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Revista Colombiana de Antropología

Print version ISSN 0486-6525On-line version ISSN 2539-472X

Rev. colomb. antropol. vol.62 no.1 Bogotá Jan./Apr. 2026  Epub Jan 01, 2026

https://doi.org/10.22380/2539472x.2875 

Artículos

Método, metodología y técnica: trayectorias conceptuales en la Revista Colombiana de Antropología (1953-2023)

Method, Methodology, and Technique: Conceptual Trajectories in the Revista Colombiana de Antropología (1953-2023)

Método, metodologia e técnica: trajetórias conceptuais na Revista Colombiana de Antropología (1953-2023)

Jairo Tocancipá-Fallaa 
http://orcid.org/0000-0001-9692-7676

Maribel Deicy Villota-Enríquezb 
http://orcid.org/0000-0001-7183-9311

Josef Drexlerc 
http://orcid.org/0009-0000-4755-5925

aUniversidad del Cauca, Popayán, Colombia. jtocancipa@unicauca.edu.co • https://orcid.org/0000-0001-9692-7676

bUniversidade Federal São João del-Rei, São João del-Rei, Brasil. mares-696@hotmail.com • https://orcid.org/0000-0001-7183-9311

cLudwig-Maximilians-Universität München, Munich, Alemania. josef.drexler@gmx.de • https://orcid.org/0009-0000-4755-5925


Resumen

Este trabajo analiza 634 artículos publicados por la Revista Colombiana de Antropología desde su fundación en el año 1953 hasta 2023. El estudio explora el uso de tres categorías que asocian el trabajo de campo con el quehacer antropológico: técnica, método y metodología. Se trata de una pesquisa híbrida, realizada en tres momentos. El primero examina los tres conceptos; el segundo ofrece un análisis estadístico, con énfasis en su frecuencia de uso —que llamamos pulsación, ascenso y descenso—, y el tercero integra un enfoque cualitativo mediante un análisis de la tendencia en prácticas antropológicas, así como de los impactos en la enseñanza institucionalizada de la disciplina en el país. Entre los hallazgos, el manuscrito muestra un ascenso de la categoría de metodología y considera en especial la investigación-acción participativa (IAP). En el apartado final, se propone un horizonte para indagaciones futuras más amplias, que aporten a la historia disciplinar y a la reflexión conceptual.

Palabras clave:  método; metodología; técnica; IAP; historia de la antropología; Colombia

Abstract

This article analyzes 634 papers published in the Revista Colombiana de Antropología from its founding in 1953 through 2023. The study examines the use of three key categories that link fieldwork to anthropological practice: technique, method, and methodology. It is a hybrid inquiry carried out in three phases. The first offers a conceptual examination of the three terms; the second presents a statistical analysis focused on their frequency of use—what we describe as pulsation, rise, and decline—and the third integrates a qualitative approach, identifying trends in anthropological practice as well as the impacts these have had on the institutionalized teaching of the discipline in Colombia. Among the main findings, the manuscript highlights the growing prominence of the category methodology and pays particular attention to participatory action research (PAR). The final section proposes a horizon for broader future inquiries that may contribute to disciplinary history and conceptual reflection.

Keywords:  method; methodology; technique; PAR; history of anthropology; Colombia

Resumo

Este artigo aborda 634 artigos publicados pela Revista Colombiana de Antropología desde sua fundação em 1953 até 2023. O estudo explora o uso de três categorias que ligam o trabalho de campo ao afazer antropológico: técnica, método e metodologia. Trata-se de uma pesquisa híbrida, realizada em três momentos. O primeiro examina os três conceitos; o segundo oferece uma análise estatística, focada na sua frequência de uso — que chamamos de pulsação, subida e descida —, e o terceiro integra uma abordagem qualitativa através de uma análise da tendência nas práticas antropológicas, bem como dos impactos no ensino institucionalizado da disciplina no país. Entre as descobertas do manuscrito, ele mostra uma ascensão da categoria de metodologia e considera especialmente a pesquisa-ação participativa (PAP). A seção final propõe um horizonte para investigações futuras mais amplas, que contribuam para a história disciplinar e para a reflexão conceitual.

Palavras-chave: método; metodologia; técnica; PAP; história da antropologia; Colômbia

El problema

La naturaleza de la investigación antropológica ha cambiado en los últimos cincuenta años. Esta premisa se evidencia cuando se examina, por ejemplo, la interrelación entre la metodología y los límites que se configuran con los métodos y las técnicas implementadas en la investigación antropológica1. La trayectoria de estas tres categorías (metodología, método y técnica)2, que en este trabajo se revela en términos cuantitativos, va de un pasado en el que se visualizan tímidamente a uno en el que aparecen con un perfil más definido y delimitado, lo que se observa en el incremento exponencial de publicaciones en las últimas cinco décadas. No consideramos que esta trayectoria sea la consolidación de una especie de canon academicista simplemente porque su apreciación se fundamente en las estadísticas que se verán más adelante, sino más bien porque dicha tendencia reafirma un movimiento diverso de las formas en que una comunidad de personas cultivadoras de la antropología en Colombia ha hecho trabajo de campo operando con estas categorías, con diversos énfasis; esta situación se ha mantenido desde los albores de la práctica disciplinar hasta el presente. Los conceptos que abordaremos también han sido motivo de indagación en otros países (véase Guber 2017).

Los dilemas del trabajo de campo, examinados por antropólogos como Roberto Cardoso de Oliveira (1996) en el caso de Brasil y Guillermo Bonfil Batalla (1988) en el de México, tienen todavía un lugar, en el mundo académico, en “las cátedras de métodos y las aún inexistentes historias regionales y nacionales de la antropología” (Guber 2017, 133, énfasis añadido). Es justamente en el campo de las historias regionales y nacionales que en Colombia se puede escudriñar la trascendencia de estas tres categorías que asocian el trabajo de campo con el quehacer antropológico. Sin embargo, la tarea no ha sido fácil.

En general, desde los inicios del proceso de instrucción y formación antropológica en Colombia, los conceptos de metodología, método y técnica han sido aprendidos y revelados a partir de las influencias norteamericanas y europeas que recibieron los primeros profesionales de la disciplina en el país3. Myriam Jimeno, por ejemplo, recuerda cómo durante su formación de antropóloga en la Universidad de los Andes, a finales de la década de 1960, tomaba cursos en métodos y técnicas con el profesor hispano-colombiano José de Recasens, quien, como otros profesores, recomendaba las obras de la antropóloga Laura Bohannan y del sociólogo Robert Merton: “El manual de metodología, método y técnica de Merton me lo llevaba a campo” (conversación telefónica con Myriam Jimeno, 14 de mayo de 2024)4. Por la experiencia personal de uno de los autores de este artículo, quien dictó cursos de métodos y metodología en una universidad pública, el referente obligado en la década de 1980 eran los textos de historia, métodos y epistemología de Joseph Llobera (1975), que compilaba discusiones teóricas y de métodos de autores diversos, unos todavía vigentes hoy y otros ya olvidados.

La pregunta que surge entonces es ¿cómo los y las antropólogas en Colombia han trabajado las categorías de método, metodología y técnica en las últimas décadas? En la búsqueda de una posible respuesta, en este artículo haremos una exploración estadística y un análisis cualitativo de una muestra de artículos publicados en la Revista Colombiana de Antropología (1953)5, sucesora de la Revista del Instituto Etnológico Nacional (1943)6, sin desconocer el contexto sociopolítico que encuadra el desarrollo de la antropología y los matices que se dieron en la aplicación de los conceptos en sus albores universitarios.

Cuando hablamos de muestra no hacemos referencia a una de las acepciones clásicas de esa categoría en la ciencia, como “parte o porción extraída de un conjunto por métodos que permiten considerarla como representativa de él”, sino, y dado el carácter exploratorio de la investigación, como una “señal, indicio, demostración o prueba de algo” (RAE 2025). Se toma esta última acepción en la medida en que buscamos desentrañar las tendencias y trayectorias de una categoría ligada a un periodo específico, cuando los proponentes enfrentaron ciertos problemas epistemológicos concretos.

El artículo busca documentar esto colocando el énfasis en el concepto de metodología, cuyo recorrido particular trataremos de comprender y explicar. Para ello, planteamos cuatro secciones: en la primera abordamos el plano conceptual de las tres categorías de estudio y su encuadre histórico. Luego damos paso a una segunda sección estadística con datos concretos de los artículos de la revista que emplean dichos conceptos. Una tercera sección examina y discute la interrelación de los tres, enfocándose en el de metodología y siguiendo los resultados de las estadísticas presentadas. La cuarta sección se dedica a recapitular, obtener algunas conclusiones y formular preguntas que se pueden extender a otras categorías, cuyas trayectorias en los números de la revista todavía están a la espera de ser desentrañadas.

Los conceptos como representaciones mentales dinámicas

Para hablar de conceptos como método, metodología y técnica es necesario introducir el campo de discusión teórica que se invoca en la sociología del conocimiento, la antropología y las ciencias cognitivas. “Un concepto es una idea con contenido empírico”, señalaba Charles Wright Mills ([1959] 2014, 38). En esta línea, el concepto debe comprenderse en relación con la experiencia y la vivencia que tiene el o la investigadora que ejecuta el proceso investigativo. La pregunta que surge entonces es ¿a quién o a qué acude él o ella en su trabajo de campo? Si bien aprendimos inicialmente que los conceptos son representaciones mentales de algo, en las últimas décadas esta noción se ha ido expandiendo para incluir la práctica más corpórea, temporal, activa y dinámica de quien formula y ejecuta el concepto más allá del ámbito normativo (D’Andrade [1995] 2001; Hastrup 2002; Thagard [2005] 2008). Como se indicó anteriormente, en el texto, utilizamos indistintamente las expresiones concepto y categoría, en el sentido de que en los trabajos el desarrollo del análisis revelaba un tratamiento incipiente del concepto, lo que llevaba a la noción de categoría como “una de las clases o divisiones establecidas al clasificar algo” (RAE 2025), que todavía estaba por definirse y que en este caso aludía a técnica, método y metodología. En la mayoría de los casos, la explicación de los conceptos de método, metodología y técnica es escasa, mientras que en su carácter de categorías se presentan de manera general y con cierto sentido práctico.

En cuanto a método, como concepto, sabemos que, en una primera acepción, alude a principios, órdenes o reglas de acción que se comparten en un campo del conocimiento y que son necesarios para la formación (Ferrater Mora 1999, 2400). En las ciencias se conoce el método en sus dos variaciones: el deductivo —de lo general a lo particular— y el inductivo —de lo particular a lo general—, este último asociado al campo antropológico. La separación cartesiana, sin embargo, ya ha sido ampliamente debatida desde mediados del siglo XX como una forma de alcanzar generalizaciones y separaciones que en la práctica son de orden múltiple (v. g. Bachelard 1948; Feyerabend 1984).

En el campo de la antropología, se ha difundido el contraste entre el método científico, que se fundamenta en los enfoques nomotéticos —basados en modelos matemáticos y estadísticos, también conocido como positivismo—, y los métodos humanistas —fundamentados en el valor del significado y la historia de los grupos con los cuales se interactúa, y asociados con el naturalismo y la hermenéutica (Guber 2001; Schweizer 1998; Wallerstein 1996)—. En una expresión bastante difundida, Wolf definió la antropología como “la más humanista de las ciencias y la más científica de las humanidades” (1964, 88). La separación, sin embargo, todavía prevalece en muchos planes de estudio, en los cuales se debaten y discuten las pretensiones “neutrales y objetivistas” de la antropología versus el compromiso que debe asumir el antropólogo frente a la situación de aquellos con quienes trabaja (v. g., en el caso colombiano, Fals Borda 1986, 2001, 2002 y 2009; Drexler y Tocancipá-Falla 2020; Rappaport 2005; Tocancipá-Falla 2010; Vasco 2007).

En Colombia, la elección de los métodos en los inicios de la formación antropológica se estableció en relación con la naturaleza del problema y las condiciones que posibilitaban su indagación. Al respecto, Eduardo Restrepo señala que “el método […] tiene que ver con una discusión más amplia y que articula las convicciones que llevan al investigador a resolver su investigación de la manera en que decidió hacerlo” (2018, 46).

La metodología, a su turno, aparece como el estudio del método o los métodos que se aplican en determinado campo. En sus comienzos, su uso estuvo asociado a distintos dominios de la vida social, en particular a la educación. En docenas de textos científicos, el sufijo -logía fue utilizado en el sentido de “discurso sobre” o “estudio de”, por lo que se infiere que la metodología alude al discurso, estudio o reflexión sobre el método (Marradi et al. 2007).

En la investigación social norteamericana y la exportada a otros países, cuyas bases no se integran a las raíces griegas del lenguaje científico, se ha difundido, desde hace tiempo, la costumbre de llamar methodology a la técnica. La metodología, además, discurre entre un enfoque prescriptivo y uno descriptivo, lo que genera debates sobre el estudio empírico acerca de cómo trabajan los científicos y la concepción lógico-relacional de la ciencia, que epistemólogos y sociólogos como Robert Merton (1968 y [1973] 1977) y Charles Wright Mills ([1959] 2014), entre otros, abordan desde su campo disciplinar. La idea de que la metodología sea en última instancia una disciplina normativa —indicaciones sobre lo que es oportuno hacer en cada situación específica— tiende a ser cuestionada justamente por la variabilidad en movimiento de los sujetos observados o entre los observadores y el contexto.

En el campo de la antropología, metodología adquiere varias acepciones. Para Thomas Schweizer, por ejemplo, “incluye discusiones sobre el método”; y, tratada como marco, “es una escuela particular de pensamiento que propone planteamientos y establece prescripciones de cómo conducir la investigación en la disciplina” (1998, 40, traducción propia). Por su parte, Eduardo Restrepo señala que “la metodología […] es la manera particular en que se operacionalizan ciertas técnicas de investigación y cómo se articulan consistentemente varias de ellas en función de una pregunta o problema de investigación; por lo tanto, la metodología apunta a sustentar el cómo se realiza la investigación” (2018, 46).

Finalmente, tenemos técnica, cuyo uso es frecuente en la literatura, la poesía y la ciencia. Derivada del griego antiguo, la palabra τέχνη (téchne) designa una capacidad artística, no la individual e irrepetible del genio, sino aquella más propia del artesano, transmitible de padre a hijo (Marradi et al. 2007, 54). La acepción vinculada con el arte indica cierta pericia o habilidad para hacer algo, y se define como un “conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o un arte” (RAE 2025). Para filósofos como José Ortega y Gasset (1964), la técnica es una capacidad para realizar un programa o proyecto, mientras que para Martin Heidegger (1994), tiene que ver con un desocultamiento cercano a lo constante, la libertad y el arte.

El uso de la expresión técnica en la antropología, desde sus inicios, estuvo asociado con el trabajo de campo, específicamente con la observación participante (Kluckhohn 1940). Más recientemente, Restrepo señala que “las técnicas son los instrumentos o las herramientas de investigación en sí mismas, y se caracterizan porque se aplican para producir ‘datos’ [v. g. la encuesta, la entrevista o el censo]” (2018, 45-46). La conceptualización de la técnica, sin embargo, ha sido poco desarrollada. Entre líneas parece entenderse como una habilidad que es necesario alcanzar en el trabajo de campo, y como condición indispensable para una adecuada recopilación de información en variados contextos sociales (Bernard 1998a; Dewalt et al. 1998; Hammersley y Atkinson 2007; Kawulich 2005; Sandiford 2015; Spradley 1979).

La indagación sobre las visiones que se pueden apreciar en el uso de conceptos como método, metodología y técnica en revistas especializadas como la Revista del Instituto Etnológico Nacional y la Revista Colombiana de Antropología, en una ventana de tiempo que supera las siete décadas, es un buen inicio para seguir ampliando los horizontes sobre la comprensión de sus aplicaciones e interrelaciones y sobre el contexto que les dio origen.

Dinámicas y tendencias de las representaciones conceptuales

En la revisión de 634 textos tomados como el universo de la Revista Colombiana de Antropología desde 1953 hasta 2023, se identificaron el uso y el contexto de los tres conceptos en cada publicación. Cada uno de ellos se agrupó por décadas. El objetivo del ejercicio es advertir la frecuencia de citaciones de los conceptos/categorías y el contexto que posibilita comprender su inserción y posterior desarrollo. Salvo el periodo de inicio (1953-1959) y el de cierre (2000-2023), los demás se tomaron en el rango de una década. Sin embargo, el análisis que se presenta está basado en el rango de dos décadas para apreciar con mayor claridad las tendencias. La fuente de los datos fue la página web de la revista7.

Como dato de cartografía documental, del total de los 634 textos, solo 175 corresponden a artículos, mientras los demás son reseñas, informes, avances de investigación, documentos, ensayos, noticias antropológicas, notas informativas, reseñas de libros y películas, entre otros. Para cada periodo se relaciona el número de citaciones del concepto y el porcentaje que le corresponde sobre la base total de menciones. Partimos de análisis generales para aproximarnos al detalle sobre la frecuencia y el contexto (tabla 1 y figura 1).

Tabla 1 Menciones de las categorías de método, técnica y metodología en la Revista Colombiana de Antropología (1953-2023) 

Años Técnica Método Metodología Total de menciones Porcentaje sobre el total de menciones Total de textos publicados
1953-1959 4 6 2 12 5 56
1960-1969 13 12 9 34 14 44
1970-1979 16 12 5 33 14 79
1980-1989 8 5 7 20 8 42
1990-1999 9 9 12 30 12 65
2000-2009 9 7 10 26 11 98
2010-2019 12 17 32 61 26 171
2020-2023 3 0 19 22 9 79
Total 74 68 96 238 100 634

Fuente: elaboración propia.

Fuente: elaboración propia.

Figura 1 Frecuencia de citaciones de los conceptos/categorías de técnica, método y metodología en la Revista Colombiana de Antropología (1953-2023) 

Hallazgos estadísticos generales y contextuales por concepto/categoría

Un primer hallazgo es que las referencias sobre estas categorías son muy amplias y, en general, los autores, con alguna excepción que veremos, no explicaron con detalle cómo lograron acceder a la información en sus investigaciones, salvo la indicación del lugar o la identificación de las personas que, en las primeras décadas, fueron referidas como informantes y, luego, como colaboradores.

De los datos de la tabla 1 y la figura 1, puede inferirse que, durante las primeras tres décadas —de 1953 a 1979—, el uso de la palabra metodología no era tan frecuente como el de técnica y método. Su estabilidad y ascenso empieza a vislumbrarse como tendencia recién en las últimas cuatro décadas (1990-2023), cuando crece sustancialmente con relación a las otras dos categorías. Por otro lado, en la década de 1970 se presentó la mayor visibilidad de la categoría de técnica, con 16 menciones, mientras que en la década de 1950 se dio un mayor uso de la categoría de método, con 12 citaciones (tabla 1).

En la revisión se encontró además que el formato de artículos ocupa el primer lugar en la utilización de los tres términos con un 59 %. En segundo lugar, se encuentran las reseñas, que representan un 28 %; luego están los informes y avances de investigación, con un 6 %, las notas conmemorativas, con un 4 %, y las notas bibliográficas, con un 3 %, entre otros géneros documentales.

Para comprender mejor estos datos, vale la pena recordar el papel del Instituto Colombiano de Antropología (ICAN) en el inicio del proceso de formación profesional en la disciplina, que corrió paralelo a la creación del primer programa de sociología en la Universidad Nacional en 1959, el mismo año que se dio la Revolución cubana; hecho que coincidió con los Acuerdos de Punta del Este en Uruguay, en 1961, auspiciados por los Estados Unidos. Se trató de un periodo marcado por la agitación política y económica internacional, especialmente para Colombia, devenida en el segundo mayor beneficiario de las políticas reformistas de ayuda estadounidense, en el marco de las cuales la sociología y la antropología cumplirían un papel destacado (Arocha y Friedemman 1984; Rojas 2010).

Pocos años después de creado el programa de Sociología en la Universidad Nacional, a mediados de 1960, se fundaron los de Antropología de la Universidad de los Andes, la Universidad Nacional —que surge como especialización del programa de Sociología— y la Universidad de Antioquia, y, en 1970, el de la Universidad del Cauca (Arocha y Friedemann 1984).

Considerando el contexto precedente, al realizar un análisis por cada dos décadas de la información recolectada, tendríamos los siguientes resultados (tabla 2 y figura 2): para el primer periodo (1953-1969) se observa que la frecuencia de la categoría de método es 18, seguida por la de técnica, con 17 apariciones, y la de metodología, con 11, para un total de 46 menciones (correspondientes al 19 % del total de 238 menciones).

Tabla 2 Menciones de los tres conceptos/categorías por cada dos décadas 

Período por décadas (bi) Técnica Método Metodología Total de menciones Porcentaje sobre el total de menciones
1953-1969 17 18 11 46 19
1970-1989 24 17 12 53 22
1990-2009 18 16 22 56 24
2010-2023 15 17 51 83 35
Total 74 68 96 238 100
Porcentaje 31 29 40 100 -

Fuente: elaboración propia.

Fuente: elaboración propia.

Figura 2 Tendencias de citación de los conceptos/categorías de técnica, método y metodología por décadas (bi) (1953-2023) 

En las dos décadas siguientes, de 1970 a 1989, y con respecto al periodo bidecenal previo, la categoría de técnica presenta una mayor citación (24), seguida de método (17) y finalmente de metodología (12), para un total de 53 citaciones, correspondientes al 22 % del total de menciones. El siguiente periodo, de 1990 a 2009, se destaca por una mayor citación de metodología, con 22 referencias, seguida de técnica, con 18, y de método, con 16. La cifra total de uso de las tres categorías/conceptos en el periodo fue 56, correspondiente al 24 % del total de las menciones. Con respecto a las dos décadas anteriores, se muestra un aumento notable en el uso de la categoría de metodología, que empieza a repuntar, mientras que se advierte una disminución en el uso de la de técnica y la de método (tabla 2). La diferencia del total de citaciones en las dos décadas previas es pequeña: 56/53. Es importante anotar que desde mediados de la década de 1990 hasta mitad de la del 2000 se crearon seis nuevos programas de antropología en Bogotá y en departamentos como Caldas, Magdalena y Valle, con lo cual se acentuó la formación a nivel regional, pero también en la capital del país.

Igualmente, en este periodo se empezaron a crear los programas de posgrado en antropología, que desde mediados de la década de 1990 hasta la mitad de la del 2000 correspondían a seis, entre maestrías y doctorados (Tocancipá-Falla 2016), lo cual pudo incidir en el número de publicaciones. Este crecimiento posiblemente también influyó en que los editores de la revista enfatizaran más el tema del método etnográfico y su desarrollo en la práctica antropológica. Efectivamente, durante los primeros años del siglo XXI, específicamente en el volumen 38, aparecido en el 2002, se inauguró una sección muy importante para este análisis: “Cuestiones de método”8. Las primeras dos contribuciones a esta sección se titularon “Intervenciones posestructurales”, de J. K. Gibson-Graham (2002), que resalta el papel de la geografía económica, y “La mirada etnográfica y la voz subalterna”, de José Jorge de Carvalho (2002).

Finalmente, en el periodo 2010-2023, observamos que la categoría de metodología se impone, con 51 menciones, seguida por la de método, con 17, y la de técnica, con 15. Con respecto a las dos décadas precedentes, se advierte un crecimiento ostensible en este último lapso de análisis, especialmente en relación con el concepto de metodología (51/22) y, en menor grado, con los de método (17/16) y técnica (15/18) (tabla 2). Las tres categorías suman en estos dos decenios 83 menciones, que corresponden al 35 % del total de citaciones, siendo este el lapso en el que más se citan las tres categorías.

En general, al observar las cifras específicas y totales de las tablas y figuras anteriores, se concluye que en los 634 textos examinados hay 238 menciones de las tres categorías en las casi ocho décadas de publicación de la revista hasta el 2023. Durante este periodo, la categoría de metodología es la más citada, con 96 menciones, equivalentes al 40 % de las menciones, seguida por la de técnica, con 74 citaciones, correspondientes al 31 %, y por la de método, con 68 referencias, equivalentes al 29 % (tabla 2).

Ahora bien, adentrándonos un poco más en el contexto de los campos asociados con la mención de los tres conceptos, encontramos áreas como la arqueología, la antropología sociocultural, las religiones, la antropología urbana y la política, entre otras (tabla 3). La amplitud de los estudios antropológicos colombianos, creciente a finales de la década de 1990, muestra el aumento del interés por integrar el quehacer disciplinario dentro de nuevas corrientes y campos: por ejemplo, tecnología, medicina, etnobotánica, migraciones e indumentaria. La determinación de estos campos se hizo a través de los títulos de los textos y, aunque puede ser arbitraria, es indicativa de la tendencia del contenido desarrollado. Reconocemos la dificultad de establecer un campo puro; aquí solo lo planteamos de una manera orientadora y no exclusiva.

Tabla 3 Correspondencia de las categorías con diversos campos de estudio 

Campos de estudio en los que aparece la palabra técnica Campos de estudio en los que aparece la palabra método Campos de estudio en los que aparece la palabra metodología
Campos de estudio en los que aparece la palabra técnica Campos de estudio en los que aparece la palabra método Campos de estudio en los que aparece la palabra metodología
Arqueología Arqueología Arqueología
Antropología social, cultural, sociocultural Antropología social, cultural, sociocultural Antropología social, cultural, sociocultural
Antropología de las religiones Antropología de las religiones Antropología religiosa / cultura espiritual
Estudios urbanos Antropología urbana Antropología urbana
Antropología política Antropología política Antropología política
Antropología física / bioantropología / osteología Bioantropología / osteología Bioarqueología
Antropología médica Antropología genética Antropología médica
Antropología y economía Economía y alimentación Antropología y economía
Antropología de la imagen Antropología del cuerpo Antropología del cuerpo
Paleodieta y paleodemografía Paleodieta y paleodemografía Paleodieta y paleodemografía
Antropología geográfica Antropología geográfica Antropología geográfica / espacio
Antropología psicológica Antropología social y parentesco Antropología morfométrica / osteología
Antropología del género Antropología de la indumentaria Antropología visual
Antropología documental Creencias mágico-religiosas Antropología documental
Etnología Etnología Etnografía
Arqueología histórica y social Antropología del patrimonio Arqueología histórica y patrimonial
Estudios de ciencias físicas Estudios de cambio sociocultural Paleoetnobotánica
Arqueología prehispánica Arqueología prehispánica Antropología histórica
Antropología histórica Arqueología histórica Antropología de la violencia
Estudios de indigenismo Antropología indigenista Antropología rural / antropología y campesinado
Artesanía y oficios artesanales Antropología rural / comunidad rural Estudios de ecología
Antropología del medio ambiente Estudios de fauna y flora Antropología simbólica y etnografía
Estudios de negritudes Estudios de negritudes Estudio de desarrollo urbano y estudios comparativos
Educación y desarrollo de las comunidades Antropología de la educación Antropología de la salud
Antropología de la salud - Antropología de las migraciones
Migración y colonización de tierras, oficios / demografía - Antropología de la tecnología
Antropología de la tecnología - Artesanía y oficios artesanales
- - Antropología de la indumentaria
- - Antropología judicial/jurídica
- - Antropología de la propiedad
- - Antropología del arte
- - Antropología de la alimentación
- - Antropología epistemológica
- - Antropologías del sur

Fuente: elaboración propia.

Existen, igualmente, campos diferenciales y específicos para cada una de las categorías, como antropología psicológica, en el caso de técnica, antropología social y parentesco, en el de método, y antropología simbólica y etnografía, en el de metodología. En una sola tendencia, hay más aspectos comunes que diferenciales, y en este ámbito la categoría de metodología resulta la de mayor rango de cobertura en las temáticas identificadas, sobre todo a partir de 1990. Esta inclinación ratifica parcialmente la idea de que la metodología y la técnica se acercan más a lo pragmático que a lo teórico, como acontece con el método, aunque la discusión es incipiente. La revisión estadística, sin embargo, no es suficiente si no es cruzada con los contenidos y contextos que se asociaron con el uso de estas tres categorías en un periodo de un poco más de siete décadas, pero desde un enfoque más documental y testimonial; esto es, el campo cualitativo stricto sensu.

El hallazgo cualitativo que se integra al análisis estadístico

Hemos subrayado en la sección anterior que en las últimas siete décadas la tendencia a utilizar los conceptos de método, técnica y metodología —según su orden de emergencia— ha sido creciente, y que ha estado marcada por un acento fuerte en el uso de la última, especialmente desde la década de 1990. Veamos qué pasa con cada una de ellas.

Las décadas de la técnica

Como se observó en la tabla 1, el periodo de mayor referencia a la técnica corresponde a las décadas de 1960 y 1970. Es de anotar como antecedente que en los cincuenta se inauguró el programa de Estudios Antropológicos del ICAN. La formación duraba tres años y a partir del segundo año los cursos de métodos, metodología y técnicas adquirían especial relevancia: Metodología de la Investigación era una materia común, y como materias de intensificación por áreas figuraban Métodos y Problemas de Lingüística Comparada (área de lingüística), Métodos y Técnicas de la Investigación Arqueológica (arqueología), Etnografía de América (culturas aborígenes), Introducción a la Estadística (antropología física) e Investigación Personal en el Terreno (Andrade Crispino 1953).

Los campos más comunes de uso del concepto de técnica son la arqueología, la artesanía y la bioantropología. En ellos, la referencia es amplia e involucra menciones como técnicas de laboratorio, técnicas de investigación o técnicas aplicadas al diseño y la arqueología (Mallol de Recasens y Recasens 1965b, 93-94; véase también Mallol de Recasens y Recasens 1965a; Reichel-Dolmatoff y Dussán de Reichel 1961; Mora de Jaramillo 1974). En la correspondencia que el antropólogo hispanocolombiano José de Recasens cruza con Paul Rivet, menciona escuetamente que ha empleado una técnica de excavaciones o que ha hecho “unas copias de las escalas cromáticas de Schultz y Michael Hersh, y no han quedado del todo mal” (citado en Botero 2010, 291). Sin embargo, en otros trabajos con su esposa, María Rosa Mallol, presenta detalles de cómo elaboró la narrativa y representación en dibujos con los sionas, que califica como un sistema, pero no precisa si existe alguna asociación o si se trata de un asunto de método, metodología o técnica. Podemos encontrar en las anotaciones de Mallol de Recasens y Recasens descripciones como esta:

Todas las narraciones tienen un rico simbolismo, que se ha mantenido en especial, gracias a una india (madre de nuestro informador) quien tuvo la precaución de escribirlos o dictarlos a su hijo. Con seguridad estas narraciones habrían desaparecido si solo se hubieran confiado a la memoria de la narración oral.

Nuestra primera y única publicación hasta la fecha fue un corto trabajo de 16 páginas sobre las imágenes alucinatorias originadas por el yagé[9].

El presente material fue recogido por el mismo sistema que usamos en el trabajo citado y consiste en obtener una relación verbal sobre un determinado tema, transcrita sin ninguna modificación, y respetando absolutamente la dicción del narrador. Después pedíamos al informador que produjese uno o varios dibujos del tema narrado. A continuación, procedíamos al análisis exhaustivo del material dibujado y aparecían así un gran número de detalles, elementos simbólicos, disposiciones de escena, etc., que o bien no coincidían con la narración oral, o la desviaban, ampliaban o resumían, estableciéndose así modificaciones de la primera narración. (1965b, 93-94)

Si bien las referencias son más instrumentales que conceptuales, es decir, se dan por entendidas o naturalizadas, existe un esfuerzo importante por describir cómo se recopila y organiza la información. La invocación de sistema es recurrente y la técnica del dibujo evoca el surgimiento y puesta en boga de campos que en años posteriores se cruzan con técnicas de trabajo que se relacionan con lo visual (Duncan y Duncan 1974). Al respecto, vale destacar la influencia de corrientes de pensamiento y modas foráneas como la antropología visual que, en el texto de Duncan y Duncan, se refleja en las citaciones abundantes de autores anglosajones, aunque sin excluir trabajos pioneros en 1950 y 1960 de antropólogos y antropólogas locales que también usaron la fotografía como recurso pedagógico (v. g. Gerardo y Alicia Reichel-Dolmattoff, Nina S. de Friedemann, Yolanda Mora, entre otros), o el dibujo y la gráfica en trabajos de arqueología, bioantropología o antropología social, como el indicado en el trabajo de la pareja Recasens. En las décadas sucesivas, el uso de la categoría de técnica no va a ser tan notable como en las de 1960 y 1970; en los periodos más recientes se destacarán las citaciones sobre los métodos y la metodología.

La dinámica del uso del concepto de método

Una de las tendencias en el uso del concepto de método es su congelamiento en la década de 1960, después de la cual su empleo se incrementa en los decenios subsiguientes para luego sobresalir con ímpetu en el de 2010 a 2019 (tabla 1, análisis por década). Esto puede indicar varios cambios: en primer lugar, las críticas que desde el marxismo —entre otros enfoques— comenzaron a desarrollarse alrededor de las pretensiones objetivistas y academicistas de categorías como método antropológico. La antropología del debate que se fraguó en todos los programas de formación antropológica durante los años setenta fue el marco referencial que, justamente, empezó a cuestionar esa objetividad impuesta a través de métodos y técnicas que vinculaban grabadoras, cámaras fotográficas y lectura de textos en inglés (Arocha y Friedemman 1984). Esta percepción, al mismo tiempo, marcó una alerta en el uso de la categoría de método antropológico, que además de objetivista se mostraba invasiva y colonizadora. El énfasis en lecturas marxistas o neomarxistas de autores como Maurice Godelier, Emmanuel Terray, Marta Harnecker, Louis Althusser o Leo Huberman contribuyó a la desaparición gradual y parcial del método clásico objetivista como parte de la alforja académica. En su lugar, se citó a estos autores, presentados como críticos de la realidad colonial:

Al tiempo que se suponía que estos textos eran métodos, los estudiantes iban a campo y un alto porcentaje fracasaban porque no les alcanzaba, y no tenían las herramientas. Se dio una alta deserción, se presentó una debilidad en el uso de los métodos, además de que no había acompañamiento en la escritura. (Conversación personal con Myriam Jimeno, 14 de mayo de 2024)

Despegue y apertura de la metodología

A partir de la década de 1990, el uso de la categoría de metodología adquiere una fuerza inusitada, en una tendencia que caracterizamos como su despegue, ascenso que continuará en el primer cuarto de la presente centuria. Como se indicó anteriormente, en el decenio de 1970, conocido como la época de la antropología del debate (Arocha y Friedemann 1984), no se hace referencia a la investigación-acción participativa (IAP) en la Revista Colombiana de Antropología, a pesar de la existencia de materiales y publicaciones al respecto de distinta índole, que se presentaban en diferentes medios (Caviedes 2002 y 2007).

Posteriormente, en la década de 1980, se revelan intereses notables, como aquellos relacionados con los procesos de subregionalización, la identificación de áreas culturales y el desarrollo de una metodología para su estudio (Ramírez de Jara y Sotomayor 1986)10. Después de algunos decenios, el tema ligado a la región se reactiva en la revista con un caso localizado en el altiplano cundiboyacense, en relación con el cual se pone de relieve el uso de la cartografía y la información histórica de una amplia región, como metodología para realizar estudios similares.

La discusión sobre el rol de los y las antropólogas en la vida social retoma un nuevo ímpetu con la autobiografía y la autorreflexión, en las cuales quien investiga no es ajeno a su propia condición y posición sociocultural o política. Dos textos ejemplares capturan este espíritu de involucramiento y participación en los procesos investigativos de manera activa y comprometida, que ya la IAP había introducido décadas atrás (Caviedes 2002 y 2007). Uno de esos textos es la reseña que hace Margarita Chaves Chamorro sobre el trabajo de campo del antropólogo estadounidense Paul Rabinow, en la que trata de rescatar la práctica autoetnográfica y plantea claramente la necesidad de reflexionar sobre “la construcción de la relación entre el objeto y el método, es decir, sobre lo que constituye a la antropología como disciplina social y lo que define sus límites” (Chaves Chamorro 2000, 209). El trabajo de campo es la experiencia que le permite al antropólogo colocarse los lentes de la teoría antropológica, mediante los cuales “ve, define y construye tanto su objeto como la forma a través de la cual se aproxima y experimenta directamente estos diferentes momentos y su propio yo” (210, énfasis en el original). Chaves Chamorro termina preguntando qué hacer con este conocimiento antropológico, a lo que responde:

Cuando en la práctica antropológica (teoría, trabajo de campo, reflexión) el así llamado otro no existe como un par del antropólogo social, es decir, como un ser humano, sino solo como un objeto de conocimiento, no hay lugar para la antropología como ciencia del hombre. (211, énfasis en el original)

Esta reflexión, inspirada por un texto escrito en la década de 1970 en Estados Unidos, converge justamente con la IAP, que en 1970 empezó a cuestionar a la antropología canónica y a proponer un compromiso más abierto y directo con las problemáticas de las comunidades con las cuales nos involucramos11.

En este aparte, no se puede desconocer la impronta e influencia de la sociología de Orlando Fals Borda y otros autores, que conformaron el grupo conocido como La Rosca de Investigación y Acción Social y que, con su trabajo, estimularon desde el Caribe nuevos horizontes para la IAP (Archila 2022; Rappaport 2021). En la reseña de Mauricio Archila sobre El cobarde no hace historia, el libro de Joanne Rappaport acerca del colectivo de la IAP y Fals Borda, se presenta el trabajo de este grupo como un buen ejemplo de una investigación que va más allá de manuales y recetas, lo que lleva a pensar en su legado como una oportunidad para “hacer nuevos caminos investigativos inspirados en él” (Archila 2022, 466)12.

El otro texto ejemplar es la reseña de Franz Flórez (2001) sobre un libro escrito por una militante del M-19, María Eugenia Vásquez, en el que ella presenta su autobiografía en relación con el proceso de la militancia. Como bien lo indica Vásquez, citada por Flórez: “Porque a diferencia de los físicos o los médicos, las observaciones de los antropólogos —o de cualquier científico social— se ven condicionadas por su posición política” (2001, 345). Aunque no hay nada nuevo en ello, esa frase reintroduce el problema de la política y la representación, y de la representación en la política, especialmente a partir del impulso que le dio a esto la nueva Constitución Política de Colombia en 1991. Tanto los casos ejemplificados por Chamorro —el de Fals Borda y el del colectivo La Rosca— como el caso indicado por Flórez son apenas referencias que revelan que, más que un dogmatismo sobre la forma de hacer el trabajo de campo o documentar una realidad social para incidir en ella y transformarla, la metodología es también una expresión de la variedad de esfuerzos por alcanzar este objetivo.

Las décadas 2010 y 2020 (hasta 2023)13 comprenden uno de los periodos, hasta la actualidad, más prolíficos y diversos de la revista en sus más de setenta años. Sobresale el hecho de que un número específico se dedicó a perspectivas metodológicas (el volumen 54-1, de 2018) y a temas diversos, que van desde la política de investigación y publicación hasta la revisión de las metodologías clásicas de la antropología, como la combinación de la etnografía y la sociohistoria, la observación participante y la entrevista, entre otros (Amador Ospina 2018; Beaud 2018; Jociles Rubio 2018; Pasquali 2018; Piñeiro y Diz 2018; “Las revistas” 2018; Trentini y Wolanski 2018; Zambrano 2018). La mayor parte de los autores son foráneos, a excepción de una colega que, como investigadora solidaria y colaboradora de las mujeres nasas enfrentadas a violaciones (Amador Ospina 2018), reintroduce la IAP. Igualmente, dentro de esa variedad metodológica también se observa la reinterpretación de la metodología de la observación participante, de acuerdo con la cual las fronteras internas y externas se diluyen (Piñeiro y Diz 2018), y el trabajo de Anzola Rodríguez (2023) sobre una perspectiva más humanista acerca del mundo de la vida campesina.

Finalmente, en este periodo de finales de la década del 2010 se destaca el llamado en dos artículos a una mayor colaboración de investigadores nacionales, mientras que irónicamente se cita en mayor grado a foráneos (Zambrano 2018). Podría afirmarse que apenas en esta década se deja entrever la valoración aplazada de la IAP en revistas especializadas, que igualmente, como lo afirma Mauricio Caviedes (2002), ha tenido resonancia a través de otros medios de divulgación. Una observación adicional: en algunos de los trabajos presentados en el número sobre perspectivas metodológicas se abordan conceptualmente los métodos, la etnografía, la observación participante y la entrevista; esta discusión no se había observado en artículos anteriores, que no contienen reflexiones o discusiones como las planteadas en estos textos.

Pulsación y horizonte de los métodos, la metodología y la técnica

El extenso ejercicio realizado hasta acá deja varias conclusiones preliminares para futuras indagaciones. En primer lugar, se reconoce que los 634 textos examinados, en los que se focalizan 238 menciones, representan una cantera de recursos bibliográficos inexplorada por los académicos que buscan indagar sobre la genealogía de los conceptos, los enfoques teóricos adoptados o el uso que se les concede a categorías como las estudiadas aquí. No se trata de caer en el fetichismo del concepto, cuando lo importante es descender a los hechos o conectar con el mundo social, como lo indica Wright Mills ([1959] 2014, 91). Desde esta perspectiva, cada periodo lleva a una interpretación de las categorías, según los autores y el contexto que incidió en su manejo y operativización. Por estas razones, la trayectoria de las tres en las que se ha centrado este artículo enseña que el camino no ha sido lineal; sin embargo, es evidente la creciente atención a la categoría de metodología, y la fluctuación en los casos de las de técnica y método.

En segundo lugar, durante la revisión se identificó un movimiento de oscilación que llamamos pulsación y que se revela en las frecuencias de aparición de las categorías estudiadas. Estas regularidades de crecimiento y decrecimiento corresponden a la interacción e integración entre los métodos cualitativos y cuantitativos que tuvo su lugar en los inicios de la antropología, en particular con la atención a ciertos temas que invocaron dichos conceptos. La discusión conceptual sobre las tres categorías es muy escasa, lo que motiva a realizar algunas inferencias que pueden ser riesgosas y que ameritan mayor indagación.

En esta línea, y en tercer lugar, el uso de técnica parece confinarse a las décadas de 1960 y 1970, en las que materias como la arqueología, la bioantropología, la emergente antropología visual y la artesanía suelen invocarla con mayor frecuencia, por el campo pragmático asociado a ella. A lo largo de las décadas se evoca su comprensión conceptual como una habilidad ligada genealógicamente a un arte de hacer las cosas.

En cuarto lugar, la estadística nos confirmó el creciente valor que ha tenido la metodología en el periodo estudiado, especialmente a partir de la década de 1990. El análisis de los números en la Revista Colombiana de Antropología valida la observación hecha por Mauricio Caviedes (2002) con respecto a la IAP: en lugar de que la estrategia metodológica crítica tuviera eco en la década de 1970, la revista se mostró partidaria de una antropología canónica propia del campo de conocimiento institucionalizado. Solo unos decenios más tarde aparece de nuevo y tímidamente la reflexión sobre el rol de la IAP y la autorreflexividad en trabajos foráneos y nacionales. El vínculo entre la narración y el dibujo es otro ejemplo, como se mencionó en relación con un trabajo de los años sesenta, que luego emerge en el formato de las nuevas representaciones y cartografías de la identidad en las décadas de 1980 y 1990.

Por todo lo anterior, señalamos que las tres categorías revelan un comportamiento de pulsación que es propio de la dinámica que fue desarrollada de acuerdo con el contexto sociohistórico, político y económico, pero especialmente el de los autores que tomaron la elección de desarrollar, o no, los conceptos tratados. Igualmente, si bien la muestra pertenece a una ventana histórica de observación (1953-2023), no pretendemos sugerir que “todo pasado fue mejor” ni “incipiente”, sino ilustrar cómo fueron abordadas las categorías en los artículos que recurrieron a ellas en el periodo de surgimiento de la disciplina en el contexto universitario e institucional14. Por ello es importante repasar las nociones básicas de metodología, método y técnica, que ligan el problema planteado en la revisión estadística y la descripción cualitativa.

Finalmente, no podemos cerrar este ejercicio sin aludir a un conjunto de preguntas que surgen del análisis y que pueden ayudar en la indagación sobre nuevas temáticas. ¿Qué aspectos del contexto histórico, socioeconómico o filosófico inciden en el fenómeno de la pulsación de los conceptos de método, metodología y técnica? ¿Qué conexiones tienen estos con las teorías que empleamos en nuestros análisis? ¿Cuáles son los elementos necesarios para una reconceptualización del método, la metodología y la técnica en la antropología actual? ¿Qué tipo de relaciones guardan estas categorías con el género y la teoría antropológica en distintos campos y regiones de conocimiento? Estas preguntas, entre otras, instan a seguir un camino poco transitado en nuestra práctica antropológica: reconocer la trayectoria y genealogía de los conceptos a través de las publicaciones y los testimonios de los forjadores de dicho saber; este camino, además, revela la dinámica de la producción de conocimiento antropológico en nuestro ámbito de acción y pensamiento, acervo de producción intelectual que se alberga en la Revista Colombiana de Antropología como rica fuente de las percepciones, ideas, reflexiones y controversias que han sobrevivido en el tiempo. Muchos temas de discusión antropológica esperan su turno de elucidación y debate. Una atención especial debe dársele a la búsqueda en otras revistas y textos que, por comparación, pueden enriquecer el repertorio de la producción teórica sobre las categorías de método, metodología y técnica de cara a nuestra propia práctica antropológica.

Agradecimientos

Los autores agradecen las contribuciones críticas de los evaluadores anónimos y del equipo editorial de la Revista Colombiana de Antropología. Los planteamientos expresados aquí no comprometen sus apreciaciones o puntos de vista.

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1Lo que se entiende por teoría es otro campo que amerita análisis y especialmente en su vínculo con los métodos. En este ejercicio nos distanciamos de propuestas como las de no metodología, no investigador, indisciplina (Haber 2011), que abogan por otro tipo de discusión, lo que requiere un mayor espacio.

2El artículo utiliza concepto y categoría como expresiones sinónimas.

3Un ejemplo emblemático es el Notes and Queries on Anthropology, manual de trabajo de campo elaborado inicialmente por la British Association for the Advancement of Science en 1874 y luego por el Royal Anthropological Institute (RAI) de Gran Bretaña e Irlanda en su segunda edición. Hasta 1971, el manual fue reimpreso cinco veces (Bernard 1998b). Una primera traducción al castellano aparece como Guía de campo del investigador social, en dos versiones (Real Instituto de Antropología 1956 y 1960).

4Para una aproximación a los aportes de Merton en las ciencias sociales, véase Orozco y Chavarro (2010), y sobre los aportes de Recasens en el caso colombiano, véase Botero (2010).

5La revista se publica por primera vez en 1953 con tres secciones (artículos, noticias antropológicas y reseñas de libros); luego incorpora otras, como “Normatividad ICAN”, “Anexos” (1954), “Sección informativa” (1957) y “Ensayos” (1958). Ya en la década de 1960 las reseñas se reemplazaron por “Notas bibliográficas” (1960) de textos publicados principalmente en Europa, Estados Unidos y, eventualmente, en América Latina y Colombia. De otro lado, empiezan a surgir de manera intermitente secciones como “Necrológicas” (en 1960 y en el volumen 14 de 1966-1969), “Informe preliminar” (1961) e “Informes” (1966-1969). La sección de artículos se mantiene y la de “Normatividad ICAN” solo aparece hasta 1961.

8Esta sección se mantuvo por casi dos décadas, con diez publicaciones desde 2002 hasta 2009, y aunque en ella se publicaron artículos sobre temáticas interesantes, algunas veces traducciones asociadas al método, no tuvo una consistencia de análisis sistemático, por lo que la evaluación de su impacto todavía amerita un examen más minucioso.

9Se trata del artículo “Cuatro representaciones de las imágenes alucinatorias originadas por la toma de yagé” (Mallol de Recasens 1963).

10La regionalización, sin embargo, en las ciencias sociales es de vieja data (véase Rueda Enciso y Ramírez Bacca 2014).

11Es interesante contrastar esto con un texto reciente del antropólogo inglés Tim Ingold, quien, al referirse al “futuro” de la antropología, “descubre”, tardíamente por cierto, su carácter transformador: “La verdadera contribución de la antropología no radica en su literatura, sino en su capacidad de transformar vidas […] no puede haber conocimiento que no surja a partir de nuestro compromiso práctico con otras personas. En última instancia, lo que mueve a los antropólogos no es la necesidad de conocimientos, sino la ética de la atención y el cuidado a los demás” (2018, 127-128).

12El libro de Rappaport documenta muy bien el desarrollo de la obra de Fals Borda y cómo la IAP se desplegó por la convergencia de varios intelectuales que sintieron la necesidad de incidir en la transformación de las condiciones de injusticia social en poblaciones caribeñas, intelectuales que luego sirvieron de inspiración para otros en otras latitudes. Como bien lo indica Mauricio Archila (2022), más que una obra biográfica de Fals Borda, el trabajo de Rappaport busca mostrar el esfuerzo de los investigadores por trabajar con los mismos actores sociales con quienes reflexionan y de actuar junto con ellos sobre la realidad en la que viven. La reseña plantea muy bien la influencia de ideologías de izquierda en esta experiencia y discute las nociones de investigador activista e investigador comprometido, también abordadas por Mauricio Caviedes (2002).

13En esta década de cierre se presenta la mayor diversificación temática de la revista, con un gran número de artículos que se asocian con la categoría de metodología. La década de 2010 a 2019 es el periodo más destacado de su uso, particularmente en el volumen 54, número 1, de 2018, que lleva como título “Perspectivas metodológicas”.

14Resulta curioso escuchar en foros y eventos académicos una crítica a una antropología institucional o academicista, como si los críticos no hubieran sido formados en dichos entornos y como si estos fueran estructuras ajenas al pensamiento en el cual participaron. Más aún, la coincidencia en esta forma de estereotipos, reduccionistas de la amplia variedad de posibilidades que han tenido la academia y, en ella, las personas que han transitado por un proceso formativo, graduados o no, resulta en una versión simplista y acrítica de lo que hemos llegado a ser en virtud de múltiples alternativas formativas.

Recibido: 18 de Julio de 2024; Aprobado: 09 de Julio de 2025; Publicado: 01 de Enero de 2026

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