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Discusiones Filosóficas

Print version ISSN 0124-6127

discus.filos vol.17 no.29 Manizales Jul./Dec. 2016

http://dx.doi.org/10.17151/difil.2016.17.29.6 

DOI: 10.17151/difil.2016.17.29.6

Una escritura alusiva: el Castruccio Castracani de Nicolás Maquiavelo

An allusive writing: Machiavelli's Castruccio Castracani

Eugenia Mattei*
Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina, eugeniamattei@gmail.com

* orcid.org/0000-0001-5158-7161

Recibido el 14 de julio de 2016 y aprobado el 28 de octubre de 2016



Resumen

Este artículo tiene como objetivo analizar la figura de Castruccio Castracani de Nicolás Maquiavelo quien desarrolla una particular escritura que es necesario seguir de cerca: a partir de este análisis podemos encontrar insumos para interrogar cómo operan los liderazgos en la obra maquiaveliana y cómo los líderes interactúan con el pueblo a través de un círculo pasional que se genera entre ambos. A estos efectos, procederemos en este artículo del siguiente modo: en primer lugar, restableceremos la historia que reconstruye Maquiavelo en torno a la figura de Castruccio. Solo una vez proporcionada esta reconstrucción nos dirigiremos al tratamiento de los ejes temáticos que resultan relevantes con el fin de pensar el liderazgo maquiaveliano. Por último, presentaremos las conclusiones de nuestro trabajo: a través del análisis sistemático de Castruccio se indaga cómo se construye una noción de "liderazgo maquiaveliano". La especificidad de los liderazgos en Maquiavelo está dada en cómo se reconoce al pueblo como interlocutor válido, esto es, no de una manera manipuladora, perversa u opresora, sino como condición de la propia posibilidad del liderazgo.

Palabras clave

Castruccio Castracani, liderazgo, Maquiavelo, pueblo.

Abstract

The aim of this article is to analyze the references that Niccolò Machiavelli makes on the figure of Castruccio Castracani. Machiavelli develops a particular writing, which must be followed closely: based on his analysis, we may find tools to examine how leaderships operate in his work, and how leaders interact with the people through a passionate circle that is generated between them. I have organized this paper in the following way: firstly, I shall sequentially restore Castruccio's story in Machiavelli's work. Once this is done, I shall focus on the treatment of the relevant concepts in order to address the Machiavellian notion of leadership. Finally, I shall present the conclusions: through the systematic analysis of Castruccio I explore how the notion of "Machiavellian leadership" is built. The specific feature of the concept of leadership in Machiavelli is the acknowledgment of the people as a valid interlocutor; that is, not in a manipulative, perverse or oppressive way, but as a condition of the possibility of leadership.

Key words

Castruccio Castracani, leadership, Machiavelli, people.


La Vita di Castruccio Castracani es una obra tardía de Nicolás Maquiavelo que relata la historia de un condottiero militar que vivió en la ciudad de Lucca en los fines del siglo XIII y los umbrales del siglo XIV. Si bien es un texto menos conocido, varios estudiosos de la obra maquiaveliana han realizado alguna mención al mismo. En la biografía dedicada a Maquiavelo, Maurizio Viroli hace referencia al líder luqués al decir que es un escrito en el cual se retrata a un príncipe cuyo accionar sirve de ejemplo para otros (Viroli, Il sonriso …); en otro texto (Viroli, Machiavelli) se refiere a La Vita… en dos oportunidades e indica, por un lado, que Castracani fue un virtuoso militar favorecido por la gracia divina y, por otro, que es un ejemplo de gran orador.1 Quentin Skinner, asimismo, dice que "La descripción que abre la biografía del nacimiento de Castruccio como expósito es ficticia, pero favorece a Maquiavelo la ocasión de redactar una perorata acerca del poder de la Fortuna en los asuntos humanos." (Skinner 101). También otro estudioso de la obra maquiaveliana, Frédéric Chabod, hace referencia a La Vita… al menos tres veces. En una de ellas relaciona el escueto libro con Il principe al decir que Castruccio "[…] es la transfiguración en el pasado de esa imagen del dominador, que en El principe Nicolás ha querido imponerle al porvenir" (Chabod 101). Es cierto que puede considerarse que son menciones a la figura o al texto que resultan subsidiarias del análisis de los trabajos más afamados de Maquiavelo como son Il principe y los Discorsi. Como señala Humphrey Whitfield La Vita es leída en gran parte como un texto menor, una biografía con un tono novelado (Whitfield, "Machiavelli and Castruccio"…) Por último, disponemos del conocido análisis de Joseph Macfarland2 en el cual Castruccio sirve de contrapunto al análisis de la figura de Cosme, el viejo. (Macfarland, Machiavelli's imagination …). En resumen, todos estos estudios –más allá de sus diferencias– representan un quíntuple esfuerzo que nos resulta útil para la lectura del texto, sin que en ello queramos involucrar el ejercicio de predicar verdad o falsedad respecto de cada una de ellas, ni confirmar unas y refutar otras, sino solo ganar densidad teórica para nuestro conocimiento de esta obra.

En la obra de Maquiavelo, la figura de Castruccio Castracani aparece también dos veces en los Discorsi sopra prima deca di Tito Livio, y una vez en Istorie Fiorentine. En los Discorsi la primera –que se repite de manera exacta en el libro II de Istorie Fiorentine– narra cómo Castracani logra vencer a los florentinos en 1325, y relata cómo, en consecuencia, éstos tuvieron que aceptar el dominio del rey de Nápoles para que los defendiera de la presencia del condotiero luqués. La segunda mención, conectada con la primera, hace referencia al modo en que los ciudadanos florentinos, si bien eran valientes cuando las batallas se libraban en lugares lejanos, no lo eran cuando atacaban su propio territorio. Castruccio, por el contrario, actuó de otra manera: esperó en su territorio con su ejército para encontrar la situación favorable para combatir. Esto lo hizo, y lo veremos más adelante, cuando tomó el Castillo Serravale para organizar la defensa contra los florentinos.

Habiendo destacado brevemente los comentarios de la literatura especializada al texto sobre la vida del condotiero luqués y las referencias a Castruccio en otras obras de Maquiavelo, resta anunciar cómo estará organizado el presente artículo. En el primer apartado desarrollaremos el argumento principal de la obra. A partir de allí, el segundo apartado permitirá dilucidar cuáles parecen ser los conceptos de Maquiavelo que se desglosan del relato de la vida de Castruccio. Finalmente, en el tercer apartado, recapitularemos la enseñanza de Castruccio en una doble tarea. Por un lado, como una síntesis de tres figuras presentes en Il principe (César Borgia, Moisés y Ciro): por otro, como una figura que, en su relación con el pueblo luqués, nos ayuda a pensar el modo en que se establece el vínculo político entre el líder y el pueblo según Maquiavelo.

1. La historia

La Vita di Castruccio Castracani da Lucca es una obra tardía y, como dijimos, poco conocida de Nicolás Maquiavelo redactada en el año 1520 y dedicada a Zanobi Buondelmonti –a quien ya le había dedicado los Discorsi– y a Luiggi Alamanni, amigos del autor con quienes compartía los encuentros en los Orti Rucellai. La fecha de redacción coincide con el viaje que Maquiavelo realiza a la ciudad de Lucca para resolver problemas económicos de un mercader de esa ciudad llamado Michele Guinigi porque esta situación afectaba a los propios mercaderes de Florencia.3 El viaje, al que Maquiavelo no irá como un representante del secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia, sino como un modesto ciudadano, fue emprendido por pedido de Julio de Medici, futuro papa Clemente VI.

A diferencia de otras obras de Nicolás Maquiavelo, ésta no se encuentra dividida en capítulos. La primera intuición que resulta de la lectura es que estamos frente a una novella en torno a la biografía de un personaje histórico –Castruccio Castracani–4, que se toma libertades respecto de los hechos verdaderos. En principio porque el Castruccio maquiaveliano proviene de un origen humilde a diferencia del Castruccio real. Asimismo, la descripción de su oscuro nacimiento presente en los primeros párrafos, con claras reminiscencias mosaicas, dista de ser considerado como la "verdad efectiva de las cosas".5 Aunque ya estemos acostumbrados a los desplazamientos en el discurso, es necesario reconstruir brevemente el argumento del escueto libro para dilucidar qué nos está diciendo Maquiavelo con las menciones del líder luqués.

Ya desde el comienzo Maquiavelo hace referencia a los orígenes humildes de Castruccio:

Así fue Castruccio Castracani de Lucca uno de esos hijos de la fortuna quien realizó grandes acciones, según los tiempos en lo que vivió y la ciudad en la que nació, sin haber tenido un nacimiento ni feliz ni acomodado [non ebbe più felice ne più noto nascimento], como veremos en el trascurso de su vida (Machiavelli 278-279) (Maquiavelo 25)

El nacimiento que narra Maquiavelo se asemeja al del propio Moisés. Castruccio fue encontrado cuando era un bebé entre las vides y los pantanos por la madonna Dianora. Ella, que no tenía hijos y su hermano, messer Antonio, que era sacerdote, lo adoptaron como su hijo y le pusieron el nombre de Castruccio. El desarrollo del discurso se desplaza rápidamente sin hacer alguna referencia histórica precisa respecto de cuándo nació Castruccio o quiénes eran sus verdaderos padres. La escritura maquiaveliana opera de esa manera: se alude personajes o momentos históricos pero para vehiculizar interrogantes más generales.

El libro continúa con la descripción del modo en que va creciendo Castruccio y va delineando su personalidad. Era un niño que se caracterizaba por su "ingenio y prudencia" y, por ese motivo, Antonio veía en él las características necesarias para convertirse en sacerdote. Lamentablemente, sin saber lo que depararía el futuro al joven Castruccio, Maquiavelo advierte que Antonio "había encontrado a alguien que no se acomodaba de ninguna manera a las costumbres sacerdotales" (Machiavelli 278-279). En la versión en castellano: (Maquiavelo 27) En efecto, a los catorce años Castruccio dejó los libros eclesiásticos y comenzó a dedicarse al ejercicio militar y físico. Al igual que Ciro, Castruccio superaba a los niños de su misma edad por su grandísima habilidad física.

Su extraordinaria personalidad llamó la atención de un condottiero de la ciudad de Lucca, Francesco Guinigi, un hombre de las armas que "había militado largo tiempo bajo el mando de los Visconti de Milán […]" (Machiavelli 278-279). Un día, narra Maquiavelo, Guinigi mandó a llamar a Castruccio y lo puso en una disyuntiva. Le preguntó dónde estaría más a gusto, si en casa de un gentilhombre que lo instruyera a cabalgar y en el uso de las armas o con un sacerdote "[…] donde no se escuchara otra cosa que oficios y misas" (Ibíd. 279). Queda claro a esta altura del argumento que Castruccio prefería el primer tipo de vida y, leemos así que, actuando en consecuencia, habló con messer Antonio y se dirigió a cambiar el rumbo de su vida al irse a vivir a la casa de Guinigi. En la casa de este nuevo personaje que se convirtió en su tutor, el joven Castruccio comenzó a adquirir las características de un gentilhombre: se convirtió en un excelente jinete con tanta destreza, que podía dominar al "más feroz caballo". Asimismo, se caracterizaba por ser modesto, por no decir una palabra que no fuera conveniente, por ser respetuoso con sus superiores, humilde con los iguales y gentil con los inferiores. Esto originó que fuera amado no solo por su nuevo padre adoptivo sino por toda la ciudad de Lucca.

La carrera militar de Castruccio comienza en Pavia luego del conflicto entre güelfos y gibelinos, una vez que Guinigi interviniera a pedido de la familia milanesa de los Visconti en el conflicto. Esa expedición le otorgó a Castruccio la condición de gran hombre digno de honor en la que pudo demostrar dotes "de prudencia y ánimo". Luego, retornó a Lucca más querido que cuando había partido y buscó ganarse la confianza de los hombres. Al poco tiempo, al fallecer messer Guinigi el joven Castruccio quedó como tutor de su hijo, Pagolo. El relato, como una apasionante novela, continúa con la etapa más madura del líder luqués. Comienza a crecer el poder y la fama de Castruccio en Lucca, generando ello la envidia de los hombres y ocasionando las calumnias de "hombre sospechoso y [de] ánimo tiránico" (Ibíd. 280) por parte de Giogio degli Opizi, jefe de la fracción güelfa. Al igual que Capitolino con Furio Camilio, Giorgio sentía que Castruccio le había robado la ocasión para volverse señor de Lucca. Ante esta situación, Castruccio, temiendo por su propia vida, con la ayuda de Ugoccione della Faggiuola d' Arezzo, señor de Pisa y otros exiliados gibelinos se apodera de la ciudad Lucca liberándola de la familia Opizi: […] Castruccio levantó grandes voces, llamando al pueblo a las armas [il popolo al'arme] y forzando la puerta desde adentro para dejar entrar a Uguccione y su gente. Entraron a la ciudad, masacraron a messer Giorgio y a toda su familia, amigos y partidarios; y echaron al gobernador (Ibíd. 281).

El control gibelino de la ciudad incita a la intervención de Florencia –ciudad que se encontraba dominada por la facción güelfa– y, en consecuencia, genera una batalla entre ambas ciudades. Esta situación le permitirá a Castruccio potenciar sus rasgos personales cada vez más virtuosos para la acción bélica. De la narración dramática de los acontecimientos, se sigue el triunfo de Castruccio sobre los florentinos y su nombramiento como jefe del ejército de la ciudad. Ahora bien, estos logros militares que llenan de gloria el nombre de Castruccio conducen a la sospecha y celos de Uguccione. El hijo de Uguccione, Neri, invita por pedido de su padre al líder luqués al palacio para detenerlo sin que el líder militar lo sospeche. Frente a sus devaneos, Neri lo captura y decide llevarlo vivo a su padre para que él decida qué hacer. Prontamente, narra Maquiavelo, Uguccione sale de Pisa para Lucca pero para sorpresa de éste, los luqueses quieren liberar a Castruccio:

Pero los luqueses, ni bien sintieron las noticias de Pisa, aunque Uguccione ya se encontraba en la ciudad, creyeron que era la ocasión para liberar a Castruccio y comenzaron por hablar sin temor en los corrillos de las plazas, luego a hacer tumulto, y por último, tomaron las armas, exigiendo que Castruccio fuese liberado [presa occasione della liberazione di Castrucio]. Uguccione, por temor a que la situación se agravase, lo sacó de prisión. En seguida, reunidos con amigos, Castruccio marchó contra Uguccione con el favor del pueblo [col favore del popolo], quien viendo la situación sin remedio, huyó con sus amigos hacia Lombardía, donde fue acogido por los señores della Scalla. Allí murió pobre. (Ibíd. 284)

A partir de este suceso, Castruccio se convierte en el señor principal de Lucca y luego, con el favor del pueblo, logra ser nombrado capitán del ejército por un año: así lo vemos Jefe del ejército, señor y capitán de Lucca. Pero estos logros no son los únicos que Maquiavelo señala en la vida de Castruccio. Leemos que sus conquistas continuaron (Massa, Carrara, Levanza, Lunigiana y Pontremoli), que su fama se acrecentó y que todo el pueblo salió a recibirlo para abrazar sus victorias. De todos modos, el ascenso más alto de la vida de esta figura se produce cuando Castruccio toma el poder y, en una especie de acclamatio, es "electo príncipe por deliberación solemne del pueblo [e solennemente e per deliberazione del popolo fu eletto principe]" (Ibíd. 285) con la ayuda especialmente de los Poggi. Castruccio Castracani se convierte así en príncipe de una ciudad, Lucca, que sigue siendo institucionalmente una república (Rodríguez, La vida de Castruccio Castracani: un exemplum de innovación…)

Pero su fama no estaba limitada a su ciudad. A través de la amistad que genera con el emperador alemán, Federico de Baviera –que en realidad era Luis de Baviera– Castruccio, relata Maquiavelo, recibe más honores y es declarado lugarteniente en Toscana. No obstante, si bien su gloria y reputación se encontraban in crescendo, Castruccio sufrirá una conspiración en su contra proveniente de la familia Poggi, que creía no haber sido efectivamente recompensada por la ayuda brindada para que se convirtiera en príncipe. Esta conspiración, debemos advertir, no parece haber existido en tanto tal, y parece ser otra de las tantas alteraciones realizadas por Maquiavelo sobre las crónicas de Giovanni Villani.6 De todos modos, por lo que viene al caso para nuestro análisis, es necesario detallar que según el relato maquiaveliano la conspiración avanzó y comenzó a concretar medidas: se mató a un lugarteniente de Castruccio y luego se buscó que el pueblo se levantara contra el líder a través de rumores que atentaban contra el prestigio de su persona. Stefano di Poggi "un digno y pacífico anciano que no había participado de la conjura" se ofreció como intermediador entre los conjurados y Castruccio. Stefano, relata Maquiavelo, le pidió perdón a Castruccio apelando a la antigua amistad entre ambas familias y éste respondió que se alegraba de que la revuelta se hubiera terminado. A continuación, el líder luqués, al igual que Borgia en la masacre en Senigallia, exhortó a Stefano "a que hiciera venir delante de él a toda la familia agradeciendo a Dios la oportunidad de mostrar su clemencia y liberalidad".

(Machiavelli, La vita di… 286) Una vez que toda la familia Poggi se sintió confiada de lo dicho por Castruccio a través de su mensajero Stefano, se presentó al encuentro. Como un maestro en el arte del engaño, Castruccio encarceló a todos los miembros de la familia y luego los asesinó.

Esta experiencia de la conjura condujo a Castruccio a eliminar a todos los ciudadanos de Lucca que por su ambición quisieran llegar a ocupar el principado, interesa insistir aquí en que el líder luqués no se apoya en sus pares –ciudadanos luqueses que tienen ambición- y sí en el pueblo. Acto seguido, el príncipe puso su mira en Pistoia, lo cual implicaba acercarse a la posible conquista de Florencia. Una vez en Pistoia, eliminó a los representantes de las facciones junto a su hijo adoptivo, Pagolo y obligó a ese pueblo a "jurarle obediencia, haciendo muchas promesas" (Ibíd. 288) De esta manera, observamos, Maquiavelo parece mostrarnos la importancia que posee la pasión de la esperanza en el vínculo entre el líder y el pueblo.

Maquiavelo vuelve luego a la figura de Luis de Baviera, y al modo en que éste apela a Castruccio para solucionar tumultos ocurridos en la ciudad. Su virtuosa capacidad de resolución de los conflictos permite a Castruccio ganar los favores imperiales y ser designado como senador romano. La narración de los hechos victoriosos referidos al líder luqués llega a uno de sus puntos más altos con el triunfo de Servalle contra los florentinos. En este relato aparece cuál es el arte de la guerra más adecuado: el uso de la infantería por sobre la caballería, y la elección, según los momentos, de una posición de ataque o defensa.

Ya en el final de libro la construcción de la imagen del príncipe, hasta allí enaltecida y celebrada por su audacia y virtuosidad, comienza a tomar un carácter más sombrío. Castruccio se enferma y su muerte se precipita antes de que logre estabilizar su ordine. La fortuna le juega un revés y apaga su hýbris para consolidarlo como un líder trágico. Dado que el Castruccio maquiaveliano, a diferencia del histórico, no poseía una descendencia natural, en su lecho de muerte le cede su legado a su hijo adoptivo, Pagolo: "Pero la fortuna y la virtud no fueron tan amigas de Pagolo Guinigi como de Castruccio; ya que poco tiempo después perdió Pistoia y enseguida Pisa, y con mucho esfuerzo mantuvo el dominio de Lucca. Su familia la retuvo hasta Pagolo, su bisnieto." (Machiavelli 286).

De igual manera que Jenofonte en el final de la Ciropedia, Maquiavelo da cuenta de la fragilidad de la construcción de un orden y el problema de la sucesión. Con este tono de desazón arribamos al extraño final del libro donde Maquiavelo pone en boca de Castruccio, unas treinta y tres frases que, en realidad, son extraídas en su mayoría de la obra Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio y de la Divina Comedia de Dante Alighieri.7 Finalmente, luego del descenso de la figura de Castruccio, Maquiavelo termina el libro equiparando al líder luqués con Filipo de Macedonia y Escipión, el africano:

Y porque viviendo no fue inferior ni a Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, ni a Escipión de Roma, murió a la edad de ambos; y sin duda los habría superado a ambos si en vez de Lucca hubiera tenido como su patria a Macedonia o a Roma. [ei sanza dubio arebbe superato l'uno e l'altro se, in cambio di Lucca, eglia avessi avutto per sua patria Macedonia o Roma] (Ibíd. 301-303)

Así, Castracani parece asemejarse a Filipo, el padre de Alejandro Magno, quien logró transformar Macedonia en una potencia militar frente a una Esparta y una Atenas en decadencia. Y también a Escipión, el africano quien, según la historia clásica, fue el que pudo derrotar a Aníbal.

2. La escritura

La escritura de Maquiavelo es alusiva e indirecta. Detrás de afirmaciones que parecen simples y taxativas se encuentran interrogantes más amplios de su obra que conviene iluminar. La manera en que opera la escritura de Maquiavelo en La Vita di Castruccio Castracani no es la excepción. Es más, a esta altura del argumento podemos afirmar que esta obra evidencia con mayor transparencia los artilugios de la escritura de nuestro autor. Lo evidencia en dos sentidos. Por un lado, porque las omisiones y modificaciones de la vida del Castruccio histórico son mucho más visibles que en otros textos del autor. Por otro lado, es necesario recordar el modo en que termina la obra: luego de la muerte de Castruccio, Maquiavelo escribe una serie de frases –treinta y tres en total– y las pone en boca de Castruccio. Todas esas frases provienen de la Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, a excepción de una, que es de Dante. De las del texto de Diógenes Laercio, quince corresponden a Arístipo de Cirene; trece a Diógenes, el cínico; dos a Brion; una a Aristóteles y una a Dionisio de Siracusa. Salvo Dionisio de Siracusa y Dante, todos son filósofos griegos antiguos.

En lo que sigue, trataremos de visibilizar y analizar de qué manera la empresa teórica maquiaveliana se deja entrever a través de determinados episodios protagonizados por Castruccio, tal como este es presentado por Maquiavelo. Para decirlo con otras palabras, a través de la figura de Castruccio visibilizaremos tres interrogantes: primero, la construcción del liderazgo de Castruccio a través de la fama y la reputación; segundo, el uso del engaño, por un lado, de Castruccio a sus enemigos y, por otro, de Maquiavelo a través de la práctica de su escritura y, por último, la presencia del pueblo en el relato.

En relación con el primer punto, a medida que transcurre la vida de Castruccio, percibimos la manera en que empieza aumentar su fama y reputación. Primero, se describe su origen oscuro y marginal; segundo, Castruccio logra convertirse en un gran jefe de ejército; tercero, es nombrado señor y capitán de Lucca; por último, es aclamado popularmente como príncipe de la ciudad. A lo largo del texto, entonces, se observa el modo en que la reputación y la fama son los elementos más relevantes que encumbran a su figura. Esto da cuenta del problema de la constitución del poder, un poder que se constituye siempre a través de la mirada del otro. Castruccio, como buen zorro, da por terminada la conspiración de la familia Poggi al asesinar a sus miembros luego de hacerles creer que los había perdonado por haber tramado la conspiración. El líder de Lucca, al igual que César Borgia, pudo deshacerse de sus enemigos a través del arte del disimulo y del engaño y, de esta manera, obtiene la reputación de hombre temible. Asimismo, logra conquistar muchas ciudades de Italia, lo que le permite acceder a la fama de un condotiero exitoso e invencible y convertirse así en príncipe. Como hemos visto a lo largo de las descripciones de los triunfos de este líder, Maquiavelo hace referencia, de manera constante, al modo en que la fama y la reputación fueron adquiridas. Remitirnos a estas nociones nos reconduce al modo en que el poder es constituido, lo que en este contexto es lo mismo que decir a cómo el poder está articulado en torno a la apariencia.

De esta manera, Maquiavelo parece mostrar que el poder se constituye siempre en una relación –sobre todo, entre el líder y el pueblo–, por lo que no importan tanto aquellas virtudes tradicionales que pueda poseer ese liderazgo. Lo relevante es cómo se aparece ante alguien: ante sus propios soldados, ante sus enemigos y, especialmente, ante el pueblo. Es por esta razón que los sucesos narrados no solo muestran la virtuosa capacidad militar de Castruccio sino, además, un modo de entender el poder. La reputación y la fama enlazadas al interrogante de la apariencia en la política y en las relaciones entre los hombres, nos conduce al segundo punto que se desprende del análisis del texto.

Castruccio hace uso del engaño con aquellos que, en algún sentido, pueden considerarse sus pares –como era el caso de los condottieri. El líder militar les tiende una trampa, les hace creer que los había perdonado por la conspirar contra él y luego, una vez que se sienten confiados, los mata. Reiteremos: antes de matarlos, Castruccio los engaña. La introducción del engaño muestra cómo la guerra, desde una clave maquiaveliana, no implica solo el ejercicio de la fuerza sino que incluye también otro registro: el del engaño y la simulación. Y de hecho, encontramos en la narración de Maquiavelo otro ejemplo más respecto de cómo opera el engaño, en el relato de la primera victoria de Castruccio frente a los güelfos en las cercanías de Montecarlo. Como Ugocccione –el señor de Pisa y líder de la facción gibelina que había acompañado a Castruccio en las primeras campañas militares– se había enfermado, Castruccio aprovechó esa situación e hizo llegar a las tropas enemigas, noticias sobre la enfermedad que afectaba a Ugoccione. Asimismo, hizo creer a sus enemigos que esa situación había generado miedo en su propio ejército luqués. Los enemigos, confiados, se volvieron más insolentes y se presentaron a la batalla. Castruccio decidió hacerles frente pero antes "[…] robusteció el valor de sus soldados con una arenga, mostrando cómo era cierta la victoria si obedecían sus órdenes" (Machiavelli 282) A partir de esta primera victoria, Castruccio comenzó a adquirir la reputación de gran militar. Este modo de proceder de Castruccio vuelve a traer a escena el tema de la apariencia: de los hechos políticos solo conocemos su apariencia. Castruccio simuló que su ejército estaba atemorizado para dejar a sus enemigos desprevenidos y poder atacarlos más fácilmente.

En los episodios que hemos resaltado en los que Castruccio engaña a los Poggi y hace correr un rumor entre sus enemigos detectamos un punto común de unión: el engaño. En relación a esto, en el final del libro, Maquiavelo advierte sobre Castruccio: "[…] nunca intentó vencer por la fuerza cuando podía hacerlo con fraude; ya que decía que la victoria traía gloria y no el modo de lograrla [perché ei diceva che la vittoria, non el modo della vittoria, ti arreca gloria]" (Machiavelli 297-298).

Pero el ejercicio del engaño/fraude no implica una tergiversación de lo real, pues es la apariencia lo que siempre se nos presenta ante nosotros: es la construcción de cómo vemos las cosas y cómo son vistas por los otros. Entendemos, por añadidura, que el ejercicio del engaño no solo puede ser adjudicado a Castruccio, sino que también puede leerse como una autoalusión a la práctica de escritura del propio Maquiavelo. En relación con este punto, como ya comentamos, en el final del libro Maquiavelo le hace decir a Castruccio una serie de frases dirigidas a interlocutores desconocidos. Este desenlace del libro parece ayudar a sostener la siguiente formulación: Maquiavelo no escribe de forma taxativa y directa. Todo lo contrario: realiza continuos desplazamientos en su escritura, omite, de hecho, mencionar a autores de los que provienen algunas de sus citas (como el caso de Laercio y de Dante). Todo esto parece iluminar el plano incierto en el que se asienta su empresa teórica. Aunque menos conocida que otras, La Vita… es una obra que ilustra con una gran intensidad el modo en que se entrecruzan en Maquiavelo los planos de lo real y lo imaginario. Para observar con mayor detalle este entrecruzamiento enfocaremos, para concluir, nuestra atención, en una selección de las frases finales a las que hemos hecho referencia.

Observemos, entonces, en primer lugar, la octava frase que Maquiavelo hace decir a Castruccio: "A uno que se gloriaba de haber leído muchas cosas, le dijo "sería mejor gloriarse de tenerlas en la mente más a menudo"". Lo que inmediatamente nos llama la atención es que esta frase que Maquiavelo atribuye a Castruccio fue dicha en realidad por Aristipo de Cirene. Luego, una primera lectura parece indicar la diferencia entre un conocimiento práctico y otro de orden más especulativo. En ese sentido, el líder de Lucca parece estar más cerca de uno vinculado a conocimientos prácticos, de la verità effettuale della cosa, que de conocimientos abstractos. Es necesario, no obstante, poner en suspenso esta primera intuición porque luego de haber recorrido y analizado los usos que hace Maquiavelo de las figuras de Borgia, Moisés y Ciro, resulta difícil desconocer el registro de las apariencias que presenta el discurso maquiaveliano. La acción política de Castruccio no se encuentra en el terreno de lo real propiamente dicho.8

La frase número quince de la secuencia corresponde a Aristipo en diálogo con Dionisio de Siracusa y ha sido alterada por Maquiavelo. En el relato de La Vita … Maquiavelo advierte cómo una persona –que no sabemos quién es– le pide una gracia a Castruccio. Como éste fingía no oírlo, aquel se arrojó de rodillas e hizo que el líder luqués le reprochará por esa actitud. Esta situación hizo que el desconocido le respondiera de la siguiente manera: "Tú eres la razón, porque tienes orejas en los pies". Con esto, el extraño pudo conseguir el doble de lo que pedía. Nos preguntamos: ¿Qué significa que Castruccio tiene la razón porque tiene las orejas en los pies? Sin pretender obtener respuestas clausuradas, arriesgamos que, tal vez, en ese punto Maquiavelo esté oponiendo una idea de razón a otra. Tal vez, el hombre que escucha con los pies funja como alegoría de la capacidad de escuchar de quienes, estén o no a la altura de la razón especulativa, pero poseen un conocimiento más "terrenal" de las cosas.

La frase número treinta y dos que corresponde a Dante y que Maquiavelo pone en boca de Castracani es la siguiente: "Preguntando él cuál ciudad tenía fama de acaparadora y corrompida, le respondieron: "Lucca, donde todos lo son por naturaleza, excepto el Buontura"" (Machiavelli 301) Bountura es Bonturo Dati, quien está presente en Infierno XXI de la Divina Comedia.9 Lo interesante de esta referencia es que el Bonturo de Dante no era un comerciante y político luqués del Quattrocento, sino un estafador. Esto último vuelve a poner en escena el elemento del engaño revelando el modo en que la práctica de escritura del propio Maquiavelo, al reformular citas, exige a sus lectores seguir el desplazamiento sinuoso de su discurso.

La última frase expresada por Castracani corresponde según el libro de Laercio a Diógenes de Sinope. La frase es la siguiente:
Disputaba acaloradamente Castruccio con un embajador del rey de Nápoles por cuestiones de prisioneros, en lo que el embajador le dijo: "entonces ¿no temes al rey?, a lo que repuso "¿Vuestro rey es bueno o malvado?"; cuando le respondió el embajador que era bueno, replicó Castruccio: "¿Por qué crees que pueda temer a los hombres buenos? (Machiavelli 301)

En este diálogo, Maquiavelo repone una pasión que debe estar presente en la construcción de un liderazgo: este debe ser capaz de generar temor. Pero ello se logra si uno se muestra ante los demás como un hombre malo. Que Castruccio, al igual que Borgia, no fue bondadoso es algo cierto. Pero también es cierto que, al igual que Borgia y Moisés, Castruccio logró permanecer en el punto medio de dos extremos: entre la violencia más embrutecida y la bondad más despreciable. Puede decirse que Castruccio, como Borgia, muestra que la vida en común soporta el vértigo de no protegerse en lo que es bueno, sino de embarcarse en la disputa política para instituir nuevos significados, cuando un momento así lo requiere.

Hasta aquí hemos visto las dos consideraciones que se desprenden de la figura de Castruccio: la fama y la reputación y el uso del engaño de Castruccio y de Maquiavelo a través de la práctica de su escritura. Resta ahora entrever la tercera: la presencia del pueblo en esta narración. Identificamos cuatro momentos en los que Maquiavelo reconoce la presencia del pueblo en el relato. Primero, cuando Castruccio asume luego de que muera Guinigi, y el pueblo le declara su amor; segundo, con la conjura de los Poggi, cuando el pueblo manifiesta su apoyo al líder; tercero, cuando luego de conquistar Pistoia, Castruccio obliga al pueblo de la ciudad a jurarle obediencia, apoyado en la pasión de la esperanza que vincula a las dos partes; por último cuando el condottiero arenga a su ejército para vencer a los florentinos. El liderazgo de Castruccio parece sostenerse en gran parte, no solo en su habilidad de conducción, sino también en la relación de confianza que genera con el pueblo-soldado. Ese lazo invisible entre Castruccio y su pueblo combatiente se sostiene tanto por la pasión del temor como del amor:

[…] era de una modestia inestimable, no se lo veía realizar acto o decir palabra que no fuese conveniente, y era reverente con los superiores, humilde con los iguales y gentil con los inferiores. Estas cualidades hacían que no solamente toda la familia de los Guinigi, sino la ciudad entera de Lucca lo amase. (Machiavelli 279)

Por más que en el análisis de la ciudad de Lucca no está presente el conflicto entre grandes y pueblo, como sí lo está en Roma y en Florencia, Maquiavelo ubica al pueblo de Lucca como un protagonista fundamental y necesario para la construcción del liderazgo de Castruccio: ya sea a través del acto de acclamatio, ya sea a través del amor, el temor o la esperanza.

Hasta aquí hemos tratado de articular la narración de los sucesos de la vida de Castruccio descriptos por Maquiavelo anclados en un registro que podría llamarse histórico-empírico con las referencias a la reputación y la fama, al uso del engaño y a la relación que mantiene con el pueblo. Todos estos ejes refieren, como ya lo hemos señalado, a un registro apariencial y pasional.

3. Consideraciones finales:
Castruccio entre Moisés, Borgia y Ciro

La escritura de Maquiavelo es alusiva: alude a personajes históricos como Castruccio, a historiadores del mundo clásico como Laercio. A través del rastreo de su escritura, pudimos dilucidar interrogantes más generales que exceden la figura de Castruccio. El pensamiento de Maquiavelo no puede ser delimitado en definiciones taxativas sobre, por ejemplo, la naturaleza del hombre y del poder. El líder luqués de Maquiavelo nos convenció que su liderazgo se basa en la fama y en la reputación que pudo generar. Este argumento se desplaza hacia otro en torno al poder y al modo en que se despliega a través de las apariencias. De la secuencia poder-apariencia, se enlaza la pregunta por el pueblo en este proceso.

Asimismo, advertíamos que Maquiavelo también se inspiró de sus otros liderazgos presentes en otros textos (como Borgia, Ciro y Moisés) para construir algunos de los rasgos que dieron lugar a su propia leyenda acerca de un condottiero real: La Vita di Castruccio Castracani. Este último, un hombre de la Edad Media cuando amanecía el Renacimiento, tiene de Ciro su pasión por la caza y el ejercicio militar; de Moisés, su origen, y de César Borgia, un destino religioso que se trocó en el de líder militar. Y este personaje, más interesante en la ficción maquiaveliana que en la crónica histórica (como el Ciro de Jenofonte), es un exemplum de liderazgo maquiaveliano. Por eso, aunque no ha sido objeto de esta artículo porque sus apariciones no suceden en Il principe o son muy escuetas en los Discorsi, Castracani sintetiza el modo en que el análisis de estas tres figuras de liderazgo se proyecta en la innovación maquiaveliana para comprender la dinámica de la relación entre líder y pueblo. Un líder en el que prevalece la lucidez en el momento final de su orden: se lamenta de los errores cometidos y sabe que lo construido por él va a perecer. Por último, como ya hemos insistido, Castruccio reafirma que los liderazgos maquiavelianos se construyen, siempre, ante la mirada del pueblo.



Notas al Pie

1 Cabe destacar que ambas menciones hacen referencia al personaje y no a la obra en sí. En su reciente trabajo titulado Machiavelli's God Viroli refiere a este texto en cuestión en relación con el Fraile Alamanni, primo de Luigi Alamanni a quien fue dedicada la obra.
2 A diferencia de los otros estudios de la literatura referenciados, este último se concentra en la obra en cuestión en relación con las tensiones entre los aspectos ficcionales y los históricos introducidos por Maquiavelo.
3 Según Roberto Ridolfi, un destacado biógrafo, durante su permanencia en esa ciudad (de junio a agosto) también escribe "Sommario dellle cose delle città da Lucca".
4 Castruccio Castracani fue un líder militar que nació en 1281 y falleció en 1328. Es decir, vivió 47 años. El Castruccio de Maquiavelo, por el contrario, muere a los 44 años.
5 En relación con esto, es necesario destacar dos trabajos: el de Joseph Macfarland y el de Gabriela Rodríguez. El trabajo de Joseph Macfarland muestra las alteraciones cronologías del relato maquiaveliano. Por ejemplo, la crónica de Villani relata cómo Castruccio amenaza primero Florencia y toma luego Pistoia. En el libro, Maquiavelo modifica el orden los hechos e inventa a un emperador, Federico de Baviera pues el real se llamaba Luis de Baviera (Macfarland, Machiavelli's imagination…). El análisis de Gabriela Rodríguez sobre la figura de Castruccio es completamente diferente. Por más que reconoce las alteraciones en el relato maquiaveliano, prefiere ver la funcionalidad teórica y argumental del análisis de Maquiavelo (Rodríguez, El príncipe nuevo y la democracia. La vida de Castruccio Castracani…)
6 Como bien señala Macfarland, quien retoma las crónicas de Giovani Villari, sí existió una familia llamada Quartegiani que trató de terminar con el gobierno de Castruccio.
7 Otra referencia a la figura de Dante en la obra maquiaveliana se encuentra en el texto Diálogo en torno a nuestra lengua en el cual Maquiavelo pone en debate si la lengua en la que han escrito los poetas y embajadores florentinos es florentina, toscana o italiana. La forma que está estructurado este escrito es a través de un dialogo que él establece con Dante.
8 La décimo tercera frase que dice Castruccio pertenece en realidad a Arístipo de Cirene y frase en La Vita… es presentada de la siguiente manera: Cuando le preguntaron cómo murió Cesar, respondió "¡Dios quiera que yo muera como él!" Maquiavelo la modifica para darle un singular sentido. Mientras que Aristipo de Cirene de Diógenes Laercio había dicho que prefería morir como Sócrates, Maquiavelo repone en su lugar a César. Esta alteración es llamativa, más aún cuando recordamos que no hay ninguna mención explícita a la figura de Sócrates en la obra. (Maquiavelo 75)
9 Al respecto: "L'omero suo, ch'era aguto e superbo,/carcava un peccator con ambo l'anche, / e quei tenea de' piè ghermito 'l nerbo. /Del nostro ponte disse: "O Malebranche, ecco un de li anzïan di Santa Zita!/ Mettetel sotto, ch'i' torno per anche a quella terra, che n'è ben fornita: /ogn'uom v'è barattier, fuor che Bonturo;/ del no, per li denar, vi si fa ita"./ Là giù 'l buttò, e per lo scoglio duro/ si volse; e mai non fu mastino sciolto/con tanta fretta a seguitar lo furo. Inferno, XXI, 34-44. (Alighieri 235-236)



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Como citar:
Mattei, E. "Una escritura alusiva: el Castruccio Castracani de Nicolás Maquiavelo". Discusiones Filosóficas. Jul-dic. 2016: 79-95. DOI: 10.17151/difil.2016.17.29.6.

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