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Revista de Economía Institucional

Print version ISSN 0124-5996

Rev.econ.inst. vol.18 no.34 Bogotá Jan./June 2016

http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n34.04 

DOI: http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n34.04

Justificación económica de una democracia auténtica

Yanis Varoufakis*

* Doctor en Economía, ex ministro de finanzas de Grecia. Conferencia pronunciada en TED Global Talk el 8 de diciembre de 2015 en Ginebra. Traducción de Alberto Supelano.

Fecha de recepción: 8 de febrero de 2016, fecha de aceptación: 12 de mayo de 2016.

Sugerencia de citación: Varoufakis, Y. "Justificación económica de una democracia auténtica", Revista de Economía Institucional 18, 34, 2016, pp. 39-43. DOI: http://dx.doi.org/10.18601/01245996.v18n34.04


Democracia. En Occidente cometemos el error colosal de darla por sentada. La vemos no como la más frágil de las flores que realmente es, sino como parte del mobiliario de nuestra sociedad. Tendemos a pensar en ella como algo dado e imperecedero. Creemos erróneamente que el capitalismo engendra democracia en forma inevitable. ¡No es así! Lee Kwan Yew de Singapur y sus grandes imitadores de Beijing han demostrado, más allá de toda duda razonable, que es posible tener un capitalismo floreciente y un crecimiento espectacular mientras que en la arena política no hay democracia. De hecho, la democracia está retrocediendo a nuestro alrededor, aquí en Europa. A comienzos de este año, cuando representaba a Grecia en el Eurogrupo como ministro de finanzas del gobierno recién elegido, se me dijo en términos inequívocos que no se podía permitir que el proceso democrático de mi país, nuestras elecciones, interfiriera con las políticas económicas que se estaban implementando en Grecia. En ese momento pensé que no podía haber una mejor reivindicación de Lee Kwan Yew, o del Partido Comunista chino, y de algunos amigos obstinados que suelen repetirme que la democracia sería prohibida si alguna vez amenazara cambiar las cosas. Esta noche quiero exponerles una justificación económica de una auténtica democracia. Quiero que compartan mi idea de que Lee Kwan Yew, el Partido Comunista chino y el Eurogrupo están equivocados al creer que podemos prescindir de la democracia; la idea de que necesitamos una democracia auténtica y bulliciosa. Y que sin democracia, nuestras sociedades serán más ofensivas, nuestro futuro será sombrío y nuestras nuevas tecnología un despilfarro.

Hablando de despilfarro, permítanme señalarles una paradoja que amenaza a nuestras economías mientras les hablo. La llamo la paradoja de los Picos Gemelos. Un pico -ustedes saben qué es, lo pueden ver- es la montaña de deuda que proyecta su larga sombra sobre Estados Unidos, sobre Europa, sobre todo el mundo. Todos reconocemos la montaña de deudas. Pero pocas personas ven a su gemelo. Un segundo pico oculto a su sombra: una montaña de dinero ocioso que pertenece a los ahorradores ricos y a las corporaciones, aterrados ante la idea de invertirlo en actividades productivas que puedan generar los ingresos necesarios para eliminar la montaña de deudas y que puedan producir también todas las cosas que la humanidad necesita con desespero, como energía verde.

Permítanme darles dos cifras. En los últimos tres meses, en Estados Unidos, Gran Bretaña y la Eurozona invertimos colectivamente 3,4 billones de dólares en bienes que producen riqueza: plantas industriales, maquinaria, bloques de oficinas, escuelas, carreteras, viviendas, ferrocarriles, etc.; 3,4 billones parece mucho dinero hasta que se compara con los 5,1 billones de dinero ocioso que circula en esos mismos países -en nuestras entidades financieras-, que no ha hecho nada en ese mismo periodo, excepto inflar las bolsas de valores y elevar los precios de la vivienda.

De modo que una montaña de deudas y una montaña de dinero ocioso forman picos gemelos que no se cancelan mutuamente a través de la operación normal de los mercados.

El resultado son salarios estancados, más de una cuarta parte de las personas de 25 a 54 años de edad desempleadas en Estados Unidos, Europa y Japón. Y, en consecuencia, una baja demanda agregada que, en un ciclo sin fin, refuerza el pesimismo de los inversionistas, que por temor a una baja demanda, lo reproducen al no invertir. Igual que el padre de Edipo, que aterrorizado por la profecía del oráculo de que su hijo le daría muerte, sin quererlo creó las condiciones que garantizaron que Edipo le diera muerte.

Esta es mi pelea con el capitalismo: contra su enorme despilfarro. Todo este dinero ocioso debería dedicarse enérgicamente a mejorar la vida, a desarrollar el talento humano y a financiar el desarrollo de todas esas tecnologías verdes que son absolutamente esenciales para salvar el planeta, la Tierra.

¿Tengo razón al pensar que la democracia puede ser la respuesta? Creo que sí; pero antes de seguir adelante, ¿qué entendemos por democracia? Aristóteles definió la democracia como la constitución en la que los hombres libres y los pobres, por ser la mayoría, controlan el gobierno.

Es cierto que la democracia ateniense excluía demasiadas personas: a las mujeres, a los emigrantes y, por supuesto, a los esclavos. Pero sería un error desechar la importancia de la democracia en la antigua Atenas debido a las personas que excluía.

Lo más pertinente de la democracia ateniense, y que aún lo sigue siendo, era la inclusión de los trabajadores pobres, que no solo adquirieron el derecho a la libertad de expresión, sino aún más importante y esencial, adquirieron el derecho a expresar juicios políticos a los que se daba el mismo peso en la toma de decisiones sobre los asuntos del Estado. Es cierto que la democracia ateniense no duró mucho tiempo. Como una vela que arde con intensidad, se consumió muy pronto. Y, de hecho, nuestras democracias actuales no tuvieron su origen en la antigua Atenas sino en la Carta Magna, en la Revolución Gloriosa de 1688 y en la Constitución estadounidense.

Mientras que la democracia ateniense se centró en los ciudadanos sin amos y dio poder a los trabajadores pobres, nuestras democracias liberales se basaron en la tradición de la Carta Magna, que era ante todo una carta para los amos. Y, de hecho, la democracia liberal solo surgió cuando fue posible separar del todo la esfera política de la esfera económica, y así restringir la democracia a la esfera política, dejando la esfera económica, el mundo corporativo si ustedes quieren, como una zona carente de democracia.

En nuestras democracias, esta separación de las esferas económica y política dio lugar a una lucha épica inexorable, en la que la esfera económica coloniza a la esfera política, devorando su poder.

¿Se han preguntado por qué los políticos ya no son lo que solían ser? No se debe a que su ADN se haya degenerado. Se debe en cambio a que hoy se puede estar en el gobierno y no en el poder, porque el poder se ha trasladado de la esfera política a la esfera económica, de la cual está separada.

Ya hablé de mi pelea con el capitalismo. Si se piensa en él, se parece a una población de depredadores que tienen tanto éxito en diezmar a las presas que los alimentan, que al final mueren de hambre. En forma semejante, la esfera económica ha sido colonizada y canibalizada por la esfera política hasta tal punto que se está socavando a sí misma al provocar crisis económicas.

El poder corporativo aumenta, los bienes políticos se devalúan, la desigualdad crece, la demanda agregada disminuye y los altos ejecutivos tienen demasiado temor a invertir el dinero de sus corporaciones. De modo que cuanto más éxito tiene el capitalismo en sacar al demos de la democracia, más altos son los picos gemelos y mayor es el despilfarro de la riqueza humana.

Si esto es cierto, es claro que debemos reunificar las esferas económica y política, y aún mejor bajo control del demos, igual que en la antigua Atenas, pero sin esclavos y sin excluir a las mujeres ni a los inmigrantes.

Esta no es una idea original. La izquierda marxista tuvo esa idea hace cien años y no le fue muy bien, ¿no es cierto?

Lo que aprendimos de la debacle soviética es que solo por un milagro los trabajadores pobres recobrarán el poder, como lo tuvieron en la antigua Atenas, sin crear nuevas formas de brutalidad y despilfarro.

Pero hay una solución: eliminar a los trabajadores pobres. El capitalismo lo está haciendo sustituyendo trabajadores de bajos salarios por autómatas, androides y robots. El problema es que mientras las esferas económica y política sigan estando separadas, la automatización eleva aún más los picos gemelos, aumenta el despilfarro y profundiza los conflictos sociales, incluso en lugares como China, lo que quizá suceda allí muy pronto.

De modo que tenemos que reconfigurar y reunificar las esferas política y económica, y es mejor hacerlo democratizando la esfera reunificada para que no terminemos con una híper autocracia y una vigilancia enloquecida, ante lo cual Matrix -la película- parecerá un simple documental.

La pregunta no es entonces si el capitalismo sobrevivirá a las tecnologías que está generando. Una pregunta más interesante es si lo que sustituya al capitalismo será más parecido a una distopía como la de Matrix o a una sociedad más cercana a la de Star Trek, en la que las máquinas están al servicio de los seres humanos, y estos dedican su energía a explorar el universo y a mantener largos debates sobre el significado de la vida en una antigua ágora de alta tecnología.

Creo que podemos ser optimistas. Pero, ¿qué haría falta, qué se necesitaría para que se pareciese a la utopía de Star Trek y no a la distopía de Matrix?

En términos prácticos, permítanme compartir dos ejemplos.

A nivel de la empresa, imaginemos un mercado de capitales en el que se consigue capital cuando se trabaja y en el que el capital sigue a la persona de un empleo al otro, de una empresa a otra; y que la empresa en la que se trabaja en ese momento es únicamente de propiedad de quienes trabajan en ella en ese momento. Así, todos los ingresos provienen del capital, de los beneficios, y el concepto de trabajo asalariado se vuelve obsoleto. Deja de existir la separación entre quienes son propietarios de la empresa pero no trabajan en ella, y quienes trabajan en la empresa pero no son sus propietarios; deja de existir el tire y afloje entre trabajo y capital, y la gran brecha entre quienes ahorran y quienes invierten; de hecho, dejan de existir los altos picos gemelos.

A nivel de la economía política global, imaginemos que nuestras monedas nacionales tienen una tasa de cambio flotante, y que hay una moneda digital y universal, llamada Cosmos, emitida por el Fondo Monetario Internacional o el G20 en nombre de la humanidad. Imaginemos además que todo el comercio internacional se denomina en esta moneda y que cada país acepta pagar a un fondo una suma de Cosmos proporcional a su déficit o a su superávit comercial. Y que el dinero de ese fondo se utiliza para invertir en tecnologías verdes, en particular en aquellas partes del planeta donde los fondos de inversión son escasos.

Esta idea tampoco es original. En efecto, es lo que propuso John Maynard Keynes en 1944 en la conferencia de Bretton Woods. En ese entonces no se tenía la tecnología para llevarla a cabo. Hoy la tenemos, en especial el contexto de una esfera política-económica reunificada.

El mundo que les estoy describiendo es a la vez libertario, porque da prioridad a que los individuos tengan poder; marxista, pues habrá arrojado al basurero de la historia la división entre capital y trabajo; y keynesiano, globalmente keynesiano. Pero, ante todo, es un mundo en el que podremos empezar a imaginar una auténtica democracia.

¿Surgirá ese mundo? ¿O nos hundiremos en una distopía a laMatrix? La respuesta depende de la decisión política que debemos tomar colectivamente. Es nuestra elección. ¡Y mejor tomarla democráticamente!

Gracias.

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