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Revista Colombiana de Antropología

Print version ISSN 0486-6525

Rev. colomb. antropol. vol.41  Bogotá Jan./Dec. 2005

 

RESEÑAS

MEJORAR LA ESCRITURA DE LA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA

HARRY WOLCOTT

Traducción de Eva Zimmerman
Universidad de Antioquia. Medellín. 2003.


LA ESCRITURA EN CIENCIAS SOCIALES SUELE SER UN ASUNTO PRÁCTICO, Y durante mucho tiempo no fue un problema que demandara de una reflexión teórica o metodológica. Era suficiente con escribir de modo impersonal, formal, en tercera persona y ocultando al autor del texto, como si el conocimiento fuera un saber revelado y no una construcción humana. Esto probablemente se debió a la primacía que tuvieron hasta hace poco las perspectivas positivistas centradas en la estadística, que relegaban las posiciones interpretativas o comprensivas, y negaban el carácter retórico y narrativo implícito en cualquier documento científico. En la década de 1980, la antropología se enfrentó a los debates posmodernos, cuando se pusieron sobre la mesa de manera abierta los problemas de la escritura etnográfica y la crisis de representación. Este debate hacía parte de un panorama más amplio que, en mayor o menor medida, trascendió a todas las disciplinas científicas y cuestionó tanto las formas autorizadas para producir conocimiento, como las fronteras disciplinarias y las pretensiones totalizadoras de muchas teorías.

Dentro de este panorama, Harry Wolcott hace parte de los investigadores que han convertido la escritura en ciencias sociales en un objeto de reflexión, una herramienta de pensamiento y un factor activo en el análisis y la interpretación de la realidad social. Situado en una perspectiva naturalista, presenta la escritura como un asunto de suprema importancia en la construcción del conocimiento, y no simplemente como un medio de expresión obligado o canonizado por las tradiciones disciplinarias. En la perspectiva naturalista se da énfasis al trabajo descriptivo y cualitativo, y el investigador mismo es la herramienta principal de investigación. En tal medida, todo aquello que produzca dependerá de un proceso reflexivo constante en que están implicados su papel como investigador y productor de conocimiento, su relación con el problema investigado, sus convicciones éticas, posiciones políticas, sus habilidades y destrezas personales para la escritura y la comunicación, tanto hacia sus colegas, su público y las personas implicadas en sus indagaciones.

El libro Mejorar la escritura en la investigación cualitativa resulta ser un punto de referencia para pensar y actuar en torno a la escritura de los profesionales en ejercicio, y más sensiblemente alrededor de la enseñanza de las ciencias sociales. El texto de Wolcott, lejos de constituirse en un simple manual de estilo para investigadores sociales, sitúa la escritura práctica y cotidiana de los científicos en el centro de la producción del conocimiento. A pesar de que redactar textos es una de las tareas a las que está llamado todo científico social, paradójicamente, en nuestro país la formación académica ha hecho muy poco énfasis en la enseñanza para la escritura. Suelen tener mayor acogida y prestigio la teoría y la reflexión en torno a la lectura de textos, usualmente canonizados como clásicos o importantes para el aprendizaje, que el entrenamiento técnico y la reflexión alrededor de la práctica de la escritura científica que estudiantes, maestros y profesionales realizamos a diario.

Este énfasis en la lectura antes que en la escritura y su enseñanza oculta una realidad que está por fuera de todo manual de metodología, tratado teórico u obra clásica de obligada lectura: los científicos sociales aprenden a escribir sobre la marcha, por lo general mediante el recurso parcialmente consciente de la copia y la imitación del estilo y del pensamiento de los autores más admirados, o siguiendo cánones que se llegan a imponer como doxas disciplinarias. De esta manera, incluso en contra del pregonar del discurso científico de la objetividad, la escritura se aborda de manera inocente mientras que, al mismo tiempo, el estilo se convierte en un intangible que afecta la evaluación externa de la calidad de la reflexión y el pensamiento del autor. Decimos cosas como "así no escribe un sociólogo", "así hace las citas un historiador", "así debe escribir un psicólogo", o "el lenguaje coloquial que utilizas no es propio de un texto científico".

Esta reflexión me lleva a pensar en dos elementos que sugiere la lectura del texto de Wolcott. Primero, si existen cánones disciplinarios, algunos de sus bastiones más sólidos se encuentran en la práctica de la escritura científica. A pesar de ello, los debates en torno a las fronteras disciplinarias y lo que fundamenta su existencia suelen ignorar la discusión en torno del texto y privilegian a los autores, los enfoques epistemológicos y el método científico -cosas a las que sólo se accede mediante la lectura de textos-. Segundo, si se quiere formar científicos sociales no solamente críticos, sino con habilidades para proponer soluciones y formular innovaciones en el campo de las ciencias sociales, entonces hace falta formar más en la escritura y para la escritura. No debiera utilizarse sólo como un simple medio para evaluar qué tan adecuada ha sido la comprensión que el estudiante ha logrado de los escritos que otros han hecho.

A partir de esta mirada, el libro de Wolcott es una ayuda para abordar la escritura de forma práctica, dinámica y reflexiva. Los consejos y referencias constantes a su propio trabajo ofrecen un panorama cercano a la experiencia real de la escritura y no un listado aburrido de reglas como las propias de los manuales de periodismo o algunos tratados de lingüística. Escrito con un estilo que propone cierta intimidad y complicidad, con utilización consciente y consecuente del yo, es un texto que sin duda molesta a los que prefieren una escritura más seria y acartonada. El libro propone una secuencia de temas que siguen el proceso de redacción en diferentes momentos, ya sea que hablemos de un artículo científico o de una tesis doctoral: el arranque, seguir andando, la vinculación, apretar los pernos, la finalización y lograr que te publiquen.

Con un sentido que hace eco de la idea de la "artesanía intelectual" de C. Wright Mills (1959), Wolcott describe cómo es su propia práctica de escritor, y apuesta por hacer de la escritura una labor diaria, basada en la autodisciplina, los rituales de escritura personales y la constancia. Aunque escribir no siempre es placentero, tampoco debería ser un "esfuerzo heroico" -usualmente de última hora-, ni una especie de peregrinación en la que se soporta, se sufre el texto y se obtiene la salvación tras imprimir el escrito final. "Pensar sobre el papel", hacer una "declaración de propósito", construir un plan de trabajo y pensar el sentido general de la historia que se va a escribir son elementos esenciales para comenzar. Al hablar de los datos afirma que el mayor reto en la investigación cualitativa no es obtenerlos, sino deshacerse de ellos. Recuerdo varios trabajos de profesionales, estudiantes y propios que en aras de guardarle cierta fidelidad -algo romántica- a la información recogida, transcriben páginas y páginas de entrevistas y observaciones sin procesamiento, lo que hace de los textos algo aburrido y pesado.

En el proceso de escritura, Wolcott recomienda resistir la tentación de analizar e interpretar hasta después de tener buenas descripciones. Eso permite controlar el flujo del texto y darle confianza al autor respecto a su conocimiento. Dado que "la única versión que cuenta es la última", no debería tenerse miedo de escribir y mantener el impulso de la escritura. Aquellos investigadores que quieren dejar para el final la composición del documento y afirman que les faltan datos para comenzar, corren el riesgo de no empezar nunca. Es recomendable hacer una hoja de estilo, buscar retroalimentación con colegas y escribir de manera sencilla, para los iguales y no para sabios -¡qué gran favor le haríamos a las ciencias sociales si elimináramos la arrogancia intelectualista de los textos!-.

Un vicio academicista muy frecuente, otra de las trampas que dificultan la escritura, es la exageración en el uso de la teoría y los antecedentes del problema de investigación. Al decir de Wolcott, las bases de una buena integración con la literatura existente deben ser la moderación y la pertinencia en la revisión de la literatura, y no la erudición y la extensión exagerada: para contextualizar y vincular el texto a los desarrollos académicos "no hay que irse hasta Heródoto". La hipertrofia de los marcos teóricos, la metodología y los antecedentes históricos puede convertir la idea central del documento en un simple comentario al margen, produce el efecto de ocultar la autoría del que escribe y construye textos densos, impenetrables y prácticamente inútiles.

Una vez un escritor ha avanzado en la escritura, y suponiendo que ha logrado salvar los escollos del arranque y logrado mantener el impulso, se enfrenta al problema de recortar, reordenar, seleccionar, corregir y editar. De nuevo vuelve Wolcott al problema del estilo cuando afirma: "Hay una fascinación particular con la forma como otos seres humanos viven, y nuestros estudios deben vibrar con la materia de la vida misma; cuando no lo hacen -cuando nuestros estudios parecen estériles y sin vida-, ¿cuánto de ello se debe a no prestarle atención a la escritura?" (Wolcott, 2003: 121). Dentro de las recomendaciones de estilo, señala: eliminar palabras y frases innecesarias, usar voces activas, cuidarse de las frases sobreutilizadas, evitar los anexos y comentarios excesivos, tales como frases en paréntesis, demasiadas citas, extensas y recurrentes notas al pie de página. Yo añadiría una de las recomendaciones de Bertrand Rusell: "si basta una expresión corta, no emplear una larga" (en Vélez, 2000: 87), y una propia: desconfiar de las frases subordinadas. En este sentido, evitar la tentación de escribir "como alemán" o "como francés" no es sólo una concesión a favor del español, sino un ejercicio de claridad y consecuencia con el idioma en que se piensa -no debería hacer falta recordar a Worf y Sapir-.

Este ejercicio de "apretar los pernos", que implica revisar y editar, debería orientarse, además, a construir un texto que supere la prueba del tiempo, independientemente de los avances en el área. Esto implica ser capaz de desprenderse del texto para poder recortar y "empacar más apretadamente". Además, es preciso que el texto se encuentre orquestado como una pieza unificada. Muchos documentos son fragmentarios e inconexos, ofrecen la información sin ilación ni sentido. Si bien hace un llamado a hacer buenas y completas descripciones, Wolcott también dice que su uso excesivo puede producir el efecto de perder al lector y hacen parecer que el autor ha perdido el norte y está divagando. Estos abusos textuales son candidatos privilegiados para el recorte, la síntesis y el resumen.

Del capítulo "La finalización" me parecen especialmente importantes los comentarios de Wolcott respecto a la titulación y el uso de distintos niveles de generalidad y particularidad. Bien es sabido que en el arte de la titulación el periodismo escrito tendría mucho que enseñarle a las ciencias sociales. La titulación no es un simple aderezo del texto; en realidad refleja la estructura del documento como totalidad y son "puertas de entrada" al pensamiento del autor. Así mismo, detalles como el glosario, los prefacios, la bibliografía, la precisión en las referencias y las citas son evidencia de la disciplina y rigor del escritor-investigador, y por lo tanto no deben descuidarse ni dejarse para el final.

El capítulo dedicado a la publicación puede parecer algo extraño y ajeno a nuestro medio, donde los editores académicos y el mercado de los textos de ciencias sociales son mucho más reducidos que los estadounidenses. No obstante, varias de sus reflexiones son muy pertinentes: es más fácil publicar artículos que un estudio entero; no debe despreciarse la publicación en revistas y libros de compilación. Los editores académicos cada vez más prefieren la profundidad a la extensión, y probablemente la publicación de una investigación completa podría prepararse con la publicación de varios artículos. Es una recomendación muy pertinente para estudiantes de pregrado, sobre todo teniendo en cuenta el recorte generalizado en la extensión de los trabajos de grado. Hace tiempos deberíamos haberle enseñado a nuestros estudiantes que la extensión no implica calidad, y que la brevedad y la concreción son preferibles a la verbosidad y el eufemismo.

Finalmente, Wolcott dice algo que parece una perogrullada, pero que en nuestro medio no sobra recordar: "no existen investigaciones sobre las que no se hagan informes" (Wolcott, 2003: 201), y debe ser un propósito del autor buscar su publicación; sin ella los avances y reflexiones de las ciencias sociales prácticamente no existen. En nuestro país esta afirmación no es sólo un llamado a la responsabilidad social de los investigadores de divulgar los resultados de sus trabajos, sino que da pie para pensar en las dificultades, logros y retos del sector editorial de textos académicos. El intercambio de conocimiento en el mundo globalizado implicaría no sólo la publicación en revistas indexadas internacionalmente, sino también el fortalecimiento de la producción interna.

Para terminar quisiera recordar de nuevo a Bertrand Rusell, quien afirmaba que la escritura era expresión de la personalidad del escritor, y que no merecía la pena la escritura de una personalidad que no valiera la pena. Adicionalmente, Mills aseguraba que la labor del científico social era un ejercicio diario, de tiempo completo y no desligado de su vida personal. Si el "oficio de científico" implica además la escritura, entonces debemos enseñar, ejercer y ser consecuentes con la lógica práctica del mundo académico, asociada a la escritura y dependiente de ella. Aunque la lectura del texto de Wolcott pueda llegar a "retrasar" o distraer el inicio de un texto, sirve de guía para comenzar a escribir, ejercitarse y hasta plantear ejercicios de clase. Además, muchas de sus recomendaciones son absolutamente aplicables a toda escritura científica, sea ésta cualitativa, cuantitativa, de las ciencias sociales o naturales.


Óscar Iván Salazar Arenas
Departamento de sociología, Universidad Nacional de Colombia
oisalazara@unal.edu.co / oi.salazar@gmail.com


REFERENCIAS

1. MILLS, C. WRIGHT [1959]. 1997. "Sobre artesanía intelectual". En La imaginación sociológica. Fondo de Cultura Económica. México.         [ Links ]

2. RUSELL, BERTRAND. 1976. "Mi modo de escribir". En Vélez, Jaime Alberto. 2000. El ensayo. Entre la aventura y el orden. Taurus. Bogotá         [ Links ].

3. WOLCOTT, HARRY. 2001. Mejorar la escritura de la investigación cualitativa. Traducción de Eva Zimmerman. Universidad de Antioquia. Medellín.         [ Links ]