SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.16 número30J. M. KEYNES: CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Revista de Economía Institucional

versión impresa ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. vol.16 no.30 Bogotá ene./jun. 2014

 

LA INTRODUCCIÓN DEL PENSAMIENTO MODERNO EN COLOMBIA: EL CASO DE LUIS E. NIETO ARTETA

Gonzalo Cataño, Bogotá, Universidad Externado de Colombia,2013, 558 pp.

Jorge Giraldo Ramírez*

*Doctor en Filosofía, profesor de la Universidad EAFIT, Medellín, Colombia [jorgegiraldo@eafit.edu.co].

Fecha de recepción: 20 de enero de 2014, fecha de modificación: 28 de febrero de 2014, fecha de aceptación: 25 de abril de 2014.


El sociólogo colombiano Gonzalo Cataño, uno de nuestros pioneros en la historia y la sociología de las ideas, acaba de dar a la publicidad este libro, fruto de una larga investigación. En la solapa, la Universidad Externado de Colombia indica que la publicación se vincula a los festejos por el centenario del natalicio del "jurista, historiador y filósofo colombiano Luis E. Nieto Arteta (1913-1956)".Para Cataño, la salida de este libro a la luz pública es mucho más que la oportuna casualidad de una efeméride. En 2002, el Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahíta de la misma universidad había publicado Luis Eduardo Nieto Arteta: esbozo intelectual, también de su autoría. En el prólogo -titulado "A manera de excusa"- Cataño cuenta la prehistoria de este trabajo: un texto escrito en 1976 destinado a contextualizar las obras de Nieto Arteta hasta entonces difundidas, luego revisado para su publicación. En la bibliografía del ensayo de 2002 se evidencia, además, el persistente interés en el tema: diez artículos en revistas de carácter diverso publicados entre 1976 y 1999.Entre las dos obras no solo hay 38 años de distancia y 440 páginas más en cuanto a volumen. Hay, al menos, tres diferencias sustanciales. La primera tiene que ver con su carácter. El texto de 1976 fue escrito con la pretensión de ser una biografía intelectual, pero reducido en sus alcances conscientes a "esbozo" en la edición de 2002. El libro que reseñamos cumple con creces las condiciones de una biografía intelectual tal y como podemos identificar el género en obras que pueden delimitar su canon, tales como el Marx de Maximilien Rubel (Marx: ensayo de biografía intelectual) o, más recientemente, el Weber de Joachim Radkau (Max Weber: la pasión del pensamiento). Es decir, un orden cronológico que despliega elementos biográficos y contextuales para enfocarse en las características de la obra del personaje objeto de estudio: sus influencias, preocupaciones, recepciones.

La segunda diferencia es aún más radical. La obra publicada en 2013 promete responder a un problema más vasto: el de la recepción del pensamiento moderno en Colombia a través del estudio de un caso representado por la obra y la trayectoria del intelectual barranquillero Luis Eduardo Nieto Arteta, justificado debidamente por su representatividad del estado intelectual del país en las tres décadas que discurren entre 1930 y 1960.

Por último, durante esas casi cuatro décadas, Gonzalo Cataño efectuó una rica inmersión en el periodo estudiado, como se deduce de su biografía de Gerardo Molina y del minucioso trabajo editorial que ha adelantado en torno a la obra de Baldomero Sanín Cano, una investigación que sin dudas se refleja en la profundidad, la erudición y la destreza demostradas en el trabajo más reciente.

Sin embargo, amén de la personalidad y la obra a la que se consagran, ambas obras están vinculadas por la solidez de la información obtenida en el trabajo de archivo -especialmente en la correspondencia y en la prensa periódica- y por la distancia crítica que el autor toma, y hace notar constantemente, con respecto al desempeño de su personaje y al valor de sus acciones y de sus obras. Esto nos permite decir que ambos trabajos corresponden a un investigador maduro y que no es en este respecto donde caben las diferenciaciones.

Elementos biográficos e históricos aparte, el libro dedica nueve de sus trece capítulos al análisis de los cinco principales campos de estudio en los que se desplegó la actividad de Nieto Arteta, a saber, el marxismo, el derecho (principalmente el derecho penal), la filosofía del derecho, la economía política y la filosofía (escorada hacia la lógica y la fenomenología). Cumple este propósito mediante un examen pormenorizado de las obras del pensador caribeño que recaba en los detalles de la situación que las originó, sus planteamientos, su estructura y sus rasgos formales, así como las fuentes que utilizó y el impacto que tuvieron tanto entre sus colegas y allegados como en la prensa periódica y en los círculos especializados de América Latina. La investigación no se limita a las características de las sucesivas preocupaciones intelectuales de Nieto y a sus concreciones en la ingente cantidad de artículos, informes y libros que resultaron de ellas; también se ocupa del contexto intelectual que configuró los problemas y las discusiones del autor, así como de las redes intelectuales que lo alimentaron, fundamentalmente hispanoamericanas.

Para cumplir estos cometidos, Cataño hizo una minuciosa y ardua investigación que lo llevó a identificar el estado de los estudios colombianos sobre los aspectos que interesaron a Nieto Arteta como historiador, economista o sociólogo; los problemas y las controversias del primer tercio del siglo XX, especialmente en asuntos filosóficos y jurídicos, escenificados en Hispanoamérica pero vinculados estrechamente al acontecer de las ciencias humanas en Europa y Estados Unidos; y a elaborar un mapa erudito del trabajo de los traductores, comentaristas y editores que facilitaron la recepción de las obras de los pensadores más activos y reconocidos en el viejo continente.

Como es de esperar el aspecto más elusivo de las promesas del libro de Gonzalo Cataño es el que se refiere al pensamiento moderno. Ante todo por el carácter polisémico, cuando no polémico, del concepto de modernidad. En cuanto época histórica la modernidad es ampliamente comprehensiva: incluye cosmovisiones, formas de organización social y tipos de narrativas no solo diferentes sino también,en muchos casos, contradictorias. En cuanto concepción normativa contrapuesta a los relatos teocéntricos o cosmocéntricos y portadora de ciertos ideales, a veces identificada con el término Ilustración, la modernidad tampoco precisa nada; quizá excluya, definitivamente, ciertos tipos de sociedad y algunos enfoques interpretativos de la naturaleza y la sociedad, pero poco más.

Esta complejidad ha suscitado una intrincada gama de taxonomías y tipologías que proponen sucesivas fases de la modernidad, desde el quatroccento y la inclusión de América en el horizonte europeo hasta los acontecimientos de finales del siglo XX, que llevaron a algunos sociólogos a acuñar la expresión tardomodernidad; o, desde aproximaciones menos diacrónicas, a identificar una pluralidad de trayectorias modernas en los diversos ámbitos civilizatorios del mundo.

Por ello resulta sorpresivo el signo introductorio del pensamiento moderno atribuido al tiempo de Nieto Arteta. ¿No eran acaso modernos José Celestino Mutis y Antonio Nariño, Simón Bolívar y Florentino González, Rafael Núñez y José Asunción Silva? Por supuesto, un título no puede captar todos los matices que entrañan el objeto y el marco teórico de una investigación, aspectos que Cataño precisa en el primer capítulo del libro. En este punto -desde mi modesta comprensión- es más delimitado y enfático el concepto de generación y, en particular, el del sentido de la rebelión de la generación de Nieto, que Cataño llama "de los años treinta", contra la hegemonía intelectual y política de la generación del centenario. Además, el concepto de generación da más congruencia al análisis del principal defecto que el autor atribuye a este grupo de intelectuales, el de la falta de especialización, así como a los rasgos idiosincrásicos que podrían identificarse en la generación siguiente, a la que alude como fin de siècle y que podría llamarse de la Constitución de 1991.

La idea de generación también realza la pretensión que Cataño hace explícita al final del primer capítulo: "el patrón de recepción de una corriente de ideas", el estudio de un caso particular para ilustrar "un proceso general". Y más aún, el escrúpulo del autor para evitar cualquier equívoco respecto de una hipotética lectura hagiográfica o laudatoria que distorsione la dimensión probable del autor y de su lugar entre sus contemporáneos. Cataño es reiterativo en expresiones que relativizan la valía de Nieto Arteta. Ya por su escritura plana o por el abuso de las citas, por la ausencia de lecturas de primera mano en algunas de sus obras o por el desorden y la falta de rigor en varias de ellas, por algunas conclusiones apresuradas y poco argumentadas, incluso -y sorpresivamente- por su miopía para identificar la violencia política que se cernía sobre el país a finales de la década de 1940 (p. 379). Algunas de estas precauciones sobraban. Los testimonios personales de Nieto son elocuentes en cuanto a su elevada capacidad autocrítica -citados recurrentemente en el libro- y a la conciencia que tenía del estado de desarrollo de las ciencias humanas en el país y a su contribución particular a ellas.

Al final, después de cerrar la contratapa del libro, Luis Eduardo Nieto Arteta permanece más enhiesto que al comienzo, cuando solo aparecía en nuestra mente como una figura ilustre entre los intelectuales de la república liberal, autor del célebre ensayo El café en la sociedad colombiana, reeditado sucesivamente en cada una de las décadas de la segunda mitad del siglo XX, y otrora texto obligatorio en los cursos universitarios. Se aprecia la precocidad y la osadía de un joven de provincia que siente reducidas y estrechas a Bogotá y a Madrid, que se iguala con maestros nacionales y extranjeros que le doblan en edad y producción, y que asume conscientemente el papel de diletante, ennoblecido por Isaiah Berlin en el "El erizo y el zorro", casi por los mismos días en que se colgaba de una soga en la casa materna de Barranquilla con solo 43 años de edad. Sobra revisar aquí algunas tesis de Nieto que lucen atractivas y pertinentes para nuestros días.

La introducción del pensamiento moderno en Colombia: el caso de Luis E. Nieto Arteta de Gonzalo Cataño es uno de los libros más importantes escritos por un académico colombiano en lo que vadel siglo. Su contribución va más allá de que se pueda constituir en la biografía intelectual definitiva -si cabe el adjetivo- de Luis Eduardo Nieto Arteta. El libro estudia sistemáticamente el contexto intelectual que permitió la expansión del pensamiento europeo y americano del primer tercio del siglo XX en los ámbitos académico, cultural e institucional del país, brindándole un marco más amplio a los trabajos de corte biográfico, exegético o interpretativo que se han venido realizando sobre este periodo. Además, ayuda a desbrozar en Colombia el camino para el campo de la sociología de las ideas, con las contribuciones que desde este campo se pueden hacer a la historia, la filosofía y otras áreas de conocimiento.