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Perfil de Coyuntura Económica

versión On-line ISSN 1657-4214

Perf. de Coyunt. Econ.  no.23 Medellín jun. 2014

 

ARTÍCULO

 

Dinámicas de desarrollo local en Italia: El caso de la iniciativa empresarial femenina en Molise*

 

Dynamics of local development in Italy: The case of female entrepreneurship in Molise

 

 

Antonio Mancini**

** Ph.D. del Departemento de Humanidades, Ciencias sociales y de la Educación de la Universidad del Molise. Dirección electrónica: antoniom@unimol.it Antonio Mancini realiza actividad de investigación sociológica en el Departamento de Humanidades, Ciencias sociales y de la Educación en la Universidad de los Estudios del Molise. Sus intereses se basan en el estudio del desarrollo local, de la exclusión social y de las migraciones. Recientemente ha publicado: Development locales en Italie. Le cas du Molise (L'Harmattan, Paris, 2013, y D. Grignoli y A. Tarozzi).

 

Premisas disciplinarias: caminos de investigación para los territorios locales. – I. Redefinir el concepto de desarrollo de las regiones periféricas. – II. Para un modelo de desarrollo auto–sostenible. – III. El desarrollo local en Molise: el caso de las empresas ''al femenino''. – IV. En conclusión: volver a pensar al territorio a la luz de nuevas vías de desarrollo endógeno. – Referencias bibliográficas.

 

Recibido: Junio 9 de 2013 Aceptado: Diciembre 4 de 2013

 


RESUMEN

En los últimos años, el significado original del concepto de desarrollo ha sido objeto de una transformación importante, impulsada por la necesidad de asociar diferentes enfoques analíticos, a menudo asimétricos, dictados por la globalización y las decisiones de política local. Algunos enfoques analíticos fueron fuertemente determinados por la capacidad de los territorios para responder a un cambio a través de los mecanismos de adaptación, que combinan entorno dinámico exógeno y endógeno. Nuestro estudio examina, en particular, la dinámica que caracteriza el espíritu empresarial de las mujeres en Molise (Italia).

Palabras clave: desarrollo local, autosostenibilidad, dinamismo empresarial femenino.


ABSTRACT

During the last years, the original concept of development experienced important transformations, driven by the need to interrelate different paths, often asymmetrical and affected by globalization and local political choices, as well as, as a result by the contrasting dynamics that result to be contemporaneously by processes of society homogenization and by the local differences valorisation. In this framework, it is possible to highlight the existence of different dynamics that result all strongly determined by the capacity of the territories to respond to a changing environment through adaptive mechanisms that combine exogenous and endogenous dynamics. In particular, the work in hand investigates the dynamics characterizing the phenomenon of female entrepreneurship in the Region of Molise (Italy).

Key words: local development, selfsustainability, female entrepreneurship dynamics.


RÉSUMÉ

Au cours des dernières années, la notion de développement a subi une transformation majeure, laquelle a été motivée par la nécessité d'associer des différentes approches analytiques, souvent asymétriques, dictée aussi bien par la mondialisation que par les décisions politiques locales. Certaines approches analytiques ont été fortement déterminées par la capacité des territoires à répondre à un environnement changeant grâce à des mécanismes d'adaptation, lesquels mélangent des dynamiques exogènes et endogènes. Notre étude examine, en particulier, la dynamique qui caractérise l'esprit d'entreprise des femmes dans le Molise (Italie).

Most clef: développement local, autodéveloppement durable, dynamisme d'entreprise des femmes.

Clasificación JEL: R11, H7, M0.


 

 

Premisas disciplinarias: caminos de investigación para los territorios locales

Por casi medio siglo, las ciencias sociales han visto en el caso italiano los caminos de un desarrollo local caracterizado por trayectorias originales. Es justo en esos caminos que a veces se han encontrado las vías de salida a una perspectiva de desarrollo centrado en las grandes empresas industriales, una perspectiva sujeta a los riesgos e incertidumbres de los ciclos económicos en los que la grande empresa no estaba provista de la flexibilidad necesaria para proporcionar una respuesta adecuada a los impulsos de los mercados. Otras veces, en cambio, se han denunciado los límites de los caminos para el desarrollo local relacionados con las pequeñas y medianas empresas, cuando la competencia internacional imponía umbrales de acceso a los mercados en los que sólo una alta capacidad para hacer un sistema de empresas, entre empresas, entre empresas e instituciones, se consideraba capaz de enfrentar, por ejemplo a través de una estructura distrital anclada a los territorios, los altos niveles de competencia también en ámbito internacional. En pocas palabras, si al principio se coincidía en que small era beautiful también, luego se ha hecho cada vez más corriente la crítica de que las dimensiones reducidas y locales representaban tal vez un requisito inicial que sin embargo, tarde o temprano, necesitba aliento a través de un crecimiento sistémico y virtuoso (Schumacher, 2000; Tarozzi, eds, 1990).

En este orden de ideas, tanto de orden totalmente elogioso, como de favor limitado, la sociología – y la sociología italiana, en particular – ha dado una contribución que les ha permitido salir, por lo menos en parte, del rol subsidiario que estas disciplinas, en otros y más numerosos casos, han sufrido en comparación con la prevalencia habitual de los economistas. Ya desde los años ochenta, el concepto de desarrollo local, conjugado con la etiqueta de ''tercera Italia'', acuñado y desarrollado por Arnaldo Bagnasco (1977), se había transmitido en todo el Occidente para indicar realidades de eficiencia de producción ajenas a aquellas de un área cultural de tipo macro industrial y capaz de adaptarse a los procesos alternativos de despegue económico, no en condición de estimular las zonas deprimidas, como el Sur, pero todavía capaces de determinar el despegue de regiones ''intermedias'' en el noroeste y en el centro de Italia. La relevancia disciplinaria de la investigación sociológica se debió a la razón por la que no era fácil atribuir el despegue de dichas áreas sólo a factores utilitarios propios de los modelos económicos de los clásicos o de los liberales de cualquier generación (Becattini, eds, 1989; Brusco, 2004; Giovannini, 1995; Trigilia, 1999).

En resumen, podemos decir que las culturas locales eran consideradas en última instancia capaces de hacer sistema (al menos en escala medio–pequeña), gracias también a las tradiciones cooperativas, sociales y/o de la comunidad que suavizaban los tonos competitivos entre vecinos en caso de que ella hubiera corrido el riesgo de ser contraproducente. El establecimiento de redes para servicios a las empresas, constituido según bases de consorcio y/o con la relación de las instituciones locales, resultaba en este sentido emblemático: de hecho, sólo una importante dosis de mutua confianza le permitiría construir estructuras de relación mutua y recíproca, basadas – más que en protocolos escritos a menudo engorrosos y poco respetados – en la conciencia de pertenecer a un campo común, con raíces antiguas que se hundían en las tradiciones del pasado (Mutti, 1998).

Pero si lo que se ha dicho hasta ahora puede representar, aproximadamente, un panorama de la reflexión multidisciplinar en el desarrollo local en Italia (de lo que, sin embargo, se discutirá con más detalle más adelante), no se puede prescindir, incluso ahora, del recordar al menos ''tres virajes'' que las realizaciones operadas en el campo, y el consecuente debate, han poco a poco asumido hasta llegar a nuestros días. Un viraje dimensional, un viraje normativo y, a continuación, un viraje estratégico. Sobre todo ha influido en gran medida el proceso de globalización internacional y supranacional que en otros lugares han definido ya (Dag Hammarskjoeld Foundation, 1975; Hirsch, 1976; Sachs, 1980 ; Caillé, 1989; Hettne, 2009).

Viraje dimensional. La competencia internacional en los Países pobres ha colocado el desarrollo local italiano frente a un doble juego de retos, tanto más arduos cuanto más difícil era hacer frente a la tristemente nota situación en la Italia de estos últimos años. A) En cuanto a la oferta de bienes, la competencia de los Países con un coste de mano de obra infinitamente más barato ha impuesto de orientar la producción allí donde, en el plan de los mercados internacionales, la barra de acceso al mercado era más alta y por eso se limitaba el número y la agresividad de los recién llegados y/o donde el encuentro con los gustos de los consumidores (se habla de una oferta local dirigida a la demanda interna) era más predecible y más fácilmente descifrable, en sus constantes como en sus variables. B) En el ámbito de la organización de la producción, la necesidad de entrar en los mercados extranjeros y por consiguiente de relacionarse con los nuevos clientes de los que no se podía considerar descontada una orientación favorable a la compra de nuestros productos, sancionados ya por el valor de una moneda fuerte como el euro, ha llevado a una selección, a menudo dolorosa, entre las empresas exportadoras. En ella sólo han sobrevivido las actividades capaces de combinar lo local con lo global: los que han sido capaces de mirar más allá de las fronteras de su propia huerta, hasta hace poco tiempo más que suficiente. Más en general, se ha mantenido y se ha mostrado vencedor un pequeño y mediano empresariado que ha tenido el coraje de ingresar en sus propias filas personal adecuado y competente, en su mayoría jóvenes con alta cualificación y/o un buen conocimiento de idiomas (un obstáculo que cierto pequeño empresariado, temeroso de contratar a empleados capaces de engañarlos, no siempre ha sabido evitar).

Viraje normativo. El cambio normativo, o por lo menos la introducción parcial de elementos éticos–normativos en el escenario de las ciencias positivas para el desarrollo, que ha recibido la investidura oficial con el nombramiento como Nobel de Economía de Amartya Sen, es probablemente el elemento más interesante para quién escribe. Merece aquí la pena recordar sólo que en esta fase, los teóricos del desarrollo y los investigadores italianos y extranjeros han optado cada uno por diferentes opciones, desde las más netas hasta las más mediadas: el hecho de que había límites para el desarrollo de orden social, ambiental y económico ha llevado a una preocupación generalizada por un mal desarrollo como fuente de aumento de la desigualdad y de la destrucción del ecosistema acompañadas, además, por la expropiación sufrida por las poblaciones locales, imposibilitadas a planificar un futuro cada vez más eterodeterminado que de hecho ha conducido hacia orientaciones diferentes. Algunos investigadores, como Serge Latouche (1989) y Wolfgang Sachs (1992), puestos delante de la necesidad de influir en la elección de un desarrollo, incluso a nivel local, con una serie interminable de adjetivos (social, ecológico, sostenible, equitativo, endógeno... que se puede sintetizar con la expresión self–sustainable), han llegado a la idea de vaciar el término ''desarrollo'' de las connotaciones positivas que lo habían caracterizado en el pasado. En particular, Latouche (2007) ha llegado a la anulación de la misma palabra para reemplazarla, de manera provocativa, con un término en apariencia opuesto como la palabra ''caída'', calificada como ''proyecto de felicidad''. Otros investigadores, entre ellos el escritor, han preferido operar por medio de reflexiones inductivas sobre las diferentes realidades a través de una difícil identificación de variables, parámetros e indicadores para medir los resultados y evaluar el éxito de cada proyecto según juicios respetuosos de las normas éticas y conscientes, a la vez, de compromisos razonables operados en el conocimiento de que ellos siempre deben coincidir con las necesidades de un sobrio bienestar que no debían ser culpadas (Magnaghi, 2000).

De lo que en parte se ha anticipado hasta ahora, está claro que los más recientes procesos de globalización, con una gama de efectos impredecibles y todas las fluctuaciones en el signo de la incertidumbre, han probablemente impuesto al investigador, que se propone una evaluación de campo del potencial y de los límites de las diferentes formas de desarrollo local, lo que se ha visto como un punto de viraje orientado hacia la acción estratégica, en lugar de la formulación de generalizaciones con pretensiones de innovación teórica.

Viraje estratégico. La conciencia de la necesidad de ese cambio ha provocado dos repercusiones en los rasgos del trabajo de investigación: por un lado, desde el punto de vista normativo, ha estimulado a hacer referencia a situaciones de pre–existente falta de desarrollo que, a pesar de su relativo atraso, cumple el requisito de ''no'' haber cruzado aquellos caminos de ''mal desarrollo'', que en los últimos años han afectado no sólo todo el triángulo industrial del noroeste italiano, sino también una buena parte de la ''tercera Italia''; por otro lado, desde la perspectiva positiva, esta toma de conciencia nos ha llevado a acercarnos sin prejuicios a todos aquellos síntomas o signos de vitalidad que podrían dejar presuponer la existencia de actividades originales para los que el neologismo ''glocal'' (vínculo con el territorio y proyección universalista en la arena global) tiene el significado de un horizonte hacia el cual encaminarse.

 

I. Redefinir el concepto de desarrollo de las regiones periféricas

El significado original del concepto de desarrollo1 y su sostenibilidad ha sufrido una profunda transformación en los últimos cuarenta años, una modificación determinada por la necesidad de deber asociar diferentes caminos, a menudo asimétricos, dictados por las convergencias de la globalización y las elecciones locales, y en consecuencia, por las contrapuestas dinámicas debidas a procesos de homogeneización de la sociedad y a la necesidad de una valoración de las diferencias.

Al acercarse al análisis de estos acontecimientos, las ciencias sociales han formulado diferentes enfoques, que pueden contribuir de manera crítica a una discusión de los diversos e interrelacionados aspectos del desarrollo. En este sentido, y en este contexto específico, el término desarrollo local quiere significar una compleja red de relaciones, de colaboración y de cooperación comercial entre actores y niveles institucionales – públicos y privados – diferentes, dirigida a la promoción de las políticas socio–económicas eficaces, capaces de soportar los procesos económicos y de apoyar dinámicas de cohesión social, en una óptica de coherencia con las condiciones ambientales peculiares que caracterizan cada área geográfica (Beilharz, 2001).

En Italia la crisis del modelo único de desarrollo – junto con los procesos de despoblación del Sur y la deconstrucción del territorio en función de los modelos urbanos del Norte – está fuertemente ligada a la creciente atención prestada a la cuestión del desarrollo local. En nuestro País, en particular, la cuestión del desarrollo local se ha caracterizado por dos etapas básicas: la primera relacionada con la crisis del sistema de la grande empresa y su modelo de organización social y territorial (años setenta); la segunda, en cambio, relacionada con la crisis ambiental y de identidad (años ochenta y noventa) (Magnaghi, eds, 1998). El modelo de organización del ciclo de producción y reproducción había contraído el territorio en las grandes llanuras y en los grandes centros urbano–industriales, vaciando la médula de los Apeninos, los valles alpinos, los campos, concentrando la masa de obreros en las grandes fábricas y transformando el trabajo masificado en elemento políticamente dominante de las relaciones sociales de producción (Poli, 2002). La crisis de este modelo ha llevado a procesos de reflexión sobre otros modelos, hasta entonces considerados ''inferiores'' porque prefordianos y pre–modernos, y ha llevado a lo que Becattini (1998) ha indicado como el trayecto distrital hacia el desarrollo. La crisis de los grandes centros urbano–industriales ha encontrado su contrapeso en el nuevo papel que los sistemas locales de producción de las pequeñas y medianas empresas, que se encuentran en los sistemas territoriales periféricos de pequeñas y medianas ciudades, caracterizados por diferentes y complejas relaciones socio–territoriales y por saberes de producción que reaparecen de las culturas locales regionales a largo plazo, han asumido a la hora de reactivar el sistema económico y restaurar el equilibrio en las relaciones sociales. Es la primera señal de que el territorio olvidado, el lugar, las relaciones sociales locales pueden producir un modelo alternativo a aquello entrado en crisis. La crisis del modelo fordista ha puesto de manifiesto una realidad de las pequeñas y medianas empresas distribuidas en territorios constituidos por redes de ciudades y pueblos con fuertes vínculos con el lugar y su propio territorio rural. Este sistema de producción ''menor'' se ha convertido de repente en ejemplo y ha sido capaz de contener la crisis del modelo anterior. La producción no està masificada, ligada a conocimientos locales, artesanales, a la comunidad, ha vuelto a salir no sólo como un espectro de productos mercadotécnicos, sino como una forma de relaciones sociales de producción que, considerados pre–modernos, se han convertido en cambio en postmodernos, post–industriales (Priore y Sabel, 1984).

La importancia de lo local ha sido apoyada por ''la atmósfera del barrio'', una mezcla virtuosa de redes locales de solidaridad y competencia. El distrito está compuesto de muchos pequeños productores que compiten pero también cooperan, se caracteriza por relaciones activas con el territorio, no de alienación, sino por las relaciones de continuidad cultural, entonces de memoria, de identidad local y de relaciones de ayuda mutua. El elemento principal que caracteriza a este modelo de desarrollo, de hecho, ha sido la capacidad de ''mantener unidos'' niveles satisfactorios de crecimiento económico y la integración social (Cerea, Cucca y Rago, 2010). Una empresa local ''en equipo'' (Bagnasco, 2003), lo que puede garantizar tanto la integración de sistemas como la integración social. Estos modelos socio–productivos de la pequeña y mediana empresa, estrechamente relacionados con el ''Made in Italy'', o sea las producciones locales históricamente establecidas, de calidad, constituyen una nueva geografía de la producción que se une al viejo modelo.

El fenómeno se hace más evidente y en efecto, ya a finales de los años setenta, florecen los primeros estudios sobre el desarrollo local y se empieza a razonar sobre el local (ibidem). Son esos los años en que se comienza a afirmar la necesidad de seguir todas estas formas de sostenibilidad y asumir como elemento clave la promoción de un desarrollo local autosostenible (Tarozzi, 2005; 2008), en que el término local destaca justamente la explotación de sus recursos de la tierra y la identidad de los lugares, mientras que autosostenible hace hincapié en la importancia de la búsqueda de reglas de asentamiento, económicas, políticas y sociales que producen homeostasis locales y equilibrios a largo plazo entre el medio ambiente natural, ambiente construido y el ambiente antrópico.

Un segundo momento crucial que conduce a la revalorización de la identidad local está vinculada a la crisis del medio ambiente y de la identidad que, generando nuevas formas de pobreza, pone en primer plano lo ''local'' desde el punto de vista de la cuestión social y cultural (Sachs, 1993). Empieza el largo declive de las megalópolis a cuyos habitantes parecen cada vez menos claras las virtudes del crecimiento y de la artificialización y siempre más evidentes las hipotrofias, las nuevas formas de pobreza, los desastres ambientales (clima, contaminación, escasez de agua), la polarización social, el subdesarrollo. El desarrollo local ya no se refiere sólo a las relaciones socio–empresariales, sino que implica todo el modelo de desarrollo, lo que afecta directamente la calidad de la vida y el bienestar social de las comunidades.

El concepto de ''local'' entonces se refiere a un punto de vista que pone de relieve las peculiaridades de un lugar y no los factores homólogos, las diferencias más que las similitudes; es un enfoque interpretativo por medio del cual se puede considerar una ciudad, una provincia, una región; hasta puede relacionarse con un territorio transnacional. Cuando se habla de locales, por lo tanto, no se entiende el localismo en un sentido estrictamente geográfico, sino que se hace referencia a un punto de vista en el que los elementos del local comienzan a entrar como valores y no como valores negativos. Cada lugar se ha determinado por sus específicas características de identidad porque en aquel determinado encuentro entre geografía e historia se han combinado de una manera específica los elementos históricos que no se pueden repetir en el valle cerca, ya que la combinación de elementos físicos, antrópicos, sociales e históricos conduce a diferentes resultados tanto cultural como geográficamente (Magnaghi, 2000).

 

II. Para un modelo de desarrollo autosostenible

En esta línea, en los últimos años ha ido creciendo, tanto en las disciplinas que se ocupan de desarrollo (la economía, la antropología, la geografía económica, ...) como en la cultura en general, la conciencia de que los factores de identidad de un lugar constituyen un patrimonio y no los obstáculos para el desarrollo del territorio mismo. Se ha focalizado cada vez más la atención en el vínculo entre sociedad y lugares como la relación fundamental en el análisis de los sistemas sociales, reconociendo en la observación, en el estudio y en la valorización de los recursos locales, el núcleo del desarrollo. Este amplio debate interdisciplinario ha dirigido la reflexión hacia una diferente consideración de las especificidades de los lugares y hacia la creación de nuevos modelos empresariales y de desarrollo (De Rita y Bonomi, 1998).

En Italia, este camino ha llevado a la ''Compañía de los territorialistas''2 para desarrollar modelos funcionales de planificación en la búsqueda de un desarrollo local autosostenible, donde el prefijo ''auto'' hace hincapié en la necesidad de que el modelo asegure la capacidad de autoreproducción local de los recursos empleados en el proceso de puesta en valor de yacimientos patrimoniales sin necesidad de apoyo externo. De acuerdo con el enfoque territorialista, de hecho, la auto– sostenibilidad es el principio fundamental que debe guiar toda acción cuyo objetivo es fomentar el renacimiento de un territorio. Por lo tanto, para superar la degradación física y social es necesario restablecer un equilibrio duradero entre los asentamientos humanos y el medio ambiente natural mediante el fortalecimiento de las identidades territoriales y la reconstrucción de las relaciones coevolutivas.

Alberto Magnaghi (2001) resume en cinco etapas el proceso de construcción de un desarrollo local autosostenible: a) definición a nivel teórico y metodológico del significado del concepto de ''desarrollo local autosostenible''; b) definición de metodologías y técnicas de representación de identidad de los lugares y de sus yacimientos patrimoniales organizados en atlas, códigos, figuras territoriales, descripciones básicas; c) elaboración de los estatutos de los lugares (invariantes estructurales, reglas de transformación) de los que la representación de identidad es el capítulo básico; d) elaboración de escenarios estratégicos de futuro basados en la explotación de yacimientos patrimoniales locales de acuerdo con las reglas definidas en los estatutos de los lugares; e) finalmente, redefinición de tareas, herramientas y procesos de planificación a partir de las innovaciones presentes en los primeros cuatro movimientos.

Por tanto, es necesario reconsiderar el desarrollo desde lo local si se desea mirar más allá. La experimentación de nuevos modelos de desarrollo local basados en la valorización duradera de los recursos sociales, ambientales y territoriales es la principal forma de globalización desde abajo caracterizada por la activación de nuevos instrumentos de autogobierno y de democracia directa y de relaciones ''globales'' no jerarquizadas y solidarias (Magnaghi, 2002). Pues un desarrollo local que en primer lugar se identifique con el crecimiento de las redes cívicas y del ''buen gobierno'' de la sociedad local y que evite la tentación del localismo cerrado y defensivo, pero que en su lugar construya redes alternativas a las largas redes de la globalización, que se base en la valoración de las diferencias y especificidades locales, la superación del conflicto entre flujos y lugares, en la recuperación de la autodeterminación de la relación entre el interior y el exterior, en la cooperación no jerárquica y no instrumental (Castells, 1996).

En última instancia, el desarrollo de una comunidad local representa la declinación anti–economicista del término ''desarrollo'' y como era de esperar, la calidad del entorno social, así como natural y paisajístico, cobra cada vez mayor importancia. Esta declinación se mide primero con lo que debe disminuir: el dominio de las relaciones económicas globales, el consumo de recursos y terrenos, energía, ambiente, relaciones de vecindad y así sucesivamente, y en segundo lugar, con lo que debe crecer: la ciudadanía activa, la conciencia del lugar, los estilos de vida característicos, los sistemas económicos basados en la localización y fundados en la valorización del patrimonio, los conocimientos contextuales para el cuidado del territorio y la reproducción de la vida, la calidad de los paisajes urbanos y rurales contextualizados, las formas de mutuo apoyo de los habitantes, de autogobierno y de federalismo solidario. En otras palabras, el desarrollo de la sociedad local se mide tanto a través del crecimiento de su bienestar, que se define como joie de vivre, felicidad pública, buen vivir, como a través de la capacidad para promover la participación política, el diálogo abierto hacia los valores y los conicimientos de los demás; se mide, por último, con la elaboración de rutas críticas y alternativas en comparación con los modelos políticos y económicos que dan lugar a nuevas formas de pobreza individual y social y al consumo irreversible del territorio y del ambiente (Magnaghi, eds, 1998).

 

III. El desarrollo local en Molise: el caso de las empresas ''femeninas''

En los sistemas de desarrollo local, como se sugiere, es posible observar diferentes caminos, fuertemente determinados por las diferentes capacidades de las diferentes realidades territoriales para responder a los cambios de un entorno general, es decir, para activar los mecanismos de adaptación y/o modificación de su propia estructura capaz de combinar dinámicas exógenas y endógenas. Uno de los elementos de interés, en este sentido, está representado por los procesos de desarrollo empresarial y, sobre todo, el grado de difusión de la cultura de empresa que se evidencia en un territorio determinado. El dinamismo empresarial, de hecho, purificado de sus efectos potencialmente negativos asociados con el aumento de la competitividad, permite la mejora de las habilidades específicas y promueve el desarrollo de relaciones de colaboración entre los diferentes actores (principalmente los empresarios), produciendo e incrementando las dinámicas del cambio y nuevas oportunidades de desarrollo (Battisti, eds, 2006).

A lo largo de este punto de vista, lo que se desprende de los resultados de una investigación reciente llevada a cabo en Italia y, en nuestro caso, en Molise, puede ser un muy útil punto de partida para la reflexión sobre la complejidad de las relaciones que van a caracterizar a ciertos elementos y dinámicas diferentes en el desencadenamiento de procesos de desarrollo (véase Federici y Minardi, eds, 2007; Federici y Fornari, eds, 2013).

Este es el caso de la región del Molise3, caracterizada en los últimos años por determinados elementos distintivos de tipo social y económico y por la evidencia de fenómenos que la convierten en un interesante caso de estudio a nivel nacional: el impacto del empresariado femenino en el sistema de desarrollo local. Del análisis del contexto socio–económico regional se desprende como el Molise – al igual que otras zonas del sur de Italia – se caracteriza por importantes retrasos en el proceso de desarrollo: la región, en particular, presenta limitaciones geomorfológicas y de infraestructura que determinan una alta tasa de aislamiento, tanto externa como interna. Las dificultades en las conexiones y una fuerte dispersión de la población en el territorio limitan la productividad laboral, la competitividad del sistema local y, en general, el crecimiento de la riqueza. Los indicadores relativos a la estructura de producción indican como, mientras la (reducida) presencia de pequeñas y medianas industrias afecta sólo a una parte muy limitada de la región, la mayoría de las empresas pertenecen al sector primario (agricultura y alimentación), que se caracteriza por un bajo valor añadido y es marcado por una escasa capacidad de absorción de la fuerza laboral y por bajos volúmenes de producción para los mercados externos. Por tanto, parece particularmente significativo señalar cómo, en un contexto caracterizado por fuertes deficiencias estructurales, el sistema productivo local consta de un gran número de empresas dirigidas por mujeres: el Molise, que cuenta con la presencia de una empresa ''femenina'' cada tres empresas activas, se ha caracterizado en la última década como la región en la que las empresas italianas denominadas ''en rosa'' son más numerosos en porcentaje.

Nuestra hipótesis, por lo tanto, es que el componente femenino de la población podría ser, con todo su potencial y sus limitaciones, un importante agente de cambio para el desarrollo local. El fenómeno de la feminización de la empresa en la región indica la existencia de mecanismos de particular interés, ya que, el acceso cada vez mayor de mujeres en las categorías de trabajo que una vez eran de dominio casi exclusivo de los hombres puede ser sin duda considerado un buen indicador de desarrollo de un sistema local y refleja la posibilidad de considerar el desarrollo endógeno como una forma de equilibrio pragmático de las tensiones, basado en el reconocimiento de las diferencias como un recurso. La ruptura de los estereotipos de género permitiría perseguir procesos de inclusión social esenciales para el desarrollo integral de un territorio (véase Fontana, 2002; Signorelli, 2007).

La investigación, según lo previsto, ha visto el análisis del caso ''empresariado femenino en Molise'', para el cual una lectura superficial de los simples datos numéricos por supuesto no es exhaustiva4. En los últimos decenios, la población femenina de la región ha sido el centro de cambios relevantes y significativos. En primer lugar, se ha producido un fuerte incremento en el número de mujeres con niveles medioaltos de educación (escuela secundaria y formación universitaria) en el período 1981–2011 y una reducción drástica, en el mismo período de tiempo, del porcentaje de analfabetismo, lo que ha favorecido la nivelación de las diferencias en comparación con la parte contraria masculina, especialmente con respecto a los extremos de los niveles de educación. En segundo lugar, ha aparecido la existencia de procesos de inclusión de las mujeres en el mundo del trabajo fuera del hogar, que, aunque sigue siendo muy limitada con respecto a las dinámicas observadas en el ámbito nacional, de todas formas representa una señal de inicio de mecanismos de ajuste del proceso de igualdad laboral entre los géneros.

El número de empresas ''femeninas'' en Molise, es decir, aquellas empresas donde la totalidad o la mayoría de los miembros son mujeres, es entonces particularmente sorprendente: en 2013, por ejemplo, hay 9.662 empresas activas femeninas (el 30,7% del total, frente al 24,3% de la media nacional). Este dato asume aún más importancia si tenemos en cuenta como la cuota relacionada con las empresas ''exclusivamente femeninas'' (es decir, que consiste sólo de mujeres, como lo demuestran los datos de la investigación que pone en evidencia el Molise) represente el 97,9% del total. Sin embargo, después de un análisis más detallado se desprende como, de estas últimas, casi la mitad se compone de empresas agrícolas, mientras que casi una quinta parte trabaja en el sector del comercio al detalle. En todos los casos, el estudio muestra que la mayoría de las empresas con una mayoritaria presencia de mujeres se refieren a sectores diferentes de la industria y del terciario avanzado. De hecho, en Molise los sectores donde más se concentran las empresas femeninas son: la ''Agricultura, silvicultura y pesca'' (39,8%), el ''Comercio'' (22,6%) y todos los ''Otros servicios'' (24,9%), donde destacan el ''Turismo'' (7,9%) y ''Otras actividades de servicios'' (actividades asociativas, reparación de bienes, actividades de servicios a la persona: 8,7%). Luego, en la distribución de las empresas por sectores de actividad económica la región del Molise destaca por otra primicia: el Molise es la región con el más alto porcentaje de empresas femeninas. La incidencia de las empresas agrícolas en Molise es superior en comparación tanto a la de Italia en el complejo (16,0%) como a la zona geográfica de pertenencia (Sur e Islas: 21,8%).

Por el contrario, la distribución de las empresas de mujeres en otros sectores es inferior a los correspendientes porcentajes y nacionales y del sur.

Del análisis de los datos relativos a la situación jurídica de las empresas, aparece una alta abundancia de empresas individuales, correspondiente, en 2013, al 77,5% del total de las empresas femeninas. En Molise, por lo tanto, el porcentaje de empresas individuales lideradas por mujeres (77,5%) es más alta tanto en Italia (59,7%) como en la comparación con el Sur y las Islas (66,0%); al revés, las formas empresariales más complejas, a pesar de la dinámica de crecimiento que siguen registrando, todavía muestran una brecha significativa en relación con el resto de Italia. Esta cifra, sin embargo, se debe considerar con mucho cuidado, ya que muestra como en el contexto de la producción regional, que consiste principalmente de estructuras corporativas primarias (es decir, las pequeñas y microempresas), el número de empresas de (relativamente) mediano–grandes dimensiones predominantemente femeninas resulta ser bastante insignificante. Por lo tanto, el número de empresas dirigidas por mujeres no está directamente relacionado con la contribución – en términos, por ejemplo, de producción de riqueza o de aplicación de sistemas manageriales para la conducción empresarial – que estas ofrecen al sistema de producción local.

Sin embargo, un cuidadoso análisis cualitativo de las entrevistas a las empresarias, si por un lado confirma la importancia del fenómeno subrayando el potencial de las mujeres que en Molise toman la decisión de hacer negocios, por otro lado pone de relieve los rasgos distintivos, especialmente cuando se comparan con las instrucciones que vienen de las estadísticas oficiales. Primero, aunque de las entrevistas surge la convicción de que una figura femenina resulta ser especialmente adecuada para la conducción de actividades empresariales (principalmente debido a una fuerte propensión y una mejor capacidad para establecer relaciones y cultivar las relaciones interpersonales), las estadísticas señalan que la forma jurídica de las empresas de mujeres está fuertemente caracterizada por una estructura básica (es decir, empresas de tipo individual), de las cuales la gran mayoría pertenece al sector primario. Por lo tanto, a pesar de la abundancia real de las empresas femeninas, la naturaleza de estas últimas – en su mayoría – parece estar formada por empresas que es posible que no puedan afectar de manera sustancial a la dinámica de desarrollo del sistema (económico) local.

Aún así, tanto las conversaciones con empresarias como entrevistas realizadas con testigos calificados del mundo institucional y empresarial revelan que en muchos casos la cesión de la titularidad de la empresa a una mujer es puramente ficticia y exclusivamente determinado por la necesidad de acceso a beneficios fiscales establecidos por la legislación vigente en Italia. La mujer, entonces, cuando es empresaria es muy a menudo empresaria ''de pura apariencia'' y, de hecho, no se ocupa directamente de la empresa.

En general, entonces, a pesar de la entrada de las mujeres en el mercado laboral, los cambios demográficos, las nuevas formas de relaciones intergeneracionales y la modificación de los papeles tradicionales en el contexto de la familia han revolucionado la relación entre la familia y el trabajo, hay muchas dificultades que una mujer empresaria tiene que hacer frente respecto a sus colegas hombres. En muchos casos, las mujeres son muy poco activas y marginalmente implicadas en la vida económica y productiva, hasta el punto de aparecer condicionadas por limitaciones culturales que las llevan a renunciar a una verdadera y propia realización en el trabajo. Otras veces no parecen ser capaces de sacar el máximo provecho de las oportunidades de integración en el mercado laboral, excluyendo de manera perjudicial las formas de trabajo por cuenta propia, y en la mayoría de los casos no cuentan con el apoyo, a nivel local, de un programa cuya prioridad es la activación de los servicios de conciliación que faciliten y vuelvan serena su entrada en el mercado laboral. El tema de la reconciliación representa un punto de atención necesario en la agenda política, porque se hace cada vez más necesario promover acciones y medidas en una pluralidad de actores (individuales y colectivos) para armonizar y equilibrar los tiempos de la vida laboral con los tiempos de la vida familiar (y viceversa). En este sentido, sin embargo, la mayoría de las entrevistadas durante la investigación, si bien toma nota de esas dificultades, ha mostrado actitudes de aceptación de esta condición: las mujeres, de hecho, identifican en situaciones de este tipo elementos y razones culturales, y a pesar de la opinión de que los cambios son necesarios, son conscientes de la lentitud que, por lo general, los cambios de las dinámicas normalmente requieren. En última instancia, la investigación ha reconstruido un contexto territorial y social caracterizado por una considerable falta de adecuados soportes infraestructurales e inmateriales, todavía carente de un sistema empresarial maduro, por lo que es razonable argumentar que el crecimiento de la capacidad empresarial de las mujeres y su importancia socio–económica a nivel local presente aún mayores dificultades, exacerbadas por la superposición de razones históricas, sociales y culturales persistentes. Como avalora el análisis de datos, para que la presencia de un gran número de empresas femeninas se traduzca en efectiva contribución al desarrollo local, es necesario garantizar la aplicación de políticas dirigidas tanto a la mejora de las infraestructuras materiales como a la solución de las dificultades que hacen problemática la realización de los procesos de plena inclusión de la mujer en el tejido social (y en el sistema económicoempresarial, en este caso).

En otras palabras, la investigación ha demostrado que la interpretación de un fenómeno como la alta incidencia de la iniciativa empresarial femenina en un pequeño contexto territorial, cual es el Molise, es más compleja de lo que a menudo resulta a partir de una lectura sólo de datos numéricos. El gran número de empresas ''femeninas'' es un factor decisivo para el desarrollo integrado de un territorio sólo si bien promovido y apoyado por una amplia política general: un conjunto de políticas económicas, ambientales, sociales, culturales, etc. pues motor de complejos programas de intervención dirigidos y a la mejora de los canales de acceso y a los procesos de explotación de los recursos, y a la promoción de formas de participación activa y consciente de todos los sectores y los grupos sociales de una población.

 

IV. En conclusión: reflexionar sobre lo local a la luz de nuevos caminos de desarrollo endógeno

La complejidad y multiplicidad de entrelazos e interacciones aquí descritos trazan un concepto del desarrollo que quizás pertenece más a la esfera de la ética que a la de la economía, una idea de desarrollo destinada a la liberación de la personalidad humana de todos los hombres para responder a necesidades profundas de la sociedad, como afirma Ignacy Sachs (2004). En este sentido, el desarrollo de una comunidad local debe hacer referencia a un proyecto que requiere la superación del territorio como un mero soporte de actividades económicas. Pero si el mismo desarrollo corresponde a la producción de esta nueva territorialidad y esta se ceba de la extensión de las relaciones, entonces es necesario intervenir para restituir sentido y competencia a los distintos actores sociales para reponer el tejido relacional, las interacciones sociales y las formas de comunicación, cooperación e intercambio dentro de las áreas específicas de identificación cultural (ver Tarozzi, 1992).

Es un nuevo punto de vista, esto, para las ciencias sociales, que son llamados a dirigir sus esfuerzos a la construcción de las nuevas normas para el desarrollo de las comunidades locales. Una transformación de la ''genética'' del actual camino de desarrollo en un modelo local y auto–sostenible que hace hincapié en la necesidad de una recuperada sabiduría del ambiente y de producción del territorio por mano de los habitantes, en un mundo poblado por muchos estilos de desarrollo que reconozca el conocimiento de una gestión social de la producción (Daly, 1998).

A la luz de cuanto hasta ahora afirmado, se hace necesario reflexionar sobre el desarrollo desde un local entendido como un ''espacio paradigmático'', no sólo para ilustrar los principios, sino también para echar luz sobre un área más amplia, reconociendo que el mito del desarrollo tout court, entendido como ''la confianza en las facultades organizativas automáticas de la historia y por lo tanto la idea de que el dinamismo social, cualquier que sea, en su progreso tiene en sí mismo su propia justificación '' se encuentra en crisis desde hace algún tiempo (Ferrarotti, 2005, 84).

En este conjunto de ideas, las investigaciones llevadas a cabo en Molise resaltan muchas experiencias posibles de desarrollo endógeno y auto–sostenible (es decir, las empresas lideradas por mujeres, pero también muchas experiencias relacionadas con la producción artesanal), a partir de la reflexión sobre la diversidad de los contextos de las comunidades locales en relación con su evolución en la historia más reciente que pueden generar un proceso creativo en la elaboración de nuevos productos y en la construcción. Se ha evidenciado, en efecto, que, en presencia de presiones exógenas vinculadas a la globalización y a la desarticulación del mercado laboral a escala internacional, realidades en apariencia similares entre ellas y próximas desde el punto de vista territorial han proporcionado (algunas) respuestas notablemente disímiles entre sí. Cerca de las áreas donde la falta de desarrollo ha dado lugar a la despoblación y a la decadencia de los territorios se registran zonas donde experimentos de tipo productivo (a menudo artesanales), no subordinados a los imperativos del mercado global, siguen contribuyendo a la construcción o al mantenimiento de las realidades de la comunidad donde la economía intenta mantener – entre las innumerables dificultades del momento presente – un relativo dinamismo y también las relaciones sociales, aún sustancialmente sólidas, no denuncian tendencias graves a la disolución. En estas áreas parece útil proceder y aplicar la experimentación de ''nuevas vías de desarrollo''. Es decir, en lugar de la definición preconcebida de recetas válidas para todas las ocasiones, se intenta favorecer la construcción de ''talleres'' en los que formular, un lugar a otro y de una situación a otra, las propuestas para el desarrollo local, donde la calidad es sinónimo de ''hacer las cosas'', hacerlas mejor que otros y de acuerdo con sus propias inclinaciones culturales, a menudo, incluso a pesar de las limitaciones de la globalización (Sennett, 2008).

La investigación–acción elaborada en Molise ha puesto de relieve las connotaciones estructurales y culturales de realidades empresariales teniendo en cuenta las mismas como posibles nuevas propuestas de desarrollo endógeno, en el análisis fundamental de los problemas existentes y con referencia precisa al contexto. La descripción comparada del case study con rasgos diferentes (a veces ''infelices'', a menudo ''virtuosos'') permite reconstruir una imagen de la realidad territorial en la que el papel de los individuos capaces de introducir en los contextos locales formas de innovación económica endógena, acompañadas por una aumento significativo de los recursos locales tradicionales, parece ser importante y capaz de explicar las diversificaciones de un paisaje humano y social que está transformándose siguiendo las huellas de una ''piel de leopardo''. En el caso del Molise, de hecho, parece que las comunidades locales buscan una recomposición entre deseo de comunidad – que en el mismo momento en el que se hace explícito se vuelve artificial y por lo tanto intrínsecamente recombinatorio – y la necesidad de ''estar en el balcón del mundo'' a través de la valorización de la dimensión relacional entre creatividad y tecnología (Bauman, 2005). La combinación entre tecnología y talentos, o sea con aquella dotación cognitiva, conductual, de composición de las habilidades más adecuadas para hacer frente a nuevas formas de recursos disponibles, parecería constituir un elemento más para construir un entorno favorable a la acción de una nueva clase de pequeños empresarios, un elemento capaz de aceptar la fertilidad del contexto social y territorial donde desarrollar procesos de innovación. Esto se debe a que quien en eso actúa es capaz de valorar y poner en práctica la organización de las informaciones y de los conocimientos, provocando aquellas inesperadas y no planeadas mezclas de nuevas iniciativas empresariales.

Capacidad para innovar y promover nuevos puntos de vista que nace no sólo del conocimiento en profundidad de los dominios específicos del saber, sino también de un estilo de vida abierto a la diversidad, que la sociedad debe aceptar y reconocer (Florida, 2002).

Pero la idea de un desarrollo local autosostenible no sólo depende de las condiciones presentes en un territorio: las interdependencias entre lugares y conocimientos diferentes parecen igualmente importantes. ''La acción de las instituciones y de los actores sociales locales debrían ser evaluadas en esta perspectiva (...); el papel de la creatividad humana en el desarrollo local parece ser, de alguna manera, relacionado con las condiciones socio–geográficas presentes '' y por lo tanto ''la empresa, su devenir, consiste precisamente en el cruce de las ideas; la cultura parece tener un papel clave en el desarrollo local: si la cultura es la fuente del cambio a nivel nacional lo es también a nivel local '' (Federici, 2006, 97– 98). Sin embargo, para mejor observar los procesos de cambio y transformación de lo local, junto al concepto de cultura tout court es necesario combinar los conceptos de las necesidades individuales y colectivas, así como el de la utilidad marginal, ya que, sobre todo en las sociedades postmodernas, las percepciones que varias personas tienen sobre su propio bien y el de los demás parecen ser esencialmente heterogéneas. Por esta razón, en estas circunstancias, el concepto de desarrollo local asume un alcance plural y hay que interpretarlo como un conjunto de procesos culturales.

Una empresa determinada únicamente por la racionalidad no puede existir, pero es esencial, por el contrario, admitir perspectivas que miren hacia procesos de reconstrucción del tejido social a través de un más general cambio de visión. Por estas razones, se hace necesario asociar a la observación de las trayectorias de los cambios sociales el capital social de los territorios (Bagnasco et al., 2001), entendido esencialmente como el conjunto de normas que rigen la confianza, las redes de asociaciones cívicas y cohabitación que contribuyen a la mejora del funcionamiento de la organización social (Putnam, 1993). Un capital social, entonces, que constituye un factor determinante de los rendimientos sociales, tales como la calidad de las instituciones, de la innovación y del desarrollo en un sentido amplio, un ''recurso personal'', diría Bagnasco (2006), que en todo caso deriva del tejido de relaciones de cooperación en el que se inserta, allí donde la confianza está estrechamente relacionada con el crecimiento.

Por último. Apostar por un desarrollo local en el momento de una crisis como la que estamos atravesando en los últimos años en Europa y en Italia, podría aparecer una empresa veleidosa y quizá lo es. Sobre todo cuando lsa evidencias de algo duradero son ligeras y las huellas a veces evanescentes. Si a pesar de ello hemos centrado nuestra atención en el Molise, eso no sólo se debe a la esperanza de un mejor destino para una tierra en la que vivimos y trabajamos, un destino que pueda ser pintado sólo en colores no obscuros a pesar del presente. De hecho, hay recursos humanos que hace falta apartar de la evasiva ilusión de una emigración de no retorno que representa, con sus penas y sus muertos en las minas, una de las memorias históricas más trágicas del territorio del Molise. Parece, por lo tanto, emocionante el empuje a la innovación de una parte de la población (a menudo mujeres), así como el mantenimiento de pequeñas empresas artesanales y su capacidad para construir segmentos de mercado con operaciones tal vez limitadas pero tenaces e ingeniosas. Igualmente interesante es la promoción de la formación universitaria también de los hijos procedentes de familias sin títulos de estudio, formación considerada como un posible factor de emancipación y no como un triste enmascaramiento del desempleo. Pues aquí está otra hipótesis que valdría la pena para empezar a trabajar: la de una inclinación cultural hacia la emancipación mediante la adquisición de una educación superior que permitiría ver el Molise y su sistema de educación superior en primera línea, con una solicitud de valorización de su capital humano, que sería doloso eludir. De aquí podría descender la plausible inclinación ''glocal'' de nuevos caminos para el Molise: internacionalizar la región en favor de trayectorias de viaje que permitan el uso de billetes de ida y vuelta, fomentando la participación de los jóvenes a los proyectos internacionales, con el apoyo institucional a sus empresas para una entrada efectiva en los mercados internacionales.

Lo que, por lo tanto, en nuestra opinión, puede ser el centro de atracción de nuevas experimentaciones es la orientación hacia estrategias que incorporen, en el futuro, los conocimientos arraigados en la memoria, que sean capaces de filtrar los cambios ambientales con la inteligencia de quien sabe elaborar su propia identidad sin renunciar a ella y por este camino transformar su propio localismo en cosmopolita. O sea, que sepan combinar el basarse en su propia fuerza adquirida en el pasado (self–reliance) con la duración y la viabilidad de un plan proyectado hacia el futuro (sostenibilidad). Es decir, que sepan practicar ''nuevas formas de acumulación social y cultural'', el cuidado de los lugares y de las personas que constituyen el patrimonio de la inteligencia y la creatividad que pueden emanar el nuevo valor que las mismas sociedades avanzadas están buscando, en las que tanto la acumulación keynesiana como la del más reciente neoliberalismo financiero parecen haberse detenido frente a límites insuperables.

Autosostenibilidad es la palabra que, con otros, se ha decidido utilizar para indicar la opción capaz de sintetizar estos dos elementos. Tal vez, si a pesar de paradigmas excesivamente economicistas, tuviéramos el acceso a informaciones capaces de proporcionaros las coordenadas de la identidad cultural de muchas experiencias de las cuales poseemos aunque sólo útiles números, la tarea de procesarlas e integrar la dimensión social sería más fácil. Pero aún así, el imperativo de tener que confiar en su propia fuerza podrá conducirnos al descubrimiento de nosotros mismos, único camino viable para superar la crisis de cada orden y grado, incluso en un mundo dominado por las incertidumbres, en el que la dialéctica de los lugares debe impedir la acomodación en los surcos de la autarquía (Grignoli, Mancini, Tarozzi, 2013).

Cultivar las ramas sin perder la savia de las raíces: podría ser esto un proyecto posible, en el momento de la ''magra''.

 


Notas

* Este artículo es un producto de líneas de investigación en ''Innovazione nei sistemi locali di sviluppo della Terza Italia'' y ''Ri–pensare il fare: la nuova imprenditoria artigianale nel quadro di un diverso sviluppo locale'' (PRIN) del Grupo de investigación en Sociología de la Universidad del Molise.

1 El concepto de desarrollo en el pasado se ha interpretado como sinónimo de riqueza, de modernidad, de progreso, sino también como causa de destrucción, empobrecimiento, desigualdad; una idea que ha vinculado las diversas comunidades humanas, en cualquier parte del planeta vivan, a su entorno y a otras comunidades humanas. Para la historia y los fundamentos del pensamiento social, de las teorías y los conceptos relacionados con el desarrollo, por favor refiérase a la bibliografía indicada en el punto ''Sviluppo'' di Gustavo Esteva (W. Sachs, 2004).

2 Véase http://www.societadeiterritorialisti.it.

3 El Molise, la región más pequeña del sur de Italia, es caracterizado por un territorio en su mayoría montañoso y de colinas que se extiende por 4.400 kmq aproximadamente. El 31 de dicembre 2013, la región contaba una población de casi 313.000 habitantes.

4 La investigación ha desarrollado un examen de las dinámicas que caracterizan el empresariado femenino del Molise con el objetivo de analizar y comprender las reales dimensiones del fenómeno y la identificación de los factores determinantes y las características. Para ello, se ha llevado a cabo un análisis secundario de los datos producidos a nivel nacional y regional y, en particular, se ha procedido a la recogida de información a través de entrevistas en profundidad con las unidades seleccionadas en el universo de las empresarias locales.


 

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