pesar deque el modelo económico favoreció la formación de partidos urbanos estructurados en torno suyo, también dio a los partidos de gobierno lacapacidad de asignar recursos mediante prácticas clientelistas; como vimos antes, una alternativa a la estructuración programática. Tal como dicen los autores: "la política social se convierte en 'el asunto'del conflicto político, donde los derechos civiles y políticos permiten el surgimiento de grupos de interés político bajo condiciones de desarrollo económico con industrialización y urbanización crecientes" (ibd.,189).Así,aparece una relación estrecha entre la importancia de los conflictos por los temas de política social y el desarrollo de lazos programáticos entre los partidos y el electorado: cuando aquellos no existn, los políticos acudían a relaciones clientelistas con el electorado; cuando los conflictos eran intensos o comunes, se facilitaba la estructuración programática.

La política social genera costos y beneficios así como beneficiarios ycontribuyentes, lo que incentiva a los diferentes grupos de la sociedada organizarse políticamente para maximizar su bienestar y, por ese camino, les quitan a los políticos la facultad para asignar beneficios a grupos específicos. Finalmente, una política social incluyente crea y mantiene grupos de interés amplios, lo que incentiva a los políticos a desarrollar estrategias programáticas que les garanticen su apoyo.Es decir, a dar prelación a estas estrategias programáticas frente al desarrollo de lazos clientelistas.

Ahora, si la explicación del papel de la política social -amplificar el efecto de las capacidades y las oportunidades- es coherente, ¿qué determina cada una de las anteriores? En este punto del análisis, los autores recurren a la literatura sobre fraccionamiento etno-lingüísticopara argumentar que, tal como ocurre en los contextos europeo y estadounidense, las sociedades con alto nivel de fraccionamiento dejan menor espacio a la política social. Es decir, mientras que en sociedades homogéneas se asocia la pobreza con mala suerte o hechos infortunados, en sociedades heterogéneas se tiende a estigmatizar a los grupos más afectados por la pobreza, y a buscar explicaciones a su condición en aspectos como su cultura, religión o etnicidad. Como resultado, las sociedades más homogéneas etno-lingüísticamente tienen mayor bienestar que las más fraccionadas (Alesina y Glaeser,2006; Alesina et al., 1999).

De ese modo, la relación que se argumenta en el libro va del nivel de fraccionamiento etno-lingüístico a la estructuración de los sistemas de partidos, pasando por las capacidades, las oportunidades y la política social. Es claro que este argumento puede parecer ambicioso,y los autores prestan cuidado a no sugerir una relación causal explícita.Para tener resultados concluyentes y determinar en qué medida las correlaciones encontradas entre las variables propuestas ofrecen una explicación causal de los resultados; además, sugieren hacer estudios de 'seguimiento de procesos'3.

Así como en la dimensión económica, la explicación de la estructuración de los sistemas de partidos en torno a temas religiosos se remonta a fenómenos de largo plazo en la vida de los países. En particular, el análisis se centra en las disputas de finales del siglo XIX y comienzos del XX por el papel de la Iglesia Católica en el orden político. El argumento es que los países donde el conflicto por la relación entre Iglesia y Estado fue intenso o duradero tienden a tener divisiones programáticas entre los partidos que persisten hasta finalesdel siglo XX;por el contrario,no aparece una clara estructuración programática en torno a la religión en los países donde estos conflictos fueron leves o se superaron con rapidez.

Así, en Chile, México y Uruguay -donde la división por temas religiosos es más importante- se observan conflictos por razones religiosas que tardaron en resolverse hasta bien entrado el siglo XX. En cambio, en Bolivia, Perú y República Dominicana -los menos estructurados en torno a la religión- nunca hubo una disputa importante por estos temas, las ideas liberales nunca se establecieron y el catolicismo se declaró rápidamente como religión de Estado.

En contra de lo que se podría esperar, la presencia y el los partidos demócrata-cristianos no están asociados con la estructuración programática en torno a la religión ya que aparecieron mucho después de que terminaran las grandes disputas por la relación entre Iglesia y Estado.

¿Cuál es el papel del corto plazo?

Una vez presentada la evidencia en favor de su hipótesis -que las capacidades y oportunidades son condiciones necesarias para laestructuración programática de los partidos-, los autores pasan aconsiderar hipótesis alternativas. En particular, el posible papel de algunas variables de corto plazo.

Una motivación para ello es que los casos de Brasil y México aparecen como excepciones a su explicación. En particular, Brasilescapa a diferentes especificaciones presentadas en el texto, lo que los lleva a considerar que en casos como este el corto plazo podría ser un factor importante.

Como posibles variables explicativas de corto plazo consideran la descentralización, la profesionalización del servicio civil, las leyes electorales y la relación entre las ramas del Estado. En esta sección el análisis sigue el método previo de hallar correlaciones entre las medidas de EPP y las explicaciones propuestas. El resultado principal es que ninguna de esas correlaciones es importante en sentido estadístico,lo que los lleva a descartar cada hipótesis alternativa.

Tal vez esta sección sea la más debatible ya que si bien los autores son consistentes en el uso del mtodo, sería muy enriquecedor un análisis más detallado que permitiera entender conceptualmente por quécada una de las posibles alternativas no juega un papel fundamental en la heterogeneidad de la EPP. Vale la pena señalar que en esta sección son cuidadosos en no establecer conclusiones finales, y dejan la puerta abierta a la discusión frente a enfoques que defiendan el papel que las instituciones tienen en la EPP4.

Sin embargo, señalan que al hablar de la estructuración programática de la dimensión política el corto plazo puede ser relevante. En este sentido, las experiencias recientes de regímenes autoritarios y su intensidad contribuyen a explicar las posiciones de los congresistas en temas como la preferencia por la democracia, las elecciones, la necesidad de partidos y los derechos de las minorías. Así, aunque en los temas económicos y religiosos el largo plazo ofrece explicaciones razonables para los niveles recientes de EPP, en temas políticos puede ser más conveniente centrar la atención en fenómenos más recientes.

Importancia de la epp y consideraciones a futuro

En este punto vale la pena indagar acerca de la importancia real de la estructuración programática de los sistemas de partidos. A fin de cuentas, conceptos relacionados, como el de institucionalización de los partidos políticos, desarrollado en el gran trabajo de Mainwarig y Scully (1996), indican que algunos países con instituciones políticas relativamente fuertes, más tarde tuvieron una crisis importante en su sistema de partidos, como Colombia y Venezuela.

Kitschelt y su equipo muestran un importante efecto de la EPP sobre la intensidad y las formas de participación, la estabilidad ypredictibilidad de la competencia democrática, la calidad en el diseño de políticas, la gobernanza y el apoyo a la democracia. En efecto,encuentran que en varios de estos casos la EPP tiene un mejor comportamiento en términos de predicción de estas variables que el de variables tradicionalmente consideradas para este propósito, como el PIB per cápita o la tasa de crecimiento económico.

A pesar de ello, habría que profundizar la discusión sobre la estructuración programática de los partidos y lo que significa en el ámbito netamente político. Por ejemplo, Coppedge (1997) señala algunas de las limitaciones que un sistema de partidos rígido, aunque bien estructurado, puede imponer a la evolución de la democracia. Siavelis (2009) y Luna y Altman (2011) llaman la atención sobre las diferencias entre la política nacional y la regional, y observan que algunos partidos que logran penetrar profundamente la sociedad pueden llegara ser nocivos para el desarrollo de la democracia.

A futuro se esperaría que algunas condiciones que han sidofundamentales para la estructuración programática de los partidosen los últimos años sean remplazadas por fenómenos más recientes,con implicaciones de largo plazo. Los autores destacan las distintas posiciones frente al Consenso de Washington que, como se havisto en la región durante las dos últimas décadas, genera al menos dos bloques ideológicos importantes (Levitsky y Roberts, 2011; Weyland, 2010).

Siguiendo este enfoque se logra distinguir entre los modelosde liberalismo institucional y liberalismo social, los cuales podríanseguir siendo aspectos divisores en países que ya cuentan concierta estructuración programática. En cambio, en aquellos dondeesta es débil se empieza a percibir un giro "neo socialista" hacia la profundización de políticas clientelistas. En ese sentido, el pesode la historia, y específicamente las condiciones generadas porlas políticas sociales en el marco de sustitución de importaciones, siguen teniendo efectos en la estructuración programática, a pesarde que sean otros los temas que hoy entran a cumplir un papelpreponderante.

COMENTARIOS FINALES

El trabajo de Kitschelt y su equipo marca un alto punto en el estudio de los sistemas de partidos políticos de la región. Es consistente en el mtodo -a pesar de las limitaciones que implica en algunos casos-,tiene gran validez externa -sus métodos se aplican a otras regiones con resultados satisfactorios- y ofrece una propuesta audaz para estudiar los determinantes de la estructuración programática.

Además, el libro invita a continuar su propuesta en varias líneas de investigación futura: análisis de casos para poner a prueba la hipótesis principal; actualización de los resultados con datos más recientes para estudiar el impacto de reformas electorales y otros cambios institucionales de corto plazo; aplicación a otros contextos fuera de la muestra estudiada; contraste entre los niveles nacional y subnacional, etc.

En fin, Latin American Party Systems no solo aborda su problema de manera muy cuidadosa y sistemática, ofreciendo una posible respuesta al interrogante principal, sino que abre un sinnúmero de posibilidades para que los estudiosos de estas materias continúen el camino que allí se propone.

Para los interesados en el tema de los partidos políticos desde una perspectiva menos académica, el libro ofrece posibles respuestas acercadel estado actual de los sistemas de partidos de la región y permite hacer comparaciones entre los países, tanto sobre su situación actual como respecto de los fenómenos históricos que la propiciaron.

Asimismo, invita a reflexionar sobre los causantes de las crisis de partidos que presenciamos en la región, las crisis de representación y sus posibles consecuencias políticas, sociales y económicas. En general,invita a pensar en la importancia de un sistema de partidos fuerte, donde los ciudadanos se vean bien representados y se reduzcan los incentivos para candidaturas personalistas,así como para el desarrollode lazos clientelistas entre políticos y electores.

Latin American Party Systems es, a todas luces, un libro recomendable para los interesados en las instituciones políticas, los partidos políticos, la política comparada y las dinámicas políticas regionales.


PIE DE PÁGINA

1Ver Mahoney (2002).
2Un año de auge después de la recuperación económica posterior a la Primera Guerra Mundial, y antes de la caída de los mercados en 1929.
3Ver Mahoney (2003); para aplicaciones a partidos políticos de la región, ver Van Cott (2007) y Hunter (2010).
4Para estudios con este enfoque, ver Ames (1995 y 2002).


REFERENCIAS

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